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Hoy toca Teruel

TERUEL Y SU PROVINCIA

En este articulo, el dedicado a la capital de Teruel, indica << Ignorada maravilla>>. La frase podría ampliarse al resto de la provincia, porque acaso sea de las menos conocidas, y por ello menos admiradas, dentro de la geografía hispana. No solo por los españoles de las restantes regiones, aún diríamos por los mismos turolenses, entre los que no serán mucho los que puedan dar noticia amplia y detallada de cuanto su tierra natal ofrece. Y, sin embargo, pocas otras provincias españolas podrán mostrar tanta variedad de motivos, tal diferencia extrema en su geografía, tantos valores en arqueología, en arte rupestre, en restos de civilizaciones mudéjares o romanas; en el interés diverso de sus encontrados cultivos, sus variadas costumbres locales, que van desde las severas religiosas de un Calanda, Hijar o La Puebla, a las alegremente festivas del dance de un Castellote.
Todo esto, y mucho mas, se brinda al historiador, al estudioso, al viajero que lo es por sencilla curiosidad.
Desde la cima de los Montes Universales, con Orihuela del Tremedal como avanzada y la impar Albarracín cercana, hasta las sierras del Maestrazgo, de un abolengo ilustre que se retrata en Mora de Rubielos; o desde la oriental Calamocha hasta Valderrobres y Calaceite, fronteras ya con tierras catalanas y aguas del Mediterráneo por Tarragona, la provincia de Teruel sorprende a cada paso con la multiplicidad de recuerdos que nos traen ecos vivos del pasado, tan lejano como interesante, y que brindan hoy, como siempre, la fisionomía de paisajes que van desde lo abrupto de riscos con nieves permanentes y frondosos bosques, como en la zona de Bronchales, a los suaves donde el olivar se cultiva, para que en todas y cada una de las zonas sea abundante la presencia de monumentos que pregonan siglos de arte y de gloriosa historia.
Dividir la provincia turolense en rutas viajeras es ofrecer al que las vive constante sorpresas gratas, cuando sigue la del Maestrazgo, la de la Sierra de Albarracín, la de la tierra baja o la del río Jiloca.
Los folletos editados por esta Caja de Ahorros recogen hasta ahora los aspectos más brillantes de cuanto en esas rutas se encuentra, y así, junto al dedicado a Teruel capital, donde destaca la historia, la fisonomía urbana actual sigue con la extraordinaria presencia de sus famosas torres mudéjares y el inmarcesible recuerdo de Isabel y Diego, los amantes que dan en cierto modo título a la ciudad y cuyas momias protege el rico mausoleo que Juan de Avalos trabajó. Luego, conjugando así los histórico con lo monumental, la geográfico con lo económico o lo folklórico con cuanto en todos los aspectos puede atraer a las gentes para que Teruel no siga siendo <<ignorada maravilla>>, prestigiosas firmas enamoradas de todo aquello han ido trazando con amor estos folletos que nos hablan de cada una de esas zonas aludidas y que han de completarse, con otros trabajos similares ya en prensa, como es propósito de esta Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja.

TERUEL IGNORADA MARAVILLA

Teruel es una ciudad maravillosa, ignorada aún de la mayor parte de los españoles para los que su nombre solo evoca unos terribles partes de guerra de nuestra Cruzada y una remota ciudad yerta de frío, la más pequeña de las capitales de provincia.
Un escritor la llamó << la Verona española>> por ser una cuna de la mas bella historia de amor: la de los Amantes de Teruel, precursora de la de Romeo y Julieta.
Todo en Teruel es leyenda, mito, poesía, como su cielo siempre claro, sus calles, sus rincones y sus monumentos se hubieran confabulado para crearlos.
El misterio que rodea su remoto e incierto origen creó un bello poema mítico con el mas recio y noble de los símbolos como protagonistas: el toro, al lado del mas espiritual y poético por excelencia: la estrella.
Rechazada la leyenda por la lógica de la Historia, quedará sin embargo perennemente escrita en su escudo y seremos muchos los que, desoyendo la lógica, preferimos soñar en la visión mitológica del toro con la brillante estrella entre estas sus astas, señalando a unos soldados perdidos y errantes en la serranía, el lugar donde los dioses querían que la ciudad fuera emplazada.
Los datos mas seguros nos dicen que fueron los caballeros de Alfonso II quienes la fundaron en 1171 sobre el emplazamiento de una medina árabe que quien sabe si antes fue griega y romana, pero a aquel rey debe Teruel su espaldarazo cívico al concederle, cinco años mas tarde de su famoso Fuero.
Por su situación estratégica, atalaya del Reino de Valencia y paso obligado desde el Mediterráneo a las importantes ciudades del interior, Zaragoza y Guadalajara, Teruel fue entonces nudo comercial irremplazable; el gran Zoco Grande al que convergían cristianos y musulmanes con sus mercancías de la tierra y el mar.
Porque en Teruel, durante varías centurias moros y cristianos convivieron pacíficamente después de la conquista de Valencia y de aquella convivencia y colaboración surgieron los magníficos monumentos que han llegado a nosotros, aunque otros tantos se hayan perdido, como la Torre de San Juan, que recibiera el nombre de <<la fermosa>> por serlo tanto entre sus hermanas que hoy nos parecen insuperables.
Así Teruel ofrece al visitante la estampa única en Europa y en el mundo, de sus torres mudéjares, expresión la más completa de un estilo que, al decir de Menéndez Pelayo <<es el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos>>.
Es cierto que, en varias ciudades aragonesas, y con gran esplendor en Daroca, hallamos las características torres, y en Zaragoza misma, la fachada de la Seo correspondiente al Arco del Deán es un hermoso exponente de la cerámica incrustada como motivo de decoración del escueto y pobre ladrillo.
Sin embargo, un conjunto monumental como el que nos ocupa, que reúne cuatro torres de paralela importancia en el marco medieval de sus estrechas y empinadas callejuelas bajo un cielo de extraordinaria nitidez y azul intenso- no hay que olvidar que la ciudad se halla casi a 1.000 metros de altitud-, no encuentra parangón en ningún otro lugar del mundo.
En estas torres esbeltísimas las cerámicas es su más bello ornato y si constituye una visión fantástica la de la ciudad bajo el sol poniente que arranca destellos multicolores a los azulejos, la visión se convierte en un sueño de las Mil y Una Noches bajo la iluminación nocturna de los reflectores que valorizan la filigrana del ladrillo y la cerámica.
Un paseo al atardecer, repetido en la noche, bajo las estrellas que allí parece como que están más cerca de nosotros, mas asequibles, o bajo la luna que envuelve las torres con su velo plateado, es una experiencia inolvidable que difícilmente nos será dado encontrar fuera de allí, si bien, en otro aspecto, en un momento determinado y en la triangular y característica plaza porticada que centra el pequeño monumento al <<torico>> símbolo de la ciudad, podemos creernos trasportados a Berna, la medieval y caballeresca de los soportales y las fuentes monumentales.
La más antigua de las iglesias supervivientes de Teruel es la Catedral, antaño parroquia de Santa María de Mediavilla, cuyo nombre nos dice que se encontraba en el corazón de la villa. En ella domina el románico de mediado el siglo XIII permitiendo apenas al mudéjar que apunte en la decoración de cerámica de su torre. Pero si su fábrica es parca en este estilo, su artesonado gótico mudéjar lo compensa.
Fabulosa obra del siglo XIII de marcada inspiración oriental, entre lacerías, losanges, estrellas y arcos mixtilíneos se despliega, en pinturas sobre tabla y en torno al Pantocrátor románico, la historia de su vida turolense de la época en que fuera construido, como una Crónica pictórica de Jorge Manrique o unas <<Novas>> trovadorescas de Ramón Vidal de Besalú llevadas a la madera y a los pinceles.
El acueducto <<Los Arcos>> desde <<El portal de la Traición>>.
Allí están los gremios, las artesanías y los oficios, desde el mas noble al mas desprestigiado; gentes que poblaron Teruel en el siglo XIII al XIV y lo llenaron con su acontecer diario.
Y aunque nos cueste arrancarnos al atractivo de este artesonado, pieza única conocida en el mundo y que si quisiéramos estudiar o siquiera admirar con detalle nos llevaría muchas horas de muchos días, otras bellezas nos esperan en esta misma Catedral que posee un notable retablo mayor en madera sin policromar, prolija en esculturas, obras del francés Gabriel Joly que en el siglo XVI llegó a Teruel huyendo de la justicia y que, según tradición, aquí dedicó su vida al arte religioso buscando así expirar un pasado de crímenes.
En una de las capillas laterales, se guarda un precioso retablo gótico del siglo XV conocido por el Retablo de la Coronación, de autor anónimo y una de las joyas mas valiosas del templo catedralicio.
Muy bella es también la reja monumental que cierra el coro y cuyos cardos y alcachofas característicos del gótico flamígero parecen obligarnos a alzar los ojos hacia las alturas donde se comprendía la mas espléndida joya de esta Catedral turolense.
En lo que fuera importante barrio de la Judería, el mas alto de la ciudad y del que nos ocuparemos como merece, San Pedro alza su torre románica, la mas austera de las torres de Teruel, con sus carretes de cerámica verde y negra, escoltada por siete minaretes que rematan el ábside poligonal del templo gótico mudéjar.
En una de sus capillas fueron descubiertas en 1616 las momias que la poética tradición atribuye a Diego Marcilla e Isabel de Segura y que hoy se hallan en una capilla aneja, bajo los bellísimos y emotivos mausoleos que en alabastro labraba el escultor Juan de Avalos.
Las figuras yacentes de ambos amantes, sencilla y serenamente realizadas, reposan en mausoleos separados pero sus rostros dormidos parecen mirarse en la Eternidad ty sus manos enlazadas los unen en insoluble y espiritual lazo.
Se ha discutido si Boccacio se inspiró en esta historia para uno de sus cuentos de trama semejante pero mucho mas inverosímil como corresponde al gusto italiano de la época. Ello no resulta extraño si tenemos en cuenta el fluyente contacto que en aquellos siglos existió entre los pueblos de la Corona de Aragón y los de la otra ribera mediterránea, contacto del que también en otros órdenes ha quedado constancia. Uno, muy curioso, por cierto, es el típico y exquisito << regañao>>, hermano mellizo de la sabrosa <<pizza>>.
Lo cierto es que la historia de los Amantes de Teruel ha inspirado muchas obras en literatura, la música, el teatro y la pintura.
Con el ánimo entristecido y admirado ante un amor que hoy se hace difícil de comprender, continuemos la visita a Teruel que nos guarda aún las mas insospechadas emociones y las más espléndidas de sus torres.
Son estas las mellizas del Salvador y de San Martín, cuya erección va unida a una leyenda de amor y rivalidad entre dos arquitectos enamorados ambos de una hermosa y noble dama morisca. Que no parece, sino que el amor es el signo de esta poética y bellísima ciudad.
Las dos torres son muy semejantes y en ellas el mudéjar, en su momento cumbre alcanza las notas más altas, como altas son sus proporciones monumentales y la perfección de su decorado de cerámica verde y blanca sobre el rojo ladrillo.
Construidas ambas en el siglo XIII, la de San Martín se halla mejor emplazada, exenta en una plaza que se abre en lo alto de la ciudad recortándose sobre las serranías lejanas y dominando la carretera que se extiende abajo. En esta plaza está la moderna Biblioteca Municipal y Casa de la Cultura con el Museo de la Ciudad que posee, entre otros notables tesoros, una espléndida colección de cerámica en la que se puede estudiar la evolución sin solución de esta excepcional artesanía.
En la iglesia de San Martín celebró Alfonso V las Cortes del Reino de triste memoria para la historia de Teruel pues en ellas, este rey que para otros fue Magnánimo, inició la extinción de los Fueros y privilegios que su homónimo el II Alfonso les otorga, y Jaime el Conquistador confirmará y ampliará.
Triste signo el de esta torre de San Martín que, según la leyenda nació bajo el trágico signo de la muerte; muerte de amor o por amor como en Teruel no podría ser menos.
En el siglo XVI tuvo que se apuntalada y reforzados sus cimientos y hoy su obra cobija el monumento a los Caídos, bella cruz de forja a la que dan guardia esbeltos farolones, bajo las cuatro torres turolenses, que con la Merced, también mudéjar y extramuros son cinco, se abre amplio arco por el que discurre la calle, contribuyendo así al ambiente misterioso y oriental que es la característica de la ciudad.
Bajo ésta de San Martín sube la célebre Andaquilla, puerta de la muralla y camino que enlaza uno de los dos únicos accesos de Teruel que es casi un reducto inaccesible. También por este lado, uniendo la ciudad con el Arrabal exterior se tiende el atrevido y elegante Acueducto, llamado comúnmente Los Arcos, de doble arquería y portentosa altura magnífica obra del Renacimiento, única en su género en España, y cuyo autor fue, en 1537 el ingeniero francés Pierre Vedel.
Por la Andaquilla es fama que llegó a la ciudad el desdichado Diego Marcilla. De ahí recibió el nombre esta puerta de muralla, corrupción del grito con que el enamorado espoleaba a su cubalgadura: <<¡Anda jaquilla!>> tratando de llegar a tiempo de evitar la boda de Isabel de Segura con el poderoso señor de Azagra, que anunciaban a los cuatro vientos las campanas de las torres de la ciudad y que se estaba celebrando en Santa María de Mediavilla, hoy Catedral.
Bajo la torre del Salvador, ante la que tenemos que lamentar que las casas circundantes la aprisionen hasta restarle perspectivas en su cuerpo medio inferior, corre la calle principal de la ciudad vieja con sus casas de miradores y sus comercios pequeñitos, antiguos gremios y artesanías, calle sombría y medieval que la noche revaloriza a la luz y sombra de los bien entonados y forjados faroles y que comienza en la plaza del Torico y termina donde la ciudad termina asomada al río Turia al que se desciende por la famosa escalinata, de estilo mudéjar moderno a través del cuidado parque y el gran rellano de la cual está el relieve alusivo a la Historia de los Amantes, obra novecentista del escultor Aniceto Marinas.
Otro templo muy interesante es el del convento de San Francisco, de un gótico purísimo, ejemplar en su estilo en la ciudad típicamente mudéjar.
Nació este convento en torno al sepulcro de dos humildes frailes mínimos: Juan de Perugia y Pedreo de Sassoferrato, discípulos del Poverello de Asís, que llegaron a Teruel a predicar su encendida palabra en una modesta ermita dedicada a San Bartolomé que se alzaba en el lugar donde hoy admiramos la soberbia fábrica de este convento. Mártires en Valencia por la crueldad del Emir Abuizeit, Jaime I trajo luego sus cuerpos a Teruel donde a través de lo siglos se les rinde veneración. La Merced es una deliciosa y plástica estampa situada a extramuros que sirve para demostrarnos que aún en el siglo XVI, el de la construcción de unu torre pequeñita, hermana menor de las soberbias torres que acabamos de admirar, los artífices de la ciudad seguían fieles a su escuela característica. O tal vez la razón haya que buscarla en la supervivencia de moriscos y sefardíes aún después de su expulsión decretada por los Reyes Católicos. Porque los cierto es que en Teruel, como lo fuera en Tudela, la convivencia de cristianos y moriscos fue una suerte de avanzada de ecumenismo conciliar, de rara excepción en la época.
De la arquitectura civil quedan muestras en la Casa de la Comunidad, típica de construcción Aragonesa del Renacimiento, con galería alta sostenida por elegantes columnas, la fachada austeramente blasonada y una noble escalera claustral sorbidamente decorada.
Justo a la Catedral y su torre, la Casa del Deán contribuye al carácter de la sugerente plazuela y constituye un magnífico y recio ejemplo de como en el siglo XVI, emigrados ya los alarifes moriscos, se aúnan los elementos mudéjares con las líneas tradicionales de la arquitectura aragonesa.
La calle que discurre bajo el arco de la torre catedralicia nos lleva a otra plazuela de gran sabor arcaico y al Palacio Episcopal y su incipiente Museo Diocesano. Tiene elegante patio con columnas jónicas que sostienen la galería alta arcada bajo el alero saledizo.
De la antigua muralla quedan pocas torres de las cuarenta que según cronistas de la época poseía; solo la torre Lombardera y el torreón de Ambeles nos recuerdan su pasado esplendor y poderío. Y de sus siete puertas solo dan fe la citada Andaquilla y el portal de la Traición, con su correspondiente leyenda que en este caso es historia, de la traición de un juez que entregó la ciudad a los castellanos; que cada esquina y cada piedra de Teruel es un hito de leyenda.
Y a este efecto bien podemos recordar el puente de tablas conocido por el puente de Doña Elvira que esta dama mandó levantar para no pasar nunca por el puente de San Francisco, donde su marido recibiera alevosa muerte; amor, siempre amor trabado a la historia de la ciudad de los Amantes.

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Encantados por la ciudad antigua no podemos ignorar la ciudad moderna, centrada por una hermosa plaza de soportales y severos edificios de piedra que preside el Gobierno Civil y donde se encuentran ubicados la casi totalidad de los edificios oficiales, amén del Casino, noble construcción moderna dentro del estilo clásico aragonés.
Ni podemos ignorar el atrevido alarde del Viaducto que une el centro urbano el bien trazado ensanche cada día mas extenso.
Si en nuestra detenida visita a Teruel nos sorprende la noche no desperdiciemos el momento propicio para saturarnos del encanto misterioso de la Judería y sus callejas dormidas en el silencio solitario de sus encrucijadas donde el juego de las sombras y la luna nos finge figuras huidizas, recatadas en blancos alquiceles que han vuelto por unos instantes al conjuro de nuestra evocación, y desaparecen en los recovecos y las esquinas de la calle de la Comadre o de la de Bolamar, que antes sería de Abdul Amar, el caudillo de un partida de moriscos que defendió la ciudad en las luchas de banderías.
El Arrabal, en torno a la Merced, nos sugerirá, en cambio, el recuerdo de los alarifes y artesanos musulmanes que hicieron posible la belleza de la cerámica. Aún podemos visitar algunas ollerías y aún podemos hallar un horno antiguo que quien sabe si conoció la cocción de los cuencos brillantes que ornan las torres como esmeraldas y ópalos engastados.
Es con una suerte de deslumbramiento que descubrimos en Teruel a unos artesanos románticos e insobornables, apegados a las primitivas formas de una tradición que, nacida ene el siglo XII, mantiene los mismos procedimientos, las mismas mezclas, los mismos dibujos y el mismo colorido que tuviera en su nacimiento.
Las piezas que guarda el Museo de la ciudad y las que se alinean en los anaqueles de las alfarerías, no ofrecen apenas mas diferencia que la que da la pátina de los siglos.
La cerámica de Teruel, como todo Teruel, es casi desconocida en el resto de España. Las dificultades de exportación a otras provincias y la natural limitación obligada por el reducidísimo número de los alfares ceramistas, son los motivos de este desconocimiento de la mas pura y mas bella cerámica de España.
En estos talleres alfareros de Teruel nos sentimos retrocedidos en siete siglos cuando los alfares mudéjares movían el torno a pie y molían el barro con una noria impulsada por un borriquillo.
Los hornos de ladrillo son alimentados con leña y allí no existen moldes ni diseños. Aquellos son manos del alfar y la cañita; éstos. La herencia que a través de siete siglos ha ido trasmitiéndose de padres a hijos de vez en cuando, en las ricas canteras que son las excavaciones de la provincia, aparecen objetos de uso desconocido o apenas deducible que van a engrosar el acervo de los modelos de los alfareros y que luego tendrán aplicación muy distinta de aquellas para las que fueron concedidas demostrando que no es preciso apartarse de la tradición para adaptarlos a las necesidades modernas.
Los tonos de la cerámica turolense son exclusivamente el morado y el verde sobre fondo blanco. Y sus dibujos, los típicos de la heráldica: hidras y dragones, guerreros a caballo, los gules de la Corona de Aragón, figuras del artesonado de la Catedral y animales como el conejo, el pez, el perro, el búho y sobre todo el toro: <<el torico>> mirando la estrella, símbolo de la ciudad y lema de su escudo, precursor del torito de la canción, que se enamoró de la luna.
Estos temas van siempre encerrados entre las lacerías, arcos, estrellas islámicas y arabescos del alicatado mudéjar que cubren casi por entero la pieza como pequeñas réplicas de las fabulosas torres brillantes de cerámicas embutidas, como bellísimas joyas para regalo de una sultana.
Ánforas de raras formas con largo típico como un extraño animal, candiles, benditeras, botes de farmacia, platos y cuencos, almireces y vasijas para el vino; una teoría de objetos que nos descubren el secreto de las llares y alacenas de las gentes que en los siglos XII, XIII y XIV las crearon para su uso.
En los siglos siguientes aparece una nueva modalidad de cerámica con decoración en azules, tal vez influida por su vecina Manieses. Cerámica tosca con rudimentarios dibujos en los que el recuerdo mudéjar ha sido deserrado y que ha perdido toda su finura y elegancia y la personalidad que caracteriza la anterior, que de nuevo, en los siglos posteriores vuelve a imponerse aunque en el XIX y en los principios del XX se sostiene apenas lo suficiente para no desaparecer y florecer de nuevo en estos años de reivindicación de la Artesanía en la que esta impone su pura y no mixtificada tradición.
Junto a los catavinos, jarras, vasijas, etc., encontramos los pucheretes para las sopas de ajo, deliciosos aquellos y éstas, que son una de las especialidades gastronómicas de Teruel y esporádicamente hallamos una manifestación del barro vidriado muy curiosa e interesante pues se trata del Toro ibérico que se ha hecho famoso en Cuenca y que aquí presenta la característica de representarse sentado. Su forma mas tosca, mas primitiva que en el de Cuenca y su boca tan diminuta, situada entre las erectas y grandes astas, que es difícil suponer para que uso estarían destinados, pero que no deja apenas dudas de que fueron inspirados por las pinturas rupestres de las cuevas de la Sierra de Albarracín (Cocinilla del Obispo), lo que explica su rudeza.
Hemos terminado la visita a la ciudad y nos despedimos de ella dispuestos a volver siempre. Cuando nos alejamos, Teruel, ceñida por el Turia, sestea complacida en su belleza y en su aislamiento que, si la guarda ignorada por muchos, también la defiende de invasoras estridencias que serían como un grito sacrílego rasgando su serena e inmutable placidez; como un redoble de batería de jazz en la armonía de un zéjel.

ALCAÑIZ CENTRO DEL BAJO ARAGÓN

Alcañiz en la Geografía
Una de las comarcas mejor definidas de nuestras tierras es la del Bajo Aragón; Alcañiz es su capital. Enseñorea una hoya bordeada por altozanos y colinas de color ocre terroso, partidas por bancos areniscos amarillentos Y perfilada por machas de verde matizadas por los olivos verdiplata y por los cultivos del oasis creado por las aguas del Guadalope que se despereza en curso sinuoso, ciñendo a la ciudad y a su castillo que se yerguen en lo alto de un empinado cerro, Alcañiz es irremediable consecuencia de los designios de la geopolítica. Desde el espinazo montañoso que cierra los caminos del mar, con las cumbres de los puertos de Beceite, tres ríos, en todos los tiempos, han mantenido la vigencia del andar de los hombres entre el Ebro y las tierras levantinas: el Matarraña, el Guadalope y el Martín. Por esta razón Alcañiz es centro irrenunciable de una extensa zona geográfica y de una dilatada parte de nuestra Historia.
En el paisaje alcañizano no puede olvidarse la Estanca, cuya lámina de agua, tendida a los pies de las moles del Castillo y de la Colegiata, a cuya sombra se apiñan las casas de la ciudad, apretadas en calles de pendiente trazado, sirve de primer término cromático a una de las más típicas vistas de Alcañiz. Y justo es decir que la situación del caserío, en el centro de una hoya le proporciona tantos puntos de vista diferentes y bellísimos, cuantos son los caminos que lo cruzan, lo mismo si se llega desde Zaragoza, como desde Teruel y Calanda, o desde Caspe o, finalmente, desde Tortosa o de Morella.
En los urbano, Alcañiz es un cerro, montado sobre una colina: arriba del todo Pui-Pinós con el castillo calatravo; en la meseta inferior, la Colegiata dominando el Ayuntamiento y la Lonja; desde aquí calles que descienden como por la superficie de un tronco de cono hasta el cinturón del Guadalope y otras que forman anillos paralelos al río.

Leyenda e Historia

Un cronista de Alcañiz, de principios del siglo XVIII, quiso situar en su emplazamiento la ciudad de Ercavica; otro la Anitogis citada por Livio; y alguno a Oscicerda en Valdevallerías. Dejando aparte estos extravíos de Juan Zapater y de Sancho y los de quienes hacían el Bajo Aragón escenario de las correrías del casi legendario moro español Omar ben Hafsun, por convertir Barbastro en Bobastro, lo cierto es que la historia de Alcañiz comienza muy pronto, aunque se nos haya negado el nombre que ostentaron las ciudades que se erigieron en su término. Su carácter de encrucijada de los senderos de la Historia explica la asombrosa densidad de yacimientos arqueológicos: desde las estaciones- talleres de silex investigadas por el benemérito mosén Bardaviu en la masada de Ram, a las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga que nos presentan el mas animado cuadro de la vida de los cazadores mesolíticos del Bajo Aragón con cacerías, carreras y una mujer de gran tamaño dominando el friso; desde el cabezo del Cascarujo y del Cuervo que ya conocieron la metalurgia del bronce a los establecimientos de las gentes indoeuropeas en Siriguarach o Pui Moreno y a la presencia de los iberos levantinos, conocedores del torno de alfarero, del molino giratorio y de la metalurgia del hierro en el Palao Val de Vallerías, el Tarratrato, Tiro de Cañón y otros poblados que se agrupan muy próximos entre sí, hasta las trazas romanas de Alcañiz el Viejo y las noticias de hallazgos que pueden corresponder a otras ciudades o bien a establecimientos rústicos tan numerosos que podrían postular para Alcañiz la capital de Aragón prehistórico. Podemos dar por instalado el museíto que en el castillo albergará los ejemplares mas importantes de las colecciones recogidas por los PP. Escolapios en una larga y paciente rebusca.
La historia escrita comienza con los árabes. El nombre de Alcañiz, lo es, y puede interpretarse << las iglesias>>, lo cual podría aludir a la presencia de comunidades mozárabes. En el siglo XII entró en el dispositivo militar de Alfonso I, quien si bien rebasó esta zona del Guadalope y fundó un castillo en Pui- Pinós en 1117, lo dominó efímeramente, pues la rota de Fraga puso castillo y ciudad en manos de sus anteriores señores, quienes lo perdieron, definitivamente, en 1157 por obra de las campañas de Ramón Berenguer IV. Es interesante anotar que el rey se reservó el castillo y dio el poblado y el término a sus moradores mediante, una carta puebla que sería el origen del antagonismo largamente mantenido a que luego aludiremos. Quede dicho no obstante, que quien quiera encontrarlo en piedra basta con que oponga el empaque severo de la casa consistorial a la fortaleza que domina a Alcañiz desde lo alto. Tras la reconquista quedó la población dividida en cuatro parroquias: Santa María estuvo primero en el castillo y luego en la parte baja, donde hoy la colegiata, y consta que en ella dio gracias Jaime I por la conquista de Ibiza y que Benedicto XIII le concedió el honor que hoy tiene a petición de San Vicente Ferrer.
Pero sigamos con la historia. El castillo pasó en 1179 en la Orden de Calatrava por merced de Alfonso II, convirtiéndose en sede y casa principal de la encomienda aragonesa de la Orden, residencia de los maestres y por ende teatro de importantes acontecimientos relacionados con el cisma, con fundaciones y conquistas, amén de ser la cabeza de una intensa vida monástico-guerrera. Jaime I hizo de Alcañiz lugar predilecto de residencia, preparando en su castillo los planes de la conquista de Valencia, celebrando en 1250 cortes generales y sometiendo a árbitros sus disensiones con su hijo primogénito, Don Alfonso; tan importantes reuniones se repitieron en 1371, en 1436 (en cuyas cortes los aragoneses otorgaron a Alfonso V la ayuda excepcional de 220.00 florines de oro) y las de 1441, terminadas en Zaragoza.
En Alcañiz se reunió en 1411 el <<parlamento>> que preparó las vistas y discusiones de Caspe para resolver el pleito de la sucesión al trono de Martín el Humano, por lo que mereció el título de << ciudad de la Concordia>>; y luego mas tarde participaría en los principales acontecimientos de la historia aragonesa; en 1347 apoyó a los nobles de la Unión contra Pedro IV; en 1462 sufrió las acometidas de los castellanos y catalanes sublevados contra Juan II; participó activamente en el sometimiento de la secesión catalana de 1640, por lo que Felipe IV le concedió el título de Ciudad en 1652; tampoco le ahorraron destrucciones y motivos para mostrar su temple las guerras de Sucesión, de la Independencia y las carlistas, en las que mantuvo casi siempre la causa liberal.
Es interesante subrayar la lucha permanente entre la villa y el castillo; los ciudadanos buscaban apoyo en el rey contra los señores, hasta el punto de que sus diputados se sentaban en cortes en los bancos de las universidades. Constantemente se emiten por los reyes sentencias para limitar o fijar los tributos que los alcañizanos habían de pagar a los señores del castillo. Su población en el siglo XVI era de 1.136 fuegos, incluyendo a los moros y judíos, lo que no es mucho; los judíos fueron bien considerados, aunque se los excluía del recinto murado y tenían la sinagoga donde hoy está la ermita de la Anunciación; San Vicente Ferrer consiguió la conversión del famoso Astrtuch Leví y con ella la de los principales miembros de la aljama de Alcañiz, que cerró sus puertas de real orden en 1415.
En la pugna de la villa con el castillo, Alfonso III terció autorizado a los ciudadanos a rechazar por la fuerza a los enemigos que la Orden intentase introducir en la fortaleza y con frecuencia pagaron a los señores la cólera de los alcañizanos, bien en si mismo- Don Martín de Molina, comendador de Burriana, muerto en 1525 a son de campana tañida-, en sus familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de sus servidores- dos porteros reales en 1328-; los citados a juicio son los jurados, que tomaban el papel de cabecillas en estas luchas.
El municipio, fuerte y bien organizado, era regido por cuatro jurados y había una justicia para dirimir las cuestiones entre la villa y la orden, con apelación al maestre y al rey. Finalmente, Alfonso V, en 1438, incorporó perpetuamente la villa a la corona otorgándole derecho a resistir <<hasta la Muerte>> contra cualquiera que quisiera su señorío, aunque lo hiciese con poderes reales.
Arte y monumentos
Tantos acontecimientos históricos y el vigor de sus instituciones políticas y económicas habían de dejar en Alcañiz la huella en piedra que significan los monumentos. Por desgracia muchos sucumbieron en el continuo tejer y destejer de los humanos sobre sus propias ciudades. Aún pueden hallarse rincones que guardan todo el perfume de la historia y casas aisladas de época gótica con sus sillares patinados en oro por el beso multisecular del sol.
La visita debe comenzar por el Castillo, donde el Ministerio de Información y Turismo acaba de instalar una hostería, al tiempo que el de Educación restauraba los restos de la antigua fortificación gótica. Se llega hasta la cumbre del cerro por un antiguo camino de ronda que va perfilando los muros y defensas; se entra en el recinto por un portalón flanqueado por matacanes. La fachada principal es lo más moderno del castillo, obra dieciochesca del infante Don Felipe, concebida al modo de un palacio aragonés De ladrillo, con lienzo central de tres cuerpos (puerta, balconada y teoría de arquillos de medio punto) y dos torreones de ángulo con la misma decoración superior; en la fachada una borrosa inscripción conmemora la obra de 1728. en esta zona se han acomodado los servicios hoteleros y desde el frente se goza de un bellísimo panorama sobre el valle del Guadalope, las crestas de Beceite y a los pies el << arrabal>> de Alcañiz y en segundo término los montes del secano, recortándose la silueta aguda del cabezo del Cuervo, testigo de tres milenarios de la historia de la Ciudad.
Tras la puerta de Zaguán, un patio lleva al conjunto del siglo XIII, en el que sobresalen el claustro, gótico, pero con puertas de acceso románicas, con galerías formadas por arcos apuntados que arrancan desde el suelo. Hay en él algunos enterramientos, como el de don Juan García López, muerto en 1306, según reza una inscripción, y otra sin fecha que nos habla del constructor, Johannes lapicida, hoc claustrum fecit. Avemaría, gratia plena, dominus tecum>>. Con atisbar algunos restos de pintura mural de la época del claustro se puede pasar a la torre del homenaje, en cuya escalera hallaremos una ventana con las cruces de Calatrava como adornos; luego el primer piso, con techo plano sostenido por arcos apuntados muy abiertos y sobre las paredes un excepcional conjunto de pinturas que son de lo poco que conservamos en lo civil y con escenas en tanto confusas pero que aluden al rey, a los nobles, a ejércitos y empresas guerreras, con castillos y ciudades, algunas depositadas hoy en el Ayuntamiento.
Deben señalarse un porcentaje real inserto en una rueda en la que se lee <<regnabo, regno, regnavi>>, es decir, el futuro, presente y pasado, con figuras simbólicas del día y de la noche; un trovador, lucha un zorro con un gallo, artesanos en el trabajo de las alusiones a gremios y una serie caballerescas con jinetes e infantes con la cruz de Calatrava, con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, etc. Estas pinturas, necesitadas de un estudio completo y a fondo, han sido fechadas en el siglo XIV y supuestas de influencia francesa dentro de un gótico final. El piso superior comunica con este mediante una escalera de caracol y tiene un gran arco apuntado como elemento sustentante y un ventanal ajimezado.
La capilla es una importante muestra de la arquitectura del siglo XII, con trio sencillo y puerta de medio punto con tres gruesos baquetones concéntricos rematada por tres ventanitas decorativas, Románica, la nave única se cubre con bóveda de cañón reforzado por arcos fajones. En la Cabecera, y al lado del Evangelio, se halla el mutilado sepulcro de Don Juan de Lanuza, virrey de Aragón y comendador mayor de Alcañiz, muerto en 1533; aunque esta obra de alabastro y muy fina se ha atribuido alguna vez a Gabriel Joli, se conoce el contrato con Damián Forment, quien se muestra aquí con la mayor limpieza renacentista. Una parte de las esculturas se guarda en el Ayuntamiento y lo que queda en la iglesia esta brutalmente destrozado por muchos años de incuria y descuido.
Aún se conservan en la parte antigua del castillo la sacristía, la torre de Lanuza con su escudo, puesto al reconstruirla; la torre de Juan Fernández de Heredia, con sus armas y otros elementos de menos interés. El conjunto del castillo es monumento nacional (núm. 1.060).
Descendiendo del castillo, el curioso debe detenerse en la plaza de España, bellísima por sus monumentos y desniveles, a pesar de que una buena parte de sus edificios han sido bastardeados a lo moderno, habiendo de adjudicar mucho de la pérdida a la explosión de un almacén de pólvora en 1840, incendiada por una centella. En la conocida lámina de Parcerisa el conjunto del Ayuntamiento y la Lonja se ven desde un arco apuntado de traza casi tan alta como los de enfrente que hoy se conservan; la galería De arquillos que corre sobre las ojivas de la Lonja no tiene antepechos y están abiertas las dos puertas del pórtico en tanto que no existen las otras aberturas modernas.
Lo dos edificios, aun siendo muy diferentes, casan y se complementan a la maravilla no estorbando a la severidad de la casa consistorial, que muestra la potencia de la vida municipal de Alcañiz, la gracia de la Lonja que podría adornar como logia una plaza del quattrocento italiano. La parte primitiva se compone de tres agudos arcos muy ordenados y un remate de fecha muy posterior en forma de galería de arquillos de medio punto y remate de lunetos, sin duda imitación del contiguo del Ayuntamiento. La parte de la esquina no se terminó, pero en la parte alta se puso en el siglo XVIII, con un reloj de sol, un relieve de la Santísima Trinidad. Quadrado piensa que la Lonja fue <<corte>> para administración de justicia, y otros que es la parte delantera de una casa hundida en una explosión, donde se había reunido los parlamentarios de Caspe para llegar a la Concordia. Realmente estamos en presencia de un pórtico o logia destinado a la vida pública intensa del municipio de Alcañiz. Su construcción es de fines del siglo XV.
El ayuntamiento, del siglo XVI, es uno de los edificios mas bellos de la arquitectura civil aragonesa; de traza severa y armónica, es muy distinto en la fachada de la plaza, que cierra en ángulo recto con la Lonja, y en la de la calle contigua. La primera es de un renacimiento severo y ostentoso.
De piedra y de color oscuro, de tres cuerpos muy armónicamente dispuestos, con el escudo de la ciudad en el centro y remate superior con un soberbio alero con artesonado, cubriendo una galería de arquillos. La fachada lateral, del mismo tiempo, es rigurosamente mudéjar, como un símbolo de los dos elementos, erudito y popular, que intervinieron en su construcción.
Tanto el Ayuntamiento como la Lonja son monumentos nacionales (números 1.061 y 1.062)
La Colegiata ocupa el lugar donde se alzó la antigua parroquia de Santa María, de cuyas galas y bellezas se hizo lenguas Zapater y de la que hoy quedan muy pocos restos, fuera de la torre antigua. En la actualidad es un monumento impresionante, de dimensiones gigantescas, propias de una catedral, con perfil muy característico que domina todas las perspectivas de Alcañiz. La Iglesia vieja, tuvo tres naves y girola y tres puertas, una románica, otra gótica y la última mudéjar.
La actual, obra del arquitecto zaragozano Domingo de Yarza, se inició en 1736, con una gran torre central sobre el cimborrio, cuatro en los ángulos de la planta rectangular y dos de ladrillo a los lados del imafronte de grandes proporciones, con decoración barroca de estatuas y relieves, San Pedro Y San Pablo y la Virgen con el Niño; en el centro un recargado grupo con Santa María la Mayor, rodeada de Santiago, San Francisco, San Miguel y San Gabriel; en el último cuerpo San Ramón Nonnato y San Pedro Mártir. En el interior, en curso de restauración, de gusto neoclásico, destaca el gran cimborrio y se conservan algunas muestras de excelentes retablos que Carlos Cid atribuye al que llama << Maestro de Alcañiz>>, como San Jerónimo, San Pablo, Santos Cosme y Damián y otras tablas.
El resto de los edificios de Alcañiz, con aire monumental, es menos importante, pero muchos tienen empaque y carácter, que alcanza a las graciosas hornacinas con santos en diversas calles. Pueden citarse el convento de los Dominicos, fundación de Juan de Aragón, hijo de Pedro IV en 1382, de fines del XIV, reformado en los siglos posteriores y pasando a usos civiles tras la exclaustración; poco que anotar tiene el convento de las Dominicas, del XVII, muy graciosa torre mudéjar del XVIII guarda la iglesia de los Escolapios; y poco que añadir los conventos de Carmelitas calzados y Franciscanos.
El conjunto monumental, pues, que en Alcañiz puede admirarse merecería por sí solo una visita a esta ciudad que ha ido asentando sobre su solar muchos acontecimientos históricos y una vigencia extendida a una amplia comarca. Su escudo es un castillo sobre campo de plata flanqueado por dos Cañas de sinople (alusión demasiado fácil al nombre) y en el jefe las barras de gules en campo de oro, de Aragón.
Costumbres y tradiciones
Se han perdido en los últimos años la mayor parte de los usos de la población de agricultores y comerciantes que formaban el núcleo de Alcañiz y de su comarca. Quedan algunas peculiaridades como la frente de los 72 caños, mucos de ellos con su nombre y su leyenda, el de los viudos, el de los novios, aquel en que cualquiera que beba se verá obligado a volver a Alcañiz. El traje se conservó hasta hace poco; era el mismo aragonés con algunas variantes, como la blusa en vez de la chaqueta y el pañuelo de pico erguido en los hombres y la falda corta y airosa de las mujeres. Algo queda en la cocina tradicional; las << tortas de alma >> con relleno, el cordero a la pastora, las << parretas >> en aceite y el mondongo, el pastel de Pascua de Resurrección a la <<rosqueta>> del jueves lardero.
Respecto de la música popular, aparte del << bolero de El Tieso >> y la << danza >> Alcañiz posee una joda de personalidad muy definida, lenta con braceo Acompasado y ligeras variantes respecto a los estilos hermanos de Albalate, Calanda y Andorra.
Como siempre sucede, son las costumbres religiosas las que se han guardado con mayor fidelidad. En primer lugar, la fiesta mayor dedicada los días 8 a 13 de septiembre a la Virgen de los Pueyos y al Santo Ángel Custodio, con capilla en la colegiata y ermita en los alrededores. Cuenta la tradición que la Virgen se mostró al pastor Lucio, allá por el siglo XII, en un lugar a un par de kilómetros de Alcañiz, pidiéndole que se erigiese una ermita junto al río y que se le rindiese culto << mientras lleva el Guadalope y la campiña sostenga frutos ZZ, llevada a Alcañiz, desapareció por la noche volvió al lugar donde se había aparecido al pastor; allí se elevó una ermita y se le rinde culto y una animada romería el día 9 de septiembre, además de la procesión del Voto, en el tercer domingo de Pascua, en recuerdo de la feliz solución del pleito que Alcañiz mantuvo con el cabildo de La Seo de Zaragoza, resuelto favorablemente por Benedicto XIII. Otras fiestas se dedican a San Roque, San Antón y Santa Agueda, con hogueras, gozos y alabanzas.
Sin duda es la Semana Santa la más importante celebración religioso- popular que Alcañiz conserva. Su peculiaridad es común a otros pueblos comarcanos, como Hijar y Calanda, y se cifra en los interminables y diestros redobles de tambor que acompañan a parte de los cortejos procesionales; algo se ha perdido y bastante ha cambiado en estas costumbres, pero otras tradiciones se afirman y aumentan, y así, junto a la estanca, un bello emplazamiento, se ha erigido sobre un basamento formado por un inmenso tambor, un monumento en hierro forjado al tamborero de Alcañiz, formando un conjunto de gran belleza que traduce el entusiasmo de los alcañizanos por sus tambores de Semana Santa. Llevan los penitentes túnica azul celeste y caperuza rizada. Parece que el origen de estas celebraciones se remonta a 1687, fecha en que Fray Mateo Pestel, cuaresmero de la colegial, organizó por primera vez la procesión del Santo Entierro.
A principios del XVIII se introdujo la novedad de ir seis nazarenos con <<dobleras>>, es decir, con tablas elípticas con anillas que golpeaban sobre clavos remachados al agitarlas con violencia, detrás de sacerdotes y mayordomos, estos ruidos representaban los trastornos de la naturaleza por la muerte del Señor y pronto pasaron a ser reproducidos por tambores de parche destemplado que, desde 1730, inaugurarían la costumbre del redoble de tambores. En el pregón se invitaba a todos los vecinos a concurrir al Santo Entierro y es lástima que ya no se pronuncie, porque su gracia, ingenuidad, y respeto, merecerían que se conservase. Decía así: <<Hermanos fieles y devotos cristianos: sabed como los pérfidos judíos, habiendo puesto pendiente de una cruz al hijo de María Santísima esta desconsolada, esperando os apiadéis de su soledad y pobreza y la asistáis en el descendimiento que será entre tres y cuatro horas de esta tarde y al entierro de su Hijo Nuestro Señor murió por redimirnos y salvarnos, obligación es de todos los cristianos asistir devotos y compasivos acompañando en el llanto a María Santísima Madre de Jesús y Señora nuestra; y por lo tanto en nombre de la Iglesia Santa os amonesto para que concurráis a tan sagrado, piadoso y tierno funeral>>. Convocado así el pueblo al entierro de Cristo, resonaban y siguen redoblando los tambores de Alcañiz.
La llamada procesión del <<bis- bis>> el lunes, cuyo nombre debe derivarse del bisbiseo de la oración; la del Pregón, el martes; la de Jesús Nazareno el miércoles; la del Silencio, el jueves; el viernes la del Encuentro, el Santo Entierro y la Soledad después, cerrándose con la procesión de << las Palometas >> el domingo de Pascua. Todos los días y las noches, los tambores, manejados con rara habilidad resuenan con escasos descansos. Cada grupo tiene su toque y los hay numerosos y diferentes; el mérito está en arrastrar a quienes están cerca para que dejen su toque y sigan al ajeno; los dedos llegan a sangrar del esfuerzo tenaz y repetido. En la Semana Santa de Alcañiz se guardan tradiciones de cerca de tres siglos y se están creando otras para el futuro, de extraordinario atractivo.

Alcañiz hoy

Mas de diez ml alcañizanos están empeñados en la lucha por el presente y por el futuro, que intenta ganar un activo turismo alrededor de su Historia y de sus monumentos, de los establecimientos deportivos automovilistas del <<Circuito del Guadalope>> y náuticas y pesqueras de la estanca, de las posibilidades de caza de sus montes, de los establecimientos industriales y de la racional explotación de la agricultura en la que las aceitunas y el aceite de olivos de troncos retorcidos y añosos son un símbolo. Su esfuerzo tendrá éxito, porque lo alcanzan siempre la tenacidad y el paciente brío. Y Alcañiz conjugará al pasado y el presente para ganar un porvenir que ha estado elaborando desde los principios de su historia.



ALBARRACÍN Y SU COMUNIDAD

Geografía y paisaje de Albarracín

Un milagro urbano e histórico es Albarracín. Ofrece al visitante el encanto de la vetusta arquitectura de una ciudad inverosímil que sorprende y nos atrae.

Tras la admiración lírica de cuanto ven allí nuestros ojos, nace el deseo de hallar una explicación a esta ciudad creada por la geografía y por el hombre que los tiempos nos han guardado intacta. El viajero se encuentra ante Albarracín de repente. Después de un recodo de la carretera que parte de Teruel, atraviesa los llanos de Cella y tras pasar el pueblo de Gea de Albarracín, se mete apretadamente entre montañas para seguir serpenteando al lado mismo del río Guadalaviar. Luego una modesta vega, encajada entre cerros, procede al encuentro con la ciudad. esta se anuncia primero con un lienzo de murallas y torres coronando un alto monte. Cuando al final de la Vega, vuelve rápida la carretera, tras una cerrada curva que se ciñe al pie de aquella alta loma fortificada, el viajero se topa con sorpresa con la agrupación urbana de Albarracín, apretada detrás de aquel cerro severo y agreste. Solo ahora ante el abigarrado caserío se comprenden las fuertes murallas y altas torres que coronan el cierro. Primero se llega al <<Barrio>> se ve de frente, colgadas sus casas a las peñas. Mas adelante la carretera ha de perforar la mole rocosa para continuar su ruta; el casco urbano ha quedado arriba sobre la roca que el río circunda tras haber formado el mas trabajoso de los meandros. Es esta península rocosa que el río labró cavando una continuada y profunda hoz, se construyó Albarracín. Primero se llamó Santa María de Oriente por los historiadores y geógrafos árabes y luego Santa María de Ben Razín, nombre de una tribu de origen bereber que gobernó tres siglos largos la ciudad.

Aquel seguro reducto fue cabeza de toda una comarca que allí encuentra su centro natural. Historia y geografía explican al que el recorre Albarracín la razón de aquellas fuertes murallas que tan bien plantadas quedan en un paisaje agreste de cerros rocosos y rocas peladas. Protegen un casco urbano impresionante por su vetusta autenticidad y por el milagro de su mantenimiento a lo largo de los siglos. Las calles estrechas y sinuosas son como una cambiante escenografía. Plazas, esquinas, pequeños escampados, nos permiten gozar de perspectivas insospechadas, originales y atractivas. Y tofo ello en medio de un paisaje austero e impresionante de montañas rocosas rajadas por el río Guadalquivir que bordea toda aquella maravilla, metido en un profundo tajo. Este foso al crear tan fuerte posición natural nos explica como el hombre aprovechó aquel apartado lugar para organizar su vida urbana en los inseguros tiempos medievales.

Hoy Albarracín es un placer para quien solo desee contemplar una estampa de los tiempos pasados. Allí se sintetiza una región bravía de muy acusada personalidad. Todos llamamos <<la Sierra>> a esta singular comarca natural. Esta formada por dos grandes alineaciones de cordilleras con picos entre los 1.500 y los 2.000 metros de altura. Entre ellas se formaron estrechos y cortos valles, surcados por las aguas del río Guadalaviar y sus principales afluentes, del Tajo, del Júcar y del Cabriel. Estos valles y las hoces por las que los ríos se abrieron paso fueron siempre los caminos naturales por los que llegaron a Albarracín los hombres de la sierra haciéndola el centro político, religiosos y económico de toda aquella comarca aislada. Su difícil geografía solo se goza y comprende recorriendo la región.

Si desde Albarracín el viajero avanza solo seis kilómetros por la carretera que sigue estas hoces, estrechas y profundísimas, hasta el punto de que a veces no sabe por donde seguirá la carretera, llegará al cruce de Tramasaguas. Allí se abrirán dos rutas. Luego éstas se bifurcan unos kilómetros mas arriba, formando como las ramas de un árbol cuyo tronco es el río Guadalquivir y la carretera que lo bordea. Esta, primero, atraviesa el encantador Valle de Tramacastilla donde los frutales de su vega son los últimos que admiten el clima serrano. Las huertas feraces lindan con los pinares que cubren las laderas de las montañas. Luego, mas allá de Tramacastilla, la carretera remonta hacia Cillas del Cobo, Guadalquivir y Griegos por entre montes y pinares por una parte; por otra llega a Noguera para penetrar en los cerrados bosques de pinos y las verdes praderas de El Puerto. Los picos mas altos de la Sierra están por estos parajes. El Caimodorro llega casi a los 2.000 metros y la Muela de San Juan a los 1.900 metros de altitud. En esta parte de la Sierra se forma la más extensa red hidrográfica de España, Hacia el Norte nace y corre el Gallo que irá a Molina y al Tajo. También van algunas aguas de tierras de Albarracín por el Norte al río Jiloca tras atravesar las parameras de Monterde, de Pozodón y Ródenas. Es toda una comarca lateral de la Sierra que nos enlaza con tierras castellanas de Molina y con la cercana región aragonesa del Valle de Jiloca, la región de << el Río >> para los Serranos, distinta de << la Sierra >> por su economía, por sus costumbres y por el carácter de sus hombres. La otra parte de la Sierra de Albarracín se alcanza siguiendo desde Tramasaguas el río Royuela, afluente del Guadalquivir. Se llegará como al abierto y pintoresco << Val de Royuela >>, como se llamaba siempre en los documentos en el Monasterio de Carmelitas de Nuestra Señora del Val de Royuela, hoy en ruinas. En este lugar la carretera también se bifurca y llega a Colomarde y Frías, rico por sus pinadas y prados que se extienden hacía la Vega del Tajo, que es un valle alto, donde se origina este río. Queda limitado por las estribaciones de la Muela de San Juan y el Cerro de San Felipe, esté último metido ya en el linde con la Serranía de Cuenca, prolongación de nuestra Sierra de Albarracín. Cerca de la Vega del Tajo en otro alto valle, el de Valtablado, aún ahora tierra de la Comunidad de Albarracín, nace el Júcar y no lejos el Cabriel, su principal afluente. Este río se forma a lo largo de otro pintoresco valle, el llamado Val de Cabriel, tierra de pastos y de pinos, pero que la acción del hombre también ha hecho tierra de labor en grandes trechos. Además de esta parte de la Serranía, desde Royuela, otra carretera lleva hacia Terriente, siguiendo al principio el río de el Garbe que riega el valle sereno y tranquilo de Royuela. Pasado Terriente se alcanza el Vallecillo al final de Val de Cabriel y mas al este se extiende una región abrupta, imponente por sus enormes barraqueras en torno al Javalón, el cerro de las Brujas. Al norte de esta montaña está el pueblo de Javaloyas, y entre el Javalón y tierras ya de Valencia, hacia el este, se extiende desafiante una paramera áspera y fría en la cual protegidas en los recodos de los cerros se hallan varias aldeas de nuestra comunidad. Al norte del Javalón hacía Gea y Bezas de Albarracín crece el mas pintoresco de los pinares, el famoso Rodeno, donde los pinos nacen entre los pistachos de las areniscas rojas del Triásico. Ofrécese allí un paisaje inolvidable que ya fue santuario prehistórico, como nos lo recuerdan sus diversos grupos de pinturas rupestres.

En toda esta agreste comarca de asientan los pueblos serranos. En total veintidós municipios. Son de muy escasos habitantes, algunos formados por simples caseríos de veinte a cuarenta hogares. Todos forman parte de la Comunidad de Albarracín, entidad político- administrativa que aún está en pie. Tan curiosa institución solo se comprende por la Historia y por la forzada defensa de los montes y pasos que se han aprovechado en común durante siglos por los habitantes de esta tierra. Hoy como siempre los << serranos>> viven igual que ya los describió nuestro Ignacio de Asso, hace 300 años. Los bosques de pinos y la ganadería, mas que la agricultura, les sustentan. Casi todos los pastos del país se explotaban en común y una rica ganadería dio siempre a esta tierra la base de su riqueza. Las aldeas de la Comunidad y se convirtieron tras el azaroso siglo XIX en municipios independientes y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y sus bienes hoy son consumidos principalmente para sostener una pesada y absurda administración municipal que deberá simplificarse para bien del país. Albarracín fue siempre la cabeza de toda esta tierra serrana, llena de bellezas naturales, de bosques extensos de pinos, de espesos y olorosos sabinares; de praderas verdes; de valles sonrientes, de fuentes frescas y arroyos cristalinos. En tierras de Albarracín se inician esos surcos de agua que llevan en su nacer nombres que sonarán por toda la geografía de España: Tajo, Júcar, Cabriel, Guadalquivir o Turia, Jiloca, Gallo.
Los picos altivos y dominadores de sus tierras le dan su fuerte personalidad frente a Castilla, a Aragón y a Valencia. No lejos del Javalón está la loma de los tres reinos, donde los reinos de Castilla, Aragón y Valencia tienen límite. Enclave geográfico altivo, la geografía de Albarracín, << la Sierra >> a secas para sus pobladores, nos explicará la historia de << La Ciudad>> por antonomasia, pues así era llamada entre los serranos de Albarracín, hasta no hace muchos años. Poco a poco va dejando de ser la cabeza de la comarca, pues por un lado las comunicaciones, por otro las reformas políticas y administrativas le ha hecho decaer y perder el rango y sentido que la tradición le mantuvo hasta hace unos años. Hoy queda sin explicación para el atónito visitante sus poderosas fortificaciones, su catedral, el prestigio de su Juez que heredó la tradición mantenida hasta el Decreto de Nueva Planta en pleno siglo XVIII, de que en él se acabarán las apelaciones. Hoy Albarracín no tiene ya obispo. Ni el título de Administrador Apostólico que heredó con sus funciones el Obispo de Teruel, suena en los documentos de su curia. El Juez de primera Instancia se suprimió hace unos años. Ya no es el mercado al cual bajaban los serranos a comprar y vender. Albarracín dejó de ser <<la ciudad>>como hasta los años anteriores a la última guerra. Solo le queda su historia y la belleza de su casco urbano, la fuerte impresión de sus monumentos; lo que ha conservado de su patrimonio artístico, no mucho, por la incultura y decadencia en que vive. Y su paisaje. Todo esto unido, cuidándolo con amor, será un tesoro que se podrá añadir a sus fuentes naturales de riqueza y permitirá mejorar el vivir de los habitantes de la comarca.

También siempre le quedará Albarracín su historia peculiar romántica y personalísima dentro de la gran Historia de España.

La historia de Albarracín

La personalidad geográfica de la Sierra, diferente a la Meseta castellana y a las montañas y a las llanuras de Levante, configura su original historia.

Los primeros vestigios del pasado del hombre en tierras de Albarracín nos lo ofrecen las pinturas rupestres del pinar del Rodeno, conservadas en doce covachas y abrigos rocosos de las areniscas triásicas. Algunas de estas pinturas son de una sugestiva belleza y representan una de las mas antiguas muestras del arte humano.

Hacia el 2.000 a de J. C comenzó a llegar el conocimiento de la agricultura a los valles serranos junto con la domesticación de los animales. En Frías de Albarracín se nos ofrece la mas antigua aldea de agricultores que conocemos en la Sierra. Se asentó fortificada sobre el cerro que se levanta junto al pueblo actual.

Luego, con la invasión de los celtas que indoeuropeizaron la Península a partir del siglo IX a J. C se formó sobre nuestro país el pueblo de los lobetanos. Debieron ocupar lo que hoy es la Comunidad y sobre su economía agrícola y ganadera con el aprovechamiento colectivo de la mayor parte de la tierra y de los bosques y prados se forjó la base étnica y económico administrativa sobre la que aún viven en gran parte los habitantes de la tierra.

La época romana no ha dejado vestigios de mayor interés. La sierra fue cantada en sus bosques y frescas fuentes por Marcial, el gran poeta nacido en Bilbilis, hoy despoblado cerca de Calatayud. Fueron explotados sus bosques y minas de hierro y hasta un curioso alfar de cerámica decorada existió cerca de Bronchales. Las leñas de los montes eran la base de estas explotaciones industriales del capitalismo romano, al margen de las cuales el pueblo indígena de los lobetanos vivió su vida de agricultores y ganaderos semejante a la actual y en poblados no muy diferentes.

La inseguridad de los tiempos finales del Imperio Romano, la dureza de vida a que todo queda reducido en España, tras la invasión de los germanos y las luchas de los grupos de estos entre sí y contra los bizantinos, comenzó a valorar estas tierras aisladas y de fácil defensa. En donde hoy esta Albarracín se debió fortificar un grupo de gente en torno a una iglesia consagrada a Santa María. Cuando la invasión árabe, la peña que forma la hoz del río, fue un refugio único para lo que quedaba de cultura. En busca de la seguridad, allí se organiza la capital económica y política de toda la comarca y de las regiones circundantes.

Cuando los primeros textos árabes nos describen, la España musulmana, aquel núcleo urbano agreste y bien fortificado se llama Santa María De Oriente, para diferenciarlo de otra Santa María de Poniente o de Osanova hacia el Algarbe.

Santa Mará siguió siendo el nombre de la capital y del centro político en el cual, los Ben Razín, una tribu bereber llegada con la invasión islámica, asentaron su poderío prueba de su tolerancia con la población cristiana mozárabe agrupada en torno a una iglesia y a su obispo que aún estaba rigiendo su grey en tiempos del Cid Campeador según nos refiere la Crónica General. Es significativo que la única lápida de Albarracín llegada a nuestros días es de un mozárabe.

Luego la Santa María de Oriente de los siglos VIII al X, se llamará ya Santa María de los Ben Razín en el siglo XI y en el XII cuando la dinastía de este nombre lleve a su mayor esplendor aquel lugar. A partir de 1160 será ya Santa María de Albarracín al pasar hacia aquel año a manos de un soberano cristiano, don Pedro Ruiz de Azagra el cual mantendrá la independencia de aquel pequeño estado que hasta 1379 el rey de Aragón no logrará incorporarlo definitivamente a su reino. Don Pedro Ruiz de Azagra era un caballero navarro que se mantuvo un señorío serrano proclamándose <<Vasallo de Santa María y Señor de Albarracín>>, para recalcar su independencia de los reyes de Aragón y de Castilla con el avance de la reconquista acabaron envolviendo a este minúsculo estado independiente sin conquistarlo. Para mejor sostener su independencia pobló principalmente con navarros la tierra, cuyos apellidos aún se mantienen en la Sierra. Los vasallos del Señorío de Albarracín apoyaron esta actitud con brío y habilidad. En mas de una ocasión con feroz heroísmo. A. D. Pedro Ruiz de Azagra, III señor independiente, que hizo frente victoriosamente al Rey de Aragón Jaime I, obligándole a retirarse del sitio que puso a Albarracín. Le sucedió su hijo Álvaro Pérez de Azagra, IV soberano de Albarracín, casado con la infanta Doña Inés de Navarra, reino con el cual siempre mantuvo relaciones estrechas Albarracín. A la muerte de don Álvaro Pérez de Azagra, el señorío de Albarracín lo hereda con plena independencia su hija mayor Teresa Álvarez de Azagra, casa con don D. Juan Núñez de Lara <<el Mayor>>. Este saco al país de su discreta neutralidad entre Castilla y Aragón para lanzarlo al torbellino de una de las vidas mas aventureras y mas borrascosas de toda nuestra Edad Media. Perdió temporalmente su estado ocupado por Pedro III de Aragón, tras un feroz sitio de la ciudad audazmente sorprendida por el rey de Aragón. Pero pocos años después, Jaime II lo entrega también temporalmente a Juan Núñez de la Lara <<el Joven>>, aun en vida de su madre Doña Teresa Álvarez de Azagra. Vuelve a manos de Aragón, pero no por mucho tiempo, pues ante de ser proclamado soberano, con los mimos títulos que siempre tuvieron sus señores, el infante Don Fernando, hijo de Alfonso IV de Aragón y de Doña Leonor de Castilla, hermana de Alfonso XI. Asesinado este en Burriana en la misma cámara del rey en 1359 por su hermano Pedro IV de Aragón, los de Albarracín se mantuvieron fieles, a su mujer, una dulce infanta de Portugal llamada doña Inés. Primero se alegó que esperaba el nacimiento de un hijo que no llegó, pues tal vez solo eran añagazas de los serranos para no entregarse al rey de Aragón, heredero del estado tras el fratricidio terrible de Burriana. Luego hicieron frente abiertamente al Rey no reconociéndole como heredero. Doña Inés, atraída por el rey de Francia y de Navarra, Felipe IV el Hermoso, contra la opinión de sus vasallos que tan románticamente la defendían, salió de incógnito hacia Navarra, con un enviado secreto del rey de Francia con nombre de trovador mas que de espía, llamado en las crónicas <<Arnaldo, hijo de Arnaldo de Francia>>. En Borja los enviados de Pedro IV los lograron identificar y de tener. Conservamos la orden por la que el rey, que estaba en Cullera, manda enviarlos al castillo de Luna y allí luego decapita a Arnaldo de Francia y lleva a Huesca buen guardada a la soberana de Albarracín.

Ni aún presa del rey la princesa de Portugal y soberana de Albarracín, aunque el rey de Aragón era ya por derecho el heredero del señorío, se sometieron los hombres fieles de aquel estado a Pedro IV. Le exigieron la libertad de su soberana y se negaron a reconocerle como señor mientras ella no los liberase de su juramento de fidelidad. Hasta 1379, en Fraga, no se llegó a un acuerdo. Doña Inés recibió Tamarite de Litera y otros estados y liberó a sus vasallos fieles de Albarracín y su tierra del juramento de fidelidad. Luego al rey de Aragón juró los fueros de la Ciudad y Comunidad y reconoció la independencia total administrativa de la tierra que siguió eligiendo por insaculación un juez que gobernó el país hasta 1713, en que el Decreto de Nueva planta de Felipe V al terminarse la Guerra de Sucesión estableció en Albarracín un corregidor. Después toda ha sido rutina decadencia, acentuada mas y mas en el siglo XIX y lo que va del XX. En pie quedan solo las murallas, la catedral y otros vestigios monumentales dispersos por el país. Como un recuerdo de aquella independencia los terrenos comunales que se extienden por gran parte de la Sierra forman con su rico patrimonio la llamada Comunidad de Albarracín, que pertenece a la ciudad y a las veintidós aldeas que se agrupaban con este nombre. Son los restos de una historia gloriosa. Hoy el gobierno de este patrimonio comunal enorme pasa de unas manos a otras, cada vez menos libres y, creemos, con menor provecho para los habitantes de la Sierra, sus legítimos herederos.

EL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y MONUMENTAL DE ALBARRACÍN Y SU SIERRA.

Eco de esta Historia original y bravía, Albarracín poseyó un rico patrimonio monumental artístico que aún es digno de ser visitado. Además de la Ciudad, todas las aldeas con sus iglesias y casonas, tenían algo que enseñar y digno de ser admirado. En los últimos años se ha perdido tanto que muchos pueblos no tienen ya nada digno de admiración. Albarracín ofrece aún sus grandes murallas que apoyan y refuerzan la fuerte posición natural en la que se asienta la ciudad. el recinto mas antiguo se agrupó dentro del meandro rocoso coronado por el Castillo señorial. En este espacio se cobijó la ciudad cristiana y luego árabe, alrededor de la grande y alta roca que se yergue en el centro. Pegado a esta roca y sobre ella, se asentaba la residencia militar, mas que palacio, de los señores de Albarracín, primero moros y luego cristianos. A sus pies estaban la Catedral y el Palacio episcopal. La iglesia de Santa María se sitúa hacia el extremo mas cerrado de la hoz que servía de fondo natural. Toda esta parte de la Ciudad se atraviesa por una calle que comenzaba en la Puerta de Hierro situada en donde hoy arranca la calle de la Catedral en la plaza del Ayuntamiento. Un fuerte recinto murado defendía esta parte de la Ciudad, llamada la Engarrada. De ella aún se conserva una alineación de la muralla y una turre de Ángulo redonda. Se ve bien cuando se visita el cercano y pintoresco Portal del Agua. A extramuros de la Engarrada y de la Puerta de Hierro se formó un arrabal. Abierto al principio, era mercado en torno al espacio para su libre seguridad que exigía la puerta fortificada de salida de la ciudad. Este espacio libre con el tiempo fue la actual Plaza de Ayuntamiento, centro hoy de todo el casco urbano. Tres lados de la citada plaza los ocupa hoy el Ayuntamiento, construido en el siglo XVI, seguramente por Pierres Vedel, a juzgar por su traza. Aún en 1627 están trabajando en esta enorme casa Juan de Ezpeleta y Pedro Fortet que construyen las cárceles de la ciudad en sus bajos. Algunas casas graciosas cierran esta encantadora plaza de variadas y movidas líneas, en la cual, las galerías de madera y los atrevidos balcones, abierto alguno en la misma esquina, se adaptan al arranque irregular de las estrechas calles que de ella parten.

Toda la ciudad de Albarracín nos ofrece un atractivo singular con sus callejas graciosas y sus altas y diversas casas cada una con traza y personalidad diferente. No hay entre ellas ninguna monumental, pero ofrecen un conjunto de arquitectura urbana único de Aragón y de los más sugestivos que puedan admirarse en España.

En este abigarrado conjunto de edificaciones sobresalen además del Ayuntamiento ya citado, el Palacio Episcopal y la Catedral. La obra actual del Palacio Episcopal, siempre sobre su antiguo emplazamiento, único Palacio que reconocía el fuero de Albarracín, es del siglo XVII y los edificó el obispo Miguel Jerónimo Fombuena. En 1705 a 1728, el Obispo Juan Navarro Gilaberte continuó las obras poniendo su escudo en la portada barroca no exenta de gracia, que cierra un pequeño patio. Su sobrino y sucesor en la mitra Juan Francisco Navarro Salvador y Gilaberte las debió acabar, pues su escudo aparece en la fachada del palacio, hoy muy averiado.

Al lado mismo del Palacio Episcopal y con comunicación interior con él, está la Catedral consagrada el Salvador; su fábrica se levantó en los primeros años del siglo XVI sobre otra iglesia anterior que debió ser romántica y Gótica en parte. En 1532 pide y concede gracias para la obra el obispo Jofre de Borja. Luego la construcción se continúa a lo largo del siglo XVI y debió acabarlas Pierres Vedel, el gran arquitecto picardo que vivió y murió en Albarracín. Sus hijos proclaman que << entre las obras heroicas que realizó su padre se encuentra el Aseo de la Ciudad de Albarracín>>. La airosa torre catedralicia es obra de Alonso de Barrio Dajo y se contrata en 1549. En su interior lo mejor que ofrece la catedral es el retablo tallado en madera del altar mayor, obra del gran maestre mazonero Cosme Damián Bas. Era un escultor seguidor de los mejores imagineros aragoneses de la época, sobre todo de Gabriel Joli; sabemos que lo contrató en 1565.

En la Catedral, en una capilla lateral de la nave mayor, entrando a la izquierda, hay un retablo de madera dedicado a San Pedro atribuido a Gabriel Joli, que estuvo antes en Santa María. Obra de gran nervio y excelente factura, corre su traza muy cercana a la del retablo de Bas que ocupa el altar mayor y hace tiempo que pensamos sea también otra suya y no de Joli como se dice. También es muy bella la capilla del Pilar, seguramente es obra del escultor Juan Mora, al que sabemos encarga colocar su escudo el obispo Navarro Salvador y Gilabarete en 1748.

También en la Catedral es notable el tesoro que se guarda en la Sala Capitular. Ofrece obras importantes como una naveta de cristal de roca, trabajo veneciano o milanés de finales del siglo XV. Fue donada por el deán Agustín de Roca. Citemos también un portapaz de oro con incrustaciones de piedras atribuido a Benvenuto Cellini, regalo de un pontífice al obispo Roca de la Serna. Hay una cruz parroquial de finales del siglo XVI, regalada por el obispo Martín de Funes (1645-59) y otras varias joyas. Sobresale entre las obras de arte que nos ofrece el tesoro catedralicio, una buena colección de tapices de Bruselas de mediados del siglo XVI firmados por Geubeis, obra de las mejores realizadas por este artista. Es digno de mención también un cristo de marfil con <<el árbol de la vida>>, curiosa obra de arte llegada desde talleres hispano filipinos. En obras del siglo XVII, aunque bastante arcaizante y de una iconografía plena de simbolismo cristiano.

Muy bella en el conjunto urbano de Albarracín resulta la silueta de iglesia de Santa María, construida por Pierres Vedel en la segunda mitad del siglo XVI. Es original en ella la capilla de la Comunidad abierta con una cupulita esculpida, y del mismo estilo es el púlpito. Fue donada a la comunidad por el obispo Francisco Soto de Salazar en 1572 y en ella están enterrados el arquitecto Pierres Vedel y su mujer, que bien merecían una lápida por los muchos monumentos que dejaron por las tierras turolenses, aún sobre la plaza del Ayuntamiento se levanta, en el barrio alto hacia la muralla, la iglesia de Santiago. Ya en documentos de 1247 aparece como una de las cuatro parroquias de la ciudad. la iglesia si la proyectó el arquitecto Alonso de Barrio Dajo y comenzó su fábrica en 1600. la torre se levantó en 1726. El retablo mas interesante conservado en esta iglesia sabemos fue obra de Jerónimo Martínez, que también trabajó en Teruel. Fue realizando en 1524 y se conserva en la primera capilla al lado de la Epístola.

El altar mayor es obra de mérito y seguramente se debe a Castillejo. Imaginero del siglo XVIII que trabajó en el altar mayor de la iglesia de Orihuela.

Aún deben visitarse en Albarracín el colegio de Escolapios, el recoleto monasterio de dominicas de clausura de San Bruno y San Esteban, fundado en 1607 y la capilla del Cristo de la Vega, obra del mismo arquitecto entre 1632 y 1640. Fue antes llamada ermita de la Virgen de la Vega, tal vez recuerdo del monasterio cisterciense consagrado a Santa María que desde el siglo XIII hizo en aquella zona. De esta antigua advocación es una imagen románica muy bella que aquí se conserva, obra del siglo XIII. El cristo que hoy se venera es obra del escultor valenciano Modesto Pastor, pues el antiguo se perdió en un incendio en 1872.

Para terminar esta breve reseña histórico artística debemos señalar que con Albarracín forma estrecha comunidad sus aldeas. Algunas de ellas conservan un notable patrimonio monumental y artístico, digno de ser visitado y admirado: sobresalen Ródenas con algunas casas de noble traza de una buena labor de cantería. Su interesante iglesia es obra del arquitecto Alonso del Barrio Dajo, que la debió acabar hacia 1599. En esta iglesia se conserva un bellísimo retablo hacia 1425, obra del llamado <<Maestro de Ródenas>> seguidor del taller valenciano de Nicolau- Marzal y otras obras de interés.

Otro pueblo de valor monumental y artístico es Orihuela del Tremedal. En él se venera la Patrona de la Sierra, la Virgen del Tremedal, aparecida a un pastorcito en el cerro del Tremedal al pie del Caimodoro. Es una talla notable del siglo XII que debió llegar con la reconquista navarra del país serrano, según ya hemos indicado. Se guarda la imagen en la Iglesia parroquial que es el mas grande edificio de toda la Comunidad de Albarracín. Fue planeada en 1770 por el gran arquitecto turolense José Martín de Aldehuela y construida por su ayudante Manuel Gilaberte, quien la terminaba en 1776. Ofrece Orihuela del Tremedal varias y notables casas solariegas con sus escudos y obras de rejería de mérito.

Otro pueblo que poseía un rico patrimonio artístico, hoy casi perdido, es Villar del Cobo. Conserva entre otras dos casas de noble fábrica, la de los Fernández del Villar, hoy Ayuntamiento y la de los Muñoz, la <<Casa Grande>> y una rica iglesia que ha perdido casi todo lo que guardaba. Lo mas notable es la torre, obra del arquitecto serrano Alonso del Barrio Dajo que la terminó en 1604.

También Terriente, en la otra parte de la serranía, ofrece al visitante unas cuantas casas y su iglesia con pórtico renacentista, notable obra de cuatro artistas, los hermanos Rodrigo y Pedro de Avajas y Pedro y Toribio de Utienes.

Tal vez el pueblo que tiene mas que ver es Gea de Albarracín. Fue aldea de la Comunidad, pero luego pasó al Señorío de los Fernández de Heredia, casa principal de Albarracín, señores del castillo de Santa Croche, cuyas ruinas se ven entre este pueblo y Albarracín. Su actual iglesia aún se construía en 1660. En ella se han recogido retablos, imágenes y otras obras de arte de los conventos que hubo en este pueblo. Tuvo un convento de carmelitas y tiene aún otro de capuchinas de clausura. Su iglesia es un buen ejemplo del estilo Rococó, con buenos retablos, sobre todo el altar mayor. También ofrece Gea de Albarracín algunas casas interesantes y un par de calles que aún guardan el sabor arquitectónico de la comarca y son dignas de visitarse.

TRADICIÓN, DECADENCIA Y FUTURO

Albarracín con su comarca forma una unidad geográfica e histórica muy íntimamente ligada. A su vez las aldeas de su Comunidad con sus caseríos e iglesias son solo una parte del paisaje serrano, variante y lleno de originales panoramas. A veces grandiosos en sus hoces profundas o en sus pinares extensos; a veces llenos de atractivo encanto en sus fuentes, en sus risueños valles o en sus verdes dehesas. La población se agrupa a lo largo del curso de los ríos, cuando fecundan fértiles y breves vegas convertidas en huertas llenas de frutales; otras veces los caseríos se nos ofrecen protegidos del cierzo tras los cerros, siempre cerca de manantiales de aguas cristalinas y frescas.

Pero toda esta historia y este paisaje natural y humano, lleva desde hace años, el signo de una acentuada decadencia. El turismo y las posibilidades de emigrar y el deseo de volver a su país que el hombre de la Sierra siente. Tal vez les den en los tiempos futuros nuevo brío a los pueblecitos serranos. Hoy la prueba de su falta de vitalidad es que han perdido la fe en su personalidad. Han abandonado sus maneras ancestrales de vivir. Su tipismo ha desaparecido casi totalmente. Apenas las fiestas patronales se guardan. No se mantienen activas las rondallas de jóvenes con sus instrumentos de cuerda. Poco se cantan ya las canciones de la tierra y se van olvidando todos los bailes populares, litúrgicos y paganos. Solo se mantienen los originales mayos que se cantan a las jóvenes, pero cada vez peor instrumentados y menos sentidos. Su letra candorosa y su música simple son honra de los mejor del folklore de nuestro Aragón. Aún se oye en toda la Sierra el lírico recuerdo de cortesía y amor cantado con melodía serena y sentida en la noche del treinta de abril al uno de mayo:

Estamos a treinta
Del Abril florido
Y a cantarle el Mayo
Señora venimos.

Novenarios, gozos, danzas, se han ido perdiendo. Nadie calza ya los zuecos de madera ni las abarcas de pellejos para la nieve a los días de lluvias y barros; las zahones de piel de oveja ya no se usan por el pastor; ni las monteras de piel, ni los piuques y cordellates. Todo lo típico se va yendo sin dejar huella, ni siquiera en un Museo que lo perpetúe y lo guarde como eco de las formas de vivir de otros tiempos. La cocina característica del país casi se ha perdido y casi nadie recuerda ya los refrescos rituales de los señores canónigos y curas; ni los dulces de nueces y piñones a base de buena miel que la tierra produce, ni se comen migas, ni se organizan los grandes asados. Solo los matapuercos continúan produciendo morcillas, longanizas, gueñas, chorizos y lomos embuchados pero cada vez son menos rumbosos y menos curados y sabrosos los jamones y cecinas. En Albarracín y alguna otra aldea como Orihuela y Bronchales con el turismo se apunta ya una reacción. El pastelero Recadero en la plaza de Albarracín, ofrece almohabanas y busca con su arte apartarse de la vulgaridad y volver a la tradición. Algún otro ejemplo se podría citar de esta alborada como la fonda de Espinosa de Orihuela del Tremedal.

Pero cuan lejos está la tierra de recuperar su personalidad perdida.

Apenas quedan aquellos artesanos de la madera y el hierro que tanto y tan bueno produjeron. Han dejado el oficio sus músicos dulzaineros que corrían Aragón y Castilla llevando el nombre de las aldeas de donde eran.

Los últimos fueron los de Tramacastilla, los de Javaloyas y los de Villar del Cobo. Eran famosos por los pueblos de media España. Aquellos pastores que en el morral llevaban su flauta de caña y llenaban de alegres sones las pinadas y los barrancos, hoy ya sin personalidad alguna llevan un transistor de pilas en la mano. Los tejedores de cordellates fuertes y vistosos, de alforjas y mantas, han dejado sus telares uno tras otro; con ellos desaparecieron los calientes piuques de lana, las sayas de cordellates de colores vivos, y tantas telas que vestían los hombres y mujeres de la Sierra con acusada personalidad. No quedan ni uno solo de los zapateros y sastres que de aldea en aldea viajaban vistiendo y calzando a las gentes a la vez que entretenían las veladas creando y contando chascarrillos didácticos o inocentemente picaros. Nada queda ya nuestro, en nuestros pueblos. El signo de los tiempos trajo las ganas de emigrar a lis mas jóvenes y avispados de sus habitantes.

No por todos estos síntomas de decadencia, la Sierra es tierra ya sin futuro. Prueba de ello es que no dejan de ser dignos y acogedores los hombres que la habitan. Viven mejor materialmente hablando, los que quedan en el país. Y el visitar la ciudad y sus aldeas es tropezar continuamente con hombres independientes y señores en su porte, aunque sea grande su pobreza económicamente. Saben vivir y aun comportarse con hidalguía siempre. En ellos hallaremos la estampa viva de toda aquella comarca llena de personalidad y cuya historia nos ayudará siempre a gozar de sus caseríos y de sus iglesias, de sus ermitas y santuarios. Un hombre culto, en el tiempo actual, en estas tierras de Albarracín, percibirá siempre como una palpitación de lo que fue este país en otros días y a la vez el paisaje y la serenidad y hombría de sus habitantes; le harán sentir la aventura de lo que aún podrán ofrecer estos hombres y estas tierras, en el concierto de los pueblos de España. A veces pienso que ofrecen otra vez como en los inseguros tiempos medievales, el lugar de refugio y el ambiente humano de sosegado reposo que necesitamos todos en estos tiempos agitados y de vida angustiada que lleva el hombre de nuestros días. Vivir en Albarracín o en sus aldeas será pronto, al paso que vamos, otra vez vivir. Así el turismo apunta en algunos pueblos serranos como su posible futuro y mayor fuente de riqueza. Si la artesanía renaciera, se procurará mejorar las explotaciones ganaderas y se ensanchara como en parte se ha emprendido en algunos pueblos, la explotación industrial de nuestras maderas, la tierra ofrecería una reacción contra su decadencia. Ojalá sea pronto descrito un renacer vital y fecundo y que esta lírica y pesimista descripción actual de la sierra sea olvidada y superada.



VALDERROBRES Y EL MATARRAÑA

SITUACIÓN DE VALDERROBRES

Hallase situada esta villa a 213 kilómetros de Teruel, capital de su provincia, a 130 de Zaragoza y 165 de Huesca, distando 45 kilómetros en línea recta de San Carlos de la Rápita, ya en el Mediterráneo.
El remotísimo origen de Valderrobres aparece ya registrado en tiempo de los arévacos, a orillas de un río de caudal perenne; el Matarraña, que, después de nacer en los Puertos de Beceite, va a morir al Ebro en las cercanías de Fayón.
Situada nuestra villa sobre una colina, el Matarraña pasa lamiendo sus plantas bajo el puente de Piedra, hermosa obra gótica de tres arcos, cuyas limpias aguas cortadas por esquinados tajamares dejan la villa a su derecha, asentada sobre la colina que, de carácter al poblado, <<formando sus calles muchos graderíos, excepto la Mayor, que es llana, y viene a ser como la base del anfiteatro que forman los edificios, extendiéndose aquella de uno a otro extremo de la villa>> (1).

Calle es esa, quizá, la única nivelada de Valderrobres que, corriendo paralela al río, toma el nombre de Llana, en la cual aparecen las mas rancias viviendas de la población civil.

Otro puente mas moderno que el precitado de San Roque es el llamado de Hierro, que comunica la población con los arrabales de la misma.

Oteando desde los altos de Valderrobres por el Ebro hacia el Mediterráneo, entre Alfara y Más de Barberans aparecen terrenos poblados de almendros, y después, hasta cerrar la visual, no se ven sino bosques de pinos rodeando la espectacular y accidentada comarca. <<En el desigual aunque no montuoso terreno que al este de Alcañiz se extiende entre el Guadalope y la frontera catalana, a la sombra de espesos olivares y en medio de feraces huertas, viven crecidas poblaciones, gratas y risueñas al viajero, indiferente al artista; Monroy, cuyo castillo albergó prisionero en 1452 al Príncipe de Viana; Valderrobres, honrada en 1429 con la celebración de Cortes y con la permanencia de Alfonso V; Fresneda, Valjunquera y Valdealgorfa, decoradas con suntuosas parroquias de tres naves.>> Esta era la opinión que sobre la comarca tenía el curioso viajero y arqueólogo, señor Quadrado, a mediados del siglo XVIII (2)

No tengo duda de que el célebre arqueólogo e historiador paso de largo por la comarca, quedando sin contemplar nuestro singular castillo señorial del arzobispado, las atrevidas naves de nuestra arciprestal iglesia, del mas puro estilo gótico, y muchas cosas mas que, quizá por la pasión y el menguado gusto de algún ligero informador, hizo desistir al sabio menorquín de su visita a Valderrobres, en aquellos días de pésimas comunicaciones; pero el investigador y la historia lo perdieron.

Un curioso viajero y recopilador, contemporáneo de Quadrado, nos dice de Valderrobres que <<en la plaza se hallan las Casas Consistoriales con la cárcel del partido y sala de Audiencia del Juzgado>>. Y que sus principales riquezas económicas eran el aceite, vino y cereales; ganando lanar, conejos y perdices. Tenía 569 vecinos y 2.276 almas, siendo su presupuesto municipal de 30.000 reales (3)

CONQUISTA DE VALDERROBRES POR ALFONSO II

En la comarca de la <<Caja>> mandaron los visigodos y musulmanes, pero los afanes de reconquista en los cristianos no estaban dormidos. Muerto el << Batallador >>, tras el breve reinado de su hermano Ramiro II el << Monje>> sucedió a este Ramón Berenguer III, conde catalán, casado << nuptiarum futurarum >> con la hija de Ramiro el << Monje >>, Petronila de Aragón, de cuyo matrimonio nació Alfonso II el << Casto >>, que siguió la lucha contra los Musulmanes a partir de la marca del Ebro donde la había dejado el bravo << el Batallador >>. Muerto Ramón Berenguer III, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, fue llevado a enterrar al monasterio de Ripoll. Entonces, doña Petronila reunió Cortes en la ciudad de Huesca, en las que, al ser reconocido de sus derechos su hijo Ramón, le hizo mudar su nombre de rey por el de Alfonso.

Después, Alfonso II reunió Cortes en Zaragoza, donde él y los ricos hombres juraron los fueron que convenían al buen gobierno de los estados de Aragón. Confirmó después don Alfonso todos los privilegios que anteriormente gozaban la iglesia y aquellos ricos hombres, dándose entonces por entero a la reconquista.

Era por el año 1170, cuando las fuerzas cristianas entraban por las tierras de los ríos Martín, Guadalope, Matarraña y Algás, viendo el rey grandes posibilidades en el avance. <<Por este tiempo se hazía muy gran guerra a los Moros que estauan en la región de los Edetanos, en los castillos y fuerzas que tenían en las riberas del río de Algás, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, La Frexneda, Valderorraña...>> (4), después de haber ganado las tierras de los confines de los edetanos e ilergaones, con la eficaz ayuda de los caballeros Hospitalarios y Calatravos, a los que se dio <<buena parte de lo que conquistaron>>, cosa muy corriente en las acciones de la reconquista. Valioso testimonio, este que nos da el maestro de los historiadores españoles. Segura refrendación de que en 1170 Valderrobres cayó en las manos cristianas de Alfonso II, cerrado así este periodo de contiendas, abierto en tierras del Islam.

Por <<Peña de Aznar la Gaña>> se conocían Valderrobres y tierras que la circundaban. Con ese nombre aparece citada en muchos documentos del nombre del rey. Se hallaba el del obispo de Zaragoza, don Pedro de Tarroja, a tiempo que el hermano de éste, don Guillén, era nombrado obispo de Barcelona, en la silla que había ocupado don Hugo de Cervellón.

Adelante siguió la reconquista y, después de haber ganado las orillas del Guadalope, se estableció frontera de Alcañiz a occidente, ganando después; Calanda, Aguaviva, Castellote y Las Cuevas, guardando seguros empresas el rey fue ayudado también por los Hospitalarios y Calatravos, a los que después se unieron los caballeros de Santiago, sobre todo en la conquista de la plaza de Montalbán.

EL CASTILLO- PALACIO DE VALDERROBRES, RECONSTRUIDO POR LOS ARZOBISPOS FERNANDEZ DE HEREDIA Y DON DALMAU DE MUR

En lo más alto de la colina sobre que se asienta la villa de Valderrobres, pegado a la iglesia de Santa María la Mayor, con la que comunica por estrecho pasadizo, aún se yergue orgulloso el castillo feudal y señorial de los prelados de Zaragoza, mansión de éstos durante su permanencia por estas tierras, el cual, al evolucionar de modo de vivir de la alta clerecía, fue perdiendo su oficio y misión para que fue levantado por sus poseedores habiendo caído por ello gran parte de si ornamentación primitiva, pero aun conserva partes muy interesantes. En 1989 decía de él un culto sacerdote: <<Es un edificio colosal, todo de piedra de sillería, del que aún se conservan los inmensos paredones, arcos ojivales, etc., dominado la población>>.

Se ve muy repetido un escudo de piedra con siete castillos, coronado por una cruz parecida a la de la Orden de Calatrava. En el curioso manuscrito, hecho por más curioso hombre, se lee después: <<Las armas son del arzobispo don García Fernández de Heredia, asesinado cerca de La Almunia>> (5); y estaba en lo cierto el curioso Mover.

Puestos a estudiar este castillo, que mas parece palacio por el carácter de las zonas reconstruidas en él, al objeto de servir a los fines de los prelados, afecta una irregular forma rectangular, con un exterior gran plaza de armas protegidas por gruesa muralla de vara y media de espesor, que aún conserva sus torreones, desde donde se domina todo el recinto que albergaba la población. Hermosa y amplia panorámica la que desde esta plaza puede gozarse; desde allí, la lejana <<Caixa>> y sus alrededores, la <<Picotsa>> y hasta los puertos de Beceite.

Yacente, a los pies de la iglesia, se abría la entrada a la plaza de armas del castillo, viéndose otro acceso, girando 180 grados hasta llegar al ábside de la misma iglesia, cerca ya del viejo camposanto, abriendo el paso, hermosa pero sencilla puerta apuntada, de piedra. Los dos accesos conducían a la plaza de armas que, por su parte posterior, cerraba la fachada principal del castillo, donde a su derecha se abre otra puerta gótica, ligeramente

*(5) MOVER, GREGORIO: Libro de Visita pastoral, hecho por D ........... durante el arzobispo de D. Vicente Alda. Fº 15. Arch, del Palacio Arzobispal de Zaragoza.


Apuntada, sobre la que aparecen las armas del arzobispo Heredia: siete castillos de plata en campo de gules, cuyo escudo veremos profusamente repetido por toda la planta baja de la fortaleza, dándonos a entender la hidalguía e importancia de aquel arzobispo, aragonés de Munébrega, hijo de un gran maestre de la Orden de Malta.

Probablemente esta fortaleza fue erguida por los árabes, antes de verse amenazados por el avance de los cristianos, ya peligroso en tiempo de Alfonso I el <<Batallados>>. Mas, después de estudiada la parte mas antigua del baluarte, poco o nada hemos hallado pertenecientes a los agarenos; sí de época inmediata a su marcha.

De la conquista de la comarca por el rey <<Casto>>, solo breve nota nos da nuestro gran cronista: <<Por este tiempo, MCLVII, se azía gran guerra a los moros que estauan en la región de los edetanos, en los Castillos y fuerças que tenían en las riberas del río de Algas, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, la Frexneda, Valderobres, Bezeit. Rafals, Monroy y Peñarroja, que están en las riberas de Matarraña>> (6) Luego por lo leído en nuestro grave historiador, aquellas plazas del Algás y Matarraña estaban defendidas por fortalezas levantadas por musulmanes.

Sin embargo, aquella de Valderrobres que perdieron los agarenos, debió mandarla reconstruir su conquistador Alfonso II, que, por ser sitio aquel fácilmente defendible, lo acomodaron para residencia real, y con este carácter llegó a ser posesión de los obispos; mas tarde, del arzobispo Fernández de Heredia, que, comenzada su prelacía en 1383, mandó trazar los planos del nuevo castillo para, sobre el mismo solar donde antes se levantará el regio alcanzar del rey de Aragón, en el que tantos acontecimientos históricos tuvieran lugar, ahora se levantara en la feudal mansión de los señores de aquellas tierras, mandando don García edificar los subterráneos y la primera planta para que, mas tarde, su sucesor, don Dalmau de Mur y Cervellón, catalán, de Cervera, hiciese construir la parte superior, terminada en un gran corredor en el que se abrían redondos óculos desde donde atisbarían los vigías la geografía de los alrededores.

En esos muros exteriores se levantaban tres torres: una al centro y dos en las cantoneras, las cuales terminaban en pequeñas terrazas almenadas desde las que los andadores ejercían su función.

La impotente <<Torre Maestra>> o del homenaje, como señora de la fortaleza, se levantaba en el interior, sobresaliendo entre todas. Hoy, perdidos algunos de los cuerpos superiores, rendida se siente por el tiempo.

DEPENDENCIAS DEL ANTIGUO CASTILLO- PALACIO

Por suerte, entre los documentos del Archivo histórico de Zaragoza, hallamos un relato de la visita que, en tiempo del arzobispo don Fadrique de Portugal y por su encargo, hicieron los arquitectos zaragozanos, Juan de la Mica y Juan de Galí, a distintas propiedades del arzobispado; una de ellas a Valderrobres (7).

Al castillo se entraba por las dos puertas laterales, abiertas, en la conjunción del castillo con la iglesia, las cuales conducían a la amplia plaza de armas. Allí se abría una puerta gótica de largas dovelas. Traspasada a mano izquierda se entraba en la << establía >> o caballerizas. Más adentro aún había otra gran estancia. En el mismo paso, también a la izquierda, se abría el alojamiento para los mozos de caballos. Al frente del corredor se llegaba a un gran recinto cuadrangular, de características semejantes a una sala capitular, ya que en ella aún se conserva el poyal donde se sentaban los concurrentes, el cual recorre todo el recinto a excepción de los vanos. Iluminaba la estancia la luz solar que entraba por dos ventanas, << con dos rexas de ferro>>


(6) ZURITA: Anales de Aragón. Lib. II, fº 75
(7) protocolo del notario Salvador de Avizanda. 1532. Arch. Histórico de Zaragoza.


Esta, que debió ser cómoda estancia, se cubrió con bóveda plana sostenida por arcos rebajados. Al fondo e izquierda se abría otra puerta, en cuya clave figuraban las armas de Fernández de Heredia, que daba paso a la bodega vinaria, << en la qual hay tres cubicas y no se siruen dellas; la una es de cabida de dotzne nietros, poco mas o menos, la otra es cabida de ocho nietros.., y otra es de cabida de deys nietros de vino >> (8)

LA CÁRCEL DE LA CLERECÍA Y EL GRAN SALÓN DE LAS <<CHIMENEAS>> DONDE SE CELEBRARON LAS CORTES DE VALDERROBRES.

En nuestra exploración por las dependencias del castillo hallamos una, llamada cárcel clerigal, en la que, bajo la solera del dicho calabozo observamos Sala de Deliberaciones, a la entrada del castillo de Valderrobres, en la clave de cuya puerta aparecen las armas del desgraciado arzobispo D. García Fernández de Heredia


(8) Visita hecha a las propiedades del arzobispado de Zaragoza. Prot de Salvador de Avizanda. Año 1532


Una brecha por donde se podía bajar al llamado <<Pozo de la mano peluda>>, ante el cual los padres solían amedrentar a sus hijos cuando, buscando el peligro, fueran por los recovecos del histórico castillo. Mas aquello no era, ni mas ni menos, que la bajada a un pasadizo de liberación que, a través de él, se llegaba hasta la orilla opuesta del Matarraña, cuando el fuerte estuviera sitiado por fuerzas del exterior. Esta, y no otra razon permitio a Zaragoza, que castigado allí estaba, cuando de la prisión huyó.

Puerta contigua y en ángulo con la que da entrada al descrito calabozo era el paso que utilizaban los prelados y señores, cuando iban desde sus habitaciones de palacio hasta su capilla de la iglesia de Santa María la Mayor.

Desde este punto, subiendo por una escalera, se llegaba al amplio recibidor, donde por dos puertas de medio punto, rematadas por el escudo de las armas de los Heredia, se entraba al gran salón de las Chimeneas, de gran extensión y altura, cubierto por bóveda apuntada, cuyos arcos sustentadores de la cubierta aparecen hoy desnudos, simulando las costillas de un gran esqueleto. En el testero se abren dos ventanales ajimezados, de los que han caído sus finas columnas o ajimeces. Entre ellos, a lo alto, aparecían de nuevo las armas heráldicas del arzobispo Fernández de Heredia, y, a la altura de la superficie de la solera, se abría una gran chimenea cuyo fuego daba calor a la presidencia.

En los paramentos de la derecha había otros tres grandes ventanales góticos rematados por finca crestería calada, que sostenían delgadas columnas cilíndricas a manera de ajimez. En el centro de este amplio paramento se abre otra chimenea, y una tercera en los pies del salón. Esta, mas grande que las demás. Encendidas todas ellas, constituían la calefacción de este vasto recinto, donde en el invierno de 1429 se reunieron las cortes convocadas por el rey Alfonso V de Aragón.

En este mismo recinto se celebraban los grandes agasajos culinarios. Por adaptación, a los pies de la estancia se abría estrecha puerta, por donde pasaban las viandas al gran salón donde se hallaban los comensales.

LA GRAN COCINA DEL CASTILLO- PALACIO

En aquel amplio recinto, ya descrito, se celebraban los dichos festejos culinarios de que los prelados eran anfitriones; por eso, la dependencia en que ahora estamos era vecina a la del arte cisoria, cosa que nos aclara el documento de 1532, cuando leemos: <<Item, entrando por la derecha sala, a mano derecha esta la cozina con un fornico para cocer pan o pasteles. Esta la chamynera algo dirruyda>> (9). Era ésta una cuadrangular y ancha estancia, hoy llena de escombro, bajo el cual yace el fogón.

En la parte baja, a un lado, se abría horadada la pared, formando una credencia o foramen a manera de torno, par el servicio que a estos se da en los conventos, comunicando la cocina con el comedor, para por dicha abertura pasar los alimentos.

Cocina era de gran altura. De la solución cuadrada se pasaba a la octogonal por cuatro trompas persas abiertas en los vértices, sobre las que aparece montada la solución ochavada, elevándose a la altura de los ocho paramentos para reunirse en un óculo central, desaparecido hoy, al caer el suelo la cubierta de la dependencia. Por dicho óculo salían los humos. Estupenda dependencia digna de estudio, aunque una muy semejante a ésta, hemos visto en el recinto, hoy destinado a museo, de la catedral de Pamplona.

Un poco mas adentro estaban la recocina y despensa, como expresa el citado protocolo de Zaragoza: << Item, entrando por la dicha sala, a mano izquierda, hay una cambra con su chaminera. Esta buena. Item, mas adentro de una cámara entablada y dentro de aquella hay setze jarras de tierra, y las tres dellas son quebradas. Item, mas adentro hay otra estancia y, dentro de aquella, otra. Están buenas >> (10)


(10) Ibidem.


Sin duda, en las dichas estancias guardaban los aprovisionamientos de cocina, salazones, conservas y los consiguientes adminículos.

LA <<SALA DE LOS LEONES>>

Aún quedaban en el palacio algunas estancias de primer orden, hoy desaparecidos. Observamos esto al leer en el protocolo: <<Mas adentro hay Otra estancia que se dice de los Leones>>. Sin duda era una sala, llamada, así, por esta delicada al rey de la selva, de cuya imagen aún queda representación. Recuerdo que una de las noches en que residía en Valderrobres, paseando iba después de cenar, bajo la fina lluvia, cuando al pasar el portal de San Roque advertí dos altos pedestales que en su cima mantenían un león cada uno, tallado en piedra, pareciéndome obra de mucha antigüedad. Estos eran los << leones >> que daban nombre a una de las salas principales de la mansión arzobispal. Decimos esto porque, en tiempo en que se escribió el protocolo notarial, este le daba su importancia.

LA <<CÁMARA DORADA>> Y LA <<NECESARIA>> DEL PRELADO

Bien conservada estaba aún la llamada Cámara Dorada, que se hallaba un poco mas allá de la sala de los leones y, a juzgar por lo que dice nuestro documento, estaba en buen estado cuando los arquitectos del arzobispo la visitaron, en el primer tercio del siglo XVI. El testimonio notarial, tantas veces nombrado, dice que, después de la de los Leones, hay << otra estancia mas adentro, que se dize la CAMBRA DORADA >>. Una vez hecha la inspección, sanciona diciendo: << está buena >>

Debió ser esta una de las mas ricas dependencias del castillo- palacio, hasta inclinarnos a creer que debió estar cubierta por un artesonado hecho por el gremio de los fusteros, que en aquellos tiempos tan queridos eran para ornamentar esta clase de construcciones. Por eso, con este nombre se conoció la sala, donde luciría el oro del arzobispo y hasta quizá sus armas heráldicas, mas en la actualidad nada queda ya de ello.

Marchando íbamos entre las ruinas de la arquiepiscopal mansión con nuestra descripción en las manos, siguiendo la ruta de los <<obreros de villa>>, leyendo a continuación: <<antes dentrar en una scalera que baxa a la capilla del arçpbispo hay una necesaria, y, baxando una scalera y enfrente de aquella, hay una capilla que se dize del arçobispo>>.

Aquella que lo arquitectos Mica y Galí llaman <<necesaria>> era una piedra horadada con dos orificios redondos, en uno de los cuales se sentaba a haces sus necesidades el prelado. No importa que fuera bipersonal. El retrete, con su piedra, era un saliente al abismo por el que caía despojado el <<detritus>>, consumiéndose en la base exterior de castillo.

El orificio del lado izquierdo del lado izquierdo aparece hoy descantillado, inclinándome a creer que no fue esto por el uso, sino por el abuso de los <<honderos>> errantes del castillo señorial, que quizá en ellos tomaron venganza del histórico señor personal.

De esta capilla de los señores arzobispos pasamos de largo por describirla al hacerlo de la iglesia arciprestal.

HABITACIONES ALTAS PARA LOS SERVIDORES DEL PRELADO

Ascendiendo por la escalera se llegaba a un << patín >>, por el que se entraba a una << olivera >>, donde, para el consumo de la casa, acostumbraban guardar la aceituna de la cosecha, y no era solo este lugar donde guardaban tan rico fruto: llenaban, también de él, otras dependencias.

Alrededor de aquel <<patín>>, que era un gran patio, se abrían otros dos, con sus arcos de cubrición, descubiertos, cuyos lugares habían sido en otro tiempo sendos alojamientos. En una de las pequeñas estancias se veía otra << necesariamente >> o servicio higiénico, que debió ser destinado a la servidumbre o al cortejo prelacial.

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR

Casi a la altura máxima que domina la villa, donde se alzan los muros del castillo, pegada a este y con él comunicada, se levanta la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, cuyo nombre, mas tarde del Pilar.

Fue la iglesia de Valderrobres construida en tiempo del rey Jaime II de Aragón, comenzando las obras a fines del siglo XIII.

Toda la iglesia está construida de piedra, en purísimo estilo gótico de la época, apreciándose esta particularidad en todo el conjunto.

Es de planta de una sola nave, ancha y de espléndida proporción, como para albergar un crecido número de feligreses en los oficios.

Sin crucero, con cabecera de línea heptagonal. La nave se alarga si correr de tres tramos; el último, a los pies, quedó derruido en 1865, porque <<se deslomó parte de la Iglesia, por detrás del Coro actual, y aún no se ha levantado lo caído. Sucedió hace unos 23 años>> (11)


(11) Libro de Visita Pastoral, hecho por don Gregorio Mover en 1898, najo en el arzobispado de don Vicente Alda. Manuscrito de la Secret, del Palacio de Zaragoza.


Muy curioso es el ábside del que, entre sus contrafuertes, salen proyectadas hacia el exterior tres capillas pentagonales de reducidas dimensiones. De la clave del interior de dicho ábside bajan ocho nervios hasta derramar en la solera, entre los que se abren siete esbeltos ventanales góticos; tres prácticos y cuatro ciegos o simulados con leve baquetonado.

CAPILLA-TRIBUNA DE LOS PRELADOS DE ZARAGOZA

A ambos lados del primer tramo se abren gemelas capillas laterales de igual altura, cuyas cubiertas son sostenidas por haces de cinco nervios radiales. En este tramo, a la izquierda, se aloja antigua y sumaria pila bautismal. Sobre la bóveda se abre ideal y discreta y discreta tribuna, desde la que los prelados de Zaragoza asistían a los oficios religiosos, cuando aquellos ejercían su dominicatura sobre las tierras de la comarca.

En la tribuna, cerrada a la nave por bella celosía de arcos ojivales, entrecruzados, de piedra finamente labrada, los prelados tenían en ella su Capilla particular para celebrar en privado. A ella se accedía, bien por escalera de caracol, desde la iglesia, bien por estrecho pasadizo desde una de las salas del castillo, en el que aparecen labradas en piedra las armas de los arzobispos López de Luna y Mur y Cervellón.

En el suelo de esta tribuna se hallaba entablado, así como las paredes de la misma, hasta la altura de dos varas, para combatir el duro clima de esta tierra.

En el tramo central de la iglesia se abre a derecha la puerta principal, sobre la que aparece enorme y bello rosetón, uno de los mas espléndidos de su estilo y tiempo. Frente a lo descrito, junto a pequeño recinto que fue Baptisterio, modesta puerta cierra el paso a la escalera espiral de piedra, donde entra luz natural por delicado ventanal trilobulado. Esta es la escalera de caracol ya nombrada que conduce a aquella hermosa capilla privada de los prelados.

UNA ANTIGUA CAPILLA EN EL TIEMPO, CUBRICIÓN DE ESTE.

En el testero del último tramo, hoy en reconstrucción, se alzaba el coro y, sobre éste, el órgano.

En el lado de la Epístola se abría el altar de Santiago y, en el Evangelio, una de las capillas mas antiguas del templo, a juzgar por la historia esculpida en la clave de la techumbre, donde se veía la imagen de un rey, quizá Jaime II, mostrando un pergamino en sus manos, que era la escritura de fundación del templo y el dinero para costear la obra.

Bajo el coro se abría una puerta rematada por pomposo gablete gótico al exterior, comunicando la iglesia con la calle, junto a los muros del castillo y una de las dos puertas que lo franqueaban.

En general, es muy simple la cubrición de la amplia nave de esta iglesia, cuyos tramos son sustentados por cuatro nervios mixtilíneos del incipiente estilo gótico, de piedra, los cuales e unen oblicuamente en la clave después de recorrer la cubierta, para en su bajada descansar junto a los paramentos, sobre cinco baquetones en minoración, que adelgazan a medida que se aproximan a la pared.

Muy curiosas e historiadas son las claves que encierran las cubiertas. La de la cabecera tiene esculpida la figura de la Virgen con un ángel a cada lado; el Niño sobre el brazo izquierdo, y en su mano derecha porta un roble, símbolo heráldico de la histórica villa. La clave del segundo tramo muestra en relieve la figura del Cordero, emblema de la Iglesia Metropolitana de Zaragoza. En la tercera clave aparece el obispo de Zaragoza, revestido de capa mitra y báculo, bendiciendo el templo de Valderrobres, con un diácono a cada lado.

EL ALTAR MAYOR, DE JERÓNIMO VALLEJO, <<COSIDA>>

Fue deseo de don Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, construir en Santa María la Mayor un altar, digno de esta predilecta villa de su archidiócesis, había llegado don Hernando a Valderrobres, en marzo de 1545, habiendo entrado en las tierras de su dominicatura, <<porque había mucha necesidad de su presencia en aquel lugar y su tenencia >> (12).

Era sábado, víspera de Pascua de Resurrección, cuando el prelado se decidió a realizar algunos proyectos que, en favor de Valderrobres tenía. Uno de esos días administró la Confirmación a todos los críos de la villa y alrededores. A continuación, bendijo dos campanas, quizá para la torre de la iglesia.


(12) ESPÉS, DIEGO DE: Historia eclesiástica. Ms, de la Seo de Zaragoza. Fº 806, vº


Otro día llamó a Jerónimo Vallejo, << Cosida >>,su consejero artístico,<< el mejor de cuantos pinto res ha habido en Aragón en aquellos siglos >> (13) , para comunicarle su deseo de construir un altar mayor para la iglesia parroquial, quedando concertada la confección de dicho retablo , en esta misma villa, el día 6 de mayo, ante el << notario Hierónimo Paier, y Jerónimo Balexo, pintor, que era de los mas hábiles y aventajados del reino, en tiempo de tres años... por precio de la primicia que el pueblo tine por once años, que valdrá dos mil quinientos sueldos y. el arzobispo se obligó a dar luego para que el pintor empezase la obra, trescientos ducados, que de esto les quizo ayudar y hacer merced >> (14). También se ajusto que la obra << había de ser muy buena pieza, así el retablo como las puertas muy bien pintadas>> Finalmente, a 27 de agosto de aquel año, se ultimó el compromiso de Zaragoza, ante el notario Juan de Alfaxarín; mas, nada importante recoge este protocolo, por hacerse escriturado antes las características de la obra, en el precitado documento de mayo, en Valderrobres (15)

Se sabe que, en el tiempo convenido, << Cosida>> dejó terminado el retablo, tanto la labor de pintura como la de fustería, quedando dividido en cinco calles, con un bello basamento de mas bellas perspectivas que franqueaban dos puertas para dar paso al trasaltar, en las que pintó las imágenes de San Pedro y San Pablo, terminando este colosal retablo en un ático, donde aparecía el Calvario.

A la altura del segundo cuerpo, dentro de una hornacina, fue colocada la imagen de Santa María la Mayor, bella escultura tallada en madera por el cincel de Bernardo Pérez, célebre imaginero que había trabajado en el sepulcro del abad, Lupo Marco, que aún puede verse en la iglesia del Monasterio de Veruela y también, en el enterramiento del arzobispo don Hernando de Aragón, contratado con el prelado en 1550, y montado en la catedral de la Seo de Zaragoza.

Sobre la hornacina de la Virgen, en un vano aparecía un círculo sostenido por dos ángeles, dentro del que se albergaba la custodia con el santísimo, como era costumbre manifestar en los templos aragoneses.

El gran retablo de Valderrobres iba encerrado en anchas pulseras, apareciendo en ellas, a la altura del tercer cuerpo, en ambos lados, las armas parlantes de Valderrobres a gran tamaño y, también, duplicadas en lo alto de las pulseras, las armas genealógicas de la casa real de Aragón, a la que pertenecía el arzobispo don Hernando.

Durante nuestra guerra civil, parte del retablo fue destruido, salvándose importantes fragmentos de él, entre los que se cuentan; la predela, una de las puertas y gran parte de la fustumbre, lo que, con ayuda de algunos testimonios gráficos, se pudo después restaurar y completar, por los hermanos Albareda. Hoy, tan bello y monumental retablo se halla almacenado en uno de los desvanes del viejo Hospital de la Caridad, en la misma villa.


(13) ABIZANDA Y BROTO, M,: Historia y literaria de Aragón, tº II, pág. 48
(14) ESPÉS, DIEGO DE: Op. Cit.
(15) Archivo Histórico de Protocolos. Zaragoza. Escribanía de Juan de Alfaxarín 1945, fº 450


LA MONUMENTAL CRUZ PROCESIONAL VALDERROBRES

A todos interesa conocer el valor de esta poco conocida joya de nuestra villa turolense.

Tan hermosa pieza fue extraviada en los días de nuestra guerra civil. Durante la contienda, alguien la retiró conociendo su valor, además de otras joyas, guardándolas en lugar seguro. Al terminar la guerra fue traída a Zaragoza por la junta de Recuperación, depositándola en el Museo Provincial. Allí, dentro de una gran vitrina, se expusieron buen número de cruces profesionales, procedentes de otros tantos lugares. Serían de ocho a diez las que esperaban que alguien las reconociera y reclamará.

Poco a poco se fueron devolviendo a su lugar de origen, éstas y otros objetos litúrgicos, quedando al fin en dicho Museo solamente una de gran tamaño. Las restantes, si no se devolvieron a su procedencia, se entregaron en el Palacio Arzobispal de Zaragoza.

Allí durmió varios años la cruz de Valderrobres, como también había dormido en nuestra ciudad, cuando fue exhibida en la Exposición Hispano-Francesa de 1908-1909, entre las joyas mas selectas de conocidas en España.

Esta alhaja es de grandes proporciones, una de las mayores en su género; 1,30 de altura por 0,60 de extremo a extremo de los brazos. Toda ella es de plata contrastada, aunque alguna de las partes, fundidas (las figuras); otras, de gruesa chapa repujada, yendo toda clase de piezas cinceladas o repasadas a buril. Una vez estudiada, hemos comprobado ser obra del siglo XVI.

La cruz tiene dos caras, cuyas faces presiden las figuras de Jesús crucificado y la Virgen con el Niño. En la primera, el centro del travesaño. Aparecen los medallones cuadrifolios con los símbolos de los evangelistas; a izquierda, el león de San Marcos; a derecha, el toro de San Lucas.

La figura de Cristo centra la luz, apareciendo con las características goticistas que requiere el conjunto de la obra. Los terminales del brazo rematan en hermosas macollas repujadas, yendo todo aquel, rodeado de delicada crestería. En el brazo vertical de la joya se completan los símbolos de los evangelistas, viéndose arriba el águila de San Juan y, abajo, el ángel de San Mateo. Sobre y bajo ellos, se repiten las macollas terminales del brazo.

La base de la cruz está formada por un gran nudo en forma de templete, de traza gótica, el cual coronan ocho Apóstoles con sus correspondientes atributos, cerrando el remate en línea poligonal. En la parte baja y mas gruesa del nudo, aparece un momento del Tránsito de la Virgen, acostada en su lecho, rodeada de los Apóstoles. En el fondo, aparece el alma de la Madre de Dios subiendo al cielo, amparada por dos ángeles. Sobre el grupo, la figura del Padre Eterno con el Espíritu Sano en forma de paloma. Bellísimo grupo donde el artista ha agrupado figuras y símbolos, en el menor espacio.

En las hornacinas laterales del hexágono que forma el templete se albergan dos Apóstoles, los cuales, hasta el número de doce, aparecerán en la cara opuesta.

Toda esta complicada imaginería aparece alojada bajo doselete gótico, viéndose las escenas separadas por decorativos angulares, colocados a manera de los arbotantes de nuestras góticas catedrales, que dan cierta delicadeza al conjunto.

En el envés de la cruz aparece la imagen de la Virgen, centrando aquella.

En los laterales del travesaño, a la altura de Nuestra Señora, aparecen las imágenes de San Juan y María Magdalena, en bulto redondo, sobre cuadrifolios.

En lo alto del vertical de la cruz, sobre otra plancha cuadrifoliada, aparece un hermoso pelícano con sus tres crías, encima de un nido caprichosamente tejido con filamento de plata. Simbólico tema, que acrecienta nuestra admiración por la contagiosa simpatía que despierta esta graciosa figura.

Bajo la imagen de María, sobre otra plancha similar a las anteriores aparecen la figura del arcángel San Miguel como jefe de la milicia celestial, cuyo motivo, al igual que los oreos tres citados, remata en una gran macolla.

Igual que en la cara anterior, en el basamento vuelven a aparecer los apóstoles alojados en sus capillitas, coronado esta parte de la rica obra. Mas abajo. Cobijado en caprichoso dosel, centra el templete el grupo del Descendimiento de la Cruz, en el que Jesús aparece sostenido en pie por la Virgen y San Juan, viéndose en el fondo la cruz de su martirio.

El gran artista, creador de esta magnífica joya, nos ha recordado en la agrupación de sus masas aquellos grupos de imaginería tallados por los Morlanes, Joly, Forment y Pedro Moreto, alojados en los altares de los templos catedralicios de las tres provincias aragonesas, los cuales eran concebidos al mismo tiempo en que Orona construía la singular cruz procesional de Valderrobres.

EL PUNZÓN DE ZARAGOZA, CON EL LEÓN.
Y LA FIRMA DEL ORIFICE QUE CONSTRUYÓ LA JOCALIA.

Difícil es hallar en joyas de esta especie la filiación de ellas y nombre de su artífice, porque hasta finales del siglo XV rara vez firmaban su obra los plateros. Pero ya entonces se notaba la necesidad de una garantía o fidelidad, exigidas en el servicio público, lo que, atendido por los Reyes Católicos, fue cuando dieron órdenes para que en las ordenanzas de los gremios se incluyera una por la que se decretaba que cada platero tuviera su punzón propio, con el que marcaría las piezas procedentes de su taller.

ORONA

Nada que pudiera identificar la joya aparecía en la cruz de Valderrobres; sin embargo, desmontada, de cinco a seis veces apareció el punzón de Zaragoza que, con una sola vez, hubiera quedado cumplida la ordinación real.

También en nuestro reino los plateros de Teruel, bien marcaban las tres primeras letras, bien las seis del nombre completo; TER o TERUEL y, debajo, su inconfundible torico, con el truco pendiente de su cuello.

Los de Huesca firmaban OSCA, con la imagen del guerrero victorioso sobre su caballo. Los de Zaragoza insculpían; CES, del latino Cesaraugusta, y a continuación del anagrama iba el león de Zaragoza acompañado al CES, solo una vez aparece el nombre del orfebre en nuestra cruz. Para verlo hizo falta desmontar la joya, y en ella apareció trazada con recato la firma y, cubriéndola, aparecía la imagen de San Miguel, de tal manera que, sin desmontar la pieza para hacer su restauración, no hubiéramos podido observarla. Allí, con toda la claridad, aparece el apellido ORONA; solamente las cinco letras, y no más.

Pero ¿Quién era Orona? Puestos a averiguarlo, poca cosa se halla sobre este artista que, avecindado en Zaragoza, trabajaba en el siglo XVI. Su nombre era Juan.

La primera noticia sobre el apellido la hallamos sobre un platero de Barcelona, llamado Marcos, que en junio de 1560 el orífice de la cruz de Valderrobres es un Juan de Orona, del que nos da noticia el conde de la Vizaña, nuestro paisano, en sus << Adiciones al Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes >>, de Ceán Bermúdez. El dice que fue el platero Juan de Orona, y no el pintor Jerónimo Cosida, quien dio los dibujos para hacer la cabeza del busto de San Hermenegildo, mandado hacer por el arzobispo don Hernando para la catedral de la Seo, que el mismo Orona repujó y talló en plata, el año 1562.

Parecidas cosas sobre el San Hermenegildo vienen a decir los hermanos Anselmo y Pedro Gascón de Gotor, pero dando como proyectista de la obra a Cosida y la realización de la obra de Orona: << Jerónimo Cosida, el mismo quizá que dio el apunte para el busto de San Hermenegildo, que también se conserva en este templo, obra ejecutada en 1562 por Juan de Orona, a expensas del magnánimo arzobispo don Fernando de Aragón >> (16)

El mismo conde de la Viñaza nos habla de Juan de Orona, platero de Zaragoza que en 1578 recompuso y perfeccionó la cruz procesional gótica de la parroquia de Santa Magdalena de Zaragoza, lo cual, en 1480, había compuesto platero Pedro Durans, pero que a fines del mismo siglo XV había quedado deshecha esta preciosa obra.

De nuevo hallamos el nombre del <<platero Juan de Orona, avecindado en Zaragoza>> en un contrato profesional, por el que se obligaba a confeccionar una custodia de plata para la iglesia parroquial de Cenarbe, villa de las montañas de Jaca, en el Reino de Aragón.

En el protocolo se acordaba que Juan de Orona <<ha de hacer una custodia de plata para la iglesia de San Pedro de Cenarbe, hecha y acabada y Puesta en perfictión, de peso de cuarenta y cinco escudos de oro, poco mas o menos>>, firmándose el acuerdo en 29 de diciembre de 1583, en Zaragoza.


(16) Zaragoza Monumental, Artística e Histórica, Zaragoza, 1890, t. II. Pág 212
(17). Es éste el último documento que sobre Juan de Orona hemos encontrado.


DESPUÉS DE LA GUERRA, APARECE LA CRUZ EN ZARAGOZA.
RESTAURACIÓN Y TRASLADO DE LA JOYA A VALDERROBRES

Nadie supo como había desaparecido nuestra cruz de Valderrobres, pero después de terminada la guerra, un día apareció en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, acompañada de buen número de joyas litúrgicas procedentes de muy distintos pueblos de la región aragonesa.

Un día, no recuerdo que orador -pudo ser don José Galiay-, nos habló de aquel tesoro allí depositado por los señores de la Junta de Recuperación, cuyas piezas aparecían depositadas y expuestas al público en grandes vitrinas de cristal, para que todo el mundo pudiera contemplarlas y denunciar su origen; después devolverlas a su procedencia. Así se hizo con algunas de aquellas joyas, enviándose las restantes al palacio arzobispal, quedando en el Museo solamente una cruz de plata de gran tamaño, la cual, dentro de un arca de madera aún permanece, esperando que alguien (será ya raro) la reconozca.

La cruz de Valderrobres en el palacio de la plaza de la Seo se guardaba, hasta que un día el canónigo señor Gil Ulecia la identificó, valiéndose de una fototipia de Hauser y Menet, del libro << Exposición retrospectiva de Arte >>, de la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908, escrito por el malogrado profesor francés Emile Bertaux. Compradas fototipia y joya, identificada quedó ésta.

Un día fuimos a Valderrobres entrevistándonos con el párroco don Leandro Lop, quien nos encomendó hacer algunas gestiones en Zaragoza, que cumplidas quedaron. Después, personado dicho señor en nuestra ciudad, en compañía del alcalde de aquella villa, don Enrique Micolau, los tres nos dirigimos a palacio, donde después de firmar una época por la comisión, el señor del Valle nos hizo entrega de la cruz, en nombre del señor Arzobispo.

A continuación, fue llevada dicha pieza al taller del restaurador joyero Waldesco Balaguer, artista de tradición aragonesa, quien ante la pieza hizo las advertencias necesarias sobre su posible restauración y modo de completar sus pérdidas que no eran pocas.

La cruz fue desmontada y, visto el número de defectos que habían aparecido, el orífice se dedicó a fundir y repujar toda pieza necesaria, para ensartarla como se debía en el conjunto.

Fue entonces cuando, aprovechando que el despiece estaba sin ensamblar nos valimos para estudiar la cruz en su detalle.

Completada y repasada toda la obra, el artífice se dedicó a montar el conjunto de la rica presea, tal como hoy puede apreciarse, llegando de nuevo a tener un peso neto de plata trabajada igual a 7.850 kilogramos.

Como debió tener cuando salió de las manos del platero Juan de Orona, en el siglo XVI.

Preparada la obra, día grande ha sido para Valderrobres el de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto, en que ha vuelto a su tradicional alojamiento de la Iglesia de Santa María la Mayor.

ARQUITECTURA CIVIL DE VALDERROBRES:
LA PLAZA MAYOR Y LA CASA DE LA VILLA.

Muchos de los grandes casones levantados en este pueblo han desaparecido. Sin movernos de su Plaza Mayor, apreciamos la transformación que ha sufrido una gran casa que antes se abría frente a la salida de la puerta de San Roque y de la fonda donde me hospedo. En la pared de dicho casón ha quedado prendido un pequeño escudo francés, de piedra, en cuyo campo aparecen dos osos en actitud de luchar uno contra otro, yendo el escudo surmontado por yelmo y lambrequines. ¿Son armas de los Bielsa?

Otra casa noble de esta plaza es la que aún llaman de los Pereret, cuyos amplios balcones son sostenidos por salientes zapatas de piedra, de línea escalonada. En este clásico edificio aparecen ocultas dos de dichas zapatas, de donde salen hacia el exterior dos miradores de cristales que descomponen la armonía de la fachada. En un sobrebalcón de la planta noble aparece un escudo de armas, flanqueando por dos lobos tenantes, cuyo acentuado sexuado pronto distingue el macho de la hembra. En el campo del escudo aparece una mano extendida, que puede ser armas de los Guilleuma o Manero.

Otra magnífica casa señorial parece frontera a la del Consejo, separada de esta por estrecha calle que viene del puente de San Roque, casa donde he recibido posada, las veces que en Valderrobres moré. Ella tuvo quizá su piedra armera, hoy desaparecida, si no es que se encuentra tras el rótulo de la industria que en ella se alberga. Esta casa ha sido muy desvirtuada por los hombres y el tiempo. Tenía tres plantas, terminando en amplia terraza. Cerrada por un poyal de góticos remates. En el cantón aún se yergue cuadrilátero torreón que acaba en cuatro remates angulares.

En esta plaza Mayor se levanta la casa del Concejo de la Villa, comenzada a construir en el último cuarto del siglo XVI, y terminada en 1599, fecha que aparece en los dos escudos heráldicos: sobre la puerta de entrada, bajo los porches, y en el que aparece tallado sobre la piedra angular, a la altura de la primera planta, donde se ven dos míticos grifos tenantes, macho y hembra, de perfil, sosteniendo el escudo de la villa: un corpulento roble.

Todo el edificio es de piedra de sillería, constando de tres plantas: la primera destinada a calabozos y viviendas de alguaciles; la segunda a oficinas municipales, y la tercera a solanar, en el que termina la construcción, amparada por magnífico alero de manera tallada.

Los balcones de la planta principal aparecen enmarcado r por sencillas pilastras que sostienen frontones triangulares; hermosos salientes de hierro forjado, protegidos por repisas, en voluta del mismo metal, tan características de los talleres de forja aragonesa.

El cuerpo mas alto del edificio forma una << loggia >> o solanar, que protege el atrevido alero. Magnífico conjunto arquitectónico del renacimiento aragonés, que en 1929 mereció ser reproducido en el Pueblo Español de la Exposición Internacional de Barcelona.

CASA SOLARIEGA DE LOS MOLES

Familia de reconocida limpieza de sangre, desde antiguo, y de raigambre en Aragón, como ya dijimos. Por eso, alguna vez se oyó decir: << Si no fueran los Moleses, no habría aragoneses >>, de cuya estirpe hablamos, al hacerlo de la cruz de Valderrobres.

La casa solariega de aquellos aún se mantiene en pie, situada en la antigua << carré Pla >> o calle Llana, que hoy se conoce por Mayor, llevando el número 5, en la misma acera y muy próxima a la Casa Consistorial.

Tiene ancha fachada, con dos puertas de medio puntos; una de ellas, principal, aunque en la casa se hicieron importantes reformas, de su primitiva distribución quedan muchos restos, que denuncian una construcción de finales del estilo gótico. Sus ventanas son rectangulares.
Tiene planta subterránea comunicada con el río Matarraña; planta entresuelo para caballerizas, cocheras y almacenes; planta noble con atrevidos balcones y ventanas y, por último, el ático a manera de solanar aragonés, todo el recorrido por arquería de medio punto, protegida por saliente alero de maderamen.

Sobre la puerta principal, aún campea el escudo heráldico de los Moles, ya de época de Felipe III; escudo partido. En el campo superior, tres muelas rematadas por cruces latinas; en el inferior, cinco rombos, yendo sobre el escudo un yelmo alado, apareciendo todo rodeado por los lambrequines. En el pie aparecen las letras MO-LES, quedando el apellido por mitad, a izquierda y derecha del escudo.

Aquella debió ser una espléndida mansión que, amueblada, como sus moradores requerían, debió ser la envidia de la comarca.

LA MEDIEVAL PUERTA DE SAN ROQUE

Cruzando el hermoso puente de piedra, cuyo tajamar cae a nuestra derecha, se llega frente a la Puerta de San Roque, también llamada de los Leones, por la que se entra a la villa.

La puerta, toda ella construida con sillarejo de piedra tallada, está flanqueada por la casa del Consistorio, y al otro lado por una antigua casa medieval con ínfulas de recinto fortificado, que en la parte del río ha perdido casi todo su carácter, aunque su fachada que da a la plaza Mayor conservé muco de su primitivo carácter, sobre todo en su cuerpo terminal.

La Puerta de San Roque, en sí, presenta la forma de una torre del homenaje con sus defensas, terminando en una terraza almenada, de la que en su parte anterior falta una torrecilla. En lo alto aparece una barbacana, sosteniendo su antepecho tres sólidos modillones.

El arco de entrada lo componen una serie de albanegas en despiezo radial, descansando en los almohadones que forman el pie. Sobre la clave del arco se abrió en otro tiempo una hornacina, que cobija la imagen de piedra del santo titular.

Sobre pétreos pedestales de 1.70 metros de altura, pegados a las jambas de la puerta, parecen dos hermosos leones coronados mostrando las armas de Valderrobres encerradas en un escudo. Son estos, los leones que bajaron hace muchos años de una de las salas del castillo, a la que daban nombre, como ya se ha dicho.

Las dos figuras del rey de la selva debieron ser hermosas esculturas, pero hoy se ven maltratadas por el tiempo y los elementos, viéndose una de ellas decapitada, y su hermana con alguna mutilación, pero, a juzgar por los restos de su talla, hermosos debieron ser estos hermanos leones.

EL <<PARRIZAL>> DE BECEITE Y LA <<CAPRA HISPANICA>>
DE LOS <<PUERTOS>> Y EL MATARRAÑA.

El llamado <<Parrizal>> es una región natural, abierta en ambas orillas del Matarraña, que debe su nombre a que antiguamente se criaban en ella buen número de <<parrizas>> o parras silvestres, que en latín llamaban <<labruscas>>, las cuales han desaparecido, ocupando aquellas zonas de vegetación los macizos de boj, encinas y acebos, pino silvestre, carrasco y laricio, apareciendo la solera cubierta de gayuba y plantas rastreras, con abundancia de hiedras y gramíneas.

Zona muy accidentada del río Matarraña, viene desde la parte alta de la cuenca, ornada de riscos y grandes peñascos que otrora se vieron envueltos en el paso de las aguas, cuando el río era mas caudaloso. Después de pasar aquella región de la cuenca, se llega a una parte del cauce que recibe el nombre de << Las Gumias>> por los accidentes que en ella parecen afectando formas de pilas, seguramente mas afiladas en épocas anteriores a la nuestra. Las cuales el tiempo y los fenómenos atmosféricos han logrado redondear y matar sus artistas, como puede verse en el paraje de la <<badina Negra>> del Parrizal, en su parte alta.

El cauce del río llega a ser estrecho; otras veces, mas ancho, se abre en amplitud desmesurada, para cerrarse a continuación en encañonamientos que estrechan gruesos murallones naturales, como en el famoso <<Estrecho del Parrizal>> hasta pasar por el <<Mas de Lluvia>>, siguiendo el cauce su destino hasta cerca de la villa de Beceite y, en su salida, rodear el pueblo lamiendo en la llanura sus pies, paseándose a continuación hasta más alta de Valderrobres al recibir el Tastavins.

Entre aquella accidentación temibles son las tormentas que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen continuo deslave de tierras, a lo que ayuda también el fuerte viento <<mestral>>, corrupción del francés <<mistral>>, tan parecidos al <<cierzo aragonés>>.

De la antiquísima presencia de la <<capra pirenaica hispana>> entre algunos cérvidos de esta región, aún se hallan huellas vivas con la presencia de alguno de aquellos animales, sobre todo la cabra salvaje, aunque los ciervos desaparecieron de estas tierras no hace muchos años.

En cuanto a las huellas antiguas, se hallan algunas prehistóricas en las que se pueden contemplar curiosas composiciones de carácter rupestre, que pueden admirarse en las estaciones paleolíticas que aparecen cerca de Cretas, en la provincia de Teruel, a diez kilómetros de Valderrobres, como es en la <<Roca dels Moros>>, del barranco de Calapta, y en el barranco de <<Els Gascons>>, también cerca de Cretas.

Desde el Matarraña al este, prolongándose hasta bien entrada la provincia de Tarragona, se extienden los puertos de Beceite, en los que a menudo sopla el <<mestral>>, fresco y seco, extendiéndose las accidentadas tierras de norte a sur, desde Lledó y Arens de Lledó hasta el puerto de Benifazá, a través de los ríos de Algás y Matarraña, pero a derecha de éstos.

No es mucha la proliferación de la <<capra hispánica>> en los puertos de Beceite, máxima atendiendo a los fenómenos patológicos que sobre aquellos se ceban, siendo otro de ellos la aparición del águila cabritera o blanca, cuya envergadura pasa de los 2.50 metros, con un peso considerable que aumenta la potencia de este robador de cabritos, tanto de los domésticos como de los monteses, robos para los que siempre expectantes están, pero que a veces impiden las bravas cabras madres.

MAS ENEMIGOS DE LA <<CAPRA HISPANICA>>
SU CRIA Y REPRODUCCIÓN

Entre los predatores de cabritos salvajes hemos de citar también el búho <<Gran Duque>>, el cual conoce muy bien estas tierras que continuamente reconoce para sus rapacidades. Otro enemigo de las crías es el gato montés, Que quizá no sea tan perjudicial por hacer vida nocturna, pues cuando el merodea por el campo las crías están en el reposo. Gran enemigo de los cabritos es el zorro, que espera al acecho durante la ausencia o lejanía de la madre, la que, de percibirse, ataca con denuedo al ladrón, hasta hacerle soltar su presa, alguna vez. Mas, pese a todo esto, el peor enemigo de la cabra salvaje de los puertos de Beceite es el hombre, bajo la circunstancia, en ocasiones permanente, de bandolero cazador furtivo. Este es quien persigue igual a machos que a hembras, sin respetar su edad. Ocasión hubo de estar el cazador furtivo esperando el parto de la madre, pero el proyecto de captura en eso se quedó, al frustrarse por la veloz ligereza de la cría recién parida, que no dio resquicio a respirar a su posible predator. Por el contrario, conocí a una guarda que, en los alrededores del pantano de Pena, tuvo que lanzar proyectiles de tierra aglomerada contra el ganado salvaje, para espantarle; tan cerca de él habían llegado los cabritos, quizá confiados de que hace mucho tiempo (salvo algunos casos) que sobre ellos no se hacía fuego.

A pesar de todo, cada vez son mas solicitados los taxidermistas para hacer disecaciones de trofeos, siempre de tan decorativa cornamenta, que los ufanos corsarios suelen colocar en las habitaciones mas concurridas de su casa, como hemos podido ver en algunas de esta cinegética comarca.

De las observaciones de guardas y pacíficos masoveros un escritor dijo que: <<Las horas mejores para la observación son las del amanecer y las del anochecer>> (18), añadiendo que la época mejor es la del cebo, cuando se hallan agrupados en grandes rebaños que a veces rebasan la docena de cabezas. Entonces, al separarse después del cruce, son fáciles de conocer por los guardas, hasta en sexo y número.

En el <<Parrizal de Beceite>> se han visto grupos hasta de mas de veinte ejemplares, que bajaban hasta el poblado en busca de alimentos por los viñedos, llegando a veces hasta mezclarse con cabras domésticas y cruzarse con ellas, naciendo después crías de acentuado carácter montés, sobre todo entre los ganados que no encierran en apriscaderos.

EL PANTANO DE PENA Y LA FAUNA QUE LO PUEBLA.

Saliendo de Valderrobres camino del embalse, apenas queda atrás la villa, es necesario tomar un desvío que, a seis kilómetros, nos dejará frente al pantano. Es éste muy hermoso y regular en su contorno, capaz de almacenar cerca de veinte millones de metros cúbicos que le aportan los riachuelos: Pena, Formenta y Manzanera, además de otras aportaciones que le tributan algunos barrancos. Con sus aguas se riegan tierras hasta llegar a las inmediaciones de Fayón.

Día de lluvia fue el que elegimos para visitar el embalse. Llegados a casa del guarda Ramón, para disfrutar de hermosa vista nos situamos frente a la umbría de Mas de Ferrás. Era el mes de marzo y aún las alturas de la <<Picotsa>>, atrevida colina que cierra por una parte el pantano, aparecían Nevadas. Eso que habíamos ya entrado en la primavera; pero ya en Valderrobres, la noche anterior, nos había dejado blancos. Sin embargo, a Pena nos dirigimos.


(18) GALINDO CABEZO, F,: Reve. << Teruel>>, nº 33 Año 1965


En las aguas del hermoso y tranquilo pantano campaban el barbo, madrilla, tenca, carpa, etc., animales que van desapareciendo de nuestras aguas dulces, consumidos por las especies americanas de perca y lucio, como está ocurriendo en la famosa <<Estanca>> de Alcañiz, donde es ya imposible ver su sabrosa anguila, tan cantada en los viejos tratados de pesca, por aquello y por haber quedado cortado el zafariche por donde las anguilas entraban a la <<Estanca>>.

A la tarde, después de cesar la lluvia, bajo las alturas de la <<Picotsa>> apareció la <<boira>>

Atraídos por el agua limpia y clara del pantano, además de la extensa capa de vegetación de los alrededores del embalse, viven la marta, de piel tan delicada y valiosa; el gato montés, la agilísima gineta, el tejón, la libre, conejo y perdiz.

Por la << Mola de la Tosca>> se vienen a refugiar los jabalíes; Ramón lo save y los ve, así como por todos aquellos parajes ve caminar saltando y juntarse las cabras salvajes, en alegres ayuntamientos de sus días de celo. Ramón, el guarda, conoce las partidas y el número de cabezas en cada una de ellas.

Muy variadas aves suelen verse volando sobre y alrededor de las aguas del embalse; entre ellas la garza marina, que aquí llaman <<garrapescaire>> una esbelta zancuda. También se ven patos de los llamados <<cuello verde>>, así como gaviotas y otras aves acuáticas del orden de las zancudas y aves e ribera.

Magnífico porvenir espera a este bello lugar. El año pasado quedó aprobado por la Dirección General de Obras públicas el proyecto de aprovechamiento de las aguas de la cabecera del río Matarraña y del Pena. Las obras correrán a cargo del Estado. En ellas se construirá un azud, que derivará las aguas del Matarraña hasta el embalse de Pena, a través de un canal en gorma de túnel todo él, de cinco kilómetros y medio de longitud.

Su finalidad es mejorar el riego de 1.700 hectáreas de tierra de labor, distribuida entre Valderrobres, La Fresneda, Torre del Compte, Valdetormo, Calaceite y Mazaleón, en la provincia del Teruel, Maella, Fabra, Nonaspe y Fayón, en la de Zaragoza. Aquel día será éste uno de los mas bellos lugares de turismo y distracción de la tierra bajo- aragonesa.

EL CANTO REGIONAL EN LA COMARCA:
EL BOLERO DE VALDERROBRES.

Noche fría de marzo era, después de haber caído intensa nevada sobre la villa. Por la calle Llana iba después de cenar cuando oí sonar de <<pulgaretas>>. Donde creí oír el ruido subí escaleras arriba, entrando en una gran sala cuadrilátera donde se hallaban algunos jóvenes, chicos y chicas, tañendo las castañuelas o palillos. Sus movimientos eran muy lentos, pues estaban ensayando unos aires de jota que me cautivaban.

Hablé con ellos, y ante mi requerimiento comenzaron a moverse en busca de los intérpretes que allí faltaban. Gran contrariedad fue no poder dar con el cantador Rafael Millán, de fina voz de tenor, pero al poco rato acudieron guitarristas y bandurristas con parejas de jóvenes intérpretes, que pronto comenzaron a moverse al sonar de las <<Pulgaretas>> acompañando los compases del bolero de Valderrobres que, en otro tiempo, en esta tierra era costumbre bailar.

Las parejas comenzaron la danza con un suave punteado, cambiando su posición de línea recta para pasar al tresbolillo, saliendo formando líneas paralelas. Con las manos atrás hacían un vistoso trenzado de pies, volviendo a separarse de nuevo a juntarse con la mano derecha unida en lo alto, para terminar la hermosa danza, juntos, en un final de jota bailada al estilo del Bajo Aragón, en que dando cuartos de vuelta se cogen las manos, y juntan y separan.

Durante la interpretación del bolero el contador iba marcando el ritmo, desgranando estrofas con aire de una jota recortada, a manera de la <<zaragozana>>

Seis veros de arte menor el bolero, para seguir con cuatro pentasílabos a manera de seguidilla, mas cuatro veros de pie quebrado, para terminar en un aire de jota cantado en octosílabos.

La letra y la coreografía del bolero de Valderrobres se perdieron al abandonar la costumbre de interpretarlo, pero hace muchos años, cuando aún vivía la <<tía Cotorra>>, con su aportación aún llegó a reverdecer aquel conjunto de danzas y tonadas, enseñando a trenzarlo a los jóvenes de su época y, siendo ya vieja, no puedo recordar con perfección la letra de la composición. Esta me fue dada, pero hallando algún defecto arreglé dos o tres palabras disonantes, que aquí doy tal como ha quedado el grupo de tres estrofas:

Si bailas el bolero,
Ve con cuidado,
Que al dar la vuelta
Puedes caer
Y oírse el ruido
Desde Teruel
¡viva la jota!
¡viva Aragón!
¡viva mi pueblo
¡Que es lo mejor!
Mañica es bajoaragonés
Tierra de amantes dignos de Teruel.
Que viva siempre
Mi gran bolero bajoaragonés.
Bolero de Valderrobres
Honras Aragón y España
Con tu aire tierrabajino
Y garbo del Matarraña-

Este final se canta a manera de estribillo.

Después cantaron y bailaron la jota de Teruel, lanzando al aire hermosas tonadas. Jota trenzada de punteras y tacones, para después cantar una bella copla que los naturales suelen interpretar en agosto, cuando están en las faenas de trilla:

Las barandillas del puente
Se menean cuando paso.
A ti solica te quiero:
De las demás no hago caso.

Recua canta en que se afirma la fidelidad el amor campesino, que mereció ser recogida por nuestro músico don Miguel Arnaudas, en su <<Cancionero de la provincia de Teruel>>

Después de lo expresado, poco o nada me queda ya que decir, si no es un deseo de cantar los ricos vinos de la comarca, que en nuestros días, por fortuna, ya se envasan con pulcritud y hasta elegancia, sirviéndose en las mesas de nuestros hoteles y paradores de Turismo, como he podido prácticamente observar y consumir que <<donde haya vino de Valderrobres...>> y Dios me perdoné por lo devoto que de aquel caldo soy.

Casi otro tanto podría decir de sus aceitunas negras, tan ricas, que son el complemento de una mediana comida y el suplemento de un buen yantar.
No tienen rival las de esta tierra.
Muy ricas son también las golosinas que con distintos nombres conocen por esta tierra, en las que, a veces, al componer, usan las sabrosas almendras que aquí producen, resultando de aquellas mezclas los <<almendrados>>, <<casquetas>> y <<mostachones>>, tan gratos de digerir, sobre todo al postre de las comidas, cuando se consumen con aquel vino de la tierra que, siendo viejo, comienza a ser famoso.

Recuerdos, quedan muchos en la mente de este humilde cronista, que tan felices días pasó entre las sencillas y nobles gentes de esta tierra; días que siempre con gusto recordará.

DE ZARAGOZA A PLAYAS DEL MEDITERRANEO, POR VALDERROBRES ZARAGOZA

RUTA

De Zaragoza a las playas de Vinaroz, Benicarló, Peñiscola, etc., se vienen realizando por dos rutas distintas. Pasados 14 kms de Alcañiz, o por Gandesa o por Morella. Pues bien, la que hemos señalizado en este mapa es por VALDERROBRES.

De Zaragoza a Valderrobres (por Alcañiz) ... ... ... 137 kms

De Valderrobres a Peñiscola (por Tortosa) ... ... ... 105 kms

Totalizan 242 kms.



Calaceite Refugio De Los Artistas

SU NOMBRE

Coromines, en la << Revue de Linquistique romane >> de Montpellier publicada en 1947, << Els noms dels municipis de la Catalunya aragonesa >>. En ese artículo aparece la etimología de Calaceit- sin la << e>> final, tal como lo escribe el afamado filólogo catalán-, Joan Coromines ve en el actual pueblo bajoaragonés, el << Qàla´Zeyd el paso a Calaceit es fácil y demuestra, además, que ha sido el nombre de extracción árabe que menos ha sufrido con el pasar del tiempo.
Madoz, viceversa, se inclina por una etimología mas vinculada con la tierra y sus frutos. Desde luego, él también considera a los árabes como los fundadores del pueblo turolense, pero entronca su linaje con el árbol del olivo – muy abundante en toda la comarca- en lugar de un cualquier jeque árabe. En efecto, Madoz traduce <<Qala-zeit>> por << castillo del olivo>>. Queda ahora por ver cuál de los dos ha acertado. Si el publicista navarrado del siglo pasado, que dio a luz el <<Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España>>, obra muy consultada y estimada, o el filólogo catalán que dirigió y fundó la Sección de Toponimia y Onomástica del <<Institut d´Estudis Catalans >> entre los años 1933 y 1939. Desde luego a nosotros se nos antoja mas certera la tesis de Coromines, ya que son muchos los pueblos con origen árabe que deben su topónimo a algún señor o caudillos del lugar. Como muestra y sin alejarnos de la provincia, valga el ejemplo de Albarracín: fue en tiempos, el castillo o la ciudadela de los Ben Razín, poderosa familia árabe, que llegó a construir un verdadero reino de taifa.
Como tercero en discordia, el ilustre caleceitano Santiago Vidiella y Jasá en su <<Historia de Calaceite>> hace referencia al P. Fidel Fita que, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, publicando en octubre de 1894, da cuenta del hallazgo de una lápida ibérica en el Mas de las Madalenes, cerca a la aledaña Cretas. En ella, según el erudito historiador, el nombre de Calusceldr bien podría corresponder al Calcet o Calacent de los primeros papiros, ya que son muchos los nombres iberos de localidades que empiezan con el prefijo cal. Si a esto añadimos que la lápida fue hallada en las proximidades de la línea divisoria del término municipal, puede parecer natural suponer que se tratara de un mojón indicativo de límite de jurisdicción

SU HISTORIA

Pero pocos adeptos ha encontrado esta hipótesis. Lo cierto es que Calaceite está vinculado, en sus albores, con la historia de los árabes en España. Con anterioridad a ese importante período de la historia de la patria, bien poco se sabe o se ha descubierto sobre la existencia de nuestro pueblo. Y ello, a pesar de la fíbula visigoda hallada en el poblado ibérico de Calaceite y conservada en el Museo Arqueológico de Barcelona, que bien poco significa de por si sola por eso de que <<una golondrina no hace primavera>>

Si la historia no comienza de forma fidedigna hasta la invasión árabe, la prehistoria de Calaceite es más rica en datos o, cuando menos en importantes hallazgos. Fuente inapreciable para establecer algunos hitos en la prehistoria calaceitana ha sido el poblado ibérico de San Antonio, situado a unos dos kilómetros del pueblo, camino de Cretas y sobre el cerro homónimo que hacia sureste se enfrenta el alcor que da asiento a Calaceite.

Las primeras excavaciones corrieron a cargo del célebre arqueólogo Juan Cabré, en 1902. a él se unieron luego Santiago Vidiella y Julián Ejerique, todos hijos de Calaceite, estos primero contactos con el mundo de los primitivos calaceitanos empujó al <<Institut d´Estudis Catalans>> a moverse, y así en 1915 el muy afanado arqueólogo barcelonés – fallecido el año pasado en México D. F-, don Pedro Bosch Gumpera, encabezó las excavaciones y les dio una estructura mas orgánica.

Según el ilustre arqueólogo los varios poblados ibéricos de la zona bajoaragonesa debieron existir entre los siglos IV y I antes de Cristo, y concretamente el de San Antonio lo fecha entre los siglos IV y III antes de Cristo, imputando su desaparición a un incendio tal como parecen atestiguarlo las huellas visibles en las paredes del recinto. Los trozos de cerámica hallados en el poblado de San Antonio, así como en los de Mazaleón y Cretas, demuestran que los primitivos iberos mantenían contactos comerciales con las colonias griegas de la costa, entre Tortosa y Sagunto. Entre todas las estaciones prehistóricas del término municipal de Calaceite- Tossal Redó Alto y Bajo, Les Ombries, El Villalonc, Les Ferreres-, la de San Antonio es la más importante de todo el Bajo Aragón.

MOMENTO NACIONAL

El poblado actualmente es meta de excursión obligada para el turista que recalca en el pueblo, ya que ha sido declarado Monumento Nacional. En las proximidades, además, está emplazada la ermita dedicada a San Cristóbal, desde donde se disfruta de una panorámica envidiable sobre toda la comarca circundante. Puede que, de no ser por los montes del vecino Parrizal de Beceite- parque natural y reserva ecológica muy importante-, en los días claros se podría ver el azul del Mediterráneo que, en línea recta, no está mas lejos de setenta kilómetros. Alrededor de la ermita tiene muy buenas posibilidades de crecer una urbanización a base de chalets. Por lo menos, alguien ha pensado ya en ello.

A la Edad de Piedra pertenecen las pinturas rupestres del abrigo de Val del Charco del Agua Amarga, cerca de Mazaleón, las del barranco de Cañapatá, en la línea divisoria entre Cretas y Calaceite, y las del Gascón y Vall Robira, dentro del término municipal de Calaceite. También han sido llamadas hachas pulimentadas, puntas de flecha, restos de rudimentarias cerámicas y otros utensilios que denotan una vida sedentaria en esas tierras. Efectivamente, fue precisamente en el Neolítico o Edad de piedra pulimentada, cuando el hombre primitivo aprendió a asentar sus reales, empujado por la necesidad de una vida que giraba ya alrededor de la agricultura. Con este tipo de vida surgen también nuevas exigencias en cuanto a disponer de otros elementos para hacer la vida mas cómoda: cerámica, enseres de uso doméstico.

Con la Edad de los Metales es cuando empieza a sonar el poblado ibérico de Calaceite. Los restos mas importantes hallados en él, como el thymaterion o caballo de bronce- un labrador que encontró la preciada estatuilla la vendió a un chamarilero por noventa insignificantes pesetas, y éste la vendió al Louvre, donde estuvo hasta que en 1941 regresó a España junto a la Dama de Elche, que también había conocido el camino del exilio- y la falcata o espada de Calaceite como también la denominan los entendidos, se fechan en la Edad del Hierro, que llega hasta las mismas puertas de la Historia, o sea, hasta 200 años antes del nacimiento de Cristo.

¿Pero quiénes fueron los primeros habitantes del poblado de San Antonio?, ¿Eran Edetanos o Ilercavones?

Don Santiago Viliella y Jasá en sus <<Recitaciones de la Historia Política y Eclesiástica de Calaceite>> - publicada en Alcañiz el año 1896 – afirma que Calaceite, y por ende el poblado ibérico, estaba situado en el límite más oriental de la Edetania, <<en el recodo que desde Castellote a Escatrón formaban sus fronteras, comprensivo en toda o gran parte de los modernos partidos judiciales de Valderrobres, Alcañiz y Caspe>>, allá donde el río Algás marcó la línea divisoria entre la Ilercavonia y la Edetania. <<Si Alcañiz y Mazaleón- observa agudamente el ilustrado abogado calaceitano – formaban entre las ciudades edetanas y Batea era ilercavónica, hay que buscar la divisoria muy cerca de nuestro pueblo>>.

Y es muy importante esta división territorial, ya que, milla mas o menos, se mantuvieron las fronteras íberas a lo largo de las distintas dominaciones siguientes y aún, cuando pudieron cambiar por exigencias políticas o militares, las razas ya se habían asentado y los núcleos habitados ya estaban formados. Así, el río Algás, desde aquel entonces, siempre ha marcado el límite entre Aragón y Cataluña. Y Tortosa, que detentó una especie de capitalidad sobre la comarca, la sigue manteniendo <<de facto>>.

El paso de griegos, fenicios y cartaginenses por las tierras del Bajo Aragón no encuentra eco en las crónicas pasadas. Fueron pueblos que se asentaron a orillas del mar que, muy de vez en cuando, se metieron tierra adentro y solo por motivos comerciales. Puede que los únicos que llegaron a pasar por San Antonio fueran los cartagineses, que no tuvieron nunca reparos en meterse por terrenos desconocidos y pocos amigos y que anduvieron arriba y abajo por la provincia, acaudillados por el terrible Aníbal, en su intento de aniquilar a la inmortal Sagunto, en el año 219 antes de Cristo.

Los romanos, en esta franja de España, anduvieron muy ocupados tratando de dominar a los rebeldes cartaginenses. De todas formas, nuestro pueblo formó parte de la España Citerior – posteriormente la Tarraconense – y dio, como toda la provincia, valientes caudillos íberos, que dieron mas de una preocupación a cónsules y pretores romanos. Como muestra Edescón, príncipe de los edetanos y contemporáneo de esos terribles Indíbil y Mandonio.

Durante la dominación romana se produce un hecho que ha de revolucionar el mundo. Nace en Belén el hijo de Dios. La religión cristiana, con sus mártires y sus apóstoles, se expande rápidamente por todo el mundo conocido con aquel entonces y conquista adeptos sin cesar. El apóstol Santiago estuvo predicando en Montalbán, a un centenar de kilómetros, y esa proximidad hizo que también llegará a nuestro pueblo la fe en Cristo.

Restos romanos en nuestras tierras bien pocos podemos reseñar, como no sean las murallas o restos de lienzos hallados en Azaila y en Calaceite. Pero indudablemente el mejor legado de Roma fue su dominación cultural, que dejó a la provincia una división administrativa y su derecho.

Volviendo a nuestra fuente, transcribimos lo que don Santiago Vidiella opina sobre la dominación visigoda en Calaceite <<Desde que en el siglo V el septentrión envía al mediodía el nublado de sus temibles hijos encargados de purificar el caduco mundo romano, hasta el siglo VIII en que el mediodía lanza sobre España los fanatizados hijos del desierto para reanimar la decadente civilización hispano- goda presa de imponderables enervamientos, pasa el período gótico completamente estéril para nosotros>>. Y hay más. Don Jaime Caruana de Barreda, cronista de Teruel escribe; <<La historia de la dominación visigoda en la Tierra Baja puede resumirse brevemente: no existe>>.

Es por ello, que al comienzo afirmábamos que la fíbula o imperdible visigodo hallado en Calaceite no podía ser prueba del asentamiento de un pueblo entero en esas tierras.

Pero volvamos a nuestros fundadores, los árabes.

Si en el año 711 lo sarracenos desembarcan en Gibraltar derrotando a Rodrigo, el último rey godo, todo parece indicar que en poco tiempo los musulmanes alcanzarían nuestro pueblo, ya que el Levante y las tierras del bajo Ebro habían alcanzado un nivel agrícola que las hacía particularmente apetecibles, especialmente para esos hombres sedientos de tierras fértiles. En efecto, Tarik desde Gibraltar llega a Zaragoza en el año 712 – un año escaso desde el desembarque-, y siguiendo la orilla del Ebro se encamina hacia la opulenta Tortosa para luego ir a la conquista de Valencia y su feraz huerta.

Si la conquista fue rápida, mucho mas lenta y llena de dificultades fue la reconquista que, además, tuvo que realizarse en tres etapas sucesivas.
Pero, antes de seguir adentrándonos en los meandros de la historia, trataremos de ver donde está y como es nuestro pueblo.

CALACEITE HOY

Situado en el punto kilométrico 420 de la Carretera Nacional núm. 420 de Tarragona a Córdoba, Calaceite es el primer pueblo de la provincia de Teruel que encuentra el viajero procedente de tierras catalanas. Efectivamente, el mojón que indica el cambio de provincia está a unos seis kilómetros de la población que aparece súbitamente tras la última curva de una carretera que sube lentamente desde las orillas del Ebro en Mora.
La vista es agradable. Sobre la ladera de un cerro, casas ocres y pétreas se arraciman bajo los restos del otrora enhiesto castillo. Desde los 511 metros de altura de ese cono trunco, que es la colina donde se asienta el pueblo, se dominan perfectamente los 81,1 kilómetros cuadrados de extensión del término municipal.

Pero si el castillo ya no es mas que un recuerdo en la mente de los calaceitanos orgullosos de su pasado, el pueblo alberga un conjunto arquitectónico muy armonioso. Sobriedad de líneas, amplias fachadas de sillería, viejos blasones, ventanas ajimezadas, arcos góticos y porches, nobles mansiones.

El pueblo vive mas volcado hacia Cataluña. No en balde dista 197 kilómetros de Teruel y un centenar escaso de Tarragona. Efectivamente Al idioma que allí se habla es el catalán y las gentes, si no es por problemas administrativos o burocráticos, se sienten mas inclinados a resolver sus asuntos particulares en Tarragona o Tortosa, que esta a tan solo 65 kilómetros, y es una ciudad en todo el alcance de la palabra. Calaceite cuenta actualmente con 1625 habitantes de derecho y 1621 de hecho, según datos recopilados en el censo de 1970. Esta población en verano aumenta algo por la siempre mayor afluencia de turistas nacionales, que huyen del calor agobiante de las ciudades y buscan refugio entre las gruesas paredes de esas casonas antiguas y sólidas. Puede que cuando la urbanización en el monte de San Antonio, cerca de la ermita de San Cristóbal, sea una realidad, la población flotante en verano llegue a duplicar el actual censo del pueblo.

CLIMA Y PRODUCCIONES

El clima de Calaceite es el clásico de las tierras de secano. Un frío seco en invierno y asuramiento en verano, siempre y cuando prudentemente no se vaya en pos de la sombra abundante de esas callejas estrechas y evocadoras. Con respecto a las vecinas poblaciones de Gandesa, Mora o Alcañiz, tiene Calaceite la ventaja de sus 511 metros de altura que mitigan, en parte, los ardores del verano del interior de la península ibérica. Las noches frescas y perfumadas del verano calaceitano son un verdadero alivio tanto para el cuerpo como para el espíritu.

No hay que olvidar que el pueblo está y forma parte del Bajo Aragón.

Su vida, por lo tanto, es eminentemente agrícola. Los olivos cubren con su verde grisáceo la mayor parte de los campos de la comarca y se van alternando con los bancales de trigo y alfalfa. A lo largo de la carretera algunos avellanos delatan otra faceta de la producción agrícola de la región. Pero indiscutiblemente el dueño y señor de las cosechas, el tema de discusión por antonomasia en la Hermandad de Labradores, es el aceite. Es un líquido bueno y perfumado, puede que, sin tantos refinamientos sinónimos muchas veces de adulteraciones, que los de Calaceite venden a todo el país, junto a sus aceitunas negras, sabrosas y apetitosas.

También el vino no engaña en tierras calaceitanas. Puede que los 100 kilómetros que separan el pueblo de Falset, capital de la zona vinícola del Priorato, influyan en esa técnica tan antigua y delicada.

El río Matarraña y el Algás, con su red de acequias, riegan apenas 65 las 4.924 hectáreas, consideradas como la superficie laborable de secano del término.

A estos alicientes naturales Calaceite une el atractivo de ser un pueblo con empaque. Puede que, por ello, la Mancomunidad turística del Maestrazgo de Castellón- Teruel haya querido incluirlo en esa ruta turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística e histórica que el viajero encuentra viniendo de Cataluña.

El Maestrazgo es una zona geográfica e histórica que comprende pueblos serranos de las provincias de Castellón y Teruel. Pueblos que no ofrecen mas que su propio encanto, su tradicional hospitalidad, sus aires sanos. Pueblos donde lo natural es ley y la espontaneidad una costumbre. Pueblos en los cuales el viajero siempre descubre algo nuevo y nunca se aburre. Pues bien, que puede por reunir todas estas ventajas, Calaceite haya entrado por méritos propios en ese Maestrazgo turístico, algo mas extenso y amplio que el meramente histórico.

PASEO, SIN PAUSA Y SIN PRISA

Al que llega al pueblo por primera vez, los de Calaceite le enseñan con legítimo orgullo la iglesia parroquial. Templo barroco importante cuya primera piedra puso don Severo Tomás Auther, obispo de Tortosa, el 2 de octubre de 1695, y cuya solemne inauguración tuvo lugar el 3 de agosto de 1710. Tiene ciertas características de catedral y sus tres grandes puertas sobre la fachada principal, están claveteadas con sorprendentes clavos afiligranados. La puerta principal, además, está flanqueada por imponentes columnas salomónicas que apoyan sobre zócalos que llevan grabado el escudo concejil; un perro rampante.

La historia del escudo también tiene, como toda historia o tradición en los pueblos algo de pintoresco. Hay quien fecha su origen allá por los Siglos XII y XIII, cuando los símbolos heráldicos estaban muy de moda. El perro en su primera acepción no significaba otra cosa que la expresión de fidelidad de los vasallos a sus señores. Luego, hacia el siglo XV y como reverente tributo a la unción entre la villa y el obispado de Tortosa, el perrito se representaba en actitud de sumisión a la Virgen. Pero poco le duró la devoción mariana al animalito, que las disensiones entre el cabildo y los munícipes hicieron que el perro anduviera otra vez solo por escudos y blasones.

Desde el templo la calle de la iglesia desciende hacia la plaza Mayor. Es la plaza que ha conocido mas nombres, puede que por ser la mas transitada del pueblo. Primero se llamó del Sitjá, luego de la Constitución y, por último, de España. Pero los del pueblo la conocen simple y llanamente como la plaza <<de baix>>,para diferenciarla de la opuesta<<del dal>> aunque mucho mas pequeña y sin el empaque que caracteriza a la Mayor.

Allí se alza la Casa Consistorial sobre los hermosos porches de la Lonja. Noble edificio cuya construcción fue proyectada allá por el año 1606 y que culminó en 1613. por aquellas fechas, Calaceite contaba con unos 300 vecinos y las funciones del Ayuntamiento ya empezaban a ser necesarias. En el patio de la Casa de la villa se conserva una bonita clave gótica, correspondiente a uno de los arcos de la primitiva parroquia de Nuestra Señora de la Virgen del Pla, cuya construcción parece remontase a la mitad del siglo XIII y de la cual no restan mas que algunas piedras utilizadas en la construcción de la actual iglesia. De la misma manera que del castillo quedan únicamente algunos sillares que soportan el peso de la mole parroquial. La clave gótica, posiblemente del siglo XV, representa la imagen de la Virgen sentada con el niño en su brazo izquierdo mientras que al otro lado de la figura aparece el perro, símbolo de Calaceite, en postura reverente. Ello demuestra que la clave debió ser construida en la época en que la villa dependía en todo del obispado de Tortosa.

El Ayuntamiento en su salón de actos luce un hermoso oratorio en el que destaca una talla del siglo XVII, que representa al Crucificado. Cuando Calaceite fue saqueada, como mas adelante veremos, los miqueletes quisieron arrancar la imagen, que se resistió de forma sobrenatural a la profanación. La tradición, benévola con las santas imágenes, atribuye a esa ocasión la pérdida de un dedo, mientras que la falta de los brazos fue el resultado del afán sacrílego de la pasada contienda civil.

Otra curiosidad, aunque del género profano, merece ser destacada en la casa consistorial. Se trata de la antigua cárcel del pueblo que, hoy, los ediles han preferido adecentar para convertirla en una bodega original donde, propios y extraños celebran, con buen vino y mejor jamón, las fiestas populares del mes de agosto.

Reliquia muy querida y venerada en Calaceite, ahora que hablamos de objetos que merecen la devoción popular, es la Santa Espina. Siempre ateniéndonos a la tradición, esta refiere que un misterioso peregrino, en época muy poco anterior a la conquista definitiva de la plaza por las tropas cristianas, entró en la iglesia de San Pablo y depositó sobre el altar, mientras estaban oficiando, una de las espinas de la corona de Cristo. Los calaceianos la tuvieron siempre en gran estimación, y a ella recurrían para conjurar el peligro del pedrisco, de las heladas o de las largas sequías. En este caso la leyenda se divide. Mientras unos creen que la Santa Espina llegó al pueblo de la mano del misterioso caballero, otros opinan que los bueno monjes de Calatrava, dueños y señores del pueblo durante muchos años, fueron los que donaron la santa reliquia a sus súbditos. Lo cierto es que a punto estuvieron los calaceitanos de perder tan preciado tahalí, cuando la invasión de las tropas franco- catalanas en 1643. La patriótica y piadosa intervención del ecónomo de la parroquia, Miguel Amiguet, que escondió el relicario en la grieta de un ribazo, conocido por Camparrás, evitó una pérdida que hubiese afectado mucho a todos los hijos del pueblo. Cuando tras las lógicas dificultades para volver a hallar la reliquia, el buen sacerdote pudo hacerse con la santa prenda, los calaceitanos decidieron dedicar a la Santa Espina el segundo día de Pentecostés, como día grande de fiesta en su honor.

La plaza mayor, que duda cabe, es el ágora donde acuden todos los del pueblo, al menos una vez al día. En invierno y cuando el sol todavía calienta en su zénit, los ancianos se sientan en los bancos de piedra adosados a las casas de la plaza, cuchicheando o simplemente observando como su viejo pueblo amanece cada día con espíritu renovador.

Incrustada en uno de los pilares que soportan esbeltos arcos góticos, puede verse todavía la vara que servía de modelo oficial a todas las varas de medir para que fuesen legales. También está l´argolla, especie de corbatín de hierro en el que en otros tiempos se sujetaba a los ladrones expuestos a la vergüenza pública junto a lo que habían robado.
Siempre en los pilares de los porches, se advierten los abundantes huecos que hasta hace pocos años sirvieron para colocar las vigas con que armar en el encierro de los toros. Las capeas tuvieron aquí una gran tradición, y las vaquillas siguen alentando en los días de fiesta mayor los ánimos de los mozos.

La vieja cruz gótica, actualmente desterrada en la plaza Nueva, ya en las afueras del pueblo, se alzó en otros tiempos en el centro de esta plaza tan perfecta, tan dimensional pero la cruz estorbaba al jolgorio de los toros y hace poco mas de un siglo se trasladó a su nuevo emplazamiento, la plaza de Santa María antes, de Dal luego y Nueva ahora.

La leyenda de la Cruz de término no debe ser, por tanto, muy antigua. Cuando se cale la noche, la vieja cruz se duele a solaz de su destierro. Hay quien la ha oído y la oye gemir todavía. Algunos llegan incluso a asegurar que quiso vengarse de los calaceitanos provocando una prolongada sequía...

La sequía, efectivamente, es uno de los peores enemigos con los que tienen que enfrentarse los campesinos de por aquí. Calaceite. Antes de contar con agua corriente, disponía de la Bassa. Un enorme embalse que aseguraba el agua a todo el pueblo y hoy sirve como campo de fútbol. El calaceitano que había tenido ocasión de contemplar el mar, se resistía a admitir que su Bassa fuese mas pequeña. <<Lo qu´es com ample si que hu es més – reconocía-, pero de fondo no hu sé>>

La importancia que llegó a tener la Bassa y por ende el agua, en estos pueblos de secano, queda de manifiesto en los artículos 349 y 352 del Fuero de Teruel concedido por Alfonso II en octubre de 1176, que castigan por las rupturas de acequias o presas, o los 359 y 360 que penan el hurto del agua.

Por la calle de la iglesia volvemos a lo mas típico y señorial del pueblo. La calle de la iglesia tuvo antes un curioso nombre. Era conocida por el Carré dels Hostals, ya que hostals eran los edificios nobles e importantes de la villa, y la urbanización del pueblo se complació en agrupar alrededor del sagrado recinto a las mejores y mas solemnes construcciones de Calaceite. Efectivamente, asombran las magníficas fachadas en piedra de sillería y los majestuosos balcones de piedra labrada a lo largo de casi toda la calle, amén de las puertas doveladas, hasta acabar con la – a nuestro juicio – mejor casa de Calaceite, que se levanta justo enfrente de la iglesia y sobre unos arcos góticos que nada tienen que envidiar a los de la plaza Mayor. allí también hemos visto renacer, con enorme alegría, unos Porches del siglo XIII, que han vivido tapiados durante muchos años y que ahora vuelven a resplandecer con toda su fuerza y belleza arquitectónica, gracias a la perspicaz acción restauradora de los maestros albañiles de Calaceite que, poco a poco, van adquiriendo fama de óptimos y prudentes restauradores.

A la izquierda de la iglesia, una calle tan típica y tan pródiga en bellas fachadas nos lleva a la capilla de Nuestra Señora del Pilar.

Apoya la capilla sobre monumentales arcos románicos, para formar lo que llegó a ser uno de los rasgos esenciales de la arquitectura turolense: y torre- puerta. Su doble finalidad religiosa y militar – campanario y defensa – las ha hecho proliferar tanto en la capital como en muchos pueblos de la provincia. Parece ser que su origen hay que buscarlo en el precedente del campanile del sur de Italia, sobre todo por su similitud en los arcos entrecruzados propios del arte sículo- normando. Y no es de extrañar esta conclusión a la que llega el profesor Gonzalo Borrás, ya que Italia tuvo mucha relación con la Corona de Aragón a lo largo de los siglos, tanto cultural como comercialmente.

Otra torre puerta es la de San Antonio. Está ubicada al otro lado del pueblo, a espaldas de la iglesia, casi enfrente de la plaza Mayor. es tanto o mas bonita que la primera y su fachada posterior campea el escudo heráldico del pueblo, esculpido en la piedra de las recias columnas que soportan el peso de los imponentes arcos románicos.

Cuatro puertas tuvo el pueblo. Hoy tan solo se conservan dos. En la plaza Nueva donde gime la vieja cruz gótica, había el Portal de la Font y la Taula de la Carrasca que era la mas importante. Estaba allí la <<Mesa del Genaral>> o Aduanas que el reino de Aragón acostumbraba situar en los pueblos de frontera como Calaceite que lindaba y linda con Cataluña.
La mesa esta echa de madera de encina o carrasca y de ahí el nombre que se conocía tal servicio de aduana.

Callejas en sombra, edificios remozados, piedra de sillería que vuelve a ver el sol tras el largo cautiverio bajo la blanca capa de cal, puertas de recia y noble madrea, plazas recónditas y calles con historia, esto es Calaceite.

OTRA VEZ LA HISTORIA: LA RECONQUISTA

El primer conquistador de Calaceite fue Alfonso I el Batallador. Era el año 1119. a fuer de sincero los historiadores mencionan, entre las conquistas de ese segundo César- como se le quiso llamar por sus victorias -, únicamente Alcañiz, Castelserás, Calanda, Castellote, Alcorisa, Caspe y Maella, e incluso Mequinenza y Nonaspe. Pero todo hace suponer que el monarca aragonés ocuparía también el castillo de nuestro pueblo, ya que se encontraba precisamente en el centro de sus recién conquistados territorios.

Confió el monarca la custodia del pueblo a don Pedro Sancho Vidal de Abarca, que se convertía así en el primer señor de Calaceite. Pero poco duró la dicha de los calaceitanos. Alfonso I no supo valorar a sus enemigos o confió demasiado en la fama de invencible que había adquirido su ejército. Lo cierto es que el valiente caudillo árabe Yahya Abengania, en julio de 1133, derrotó al ejército cristiano justo bajo los muros de Fraga. El Rey Batallador murió mientras se retiraba hacia Zaragoza. Calaceite lógicamente no tardó en volver a sufrir el peso de la cimitarra musulmana.

La muerte del rey cristiano sin descendientes creó un grave problema dinástico. Hubo quien propuso entregar las posesiones del monarca a las órdenes militares nacidas en función de la cruzada da los Santos Lugares, pero los aragoneses preferían un monarca y un buen monarca.

Fue que por eso eligieran al hermano del fallecido rey, a Ramiro, el abad del monasterio de San Ponce de Tomieras. El buen monje tuvo que cambiar la mitra por la diadema real, y el cayado pastoral por la tizona debeladora de sarracenos. Y no solo eso, sino que tuvo que contraer nupcias para resolver el siempre mayor problema dinástico. De ese matrimonio nació Petronila que aún joven fue entregada en matrimonio al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Fue así como Aragón y Cataluña se vieron unidos por primera vez. puede que es aquí donde habría que empezar a hurgar para hallar una explicación a ese idioma catalán que hablan los de Calaceite.

En 1151 los caballeros de Cambrils, fuertes y atrevidos guerreros y validos del conde barcelonés, conquistaron tres torres a los moros en estos términos. En pago de ello el soberano les concedió el señorío hereditario sobre Calaceite, Arens y Lledó, ya que las tres torres pertenecían a los castillos de sendas poblaciones. Según un documento hallado por el padre Moix- carmelita descalzo que en el año 1774 reunió en un tomo las <<Noticias de Calaceite>>- las tres torres son la del propio castillo de Calaceite, el << Puch >> que se elevaba sobre el actual poblado ibérico de San Antonio, y la tercera, que se levantaba en el Castellar, donde está el barranco de Calapatá, en la línea divisoria entre Calaceite y Cretas.

Pero los moros que seguían ocupando los montes de Beceite no dormían, y tan pronto como pudieron, en 1153, recobraron lo que los guerreros de Cambrils les habían quitado dos años antes, y que, debido a la vastedad de sus conquistas, no pudieron defender, como era menester, con guarniciones apropiadas a la fiereza de tamaño enemigo.

Hay que esperar hasta Alfonso II y al año 1167 o 1168 para que Cataluña vuelva otra vez la fe cristiana. El rey Casto, que sucedió al conde catalán y príncipe aragonés en el trono de Aragón de 1163, había confirmado un año antes la carta- puebla de Alcañiz. Luego prudentemente, y para evitar el peligroso poder que iban adquiriendo los Templarios en todo el reino, cedió Alcañiz y sus tierras y poblaciones colindantes a la castellana orden de Calatrava que, instalándose en el castillo sobre el Puy Pinós que domina la ciudad, llegó verdaderamente a señorear en esas tierras. Era el año 1179. maestre de la Orden de Calatrava era Martín Martínez cuando el 1º de agosto de 1205 subinfeudó Calaceite a los caballeros Rotlando de Cambrils y Dalmacio de Canelles. Vuelven los Cambrils a ser señores de Calaceite, aunque por poco tiempo ya que ese caballero fallece sin herederos, y su feudo, por línea colateral femenina, va a parar a manos de Sancho de Sariñena y Rodrigo de Bolea. Dalmacio de Canelles se quedó con las villas de Arens y Lledó.

Los dos nuevos señores del pueblo fueron los que 1207 otorgaron a Calaceite la primera carta- puebla.

Tras este paréntesis de señorío casi independiente, en 1237 Oliva de Sariñena vende su parte el señorío a la orden de Calatrava; mientras que alguno años mas tarde doña Onceda hija de Rodrigo de Bolea y doña Arsén, hacia piadosa donación a la mentada Orden de la otra mitad del feudo de Calaceite. Vuelven pues los buenos monjes de Calatrava a ser dueños y señores de Calaceite, como la prueba de un documento fechado en 1271 y como siempre, los de Calatrava no hicieron pasar su autoridad; viceversa intentaron favorecer, en la medida de sus posibilidades, a sus antiguos súbditos así <<Un sábado, a cinco días del mes de junio de 1277- según nos relata el meticuloso y exacto don Santiago Vidiella-, otorgaba en Calatrava el maestre don Juan Gonzálvez un poder para el comentador Pérez Ponce: por aquellas sus letras autorizaba y confirmaba de antemano cuántas posturas y convenios firmaría el comendador alcañizano con el consejo de Calaceit sobre la forma y pormenores del dominio>>

<<No se hizo esperar la que podríamos llamar carta magna de la libertad calaceitana>>, y sigue Vidiella y Jasá en sus Recitaciones: <<dictó en el siguiente año 1278 el monumento mas precioso, la verdadera constitución escrita de Calaceite>>.

Desde entonces y hasta el 23 de septiembre de 1428, Calaceite fue una encomienda de la Orden de Calatrava, y larga es la lista de sus comendadores para trascribirla en este estudio que poco tiene de erudito, ya que sus pretensiones son meramente informativas.

EL CABILDO DE TORTOSA

Antes de la fecha arriba mencionada hay que reseñar otra que, aún no afectando de lleno a nuestro pueblo, es de gran resonancia en toda la provincia y en el país entero. Nos referimos al <<Compromiso de Caspe>> que el 24 de abril de 1412 hizo la corona de Aragón se depositara sobre la cabeza del príncipe don Fernando de Antequera. El hecho fue vivido intensamente en Calaceite, ya que fue en Alcañiz donde se fraguó el célebre compromiso y donde se decidieron los nueve compromisarios de entre los cuales había de salir elegido el rey que dirimiese la cuestión sucesoria planteada a la muerte de Martín el Humano.

A partir del 23 de septiembre de 1428 la Orden de Calatrava permuta la villa de Calaceite por la de Colmenar al rey don Juan de Navarra, que lo era también de Aragón. Al año siguiente, el 3 de marzo de 1429 y en Tudela, el rey otorgó la escritura de propiedad del señorío de Calaceite a la casa de Ariño, que también poseía las Villas de Maella y Fabara, a cambio del Marquesat en la provincia de Lérida y la diócesis de Urgel.
Los Ariño mantienen el nuevo señorío hasta el 4 de diciembre de 1452, fecha en que por 11.500 libras jaquesas lo venden al Cabildo de Tortosa. La compra, en honor a la verdad, fue promovida por los mismo calaceitanos, quienes se comprometieron a reintegrar a la comunidad de canónigos la cifra pagada en cómodos plazos, ya que estaban convencidos que bajo la dominación clemente del cabildo tortosino, habían de conservar sus derechos y ver aumentadas sus libertades y beneficios.

En el año 1462 y a causa de la premeditada muerte que el rey don Juan II infligió a su desgraciado hijo, el príncipe de Viana, la sierra del Maestrazgo se levantó en contra de su rey. Para reprimir esa especie de guerra civil el rey ordenó al comendador de La Fresneda el volver a poner paz en las tierras sublevadas. El comendador calatravo se apoderó fácilmente de Calaceite, tanto es así que el Cabildo tortosino supuso que lo calaceitanos veían de buen ojo la vuelta al dominio de los calatravos. El rescate que puso el de Calatrava para devolver Calaceite que ya veían avecinarse un nuevo señor con mas prebendas y otros vasallajes. Recurrieron entonces al Justicia de Aragón- no en balde llamado el juez de los oprimidos-, y éste sentenció a favor de los calaceitanos en el año 1514.

Otra fecha importante en la historia de la villa es la del 21 de julio de 1571 cuando el Justicia de Aragón, en nombre del rey Felipe II, confirmaba a Calaceite todos y cada uno de los privilegios que otros reyes aragoneses le habían otorgado en distintas épocas pasadas.

Entre los años 1640 y 1651 Calaceite asiste y sufre a la rebelión de Cataluña contra el rey Felipe IV, o mas bien contra su valido el conde- duque de Olivares, quien no cesaba de instigar al monarca en contra del principado catalán, llegando incluso a hacer decretar la abolición de los fueros.

La situación de Calaceite, por ser un pueblo de frontera, fue de lo más comprometida, ya que tenía muchos vínculos- comerciales y familiares- con los rebeldes catalanes, que se habían aliado con los franceses para combatir las tropas reales. Hacía los primeros meses de 1643 el ejército del francés La Motte infligió una dura derrota a las tropas reales. La situación de Calaceite se hizo harto peligrosa, sobre todo a la vista de los saqueos y desmanes que los miquelets realizaban por donde pasaban.

Apenas tuvieron tiempo los calaceitanos de abandonar la villa, y el 25 de mayo de aquel aciago año de 1643 entraron las hordas vencedoras en Calaceite, destruyendo, quemando y profanando todo lo que encontraban y llevándose lo que consideraban de algún valor. Mal recuerdo guarda el pueblo de esa Pascua, cuando fue quemado el mejor molido de aceite del reino y desaparecieron de la iglesia sus siete campanas, el órgano y el reloj de la torre, amén de los cuadros, ornamentos y reliquias, como la Santa Espina de la cual ya hemos hablado. Las preocupaciones finalizaron con la capitulación de Barcelona, el 13 de octubre de 1651.

Así y siguiendo bajo el domino del Cabildo de Tortosa, a pesar de las muchas y frecuentes desavenencias entre calaceitanos y clérigos, a veces por nimiedades, se llega a la Guerra de Sucesión que domina el panorama del siglo XVII. Calaceite fue carlista, ya que con Alcañiz, Calanda y otras poblaciones se alineó de la parte archiduque Carlos cuando éste desembarcó en Barcelona para hacerse con la ambicionada corona de España que Carlos II dejó sin heredero. Calaceite y parte de Aragón pagaron cara su fidelidad a la causa carlista. Felipe V, el primer Borbón de la dinastía española, tan pronto ciñe la corona de España promulga un decreto por el cual quedan derogados todos los Fueros de Aragón. Era el 29 de junio de 1707.

Un siglo mas tarde, y tras la Guerra de Independencia se libera del yugo feudal. El Cabildo de Tortosa pierde toda prerrogativa sobre el pueblo.

No se puede decir que nuestro pueblo tomó parte activa en la feroz y patriótica contienda de los españoles contra el invasor francés. Pero si se puede afirmar que no dejó de prestar ayuda, tanto en hombres como en alimentos, cuando así se lo solicitaron. No hay que olvidar que la amenaza extranjera llegó hasta la mismísima Alcañiz, ocupada por los franceses. Como tampoco hay que silenciar que el Ayuntamiento calaceitano, muy a pesar suyo, tuvo que ir a la vecina Alcañiz a rendir acto de pleitesía al general extranjero.

El día 20 de agosto de 1812 el pueblo entero, primero en la plaza Mayor- que luego se llamaría la Constitución-, y luego en la iglesia, juró respeto y acatamiento a la constitución promulgada por las Cortes celebradas en Cádiz en un acto multitudinario lleno de emoción. Fue éste otro gran día para Calaceite.

LOS NUEVOS CALACEITANOS

El individuo quiere y debe vivir en sociedad, pero necesita de la Naturaleza. Por eso, huye del asfalto y recorre caminos desconocidos persiguiendo una íntima confesión capaz de devolverle la paz a su yo inquieto a intrigarte.

Por suerte, España es pródiga en esos pueblecitos de pocas almas y gran corazón. Aldeas de montaña, pueblos perdidos en la infinidad de la meseta, villas con mucha historia en sus piedras centenarias y burgos arropados por un castillo señero.

Calaceite es uno de ellos, Ilustre villa, según decreto de 30 de septiembre de 1915, firmado por el rey don Alfonso XIII. Es un pueblo tranquilo que vive al pairo de los montes de Falset, como para eludir el ruido de la civilización que llega desde las grandes capitales. Un pueblo donde falta muy poco o casi nada para vivir bien. Piscina, pista polideportiva, promoción profesional obrera, quipo de fútbol de 3.ª regional, fiestas mayores de altos vuelos, televisión en color en el bar de la carretera, donde se juega al guiñote y al tute y se discute sobre la cosecha de la aceituna y del trigo. Médico, maestro, farmacéutico, párroco y guardia civil aseguran la vida civil del pueblo. La caza menor abunda y cada vez mas, gracias al acierto de establecer un coto municipal. Las excursiones están aseguradas por la proximidad del Parrizal de Beceite, por la Semana Santa del Tambor en Alcañiz, Calanda e Hijar, por las pinturas rupestres de las próximas estaciones arqueológicas, por la belleza intrínseca de los pueblos vecinos como Cretas, Lledó, Arens de Lledó, Horta de San Juan, Mazaleón, Valdeltorno, Torre del Compte, para citar tan solo a los que están a una veintena de kilómetros en los alrededores.

Calaceite tiene fe en el campo y es consiente de la importancia que tiene en la infraestructura de la España moderna. Una España que, si bien mira hacia el Mercado Común y corre hacia una industrialización siempre mas pujante, no por ello ha olvidado ni debe olvidar el primer eslabón de su renacer: la agricultura, de la cual Calaceite es la más pura expresión.

Calaceite, decíamos, por estar a caballo entre Aragón y Cataluña, reúne las virtudes y las peculiaridades de las dos regiones. Es el crisol de las virtudes de los hombres de España. Tiene la valentía del aragonés recto, la austeridad del hombre de los anchos páramos castellanos, la nobleza del catalán universal. En esos hombres se hallan reunidas las cuatro virtudes cardinales: la prudencia de los hombres del campo que saben esperar; la justicia de los hombres sinceros y nobles; la fortaleza de la gente sabia y prudente, y la templanza de un pueblo sobrio y continente.

Bien se merece, pues, este pueblo que el director general de Bellas Artes, el 25 de marzo de 1973, le otorga el título de Conjunto Histórico y Artístico. Porque su historia, desde los primitivos íberos que poblaron las vetustas e importantes ruinas de San Antonio, hasta nuestros días es un conjunto desfilar de acontecimientos maravillosos y de hombre preclaros que honran a la historia de la Patria.

La tierra que pisan, los olivos que cultivan, la uva que vendimian, las almendras que recogen, les han enseñado a ser así, sin ambages ni sofismas, hombres recios, calaceitanos valientes, acostumbrados a caminar siempre adelante por muy tórrido que sea el sol o por muy fuerte que arrecie la lluvia: orgullosos de su trabajo, por mas insignificantes que este pueda ser.

El campesino o el alcalde, el sacerdote o el pregonero, el ama de casa o el guardia civil, todos son responsables de su puesto en esta pequeña Comunidad. Todos, sin distinción de clases o de oficios, saben que con su esfuerzo cotidiano contribuyen a hacer siempre mas grande el pueblo que los ha visto nacer.

Les hemos visto trabajar y sudar de sol a sol, les hemos visto en los nevados días de invierno con las manos crispadas por el frío, siempre con igual entusiasmo, satisfechos de poderle arrancar a la tierra el fruto de una buena cosecha. Les hemos visto sufrir frente a una nevada imprevista, ante una helada fuera de temporada, por una sequía demasiado larga. Pero también les hemos visto disfrutar en los días de asueto, con la escopeta al hombro o con las cartas en la mano, frente a la pequeña pantalla o en el campo de fútbol de la Bassa. La hemos visto entusiasmarse con los proyectos de embellecimiento del pueblo programados por su Ayuntamiento. Siete millones para pavimentación y accesos al pueblo, cinco mas para la zona del poblado ibérico. Ampliación de la zona deportiva, jardines, alumbrado, losetas de cerámica para rotular las calles. Cualquier innovación, cualquier elemento que embellezca su pueblo es bien acogido. No importa si hay que sacrificarse. Lo importante es merecer el aplauso de los visitantes.

En este pueblo envidiable han adquirido carta de naturaleza nuevos vecinos. Hombres de la ciudad que han preferido esa tranquilidad al bullicio de las playas de los lugares de moda.

Un ilustre escritor chileno deja oír el tecleo de su máquina de escribir en las frescas y abiertas noches de verano. Un editor catalán encuentra alivio al ajetreo de la vida mercantil ciudadana entre frescas paredes, con mas de dos siglos de vida. Un pintor ha instalado su caballete en la luminosa solana de una antigua mansión. Un decorador, un poeta belga, un médico, un industrial extranjero, un periodista. Gente normal, ciudadanos cansados, que en ese pueblo han encontrado la hospitalidad del aragonés sincero y noble.

También Buñuel, hijo universal de la vecina Calanda, ha enfocado su objetivo sobre Calaceite. Desde luego, los ojos brillantes y profundos de ese aragonés universal habrán podido ver mucho en un pueblo de tanto empaque y sabor.

Calaceite respeta sus antiguas calles con bellos edificios de piedra de sillería. Y no solo respeta, sino que sabe conservar y remozar. De ahí le viene el premio de la Diputación a la labor de embellecimiento y, por ese afán, cuenta con dos brigadas de albañiles que, a la hora de enfrentarse con la piedra, son verdaderos artistas, mas escultores que simples albañiles. El pueblo sabe que allí, en esas piedras finamente labradas, está uno de los atractivos para el turista. El valor y el empujo de unos cuantos concejales jóvenes, secundados por un secretario municipal prudente y con agallas, han evitado la especulación y muchas otras tonterías, muy propias de la actual fiebre del turismo. Solo así ha sido posible también otro proyecto que, a buen seguro, hallará la favorable acogida entre los viajeros que allí recalan. El adecentar y acomodar antiguas casas de campo o de labranza, para que los sufridos habitantes de la ciudad vayan a disfrutar unas cuantas semanas en las vacaciones veraniegas, puede abrir las puertas a un nuevo tipo de turismo. Que duda cabe, que a los que vivimos inmersos en la polución durante once meses al año, no puede sentar muy bien un mes de desintoxicación al contacto con la Naturaleza, probando sus ventajas y, también, sus incomodidades.

Otro atractivo para el turista es el taller de cerámica de Teresa Jassá la artista aragonesa vive y trabaja en Calaceite, a pesar de haber conseguido varios premios en exposiciones en Huesca, Zaragoza, Barcelona y Madrid. De su horno calaceitano salen jarros, cuencos, figuras caprichosas, losetas con interpretaciones originales y personalísimas de cuadros famosos o pinturas rupestres. Sus esmaltes están hechos a base de óxidos y sales vitrificables a 980º. Las cerámicas con tierras refractarias, como lo hicieran cientos de años los iberos de San Antonio. Todo este material se coloca en la mufla, el horno que funciona con leña de olivo y cuyo fuego es capaz de conferir unas cualidades estupendas a los colores, logrando sorprendentes efectos de oxidación y reducción sobre los esmaltes. En su taller siempre hay una pequeña exposición de sus obras. Parte está a la venta y parte está a punto de partir para llevar el mensaje de Calaceite a toda España. En su taller aprenden el difícil arte, jovencitas del pueblo y de fuera. Su puerta no está cerrada para nadie.

Pero puede que uno de los mayores incentivos, especialmente para ese viajero que pasa y no se detiene en el pueblo, lo constituya la cocina del matrimonio Alcalá. Su fonda siempre llena. Se ha hecho famosa y la gente se sienta frente a sus manteles para probar las delicias de una perdiz en escabeche, de un arroz con tordos, de un estofado guisado con sabiduría o de la butifarra con judías: unas judías blancas y tiernas, apenas refritas con la grasa de una longaniza suprema. Resulta imposible comprender tanta calidad de ingredientes tan simples. Y el vino, por supuesto de la tierra. Todo sencillo y fácil. Quedan muy lejos los abigarrados artificios gastronómicos de los encopetados cocineros. Pocas veces, sin embargo, hemos podido penetrar tan profundamente en el supremo misterio de las exactas proporciones culinarias.

A MODO DE EPILOGO

Calaceite es un pueblo antiguo que respeta su pasado y mira hacia futuro con ojos nuevos. Solo así se puede comprender a las viejas enlutadas y a las mozas con minifalda. Por eso, los turistas que allí se han establecido, han instalado detrás los viejos y espesos muros de piedra de sillería el agua corriente y la luz eléctrica. Y mientras en el rescoldo de la chimenea va tostándose la rebanada de pan que el aceite ennoblecerá- como siempre, como antaño- con su sabor gerundio, el equipo de alta fidelidad lanza al aire las notas de la sonata a Rodolfo Kreutzer de Beethoven, mientras la tenue luz de un quinqué lanza sombras chinescas sobre el atrevido dibujo- todo colorido y atrevimiento- del pintor catalán afincado en Calaceite.

Pero vivo en España desde hace mas de un cuarto de siglo. Por ello, ciertas alabanzas a Calaceite me son permitidas. No soy parte interesada, pero conozco a fondo ese pueblo en el cual he pasado días inolvidables. Por eso, no me ruborizo al confesar que amo a Calaceite como se quiere a una cosa propia. Con sus virtudes y sus defectos, con sus piedras centenarias y sus calles estrechas, con sus atardeceres pintorescos y sus frías mañanas de invierno. Lo admiro a través de las cerámicas de Teresa Jassá y de los manteles de la fonda Alcalá. Lo quiero también por sus aceites puros, por sus vinos auténticos, por sus sabrosos polvorones. Porque no hay nada mas importante en la vida que las cosas sencillas y verdaderas.



MORA DE RUBIELOS
LA RUTA DE LA NIEVE

La zona del Maestrazgo es pródiga en parajes pintorescos y pueblos de rancia historia, diseminados entre densos pinares y abruptas barrancadas. Los hay situados en suaves laderas y en altivas cimas. En cada recodo del camino esperamos hallar un nuevo programa, una grata sorpresa para deleite del espíritu, ávido de emociones plácidos.

Entre estos pueblos de acusada fisonomía, destaca Mora de Rubielos, por su alcurnia y abolengo.

Se halla situado a 42 kilómetros de la capital (Teruel) y a 1.035 metros de altitud. El número actual de habitantes de esta villa es de 2.400 aproximadamente. A finales del siglo XVI tenía unos 150 vecinos, que fueron aumentando hasta 700 a finales del XVIII.

Hoy, esta importante villa va adquiriendo un sereno afianzamiento bajo la importancia del turismo de verano y de invierno. Recientemente se inauguró el amplio hotel <<Mora de Aragón>>, en las inmediaciones de la villa, en el declive de un montículo poblado de pinos. Dentro del pueblo hay también otras fondas y restaurantes para atender, cumplidamente, las crecientes necesidades turísticas.

Además de esto, la industria se ve afianzando con sus dos industrias de la madera y la nueva fábrica <<Mora Industrial>> de confecciones.

Esta es, actualmente, la villa de Mora, que tiene las siguientes vías de acceso; por la Tierra Baja y en las inmediaciones del pueblo de Gargallo, un desvío de la carretera general nos lleva a Aliaga, y desde allí, por Camarillas y Alcalá de Mora. Desde Castellón, siguiendo la carretera que pasa por Cortes de Arenoso y Rubielos, se llega a nuestra villa. Otra ruta mas corriente es la carretera de Valencia a Teruel, por un desvío que hay cerca de la estación de Mora. Y, finalmente, por la misma carretera en el recorrido de Teruel a Valencia, pasada la Puebla de Valverde, se toma otro desvío que nos llevará a

LA VILLA DE MORA.

Dejamos atrás una serie pintoresca de modernos chalets, entre pinos y accidentes del terreno.

La pequeña ermita de la Virgen de la Soledad, con atrio porticado, nos da la bienvenida. Desde el contemplamos el caserío que se extiende adaptándose al accidentado terreno y dominado todo él por la robusta silueta pétrea del castillo.

Al fondo, cerros y montes. Y allá lejos, como colgada del cielo, la crestería de los altos de San Rafael, sierra de Gudar altiva y bravía, con bellos matices de azul y violeta, que provocan la lejanía inalcanzable.

Es como un fondo velazqueño de retratos reales ecuestres.

Entrando en la villa atravesaremos un puente. Bajo é discurren breves, silenciosas, las aguas de un pequeño río, del río Mora, afluente del Mijares, que contornea el poblado regando sus pequeños hurtos, que tienden su alfombra esmeralda a los pies del caserío.

La rígida y voluminosa silueta del castillo nos atrae. La calle principal, calle de José Antonio y antigua de las Parras, conduce a la plaza de la iglesia. Antes encontramos, a la derecha, unos viejos soportales, vestigios de lo que debió ser toda la calle. Hoy, a su izquierda, se alzan los viejos caserones de Pilón y Marín.
La plaza de la iglesia es sencillamente encantadora. Toda ella en cuesta hacia el castillo, nos muestra, el fondo, la bella casa del cuarto, de piedra de sillería, con sus arcadas rebajadas bajo el saliente alero y su acrisolado sello renacentista. Junto a ella otra casona de viejos tiempos, hoy disfrazada estúpidamente su fachada y en la que queda, como un agudo grito de protesta, el antiguo portalón apuntado, vestigio del esplendor gótico de la villa.

En esta plaza, frente a la iglesia, otra fachada de sillería, sobria y sin personalidad, recuerda a los del lugar que fue una fachada gótica con ventanas de este estilo y con parteluz, igual que las de la iglesia. Eran como un espejo de aquellas. Desde sus ventanas predicó San Vicente Ferrer. Y en medio de la plaza una cantarina fuente, de cuatro caños, alegre y bulliciosa, ofrece reposo y espera. Su graciosa silueta produce un alocado contraste con la austeridad mística de

LA IGLESIA COLEGIAL.

Desde 1944 es Monumento Nacional.
¿Cómo fue esta iglesia? Habiendo reconquistada la villa en el año 1171, su primitiva iglesia sería de una sencilla estructura románica, como sucedió con las primitivas iglesias de Teruel. Habría al frente de ella un rector o plebano, según nombre que se daba en la época al sacerdote que se hallaba al frente de la parroquia. Y, como todos los demás, se sostendría con los diezmos de tierras y ganados de su término.

Pero surgieron los señores de Mora, pujantes y opulentos. El pueblo se había enriquecido y aumentado su población. Quizá esto y la misma Ambición familiar, hicieron pensar a don Juan Fernández de Heredia el aumentar el número de sacerdotes para su servicio religioso. Así se consiguió, por algunos años, que se estableciera una vicaria y seis raciones.

El segundo señor de Mora, de igual nombre que el primero, forjó la ilusión de convertir la iglesia en colegiata. Se tramitó la consiguiente solicitud al arzobispo de Zaragoza, entonces don Dalmau de Mur y éste, en 1454, concedió la erección de la colegiata bajo el título de Santa María, estableciendo que sus servicios religiosos serían atendidos por ocho canónigos. El Papa español Calixto III, amigo de los Heredia, confirmó la erección de la colegiata en 1458. Categoría que perdió en el concordato en 1851.

Con motivo de ser colegiata y siguiendo ese impulso de ostentación, de inmortalizar el apellido, se acometió la obra de la nueva iglesia. Este espléndido mecenazgo dio como resultado la maravillosa y monumental obra que hoy contemplados.

Se trata de una iglesia gótica del grupo aragonés, de una nave y capillas hornacinas entre los contrafuertes. Este grupo gótico aragonés se suele unir al mudéjar, con sucede en San Pedro de Teruel y en Santiago de Montalbán. Los Heredia, opulentos y señores, o influenciados por aires de fuera, optan por la costosa piedra que les permite realizar una obra audaz y grandiosa. Esta extraordinaria nave mide treinta y seis metros de longitud, veintiuno de altura y diecinueve de ancho, y he aquí la audacia de la obra, su anchura.

Es tres metros menor que la catedral de Gerona, siguiéndole en anchura. Esta catedral de Gerona está conceptuada como la mas ancha de España. Para sostener el brioso empuje de la bóveda de esta amplia nave de la colegias de Mora, recios contrafuertes la atenazan por sus costados, como pétreos dedos, entre los cuales se escapa el débil parpadeo de los óculos flamígeros.

La portada abocinada está compuesta de múltiples jambas escalonadas que rematan en arcos apuntados. Los capiteles tienen interesantes cabezas talladas. Las capillas están iluminadas por ventanas góticas con parteluz.

El fundador, don Juan Fernández de Heredia, está enterrado en la cripta, bajo el coro, en sepulcro con escultura yacente; allí reposa para la eternidad el gran mecenas que dio vida a esta ingente obra.

La reja del coro imita la rejería catalana en la catedral de Barcelona. ¿Por qué este Heredia no pensó en los famosos rejeros turolenses, los Cañamache, que por aquel entonces forjaron la mas bella reja gótica de España... para entonces colegiata de Teruel?

Esta maravillosa obra ha sido recientemente restaurada por la Dirección General de Bellas Artes, a falta de claustro, limpiándola de todos los revestimientos, pero las obras de arte desaparecieron en la pasada contienda.

Como obra de generaciones hay una pequeña variedad de estilo, la cual se acusa mas en el claustro y la torre, que son obras del siglo XVII.

Y ahí está la hermosa y espléndida colegiata, cerrando la bella y evocadora plaza, desde donde iniciamos el recorrido por las
CALLES DE LA TRADICIÓN

Descendiendo hacia la torre llegamos a una recoleta y sosegada plaza, como no, la plaza de las monjas.

Al fondo de ella una de las puertas de la villa marca la antigua ruta ¿de Teruel? A la izquierda un viejo caserón- convento, con una equilibrada y serena fachada, serenidad de almas en oración. A la derecha, la verticalidad aplastante de la torre de la iglesia, fría, seca, con afiladas aristas donde se cortan, con aullidos, los vientos gélidos.

Paseando lentamente con sosiego, con unción, recorremos la calle de las cuatro esquinas, con vetustas casas, destacando por su gracia y sabor la de Cortel de la Fuente del Olmo.

Si seguimos los porches de la calle de Primo de Rivera pasando por un viejo portalón, quizá parte de la primitiva muralla (antes del crecimiento de la villa), llegamos a la Plaza Mayor. el Ayuntamiento se alza sobre un porche con arcada, típica tradición turolense, pero obra de poca importancia. Y ¿Cómo nos acercarnos a contemplar el Portal de Alcalá o Portal del Olmo?

Este portal alza su estructura en la parte baja, casi en el barranco, y extiende sus brazos de muralla agarrándose al castillo y a los fuertes del Calvario, ansioso de su protección.

Esta es Mora. Y no de desnudeces y tules incitantes, de lejano recuerdo. Es Mora de Zarza, dulce y punzante, con fruto sabroso y espinas agazapadas.

Mora pintoresca bulliciosa, que guarda con orgullo en sus fiestas la típica tradición del toro de Fuego, atrayendo multitud de forasteros curiosos de ver y gozar el bello y audaz espectáculo nocturno, cuando la fiera embravecida recorre veloz las vetustas calles huyendo de su propio mal, figurando una estrella fugaz y ardiente en la inquieta oscuridad. Bella y legendaria estampa, reminiscencia del medioevo, cuando el toro de fuego fue utilizado como arma de guerra, incendiando y destruyendo cuanto hallaba a su paso.

Esta es Mora, la altiva y señorial, que vivía laboriosa y tranquila en su recinto amurallado bajo la protección vigilante de
EL CASTILLO

Hagamos un poco de historia sobre esta voluminosa obra, Monumento Nacional desde 1931, y de la villa aneja, que protege.

Los castillos fueron base y defensa de los poblados en aquellos tiempos heroicos. La misma suerte que corría el castillo la corría el pueblo, generalmente. Este es el caso de Mora, que con su castillo pasó de mano en mano, de señor en señor, por conquista, donación o venta. Como un objeto cualquiera. Era el signo de la época. Hasta que cayó, por fortuna, en manos de los Heredia, que le darían lustre y fama.

El hecho empezó así; las huestes cristianas al mando de Alfonso II, van conquistando tierras aragonesas, arrancándolas del poder de los moros, con tesón y bravura. En 1171 es conquista Teruel y el avance sigue en el mismo año hasta Mora, para hacerla frontera con los infieles.

En 1189, Pedro II donó el casillo de Mora a don Pedro Ladrón. Necesitaba asegurar su defensa y repoblación, bajo un patronazgo leal. La pequeña aldea va adquiriendo confianza y desarrollo, a la sombra protectora del castillo, posible reconstrucción de una fortaleza sarracena.

En 1204, los ejércitos de la cruz y la espada, levantan sus fronteras y las adelantan hasta Rubielos. Las lanzas cristianas van apuntando al corazón de Valencia.

Mora ya queda atrás, tranquila y sosegada, siguiendo los avatares de la comunidad de aldeas de Teruel. Sus gentes presienten ya la conquista de Valencia, que a su tiempo celebrarían con grandes fiestas, pues los << serranos >> tomaron parte activa y lúcida en la operación.

Pero a Mora aún le quedaban por pasar muchas inquietudes. Jaime I, en su testamento de 1272, hace donación de Jérica y su baronía, que incluía el castillo y la villa de Mora, a su hijo bastardo, habido con doña Teresa Gil de Vidaurre, y de igual nombre que él. El señor de Jérica casó con doña Alfa, hija de don Álvaro Pérez de Azagra, cuarto señor de Albarracín, el señorío independiente ubicado en los montes Universales.

Cuando la guerra de los reyes de Castilla y Aragón, Pedro I y Pedro IV, la baronía de Jérica y con ella Mora, la había heredado don Pedro, hermano de Jaime (II) de Jérica.

Y fue entonces cuando surgió la traición aragonesa en la persona de un descendiente de rey. En defecto, el señor de Mora se puso de parte del rey de Castilla y las tropas de éste ocuparon la villa y el castillo de Mora para mejor defenderlas. Habiéndola situado el conde de Prades, los sufridos habitantes de Mora organización su << quinta columna >> y abrieron las puertas al sitiador, con lo que pasó de nuevo a la corona de Aragón en 1364.

Parece ser que el señor de Jérica no hizo caso de ellos y vendió la villa de Moro y su castillo a don Hugo, vizconde de Cardona, en 1367 y éste, finalmente, volvió a venderla en el mismo año por 260.000 libras barcelonesas, a don Blasco Fernández de Heredia, señor de Foyos, quien se presionó de ellos en 1369. ¿Habían terminado con esto las transacciones de la paciente villa ¿ Si y no. Si en cuanto quedaba en manos de los definitivos dueños, que volcarían en ella todos sus afanes. No por cuanto que en 1370 hizo donación del castillo de Mora y villa de Valbona a su sobrino don Juan Fernández Heredia, llamado el Noble y el Póstumo, quien definitivamente daría comienzo al gran señorío de los Heredia.

Muchas aldeas de la provincia de Teruel fueron a engrosar, por herencia, el patrimonio de los Heredia.

En 1376 adquirieron, por 11.000 florines de oro de Aragón, Alcalá de la Selva, que durante dos siglos había pertenecido a los religiosos de la Gran Selva.

Afianzados los Heredia en el señorío de Mora, daría comienzo a su gran obra sobre la villa, en primer lugar, debió rehacerse el castillo, que sufriría en la guerra de los Pedros. Y dada la opulencia de los Heredia comenzaron una nueva obra de extraordinaria solidez, que garantizase plenamente

Su defensa. Asimismo, las dos torres que flanquean la puerta principal, tienen una base, según tragaluces que dan al sótano, de seis metros de espesor; toda una montaña de piedra.

La obra debió comenzarla, naturalmente, don Juan Fernández de Heredia llamado el Noble, hacia finales del siglo XIV.

Como ya hemos visto, allí estaría el castillo moro, que después restaurarían los cristianos. Castillos que usaron los señores de Jérica hasta defenderse en él los castellanos, cuando la guerra de Castilla y Aragón.

El castillo, a cuyos pies se extiende el pueblo, es de planta cuadrangular y todo él de piedra de sillería. Las paredes, los muros, tienen un impresionante espesor.

Como centro de esta planta cuadrilátera, hay un amplio patio de la misma forma, con arcadas apuntadas formando claustro. En dos de sus caras, contiguas éstas, hay un segundo cuerpo de galerías con arcadas de medio punto y fustes octogonales. Esta reforma debe corresponder a cuando don Jorge Fernández de Heredia fundó en él, convento de San Francisco, en el año 1614.

Las otras dos caras tienen, en el segundo cuerpo, ventanas góticas con parteluz, si bien algunas muy deformadas, y a las que la restauración va devolviendo su primitiva forma.

En torno a este hermoso pueblo, que tiene, naturalmente, su aljibe, giran las dependencias del castillo.

Bajo los grandes salones que se desarrollan en esta planta, hay dos pisos de sótanos con bóvedas de cañón corrido y en alguno de ellos el piso es de la misma roca. A estos sótanos se desciende por una amplia escalera de caracol, clásica escalera formada por largos peldaños de piedra, de una sola pieza, como es corriente.

Los grandes salones de la planta baja tienen techumbre de madera y en ellos ponen su gracia los amplios ventanales góticos con parteluz y los dos clásicos bancos de piedra a derecha e izquierda y, en este caso amplísimos, por el grosor del muro. Bellos rincones desde los que se contempla un bello panorama y que fueron deleite y ensueño de lindas damas angustiadas por la vuelta del ser querido, o alerta el oído, al meloso canto del juglar.

Pero todo esto ¡ay! Está cambiando, tan deteriorado por el tiempo y mas por los hombres, que ha sido precisamente la intervención de la Dirección General de Bellas Artes para volverlo a su primitivo estado.

Y no es extraña esta situación. La instalación del convento de franciscanos exigió muchas reformas. Una de ellas fue abandonar la iglesia primitiva e instalar otra en otro lugar, descarnado los muros. Luego se hundió la techumbre de la iglesia primera, quizá en el incendio que en 1700 destruyó gran parte del castillo y el importante y rico archivo.

Mas adelante fue cuartel de la Guardia civil. Nuevas e importantes reformas. Total, completamente desconocido.

Pero era demasiada mole de piedra para que se fuera abajo y la restauración llegó a tiempo.

En cada uno de sus cuatro ángulos, un torreón octogonal hace guardia permanente.

Tiene una salida normal, amable, hacia el pueblo, con el que tiene su contacto diario. Y en la parte opuesta, en oriente, la puerta principal.

Esta se abre en un amplio torreón cuadrado y flanqueada por dos de los cuatro torreones octogonales. Y a los pies de la puerta, el foso natural.

De las caras laterales del castillo partía la muralla como un fuerte cinturón apretando amorosamente al pueblo.

Y como punto de apoyo par ala defensa del castillo, al otro lado del barranco, en la cumbre del cerro del Calvario, aún quedan en pie esbeltos torreones, centinelas alertas sobre la amplia panorámica.

Esta hermosa obra, como ya hemos dicho, debió comenzarse a finales del siglo XIV y se debió terminar en el siglo XV.

Cuando esta obra se halle totalmente restaurada, será un bello ejemplar de castillo gótico, muy evocador y digno de ser visitado.

Será una verdadera joya para Mora, la de la excolegiata, que se halla tan cerca del castillo, que entre ambos casi no hay espacio para que pueda huir la carretera, que va hacia.

LA RUTA DE LA NIEVE

La carretera se empina hacia las altas cumbres. El paisaje se va haciendo tupido, hasta que el elemento primordial, el alma del paisaje, es el pino. El pino permanente, audaz. El pino con ramas como brazos de asunción. Entre sus troncos pardos se vislumbran profundidades estremecedoras y cumbres altivas; la esmeralda nos envuelve lujosamente. Llegamos al puerto de Alcalá (1.600 metros). Al fondo la vega, tras un descenso impresionante.

La ermita de la Virgen es de grandes proporciones y mal calculados sus contrarrestos. Hoy los pilares, a los que se pone ya tirantes de hierro, cabecean hacia el exterior bajo el peso de la bóveda. La obra fue levantada en 1715 por el maestro Juan Escuder, según diseño de un padre carmelita. En su interior se venera la Virgen del Espino (hoy la Virgen de la Vega), que fue una bella imagen románica, antes de ser restaurada.
Hay pinturas en el camarín, algo interesantes. Menos lo son las del crucero, realizadas a principios del siglo XIX.

En torno a esta ermita, levantada en una amplia vega rodeada de arriesgados montes cubiertos frondosos pinares, se ha desarrollado un amplio complejo turístico, con pintorescos chalets de variadas estructuras y cómodas fondas para refugio de los practicantes del deporte blanco. O de los no practicantes, que también son muchos los que van a ver y pasar los fines de semana entre esta alegre y bulliciosa multitud. Costosos complejos que tiene dos vertientes fructíferas; el invierno y el verano.

Caminamos hacia Alcalá, distante un kilómetro, por la vega pintoresca. Antes de llegar a él dejamos a la derecha el desvío que conduce allá lejos, a la Gascuña.

Pero sigamos hacia el poblado:
A poco se encuentra el humilladero, que se alza sobrio, acogedor, persuasivo. Es una obra renacentista de piedra de sillería, levantado en 1627 por Juan Palomar y de Torres, hijo del lugar, según señala una lápida en las pistas de nieve, que distan ocho kilómetros.

Alfonso II, preocupado por asegurar las conquistas, donó en 1174 el Castillo, décimas y patronato del pueblo, al monasterio de Selva Mayor.

Es de base cuadrada con cuatro arcos y cúpula, y cuatro hornacinas en el interior de cada ángulo. Lástima que permanezca vacío y que la cruz, ala que servía de dosel, haya desaparecido y no se haya puesto una imitación, al menos, que justifique el por que de esta obra.

Alcalá está ante nosotros. Sobre el poblado la silueta del castillo y como manto condal, colgado en el fondo, el monte sombrío.

Que poco podían hacer por el pueblo, solamente darle el apellido. Y así fue: Alcalá de la Selva.

Pero esto era insostenible, y como hemos vito, dos siglos después, en 1376, fue vendida al Señor de Mora, por once mil florines.

El castillo, de origen árabe, está totalmente ruinosos, situado en la cumbre del cerro, su silueta mutilada nos habla de olvidadas epopeyas.

En la parte alta del pueblo se halla la iglesia.

Es de estilo renacentista y fue inaugurada en 1614.

Su portada es fría, como los vientos de estas alturas y desarticulada con la superposición de varios órdenes. En ella está esculpido el escudo del señor de la Villa, el conde de Fuentes y marqués de Mora. Su interior está muy mixtificado con revocos.

Esta es Alcalá, con sus calles morunas, retorcidas y empinadas. Con sus entes sencillas, de alma serrana.

Alcalá con su Virgen de la Vega y sus complejos turísticos diseminados por sus contornos, es el último punto de apoyo para

EL DEPORTE BLANCO

Un grupo de pueblos tiene su esperanza puesta en el deporte blanco. Las esperanzas puestas en esa nieve, que años atrás, ponía espanto en el alma y los tenía aislados días y días, como en absurdos lazaretos, sin saber de nada ni de nadie, hasta que el tiempo mejoraba, la nieve iba desapareciendo y de nuevo se podía transitar por ellos.

Hoy todo ha cambiado. Las máquinas avientan la nieve de los caminos, cientos de coches se concentran en la inmensa sabana suavemente ondulada, como sostenida por los cuatro puntos cardinales.

Se ha levantado el ánimo de estos pueblos dormidos en el regazo de las altivas montañas.

La alegría juvenil de los deportistas, siembra de rosas la nieve. Y aquellos pueblos olvidados van recobrando su esperanza y su ilusión, al ritmo actual de la vida inquieta del deporte blanco.



Aguero

En la provincia de Huesca, cercana a las Cinco Villas y a cuarenta y tres kilómetros de la capital altoaragonesa, se encuentra el viajero con la villa de Agüero. Para llegar a ella tenemos que recorrer una corta y asfaltada carretera que nos ha desviado, antes de llegar al pantano de la Peña, de la general que sube hasta la ciudad pirenaica de jaca o nos lleva a las tierras de Pamplona.

Al acercarnos, mientras atravesamos estas tierras de la Galliguera, nos rodea un seco paisaje con vegetación mediterránea. Madroñales, algún pino carrasco, romero, tomillo y espliego, son el testimonio y recuerdo de un pasado en el que la arboricultura fue la ocupación predominante de estas tierras. Ese recuerdo triste de los viñedos -tan abundantes en la Edad Media- que diezmó la filoxera, o del olivar, que fue talado para sacar tierras al trigo.

No es difícil hacer imagen, la tradición ganadera de esta tierra, sobre todo cuando uno se imagina al rebaño sorteando montículos de rocalla entre las aliagas y espliegos. Por eso podríamos decir que estamos en tierras de un pueblo de militares, campesinos y pastores. Un pueblo que pervive sencillo, cordial y hospitalario, pero sobre todo añorante siempre de no se sabe qué; un pueblo que conserva Viva la memoria de los sueños antiguos, de las tradiciones y los ritos.

Estamos en lo que los geógrafos han llamado <<Subcomarca de Ayerbe>> y que el pueblo ha entendido siempre como <<Tierra de los Mallos>>. Una tierra de transición entre la montaña pirenaica y la tierra llana, una zona límite con la tierra alta se personaliza en los famosos Mallos, que constituyen un llamativo fenómeno geógrafo y que son unos relieves uniformes originados por los conglomerados marginales.

Frente a estos picos terciarios se abren los Somontanos, <<las tierras bajo los montes,>>, y apoyado en una de sus laderas se encuentra en el lugar de Agüero. El blanco caserío, apiñado en torno al perfil devoto de su torre parroquial, casi es una entrañable postal. El viajero se lo encuentra de pronto, como si quisiera entrarnos de mano de la sorpresa, teniendo a pleno sol y protegido de los vientos fríos del norte.

Al ir acortando distancias, nuestra mirada va ascendiendo- poco a poco- hasta la línea que corona los Mallos para intuir lo que hay detrás de ellos. y al deslizarse nuestra curiosidad empezamos a entender la condición fronteriza de este lugar. Una fundación altomedieval que nos aparece, en los documentos del siglo X, con su nombre que recuerda la idea de una tierra seca. Un topónimo que estaría relacionado con la voz aragonesa de agüerro, <<otoño>> y que derivaría del término agor, que significa <<seco>>.

Seco es ciertamente el entorno de esta villa y los riegos se instituyen en su gran problema, aunque esto va a subsanarse en parte con la puesta en funcionamiento de un pantano, ya autorizado y pendiente de la decisión del pueblo, cuyas aguas pondrán en regadío varios cientos de hectáreas. Pero si es seco su entorno geográfico no lo es su vitalidad lingüística, porque- según los estudiosos del idioma- el habla de Agüero es la que mas vitalidad tiene de las de las comarcas cercanas. Aún es posible poder escuchar algo de esta vieja reliquia dialectal que se va perdiendo día a día. Movimientos de emigración y el curioso comportamiento de la población aragonesa ante la natalidad y la mortalidad, van acabando con estas viejas herencias medievales. Y la población va disminuyendo, envejeciendo y agostándose, desde principios de siglo. De los cuatrocientos ochenta vecinos de 1805 se pasó a cerca de mil almas en 1900, para terminar en un censo de doscientos habitantes en 1975.

El futuro del lugar pasa por la necesaria reactivación de sus escasos recursos. Agrícolamente el pantano solucionará un viejo problema de siglos y logrará fijar la población humana. Quizás sea necesario reciclar sus recursos turísticos y exportar imagen para el viajero. Los Mallos encierran vías para la escalada, como la de la peña Sola, además de una riqueza cinegética de caza mayor. Hay ciervos que se introdujeron hace algunos años y existen buitres cuya caza, afortunadamente, está prohibida, al igual que la del resto de las rapaces. Por último, sus templos son de gran interés artístico, uno de ellos incluso está titulado como Monumento Nacional, y danzas típicas no dejan de verse en sus fiestas de San Roque que, a mediados de agosto, llenan de vida a un pueblo noble que guarda ya las cosechas en los graneros.

TIERRAS DE FRONTERA.

En el siglo X ocupan el espacio altoaragonés diferentes poderes en continua pugna y estrechamente vinculados por lazos matrimoniales. El condado aragonés esta regentado por una familia, la de los Aznar, de origen carolingio. En Pamplona se disputan el trono dos familias - la Iñiga y la Jimena- que van a ver unificados sus territorios y su poder. El mundo musulmán, centrado en la Marca Superior de al- Andalus- Zaragoza- se halla azotado por el virus vitalicio de su rebelión a los Omeyas cordobeses. Al oriente del Gallego se extendían las tierras mozárabes de Serrablo y las entidades políticas de Sobrarbe y Ribagorza.

El año 921, el rey Sancho Garcés I de Pamplona inicia una victoriosa campaña de ocupación de la zona comprendida en la Val de Onsella y de las comarcas de los ríos Arba de Biel y Luesia. Esta operación militar concluirá con la conquista- según dice la Crónica de San Juan de la Peña- de << todas las montañas de Aragón y Sobrarbe>>. Como vemos, en los últimos meses del año 921, el rey pamplonés ha ocupado las tierras de la Val de Onsella, hasta Agüero y sus Mallos, para utilizarlas de base en la conquista del condado aragonés.

Para legalizar esta anexión por la fuerza de las armas, el rey Sancho Garcés I casará a su hijo con la heredera del condado aragonés, con la famosa doña Endregoto de Aragón. Y sería García Sánchez I, el esposo de ésta, quien firme un documento por el que el obispo Galindo Confirma la donación hecha, al monasterio de Leire, de las décimas de todos los frutos que se recogían en Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Lucientes, Castelmanco, Murillo y Agüero, entre otros lugares.

Sancho Garcés II, rey de Pamplona y conde de Aragón, también dictó ordenes alusivas a este lugar. Lo sabemos por un documento, que pensamos debió ser redactado mucho después y en consecuencia falso, que quiere que el lugar de Agüero- entre otros- fuera donado al monasterio de Santa Cruz de la Serós. Lo que si es verdad es que estas tierras agüeranas, situadas en las fronteras cristianas, forman parte del territorio navarroaragonés en el siglo X.

Sobre estas tierras, asomadas a las de los musulmanes de Huesca, se iniciará toda la acción reconquistadora del poderosos rey Sancho Garcés III, apodado << el Mayor>> y considerado por las crónicas como <<Rey de toda España>>. Sancho el Mayor pondrá en acción a todo el ejército navarro-aragonés y emprenderá la conquista de toda la comarca de Agüero-Murillo y la zona comprendida entre la sierra de San Juan de la Peña y la sierra Caballera. El dominio será consolidado en torno al año 1018, aunque sucesos posteriores nos llevan a pensar en un cambio de dominadores continuado, suceso nada raro si tenemos en cuenta que se trata de una zona fronteriza.

Años después, el 1 de marzo de 1033, se documenta el definitivo ataque cristiano al castillo de Agüero. En esa ocasión Sancho el Mayor dará a Gallo Peñero un privilegio de ingenuidad en recompensa de <<la conquista del castillo de Agüero>>. Y dice el documento que el pago es <<porque tú te pusiste en muerte, a causa de mi servicio, y con tan argucias (aparatos) y tus ingenios, y por tu buen esfuerzo prendiste el castillo de Agüero y me lo diste>>.

Agüero, en este momento, ya es un emplazamiento natural de defensa militar a pie de la sierra de Santo Domingo. Y por su importancia el monarca va a disponer una serie de medidas tendentes a perpetuar el dominio. Habrá otros premios en el suceso: a Sancho Jiménez se le va a regalar una heredad que fue del obispo Blasco, un obispo pamplonés de fines del siglo X afincado en Agüero. Además se iniciará una política de repoblación de la zona, política que ocasionará la fundación del monasterio de Santa Eulalia de Péquera y que dará nuevos pobladores al lugar de Agüero.

En esta villa ya sabemos que tenían posesiones, en 1027, una serie de gentes aragonesas que iban desde el molinero Iglesia de Santiago. Abajo uno de sus capiteles- lucha de moros y cristianos- contrasta con la representación episcopal en el capitel de la iglesia parroquial.

Galindo al calvario real Banzo. Al poco de la reconquista de 1033 se escribirá un memorial que nos habla de que aquí, murió el señor Lope Alvarez, quien <<dispuso en bien de su alma delante de los varones de Murillo y Agüero y de su maestro (¿confesor?) don Banzo de Agüero>>. Son gentes de la frontera navarro-aragonesa, hombres y mujeres venidas de tierras de Ruesta que se van a proyectar sobre la ribera occidental del Gállego.

EL REINO DE LOS MALLOS

La historia de esta tierra aún vería momentos difíciles con ocasión de la guerra entre el rey pamplonés y Ramiro I de Aragón, ambos hermanos sucesores de Sancho el Mayor, quien por su testamento había separado el territorio aragonés del de Navarra convirtiéndolo en reino. En esa campaña esta villa verá pasar el ejército aragonés, en 1043, camino de Biel y Tafalla, poniendo fin a una posible dominación Navarra sobre la zona del Oeste del Gállego.

Desde 1033, por designios de Sancho el Mayor, Agüero será una de las tendencias aragonesas que defiendan el reino pirenaico en la zona del Gállego. Una tenencia que – adaptada a los accidentes naturales del país- respondía a un conjunto de castillos en las sierras Guillén, Carbonera y Valdelosica, es decir, a Uncastillo, Luesia, Biel y Murillo. Esta tenencia de frontera estará centrada en el castillo agüerano, que será la base de la comitiva militar del tenente o senior y tendrá un pequeño territorio alrededor, del que el Señor sacará tributos para sostener la plaza.

El primer tenente sería Jimeno Iñíguez, a quien sucedería su hijo Fortún antes de 1036. en el año 1068 estará Fortún Iñigones como <<alférez, en Agüero y en Riglos>>. El 4 de septiembre de 1092 ya ocupará la tenencia Fortún López, <<alférez, en Agüero y en Riglos>>. Estos datos nos hacen detectar la coincidencia de que, en el siglo XI, dos tenentes de Agüero forman parte de la corte real aragonesa en cuanto que ocupan el cargo de alférez. Este cargo tenía que ser ocupado por personas de buen linaje, ya que le correspondía al alférez guiar el ejército real cuando el monarca no iba a la guerra. Este dato, en extremo curioso, nos lleva a pensar en una familia de tenentes de Agüero que ocupan el cargo de alférez real, es decir, en la vinculación al cargo de unas tenencias fronterizas de importancia.

A la vista de dos documentos de la época se ve que la zona de Agüero y sus Mallos es entendída como una zona definida geográficamente y con personalidad propia; una comarca fronteriza en la que tienen propiedades ilustres personajes aragoneses del momento. Curioso es a este respecto el testamento que hacen Oriol Iñíguez y su esposa, antes de iniciar peregrinación en 1057, por el que sabemos tenían dos casas: una en Abós y otra en Agüero, con once camas, una cama con pabellón, veintidós colchones, un cobertor de seda, una manta, dos pares de sábanas rayadas, seis vasos de plata, pieles, espadas, espuelas, cinturón y montura de plata, casco de hierro y capa de seda ubaidí para cerrar el atuendo militar. Todo esto acabará siendo propiedad de San Juan de la Peña, por donación de un hijo de éstos llamado Fortuño Oriol.

Sobre esta definida entidad geográfica nacerá y vivirá el curioso reino de los Mallos, un minúsculo estado que tendrá su institucionalización por obra de Pedro I de Aragón y la tolerancia de su hermano Alfonso I el Batallador. Su monarca será una mujer: la reina doña Berta, una italiana que contrajo matrimonio con el rey Pedro I, en la catedral de Huesca, el domingo 16 de agosto de 1097.

Con ocasión de la boda regia, don Pedro dotó a su esposa con un pequeño territorio y con algunos bienes sitos en Huesca, Sangarrén y una almunia emplazada entre Berbegal y Monterroyo. Con estos territorios se formaría un minúsculo estado en los límites de la montaña aragonesa. Formarán parte de él los lugares de Agüero, Murillo, Riglos, Marcuello y Ayerbe, completándolos los territorios de Sangarrén y Callén, unidad separada y enclavada en la Hoya oscense y a orillas del río Flumen.

Tras emitir varios documentos, hechos por el escriba de la reina – el capellán Juan-, podemos saber que la reina doña Berta gobernó << bajo la gracia de mi señor el rey don Pedro, que está muerto, y con el amor del dicho cuñado mio >>. Alfonso. Uno de estos documentos, de 1105, nos habla que doña Berta concedió al obispo Esteban la novena que acostumbraban dar los pobladores de San Félix: que pastan las bestias en los montes de Agüero y que, aquellos, corten leña, madera, bellotas y además de otras casas, hierba. El reino de los Mallos, centrado en el territorio de Agüero, desaparecerá en tono al año 1110. una vida efímera para el dominio de una mujer que ejerció de reina- caso único. Dentro de las tierra del Reino de Aragón y existiendo un monarca titular del trono de los Ramírez. Avatares del destino, el reino fue mermándose en su exiguos territorios hasta pasar totalmente a la corona del Batallador quien, después de terminar con esta anomalía política, entrego el distrito militar a Castañ, un personaje franco amigo de infancia del rey aragonés, quien aún gobernará la plaza en 1137 tras morir su protector. Castañ. Conocido también como Castán de Biel, gobierna Agüero, Biel, Aniés, Chalamera, Murillo de Gállego y Riglos desde 1110. En 1134 aún posee la tenencia de Murillo y en 1137 tiene las de Riglos y Agüero. A este le sucederá Lorferrench, quien sería tenente y señor de Agüero entre abril de 1155 y octubre de 1162. después ocuparía también el señorío de Luna, concretamente entre 1162 y 1172.

LA IGLESIA DE SANTIAGO

A unos quinientos metros al este del casco urbano de Agüero se levanta un espléndido edificio de estilo románico que siempre ha sido tenido como ermita del lugar, aunque su magnificencia denota que su condición de ermita es solo una impresión puramente topográfica. Notas documentales sobre este templo no hay, excepción hecha de dos referencias pertenecientes a unas vistas episcopales.
Por la primera sabemos que, en esta ermita, existe en 1786 una Cofradía de Hidalgos de Santiago de Agüero; por la segunda conocemos cómo, en 1805, se ordena que sea una de las pocas ermitas que quede con culto.
El edificio es del siglo XII; fue descubierto y publicado por Ricardo del Arco en 1919 y ha sido estudiado por Sanvicente (1970). Consta de un conjunto de tres ábsides que se abren a otros tantos espacios que constituyen el primer tramo de las tres naves del templo. Cerrado precipitadamente con un muro que cubre los tres arcos de comunicación de este primer tramo con el que se le seguiría, fue cubierto con tres bóvedas de cañón apuntado y perpendicular al ábside que le corresponde. En el lado sur de este primer tramo se abrió la puerta de ingreso al templo, recientemente restaurado por Bellas Artes con gran acierto.
El primer problema con que nos encontramos es el de la paternidad de la iglesia. Intentar saber cual fue el motivo de esta edificación y quien ordenó su obra, es una incógnita muy difícil de despejar. No parece fuera fundación real, ni siquiera obra de patronazgo de alguna familia noble de la zona. Solo nos queda pensar que fuera un edificio construido por alguna Orden Militar o por algún poderosos monasterio. En estas dos opciones descartamos la primera ya que no encontramos ninguna relación entre esta villa y las Ordenes conocidas. Y respecto a la segunda, como mera hipótesis, vamos a intentar demostrar las vinculaciones existentes entre San Juan de la Peña y esta zona de Agüero.
La real Casa y Panteón de San Juan había recibido, a fines del siglo IX, un amplio conjunto de tierras y propiedades en la zona de Agüero. Propiedades que habían sido donadas por sus dueños a los diferentes cenobios que, mas tarde, pasaron a depender del monasterio pinatense. Bienes territoriales que dejarán de mencionarse tras los graves sucesos que pusieron fin al abaciazgo de Juan. Este monje gobernó el monasterio hasta el año 1170, fecha en la que fue destituido del cargo y expulsado del reino aragonés. El motivo de todo este suceso, en el que van a tener que intervenir el Papa Adriano IV y el príncipe Ramón Berenguer IV de Aragón, se saque que es la mala administración y los excesivos gastos ocasionados del mandato del abad Juan. El caso es que, por estos años, se deja sin terminar el bello claustro románico del monasterio pinatense y, para salvar al cenobio de la ruina, Ramón Berenguer IV ofrece una serie de donaciones.

La iglesia de Santiago de Agüero bien pudiera ser obra de este abad, obra en consecuencia inacabada como podemos ver al contemplarla, el motivo de su construcción habría sido el de lograr un mayor acercamiento de los centros de decisión política. El monasterio de San Juan de la Peña se ha quedado fuera de la órbita de influencia, la capital ya está en Zaragoza aunque Huesca, por su situación en los caminos de la Corona aragonesa, sigue siendo punto importante de decisión. Allí, en la ciudad, el cenobio pinatense solo posee una iglesia y lo mas cercano que domina esta en Agüero. Esta iglesia podría haber sido el primer jalón para el traslado del monasterio a un sitio mas cercano a la monarquía, a unos reyes que no suben con la frecuencia que antaño.

Además, esta iglesia de Santiago la encontramos totalmente relacionada con una serie de edificios en las Cinco Villas, algunos dominios de San Juan de la Peña, que se terminan y consagran entre 1170 y 1191. Las columnas contrafuerte, tan típicas de este templo agüerano, las encontramos en la iglesia de Puilampa y en la de San Miguel de Daroca. Las bóvedas de cañón apuntado están en varias obras de las Cinco Villas y el mismo tipo de cubierta absidial- bóveda sobre nervios- tiene Santa María de Ejea.

También habrá conexiones entre estas zonas en la escultura de Santiago de Agüero, obra de gran importancia y próxima a la transición al gótico. El tímpano de la portada sur, única realizada, presenta una bella Epifanía. Apoyada sobre dos modillones esculpidos en froma de animal andrófago- del que salen un hombre (lado derecho) y una mujer-, la escena de la Adoración de los Magos de Agüero ofrece un precioso precedente para las Epifanías del Cuatroccento italiano. El mismo tímpano, con el mismo tema, tenemos en la iglesia de San Miguel de Biota y en la de San Nicolás de El Frago, ambas en la comarca de las Cinco Villas.

En esta portada hay una preciosa colección de nueve capiteles, que se colocaron en dos fases, en los que podemos ver escenas de centauros, fieras decorando a su presa, luchas de caballeros y el famosísimo tema de la bailarina. En la parte interior de la portada también podemos ver unas escenas de luchas entre guerreros- luchas en las que al musulmán se le representa con escudo redondo y al cristiano con uno apuntado- a caballo. La célebre bailarina, obra que puede servir como firma del que denominamos Maestro de Agüero y que pensamos nada tiene que ver con el conocido Maestro de San Juan de la Peña es un tema frecuente en las cinco Villas- Biota, el Frago, Ejea-, en un capitel de San Pedro el Viejo de Huesca y en una escena del ábside románico de la Seo de Zaragoza. Representa a Salomé y se nos presenta en dos tipos: uno iniciando la danza con un arpista y el otro en una actitud increíblemente distorsionada, sueltos los cabellos y acompañada por un pequeño solista de gorro puntiagudo.

En el interior del templo, en el ábside central hay una arquería de arcos ciegos que intenta suprimir la antiesteticidad del muro. Allí hay decoraciones preferentemente de gustos geométricos en las que se introducen elementos de tipo figurativo: monstruos sujetando vides, cabezas, una curiosa cara en el segundo capitel de la derecha y abundantes muestras geométricas de círculos anudados, abiertos o con nudo cerrado, entrelazados .., que nos parecen similares y de la misma mano que los detalles idénticos de la portada de la iglesia cincovillera de Puilampa, obra en la que trabajó el maestro Bernardo y se terminó antes de 1191.

En el exterior de este ábside central hay una imposta esculturada que es de la misma autoría que otra, interior, situada en el ábside de la Epístola. Este friso interior, de apenas catorce centímetros de altura, narra una serie de escenas de la vida de cristo: Concretamente de la infancia y Nacimiento. Todas las escenas están enmarcadas entre hojas y frutos, cuyas curvas crean un cierto ritmo que genera sensación de movimiento. Las escenas representadas son: la Anunciación, la Visitación, El Nacimiento, la Cabalgata de los Magos hacia Belén, la Adoración del Niño por los Magos, la dormición de éstos y el aviso del ángel, la representación en el templo. Sigue una pieza completa dedicada a los Santos Inocentes con Herodes ordenando a los soldados la matanza y con el auxilio de unos sabios que estructuran el nacimiento del Mesías en los libros antiguos. Vemos a continuación el aviso del ángel a san José y la marcha de la Sagrada Familia, creemos nosotros, de regreso a Israel, con lo que se cerraría de ciclo de la Infancia de Jesús.

Completan el conjunto escultórico del templo de los canetes y los capiteles del interior, a los que se les ha visto relación los de Santo Domingo de la Calzada.

EL SEÑORÍO DE LOS GURREA.

Hemos visto, en estos finales del siglo XII, como la tenencia de Agüero llega a manos de Loferrench, en el año 1155. y con él entra la villa en el intrincado nacimiento de la gran casa aragonesa de los Luna. La historia nos documenta a Lope iñigones, ilustre personaje que tiene dos hijos: Pedro López de Luna y Loferrench. Pedro López de Luna será el primer maestre de la Orden del Hospital con jurisdicción sobre Aragón y Cataluña. Loferrench o Lope Ferrench, sería el tenente de Agüero. Tenente que tendría que sustituir a su hermano como señor y tenente de Luna en 1162 y a raíz de un supuesto apoyo de este Pedro López a un curioso personaje que se hacía pasar por Alfonso el Batallador, el rey muerto en 1134 tras la batalla de Fraga.

Orígenes de la poderosa Casa de los Luna, inscritos en la tenencia de Agüero, que serian un hito en los sucesivos dominios señoriales del lugar. Jaime I, que había visitado la villa en enero de 1259, dispuso del castillo de Agüero en favor de su mujer Teresa Gil de Vidaure y de su hijo don Jaime. Poco después, en 1287, se data la existencia del maestro de Agüero que ha trabajado en San Pedro el viejo de Huesca.

En 1302, Pedro Boyl, el tesorero del rey Jaime II, anota las deudas del monarca en tierras de Agüero; una deuda contraída <<por la injuria que el señor rey don Jaime, de buena memoria, había hecho con Artal de Agüero>>, padre del prestigioso Martín Ruíz de Foces. Años después, en 1357, el rey Pedro IV da esta villa a Alvaro García de Albornoz y algunos señalan que posteriormente se la dio a los Pomar, que eran una prestigiosa familia jacetana.

En abril de 1372 el mismo rey incorporó a la Corona el castillo y lugar de Agüero con la condición de que en ningún tiempo pudiera ser enajenado. Pero dos años después- el 18 de abril de 1374- el infante don Juan concedió a Lope de Guerrea- camarero y consejero del rey la alcadía y el gobierno de Agüero en atención a sus méritos y virtudes. Jerónimo Zurita añade que Miguel de Gurrea, hijo segundo de Lope de Gurrea, tuvo en herencia el lugar y castillo de Agüero. Castillo que no heredó su hija Aldonza en torno al año 1400, la misma Aldonza que contrajo matrimonio con Martín de Lacarra, hijo del mariscal de Navarra y de Inés de Moncayo, que era hermana del señor de Maleján. Sucederá Lope de Gurrea, su tío, que ya es señor de Agüero en 1446.

No es necesario extendernos en las genealogías de la ilustre casa de los Gurrea, estudiadas por Castillo Genzor, señores de la baronía de este nombre de Agüero, baste con anotar que este linaje dio ilustres cortesanos, abades a Montearagón, virreyes de Mallorca y Cataluña, embajadores o bayles. A lo largo de los siglos emparentaron con los linajes mas preclaros de Aragón, entraron en matrimonio con los títulos nobiliarios de los marqueses de Navarréns, condes del Villar, duques de Gandía, vizcondes de Ebol, señores de Quinto, Laurés, Antillón, Sigüés o del Castellar.

E incluso emparentaron con los vecinos señores de Ayerbe, los Urriés, aunque son mas famosas las luchas entre ambos linajes. En 1402, sirva de ejemplo, fue quemada la cosecha de cereales de Alcalá de Gurrea y los Agudos << en la guerra que allí era entre don Antón de Luna y don Lope de Gurrea>>. Años después, en octubre de 1516, será el propio emperador Carlos V quien ordenará que terminen las luchas entre Urriés y Gurreas << que tenían perturbado el reino >>

CRÓNICA ECLESIÁSTICA

Agüero es una población que inicia su historia eclesiástica dentro del área geográfica de la diócesis de Pamplona. Aquí tenía, a fines del siglo X, el obispo Blasco- que creemos puede ser el de Pamplona, aunque en esa época existe otro del mismo nombre en Aragón- una serie de tierras que conforman su patrimonio y bienes. Desde tierras navarras partiría una larga marcha de influencias y gentes a esta tierra, traídas al largo pleito de límites como prueba de la navarrería episcopal de la Val de Onsella.

En el siglo XI, el obispo García de Aragón reivindicó estas zonas por hacer pertenecido antaño al obispado de Huesca. La larga lucha de límites entre los obispados Jaca- Huesca y Pamplona, sobre las tierras de los Mallos, provocó la actuación de varios Papas. Gregorio VII las incluyó en la diócesis jacetana en 1084. Alejandro III, en 1072, ya había intervenido en el problema. Urbano II, en 1089, volverá a actuar como lo harán Celextino III en 1155, o Pascual VI. En 1094 los dos obispos implicados llegaban a un acuerdo de no alterar el estado de la cuestión. En 1101, los obispos Pedro de Pamplona y Esteban de Huesca- Jaca, deciden que Agüero y Murillo queden para Pamplona, al par que el obispo oscense entrega a los canónigos de Huesca el monasterio de San Delices. Villa de San Felices, que recuerda el culto a san Félix extendido en el siglo XI y que era dominio de la familia de Jimeno de Cornelio en 1201.

La villa de Agüero avanza por la historia bajomedieval con noticias anecdóticas. En 1264 se ve involucrada en los problemas de la excomunión provocada por el rector García Pérez de Zuazu, quien se negó a pagar las rentas debidas al obispo pamplonés. En 1275 sabemos que pagar las rentas debidas al obispo pamplonés. En 1275 sabemos que pagaba veinte sueldos por concepto de la décima que se debe al obispo, décima que se paga en moneda jaquesa y no como es frecuente, en la navarra o <<sanchet>>. El 11 de abril de 1499 representa a la parroquial de Agüero en el sínodo de la diócesis de Pamplona el vicario de San salvador de Murillo: Pedro Matorral.

La parroquial de esta villa, sobre la que ejerce su dominio espiritual el obispo pamplonés, es un interesante edificio iniciado en pleno siglo XI. Dedicada a san Salvador, fue iniciada en planta con una sola nave y ábside, pero fue terminada en estilo gótico con las naves laterales y una puerta ojival cubierta, en la actualidad, con un curiosos atrio del que se ve la entrada a la cripta del siglo XVII, cripta convertida en Museo parroquial. En el interior, junto a retablos barrocos, hay un retablo mayor de talla- probablemente del siglo XVII, restaurado por Luis Galindo, que es párroco del lugar.

En la edad moderna, a lo largo de los siglo XVI y XVII, el lugar va incrementar su tesoro parroquial. Del siglo XV era ya una custodia relicario, pieza de especial interés, que se remata en Crucifijo y tiene viril desmontable. En el siglo XVI llega a Agüero un precioso juego completo de frontal, casulla, dalmáticas, capa pluvial, gremial y paño para facistol, en terciopelo carmesí basado en sedas con una gran finura. Todas estas piezas ostentan el escudo de armas del donante: Francisco Aznárez, un hombre que fue rector de la parroquial de Agüero entre 1527 y 1560, para ser luego canónigo de Jaca, ciudad en la que falleció en 1562. del siglo XVII quedan dos cosas: una cruz parroquial de plata sobredorada, en cuya base tiene una basílica de planta circular y un depósito para óleos en forma de candelabro. Completan el tesoro parroquial varios cantorales y una virgen románica, posiblemente del siglo XIII.

Es pieza datable a fines del XI, y en consecuencia, de gran valor, el tímpano de la parroquial del lugar, un tímpano románico presidido por las Maiestas Domini- Cristo en Majestad- escoltada por los símbolos de los cuatro evangelistas o Tetramorfos. Tímpano que contemplarían los grandes clérigos que nacieron aquí: Fray Angel Palacio y el doctor Pantaleón Palacio- y Villacampa. El primero – Angel Palacio- Fue carmelita descalzo y catedrálico de Artes de la Universidad de Huesca, luego de la de Roma y, por último, provincial de los Carmelitas en Aragón desde 1617. el otro Pantaleón Palacio, fue canónigo de Huesca en 1642, catedrático de Prima de la Facultad de Cánones de Huesca, canónigo del Pilar de Zaragoza en 1646 y juez de competencias del reino de Aragón. A propuesta de Felipe IV fue nombrado abad de Montearagón por el Papa Alejandro VII y consagrado como tal, el 29 de octubre de 1662, en la catedral de Jaca. Cuando muera, en 1665, será sepultado en el Panteón abacial de la Real Casa de Montearagón.

RECTORES PARA UNA PARROQUIAL

El año 1785, junto a otros pueblos, una Bula papal concedió el lugar de Agüero a la diócesis de Jaca. Terminaba así una larga historia de luchas diocesanas de límites. Y comenzaba el dominio jacetano que pronto iba a redactar un curioso estado de la cuestión eclesiástica en esta zona. El año 1786, el 23 de mayo, llegan al lugar de Agüero los visitadores que actúan en nombre del obispo de Jaca. En su relación se anota la existencia de 120 vecinos, una sola iglesia dedicada al Salvador y la vida de seis cofradías: la de San Miguel, del Rosario, la de San Pedro- abolida en 1804- la de San Roque, la de santa Quiteria y la de Hidalgos de Santiago.

En esa ocasión se anotaba que las cuentas de la primicia estaban muy confusas, cosa que ya no ocurre en la segunda visita conocida a este lugar. Por este inédito documento sabemos que, el 4 de octubre de 1805, la población es de cuatrocientas ochenta almas que se reparten en ciento treinta casas. Los patronos del pueblo son san Roque y santa Orosia, como lo habían sido el siglo pasado, por lo menos, si nos fijamos en un curioso relicario de plata, fechado en el año 1763, de Santa Orosia. Al frente de la vida espiritual del lugar hay un rector- José Morana, nacido en Alagón hacía 47 años- al que ayudan cuatro coadjutores y un beneficiado de sacristía.

La villa, a principios del siglo XIX, tiene dos lugares anexos: Lacasta y La Carbonera. Lacasta tiene siete casas, una iglesia dedicada a san Nicolás de Bari y esta a cuatro horas de <<muy mal camino>>. La Carbonera, por el contrario, es una sola casa de campo que sirve de habitación a los guardas de montes del señor de estos lugares. En lo que respecta al estado decimal, es decir, a los pagos que recoge la iglesia de Agüero, sabemos que se cultivaban una serie de productos como trigo, mixturas, ordio, cebada, centeno, lino y cáñamo. También había una fuerte ganadería- con corderos, cabritos y sus derivados, como la lana-, vino, aceite y, solo en los lugares anexos, quesos.

De todo esto va al obispo la cuarta parte de los frutos decimales recolectados, igual cantidad va para los clérigos del lugar, mientras al rector o párroco le corresponden las dos partes restantes. Colaboran en la recolecta de tributos todos los vecinos del lugar, cada uno de los cuales cobra un sueldo por cada cahíz de trigo porteado y ocho dineros por cargada de uvas traída al hórreo común. Además es costumbre darles pan y vino por cantidad no superior a cinco libras.

La iglesia parroquial, receptora en su mayor parte de estos frutos, esta regentada por un rector que es designado por el señor del lugar y aceptado por el obispo jaqués. Desde 1734, en el archivo diocesano de Jaca, se encuentran los expedientes de presentación de clérigos, todos ellos expedidos por la Casa y Honor de Gurrea. El primer testimonio conservado nos habla de que Maria Francisca Abarca, viuda de José Pedro Alcántara Funes de Villalpando y Gurrea, como condesa viuda de Atarés y del Villar y señora de la casa de Gurrea, presenta al obispo de Jaca su candidato a la rectoría agüerana: José Olivito. Sucedía este a Miguel Jimeno, que también recibió el favor de la Casa de los Gurrea el mes de abril de 1705.

En 1790 ejercerá este derecho Cristóbal Pío Funes de Villalpando Abarca de Bolea, siendo en 1820 el conde de Parcent y Contamina quien provea la provisión de la rectoría al morir José Morana. La entrada en el ejercicio del derecho de proveer la rectoría de Agüero de la casa de Parcent, nos la aclara la documentación que se presentó al nombrar rector a Pedro López de Betés. Dice el texto, de 1848, que << por cuanto como Barón de Gurrea, pertenece al referido excelentísimo señor conde de Parcent el Patronato de la iglesia de lugar de Agüero, en la provincia de Huesca y obispado de Jaca, y el nombramiento de Rector Párroco de la misma, de que se halla en quieta y pacífica posesión..>>

Este dominio de la Casa de los Barones de Gurrea, iniciado en la baja Edad Media, se conservará hasta fines de siglo. En 1887 y en el castillo de la Mezquita, Francisco de la Cerda y Carvajal otorga el título de rector a Manuel Gimenéz, un cura venido de Javierrelatre que no será ni bien recibido ni considerado decente por los agüeranos que, incluso, llegan a protestar oficialmente al obispo de Jaca. La carta es del 15 de agosto de 1887 y es remitida por el Ayuntamiento Constitucional de Agüero, corporación que no logró imponer su veto.

Firmaba el nombramiento del cura protestado, el poderoso conde de Parcent y Contamina, señor de Villatoro, señor de la Baronía de Gurrea de Gállego de las de Rasal, Sigüés, Agón y Apiés, señor de los castillos de mezquita, tormos, Artesona; titular de los lugares de santa Engracia, Santa Olaria de la Peña, San Esteban del Cascao, Gurrea, Agüero, etc. Además era Grande de España de primera clase, gentilhombre de Cámara de su Majestad, caballero de la Orden Militar de Maestrantes de Zaragoza y licenciado en Filosofía y Letras.

La villa real de Agüero seguía fiel a su vinculación con la Casa de los Barones de Gurrea. Se iba acercando el siglo XX y sus casas se hallabam pletóricas de hombres y mujeres, los gestores de un constante trabajo agrícola-ganadero que hacia del lugar tierra acomodada. Atrás, como siempre y por siempre, los Mallos de Agüero ponían una barrera infranqueable con el pasado de estas tierras. Una barrera, orlada por la sierra de Santo Domingo, que fue tierra de monasterios, que hacía mirar siempre al frente, a las tierras llanas del Somontano. Y como el Gállego, que discurre lentamente como si le pesara la rica historia que han visto sus orillas, era una llamada a recorrer los caminos que fueron abiertos por la reconquista. Una nueva sangría poblacional, nueve siglos después, que se hizo emigración.

Y quien quiera luchar contra este duro tener que irse de los paisajes natales, aunque solo sea en un itinerario emocionado, que salga a andar los caminos que nos acercan al viejo reino de los Mallos. Metan en la bolsa los trabajos de Ricardo del Arco, el hombre que publicó por primera vez la iglesia de Santiago en 1919; o de Ángel Sanvicente que ha escrito esas bellas notas sobre esta iglesia << nada tan próximo a un documento solemne del siglo XII>>. No olvidarse los trabajos de Durán, Ubieto, las generalogías de García Ciprés sobe los Gurrea, el trabajo de Conte sobre los hijos ilustres oscenses, las páginas de arte que hablan de cinco Villas y que son obra de Abbad, las exactas anotaciones de Federico Torralba sobre el arte aragonés, o las viejas apreciaciones de Porter.

Pero si se ha dejado todo ese bagaje en su punto de partida, ponga atención en lo que ve. Observe esos <<preciosos signos de cantería que son un testimonio del cumplimiento de un gran voto que debía durar perpetuamente>>. Repase la vieja inscripción, en la columna del muro de cierre, que nos da el nombre de uno de los maestros de Santiago de Agüero: ese Deia de Aresa que, según el texto, la hizo. Salga al exterior, repasando la portada para encontrar otro testimonio de deseo de eternidad: el del cantero Imholl, que no resistió la tentación de firmar en el ábside... Mire el paisaje que le rodea, intuya el pueblo de Agüero al pie de sus mallos, escuche ese lenguaje pecualiar de la llanura que le sea agradable ese regresar a los primeros tiempos de nuestra historia.

La tierra exhibe sus tonos rojizos recortándose sobre un cielo de color azul. Las blancas casas de esta villa real se apiñan al sol, los olivos se retuercen en lontananza y el campo tiene olor a romero y espliego. Estamos en tierras de Agüero.



Huesca
LA CIUDAD ALTO- ARAGONESA

Ciudad y capital de la provincia aragonesa de su nombre (limitada por las de Navarra, Zaragoza y Lérida. Además de la parte fronteriza con Francia) con la residencia de los centros provinciales administrativos (Gobierno civil, Comandancia militar, Audiencia provincial, Diputación, Delegación de Hacienda, Instituto nacional de 2ª Enseñanza, Escuela normal, Jefatura de obras públicas, Sección Forestal y Agronómica, etc.), tiene de guarnición el regimiento de infantería, de Valladolid, número 20, caja de reclutamiento y los servicios auxiliares correspondientes. Es ciudad de 16.500 habitantes asentada en la comarca natural llamada la <<hoya de Huesca>> en una altitud de 477 metros sobre el nivel del Mediterráneo y son coordenadas 42º 8` 25`` de latitud N. y 3º 16`44`` de longitud E (meridiano de Madrid) Viaje a Huesca.

Huesca ha quedado ferroviariamente semi apartada de líneas de alguna importancia. La vía del <<Norte>>, de Zaragoza a Barcelona (por Lérida) la dejó aislada, pasando por Tardienta (a 30 kilómetros al S. de la ciudad) y la línea a Canfranc (y Francia) desde Zaragoza que cruzaba junto a la capital altoaragonesa, quedó también asfixiada al realizarse modernamente el trozo directo entre Zuera y Turuñana. Hoy, pues, se encuentra en el centro de la modestísima vía de Ayerbe a Tardienta y a ello ha venido a unirse la ausencia total de celo e interés que la compañía ferroviaria ha puesto en servir a la ciudad de Huesca. La mayoría de los viajeros procedentes de Zaragoza (y de Madrid y de Barcelona) tienen que buscar alternativa al tren ir a Huesca, ya que solo uno o dos trenes, llevan servicio directo a Zaragoza y viceversa.

Es mas cómodo y barato el viaje por carretera desde Zaragoza, con magníficos y rápidos autobuses de línea, que hacen en una hora los 80 kilómetros que separan ambas capitales, y que como mínimo, la empresa <<La Oscense>>, explota tres servicios diarios de ida y vuelta, pudiéndose hacer el viaje de día desde Zaragoza por la mañana y tras la visita detenida de la ciudad, volver en la caída de la tarde, como en Madrid ocurre con las ciudades de turismo que la circundan (Ávila, Toledo, Escorial, Alcalá, etc.)

Huesca y su tierra ( estudio geográfico)

La depresión del Ebro o valle Ibérico está compuesto principalmente de suelos de naturaleza arcillosa, que se extienden por la provincia de Zaragoza y terminan en su parte N, en las faldas de la sierra de Guara. Al pie de ella (entre el pico de Guara y Gratal) se encuentra la llamada Hoya de Huesca, regadas por dos ríos pequeños que marchan de Norte a Sur, el Isuela y el Flumen, a buscar por el Alcanadre y el Cinca al Ebro. Esta comarca, como casi todas las de la parte N del valle Ibérico, se compone de suelos de margas terrosas, con alternancias de materiales de esta clase y areniscas de cimiento calizo, desde las últimas estribaciones subpirenáicas hasta la sierra de Alcubierre en el país de los Monegros miocénico continental, si bien la tierra de Monegros, como la de Barbastro y Monzón, forman dos manchones de terrenos yesíferos, de edad miocénica.
Estas llanuras altas de Huesca, dan lugar a páramos en donde la irrigación artificial no llega, presentando n aspecto característico, por algunos mantos de aluviones gruesos, que en el país toman el nombre de <<sasos>> y que considéranse como plataformas aluviales de época pliocénica. Tales como se pueden contemplar al S. de Huesca en las carreteras de Grañén y la de Sariñena, y las mimas características presentan, las terrazas, verdaderos bordes altos de la Hoya, cuales son las llamadas <<canteras de Almudévar>> (llegando a Huesca por la carretera de Zaragoza) y el <<estrecho de Quinto>> en la de Barbastro, en las que se levanta las ruinas del castillo de Monte Aragón, como antiguo vigía, de las vegas del flumen. Dominando su parte N. se alza la larga silueta de la sierra de Guara ( pico de Guara 2.070 metros.- Gratal 1.578 m) que como todas las montañas subpirenáicas presenta la característica de dar hacia el S. un relieve con cortaduras escarpadas, correspondiente a frentes de facturas, generalmente en falla, cuyos labios hundidos en la depresión , se hallan cubiertos por los sedimentos neógenos, en general toda esta sierra, desde el Cinca hasta más allá del Gállego, es una de las fallas más formidables y extensas de la Península, dentro de la cual es corriente grandes conglomerados paleógenos, con los que termina la sierra en su borde meridional, tales como el << Salto Roldán>> el <<Huevo de San Cosme>> y los << Mallos>> de Riglos y gargantas de Alquézar y Loarre, etcétera, en donde los ríos entran, en las llanuras del Alto Aragón que presagian las estepas cercanas al Ebro.

La llanura del Ebro va lentamente alzándose en dirección N de manera insensible, pero a pesar de ello, Huesca solo se encuentran a 477 metros sobre el nivel de las aguas del Mediterráneo. Las características de su clima, lo impone mas que nada, la sequedad de todo el valle ibérico, aislado por las tres grandes cordilleras (ibéricas, catalanas y pirenaicas) que le circundan de las influencias húmedas del mar. Debido a ellos las temperaturas son relativamente extremadas (temperatura media anual de Huesca 13,3 ºC; temperatura media máxima, 37,3ºC; temperatura media mínima, 6,7ºC). En general puede decirse que Huesca goza de otoños agradables y templados, inviernos con retraso (comienzan los fríos en Diciembre) pero largos, soleados, y con absoluta carencia de nieves, debido al resguardo de la sierra cercana (la norma general de Huesca, al contrario de lo que el forastero cree, es la falta de nevadas) los veranos son secos y calurosos (pero muy corta la duración de calor durante el día). Tampoco las nieblas se pegan a Huesca como en las ciudades de las riberas del Ebro, y a pesar de que todo Aragón en país de grandes ventoleras y Huesca las tiene principalmente en Noviembre y Abril, no alcanzan las violencias de las partes bajas del valle ibérico.

La pluviosidad es mayor que en Zaragoza (media anual en Huesca, 493,1 milímetros; Zaragoza 237,0) lo que no evita que el carácter de la vegetación, en las comarcas oscenses, sea esteparia con pequeñas matas leñosas y terragales al descubierto.

Pero la proximidad de la sierra y su orientación hace aumentar su vegetación arbórea (encinares) y permite incluso en las tierras soleadas del Somontano y de la Hoya oscense el culto de la viña (muy disminuido desde la filoxera) y de los olivares. Algunos de sus puntos principalmente en la sierra están en vías de repoblación forestal (Arguis, Rodellar, Vadiello). El cultivo principal es el cerealista en los secanos, sujetos a las condiciones del azar por las sequías de primavera y las heladas tardías de Mayo. Pero allí donde el regadío llega como en la fértil Hoya de Huesca por las aguas del flumen y del Isuela (este último regulado por el pantano de Arguis) se convierte en cultivos intensivos y remuneradores de trigo, maíz, plantas forrajeras, remolacha y frutales. El gran porvenir que el tiempo reserva a Huesca será la ejecución magna de la sobras de <<Riegos del Alto Aragón>> (pantanos de Belsué. Acequia de la Violada) que harán de la ciudad, el centro de una de las comarcas mas ricas de España.

Historia de la ciudad de Huesca.

EL POBLADO PRIMITIVO.- A pesar de sus asiento privilegiado, sobre un cerro dominando la fértil vega del Isuela, no tenemos sin embargo noticias concretas en las épocas prehistóricas sobre la ciudad primitiva. Pero suposiciones con visos de veracidad nos hace pensar en un primitivo poblado prehistórico, dadas las condiciones geográficas y conocedores como somos de que las gentes de las culturas neolíticas y de las distintas edades del Hierro y del Bronce, tuvieron su asiento en estas llanuras altoaragonesas extendidas al pie de la sierra de Guara (hallazgos de hachas y otros instrumentos en Albero, Sena, etc., poblados de Ontiñena y Sena, sepulcros de Sariñena), allá por los remotos tiempos de los siglos X, IX y VIII antes de J.C.

Apenas los escritores clásicos griegos y romanos nos hablan de los pobladores de la península, ya comienza a sonar Huesca entre sus poblados importantes. Los iberos son los primeros pueblos históricos de España que procedentes del continente africano la poblarían por los años del siglo VI antes de J.C. y sabemos positivamente que se extendieron hasta los límites pirenaicos. De sus distintos grupos tenemos ya noticias incluso escritas: tales los jacetanos (de la región de Jaca), los ilérgetes (de las comarcas de Lérida) y posiblemente los dos, en Huesca, con Mezclas y luchas de grupos de vascones, como parece demostrar la toponimia vasca de algunos lugares de las comarcas pirenaicas aragonesas. La Huesca ibérica, sin restos arqueológicos que nos lo demuestre, participaría posiblemente de los caracteres de los tres grupos. Esto explica el que Plinio la suponga vascona, y Ptolomeo, ilérgeta; suposiciones que si bien parecen contradictorias, no es de extrañar dado la vaguedad de las noticias y la distancia desde donde escribían los geógrafos clásicos e incluso la posible amalgama de sus pobladores, hasta el punto que el moderno arqueólogo Sr. Bosch Gimpera se inclina, dado el tiempo de moneda y el nombre, por una ascendencia de tipo vascón. Pero lo indudable es que la Osca ibérica (bien ilérgeta, vascona o jacetana) formaba ya un poblado de las tribus mas cultas de la iberia hacia el 250 antes de Cr. Las noticias que de ella nos llega son sin duda atrasadas, como procedentes del elemento civilizador romano, pero el hecho de que Huesca acuñase mas tarde moneda del tipo << ibero-romano >> parece demostrarnos aunque tardía, la importancia de la ciudad primitiva.

LA OSCA ROMANA.- (siglo II antes de Cristo al V despues de Cr.). La conquista romana se inició al finalizar el Siglo III antes de C. La lucha contra su rival Cartago y la sed imperialista de expansión que fue el lema de Roma, trajeron sus legiones que pisan la península en el año 218 antes de C. Comienza la dominación por la costa catalana (Ampurias, Rosas, Tarraco que es su sede principal), después emprenden la conquista del valle del Ebro aguas arriba y los traspasan por la costa hasta la ciudad de Sagunto y por el interior llegan hasta mas allá de Osca (río Gállego) que fue dominada, sin que sepamos las condiciones en que se sometió la ciudad ibérica. No debió ser muy cimentada la nueva dominación, cuanto pocos años después encontramos los tribus ibéricas o vasconas de la región, levantadas contra el poder romano, ya que los desastres de Cneo Scipion principalmente en Cástulo (214) en la que encontró la muerte en una retirada desastrosa, hizo perder a Roma los avances que había conseguido en los seis años de luchas constantes contra los iberos y el poderío cartaginés que constituían su enemigo mortal en la dominación de Iberia. La contraofensiva romana, maravillosamente llevada por Publio Cornelio Escipión (que mas adelante, destruyendo Cartago, conseguiría el glorioso sobrenombre de <<Africano>>) fue completada sobre todo a partir de sus victorias en Bécula (Bailén) y en llipa (Alcalá del Río) pudiendo decirse que desde entonces la cuenca del Ebro hasta el río Gállego (y en ella Osca como Ciudad preponderante) y la del Guadalquivir (Hispania Citerior y Ulterior) unidas por la franja costera mediterránea permanecieran perfectamente dominadas por el esfuerzo y espíritu superior de las legiones romanas.

Desde la sublevación de los ilérgetes y jacetanos dominada fulminantemente po Escipión en el año 206 a de Cr, los territorios comprendidos entre el Ebro y los Pirineos, no vuelven a sonar en las largas luchas que a Roma costó la sumisión de las otras extensas regiones de España.

De esta manera, hasta la destrucción de Numancia (verdadero baluarte de la independencia Ibérica) año 133 antes de C., la península no comenzó a gozar de un verdadero período de paz que luego se prolongará hasta el año 80 antes de C. y es indudable que en el, la ciudad del Isuela, debió de romanizarse rápidamente, dado el papel que mas tarde jugó en las luchas civiles de Roma, que tuvieron gran parte de su escenario en la península ibérica.

Comenzaron por la rivalidad entre Sila (partido aristocrático) y Mario (partido popular) terminando con la dictadura del primero, que rápidamente quiso vengarse de sus enemigos, con sus famosos edictos de proscripción, obligando a muchos de los partidarios de Mario, a huir de Roma, como Sertorio.
Quinto Sertorio busco su refugio en España, donde había ejercido antes el cargo de tribuno militar y donde contaba con gran número de partidarios, viniendo a ella con el propósito de hacer un centro de resistencia contra el dictador Sila y un fuerte punto de apoyo para rescatar el poder al partido popular.

Efectivamente lo consiguió y Ébora en la Lusitania y OSCA en la Tarraconese fueron los centros de su dominación. Con razón pues, se puede llamar a Huesca <<La ciudad de Sertorio>> y con razón la historia y la gloria de la ciudad va unida a su nombre esclarecido, al que se comienza a hacer justicia, creyéndola de los mas noble y capaz de los conductores de la democracia romana, que con tanta habilidad y condición supo atraerse a su causa a los españoles, aún superficialmente romanizados, con este fin, en Ébora instituyó un Senado a la manera romana y en Huesca fundó la famosa escuela en la que los hijos de las familias mas distinguidas ibéricas, aprendieron las letras griegas y latinas, atrayendo a muchos a su causa: tal fue la famosa <<escuela Sertoriana>> de donde tomo el nombre de la Universidad fundada por Pedro IV y como heredera de ella Plutarco, que nos las describe sucintamente. Por el sabemos, como gracias a estas cualidades de verdadero caudillo, pudo reunir Sertorio el fervor entusiasta de lusitanos, Celtíberos, ilérgetes de los que fue su general y estratega y habilísimo en el arte de la guerra ibérica (guerrillas). Su poder de sugestión, fue también muy hábil (se hacía siempre acompañar de una blanca cervatilla de quien fingía recibir consejos). De esta manera, contando con la adhesión de los iberos, en la que tanto se distinguió Osca, Quinto Sertorio en España (que él llamó su segunda patria), pudo sostenerse 10 años (años 82 a 72 antes de C.) con fortuna contra hábiles y poderosos generales romanos, Metelo y Pompeyo, y únicamente una conjuración tramada por otro proscrito romano, Perpena, consiguió dar fin con el ilustre caudillo, que murió asesinado en un banquete. Muchos de los españoles iberos tan incondicionales fueron de Sertorio (la <<devotio>> ibérica) que prefirieron la muerte para no sobrevivir a su general. Se ha discutido mucho en que lugar pudo cometerse la gran iniquidad y crimen que terminó con aquel hombre que pudo crear una España romanizada, independiente de Roma. Desde luego, dada la adhesión inquebrantable que siempre le demostró Osca, es imposible que los conjurados buscasen la consumación de su crimen en ciudad tan adicta. Pero Osca, centro de aquella provincia de la España Citerior, guardó religiosamente el recuerdo del gran caudillo, bienhechor que tanto la había enaltecido y pronto tuvo ocasión de demostrar su odio contra los asesinos. Pocos años gozó de paz España. Continuaban en Roma las rivalidades entre generales y políticos ambiciosos, que aspiraban al poder en aquellos tiempos de decadencia de la República. Tras los años del primer triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) muerto el último, estalló la rivalidad entre los dos primeros, y Pompeyo (uno de los grandes rivales de Sertorio) vino a España (hacia el año 76 antes de C.) de la que fácilmente se posesionó; pero Osca y otras ciudades fieles a la memoria de Sertorio, no quisieron someterse y ofrecieron durante varios años tenaz resistencia que únicamente pudo ser vencida. Pero mas tarde, cuando estalló a su vez la rivalidad entre Pompeyo y Julio César (que vino en persona a combatir a los pompeyanos que en España tenían su fuerza principal) Osca tuvo ocasión de cumplir su venganza por el asesinato de Sertorio. César llegó a España al frente de sus legiones, dispuesto a exterminar de una vez al partido pompeyano. Sienta sus tropas en las llanuras de llerda (Lérida), entre los ríos Cinca y Segre, y encuéntrase en situación apurada por las crecidas extraordinarias de sus cauces y por los intentos de las fueras pompeyanas mandadas por Petreyo, Afaranio y Varron. Pero estando en esta situación comprometida, delegados de Osca y Calagurris (Loarre) llegaron al campamento ofreciendo incondicionalmente su ayuda a César. El gran dictador romano no olvidó nunca ese rasgo de la ciudad y lo mostró dándola el preciado título, que únicamente Roma ostentaba, de ciudad vencedora <<Urbs victrix Osca>>, que ya desde entonces, como el mayor emblema de su historia, Osca conservó siempre el cuño de sus monedas y en las armas de su escudo (año 49 antes de C.). Los triunfos de Lérida y años adelante los de Munda, terminaron para siempre con Pompeyo, sus hijos y partidarios como ellos habían terminado con el genio de Quinto Sertorio el romano que en Osca encontró su ciudad mas fiel.

A partir de estos hechos y en los siglos siguientes hasta las invasiones bárbaras, Osca gozó de la <<Pax Romana>> como una de las mas esclarecidas ciudades de las provincias de Hispania; así la vemos a menudo mencionada en los escritores clásicos, como Lucio Floro, que la alaba por ser una de las últimas que se rindieron a Metelo tras el asesinato de Sertorio, así la mencionan también con palabras de alabanza Estrabón y Patérculo, y Plutarco llega a llamarla << ciudad grande y poderosa>>. Pero de lo que fue esta ciudad en los 600 años de vivir bajo la égida imperial de Roma, muy pocas noticias arqueológicas nos han llegado y desgraciadamente, sus grandes monumentos tampoco ha querido el tiempo legarlos a la posterioridad. Apenas algunas piedras sueltas nos hablan quedamente de la <<Termas>> en el lugar de que ocupa la <<Compañía>>.
Sabemos también que el lugar de la Catedral, fue asiento de algún templo importante, que en la plaza e iglesia de San Pedro, en épocas distintas, se han encontrado cimiento de edificaciones importantes de estilo romano, así como el brazo de alguna estatua gigantesca y los mosaicos medio destruidos de alguna mansión... ¡pero que restos mas pobres para los elogios de los escritores latinos destinados a la ciudad sertoriana!.

Los estudios modernos tampoco han dado gran luz recomponer aunque sea con la imaginación el plano de la <<ciudad vencedora>>. En ella estuvo la ceca monetaria mas importante de España y de sus tipos de monedas imperiales acuñadas en Huesca ha llegado hasta nosotros, pero con caracteres ibéricos, siete tipos distintos en 25 monedas, siendo, según referencia de Tito Livio, muy estimadas y solicitadas en la misma Roma <<argentum oscense>>. Dos de las principales <<vías>> o calzadas romanas pasaban por la ciudad (algunos de cuyos recuerdos y vestigios aun se conservan en el viejo camino de San Jorge); Huesca era la 9ª. Mansión en la vía militar que de los Pirineos marchaban a León. Y a su vez, la 18ª de la gran vía que unía Astorga o Tarraco.

HUESCA, CRISTIANA Y VISIGODA.

Al calor de la sociedad y de la vida cultural y pacífica de la dominación romana la semilla cristiana se propagó rápidamente por toda la región del Ebro y dejando o los tiempos apostólicos (venida de Santiago y sus discípulos) en los que esta mezclada la Historia con la leyenda, es sin embargo indiscutible que ya en el siglo III una gran parte de la provincia tarraconense a la que pertenecía Osca estaba evangelizada y antes la semilla cristiana, había fructificado en varones oscenses que dieron su sangre por la nueva fé (véase iglesia de San Lorenzo y San Vicente (compañía). En los primeros concilios nacionales, tales como el de Elvira (Granada) en (314) a los que les suceden los de Zaragoza (380) y Toledo (400), asiste un obispo <<de Fibularia>> que según el gran historiador moderno de la Iglesia Española (el jesuíta P. Villada) lo cree de una ciudad hoy desaparecida cercana a Huesca, junto a Loarre y que probablemente se extendería en el Término del actual pueblecito de <<Concilio>> junto a Riglos, cuyo nombre parece confirmarlo. El hecho de que la cristianización fuese realizándose siguiendo los comarcas atravesadas por las grandes calzadas romanas demuestra la pronta cristianización de Huesca y su comarca; que ha venido a confirmarlo además los nuevos descubrimientos de algunas primitivas necrópolis de tipo paleocristiano (monte Cillas en Fantova). Las persecuciones en España como en todo el mundo cristiano no fueron mas que la semilla de una captación total de la sociedad, y Huesca pudo siempre ufanarse de haber dado dos de los más gloriosos nombres al Martirologio cristiano: según testimonios contemporáneos, San Lorenzo y San Vicente fueron hijos de Osca, martirizado en la Roma del emperador Valeriano, el uno en el terrible suplicio de la parrilla y el otro en Valencia bajo la persecución de Diocleciano. Osca que les dio la vida, nunca pudo conservar las reliquias sagradas de sus cuerpos, venerados en la ciudad Eterna (Basílica de San Lorenzo), y en la risueña ciudad del Turia..

Cuando en los comienzos del siglo V los guerreros visigodos entran en la península atravesando los Pirineos, comienza para la historia de la ciudad de Huesca un largo período de oscuridad, que apenas deja algo entrever hasta las invasiones árabes tres siglos mas tarde, en 712.

De la ciudad en su pasado visigodo solo algunos destellos se han llegado. En su aspecto espiritual, el gran historiador P. Fita nos ha dado los nombres de algunos de los obispos oscenses, que demuestran primeramente la antigüedad de la sede oscense (tales Elpidio, Pompeyano, Vicente y Gabino) pero nada sabemos de sus hechos ni de la ciudad cuya vida espiritual rigieron. Y si del aspecto personal, pasamos al material, tan solo algún capitel, quizás solo la suposición de algunas basílicas visigodas en lo que mas tarde fue orgullosa mezquita <<La Misleida>> de los musulmanes (catedral) y el hecho de la conservación de la iglesia de San Pedro <<el viejo>> bajo la dominación agarena, que nos hace pensar en su existencia anterior, bajo el poder de los soberanos visigodos de Toledo. Es de suponer, dada la poca influencia del elemento germano en la península, que si exceptuamos la clase noble en donde encarnaba el poder, la población oscense con sus caracteres de hispanidad, romanizada y cristiana, continuó con los mismos aspectos con que había vivido en el bajo imperio romano y en los siglos visigodos.

HUESCA MUSULMANA.

En los comienzos del siglo VIII el poderío de los visigodos se derrumba por dos causas: normalmente deshecho por sus odios y luchas intestinas que habían debilitado extraordinariamente su poder interno y por la fuerza de las armas del nuevo elemento musulmán (mezcla confusa de razas muy distintas: árabes, berberiscos, eslavos, sirios, etc.) La península cayó rápidamente en poder de ellos. No conocemos en que condiciones Huesca se rendiría, la historia no nos da pormenores de ella
Solo nos dicen los historiadores árabes que Muza y Tarik conquistaron toda la región meridional del Pirineo, sin que sepamos la resistencia que en ella se encontraron. Lo indiscutible es que a partir de entonces Huesca es ciudad mencionada dentro del islam, punto muy importante de la llamada <<Frontera Superior>> por los árabes, ya que mas allá de la sierra de Guara no se puede afirmar que hubiese dominación musulmana en estado permanente: los habitantes del Pirineo que no fueron muy sumisos a los visigodos, continuaron con su mismo espíritu indomable frente al islam. Huesca, pues, se encontró en el punto de intercesión donde terminaba el mundo mahometano, frente a regiones de montañeses indómitos (elemento primario de los que luego fue estados cristianos pirenaicos de la reconquista) y al lado de los estados francos que bajo Carlomagno y sus descendientes soñaron siempre en el dominio del Valle del Ebro, poco islamizado y con una población solo en la apariencia sumisa al poder de los emires y de los califas: vería por ello desfilar antes sus muros ya ruinosos de la Osca romana, las huestes aguerridas de los francos, de los emires, y de los hombres del Pirineo.

Lo que si es indiscutible, que dado lo heterogéneo del elemento invasor, Huesca como Zaragoza se vio dominada por elementos árabes puros, libre de las rebeliones, devastaciones y crueldades de los bereberes, como en otras regiones españolas, dando a su población dentro de la sociedad musulmana, dos notas esenciales: un carácter de selección y de aristocracia que siempre distinguió a los musulmanes de la cuenca del Ebro, y la independencia mas o menos encubierta con que vivió toda la región, respecto a los soberanos de Córdoba, en los casi cuatro siglos (720-1096) de vida mahometana.

Dos hechos dolorosos y mencionan a Huesca en el siglo IX, y los dos en relación con la población cristiana-mozárabe que vivía bajo el dominio de los emires: el primero, es en Toledo: los mozárabes toledanos negaban obediencia al emir y este se vengó enviando como gobernador a un oscense cruel <<el renegado Anrús>> que atrajo a su palacio a los principales toledanos, invitándoles a un festín y conforme llegaban eran decapitados en el foso de la fortaleza. Tal fue la matanza conocida en la Historia con el nombre de <<Jornada del Foso en Toledo>>, inspirada por un hombre de Huesca, y que siglos mas tarde, en ambiente cristiano, tendría su repetición dentro de la ciudad, con la sangrienta <<campana de Huesca>> en circunstancias muy parecidas. El segundo hecho es el martirio, por el valí de Huesca Zumahil, de aquellas dos doncellas Nunila y Alodia, que prefirieron el martirio a la abjuración de su fe cristiana, viniendo a aumentar la gran fila gloriosa de mártires mozárabes. Aun hoy el lugar de su martirio se llama en Huesca el << Tozal de las mártires>>.

La historia de la ciudad siguió siempre unida a las vicisitudes de Zaragoza, y así cuando en el derrumbamiento del Califato, créase en toda la región el reino moro de Zaragoza dominado sucesivamente por los Tochibies y los Beni-Hud (con sus famosos reyezuelos-taifas, Culeiman, Moctádir, Mutamin y Mostaín); que desde la muerte de Almanzor (1002) vieron con temor los deseos de los caudillos pirenaicos de apoderarse de la ciudad del Isuela, que si hemos de creer a los cronistas árabes, gozaba de un gran prestigio e importancia. Y sin embargo carecemos de noticias concretas del aspecto de la <<Huesca mora>>. Sabemos que estaba rodeado de ancho foso, que quizás la vieja ciudad romana que se extendía en ambas márgenes del río, se debió ir concretando poco a poco alrededor de la colina de la antigua acrópolis (casco viejo de la ciudad), ante el temor de las <<razzias>> y algaradas constantes de un perenne estado de guerra; el recinto amurallado nos lo describen con amplios fosos, 99 torreones y una impotente alcázar (hoy instituto) y seminario <<Zuda>> residencia del walí o gobernador. Sabemos también (porque hasta hace relativamente pocos años subsistió la mayor parte de su recinto amurallado) que tenían varias puertas la ciudad flanqueados de torreones para su defensa, nombres algunos conservados en el lenguaje popular al lugar que ocupaban: tales la de <<Ramian>> (hoy plaza de Lizana) la de la << Alquibla>> (o mediodía, comienzo de la actual calle de Ramiro el Monje) que tenía dos torres y fue derribada a mediados el siglo pasado, la del <<Alpargán>> (calle de mozárabes), etc. Tenemos también noticias por los cristianos que lograron volverla cristiana, que nos hablan con orgullo (propio de conquistadores) de la famosa <<Misleida>> la mezquita mayor que ocupaba el lugar de la actual catedral y que ellos la creían de los mejores de España. Fueron también muchas otras mezquitas las que se encontraban dentro de la ciudad musulmana, tal la de la Zuda (seminario), la que luego fue iglesia de San Martín (derruida) etc. Es también indudable que como era costumbre en las ciudades musulmanas la mayoría de las gentes de religión distinta ocuparían barrios aparte, así el de San Pedro el viejo dentro del <<mozárabe>> y el hoy llamado <<barrio nuevo>> que fue la antigua <<judería>>.

LA CONQUISTA (1096).

Al finalizar el siglo XI la decadencia militar y guerrera de los reinos de Taifas y el empuje de las armas cristianas, presagiaban el fin de la dominación agarena en el valle del Ebro: Huesca agonizaba en su vida musulmana. El gran Caudillo pirenaico Sancho Ramírez (el segundo soberano del diminuto reino montañoso de Aragón) incansable en su deseo de dominar la tierra llana, llevaba varios años devastando las comarcas y obligando a los <<walís>> de Huesca a pagarle la tributación anual en moneda oro (parias). Pero el sueño del gran rey era el dominio del Somontano, el poder trasladar el centro político de su reino de Jaca, metida entre montañas, a la ciudad de Osca, que presagiaría el próximo dominio de la gran Zaragoza, la suspirada <<ciudad blanca>> de los cronistas árabes. Para ello necesitaba tomar los fuertes castillos de la sierra de Guara, que eran las avanzadas del reino moro y la mejor defensa de la ciudad. Sancho Ramírez, siempre dispuesto a la lucha, fue dominado con sus huestes aguerridas las famosas fortalezas de Loarre, de Alquézar y de Marcuello, y desde ellas concentró los puestos de resistencia necesarios para preparar la rendición de la ciudad. Cuando tuvo castigada la tierra y dominada gran parte de los Somontanos de Huesca y Barbastro puso sitio a la ciudad, no sin levantar antes un gran castillo (1085) sobre los altos que dominan la <<Hoya de Huesca>>, tal fue la famosa fortaleza de Monte Aragón, que una vez cumplida su misión guerrera, fue convertido en abadía, al igual que sus hermanos de Alquezár y Loarre (bonitas excursiones a los alrededores de Huesca). No era empresa fácil el dominio de Huesca, no solamente por el gran poder del taifa o reino moro de Zaragoza (uno de los mas fuertes de la España musulmana), sino también porque Castilla (siguiendo su tradición) soñaba con la unidad peninsular y no había renunciado a ser ella la conquistadora del valle del Ebro: el sitio de Huesca se presentaba difícil, había que luchar contra una ciudad de grandes defensas y bien abastecida y era de esperar que los musulmanes oscenses contrarían con la ayuda de los zaragozanos y de los ejércitos cristianos de Castilla por ser tributaria de este reino. El sitio duró mas de treinta meses, y Sancho Ramírez no pudo ver coronada en vida, su gran empresa a pesar de su arrojo y de su voluntad de no vacilar hasta su conquista. Se ha creído durante mucho tiempo que encontró la muerte, en un reconocimiento de la muralla, de un saetazo disparado desde la barbacana, y aún en Huesca una de las colinas de su lado N. se llama en recuerdo de ello <<el pueyo de D. Sancho>>, porque en el murió dentro del campamento del ejército sitiador (que ocupaba una alquería) el gran rey, verdadero forjador del reino aragonés. Sin embargo, modernas investigaciones han demostrado que no fue de saeta la muerte de D. Sancho, sino de enfermedad natural, lo que no quita que encontrase la muerte en el medio que vivió, rodeado de sus guerreros y en la tienda real de su campamento. Tras su traslado a Monte de Aragón (y mas tarde a San Juan de la Peña) su hijo Pedro se propuso cumplir los deseos de su padre, que según la tradición en su mismo lecho mortuorio le hizo juramento de no levantar el sitio hasta la rendición de la ciudad. Y Pedro I lo cumplió.

ALCORAZ.

El sitio llevaba ya mas de dos años, y a pesar de las privaciones y del terrible cerco, la ciudad no se rendía, confiando en recibir refuerzos de Zaragoza. Al fin estos llegaron. Los cronistas nos cuentan que cuando la vanguardia que iba a socorrer a Huesca llegaba a Zuera, aún la retaguardia no había salido del barrio de Altabás, en Zaragoza, sin duda con exageración. Pero lo que es indiscutible es que era un gran ejército, en el cual Mostaín de Zaragoza no solo enviaba todas sus fuerzas en auxilio de su ciudad querida, sino que con ellas iban muchas huestes castellanas (los condes de Nájera, García Ordóñez y el de Lara y Osma, Gonzalo Núñez) en ayuda de sus tributarios moros de Zaragoza enviados por Alfonso VI de Castilla, que precisamente iban a guerrear contra fuerzas cristianas como ellos, lo que demuestra las circunstancias especiales de la política guerrera de aquellos tiempos en los reinos cristianos. Pedro I, el joven monarca, prepara sus huestes para impedir la entrada del ejército auxiliar en la ciudad sitiada. Le acompañaba y era de los que mas sobresalían por sus dotes guerreras, su hermano Alfonso que habría de ser mas adelante el conquistador de Zaragoza y que por su carácter guerrero llevara el sobrenombre del <<batallador>>. El encuentro tuvo lugar en los llanos de Alcoraz (al sur de la ciudad, junto al llamado ahora cerro de San Jorge) y es una de las batallas mas gloriosas de la historia de Aragón: (martes 18 de noviembre de 1096). El encuentro debió ser terrible, pues testigos presenciales dan a los ejércitos un contingente superior a los 20.000 combatientes cada uno. El conde castellano García Ordóñez conminó al rey aragonés a que dejase libre a Huesca o no saldría con vida del encuentro- pero este había recibido refuerzos inesperados, pues muchos aragoneses de los pirineos se presentaron en el campamento cristiano con importantes contingentes de combatientes dispuestos a luchar; así el famoso Fortuño, vasallo que había sido desterrado años antes, que presentó con mas de 300 peones y diez cargas de mazas de Gascuña que el rey aceptó con el consiguiente perdón. Se distinguieron por su valor Gastón de Biel, Barbatuerta, Féniz de Lizana, Pedro de Bergua, en la vanguardia, junto al Batallador; Ximénez Aznárez de Oteiza y Sancho Vita, en la retaguardia.

Los cristianos atribuyeron la gran victoria a la intervención de un fuerte adalid desconocido de todos que se habían presentado inopinadamente en el campo aragonés y sembró la muerte y el exterminio con los mandobles de su espada. Tal es la leyenda de San Jorge en Alcoraz, en cuyo honor se levanta la ermita cercana a la ciudad y también a su fama debido al cambio de escudo de Aragón, que desde entonces sustituyó a la cruz, las cuatro cabezas moras de Walís moros, que según la tradición, contra su espada terrible. Perdidas las esperanzas, la población de Huesca se rindió con discreción ocho días después al rey Pedro (26 de noviembre de 1096). El cerco había durado dos años, siete meses y 21 días. Para Aragón abandonaba su cuna pirenaica y el dominio de Huesca le anunciaba para muy pronto la conquista de todo el valle, que realizaría Alfonso, uno de los principales héroes del triunfo de Alcoraz.

Tomada la ciudad con la alegría triunfal de los vencedores y de los mozárabes, pronto se convirtió en el centro político y guerrero del reino aragonés. El palacio de la Zuda fue el asiento del Alcázar de los reyes, la capilla de el paso a la jurisdicción de abad de Montearagón, la mezquita mayor fue convertida en catedral (después de las grandes ceremonias de su purificación) donde al fin tuvieron su sede los obispos que durante siglos habían tenido que emigrar constantemente en Sásave, Siresa, Jaca, etc. Las condiciones de los vencidos fueron desde luego duras como duras habían sido las jornadas necesarias para su dominación.

Pero Pedro I, vivió ya pocos años y amargado por las desgracias de sus dos hijos que murieron conjuntamente, el también encontró la muerte prematura, siendo llevados sus restos a San Juan de la Peña, último monarca que allí en la cueva santa encontró su descanso. Su hermano el Batallador, fue el hábil continuador de sus gestas de Alcoraz. Puso todo su empeño en la conquista de Zaragoza, y contra ella también levanto un castellar al modo que Montearagón sobre Huesca, que aun hoy, completamente derruido, da sin embargo denominación a una comarca cercana a Zaragoza. Su obra fue la propia de un cruzado, incansable en la lucha, dominador de toda la tierra llana (Ebro, Jalón y Jiloca) que en verdadero alarde de facultades y valor, llevó sus huestes a la gloriosa mas que efectiva, expedición hasta el mar de Granada por centenares de Kilómetros de tierra musulmana. Su desgraciado matrimonio con Urraca de Castilla, le impidió adelantar la unidad nacional y buscar la cooperación de las armas castellanas. Encontró la muerte en los muros de Fraga en lucha contra los nuevos invasores almorávides, ola africana en socorro de los derrotados musulmanes españoles. Huesca tiene la gloria de poseer su cuerpo, que durante muchos siglos descansó en el vecino monasterio de Montearagón, en donde el había empezado su vida de guerrero glorioso. El tercer hermano, monje en Tomeras, contra su vocación y voluntad, tuvo que renunciar a la cogulla por el cetro, pero cumplido este deber, salvaba al reino de Aragón.

HUESCA Y RAMIRO II.

Huesca alcanzó su máxima popularidad en aquellos años que fue corte y retiro de Ramiro II, que sin duda tuvo por ello afecto entrañable. Sabido es los trastornos y rebeliones que la nobleza feudal ocasionó, aprovechándose de lo que creyó debilidad del <<rey cogulla>> y de su carácter pusilánime.

No tenemos noticias muy concretas de aquellos momentos críticos que siguieron para Aragón cuando el rey Batallador moría de los resultas de sus heridas de Fraga (probablemente en Almuniente), pero la situación no podía ser mas apurada. Los navarros proclamaron soberano, separándose nuevamente. Castilla amenazó las fronteras del Ebro y el reino se debatía en la anarquía de una nobleza que creía llegado el momento oportuno al logro de sus privilegios y poderío. Ramiro, saliendo del claustro, logró conjurar todos los peligros, excepto la separación Navarra, que era muy superior a él. A Castilla pudo contenerla por medios conciliadores y en la nobleza, impuso un castigo ejemplar, que terminó con el estado latente de rebelión. Todas las noticias que tenemos sobre la famosa <<campana de Huesca>> son las cortas líneas de la crónica llamada << los Anales toledanos>>, que escuetamente dice <<que en aquel tiempo, mataron a las potestades de Huesca>>. Pero en que circunstancias, que con motivo, de que manera fue inspirado el castigo, quienes eran esas potestades todo ello ya ha sido el ropaje puramente literario y popular que los siglos posteriores crearon en relación con el hecho. (véase en el instituto de 2ª enseñanza la <<mazmorra de la campana>>).

Ramiro comprendió también que el problema de Aragón, era asegurar la sucesión con un heredero, y para ello no dudó con la licencia pontificada necesaria, el casarse con Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa, con quien estaba relacionado por haber vivido en Tomeras) y de este matrimonio nacía poco después una niña, Dª Petronila, que fue prometida al Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Cumplido todo ello en los tres cortos años de su reinado (1134-1137) entregando el poder a su yerno, volvióse a la vida monacal, aunque no por eso se dejó de titularse rey. Allí en el claustro de San Pedro el viejo, que el transformó dándole el carácter que ahora contemplamos a su claustro y parte de su iglesia, vivió aun cerca de veinte años, en los que pudo gozar en el retiro de su celda al ver el acierto de su labor que unía el Aragón austero y guerrero con el espíritu comercial y expansivo de Cataluña.

HUESCA MEDIEVAL.

A pesar del cambio de dinastía con el advenimiento de la Catalana, Huesca siguió teniendo a lo largo de los siglos medievales, y especialmente en aquel siglo XII, una gran importancia entre las ciudades de la corona de Aragón, y todos su soberanos vivieron en su alcázar muchas temporadas, lo que trajo que no pocos acontecimientos tuviesen su escenario en Huesca. Así, en ella nació el primer soberano de la dinastía catalana, Alfonso II. Precisamente este monarca, casado con la santa reina D.ª Sancha de Castilla, fundaron en 1188 el famoso monasterio de monjas sanjuanistas de Sigena (apuntense a Excursiones) del que fue priora la reina y donde murió en olor de santidad.

También fundaron estos monarcas la iglesia de Nuestra Señora de Salas, en las cercanías de la ciudad, en los primeros años del siglo XIII, que mas tarde cantaría en la sencillez de sus <<Cántigas>> las trovas del rey Sabio, Alfonso de Castilla.

Huesca vio nacer en su reinado unió la empresa guerrera de la reconquista (dominio de la meseta turolense y aprestamiento para defenderse de la nueva invasión almohade) juntamente a la hegemonía de Aragón en los estados feudales del mediodía de Francia, en donde precisamente encontró en la batalla de Muret en defensa de sus vasallos la muerte luchando contra los crueles cruzados de Simón de Monfort. Su cuerpo llevado por sus guerreros, fue traído a Huesca, para sepultarle mas tarde en Sigena.

Los años turbulentos de la menor edad de Jaime, el futuro rey Conquistador, turbaron también la vida de la ciudad: recogido para su educación y custodia en el cercano castillo de los Templarios de Monzón, vio turbada su infancia por la anarquía de los nobles, principalmente del infante D. Fernando, abad de Montearagón, deseoso de la corona. A favor del abad se había puesto las ciudades de Zaragoza, Jaca y Huesca y en ocasión que D. Jaime, aun muchacho, se acercó a la ciudad para venerar a la Virgen de Salas de quien fue muy devoto, los oscenses le rogaron que entrase en la ciudad para prestarle obediencia. A los festejos y aclamaciones de su entrada, sucedió por la noche el motín de los sublevados. A pesar de sus deseos de calmar al populacho y de arengarle pronto comprendió Jaime I que era prisionero de sus vasallos instigados por su tío D. Fernando. Pero en un noche de Marzo, cuando en el alcázar (hoy instituto) se aparentaba preparativos, como para festejos, el joven rey, cubierto de sus armas y acompañado de tres leales bajando por la vecina puerta de San Miguel y amenazando a la guardia del rastrillo, se hizo abrir paso y se alejó al golpe de su caballo. Un año después, en Pertusa, firmaba la concordia con su tío. Y sin embargo Jaime I, el gran conquistador de Baleares y de Valencia, tuvo siempre un gran afecto a Huesca, como lo prueba las diferentes veces que en ella convocó Cortes.

Nada menos que once veces en la Edad Media se reunieron en Huesca las Cortes del reino y siempre en ocasiones que las circunstancias las hacían solemnes. En 1134 para legitimar Ramiro II su coronación, y en 1136 para deponerla en las sienes de su tierna hija. Esta, años mas tarde, Dª. Petronila, ya viuda, las reunió en 1162 a los aragoneses y catalanes para leer y cumplir el testamento de su marido; en 1179 las convocó en Huesca, Alfonso II, para dilucidar cuestiones fronterizas en Castilla, así como en 1188 por asuntos y agravios referentes a Navarra. Tres veces las presidió Jaime I, La primera al principio de su reinado debido a las cuestiones turbulentas de la nobleza y al buen gobierno del reino, pero de mayor importancia fueron aún las generales de 1147, en donde se hizo la famosa complicación de los fueros de reino <<Compilación de Huesca>> en ocho libros y que se debió a la sabida intervención del gran obispo oscense D. Vidal de Canellas, y en las cuales se levantaron las primeras censuras y voces contra los <<juicios de Dios>> y las terribles pruebas del agua y del fuego y de otras supersticiones medioevales. La últimas que se celebraron en 1285 dieron lugar a escenas tumultuosas entre la nobleza, principalmente zaragozana, y Pedro III, y mas tarde las de 1286 que ya fueron el anuncio de la ruptura entre Alfonso II con las exageradas pretensiones de la <<unión>> (aristocracia feudal). Después de estas no volvieron a reunirse en la ciudad de Huesca.

Tenía Huesca en todas las Cortes del reino, un sin número de prerrogativas. En el brazo eclesiástico que se sentaba en los bancos a la derecha del rey, en el centro lo ocupaba el arzobispado de Zaragoza, pero su derecha era el asiento del obispo de Huesca; y así mismo los procuradores del cabildo oscense, solo cedían precedencia al cesaraugustano; en el brazo de los concejos el segundo era Huesca (después de Zaragoza, pero antes de Jaca, Calatayud, Daroca, Teruel, etc.) sentados en frente del monarca.

Durante los disturbios promovidos por <<la unión>> con las exageradas pretensiones de la nobleza que fue verdadera rebelión armada y organizada por los magnates del reino, queriendo aprovecharse de las circunstancias especiales en que se encontraba el monarca, empeñado en la guerra de la conquista de Sicilia, en la excomunión pontificada y en la invasión francesa, se vio precisado a concederles el privilegio de la Unión, que fue germen de su sin número de abusos y de un estado latente de anarquía. En estas circunstancias, el Alto Aragón que tenía un carácter eminentemente aristocrático, estuvo en frente de la corona mientras las tierras turolenses asientos de las mas famosas comunidades de concejos (Calatayud, Daroca, Teruel), se mantuvieron al lado del soberano. Huesca sin embargo hizo honor a su nombre y a pasar de los deseos de los señores feudales y de sus halagos, demostró una entereza y una rectitud, ayudando al monarca, digno de todo elogio. Estando por ello en Alcañiz el rey Pedro IV, en 1354, amante de Huesca y hondamente agradecido a la ayuda prestada contra los unionistas, fundó en la ciudad (y para ello dio gran parte de su alcázar) el famoso estudio General o Universidad que llevo el nombre de <<Sertoriana>>, en recuerdo de la que aquí había fundado el gran patricio romano. Fue la segunda, después de la Lérida en los estados de la Corona de Aragón, y a ella se la dieron un gran número de privilegios, creándola por el mismo consejo de la ciudad.

Después de la muerte del rey D. Martín (de quien fue siempre leal consejero y hasta su embajador en Aviñón el obispo de Huesca Juan de Tauste), vino el famoso interregno que terminó en el llamado compromiso de <<Caspe>>. Se promovieron grandes disturbios entre los pretendientes de la corona, pero Huesca supo conservarse neutral a pesar de las devastaciones de su comarca por los huestes de D. Antonio de Luna, que tenía sus centros en Montearagón y en Loarre. Al fin se buscó la solución encargándose a tres parlamentarios de Aragón, de Cataluña y de Valencia. De los tres aragoneses, uno precisamente fue el obispo oscense D. Domingo Ram, que con San Vicente Ferrer, fueron los defensores del infante castellano D. Fernando de Antequera, cuya candidatura al fin, prevaleció por seis votos, dos en contra una abstención. Huesca fue de las primeras ciudades que levantaron su pendón gozosamente.

Su historia, a partir del siglo XV, ya es mucho mas conocida, por los que haremos una somera relación.

La expulsión de los judíos la perjudicó grandemente como a todas las viejas ciudades de España. Pero los Reyes Católicos y en especial Fernando, sintió gran veneración por la ciudad patria de San Lorenzo, a quien regaló un magnífico retablo para su basílica, obra de su gran pintor de cámara Pedro de Aponte.

HUESCA Y SU APOGEO CULTURAL.

Sostuvo siempre Huesca hondas rivalidades con Zaragoza, principalmente por el deseo de esta de instaurar una Universidad, que vulnerase los privilegios que gozaba la <<Universidad sertoriana>> que era el mayor orgullo de la ciudad, ya que tenía la exclusividad en los derechos para enseñar Artes y Filosofía conjuntamente con otras materias como Teología y Medicina. Precisamente por entonces aumenta su fama con la fundación del Colegio Mayor de Santiago, que alcanzó de Carlos V el título de imperial y que luego (aunque menores, lo que fue causa de grandes rivalidades) se fundaron otros como San Vicente, San Bernardo, etc; así mismo se fundó siguiendo las instrucciones del concilio de Trento (y algunos aseguraron que fue el primero de España) el seminario, para el cual se dio los locales de la vieja Zuda. En este siglo (1580) escribió en la ciudad una de las obras mas sublimes de la mística española, <<libro de la conversión de la Magdalena>>, Fr. Pedro Malón de Chaide, siendo prior del convento de agustinos de Huesca; y otra priora, también poetisa, Ana Francisca Abarca de Bolea (de la familia de los condes de Aranda), concurría a los certámenes literarios de Huesca y Zaragoza y a todos maravillaba por su sabiduría y por la delicadeza de su estilo literario. Pero nunca fue superada la fama literaria y artística de Huesca sino en tiempos de Lastanosa (siglo XVII), gran mecenas de las artes y las letras, y en cuyo palacio del Coso, verdadero museo, celebrado y conocido en toda Europa, se hospedó Felipe II y su Corte.

Felipe II que levantó el monumento simbólico del espíritu imperial de la Hispanidad dedicado a San Lorenzo en el Escorial, no pudo olvidar la patria del gran mártir y mucho contribuyó a su renovación basilical y al levantamiento del santuario de Loreto en las cercanías de Huesca, obra que encargó los planos a su gran arquitecto escurialense Herrera.

La expulsión de los moriscos en los comienzos del siglo XVII debió dejarse de sentirse en la población oscense, ya que el mismo obispo de aquel tiempo, Monreal, concedía indulgencia para que el pueblo dejase de mencionar a la <<morería>> y lo denominarse <<barrio de San Martín>>, como igualmente ocurrió con otras denominaciones arabizadas o judaizantes.

Los grandes acontecimientos nacionales llevaron siempre su repercusión a la ciudad: así recibida la noticia en 1592 de la entrada de los franceses por los Pirineos, Huesca se armó rápidamente con clérigos y frailes y marchando al frente el mismo obispo de la ciudad, se dispusieron a la defensa.

HUESCA EN LOS TIEMPOS MODERNOS.

Durante la guerrera de sucesión española, Huesca, como casi todo Aragón, bajo la influencia histórica de Cataluña se pusieron en principio al lado del bando del Archiduque en 1706. Pero bien pagaron sus vacilaciones con la perdida absoluta de sus libertades, después de haber estado fluctuado en el bando borbónico y en el austriaco, tras la victoria definitiva de Felipe V en Almenar.

Durante la guerra de la independencia el fervor patriótico del pueblo le llevó a cometer excesos sangrientos: tal fue el linchamiento del gobernador don Antonio Clavería por suponérsele afrancesado. El mariscal francés Suchet tomo entonces a Huesca y devastó todas las comarcas altoaragonesas, no sin tener que luchar con gran número de guerrillas levantadas por toda la región, principalmente la del guerrillero Felipe Perena, hijo de Huesca quien al frente de un tercio de la ciudad acudió a cubrirse de gloria en los sitios heroicos de Zaragoza, quedó completamente abatido Aragón, pero D. Felipe Perena siguió hostilizando incansable a los ejércitos imperiales, hasta el punto que solo para destruirle el mariscal Lannes envió una columna al mando del general Mortier, y el guerrillero oscense los hizo retroceder y encerrarlos en Huesca después de su triunfo en Santa Eulalia la Mayor.

En las guerras carlistas fue Huesca centro de distintos acontecimientos: por Agosto de 1835 pasó por Huesca la columna carlista de Gorgue, pero el triunfo alcanzando en Angües por las tropas liberales mandadas por el brigadier Conrad, libró a Huesca de caer en poder del pretendiente. En 1836 se proclamó con gran entusiasmo la constitución de 1812, cuando de nuevo se vio amenazada por los cuerpos carlistas de Torres y Montbiola, Huesca, levantada militarmente en un entusiasmo liberal, colaboró a la derrota de los carlistas en Casbas, que libertó nuevamente a la ciudad; mas adelante, el ejército del pretendiente, mandado por el infante D. Sebastián, se apoderó de la ciudad en la primavera de 1837. pero Irribarrem, al frente de las tropas isabelinas, le salió al encuentro, siendo derrotado y muerto en esta acción, llamada <<la batalla de Huesca>> que fue muy sangrienta: D. Carlos, el pretendiente, que había ocupado al fin de la ciudad el 24 de Mayo de 1837, forzó a los generales Irribarren, Diego de León y Navarrete aceptar el encuentro en malas condiciones y con número inferior de tropas, pero los dos encontraron la muerte, el uno en el mismo campo de batalla, y el otro, de las heridas, días después, en Almudévar, mas de mil muertos costó a la acción entre los dos ejércitos, pero los carlistas tuvieron que evacuar la ciudad, no sin dejar en ella mas de 150 heridos, que fueron muy humanamente tratados por la población y los isabelinos. Al año siguiente volvió a alarmar a Huesca la entrada de la columna Carlista de Tarragual, pero no llegó a ocupar la capital, pasando de largo, tras abastecerse.

A su vez las convulsiones y pronunciamientos políticos tuvieron tristes repercusiones en la ciudad. El pronunciamiento de 17 de Septiembre de 1843, en Zaragoza, llegó hasta Huesca, pero el partido progresista fue batido muy duramente. En el movimiento liberal de 1848 entró por Francia el general Ruiz y en Huesca D. Manuel Abad, que se tituló <<capitán general de los ejércitos del Alto Aragón>> y había organizado una facción republicana, pero perseguido por una división del ejército de la reina, fue fusilado con algunos compañeros en Huesca. En 1856, con la caída de Espartero, hubo sublevación en Zaragoza y otras capitales, entre ellas Hueca, que fue rápidamente dominada por el general Dulce. Ya a partir de entonces, Huesca ha gozado de una vida tranquila y laboriosa, en la que con gran perseverancia ha procurado levantarse de su postración y decadencia, época de tranquilidad, sin dejar por ello de acusar las vicisitudes de la vida nacional. Únicamente perturbó su calma en Diciembre de 1930 la cercanía de la columna rebelde de Galán y García Hernández, que fue dispersada en el conato de encuentro de Cillas, a dos kilómetros de la ciudad. Los capitanes fusilados descansan en el cementerio de Huesca, como también el general Las Heras, que encontró la muerte haciendo frente a los rebeldes como gobernador militar de la plaza.

LOS RECUERDOS.

De la Huesca que hemos visto rápidamente desfilar en el bosquejo histórico, de muchas de sus grandezas históricas y artísticas, han desaparecido, debido mas a la desidia y abandono de los hombres que a la obra inexorable del tiempo. Aún en el siglo pasado, los escritores que de ella hablaron, nos recuerdan con cierto orgullo su recinto amurallado, sus 99 torres inhiestas, las puertas de la ciudad vieja. La sed demoledora de un modernismo mal entendido, consumieron, nos habla con nostalgia, de la que fue ciudad poderosamente defendida.

Las leyes desamortizadoras de Mendizábal (1835) acabaron de arruinar muchos de sus monumentos y de los 16 conventos de religiosos, los 10 de monjas y las diversas parroquias, la mayoría vendidos sus bienes, desaparecieron pronto, para no quedar mas que los vestigios y quizás solo el nombre como recuerdo. Así el convento del Carmen (fundado en 1187) destruido por los franceses en la guerra de la Independencia y luego vendido por el Estado; el de la Merced (fundado por Jaime I en 1218) luego colegio Incorporado a la Universidad; el de San Francisco (cuyos restos aún se distinguen en el hoy palacio de la Diputación provincial), el de Santo Domingo, hoy parroquia su iglesia, los Agustinos de la Misericordia; los de Loreto; los Mercedarios, etc. Algunas de las obras de arte que encerraban, fueron a parar al Museo de Bellas Artes.

Pero lo que jamás debió consentirse fue el derribo (¡y menos para levantar una plaza de toros!) de la que fue iglesia de San Juan de Jerusalén, de los Caballeros Hospitalarios, que aun hay oscenses que la recuerdan. Ejemplar interesante del arte románico, digno compañero de San Pedro el Viejo, donde según la tradición, descansaban los restos infantiles del hijo de Ramón Berenguer y Dª Petronila y los cadáveres de los nobles, tan cruelmente castigados en su rebeldía en la famosa campana del rey-monje.

De esta manera, siguiendo la estela de los recuerdos, habría de protestarse en estos últimos años del abandono de dejar arruinarse la iglesia de la Magdalena, ante la indiferencia de todos y hasta con la misteriosa desaparición de su preciosos retablo de Juan de la Abadía (siglo XV), entre el silencio, especialmente de los que estaban mas obligados a su defensa, perdida sensible de Huesca, sin duda para ir a adornar las salas de algún museo extranjero o de algún anticuario sin escrúpulo. Y lo mismo pudiera decirse de las tablas de Aponte de la basílica de San Lorenzo y de tantos objetos impregnados de valor artístico e histórico que Huesca no ha sabido conservar.



Huesca
FIESTAS POPULARES OSCENSES.

A pesar del aire de modernismo que va barriendo paulatinamente los aspectos de carácter popular de las ciudades, pueblos y regiones españolas, Huesca conserva sin embargo algunos festejos de tipicidad, que dan gran carácter a sus fiestas y solemnidades mas importantes. Cronológicamente son dignas de señalarse:
1ª la semana santa, sin duda la mas renombrada y solemne de cuantas se celebran en la cuenca del Ebro. La procesión del santo entierro, con la serie de <<pasos>> monumentales y artísticos (véase iglesia santo domingo), recorriendo las viejas callejas, llenas de carácter y de recuerdos, con sus codos bruscos, sus escalinatas, sus perspectivas medioevales, es sin duda alguna de las mas vistosas y lucidas de España, llamando también la atención la honda religiosidad de los muchos penitentes encapuchados de las cofradías
2.º la romería del día de San Jorge, el <<patronazgo del santo caballero jorge>>, tan celebrado en los estados de la vieja corona de Aragón, en Aragón especialmente y en particular en Huesca. La popular romería que se celebra el día del santo (23 de abril) concurren una enorme multitud de la capital y de los pueblos cercanos a la ermita de San Jorge (Huesca, Alrededores) en el lugar de la famosa batalla de Alcoraz, donde según es fama, con la intervención milagrosa del Santo Caballero, se alcanzó el gran triunfo cristiano que había de traer a los pocos días la rendición de la ciudad musulmana de Huesca.
3.º las fiestas del Patrono de la ciudad e hijo ilustre San Lorenzo, 10 Agosto. (feria y festejos populares) entres las diversas solemnidades con que los oscenses festejan a su patrón, es digno de anotarse la procesión del Santo, que sale de su basílica, en la que detrás de la imagen, van los famosos <<danzantes>>. Es esta una de las costumbres focklóricas mas típicas de muchos lugares del Alto Aragón (morisma, de Ainsa <<baile de la incostancia>> de benabarre, <<danzas>> de Graus, de Sena, etc) indudablemente tiene una reminiscencia guerrera de la reconquista, con dejos de las viejas y seculares luchas entre cristianos y mahometanos. Baile gracioso y de vigo a base de espadas y de puñales como simbólico alarde de defensa de imágenes y dogmas cristianos. Los de Huesca (que solo son de hombres y niños muy vistosamente vestidos) son danzas saltarinas, sin parte hablada (versificación de romances caballerescos) como en otros lugares (Sena, Ainsa, Graus) y van acompañado su ritmo y figuras con el ruido del choque de las espadas. Tienen una gran popularidad, y en toda la carrera de la procesión escuchan las ovaciones clamorosas del pueblo.
4º Finalmente, la verdadera feria de ganados de Huesca, se celebra los días 25 al 28 de Noviembre (san Andrés) coincidiendo con el regreso de los ganados trashumantes que han pasado los meses estivales en los frescos pastos pirenaicos y vuelven en busca de pastos invernales en las bajas estepas aragonesas.



Huesca
Recorrido por el Casco Viejo.

Saliendo enfrente, de los porches de Vega Armijo (centro actual del movimiento de la ciudad), se entra por la calle de la Duquesa de Villahermosa (antes de las mártires Nunila y Alodia), a la plaza del mercado Nuevo, (llamada antiguamente de las Aulas: porque en el edificio de ellas se daba gramática y latinidad, regentada por los jesuítas y controlada y sostenida por la Universidad Sertoriana); todo el centro de la hermosa plaza esta ocupada por el mercado de la ciudad desde 1871, pero tres de sus lados conservan altos y gruesos porches. Por su ángulo Norte, <<travesía de Cortes>> (ilustre capellán del rey católico y muy devoto de las iglesias oscenses) se entra en la plaza de san pedro el viejo, donde se levanta la iglesia de este nombre, uno de los primeros monumentos de la ciudad de Huesca y el de mas claro interés histórico y arqueológico por llevar en sus piedras la gloria histórica del recuerdo de sus mozárabes, bajo la vida islamizada de cuatro centurias, y por ser el lugar santo donde reposa Ramiro II, el <<rey cogulla>> y Alfonso, el rey <<Batallador>>, dos de los mas esforzados paladines, forjadores del reino aragonés. (véase: plano general.)

SAN PEDRO EL VIEJO.

En el lugar que ocupa este monumento venerable, debió existir durante la dominación romana un templo pagano, quizás de carácter gentilicio, junto a una necrópolis. Parece que al realizarse las obras, para la capilla de Santos, urnas, lucernas, etc., y que el gran patricio oscense Lastanosa poseía en su magna casa-museo del Coso un vaso de barro mezclado de oro de estilo romano, procedente del mismo lugar. Igualmente en obras de urbanización a principios del siglo en la plaza aparecieron mas restos con sepulcros y monolíticos tambores o fustes de columnas.

HISTORIA.- La iglesia es una de las mas antiguas de España, aunque el paso de lo siglos la ha ido paulatinamente renovando. Consta documentalmente que ya en el siglo IX los cristianos mozárabes mantenían bajo la dominación musulmana su culto cristiano en la iglesia de San Pedro, dentro del barrio mozárabe o franco. Ello lleva a considerar quizás su origen en la época visigoda. Enclavado en el barrio cristiano, fue el único templo que conservó su carácter cristiano sin ser convertido en mezquita, mereciendo por ello, tras la decisiva batalla en los llanos de Alcoraz y la entrada triunfal de Pedro I, el que juntase en ella a sus Guerreros y prelados para rendir gracias a Dios por la victoria alcanzada. Y fue en ella también en donde sentó su sede el obispo de Aragón, hasta que 20 días mas tarde la mezquita mayor fue purificada y consagrada como catedral. Ya entonces -1096- a San Pedro se le llamaba <<el viejo>>, que demostraba su origen antiguo. Para arreglar querellas a raíz de la conquista, se dio esta iglesia al abad y monasterio de san Ponce de Tomeras (Narbona, Francia, del Condado de Tolosa, entonces enfeudado con Aragón), donación que confirmó el papa Pascual II por Bula de 1107. El abad Frotardo puso en ella Abad y Comunidad, al frente del venerable templo, fue objeto de cuantiosas donaciones.

Durante el año de 1137, el rey de Aragón Ramiro II, tras su corto reinado de tres años, lo suficiente para sacar al reino de la ambición del rey castellano le ponía, cumplido su deber, volvió a retirase a la vida monástica, acogiéndose al monasterio de San Pedro el viejo de Huesca para continuar la de Tomeras, en donde el había profesado desde joven, y que solo había interrumpido para empuñar el cetro. A su nuevo reino religioso consagró la vida, donaciones y rentas: lo mas interesante de lo que hoy queda de su iglesia y claustro a él se le debe. Allí por lo menos vivió mas de 20 años y allí murió, llamándose rey, pero sin inmiscuirse en los asuntos del reino, dirigidos por su yerno Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. Y en el claustro que él levantó encontró el rincón de reposos a su muerte.

Poseía San Pedro el Viejo un sin número de iglesias, con sus diezmos, primicias y pertenencias, que antes habían pertenecido a San Ponce de Tomares; gozaba el abad de jurisdicción casi episcopal y en algunos casos civil y criminal lo cual dio lugar a pleitos y querellas con el obispo de Huesca D. Vidal de Canellas. También se arregló en aquella ocasión la demarcación como parroquia, aunque el carácter parroquial no dejo de tenerlo nunca. La vida monástica del secular monasterio, termina a fines del siglo XV, siendo su último prior el monje Bernardo de Zapila, cuyo sepulcro con estatua yacente se conserva en la capilla de San Bartolomé, del claustro enfrente del sarcófago de Ramiro. Fue su segundo prior, no monacal, D. Juan Cortés (sobrino de su homónimo, capellán del rey católico, y por este nombrado prior) de la familia oscense de Torresecas. Que se distinguió por algunas obras y donaciones que a la iglesia hizo. El priorato fue definitivamente suprimido por el Papa Paulo III a instancias de Carlos V y de la ciudad de Huesca, y sus rentas y jurisdicciones pasaron al Colegio Imperial y Mayor de Santiago que acababa de fundarse.

Los derechos sobre racioneros y beneficiarios pasaron por Bula pontificada adjudicados a la ciudad. De esta manera el antiguo y rico esplendor del famoso monasterio de san Pedro el Viejo fue quedando reducido y pobre, hasta que Felipe II suplicó a S. Pío V que lo redotase de rentas desmembradas del monasterio-abadía de Montearagón, como así se hizo, aunque en compensación fueron impuesta la obligación del cante de las Horas en coro y otras devociones importantes en honor de los santos niños Justo y Pastor, que parte de sus reliquias conserva la iglesia. En 1684 el obispo D. Ramón de Azlor levantó el pórtico que hoy sirve de entrada a la iglesia; al mismo tiempo que se cerraba tapiando la puerta principal que tenía el frente occidental del templo. Últimamente, en 1845, fueron traídos del castillo ruinoso de Montearagón los restos de Alfonso el Batallador, que han venido a unirse a los de su hermano el rey monje, tras una separación de siete siglos. Declarado monumento Nacional en fecha de 1886, ha sido objeto de algunas restauraciones muy poco afortunadas, especialmente en el claustro.

EXTERIOR.- Los recios de su fachada sencilla, ya muestran un carácter medieval, que confirma su maciza torre exagonal, medio derruida hoy, y que es solo un aparte de la que fue esbelta y robusta torre, según nos la describe Aysa, en el siglo XVII. Actualmente en vías de reparación bajo el patronato del Estado. La fachada es sencilla, con solo pequeña cornisa y ventanas a manera de saeteras, dándole un aspecto de fortaleza, que se lo aumenta el ábside, el cual como denota su contemplación no le ha llegado la obra restauradora. El largo pórtico con su cúpula es añadido a fines del siglo XVII por el obispo Azlor. PORTADA: Puerta principal del templo formado por una serie de arcos y archivoltas semicirculares de estilo románico en que no falta el ajedrezado típico de este estilo en tierra altoaragonesa. En su centro se encuentra el Crismon con el PX del monógrama de Cristo y el <<alfa>> y el <<omega>> que simbolizan el principio y fin de todas las cosas, sostenido por dos ángeles y un medallón con pequeño corderillo ( principales del siglo XII).

INTERIOR.- Iglesia de tres naves y cruceros; muy variado debido a sucesivas restauraciones, no recordando, no ya la iglesia mozárabe única en la dominación musulmana, pero ni siquiera el famoso monasterio de la orden de San Benito, donde se acogió el segundo de los Ramiro de Aragón para finalizar su vida religiosa. La cal ha revestido sus muros y arcos, las recias columnas románicas que dividían sus naves fueron desmochadas para dar lugar a recios pilares que desfiguraron su planta primitiva; la misma cúpula cegadas sus claraboyas da nuevas tonalidades luminosas al templo.

Es recomendable que se comienze la vista a los pies de la Iglesia de izquierda a derecha.

Lado izquierda 2ª cap. Lad. Evang. Cap. De los Santos Niños Justo y Pastor (hoy de la comunión) añadida al conjunto de edificio en 1643, aunque duraron por falta de medios 37 años las obras, con algunos frescos claro-oscuros de Tom. Peliguet (por 1566) el arac (que luego fue dorada) que contiene los cuerpos de los infantes mártires, parece (según el P. Huesca) que procedía de la Sinagoga, lo cual no es inverosímil, ya que cuando se trajeron los santos cuerpos, hacia solo siete años de la expulsión de los judíos y en Huesca tenían su <<judería>> o barrio propio y es natural que poseyesen su sinagoga. En la parte baja del altar (de estilo de mal gusto) lienzo de la degollación de los Santos Niños.

LEYENDA.- Justo y Pastor en Cómpluto (Alcalá de Henares) siendo martirizados en tierna edad, bajo la persecución de Diocleciano (s. II) Se pierde el recuerdo de sus restos, durante algunos siglos. Cuenta la leyenda que San Urbez o Urbicio en el s. VIII, en los años de la invasión musulmana, gran devoto de los santos, realizó un viaje a Compluto y recogió los cuerpos llevándolos al valle de Nocito (sierra de Guara) donde él se había retirado a una vida de anacoreta. El santo ermitaño, quiso ser enterrado junto a ellos en la cueva que había sido el abrigo de su vida de penitencia. Efectivamente, los restos se conservaron en Nocito hasta que la Catedral de Narbona (Francia) alcanzó de Ramiro II, gran devoto de aquella iglesia, parte de sus reliquias, aunque las mayores continuaron en la ermita de San Urbez en Nocito. El que Huesca las posea hoy se debe a la casualidad y al deseo ardiente de Alcalá de Henares en conservar aquellos cuerpos venerados: ya D. Alfonso Carrillo, arzobispo de Toledo, interesó al rey Católico D. Fernando para que fuesen llevados a la patria del Henares y D. Alfonso, hijo natural del rey (y arzobispado de Zaragoza) interesó a los de Nocito para ello, sin que se lograse sus propósitos. Cuenta el P. Huesca y Morales que en vista del fracaso, encargaron a dos religiosos, que secretamente robaron los sagrados cuerpos hacia 1480, y enterados los de Nocito, les dieron alcance y fueron milagrosamente restituidos. Pero no terminaron aquí las vicisitudes de las reliquias. El cardenal Ximénez de Cisneros en 1499, renovó la intención de llevar a Alcalá los cuerpos, y el virrey de Aragón, que era el arzobispo, bastardo del rey Católico encomendó la empresa a unos bandoleros, que efectivamente lo realizaron, pero cargados de su precioso robo, anduvieron varios días perdidos en la sierra por las nieblas, y tras haberlos ocultados en un sepulcro vacío de San Miguel de Foces, arrepentidos de su hazaña, los llevaron a Huesca cuando se celebraba la feria de San Martín y los depositaron en una casa de la parroquia de San Pedro. Enterado de ello el prior D. Juan Cortez, los recogió y los llevó solemnemente al templo mientras las campanas milagrosamente tañían por sí solas. Fueron colocados en una capilla dedicada a San Urbez, hasta que en el s. XVII se hizo la actual. Por intercesión de Felipe II con el Papa S. Pío V consiguió que parte de los cuerpos pasasen a Alcalá de Henares y al Escorial, el grandioso monasterio que el estaba levantando.

2.ª Capilla de San Bernardo (sin interés).
En el lado del Evangelio. Crucero se penetra en la anti-sacristía.- forma la caja de la torre, es pieza exagonal, románica por Trompas, de tipo románico del S. XIII. En la sacristía, entre otros objetos diversos, un bello y pequeño relieve de San Jerónimo, de algún discípulo de Forment (s. XVI).

ALTAR MAYOR.- Retablo grande del titular San Pedro, por 1603, de muy escaso mérito artístico, de estilo plateresco con influencia escurialense. Este retablo reemplazó desgraciadamente (según Aynsa) al famoso que consagró en el año de 1241 el arzobispo de Tarragona D. Pedro en los años que reinaba Jaime el Conquistador. Subiendo por escalerilla, espaldas del altar mayor, se encuentra un pequeño oratorio, con pequeño retablo en relieve, de postrimerías del gótico. Epífania, s.XV.

Capilla Derecha del crucero. Retablo pequeño y moderno pero con graciosa imagen de la Virgen, aunque algo retocada, gótica, del s. XIV.

LADO EPÍSTOLA.- Cap. Del Cristo de la Sangre con lienzo curioso de principios del s. XVI del Crucificado con la Virgen y San Juan, y tres ángeles que recogen la sangre de las llagas en copas doradas.

Capilla de San Bartolomé, con imagen movible del santo por 1650.

CORO.- A los pies de la iglesia, con sillería en dos hiladas, protegida por doseletes de gran sencillez, y adornos que denotan las postrimerías del gótico, fue costeado por el prior D. Juan Cortés, capellán que fue el rey Católico y ejecutada por el tallista Juan Bierto por 1506. En el coro existen dos tintinábulos góticos, curioso y de armonioso sonido.

CLAUSTRO.- Uno de los ejemplares mas hermosos del románico español, aunque con claras influencias francesas de Tolosa, y el único verdadero resto del que fue glorioso monasterio. Todo él del s. XII, debido al rey Cogulla: al encanto histórico y artístico debe unírsele el silencio y la paz de que goza y el respeto que debe guardarse a los dos gloriosos monarcas aragoneses que allí reposan: Alfonso I el Batallador y Ramiro II el Monje.

En la puerta de ingreso de la iglesia al claustro hay un interesante tímpano de la Epifanía, que es pieza capital para el estudio de los orígenes de la escultura románica española: bajo los arcos divididos en dos cuerpos, presenta en lo alto el Crismón del monograma de Cristo sostenido por dos ángeles y debajo un relieve de la Epifanía curiosísimo: a la derecha, la Virgen sentada presenta al Niño para ser adorado mientras detrás permanece San José, y en el lado izquierdo los tres reyes presentan sus dones separados del otro grupo por la estrella conductora. Se ha creído ver en este relieve como en todos los orígenes del románico la influencia tolosana, pero aquí como en el famosos sarcófago de Dª Sancha (museo de Jaca) ha quedado demostrado (Mr. Porter) como la escuela aragonesa recibiese o no influencia tenía un carácter propio y esencialmente local y autónomo, que es arranque de una escuela artística aragonesa del s. XII, como lo demuestra el tocado de la Virgen, del mas puro estilo español, el relieve en bulto redondo, y la movilidad y relieve en las figuras. Parece de la misma mano que los capiteles de la Seo de Jaca, de Santa Cruz de la Serós, y el famoso sarcófago de Dª Sancha (museo de Jaca). Fines del s. XI.

En todos los muros del claustro y bajo arcos románicos y ojivales, se encuentran sepulcros, sobre todo en el ala S., que presenta una serie de ellos, donde resalta, por ser el mas interesante, una urna sostenida por leones: en un relieve encima de la inscripción, dos ángeles sostienen un alma de formas infantiles que con las manos juntas parece volar al cielo; pertenece a Raimundo Pérez, muerto en 1251; existen otros varios del S. XII y principalmente del XIII, siendo digno de anotarse el relieve que sobre uno de ellos representa al Crucificado con la Virgen y San Juan y otras figuras, que serán los donadores arrodillados y detrás el sol, la luna y dos escudos, todo ello de época ya gótica, pero dignos por su traza artística de ser románicos (principios del S. XIII). Hay también un gran número de inscripciones funerarias del S. XII al XIV incrustadas en los muros laterales. Finalmente, la portada del lado S que da la calle de Cuatro Reyes, es románica de traza sencilla.

Capilla de SAN BARTOLOMÉ.- En el ángulo NE. Del claustro, junto a la iglesia, con capiteles toscos de principios del s. XII y bóveda románica, capilla según la opinión popular de conjuros y espíritus. Aynsa la cree debida a Ramiro II, así como el claustro, de cierta magnificencia y obra costosa para aquellos tiempos, es indudable la existencia de claustro anteriormente, aunque él lo transformaría por completo. Con razón dice Quadrado que los dos sepulcros en los lados de la capilla encierran el período de la vida monástica de San Pedro durante los cuatro siglos que van de conquista de Huesca a los reyes católicos (s. XII al XV). A un lado en alabastro, estatua yacente con cierta majestad, aunque de cincel mediano, gótico de 1590, que representa a Bernardo de Zapila, último prior benedictino del monasterio, antes de su secularización por los reyes católicos, llevando báculo y el libro de Horas en la mano, con dos ángeles arrodillados a los pies. Enfrente el sepulcro de Ramiro II el monje.

Ramiro II (1134-1137) Representa el deber en la historia de Aragón. Desde joven, en tiempos de su padre Sancho Ramírez, el gran paladín de la reconquista pirenaica, fue destinado el tercero de sus hijos Ramiro para la vida religiosa, pero alternó muchas veces los campos de batalla con la vida contemplativa del claustro. Benedictino en San Ponce de Tomeras y mas tarde habiendo ocupado diferentes sedes en Aragón y Castilla, vio morir ante los muros de la ciudad sitiada de Huesca a su padre, y sus hermanos Pedro I y Alfonso el Batallador, que como el se sucedieron en la corona aragonesa. El empuje de la invasión de los africanos almorávides quebró la vida gloriosa de Alfonso el Batallador, que murió de resultas del choque contra ellos antes los muros de Fraga. Ramiro II dejó entonces la vida monástica y religiosa, ante el conflicto de la sucesión del Batallador y las ambiciones del rey de Castilla Alfonso VII y no vaciló en empuñar el cetro en contra de sus aspiraciones, de su carácter y de su vocación. Su corto reinado de tres años fue lo suficiente para consolidar su linaje al conseguir de Dª Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa) con quien se había unido con licencia pontificia, una niña D.ª Petronila que recién nacida fue prometida al conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, y contenidas las ambiciones castellanas y navarras y dominada la nobleza anárquica quizás con mano dura (lo que daría lugar a la leyenda de su famosa <<campana de Huesca>>), cumpliendo perfectamente su misión, volvió a la vida monástica, retirándose a San Pedro el Viejo de Huesca para continuar en él la vida religiosa de Tomeras, interrumpida por aquellos tres años de reinado difícil y crítico.

Los contemporáneos del rey Monje no encontraron mejor lugar a su reposo que el sarcófago romano de un dumviro, probablemente encontrado en la necrópolis de Osca, que ocupó el lugar de la plaza y la iglesia de San Pedro el Viejo: es mediano su relieve, de la época de la escultura romana decadente. Representa en el centro un medallón con figura que lleva toga sostenida por dos genios alados, y debajo un cuerno de la abundancia y recostado un anciano y una ninfa, teniendo en sus extremos dos niños, uno de ellos tocando un instrumento musical. Sobre el sarcófago se ha colocado el escudo de Aragón.

Enfrente de él, modernamente (1845) fue traído del monasterio-castillo de Montearagón, los restos de Alfonso I el Batallador, el conquistador glorioso de Zaragoza y de las cuencas del Ebro y Jalón, las dos venas capitales de la tierra aragonesa. Fue el verdadero cruzado de la reconquista, que en un alarde de valor llegó a dirigir una expedición a través de Levante y Andalucía, que paso a su vida de guerrero incansable y que no tuvo la dicha de realizar su sueño de una prematura unión cristiana nacional por el triste resultado de su matrimonio con la reina de Castilla D.ª Urraca.

Su modesto sepulcro moderno, merecería la veneración de todo Aragón, pues fue el auténtico forjador del reino.

Capiteles del claustro.- el arte románico aragonés parece iniciarse con individualidad propia en la tierra jaquesa con el llamado <<maestro del sepulcro de D.ª Sancha>>, caracterizado por la movilidad de las figuras, por el excesivo bulto en el relieve, y, sobre todo por parecer el origen de una importante escuela de escultura aragonesa. De su mano, o al menos de su escuela, es el tímpano de San Pedro el Viejo, así como algunos capiteles de la Seo de Jaca y de Santa Cruz de la Serós al finalizar el s. XI. Enlazándolos con ellos encontramos ya avanzado el siglo posterior, por 1140, los primeros claustros de la escuela aragonesa, tales como el del monasterio de San Juan de la Peña y el de San Pedro el Viejo. Sin llegar a la originalidad y la perfección de la escuela castellana de aquel tiempo (Silos, Avila, Segovia, etc.), es el claustro oscense pieza muy importante escultóricamente en la evolución del románico, si bien el artista que lo realizó a instancias de Ramiro II, muestra las figuras poco esbeltas y estiliza demasiado monótonamente los ropajes, pero con cierta ventaja del arte de los capiteles de San Juan de la Peña. Estos dos y el ala única que resta de la colegiata de Alquézar, son los únicos muestrarios de los claustros románicos aragoneses.

Es recomendable que se recorra por la galería y por el interior del patio: orden de derecha a izquierda, empezando por el ángulo NW.
Los de los chaflanes se consideran dos:
1.º Entierro de Cristo. 2º El ángel y las Marías ante el sepulcro; un ángel que despierta a los magos. Guarda del sepulcro. 3º Aparición de Cristo tras su Resurrección. <<Tú eres Pedro>>; apóstoles y aparición a la Virgen. 4º Comiendo con los dos discípulos en Emaus; Tomás pone el dedo en la llaga y cree; Ascensión muy curiosa del tipo románico, que dos ángeles sostienen. 5.º Curiosísima Pentecostés, todos los Apósteles arrodillados y sobre ellos inmensa lluvia de fuego; ceremonia del entierro con gran cruz románica; 6.º Muerte de la Virgen con dos ángeles que bajan para subir la almita; un ángel remueve el sepulcro (son modernas algunas de las cabezas que están pagadas). 7.º Fantástico, de lazos, follaje y hombres con lanzas que las clavan en su cabeza. 8.º (ángulo SW) moderno. 9.º y 10.º Modernos. 11.º Hombres desguijando y otros clavando la espada en dos alados dragones, muy curioso. 12.º Moderno, parecen signos del zodiaco. 13.º Curiosísimo: David tocando el arpa y ante él una mujer muy alta y enormemente encorvada con la cabellera suelta; un sagitario y una sirena (picis) de pechos sensibles con dos peces colgando de ambas manos abiertas. 14.º Grupo de personas, una de ellas a caballo, (parte nueva añadida) pila con cinco cabezas que salen de la, 15º (Moderno). 16.º Animales fantásticos con colas (o serpientes) que buscan los pechos de mujeres desnudas. 17.º (Moderno). 18.º Pajarracos con cabeza humana, que entre cada pareja se comen un chivo. 19.º y 20.º (ÁNGULOS SE. Modernos) 21.º Otros animales apocalípticos que entre dos se comen un borrego. 22º. Brazo grande vestido, de Dios; hombre y mujer que se abraza; enorme carreta arrastrada por dos perros; obispo administrando el Bautismo por inmersión y varias figuras, entre ellas una que lleva a la espalda gran cesto. 24º, 25º, 26º y 27º (ángulo NE) Y 23º (Modernos con escenas de la vida de la Virgen: los originales desgastados en el museo). 29º Angel (con cabeza grande) despertando a José bajo una arcada; matan a un inocente; huída a Egipto ( con enorme cabeza de asno). 30º (Moderno). 31.º Tentaciones de Jesús con ángeles y demonios y a los lejos la ciudad. 32º (entrada al patio). 33.º, 34.º, 35º, 36º, 37º (Modernos, pasajes de la vida de Jesús: los originales muy desgatados en el museo) 38.º Crucifixión, muy gastada. Ángulo NW.

Callejeo.- Volviendo a la plaza de San Pedro, se recomienda se pase a la de <<los Fueros de Aragón>>, para curiosear rincones viejos del casco antiguo, principalmente el aspecto de la calleja de Alfonso de Aragón, con sus escalinatas al fondo y la mole catedralicia. A mano derecha (calle de San Justo y Pastor) se llega a la plaza del Temple, donde en casa (modesta como el barrio) se encuentran aun vestigios del castillo y muralla, iglesia y algibe de la casa de los Templarios de Huesca. (fueron traídos por Ramón Berenguer, primero en Encomienda, y mas adelante en convento-fortaleza de caballeros-profesos de la Orden).

Retornando a la plaza de San Pedro, sígase por la calle de San Salvador y de los mártires, por creer que en lugar cercano estuvo el pozo donde estuvieron depositados los cuerpos martirizados de Nunila y Alodia, hoy pequeño oratorio), plaza de Arista y el rincón típico de las escalinatas, se tuerce en codo por la calle de las Cortes, típicamente oscense, dejando a la derecha la casa de los Ruiz de Castilla ( hoy antiguo colegio privado: con restados de lujosa ostentación: celosía mudéjar, patio y galería) y enfrente la de los Enas, también de carácter. Mas adelante se encuentra el convento de la Asunción. (ocupa el lugar donde se levantó hasta no hace muchos años la iglesia románica de San Vicente Alto, en sitio creído lugar de la infancia de San Vicente. Hoy, todo moderno, es convento de Carmelitas calzadas, cuyo origen fue una disidencia con las Miguelas en 1656. Aquí entonces una arca romana ( hoy en el Museo). Enfrente la plaza de Urríes: con la casa de los Urríes al fondo, muy desfigurada, una de las mas ilustres familias aragonesas, pero enemiga en Huesca de los Urreas, y luego con los Castro, hasta llegar a conflictos sangrientos como en 1470; frente a ella (hoy Academia Politécnica ( plano XVII la casa solariega de los Esmir, con escudo). Siguiendo adelante por la calle de las Cortes, se llega a la plaza de la Catedral, alargada, que forma el mejor conjunto típico de Huesca: la encuadran a la derecha (E) la Catedral y el Palacio Episcopal, al fondo (N) el convento (moderno) de las Siervas de María y en su lado izquierdo el majestuoso edificio renacentista, de castiza arquitectura aragonesa, que forman el Ayuntamiento y adosado a él en su extremo N) el antiguo Colegio Imperial de Santiago.

Catedral

HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN.- Es indudable que en el lugar que ocupa hoy la Catedral (lo más elevado del cerro que domina la vega del Isuela que fue acrópolis ibérica y luego centro de la Osca romana) debió existir un templo pagano, probablemente dedicado a Ceres, la diosa la fecundidad de la tierra: así lo demuestran los hallazgos (en 1884) de algunos tambores de columnas y el gigantesco brazo de bronce (tres veces el tamaño natural) de tan buena época del arte romano, hoy en el Museo, que a pesar de su rebusca no pudo encontrarse el resto de la estatua. Probablemente, siendo Osca de las ciudades y de la región de las mas romanizadas de la península, la semilla cristiana fructificaría pronto en ella, y quizás por ello su diócesis se remonte a los tiempos apostólicos, ya que a partir del S. VI conocemos algunos de sus prelados, y a finales de él (598) tenemos noticias de un concilio diocesano celebrado en Osca; es pues, muy probable que en lugar del antiguo templo fuese levantada una basílica visigoda, aunque no tengamos recuerdos materiales de ella. La invasión musulmana quebró los destinos de la península y el lugar que sería en Huesca centro de la vida cristiana quedó convertido en mezquita la famosa <<Misleida>>, que siglos mas tarde, con el orgullo de la conquista, la llamarían los cristianos <<una de las mejores de la España musulmana>> y de la que tampoco guardamos recuerdo, a pesar de que sirvió de catedral por espacio de varios siglos. Pedro I el triunfador monarca aragonés, tras la jornada gloriosa de Alcoraz, entró vencedor en la ciudad de Huesca el 27 de Noviembre de 1096, y cumpliendo lo ordenado con el Concilio de Jaca, 33 años antes en tiempos de su abuelo Ramiro I, trató de restaurar la sede oscense que ante la dominación islámica había tenido que refugiarse en la aspereza del Pirineo (Sásave, Santa Cruz de la Serós, Jaca, diócesis de <<los aragoneses>>) durante cerca de 400 años. Tras un pequeño litigio con el abad de Montearagón, fue purificada y consagrada la mezquita mayor para sede episcopal (catedral) el 17 de diciembre de 1097, dedicándose a Jesús Nazareno, a la Virgen y a los Santos Pedro, Juan Bautista y Juan Evangelista, delante de toda la corte guerrera de Pedro I (magnates, infantes, obispos y abades), conjunto de aquellos indómitos hombres del Pirineo. Pronto fue objeto de gran número de privilegios y donaciones que la dieron esplendor. Esta mezquita-mayor, convertida en catedral, costumbre de todas las ciudades muslímicas reconquistadas, sufrió algunas modificaciones en el s. XII (puerta románica del claustro, ala S de éste, alguna ventana ajimezada), pero en 1273, Jaime I ya interesaba la transformación <<a la usanza cristiana del antiguo edificio del tiempo de los moros>> y un gran amigo Jaime Sorroca, el obispo oscense, obtuvo de él un privilegio que fue el punto de partida o iniciación del actual edificio: consiguió el rey Conquistador, tanto del Consejo de la ciudad (multas) la ayuda económica, y que con la colaboración del Cabildo empezasen los primeros trabajos: delimitación del perímetro, arreglo de cimientos, y gran parte (la buena) de la portada principal, que se debió al celo del obispado Martín de Azlor (1300-1313). Sin embargo, pronto escasearon los recursos y con ellos la paralización de las obras. Al finalizar el s. XIV, gracias al interés de los obispados que se sucedieron (Gastón de Moncada, Oliver, Zapata, etc.) debieron quedar terminadas las naves laterales y la central (gótico puro) pero con techumbre provisional. Mas adelante, en los comienzos del S. XV, cuando el Cisma de Occidente estaba en su mayor tensión, Pedro de Luna ( Benedicto XIII) el Papa de Aviñón, reconocido al acatamiento del clero de Huesca (como el de todo los reinos peninsulares) impulsó por todos los medios la obra de la Seo oscense, activándose las obras (decoración, sillería la 1.ª, coro, órganos, etc.) trabajándose el ala gótica del claustro y otras dependencias siendo maestro de obras un tal Pedro Jalopa, y así fueron transcurriendo los años sin que el grandioso edificio se viese terminado. Quedaba reservada la gloria al finalizar el siglo, al obispo D. Juan de Aragón y de Navarra, el hijo del desdichado Príncipe de Viana. Dispuesto a terminar la obra que llevaba cerca de dos siglos dedicóla una fuerte suma de florines, encargando los presupuestos y proyecto al maestro vizcaíno Juan de Olózaga (nave central con sus muros, ventanales, bóvedas de arista de central y del crucero, segundo cuerpo de la fachada, arbotantes, pináculos, etc) en Febrero de 1497, colocándose después de algunos asesoramientos ( maestro Gamban, el de la Seo de Zaragoza) la primera piedra del crucero y de la nave izquierda (22 de abril). Las obras tomaron gran incremento y con la intervención de Gil Morlanes (padre) se remató las del crucero con florón y el escudo del obispo.

Las obras de Olózaga terminaron en 1515. No paró con ello la actividad del obispo Aragón y Navarra pues ya al año siguiente, encargaba las vidrieras a diferentes artistas, y fue Él finalmente, el que designó a Damián Forment, el gran artista valenciano, la obra capital del retablo mayor.

EXTERIOR.- Desgraciadamente la mala calidad de las canteras da un aspecto pobre y polvoriento por el desgaste de la erosión en los sillares. En su conjunto se observa en la fachada principal los dos estilos góticos, mas primitivo el inferior (s. XIII) y más decadente el superior, cuyas torrecillas y pináculos no fueron terminados; a la izquierda obsérvese además el carácter clasista del exterior de la sala capitular, que desentona del conjunto, realizada en 1688. sería entonces también cuando fue derruida parte de la torre (construida en el s. XIV) o toda ella y se hizo la actual tan desmochada y de aspecto ruinoso. El último cuerpo de ladrillo se reedificó en 1653, renovándose un siglo mas tarde. Es aconsejable la subida a la torre, para gozar la vista de la ciudad y la hermosa vega de la Hoya de Huesca y la Sierra de Guara al fondo.

PORTADA PRINCIPAL.- En un atrio (a superior nivel que el de la plaza) rodeada de moderna verja gótico (que impide la contemplación) se presenta la portada principal. Lastimosamente, la piedra caliza blanda, típica de las construcciones de Huesca, no ha permitido el paso del tempo y sobre darla un color terroso de polvo, la intemperie desgastada los contornos. Todo lo contrario de las magníficas canteras de Castilla (rocas primarias graníticas por lo general) en esta se ha perdido gran parte de su belleza por esa causa.

Es obra (anónima) de un gótico decadente de principios del s. XIV, formada por siete arcos ojivales en gradación, simbolizando los siete cielos de que nos habla S. Pablo: en sus archivoltas cuatro series de bienaventurados, sobre ménsulas y con doseletes góticos afiligranados; de dentro a fuera ocho profetas, 10 ángeles, 14 vírgenes y 16 santos (obispos, diáconos y regulares) separados todos con guirnaldas; en el arranque de los arcos catorce estatuas de casi tamaño natural, correspondientes a los once apóstoles, San Juan Bautista y los santos Lorenzo y Vicente (algunos de ellos se les revestía con dalmáticas en la fiesta del Corpus). En el tímpano la Virgen colocada en el centro, sobre ménsula de mujer y dos áspides con delicado doselete (sección horizontal del plano catedralicio); lleva al Niño en su regazo, para ser adorado por los Reyes que se encuentran a la izquierda, mientras a la derecha Jesús aparece a la Magdalena (<<Nollime tangere>>), y sobre ellos dos ángeles inciensan.

Esta portada, obra del s. XIV, es de un dualismo inesperado, pues las figuras grandes son de mano bárbara y tosca, pero son de trazo excelente las archivoltas y el tímpano. Las primeras, de cabeza muy desiguales, de absoluta carencia de expresión en los rostros, sin ningún efecto, tan solo en los peinados hay alguna gracia y soltura y un poco en la silueta general de los ropajes. En cambio son de un artista muy excelente las figurillas de las archivoltas y las escenas del tímpano, aunque en las primeras hay copiadas varias veces (probablemente por discípulos): las mejores son la serie de los profetas, la de santos, la Virgen y los Reyes, algunos de los cuales son de escuela muy buena, que recuerda la catedralicia de Pamplona.

Los escudos son de la ciudad (antiguo: dos torres y la muesca encima), el de Aragón (barras) y e del obispo López de Azlor, sin duda porque todos contribuyeron a la ejecución de la obra. A la derecha hay puerta ojival, tapada en 1490 para construir la capilla, hoy de san José. Por encima de la portada corre una galería, con una serie de 15 ventanas y sobre ella alero o <<rafe>> con ocho gárgolas graciosas que da cierto carácter local aragonés al conjunto. Y aun mas arriba un segundo cuerpo gótico con torrecillas incrustadas, con ventanales y vidrieras correspondientes al gótico florido de fines del s. XV, que es cuando se terminaron las obras de la Catedral.

Portada lateral.- (Puerta de las escaleretas) a la calle del Palacio: gótica con Calvario en el tímpano, Jesús en la Cruz, María y Juan y a la derecha tres mujeres de aspecto homogéneo; a la derecha el ángel sobre el sepulcro, teniendo como fondo pintura decorativa. Toda ella arte de fines de s. XV (1479) de escultura tosca, pero aun así, mas expresiva y de mejor mano que las grandes figuras de la portada principal.

Interior.- Catedral gótica de los siglos XIV y XV, de tres naves, una central y dos laterales mas bajas con crucero y cinco capillas absidiales; las bóvedas, generalmente de arista, forman en la nave central y del crucero por otras bóvedas que se enlazan un cruzamiento caprichoso estrellado, en cuyo centro hay florones. Se enlució todo el templo en 1796, por tres maestros italianos. Las vidrieras, sin interés, blancas, pero algunas (rosetón, y tres del crucero) de principios del s. XVI, son de inspiración naturalista, libre en la concepción de las escenas y su desarrollo: la mayoría de ellas son del maestro Francisco de Valdivieso y algunas del francés Enrique Dohegue (s. XVI). Mas adelante, el zaragozano Pablo Mota y Juan García (s. XVII) hicieron otras varias. Las mejores y mas vistosas son además del rosetón, con el Nacimiento y la Epifanía y otras en la cabecera de la iglesia (por 1516-1517).

VISTA AL INTERIOR.- se ordena la visita llevando (como la lectura) la izquierda siempre, dejando al final el centro (presbiterio, altar mayor, púlpitos, coro, trascoro).

Así van ordenadas las capillas sin distinguir las abiertas de las cerradas. Se aconseja la visita de las primeras y luego llámese al sacristán para que le enseñe las segundas (propina dos pesetas).

CAPILLAS

I. De la Epifania.- Pequeña capilla que forma conjunto acabado sobre pechinas, fundada por el canónigo Tomás Fort en 1566. la pintó Tomás Peliguet, que también trabajó la reja. El retablo es plateresco, muy bello (fines s. XVI): la Epifanía y a sus lados San Miguel y San Jerónimo, en lo alto el Padre eterno y abajo la Piedad con dos evangelistas a cada lado. Todo en alabastro, finamente ejecutado, con escudo del fundador, de autor desconocido, algún buen discípulo de la escuela de Formet. Enfrente lienzo sobre tabla de la Virgen y el Niño (procede capilla nuestra señora del Pópulo), con fondo rojo y aureola de metal; parece de artista florentino de principios del s. XV, con cierta tendencia orientalista (icono); a un lado bella ventana plateresca.

II. Antesala Capitular.- La puerta de la antesala Capitular (construida sobre antigua capilla de San Juan Evangelista) en 1668, es obra del maestro oscense J. Alandín, siendo la parte decorativa del escultor zaragozano Antonio Sanz (fines del s. XVIII) y de Joaquín Insauste los zócalos, pilastras y basas. La antesala ocupa el N del primer tramo de la nave de la Epístola, correspondiente a la caja de la torre.

Es pieza tan antigua como el edificio, aunque retocada, pero dentro del gótico de curiosa cubicación en su bóveda o cúpula de esquifado octógono entre nervios no robustos y con clave de arandela rica de tipo gótico y algo barroca en su renovación del s. XVII. Pero es curiosa la preparación del ochavado, que es por trompas que son cónicas, tres escalonadas en cada rincón. Se deduce que era destinada para otra cosa, como lo demuestra las columnas incrustadas que hoy tienen por extraño capitel unas veneras realistas grandes. Es pieza grande, hoy trastero, donde hay silla grande de brazos, acaso la palacial, de tipo frailero rico. Un lienzo de la Epifanía de buena factura, de escuela castellana vieja, del tiempo de Pereda o de Tistán, pero anónimo.

Sala Capitular.- Su techumbre fue decorada por el escultor Antonio Sanz, con gran escudo de la catedral. Los lienzos que adornan sus paredes, sin ser de gran importancia, ofrecen interés (izquierda a derecha)1.º retrato de Papa, parece Inocencio X sentado y asistido por cardenal y otro prelado, que parecen los tres parientes. Si es Inocencio X, años antes del de Velázquez, y el conjunto puede atribuirse a Jusepe Martínez, dado el tono de la púrpura. 2º Lienzo apaisado de David sobre el derribado Goliat, de traza dura pero algo a la escuela Güercino. 3º San Jerónimo ( de la seire de los Padres de la Iglesia); 4.º San Francisco, orando en el campo (s. XVII) 5.º San Jerónimo, de la serie igual a la del Prado, lienzo muy bello. 6.º Sagrada Familia al estilo de Vaccaro. 7.º San Jerónimo penitente y otro compañero (s. XVII). 8.º San Jerónimo, de mejor paleta. 9.º Bautista, duro, de mal estilo. 10.º San Agustín, de la serie. 11.º Inmaculada, de buen colorido, pero no graciosa. 12.º San Ambrosio. 13.º San Pedro Claver y otro santo, de artista malo (s. XVII) 14.º San Miguel, vencedor de varios demonios (siglo XVIII). 15.º (sobre la puerta) maritimo de San Andrés.

III. De Nuestra Señora del Pópulo.- Hoy de la Milagrosa. Toda ella (escepto la imagen titular moderna) con la verja inclusive de la misma época, que se cifra escuetamente en <<1632>> como reza al final del alto gran letrero, reducido a versículo jaculatorio conocido. Fue fundación del canónigo Juan del Molino. El retablo es del tiempo (primera mitad del s. XVIII) y de muy buena mano ( ¿J. Martínez?) realizado para acoplar en él una tabla de la Virgen ( hoy en la capilla de la Epifanía). En los intercolumbios los santos oscenses Lorenzo y Vicente con el Bautista y en el estilobato los cuatro Padres de la Iglesia Latina, teniendo en el centro, apaisado largo, solo campo y orante, siendo el remate del retablo, pareja de fundadores y santo obispo.- De un artista desconocido (s. XVII) pero de nervio, son los lienzos murales, uno de la Natividad (izquierda) otro de la Epifanía ( derecha) y dos retratos, el de la izquierda con golilla será del padre del fundador, y el de la derecha el fundador; todos ellos de cierto entusiasmo y grandeza. Los azulejos que forman zócalo son lujosos y de la época.

IV. De Santa Lucía.- Fue renovada totalmente a expensas de D. Martín Lorés en 1782. la santa titular, fría imagen marmórea, es obra de Carlos Salas, dentro del baldaquino de cuatro columnas. Completan la capilla tres lienzos muy apaisados de la vida de la santa; martirio del fuego, aparición de Cristo y arrastrada por los toros, obras las tres sobresalientes de M. Bayeu, cartujo de las Fuentes (Lanaja), pero todavía sin la influencia de Mengs.

V. De San Andrés.- Fundación del obispo Pascual López Estaún en 1788. El retablo de jaspe de J. Insausti, siendo el lienzo del apóstol, de M. Bayeu. Los lienzos laterales (Andrés y Pedro en la barca y martirio de San Andrés), así como las imágenes de Santo Tomás y San Pascual son obra de Luis Muñoz, pintor y escultor oscense (por 1872).

VI.- Crucero izquierdo.- Sencillo retablo de San Gil, siendo el lienzo del titular obra ligera de M. Bayeu por 1790.

VII.- D e la Dolorosa.- Antes de Todos los Santos. Fundación del matrimonio Olcina en 1621. El retablo ricamente decorado con notable cuadro ( por 1620) que la imagen no deja gozar: representa en una parte baja plantados y cual al estilo del N. de Italia en el s. XVI, los santos Orencio (arzobispo) y Lorenzo (Oscense) Paciencia y Orencio (el oscense) al medio, y Saturnino y Vicente. En la parte superior la Corte celestial. El autor, acaso de s. XVI, vale tanto como Ribalta (el Ribalta del XVI) excelente artista del tiempo de V. Carducho (en su primer bien estilo) como se ve en los intensos rojos, en las cabezas de los santos, muy bien personificados y apretadamente construida.

En los muros laterales dos lienzos: el de la izquierda San Francisco de Asís, abierto de brazos y arrodillado recibiendo los estigmas, y a la derecha, arrodillado, San Pedro de Arbués, de canónigo, que por su color fluido parecen obra del XVII avanzado.

VIII. Santo Cristo de los milagros.- (Ábside de extremo izquierda prolongado) fundación del obispo Juan Moriz de Salazar, que encargo la obra a Pedro de Ruesta, vecino de Barbastro (por 1622), toda ella de rica arquitectura. Fue colocado el Cristo, de gran devoción en la ciudad ( es fama sudó sangre durante procesión en ocasión de haber peste) con grandes festejos en 1625, en el retablo, exuberante de decoración con figuras o escenas pintadas de la Pasión (Oración, Azotes, Cruz a cuestas, en la izquierda; Prendimiento, Corona, Entierro, derecha; Ecce-Homo en lo alto), todo él de tendencia clasicista. La imagen del Cristo es obra mediana del S. X.

En los muros dos grandes lienzos apaisados; el de la izquierda << la cena de Jesús en la casa del Leví>> con la Magdalena que le unge sus pies, y tumbados los comensales en triclinios y otros de pie; el de la derecha, es << la entrada triunfal de los Ramos<<, con un gran número de personas: ambos son obras de Vicente Berdusan, que da con ellas una mayor complejidad a su personalidad artística, pues se observa entre sus obras de Veruela y estas un proceso depurador y constructivo de gran soltura, pero interesante en el proceso de la pintura aragonesa del S. XVII.- Sacristía, lienzos: <<Glorificación, del s. XVII e inmaculada.

IX.- D e la Purísima.- Restaurada en 1631, con retablo de la época e imagen titular, en el estilo de Verástegui.

X.- Prebisterio y Atar Mayor.

XI.- De Nuestra Señora del Rosario.- De fines del s. XVI, con bella imagen de la titular, pero repintada, así como el retablo con estatuas (San Pedro y San Pablo) y de las tres virtudes. Bella decoración pictórica en la semi-bóveda. En todas las capillas admírese la variada serie de azulejos del s. XVIII.

XII.- De Santa Catalina.- Restaurada por 1651, con retablo, en cuyo centro hay lienzo de la santa recibiendo la corona que la traen los ángeles, obra de Federico Zuccaro. Existen otros lienzos de santos de buena mano y dos laterales con los desposorios de la santa y su glorificación tras el martirio, de autor desconocido (s. XVII).

XIII.- Del Pilar.- Retablo por 1764, de talla, muy mediano, a los lados, dos lienzos del milagro de Pellicer de Calanda (curación de piernas) y aparición del Pilar (s. XVIII).

Puerta lateral o de << las escalinatas>>.

XIV. De la Santísima Trinidad.- Renovada en 1790. El lienzo es obra de M. Bayeu y de lo mas flojo de su mano. Los dos tapices del crucero <<La iglesia oscense>> es obra moderna del jesuíta Hermano Coronas.

XV. De San Martín.- Fundada en el s. XV por los Martín de Bolea, pasó luego su patronazgo a los condes de Atarés, enlazados con los Angullanas, que la renovaron totalmente en el s. XVII. El lienzo del retablo, de gran colorido, es de Vicente Berdusan o de discípulo muy allegado a él. Otro lienzo en lo alto de San Simón y Judas, con escudos de talla y armas de Aragón, parecen de la misma mano. Los lienzos colaterales (escena de la vida del santo, Magdalena, un santo diácono, etc.) son mediocres.

XVI. De San Joaquín. Una de las mas hermosas de la Catedral, totalmente renovada por el canónigo Santaolaria en 1655. Reja de alabastro pintada. La planta es cuadrada con cúpula sostenida con pechinas, con cornisa y balaustrada. Las paredes forman doce espacios con pinturas de ángles. En las paredes, pintados por V. Berdusan, escenas de la vida de San José y San Joaquín. En este orden: izquierda (E) Desposorios; Dudas; Niño perdido; Muerte de San José; derecha, (W) muerte de San Joaquín, asistiéndole María jovencita y Ana; presentación en el Templo con pocas gradas (curioso); Aviso del ángel en el monte a Joaquín y candidez de Ana ante el ángel que la observa. Sobre estos pequeños lienzos de los zócalos figuran a la izquierda Santa Tereza; Sagrada Familia (Jesús, José y María en la fila mirando hacia lo alto) y en este la cruz redentora con ángeles; San Felipe Neri en pie como la santa; A la derecha, San Ignacio de Loyola en pie; Santa Familia (Joaquín, María vestida como inmaculada y Ana en pie, y en lo alto la trinidad) y San Francisco Javier, coronándolo dos santos obispos. Son, pues, en total, 16 lienzos de V. Berdusan, menos suelto y menos líquido de color que su obra general, pero en efectos difuminados de contorno de clara influencia murillesca, al menos en la bella serie de los ocho pequeños, que es muy mantenida de mérito y de perfecto reconocimiento en el estilo del artista su formación pictórica en la rivalidad de Herrera el Mozo y Murillo, pero sin sugestionarse en el arte de Valdes Leal. Sin embargo, en los cuadros grandes hay escrúpulo de solidez, al contrario de sus obras del Monasterio de Veruela, pero no obsta a la soltura y suavidad de su colorido.

El retablo de la capilla muy rico, forma un conjunto con relieves de alabastro, que representa la Sagrada Familia y santos. La estatua del titular y la del Bautista, como todo el conjunto, sonde excelente mano (primera mitad del s. XVII).

XVII. Cap. De San Jerónimo.- Renovada por el obispo Antonio Sánchez en 1762, con retablo churrigueresco. El bajo relieve del titular y los lienzos laterales (san Jerónimo, azotado por los ángeles y la presentación de la <<Vulgata>> (biblia) al Papa) son obra de José Luzán Martínez (maestro que fue de Goya) Por 1750.

XVIII, Capilla de Lastanosa o de Santos Orencio y Paciencia.- Famosa capilla, la mas lujosa de la Catedral, dedicada a los santos padres de San Lorenzo y levantada gracias a la magnificiencia de los Lastanosa, especialmente de Vincencio Juan de Lastanosa (nacido en 1607) el famoso mecenas de las artes y las letras, que dieron fama mundial a su palacio del Coso alto, que fue un gran museo, cuyos objetos hoy están repartidos por todos los de Europa. El y su hija Ana, y su pariente Luis Clemente, se ejercitaron en diversas artes, mantuvieron a sueldo a los pintores Juan Jerónimo Jalón (1566), al napolitano Micaelo Angelín, y fueron protectores del pintor Jusepe Martínez, y del literato Baltasar Gracián. Felipe IV y su corte se hospedaron en su casa famosa.

Construyóse la capilla en 1646, toda ella lujosa, siendo la parte mural y la cúpula obra del oscense Jerónimo Salón. Pero la obra de arte mas fuerte es el cuadro del retablo, con acento de apurar exquisitamente el detalle, lo mejor de la obra de Jusepe Martínez: las cabezas de los santos Orencio y Paciencia son admirables en su verdad pictórica y de inspiración y sentimiento, siendo a la vez obra muy acabada, como se ve en la soltura y fluidez del pincel. En cambio los retratos laterales de los fundadores ( a la izquierda el canónigo y a la derecha el capitán) del miso artista Jusepe Martínez, dan la impresión de copias o repeticiones y estropeadas por el escaso cuerpo de la pincelada, todo lo contrario al lienzo del altar. Este es de columnas bellas taraceas brillantes de marmóreas policromas como cuadros: la entrada clasicista, la artística verja, los zócalos y suelo de alabastro con las inscripciones, completan la suntuosidad de la capilla.

La cúpula es de techo alto, y en ella se mantiene continua las pinturas murales, muy decorativas y finas, y en las flores admirables, pero no tanto en las escenitas de los medallones. En su sacristía hay una tabla típica de fines del s. XV, poco española, de la Virgen de la leche, con dos ángeles, y es curioso el lavamanos de alabastro con dos figurillas de geniecillo. Por ella se desciende en larga escalera a la criota o panteón de los Lastanosa.

Cripta.- Existen en ella cuatro lápidas grandes, dos a los lados del altar y del retablo, y dos en las paredes colaterales, con relieves grandes que representan figuras simbólicas: Pureza y Prudencia en la lápida de Lastanosa capitán; en la del canónigo, religión y nobleza, con el escudo de la familia. Al lado las estatuas de alabastro orantes de los dos fundadores, mas fina la del canónigo, obras de autor desconocido por 1668, y cobijadas en especie de hornacinas; aparte los sarcófagos.

Pero lo de gran interés de la cripta, es el lienzo bellísimo de la Inmaculada de tan buena factura como las famosas de Murillo, y murillesca en todos sus sentidos y detalles, aunque parece mas bien obra de Herrera el Mozo. Es quizá al mejor lienzo de la Catedral.

XIX. De San José. Moderna, sin interés (ha cegado una puerta de la fachada)

XX. De Santa Ana.- Mandada hacer por el canónigo Martín Santangel en 1522, a quien representa la estatua orante de alabastro policromada, y de cincel realista. El retablo plateresco es de muy buena factura: de madera, con figuras de alabastro; columnas abalaustradas dejan tres huecos: en la parte central Santa Ana, con el Niño y la Virgen arrodillada, conjunto bellísimo; en el lateral San Jerónimo y San Martín; debajo, Jesús muerto en brazos de su madre asistido de un ángel y rematando todo el retablito una Crucifixión con la virgen y San Juan. Lo mas sobresaliente es la figura de Santa Ana, que no parece de la escuela ni de la influencia de Forment, y quizás sea mas acertado colocarla como obra del taller de Alonso de Berruguete, el famoso artista vallisoletano, que algo trabajó en Aragón por 1522. la reja gótico- plateresca que cierra la capilla, es obra primorosa del artista oscense Arnau Guillén en 1525.

En la parte interior de la puerta principal, obsérvese en lo alto un hueco de delicada labor ojival, con imagen de la Virgen y el Niño, obra gótica del s. XIV.

Prebisterio.- Totalmente renovado el 1883, habiéndose perdido las lápidas sepulcrales de la mayoría de los obispos enterrados en él. La obra magnífica del prebisterio es el.

RETABLO MAYOR.- L o mas acabado y completo del escultor valenciano Damián Forment: fue esta, con la parte incompleta del retablo de la Seo de Barbastro (que murió mientras trabajaba en ella) sus últimas obras. Tardó en elaborarla 13 años, terminándola e 1533 a pesar de que fue ayudado por sus discípulos Juan de Landernain, Juan de Lorena, maestro Enrique, Esteban Solorzano, Juan salas, Juan de Liceyre ( el que terminó el retablo de Barbastro) y Pedro Muñoz (su discípulo predilecto). Es obra muy duperior a las anteriores del artista (en Denia, Valencia, Pilar, Poblet, etc.) y con él marca el apogeo y grandeza de los escultores del Renacimiento escultórico español, pero con influencia italiana y dejos goticistas, especialmente en los estados de la Corona de Aragón: él Berrugete en Castilla, es la pareja gloriosa de la escultura española del XVI, mas nervio quizás el castellano, quizás mas originalidad, movimiento y elegancia en Forment.

Forma el retablo, casi todo él en alabastro, en su parte baja una base divida en dos cuerpos. Se caracteriza todo él por el dramatismo de los grupos y la arrogancia de las figuras. Primeramente, en la parte a ras del suelo tiene como una especie de zócalo, con siete recuadros de elementos decorativos, en cuyos extremos, siguiendo las orientaciones renacentistas, puso el artista en medallones su retrato y el de su hija Úrsula, orlados de guirnaldas. La parte inferior del retablo está a su vez dividida en dos secciones: la inferior forma un delicadísimo conjunto de siete escenas en relieve (Cena, Oración del Huerto, beso de Judas, flagelación, coronación de espinas, Ecce-Homo y ante pilatos) todos ellos con doseletes de magníficos calados y torrecillas o pináculos en alabastro de finísima cincelación o transparencia. La zona superior de esta parte baja del retablo, entre columnitas en espiral forma un Apostolado, con el Salvador en el centro, apareciendo en los extremos los santos oscenses Lorenzo y Vicente, y sobre las dos puertas, adornados con grupos delicadísimos de niños y flores.

La parte principal o cuerpo central del retablo, está dividido en tres grandes escenas, separadas por agujas con figuras de los profetas que miran complacidos el cumplimiento de sus profecías: al lado del Evangelio, Jesús cargado con la Cruz, saliendo de la puerta Jurídica en Jerusalén entre una turba de gentes. En el centro de Crucifixión, entre los ladrones, y el Centurión, entre soldados, que, a caballo, atraviesa el costado santo con la lanza, mientras que en el primer plano, la Virgen y las santas mujeres expresan en sus gestos y ademanes el sentimiento del dolor. Sobre esta escena ( que se eleva sobre las laterales) hay un disco circular rodeado de ángeles, que siendo la tradición aragonesa en los retablos deja el paso de la reserva del Santísimo que detrás del retablo existe. Sobre él aparece la figura del Eterno Padre y la paloma simbólica del Espíritu Santo. Finalmente, la escena del lado de la Epístola representa el Descendimiento: José de Arimatea y Nicodemus sostienen el cuerpo desclavado de Jesús mientras la Virgen y las mujeres que la acompañan se desvanecen ante el inmenso dolor. Dominando estas tres escenas existe un conjunto de pináculos y torres de crestería de gusto gótico florido, cada una con cinco estatuitas de santos, en cuyas alturas se encuentran los Doctores de la Iglesia Griega y Latina formando como una magnífica corona de adornos, figuras y caladas de la parte principal del retablo. Por último todo él está guarnecido de una <<polsera>> formando un marco de ancha y fina orla de hojas trasparentes, en cuya cima y en los lados, ángeles sostienen el escudo de la Catedral (crucifixión, la Virgen y San Juan), habiendo en el arranque dos profetas en bajo relieve.

Las esculturas de las tres escenas principales, son casi del tamaño natural y de tipo de abultado relieve. En la parte decorativa sin las 7 escenas de la pasión) son mas de 80 las figuras, todas ellas de alabastro fino, transparente, de color plateado y mate.

Si bien el conjunto es portentoso, resulta algo abrumador a causa de la fecundidad creadora; los grupos de las mujeres en el Calvario, de intenso dramatismo, muestran una traza sublime en sentimiento y en elegancia clásica y en todas las figuras de expresión y fuerza de los rasgos, nota muy destacada de originalidad. Es también digno de anotarse el estudio profundo del desnudo, que Forment, primer artista de influjo italiano, no podía menos de acusar: es, pues, un obra completa, de precisión y originalidad, de elegante belleza en lo decorativo, verdadera cumbre de un gran genio artístico, maravilla y gloria de la escultura española.

CORO.

En el centro del templo, al estilo tradicional español, separado por gran reja broncínea dorada, la antigua sillería gótico-mudéjar, obra del morisco Mohamed de Borja y de sus hijos (uno de ellos llamado Albarguían) a principios del s. XV, fue reemplazada por la actual renacentista, obra de Nicolás de Berástegui (entallador de Sangüesa, Navarra) que la empezó en 1587 y fue mas tarde continuada por su hijo Juan de Berástegui o de Verrueta que la terminó en 1594. El mismo hizo la caída del órgano así como el remate de la sillería es obra de Antonio Sanz, dos siglos mas tarde (1794). El cimborrio sobre la silla prelacial con el calvario, es obra también de Verrutea. Es curioso el fascistol, con una estatuilla de David.

La sillería es obra muy acabada, que no desentona en la magna colección de sillerías corales de las catedrales y monasterios de Espala: es interesante el estudio detallado de las figuras, algunas francamente bellísimas, que colocan a los Berástegui, como excelentes artistas renacentístas de la segunda mitad del s. XVI.

LADO EPÍSTOLA LADO EVANGELIO
San Lorenzo. San Vicente
San Justo. San Damián
San Pastor. San Cosme
Santa Nunilo. Santa Inés
Santa Alodio. Santa Polonia
Santa Bárbara. Santa Eulalia
Santa..? (reina). Santa Elena
San..? ( presbítero). San Jorge
(Puertas): Crucifixión y Evangelistas repetidos en los dos frentes.
Santa Agueda.
Santa Engracia
Santa María Magdalena
San Nicolás (excelente)
San..? (Obispo Cir)
San Jerónimo
San Gregorio
San Sebastián
San Juan Bautista
San Mateo
Una Virtud
Chaflán San Bartolomé
Una Virtud
San Tadeo
San Simón
San Jaime
San Juan E
San Pedro
Santa Lucía
Santa Catalina
Santa Paciecia
San Orencio
San Roque
San Valero (ob)
San Agustín
San Sixto (pont)
San Esteban
San Miguel
Una virtud
San...?
Una virtud
Santo Tomé
Santiago el Menor
San Felipe
San Andrés
San Pablo
Resucitado

Las capillas laterales exteriores del Coro y trascoro no tiene interés artístico (Lado Ev: San Juan Nepomuceno y San Blas; lado Ep: san miguel y san Pedro Arbués; trascoro: san Lorenzo, san Vicente y crucifixión). Son obras amaneradas, de mal gusto y arte, probablemente de pascual Ipas, cuñado y discípulo de Salas( s. XVIII).

SACRISTÍA.- Entre el presbiterio y la cap. Del Rosario (lado Epistola) se penetra en la anti-sacristía, pieza alargada en la que nada resta de las pinturas de Cuevas y de su Maestro Tomás Peliguet que tanto alabara Aynsa. Hoy existen algunos lienzos de los que dos, al parecer sabios (el uno geómetra) tiran con arte fino al pincel de Rabiella.

Sacristía Principal.- Pieza grande, aunque no majestuosa, detrás del Presbiterio, con bóvedas de nervadura gótica decadente. Fue restaurada y decorada con mal gusto neoclásico del siglo, en 1788. Lo mas interesante es el magno armario, de soberbias puertas, a grandes batientes que encierra la exposición de tesoro catedralicio y la buena cajonería, obra en 1642 de José Garro. Al fondo la <<cajarera>> (mueble- vestuario), obra bella en madera taraceada.

O mas digno de aprecio del tesoro es la Custodia, de cuatro cuerpos, notándose en el esto la influencia de los Arfe, la gloriosa dinastía de orfebres; es de arquitectura lisa, pero las figurillas y el conjunto de excelente aire. En el primer cuerpo, el resucitado; en el 2, los Apóstoles, en el 3.º la Virgen, y en el 4º el Agnus Dei coronado por la figura simbólica de la Fe. Es obra del pamplonés José Velázquez de Medrano (por 1596- 1601), en cuya labor entraron mas de 15 arrobas de plata. Junto a ella, se admiran seis bustos-relicarios de plata de autores distintos: Santos Orencio y Paciencia, las mejore sobras de los Hermanos Carbonell (en 1638), que también fueron los autores de los candelabros grandes del altar mayor.
De los bustos de San Martín y San Orencio no se conocen autores, aunque si la fecha de ejecución de 1670, siendo de mano artísticamente mas débil los de San Lorenzo y San Vicente, obras de César Estrada en 1780. estos completan, en las grandes solemnidades, el conjunto del altar mayor con el magnifico frontal de madera, recubierto de plata labrada que tiene escenas de la Virgen y su Hijo muerto, ángeles y santos oscenses, generalmente fijo en su lugar, obra anónima, finamente ejecutada de fines del S. XVII. Finalmente existen otros objetos de plata (sacras, vinajeras, custodia pequeña, etc.). Es digno de mencionarse el <<Lignum Crucis>>, obra de varias labores artísticas, descollonando la parte de la cruz, bellamente flamígera y encima algo del llamado <<estilo Borja>>, (de Alejandro VI, princ. S. XVII) aunque el pie y arreglos, parecen del tiempo de Felipe III (S. XVII).

Por la sacristía se pasa al ORATORIO a la espalda de la capilla absidial del lado del Evang. Guarda dos retablos gemelos con lienzos de S. Lorenzo y S. Vicente, viéndose a lo lejos su martirio y un retablo al fondo de Santa Engracia (principios s. XVI) con reliquias, y bello crucifijo en bajo, de clásico estilo XVI).

Por la misma sacristía se sube en angosta escalera al Oratoria del Santísimo (pequeña pieza tras el retablo mayor, al uso aragonés), de gusto plateresco, con decoración exuberante, presentando en los ángulos los signos de los Evangelistas y formando un conjunto acabado, obra al parecer de Bernabé Polo (s. XVI). En el altar un tríptico con bellísimo relieve de la Epifanía en alabastro, de traza primorosa, obra de algún buen discípulo de la escuela de Forment. En un rincón del Oratorio una vidriera delicada de la Virgen y el Niño, del s. XVI, y una tabla del interesante <<monumento>> de Jueves Santo en la que figura el profeta Jeremías, lleno de energía y grandeza, a la manera de M. Angel, obra de Tomás Peliguet, por 1545, a su vuelta de Italia.

No debe abandonarse la Catedral oscense sin la visita al archivo catedrático, por las joyas inapreciables que encierra.

Archivo de la Catedral.- Es uno de los de mayor riqueza documental para la historia religiosa y política de Huesca y Aragón: posee mas de 5.000 pergaminos a partir dei s.XI ( a cuyo final tuvo lugar la reconquista de la ciudad) y con ellos muchos sellos curiosos. De todos, son dignos de admirarse especialmente para saborear el arte de las delicadas miniaturas, los siguientes manuscritos:

<<Actas del Concilio de Jaca>>, documento de letra mozárabe, encabezado por la representación del rey Ramiro y de su hijo Sancho y cinco obispos sentados con mantos, amarillos o rojos, sin duda procedente del monasterio de San Juan de la Peña (s. XII).

<<Misal>>, con magníficas iniciales de lacería flora y fauna, obra de un artista de gran fantasía, que también parece procedente del <<scriptorum>> de San Juan de la Peña (s. XI-XII) <<Hinnario, del mismo estilo, época y lugar que el anterior.

<<Misal>>, de estilo gótico, con influencia italiana del s. XIV, bellas iniciales historiadas, orlas, bustos, escudos y figuras grotescas de mano artística muy suelta.

<<Dominical- Oscense>>, que fue mandado escribir por el ob. D. Gastón de Moncada y cuyas letras iniciales de la parte dominical y santoral están ricamente iluminadas con figuras de Jesús y la Virgen con ángeles y santos, al parecer de la escuela miniaturista catalano-aragonesa del principio del s. XIV.

<<Parábolas de Salomón>>, con miniaturas de escuela francesa del XIII e iniciales historiadas.

<<Misal dominical y epistolario>>, magnifico por su lujo y ostentación con letras miniadas y preciosa ornamentaciónn de gusto persa. Al parecer procede de alguna abadía benedictina. La gama de sus colores (azul, verde, amarillo y blanco sin oro) de tonos brillantes le da gran aspecto. La letra es visigoda, algo afrancesada (s. XIII).

<<Pontifical>>, con bellas miniaturas: dos de ellas a plana entera, el pantocrátor o Cristo- majestad en el óvalo almendrado con los signos de los Evangelistas y la Crucifixión con los símbolos de la iglesia cristiana y los de la s nagoga, en figuras de doncellas Del S. XIII-XIV, procedente del famoso monasterio de San Victorian de Ainsa en la tirra de Sobrarbe.

<<Códice de Oro>> de lso siglos XV y XVI, procedente de la iglesia zaragozana de Santa Engrancia (diócesis de Huesca) con iniciales policromadas con armas reales.

Añádase a todo ello mas de 24 libros corales, 39 códices, martirologios. Etc. Para abarcar el conjunto de los magníficos fondos documentales del archivo catedralicio pero ademas de su riqueza propia, existen otros objetos de importancia arqueológica excepcional, como el Retablo de la Virgen de Salas, pieza interesantísima de la Catedral, desgraciadamente incompleta, ya que solo subsisten siete de los medallones (de madera, recubierta de plata repujada) del famoso retablo de Santuario de Salas. (véase: alrededores de Huesca), cuya imagen de la Virgen fue objeto de tantísima veneración popular en la Corona de Aragón y de los monarcas sucesores de Jaime I y Pedro IV, el rey Ceremonioso. El último en su guerra contra el Cruel de Castilla ( guerra de los dos Pedros), vióse obligado ante las necesidades de la contienda a requisar y vender muchas alhajas de las iglesias de su reino, entre ellas las de Salas. Llegada la paz, quiso resarcir de aquellas pérdidas y donó al famoso santuario oscense este precioso retablo por medio de su tesorero Pere Desvall, como reza su inscriociñon gótica borrosa (1366). Destruido en tiempos del Ob. Aragón y Navarra (s. XV) solo nos restan siete medallones o cuadros, llamados las <<alegrías de María>>: Anunciación, natividad, Epifanía, Resurrección, Ascensión, Pentecostés y Asunción. Parece obra fina de gusto delicado con restos de policromía, obra del cincel de Pedro Borners, platero de la real Casa de Aragón en el s. XIV.

Es pieza característica de la primera época de Transición de la orfebrería gótica, en el cual sobre una base utilitaria como en el románico, se pone ornamentación ya ojival; las figuras son mas naturalistas que en la época anterior y con tendencia al idealismo. Este retablo tiene el mismo punzón de platero que la también famosa silla de D. Martín el Humano, de Barcelona.

ARQUETAS.- Joyas capitales de esta Catedral son las tres famosísimas arquetas esmaltadas que conserva el archivo catedralicio y que como todas tenían un fin esencialmente de relicario, obras al parecer del S. XII en sus finales, tiempos en que la vuelta de los Cruzados de Oriente influyó en Francia, (en España nuestro contacto con el islam nos lo había mantenido) el gusto bizantino en el arte de la orfebrería esmaltada). Es lo mas probable que a Huesca llegasen por el camino de los peregrinos a Compostela, como una de tantas manifestaciones culturales que influyeron en nuestra baja Edad Media, y es menos de extrañar que uno de los pasos mas frecuentados era el aragonés del Somport.- La primera, de claro estilo de la escuela de Limoges, la mas grande, presenta finos esmaltes de tipo bizantino: figura de Jesús bendiciendo con apóstoles y dos signos de evangelistas y en el reverso de la tapa la Virgen con el Niñi, cuatro figuras y los otros dos signos evangelísticos; en los laterales, diversos dibujos lobulados y las figuras de San Pedro y San Pablo; parece obra de fines del S. XII.- La segunda, la Mediana, es la mas interesante por su rareza, digna compañera tan sola de otros estambres del Museo Británico de Londres, escuela no de Limoges, como se ha pretendido clasificarla, sino de estilo llamado <<del Mosela>> (Alsacia y Lorena), escuela contemporánea y anterior a aquella; interesantísima pos su dibujo de gran soltura individual y sus colores (verdes, amarillos y limonados): las escenas representan la Epifanía, el Crucificado con ángeles, la Virgen, San Juan, San Pedro y San Pablo.- La tercera es la mas chica, representa también la Epifanía, siendo el reverso lóbulos esmaltados, pareciendo claramente arte del s. XIII de la escuela de Limoges.

Frecuentemente en el archivo y en su ausencia, en la pequeña sacristía de la Capilla de los Dolores de la Catedral (cap. Nº VII), se encuentra ell interesante retablo primitivo, en tabla de Pere de Zuera (s. XV).

Es de pequeñas dimensiones, pero de un rico colorido, de tonalidades suaves y una exquisitez en el dibujo de las figuras que coloca a su autor en el primer plano de los primitivos aragoneses. Representa la Coronación de María por su Hijo en su parte central, rodeada de ángeles con instrumentos musicales, presidida por el Padre Eterno en lo alto. A los lados la corte celestial, en conjuntos maravillosos de figuras.

A la izquierda, los doce apóstoles y doce santos obispos, abades, cardenal y Papa. A la derecha, doce santos mártires y diáconos, entre ellos, San Lorenzo; mas abajo doce santas, con los símbolos de su martirio, abadesa, santa..? (clavo);santa lucía, (ojos); Santa Catalina (rueda); santa agueda (muuerla); snatas fundadoras (libros); santa bárbara, (torre); el fondo dorado, con dibujos calads que resaltán mas el primoroso conjunto. Encima del marco lobulaldo gótico que se encuadr el motivo principal, una escena de Calvario. La predela o banco forma otro precioso conjunto de cinco escenas: la del centro es una Piedad: un ángel coge amorosamente el cuerpo muerto de Jesús entre la virgen y san Juan; las otras escenas son: san miguel, pesando las almas; san lucas evangelista; san juan evangelista, y santa con caja en la mano, de bellísima figura. Es muy curiosa la firma del autor: AQUST RETAULO PINTO PERE ÇUERA PINTOR.- Consta documentalmente muchas de sus obras por los años 1450 a 1460 aunque hay la mayor parte perdidas.

CLAUSTRO

Se pasa al claustro por el crucero lado Ev. (N). portada interesante por sus elementos primitivos románicos de transición al gótico en capiteles y archivoltas; en el tímpano la Virgen y dos ángeles con copas en las manos, en relieve y en el fondo los cuatro Santos osceneses (lorenzo, vicente, orencio y paciencia), pinturas todas de gran carácter primitivo y de mérito elevado, si como al parecer fuesen del siglo XIII; pero la escultura es de traza basta a la manera de Olótzaga, como las partes mediocres de la portada principal catedralicia.

El claustro es desigual, sin el carácter bello y románico de la mayoría de los claustros españoles, por sus arquerias cegadas y su aire de abandono y de tantas renovaciones y postizos que le han hecho perder todo su encanto poético y arqueológico. Cesó en la catedral la vida regular de los canónigos, en tiempos del OB. Solá ( meds s XIII). El ala mas antigua era la correspondiente a la llamada << sala de la limosna>> (N) que conserva arquerías y capiteles romñanicos deteriorados y en los muros inscripciones funerarias principalmente del SXIII de noble sy prebendados; junto a ellos, donde antes estaba el antiguo capítulo, hay un bello relieve de la Virgen sentada con el Niño ( por 1257) junto a la puerta de la catedral el ala gótica, levantada por el famoso ob. Oscense Domingo de Ram ( uno de los tres compromisarios aragoneses en Caspe) que lo realizó con la ayuda de Benedicto XIII (Papa Luna) quien tanto se prestó a terminar esta parte de la catedral y el claustro: es de bóveda ojival de arista, alta y airosa con los escudos en las claves del famoso Pontífice y el gran Obispo. En esta parte dell claustro hay algunos sepulcros del XIV y un relieve del Calvario. Es curiosa en la parte antigua una inscripciñon, hoy borrosa de Forment, el genial escultor dedicado a su discípulo Pedro Muñoz.

Sala de la Limasma.- Antiguo refectorio en la vida regular de los canónigos, debe su nombre por los 25 menesterosos que comían allí diariamente. Era un hermoso salón (hoy trastero abandonado), dividido en dos partes por un arco apuntado. En el hay un púlpito mudéjar con labores de yesería del s. XVI (arte, el mudejár, que con tener uno de sus focos importantes en Aragón, principalmente en arquitectura, por la falta de buenas canterías son muy escasas sus obras en la región altoaragonesa). Una capilla bellisima, por su decoración y relieve plateresca en ella abierta en el s. XVI perdió su interesante retablo de San Martín, obra de Tomás Peliguet, desconociéndose su paradero.

Adosada al patio interior del claustro está la
PARROQUIETA.- (Así conocida por el pueblo, parroquía del Salvador en la Catedral) obra moderna, realizada por el ob. Honorio María Onaindía en 1884, que con su sacristía ocupa casi todo el patio del claustro catedralicio, salvo tres tristes cuadrilongos que sirven de trasteros,. Pero esta obra moderna e inadeciada al lugar conserva el famosísimo retablo de Monrearagón. El castillo abadía que domina altanero la vega de Huesca, la famosa fundación de Sancho Ramírez en 1094 hasta los incendios, las leyes desamortizadoras y el abandono del siglo pasado lo arruinaron, pasanto su retablo a la parroquia de la catedral, asi como los restos del rey batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo.

Retablo de Montearagón.- Es una de las mas exquisitas obras artísticas de la capital, primorosa labor del célebre escultor aragonés gil Morlanes, relizada por encargo de Alonso de Aragón, prior del Monasterio (hijo natural del Rey Católico), por 1507-1512. el retablo y la bella portada de la iglesia de Santa engracia, de Zaragoza, sn las últimas obras del artista. El conjunto es de estilo gótico florido, con magnifico guardapolvo, pináculo, doseletes, etc. La parte inferior forma entre elementos decorativas exuberantes, cinco escenas (epifanía, predicación de san Victorian, Piedad, degollación de inocentes y resurreción), separándolas junto a cada pináculo una pareja de apóstoles. Sobre esta parte se levanta la central con tres grandes espacios para las escenas de la Transfiguración, juicio y ascensión.
Todo de finísimo alabastro, gran soltura en las composiciones y bellas figuras. A los lados los escudos de la famosa abadía-castillo de Montearagón (una fortaleza y un cordero).

El sagrario ( que entorpece la vista del conjunto), procede de la capilla de Santos Orencio y Paciencia, fundación de Lastanosa: es obra rica de mediados del S. XVIII. Precioso armario de principios del siglo XVII, con relieves de las virtudes cardinales en las cuatro hojas.

PALACIO EPISCOPAL. Se penetra por el claustro continuado por largo corredor: Del antiguo palacio gótico episcopal de Huesca apenas quedan restos que nos hablan de rico pasado: salas espaciosas, ventanales góticos, todo fue destruido y transformado en los S. XVII y XVIII. Recientemente, el ob. Mateo Colon (1930) ha renovado parte del palacio, encontrando algunos ventanillos y arcos románicos, seguramente de su parte mas primitiva. Es digno de anotarse una puerta románica de tres archivoltas, curiosisima.

El gran vestíbulo, fue lujoso salón que enaltecieron los cronistas locales de la obra del ob. Antonio de Espés (1466-1484): solo hay el artesonado de estilo y gusto mudéjar, ostentado en sus vigas el <<Tanto Monta>>, famosa divisa de lso Reyes Católicos y las armas del obispo, con el lema << tu es mea spes>> (tu eres mi esperanza, es obra de finales del s. XV, y quizas la única obra mudéjar de Huesca y el Alto Aragón. En el interior había otro artesonado, del que se conserva gran parte, con el escudo de Urríes, ob oscense en 1424-1443. en los muros del salón, se encuentra un lienzo curioso de asunto raro (¿cira de endemoniados?) de mano original y tonalidades que recuerdan lejanamente al Greco, pero con gran dominio en la composición de muchas figuras (s. XVII).

En el oratorio familiar del obispo, eciste lienzo de Virgen de la escuela de Murillo, de sorprendente finura.

Volviendo a la plaza de la catedra y dando frente al palacio episcopal y cada de canónigos, se levanta la casa consistorial de la ciudad: ayuntamiento (plano general nº XXII).

HISTORIA.- Municipio romano Huesca (Urbs Victrix Oscae, dictado de ciudad vencedora, concedido por Julio César), gozó de grandes privilegios, que solo se concedían a muy contadas ciudades y colonias bajo la dominación de Roma. Tales como el regirse por sus usos y costumbres; es asi mismo indiscutible que sus pobladores gozaron de privilegio de ciudadanía romana, y así sus ciudadanos podían ingresar en las legiones romanas y hasta en la aplicación de las penas quedaban de procedimientos afrentados. Y es preciso señalar estas distinciones cuando tan escasas eran en los primeros siglos de la dominación los municipios españoles que alcanzaron tales privilegios del Senado y el Pueblo Romanos. Huesca llegó a la cumbre de su gloria, cuando alcanzó de Julio César el glorioso de Dictado de Ciudad Vencedora, que ella grabó en su escudo, como emblema de un pasado glorioso de vida romana. Escasas noticias tenemos del municipio visigodo y aun del mismo musulmán, tanto bajo el poder de los emires y califas cordobeses como siendo cabeza del walifato dependiente del rey taifa de Zaragoza (los Beni-Muza, Tochibies y Beni-Hud, sucesivamente), épocas en las que entre distintas vicisitudes la historia no dejó huellas de su vivir municipal. Pero ya cristiana (desde 1096), fue el municipio oscense de los mas libres, caracterizado por la dureza y ejemplaridad de su Justicia. Esta Justicia, era de nombramiento real hasta 1289, en que Alfonso III se reservó el derecho de elegirlo entre cuatro personas sacadas a suerte y además de normar su Lugarteniente y el famoso Zameldina (ejecutor de las sentencias). Se nombraba también cuando las circustancias lo exigían un <<Justicia albarráneo>> por encima de los fueros y con poderes extraordinarios. Igualemnete eran de nombramiento real los jurados, pero no los consejeros que se dividían en brazos. Dado el carácter eminentemente feudal del Alto- Aragón, la aristocracia (tan rebelde e insumisa al poder real a partir de Pedro III, fines del s. XIII), prevaleció sin embargo poco en el Municipio oscense y la actuación de la ciudad fue paralela a las Comunidades del Bajo Aragón mas democráticas y realistas (Calatayud, Daroca, Teruel, Albarracín); Huesca en la Edad Media se apartó frecuentemente de la convivencia de aquella nobleza aguerrida y levantisca, lo mismo en las Cortes del Reino como en las tumultuosas ligas sediciosas. Asi al llegar el famoso interregno por la muerte del rey don Martín, mientras las huestes del Conde de Urgel y de Antonio de Luna saqueaban la comarca, Huesca supo mantenerse neutral entre los pretendientes a la Corona. Imposible detallar el sin número de privilegios de que gozó la ciudad, concedidos por todos los monarcas de Aragón, ni tampoco señalar sus distintas ordenanzas y regímenes pero si marcar algunos cargos interesantes, que formaban parte de sus consejo conjuntamente con los 24 concejales (divididos en 14 preminentes, 8 segundo y terceros), tales como el <<almo aren>> (encargado de las pesas y medidas) el <<padre de los huérfanos>> (que limpiaba a la ciudad de vagos y mendigos y protegía a los humildes) los <<contadores>> (que fiscalizaban a los empleados y recibían las quejas públicas), el <<regidor>> (verdadero director del hospital), el <<mayordomo>> (encargado de la contabilidad), el <<bayle>> (cobrador de rentas y sobre todos el <<Prior de los jurados>> que era la cabeza de la ciudad y necesariamente tenía que ser mayor de 45 años y haber sido tres veces consejeros.

FACHADA.- El edificio Consistorial de cierta majestad, es de arquitectura castiza aragonesa, ejemplar del Renaciemiento plateresco del s. XVI, parece recordar en su aspecto la época de apogeo del Municipio español. La fachada de ladrillo ( como toda la arquitectura castiza popular aragonesa), es austera y noble aunque fue rehecha en 1610, según los planos de Domingo Zapata, arquitecto de Zaragoza, sobresaliendo en su conjunto la alta y hermosa galería con columnas que sostienene un típico y artístico alero rafe en el país), sobre netamente aragonesa construida en 1611; completa la fachada, dándole mayor carácter, dos macizas torres en los ángulos.

INTERIOR.- Ocupa el actual edificio y su huerto, el solar de <<las casas de la ciudad>>, llamada también >>casa de la corte>> que debieron ser habilitadas para tal fin en el s. XV, y ademñas mas tarde derribadas para levantar el actual ayuntamiento, probablemente para asiento de oficinas y reunión del consejo ordinario, ya que los generales (consejo abierto) de todos los vecinos, se sabe documentalmente que se reunían en un antiguo fosal o cementerio en las cercanías de la iglesia de las Miguelas.

El zaguán de la entrada es majestuoso, con columnas que sostienen arcos platerescos bellamente labrados con el tema latino de Ciudad Vencedora y sostienen un hermoso artesonado tallado y macizo. Al pies de los arcos arranca una escalera señorial, ornada de bustos en medallones y hermosa bóveda con los cuatro escudos de Aragón, obra del escultor Miguel de Urliens. En los huecos de la anchurosa escalera los sitiales, asiento del Justicia, del <<Sucesor>> y un jurado, curioso como mueble del Renacimiento (1578) y por los recuerdos que evoca de la historia aragonesa. En el fondo del vestíbulo está situado el Salón de Sesiones, en cuyas paredes están cuatro lienzos grandes que representan a los reyes Sancho Ramírez, Pedro I, Alfonso el Batallador y Ramiro el Monje, cuyos hechos están tan enlazados con la historia De la ciudad: son obras de Juan Galván, de Zaragoza, en 1826. finalmente, en las oficinas municapales puede verse las <<Juratorias>>, dípticos de la plata (crucifixión y Jesús bendiciendo), obra bella del oscense Fermín Garro en 1657; unas mazas, también de plata, del orfebre García (fines del s. XVI) y en la secretaría un magnífico armario de talla renaciente, obra en 1592 del escultor Juanes de Verrueta, el artista que finalizó la sillería del coro catedralicio.

En el jardín, un busto sobre pedestal pétreo, con los escudos de Aragón y de Huesca (s. XVIII) procedentes de la pl. de Lizana.

Adosado al Ayuntamiento, en su lado N., se encuentra el edificio de Santiago (hoy Museo Provincial de protocolos), fue el famoso y antiguo colegio Imperial de Santiago, adscrito a la gloriosa Universidad Sertoriana, y digno compañero de los Colegios universitarios de nuestra época clásica en Salamanca, en Alcalá o Valladolid.

HISTORIA.- Fue fundación el Colegio de Santiago D. Berenguer de San Vicente, maestro en artes en la misma universidad oscense y canónigo de la Catedral, en unión del maestro Diego Pujol, abad del monasterio de Santa María la Real de Mallorca, que con gran entusiasmo y amor buscaron toda clase colaboraciones, hasta conseguir la acogida y apoyo del emperador Carlos V, que se hallaba por entonces celebrando Cortes en Monzón quien propuso suprimir el prioraro de San Pedro el Viejo para dedicar sus rentes al nuevo colegio universitario.

El lugar fue el solar de las casas solariegas del fundador con sus bienes y la herencia que recibió de una hermana. Se le nombró patrono mientras viviese y se señaló como Consejo de Patronato al rey, al obispo de Huesca, cabildo catedralicio, inquisitor del reino, justicia de Aragón y al barón de Ayerbe.

La majestad de Carlos V concedió un sinnúmero de prerrogativas e inmunidades y dio al Colegio el honor de usar sus armas (gigantesco escudo imperial en la escalera) y tomar el título de <<imperial>>. También se obtuvo la aprobación pontificia por Bula de Paulo III (Farnesio) en septiembre 1533: llegó a ejercer jurisdicción en cinco lugares e incluso nombraba ayuntamientos. Los colegiales no podían pasar del número de 13, teniendo que ser hijos legítimos de familias hidalgas, mayores de 20 años y haber nacido en los estados de la Corona de Aragón (Cataluña, Valencia, Baleares y Aragón) o de Navarra, además de ser bachilleres: usaban traje con mateo, de paño, beca de grana y bonete negro, luciendo en el pecho la cruz de Santiago. En el catálogo de alumnos del Colegio Imperial se encuentra un gran número de personajes eminentes: obispos, arzobispos (5), regantes de Aragón (8), magistrados, justicias, cancilleres, auditores, catedráticos, consejeros. A principios del s. XIX al desaparecer la Universidad serioriana arrastró en su caída a los colegios universitarios y mas adelante las leyes desamortizadoras del ministro Mendizábal acabaron con la secular fundación que había sido el orgullo de Huesca. El edificio paso al Instituto de Segunda Enseñanza heredero humilde de aquella universidad gloriosa. Hoy destartalado con restauraciones costosas y lentas, con el abandono de la ciudad, deja sentir la inquietud del porvenir.

FACHADA.- Forma como continuación y complemento del vecino Ayuntamiento separado de él por la torre pero en perfecta continuidad de sus líneas típicas aragonesas, con curioso balc´n de gondo aconchado para demostrar sin jacobinismo y en él el escudo titula, y enlo alto espléndido alero y alta galería formando ángulo en el colegio: es obra de gusta renacentista del arq. Antonio Mendizábal (por 1610) que también terminó las obras de las Casas Consistoriales.

El interior, muy abandonado, da triste sensación, pero la escalera con el gran escudo imperial, añora su pasada grandeza. Hoy el vestíbulo, escalera y planta principal, forman el Museo de Bellas Artes, mientras el fondo de la planta baja, esta destinado a Archivo histórico Provincial.

Museo Provincial de Bellas Artes.

HISTORIA.- Se fundó este Museo Porvincial, tan interesante para el estudio de la pintura aragonesa principalmente de primitivos, en 1893 debido a las gestiones de la Comisión local de Monumentos y a la ayuda prestada por el entonces Gobernador civil D. Manuel Salavera, empujados todos por el entusiasmo y autoridad de aquel gran oscense y excelente artista D. Valentín Carderera, pintor y académico de las Reales Academias de Bellas Artes de San Fernando y de la Historia, que concibió la idea y puso afanes y entusiasmos y no pocas donaciones, (el lote mas importante de pinturas en número de 72), además de una buena colección de dibujos, estampas y libros. (véase Biblioteca Provincial), completándose el Museo con el envío de 13 lienzos por el Ministerio de Fomento, y 53 que guardaba la comisión Provincial de Monumentos, procedentes de los conventos oscenes, a raíz de la exclaustración.

VESTÍBULO

- Expuestos objetos en piedra de valor aqueológico: varios capiteles románicos prcedentes de las ruinas del castillo- abadía de Montearagón (s. XII) y otros de San Pedro el Viejo. Tres grandes escudos de antiguas casonas hidalgas de Huesca, varias basas románicas y una romana hallada en la inmediata calle de Dormer. Ventana ajimeceda árabe del s. XII, procedente del castillo de Loarre; gran monolito con inscripción romana.

Escalera- (1) En el rellano, imagen gótica de San Pedro, procedente de San Pedro el Viejo. Dos curiosos diversos de la ciudad de Huesca, objeto de tantas discusiones de eruditos; el jinete con la muesca y la fortaleza murada con la muesca. En los muros del lado derecho 24 (¿) inmaculada sobe paisaje (s. XVII); 87, Martirio de San Lorenzo (s. XVII); Virgen y San Antonio; 113, visión de Santa Teresa (escuela aragonesa, s. XVII); 94, Virgen con Niño. Todos de poco interés.


(1) los números se refieren a los que presentan las obras en su Catalogación.


Lado izquierdo: Pontífice; 86, Martirio de San Vicente; 144, Inmaculada; 97, Comunidad carmelita adornado a la Virgen titular. En el suelo del segundo rellano algunos escudos, fragmentos de mosaicos y basas romanas.

Frente a la escalera, Sala de entrada al Museo (llévese siempre la izquierda en cada sala); 79, <<La Virgen (niña) y sus padres>>, acertada composición grande, firmada por Francisco Camilo en 1672; 71, <<Alegoría del pecado>>: el árbol del bien y del mal y la serpiente seduciendo a Eva mientras Adán toma el fruto y la muerte se cierne sobre ellos y en lo alto el Padre Eterno contempla la desobediencia.- Al lado una litografía de Goya; 72, <<Alegoría de la Redención>> curioso como el anterior por su rareza y composición y en las figuras simbólicas de la Humanidad, el pecado, y el Bautista enseñando a los niños el árbol del Paraíso de donde pende Jesús. Esta pareja de lienzos curiosos, que nada tienen de escuela valenciana, parecen italianos del s. XVII; 81, San José, con niños y ángeles que le llevan flores, de autor desconocido pero no obra de Camilo; 16, (sobre el balcón), retrato del gran artista y académico, creador del Museo, Valentín Carderera; 77, la Transfiguración del Señor entre luces, Moisés y Elias que descienden y los tres apóstoles en el suelo fascinados. Es un buen cuadro de empeño, muy cercano a los mejores de Ribalta (s. XVII), de autor desconocido; 117 y 116, Verónica y Ecce-Homo, procedetes de un mediocre, <<Vía Crucis>> incompleto. Dos litografias de Goya; 85, San José, otro buen lienzo firmado por Camilo, compañero del núm. 79.

Salón grande (a la izquierda de la sala de entrada): Imagen gótica policromada de San Bartolomé, con doselete, procedente del retablo (véase sala de primitivos) de la capilla sepulcral del claustro de San Pedro el Viejo; 78, << Presentación de la Virgen>> con los padres y el Sumo Scerdote, que la coge de la mano, mientras en el suelo hay un maravilloso grupo de mendigos. Lienzo muy bueno, de completo aire murillesco mas bien apuntado a lo Marquez; 82, <<Presentación>> del Niño en el templo, Simeón recibe al Niño de manos de l Virgen, detrás San José, mancebos, ancianos y otras figuras; delante el cesto de la palomas simbólicas. Es obra muy acertada de Gilarte; 76, La Virgen orando, obra del mismo; 75, <<La Presentación en el templo>>, buen lienzo del autor citado; 25, Virgen, obra muy mediana; 26, Cleopatra, de la escuela de Guido- Renni; 102, San Pedro penitente, parece un original de Rabiella; 84, Apunte de Santiago, copia del Guido Renni; 31, <<Asunción>>, mediano lienzo del italiano Crespi; 36, <<Dama veneciana>>, copia del Veronés; 83, san Jerónimo al estilo de Mateo Cerezo (XVII); 51, San Pedro mártir y sus compañeros asaltados por herejes, copia de un cuadro de Ticiano que se quemó en Venecia; 42, Herodías con cabeza del Bautista, copia de un Ticiano del Museo del Prado; 66, << Aparición de Jesús a la Magdalena>>, cuadro acertado de un buen pincel de la escuela veneciana; 62, Martirio de Santa Justina, buena copia veneciana de Veronés, hoy perdida; 63, una << Sibila>> buena copia del Dominiquino; 34, San Juan Evangelista y un compañero (sin símbolo), bosquejo de Carlos Maratta; 44, (indescifrable); 45, Cleopatra con sus perlas, obra del francés Franger; 49, Santa Cecilia, tocando la viola ante un ángel que le sostiene la partitura, parece excelente copia del Dominiquin; 33, Santo Tomás; 67, <<La Epifanía>>, buena copia de un cuadreo del Veronés; 55, paisaje al estilo de Bossano. (En un rincón, un <<yar>> gótico de cocina popular, vulgarmente llamado <<calderizos>>); 115, <<flagelación>>, 95, <<El Salvador>>, lienzo de autor mediar o y desconocido; 50, paisaje de arboledas; 53, Retrato (el Marqués de la Ensenada); 27, Herodías con la cabeza del Bautista, lienzo; 32, Bárbara de Braganza, lienzo del s. XVIII; 68-69, Paisajes de la escuela francesa de Poussin; 24, Retrato de infanta, hija de Felipe IV; 252, Retrato de la Marquesa de Luzán, madre de Palafox, el héroe y defensor de Zaragoza de la independencia; es un excelente retrato de Bayeu, seguro de Goya; 70, Retrato de la princesa María Luisa de Parma, al estilo de Mengs (fines del s. XVIII); 39, Retrao; 35, Retrato de Gerard, estudio para el famoso cuadro de la entrada de Enrique IV en París (s. XVII). Sobre el balconcillo: 118, Coronación de María (!!).

Números 57-56-58-59-60-61, hazañas de Hércules de una serie incompleta; 124 (y no lejos, los números 125-129 y 133, el resto hasta el 140 de la colección, en el pasillo central del Museo; véase mas adelante): Escenas de la vida de San Bruno y de la Orden de los cartujos. Quizás la obra mas completa de su autor francisco M. Bayeu, religioso de la cartuja de las Fuentes, en Lanaja (Huesca), inspirándose algunas escenas en la serie pictórica del mismo asunto de Carducci. En el número 129 esta el auto-retrato con paleta y pinceles. Es obra algo rara, pero interesante en que es de lamentar el mal estado de la conservación, pues forma un conjunto curuisísimo, que llegó a entusiasmar al insigne Zuloaga; 90, Degollación de Holofernes por Judit; 103, San Juan de Perusa y San Pedro de Joseferrato, mártites franciscanos, buen lienzo, al parecer de la escuela de Ribalta; Sobre el balcón: 109, Virgen con Niño, 125 y 129. de la mencionada colección de San Bruno, de M. Bayeu; 123, Milagro de un santo; 87, Daniel en el foso de los leones; 45, Cleopatra con sus perlas, obra del francés Franger; 133. de la colección de Bayeu; 92 un Papa (copia?); 105, Lienzo, la Virgen-Niña, curiosa del s. XVII; 88, Virgen con Niño. Todas obras medianas.

Parte arqueológica.- En el suelo del salón hay toscamente recompuestos fragmentos de pequeños mosaicos romno-cristianos, con dibujos geométricos y restos de inscripción, procedentes de la necrópolis del siglo IV, de Coscojuela de Fantova (Huesca), compañeros de las <<tegule>> en el vestíbulo del mismo lugar.

En las vitrinas centrales, se encuentra una gran cantidad de diversos objetos (óseos, hachas, percutores, restos de cerámica, objetos de tatuajes, etc.) de procedencia varia, principalmente de los poblados y estaciones neolíticas y de la edad del Hierro en Lugares de la provincia de Huesca, tales como Valletes (Sena), Villanueva de Sigena, Albero alto, Casbas, Caja de Villabueva. Procedentes de Valfarta (Huesca), pedazos de Cerámica de tipo saguntino, y una interesante espada celtíbera de Tejada (Cáceres). En otra vitrina, restos de cerámica ROMANA DE Calagución de ob. Juan Mortiz de Salaazar al colocar la primera piedra de la iglesia de la Compañía, dedicada al santo oscense San Vicente, en el año 1625. una interesante pesa medioeval (1239); distintos objetos de ajuar funerario (camafeos, sortijas, fíbulas), procedentes de la necrópolis de Fantova; vaso hispanomorisco de reflejos metálicos; varios arcos y otros objetos romanos. Colección de monedas ibéricas, romanas y medioevales de Huesca y Aragón; algunos tejidos y encuadrenaciones curiosas (S. XVIII). Colección de grabados donados por el fundador del Museo V. Carderera, entre ellos uno de la Universidad Setorina, grabado por Artigas, muy curioso, en la otra vertiente de esta vitrina mas restos de los mosaicos de Fantova; gran ánfora de la edad de bronce, procedente de Sena; distintos azulejoz aragoneses. Cristo de cobre esmaltado del s. XIII; una llave morisca y finalmente fíbulas, claves y otros objetos visigodos, procedentes de la necrópolis de Alavilla en Guadalajara. Son interesantes gradados de Teresa y Jerónimo Agüesa, y el realizado por Carderera del gran pintor aragonés Jusepe Martínez, sacado del cuadro que pintó su hijo P. Ramón de Huesca, ilustre fraile fundador de toda la historiografía religiosa aragonesa.

(A la derecha de la sala de entrada): Sala n.º 3 106, Nuestra Señora de Gracia, mala copia de la venerada en Roma, de la escuela de Carracci; 100, martirio de San Bartolomé, pro V. Berdusán, medriocre; 23, tabla delicada de la Asunción con escudo desconocido, estropeado pero muy bello (mediados del siglo XVII); 37, Retrato de María de Médicis, de Serós, de muy buen aspecto pictórico; 91, Boceto de la glorificación de San Pedro y San Pablo, parece de V. Berdusán, 36, Dama Veneciana, 38, Retrato de Ana de Austria, haciendo pareja con el anterior, nº 37; 30, Vrgen y Niño con santa, copio del Veronés; 29 pentecostés, de la escuela de Mateo Cerezo; Gran lienzo <<Bautismo de Cristo>> en el río Jordán con el Bautista y ángeles y a lo lejos tropel de gentes a pie y a caballo, contemplando en lo alto la escena el Padre Eterno y el Espíritu Santo, es una de las mejores obras del Museo, magnifica de color y composición obra de Juan Pareja en 1667; 114. La Vurgen lactando al niño, tabla; 16, Santa Lucía, con corona, palma y los ojos en el piato, muy buena obra de Vicente Carducci, pintor de cámara de los reyes Felipes en el siglo XVII; 74, Obispo, mártir, escritor y mercenario (San Pedro Pascual) firmado por Solís; 73, crucificada dentro de un templo, excelente lienzo en su factura pictórica a base de rojos, obra de Carreño, 65. concepción y San Miguel en lucha con el ángel malo, obra de la escuela de Jordán; 40, Retrato de mujer, copia antigua de un original de Berlín; 48, <<Asunción>>. Boceto de Castilla, el maestro de Murillo; 93, <<santa Teresa>>, buena obra pictórica. La santa recibe la inspiración divina para escribir lo maravilla de su prosa mística; obra muy lograda del pintor aragonés Vicente Berdusán; 64, <<La Virgen con el Niño>> y ángeles con instrumentos de música, parece copia de claudio Coello.

En los bordes de los muros de la sala sobre tarima se encuentran algunos objetos arqueológicos: bocal de fuente, parte del brazo de estatua romana gigantesca descubierta en las obras de la parroquieta, de bronce, Virgen gótica procedente de Agüero (Huesca); varios capiteles románicos de distinta procedencia; cinco malas imágenes (entre ellas Virgen gótica) procedente de la casa de Misericordia y resplaterescos de ornamentación de viejos y desaparecidos edificios de la ciudad.

Volviendo al alto de la escala por la izquierda. Se pasa a la galería de donde a la izquierda también, se encuentra la sala de Primitivos, la mas completa y valiosa sala del Museo y una de las mejores de España en este aspecto de la Historia pictórica nacional.

Sala de pintura primitiva aragonesa.- Sobre la puerta: núm. 52. tríptico con puertas: buenas tablas por 1500, que representan la Virgen de la Rosa con el Niño, ángeles con corona y otros con instrumentos musicales; a los lados Santa Catalina y Santa Bárbara: es un bello conjunto de pintura gótica, de sugestiva finura en la escuela aragonesa; nº 4, <<Visitación de María>>, magnífico conjunto en tabla en el que aparece la Virgen y Santa Isabel con ricas vestiduras (moda flamenca de la época) y una doncella ofreciendo claveles, mientras en segundo término aparece un caballero con casco y un hombre con lanza, siendo el fondo arquitectónico renacentista. Es obra anónima (<<el maestro de Sigena>> se le conoce a su autor en la historia del arte español), procedente del famoso monasterio sanjuanista de Sigena, núm. 18, <<la mujer adúltera>>, acusada por Jesús tabla de rico colorido y de gran acierto en las figuras, pintada al óleo pero aun con influencia gótica ( fondo) muy probable obra e Pedro de Apinte, el famoso pintor de Cámara del rey católico (principios del s. XVI); núm 5, <<La Virgen del Rosario>>, tabla de pintura graciosa y bbella de fines del s. XV, procedente de santo Domingo de Zaragoza; nº 22, <<Degollación del Bautista>>, tabla gótica de pintura al temple, del tiempo de los Reyes católicos, quizás como los números 13, 19 y 21 de Pedro de Aponte, núm. 20, Predela gótica, formada por cinco tablas (san Cosme, santa desconocida, resucitado, magdalena y san Damián), obra aragonesa de S. XV, con rica ornamentación y delicados paisajes en el fondo. En la figura del primero, san cosme, con su lujoso traje, se ha creído ver el retrato del desgraciado Príncipe de Viana; nº 17, Otra magna predela gótica, obra aragonesa también, al óleo, de fines del siglo XV, con talla ojival y cinco escenas: Santa Lucía, la Virgen, Jesucristo doliente, San Juan Evangelista y Santa Catalina; 21, Natividad del Bautista; 19, Bautismo de Jesús, 13, Predicación del Bautista ante Herodes, los tres on partes de un retablo descabalado de San Juan Bautista, curioso por las figuras, paisajes y composiciones, buena obra anónima, de pintura al temple del s. XV; núms. (provisionales 251, 255 y 254, sin catalogar): retablo, en depósito procedente de la capilla de San Bartolomé del claustro de San Pedro el Viejo: en lo alto, San Andrés, la Virgen y escena curiosa, quizás de la leyenda de as once mil vírgenes, buena obra por 1470; abajo la predela, desgraciadamente muy estropeado, de cinco tablas dos de ellas indescifrables por el mas estados, otra el resucitado y dos de escenas raras que parece el bautismo de tres personas mayores y una degollación, todas sacadas de la vida y leyenda de San Bartolomé. Son buenas pinturas góticas de mediados del s. XV.

N.º 8, <<San Pedro de Verona>>; n.º 9, <<San Orencio>> (padre de San Lorenzo), sentado con aire de prócer, sujetando a demonios; nº 7, <<San Esteban>>, senyado con fondo de oro; n.º 6, <<Santo Domingo>>.

Forman un magnífico conjunto de cuatro tablas procedentes de un retablo del desaparecido convento de Santo Domingo, de Zaragoza, de escuela arahonesa del S. XV que algunos críticos han querido atribuir a Pedro de Aponte.

N.º 108, <<El calvario>> con gran número de figuras muy expresivas, de gran riqueza de movilidad y Color, forma una buena obra gótica de fines del siglo XV de escuela aragonesa de autor original y desconocido; nº 15, <<visitación>>, buena tabla gótica con excelente paisaje al fondo, quizás de Aponte, como los antedichos números 18 y 21; nº 7 <<San Vicente>> mártir, hijo de Huesca, rodeado de cuatro ángeles con los atributos de sus martirios, tabla gótica del s. XV, de muy buen estilo.

N.º 1, <<San Joaquín y Santa Ana>>, abrazándose ante la puerta dorada, en la que aparece el sumo sacerdote, sobre un arco las iniciales I.E.N; Nº 2, <<Nacimiento de la Virgen>>, con gran acierto de figuras, sobre todo en la Santísima madre y en la doncella que sostiene a la Niña; n.º 3 Anunciación. Con fondo de arquitectura renacentista, de gusto italiano, la escena dividida en tres partes, el ángel figura impresionante con rica túnica, la Virgen humilde y el grupo de doncellas que la rodean que representan las virtudes, todas con graciosos adornos y brocados, las tres tablas con el antedicho número 4, son partes procedentes de un magnífico retablo del siglo XVI ( principios), del real Monasterio de Sigena, de autor desconocido (el maestro de Sigena), español, sin duda de personalidad artística muy recia, aunque inclinando algo a la manera italiana doblemente en el sentido florentino de Boticcelli y al influjo de Mantegna, sin pérdida de su auténtica personalidad hispánica en la fuerza y ostentación de las Figuras. Parte de este mismo retablo se conserva en la Colección Muntadas, de Barcelona.

De la sala de Primitivos se pasa al despacho del Director del Museo. En el se encuentran distintas obras: nº 682 (provisional): vista del Coso de Huesca, obra del pintor local Lafuente (1904). (Sin catalogar) <<Santa Inés>> mas que cuadro religioso es un verdadero retrato, con letra antigua y fecha 1661, de dama visiento a la moda franco-española de la época. Obra muy acertada de Vicente Berdusán; núm 47, San Francisco en éxtasis; 141, tipo aragonés; retrato de Alfonso XII, de muchacho (sin catalogar): un paisaje de época románica muy curioso, de revista por personajes en coches descubiertos, antes las tropas isabelinas al pie del castillo de Montearagón.

Pasillo central: de muy escasa y contraria luz para la observación de las obras expuestas. Casi todas ellas de escaso interés.

Trece cuadros de la curiosa colección pictórica de M. Bayeu, cartujo de las Fuentes, sobre la vida del fundador San Bruno y la Cartuja ya mencionada, el resto en las salas anteriores; 99, Santa Reina; 28, Dama con niño, parece retrato; 101, Inmaculada, buen lienzo que hace pensar en obra de V. Berdusán quizás con influencia de Maratta; 98, Jesús, 111, Jesús Niño; 145, Bautista.

Lado derecho: nº 112, Transverberación de Santa Teresa; 119, San José; 110-120-121-122. escenas de la vida de San Bruno, de la serie de Bayeu, muy curiosa en composiciones, ambientes y figuras. Verdaderas estampas de ambiente deciochesco.

En el resto de la galería planos, fotografías de monumentos artísticos de la capital y la provincia, curiosos por haber desaparecido algunos de ellos.

Saliendo del Museo, por la calle de Dormer (que recuerda al ilustre canónigo y cronista de Aragón, D. Diego José Dormer, gran amante de Huesca en donde murió en 1705), se llega en la plaza de Pedro I (el conquistador de la ciudad al
COLEGIO DE SAN BÉRNARDO.- Fué el Colegio que la orden cisterciense tenía establecido en Aragón desde 1613, que al igual que otras ordenes, poseía en Huesca casa para que los monasterios de la provincia eclesiástica. Enviasen sus novicios a recibir adecuada instrucción en las aulas de la famosa Universidad Sertoriana. La Orden de San Bernardo sostenía en ella la cátedra de Teología. Pero desde la <<francesada>> el edificio sufrió muchas modificaciones y deterioros y exceptuando su fachada barroca (s. XVII) nada recuerda la casa de los monjes bernardos, que luego durante muchos años, fue Escuela Normal del Magisterio, y hoy edificio escolar: tan solo conserva un grande y aceptable lienzo de San José, de escuela aragonesa del s. XVII, a lo Berdusán.

Volviendo a la plaza de la Catedral, por la calle de Quinto Sertorio, se llega a la plaza de la Universidad, donde se levanta ésta (hoy instituto de 2.ª Enseñanza el viejo Hospital Provincial y al fondo el Seminario ( en el solar de la vieja y morisca Zuda).

HISTORIA DEL EDIFICIO.- En lugar que hoy ocupa el instituto se levantaba el alcázar de lso walís musulmanes que a Huesca dominaron cerca de 400 años y que ellos llamaron <<Zuda>> cuyo perímetro debió comprender el Instituto, parte de la plaza y el vecino Seminario. Después de la conquista de Huesca por las huestes cristianas de Pedro I (1096) pasó a ser castillo real pero de esta primitiva construcción no resta nada.

A medados del s. XII, probablemente en tiempo de Alfonso II se renovaría gran parte de la fortaleza como lo demuestra algunas de las estancias que se conservan (<<la mazcorra de la campana>>, la << sala de doña Petronila>>) y los recios muros exteriores del lado N. debía ocupar aún gran extensión, ya que cuando en 1354 Pedro IV que tanto amor profesaba a Huesca fundaba la Universidad o Estudio general de Huesca (la segunda después de Lérida que tuvo la corona de Aragón) donó una gran parte de Lérida que tuvo la corona de Aragón) donó una gran parte del edificio, reservándose para sí otra no menor. En este alcázar se alojaron muy frecuentemente los monarcas aragoneses y algunos de ellos pasaron grandes temporadas y a menudo reunieron cortes.

El cornisa Ainsa nos describe el edificio como conjunto de ingente fortaleza con recios muros y torres, estancias, con arcos, columnas, capitees, almenas, etc., que hoy tan solo exteriormente por el ladp de poniente lo recuerda por su sólida fabrica, propia de fortaleza, pero siendo ejemplo curioso de palacio románico. La Universidad que fundara Pedro IV estaba bajp el recuerdo de la famosa escuela de Quanto Sertorio sabido es como este patricio queriendo hacer de España un baluarte contra el partido aristoccrático de Roma, fundó hacia el año 16 a de Cr. Una escuela en Osca para los hijos de nobles iberos, siendo la primera que en España hubo para educar a la juventud indígena en la cultura grecoromana y no solo en primeras letras sino también como dice Plutarco.- en gramática y retórica. No es pues desproporcionado el título que catorce siglos mas tarde dio Pedro IV a su fundación. Los muchachos iberos de aquel primitivo centro de estudios podían llevar la toga pretexía, distintivo de los hijos de los senadores romanos y recibir como premio la bula de oro. Para apreciar esta obra de Sertorio es preciso pensar en su política de captarse el corazón de los iberos tan orgullosos como agradecidos y forman los hombres que habían de serle necesarios para administrar su dominio español: la gratitud se manifestó pronto y millares de iberos se unieron a él y se hicieron su <<saldurri>> o devotos jurando servirle hasta la muerte y delegados de tribus y ciudades pidieron con vehemencia a su caudillo órdenes para por el luchar contra Roma.

Sobre este recuerdo, se fundño en el S. XIV la Universidad <<Serioriana>> accediendo a ello el rey Pedro a petición de la ciudad en las Cortes de Alcañiz y concediéndola el título de Literaria, académica y Estudio general que alcanzó pronto gran celebridad por sus estudios de Teología y Sagrada Escritura, de Derecho Civil y Canónico, de Filosofía y medicina ademñas de las artes menores. También los Pontífices la confirmaron con los privilegios que gozaban las de Tolosa, montpellier y lérida y hasta las extenciones que disfrutaba la famosa de Bolonia, siendo además, favorecida con el dictado de <<regia>> y <<pontificia>> y con grandes donaciones principalmente de los reyes Juan II el rey Católico y los monarcas de la dinastía austriaca. En 1611, Felipe III hizo donación del resto del antiguo alcázar que se había reservado la Corona a excepción de una pequeña parte que años mas tarde fue incorporado también a la Universidad. Al finalizar el siglo XVII, se derribó o gran parte de la antigua fabrica y se reformó completamente el recio muro del regio alcázar románico en la parte del salón de actos y comenzando a construirse la reforma ideada por el arquitecto y catedrático Francisco Artigas. Lamentablemente fue que la hermosa fachada proyectada no llegará a realizarse. La vida universitaria llenó la ciudad desde el sXV al XIX dándola carácter y gloria cual en las clásicas universidades de la época. La dirección y administración estaba a cargo de los jurados de la Ciudad y mas adelante también de la mitra oscese, con atribuciones de retribuir y normar al profesorado, dedicando rentas, prebencas, raciones y beneficios, de tal modo que según consta por informe del claustro al Consejo de Castilla en 1793 ascendía sus rentas a 132.281 reales, cantidad muy crecida para la época, con la que no solamente cubría los gastos de los 24 catedráticos y de la conservación del inmueble sino que quedaba un líquido superávit superior a los 50 mil reales; su fama fue general en toda la península y de sus aulas salieron carones ilustres que en cargos elevados del reino proclamaban los frutos de su educación literaria. Era digna de elogio por la disciplina de sus escolares, por el esmero educativo y ciencia de su profesorado, por sus ejercicios literarios, por la solemnidad de los actos especialmente la colección de grados, algunos de ellos celebrados en la catedral, fueron de gran resonancia. La fiesta de la Universidad era la de la Inmaculada cuyo dogma defendieron como toda la Nación española y aún hoy, esta famosa festividad es celebrada solemnemente en la catedral por el claustro de profesores del instituto de Segunda Enseñanza, modesto continuador de aquella Universidad famosa que cerró sus aulas en 1845.

Fachada.- Se compone de dos cuerpos, el inferior de cantera caliza y el superior de ladrillo con el escudo de la Universidad. Por un vestíbulo se pasa a un hermoso claustro con bello y románico jardín en el centro, de planta octogonal con robustas columnas de basas sencillas, teniendo por fondo la maciza torre cuadrada que domina el edificio y hoy es centro de observación metereológica.

Los lados del claustro lo ocupan las aulas y dependencias administrativas del actual centro doncente. Hacia el fondo la antigua Capilla de gusto barroco, con interesante y monumental retablo de la época (s. XVII) y bella imagen.- graciosa en su ropaje, expresión y talla de la Inmaculada, patrona de la vieja Universidad. Junto a ella, al fondo el claustro, se penetra en el Salón de Actos y antes, unas lápidas recuerdan el paso por aquellas aulas en sus estudios del bachillerato, del sabio histólogico, gloria nacional, D. Santiago Ramón y Cajal y el famoso escritor de dura y decadente prosa, D. Joaquín Costa. El salón de Actos, de grandes dimensiones aunque de escasa luz por su contextura medioeval, es cubierto de bóveda gótica elevada. En sus muros se exponen retraos de aragineses célebres, cuyos nombres van unidos a la historia de la Universidad: el cardenal Bardají, el Justicia Monter, D. Pedro Ric, Juez de cámara de Castilla, D. Antonio Veyán, Oidor del Supremo y D. Martín Dolz, Doctoral y Vicario. En el fondo del salón sobre la cabecera de la Presidencia, el famoso ministro de Carlos III, Conde de Aranda y a sus lados el poeta Bartolomé Leonardo de Argensola y D. Martín Funes, ob. De Albarracín; en lo alto, otro gran lienzo de Santo Tomás de Aquino, el patrono de las escuelas, y a la izquierda, el retrato de don Agustín Nardisa y Nasarre. Sobre los estrados un bello lienzo de la inmaculada recordando la defensa que de su dogma hicieron los Universidades españolas en los siglos XVII y XVIII y una alegoría de Sertorio recibiendo de Minerva los planos de la Universidad.

Pasando por el estrado se desciende por estrecha escalera a la terrible mazmorra conocida con el nombre de legendario de <<La Campana de Huesca>>

LEYENDA.- Los magnares del reino en el s. XI se mofaban del <<rey cogulla>> que la muerte del rey Batallador había sacado del claustro para ponerle en el trono. La situación del reino era difícil, por todos los vecinos atacado: Navarra separándose de nuevo, Castilla creyendo propia la ocasión para sus viejos sueños del dominio del Ebro, la morería (último esfuerzo almorávide) resaciéndose de los descalabros infringidos por Alfonso y al triste cuadro vino a reunirse el estado anárquico de una nobleza envalentonada y rebelde ante la creencia de un rey de espíritu débil. A las medidas regias de someter la nobleza concediendo mercedes se sucedían nuevas rebeldías sin medida y sin escrúpulos. Ramiro II suspenso ante las dificultades recordó a su viejo amigo el Abad de San Ponce de Tomeras en donde había inciado su vida moncal y antes este varón virtuoso y de suma discreción, envió un mensajero que excusiera sus tribulaciones. Por toda respuesta el anciano abad, llevó el mensajero al huerto del monasterio y empuñando un aguadaña sin decir palabra, fue segando suavemente los pimpollos mas altos del verg. 1. el extraño mensaje fue comprendido y el aragonés se propuso siguiendo el consejo, imponer inexorablemente su castigo a aquella nobleza contumaz de tal manera que fuese <<campana>> que se oyese en todo el reinado. En un día señalado hizo convocar a la corte y haciendo uno a uno llamar a los mas císcolos en un aparte los conducía a una mazmorra del alcázar oscense donde eran degollados por los verdugos. De este modo terrible fueron decapitados 15 magnates cuyas cabezas fueronc olocadas en círculo. La del obispo Ordás (según otros la de Pedro Tizón, conde Monteagudo tenido por principal cabecilla fue colgada en el centro a modo de badajo rodeada por las de montes aragoneses como Ferrench de Luna, Bergua, Azlor, Corne, Vidaure, Foces, etc. Cumplida la terrible ejecución el rey, acompañado de su yerno el conde de Barcelona, hizo descende a toda la Corte a la trágica estancia. Todos quedaron atónicos. Pero la debida obediencia y el respetuoso acatamiento al monarca volvió a imperar en la nobleza. Según la fama, los cuepos de los desgraciados magnates fueron llevados a la cercana iglesia de San Juan de Jerusalén ( tan solo hace años derribada) donde quedaron sepultados. Tranquilizado el reino, salvado el peligro exterior, asegurada la sucesión, el rey congulla dejó a su futuro yerno Ramón Berenguer el cetro y volvió a su vida monacal en San Pedro el Viejo.

¿Que veracidad tiene la leyenda?; sin duda la Genesis y los pormenores de ella es el ropaje literario de influencia clásica, conociéndose en las leyendas orientales antiguas narraciones iguales, cual el mensajero, la respuesta y el castigo. Pero, que hubo revueltas y matanzas, y que Ramiro impuso su autoridad inexorable, esto está aceptado por la sana crítica histórica. Los <<anales compostelanos>> (crónica muy cercana a aquella fecha) habla de la matanza de <<las potestaddes de Huesca<<; pero el carácter navelesco y poético de este castigo del rey, eso fue la obra del monje anónimo, autor de la <<Crónica de San Juan de la Peña>> que tantos errores y deformaciones contiene. El tema de la <<campana>> lo tomó la literatura nacional en todas las épocas, empezando en el romancero para luego pasar al teatro desde.- Lope de Vega, Martín de Meneses, Vera y Villarroel.- hasta llegar a la novela con Cánovas del Castillo y al verso catalán con Martí y Folguera, y culminar en el arte pictórico con el famose cuado << la campana de Huesca>> (del tipo romántico de la 2º mital del s. XIX) obra de Casado de Alisal, que figura hoy en el museo moderno de Madrid.

Mazmorra de la Campana.- Su aspecto se presenta a las imágenes macabras en la que la Historia y la leyenda han envuelto aquel lugar: es un recinto reducido y alargado cuyas paredes lo forman recios muros propios de una fortaleza medioeval, formados por grandes sillares, dos arcos apuntados cruzándose, forman la bóveda donde según la fama debería colgar el badajo de la fatidica y terrible campana que tenía que oir todo Aragón. Una pálida luz penetra por las altas aspilleras abiertas en el muro. Completando la estancia debería colocarse el cuadro o copia del de Casado de Alisal que tanto popularizó la trágica leyenda. El estilo arquitectónico ( iniciación del gótico) parece contradecir la época del suceso, si bien pudo hacer alli anteriormente una mazmorra que fuese luego reformada.

Cercana a la entrada de la <<Campana>> se sube por estrecha escalera a la llamada sala de Doña petronila. Es de los mas interesante de arquitectura civil románica que se encuentra en Huesca y en España. Probablemente es lo que resta del oratorio del alcázar real que mandara reconstruir Alfonso II; aún se observa en la puerta principal (hoy tapiada), y a pesar de la lastimosa restauración que ha desvirtuado en gran parte su carácter, resalta sin embargo su destino religioso, mas que salón del trono y otras dependencias que han querido ver algunos autores.

Parece demostrarlo el ábsde del lado S y los interesantes capiteles de la arquería que circunda la sola, con escenas de monjes, santos, motivos de absoluto carácter religioso, que conservan parte de su policromía antigua. Separan los arcos columnas salientes, adornados en sus mitas con circulos de follaje que sostienen la bóveda, torpemente rebajada en la restauración. Tres balcones se abren al N y S desde los que se contempla espléndidos panoramas de la hoya de Huesca y del famoso salto del Roldán. Hoy esta estancia histórica, sirve de depósito de libros repetidos de la Biblioteca provincial, procedentes de los viejos conventos de la ciudad.

Volviendo al claustro en su lado N, se encuentra la Biblioteca Provincial y del Instituto, fromada principalmente de los fondos bibliográficos de la antigua Universidad Sertoriana y con las bibliotecas de los colegios de San Vicente y Santiago, además de otros fondo procedentes de los Monasterios de San Victorían, San Juan de la Peña, la EX- Catedral de Roda, juntamente a las valiosas donaciones del gran artista oscense D. Valentín Carderera. Hoy guarda mas de 38.000 volúmenes. Se encuentran entre los mas interesantes la Biblia Poliglota Complutense del Cardenal Cisneros, mas de 107 incunables, entre ellos algunos interesantísimos y 102 manuscritos.

Haciendo fondo de la Plaza de la Universidad se encuentra el Seminario Conciliar de Santa Cruz, (plano XXVI) gran caserón modernizado en el pasado siglo, fundaciónn del Obispo D. Pedro de Frago en 1571, siendo el primero que se instalara en España, siguiendo las disposiciones del concilio de Trento, para lo cual huno necesidad de segregar de la jurisdición de Montearagón la antigua iglesia de la Zuda o palacio moro de los antiguos walís de Huesca. De la Primitiva iglesia de Santa Cruz solo resta un ábside semicircular románico de principios del S. XIII.

A la salida- frente al instituto- el viejo Hospital Provincial, en cuyo extremo N. se encuentra la portada de la pequeña capilla, con un interesante relieve en el dintel, bajo airoso alero, que representa la Epifanía, obra gótica curiosa (s. XIV) por su composición y figuras, llevada a este lugar recientemente.



Huesca
Otro recorrido -2-.

La entrada general de la ciudad suele ser por la carretera de Zaragoza: cruzando el paso a nivel (F.CA. Canfranc) toma el nombre de la calle del Alcoraz. Entre las edificaciones, huertas (torres) y empresas que la bordean se encuentra el campo de futbol (tambien llamado Alcoraz por su situación) para venir a desembocar en la plaza de Navarra donde va acusándose la centralización de la vida de la capital, en su continuo desplazamiento hacía el llano del mediodía.

SANTA TERESA (CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZAS).- Fundación del señorío de Argavieso con religiosas procedentes de Tamarite en Julio de 1674.
Convento de austeridad y pobreza según la regla de la sublime Doctora de Ávila. Todo en el conforme al tipo teresiano. Presenta un patio de compás a la iglesia.- Típico carmelitano.- con fachada de ladrillo prototeresiano y hornacina con imagen de la titular, gracioso de conjunto.

Iglesia- De nave y crucero, aquella con lunetos; cúpula ciega y sin tambor y decoración lujosa (probablemente de J. Urliens) en relieves de escultura con santos carmelitanos en las pechinas, en pie no grandes. Los tres retablos (el mayor y los dos de los rincones del crucero) son de fines del s. XVII en los que el barroco triunfa con gran teatralidad.

En el mayor, sobre relieve de ángeles Santa Teresa, de graciosa e inspirada talla. En el tramo superior el Niño y otras imágenes mas toscas completan el aparatoso conjunto. Los dos retablos laterales presentan la particularidad, de no ser simétricos en cada conjunto propio, sino en el doble conjunto y con idea iconográficamente razonada (altos: san miguel y el Ángeles de Tobías; bajos: Virgen Carmen (mod) y san José, aunque de tallas deficientes. Existe también pequeño retablo moderno (san juan de la Cruz y Sta. Teresita, ambos carmelitas) y en las paredes del presbiterio y de la nave grandes cuadros amanerados del XVIII (la buena y la mala muerte en el presbiterio; las glorias de la Orden carmelitana y la Huida a Egipto en la nave.

La plaza de Navarra es la mas importante de la ciudad: forma su fondo al N la gran fachada moderna de la Delegación de Hacienda (arq. E. Vincenti) de inspirado y típico gusto barroco aragonés. El lado de Poniente, el Círculo oscense (muy decaído en su vida social) pero con grades salones y servicios (salón de baile con decoraciones pictóricas de tipo regional del artista local Lafuente por 1912). Finalmente el centro de la plaza lo cubre delicado jardín con fuente escultórica. A esta plaza viene también a desembocar la Avenida de la Estación y adosada a ella en su ángulo SE. La plaza de San Victorián donde se encuentra (en trámite de derribo) la cárcel provincial, en parte, viejo edificio conventual del Carmen Calzado (1).


(1) Huesca, como todas las viejas ciudades de España en la época de su apogeo religioso (sigs. XVI y XVII) tuvo conventos de casi todas las órdenes religiosas de ambos sexos, no faltando los de las cuatro órdenes que era típico en toda ciudad situarlos en sus cuatro puntos cardinales. Así: Dominicos al E (Véase parroquia de santo domingo); franciscanos al S (hoy Diputación); carmelitas descalzos al O. (hoy patios de juego de las Escuelas Salesianas); capuchinos al N. (Hoy torre de capuchinos>> en la carretera de Arguis); a los que se unían los Agustinos Calzados (véase misericordia); jesuitas (véase san Vicente, compañía); mercedarios (hoy cuartel de la merced en la calle Padre Huesca); carmelitas calzados (hoy cárcel), y el Colegio de San Bernardo (hoy escuelas) para novicios cistercienses. Para completar el cuadro religioso de la Huesca del setecientos había que añadir los Colegios con sus capillas de Santiago y San Vicente; los cercanos santuarios de Montearagón (canónigos regulares de San Agustín); de Loreto (Orden agustina recoleta) y las parroquias actuales (catedral, san Pedro y san Lorenzo), con las derribadas de la Magdalena, san Juan y san Martín.


Ninguno de los viejos conventos subsiste hoy con Comunidad de varones: tan solo los jesuitas (tras tantas vicisitudes al compás de las luchas políticas y ausencias) ocupan por excepción su antiguo lugar, y solo, modernamente, los Hermanos de San Viator (escuelas) y los Padres Salesianos, han venido a llenar los vacíos del exagerado número de conventos que la ciudad tenía.

Por contraste los siete conventos de mujeres subsisten con Comunidades, todos en sus viejos caserones: santa clara (franciscanas), asunción (carmelitas calzadas), santa teresa (carmelitas descalzas), san miguel (carmelitas calzadas) capuchinas, santa rosa (dominicas), Siervas a los que han venido a unirse las Hijas de Santa Ana en tres dependencias (colegio de Santa Ana, asilo de San José y hospital provincial), y las Hermanitas de los pobres (asilo) de la plaza de Navarra al cruce del coso, se encuentran los porches de Vega Armijo, lugar del obligado paseo provinciano y mentidero de la ciudad, con sus grandes y típicos arcos y los principales cafés y terrazas. En el centro del pórtico a la izquierda la Diputación Provincial (en los bajos las oficinas del <<turismo del alto Aragón>>, La Diputación Provincial ocupa el lugar del antiguo y famoso convento de San francisco, cuyos restos y muros aun se distinguen, y que fue uno de los mas antiguos de la Orden, fundado ya en el s. XIII. En su iglesia se celebraron diversos capítulos. Con la desamortización y por el estado ruinoso que se encontraba, paso al Estado y mas tarde a la provincia sufriendo continuas restauraciones modificativas. En sus dependencias se encuentran varias obras pictóricas de artista local modernos y el saltón de fiestas con su gran galería exterior, fue decorado con mal gusto, pero lujoso en 1874, restaurado en 1940.

Los porches terminan en el cruce de los Cosos <<alto>> el de la derecha <<bajo<< el de la izquierda) y la calle de Villahermosa (arranque del itinerario número 1) en frente.

Los cosos forman la arteria principal de la ciudad, en semicírculo meridional, antigua periferia de la ciudad, que por el N lo tomaba el río y constituía la vía antigua entre los dos recintos de murallas la de piedra con sus barbacanas y torreones (restos de cuyos cimientos se asoman en algunos edificios) y la de tierra: La muralla con sus 99 torres fue derribándose principalmente a principios del s. XIX y de las puertas de la ciudad tan solo han quedado los nombres (árabes) en el hablar popular (<<Alquiblia>>, <<Ramián>>, <<Alpargán>> o <<Mozárabes>>, etc).

Siguiendo el coso altos en la curva, fue lugar del palacio famosos de los Lastanosa, verdaderos mecenas de las artes y de las letras y que tanto contribuyeron al nombre de Huesca (<<quien va a Huesca y no ve nada de Lastanosa, no ha visto cosa>>: refrán popular) los literatos y los amantes del arte del siglo XVII pudieron contemplar la magnificencia de su Museo, armería y biblioteca, el maravilloso jardín de flores exóticas, con estatuas y surtidores a la manera italiana, con cenadores que no añoraban los de Roma. Todo desapareció, destruidos sus restos hace muchos años y ni el recuerdo queda, una calleja lleva el nombre de Lastanosa) de aquel palacio que visitara Felipe IV y su corte (en la cual y como aposentador y pintor de la cámara iba Velázquez) y el duque de Orleáns y donde lucieron su ingenio en fiestas y certámenes, Baltasar Gracián y otros literatos.

Es digno de notarse en el número 21 la típica fachada aragonesa de la casa de Claver con escudo.

A la derecha (pasados los nuevos edificios de Comunicaciones y del Banco de España) se llega a La iglesia de San Vicente Bajo, vulgarmente conocida con el nombre de "La compañía". Dedicada a San Vicente Mártir créese tradicionalmente ser el lugar de su nacimiento en la Osca romana. La fachada es pobre, de ladrillo con hornacina del Santo. Sobre la inmediata colleja, típico arco de paso (cegado hoy) con imagen.

San Vicente, uno de los mas venerados santos de la Antigüedad, fue martirizado -con rueda de molino- en Valencia. Cantado en maravillosos versos latinos por Prudencio (s. IV) juntamente con otros mártires españoles entre los que sobresale San Lorenzo, Huesca se enorgullece sin pruebas irrebatibles para ello, de ser cuna de estas dos grandes figuras del Martirologio Cristiano y en verdad tiene mas probabilidades que ninguna otra ciudad que se le patrono>> de Huesca que celebra su <<Fiesta menor>>, el 22 de Enero. La tradición de que el templo ocupa el lugar de su casa natal arranca de la exaltación religiosa del S. XVII.

HISTORIA.- El lugar que ocupa la iglesia se ha creído que en la Huesca romana fue ocupado por unos termas, ya que en el solar apareció una cabeza de fuente romana hoy en el Museo. El ob. Bardají entregó el lugar a la Compañía de Jesús, tan de lleno consagrada a la enseñanza de las artes menores (lo que hoy llamaríamos segunda enseñanza) para que levantase iglesia casa y colegio, adecuadamente, en ciudad de carácter tan universitario. La primera piedra se puso el 31 de Agosto de 1635. pero el edificio no se levanto hasta 1750-61, obra del arquitecto oscense José Sofí que tantos monumentos dejo en la ciudad. Durante la primera expulsión de los jesuitas y el edificio siguió la accidentada vida de la compañía en España al vaivén de las vicisitudes políticas, habiendo servido también de cuartel la residencia, hoy demolida (lugar del actual Banco de España), así como el <<estudio>> o colegio.

Iglesia.- La de mas culto y frecuentada de la ciudad: templo de estilo y tipo jesuítico con decoración y retablos del barroco amanerado- pero ostentoso- de mediado el s. XVIII. De una amplia nave, crucero, tambor y cúpula y presbiterio con lunetos, decorados los techos con discretas pinturas modernas de santos jesuitas y escenas religiosas de las devociones tan propagadas por la Compañía es en general moderna, sin embargo el retablo mayor y algunos laterales forman curioso conjunto arquitectónico para el amante del arte decadente barroco tan popular en las iglesias de España. Capillas laterales, lado Evangelio: San Antonio (imaginería moderna); San Ignacio de Loyola (id); calvario (moderno en todo su conjunto); crucero: gran retablo de la Inmaculada con titular moderna de talla fina. Retablo mayor: conjunto barroco de imágenes adosadas a relieves, tipicidad decadente dieciochesca, de San Vicente y en alto San Miguel y toscas imágenes de santos oscenses. Crucero, lado Epístola: corazón de Jesús, gran retablo con imagen gigantesca; San José (moderno); San Francisco Javier (Conjunto de principios XIX) San Rafael (íd).

Siguiendo el Coso Alto, se llega a la plaza de Camo, (político oscense) y haciendo esquina en ella, frente al moderno Teatro Olimpia (arquitecto Loscertales) se encuentra el Gobierno Civil (hoy dependencias) -Casa de aspecto severo pero de rancio gusto aragonés, llamada <<de los Oñas>>: de vastas proporciones, larga fila de balconajes y típica galería. El interior, aunque desprovista de decoración, presenta amplio zaguán, patio, jardín y escalera con antepecho de fina arcatura. En tiempos de Fr. Vicente Oña, sanjuanista, su rica colección de lienzos competía con los de Lastanosa.

Mas adelante, mas bella en su exterior, la <<Casa de Climent>> (colegio de Niñas de Santa Ana) de gusto plateresco del Renacimiento (s. XVI) tres balcones (uno cegado), escudo de la familia y medallones con bustos, corriendo en los alto una galería con rafe; en su interior la escalera es bellísima con cúpula y teniendo como elementos decorativos los escudos de familias emparentadas con la titular (Lastanosa, Climent, Cortés, Abarca, Araus, Ahones, Galván, Aguirre, Argilés, todas de rancio abolengo oscense), además de otras figuras y labores renacentistas. Es el mejor ejemplo de casa señorial de la ciudad de Huesca.

La calle transversal que sigue, de San Jorge, lleva a la barriada llamada <<Barrio Nuevo>>, antigua judería hasta fines del s. XI. En el lado opuesto, la plaza de Lizana con el fondo y en alto la mole catedralicia. No lejos, en el Coso, el convento de Capuchinas. Fue fundación en 1647 por Ana María de Latras, condesa de Plasencia, hija de los condes de Atarés, en edificio de su propiedad. La iglesia se terminó en 1671, siendo la fundadora enterrada en el presbiterio. La vida de la comunidad fue continua, excepto en la guerra e la independencia que huyeron en 1809 al acercarse las tropas de Mortier, volviendo al año siguiente.

Interior: austero, de una nave y crucero; Retablo Mayor monumental y aparatoso del tipo de <<naturaleza>> (racimos, hojas, frutos) sin dorado alguno. Dos cuerpos con lienzos escuela decadente aragonesa de fines s. XVII) con la aparición de la Virgen del Pilar y Santiago y en alto Calvario. Los dos retablos laterales son compañeros del Mayor con lienzos (San Francisco y santa religiosa); los dos de los brazos del crucero de confuso barroquismo, con lienzos e imágenes, calvario y dolorosa el de la izquierda santa y San José y San Antonio, el de la derecha.

Siguiendo el Coso, se deja a la izquierda la carretera de Francia (Avenida de Monreal) en recuerdo del oscense que dejo su fortuna con 600 alumnos de escuelas gratuitas, su iglesia gótica recientemente terminada, dedicada a María Auxiliadora, arquitecto B. Farinas.

La calle de Joaquín Costa (1), sigue bordeando El antiguo perímetro amurallado (más visibles su vestigios) y circundando a la ciudad y dejando los restos del que fue convento del Carmen Calzado, (hoy patios de los salesianos) se llega en ameno paseo al convento de Carmelitas Calzadas de San Miguel.


(1) Hacia el interior, paralela a la calle de Costa en la de Pedro IV, medio desmoronada y abandonada, pueden verse las ruinas de la antigua iglesia de la Magdalena, que fue Colegiata y que consta existía ya poco después de la conquista de la Ciudad (1105). Con otras parroquias también desaparecidas (Santa Cruz de la Zuda, San Ciprián y San Miguel), fueron refundidas en la del Salvador de la Catedral. Las ruinas nos muestran hoy un estilo gótico del S. XIV, con techumbre que descansaban sobre arcos de medio punto. Del bien conjunto de obras de arte que encerraba en los últimos años, han desaparecido de modo lamentable: tal el retablo mayor buen conjunto del pintor Esteban Solorzano (s. XVI) y el excelente retablo primitivo de Santa Catalina con once tablas, documentado como obra de Juan de la Abadía en 1491. una talla de Virgen sedante de Montserrat del S. XIII, pasó a la parroquia de la Catedral.


Historia del convento San Miguel (Las Miguelas).-
Fue antiquísima dedicada a San Miguel, fundada por Alfonso I el Batallador, después de catorce años después de la conquista de Huesca en 1110, y consta documentalmente que en persona demarcó con sus pasos el lugar, delante de toda su corte guerrera; se levantó este templo entre el recinto amurallado de sillería con torreones y el muro exterior que era de tierra comprimida, junto a la puerta llamada <<Disircata>> (derribada en 1790 que daba al Alcázar real), y el antiguo dosal o cementerio de los cristianos bajo la dominación musulmana (mozárabes). Pero sin duda el edificio fue provisional ya que la actual fábrica (iglesia y torre) es del s. XIII (principios). La comunidad de carmelitas calzadas se hizo cargo de la antigua parroquia en junio de 1622, iniciándose las obras del convento en 1625. siempre se han frustrado los intentos de unir las dos Comunidades de Calzadas que hay en la actualidad (Asunción y San Miguel).
Allí en el patio de entrada celebraban consejo los jurados de la ciudad.

Iglesia.- Es del tipo de transición entre el románico florido y el gótico, aunque debió engrandecer se al finalizar el s. XIII como parece demostrar su arquitectura: presenta líneas esbeltas y los arcos apuntados se mezclan con los de medio punto. La recia Torre, de planta cuadrada- la mas bella torre de la ciudad- presenta en sus lados ventanas ajimezadas románicas. En el interior presenta tres retablos del gusto amanerado del barroco del s. XVII. El coro es de talla sencilla.

Rodea la iglesia por su parte N el cauce del río Isuela con pinaradas y árboles de follaje, un grato rincón. El puente moderno ha venido a sustituir el antiguo romano cuyos arranques de arco aun se distinguen. Dejando la salida de la ciudad por el puente hacia Arguis, se sigue por la llamada ronda de Montearagón entre la vieja muralla y las huertas que bordean el río. Se deja a la derecha el Asilo de San José y la Casa Amparo (el primero fundación del obispo Alda en 1891, para niños pobres).

La ronda de Montearagón es lugar ameno de paseo junto a los vestigios murales mas viejos de la ciudad entre campos amenos y las duras perspectivas de la sierra del paisaje altoaragonés, bordeando la muralla en este lado conservada. Pronto un torreón el único solitario, nos muestra lo que la ciudad sería con sus 99 torres defensivas, como nos la describen los cronistas: es torre clásica defensiva al estilo medioeval: planta cuadrada, macizo, poco gastado por la erosión, con un <<óculo>> en cada lado, sin troneras ni aspilleras; solitario, en la barriada mas abandonada de la ciudad; en la parte alta sin almenas, presenta una cornisa de mensulas y en su lado N a un altura incomprensible, una estrecha puerta románica al aire.

La ronda continua bordeando la muralla que sigue a su derecha presentando cimentación de canto rodado muralla primitiva y mas alto, grandes sillares de piedra arenisca (muralla del s. XII, tras la conquista) que la erosión de los siglos ha dado formas caprichosas. Los caseríos y huertas de la ciudad en alto y en declive se han servido de ella, como muro de contención. La ronda termina en la tranquila y provinciana Plaza de San Vicente, donde se encuentra.

San Vicente.- (Hoy escuelas; antiguo Colegio Universitario).

HISTORIA.- Fue famoso Colegio Universitario formando pareja y rival del imperial Santiago. Fundado en 1587 por don Jaime Callén, natural de Berbegal, municipio que nombró patrono de su fundación juntamente con el obispo De Huesca y el prior y los jurados de la ciudad. Se requería para el ingreso con la obligada justificación de limpieza de sangre el ser bachiller en facultad menor. El hábito era como el de los santiaguistas, pero con beca azul tan larga como el manto. Felipe II en 1597 le dio el título de real y el uso de sus armas y Felipe IV lo igualó en todo al de Santiago. Ilustres estudiantes salieron de sus estudios (arzobispos, obispos, oidores, fiscales, de las cámaras de Castilla y de Indias) entre ellos el Justicia de Aragón que tomó la jura a Felipe IV, el historiador aragonés Laripa, Lopez de Porras, ilustres jurisconsulto, etc.
El edificio, construido junto a la muralla derruida, es obra del arquitecto José Sofí, conservando una bella portada barroca labrada en piedra, de conjunto noble y algunas dependencias espaciosas como la anchurosa escalera. Actualmente, en trámite de restauración, después de haber servido en frecuentes ocasiones de cuartel y cárcel, construye un grupo escolar.

De la plaza de San Vicente se desciende hacia el Río, a la gran mole de Hospicio con patios, huertas y pabellones, conocido generalmente con el nombre de
LA MISERICORDIA Propiamente se trata de dos edificios de muy distinta contextura y estilo: el gran caserón de la Beneficiaria Provincia, obra moderna del siglo pasado y junto a el y unido por recientes reformas en su lado oriental, la iglesia románica de Santa María de Foris, de muy vivo interés artístico e histórico.

HISTORIA.- Fue la iglesia de <<Santa María de Foris>> (por estar fuera de los muros de la ciudad) junto a la llamada huerta de Montearagón, obra y fundación del s. XII como aún lo demuestran la torre y ábside, aunque muy trasformada por sucesivas reconstruciones. Iglesia parroquial hasta 1422, fue luego convento de monjas bernardas, procedentes del monasterio de Iguácel (en Acín, Jaca, de un extraordinario interés en el estudio del románico). Pasadas las monjas al Cambrón (Sábada) la propiedad se transmitió a la mitra que entregó el templo y el convento a los Agustinos calzados en 1510 permaneciendo hasta 1788, en que pasaron al Colegio e Iglesia de la Compañía (Coso) en ocasión de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús. El convento, abandonado, fue cuartel en ocasión de la guerra contra la revolución Francesa (1793) y luego Hospital Militar, finalmente el edificio destinóse a Beneficiencia, haciendo de nuevo el edificio de grandes proporciones aunque aprovechando los materiales de la antigua edificación y conservando la iglesia y la torre en su conjunto. En este lugar escribió por 1580 el P. Malón de Chaide el <<libro de la conversión de la Magdalena>> el mas brillante y compuesto de nuestra literatura devota>> según M. Menéndez Pelayo y uno de los mas sublimes de la copiosa literatura mística española.

EXTERIOR DEL TEMPLO.- Es interesante la arquitectura gótica (XV- XVI) sobre un conjunto románico de final del S. XII. Digno de notarse principalmente en el ábside románico con el ajedrezado típico, mensuales geométricas y pudiendo distinguirse los arranques de otra nave o capilla (quizás del viejo convento desaparecido); la torre achatada, baja, es de un románico de transición con grandes arcos ya apuntados que proclamaban la venida del gótico.

INTERIOR.- Templo de estilo gótico decadente de una sola nave con cinco arcos fajones sin crucero y ábside con bóveda de arista: armonioso conjunto.
Retablo mayor: obra apreciable del S. XVII, bellamente armonizada la armazón arquitectónica con la parte decorativa y los lienzos. En el ático, con escudo pequeño, lienzo de Cristo en la Cruz y dos esculturas pequeñas de San Pedro y San Pablo. El centro del retablo lo constituye un buen lienzo de escuela aragonesa de <<apoteosis de San Agustín>>. El santo titular en hornacina y sentado en trono, presenta el libro de su <<Regla>> mientras en lo alto un ángel sostiene la mitra y otro el báculo, símbolos de su obispado de Hiponia. A los lados, grupos de Clérigos, regulares y caballeros simbolizan las distintas ordenes religiosas de seculares, regulares y militares que se han regido por la Regla Agustiana. La composición, el estudio de cabeza y el colorido son dignos de apreciarse en este lienzo de autor desconocido, pero que puede inclinarse al famoso pintor Bartolomé Vicente. Los laterales, San Vicente y San Lorenzo los famosos oscenses, son de la misma mano con menos empeño. La predela con escenas de las vidas de santos agustinos, es curiosa como conjunto.
Los retablos laterales del templo carecen de importancia: uno de recargado churriguerismo sin gusto y otro de Calvario, amanerado.

Existen la iglesia de tres lienzos notables: <<Fundación de la Compañía de Jesús>>, <<Muerte de San Ignacio de Loyola y <<San Francisco Javier>>; <<Curiosos, de regular factura, aunque deterioradas, pintura del siglo XVII.

Cabe preguntarse la procedencia de estos lienzos de tema jesuita en iglesia que nunca tuvo relación con la Compañía. Sin duda proceden del templo de la compañía (en el coso) en tiempos de la expulsión por Carlos III. Aquella iglesia paso con los años a los agustinos (sus <<rivales>>) con alegría de ellos y grandes festejos al finalizar el s. XVIII y sin duda apartaron de los retablos estos lienzos (acabada de ser disuelta la compañía por el Papa Clemente XIV bajo la presión de las cortes borbónicas) y los llevarían a la vieja iglesia de <<Foris>> para colocar sin duda titulares de la Orden agustina en San Vicente. Desde luego el traslado se hizo con gran regocijo de los agustinos que al fin abandonaban el apartado convento y ocupaban el mas céntrico y el de mayor culto de los templos de la ciudad. Las leyes desamortizadoras y las revoluciones liberales terminaron con los conventos oscenses y los nuevos ocupantes (el Estado y la Diputación) han encontrado un trasiego de obras pictóricas nacidas del rodar continuo de la Historia.

La Misericordia está rodeada de patios y huertos de la institución benéfica junto al río (pasarela en aquel lugar, <<puente del diablo>> en el habla popular) frente al cerro de las Mártires. Siguiendo la ronda de Montearagón y la Beneficencia sigue acusándose los restos de torreones y muralla en el sencillo caserío, se rodea la plaza de toros y su avenida (de la Unidad Nacional) para enlazar con el coso bajo en la llamada plaza de Santo Domingo, que ocupa el lugar del viejo y gran convento de la Orden de Predicadores, del que tan solo resta como parroquia la iglesia con el título de

SANTO DOMINGO Y SAN MARTÍN

HISTORIA.- Fue el convento de la españolísima Orden de Predicadores (Dominicos) fundación en el s. XIII del gran santo español Santo Domingo de Guzmán. La casa conventual de Huesca lo fue del primogénito del Rey Conquistador Jaime I, el infante don Alfonso, en febrero de 1254 a los pocos años de crearse la Orden. Poco después cuando pensaba marchar a la guerra con Francia que entonces mantenía Aragón, dejó establecido que en caso de muerte fuese enterrado en este lugar, queriendo de este modo mostrar su devoción a la ciudad. Sin embargo, no se cumplió su deseo y el cuerpo del prematuramente malogrado infante reposó en el monasterio cisterciense de Veruela, bajo las cimas del Moncayo, para pasar luego a Valencia. Su regio padre y los sucesivos monarcas de Aragón concedieron un gran número de privilegios a la casa, rivalizando con la devoción de los obispos oscenses. Pedro IV el Ceremonioso atemorizado por la invasión del rey castellano Pedro el Cruel y dada la proximidad del convento a la muralla de la ciudad lo mandó a derruir y la Orden trasladóse a la iglesia del Sancti Spiritus (desaparecida) hasta que pasado el peligro se volviera a reconstruir en el mismo lugar en 1382. pero este a su vez destruido en 1687 en que se levantó la actual iglesia, desapareciendo las obras artísticas del crucero encargo de Vic. Jn. Lastanosa. Así subsistió la Orden de Predicadores en Huesca manteniendo una de las principales casas del reino junto a la Famosa Universidad: 15 capítulos provinciales de Aragón se celebraron en esta casa. Con las revoluciones políticas del XIX, vino la exclaustración, derribándose en 1840, el edificio, excepto la iglesia, donde se asegura que hubo una escalera monumental y artística de las de mayor grandeza en España; modernamente quedó en Parroquia a la que vino a unirse la derribada de San Martín.

FACHADA.- Fachada exterior barroca, de ladrillo de escaso gusto y ornamentación, tipo general de las iglesias oscenses. El templo de amplia nave sin crucero, es obra del arquitecto valenciano Antonio Falcón, por 1687-1695.
INTERIOR.- De una sola nave sígase de izquierda a derecha su descripción, empezando a los pies de la iglesia:
Lado del Evangelio. Retablos laterales 1º, 2º y 3º (sin importancia) 4º también del churriguerismo amanerado y decadente, pero con imagen de santa teresa policromada de talla graciosa. 5º del sagrado corazón (pintura moderna). El retablo de principios del siglo XVIII con gran lienzo de Cristo muerto, virgen, evangelista y José de Arimatea, con ángeles en lo alto, 5º (Crucero) de san Martín (procedente del altar mayor de la parroquia desaparecida): gran lienzo del santo a caballo y escenas (santo Domingo, san José, Anunciación, Visitación, santo dominico y Santa Teresa); el lienzo está firmado por Basilio Cagier. 6º (rincón del crucero). Gran retablo con imagen de Santo Domingo, dominado con su ciencia al demonio. Obra de concepción basta y aparatosa del lego del convento Pedro Nolivos. 7º retablo mayor.- D e lo mejor de la iglesia es el retablo mayor (churrigeresco con gran lujo de ornamentación de bustos y de imágenes de santos dominicos) obra de Pedro Nolivos, hermano lego de la casa y al parecer buen artista de talla, y autor de los dos retablo cercanos en los ángulos del crucero, de fecha 1760 y dorados en 1780, sin duda costeados por el ob. De Albarracín D. Lorenzo Ley y Anzano, ya que llevan su nombre y escudos y fue hijo ilustre de Huesca, dominico de este convento, catedrático de la Universidad Sertoriana y que murió obispo de Segobre. El lienzo del altar mayor, es obra importante del arte aragonés, del gran artista Vicente Berdusán. Es un hermoso conjunto de suaves tonalidades de la Asunción de María: Jesús en lo alto abre los brazos para recibir a su Madre que sube entre ángeles; abajo los apóstoles la contemplan levantando los manos admirados. Se encuentra algo deteriorado. Es obra anterior a la actual iglesia y acoplada al retablo, realizado un siglo después de la obra pictórica.

Son dignas de notarse las pinturas de la cúpula y de las paredes del presbiterio con grupos de ángeles y santos de la orden dominica (representados de izquierda a derecha: San Luis Beltrán, San Vicente Ferrer, Santo Tomás de Aquino, santo estigmatizado, San Pedro de Verona y Santo Domingo de Guzmán, otro y Santa Catalina de Sena. El autor desconocido es de fuerte mano artística, pareciendo coetáneo del retablo mayor y presentando un problema de difícil solución (escuela de Berdusán trasladado al actual templo). Lso escudos son de castillos y leones y al centro, indescifrables.

En la sacristía, son interesantes unas grandes libros de coro miniados, procedentes de la derruida iglesia de san Martín.

Lado de la Epístola.- 9º Retablo de Santo Tomás. Obra en conjunto de Pedro Nolivos y compañero del de enfrente e interesante en su conjunto.

10. Pentecostés (procedente de la derruida iglesia de Sanctis Spiritus); barroco con algunos lienzos de escaso color y composición forzada de figuras,
11. Santos dominicos (sin interés)
Adosado a la pared gran crucifijo de talla, obra inesperada e incomprensible del lego Pedro Nolivos que aquí se nos muestra digno de los mejores artistas de la imaginería española. Es talla acertadísima de expresión y de belleza y ella tan solo coloca al desconocido lego del convento oscense en la ilustre galería de los grandes escultores imagineros de España.
12. (sin interés)
13. Gran capilla del Rosario y de la Comunión.
Conjunto acabado, arquitectónicamente adosada al templo, con cúpula y lujo de ornamentación en relieves de santos dominicos y escenas decorativas, Cúpula decorada y azulejería muy vistosa del XVIII. A la entrada, las grandes figuras de San Jorge, Santiago, San Lorenzo y San Vicente; en las pechinas de la bóveda, medallones y relieves con escenas del Abrazo en la Puerta Dorada, Resurrección, Asunción y Pentecostés. Toda obra, de 1744 al estilo de Urlines, tan generalizado su arte de la ciudad.

Los últimos retablos 14 y 15 (bautismal) carecen de interés. A los pies de la iglesia a ambos lados de la puerta, dos lienzos interesantes de escuela aragonesa: <<Santo Domingo>>, con capa, báculo y ángeles y San Bernardo escribiendo libro condenando a Mahoma y recibiendo un ángel que le lleva corona.

En local exterior, adosado a la iglesia a todo lo largo de su longitud, se pueden admirar los célebres pasos de Semana Santa, obras en su mayoría del buen ingeniero contemporáneo Felipe Cascolla, de Graus, acertados de composición y de talla, algunos de ellos sufrieron deterioro en reciente incendio intencionado (1935): Verónica, Prendimiento (muy vistoso), Crucifixión, Desprendimiento. Curioso el paso de la Muerte en el que aparece un ángel con esqueleto, cristo a la Columna, es obra al parecer, de Pedro Nolivos.

Saliendo de la iglesia se sigue el coso bajo, centro, en aquella parte, del artesanado de la ciudad, y que separa el barrio de San Pedro el Viejo ( el antiguo <<mozarabe>>), a la derecha, y el barrio de San Martín y Santo Domingo ( el antiguo <<morisco>>), a la izquierda. Su trazado sigue el viejo perímetro de la muralla, aquí completamente desaparecido, y se llega a la Plaza de San Lorenzo (a la izquierda), donde se levanta la gran mole de ladrillo de la

REAL Y PONTIFICIA BASÍLICA DE SAN LORENZO.

EL SAN PATRONO DE LA CIUDAD.- Huesca mantiene gallardamente y con las mayores probabilidades, el ser la patria del gran Santo, mártir Lorenzo, rivalizando incluso (modernamente) con la misma Roma, lugar de su martirio.

San Lorenzo, natural y Patrono de Huesca, la más legitima y mayor de sus glorias y el mas ilustre de sus hijos.

Vida y exégesis del santo.- mártir de la roma imperial del S. III; según tradición secular antiquísima , reconocida por S. Agustín (s. IV) y S. Pedro Crisólogo en Rávenna (s. V), era natural de España. Como en tantos casos de personajes célebres (emperadores, Papas, Santos) la tradición, y tradición romana guardó su <<natio>>- español- sin aclarar el lugar que vio la luz primera. Su determinación entro en el terreno de las clásicas polémicas hispanas, disputándoselo Huesca que lleva la ventaja) con Valencia, Tarragona y Zaragoza. Una tradición mas arraigada y su carácter intrepidez y tenacidad de un tipismo auténticamente aragonés, permite proclamar hoy, incluso frente a modernos historiadores de Roma, que el famoso diácono tuvo su cuna natal en la Osca romana.

Pocas de su vida, muchas de su martirio son las noticias llegadas hasta nosotros, contadas principalmente por Tertuliano y por Prudencio. Bajo el pontificado de Sixto II, un edicto imperial de Valeriano en el año 257 prescribía el destierro a los jefes de las iglesias cristianas. Al ser preso Sixto II por los pretorianos apareció a su lado el <<principal>> diácono (<<principal>> lo llama S. Agustín y por tanto presunto sucesor.) como tal llevaba la contabilidad de los bienes comunes de la cristiandad romana, tesoros ardientemente codiciados por el prefecto Cornelio Secularis.

<<El dinero que a vosotros os divide, dice Lorenzo- para los cristianos es lazo de unión>>. El prefecto le concedió tres días para que entregase en los pórticos del Foro los tesoros de la iglesia, vasos, talentos y joyas. La persecución, políticamente muy hábil, contra las cabezas directoras y los recursos de los cristianos, tesoros exclusivamente dedicados a los pobres, es decir a la inmensa multitud hambrienta de la Ciudad de los Césares.

Lorenzo dispuso hábil contra lo hábil- un escándalo burlesco, que pregonase en Roma el espíritu, la intrepidez y la tenacidad cristiana. En el día y en el lugar señalado, presentó en vez de los tesoros la multitud harapienta y miserable de los pobres socorridos por la caridad de Cristo.

A la burla sangrienta y al bochornoso engaño del Perfecto Imperial, vino toda la furia desatada del magistrado imperial. El suplicio de Lorenzo tuvo toda la saña y refinada crueldad bárbara: muerte a fuego lento de parrilla. Pero Lorenzo triunfaba con su martirio y muerte por la resonancia en toda la urbe de la entereza varonil y de la fina arrogancia de que dio muestras en el tormento. Con ello conseguía de la paganía la admiración a un hereo a lo pagano, pero a la vez mártir de Cristo. En su arrogancia llego a solicitar en medio del suplicio que le cambiasen de postura por estar quemado uno de sus costados, proclamando con ello su auténtica sangre ibera. Toda Roma se postergó ante el cuerpo achicharrado del mártir. Su sangre, la atroz agonía de su martirio fue riego fecundísimo para la semilla cristiana, fue, y ahí su novedad, un ejemplo de soberbia santificada, de una entereza indomita lleno de un claro y preconcebido sentido prosélito.. ¡cuanta admiración causaría en la afeminada sociedad romana del s. III tanta entereza y tan indomable espíritu! Así explica su historia la popularidad que en el culto de todos los tiempos el famosos santo oscense: hasta 27 iglesias dedicadas a San Lorenzo hubo en Roma. Hoy mismo la Ciudad eterna conserva 8 templos al famoso mártir, cuando San Pedro solo cuanta 3 al igual que San Pablo, también martirizados en Roma y cabezas apostólicas y San Andrés 5. tan solo los templos marianos le sobrepasan. La grandiosa basílica de <<San Lorenzo fueri le muri>> en Roma es el lugar del tremendo martirio, donde ya bajo Constantino se levantó edificio basilical al glorioso hijo de Huesca.

HISTORIA DEL TEMPLO.- Es el más popular y venerado de los templo oscenses. Levantado donde según tradición tardía, estaba la casa de ls padres de San Lorenzo como patricios de la Osca romana, aunque generalmente viviesen en la quinta cercana a la ciudad. Alrededores: santuario de Loreto.
Parece, sin embargo, de una continuidad tradicional el culto en este lugar, desde los tiempos primitivos cristianos a la conquista de Huesca en el s. XI. Se restauró la iglesia románica de la que no resta nada y siempre objeto de veneración de reyes y del Pueblo. La Cofradía del Santo, fue fundada por el obispo Jaime Carroz en 1283, en la que ingresó el gran rey aragonés Jaime II (que había nacido el día del Santo); se hizo el templo gótico en 1339. en el siglo XV. Fernando el Católico dio en testimonio de devoción, un gran retablo para su altar mayor, obra de su pintor de cámara Pedro de Aponte (hoy día parte de sus tablas en la Col. Iturbe de Madrid). Conocido es el entusiasmo de Felipe II por San Lorenzo, en cuyo día obtuvo su ejército, mandado por Filiberto de Saboya y el aragonés Martín de Gurrea, Conde de la Ribagorza, la resonante victoria de San Quintín contra los franceses. Parece además, por haberse destruido una pequeña iglesia dedicada al santo durante la batalla, que Felipe II pensó en un principio levantar uno grandioso en la tierra aragonesa, quizás en la falda de Guara y hasta ofreció su Baronía de Grañén: el carácter excéntrico dado la magnitud de su proyecto y la carencia de buenas canteras le hicieron prontamente variar de opinión y buscar el lugar en las faldas del Guadarrama (a simple vista desde su <<torre dorada>> del viejo Alcázar madrileño), naciendo el Monasterio del Escorial, la <<octava maravilla del Mundo>> y dedicado al famoso santo oscense. Pero no por ello él y sus sucesores dejaron de ayudar, con gran libertad, el levantamiento de la nueva Basílica oscense que reemplazó al templo gótico. Púsose la primera piedra en Marzo de 1608 encontró el apoyo del Virrey de Aragón (Duque de Alburquerque) y de todo el pueblo, sobresaliendo la familia Cortés, Condes de Torresecas.

Fachada. Es gran edificación- inmensa mole de ladrillo. Desgastada y pobre, tipo general en las fachadas de las iglesias oscenses; la gran torre (desmochada) se levanta sobre la portada de gusto barroco, donde en hornacinas del mismo estilo, se encuentran las imágenes en piedra arenisca del titular y sus padres Orencio y Paciencia. El atrio como único resto del templo gótico del s. XV- tiene cúpula con arcadas apuntadas y una serie de ménsulas con figuras de piedra representativas del zodiaco que servían de pedestal a imágenes desaparecidas.

Interior.- De tres amplias naves y crucero con cúpula, hermosas y elevadas, separadas por recias pilastras, excesivo el retoque decorativo reciente (1930): pero es discreto el conjunto de los ocho grandes frescos en lo alto de las naves laterales, obra del decorador zaragozano Echevarría. Son escenas de la vida del santo, desde su niñez en Loreto, hasta su martirio en Roma.

Capillas laterales.- (De izquierda a derecha) 1ª Bautismal. Gran reja barroca. Retablo de columnas salomónicas e imagen del Resucitado de talla fría y algunos relieves de la Pasión. 2ª de Santa Teresa. Bello retablo con dos lienzos de escuela aragonesa del s. XVI. 3ª del Sagrado Corazón (hoy capilla de la Comunión) con imágenes modernas. El retablo es de buen gusto con dos lienzos al parecer de la Escuela de Berdusán (Santiago y venida de la virgen del Pilar), que las imágenes modernas no permiten contemplar. Completan el conjunto dos relieves de San Andrés y San Vicente, 4ª Cristo en la Cruz, con bello conjunto barroco, lienzos y escudos, 5ª (crucero) de la Virgen del Carmen con ángeles con lienzo recortado sobre hornacina. El conjunto es armónico con pinturas (anunciación, sagrada familia, visitación) de la escuela o taller de J. Martínez (s. XVII) que se completan con la buena azulejería.

Se pasa la Oratoria (especial) de San Lorenzo: capilla muy barroca (fines del XVII) con elementos decorativos en las pechinas, medallones, gárgolas, ángeles y pinturas murales en la cúpula y linterna al estilo de M de Urliens. En el altar, el santo, imagen revestida, Patrono de la Ciudad y objeto de gran veneración. En los muros laterales dos curiosos cuadritos apaisados de paisajes y escenas de caballeros y labradores, que pueden pasar como típicos de épocas, s. XVII. Llevan fecha 1661 y las iniciales D. L. A.

Lado Epistola.- 6ª altar de San Blas y en alto la Crucifixión: 7ª altar de la Purísima cuya imagen moderna cubre el lienzo de San Martín (s. XVII) del altar barroco. 9ª altar del Pilar: muy bello de conjunto y color. En alto la coronación, a los lados la Anunciación y la Visitación y en la parte baja escenas de San Martín- Adoración- San Pedro- (indescifrable)- Epifanía; es obra muy acabada y hermoso conjunto, de V. Berdusán. 10ª En talla, de San Francisco, muy barroca. 11ª, Santo mártir de mal gusto y arte. A los pies de la iglesia y en alto se ha levantado recientemente una capilla a la Virgen de Lourdes de modo deplorable, por romper el conjunto <<Sietecentista>> del templo basilical.

RETABLO MAYOR.- Forma un grandioso conjunto monumental, aunque de talla, en sus elementos decorativas naturalistas excesivos, obra del buen escultor Sebastián de Ruesta, de Barbastro, por 1689: de imponentes columnas salomónicas y perfecta soltura en su realización; las imágenes representan a los santos padres de San Lorenzo (Orencio y Paciencia) y Santos Orencio (obispo) y Vicente, las pequeñas que rematan la obra. Los dos grandes lienzos son obra del excelente pincel Bartolomé Vicente por 1678 que gozó de gran fama en todo Aragón en su siglo; fueron costeadas las obras por el señor de Ponzano, D. Artal de Azlor: representa el lienzo grande <<el martirio de San Lorenzo a la parrilla>>, apoyando el brazo y los pies en el terrible suplicio, mientras su rostro sonríe con la serenidad de los bienaventurados, viendo llegar en torrente de luz los ángeles con las coronas simbólicas del martirio. Conjunto en general muy acabado y de excelente dibujo, sorprendente sobre todo la parte alta que demuestra un pincel suelto a pesar de lo opaco del color. Aún se supera en el lienzo superior de dimensiones mas pequeñas: <<la virgen en su ascensión>> a los cielos, en actitud humilde rodeada de ángeles: aquí la gama de colores es mas viva, pero con tonalidades suaves y forman los dos un buen muestrario de uno de los mas interesantes artistas pictóricos de Aragón.

En el presbiterio de coro de gusto barroco.

Por el lado derecho del presbiterio se penetra en la antisacristía donde se encuentran los retratos de D. Faustino Cortés, primer vizconde de Torrescas y de su tío el obispo de Jaca y Teruel, D. Tomás Cortés, obras de Jusepe Martínez (por 1650). Fueron grandes devotos y entusiastas de esta Basílica de San Lorenzo, y ellos costearon, entre otras, las obras de la sacristía.

Sacristía.- Acabado conjunto que forma una excelente salita de Museo, debida a la devoción de los Torresecas: con 14 lienzos magníficos de Jusepe Martínez que entonan con una arquitectura adecuada y con la decoración propia sin que nada desentone el conjunto, resultando esta sacristía de San Lorenzo, uno de los mas gratos e interesantes rincones artísticos de Aragón y de los menos apreciados. Solo es de lamentar la escasa luz para el debido goce de las pinturas. Jusepe Martínez es el gran artista aragonés protegido de Lastanosa y la figura mas interesante de la pintura aragonesa en el s. XVII, como lo proclamó Velázquez a su paso por Zaragoza acompañado a la corte de Felipe IV. Esta serie pictórica representa escenas de la vida de San Lorenzo, con mezcla de asuntos paganos y retratos de la familia de los fundadores, y motivos sacados de la leyenda dorada del glorioso mártir. Entrando, a la izquierda: 1.º Escena de personajes ante unos huesos humanos. 2.º El Papa Sixto, camino del martirio. 3.º San Lorenzo expone ante el tirano los tesoros de los cristianos. 4.º El Papa Sixto, consagra como diácono a San Lorenzo. 5º Lorenzo, bautiza a San Hipólito- (frente al muro de entrada): 1.º San Lorenzo lava los pies a los pobres. 2º (sobre la puerta), conversión de San Román, 3.º Vocación de San Lorenzo.- Muro de la derecha: San Orencio, padre del Santo. Puertas del Calvario con Dolorosa y Evangelista. Santa Paciencia, madre del santo.- (sobre el muro de entrada: 1.º Curación del ciego; y 2.º (sobre la entrada), martirio de S. Lorenzo a la parrilla.

En las dependencias de la Basílica, conservanse algunas tablas del gran retablo primitivo, donación de Fernando el Católico, obra del pintor Pedro de Aponte, artista de tan honda fibra pictórica en los comienzos del s. XV y tan poco estudiado (véase retablo de Bolea del soberano y sus hijos) se encuentra en la Col. Iturbe, de Madrid. Lo que en la iglesia de San Lorenzo queda por desidia y abandono, es muy escaso, se reduce a dos trozos de una tabla en que San Lorenzo da limosna a los pobres y otros dos trozos de una escena de Papa, cardenal y obispo ante el cadáver abrasado; finalmente una tabla de San Lorenzo encadenado y otra en que lava las manos a su padre. Magníficas todas ellas y que pueden completar el estudio del gran artista Pedro Aponte.

En la sacristía pueden también admirarse los bustos espléndidos de San Lorenzo y San Orencio, este último con cinco pequeños relieves de plata en el friso, obra de un cincel fino, representando escenas del santo. Es digno de mención el pie del gran ostensorio de un Fontana (s. XVIII), copones del XVI, cruz con macolla del s. XVI, cálices por 1600; cruz de altar y sacras, obras de V. Portella (1667-1670). Finalmente, una custodia de plata, de delicada traza florentina, del s. XVII, enviada de Nápoles (en 1733) por el racionero vidania. El cuadro de San Orencio, en los alto, es obra de Pedro Núñez (1632). El famosos terno procedente de Montearagón, ha sido vendido en los últimos años.

Volviendo al Coso en esta parte, la mas frecuentemente de la ciudad y la de sus mejores comercios, se lega de nuevo a los Porches de Vega Armijo.

Fin del Itinerario núm. 2.



Alrededores de la Ciudad de Huesca

PASEOS DE HUESCA.- La frondosidad y belleza de la tierra oscense, con sus huertas feraces envolviendo la ciudad, la anchura y majestad de sus horizontes y el bello perfil de las sierras cercanas dan plácido encanto a los alrededores y paseos que Huesca posee. En primer lugar, todas sus carreteras son bellas pistas, bajo las frondas de corpulentos árboles frecuentadas con verdaderas alamedas urbanas; las márgenes del río Isuela, con sus sotos y remansos y las frondas de la vega, proporcionan rincones de belleza y de paz. Circundado la ciudad por su lado Norte desde el puente de <<las Miguelas>> a la carretera de Barbastro, se encuentra el Paseo de Lucas Mallada: en su iniciación en el arranque de la carretera de Arguis, en plácida plazoleta, se levanta el monumento titular, el sabio geólogo, hijo ilustre de la ciudad, monumento sencillo pero simbólico, obra del artista oscense Ramón Acín. El paseo bordea el Isuela, dejando el viejo casco de la ciudad en la otra orilla con los restos desgastados de la muralla. Entre <<torres>> y casas de hortelanos, la frondosa alameda deja a la izquierda el <<Pueyo de D. Sancho>>, lugar tenido falsamente por el sitio en que el rey sitiador de Huesca recibió el saetazo que le ocasionó la muerte; deja los altozanos de los Mártires, y el gran y moderno hospital provincial con varios pabellones, para enlazar con la carretera de Barbastro y penetrar en la ciudad por Santo Domingo.

Otra hermosa alameda es el Paseo de la Estación, perfectamente urbanizado y convertido en jardín.

Desde la estación ferroviaria hacia el S (carretera de Grañén) se ha transformado es hermosa alameda llena de flores paralela a la calzada para terminar frente al cuartel <<del Batallador>> en los viveros municipales. Pero la más acertada reforma moderna de la ciudad, la constituye su Parque moderno (de Miguel Servet), uno de los más bellos jardines urbanos de España, con notable variedad de arbolado y flores, avenidas de sauces, rosaledas, parterres, estanques, sotos y pinares y dando frente a la bella barriada de <<chalets>>, arranque acertadísimo del ensanche moderno de la ciudad. (Avenida del General Franco). No lejos de él (por la carretera de Zaragoza) se encuentra el llamado << Parque de Deportes>>, con piscinas, tennis, pista, frontón, etc., y cerca el campo de futbol de Villa Isabel. Pero dejando estos paseos, propiamente urbanos de la ciudad, los puntos más interesantes de los alrededores de Huesca por su interés histórico y artístico y por la belleza de los lugares, lo constituyen el cinturón de ermitas cercanas:

ERMITA DE SAN JORGE

. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, después de cruzar el paso a nivel de la vía de Ayerbe (y Canfranc), a la derecha, sobre un empinado cerro cubierto de frondosa pinarada.

HISTORIA. - Ermita dedicada al santo Patrón de Aragón, en gratitud a su milagrera intervención en la famosa batalla de Alcoraz, en la que las huestes de Pedro I, sitiadoras de la ciudad de Huesca durante mas de 20 meses, tuvieron que salir al encuentro de las fuerzas enviadas por el reyezuelo de la taifa de Zaragoza que venía en ayuda de los sitiados con huestes de algunos condes castellanos. La sangrienta batalla terminó con el triunfo del aragonés y la leyenda cuenta que se debió en gran parte a la intervención de un caballero de resplandeciente armadura que impuso el terror de su espada entre las filas islámicas y que tras el triunfo que llevaba consigo la rendición de la ciudad, desapareció, y un acompañante dio cuenta de ser San Jorge; desde entonces se le tuvo como Patrón del reino y el mismo escudo lo formó en adelante las cuatro cabezas de jefes moros que cortara su espada milagrosa (véase: Historia de Huesca, Alcoraz).

Dedicado a este recuerdo se levantó la ermita. Todo el campo que rodea el cerro se llama <<del Alcoraz>>, pero la ermita primitiva estuvo en distinto lugar, en el llano mas alejado de la ciudad que se llama Cuarte.

EXTERIOR: Debe ser visitada por el espléndido panorama que desde la ermita se contempla, con la ciudad de Huesca al frente, teniendo a sus pies el parque y el caserío moderno y escalonado en gradería casco antiguo hasta terminar en los viejos monumentos de la ciudad con la torrecilla del Instituto, las torres del Ayuntamiento y del Colegio de Santiago y la mole catedralicia, todo entre las feraces huertas del Isuela y teniendo por fondo, en primer término, las terrazas aluviales de la hoya, dominadas por las románticas ruinas de Montearagón, y en la lejanía los pichados de la sierra desde el pico de Guara, el famosos <<Salto de Roldán>> y el pico de Gratal, hasta perderse al occidente por las sierras de Loarre. Lugar muy ameno de paseo y frecuentadísimo en la romería del día de San Jorge (23 Abril)

IGLESIA. - De tres naves, en su parte exterior con arbotantes y pequeño campanario. Un pequeño atrio del S. XVIII, da paso al interior. Este es muy interesante por parecer pequeño ejemplo de la Catedral de Barbastro (gótico florido) con sus haces de columnas y sus cupulillas de crucería con florones y claves de buen gusto. Fue obra por 1555 de un maestro Domingo Almanzor, como reza la larga inscripción que corre por la cornisa del arquitrabe y que recuerda también la aparición milagrosa en lo más duro del combate. El retablo es obra mediana de la épica (estilo plateresco) de Juan Miguel de Urliens (por 1595) con policromía de Nicolás Jalón en 1603.

ERMITA DE Nº Sº DE SALAS. - Al sur de la ciudad: desde el Coso, descendiendo por la calle del Padre Huesca se llega a la plaza de D.ª Sancha, que recuerda a la hija de Alfonso VII el Emperador (de Castilla y León) que casó con el rey aragonés Alfonso II (hijo de D.ª Petronila y Ramón Berenguer IV) y por tanto el primer soberano común de Aragón y Cataluña. Dª Sancha que gran parte de su vida vivió en Huesca, reedificó el cercano Santuario de Salas, y en su vejez se retiró al Real Monasterio de Sigena, donde en olor de Santidad, murió en 1208, monasterio que había fundado y donde fue sepultada.

El fondo de la plaza lo ocupa el amplio caserón de Santa Clara, viejo convento de Clarisas o franciscanas.

Fue fundación, en 1262, de la reina D.ª Constanza, esposa del Rey Pedro III, y madre de tres reyes y dos reinas, entre ellas la gloriosa aragonesa santa Isabel de Portugal. Con las leyes desamortizadas de la época liberal, fue arruinado el edificio, y comprado al Estado por la Duquesa de Villahermosa, que volvió a cederlo a la comunidad de Clarisas.

Su templo no responde a la gloria de su pasado: es pobre, es de una sola nave y el interior con arcos fajones y cúpula en el presbiterio, plana con ornamentación geométrica; sin duda reformado todo en sucesivas restauraciones. Todos los retablos son del barroco amanerado: mayor, con lienzo de la muerte de María e imágenes de santos franciscanos. Los tres Laterales del mismo gusto (San Francisco, Ecce Homo y San Pascual Bailón).

En el interior del convento se guarda una interesante imagen gótica de la Virgen (s XVI), con curioso pedestal recubierto de cobre con dibujos.

Al salir de la ciudad por la carretera de Sariñena, se toma a la derecha un camino entre huertas regadas por las acequias del Isuela y a un kilómetro se encuentra el famoso santuario de la Virgen de Salas, uno de los más antiguos y de mayor veneración del antiguo reino de Aragón.

LEYENDA. - La tiene como todos los santuarios marinos de España; es fama que en este lugar de la vega de Huesca, hubo desde tiempos primitivos una ermita dedicada a Nª Sª de la Huerta. Según la leyenda en un incendio en la parroquia del pueblo de Salas Altas, la imagen milagrosa titular salió entre las llamas, viniéndose a postrar a este santuario oscense desde las márgenes del Vero en tierra de Barbastro, colocándose a la vera de la Virgen de la Huerta. Mediaron largos litigios entre el pueblo de procedencia y el ob. De Huesca, así como entre este y el prior de San Pedro el viejo, por creer estar comprendido el santuario dentro de heredades del famoso monasterio: al fin todo quedó dependiente de la mitra oscense.

HISTORIA. - Debió existir un antiguo santuario, pues en los últimos años del S. XII, la reina de Aragón Dª Sancha, mujer de Alfonso II, reedificaba la iglesia románica, ancha y majestuosa de tres naves, de la que solo resta la portada. Ya desde entonces aparece el nombre de Salas en las crónicas y en multitud de documentos demostrándose la veneración que se sentía en todo Aragón; las donaciones y privilegios de Pedro II, de Don Jaime y de la reina Doña Leonor, son testimonio de ello hasta llegar a Pedro IV que la declaró protectora y defensora de todos sus reinos peninsulares y mediterráneos, y quizá a esa predilección a la ciudad de Huesca la llevase a crear la Universidad Sertoriana. A pesar de lo cual en situación apurada tuvo que incautarse del tesoro del famoso santuario, pero una vez eliminado el peligro lo donó en compensación un retablo de plata (véase archivo de la Catedral. Así mismo algunos pontífices (Inocencio III, Inocencio IV, Nicolás III y clemente IX) concedieron gran número de indulgencias y los obispos oscenses también rivalizaron en la devoción a la virgen de Salas, tales como D. Juan de Aragón y de Navarra que reedificó la iglesia y levantó una hospedería para peregrinos (principio s. XVI) que terminó su sucesor Martín de Gurrea, algunos de cuyos mudéjares restan todavía. El Obispo Padilla (1730) levantó la iglesia actual. Finalmente muestra de la gran devoción de los reyes y de la popularidad en todo el ámbito peninsular del santuario de la Virgen de Salas, lo muestra las famosas Cantigas del Rey Sabio Alfonso X de Castilla y León. Que en 17 de ellas narra hechos portentosos de la Virgen milagrosa.

PORTADA. - Toda la fachada occidental es magnífico conjunto del románico Santuario, levantando por la reina Dª Sancha (por 1200). Formada la portada (interesante como tipo de románico-exuberante que anuncia la transición al gótico) por seis archivoltas semicirculares, cada una con adornos festeadas y dibujos geométricos y vegetales distintos, descansando sobre capiteles de flora tallada sin fustes de Columnas. Sobre ellas un mango rosetón con círculos adornados con puntas de diamante. El resto de la construcción es obra moderna (fines del s. XVIII) excepto la maciza torre románica, una curiosa ventana y una puerta cegada, que son restos de la edificación primitiva.

INTERIOR. - De una sola nave, espaciosa y crucero con bóveda esbelta con suntuoso gusto severo de su época (estilo neoclásico de fines del S. XVIII). Fue obra del arquitecto oscense José Sofí (véase: compañía. En el retablo mayor, la famosa imagen de la Virgen de Salas, grande escultura románica de primera mitad del Siglo XII, sentada llevando al Niño en la rodilla izquierda, bendiciendo y con el globo en la mano, toda ella dorada y policromada, con interesante pintura geométrica en el escabel. Es notable pieza y debió ser la imagen donada por la reina Dª Sancha. Junto a ella, la Virgen de la Huerta, de tamaño natural, de pie con el Niño; la cubre un manto de plata, de talla más rica (s. XIV).

ERMITA DE LOS MARTIRES.- Llamado así este lugar en recuerdo de las santas mártires mozárabes Nunila y Alodio, en lo alto de un cerro escarpado cubierto de esteparia vegetación; al otro lado del Río Isuela, cercano al llamado también <<Pueyo de D. Sancho>> por haber muerto allí el Rey Sancho Ramírez durante el sitio de la ciudad.

HISTORIA. - La Historia de estas dos santas nos las cuentan los éxitos de Eulogio y Alvaro, los santos mozárabes cordobeses de la España musulmana del s. IX: <<bellezas rosas que florecen entre espinas>> dice el primero respecto a ellas. Son figuras excelsas entre las que sufrieron el martirio bajo el gobierno de Abderramán II por 851. Hijas de matrimonio mixto, de musulmán y cristiana, tenían que seguir bajo pena de muerta la religión del padre. Nacidas en el cercano pueblo de Adahuesca, su madre las lleva en secreto al seno del cristianismo. Muerto el padre, disimularon cuanto pudieron su religión, pero llegó el momento en que tuvieron que comparecer ante el Cadí para aclarar sus creencias. Con firmeza confesaron su fe y a pesar de los suplicios no apostataron y al fin fueron decapitadas tras el cautiverio en las mazmorras de Alquézar. Sus cadáveres fueron expuestos en este alcor de Huesca para ser devorados por las aves de rapiña, pero ni los buitres se acercaron, mientras que, por el contrario, vagos resplandores iluminaban misteriosamente el lugar. El walí como mandó meterlas en un pozo cercano (véase calle del salvador página 75) donde los siglos más tarde fueron extraídas y llevados sus restos al monasterio de San Salvador de Leyre cuna y corte del primitivo reino pirenaico de Navarra y Aragón. Desde entonces entre los fieles de Huesca, fue venerado en este lugar, que algunos siglos después había de recoger el último suspiro de Sancho Ramírez al morir en su campamento mientras sitiaba la ciudad en 1095.
El Santuario. - Poco tiene de interés, salvo la evocación de estos dos hechos tan vinculados en la historia de Huesca. Sin embargo, en su retablo dedicado a las mártires, existe un bello Calvario con el crucificado, La Dolorosa, San Juan Evangelista, la Magdalena y Santa Catalina, de bella talla gótica por 1400. y algunos lienzos de escaso interés.
Cercano a la ermita un pequeño cementerio, recuerdo a los rebeldes republicanos fusilados en aquel lugar por su levantamiento de 1848.

En la hermosa vega del Isuela, aguas arriba de Huesca, yendo por la carretera de Arguis, en lugar amenísimo por sus hermosas huertas y alamedas y fuentes, y donde parece ser que en la alta Edad Media se extendía parte de la más vieja ciudad, se encuentran dos ermitas, la de Santa Lucía y la de Nuestra Señora de la Jara. Se llega a ella por la carretera dicha (en construcción los últimos tramos hasta la estación férrea de Sabiñánigo) y tras cruzar el puente de las Miguelas>> (moderno en situación del antiguo romano, cuyos arranques de arco aún se conservan) y dejando a la izquierda las huertas y <<torres>> que ocupan el lugar del antiguo convento de capuchinos (en una de las <<torres>> se conserva el aljibe Conventual); a 1 kilómetro, entre frondas, se halla Santa Lucía, pequeña ermita, objeto de veneración de una antigua cofradía, de estilo románico de una sola nave y con una imagen interesante de la Virgen con el Niño, talla del s. XII. La de la Virgen de la jara, está más lejana, sobre un pequeño otero a cuyos pies brotan fuentes de agua cristalina a la sombra de grandes álamos, objeto también de devoción de una cofradía, antiguamente llamada de los <<Ballesteros>> que dedicaban su culto a San Juan Bautista y a los mártires Juan, Paulo y Santa Eulalia de la Jara. No ofrece más interés artístico, excepto la imagen de la titular, la Virgen, talla de fines del s. XIV.

NUESTRA SEÑORA DE CILLAS. - Saliendo de la ciudad por la carretera de Francia, al coronar la cuesta del borde de la Hoya, como a tres kilómetros de la ciudad, se encuentra el Santuario de la virgen de Cillas.
En lugar risueño de hermosas fuentes (de efectos milagrosos, según fama en la comarca), donde parece que hubo granja romana y que más tarde existió poblado que algunos cronistas llaman Ciellas y de entonces data el Santuario que tendría su origen en antigua iglesia parroquial como parece demostrarlo las primicias que gozaba, la pila bautismal y el Sagrario que se conservan. Cercana a ella, entre chopera agradable, se encuentra la <<fuentesanta>>, donde se bañan los fieles el día de la víspera de San Juan en busca de curación de enfermedades, hoy higiénicamente instalado por obras recientes de la Cofradía. Esta fue fundada en tiempos del rey Juan I, el desventurado monarca que en los pocos años de su reinado buscó afanosamente su curación en las aguas milagrosas de Cillas. La cofradía tenía por costumbre el ir en procesión al famosos Santuario, todos descalzos, los últimos domingos de abril y octubre, pasando por la Catedral y por el arco pegado entonces al antiguo torreón del Alcázar, ahora Instituto. Hoy, la cofradía de cillas, tiene a su cargo el Santuario y el culto que en ella se celebra.
En este sitio tuvo lugar el encuentro en diciembre de 1930, de las tropas sublevadas en Jaca por los capitanes Galán y García Hernández, contra las que se mantuvieron fieles al Gobierno (guarnición de Huesca y columna de Zaragoza), que terminó con la desbandada de los rebeldes.
El edificio de tres naves, con vestíbulo, es obra del arquitecto oscense José Sofi, en 1774, del estilo neoclásico. Los retablos de la época carecen de valor, no así el primitivo (gótico del s. XV), conservando hoy en la cercana iglesia del pueblo de Chimillas y procedente de la derruida de San Martín de la capital. La titular (oculta por los mantos y joyas dentro de su camarín), es talla gótica del s. XIII, de mano ruda, pero expresiva.

NUESTRA SEÑORA DE LORETO (a 5 kilómetros). Saliendo de la ciudad por la carretera de Zaragoza, tras pasar ante el cementerio, a la izquierda, camino Vecinal de Cuarte, en cuyas proximidades se encuentra Loreto (hoy casa de labranza), junto a una gran laguna.

Historia. - Fue tradicionalmente considerado como el lugar donde los santos padres Orencio y Paciencia (padres de San Lorenzo mártir, y de San Orencio, ob. De Aux, poseían una quinta o casa de campo, donde nacieron y pasaron su infancia los famosos santos oscenses. Parece que desde la reconquista fue lugar ya venerado. Felipe II gran devoto del santo, pensó engrandecer aquel lugar y fundar un convento de agustinos calzados para lo que dedicó rentas donaciones en 1575. estando en las Cortes de Monzón mandó hacer un gran proyecto del futuro convento obra del arquitecto Jerónimo Segura Bocanegra, según diseño de J. Herrera, el famoso arquitecto de El Escorial, pero este proyecto no llegó a realizarse del todo y pasó más tarde al P. Malón de Chaide (el ilustre escritor místico). Más adelante el rey Prudente entregó a la casa los bienes confiscados a D. Martín de Lanuza, el último Justicia de Aragón, procesado por su defensa de las llamadas libertades aragonesas y por haber facilitado la fuga del exsecretario real Antonio Pérez. La Comunidad se trasladó a Loreto en 1583 y abandonó aquel lugar cuando al ser expulsados los Jesuitas ocuparon la <<compañía>>.

Interior. - Toda la parte del convento esta hoy transformada en casa de labor. Conservase bien la iglesia (1594-1777) cuya fachada es de estilo neoclásico con frontón y pequeño campanario. El interior es de tres naves con gran cúpula en el crucero separadas por pilastras. Los retablos y pinturas murales, como propias de una época de mal gusto, son muy medianos. El gran altar mayor es barroco con imágenes de los santos y hornacinas con reliquias. Lo más interesante es el coro, en lo alto, con sillería de talla con medallones de ángeles de buen cincel (fines del s. XVIII).

CASTILLO- ABADIA DE MONTEARAGON. - En la carretera de Huesca a Monzón (y Lérida y Barcelona) a 6 kilómetros de la ciudad, al remontar los bordes de la hoya oscense (<<estrecho de Quinto>>), tras cruzar el río Flumen, se toma a la izquierda el camino que conduce a las románticas ruinas del famoso Castillo- Monasterio de Montearagón.

Historia. - Enorme fortaleza levantada después de algaradas constantes por las huestes cristianas de Sancho Ramírez en las comarcas del Somontano como preludio a la toma de Huesca, la ciudad famosa que tanto añoraba y que representaba la llave de su reino y de las llanuras hacia el Ebro, que para Aragón era salir de la cuna pirenaica. Pensado en un apoyo necesario para el sitio y saqueo de la comarca (conforme el uso táctico de la época) el monarca aragonés en 1085 levantó este castillo- abadía de Montearagón, que había de ser un nuevo pilar en la cadena de grandes fortalezas que circundaban a Huesca (Alquézar, Loarre, Marcuello), siendo desde el principio centro de abastecimiento de sus huestes y a la par lugar de oración al Dios de los ejércitos. Dedicado a Jesús Nazareno y dado el carácter de fortaleza guerrera forma el mejor monumento a la constancia, valor y piedad del rey, verdadero paladín de la reconquista Aragonesa. Luego fundó un monasterio de canónigos- regulares de San Agustín, quizá trayendo algunos miembros del castillo- abadía de Loarre. Pronto el número de donaciones y privilegios fueron extraordinarios contándose hasta 96 las iglesias que sus derechos y rentas dependían el abad de Montearagón, que desde el fundador fueron aumentando hasta tiempos de Felipe III, con otros muchos privilegios concedidos por Bulas pontificias. Recuerdo de esta grandeza fue, como en siglos más tarde con parte de estas rentas desglosadas pudieron resucitarse los obispados de Barbastro y Jaca.

Y si en riqueza y esplendor fue ilustre la Real Casa de Montearagón, no lo fue menos en la serie de sus abades que ocupaban lugar preminente en las Cortes del Reino, poseían huestes propias y eran personas de las más allegadas al monarca. Abades de Montearagón fueron Berengario (hijo del I conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV). El infante D. Fernando (hijo de los reyes Alfonso II y Dª Sancha), el tercer hijo del rey Jaime, llamado por el gran número de dignidades que ostentaba <<el patriarca D. Juan de Aragón>>: también hijo bastardo del rey católico y otro infante. D. Alfonso, nieto de los Reyes Católicos. A estas glorias se unieron haber sido Montearagón lugar de reposo de los últimos reyes aragoneses de la dinastía navarra cuando fueron insensiblemente dejando la cuna y panteón del primitivo reino en San Juan de la Peña para venir a enterrarse en este famoso monasterio oscense. Así Sancho Ramírez, aunque más adelante fue llevado al monasterio pinatense. Así Alfonso el Batallador, donde durante siglos estuvo enterrado en este cenobio en sepulcro sostenido por seis columnas. Hoy desgraciadamente de todas estas grandezas históricas y artísticas no resta más que un montón de ruinas: las leyes desamortizadoras dejaron abandonados sus claustros, convirtiendo aquellos lugares santos en guaridas de maleantes. Pocos años después un voraz incendio acabó de consumir el abandono de los hombres. Al fin, tras casi un siglo de olvidos los restos gloriosos del rey Batallador fueron llevados a San Pedro el Viejo, algunos restos arqueológicos al museo provincial y el magnífico retablo de su iglesia (la dedicada obra de Gil Morlanes), se salvó pasando a la parroquia de la catedral.
Las ruinas. - Dignas aún de visitarse por el turista amante de la evocación histórica. Hoy forman una ingente mole de torreones medio desmoronados, murallas carcomidas, claustros derruidos y restos de una iglesia churrigueresca, en la que aún se conservan algunas lápidas abaciales. Lo más interesante sobre los fuertes muros es una curiosa puerta de tipo románico de principios del s. XII. La muralla es de sillería guarnecida con torres y dentro del recinto la gran torre del homenaje de planta cuadrada, con saeteras a sus lados, sirvió de campanario, aunque desmochada. La defensa de la fortaleza era con doble muralla una exterior, a modo de barbacana, y otra, la subsistente, entre las que se encontraba el paso de ronda. De la iglesia primitiva tan solo se conserva la cripta y parte de los muros que en el siglo XV fueron rehechos y adornados.- dice Quadrado- las generaciones venideras no se podrán imaginar que aquella fue una de las gloriosas casas de oración de España, levantada como de paso, durante los meses heroicos del sitio de una ciudad.



Algunas excursiones desde la Ciudad de Huesca

1ª Excursión: A ALQUEZAR

Excursión obligada a todo turista amante de lo pintoresco del arte de la Historia: Alquezar ha sido llamado << el pequeño Toledo aragonés>>. Se sale por la carretera de Barbastro, pasando por Siétamo donde se conserva el caserón o palacio de los Condes de Aranda. La hermosa iglesia es obra de Martín de Zabala en 1572. el recorrido es muy pintoresco por las onduladas tierras del Somontano (encinares, olivares y tierras de sembradura). Después de cruzar las hoces del Río Alcanadre de aguas muy trasparentes, se desvía en el kilómetro 31 (a la izquierda) y por Abiego, Adahuesca y Radiquero con carretera vecinal peligrosa, se llega a Alquézar.

ALQUEZAR. - Parece de remota antigüedad y formidable fortaleza sobre el promontorio de roca caliza que se levanta entre hoces profundas por donde corre el Vero. El nombre romano fue de Castrum Vigetum pero bajo los musulmanes adquiere su importancia como punto estratégico (a la salida de la sierra) del reino de Sobrarbe unido al de Aragón fue poderoso alcázar, de la <<frontera Superior>> de los árabes contra los cristianos pirenaicos. En el s. XI ante el empuje aragonés, Alquezár, como las otras fortalezas de la sierra cayó en poder de Sancho Ramírez. Hacia 1070 la repobló y probablemente fue entonces cuando el <<burgo>> se extendió fuera del recinto amurallado.

El pueblo. - Montañero y de trazado y caserío medioeval. Cruz de término e iglesia de San Miguel en las afueras; calles tortuosas, pasadizos estrechos, casas típicas con sus aleros, portadas y escudos, culminando su tipicidad y carácter en la graciosa plaza son soportables ojivales.

Colegiata- Castillo. - Sobre cerro rocoso, como <<península>> entre hondos abismos. Gran recinto de muralla con torreones y la gran torre vigía. De caracteres arquitectónicos árabes, con puertas de arco de herradura y ventanas ajimezadas. El cuerpo principal de la fortaleza fue transformado en Monasterio por el Rey conquistador. La iglesia se consagró en 1099. presenta pórtico y claustro: este pequeño y de planta irregular, es un acabado y encantador conjunto de claustros románicos españoles, con capiteles de la escuela de los de San Pedro el viejo y San Juan de la Peña (s. XII). en los muros, pinturas del s. XV. Algunas capillas, como la de San Antonio con portadita gótica, la de San Fabián del renacimiento.

Iglesia. - Puertas de gusto gótico- Florida. Iglesia de una sola nave, de transición del gótico al renacimiento, obra del arquitecto Juan Segura en 1525-1532. el retablo mayor, posterior, buen conjunto de influencia Escuarilense. Lo más interesante es la Capilla del Cristo, con magnífica imagen gótica del Crucificado (principios del s. XIII) y bueno lienzos laterales (del siglo XVII). Son también dignos de mención, en un retablo cercano, dos buenas y vecinas pinturas de S. Pedro y S. Pablo. En la Sacristía (admírese el panorama) una Sagrada Familia de la escuela de Murillo. Un Resucitado de la escuela de A. Cano y dos interesantísimos retablos góticos del s. XIV y del XY y finalmente una Magdalena de escuela veneciana y un retrato de San Felipe Neri. Abundan también las buenas obras de orfebrería y de bordados y un muy interesante Archivo. No se descienda sin subir a lo más alto del cerro y de la Colegiata y contemplar los grandiosos panoramas con las anchas perspectivas de las pintorescas tierras altoargonesas, con las hondas gargantas del Río Vero al salir de los montes.

2.ª Excursión: A BARLUENGA, LIESA Y S. MIGUEL DE FOCES

Salida de Huesca por la carretera de Barbastro. Al coronar las alturas del estrecho de Quinto (Montearagón), merece la pena la desviación a la izquierda para admirar las pinturas románicas de Barluenga. La carretera pasa por Loporzano y en dirección a la sierra cruza los pequeños pueblos del <<Abadiado>> (de Montearagón). A 10 kilómetros del empalme el pequeño pueblo de Barluenga. Visítese la ermita del inmediato cementerio.

Ermita de Barluenga. - Dedicada a San Miguel, de estilo románico. El conjunto del presbiterio es uno de los mejores exponentes de pinturas románicas de principios del s XIII; en el arco: los apóstoles ángeles y el Redentor. Frente a la puerta ángeles llevando dos almas; en el intradós, mano del Eterno bendiciendo y ángeles; debajo reyes diáconos y otros personajes en compartimientos; en los muros laterales del lado de la Epñistola, escenas de la leyenda dorado de San Miguel. Enfrente el monograma de Cristo <<pantocrator>> y otras escenas y figuras complementarias. Es el más rico conjunto de pinturas románicas, bien conservando de Aragón.

Volviendo al empalme de carreteras, en el kilómetro 16 de la general, se desvía a la que conduce a Liesa. Cercana al pueblo la ermita de Nuestra Señora del Monte. Fue pequeña hospedería de los Caballeros Sanjuanistas de Foces. Toda la pequeña nave de la ermita está cubierta de pinturas románicas de principios del s XIII, dignas compañeras de Baluenga: Lado de la Epístola, vida de Santa Catalina; lado del evangelio, vida de San Vicente. El retablo (Tablas del pintor Esteban Solórzano 1537) los Santos Lorenzo, Vicente, Quiteria, Catalina, Lucía y Águeda. Talla gótica de la Virgen (s. XIII). Siguiendo la carrtera se llega al pueblo de Ibieca (pídanse las llaves) y a un kilómetro, el famoso templo de

SAN MIGUEL DE FOCES. - En lugar pintoresco de encinares y labrantíos. Fundación del obispo de Huesca, Domingo Sola en 1259. tan solo queda el templo (muy bello por el color de la piedra) del famoso Castillo- Monasterio de los caballeros Sanjuanistas. Planta de cruz latina de transición del románico al gótico. Bella portada de cuatro arcos y dibujos geométricos en los capiteles, pero desprovistos de columnas. El ábside es octogonal y las ventanas ojivales. El interior, aunque deterioradas por las capas de cal que ha sufrido, las restauraciones modernas permiten gozar un hermoso conjunto de pinturas góticas murales. La bóveda y el crucero es elevada y elegante descansando sobre arcos. El retablo mayor- posterior- es de mal gusto (s. XVIII). Lo importante del monumento son las pinturas murales y los sepulcros empotrados en los muros del crucero sobre zócalos con columnas: el uno de D. Eximio de Foces, uno de los fundadores y su hijo, los otros corresponderán a los priores de la Orden de San Juan. El conjunto de las pinturas pueda resumirse en la fecha 1302 y como importante muestra de pintura pregótica de influencia francesa.

3ª EXCURISIÓN: AL CASTILLO DE LOARRE (BOLEA Y AYERBE)

Se sale de la capital por la carretera de Jaca (y Francia) y en el kilómetro 82 se toma a la derecha la que va a Bolea y Loarre. El primer pueblo es digno de visita. Posee en lo alto, dominando la tierra, una hermosa iglesia antes Colegiata) de tres naves con crucero, obra del arquitecto Baltasar Barazabal en 1535. la obra del capital es el gran retablo del altar Mayor, el mejor exponente del gran pintor de Cámara del Rey Católico, Pedro de Apinte, forma un magno conjunto arquitectónico de 18 tablas.

El retablo de San Sebastian, con 5 escenas y 7 tablas parece tambiñen de su mano o al menos de su taller. La capilla de Santiago guarda na buena reja yy un retablo de interés.

Siguiendo la carretera, pintoresca y ondulada, se llega al pueblo de Loarre y despues al famoso Castillo.

CASTILLO-ABADÍA DE LOARRE. - Fue la Calugarris de los romanos, y sin duda ciudad de importancia en aquella época. Acompañó a Huesca en la ayuda a Julio César las vísperas de la batalla de Ilerda. En la épica musulmana sin duda fue uno de los más fuertes castillos contra los núcleos cristianos del Pirineo, juntamente con los de Alquezár y Marcuello. Conquistado por Sancho Ramírez, alejado el peligro musulmán, paso a ser una Abadía de clérigos regulares de San Agustín, aunque no perdió nunca su carácter de fortaleza y de palacio, desempeñando también un papel importante en las luchas políticas de la Corona y la nobleza de Aragón, principalmente antes y después del Compromiso de Caspe, ya que Loarre fue uno de los más fuertes baluartes del Pretendiente y despechado fracasado conde de Urgel.

El Castillo- Es, sin género de dudas, lo más imponente fortaleza de castillo-roquero en el suelo español- su estado de conservación es bueno y presenta un sumo interés para el estudio de la arquitectura militar, civil y religiosa en el arte románico de los siglos XI, XII y XIII. Su situación, su aspecto, las anchas perspectivas de sus panoramas, sus diversos recintos amurallados y con la mayoría de sus torres, todo hace de Loarre lugar único para el enamorado de la Historia, del paisaje y del arte. Arqueológicamente son dignas de señalarse la portada principal del gusto del S. XII, la escalera del castillo, de aire tan medieval, la cripta, la iglesia primitiva con su magnífica colección de capitales románicos y la serie de estancias, llenos de romántico encanto, como la llamada sala de la reina.

Loarre, compensa la excursión por admirar y sentir uno de los más bellos y bravíos castillos medievales de España. Puedes sentirte como si estubieras en una famosa película.

4.ª Excursión: RIEGOS DEL ALTO ARAGÓN (CONDEFERACIÓN HIDROGRÁFICA DEL EBRO)

Para visitar estas interesantes obras de ingeniería se sale de Huesca por la carretera de Jaca (y en el kilómetro 85, numeración de Zaragoza a Francia), se toma a la izquierda la carretera que por Lupiñén y Ortilla lleva al poblado de Tormos, centro principal de las gigantescas obras.

La presa de la Sotonera (junto al Tormos) forma una de las presas mayores del mundo; estaba clasificada al iniciarse los trabajos como la mayor de Europa y la segunda de la Tierra. En virtud de las obras del pantano de Mediano (Huesca) y el de Reinosa, ambos también de la Confederación del Ebro, ocupara el tercer lugar. La presa tiene cerca de medio kilómetro y su fin es embalsar las aguas del Río Gállego (y del Sotón) para dar riego a una enorme extensión de las estepas aragonesas hasta las márgenes del Ebro (tierras de la Violada, de Monegros). Hoy, fertiliza ya grandes comarcas por el gran canal de Monegros (gran acueducto en Tardienta), el proyecto de la obra hiráulica es desviar (por la presa de Ardisa) las aguas del Gállego, realizando un papel paralelo con las aguas del Cinca en su presa de Mediano y concentrando ambas por un canal que cruzaría la provincia al borde meridional de los últimos pliegues montañosos, en esta gran presa de la Sotonera que se convertía en uno de los lagos más grandes de España. Debe visitarse (desde Tormos) la presa de Ardisa, sobre el Gállego, marchando por la carretera que junto al canal une las dos presas, por campos amenos de pinares y a las márgenes de este importante río. El turista debe regresar a la capital por Ayerbe.

AYERBE. - Fue cabeza de uno de los más importantes señoríos aristocráticos de Aragón. En las riberas del Gállego, tras salir de los famosos <<Mallos>>, uno de los fenómenos más curiosos e imponentes de la geología peninsular. La iglesia de San Pedro, conserva su torre románica y en la Sacristía una cruz procesional de 1522. En la doble y grandiosa plaza, la torre del reloj, último vestigio de la antigua iglesia de la Virgen de la Cueva. El palacio de los marqueses de Ayerbe es una de las más representativas y hermosas manifestaciones de arquitectura nobiliaria aragonesa. Su portada es muy bella (desdichadamente sin torres almenadas): es de estilo gótico del siglo XV con galería añadida en el XVI y en el centro el blasón de los Urríes. En este edificio se fortificaron los franceses (1809) con piedra secada de la destrucción de San Pedro, contra las fuerzas del general Mina. Cerca, dominando el pueblo, sobre empinado cerro, la ermita románica se San Miguel. No lejos, el monton de ruinas del que fue famoso castillo de Marcuello.

5.ª Excursión: A LA SIERRA DE GUARA (SAN COSME, VALDONSERA Y ARGUIS)

La sierra de Guara es para el entusiasta montañero y en general para el amante de las bellezas de la naturaleza, centro de excursionismo de sugestivos encantos, las diversas excursiones, que desde Huesca pueden planearse, son a la cual mas bellas dado el carácter de bravura y altivez de la sierra oscense, sus gargantas y congostos, sus soleadas, sus bosques, su agreste naturaleza, etc. Las principales son:
1ª De Huesca a Arguis (la prolongación de la autovía a Sabiñánigo une directamente el Pirineo con la capital): carretera atrevida, de pendientes y túneles. Se pasa por pintorescos pueblos (Nueno, Arguis, etc.) El emplazamiento del pantano de Arguis es muy pintoresco la subida al pico del Águila de sugestivo encanto.

2ª al <<Salto de Roldán>> uno de los mas imponentes tajos de montaña, labrados por las aguas del Flumen y mas adentro, en la encrespada serranía, el pantano de Vadiello, salida de Huesca por la carretera de Apiés.
3.ª A San Julián de Banzo (carretera de Barluenga) o bien por la moderna que arranca al pie de las ruinas de Montearagón. En la parroquia de San Julián, retablo gótico de San Martín, donado por Pedro IV. Desde San Julián al santuario de San Martín de la Valdonsera, es excursión obligada o en caballería. Este famoso santuario guarda poco de sus pasadas riquezas donadas principalmente por Pedro IV el Ceremonioso que tan devoto fue de él. Lo más famosos es el célebre frontal, con escenas de la vida de San Martín de Tours. Sin embargo, su romería tan típica de los pueblos del Abadiado y el lugar montaraz, le hacen atractivo y pintoresco.
4.ª Finalmente, el santuario de San Cosme, al pie del pico de Guara (arranque de los excursionistas que quieran escalarlo) bajo una ingente peña y en lo más áspero y abrupto de la serranía. Se va por la carretera de Barbastro, luego la de Colungo, la de Aguas y a la especial construida para los servicios del pantano de Calcón). Es una de las más pintorescas y bellas excursiones de la provincia de Huesca.



Hoy toca Teruel y sus maravillas

UN ARTE MILENARIO

La pintura rupestre se encuentra extendida por toda la provincia. En los abrigos de las imponentes montañas de la sierra de Albarracín, hay notables pinturas de la época epipaleolítica que el doctor Martín Almagro atribuye a pueblos de origen africano, llegados a España después del Paleolítico Superior. Son interesantes estas muestras por haber resuelto el discutido problema entre las escuelas franco- cantábrica y levantina; se puede presumir que los abrigos de levante son posteriores a las cuevas hispano-francesas. Las superposiciones de las Olivanas y del abrigo de Doña Clotilde, acusan la larga duración del rupestre en esta zona. En estos impenetrables lugares debieron de subsistir las tribus de cazadores, cuando el neolítico se desarrollaba en otras partes; por este aislamiento, observamos una continuación de ideas técnicas, artísticas y espirituales, semejantes a las de los hombres paleolíticos, hasta épocas muy avanzadas. Las pinturas se hallan en rocas de arena triásica, de nominada “Rodeno”, de color rojo, entre el exuberante pinar, que anima la belleza de estos parajes, los ingredientes cromáticos debieron de ser grasa de animales con polvo finísimo de roca blanquecina, que resalta sobre el fondo rojo.

De los conjuntos albarracinenses, destaca una escena de Las Olivanas por su realismo, con la figura de un gamo muerto y de un cazador que se acerca a tomarlo. La etapa culminante del arte pictórico de Levante se halla en el abrigo de Doña Clotilde, que muestra figuras muy esquematizadas; en este arte paleolítico, ya en decadencia, el paisaje, en su primaria significación, hace presencia con una lora concebida infantilmente.

De las pinturas rupestres de la Tierra Baja, lo más interesante se halla en la cueva de Val del Charco del Agua Amarga; destaca la figura de un cazador portando flechas; pero la escena cumbre por su realismo y movimiento, es la del jabalí perseguido por un cazador, que nos evoca otras pinturas levantinas. Esta cuerva es documento estimable para el estudio de la escuela levantina, por sus diversos estilos, tan peculiarmente superpuestos. Algunas figuras están trazadas torpemente, pero otras nos asoman por su palpitante realismo.

Un ejemplo: El arquero de Las Olivanas, cerca de Tormón, o la aparición del paisaje en el Covacha de los Trepadores, cerca de Alacón.

EL MITO DEL TORO EN LA COREOGRAFÍA TUROLENSE.

El toro es el signo mas antiguo del Zodiaco, por lo que entra dentro del mito universal de la luz y de las tinieblas; fue símbolo de la procreación y de Dionisos; el cristianismo le puso al lado de San Lucas, en el tetramorfos. Los toros turolenses pertenecen al ciclo mediterráneo, del buey Apis y del minotauro de Creta. El toro fue animal sagrado en España, según nos cuenta Diodoro de Sicilia.

Quizás por su carácter divino, fue representado repetidas veces en los lienzos rocosos de la abrupta geografía turolense ya en 1911, el abate Breuil, y Cabré Aguiló, estudiaron algunos de los existentes en la Sierra de Albarracín, en el barranco de Las Olivanas, hacia Tormón; ellos vieron las semejanza de estos toros; con los de Minateda y Cogul, a juzgar por los cuernos en forma de lira, mientras que el convencionalismo de tres o cuatro patas delanteras para indicar el movimiento, quiere recordar al paleolítico hispano- francés. Los sabios citados encontraron hasta nueve series en este conjunto de toros, équidos, cervidos y figuras humanas. Posteriores exploraciones aumentaron el repertorio pictórico de toros rupestres, destacando los de la Cocinilla del Obispo, por sus figuras rojizas, llenas de vitalidad. En los roquedales del Prado del Navazo, también en los Montes Universales, vemos a dos cazadores disparando sus flechas contra un toro. Las investigaciones del eminente prehistoriador turolense, don Martín Almargo, han dado a conocer las diferentes yuxtaposiciones pictóricas que realizaron los artistas del Paleolítico en esta zona.

La mas bella estampa de toro de todo el rupestre levantino, se encuentra en el pueblo turolense de Ladruñán, en la cueva del Pudiol. Aparece en movimiento, representado con minuciosidad anatómica verdaderamente sorprendente, dentro de los convencionalismos propios de este arte.

Este animal mítico, fue decisivo en la fundación de la ciudad de Teruel; así nos lo refiere el Libro Verde: <<Es los Adalides es los mas servidores de tal fecho, subieron a la muela et allí do es ahora la Plaza, de mañana en el alba trobaron su bel toro, et andaba una bella estrella sobre él; et luego que los vido el toro comenz a bramar, et dijeron los adalides que aquí había buenas señales por fer Población i allí tomaron señal>>.

HUELLAS DE LA ANTIGÜEDAD.

La importancia de las tierras turolenses en tiempos pretéricos, se explica por los restos que de día a día aparecen. Apenas hemos dicho algo del legado pictórico que dejo el hombre prehistórico. Los poblados ibéricos son incontables y solo unos pocos han sido excavados; pero ninguno supera en interés a las ruinas del Cabezo de Alcalá, en Azaila, que merecieron las calificaciones de Monumento Nacional. En ellas se reconoce un primer asentamiento céltico, al que sucedido la ciudad de fines del siglo III; a principios del siglo I antes de Cristo, fue construida sobre las ruinas incendiadas de la pierna, pero ésta fue a su vez incendiada y sustituida por la nueva ciudad ibérica, ya romanizada, que sería destruida en las guerras sertorianas. Las excavaciones han puesto de relieve la red de calzadas, sistema de pavimentación y desagüe, así como los principales edificios. Además de esculturas, el gran legado de Azaila ha sido la cerámica, ya que sus alfares fueron de los mas importantes, desde el Nordeste de España, hasta el Ródano. No deja de acusar cierta relación con la del Sur de Italia, cosa explicable por los numerosos militares que se establecieron con España durante el siglo I antes de Cristo.

En esa zona de la provincia, se encuentra otro yacimiento, las Ruinas de San Antonio, en Calaceite. Su cerámica aparece relacionada con la de Azaila, Valencia y Cataluña. Curiosas son las estelas con representaciones ecuestres y la serie de lanzas que recuerdan la costumbre ibérica de colocar en la tumba del guerrero muerto; tantas lanzas como enemigos hubiese vencido.

Las huellas de Roma surgen acá y allá, por toda el área de la provincia. Algunos de los restos hallados pasaron al Museo Arqueológico de Teruel, y otros hace tiempo que fueron emporrados en iglesias, como en la catedral de Albarracín y en la parroquial de Calomarde. En el valle del Jiloca hay todavía dos puentes, en Calamocha y Luco, ubicados ambos en la calzada romana que iba de Zaragoza a Córdoba. El de Luco ha perdido mucho de su elegancia primitiva al desaparecer el pretil y cubrir el río los pilares con sus continuados arrastres.

Monumento funerario y calle de una ciudad ibérica, fundada a fines del siglo III a. C. cerca de Azaila.

PUENTES Y ACUEDUCTOS.

Dada la ubicación medieval de Teruel, en una colina que la defendía con sus terraplenes naturales, se ubicaron los edificios, para construir luego una serie de obras que facilitaran el acceso a la ciudad.

El mas bello de todos es el Acueducto, vulgarmente conocida por los Arcos, obra de grandiosidad romana que levantó a mediados del siglo XVI el arquitecto Quinto Pierres Permitió el desarrollo moderno de la ciudad con una urbanización en abanico, partiendo del mismo puente. Aún hay otros puentes: el de la Reina, el de San Francisco, etc., pero no olvidaremos el mas insignificante, el de Doña Elvira, de tablas, pero aureolado por la leyenda de aquella dolorida mujer, cuyo marido murió alevosamente en el Puente de San Francisco, y que ordenó construir este para no hollar el otro, de tan triste recuerdo.

La obra singular de Los Arcos merece una descripción, aunque breve. No solo es el mayor acueducto renacentista, sino el mas bellos de los pocos que nos ha llegado de la España del siglo XVI. Su mayor originalidad reside en su doble función: puente y acueducto, ello debió de ser una exigencia del régimen foral turolense, entonces vigente, pues en el Forum Turolii se estipula: “Y cualquiera que hiciera un acueducto debe asimismo hacer en él un puente…”. La obra resultó tan bella que en todo momento ha levantado unánimes aplausos. Ya en el siglo XVI. El libro Verde de la ciudad la calificó como ¨obra de las mas admirables de España¨. Un siglo después, el portugués Juan Francisco Labaña escribió en su Itinerario de Aragón que Los Arcos están ¨muy bem feytos, e altos, que be obra asimilada¨. Pero nadie como el infatigable Ponz supo captar el espíritu de la obra: ¨El acueducto – escribió -, presenta cierta idea magnífica, que recuerda los suntuosos edificios que los romanos hacían de esta clase¨. Así quedaba bien expresado el carácter de la mejor interpretación del Renacimiento que hizo Vedel.

LA MURALLA DE CUARENTA TORRES.

Un manuscrito de 1695 sobre la Real Militar Compañía de Caballeros de San Jorge en la ciudad de Teruel, nos refiere: “Los muros de la ciudad están adornados con cuarenta torres las mas de ellas, de hermosa arquitectura”. Los hombres y el tiempo han destruido estas sólidas construcciones, y de ellas no quedan mas que unos muros desdentados y unas referencias literarias.

Subsiste todavía la torre Bombardera, con sus ángulos achaflanados, propios para la defensa, con cañoneras que favorecen el tiro rasante. En su coronación debió de tener almenas y matacanes volados; las cañoneras nos ayudan a fijarla cronológicamente, dentro del siglo XV.

Mejor conservado se encuentra el torreón de Ambeles, que recuerda la ubicación del antiguo Alcázar; por haber pasado a principios del siglo XVIII a la familia Ambel, se le conoce con el nombre de Castillo de Ambeles. El la mas interesante de las construcciones militares de Teruel, por la originalidad de su planta con ángulos de resalte mayores y menores en alternancia; a dos tercios de su altura presenta una cornisa que da movimiento a la inusitada composición.

Se puede hacer el periplo del casco urbano medieval, en un paso extramuros, poco mayor de un kilómetro. En el extremo Nordeste, al fin de la calle del Tozal, estuvo la Puerta de Zaragoza, reconstruida en 1379, en forma similar a la de Cuarte de Valencia. Tras el Mesón de la Comunidad, estuvo el Portal de las Carnicerías Altas. En el punto de unión de Los Arcos con la muralla, se encuentra el Portal de la Traición, que nos recuerda la entrada de las fuerzas castellanas en 1363 por ¨Tracto malo e falso¨, según las crónicas.

El costado septentrional es el mas pintoresco de la ciudad; serpenteante camino, asciende hasta el Portal de Daroca, conocido ya en 1566 por la Andaquilla; su arco evoca a los turolenses el regreso angustioso del infortunado amante, Juan Diego Martínez y Garcés de Marcilla, el mismo día de la boda de su enamorada (según la leyenda). Ningún vestigio queda de la Puerta de Guadalquivir, del Postigo y del Portal de Valencia, situados en las partes meridional y oriental del circuito murado de la ciudad.

La Bombardera, es una de las cuarenta torres que tuvo la ciudad de Teruel (s. XV).

PLAZAS Y CALLES.

El centro vital de Teruel es la Plaza de Carlos Castel, o del Torico, llamada así porque un minúsculo toro se levanta sobre un alto pedestal columnario, presidiendo con hieratismo totémico el murmullo de la ciudad que le está dedicada. Cortés y López, un etimologista turolense, tuvo la obsesión de ver raíces hebreas en la toponimia española; según él, el primitivo nombre de Teruel fue Turba, que derivó de las voces hebreas tbou y bat e interpretó como domus tauri, por tanto, Teruel venía a ser como casa o templo del toro. El actual monumento data de 1858 y vino a sustituir a otro, mas bello, realizado en el siglo XVI.

Por la plaza del Torico, pasa la única arteria axial que divide en dos partes el antiguo casco urbano. La topografía del lado oriental conserva mejor sus rasgos medievales; aquí se cobijó la judería turolense, a espaldas de los castillos de Ambeles y de San Esteban, formando parte de ella las calles que, mas o menos radialmente, inciden en la actual Plaza de la Judería; en la calle adjunta de la Comadre, estuvo la sinagoga. No todos los judíos vivieron en este recinto, pues los mas ricos habitaron en la antigua Albardería (hoy Salvador), en Ricoshombres, calle que parecía confinada a la aristocracia, y en la Alcaicería (San Juan), a cuya entrada los Nairíes tuvieron su casa de cambio.

No pocos hechos históricos nos evocan las tortuosas callejuelas de este sector, el mas vetusto del urbanismo turolense. El camino de ronda lo señalan las calles de San Esteban y la Plaza de Bolamar (recuerdo del capitán bul Amar, jefe de una compañía de moriscos que defendió la ciudad contra los ataques de las aldeas). A espaldas del torreón de Ambeles estuvo la llamada Casa del Judío, famosa por su rico artesonado mudéjar del siglo XV.

El Arrabal, no ha perdido su carácter arábigo, con los característicos callejones sin salida. Aquí vivieron apartados los moriscos hasta su expulsión, aquí habitaron aquellos alarifes que doraron a la ciudad de las soberbias torres. Todavía en este barrio subsisten las ollerías, en las que se elabora una interesante cerámica.

En la plaza del Torico, se encuentra el monumento al animal que propició la fundación de la ciudad.

TERUEL: IGNORADA MARAVILLA.

Nuestra ciudad ha permanecido casi olvidada hasta tiempos recientes: ni el P. Flórez, ni Villanueva, ni los autores del Teatro histórico de las Iglesias de Aragón, dicen nada de ella, solamente en obras de carácter general, como las de Zurita, Ponz, Madoz, etc, se encuentran referencias. Traggia y algunos eruditos locales, exploraron sus archivos. Hasta mediado el siglo XIX, Teruel continuó desconocido, y solamente Cuadrado le dedicó unas breves páginas de su obra, pero ni Roscoe, ni Borrow, ni Quinet, ni Teófilo Gautier, ni otros viajeros de la pasada centuria, han dejado referencia de su paso. Pero lo cierto es que ya desde el Paleolítico el río Turia atrajo a los cazadores prehistóricos, que acechaban a los animales de los bosques próximos, dejándonos como testimonio, en el paisaje terciario miocénico que rodea a la ciudad, sus raederas, hachas y cuchillos.

Este silencio que han guardado viajeros e historiadores, podría hacer pensar que la tierra turolense es espiritualmente árida, mas no es así; sus monumentos y hombres demuestran lo contrario. Díganlo los brillantes volúmenes de sus torres, realizadas en ladrillo, que son el documento artístico mas valioso que Teruel exhibe de su vinculación al genio artístico nacional. Desgraciadamente la mentalidad barroca no comprendió la belleza de éstos volúmenes, tan gallardos y limpiamente aristados, y hasta permitió la destrucción de la torre de San Juan, conocida por la “fermosa”. Actualmente la mas admirada es la de San Martín, que se ofrece ante propios y extraños con una belleza renovada cada día, en el escenario de una histórica plaza. Asimismo, es un timbre de gloria histórica y artística el artesonado catedralicio, en el que se presenta la ¨comedia humana¨ de la sociedad medieval de Teruel en el momento mas glorioso de su historia.

En cuanto a sus personajes, don sintieron el amor como únicamente la imaginación de los poetas lo ha recreado. El morir de pena y amor es una realidad que solo ha sido concedida a dos enamorados turolenses, pero ¿es posible morir de amor? Todo es posible a los humanos capaces de tener grandes pasiones, que mueren para vivir una vida mejor en la región de la Eterna Belleza.

El cuerpo de la Catedral ofrece un aspecto pintoresco.

TERUEL: CIUDAD DEL AMOR

No se puede escribir de Teruel sin hacer referencia a sus mas ilustres personajes: Isabel de Segura y Diego Garcés de Marcilla, cuya vida nos ha llegado envuelta entre las brumas de la leyenda y las sombras de una época histórica llena de silencio. La hermosa leyenda de amor debió de ocurrir el año de 1217, siendo juez de Teruel, Domingo Celada.

¿Existieron los Amantes de Teruel? Ningún turolense duda de ello, pero los historiadores y comentaristas literarios no están acordes. El infatigable cronista de la ciudad, don Jaime Caruana, ha conseguido unas apoyaturas documentales para la judicatura del citado Domingo Celada, que corroboran la fecha de la anónima tradición, pero queda todavía una noche oscura de mas de tres siglos, desde el supuesto hecho hasta el año 1555, sin una sola referencia histórica.

Y, ¿qué nos queda del Teruel de los Amantes? Casi nada. Las famosas torres mudéjares, las iglesias y la Andaquilla, según hoy se encuentran, son posteriores al suceso. Embrolla mas el asunto la semejanza de la leyenda con el cuento de Boccaccio Girolamo y Salvestra, escrito a mediados del siglo XIV en Florencia. Sería razonable pensar en la existencia de una fuente literaria de la Antigüedad clásica, que está por identificar de la cual deriven tanto la versión turolense del siglo XIII como la italiana del XIV. La leyenda turolense ha motivado varias obras de nuestra literatura, siendo las más feliz y famosa el drama romántico de Hartzenbusch.

En las artes plásticas, inspiró al pintor Muñoz Degrain y al escultor Aniceto Marinas. El moderno sarcófago ha sido realizado por Juan de Ávalos; su feliz composición nos presenta a la enamorada, bella de cuerpo y de alma, y al bizarro doncel, unidos por sus manos en lazo eterno de amor. Cada uno de los cuerpos descansa sobre el carnero correspondiente, abierto lateralmente por unas celosías de tradición mudéjar, para que el visitante curioso pueda contemplar las momias si lo desea. El lugar adecuado de su presentación, será el claustro gótico de la iglesia de San Pedro, previamente restaurado.

UNA DETERMINANTE TUROLENSE: EL MUDEJARISMO.

Mudayyan o mudéjares, tributos o sometidos, debió de haber muchos en el Teruel preforal, formando barriada en los extramuros. El fuero de Teruel (1176) consideró libres a estos moros de paz, pudiendo convivir con los cristianos en paridad de derechos sociales. No sucedía lo mismo con los moros esclavos, cuya valoración social no fue superior a la de las bestias. La clase mudéjar fue muy dinámica, absorbiendo gran parte de la vida económica de la ciudad; además de labradores, debieron ser herreros, zapateros, peleteros, tejedores, tintoreros y alfareros de tejas, ladrillos, cántaros y ollas. Las disposiciones del Forum Turolii, el gran monumento literario sobre la vida del Medievo turolense, nos ayuda a evocar las animadas escenas de las angostas calles de la ciudad.

A los mudéjares debe Teruel su época áurea. La ciudad destaca en el ámbito peninsular por dos especialidades mudéjares: las torres y la cerámica, por ello, no sin razón, Teruel ha sido bautizada como la ciudad de mudéjar por antonomasia, así que gran parte de los edificios turolenses, están tocados de este estilo. De la catedral dijo Lampérez que, si se conservase completa y sin alteraciones, sería caso único, sin duda, de un templo episcopal de estilo mudéjar.

Teruel continúa siendo mudéjar por herencia y apego natural al estilo, llegando a ser hoy determinante estético de su paisaje. Ya el fuero reglamentó la industria alfarera lo mismo que los precios de “ollas, cántaros y además vasos”. La ciudad fue durante los siglos XIII y XIV, un centro especializado en la elaboración de azulejos, placas columnitas y escudillas, destinadas a la decoración de las torres. El material empleado es una pasta ferruginosa, muy rojiza, barnizada de blanco, sobre la que destacan los morados puros y los verdes brillantes, aún mas que en Paterna. Con evidente acierto, se ha destacado la prioridad cronológica de la cerámica turolense sobre la valenciana. Maríneo Sículo, en su obra Opus de rebus Hispaniae memorabilius, celebra así la importancia de la cerámica turolense: “Turolii fiunt praecipus sunt et caeteris pulchriora”.

TORRES MUDÉJARES.

Amador de los Ríos llamó mudéjares a las manifestaciones artísticas de los musulmanes que vivieron bajo los cristianos vencedores; de nuevo se repitió el Graecia capta de Horacio, y los vencedores fueron vencidos culturalmente. Lo mudéjar, en su fuente original, es oriental, islámico. Sus volúmenes, tan regularmente aristados, no pesan, es decir, no son masa. Sus decoraciones carecen de relieve y dan la impresión de ser brillantes y fastuosos tapices. España ha sido campo de interacción de Oriente y Occidente, que ora aparecieron en lucha, ora en ambiente de fecunda paz. La convivencia de moros y cristianos, motivó el ensamble de sus formas artísticas y culturales. Recientemente, algunos ensayistas han extendido el concepto mudéjar a toda obra artística, literaria, jurídica, económica, filosófica, etc., en la que se combinen armónicamente lo cristiano con lo musulmán; no solo la literatura aljamiada, si no buen parte de la obra del Rey Sabio, el Libro del Buen Amor, los romances, e incluso El Quijote, han sido calificados como mudéjares.

Examinando lo mudéjar en su esencia, vemos que se trata de un estilo autóctono, muy original, que responde a las exigencias de la tierra y del pueblo; exhibición de volúmenes rotundos y de decoloraciones planistas, dispuestas bajo rígida disciplina geométrica. La más feliz intuición de Menéndez Pelayo en el terreno artístico, fue considerar lo mudéjar como o el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos. Se ha considerado el arte hispano-morisco, como el arte nacional de la España medieval. Y solamente entendido así, se comprende su proyección histórica; tan hondas raíces echó en nuestro suelo, que rara será la forma artística que no surja tocada de mudejarismo.

Este estilo arraigó profundamente en Teruel, donde dejó los mas vellos ejemplares de torres: San Martín (1315) y El Salvador, de composición similar, que rivalizan en belleza y en las que debieron intervenir los mismos artistas, a los que la musa popular ha presentado en una leyenda trágica rivalidad. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el mudéjar se expandió por los valles de la provincia, donde el ladrillo abundaba, dejando una serie de campanarios que atestiguan la facilidad con que este estilo se amalgamaba con otros, como el Renacimiento y el Barroco.

Y además se deben de citar la Torre de San Pedro (s. XIII), y la Torre de la Merced, la última de las torres turolenses (siglos XVI- XVII).

UNA EXHIBICIÓN DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL.

Una opus magnum de la catedral de Teruel es el artesonado. Este lote de pintura gótico- lineal decora una armadura de par y nudillo, que es la primera de España por el desarrollo de los temas decorativos y subhistóricos. Un vivo documental de la Edad Media palpita en esta atmósfera mágica, que el visitante puede gozar gracias a unos balconcillos corridos situados a gran altura.

En torno a esta obra cardinal del tesorero artístico turolense, no se conoce documentación; por ello, su cronología ha sido muy discutida. Dada la carencia de pruebas documentales, el problema queda en mano de las sugerencias estilísticas. En otra ocasión he puesto de relieve la presencia de cuatro pintores de Teruel durante el primer cuarto del siglo XIV, Bernabé Alluvena, Fortún Ximénez, Pedro Guarín y Juan El Pintor; asombra que el gremio fuese tan numeroso en este lapso de tiempo, pues nunca en la historia turolense se conocieron tantos pintores juntos. Posiblemente se trata del equipo que realizó la enorme obra del artesonado. Los arcaísmos de la obra son explicables, por tratarse de pintores artesanos que vivían con cierto retraso las modas estilísticas, y ser Teruel un medio sin tradición pictórica considerable.

El punto mas controvertido es el referente a la interpretación del contenido del artesonado. Es preciso ser muy liberal para alcanzar una interpretación del material temático en orden a una concepción sistemática, que no parece que estuviera en las mentes de los que hicieron el artesonado. Indudablemente hay vagas referencias a la historia turolense, pero no un paralelismo tan sistemático como se pretende. Además, no hay que olvidar que los artesones pintados fueron trastocados y no nos han llegado en el orden primitivo.

Lo mas interesante de esta obra, es que en ella desfila la sociedad medieval española en un momento determinado: el primer cuarto del siglo XIV. Tiene mas interés la indumentaria femenina que la masculina, y hay una clara persistencia de las formas del siglo XIII en ciertas prendas femeninas, aunque otras denuncian ya los gustos del siglo XIV.

EL MUSEO EPISCOPAL DE TERUEL

El Palacio Episcopal, aunque muy restaurado, conserva su traza antigua. Su construcción fue lenta, desde fines del siglo XVI hasta el término de la centuria siguiente. Tiene patio arquitrabado con columnas jónicas, y galería de arcadas en el piso superior, el aragonesismo de la construcción lo patentiza la arquería bajo el alero.

El incipiente Museo Diocesano se expone en la galería superior del patio, mientras se prepara el edificio adecuado, feliz acontecimiento que no sabemos cuando ocurrirá.

Las obras expuestas son de un valor desigual. Dignas de recuerdo son las tablas de Santa Catalina y de San Miguel, que se creen obra de Lorenzo de Zaragoza. Quizá sean resto de un retablo que en 1366 la reina doña Leonor, ordenó le fuera pagado y que había hecho para el convento de Las Claras de Teruel. Recientemente, Gudiol ha visto bajo los repintes, la personalidad del autor del retablo de Jérica, enriquecida con nuevas originalidades y ostentando la típica grandiosidad, que constituye la gran revelación de Lorenzo de Zaragoza.

Pieza altamente interesante es el cuadro del Patrocinio de la Virgen, que Gudiol ha atribuido a un anónimo Maestro de Teruel. A juzgar por la fecha en que debió ser realizado, segundo cuarto del siglo XV, Juan de Boniella pudiera ser un probable pretendiente. En esta obra, se llega a la apoteosis de los imaginativo; hay en ella ua mezcla de fantasía y lirismo, que no es sino una resonancia inequívoca del influjo germánico de tipo valenciano que parte de Marçal de Sac. Esta obra de primer orden destaca además por su curiosa iconografía, ya que presenta los pecados capitales en los nichos de la cátedra de la Virgen; las víctimas de cada pecado indican con una flecha aquella parte del cuerpo con la que se cometió el pecado correspondiente. Esta valiosa tabla debe ser clasificada en la última fase del gótico internacional, poco antes de la invasión flamenca.

LO MEJOR DEL IMAGINERO FRANCES YOLI.

La actividad escultórica en Teruel, puede considerarse casi como inexistente hasta la venida del Renacimiento. En Teruel, el estilo renacentista adquirió esplendor gracias al concurso de los artistas galos, el escultor Gabriel Yoli y el arquitecto Quinto Pierres Vedel, ambos activos en tierras aragonesas, pero que dejaron, precisamente en Teruel, sus obras mas significativas.

La presencia de Yoli en Teruel data de 1532, cuando hizo el contrato del retablo mayor de la catedral, cuyo, coste, sin dorar ni policromar, alcanzó la cifra de 20.000 sueldos. Fue una fortuna que el retablo nos haya llegado sin dorar, así podemos admirar el toque directo de la gubia y los trazos vivos y nerviosos del escultor sobre la madera. Las figuras se caracterizan por las proporciones esbeltas, tendencia que inició el escultor en el retablo de Aniñón. La interpretación de las cabezas está muy influida por el arte de Miguel Ángel; no está lejano el expresionismo de los maestros castellanos, Berruguete y coetáneos, como se advierte en algunas escenas y en las magníficas figuras del Apostolado. Es elevado el interés de esta obra porque nos muestra el fin de la tarea del gran imaginero francés, ya españolizado, con esas formas que tratan de definir a sus atormentados personajes.

El escultor francés, al que Aragón debe la mejor talla del Renacimiento, murió terminando esta obra en 1538; su cuerpo mereció el honor de ser enterrado en medio de la nave mayor; se cubre el sepulcro con lauda, que muestra en bajorrelieve al artista envuelto en capa, espada al cinto en señal de nobleza, y cabeza sobre almohadones e inscripción en torno.

El más hermoso retablo turolense del Renacimiento, el de San Cosme y San Damián, en la iglesia de San Pedro de Teruel, tiene el sello inconfundible del maestro francés, lo que corrobora un documento de 1537. La composición es similar a otra anterior de Yoli, el retablo de Bolea. Los titulares aparecen en tamaño natural y elegantes posiciones, con atuendo que nos evoca a dos sabios renacentistas. Según Weise, las escenas laterales del banco, acusan otra mano.

RESURGIMIENTO DE TERUEL.

La época dorada del arte y de la vida turolense fue el Medievo, iniciándose ya en el siglo XVI la decadencia, que reflejan fielmente los monumentos. Las invasiones Seudo- renacentista y barroquizante inundaron todo, hasta el remate de algunas torres medievales. De este incluso barroquismo se libraba la iglesia de la Compañía, construcción feliz del siglo XVIII, obra del arquitecto turolense, José Martín de la Aldehuela, pero desapareció en los azares bélicos de la Cruzada. Algún viejo templo como el de San Pedro, tras de sufrir los estucos barrocos, a fines del siglo XIX, fue decorado a lo Viollet-le-Duc, sustituyendo la severidad del gótico-mudéjar por una policromía chillona; estos deseos restauradores hubieran sido felices si en lugar de buscar el pastiche galo, se hubieran tomado como modelos las iglesias del arcedianato de Calatayud.

El siglo XX, pese a las dolorosas amputaciones, ha dado a Teruel una nueva cara, tanto en las nuevas edificaciones como en las restauraciones. Está todavía por estudiar la significación del modernismo en Teruel, que aparece vinculado por medio del arquitecto Monguió, a la escuela barcelonesa; los dos edificios mas significativos, son los almacenes comerciales de Ferrán y del Torico, ambos en el centro de la villa turolense.

Poco después se realizaron el Viaducto y la Escalinata, que tanto embellecieron los accesos a la ciudad. El Viaducto fue proyectado por el ingeniero Fernando Hué, contándose entre las obras mas atrevidas de aquel momento. A uno de sus extremos se colocó un monumento escultórico de Victorio Macho. La monumental Escalinata, que salva el desnivel existente entre la ciudad y la Estación de la Renfe, fue realizada en 1321 por el meritísimo turolense, José Torán de la Rad, quien la decoró con guarniciones neo-mudéjares. Esta bella escalera, a mitad de s altura, se bifurca en dos tramos curvados para abrazar la composición del retablo de los Amantes, altorrelieve del escultor Aniceto Marinas.

ALBARRACÍN: CIUDAD ÚNICA.

En la época visigoda parece ser que esta ciudad se llamó Santa María de Oriente, pues así lo recogen las crónicas árabes. Los dominadores musulmanes de esta zona fueron berberiscos, pero la ciudad reunió una población heterogénea, lo que evidencia una lápida árabe, perteneciente sin duda a un mozárabe. Bajo la dominación islámica, hubo un obispo cristiano, según la Crónica General, el cual recibió al Cid en 1089. Hasta los judíos tuvieron aquí cobijo, ante la actual iglesia de Santa María, lugar conocido tradicionalmente como Campo del Judío.

En cuanto a los restos de construcciones, es difícil pensar si estás corresponden a Santa María, como ciudad árabe antes del siglo XI, o si solo hubo hasta la venida de Hudail (1013-1014), un pequeño castillo que dominaba las ruinas de las primitivas construcciones romanas o hispanogodas. De la época de Hudail, son el llamado “alcázar” y la torre del Andador, que juntamente con la desaparecida “torre del agua” formaban un triángulo estratégico. Al parecer, Albarracín fue ciudad abierta, de modo que la población en un momento de peligro podía cobijarse en las fortalezas. Durante la época cristiana, su importancia aumentó según el interés que pusieron Jaime II y Pedro IV, en la conservación y restauración del sistema ofensivo. La ciudad, probablemente, se cerró a fines del siglo XIV levantando la muralla conocida por el “Muro”. Este es de mampostería concertada, en muros de metro y medio de anchura y doce metros de altura; los torreones cuadrados tienen una altura de 16 metros, su número es de 9, mas la torre del Andador. Ninguno tan evocador como éste, ante el que acampó en 1220 Jaime I para poner sitio a la ciudad, no logrando reducirla.

Hay en Albarracín algo que está sobre los monumentos y que nos hechiza: sus callejuelas de abolengo moruno, serpenteando por el reducido casco urbano; sus pintorescas casucas, llenas de inagotables puntos de vista; sus viejos portales y sus murallas desdentadas. Por todo esto, es una lección permanente de Historia. Aislada la ciudad por su difícil emplazamiento, ha resistido el avance de los tiempos, que todo lo uniforman, lo que, unido a su natural tipismo, ha hecho de la villa un solo y auténtico monumento.

LA HISTORIA DE GEDEON.

La Sala Capitular de la Catedral de Albarracín, atesora un interesante conjunto de tapices flamencos, que representan la historia de Gedeón, al que eligió el Señor para que libertara al pueblo hebreo del yugo madianita. Se encuentran allí por donación del Obispo don Vicente Roca de la Serna (1606-1608), de quien dice el episcologio: ¨dejó a su iglesia una preciosa colección de tapicería, un terno muy costoso y un exquisito portapaz con embutidos de esmeraldas y otras piedras finas, que había sido alhaja de un Pontífice Romano¨.

Los tapices tienen la signa de un escudo entre dos B, lo cual nos declara que fueron hechos por tapiceros de Bruselas- Brabante, pues desde 1528 usaron este definitivo; otra marca que llevan se ha querido identificar como la firma de Francisco Geubels, que tuvo fábrica en Bruselas desde 1534 a 1571.

De los ochos que formaron la donación se conservan siete y un fragmento del octavo. La altura de tres metros y setenta cms, es uniforme, aunque varía la anchura. La historia de Gedeón se ha tomado del Libro de los Jueces (caps. VI, VII y VIII). De las materias empleadas en su confección, se aprecian claramente lana, algodón, estambre y seda; esta última es abundante y está bien conservada. El tinte de las lanas parece ser aceptable, destacando los colores verde y azul, y algo menos el carmín, rosa, sepia y medias tintas.

Dentro de la historia del tapiz flamenco, los de Albarracín, representan la decadencia de éste en Bruselas. Las composiciones son cuidadas, lo que resulta difícil por las numerosas figuras. Quizá sea una obra de mediados del siglo XVI, y si su autor fue Geubels, éste se caracteriza por la tosquedad y pesantez de las figuras, pese al dominio del movimiento y aún de las formas anatómicas, muy de acuerdo con el manierismo de pintores flamencos coetáneos como un Heemskerck o un Frans Floris. Mas interesantes que las grandotas y teatrales figuras, son los bordes de cada composición que, aparentemente iguales, varían en detalles. Hay una mezcla de elementos animados con otros vegetales y geométricos, éstos quizá derivados de Vredeman de Vries.

EXTRAÑA INTERPRETACIÓN DEL ÁRBOL DE LA VIDA.

El objeto mas extraordinario de todo el tesoro artístico de Albarracín, es un Cristo de marfil, que se guarda en el convento de las Madres Dominicas. Pese al interés de esta pieza excepcional, casi nada se sabe acerca de su origen; acabado el convento en 1621, con posterioridad parece ser que llegó la pieza por donación.

Gracias a la investigación Margarita Estella, sabemos de su carácter estilístico y de su notabilísimo valor iconógráfico. El Cristo responde al tipo denominado de los ¨expirantes¨ y es de origen filipino. La composición de la escena es de aire renacentista, pero los detalles decorativos – indumentaria y muebles- así como la organización en diagonal de los bajorrelieves de los medallones, pertenecen al siglo XVII. Los artesanos de las Islas Filipinas que lo realizaron, han debido de tener presentes grabados se inspirarían a su vez en otros del siglo XVI, con lo cual quedaría aclarado cierto sentido arcaizante, ya que la obra puede fecharse a mediados del siglo XVII.

En líneas generales, la composición de la pieza responde a la idea del Árbol de la Vida; caído Adán, es redimido en el Árbol de la Cruz; en diversas escenas de los relieves se subraya la Redención, ya que ellos representan los misterios del Santo Rosario. No se conoce una representación plástica que se pueda considerar como fuente directa de la rara pieza. Se trata quizás de una adaptación especial del tema del árbol DE Jessé, ya que numerosos grabados fueron imitados en marfil en Goa; ellos presentan gran similitud con la escultura hispano-filipina de la época colonial, que, naturalmente, manejó con frecuencia estas recreaciones orientales. Durante los siglos XVI y XVII fue muy frecuente la representación de series bíblicas con fines didácticos y apostólicos.

LA CRÓNICA ILUSTRADA DE LOS CALATRAVOS.

El más noble de los monumentos de Alcañiz es el Castillo, con aportes estilísticos que van del románico al barroco. Lo que mas interesa son las pinturas murales de la Torre del Homenaje, que guardan una disposición semejante a la de la sala capitular del monasterio de Sigena. De las diversas hipótesis lanzadas, parece lo mas probable que esta crónica pictórica se refiera a la vida de los Calatravos alcañizanos en sus empresas levantinas, pinturas por su linealismo y nueva estética de los repertorios caballerescos, historiados y trovadorescos, entran de lleno dentro del arte gótico lineal de inspiración francesa.

La serie caballeresca es muy extensa. Hay que considerar la representación de dos castillos, bañados por el mar, cuyas ondas están claramente figuradas; uno de ellos ostenta los blasones de Castilla y de León. Confusamente se aprecia un campamento y un ejército, cuyos soldados muestran a la cruz de Calatrava. En el muro lateral izquierdo se ve a tres damas despidiendo a un jinete que parte veloz; en una enjuta está en el ejército catalana- aragonés con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, mientras en la otra enjura, aparece un ejército musulmán. Y mas escenas militares: un ejército desembarcado que marcha hacia un castillo, guiado por un peón abanderado, y un monumental castillo, en cuyas torres se enarbolan los blasones de los Alagón, Cornell, Luna y Aragón. El paisaje de palmeras nos lleva a relacionar estas escenas caballerescas con la vertiente levantina de la Reconquista.

Merecen recordarse otros temas de estas pinturas alcañizanas. Hay una rueda con un personaje regio en tres posiciones, que aclaran las inscripciones latinas: REGNABO, REGNO, REGNA- VIT. No es propiamente una Rueda de la Fortuna, y existe una escena análoga en el libro Hortus Deliciarum, que mandó componer en el siglo XII la abadesa Herrad de Lamberg. Otras escenas parecen insinuar cierta influencia provenzal. Una serie de figuras de gremios, vienen a recordarnos similares personajes del artesonado de la catedral de Teruel.

LOS ESPACIOS DEL GÓTICO.

Los monumentos importantes del gótico en tierras turolenses, son derivación de la escuela catalana y pertenecen, en su mayor parte, al lapso temporal del siglo XIV. El gótico procede del Sur de Francia; pero tienen tan marcada personalidad, que supera en originalidad a las otras escuelas del gótico peninsular; ninguna escuela como la catalana, puso tanto interés en el desarrollo de lo espacial, tendiendo a hacer templos de nave única que permitían gran anchura y altura. Dentro de la evolución espacial del gótico, estos templos son la transición entre el gótico clásico y el gótico tardío. Como los templos góticos catalanes, los aragoneses presentan capillas entre los contrafuertes, pero se distinguen por hallarse éstos últimos, en general, mudejarizados.

Quizá el mas antiguo sea San Pedro de Teruel, del que tenemos referencias de que se construía hacia 1319. A raíz del incendio de 1873, muros y bóvedas fueron restaurados, sustituyendo la noble severidad de la cantería gótica por unos diseños a lo Viollet-le-Duc y unos colorines que desfiguran su interior. De ábside mudéjar, como San Pedro, es la parroquial de Montalbán, cuya nave tiene una anchura de 21 metros; su relación con los modelos catalanes, en este caso está acentuada por el campanario octogonal, aunque terminado en forma piramidal, como el de Aljafarín y el zaragozano de San Gil.

El campanario octogonal aparece también en otra iglesia similar, Santa María la Mayor, de Valderrobles. Destaca este templo por una enorme portada, profundamente abocinada, coronada en la parte superior con el más bello rosetón del gótico turolense. En la ciudad de Teruel, en los últimos años del siglo XIV, se construyó el templo de San Francisco, que se caracteriza por la falta de mudejarismos tan corrientes en los templos de esta ciudad. La familia de los Heredia, mecenas del templo citado de San Francisco, aún construyeron otro mayor en Mora de Rubielos, pero a mediados del siglo XV. Tormo lanzó la hipótesis de que pudiera ser obra de Guillén Sagrera, el genial arquitecto que trabajó en Palma de Mallorca y en Nápoles.

Este tipo de templo, aunque con crucería estrellada, vendría a ser el modelo preferido del Renacimiento en la provincia de Teruel.

LOS CASTILLOS EN LA GEOGRAFÍA TUROLENSE.

Los mejores testigos del pasado esplendor político, son los conjuntos ofensivos, que se alzan todavía orgullosos dominando a los caseríos cobijados en torno. La acción de los hombres mas que el “tempus, edazrerum”, ha sido el peor ariete que ha maltratado a estas piedras indefensas. Solo tardíamente, la Torre del Andador, el Alcázar y la muralla de Albarracín, el Castillo de Calatravo de Alcañiz, el de Mora de Rubielos y el de Valderrobles, alcanzaron la calificación de Monumento nacional y con ello una protección oficial, que solo en algunos casos ha tenido vigencia. Ninguno supera en interés al de Alcañiz, cuya torre del homenaje está decorada con un interesante repertorio de pintura gótico-lineal, que ya hemos comentado anteriormente. De todos los castillos turolenses, el de Valderrobles es el que mas nos impresiona por sus ademanes gesticulantes, que cargan el paisaje de dramatismo espiritual; el pueblo se extiende en las faldas de una colina, en cuya cima se levanta la mole inmersa del castillo, con sus parámetros abiertos por ventanas o series de vanos, y rematado por torres angulares y el perfil desdentado de sus almenas.

Entre los castillos menores se cuentan el de Albalate del Arzobispo, con una torrecilla octogonal que todavía se yergue altanera, desafiando el paso del tiempo, y el de Peracense, que por su estratégica posición mas parece un nido de águilas, confundido entre las crestas de la Sierra Menera; dada la escabrosidad del terreno, el acceso es muy difícil, siendo la entrada mas adecuada por un camino que parte desde el vecino pueblo de Rodenas. Tanto este castillo de Peracense como el de Alba, y los restos de que hubo en Blancas, son los hitos mas importantes de una serie de fortaleza que contuvieron los continuados ataques de los castellanos durante el siglo XIV.

Todavía está por hacer el inventario de torreones y castillos turolenses, cuyas piedras doradas por los siglos y por la Historia, son uno de los atractivos turísticos que mas impresionan al viajero que se adentra por las rutas turolenses.

ÁBSIDES Y CIMBORRIOS.

La arquitectura aragonesa tiene un acentuado carácter popular y tradicional, lo que se explicaría porque sus ejecutores fueron los moriscos o mudéjares, cuya grey resultó tan numerosa en Aragón. Esta clase social vino a ser fundamental para la economía aragonesa, de aquí el dicho: “Quien tiene moro, tiene oro”. En el reino aragonés permanecieron los moriscos mas tiempo ejerciendo su oficio de tal manera se encariñó el pueblo con su arte de construir, que todavía dentro del siglo XVIII, perviven las técnicas mudéjares, cuando los moriscos hacia largo tiempo que habían sido expulsados. Los maestros aragoneses no aportaron ninguna solución técnica, destacando por su carácter los cimborrios. Tan fuerte era la vigencia del mudéjar en Aragón, que hasta un arquitecto francés del Renacimiento lo asimiló rápidamente, utilizándolo no solo en su primera obra conocida, la parroquial de Fuentes de Ebro, sino hasta en la última, la iglesia de Santa María de Albarracín.

De los ábsides turolenses netamente mudéjares, vale recordar el catedralicio y el de San Pedro, en Teruel, y el de la parroquial de Montalbán, los tres del siglo XIV. La intervención morisca está perfectamente documentada en el caso de la catedral turolense, pues en 1335 vinieron de Zaragoza el maestro moro Juzaff y su equipo, formando por hombres de la misma sangre: Zalema, Aly, Abraim, Mahomat y numerosos oficiales. Ellos transformaron la cabecera románica en este bello ejemplar gótico-mudéjar, con ciertos rasgos que lo relacionan con iglesias gótico- mudéjares de Calatayud, en opinión de Torres Balbás. Exteriormente, como en otras iglesias de Aragón, el ábside fue lugar privilegiado para el artista volcara su fantasía decorativa, tal sucede en San Pedro de Teruel, y en menor grado en la parroquial de Montalbán.

En la serie aragonesa de cimborrios mudéjares, hay que incluir el de la catedral turolense realizado por Martín de Montalbán en 1538; su antecedente inmediato es el de La Seo de Zaragoza, pero el más antiguo se encuentra en la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de al-Hakam II. Al exterior, tiene el modelo turolense mas gracia que el ejemplar isabelino de Zaragoza, pues los contrafuertes se adornan con pináculos decorados con diseños mudéjares de rombos y esquinillas.

LOS GRANDES PINTORES ANÓNIMOS DEL SIGLO XV.

Los azares históricos y el vandalismo de la última contienda civil, han sido funestos para el patrimonio pictórico turolense. Singularmente rica era la fase gótica internacional, bajo la influencia de la escuela valenciana. De Pedro Nicolau desaparecieron los retablos que hizo para la parroquia de Sarrión y para la iglesia turolense de San Juan, y también fue destruido el de la iglesia de Albentosa, que Tormo le atribuyó.

Dentro del círculo de Marzal de Sax y Nicolau, hay que citar a un maestro anónimo que llevó la influencia valenciana a un lugar tan apartado como Rodenas, en las estribaciones de la Sierra de Albarracín. Post lo dató hacia 1425 por la modernidad de los tipos y la seguridad del dibujo. El tema de este retablo es la vida de San Juan Bautista con las escenas de la predicación, bautismo de Cristo, festín de Herodes y la degollación. Las delicadezas líricas del paisaje y el linealismo, como que estiliza los bucles, nos hacen pensar en el fervor de este pintor por Simeone Martini, de la escuela sienesa. La combinación de Marzal- Nicolau se aprecia en otro retablo, el de la parroquial de Rubielos de Mora, indudablemente vinculado a la escuela valenciana.

De la fase hispano-flamenca de la pintura gótica, solo ha quedad in situ el retablo de la coronación, que los Pérez Arnal ordenaron hacer en el tercer cuarto del siglo VX, en la catedral de Teruel. Post lo atribuyó a un anónimo al que bautizó Maestro de la Florida. Parece ser un pintor eléctrico que aglutina influencias de los valencianos Rexach y Jacomart. Este retablo es la pieza mas flamenca en Aragón, dentro de la producción pictórica que deriva del estilo personal de Bermejo. El carácter local aragonés queda subrayado por la pesadez decorativa y la opulencia de los dorados que tienen algunas figuras. Quizá pudiera identificarse al Maestro de la Florida con Juan de Boniella, que residió en Teruel a mediados del siglo XV, y que en 1474 aparece junto a Bermejo, en Daroca.

ESPLENDOR DE LA VIDA COMUNAL.

Debido el florecimiento que tuvo en Aragón la vida civil, merced a unas instituciones sólidas y poderosas, los edificios públicos adquirieron verdadera magnificencia y monumentalidad. La estampa mas hermosa de este conjunto la representa la Plaza de España, en Alcañiz, con la Lonja y el Ayuntamiento, formando escuadra, que dan aire de Quattrocento italiano a este espacio alcañizano.

La fachada de la Lonja tiene dos cuerpos; el inferior, con tres grandes arcadas apuntadas, decoradas en su intradós con un festón de arquillos tribulados, que delatan al siglo XV, cuando debió de ser construida. Sobre las arcadas está la típica galería corrida aragonesa, en juego con la del Ayuntamiento, aunque es posterior y menos bella. La Casa Consistorial presenta fachada de tres cuerpos, con el blasón municipal en el piso noble. Se remata con un alero muy saliente, a estilo de la tierra, con doble fila de canecillos de madera tallada.

El Consistorio de Valderrobles es, sin duda, el de más sabor de toda la serie renacentista de Aragón, por su ritmo y horizontal. Como pieza selecta fue reproducido en la Exposición internacional de Barcelona de 1929. Se levantas sobre recios soportales con arcos de medio punto; el piso noble se resalta con balconaje corrido, de hierro, exornado de jabalcones. La sensación de horizontalidad la reitera la cornisa superior, con la arquería corrida, tan rica en contrastes y movimientos. Como el Ayuntamiento de Alcañiz, pudiera fecharse en el tercer cuarto del siglo XVI.

El mesón de la Comunidad de Teruel, está directamente emparentado con el grupo de construcciones civiles bajoaragonesas, participando de una tendencia fuertemente clásica que se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XVI. Esta serie de edificios constituyen el capítulo mas brillante del Renacimiento en tierras turolenses. El palacio turolense debió de ser construido a fines del siglo XVI, poco antes de que Felipe II derogara los privilegios de la vetusta institución.

HOMBRES Y OBRAS DEL SIGLO XVIII.

El siglo XVIII es una época de esplendor para las tierras turolenses, tanto en recursos humanos como en medios económicos. Los hechos artísticos no se producen aislados, sino que van ligados a circunstancias de orden económico, religioso, etc., así como el mecenazgo de algún personaje influyente. Entre los arquitectos nacidos en tierras turolenses, hay que destaca a Melchor Luzán, Martín de Aldehuela, Marcos Ibáñez y Miguel Aguas. Ninguno tan importante como Martín de Aldehuela, que contó con el mecenazgo del obispo Pérez Prado, en Teruel, y el de su paisano, el obispo Molina Lario, en Málaga. Algunos de estos arquitectos destacaron fuera de España, como Marcos Ibáñez, el reconstructor de la ciudad de Guatemala, al mismo tiempo que otro turolense, José Estachería, era presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

En tierras turolenses se levantaron fábricas tan colosales como la colegiata de Alcañiz o la iglesia arciprestal de Cantavieja, ambas con énfasis catedralicio. Puede afirmarse que casi el ochenta por ciento de las construcciones eclesiásticas de la provincia, fueron construidas o renovadas en esta centuria. Hoy nos asombran fábricas tan impresionantes en lugarejos despoblados; solo una fe grande, una saneada economía y una población mas numerosa, pueden explicar estos contrastes.

En 1937 se destruyó la obra mas interesante de Aldehuela, la iglesia del Seminario, con su retablo mayor diseñado según los modelos del P. Pozzo. En recientes investigaciones, he podido documentar como suya la mejor iglesia de la sierra de Albarracín, la parroquial de Orihuela del Tremedal.

La Colegiata de Alcañiz, mas que obra del siglo XVIII, parece de le Edad Media, dado el ímpetu religioso con que se realizó. La colosal fachada está de acuerdo con las dimensiones del templo; este tipo se extendió por toda la Península; de las fachadas barrocas españolas de este tipo, es la composición con ritmo lineal mas acentuado, siendo superada únicamente por la catedral de Murcia. Acerca de la iglesia arciprestal del Cantavieja dijo el arquitecto Garza en un informe: “De su traza no he visto ninguna, ni aún en Roma”.

LOS PUEBLOS DORMIDOS.

La diversidad geográfica de las tierras turolenses, representan para el viajero una notable variedad de paisajes, de tipos, de costumbres y de productos naturales. Uno de los determinados geográficos del paisaje turolense, son las series de sierras que cruzan su superficie en todas las direcciones, dejando poco espacio para el desarrollo de amplios valles o de inmensas llanuras. A lo largo de la Historia, los pueblos turolenses fueron surgiendo en lugares insospechados, en posiciones estratégicas para la defensa de una región natural con hondas raíces históricas: así, hoy, es preciso buscar estas agrupaciones rurales por carreteras serpenteantes, a través de barrancos y de encrespadas montañas.

Si bien estos pueblos tuvieron una explicación en tiempos pretéritos, su exigencia se torna cada día mas problemática por la creciente emigración a tierras de un nivel de vida mas acorde con las necesidades actuales. Muchos de estos pueblos se encuentran ubicados a mas de mil metros de altura, en zonas donde la agricultura es muy difícil por la dureza del clima.

El viajero que busca lo arcaico, encontrará en las rutas turolenses pueblos muy tristes, casi desiertos, con castillos en ruinas, casonas abandonadas, iglesias y conventos que declaran el auge de tiempos pasado. Pueblos del Maestrazgo y de la Sierra de Albarracín, con sus callejuelas de abolengo moruno, con sus pintorescas casucas y los viejos portales blasonados. En las casas señoriales destaca una escalera monumental, cuyo cuerpo sobresale en su perfil exterior. Pasadizos, aleros, ventanas y otros curiosos detalles, muestran raigambre de la casa hispanomusulmana, que vino a ser la solución ideal por muchas generaciones en estos parajes.

En estos pueblos tranquilos se encuentra ese silencio tan extraño a los habitantes de las urbes modernas. Una tenue melancolía invade al viajero, que guardará una impresión imborrable de estos pueblos al ver como sus habitantes han resistido, para defender su personalidad, ante el avance de los tiempos modernos, que todo lo uniforman.

EL JILOCA Y EL TURIA.

La zona situada a lo largo de la Autovia de Zaragoza- Teruel, comprende una faja agrícola, mas o menos ancha según la amplitud del valle. Las partes altas que limitan a esta franja – Campo de Romanos, Campo de Bello, Campo de Visiedo, etc.-, son grandes productoras de cereales. Los regadíos tienen dos focos importantes: la fuente de Cella, considerada como el mayor pozo artesiano de Europa y que es el origen del río Jiloca; el otro foco es de tipo artificial, el reciente alumbramiento de aguas subterráneas descubierto de Singra, con un volumen casi igual a la famosa fuente cellense. La principal producción, a parte de los cereales, es la remolacha con fines industriales.

Si bien la vida moderna ha ido uniformando el variado folklore antiguo de la zona, todavía se conservan manifestaciones de carácter religioso dignas de acordarse, como la procesión de San Roque, en Calamocha, con motivo de sus fiestas mayores. Danzantes ataviados con traje blanco y faja roja, bailan ante la imagen del Santo Patrón una danza antigua, que refleja el temperamento rudo de los turolenses. En Monreal del Campo pervive una vieja muestra de teatro religioso popular, el “Abajamiento”, que se celebra cada cinco años. La escenificación del Descendimiento de Nuestro Señor, tiene lugar ante la puerta de la iglesia, en el lenguaje arcaico, que conmueve al moderno espectador lo mismo que el continuado de los fuertes trabucazos.

Lo más característico del folklore de la ciudad de Teruel, radica en la Vaquilla del Ángel, que consiste en correr por la Plaza del Torico y por las calles, toros ensogados. La céntrica plaza se convierte en un verdadero escenario goyesco, en torno al minúsculo “Torico”, que sobre su pedestal columnario parece presidir esta fiesta popular con un ritual totémico.

La artesanía de la ciudad DE Teruel, se ha prestigiado en nuestros días recuperando las técnicas y el espíritu que motivaron la creación de su cerámica en los siglos XII y XIV. Esta empresa de reivindicación de un valor tan netamente turolense, se debe en buena parte al inquieto profesor Angel Novella, por medio de su labor en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

LAS MONTAÑAS DEL MAESTRAZGO.

La abrupta sierra del Maestrazgo separa y une a las provincias de Teruel y Castellón; un viaje por esta ruta nos proporciona lo mas imponentes paisajes de montaña. Esta geografía encrespada fue el escenario adecuado para las hazañas románticas del general Cabrera, que estableció su cuartel general en un pueblo medieval, Cantavieja, que aún conserva buen parte de su recinto defensivo.

Las principales riquezas de esta sierra y sus aledaños, son la madera y la ganadería. De la antigua artesanía textil, solo queda en Rubielos una fábrica de alfombras y todavía se elaboran en Iglesuela del Cid, finas medias de señora.

Lo que mas cuenta de esta ruta para el viajero actual es su cocina, teniendo bien ganado renombre la de Mosqueruela y Cantavieja. Aquí se elabora la nutritiva cecina, preparada con carne de vaca o toro, que luego de tratarla con ajos, sal, vinagre y pimienta, queda expuesta al frío para que la “cure”. De forma similar se consigue con carde de oveja el ¨somarro¨. Famoso es el queso de Tronchón, que tiene el honor de haber sido citado varias veces por Cervantes en El Quijote; su misterio radica en viejas fórmulas caseras y en la fina calidad de los pastos de la Sierra Palomita, que sustentan a los rebaños de ovejas.

El folklore taurino tiene en Mora y otros pueblos, una variante interesante, el toro embolado de fuego, que parece recordar costumbre de guerra de raigambre ibérica. Sobre la testuz del toro se coloca un aparato de hierro con bolas de estopa, resina y pez, que arden con facilidad. El espectáculo del toro suelto corriendo por las calles del pueblo, se realiza por la noche, sin alumbrado público, así que su efecto es de gran valor plástico.

De la antigua artesanía resta la forja de hierro de Rubielos de Mora, donde todavía se hacen esmerados trabajos con antiguas técnicas. Esta industria en tiempos pasados fue singular, tanto en la zona como en la Sierra de Albarracín, llegando a crear conjuntos monumentales en las rejas que tanta prestancia dan a las fachadas de las casas solariegas.

PAISAJES CON OLIVOS.

Frente a las tierras ásperas, montañosas y pobres de la mayor parte de la provincia de Teruel, destacan las de la Tierra Baja, por su feracidad, con grandes olivares que producen el mejor aceite del mundo. Alcañiz, centro de esta comarca natural, cada día adquiere un mayor relieve, tanto por sus posibilidades industriales como por las turísticas; precisamente estas últimas han cristalizado con la restauración del llamado Palacio del Príncipe Felipe, obra del siglo XVIII, enclavado dentro del famoso Castillo Calatravo; allí está a punto de inaugurarse un hermoso parador de turismo.

La Tierra Baja destaca por la calidad de sus productos naturales. Las ricas vegas del Guadalope crían frutas excelentes, pero solo en Calanda alcanzan los melocotones un sabor especial, que les ha dado prestigioso renombre en el mercado internacional. De los viñedos próximos de Valderrobles y Cretas, se consiguen los vinos mejores de la provincia, similares a los del Priorato.

La personalidad de la comarca tierrabajina, frente al resto de la provincia, se manifiesta en un rico folklore, bien expresado en el habla, el traje regional y en las costumbres religiosas. Especial relieve tienen las procesiones de Semana Santa en Alcañiz, Hijar y Calanda; niños y ancianos, acompañan con un tambor colgado a la cintura, sacando con sus palillos redobles muy peculiares. Impresionante es, tanto en Híjar como en Alcañiz, la noche del Viernes Santo, cuando a las doce, la corneta del Ayuntamiento, da la orden de iniciar los redobles. Cientos de tambores resuenan en la Plaza Mayor, distribuyéndose en grupos por las calles; en Híjar cada cuadrilla lleva además un bombo.

La Tierra Baja, mas que por su cocina, destaca por la repostería, con unas magdalenas y tortas finas deliciosas, además de rica variedad de pastas preparadas con almendra, nuez o coco.

MONTAÑAS Y PINARES.

Quizá ninguna comarca turolense se presta para el turismo natural como la Sierra de Albarracín; prueba de ello es que hace tiempo nacieron las colonias veraniegas de Orihuela y Bronchales. Un turismo interior, que no necesitaba de los reclamos modernos, hace tiempo que descubrió estos parajes tanto por el tipismo de los pueblos como por la bondad del clima en verano. Ya hemos destacado algunos de los valores históricos y estéticos de Albarracín, la ciudad turística por excelencia de toda la provincia, hace tiempo declarada monumento Nacional. Con certero gusto “La casa de la Brigadiera”, fue acondicionada interiormente para instalar el confortable Hotel Azagra.

Los pueblos vecinos de Bronchales y de Orihuela del Tremendal, absorben buena parte de la población veraniega, que en este último cuenta con una hermosa residencia de Educación y descanso, situada a mas de 1.600 metros de altura, entre frondosos pinares. La belleza forestal de estas montañas de ve matizada por la presencia de ciervos en la fase de aclimatación.

La industria maderera y la ganadería, son las principales riquezas de la zona tanto el ganado ovino como el vacuno de carne y de lidia, han de abandonar en invierno estos lugares, siguiendo las viejas costumbres de la trashumancia.

Las condiciones climáticas de esta comarca, dan una cocina regional en la que predominan las carnes y las grasas. Los fríos y los hielos del duro invierno “curan” los jamones de modo natural, dándoles un gusto especial, que les ha dado justa fama. Con la carne de cordero, de excelente calidad, se preparan platos deliciosos como el cordero “a la cazoleta” o a “la pastora”¨ entre estos platos típicos hay que incluir el “gazpacho” que no es originario de aquí, sino una vieja adaptación de la cocina manchega, realizada por los pastores que iban allá en trashumancia. Plato de sabor especial son las sopas de ajo, que, según los ancianos, tienen determinadas virtudes, así se explica que una leyenda las haya relacionado con Don Jaime el Conquistador, a quien curaron de una extraña dolencia cuando cabalgaba por tierras turolenses.

EL ALMA TUROLENSE.

Inquieto y curioso lector; tuve el honor de presentarte la tierra turolense por medio de unos breves textos, y de unas bellas fotografías, mas expresivas éstas que aquellos. No fue mi único propósito dar una serie de datos y de juicios sobre los aspectos mas interesantes del arte y de la vida, sino también fue mi deseo darte a conocer el alma turolense. Para superar esta difícil empresa, acudí al arte, pues – como ha dicho René Huyghe-, el arte y el hombre son indisociables, ya que no hay arte sin nombre, y a la inversa; por medio del arte el hombre se expresa y se conoce mejor.

Si importante es el lenguaje de las formas artísticas con que se ha ido expresando el alma turolense a lo largo de los siglos, ello no basta; el viajero interesado en conocer a fondo el alma de mi tierra, ha de recorrer sus caminos llegando hasta los pueblecitos mas apartados, los que, gracias a su aislamiento, conservan mas puros los rasgos del espíritu turolense. El profundo mudejarismo, que reflejan los monumentos cardinales de la capital, se ve expandido por toda la provincia, no solo en las airosas torres de ladrillo que saludan al viajero desde los breves valles, sino en mil detalles de la arquitectura doméstica y del urbanismo, característicos de los pueblos serranos. En el mensaje humano que comportan estos monumentos, el viajero podrá apreciar de manera clara y distinta, el alma histórica y colectiva de los hombres que vivieron y viven en esta tierra.

Pese al silencio que han guardado escritores y viajeros sobre el alma turolense, ésta no es tierra árida para el espíritu. Solamente en Teruel, la realidad se antepuso a la fantasía literaria, y dos enamorados murieron de pena y amor, haciendo figurar a esta ciudad en la “Geografía Poética del Universo”.

Viajero que has venido atraído por el misterio de esta tierra incógnita, no bastan las impresiones de una primera visita, pues el alma turolense es difícil de aprender. Si quieres captarla, habrás de estudiar su historia, sus creaciones folklóricas, literarias y artísticas, pero no te ofusques en consideraciones circunstanciales, procura llegar hasta la “intrahistoria”, allí encontrarás la médula del alma turolense.


Tal día como hoy 01 de diciembre

1808 Primeros choques en Torrero y Casablanca del Segundo Sitio de Zaragoza, durante la Guerra de Independencia.
1897 Nace en Albalate de Cinca (Huesca) el tenor Miguel Fleta.



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