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Día mundial medio ambiente celebrado en Casetas (Zaragoza) el 3 de Junio de 2007. 14 Aragón

Fotografías. Dia Mundial Medio Ambiente 2007.



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Día mundial medio ambiente celebrado en Casetas (Zaragoza) el 3 de Junio de 2007. 14
La celebración del Día Mundial Medio Ambiente en Casetas (Zaragoza) el 3 de Junio de 2007.

Esta celebración tiene su importancia, ya que ayuda a sensibilizar y difundir, entre la opinión pública, la degradación que sufre nuestro planeta. Pero es sólo un día. Y en ocasiones, las cosas ocurren tan lejos (y son problemas tan complejos) que parece que poco o nada podemos hacer por corregirlos. Desde Ansar, se recuerda que el año tiene 365 días, que se puede actuar localmente y dentro de sus posibilidades, como ya vienen haciéndolo desde hace mas de 25 años.
Los resultados no son espectaculares, pero si necesario para la recuperación del Medio Ambiente.

Hoy (3 de Junio Domingo), en el entorno de la Balsa del "Ojo del Cura" (Casetas), se ha celebrado una jornada reivindicativa / festiva para celebrar El Día mundial del Medio Ambiente. En colaboración con la Alcadía de Casetas, se ha mostrado el valor natural de esta pequeña balsa próxima a Zaragoza (y posiblemente, bastante desconocida por ello). Pero también se ha aprovechado la jornada para difundir las actividades desarrolladas desde la asociación ANSAR. Se han mostrado de cerca 11 grupos o comisiones (desde Cigüeñas hasta la Comisión de Defensa, pasando por las actividades del Vivero o las actuaciones de Anfibios y reptiles). Se han realizados actividades de observación de aves presentes en la Balsa (principalmente cigüeñuelas migratorias y zampullines) y se han disfrutado de Juegos Tradicionales de Aragón.

Etiquetas y conceptos clave

Zaragoza, Casetas, Medio Ambiente, Día, Mundial, ANSAR, ecología, protección, sensibilización, información, aves, reptiles, anfibios, balsas, humedales, áreas protegidas, obras, río, ciudadanos, reunión, evento, fiesta, cultura, calle, fotografía, Paseo, transporte, representación, alegoría, propaganda, Balsa del cura, culebra.



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Hoy toca Teruel

TERUEL Y SU PROVINCIA

En este articulo, el dedicado a la capital de Teruel, indica << Ignorada maravilla>>. La frase podría ampliarse al resto de la provincia, porque acaso sea de las menos conocidas, y por ello menos admiradas, dentro de la geografía hispana. No solo por los españoles de las restantes regiones, aún diríamos por los mismos turolenses, entre los que no serán mucho los que puedan dar noticia amplia y detallada de cuanto su tierra natal ofrece. Y, sin embargo, pocas otras provincias españolas podrán mostrar tanta variedad de motivos, tal diferencia extrema en su geografía, tantos valores en arqueología, en arte rupestre, en restos de civilizaciones mudéjares o romanas; en el interés diverso de sus encontrados cultivos, sus variadas costumbres locales, que van desde las severas religiosas de un Calanda, Hijar o La Puebla, a las alegremente festivas del dance de un Castellote.
Todo esto, y mucho mas, se brinda al historiador, al estudioso, al viajero que lo es por sencilla curiosidad.
Desde la cima de los Montes Universales, con Orihuela del Tremedal como avanzada y la impar Albarracín cercana, hasta las sierras del Maestrazgo, de un abolengo ilustre que se retrata en Mora de Rubielos; o desde la oriental Calamocha hasta Valderrobres y Calaceite, fronteras ya con tierras catalanas y aguas del Mediterráneo por Tarragona, la provincia de Teruel sorprende a cada paso con la multiplicidad de recuerdos que nos traen ecos vivos del pasado, tan lejano como interesante, y que brindan hoy, como siempre, la fisionomía de paisajes que van desde lo abrupto de riscos con nieves permanentes y frondosos bosques, como en la zona de Bronchales, a los suaves donde el olivar se cultiva, para que en todas y cada una de las zonas sea abundante la presencia de monumentos que pregonan siglos de arte y de gloriosa historia.
Dividir la provincia turolense en rutas viajeras es ofrecer al que las vive constante sorpresas gratas, cuando sigue la del Maestrazgo, la de la Sierra de Albarracín, la de la tierra baja o la del río Jiloca.
Los folletos editados por esta Caja de Ahorros recogen hasta ahora los aspectos más brillantes de cuanto en esas rutas se encuentra, y así, junto al dedicado a Teruel capital, donde destaca la historia, la fisonomía urbana actual sigue con la extraordinaria presencia de sus famosas torres mudéjares y el inmarcesible recuerdo de Isabel y Diego, los amantes que dan en cierto modo título a la ciudad y cuyas momias protege el rico mausoleo que Juan de Avalos trabajó. Luego, conjugando así los histórico con lo monumental, la geográfico con lo económico o lo folklórico con cuanto en todos los aspectos puede atraer a las gentes para que Teruel no siga siendo <<ignorada maravilla>>, prestigiosas firmas enamoradas de todo aquello han ido trazando con amor estos folletos que nos hablan de cada una de esas zonas aludidas y que han de completarse, con otros trabajos similares ya en prensa, como es propósito de esta Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja.

TERUEL IGNORADA MARAVILLA

Teruel es una ciudad maravillosa, ignorada aún de la mayor parte de los españoles para los que su nombre solo evoca unos terribles partes de guerra de nuestra Cruzada y una remota ciudad yerta de frío, la más pequeña de las capitales de provincia.
Un escritor la llamó << la Verona española>> por ser una cuna de la mas bella historia de amor: la de los Amantes de Teruel, precursora de la de Romeo y Julieta.
Todo en Teruel es leyenda, mito, poesía, como su cielo siempre claro, sus calles, sus rincones y sus monumentos se hubieran confabulado para crearlos.
El misterio que rodea su remoto e incierto origen creó un bello poema mítico con el mas recio y noble de los símbolos como protagonistas: el toro, al lado del mas espiritual y poético por excelencia: la estrella.
Rechazada la leyenda por la lógica de la Historia, quedará sin embargo perennemente escrita en su escudo y seremos muchos los que, desoyendo la lógica, preferimos soñar en la visión mitológica del toro con la brillante estrella entre estas sus astas, señalando a unos soldados perdidos y errantes en la serranía, el lugar donde los dioses querían que la ciudad fuera emplazada.
Los datos mas seguros nos dicen que fueron los caballeros de Alfonso II quienes la fundaron en 1171 sobre el emplazamiento de una medina árabe que quien sabe si antes fue griega y romana, pero a aquel rey debe Teruel su espaldarazo cívico al concederle, cinco años mas tarde de su famoso Fuero.
Por su situación estratégica, atalaya del Reino de Valencia y paso obligado desde el Mediterráneo a las importantes ciudades del interior, Zaragoza y Guadalajara, Teruel fue entonces nudo comercial irremplazable; el gran Zoco Grande al que convergían cristianos y musulmanes con sus mercancías de la tierra y el mar.
Porque en Teruel, durante varías centurias moros y cristianos convivieron pacíficamente después de la conquista de Valencia y de aquella convivencia y colaboración surgieron los magníficos monumentos que han llegado a nosotros, aunque otros tantos se hayan perdido, como la Torre de San Juan, que recibiera el nombre de <<la fermosa>> por serlo tanto entre sus hermanas que hoy nos parecen insuperables.
Así Teruel ofrece al visitante la estampa única en Europa y en el mundo, de sus torres mudéjares, expresión la más completa de un estilo que, al decir de Menéndez Pelayo <<es el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos>>.
Es cierto que, en varias ciudades aragonesas, y con gran esplendor en Daroca, hallamos las características torres, y en Zaragoza misma, la fachada de la Seo correspondiente al Arco del Deán es un hermoso exponente de la cerámica incrustada como motivo de decoración del escueto y pobre ladrillo.
Sin embargo, un conjunto monumental como el que nos ocupa, que reúne cuatro torres de paralela importancia en el marco medieval de sus estrechas y empinadas callejuelas bajo un cielo de extraordinaria nitidez y azul intenso- no hay que olvidar que la ciudad se halla casi a 1.000 metros de altitud-, no encuentra parangón en ningún otro lugar del mundo.
En estas torres esbeltísimas las cerámicas es su más bello ornato y si constituye una visión fantástica la de la ciudad bajo el sol poniente que arranca destellos multicolores a los azulejos, la visión se convierte en un sueño de las Mil y Una Noches bajo la iluminación nocturna de los reflectores que valorizan la filigrana del ladrillo y la cerámica.
Un paseo al atardecer, repetido en la noche, bajo las estrellas que allí parece como que están más cerca de nosotros, mas asequibles, o bajo la luna que envuelve las torres con su velo plateado, es una experiencia inolvidable que difícilmente nos será dado encontrar fuera de allí, si bien, en otro aspecto, en un momento determinado y en la triangular y característica plaza porticada que centra el pequeño monumento al <<torico>> símbolo de la ciudad, podemos creernos trasportados a Berna, la medieval y caballeresca de los soportales y las fuentes monumentales.
La más antigua de las iglesias supervivientes de Teruel es la Catedral, antaño parroquia de Santa María de Mediavilla, cuyo nombre nos dice que se encontraba en el corazón de la villa. En ella domina el románico de mediado el siglo XIII permitiendo apenas al mudéjar que apunte en la decoración de cerámica de su torre. Pero si su fábrica es parca en este estilo, su artesonado gótico mudéjar lo compensa.
Fabulosa obra del siglo XIII de marcada inspiración oriental, entre lacerías, losanges, estrellas y arcos mixtilíneos se despliega, en pinturas sobre tabla y en torno al Pantocrátor románico, la historia de su vida turolense de la época en que fuera construido, como una Crónica pictórica de Jorge Manrique o unas <<Novas>> trovadorescas de Ramón Vidal de Besalú llevadas a la madera y a los pinceles.
El acueducto <<Los Arcos>> desde <<El portal de la Traición>>.
Allí están los gremios, las artesanías y los oficios, desde el mas noble al mas desprestigiado; gentes que poblaron Teruel en el siglo XIII al XIV y lo llenaron con su acontecer diario.
Y aunque nos cueste arrancarnos al atractivo de este artesonado, pieza única conocida en el mundo y que si quisiéramos estudiar o siquiera admirar con detalle nos llevaría muchas horas de muchos días, otras bellezas nos esperan en esta misma Catedral que posee un notable retablo mayor en madera sin policromar, prolija en esculturas, obras del francés Gabriel Joly que en el siglo XVI llegó a Teruel huyendo de la justicia y que, según tradición, aquí dedicó su vida al arte religioso buscando así expirar un pasado de crímenes.
En una de las capillas laterales, se guarda un precioso retablo gótico del siglo XV conocido por el Retablo de la Coronación, de autor anónimo y una de las joyas mas valiosas del templo catedralicio.
Muy bella es también la reja monumental que cierra el coro y cuyos cardos y alcachofas característicos del gótico flamígero parecen obligarnos a alzar los ojos hacia las alturas donde se comprendía la mas espléndida joya de esta Catedral turolense.
En lo que fuera importante barrio de la Judería, el mas alto de la ciudad y del que nos ocuparemos como merece, San Pedro alza su torre románica, la mas austera de las torres de Teruel, con sus carretes de cerámica verde y negra, escoltada por siete minaretes que rematan el ábside poligonal del templo gótico mudéjar.
En una de sus capillas fueron descubiertas en 1616 las momias que la poética tradición atribuye a Diego Marcilla e Isabel de Segura y que hoy se hallan en una capilla aneja, bajo los bellísimos y emotivos mausoleos que en alabastro labraba el escultor Juan de Avalos.
Las figuras yacentes de ambos amantes, sencilla y serenamente realizadas, reposan en mausoleos separados pero sus rostros dormidos parecen mirarse en la Eternidad ty sus manos enlazadas los unen en insoluble y espiritual lazo.
Se ha discutido si Boccacio se inspiró en esta historia para uno de sus cuentos de trama semejante pero mucho mas inverosímil como corresponde al gusto italiano de la época. Ello no resulta extraño si tenemos en cuenta el fluyente contacto que en aquellos siglos existió entre los pueblos de la Corona de Aragón y los de la otra ribera mediterránea, contacto del que también en otros órdenes ha quedado constancia. Uno, muy curioso, por cierto, es el típico y exquisito << regañao>>, hermano mellizo de la sabrosa <<pizza>>.
Lo cierto es que la historia de los Amantes de Teruel ha inspirado muchas obras en literatura, la música, el teatro y la pintura.
Con el ánimo entristecido y admirado ante un amor que hoy se hace difícil de comprender, continuemos la visita a Teruel que nos guarda aún las mas insospechadas emociones y las más espléndidas de sus torres.
Son estas las mellizas del Salvador y de San Martín, cuya erección va unida a una leyenda de amor y rivalidad entre dos arquitectos enamorados ambos de una hermosa y noble dama morisca. Que no parece, sino que el amor es el signo de esta poética y bellísima ciudad.
Las dos torres son muy semejantes y en ellas el mudéjar, en su momento cumbre alcanza las notas más altas, como altas son sus proporciones monumentales y la perfección de su decorado de cerámica verde y blanca sobre el rojo ladrillo.
Construidas ambas en el siglo XIII, la de San Martín se halla mejor emplazada, exenta en una plaza que se abre en lo alto de la ciudad recortándose sobre las serranías lejanas y dominando la carretera que se extiende abajo. En esta plaza está la moderna Biblioteca Municipal y Casa de la Cultura con el Museo de la Ciudad que posee, entre otros notables tesoros, una espléndida colección de cerámica en la que se puede estudiar la evolución sin solución de esta excepcional artesanía.
En la iglesia de San Martín celebró Alfonso V las Cortes del Reino de triste memoria para la historia de Teruel pues en ellas, este rey que para otros fue Magnánimo, inició la extinción de los Fueros y privilegios que su homónimo el II Alfonso les otorga, y Jaime el Conquistador confirmará y ampliará.
Triste signo el de esta torre de San Martín que, según la leyenda nació bajo el trágico signo de la muerte; muerte de amor o por amor como en Teruel no podría ser menos.
En el siglo XVI tuvo que se apuntalada y reforzados sus cimientos y hoy su obra cobija el monumento a los Caídos, bella cruz de forja a la que dan guardia esbeltos farolones, bajo las cuatro torres turolenses, que con la Merced, también mudéjar y extramuros son cinco, se abre amplio arco por el que discurre la calle, contribuyendo así al ambiente misterioso y oriental que es la característica de la ciudad.
Bajo ésta de San Martín sube la célebre Andaquilla, puerta de la muralla y camino que enlaza uno de los dos únicos accesos de Teruel que es casi un reducto inaccesible. También por este lado, uniendo la ciudad con el Arrabal exterior se tiende el atrevido y elegante Acueducto, llamado comúnmente Los Arcos, de doble arquería y portentosa altura magnífica obra del Renacimiento, única en su género en España, y cuyo autor fue, en 1537 el ingeniero francés Pierre Vedel.
Por la Andaquilla es fama que llegó a la ciudad el desdichado Diego Marcilla. De ahí recibió el nombre esta puerta de muralla, corrupción del grito con que el enamorado espoleaba a su cubalgadura: <<¡Anda jaquilla!>> tratando de llegar a tiempo de evitar la boda de Isabel de Segura con el poderoso señor de Azagra, que anunciaban a los cuatro vientos las campanas de las torres de la ciudad y que se estaba celebrando en Santa María de Mediavilla, hoy Catedral.
Bajo la torre del Salvador, ante la que tenemos que lamentar que las casas circundantes la aprisionen hasta restarle perspectivas en su cuerpo medio inferior, corre la calle principal de la ciudad vieja con sus casas de miradores y sus comercios pequeñitos, antiguos gremios y artesanías, calle sombría y medieval que la noche revaloriza a la luz y sombra de los bien entonados y forjados faroles y que comienza en la plaza del Torico y termina donde la ciudad termina asomada al río Turia al que se desciende por la famosa escalinata, de estilo mudéjar moderno a través del cuidado parque y el gran rellano de la cual está el relieve alusivo a la Historia de los Amantes, obra novecentista del escultor Aniceto Marinas.
Otro templo muy interesante es el del convento de San Francisco, de un gótico purísimo, ejemplar en su estilo en la ciudad típicamente mudéjar.
Nació este convento en torno al sepulcro de dos humildes frailes mínimos: Juan de Perugia y Pedreo de Sassoferrato, discípulos del Poverello de Asís, que llegaron a Teruel a predicar su encendida palabra en una modesta ermita dedicada a San Bartolomé que se alzaba en el lugar donde hoy admiramos la soberbia fábrica de este convento. Mártires en Valencia por la crueldad del Emir Abuizeit, Jaime I trajo luego sus cuerpos a Teruel donde a través de lo siglos se les rinde veneración. La Merced es una deliciosa y plástica estampa situada a extramuros que sirve para demostrarnos que aún en el siglo XVI, el de la construcción de unu torre pequeñita, hermana menor de las soberbias torres que acabamos de admirar, los artífices de la ciudad seguían fieles a su escuela característica. O tal vez la razón haya que buscarla en la supervivencia de moriscos y sefardíes aún después de su expulsión decretada por los Reyes Católicos. Porque los cierto es que en Teruel, como lo fuera en Tudela, la convivencia de cristianos y moriscos fue una suerte de avanzada de ecumenismo conciliar, de rara excepción en la época.
De la arquitectura civil quedan muestras en la Casa de la Comunidad, típica de construcción Aragonesa del Renacimiento, con galería alta sostenida por elegantes columnas, la fachada austeramente blasonada y una noble escalera claustral sorbidamente decorada.
Justo a la Catedral y su torre, la Casa del Deán contribuye al carácter de la sugerente plazuela y constituye un magnífico y recio ejemplo de como en el siglo XVI, emigrados ya los alarifes moriscos, se aúnan los elementos mudéjares con las líneas tradicionales de la arquitectura aragonesa.
La calle que discurre bajo el arco de la torre catedralicia nos lleva a otra plazuela de gran sabor arcaico y al Palacio Episcopal y su incipiente Museo Diocesano. Tiene elegante patio con columnas jónicas que sostienen la galería alta arcada bajo el alero saledizo.
De la antigua muralla quedan pocas torres de las cuarenta que según cronistas de la época poseía; solo la torre Lombardera y el torreón de Ambeles nos recuerdan su pasado esplendor y poderío. Y de sus siete puertas solo dan fe la citada Andaquilla y el portal de la Traición, con su correspondiente leyenda que en este caso es historia, de la traición de un juez que entregó la ciudad a los castellanos; que cada esquina y cada piedra de Teruel es un hito de leyenda.
Y a este efecto bien podemos recordar el puente de tablas conocido por el puente de Doña Elvira que esta dama mandó levantar para no pasar nunca por el puente de San Francisco, donde su marido recibiera alevosa muerte; amor, siempre amor trabado a la historia de la ciudad de los Amantes.

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Encantados por la ciudad antigua no podemos ignorar la ciudad moderna, centrada por una hermosa plaza de soportales y severos edificios de piedra que preside el Gobierno Civil y donde se encuentran ubicados la casi totalidad de los edificios oficiales, amén del Casino, noble construcción moderna dentro del estilo clásico aragonés.
Ni podemos ignorar el atrevido alarde del Viaducto que une el centro urbano el bien trazado ensanche cada día mas extenso.
Si en nuestra detenida visita a Teruel nos sorprende la noche no desperdiciemos el momento propicio para saturarnos del encanto misterioso de la Judería y sus callejas dormidas en el silencio solitario de sus encrucijadas donde el juego de las sombras y la luna nos finge figuras huidizas, recatadas en blancos alquiceles que han vuelto por unos instantes al conjuro de nuestra evocación, y desaparecen en los recovecos y las esquinas de la calle de la Comadre o de la de Bolamar, que antes sería de Abdul Amar, el caudillo de un partida de moriscos que defendió la ciudad en las luchas de banderías.
El Arrabal, en torno a la Merced, nos sugerirá, en cambio, el recuerdo de los alarifes y artesanos musulmanes que hicieron posible la belleza de la cerámica. Aún podemos visitar algunas ollerías y aún podemos hallar un horno antiguo que quien sabe si conoció la cocción de los cuencos brillantes que ornan las torres como esmeraldas y ópalos engastados.
Es con una suerte de deslumbramiento que descubrimos en Teruel a unos artesanos románticos e insobornables, apegados a las primitivas formas de una tradición que, nacida ene el siglo XII, mantiene los mismos procedimientos, las mismas mezclas, los mismos dibujos y el mismo colorido que tuviera en su nacimiento.
Las piezas que guarda el Museo de la ciudad y las que se alinean en los anaqueles de las alfarerías, no ofrecen apenas mas diferencia que la que da la pátina de los siglos.
La cerámica de Teruel, como todo Teruel, es casi desconocida en el resto de España. Las dificultades de exportación a otras provincias y la natural limitación obligada por el reducidísimo número de los alfares ceramistas, son los motivos de este desconocimiento de la mas pura y mas bella cerámica de España.
En estos talleres alfareros de Teruel nos sentimos retrocedidos en siete siglos cuando los alfares mudéjares movían el torno a pie y molían el barro con una noria impulsada por un borriquillo.
Los hornos de ladrillo son alimentados con leña y allí no existen moldes ni diseños. Aquellos son manos del alfar y la cañita; éstos. La herencia que a través de siete siglos ha ido trasmitiéndose de padres a hijos de vez en cuando, en las ricas canteras que son las excavaciones de la provincia, aparecen objetos de uso desconocido o apenas deducible que van a engrosar el acervo de los modelos de los alfareros y que luego tendrán aplicación muy distinta de aquellas para las que fueron concedidas demostrando que no es preciso apartarse de la tradición para adaptarlos a las necesidades modernas.
Los tonos de la cerámica turolense son exclusivamente el morado y el verde sobre fondo blanco. Y sus dibujos, los típicos de la heráldica: hidras y dragones, guerreros a caballo, los gules de la Corona de Aragón, figuras del artesonado de la Catedral y animales como el conejo, el pez, el perro, el búho y sobre todo el toro: <<el torico>> mirando la estrella, símbolo de la ciudad y lema de su escudo, precursor del torito de la canción, que se enamoró de la luna.
Estos temas van siempre encerrados entre las lacerías, arcos, estrellas islámicas y arabescos del alicatado mudéjar que cubren casi por entero la pieza como pequeñas réplicas de las fabulosas torres brillantes de cerámicas embutidas, como bellísimas joyas para regalo de una sultana.
Ánforas de raras formas con largo típico como un extraño animal, candiles, benditeras, botes de farmacia, platos y cuencos, almireces y vasijas para el vino; una teoría de objetos que nos descubren el secreto de las llares y alacenas de las gentes que en los siglos XII, XIII y XIV las crearon para su uso.
En los siglos siguientes aparece una nueva modalidad de cerámica con decoración en azules, tal vez influida por su vecina Manieses. Cerámica tosca con rudimentarios dibujos en los que el recuerdo mudéjar ha sido deserrado y que ha perdido toda su finura y elegancia y la personalidad que caracteriza la anterior, que de nuevo, en los siglos posteriores vuelve a imponerse aunque en el XIX y en los principios del XX se sostiene apenas lo suficiente para no desaparecer y florecer de nuevo en estos años de reivindicación de la Artesanía en la que esta impone su pura y no mixtificada tradición.
Junto a los catavinos, jarras, vasijas, etc., encontramos los pucheretes para las sopas de ajo, deliciosos aquellos y éstas, que son una de las especialidades gastronómicas de Teruel y esporádicamente hallamos una manifestación del barro vidriado muy curiosa e interesante pues se trata del Toro ibérico que se ha hecho famoso en Cuenca y que aquí presenta la característica de representarse sentado. Su forma mas tosca, mas primitiva que en el de Cuenca y su boca tan diminuta, situada entre las erectas y grandes astas, que es difícil suponer para que uso estarían destinados, pero que no deja apenas dudas de que fueron inspirados por las pinturas rupestres de las cuevas de la Sierra de Albarracín (Cocinilla del Obispo), lo que explica su rudeza.
Hemos terminado la visita a la ciudad y nos despedimos de ella dispuestos a volver siempre. Cuando nos alejamos, Teruel, ceñida por el Turia, sestea complacida en su belleza y en su aislamiento que, si la guarda ignorada por muchos, también la defiende de invasoras estridencias que serían como un grito sacrílego rasgando su serena e inmutable placidez; como un redoble de batería de jazz en la armonía de un zéjel.

ALCAÑIZ CENTRO DEL BAJO ARAGÓN

Alcañiz en la Geografía
Una de las comarcas mejor definidas de nuestras tierras es la del Bajo Aragón; Alcañiz es su capital. Enseñorea una hoya bordeada por altozanos y colinas de color ocre terroso, partidas por bancos areniscos amarillentos Y perfilada por machas de verde matizadas por los olivos verdiplata y por los cultivos del oasis creado por las aguas del Guadalope que se despereza en curso sinuoso, ciñendo a la ciudad y a su castillo que se yerguen en lo alto de un empinado cerro, Alcañiz es irremediable consecuencia de los designios de la geopolítica. Desde el espinazo montañoso que cierra los caminos del mar, con las cumbres de los puertos de Beceite, tres ríos, en todos los tiempos, han mantenido la vigencia del andar de los hombres entre el Ebro y las tierras levantinas: el Matarraña, el Guadalope y el Martín. Por esta razón Alcañiz es centro irrenunciable de una extensa zona geográfica y de una dilatada parte de nuestra Historia.
En el paisaje alcañizano no puede olvidarse la Estanca, cuya lámina de agua, tendida a los pies de las moles del Castillo y de la Colegiata, a cuya sombra se apiñan las casas de la ciudad, apretadas en calles de pendiente trazado, sirve de primer término cromático a una de las más típicas vistas de Alcañiz. Y justo es decir que la situación del caserío, en el centro de una hoya le proporciona tantos puntos de vista diferentes y bellísimos, cuantos son los caminos que lo cruzan, lo mismo si se llega desde Zaragoza, como desde Teruel y Calanda, o desde Caspe o, finalmente, desde Tortosa o de Morella.
En los urbano, Alcañiz es un cerro, montado sobre una colina: arriba del todo Pui-Pinós con el castillo calatravo; en la meseta inferior, la Colegiata dominando el Ayuntamiento y la Lonja; desde aquí calles que descienden como por la superficie de un tronco de cono hasta el cinturón del Guadalope y otras que forman anillos paralelos al río.

Leyenda e Historia

Un cronista de Alcañiz, de principios del siglo XVIII, quiso situar en su emplazamiento la ciudad de Ercavica; otro la Anitogis citada por Livio; y alguno a Oscicerda en Valdevallerías. Dejando aparte estos extravíos de Juan Zapater y de Sancho y los de quienes hacían el Bajo Aragón escenario de las correrías del casi legendario moro español Omar ben Hafsun, por convertir Barbastro en Bobastro, lo cierto es que la historia de Alcañiz comienza muy pronto, aunque se nos haya negado el nombre que ostentaron las ciudades que se erigieron en su término. Su carácter de encrucijada de los senderos de la Historia explica la asombrosa densidad de yacimientos arqueológicos: desde las estaciones- talleres de silex investigadas por el benemérito mosén Bardaviu en la masada de Ram, a las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga que nos presentan el mas animado cuadro de la vida de los cazadores mesolíticos del Bajo Aragón con cacerías, carreras y una mujer de gran tamaño dominando el friso; desde el cabezo del Cascarujo y del Cuervo que ya conocieron la metalurgia del bronce a los establecimientos de las gentes indoeuropeas en Siriguarach o Pui Moreno y a la presencia de los iberos levantinos, conocedores del torno de alfarero, del molino giratorio y de la metalurgia del hierro en el Palao Val de Vallerías, el Tarratrato, Tiro de Cañón y otros poblados que se agrupan muy próximos entre sí, hasta las trazas romanas de Alcañiz el Viejo y las noticias de hallazgos que pueden corresponder a otras ciudades o bien a establecimientos rústicos tan numerosos que podrían postular para Alcañiz la capital de Aragón prehistórico. Podemos dar por instalado el museíto que en el castillo albergará los ejemplares mas importantes de las colecciones recogidas por los PP. Escolapios en una larga y paciente rebusca.
La historia escrita comienza con los árabes. El nombre de Alcañiz, lo es, y puede interpretarse << las iglesias>>, lo cual podría aludir a la presencia de comunidades mozárabes. En el siglo XII entró en el dispositivo militar de Alfonso I, quien si bien rebasó esta zona del Guadalope y fundó un castillo en Pui- Pinós en 1117, lo dominó efímeramente, pues la rota de Fraga puso castillo y ciudad en manos de sus anteriores señores, quienes lo perdieron, definitivamente, en 1157 por obra de las campañas de Ramón Berenguer IV. Es interesante anotar que el rey se reservó el castillo y dio el poblado y el término a sus moradores mediante, una carta puebla que sería el origen del antagonismo largamente mantenido a que luego aludiremos. Quede dicho no obstante, que quien quiera encontrarlo en piedra basta con que oponga el empaque severo de la casa consistorial a la fortaleza que domina a Alcañiz desde lo alto. Tras la reconquista quedó la población dividida en cuatro parroquias: Santa María estuvo primero en el castillo y luego en la parte baja, donde hoy la colegiata, y consta que en ella dio gracias Jaime I por la conquista de Ibiza y que Benedicto XIII le concedió el honor que hoy tiene a petición de San Vicente Ferrer.
Pero sigamos con la historia. El castillo pasó en 1179 en la Orden de Calatrava por merced de Alfonso II, convirtiéndose en sede y casa principal de la encomienda aragonesa de la Orden, residencia de los maestres y por ende teatro de importantes acontecimientos relacionados con el cisma, con fundaciones y conquistas, amén de ser la cabeza de una intensa vida monástico-guerrera. Jaime I hizo de Alcañiz lugar predilecto de residencia, preparando en su castillo los planes de la conquista de Valencia, celebrando en 1250 cortes generales y sometiendo a árbitros sus disensiones con su hijo primogénito, Don Alfonso; tan importantes reuniones se repitieron en 1371, en 1436 (en cuyas cortes los aragoneses otorgaron a Alfonso V la ayuda excepcional de 220.00 florines de oro) y las de 1441, terminadas en Zaragoza.
En Alcañiz se reunió en 1411 el <<parlamento>> que preparó las vistas y discusiones de Caspe para resolver el pleito de la sucesión al trono de Martín el Humano, por lo que mereció el título de << ciudad de la Concordia>>; y luego mas tarde participaría en los principales acontecimientos de la historia aragonesa; en 1347 apoyó a los nobles de la Unión contra Pedro IV; en 1462 sufrió las acometidas de los castellanos y catalanes sublevados contra Juan II; participó activamente en el sometimiento de la secesión catalana de 1640, por lo que Felipe IV le concedió el título de Ciudad en 1652; tampoco le ahorraron destrucciones y motivos para mostrar su temple las guerras de Sucesión, de la Independencia y las carlistas, en las que mantuvo casi siempre la causa liberal.
Es interesante subrayar la lucha permanente entre la villa y el castillo; los ciudadanos buscaban apoyo en el rey contra los señores, hasta el punto de que sus diputados se sentaban en cortes en los bancos de las universidades. Constantemente se emiten por los reyes sentencias para limitar o fijar los tributos que los alcañizanos habían de pagar a los señores del castillo. Su población en el siglo XVI era de 1.136 fuegos, incluyendo a los moros y judíos, lo que no es mucho; los judíos fueron bien considerados, aunque se los excluía del recinto murado y tenían la sinagoga donde hoy está la ermita de la Anunciación; San Vicente Ferrer consiguió la conversión del famoso Astrtuch Leví y con ella la de los principales miembros de la aljama de Alcañiz, que cerró sus puertas de real orden en 1415.
En la pugna de la villa con el castillo, Alfonso III terció autorizado a los ciudadanos a rechazar por la fuerza a los enemigos que la Orden intentase introducir en la fortaleza y con frecuencia pagaron a los señores la cólera de los alcañizanos, bien en si mismo- Don Martín de Molina, comendador de Burriana, muerto en 1525 a son de campana tañida-, en sus familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de sus servidores- dos porteros reales en 1328-; los citados a juicio son los jurados, que tomaban el papel de cabecillas en estas luchas.
El municipio, fuerte y bien organizado, era regido por cuatro jurados y había una justicia para dirimir las cuestiones entre la villa y la orden, con apelación al maestre y al rey. Finalmente, Alfonso V, en 1438, incorporó perpetuamente la villa a la corona otorgándole derecho a resistir <<hasta la Muerte>> contra cualquiera que quisiera su señorío, aunque lo hiciese con poderes reales.
Arte y monumentos
Tantos acontecimientos históricos y el vigor de sus instituciones políticas y económicas habían de dejar en Alcañiz la huella en piedra que significan los monumentos. Por desgracia muchos sucumbieron en el continuo tejer y destejer de los humanos sobre sus propias ciudades. Aún pueden hallarse rincones que guardan todo el perfume de la historia y casas aisladas de época gótica con sus sillares patinados en oro por el beso multisecular del sol.
La visita debe comenzar por el Castillo, donde el Ministerio de Información y Turismo acaba de instalar una hostería, al tiempo que el de Educación restauraba los restos de la antigua fortificación gótica. Se llega hasta la cumbre del cerro por un antiguo camino de ronda que va perfilando los muros y defensas; se entra en el recinto por un portalón flanqueado por matacanes. La fachada principal es lo más moderno del castillo, obra dieciochesca del infante Don Felipe, concebida al modo de un palacio aragonés De ladrillo, con lienzo central de tres cuerpos (puerta, balconada y teoría de arquillos de medio punto) y dos torreones de ángulo con la misma decoración superior; en la fachada una borrosa inscripción conmemora la obra de 1728. en esta zona se han acomodado los servicios hoteleros y desde el frente se goza de un bellísimo panorama sobre el valle del Guadalope, las crestas de Beceite y a los pies el << arrabal>> de Alcañiz y en segundo término los montes del secano, recortándose la silueta aguda del cabezo del Cuervo, testigo de tres milenarios de la historia de la Ciudad.
Tras la puerta de Zaguán, un patio lleva al conjunto del siglo XIII, en el que sobresalen el claustro, gótico, pero con puertas de acceso románicas, con galerías formadas por arcos apuntados que arrancan desde el suelo. Hay en él algunos enterramientos, como el de don Juan García López, muerto en 1306, según reza una inscripción, y otra sin fecha que nos habla del constructor, Johannes lapicida, hoc claustrum fecit. Avemaría, gratia plena, dominus tecum>>. Con atisbar algunos restos de pintura mural de la época del claustro se puede pasar a la torre del homenaje, en cuya escalera hallaremos una ventana con las cruces de Calatrava como adornos; luego el primer piso, con techo plano sostenido por arcos apuntados muy abiertos y sobre las paredes un excepcional conjunto de pinturas que son de lo poco que conservamos en lo civil y con escenas en tanto confusas pero que aluden al rey, a los nobles, a ejércitos y empresas guerreras, con castillos y ciudades, algunas depositadas hoy en el Ayuntamiento.
Deben señalarse un porcentaje real inserto en una rueda en la que se lee <<regnabo, regno, regnavi>>, es decir, el futuro, presente y pasado, con figuras simbólicas del día y de la noche; un trovador, lucha un zorro con un gallo, artesanos en el trabajo de las alusiones a gremios y una serie caballerescas con jinetes e infantes con la cruz de Calatrava, con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, etc. Estas pinturas, necesitadas de un estudio completo y a fondo, han sido fechadas en el siglo XIV y supuestas de influencia francesa dentro de un gótico final. El piso superior comunica con este mediante una escalera de caracol y tiene un gran arco apuntado como elemento sustentante y un ventanal ajimezado.
La capilla es una importante muestra de la arquitectura del siglo XII, con trio sencillo y puerta de medio punto con tres gruesos baquetones concéntricos rematada por tres ventanitas decorativas, Románica, la nave única se cubre con bóveda de cañón reforzado por arcos fajones. En la Cabecera, y al lado del Evangelio, se halla el mutilado sepulcro de Don Juan de Lanuza, virrey de Aragón y comendador mayor de Alcañiz, muerto en 1533; aunque esta obra de alabastro y muy fina se ha atribuido alguna vez a Gabriel Joli, se conoce el contrato con Damián Forment, quien se muestra aquí con la mayor limpieza renacentista. Una parte de las esculturas se guarda en el Ayuntamiento y lo que queda en la iglesia esta brutalmente destrozado por muchos años de incuria y descuido.
Aún se conservan en la parte antigua del castillo la sacristía, la torre de Lanuza con su escudo, puesto al reconstruirla; la torre de Juan Fernández de Heredia, con sus armas y otros elementos de menos interés. El conjunto del castillo es monumento nacional (núm. 1.060).
Descendiendo del castillo, el curioso debe detenerse en la plaza de España, bellísima por sus monumentos y desniveles, a pesar de que una buena parte de sus edificios han sido bastardeados a lo moderno, habiendo de adjudicar mucho de la pérdida a la explosión de un almacén de pólvora en 1840, incendiada por una centella. En la conocida lámina de Parcerisa el conjunto del Ayuntamiento y la Lonja se ven desde un arco apuntado de traza casi tan alta como los de enfrente que hoy se conservan; la galería De arquillos que corre sobre las ojivas de la Lonja no tiene antepechos y están abiertas las dos puertas del pórtico en tanto que no existen las otras aberturas modernas.
Lo dos edificios, aun siendo muy diferentes, casan y se complementan a la maravilla no estorbando a la severidad de la casa consistorial, que muestra la potencia de la vida municipal de Alcañiz, la gracia de la Lonja que podría adornar como logia una plaza del quattrocento italiano. La parte primitiva se compone de tres agudos arcos muy ordenados y un remate de fecha muy posterior en forma de galería de arquillos de medio punto y remate de lunetos, sin duda imitación del contiguo del Ayuntamiento. La parte de la esquina no se terminó, pero en la parte alta se puso en el siglo XVIII, con un reloj de sol, un relieve de la Santísima Trinidad. Quadrado piensa que la Lonja fue <<corte>> para administración de justicia, y otros que es la parte delantera de una casa hundida en una explosión, donde se había reunido los parlamentarios de Caspe para llegar a la Concordia. Realmente estamos en presencia de un pórtico o logia destinado a la vida pública intensa del municipio de Alcañiz. Su construcción es de fines del siglo XV.
El ayuntamiento, del siglo XVI, es uno de los edificios mas bellos de la arquitectura civil aragonesa; de traza severa y armónica, es muy distinto en la fachada de la plaza, que cierra en ángulo recto con la Lonja, y en la de la calle contigua. La primera es de un renacimiento severo y ostentoso.
De piedra y de color oscuro, de tres cuerpos muy armónicamente dispuestos, con el escudo de la ciudad en el centro y remate superior con un soberbio alero con artesonado, cubriendo una galería de arquillos. La fachada lateral, del mismo tiempo, es rigurosamente mudéjar, como un símbolo de los dos elementos, erudito y popular, que intervinieron en su construcción.
Tanto el Ayuntamiento como la Lonja son monumentos nacionales (números 1.061 y 1.062)
La Colegiata ocupa el lugar donde se alzó la antigua parroquia de Santa María, de cuyas galas y bellezas se hizo lenguas Zapater y de la que hoy quedan muy pocos restos, fuera de la torre antigua. En la actualidad es un monumento impresionante, de dimensiones gigantescas, propias de una catedral, con perfil muy característico que domina todas las perspectivas de Alcañiz. La Iglesia vieja, tuvo tres naves y girola y tres puertas, una románica, otra gótica y la última mudéjar.
La actual, obra del arquitecto zaragozano Domingo de Yarza, se inició en 1736, con una gran torre central sobre el cimborrio, cuatro en los ángulos de la planta rectangular y dos de ladrillo a los lados del imafronte de grandes proporciones, con decoración barroca de estatuas y relieves, San Pedro Y San Pablo y la Virgen con el Niño; en el centro un recargado grupo con Santa María la Mayor, rodeada de Santiago, San Francisco, San Miguel y San Gabriel; en el último cuerpo San Ramón Nonnato y San Pedro Mártir. En el interior, en curso de restauración, de gusto neoclásico, destaca el gran cimborrio y se conservan algunas muestras de excelentes retablos que Carlos Cid atribuye al que llama << Maestro de Alcañiz>>, como San Jerónimo, San Pablo, Santos Cosme y Damián y otras tablas.
El resto de los edificios de Alcañiz, con aire monumental, es menos importante, pero muchos tienen empaque y carácter, que alcanza a las graciosas hornacinas con santos en diversas calles. Pueden citarse el convento de los Dominicos, fundación de Juan de Aragón, hijo de Pedro IV en 1382, de fines del XIV, reformado en los siglos posteriores y pasando a usos civiles tras la exclaustración; poco que anotar tiene el convento de las Dominicas, del XVII, muy graciosa torre mudéjar del XVIII guarda la iglesia de los Escolapios; y poco que añadir los conventos de Carmelitas calzados y Franciscanos.
El conjunto monumental, pues, que en Alcañiz puede admirarse merecería por sí solo una visita a esta ciudad que ha ido asentando sobre su solar muchos acontecimientos históricos y una vigencia extendida a una amplia comarca. Su escudo es un castillo sobre campo de plata flanqueado por dos Cañas de sinople (alusión demasiado fácil al nombre) y en el jefe las barras de gules en campo de oro, de Aragón.
Costumbres y tradiciones
Se han perdido en los últimos años la mayor parte de los usos de la población de agricultores y comerciantes que formaban el núcleo de Alcañiz y de su comarca. Quedan algunas peculiaridades como la frente de los 72 caños, mucos de ellos con su nombre y su leyenda, el de los viudos, el de los novios, aquel en que cualquiera que beba se verá obligado a volver a Alcañiz. El traje se conservó hasta hace poco; era el mismo aragonés con algunas variantes, como la blusa en vez de la chaqueta y el pañuelo de pico erguido en los hombres y la falda corta y airosa de las mujeres. Algo queda en la cocina tradicional; las << tortas de alma >> con relleno, el cordero a la pastora, las << parretas >> en aceite y el mondongo, el pastel de Pascua de Resurrección a la <<rosqueta>> del jueves lardero.
Respecto de la música popular, aparte del << bolero de El Tieso >> y la << danza >> Alcañiz posee una joda de personalidad muy definida, lenta con braceo Acompasado y ligeras variantes respecto a los estilos hermanos de Albalate, Calanda y Andorra.
Como siempre sucede, son las costumbres religiosas las que se han guardado con mayor fidelidad. En primer lugar, la fiesta mayor dedicada los días 8 a 13 de septiembre a la Virgen de los Pueyos y al Santo Ángel Custodio, con capilla en la colegiata y ermita en los alrededores. Cuenta la tradición que la Virgen se mostró al pastor Lucio, allá por el siglo XII, en un lugar a un par de kilómetros de Alcañiz, pidiéndole que se erigiese una ermita junto al río y que se le rindiese culto << mientras lleva el Guadalope y la campiña sostenga frutos ZZ, llevada a Alcañiz, desapareció por la noche volvió al lugar donde se había aparecido al pastor; allí se elevó una ermita y se le rinde culto y una animada romería el día 9 de septiembre, además de la procesión del Voto, en el tercer domingo de Pascua, en recuerdo de la feliz solución del pleito que Alcañiz mantuvo con el cabildo de La Seo de Zaragoza, resuelto favorablemente por Benedicto XIII. Otras fiestas se dedican a San Roque, San Antón y Santa Agueda, con hogueras, gozos y alabanzas.
Sin duda es la Semana Santa la más importante celebración religioso- popular que Alcañiz conserva. Su peculiaridad es común a otros pueblos comarcanos, como Hijar y Calanda, y se cifra en los interminables y diestros redobles de tambor que acompañan a parte de los cortejos procesionales; algo se ha perdido y bastante ha cambiado en estas costumbres, pero otras tradiciones se afirman y aumentan, y así, junto a la estanca, un bello emplazamiento, se ha erigido sobre un basamento formado por un inmenso tambor, un monumento en hierro forjado al tamborero de Alcañiz, formando un conjunto de gran belleza que traduce el entusiasmo de los alcañizanos por sus tambores de Semana Santa. Llevan los penitentes túnica azul celeste y caperuza rizada. Parece que el origen de estas celebraciones se remonta a 1687, fecha en que Fray Mateo Pestel, cuaresmero de la colegial, organizó por primera vez la procesión del Santo Entierro.
A principios del XVIII se introdujo la novedad de ir seis nazarenos con <<dobleras>>, es decir, con tablas elípticas con anillas que golpeaban sobre clavos remachados al agitarlas con violencia, detrás de sacerdotes y mayordomos, estos ruidos representaban los trastornos de la naturaleza por la muerte del Señor y pronto pasaron a ser reproducidos por tambores de parche destemplado que, desde 1730, inaugurarían la costumbre del redoble de tambores. En el pregón se invitaba a todos los vecinos a concurrir al Santo Entierro y es lástima que ya no se pronuncie, porque su gracia, ingenuidad, y respeto, merecerían que se conservase. Decía así: <<Hermanos fieles y devotos cristianos: sabed como los pérfidos judíos, habiendo puesto pendiente de una cruz al hijo de María Santísima esta desconsolada, esperando os apiadéis de su soledad y pobreza y la asistáis en el descendimiento que será entre tres y cuatro horas de esta tarde y al entierro de su Hijo Nuestro Señor murió por redimirnos y salvarnos, obligación es de todos los cristianos asistir devotos y compasivos acompañando en el llanto a María Santísima Madre de Jesús y Señora nuestra; y por lo tanto en nombre de la Iglesia Santa os amonesto para que concurráis a tan sagrado, piadoso y tierno funeral>>. Convocado así el pueblo al entierro de Cristo, resonaban y siguen redoblando los tambores de Alcañiz.
La llamada procesión del <<bis- bis>> el lunes, cuyo nombre debe derivarse del bisbiseo de la oración; la del Pregón, el martes; la de Jesús Nazareno el miércoles; la del Silencio, el jueves; el viernes la del Encuentro, el Santo Entierro y la Soledad después, cerrándose con la procesión de << las Palometas >> el domingo de Pascua. Todos los días y las noches, los tambores, manejados con rara habilidad resuenan con escasos descansos. Cada grupo tiene su toque y los hay numerosos y diferentes; el mérito está en arrastrar a quienes están cerca para que dejen su toque y sigan al ajeno; los dedos llegan a sangrar del esfuerzo tenaz y repetido. En la Semana Santa de Alcañiz se guardan tradiciones de cerca de tres siglos y se están creando otras para el futuro, de extraordinario atractivo.

Alcañiz hoy

Mas de diez ml alcañizanos están empeñados en la lucha por el presente y por el futuro, que intenta ganar un activo turismo alrededor de su Historia y de sus monumentos, de los establecimientos deportivos automovilistas del <<Circuito del Guadalope>> y náuticas y pesqueras de la estanca, de las posibilidades de caza de sus montes, de los establecimientos industriales y de la racional explotación de la agricultura en la que las aceitunas y el aceite de olivos de troncos retorcidos y añosos son un símbolo. Su esfuerzo tendrá éxito, porque lo alcanzan siempre la tenacidad y el paciente brío. Y Alcañiz conjugará al pasado y el presente para ganar un porvenir que ha estado elaborando desde los principios de su historia.

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Huesca
Otro recorrido -2-.

La entrada general de la ciudad suele ser por la carretera de Zaragoza: cruzando el paso a nivel (F.CA. Canfranc) toma el nombre de la calle del Alcoraz. Entre las edificaciones, huertas (torres) y empresas que la bordean se encuentra el campo de futbol (tambien llamado Alcoraz por su situación) para venir a desembocar en la plaza de Navarra donde va acusándose la centralización de la vida de la capital, en su continuo desplazamiento hacía el llano del mediodía.

SANTA TERESA (CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZAS).- Fundación del señorío de Argavieso con religiosas procedentes de Tamarite en Julio de 1674.
Convento de austeridad y pobreza según la regla de la sublime Doctora de Ávila. Todo en el conforme al tipo teresiano. Presenta un patio de compás a la iglesia.- Típico carmelitano.- con fachada de ladrillo prototeresiano y hornacina con imagen de la titular, gracioso de conjunto.

Iglesia- De nave y crucero, aquella con lunetos; cúpula ciega y sin tambor y decoración lujosa (probablemente de J. Urliens) en relieves de escultura con santos carmelitanos en las pechinas, en pie no grandes. Los tres retablos (el mayor y los dos de los rincones del crucero) son de fines del s. XVII en los que el barroco triunfa con gran teatralidad.

En el mayor, sobre relieve de ángeles Santa Teresa, de graciosa e inspirada talla. En el tramo superior el Niño y otras imágenes mas toscas completan el aparatoso conjunto. Los dos retablos laterales presentan la particularidad, de no ser simétricos en cada conjunto propio, sino en el doble conjunto y con idea iconográficamente razonada (altos: san miguel y el Ángeles de Tobías; bajos: Virgen Carmen (mod) y san José, aunque de tallas deficientes. Existe también pequeño retablo moderno (san juan de la Cruz y Sta. Teresita, ambos carmelitas) y en las paredes del presbiterio y de la nave grandes cuadros amanerados del XVIII (la buena y la mala muerte en el presbiterio; las glorias de la Orden carmelitana y la Huida a Egipto en la nave.

La plaza de Navarra es la mas importante de la ciudad: forma su fondo al N la gran fachada moderna de la Delegación de Hacienda (arq. E. Vincenti) de inspirado y típico gusto barroco aragonés. El lado de Poniente, el Círculo oscense (muy decaído en su vida social) pero con grades salones y servicios (salón de baile con decoraciones pictóricas de tipo regional del artista local Lafuente por 1912). Finalmente el centro de la plaza lo cubre delicado jardín con fuente escultórica. A esta plaza viene también a desembocar la Avenida de la Estación y adosada a ella en su ángulo SE. La plaza de San Victorián donde se encuentra (en trámite de derribo) la cárcel provincial, en parte, viejo edificio conventual del Carmen Calzado (1).


(1) Huesca, como todas las viejas ciudades de España en la época de su apogeo religioso (sigs. XVI y XVII) tuvo conventos de casi todas las órdenes religiosas de ambos sexos, no faltando los de las cuatro órdenes que era típico en toda ciudad situarlos en sus cuatro puntos cardinales. Así: Dominicos al E (Véase parroquia de santo domingo); franciscanos al S (hoy Diputación); carmelitas descalzos al O. (hoy patios de juego de las Escuelas Salesianas); capuchinos al N. (Hoy torre de capuchinos>> en la carretera de Arguis); a los que se unían los Agustinos Calzados (véase misericordia); jesuitas (véase san Vicente, compañía); mercedarios (hoy cuartel de la merced en la calle Padre Huesca); carmelitas calzados (hoy cárcel), y el Colegio de San Bernardo (hoy escuelas) para novicios cistercienses. Para completar el cuadro religioso de la Huesca del setecientos había que añadir los Colegios con sus capillas de Santiago y San Vicente; los cercanos santuarios de Montearagón (canónigos regulares de San Agustín); de Loreto (Orden agustina recoleta) y las parroquias actuales (catedral, san Pedro y san Lorenzo), con las derribadas de la Magdalena, san Juan y san Martín.


Ninguno de los viejos conventos subsiste hoy con Comunidad de varones: tan solo los jesuitas (tras tantas vicisitudes al compás de las luchas políticas y ausencias) ocupan por excepción su antiguo lugar, y solo, modernamente, los Hermanos de San Viator (escuelas) y los Padres Salesianos, han venido a llenar los vacíos del exagerado número de conventos que la ciudad tenía.

Por contraste los siete conventos de mujeres subsisten con Comunidades, todos en sus viejos caserones: santa clara (franciscanas), asunción (carmelitas calzadas), santa teresa (carmelitas descalzas), san miguel (carmelitas calzadas) capuchinas, santa rosa (dominicas), Siervas a los que han venido a unirse las Hijas de Santa Ana en tres dependencias (colegio de Santa Ana, asilo de San José y hospital provincial), y las Hermanitas de los pobres (asilo) de la plaza de Navarra al cruce del coso, se encuentran los porches de Vega Armijo, lugar del obligado paseo provinciano y mentidero de la ciudad, con sus grandes y típicos arcos y los principales cafés y terrazas. En el centro del pórtico a la izquierda la Diputación Provincial (en los bajos las oficinas del <<turismo del alto Aragón>>, La Diputación Provincial ocupa el lugar del antiguo y famoso convento de San francisco, cuyos restos y muros aun se distinguen, y que fue uno de los mas antiguos de la Orden, fundado ya en el s. XIII. En su iglesia se celebraron diversos capítulos. Con la desamortización y por el estado ruinoso que se encontraba, paso al Estado y mas tarde a la provincia sufriendo continuas restauraciones modificativas. En sus dependencias se encuentran varias obras pictóricas de artista local modernos y el saltón de fiestas con su gran galería exterior, fue decorado con mal gusto, pero lujoso en 1874, restaurado en 1940.

Los porches terminan en el cruce de los Cosos <<alto>> el de la derecha <<bajo<< el de la izquierda) y la calle de Villahermosa (arranque del itinerario número 1) en frente.

Los cosos forman la arteria principal de la ciudad, en semicírculo meridional, antigua periferia de la ciudad, que por el N lo tomaba el río y constituía la vía antigua entre los dos recintos de murallas la de piedra con sus barbacanas y torreones (restos de cuyos cimientos se asoman en algunos edificios) y la de tierra: La muralla con sus 99 torres fue derribándose principalmente a principios del s. XIX y de las puertas de la ciudad tan solo han quedado los nombres (árabes) en el hablar popular (<<Alquiblia>>, <<Ramián>>, <<Alpargán>> o <<Mozárabes>>, etc).

Siguiendo el coso altos en la curva, fue lugar del palacio famosos de los Lastanosa, verdaderos mecenas de las artes y de las letras y que tanto contribuyeron al nombre de Huesca (<<quien va a Huesca y no ve nada de Lastanosa, no ha visto cosa>>: refrán popular) los literatos y los amantes del arte del siglo XVII pudieron contemplar la magnificencia de su Museo, armería y biblioteca, el maravilloso jardín de flores exóticas, con estatuas y surtidores a la manera italiana, con cenadores que no añoraban los de Roma. Todo desapareció, destruidos sus restos hace muchos años y ni el recuerdo queda, una calleja lleva el nombre de Lastanosa) de aquel palacio que visitara Felipe IV y su corte (en la cual y como aposentador y pintor de la cámara iba Velázquez) y el duque de Orleáns y donde lucieron su ingenio en fiestas y certámenes, Baltasar Gracián y otros literatos.

Es digno de notarse en el número 21 la típica fachada aragonesa de la casa de Claver con escudo.

A la derecha (pasados los nuevos edificios de Comunicaciones y del Banco de España) se llega a La iglesia de San Vicente Bajo, vulgarmente conocida con el nombre de "La compañía". Dedicada a San Vicente Mártir créese tradicionalmente ser el lugar de su nacimiento en la Osca romana. La fachada es pobre, de ladrillo con hornacina del Santo. Sobre la inmediata colleja, típico arco de paso (cegado hoy) con imagen.

San Vicente, uno de los mas venerados santos de la Antigüedad, fue martirizado -con rueda de molino- en Valencia. Cantado en maravillosos versos latinos por Prudencio (s. IV) juntamente con otros mártires españoles entre los que sobresale San Lorenzo, Huesca se enorgullece sin pruebas irrebatibles para ello, de ser cuna de estas dos grandes figuras del Martirologio Cristiano y en verdad tiene mas probabilidades que ninguna otra ciudad que se le patrono>> de Huesca que celebra su <<Fiesta menor>>, el 22 de Enero. La tradición de que el templo ocupa el lugar de su casa natal arranca de la exaltación religiosa del S. XVII.

HISTORIA.- El lugar que ocupa la iglesia se ha creído que en la Huesca romana fue ocupado por unos termas, ya que en el solar apareció una cabeza de fuente romana hoy en el Museo. El ob. Bardají entregó el lugar a la Compañía de Jesús, tan de lleno consagrada a la enseñanza de las artes menores (lo que hoy llamaríamos segunda enseñanza) para que levantase iglesia casa y colegio, adecuadamente, en ciudad de carácter tan universitario. La primera piedra se puso el 31 de Agosto de 1635. pero el edificio no se levanto hasta 1750-61, obra del arquitecto oscense José Sofí que tantos monumentos dejo en la ciudad. Durante la primera expulsión de los jesuitas y el edificio siguió la accidentada vida de la compañía en España al vaivén de las vicisitudes políticas, habiendo servido también de cuartel la residencia, hoy demolida (lugar del actual Banco de España), así como el <<estudio>> o colegio.

Iglesia.- La de mas culto y frecuentada de la ciudad: templo de estilo y tipo jesuítico con decoración y retablos del barroco amanerado- pero ostentoso- de mediado el s. XVIII. De una amplia nave, crucero, tambor y cúpula y presbiterio con lunetos, decorados los techos con discretas pinturas modernas de santos jesuitas y escenas religiosas de las devociones tan propagadas por la Compañía es en general moderna, sin embargo el retablo mayor y algunos laterales forman curioso conjunto arquitectónico para el amante del arte decadente barroco tan popular en las iglesias de España. Capillas laterales, lado Evangelio: San Antonio (imaginería moderna); San Ignacio de Loyola (id); calvario (moderno en todo su conjunto); crucero: gran retablo de la Inmaculada con titular moderna de talla fina. Retablo mayor: conjunto barroco de imágenes adosadas a relieves, tipicidad decadente dieciochesca, de San Vicente y en alto San Miguel y toscas imágenes de santos oscenses. Crucero, lado Epístola: corazón de Jesús, gran retablo con imagen gigantesca; San José (moderno); San Francisco Javier (Conjunto de principios XIX) San Rafael (íd).

Siguiendo el Coso Alto, se llega a la plaza de Camo, (político oscense) y haciendo esquina en ella, frente al moderno Teatro Olimpia (arquitecto Loscertales) se encuentra el Gobierno Civil (hoy dependencias) -Casa de aspecto severo pero de rancio gusto aragonés, llamada <<de los Oñas>>: de vastas proporciones, larga fila de balconajes y típica galería. El interior, aunque desprovista de decoración, presenta amplio zaguán, patio, jardín y escalera con antepecho de fina arcatura. En tiempos de Fr. Vicente Oña, sanjuanista, su rica colección de lienzos competía con los de Lastanosa.

Mas adelante, mas bella en su exterior, la <<Casa de Climent>> (colegio de Niñas de Santa Ana) de gusto plateresco del Renacimiento (s. XVI) tres balcones (uno cegado), escudo de la familia y medallones con bustos, corriendo en los alto una galería con rafe; en su interior la escalera es bellísima con cúpula y teniendo como elementos decorativos los escudos de familias emparentadas con la titular (Lastanosa, Climent, Cortés, Abarca, Araus, Ahones, Galván, Aguirre, Argilés, todas de rancio abolengo oscense), además de otras figuras y labores renacentistas. Es el mejor ejemplo de casa señorial de la ciudad de Huesca.

La calle transversal que sigue, de San Jorge, lleva a la barriada llamada <<Barrio Nuevo>>, antigua judería hasta fines del s. XI. En el lado opuesto, la plaza de Lizana con el fondo y en alto la mole catedralicia. No lejos, en el Coso, el convento de Capuchinas. Fue fundación en 1647 por Ana María de Latras, condesa de Plasencia, hija de los condes de Atarés, en edificio de su propiedad. La iglesia se terminó en 1671, siendo la fundadora enterrada en el presbiterio. La vida de la comunidad fue continua, excepto en la guerra e la independencia que huyeron en 1809 al acercarse las tropas de Mortier, volviendo al año siguiente.

Interior: austero, de una nave y crucero; Retablo Mayor monumental y aparatoso del tipo de <<naturaleza>> (racimos, hojas, frutos) sin dorado alguno. Dos cuerpos con lienzos escuela decadente aragonesa de fines s. XVII) con la aparición de la Virgen del Pilar y Santiago y en alto Calvario. Los dos retablos laterales son compañeros del Mayor con lienzos (San Francisco y santa religiosa); los dos de los brazos del crucero de confuso barroquismo, con lienzos e imágenes, calvario y dolorosa el de la izquierda santa y San José y San Antonio, el de la derecha.

Siguiendo el Coso, se deja a la izquierda la carretera de Francia (Avenida de Monreal) en recuerdo del oscense que dejo su fortuna con 600 alumnos de escuelas gratuitas, su iglesia gótica recientemente terminada, dedicada a María Auxiliadora, arquitecto B. Farinas.

La calle de Joaquín Costa (1), sigue bordeando El antiguo perímetro amurallado (más visibles su vestigios) y circundando a la ciudad y dejando los restos del que fue convento del Carmen Calzado, (hoy patios de los salesianos) se llega en ameno paseo al convento de Carmelitas Calzadas de San Miguel.


(1) Hacia el interior, paralela a la calle de Costa en la de Pedro IV, medio desmoronada y abandonada, pueden verse las ruinas de la antigua iglesia de la Magdalena, que fue Colegiata y que consta existía ya poco después de la conquista de la Ciudad (1105). Con otras parroquias también desaparecidas (Santa Cruz de la Zuda, San Ciprián y San Miguel), fueron refundidas en la del Salvador de la Catedral. Las ruinas nos muestran hoy un estilo gótico del S. XIV, con techumbre que descansaban sobre arcos de medio punto. Del bien conjunto de obras de arte que encerraba en los últimos años, han desaparecido de modo lamentable: tal el retablo mayor buen conjunto del pintor Esteban Solorzano (s. XVI) y el excelente retablo primitivo de Santa Catalina con once tablas, documentado como obra de Juan de la Abadía en 1491. una talla de Virgen sedante de Montserrat del S. XIII, pasó a la parroquia de la Catedral.


Historia del convento San Miguel (Las Miguelas).-
Fue antiquísima dedicada a San Miguel, fundada por Alfonso I el Batallador, después de catorce años después de la conquista de Huesca en 1110, y consta documentalmente que en persona demarcó con sus pasos el lugar, delante de toda su corte guerrera; se levantó este templo entre el recinto amurallado de sillería con torreones y el muro exterior que era de tierra comprimida, junto a la puerta llamada <<Disircata>> (derribada en 1790 que daba al Alcázar real), y el antiguo dosal o cementerio de los cristianos bajo la dominación musulmana (mozárabes). Pero sin duda el edificio fue provisional ya que la actual fábrica (iglesia y torre) es del s. XIII (principios). La comunidad de carmelitas calzadas se hizo cargo de la antigua parroquia en junio de 1622, iniciándose las obras del convento en 1625. siempre se han frustrado los intentos de unir las dos Comunidades de Calzadas que hay en la actualidad (Asunción y San Miguel).
Allí en el patio de entrada celebraban consejo los jurados de la ciudad.

Iglesia.- Es del tipo de transición entre el románico florido y el gótico, aunque debió engrandecer se al finalizar el s. XIII como parece demostrar su arquitectura: presenta líneas esbeltas y los arcos apuntados se mezclan con los de medio punto. La recia Torre, de planta cuadrada- la mas bella torre de la ciudad- presenta en sus lados ventanas ajimezadas románicas. En el interior presenta tres retablos del gusto amanerado del barroco del s. XVII. El coro es de talla sencilla.

Rodea la iglesia por su parte N el cauce del río Isuela con pinaradas y árboles de follaje, un grato rincón. El puente moderno ha venido a sustituir el antiguo romano cuyos arranques de arco aun se distinguen. Dejando la salida de la ciudad por el puente hacia Arguis, se sigue por la llamada ronda de Montearagón entre la vieja muralla y las huertas que bordean el río. Se deja a la derecha el Asilo de San José y la Casa Amparo (el primero fundación del obispo Alda en 1891, para niños pobres).

La ronda de Montearagón es lugar ameno de paseo junto a los vestigios murales mas viejos de la ciudad entre campos amenos y las duras perspectivas de la sierra del paisaje altoaragonés, bordeando la muralla en este lado conservada. Pronto un torreón el único solitario, nos muestra lo que la ciudad sería con sus 99 torres defensivas, como nos la describen los cronistas: es torre clásica defensiva al estilo medioeval: planta cuadrada, macizo, poco gastado por la erosión, con un <<óculo>> en cada lado, sin troneras ni aspilleras; solitario, en la barriada mas abandonada de la ciudad; en la parte alta sin almenas, presenta una cornisa de mensulas y en su lado N a un altura incomprensible, una estrecha puerta románica al aire.

La ronda continua bordeando la muralla que sigue a su derecha presentando cimentación de canto rodado muralla primitiva y mas alto, grandes sillares de piedra arenisca (muralla del s. XII, tras la conquista) que la erosión de los siglos ha dado formas caprichosas. Los caseríos y huertas de la ciudad en alto y en declive se han servido de ella, como muro de contención. La ronda termina en la tranquila y provinciana Plaza de San Vicente, donde se encuentra.

San Vicente.- (Hoy escuelas; antiguo Colegio Universitario).

HISTORIA.- Fue famoso Colegio Universitario formando pareja y rival del imperial Santiago. Fundado en 1587 por don Jaime Callén, natural de Berbegal, municipio que nombró patrono de su fundación juntamente con el obispo De Huesca y el prior y los jurados de la ciudad. Se requería para el ingreso con la obligada justificación de limpieza de sangre el ser bachiller en facultad menor. El hábito era como el de los santiaguistas, pero con beca azul tan larga como el manto. Felipe II en 1597 le dio el título de real y el uso de sus armas y Felipe IV lo igualó en todo al de Santiago. Ilustres estudiantes salieron de sus estudios (arzobispos, obispos, oidores, fiscales, de las cámaras de Castilla y de Indias) entre ellos el Justicia de Aragón que tomó la jura a Felipe IV, el historiador aragonés Laripa, Lopez de Porras, ilustres jurisconsulto, etc.
El edificio, construido junto a la muralla derruida, es obra del arquitecto José Sofí, conservando una bella portada barroca labrada en piedra, de conjunto noble y algunas dependencias espaciosas como la anchurosa escalera. Actualmente, en trámite de restauración, después de haber servido en frecuentes ocasiones de cuartel y cárcel, construye un grupo escolar.

De la plaza de San Vicente se desciende hacia el Río, a la gran mole de Hospicio con patios, huertas y pabellones, conocido generalmente con el nombre de
LA MISERICORDIA Propiamente se trata de dos edificios de muy distinta contextura y estilo: el gran caserón de la Beneficiaria Provincia, obra moderna del siglo pasado y junto a el y unido por recientes reformas en su lado oriental, la iglesia románica de Santa María de Foris, de muy vivo interés artístico e histórico.

HISTORIA.- Fue la iglesia de <<Santa María de Foris>> (por estar fuera de los muros de la ciudad) junto a la llamada huerta de Montearagón, obra y fundación del s. XII como aún lo demuestran la torre y ábside, aunque muy trasformada por sucesivas reconstruciones. Iglesia parroquial hasta 1422, fue luego convento de monjas bernardas, procedentes del monasterio de Iguácel (en Acín, Jaca, de un extraordinario interés en el estudio del románico). Pasadas las monjas al Cambrón (Sábada) la propiedad se transmitió a la mitra que entregó el templo y el convento a los Agustinos calzados en 1510 permaneciendo hasta 1788, en que pasaron al Colegio e Iglesia de la Compañía (Coso) en ocasión de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús. El convento, abandonado, fue cuartel en ocasión de la guerra contra la revolución Francesa (1793) y luego Hospital Militar, finalmente el edificio destinóse a Beneficiencia, haciendo de nuevo el edificio de grandes proporciones aunque aprovechando los materiales de la antigua edificación y conservando la iglesia y la torre en su conjunto. En este lugar escribió por 1580 el P. Malón de Chaide el <<libro de la conversión de la Magdalena>> el mas brillante y compuesto de nuestra literatura devota>> según M. Menéndez Pelayo y uno de los mas sublimes de la copiosa literatura mística española.

EXTERIOR DEL TEMPLO.- Es interesante la arquitectura gótica (XV- XVI) sobre un conjunto románico de final del S. XII. Digno de notarse principalmente en el ábside románico con el ajedrezado típico, mensuales geométricas y pudiendo distinguirse los arranques de otra nave o capilla (quizás del viejo convento desaparecido); la torre achatada, baja, es de un románico de transición con grandes arcos ya apuntados que proclamaban la venida del gótico.

INTERIOR.- Templo de estilo gótico decadente de una sola nave con cinco arcos fajones sin crucero y ábside con bóveda de arista: armonioso conjunto.
Retablo mayor: obra apreciable del S. XVII, bellamente armonizada la armazón arquitectónica con la parte decorativa y los lienzos. En el ático, con escudo pequeño, lienzo de Cristo en la Cruz y dos esculturas pequeñas de San Pedro y San Pablo. El centro del retablo lo constituye un buen lienzo de escuela aragonesa de <<apoteosis de San Agustín>>. El santo titular en hornacina y sentado en trono, presenta el libro de su <<Regla>> mientras en lo alto un ángel sostiene la mitra y otro el báculo, símbolos de su obispado de Hiponia. A los lados, grupos de Clérigos, regulares y caballeros simbolizan las distintas ordenes religiosas de seculares, regulares y militares que se han regido por la Regla Agustiana. La composición, el estudio de cabeza y el colorido son dignos de apreciarse en este lienzo de autor desconocido, pero que puede inclinarse al famoso pintor Bartolomé Vicente. Los laterales, San Vicente y San Lorenzo los famosos oscenses, son de la misma mano con menos empeño. La predela con escenas de las vidas de santos agustinos, es curiosa como conjunto.
Los retablos laterales del templo carecen de importancia: uno de recargado churriguerismo sin gusto y otro de Calvario, amanerado.

Existen la iglesia de tres lienzos notables: <<Fundación de la Compañía de Jesús>>, <<Muerte de San Ignacio de Loyola y <<San Francisco Javier>>; <<Curiosos, de regular factura, aunque deterioradas, pintura del siglo XVII.

Cabe preguntarse la procedencia de estos lienzos de tema jesuita en iglesia que nunca tuvo relación con la Compañía. Sin duda proceden del templo de la compañía (en el coso) en tiempos de la expulsión por Carlos III. Aquella iglesia paso con los años a los agustinos (sus <<rivales>>) con alegría de ellos y grandes festejos al finalizar el s. XVIII y sin duda apartaron de los retablos estos lienzos (acabada de ser disuelta la compañía por el Papa Clemente XIV bajo la presión de las cortes borbónicas) y los llevarían a la vieja iglesia de <<Foris>> para colocar sin duda titulares de la Orden agustina en San Vicente. Desde luego el traslado se hizo con gran regocijo de los agustinos que al fin abandonaban el apartado convento y ocupaban el mas céntrico y el de mayor culto de los templos de la ciudad. Las leyes desamortizadoras y las revoluciones liberales terminaron con los conventos oscenses y los nuevos ocupantes (el Estado y la Diputación) han encontrado un trasiego de obras pictóricas nacidas del rodar continuo de la Historia.

La Misericordia está rodeada de patios y huertos de la institución benéfica junto al río (pasarela en aquel lugar, <<puente del diablo>> en el habla popular) frente al cerro de las Mártires. Siguiendo la ronda de Montearagón y la Beneficencia sigue acusándose los restos de torreones y muralla en el sencillo caserío, se rodea la plaza de toros y su avenida (de la Unidad Nacional) para enlazar con el coso bajo en la llamada plaza de Santo Domingo, que ocupa el lugar del viejo y gran convento de la Orden de Predicadores, del que tan solo resta como parroquia la iglesia con el título de

SANTO DOMINGO Y SAN MARTÍN

HISTORIA.- Fue el convento de la españolísima Orden de Predicadores (Dominicos) fundación en el s. XIII del gran santo español Santo Domingo de Guzmán. La casa conventual de Huesca lo fue del primogénito del Rey Conquistador Jaime I, el infante don Alfonso, en febrero de 1254 a los pocos años de crearse la Orden. Poco después cuando pensaba marchar a la guerra con Francia que entonces mantenía Aragón, dejó establecido que en caso de muerte fuese enterrado en este lugar, queriendo de este modo mostrar su devoción a la ciudad. Sin embargo, no se cumplió su deseo y el cuerpo del prematuramente malogrado infante reposó en el monasterio cisterciense de Veruela, bajo las cimas del Moncayo, para pasar luego a Valencia. Su regio padre y los sucesivos monarcas de Aragón concedieron un gran número de privilegios a la casa, rivalizando con la devoción de los obispos oscenses. Pedro IV el Ceremonioso atemorizado por la invasión del rey castellano Pedro el Cruel y dada la proximidad del convento a la muralla de la ciudad lo mandó a derruir y la Orden trasladóse a la iglesia del Sancti Spiritus (desaparecida) hasta que pasado el peligro se volviera a reconstruir en el mismo lugar en 1382. pero este a su vez destruido en 1687 en que se levantó la actual iglesia, desapareciendo las obras artísticas del crucero encargo de Vic. Jn. Lastanosa. Así subsistió la Orden de Predicadores en Huesca manteniendo una de las principales casas del reino junto a la Famosa Universidad: 15 capítulos provinciales de Aragón se celebraron en esta casa. Con las revoluciones políticas del XIX, vino la exclaustración, derribándose en 1840, el edificio, excepto la iglesia, donde se asegura que hubo una escalera monumental y artística de las de mayor grandeza en España; modernamente quedó en Parroquia a la que vino a unirse la derribada de San Martín.

FACHADA.- Fachada exterior barroca, de ladrillo de escaso gusto y ornamentación, tipo general de las iglesias oscenses. El templo de amplia nave sin crucero, es obra del arquitecto valenciano Antonio Falcón, por 1687-1695.
INTERIOR.- De una sola nave sígase de izquierda a derecha su descripción, empezando a los pies de la iglesia:
Lado del Evangelio. Retablos laterales 1º, 2º y 3º (sin importancia) 4º también del churriguerismo amanerado y decadente, pero con imagen de santa teresa policromada de talla graciosa. 5º del sagrado corazón (pintura moderna). El retablo de principios del siglo XVIII con gran lienzo de Cristo muerto, virgen, evangelista y José de Arimatea, con ángeles en lo alto, 5º (Crucero) de san Martín (procedente del altar mayor de la parroquia desaparecida): gran lienzo del santo a caballo y escenas (santo Domingo, san José, Anunciación, Visitación, santo dominico y Santa Teresa); el lienzo está firmado por Basilio Cagier. 6º (rincón del crucero). Gran retablo con imagen de Santo Domingo, dominado con su ciencia al demonio. Obra de concepción basta y aparatosa del lego del convento Pedro Nolivos. 7º retablo mayor.- D e lo mejor de la iglesia es el retablo mayor (churrigeresco con gran lujo de ornamentación de bustos y de imágenes de santos dominicos) obra de Pedro Nolivos, hermano lego de la casa y al parecer buen artista de talla, y autor de los dos retablo cercanos en los ángulos del crucero, de fecha 1760 y dorados en 1780, sin duda costeados por el ob. De Albarracín D. Lorenzo Ley y Anzano, ya que llevan su nombre y escudos y fue hijo ilustre de Huesca, dominico de este convento, catedrático de la Universidad Sertoriana y que murió obispo de Segobre. El lienzo del altar mayor, es obra importante del arte aragonés, del gran artista Vicente Berdusán. Es un hermoso conjunto de suaves tonalidades de la Asunción de María: Jesús en lo alto abre los brazos para recibir a su Madre que sube entre ángeles; abajo los apóstoles la contemplan levantando los manos admirados. Se encuentra algo deteriorado. Es obra anterior a la actual iglesia y acoplada al retablo, realizado un siglo después de la obra pictórica.

Son dignas de notarse las pinturas de la cúpula y de las paredes del presbiterio con grupos de ángeles y santos de la orden dominica (representados de izquierda a derecha: San Luis Beltrán, San Vicente Ferrer, Santo Tomás de Aquino, santo estigmatizado, San Pedro de Verona y Santo Domingo de Guzmán, otro y Santa Catalina de Sena. El autor desconocido es de fuerte mano artística, pareciendo coetáneo del retablo mayor y presentando un problema de difícil solución (escuela de Berdusán trasladado al actual templo). Lso escudos son de castillos y leones y al centro, indescifrables.

En la sacristía, son interesantes unas grandes libros de coro miniados, procedentes de la derruida iglesia de san Martín.

Lado de la Epístola.- 9º Retablo de Santo Tomás. Obra en conjunto de Pedro Nolivos y compañero del de enfrente e interesante en su conjunto.

10. Pentecostés (procedente de la derruida iglesia de Sanctis Spiritus); barroco con algunos lienzos de escaso color y composición forzada de figuras,
11. Santos dominicos (sin interés)
Adosado a la pared gran crucifijo de talla, obra inesperada e incomprensible del lego Pedro Nolivos que aquí se nos muestra digno de los mejores artistas de la imaginería española. Es talla acertadísima de expresión y de belleza y ella tan solo coloca al desconocido lego del convento oscense en la ilustre galería de los grandes escultores imagineros de España.
12. (sin interés)
13. Gran capilla del Rosario y de la Comunión.
Conjunto acabado, arquitectónicamente adosada al templo, con cúpula y lujo de ornamentación en relieves de santos dominicos y escenas decorativas, Cúpula decorada y azulejería muy vistosa del XVIII. A la entrada, las grandes figuras de San Jorge, Santiago, San Lorenzo y San Vicente; en las pechinas de la bóveda, medallones y relieves con escenas del Abrazo en la Puerta Dorada, Resurrección, Asunción y Pentecostés. Toda obra, de 1744 al estilo de Urlines, tan generalizado su arte de la ciudad.

Los últimos retablos 14 y 15 (bautismal) carecen de interés. A los pies de la iglesia a ambos lados de la puerta, dos lienzos interesantes de escuela aragonesa: <<Santo Domingo>>, con capa, báculo y ángeles y San Bernardo escribiendo libro condenando a Mahoma y recibiendo un ángel que le lleva corona.

En local exterior, adosado a la iglesia a todo lo largo de su longitud, se pueden admirar los célebres pasos de Semana Santa, obras en su mayoría del buen ingeniero contemporáneo Felipe Cascolla, de Graus, acertados de composición y de talla, algunos de ellos sufrieron deterioro en reciente incendio intencionado (1935): Verónica, Prendimiento (muy vistoso), Crucifixión, Desprendimiento. Curioso el paso de la Muerte en el que aparece un ángel con esqueleto, cristo a la Columna, es obra al parecer, de Pedro Nolivos.

Saliendo de la iglesia se sigue el coso bajo, centro, en aquella parte, del artesanado de la ciudad, y que separa el barrio de San Pedro el Viejo ( el antiguo <<mozarabe>>), a la derecha, y el barrio de San Martín y Santo Domingo ( el antiguo <<morisco>>), a la izquierda. Su trazado sigue el viejo perímetro de la muralla, aquí completamente desaparecido, y se llega a la Plaza de San Lorenzo (a la izquierda), donde se levanta la gran mole de ladrillo de la

REAL Y PONTIFICIA BASÍLICA DE SAN LORENZO.

EL SAN PATRONO DE LA CIUDAD.- Huesca mantiene gallardamente y con las mayores probabilidades, el ser la patria del gran Santo, mártir Lorenzo, rivalizando incluso (modernamente) con la misma Roma, lugar de su martirio.

San Lorenzo, natural y Patrono de Huesca, la más legitima y mayor de sus glorias y el mas ilustre de sus hijos.

Vida y exégesis del santo.- mártir de la roma imperial del S. III; según tradición secular antiquísima , reconocida por S. Agustín (s. IV) y S. Pedro Crisólogo en Rávenna (s. V), era natural de España. Como en tantos casos de personajes célebres (emperadores, Papas, Santos) la tradición, y tradición romana guardó su <<natio>>- español- sin aclarar el lugar que vio la luz primera. Su determinación entro en el terreno de las clásicas polémicas hispanas, disputándoselo Huesca que lleva la ventaja) con Valencia, Tarragona y Zaragoza. Una tradición mas arraigada y su carácter intrepidez y tenacidad de un tipismo auténticamente aragonés, permite proclamar hoy, incluso frente a modernos historiadores de Roma, que el famoso diácono tuvo su cuna natal en la Osca romana.

Pocas de su vida, muchas de su martirio son las noticias llegadas hasta nosotros, contadas principalmente por Tertuliano y por Prudencio. Bajo el pontificado de Sixto II, un edicto imperial de Valeriano en el año 257 prescribía el destierro a los jefes de las iglesias cristianas. Al ser preso Sixto II por los pretorianos apareció a su lado el <<principal>> diácono (<<principal>> lo llama S. Agustín y por tanto presunto sucesor.) como tal llevaba la contabilidad de los bienes comunes de la cristiandad romana, tesoros ardientemente codiciados por el prefecto Cornelio Secularis.

<<El dinero que a vosotros os divide, dice Lorenzo- para los cristianos es lazo de unión>>. El prefecto le concedió tres días para que entregase en los pórticos del Foro los tesoros de la iglesia, vasos, talentos y joyas. La persecución, políticamente muy hábil, contra las cabezas directoras y los recursos de los cristianos, tesoros exclusivamente dedicados a los pobres, es decir a la inmensa multitud hambrienta de la Ciudad de los Césares.

Lorenzo dispuso hábil contra lo hábil- un escándalo burlesco, que pregonase en Roma el espíritu, la intrepidez y la tenacidad cristiana. En el día y en el lugar señalado, presentó en vez de los tesoros la multitud harapienta y miserable de los pobres socorridos por la caridad de Cristo.

A la burla sangrienta y al bochornoso engaño del Perfecto Imperial, vino toda la furia desatada del magistrado imperial. El suplicio de Lorenzo tuvo toda la saña y refinada crueldad bárbara: muerte a fuego lento de parrilla. Pero Lorenzo triunfaba con su martirio y muerte por la resonancia en toda la urbe de la entereza varonil y de la fina arrogancia de que dio muestras en el tormento. Con ello conseguía de la paganía la admiración a un hereo a lo pagano, pero a la vez mártir de Cristo. En su arrogancia llego a solicitar en medio del suplicio que le cambiasen de postura por estar quemado uno de sus costados, proclamando con ello su auténtica sangre ibera. Toda Roma se postergó ante el cuerpo achicharrado del mártir. Su sangre, la atroz agonía de su martirio fue riego fecundísimo para la semilla cristiana, fue, y ahí su novedad, un ejemplo de soberbia santificada, de una entereza indomita lleno de un claro y preconcebido sentido prosélito.. ¡cuanta admiración causaría en la afeminada sociedad romana del s. III tanta entereza y tan indomable espíritu! Así explica su historia la popularidad que en el culto de todos los tiempos el famosos santo oscense: hasta 27 iglesias dedicadas a San Lorenzo hubo en Roma. Hoy mismo la Ciudad eterna conserva 8 templos al famoso mártir, cuando San Pedro solo cuanta 3 al igual que San Pablo, también martirizados en Roma y cabezas apostólicas y San Andrés 5. tan solo los templos marianos le sobrepasan. La grandiosa basílica de <<San Lorenzo fueri le muri>> en Roma es el lugar del tremendo martirio, donde ya bajo Constantino se levantó edificio basilical al glorioso hijo de Huesca.

HISTORIA DEL TEMPLO.- Es el más popular y venerado de los templo oscenses. Levantado donde según tradición tardía, estaba la casa de ls padres de San Lorenzo como patricios de la Osca romana, aunque generalmente viviesen en la quinta cercana a la ciudad. Alrededores: santuario de Loreto.
Parece, sin embargo, de una continuidad tradicional el culto en este lugar, desde los tiempos primitivos cristianos a la conquista de Huesca en el s. XI. Se restauró la iglesia románica de la que no resta nada y siempre objeto de veneración de reyes y del Pueblo. La Cofradía del Santo, fue fundada por el obispo Jaime Carroz en 1283, en la que ingresó el gran rey aragonés Jaime II (que había nacido el día del Santo); se hizo el templo gótico en 1339. en el siglo XV. Fernando el Católico dio en testimonio de devoción, un gran retablo para su altar mayor, obra de su pintor de cámara Pedro de Aponte (hoy día parte de sus tablas en la Col. Iturbe de Madrid). Conocido es el entusiasmo de Felipe II por San Lorenzo, en cuyo día obtuvo su ejército, mandado por Filiberto de Saboya y el aragonés Martín de Gurrea, Conde de la Ribagorza, la resonante victoria de San Quintín contra los franceses. Parece además, por haberse destruido una pequeña iglesia dedicada al santo durante la batalla, que Felipe II pensó en un principio levantar uno grandioso en la tierra aragonesa, quizás en la falda de Guara y hasta ofreció su Baronía de Grañén: el carácter excéntrico dado la magnitud de su proyecto y la carencia de buenas canteras le hicieron prontamente variar de opinión y buscar el lugar en las faldas del Guadarrama (a simple vista desde su <<torre dorada>> del viejo Alcázar madrileño), naciendo el Monasterio del Escorial, la <<octava maravilla del Mundo>> y dedicado al famoso santo oscense. Pero no por ello él y sus sucesores dejaron de ayudar, con gran libertad, el levantamiento de la nueva Basílica oscense que reemplazó al templo gótico. Púsose la primera piedra en Marzo de 1608 encontró el apoyo del Virrey de Aragón (Duque de Alburquerque) y de todo el pueblo, sobresaliendo la familia Cortés, Condes de Torresecas.

Fachada. Es gran edificación- inmensa mole de ladrillo. Desgastada y pobre, tipo general en las fachadas de las iglesias oscenses; la gran torre (desmochada) se levanta sobre la portada de gusto barroco, donde en hornacinas del mismo estilo, se encuentran las imágenes en piedra arenisca del titular y sus padres Orencio y Paciencia. El atrio como único resto del templo gótico del s. XV- tiene cúpula con arcadas apuntadas y una serie de ménsulas con figuras de piedra representativas del zodiaco que servían de pedestal a imágenes desaparecidas.

Interior.- De tres amplias naves y crucero con cúpula, hermosas y elevadas, separadas por recias pilastras, excesivo el retoque decorativo reciente (1930): pero es discreto el conjunto de los ocho grandes frescos en lo alto de las naves laterales, obra del decorador zaragozano Echevarría. Son escenas de la vida del santo, desde su niñez en Loreto, hasta su martirio en Roma.

Capillas laterales.- (De izquierda a derecha) 1ª Bautismal. Gran reja barroca. Retablo de columnas salomónicas e imagen del Resucitado de talla fría y algunos relieves de la Pasión. 2ª de Santa Teresa. Bello retablo con dos lienzos de escuela aragonesa del s. XVI. 3ª del Sagrado Corazón (hoy capilla de la Comunión) con imágenes modernas. El retablo es de buen gusto con dos lienzos al parecer de la Escuela de Berdusán (Santiago y venida de la virgen del Pilar), que las imágenes modernas no permiten contemplar. Completan el conjunto dos relieves de San Andrés y San Vicente, 4ª Cristo en la Cruz, con bello conjunto barroco, lienzos y escudos, 5ª (crucero) de la Virgen del Carmen con ángeles con lienzo recortado sobre hornacina. El conjunto es armónico con pinturas (anunciación, sagrada familia, visitación) de la escuela o taller de J. Martínez (s. XVII) que se completan con la buena azulejería.

Se pasa la Oratoria (especial) de San Lorenzo: capilla muy barroca (fines del XVII) con elementos decorativos en las pechinas, medallones, gárgolas, ángeles y pinturas murales en la cúpula y linterna al estilo de M de Urliens. En el altar, el santo, imagen revestida, Patrono de la Ciudad y objeto de gran veneración. En los muros laterales dos curiosos cuadritos apaisados de paisajes y escenas de caballeros y labradores, que pueden pasar como típicos de épocas, s. XVII. Llevan fecha 1661 y las iniciales D. L. A.

Lado Epistola.- 6ª altar de San Blas y en alto la Crucifixión: 7ª altar de la Purísima cuya imagen moderna cubre el lienzo de San Martín (s. XVII) del altar barroco. 9ª altar del Pilar: muy bello de conjunto y color. En alto la coronación, a los lados la Anunciación y la Visitación y en la parte baja escenas de San Martín- Adoración- San Pedro- (indescifrable)- Epifanía; es obra muy acabada y hermoso conjunto, de V. Berdusán. 10ª En talla, de San Francisco, muy barroca. 11ª, Santo mártir de mal gusto y arte. A los pies de la iglesia y en alto se ha levantado recientemente una capilla a la Virgen de Lourdes de modo deplorable, por romper el conjunto <<Sietecentista>> del templo basilical.

RETABLO MAYOR.- Forma un grandioso conjunto monumental, aunque de talla, en sus elementos decorativas naturalistas excesivos, obra del buen escultor Sebastián de Ruesta, de Barbastro, por 1689: de imponentes columnas salomónicas y perfecta soltura en su realización; las imágenes representan a los santos padres de San Lorenzo (Orencio y Paciencia) y Santos Orencio (obispo) y Vicente, las pequeñas que rematan la obra. Los dos grandes lienzos son obra del excelente pincel Bartolomé Vicente por 1678 que gozó de gran fama en todo Aragón en su siglo; fueron costeadas las obras por el señor de Ponzano, D. Artal de Azlor: representa el lienzo grande <<el martirio de San Lorenzo a la parrilla>>, apoyando el brazo y los pies en el terrible suplicio, mientras su rostro sonríe con la serenidad de los bienaventurados, viendo llegar en torrente de luz los ángeles con las coronas simbólicas del martirio. Conjunto en general muy acabado y de excelente dibujo, sorprendente sobre todo la parte alta que demuestra un pincel suelto a pesar de lo opaco del color. Aún se supera en el lienzo superior de dimensiones mas pequeñas: <<la virgen en su ascensión>> a los cielos, en actitud humilde rodeada de ángeles: aquí la gama de colores es mas viva, pero con tonalidades suaves y forman los dos un buen muestrario de uno de los mas interesantes artistas pictóricos de Aragón.

En el presbiterio de coro de gusto barroco.

Por el lado derecho del presbiterio se penetra en la antisacristía donde se encuentran los retratos de D. Faustino Cortés, primer vizconde de Torrescas y de su tío el obispo de Jaca y Teruel, D. Tomás Cortés, obras de Jusepe Martínez (por 1650). Fueron grandes devotos y entusiastas de esta Basílica de San Lorenzo, y ellos costearon, entre otras, las obras de la sacristía.

Sacristía.- Acabado conjunto que forma una excelente salita de Museo, debida a la devoción de los Torresecas: con 14 lienzos magníficos de Jusepe Martínez que entonan con una arquitectura adecuada y con la decoración propia sin que nada desentone el conjunto, resultando esta sacristía de San Lorenzo, uno de los mas gratos e interesantes rincones artísticos de Aragón y de los menos apreciados. Solo es de lamentar la escasa luz para el debido goce de las pinturas. Jusepe Martínez es el gran artista aragonés protegido de Lastanosa y la figura mas interesante de la pintura aragonesa en el s. XVII, como lo proclamó Velázquez a su paso por Zaragoza acompañado a la corte de Felipe IV. Esta serie pictórica representa escenas de la vida de San Lorenzo, con mezcla de asuntos paganos y retratos de la familia de los fundadores, y motivos sacados de la leyenda dorada del glorioso mártir. Entrando, a la izquierda: 1.º Escena de personajes ante unos huesos humanos. 2.º El Papa Sixto, camino del martirio. 3.º San Lorenzo expone ante el tirano los tesoros de los cristianos. 4.º El Papa Sixto, consagra como diácono a San Lorenzo. 5º Lorenzo, bautiza a San Hipólito- (frente al muro de entrada): 1.º San Lorenzo lava los pies a los pobres. 2º (sobre la puerta), conversión de San Román, 3.º Vocación de San Lorenzo.- Muro de la derecha: San Orencio, padre del Santo. Puertas del Calvario con Dolorosa y Evangelista. Santa Paciencia, madre del santo.- (sobre el muro de entrada: 1.º Curación del ciego; y 2.º (sobre la entrada), martirio de S. Lorenzo a la parrilla.

En las dependencias de la Basílica, conservanse algunas tablas del gran retablo primitivo, donación de Fernando el Católico, obra del pintor Pedro de Aponte, artista de tan honda fibra pictórica en los comienzos del s. XV y tan poco estudiado (véase retablo de Bolea del soberano y sus hijos) se encuentra en la Col. Iturbe, de Madrid. Lo que en la iglesia de San Lorenzo queda por desidia y abandono, es muy escaso, se reduce a dos trozos de una tabla en que San Lorenzo da limosna a los pobres y otros dos trozos de una escena de Papa, cardenal y obispo ante el cadáver abrasado; finalmente una tabla de San Lorenzo encadenado y otra en que lava las manos a su padre. Magníficas todas ellas y que pueden completar el estudio del gran artista Pedro Aponte.

En la sacristía pueden también admirarse los bustos espléndidos de San Lorenzo y San Orencio, este último con cinco pequeños relieves de plata en el friso, obra de un cincel fino, representando escenas del santo. Es digno de mención el pie del gran ostensorio de un Fontana (s. XVIII), copones del XVI, cruz con macolla del s. XVI, cálices por 1600; cruz de altar y sacras, obras de V. Portella (1667-1670). Finalmente, una custodia de plata, de delicada traza florentina, del s. XVII, enviada de Nápoles (en 1733) por el racionero vidania. El cuadro de San Orencio, en los alto, es obra de Pedro Núñez (1632). El famosos terno procedente de Montearagón, ha sido vendido en los últimos años.

Volviendo al Coso en esta parte, la mas frecuentemente de la ciudad y la de sus mejores comercios, se lega de nuevo a los Porches de Vega Armijo.

Fin del Itinerario núm. 2.


Tal día como hoy 28 de octubre



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