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Aguilón municipio de la provincia de Zaragoza. 04 Aragón

Documentos. Pueblos y lugares. Aguilón municipio de la provincia de Zaragoza.



¿Confinado? Date un homenaje, convierte en el protagonista


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Aguilón municipio de la provincia de Zaragoza. 4
Aguilón municipio de la provincia de Zaragoza. 4

Aguilón municipio de la provincia de Zaragoza: típico pueblo del sistema Ibérico, situado en el fondo de un barranco habitualmente seco, pero que ya ha dado unos cuantos sustos en su historia llevandose por delante no solo vehículos y casa,s y cualquier infraestructura que se encuentra, sino desgraciadamente poniendo en peligro también la vida de las personas. Sus desconocidos paisajes agrestes, son un magnífico monumento de la naturaleza, que reune unas condiciones geológicas excepcionales.

Etiquetas y conceptos sobre Aguilón

Aguilón, Zaragoza, municipio, pueblo, provincia, Huerva, barranco, río, monumento, geología, punto de ínteres, destino turístico, agrícola, fotografía tomada 13 de septiembre de 2007.



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VALDERROBRES Y EL MATARRAÑA

SITUACIÓN DE VALDERROBRES

Hallase situada esta villa a 213 kilómetros de Teruel, capital de su provincia, a 130 de Zaragoza y 165 de Huesca, distando 45 kilómetros en línea recta de San Carlos de la Rápita, ya en el Mediterráneo.
El remotísimo origen de Valderrobres aparece ya registrado en tiempo de los arévacos, a orillas de un río de caudal perenne; el Matarraña, que, después de nacer en los Puertos de Beceite, va a morir al Ebro en las cercanías de Fayón.
Situada nuestra villa sobre una colina, el Matarraña pasa lamiendo sus plantas bajo el puente de Piedra, hermosa obra gótica de tres arcos, cuyas limpias aguas cortadas por esquinados tajamares dejan la villa a su derecha, asentada sobre la colina que, de carácter al poblado, <<formando sus calles muchos graderíos, excepto la Mayor, que es llana, y viene a ser como la base del anfiteatro que forman los edificios, extendiéndose aquella de uno a otro extremo de la villa>> (1).

Calle es esa, quizá, la única nivelada de Valderrobres que, corriendo paralela al río, toma el nombre de Llana, en la cual aparecen las mas rancias viviendas de la población civil.

Otro puente mas moderno que el precitado de San Roque es el llamado de Hierro, que comunica la población con los arrabales de la misma.

Oteando desde los altos de Valderrobres por el Ebro hacia el Mediterráneo, entre Alfara y Más de Barberans aparecen terrenos poblados de almendros, y después, hasta cerrar la visual, no se ven sino bosques de pinos rodeando la espectacular y accidentada comarca. <<En el desigual aunque no montuoso terreno que al este de Alcañiz se extiende entre el Guadalope y la frontera catalana, a la sombra de espesos olivares y en medio de feraces huertas, viven crecidas poblaciones, gratas y risueñas al viajero, indiferente al artista; Monroy, cuyo castillo albergó prisionero en 1452 al Príncipe de Viana; Valderrobres, honrada en 1429 con la celebración de Cortes y con la permanencia de Alfonso V; Fresneda, Valjunquera y Valdealgorfa, decoradas con suntuosas parroquias de tres naves.>> Esta era la opinión que sobre la comarca tenía el curioso viajero y arqueólogo, señor Quadrado, a mediados del siglo XVIII (2)

No tengo duda de que el célebre arqueólogo e historiador paso de largo por la comarca, quedando sin contemplar nuestro singular castillo señorial del arzobispado, las atrevidas naves de nuestra arciprestal iglesia, del mas puro estilo gótico, y muchas cosas mas que, quizá por la pasión y el menguado gusto de algún ligero informador, hizo desistir al sabio menorquín de su visita a Valderrobres, en aquellos días de pésimas comunicaciones; pero el investigador y la historia lo perdieron.

Un curioso viajero y recopilador, contemporáneo de Quadrado, nos dice de Valderrobres que <<en la plaza se hallan las Casas Consistoriales con la cárcel del partido y sala de Audiencia del Juzgado>>. Y que sus principales riquezas económicas eran el aceite, vino y cereales; ganando lanar, conejos y perdices. Tenía 569 vecinos y 2.276 almas, siendo su presupuesto municipal de 30.000 reales (3)

CONQUISTA DE VALDERROBRES POR ALFONSO II

En la comarca de la <<Caja>> mandaron los visigodos y musulmanes, pero los afanes de reconquista en los cristianos no estaban dormidos. Muerto el << Batallador >>, tras el breve reinado de su hermano Ramiro II el << Monje>> sucedió a este Ramón Berenguer III, conde catalán, casado << nuptiarum futurarum >> con la hija de Ramiro el << Monje >>, Petronila de Aragón, de cuyo matrimonio nació Alfonso II el << Casto >>, que siguió la lucha contra los Musulmanes a partir de la marca del Ebro donde la había dejado el bravo << el Batallador >>. Muerto Ramón Berenguer III, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, fue llevado a enterrar al monasterio de Ripoll. Entonces, doña Petronila reunió Cortes en la ciudad de Huesca, en las que, al ser reconocido de sus derechos su hijo Ramón, le hizo mudar su nombre de rey por el de Alfonso.

Después, Alfonso II reunió Cortes en Zaragoza, donde él y los ricos hombres juraron los fueron que convenían al buen gobierno de los estados de Aragón. Confirmó después don Alfonso todos los privilegios que anteriormente gozaban la iglesia y aquellos ricos hombres, dándose entonces por entero a la reconquista.

Era por el año 1170, cuando las fuerzas cristianas entraban por las tierras de los ríos Martín, Guadalope, Matarraña y Algás, viendo el rey grandes posibilidades en el avance. <<Por este tiempo se hazía muy gran guerra a los Moros que estauan en la región de los Edetanos, en los castillos y fuerzas que tenían en las riberas del río de Algás, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, La Frexneda, Valderorraña...>> (4), después de haber ganado las tierras de los confines de los edetanos e ilergaones, con la eficaz ayuda de los caballeros Hospitalarios y Calatravos, a los que se dio <<buena parte de lo que conquistaron>>, cosa muy corriente en las acciones de la reconquista. Valioso testimonio, este que nos da el maestro de los historiadores españoles. Segura refrendación de que en 1170 Valderrobres cayó en las manos cristianas de Alfonso II, cerrado así este periodo de contiendas, abierto en tierras del Islam.

Por <<Peña de Aznar la Gaña>> se conocían Valderrobres y tierras que la circundaban. Con ese nombre aparece citada en muchos documentos del nombre del rey. Se hallaba el del obispo de Zaragoza, don Pedro de Tarroja, a tiempo que el hermano de éste, don Guillén, era nombrado obispo de Barcelona, en la silla que había ocupado don Hugo de Cervellón.

Adelante siguió la reconquista y, después de haber ganado las orillas del Guadalope, se estableció frontera de Alcañiz a occidente, ganando después; Calanda, Aguaviva, Castellote y Las Cuevas, guardando seguros empresas el rey fue ayudado también por los Hospitalarios y Calatravos, a los que después se unieron los caballeros de Santiago, sobre todo en la conquista de la plaza de Montalbán.

EL CASTILLO- PALACIO DE VALDERROBRES, RECONSTRUIDO POR LOS ARZOBISPOS FERNANDEZ DE HEREDIA Y DON DALMAU DE MUR

En lo más alto de la colina sobre que se asienta la villa de Valderrobres, pegado a la iglesia de Santa María la Mayor, con la que comunica por estrecho pasadizo, aún se yergue orgulloso el castillo feudal y señorial de los prelados de Zaragoza, mansión de éstos durante su permanencia por estas tierras, el cual, al evolucionar de modo de vivir de la alta clerecía, fue perdiendo su oficio y misión para que fue levantado por sus poseedores habiendo caído por ello gran parte de si ornamentación primitiva, pero aun conserva partes muy interesantes. En 1989 decía de él un culto sacerdote: <<Es un edificio colosal, todo de piedra de sillería, del que aún se conservan los inmensos paredones, arcos ojivales, etc., dominado la población>>.

Se ve muy repetido un escudo de piedra con siete castillos, coronado por una cruz parecida a la de la Orden de Calatrava. En el curioso manuscrito, hecho por más curioso hombre, se lee después: <<Las armas son del arzobispo don García Fernández de Heredia, asesinado cerca de La Almunia>> (5); y estaba en lo cierto el curioso Mover.

Puestos a estudiar este castillo, que mas parece palacio por el carácter de las zonas reconstruidas en él, al objeto de servir a los fines de los prelados, afecta una irregular forma rectangular, con un exterior gran plaza de armas protegidas por gruesa muralla de vara y media de espesor, que aún conserva sus torreones, desde donde se domina todo el recinto que albergaba la población. Hermosa y amplia panorámica la que desde esta plaza puede gozarse; desde allí, la lejana <<Caixa>> y sus alrededores, la <<Picotsa>> y hasta los puertos de Beceite.

Yacente, a los pies de la iglesia, se abría la entrada a la plaza de armas del castillo, viéndose otro acceso, girando 180 grados hasta llegar al ábside de la misma iglesia, cerca ya del viejo camposanto, abriendo el paso, hermosa pero sencilla puerta apuntada, de piedra. Los dos accesos conducían a la plaza de armas que, por su parte posterior, cerraba la fachada principal del castillo, donde a su derecha se abre otra puerta gótica, ligeramente

*(5) MOVER, GREGORIO: Libro de Visita pastoral, hecho por D ........... durante el arzobispo de D. Vicente Alda. Fº 15. Arch, del Palacio Arzobispal de Zaragoza.


Apuntada, sobre la que aparecen las armas del arzobispo Heredia: siete castillos de plata en campo de gules, cuyo escudo veremos profusamente repetido por toda la planta baja de la fortaleza, dándonos a entender la hidalguía e importancia de aquel arzobispo, aragonés de Munébrega, hijo de un gran maestre de la Orden de Malta.

Probablemente esta fortaleza fue erguida por los árabes, antes de verse amenazados por el avance de los cristianos, ya peligroso en tiempo de Alfonso I el <<Batallados>>. Mas, después de estudiada la parte mas antigua del baluarte, poco o nada hemos hallado pertenecientes a los agarenos; sí de época inmediata a su marcha.

De la conquista de la comarca por el rey <<Casto>>, solo breve nota nos da nuestro gran cronista: <<Por este tiempo, MCLVII, se azía gran guerra a los moros que estauan en la región de los edetanos, en los Castillos y fuerças que tenían en las riberas del río de Algas, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, la Frexneda, Valderobres, Bezeit. Rafals, Monroy y Peñarroja, que están en las riberas de Matarraña>> (6) Luego por lo leído en nuestro grave historiador, aquellas plazas del Algás y Matarraña estaban defendidas por fortalezas levantadas por musulmanes.

Sin embargo, aquella de Valderrobres que perdieron los agarenos, debió mandarla reconstruir su conquistador Alfonso II, que, por ser sitio aquel fácilmente defendible, lo acomodaron para residencia real, y con este carácter llegó a ser posesión de los obispos; mas tarde, del arzobispo Fernández de Heredia, que, comenzada su prelacía en 1383, mandó trazar los planos del nuevo castillo para, sobre el mismo solar donde antes se levantará el regio alcanzar del rey de Aragón, en el que tantos acontecimientos históricos tuvieran lugar, ahora se levantara en la feudal mansión de los señores de aquellas tierras, mandando don García edificar los subterráneos y la primera planta para que, mas tarde, su sucesor, don Dalmau de Mur y Cervellón, catalán, de Cervera, hiciese construir la parte superior, terminada en un gran corredor en el que se abrían redondos óculos desde donde atisbarían los vigías la geografía de los alrededores.

En esos muros exteriores se levantaban tres torres: una al centro y dos en las cantoneras, las cuales terminaban en pequeñas terrazas almenadas desde las que los andadores ejercían su función.

La impotente <<Torre Maestra>> o del homenaje, como señora de la fortaleza, se levantaba en el interior, sobresaliendo entre todas. Hoy, perdidos algunos de los cuerpos superiores, rendida se siente por el tiempo.

DEPENDENCIAS DEL ANTIGUO CASTILLO- PALACIO

Por suerte, entre los documentos del Archivo histórico de Zaragoza, hallamos un relato de la visita que, en tiempo del arzobispo don Fadrique de Portugal y por su encargo, hicieron los arquitectos zaragozanos, Juan de la Mica y Juan de Galí, a distintas propiedades del arzobispado; una de ellas a Valderrobres (7).

Al castillo se entraba por las dos puertas laterales, abiertas, en la conjunción del castillo con la iglesia, las cuales conducían a la amplia plaza de armas. Allí se abría una puerta gótica de largas dovelas. Traspasada a mano izquierda se entraba en la << establía >> o caballerizas. Más adentro aún había otra gran estancia. En el mismo paso, también a la izquierda, se abría el alojamiento para los mozos de caballos. Al frente del corredor se llegaba a un gran recinto cuadrangular, de características semejantes a una sala capitular, ya que en ella aún se conserva el poyal donde se sentaban los concurrentes, el cual recorre todo el recinto a excepción de los vanos. Iluminaba la estancia la luz solar que entraba por dos ventanas, << con dos rexas de ferro>>


(6) ZURITA: Anales de Aragón. Lib. II, fº 75
(7) protocolo del notario Salvador de Avizanda. 1532. Arch. Histórico de Zaragoza.


Esta, que debió ser cómoda estancia, se cubrió con bóveda plana sostenida por arcos rebajados. Al fondo e izquierda se abría otra puerta, en cuya clave figuraban las armas de Fernández de Heredia, que daba paso a la bodega vinaria, << en la qual hay tres cubicas y no se siruen dellas; la una es de cabida de dotzne nietros, poco mas o menos, la otra es cabida de ocho nietros.., y otra es de cabida de deys nietros de vino >> (8)

LA CÁRCEL DE LA CLERECÍA Y EL GRAN SALÓN DE LAS <<CHIMENEAS>> DONDE SE CELEBRARON LAS CORTES DE VALDERROBRES.

En nuestra exploración por las dependencias del castillo hallamos una, llamada cárcel clerigal, en la que, bajo la solera del dicho calabozo observamos Sala de Deliberaciones, a la entrada del castillo de Valderrobres, en la clave de cuya puerta aparecen las armas del desgraciado arzobispo D. García Fernández de Heredia


(8) Visita hecha a las propiedades del arzobispado de Zaragoza. Prot de Salvador de Avizanda. Año 1532


Una brecha por donde se podía bajar al llamado <<Pozo de la mano peluda>>, ante el cual los padres solían amedrentar a sus hijos cuando, buscando el peligro, fueran por los recovecos del histórico castillo. Mas aquello no era, ni mas ni menos, que la bajada a un pasadizo de liberación que, a través de él, se llegaba hasta la orilla opuesta del Matarraña, cuando el fuerte estuviera sitiado por fuerzas del exterior. Esta, y no otra razon permitio a Zaragoza, que castigado allí estaba, cuando de la prisión huyó.

Puerta contigua y en ángulo con la que da entrada al descrito calabozo era el paso que utilizaban los prelados y señores, cuando iban desde sus habitaciones de palacio hasta su capilla de la iglesia de Santa María la Mayor.

Desde este punto, subiendo por una escalera, se llegaba al amplio recibidor, donde por dos puertas de medio punto, rematadas por el escudo de las armas de los Heredia, se entraba al gran salón de las Chimeneas, de gran extensión y altura, cubierto por bóveda apuntada, cuyos arcos sustentadores de la cubierta aparecen hoy desnudos, simulando las costillas de un gran esqueleto. En el testero se abren dos ventanales ajimezados, de los que han caído sus finas columnas o ajimeces. Entre ellos, a lo alto, aparecían de nuevo las armas heráldicas del arzobispo Fernández de Heredia, y, a la altura de la superficie de la solera, se abría una gran chimenea cuyo fuego daba calor a la presidencia.

En los paramentos de la derecha había otros tres grandes ventanales góticos rematados por finca crestería calada, que sostenían delgadas columnas cilíndricas a manera de ajimez. En el centro de este amplio paramento se abre otra chimenea, y una tercera en los pies del salón. Esta, mas grande que las demás. Encendidas todas ellas, constituían la calefacción de este vasto recinto, donde en el invierno de 1429 se reunieron las cortes convocadas por el rey Alfonso V de Aragón.

En este mismo recinto se celebraban los grandes agasajos culinarios. Por adaptación, a los pies de la estancia se abría estrecha puerta, por donde pasaban las viandas al gran salón donde se hallaban los comensales.

LA GRAN COCINA DEL CASTILLO- PALACIO

En aquel amplio recinto, ya descrito, se celebraban los dichos festejos culinarios de que los prelados eran anfitriones; por eso, la dependencia en que ahora estamos era vecina a la del arte cisoria, cosa que nos aclara el documento de 1532, cuando leemos: <<Item, entrando por la derecha sala, a mano derecha esta la cozina con un fornico para cocer pan o pasteles. Esta la chamynera algo dirruyda>> (9). Era ésta una cuadrangular y ancha estancia, hoy llena de escombro, bajo el cual yace el fogón.

En la parte baja, a un lado, se abría horadada la pared, formando una credencia o foramen a manera de torno, par el servicio que a estos se da en los conventos, comunicando la cocina con el comedor, para por dicha abertura pasar los alimentos.

Cocina era de gran altura. De la solución cuadrada se pasaba a la octogonal por cuatro trompas persas abiertas en los vértices, sobre las que aparece montada la solución ochavada, elevándose a la altura de los ocho paramentos para reunirse en un óculo central, desaparecido hoy, al caer el suelo la cubierta de la dependencia. Por dicho óculo salían los humos. Estupenda dependencia digna de estudio, aunque una muy semejante a ésta, hemos visto en el recinto, hoy destinado a museo, de la catedral de Pamplona.

Un poco mas adentro estaban la recocina y despensa, como expresa el citado protocolo de Zaragoza: << Item, entrando por la dicha sala, a mano izquierda, hay una cambra con su chaminera. Esta buena. Item, mas adentro de una cámara entablada y dentro de aquella hay setze jarras de tierra, y las tres dellas son quebradas. Item, mas adentro hay otra estancia y, dentro de aquella, otra. Están buenas >> (10)


(10) Ibidem.


Sin duda, en las dichas estancias guardaban los aprovisionamientos de cocina, salazones, conservas y los consiguientes adminículos.

LA <<SALA DE LOS LEONES>>

Aún quedaban en el palacio algunas estancias de primer orden, hoy desaparecidos. Observamos esto al leer en el protocolo: <<Mas adentro hay Otra estancia que se dice de los Leones>>. Sin duda era una sala, llamada, así, por esta delicada al rey de la selva, de cuya imagen aún queda representación. Recuerdo que una de las noches en que residía en Valderrobres, paseando iba después de cenar, bajo la fina lluvia, cuando al pasar el portal de San Roque advertí dos altos pedestales que en su cima mantenían un león cada uno, tallado en piedra, pareciéndome obra de mucha antigüedad. Estos eran los << leones >> que daban nombre a una de las salas principales de la mansión arzobispal. Decimos esto porque, en tiempo en que se escribió el protocolo notarial, este le daba su importancia.

LA <<CÁMARA DORADA>> Y LA <<NECESARIA>> DEL PRELADO

Bien conservada estaba aún la llamada Cámara Dorada, que se hallaba un poco mas allá de la sala de los leones y, a juzgar por lo que dice nuestro documento, estaba en buen estado cuando los arquitectos del arzobispo la visitaron, en el primer tercio del siglo XVI. El testimonio notarial, tantas veces nombrado, dice que, después de la de los Leones, hay << otra estancia mas adentro, que se dize la CAMBRA DORADA >>. Una vez hecha la inspección, sanciona diciendo: << está buena >>

Debió ser esta una de las mas ricas dependencias del castillo- palacio, hasta inclinarnos a creer que debió estar cubierta por un artesonado hecho por el gremio de los fusteros, que en aquellos tiempos tan queridos eran para ornamentar esta clase de construcciones. Por eso, con este nombre se conoció la sala, donde luciría el oro del arzobispo y hasta quizá sus armas heráldicas, mas en la actualidad nada queda ya de ello.

Marchando íbamos entre las ruinas de la arquiepiscopal mansión con nuestra descripción en las manos, siguiendo la ruta de los <<obreros de villa>>, leyendo a continuación: <<antes dentrar en una scalera que baxa a la capilla del arçpbispo hay una necesaria, y, baxando una scalera y enfrente de aquella, hay una capilla que se dize del arçobispo>>.

Aquella que lo arquitectos Mica y Galí llaman <<necesaria>> era una piedra horadada con dos orificios redondos, en uno de los cuales se sentaba a haces sus necesidades el prelado. No importa que fuera bipersonal. El retrete, con su piedra, era un saliente al abismo por el que caía despojado el <<detritus>>, consumiéndose en la base exterior de castillo.

El orificio del lado izquierdo del lado izquierdo aparece hoy descantillado, inclinándome a creer que no fue esto por el uso, sino por el abuso de los <<honderos>> errantes del castillo señorial, que quizá en ellos tomaron venganza del histórico señor personal.

De esta capilla de los señores arzobispos pasamos de largo por describirla al hacerlo de la iglesia arciprestal.

HABITACIONES ALTAS PARA LOS SERVIDORES DEL PRELADO

Ascendiendo por la escalera se llegaba a un << patín >>, por el que se entraba a una << olivera >>, donde, para el consumo de la casa, acostumbraban guardar la aceituna de la cosecha, y no era solo este lugar donde guardaban tan rico fruto: llenaban, también de él, otras dependencias.

Alrededor de aquel <<patín>>, que era un gran patio, se abrían otros dos, con sus arcos de cubrición, descubiertos, cuyos lugares habían sido en otro tiempo sendos alojamientos. En una de las pequeñas estancias se veía otra << necesariamente >> o servicio higiénico, que debió ser destinado a la servidumbre o al cortejo prelacial.

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR

Casi a la altura máxima que domina la villa, donde se alzan los muros del castillo, pegada a este y con él comunicada, se levanta la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, cuyo nombre, mas tarde del Pilar.

Fue la iglesia de Valderrobres construida en tiempo del rey Jaime II de Aragón, comenzando las obras a fines del siglo XIII.

Toda la iglesia está construida de piedra, en purísimo estilo gótico de la época, apreciándose esta particularidad en todo el conjunto.

Es de planta de una sola nave, ancha y de espléndida proporción, como para albergar un crecido número de feligreses en los oficios.

Sin crucero, con cabecera de línea heptagonal. La nave se alarga si correr de tres tramos; el último, a los pies, quedó derruido en 1865, porque <<se deslomó parte de la Iglesia, por detrás del Coro actual, y aún no se ha levantado lo caído. Sucedió hace unos 23 años>> (11)


(11) Libro de Visita Pastoral, hecho por don Gregorio Mover en 1898, najo en el arzobispado de don Vicente Alda. Manuscrito de la Secret, del Palacio de Zaragoza.


Muy curioso es el ábside del que, entre sus contrafuertes, salen proyectadas hacia el exterior tres capillas pentagonales de reducidas dimensiones. De la clave del interior de dicho ábside bajan ocho nervios hasta derramar en la solera, entre los que se abren siete esbeltos ventanales góticos; tres prácticos y cuatro ciegos o simulados con leve baquetonado.

CAPILLA-TRIBUNA DE LOS PRELADOS DE ZARAGOZA

A ambos lados del primer tramo se abren gemelas capillas laterales de igual altura, cuyas cubiertas son sostenidas por haces de cinco nervios radiales. En este tramo, a la izquierda, se aloja antigua y sumaria pila bautismal. Sobre la bóveda se abre ideal y discreta y discreta tribuna, desde la que los prelados de Zaragoza asistían a los oficios religiosos, cuando aquellos ejercían su dominicatura sobre las tierras de la comarca.

En la tribuna, cerrada a la nave por bella celosía de arcos ojivales, entrecruzados, de piedra finamente labrada, los prelados tenían en ella su Capilla particular para celebrar en privado. A ella se accedía, bien por escalera de caracol, desde la iglesia, bien por estrecho pasadizo desde una de las salas del castillo, en el que aparecen labradas en piedra las armas de los arzobispos López de Luna y Mur y Cervellón.

En el suelo de esta tribuna se hallaba entablado, así como las paredes de la misma, hasta la altura de dos varas, para combatir el duro clima de esta tierra.

En el tramo central de la iglesia se abre a derecha la puerta principal, sobre la que aparece enorme y bello rosetón, uno de los mas espléndidos de su estilo y tiempo. Frente a lo descrito, junto a pequeño recinto que fue Baptisterio, modesta puerta cierra el paso a la escalera espiral de piedra, donde entra luz natural por delicado ventanal trilobulado. Esta es la escalera de caracol ya nombrada que conduce a aquella hermosa capilla privada de los prelados.

UNA ANTIGUA CAPILLA EN EL TIEMPO, CUBRICIÓN DE ESTE.

En el testero del último tramo, hoy en reconstrucción, se alzaba el coro y, sobre éste, el órgano.

En el lado de la Epístola se abría el altar de Santiago y, en el Evangelio, una de las capillas mas antiguas del templo, a juzgar por la historia esculpida en la clave de la techumbre, donde se veía la imagen de un rey, quizá Jaime II, mostrando un pergamino en sus manos, que era la escritura de fundación del templo y el dinero para costear la obra.

Bajo el coro se abría una puerta rematada por pomposo gablete gótico al exterior, comunicando la iglesia con la calle, junto a los muros del castillo y una de las dos puertas que lo franqueaban.

En general, es muy simple la cubrición de la amplia nave de esta iglesia, cuyos tramos son sustentados por cuatro nervios mixtilíneos del incipiente estilo gótico, de piedra, los cuales e unen oblicuamente en la clave después de recorrer la cubierta, para en su bajada descansar junto a los paramentos, sobre cinco baquetones en minoración, que adelgazan a medida que se aproximan a la pared.

Muy curiosas e historiadas son las claves que encierran las cubiertas. La de la cabecera tiene esculpida la figura de la Virgen con un ángel a cada lado; el Niño sobre el brazo izquierdo, y en su mano derecha porta un roble, símbolo heráldico de la histórica villa. La clave del segundo tramo muestra en relieve la figura del Cordero, emblema de la Iglesia Metropolitana de Zaragoza. En la tercera clave aparece el obispo de Zaragoza, revestido de capa mitra y báculo, bendiciendo el templo de Valderrobres, con un diácono a cada lado.

EL ALTAR MAYOR, DE JERÓNIMO VALLEJO, <<COSIDA>>

Fue deseo de don Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, construir en Santa María la Mayor un altar, digno de esta predilecta villa de su archidiócesis, había llegado don Hernando a Valderrobres, en marzo de 1545, habiendo entrado en las tierras de su dominicatura, <<porque había mucha necesidad de su presencia en aquel lugar y su tenencia >> (12).

Era sábado, víspera de Pascua de Resurrección, cuando el prelado se decidió a realizar algunos proyectos que, en favor de Valderrobres tenía. Uno de esos días administró la Confirmación a todos los críos de la villa y alrededores. A continuación, bendijo dos campanas, quizá para la torre de la iglesia.


(12) ESPÉS, DIEGO DE: Historia eclesiástica. Ms, de la Seo de Zaragoza. Fº 806, vº


Otro día llamó a Jerónimo Vallejo, << Cosida >>,su consejero artístico,<< el mejor de cuantos pinto res ha habido en Aragón en aquellos siglos >> (13) , para comunicarle su deseo de construir un altar mayor para la iglesia parroquial, quedando concertada la confección de dicho retablo , en esta misma villa, el día 6 de mayo, ante el << notario Hierónimo Paier, y Jerónimo Balexo, pintor, que era de los mas hábiles y aventajados del reino, en tiempo de tres años... por precio de la primicia que el pueblo tine por once años, que valdrá dos mil quinientos sueldos y. el arzobispo se obligó a dar luego para que el pintor empezase la obra, trescientos ducados, que de esto les quizo ayudar y hacer merced >> (14). También se ajusto que la obra << había de ser muy buena pieza, así el retablo como las puertas muy bien pintadas>> Finalmente, a 27 de agosto de aquel año, se ultimó el compromiso de Zaragoza, ante el notario Juan de Alfaxarín; mas, nada importante recoge este protocolo, por hacerse escriturado antes las características de la obra, en el precitado documento de mayo, en Valderrobres (15)

Se sabe que, en el tiempo convenido, << Cosida>> dejó terminado el retablo, tanto la labor de pintura como la de fustería, quedando dividido en cinco calles, con un bello basamento de mas bellas perspectivas que franqueaban dos puertas para dar paso al trasaltar, en las que pintó las imágenes de San Pedro y San Pablo, terminando este colosal retablo en un ático, donde aparecía el Calvario.

A la altura del segundo cuerpo, dentro de una hornacina, fue colocada la imagen de Santa María la Mayor, bella escultura tallada en madera por el cincel de Bernardo Pérez, célebre imaginero que había trabajado en el sepulcro del abad, Lupo Marco, que aún puede verse en la iglesia del Monasterio de Veruela y también, en el enterramiento del arzobispo don Hernando de Aragón, contratado con el prelado en 1550, y montado en la catedral de la Seo de Zaragoza.

Sobre la hornacina de la Virgen, en un vano aparecía un círculo sostenido por dos ángeles, dentro del que se albergaba la custodia con el santísimo, como era costumbre manifestar en los templos aragoneses.

El gran retablo de Valderrobres iba encerrado en anchas pulseras, apareciendo en ellas, a la altura del tercer cuerpo, en ambos lados, las armas parlantes de Valderrobres a gran tamaño y, también, duplicadas en lo alto de las pulseras, las armas genealógicas de la casa real de Aragón, a la que pertenecía el arzobispo don Hernando.

Durante nuestra guerra civil, parte del retablo fue destruido, salvándose importantes fragmentos de él, entre los que se cuentan; la predela, una de las puertas y gran parte de la fustumbre, lo que, con ayuda de algunos testimonios gráficos, se pudo después restaurar y completar, por los hermanos Albareda. Hoy, tan bello y monumental retablo se halla almacenado en uno de los desvanes del viejo Hospital de la Caridad, en la misma villa.


(13) ABIZANDA Y BROTO, M,: Historia y literaria de Aragón, tº II, pág. 48
(14) ESPÉS, DIEGO DE: Op. Cit.
(15) Archivo Histórico de Protocolos. Zaragoza. Escribanía de Juan de Alfaxarín 1945, fº 450


LA MONUMENTAL CRUZ PROCESIONAL VALDERROBRES

A todos interesa conocer el valor de esta poco conocida joya de nuestra villa turolense.

Tan hermosa pieza fue extraviada en los días de nuestra guerra civil. Durante la contienda, alguien la retiró conociendo su valor, además de otras joyas, guardándolas en lugar seguro. Al terminar la guerra fue traída a Zaragoza por la junta de Recuperación, depositándola en el Museo Provincial. Allí, dentro de una gran vitrina, se expusieron buen número de cruces profesionales, procedentes de otros tantos lugares. Serían de ocho a diez las que esperaban que alguien las reconociera y reclamará.

Poco a poco se fueron devolviendo a su lugar de origen, éstas y otros objetos litúrgicos, quedando al fin en dicho Museo solamente una de gran tamaño. Las restantes, si no se devolvieron a su procedencia, se entregaron en el Palacio Arzobispal de Zaragoza.

Allí durmió varios años la cruz de Valderrobres, como también había dormido en nuestra ciudad, cuando fue exhibida en la Exposición Hispano-Francesa de 1908-1909, entre las joyas mas selectas de conocidas en España.

Esta alhaja es de grandes proporciones, una de las mayores en su género; 1,30 de altura por 0,60 de extremo a extremo de los brazos. Toda ella es de plata contrastada, aunque alguna de las partes, fundidas (las figuras); otras, de gruesa chapa repujada, yendo toda clase de piezas cinceladas o repasadas a buril. Una vez estudiada, hemos comprobado ser obra del siglo XVI.

La cruz tiene dos caras, cuyas faces presiden las figuras de Jesús crucificado y la Virgen con el Niño. En la primera, el centro del travesaño. Aparecen los medallones cuadrifolios con los símbolos de los evangelistas; a izquierda, el león de San Marcos; a derecha, el toro de San Lucas.

La figura de Cristo centra la luz, apareciendo con las características goticistas que requiere el conjunto de la obra. Los terminales del brazo rematan en hermosas macollas repujadas, yendo todo aquel, rodeado de delicada crestería. En el brazo vertical de la joya se completan los símbolos de los evangelistas, viéndose arriba el águila de San Juan y, abajo, el ángel de San Mateo. Sobre y bajo ellos, se repiten las macollas terminales del brazo.

La base de la cruz está formada por un gran nudo en forma de templete, de traza gótica, el cual coronan ocho Apóstoles con sus correspondientes atributos, cerrando el remate en línea poligonal. En la parte baja y mas gruesa del nudo, aparece un momento del Tránsito de la Virgen, acostada en su lecho, rodeada de los Apóstoles. En el fondo, aparece el alma de la Madre de Dios subiendo al cielo, amparada por dos ángeles. Sobre el grupo, la figura del Padre Eterno con el Espíritu Sano en forma de paloma. Bellísimo grupo donde el artista ha agrupado figuras y símbolos, en el menor espacio.

En las hornacinas laterales del hexágono que forma el templete se albergan dos Apóstoles, los cuales, hasta el número de doce, aparecerán en la cara opuesta.

Toda esta complicada imaginería aparece alojada bajo doselete gótico, viéndose las escenas separadas por decorativos angulares, colocados a manera de los arbotantes de nuestras góticas catedrales, que dan cierta delicadeza al conjunto.

En el envés de la cruz aparece la imagen de la Virgen, centrando aquella.

En los laterales del travesaño, a la altura de Nuestra Señora, aparecen las imágenes de San Juan y María Magdalena, en bulto redondo, sobre cuadrifolios.

En lo alto del vertical de la cruz, sobre otra plancha cuadrifoliada, aparece un hermoso pelícano con sus tres crías, encima de un nido caprichosamente tejido con filamento de plata. Simbólico tema, que acrecienta nuestra admiración por la contagiosa simpatía que despierta esta graciosa figura.

Bajo la imagen de María, sobre otra plancha similar a las anteriores aparecen la figura del arcángel San Miguel como jefe de la milicia celestial, cuyo motivo, al igual que los oreos tres citados, remata en una gran macolla.

Igual que en la cara anterior, en el basamento vuelven a aparecer los apóstoles alojados en sus capillitas, coronado esta parte de la rica obra. Mas abajo. Cobijado en caprichoso dosel, centra el templete el grupo del Descendimiento de la Cruz, en el que Jesús aparece sostenido en pie por la Virgen y San Juan, viéndose en el fondo la cruz de su martirio.

El gran artista, creador de esta magnífica joya, nos ha recordado en la agrupación de sus masas aquellos grupos de imaginería tallados por los Morlanes, Joly, Forment y Pedro Moreto, alojados en los altares de los templos catedralicios de las tres provincias aragonesas, los cuales eran concebidos al mismo tiempo en que Orona construía la singular cruz procesional de Valderrobres.

EL PUNZÓN DE ZARAGOZA, CON EL LEÓN.
Y LA FIRMA DEL ORIFICE QUE CONSTRUYÓ LA JOCALIA.

Difícil es hallar en joyas de esta especie la filiación de ellas y nombre de su artífice, porque hasta finales del siglo XV rara vez firmaban su obra los plateros. Pero ya entonces se notaba la necesidad de una garantía o fidelidad, exigidas en el servicio público, lo que, atendido por los Reyes Católicos, fue cuando dieron órdenes para que en las ordenanzas de los gremios se incluyera una por la que se decretaba que cada platero tuviera su punzón propio, con el que marcaría las piezas procedentes de su taller.

ORONA

Nada que pudiera identificar la joya aparecía en la cruz de Valderrobres; sin embargo, desmontada, de cinco a seis veces apareció el punzón de Zaragoza que, con una sola vez, hubiera quedado cumplida la ordinación real.

También en nuestro reino los plateros de Teruel, bien marcaban las tres primeras letras, bien las seis del nombre completo; TER o TERUEL y, debajo, su inconfundible torico, con el truco pendiente de su cuello.

Los de Huesca firmaban OSCA, con la imagen del guerrero victorioso sobre su caballo. Los de Zaragoza insculpían; CES, del latino Cesaraugusta, y a continuación del anagrama iba el león de Zaragoza acompañado al CES, solo una vez aparece el nombre del orfebre en nuestra cruz. Para verlo hizo falta desmontar la joya, y en ella apareció trazada con recato la firma y, cubriéndola, aparecía la imagen de San Miguel, de tal manera que, sin desmontar la pieza para hacer su restauración, no hubiéramos podido observarla. Allí, con toda la claridad, aparece el apellido ORONA; solamente las cinco letras, y no más.

Pero ¿Quién era Orona? Puestos a averiguarlo, poca cosa se halla sobre este artista que, avecindado en Zaragoza, trabajaba en el siglo XVI. Su nombre era Juan.

La primera noticia sobre el apellido la hallamos sobre un platero de Barcelona, llamado Marcos, que en junio de 1560 el orífice de la cruz de Valderrobres es un Juan de Orona, del que nos da noticia el conde de la Vizaña, nuestro paisano, en sus << Adiciones al Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes >>, de Ceán Bermúdez. El dice que fue el platero Juan de Orona, y no el pintor Jerónimo Cosida, quien dio los dibujos para hacer la cabeza del busto de San Hermenegildo, mandado hacer por el arzobispo don Hernando para la catedral de la Seo, que el mismo Orona repujó y talló en plata, el año 1562.

Parecidas cosas sobre el San Hermenegildo vienen a decir los hermanos Anselmo y Pedro Gascón de Gotor, pero dando como proyectista de la obra a Cosida y la realización de la obra de Orona: << Jerónimo Cosida, el mismo quizá que dio el apunte para el busto de San Hermenegildo, que también se conserva en este templo, obra ejecutada en 1562 por Juan de Orona, a expensas del magnánimo arzobispo don Fernando de Aragón >> (16)

El mismo conde de la Viñaza nos habla de Juan de Orona, platero de Zaragoza que en 1578 recompuso y perfeccionó la cruz procesional gótica de la parroquia de Santa Magdalena de Zaragoza, lo cual, en 1480, había compuesto platero Pedro Durans, pero que a fines del mismo siglo XV había quedado deshecha esta preciosa obra.

De nuevo hallamos el nombre del <<platero Juan de Orona, avecindado en Zaragoza>> en un contrato profesional, por el que se obligaba a confeccionar una custodia de plata para la iglesia parroquial de Cenarbe, villa de las montañas de Jaca, en el Reino de Aragón.

En el protocolo se acordaba que Juan de Orona <<ha de hacer una custodia de plata para la iglesia de San Pedro de Cenarbe, hecha y acabada y Puesta en perfictión, de peso de cuarenta y cinco escudos de oro, poco mas o menos>>, firmándose el acuerdo en 29 de diciembre de 1583, en Zaragoza.


(16) Zaragoza Monumental, Artística e Histórica, Zaragoza, 1890, t. II. Pág 212
(17). Es éste el último documento que sobre Juan de Orona hemos encontrado.


DESPUÉS DE LA GUERRA, APARECE LA CRUZ EN ZARAGOZA.
RESTAURACIÓN Y TRASLADO DE LA JOYA A VALDERROBRES

Nadie supo como había desaparecido nuestra cruz de Valderrobres, pero después de terminada la guerra, un día apareció en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, acompañada de buen número de joyas litúrgicas procedentes de muy distintos pueblos de la región aragonesa.

Un día, no recuerdo que orador -pudo ser don José Galiay-, nos habló de aquel tesoro allí depositado por los señores de la Junta de Recuperación, cuyas piezas aparecían depositadas y expuestas al público en grandes vitrinas de cristal, para que todo el mundo pudiera contemplarlas y denunciar su origen; después devolverlas a su procedencia. Así se hizo con algunas de aquellas joyas, enviándose las restantes al palacio arzobispal, quedando en el Museo solamente una cruz de plata de gran tamaño, la cual, dentro de un arca de madera aún permanece, esperando que alguien (será ya raro) la reconozca.

La cruz de Valderrobres en el palacio de la plaza de la Seo se guardaba, hasta que un día el canónigo señor Gil Ulecia la identificó, valiéndose de una fototipia de Hauser y Menet, del libro << Exposición retrospectiva de Arte >>, de la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908, escrito por el malogrado profesor francés Emile Bertaux. Compradas fototipia y joya, identificada quedó ésta.

Un día fuimos a Valderrobres entrevistándonos con el párroco don Leandro Lop, quien nos encomendó hacer algunas gestiones en Zaragoza, que cumplidas quedaron. Después, personado dicho señor en nuestra ciudad, en compañía del alcalde de aquella villa, don Enrique Micolau, los tres nos dirigimos a palacio, donde después de firmar una época por la comisión, el señor del Valle nos hizo entrega de la cruz, en nombre del señor Arzobispo.

A continuación, fue llevada dicha pieza al taller del restaurador joyero Waldesco Balaguer, artista de tradición aragonesa, quien ante la pieza hizo las advertencias necesarias sobre su posible restauración y modo de completar sus pérdidas que no eran pocas.

La cruz fue desmontada y, visto el número de defectos que habían aparecido, el orífice se dedicó a fundir y repujar toda pieza necesaria, para ensartarla como se debía en el conjunto.

Fue entonces cuando, aprovechando que el despiece estaba sin ensamblar nos valimos para estudiar la cruz en su detalle.

Completada y repasada toda la obra, el artífice se dedicó a montar el conjunto de la rica presea, tal como hoy puede apreciarse, llegando de nuevo a tener un peso neto de plata trabajada igual a 7.850 kilogramos.

Como debió tener cuando salió de las manos del platero Juan de Orona, en el siglo XVI.

Preparada la obra, día grande ha sido para Valderrobres el de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto, en que ha vuelto a su tradicional alojamiento de la Iglesia de Santa María la Mayor.

ARQUITECTURA CIVIL DE VALDERROBRES:
LA PLAZA MAYOR Y LA CASA DE LA VILLA.

Muchos de los grandes casones levantados en este pueblo han desaparecido. Sin movernos de su Plaza Mayor, apreciamos la transformación que ha sufrido una gran casa que antes se abría frente a la salida de la puerta de San Roque y de la fonda donde me hospedo. En la pared de dicho casón ha quedado prendido un pequeño escudo francés, de piedra, en cuyo campo aparecen dos osos en actitud de luchar uno contra otro, yendo el escudo surmontado por yelmo y lambrequines. ¿Son armas de los Bielsa?

Otra casa noble de esta plaza es la que aún llaman de los Pereret, cuyos amplios balcones son sostenidos por salientes zapatas de piedra, de línea escalonada. En este clásico edificio aparecen ocultas dos de dichas zapatas, de donde salen hacia el exterior dos miradores de cristales que descomponen la armonía de la fachada. En un sobrebalcón de la planta noble aparece un escudo de armas, flanqueando por dos lobos tenantes, cuyo acentuado sexuado pronto distingue el macho de la hembra. En el campo del escudo aparece una mano extendida, que puede ser armas de los Guilleuma o Manero.

Otra magnífica casa señorial parece frontera a la del Consejo, separada de esta por estrecha calle que viene del puente de San Roque, casa donde he recibido posada, las veces que en Valderrobres moré. Ella tuvo quizá su piedra armera, hoy desaparecida, si no es que se encuentra tras el rótulo de la industria que en ella se alberga. Esta casa ha sido muy desvirtuada por los hombres y el tiempo. Tenía tres plantas, terminando en amplia terraza. Cerrada por un poyal de góticos remates. En el cantón aún se yergue cuadrilátero torreón que acaba en cuatro remates angulares.

En esta plaza Mayor se levanta la casa del Concejo de la Villa, comenzada a construir en el último cuarto del siglo XVI, y terminada en 1599, fecha que aparece en los dos escudos heráldicos: sobre la puerta de entrada, bajo los porches, y en el que aparece tallado sobre la piedra angular, a la altura de la primera planta, donde se ven dos míticos grifos tenantes, macho y hembra, de perfil, sosteniendo el escudo de la villa: un corpulento roble.

Todo el edificio es de piedra de sillería, constando de tres plantas: la primera destinada a calabozos y viviendas de alguaciles; la segunda a oficinas municipales, y la tercera a solanar, en el que termina la construcción, amparada por magnífico alero de manera tallada.

Los balcones de la planta principal aparecen enmarcado r por sencillas pilastras que sostienen frontones triangulares; hermosos salientes de hierro forjado, protegidos por repisas, en voluta del mismo metal, tan características de los talleres de forja aragonesa.

El cuerpo mas alto del edificio forma una << loggia >> o solanar, que protege el atrevido alero. Magnífico conjunto arquitectónico del renacimiento aragonés, que en 1929 mereció ser reproducido en el Pueblo Español de la Exposición Internacional de Barcelona.

CASA SOLARIEGA DE LOS MOLES

Familia de reconocida limpieza de sangre, desde antiguo, y de raigambre en Aragón, como ya dijimos. Por eso, alguna vez se oyó decir: << Si no fueran los Moleses, no habría aragoneses >>, de cuya estirpe hablamos, al hacerlo de la cruz de Valderrobres.

La casa solariega de aquellos aún se mantiene en pie, situada en la antigua << carré Pla >> o calle Llana, que hoy se conoce por Mayor, llevando el número 5, en la misma acera y muy próxima a la Casa Consistorial.

Tiene ancha fachada, con dos puertas de medio puntos; una de ellas, principal, aunque en la casa se hicieron importantes reformas, de su primitiva distribución quedan muchos restos, que denuncian una construcción de finales del estilo gótico. Sus ventanas son rectangulares.
Tiene planta subterránea comunicada con el río Matarraña; planta entresuelo para caballerizas, cocheras y almacenes; planta noble con atrevidos balcones y ventanas y, por último, el ático a manera de solanar aragonés, todo el recorrido por arquería de medio punto, protegida por saliente alero de maderamen.

Sobre la puerta principal, aún campea el escudo heráldico de los Moles, ya de época de Felipe III; escudo partido. En el campo superior, tres muelas rematadas por cruces latinas; en el inferior, cinco rombos, yendo sobre el escudo un yelmo alado, apareciendo todo rodeado por los lambrequines. En el pie aparecen las letras MO-LES, quedando el apellido por mitad, a izquierda y derecha del escudo.

Aquella debió ser una espléndida mansión que, amueblada, como sus moradores requerían, debió ser la envidia de la comarca.

LA MEDIEVAL PUERTA DE SAN ROQUE

Cruzando el hermoso puente de piedra, cuyo tajamar cae a nuestra derecha, se llega frente a la Puerta de San Roque, también llamada de los Leones, por la que se entra a la villa.

La puerta, toda ella construida con sillarejo de piedra tallada, está flanqueada por la casa del Consistorio, y al otro lado por una antigua casa medieval con ínfulas de recinto fortificado, que en la parte del río ha perdido casi todo su carácter, aunque su fachada que da a la plaza Mayor conservé muco de su primitivo carácter, sobre todo en su cuerpo terminal.

La Puerta de San Roque, en sí, presenta la forma de una torre del homenaje con sus defensas, terminando en una terraza almenada, de la que en su parte anterior falta una torrecilla. En lo alto aparece una barbacana, sosteniendo su antepecho tres sólidos modillones.

El arco de entrada lo componen una serie de albanegas en despiezo radial, descansando en los almohadones que forman el pie. Sobre la clave del arco se abrió en otro tiempo una hornacina, que cobija la imagen de piedra del santo titular.

Sobre pétreos pedestales de 1.70 metros de altura, pegados a las jambas de la puerta, parecen dos hermosos leones coronados mostrando las armas de Valderrobres encerradas en un escudo. Son estos, los leones que bajaron hace muchos años de una de las salas del castillo, a la que daban nombre, como ya se ha dicho.

Las dos figuras del rey de la selva debieron ser hermosas esculturas, pero hoy se ven maltratadas por el tiempo y los elementos, viéndose una de ellas decapitada, y su hermana con alguna mutilación, pero, a juzgar por los restos de su talla, hermosos debieron ser estos hermanos leones.

EL <<PARRIZAL>> DE BECEITE Y LA <<CAPRA HISPANICA>>
DE LOS <<PUERTOS>> Y EL MATARRAÑA.

El llamado <<Parrizal>> es una región natural, abierta en ambas orillas del Matarraña, que debe su nombre a que antiguamente se criaban en ella buen número de <<parrizas>> o parras silvestres, que en latín llamaban <<labruscas>>, las cuales han desaparecido, ocupando aquellas zonas de vegetación los macizos de boj, encinas y acebos, pino silvestre, carrasco y laricio, apareciendo la solera cubierta de gayuba y plantas rastreras, con abundancia de hiedras y gramíneas.

Zona muy accidentada del río Matarraña, viene desde la parte alta de la cuenca, ornada de riscos y grandes peñascos que otrora se vieron envueltos en el paso de las aguas, cuando el río era mas caudaloso. Después de pasar aquella región de la cuenca, se llega a una parte del cauce que recibe el nombre de << Las Gumias>> por los accidentes que en ella parecen afectando formas de pilas, seguramente mas afiladas en épocas anteriores a la nuestra. Las cuales el tiempo y los fenómenos atmosféricos han logrado redondear y matar sus artistas, como puede verse en el paraje de la <<badina Negra>> del Parrizal, en su parte alta.

El cauce del río llega a ser estrecho; otras veces, mas ancho, se abre en amplitud desmesurada, para cerrarse a continuación en encañonamientos que estrechan gruesos murallones naturales, como en el famoso <<Estrecho del Parrizal>> hasta pasar por el <<Mas de Lluvia>>, siguiendo el cauce su destino hasta cerca de la villa de Beceite y, en su salida, rodear el pueblo lamiendo en la llanura sus pies, paseándose a continuación hasta más alta de Valderrobres al recibir el Tastavins.

Entre aquella accidentación temibles son las tormentas que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen continuo deslave de tierras, a lo que ayuda también el fuerte viento <<mestral>>, corrupción del francés <<mistral>>, tan parecidos al <<cierzo aragonés>>.

De la antiquísima presencia de la <<capra pirenaica hispana>> entre algunos cérvidos de esta región, aún se hallan huellas vivas con la presencia de alguno de aquellos animales, sobre todo la cabra salvaje, aunque los ciervos desaparecieron de estas tierras no hace muchos años.

En cuanto a las huellas antiguas, se hallan algunas prehistóricas en las que se pueden contemplar curiosas composiciones de carácter rupestre, que pueden admirarse en las estaciones paleolíticas que aparecen cerca de Cretas, en la provincia de Teruel, a diez kilómetros de Valderrobres, como es en la <<Roca dels Moros>>, del barranco de Calapta, y en el barranco de <<Els Gascons>>, también cerca de Cretas.

Desde el Matarraña al este, prolongándose hasta bien entrada la provincia de Tarragona, se extienden los puertos de Beceite, en los que a menudo sopla el <<mestral>>, fresco y seco, extendiéndose las accidentadas tierras de norte a sur, desde Lledó y Arens de Lledó hasta el puerto de Benifazá, a través de los ríos de Algás y Matarraña, pero a derecha de éstos.

No es mucha la proliferación de la <<capra hispánica>> en los puertos de Beceite, máxima atendiendo a los fenómenos patológicos que sobre aquellos se ceban, siendo otro de ellos la aparición del águila cabritera o blanca, cuya envergadura pasa de los 2.50 metros, con un peso considerable que aumenta la potencia de este robador de cabritos, tanto de los domésticos como de los monteses, robos para los que siempre expectantes están, pero que a veces impiden las bravas cabras madres.

MAS ENEMIGOS DE LA <<CAPRA HISPANICA>>
SU CRIA Y REPRODUCCIÓN

Entre los predatores de cabritos salvajes hemos de citar también el búho <<Gran Duque>>, el cual conoce muy bien estas tierras que continuamente reconoce para sus rapacidades. Otro enemigo de las crías es el gato montés, Que quizá no sea tan perjudicial por hacer vida nocturna, pues cuando el merodea por el campo las crías están en el reposo. Gran enemigo de los cabritos es el zorro, que espera al acecho durante la ausencia o lejanía de la madre, la que, de percibirse, ataca con denuedo al ladrón, hasta hacerle soltar su presa, alguna vez. Mas, pese a todo esto, el peor enemigo de la cabra salvaje de los puertos de Beceite es el hombre, bajo la circunstancia, en ocasiones permanente, de bandolero cazador furtivo. Este es quien persigue igual a machos que a hembras, sin respetar su edad. Ocasión hubo de estar el cazador furtivo esperando el parto de la madre, pero el proyecto de captura en eso se quedó, al frustrarse por la veloz ligereza de la cría recién parida, que no dio resquicio a respirar a su posible predator. Por el contrario, conocí a una guarda que, en los alrededores del pantano de Pena, tuvo que lanzar proyectiles de tierra aglomerada contra el ganado salvaje, para espantarle; tan cerca de él habían llegado los cabritos, quizá confiados de que hace mucho tiempo (salvo algunos casos) que sobre ellos no se hacía fuego.

A pesar de todo, cada vez son mas solicitados los taxidermistas para hacer disecaciones de trofeos, siempre de tan decorativa cornamenta, que los ufanos corsarios suelen colocar en las habitaciones mas concurridas de su casa, como hemos podido ver en algunas de esta cinegética comarca.

De las observaciones de guardas y pacíficos masoveros un escritor dijo que: <<Las horas mejores para la observación son las del amanecer y las del anochecer>> (18), añadiendo que la época mejor es la del cebo, cuando se hallan agrupados en grandes rebaños que a veces rebasan la docena de cabezas. Entonces, al separarse después del cruce, son fáciles de conocer por los guardas, hasta en sexo y número.

En el <<Parrizal de Beceite>> se han visto grupos hasta de mas de veinte ejemplares, que bajaban hasta el poblado en busca de alimentos por los viñedos, llegando a veces hasta mezclarse con cabras domésticas y cruzarse con ellas, naciendo después crías de acentuado carácter montés, sobre todo entre los ganados que no encierran en apriscaderos.

EL PANTANO DE PENA Y LA FAUNA QUE LO PUEBLA.

Saliendo de Valderrobres camino del embalse, apenas queda atrás la villa, es necesario tomar un desvío que, a seis kilómetros, nos dejará frente al pantano. Es éste muy hermoso y regular en su contorno, capaz de almacenar cerca de veinte millones de metros cúbicos que le aportan los riachuelos: Pena, Formenta y Manzanera, además de otras aportaciones que le tributan algunos barrancos. Con sus aguas se riegan tierras hasta llegar a las inmediaciones de Fayón.

Día de lluvia fue el que elegimos para visitar el embalse. Llegados a casa del guarda Ramón, para disfrutar de hermosa vista nos situamos frente a la umbría de Mas de Ferrás. Era el mes de marzo y aún las alturas de la <<Picotsa>>, atrevida colina que cierra por una parte el pantano, aparecían Nevadas. Eso que habíamos ya entrado en la primavera; pero ya en Valderrobres, la noche anterior, nos había dejado blancos. Sin embargo, a Pena nos dirigimos.


(18) GALINDO CABEZO, F,: Reve. << Teruel>>, nº 33 Año 1965


En las aguas del hermoso y tranquilo pantano campaban el barbo, madrilla, tenca, carpa, etc., animales que van desapareciendo de nuestras aguas dulces, consumidos por las especies americanas de perca y lucio, como está ocurriendo en la famosa <<Estanca>> de Alcañiz, donde es ya imposible ver su sabrosa anguila, tan cantada en los viejos tratados de pesca, por aquello y por haber quedado cortado el zafariche por donde las anguilas entraban a la <<Estanca>>.

A la tarde, después de cesar la lluvia, bajo las alturas de la <<Picotsa>> apareció la <<boira>>

Atraídos por el agua limpia y clara del pantano, además de la extensa capa de vegetación de los alrededores del embalse, viven la marta, de piel tan delicada y valiosa; el gato montés, la agilísima gineta, el tejón, la libre, conejo y perdiz.

Por la << Mola de la Tosca>> se vienen a refugiar los jabalíes; Ramón lo save y los ve, así como por todos aquellos parajes ve caminar saltando y juntarse las cabras salvajes, en alegres ayuntamientos de sus días de celo. Ramón, el guarda, conoce las partidas y el número de cabezas en cada una de ellas.

Muy variadas aves suelen verse volando sobre y alrededor de las aguas del embalse; entre ellas la garza marina, que aquí llaman <<garrapescaire>> una esbelta zancuda. También se ven patos de los llamados <<cuello verde>>, así como gaviotas y otras aves acuáticas del orden de las zancudas y aves e ribera.

Magnífico porvenir espera a este bello lugar. El año pasado quedó aprobado por la Dirección General de Obras públicas el proyecto de aprovechamiento de las aguas de la cabecera del río Matarraña y del Pena. Las obras correrán a cargo del Estado. En ellas se construirá un azud, que derivará las aguas del Matarraña hasta el embalse de Pena, a través de un canal en gorma de túnel todo él, de cinco kilómetros y medio de longitud.

Su finalidad es mejorar el riego de 1.700 hectáreas de tierra de labor, distribuida entre Valderrobres, La Fresneda, Torre del Compte, Valdetormo, Calaceite y Mazaleón, en la provincia del Teruel, Maella, Fabra, Nonaspe y Fayón, en la de Zaragoza. Aquel día será éste uno de los mas bellos lugares de turismo y distracción de la tierra bajo- aragonesa.

EL CANTO REGIONAL EN LA COMARCA:
EL BOLERO DE VALDERROBRES.

Noche fría de marzo era, después de haber caído intensa nevada sobre la villa. Por la calle Llana iba después de cenar cuando oí sonar de <<pulgaretas>>. Donde creí oír el ruido subí escaleras arriba, entrando en una gran sala cuadrilátera donde se hallaban algunos jóvenes, chicos y chicas, tañendo las castañuelas o palillos. Sus movimientos eran muy lentos, pues estaban ensayando unos aires de jota que me cautivaban.

Hablé con ellos, y ante mi requerimiento comenzaron a moverse en busca de los intérpretes que allí faltaban. Gran contrariedad fue no poder dar con el cantador Rafael Millán, de fina voz de tenor, pero al poco rato acudieron guitarristas y bandurristas con parejas de jóvenes intérpretes, que pronto comenzaron a moverse al sonar de las <<Pulgaretas>> acompañando los compases del bolero de Valderrobres que, en otro tiempo, en esta tierra era costumbre bailar.

Las parejas comenzaron la danza con un suave punteado, cambiando su posición de línea recta para pasar al tresbolillo, saliendo formando líneas paralelas. Con las manos atrás hacían un vistoso trenzado de pies, volviendo a separarse de nuevo a juntarse con la mano derecha unida en lo alto, para terminar la hermosa danza, juntos, en un final de jota bailada al estilo del Bajo Aragón, en que dando cuartos de vuelta se cogen las manos, y juntan y separan.

Durante la interpretación del bolero el contador iba marcando el ritmo, desgranando estrofas con aire de una jota recortada, a manera de la <<zaragozana>>

Seis veros de arte menor el bolero, para seguir con cuatro pentasílabos a manera de seguidilla, mas cuatro veros de pie quebrado, para terminar en un aire de jota cantado en octosílabos.

La letra y la coreografía del bolero de Valderrobres se perdieron al abandonar la costumbre de interpretarlo, pero hace muchos años, cuando aún vivía la <<tía Cotorra>>, con su aportación aún llegó a reverdecer aquel conjunto de danzas y tonadas, enseñando a trenzarlo a los jóvenes de su época y, siendo ya vieja, no puedo recordar con perfección la letra de la composición. Esta me fue dada, pero hallando algún defecto arreglé dos o tres palabras disonantes, que aquí doy tal como ha quedado el grupo de tres estrofas:

Si bailas el bolero,
Ve con cuidado,
Que al dar la vuelta
Puedes caer
Y oírse el ruido
Desde Teruel
¡viva la jota!
¡viva Aragón!
¡viva mi pueblo
¡Que es lo mejor!
Mañica es bajoaragonés
Tierra de amantes dignos de Teruel.
Que viva siempre
Mi gran bolero bajoaragonés.
Bolero de Valderrobres
Honras Aragón y España
Con tu aire tierrabajino
Y garbo del Matarraña-

Este final se canta a manera de estribillo.

Después cantaron y bailaron la jota de Teruel, lanzando al aire hermosas tonadas. Jota trenzada de punteras y tacones, para después cantar una bella copla que los naturales suelen interpretar en agosto, cuando están en las faenas de trilla:

Las barandillas del puente
Se menean cuando paso.
A ti solica te quiero:
De las demás no hago caso.

Recua canta en que se afirma la fidelidad el amor campesino, que mereció ser recogida por nuestro músico don Miguel Arnaudas, en su <<Cancionero de la provincia de Teruel>>

Después de lo expresado, poco o nada me queda ya que decir, si no es un deseo de cantar los ricos vinos de la comarca, que en nuestros días, por fortuna, ya se envasan con pulcritud y hasta elegancia, sirviéndose en las mesas de nuestros hoteles y paradores de Turismo, como he podido prácticamente observar y consumir que <<donde haya vino de Valderrobres...>> y Dios me perdoné por lo devoto que de aquel caldo soy.

Casi otro tanto podría decir de sus aceitunas negras, tan ricas, que son el complemento de una mediana comida y el suplemento de un buen yantar.
No tienen rival las de esta tierra.
Muy ricas son también las golosinas que con distintos nombres conocen por esta tierra, en las que, a veces, al componer, usan las sabrosas almendras que aquí producen, resultando de aquellas mezclas los <<almendrados>>, <<casquetas>> y <<mostachones>>, tan gratos de digerir, sobre todo al postre de las comidas, cuando se consumen con aquel vino de la tierra que, siendo viejo, comienza a ser famoso.

Recuerdos, quedan muchos en la mente de este humilde cronista, que tan felices días pasó entre las sencillas y nobles gentes de esta tierra; días que siempre con gusto recordará.

DE ZARAGOZA A PLAYAS DEL MEDITERRANEO, POR VALDERROBRES ZARAGOZA

RUTA

De Zaragoza a las playas de Vinaroz, Benicarló, Peñiscola, etc., se vienen realizando por dos rutas distintas. Pasados 14 kms de Alcañiz, o por Gandesa o por Morella. Pues bien, la que hemos señalizado en este mapa es por VALDERROBRES.

De Zaragoza a Valderrobres (por Alcañiz) ... ... ... 137 kms

De Valderrobres a Peñiscola (por Tortosa) ... ... ... 105 kms

Totalizan 242 kms.

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MORA DE RUBIELOS
LA RUTA DE LA NIEVE

La zona del Maestrazgo es pródiga en parajes pintorescos y pueblos de rancia historia, diseminados entre densos pinares y abruptas barrancadas. Los hay situados en suaves laderas y en altivas cimas. En cada recodo del camino esperamos hallar un nuevo programa, una grata sorpresa para deleite del espíritu, ávido de emociones plácidos.

Entre estos pueblos de acusada fisonomía, destaca Mora de Rubielos, por su alcurnia y abolengo.

Se halla situado a 42 kilómetros de la capital (Teruel) y a 1.035 metros de altitud. El número actual de habitantes de esta villa es de 2.400 aproximadamente. A finales del siglo XVI tenía unos 150 vecinos, que fueron aumentando hasta 700 a finales del XVIII.

Hoy, esta importante villa va adquiriendo un sereno afianzamiento bajo la importancia del turismo de verano y de invierno. Recientemente se inauguró el amplio hotel <<Mora de Aragón>>, en las inmediaciones de la villa, en el declive de un montículo poblado de pinos. Dentro del pueblo hay también otras fondas y restaurantes para atender, cumplidamente, las crecientes necesidades turísticas.

Además de esto, la industria se ve afianzando con sus dos industrias de la madera y la nueva fábrica <<Mora Industrial>> de confecciones.

Esta es, actualmente, la villa de Mora, que tiene las siguientes vías de acceso; por la Tierra Baja y en las inmediaciones del pueblo de Gargallo, un desvío de la carretera general nos lleva a Aliaga, y desde allí, por Camarillas y Alcalá de Mora. Desde Castellón, siguiendo la carretera que pasa por Cortes de Arenoso y Rubielos, se llega a nuestra villa. Otra ruta mas corriente es la carretera de Valencia a Teruel, por un desvío que hay cerca de la estación de Mora. Y, finalmente, por la misma carretera en el recorrido de Teruel a Valencia, pasada la Puebla de Valverde, se toma otro desvío que nos llevará a

LA VILLA DE MORA.

Dejamos atrás una serie pintoresca de modernos chalets, entre pinos y accidentes del terreno.

La pequeña ermita de la Virgen de la Soledad, con atrio porticado, nos da la bienvenida. Desde el contemplamos el caserío que se extiende adaptándose al accidentado terreno y dominado todo él por la robusta silueta pétrea del castillo.

Al fondo, cerros y montes. Y allá lejos, como colgada del cielo, la crestería de los altos de San Rafael, sierra de Gudar altiva y bravía, con bellos matices de azul y violeta, que provocan la lejanía inalcanzable.

Es como un fondo velazqueño de retratos reales ecuestres.

Entrando en la villa atravesaremos un puente. Bajo é discurren breves, silenciosas, las aguas de un pequeño río, del río Mora, afluente del Mijares, que contornea el poblado regando sus pequeños hurtos, que tienden su alfombra esmeralda a los pies del caserío.

La rígida y voluminosa silueta del castillo nos atrae. La calle principal, calle de José Antonio y antigua de las Parras, conduce a la plaza de la iglesia. Antes encontramos, a la derecha, unos viejos soportales, vestigios de lo que debió ser toda la calle. Hoy, a su izquierda, se alzan los viejos caserones de Pilón y Marín.
La plaza de la iglesia es sencillamente encantadora. Toda ella en cuesta hacia el castillo, nos muestra, el fondo, la bella casa del cuarto, de piedra de sillería, con sus arcadas rebajadas bajo el saliente alero y su acrisolado sello renacentista. Junto a ella otra casona de viejos tiempos, hoy disfrazada estúpidamente su fachada y en la que queda, como un agudo grito de protesta, el antiguo portalón apuntado, vestigio del esplendor gótico de la villa.

En esta plaza, frente a la iglesia, otra fachada de sillería, sobria y sin personalidad, recuerda a los del lugar que fue una fachada gótica con ventanas de este estilo y con parteluz, igual que las de la iglesia. Eran como un espejo de aquellas. Desde sus ventanas predicó San Vicente Ferrer. Y en medio de la plaza una cantarina fuente, de cuatro caños, alegre y bulliciosa, ofrece reposo y espera. Su graciosa silueta produce un alocado contraste con la austeridad mística de

LA IGLESIA COLEGIAL.

Desde 1944 es Monumento Nacional.
¿Cómo fue esta iglesia? Habiendo reconquistada la villa en el año 1171, su primitiva iglesia sería de una sencilla estructura románica, como sucedió con las primitivas iglesias de Teruel. Habría al frente de ella un rector o plebano, según nombre que se daba en la época al sacerdote que se hallaba al frente de la parroquia. Y, como todos los demás, se sostendría con los diezmos de tierras y ganados de su término.

Pero surgieron los señores de Mora, pujantes y opulentos. El pueblo se había enriquecido y aumentado su población. Quizá esto y la misma Ambición familiar, hicieron pensar a don Juan Fernández de Heredia el aumentar el número de sacerdotes para su servicio religioso. Así se consiguió, por algunos años, que se estableciera una vicaria y seis raciones.

El segundo señor de Mora, de igual nombre que el primero, forjó la ilusión de convertir la iglesia en colegiata. Se tramitó la consiguiente solicitud al arzobispo de Zaragoza, entonces don Dalmau de Mur y éste, en 1454, concedió la erección de la colegiata bajo el título de Santa María, estableciendo que sus servicios religiosos serían atendidos por ocho canónigos. El Papa español Calixto III, amigo de los Heredia, confirmó la erección de la colegiata en 1458. Categoría que perdió en el concordato en 1851.

Con motivo de ser colegiata y siguiendo ese impulso de ostentación, de inmortalizar el apellido, se acometió la obra de la nueva iglesia. Este espléndido mecenazgo dio como resultado la maravillosa y monumental obra que hoy contemplados.

Se trata de una iglesia gótica del grupo aragonés, de una nave y capillas hornacinas entre los contrafuertes. Este grupo gótico aragonés se suele unir al mudéjar, con sucede en San Pedro de Teruel y en Santiago de Montalbán. Los Heredia, opulentos y señores, o influenciados por aires de fuera, optan por la costosa piedra que les permite realizar una obra audaz y grandiosa. Esta extraordinaria nave mide treinta y seis metros de longitud, veintiuno de altura y diecinueve de ancho, y he aquí la audacia de la obra, su anchura.

Es tres metros menor que la catedral de Gerona, siguiéndole en anchura. Esta catedral de Gerona está conceptuada como la mas ancha de España. Para sostener el brioso empuje de la bóveda de esta amplia nave de la colegias de Mora, recios contrafuertes la atenazan por sus costados, como pétreos dedos, entre los cuales se escapa el débil parpadeo de los óculos flamígeros.

La portada abocinada está compuesta de múltiples jambas escalonadas que rematan en arcos apuntados. Los capiteles tienen interesantes cabezas talladas. Las capillas están iluminadas por ventanas góticas con parteluz.

El fundador, don Juan Fernández de Heredia, está enterrado en la cripta, bajo el coro, en sepulcro con escultura yacente; allí reposa para la eternidad el gran mecenas que dio vida a esta ingente obra.

La reja del coro imita la rejería catalana en la catedral de Barcelona. ¿Por qué este Heredia no pensó en los famosos rejeros turolenses, los Cañamache, que por aquel entonces forjaron la mas bella reja gótica de España... para entonces colegiata de Teruel?

Esta maravillosa obra ha sido recientemente restaurada por la Dirección General de Bellas Artes, a falta de claustro, limpiándola de todos los revestimientos, pero las obras de arte desaparecieron en la pasada contienda.

Como obra de generaciones hay una pequeña variedad de estilo, la cual se acusa mas en el claustro y la torre, que son obras del siglo XVII.

Y ahí está la hermosa y espléndida colegiata, cerrando la bella y evocadora plaza, desde donde iniciamos el recorrido por las
CALLES DE LA TRADICIÓN

Descendiendo hacia la torre llegamos a una recoleta y sosegada plaza, como no, la plaza de las monjas.

Al fondo de ella una de las puertas de la villa marca la antigua ruta ¿de Teruel? A la izquierda un viejo caserón- convento, con una equilibrada y serena fachada, serenidad de almas en oración. A la derecha, la verticalidad aplastante de la torre de la iglesia, fría, seca, con afiladas aristas donde se cortan, con aullidos, los vientos gélidos.

Paseando lentamente con sosiego, con unción, recorremos la calle de las cuatro esquinas, con vetustas casas, destacando por su gracia y sabor la de Cortel de la Fuente del Olmo.

Si seguimos los porches de la calle de Primo de Rivera pasando por un viejo portalón, quizá parte de la primitiva muralla (antes del crecimiento de la villa), llegamos a la Plaza Mayor. el Ayuntamiento se alza sobre un porche con arcada, típica tradición turolense, pero obra de poca importancia. Y ¿Cómo nos acercarnos a contemplar el Portal de Alcalá o Portal del Olmo?

Este portal alza su estructura en la parte baja, casi en el barranco, y extiende sus brazos de muralla agarrándose al castillo y a los fuertes del Calvario, ansioso de su protección.

Esta es Mora. Y no de desnudeces y tules incitantes, de lejano recuerdo. Es Mora de Zarza, dulce y punzante, con fruto sabroso y espinas agazapadas.

Mora pintoresca bulliciosa, que guarda con orgullo en sus fiestas la típica tradición del toro de Fuego, atrayendo multitud de forasteros curiosos de ver y gozar el bello y audaz espectáculo nocturno, cuando la fiera embravecida recorre veloz las vetustas calles huyendo de su propio mal, figurando una estrella fugaz y ardiente en la inquieta oscuridad. Bella y legendaria estampa, reminiscencia del medioevo, cuando el toro de fuego fue utilizado como arma de guerra, incendiando y destruyendo cuanto hallaba a su paso.

Esta es Mora, la altiva y señorial, que vivía laboriosa y tranquila en su recinto amurallado bajo la protección vigilante de
EL CASTILLO

Hagamos un poco de historia sobre esta voluminosa obra, Monumento Nacional desde 1931, y de la villa aneja, que protege.

Los castillos fueron base y defensa de los poblados en aquellos tiempos heroicos. La misma suerte que corría el castillo la corría el pueblo, generalmente. Este es el caso de Mora, que con su castillo pasó de mano en mano, de señor en señor, por conquista, donación o venta. Como un objeto cualquiera. Era el signo de la época. Hasta que cayó, por fortuna, en manos de los Heredia, que le darían lustre y fama.

El hecho empezó así; las huestes cristianas al mando de Alfonso II, van conquistando tierras aragonesas, arrancándolas del poder de los moros, con tesón y bravura. En 1171 es conquista Teruel y el avance sigue en el mismo año hasta Mora, para hacerla frontera con los infieles.

En 1189, Pedro II donó el casillo de Mora a don Pedro Ladrón. Necesitaba asegurar su defensa y repoblación, bajo un patronazgo leal. La pequeña aldea va adquiriendo confianza y desarrollo, a la sombra protectora del castillo, posible reconstrucción de una fortaleza sarracena.

En 1204, los ejércitos de la cruz y la espada, levantan sus fronteras y las adelantan hasta Rubielos. Las lanzas cristianas van apuntando al corazón de Valencia.

Mora ya queda atrás, tranquila y sosegada, siguiendo los avatares de la comunidad de aldeas de Teruel. Sus gentes presienten ya la conquista de Valencia, que a su tiempo celebrarían con grandes fiestas, pues los << serranos >> tomaron parte activa y lúcida en la operación.

Pero a Mora aún le quedaban por pasar muchas inquietudes. Jaime I, en su testamento de 1272, hace donación de Jérica y su baronía, que incluía el castillo y la villa de Mora, a su hijo bastardo, habido con doña Teresa Gil de Vidaurre, y de igual nombre que él. El señor de Jérica casó con doña Alfa, hija de don Álvaro Pérez de Azagra, cuarto señor de Albarracín, el señorío independiente ubicado en los montes Universales.

Cuando la guerra de los reyes de Castilla y Aragón, Pedro I y Pedro IV, la baronía de Jérica y con ella Mora, la había heredado don Pedro, hermano de Jaime (II) de Jérica.

Y fue entonces cuando surgió la traición aragonesa en la persona de un descendiente de rey. En defecto, el señor de Mora se puso de parte del rey de Castilla y las tropas de éste ocuparon la villa y el castillo de Mora para mejor defenderlas. Habiéndola situado el conde de Prades, los sufridos habitantes de Mora organización su << quinta columna >> y abrieron las puertas al sitiador, con lo que pasó de nuevo a la corona de Aragón en 1364.

Parece ser que el señor de Jérica no hizo caso de ellos y vendió la villa de Moro y su castillo a don Hugo, vizconde de Cardona, en 1367 y éste, finalmente, volvió a venderla en el mismo año por 260.000 libras barcelonesas, a don Blasco Fernández de Heredia, señor de Foyos, quien se presionó de ellos en 1369. ¿Habían terminado con esto las transacciones de la paciente villa ¿ Si y no. Si en cuanto quedaba en manos de los definitivos dueños, que volcarían en ella todos sus afanes. No por cuanto que en 1370 hizo donación del castillo de Mora y villa de Valbona a su sobrino don Juan Fernández Heredia, llamado el Noble y el Póstumo, quien definitivamente daría comienzo al gran señorío de los Heredia.

Muchas aldeas de la provincia de Teruel fueron a engrosar, por herencia, el patrimonio de los Heredia.

En 1376 adquirieron, por 11.000 florines de oro de Aragón, Alcalá de la Selva, que durante dos siglos había pertenecido a los religiosos de la Gran Selva.

Afianzados los Heredia en el señorío de Mora, daría comienzo a su gran obra sobre la villa, en primer lugar, debió rehacerse el castillo, que sufriría en la guerra de los Pedros. Y dada la opulencia de los Heredia comenzaron una nueva obra de extraordinaria solidez, que garantizase plenamente

Su defensa. Asimismo, las dos torres que flanquean la puerta principal, tienen una base, según tragaluces que dan al sótano, de seis metros de espesor; toda una montaña de piedra.

La obra debió comenzarla, naturalmente, don Juan Fernández de Heredia llamado el Noble, hacia finales del siglo XIV.

Como ya hemos visto, allí estaría el castillo moro, que después restaurarían los cristianos. Castillos que usaron los señores de Jérica hasta defenderse en él los castellanos, cuando la guerra de Castilla y Aragón.

El castillo, a cuyos pies se extiende el pueblo, es de planta cuadrangular y todo él de piedra de sillería. Las paredes, los muros, tienen un impresionante espesor.

Como centro de esta planta cuadrilátera, hay un amplio patio de la misma forma, con arcadas apuntadas formando claustro. En dos de sus caras, contiguas éstas, hay un segundo cuerpo de galerías con arcadas de medio punto y fustes octogonales. Esta reforma debe corresponder a cuando don Jorge Fernández de Heredia fundó en él, convento de San Francisco, en el año 1614.

Las otras dos caras tienen, en el segundo cuerpo, ventanas góticas con parteluz, si bien algunas muy deformadas, y a las que la restauración va devolviendo su primitiva forma.

En torno a este hermoso pueblo, que tiene, naturalmente, su aljibe, giran las dependencias del castillo.

Bajo los grandes salones que se desarrollan en esta planta, hay dos pisos de sótanos con bóvedas de cañón corrido y en alguno de ellos el piso es de la misma roca. A estos sótanos se desciende por una amplia escalera de caracol, clásica escalera formada por largos peldaños de piedra, de una sola pieza, como es corriente.

Los grandes salones de la planta baja tienen techumbre de madera y en ellos ponen su gracia los amplios ventanales góticos con parteluz y los dos clásicos bancos de piedra a derecha e izquierda y, en este caso amplísimos, por el grosor del muro. Bellos rincones desde los que se contempla un bello panorama y que fueron deleite y ensueño de lindas damas angustiadas por la vuelta del ser querido, o alerta el oído, al meloso canto del juglar.

Pero todo esto ¡ay! Está cambiando, tan deteriorado por el tiempo y mas por los hombres, que ha sido precisamente la intervención de la Dirección General de Bellas Artes para volverlo a su primitivo estado.

Y no es extraña esta situación. La instalación del convento de franciscanos exigió muchas reformas. Una de ellas fue abandonar la iglesia primitiva e instalar otra en otro lugar, descarnado los muros. Luego se hundió la techumbre de la iglesia primera, quizá en el incendio que en 1700 destruyó gran parte del castillo y el importante y rico archivo.

Mas adelante fue cuartel de la Guardia civil. Nuevas e importantes reformas. Total, completamente desconocido.

Pero era demasiada mole de piedra para que se fuera abajo y la restauración llegó a tiempo.

En cada uno de sus cuatro ángulos, un torreón octogonal hace guardia permanente.

Tiene una salida normal, amable, hacia el pueblo, con el que tiene su contacto diario. Y en la parte opuesta, en oriente, la puerta principal.

Esta se abre en un amplio torreón cuadrado y flanqueada por dos de los cuatro torreones octogonales. Y a los pies de la puerta, el foso natural.

De las caras laterales del castillo partía la muralla como un fuerte cinturón apretando amorosamente al pueblo.

Y como punto de apoyo par ala defensa del castillo, al otro lado del barranco, en la cumbre del cerro del Calvario, aún quedan en pie esbeltos torreones, centinelas alertas sobre la amplia panorámica.

Esta hermosa obra, como ya hemos dicho, debió comenzarse a finales del siglo XIV y se debió terminar en el siglo XV.

Cuando esta obra se halle totalmente restaurada, será un bello ejemplar de castillo gótico, muy evocador y digno de ser visitado.

Será una verdadera joya para Mora, la de la excolegiata, que se halla tan cerca del castillo, que entre ambos casi no hay espacio para que pueda huir la carretera, que va hacia.

LA RUTA DE LA NIEVE

La carretera se empina hacia las altas cumbres. El paisaje se va haciendo tupido, hasta que el elemento primordial, el alma del paisaje, es el pino. El pino permanente, audaz. El pino con ramas como brazos de asunción. Entre sus troncos pardos se vislumbran profundidades estremecedoras y cumbres altivas; la esmeralda nos envuelve lujosamente. Llegamos al puerto de Alcalá (1.600 metros). Al fondo la vega, tras un descenso impresionante.

La ermita de la Virgen es de grandes proporciones y mal calculados sus contrarrestos. Hoy los pilares, a los que se pone ya tirantes de hierro, cabecean hacia el exterior bajo el peso de la bóveda. La obra fue levantada en 1715 por el maestro Juan Escuder, según diseño de un padre carmelita. En su interior se venera la Virgen del Espino (hoy la Virgen de la Vega), que fue una bella imagen románica, antes de ser restaurada.
Hay pinturas en el camarín, algo interesantes. Menos lo son las del crucero, realizadas a principios del siglo XIX.

En torno a esta ermita, levantada en una amplia vega rodeada de arriesgados montes cubiertos frondosos pinares, se ha desarrollado un amplio complejo turístico, con pintorescos chalets de variadas estructuras y cómodas fondas para refugio de los practicantes del deporte blanco. O de los no practicantes, que también son muchos los que van a ver y pasar los fines de semana entre esta alegre y bulliciosa multitud. Costosos complejos que tiene dos vertientes fructíferas; el invierno y el verano.

Caminamos hacia Alcalá, distante un kilómetro, por la vega pintoresca. Antes de llegar a él dejamos a la derecha el desvío que conduce allá lejos, a la Gascuña.

Pero sigamos hacia el poblado:
A poco se encuentra el humilladero, que se alza sobrio, acogedor, persuasivo. Es una obra renacentista de piedra de sillería, levantado en 1627 por Juan Palomar y de Torres, hijo del lugar, según señala una lápida en las pistas de nieve, que distan ocho kilómetros.

Alfonso II, preocupado por asegurar las conquistas, donó en 1174 el Castillo, décimas y patronato del pueblo, al monasterio de Selva Mayor.

Es de base cuadrada con cuatro arcos y cúpula, y cuatro hornacinas en el interior de cada ángulo. Lástima que permanezca vacío y que la cruz, ala que servía de dosel, haya desaparecido y no se haya puesto una imitación, al menos, que justifique el por que de esta obra.

Alcalá está ante nosotros. Sobre el poblado la silueta del castillo y como manto condal, colgado en el fondo, el monte sombrío.

Que poco podían hacer por el pueblo, solamente darle el apellido. Y así fue: Alcalá de la Selva.

Pero esto era insostenible, y como hemos vito, dos siglos después, en 1376, fue vendida al Señor de Mora, por once mil florines.

El castillo, de origen árabe, está totalmente ruinosos, situado en la cumbre del cerro, su silueta mutilada nos habla de olvidadas epopeyas.

En la parte alta del pueblo se halla la iglesia.

Es de estilo renacentista y fue inaugurada en 1614.

Su portada es fría, como los vientos de estas alturas y desarticulada con la superposición de varios órdenes. En ella está esculpido el escudo del señor de la Villa, el conde de Fuentes y marqués de Mora. Su interior está muy mixtificado con revocos.

Esta es Alcalá, con sus calles morunas, retorcidas y empinadas. Con sus entes sencillas, de alma serrana.

Alcalá con su Virgen de la Vega y sus complejos turísticos diseminados por sus contornos, es el último punto de apoyo para

EL DEPORTE BLANCO

Un grupo de pueblos tiene su esperanza puesta en el deporte blanco. Las esperanzas puestas en esa nieve, que años atrás, ponía espanto en el alma y los tenía aislados días y días, como en absurdos lazaretos, sin saber de nada ni de nadie, hasta que el tiempo mejoraba, la nieve iba desapareciendo y de nuevo se podía transitar por ellos.

Hoy todo ha cambiado. Las máquinas avientan la nieve de los caminos, cientos de coches se concentran en la inmensa sabana suavemente ondulada, como sostenida por los cuatro puntos cardinales.

Se ha levantado el ánimo de estos pueblos dormidos en el regazo de las altivas montañas.

La alegría juvenil de los deportistas, siembra de rosas la nieve. Y aquellos pueblos olvidados van recobrando su esperanza y su ilusión, al ritmo actual de la vida inquieta del deporte blanco.


Tal día como hoy 21 de octubre



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