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Lámina IX. Posada del Bocal. Canal Imperial de Aragón. Memoria histórica. Las láminas que se publican. Madrid junio de 1833. Aragón

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Lámina IX. Canal Imperial de Aragón. Posada del Bocal. Memoria histórica.

Lámina IX. Posada del Bocal. Canal Imperial de Aragón.

MEMORIA HISTÓRICA
Del Canal Imperial de Aragón
Noticia sobre las utilidades que produce,
y explicación de que contiene

Madrid : Junio, 1833

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Lámina XXVI

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Lámina XXVIII

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Lámina XXX

Lámina XXXI

Lámina XXXII

Lámina XXXIII

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Lámina XXXVII

Lámina XXXVIII

Lámina RAIMUNDUS PIGNATELLI



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Calaceite Refugio De Los Artistas

SU NOMBRE

Coromines, en la << Revue de Linquistique romane >> de Montpellier publicada en 1947, << Els noms dels municipis de la Catalunya aragonesa >>. En ese artículo aparece la etimología de Calaceit- sin la << e>> final, tal como lo escribe el afamado filólogo catalán-, Joan Coromines ve en el actual pueblo bajoaragonés, el << Qàla´Zeyd el paso a Calaceit es fácil y demuestra, además, que ha sido el nombre de extracción árabe que menos ha sufrido con el pasar del tiempo.
Madoz, viceversa, se inclina por una etimología mas vinculada con la tierra y sus frutos. Desde luego, él también considera a los árabes como los fundadores del pueblo turolense, pero entronca su linaje con el árbol del olivo – muy abundante en toda la comarca- en lugar de un cualquier jeque árabe. En efecto, Madoz traduce <<Qala-zeit>> por << castillo del olivo>>. Queda ahora por ver cuál de los dos ha acertado. Si el publicista navarrado del siglo pasado, que dio a luz el <<Diccionario geográfico, histórico y estadístico de España>>, obra muy consultada y estimada, o el filólogo catalán que dirigió y fundó la Sección de Toponimia y Onomástica del <<Institut d´Estudis Catalans >> entre los años 1933 y 1939. Desde luego a nosotros se nos antoja mas certera la tesis de Coromines, ya que son muchos los pueblos con origen árabe que deben su topónimo a algún señor o caudillos del lugar. Como muestra y sin alejarnos de la provincia, valga el ejemplo de Albarracín: fue en tiempos, el castillo o la ciudadela de los Ben Razín, poderosa familia árabe, que llegó a construir un verdadero reino de taifa.
Como tercero en discordia, el ilustre caleceitano Santiago Vidiella y Jasá en su <<Historia de Calaceite>> hace referencia al P. Fidel Fita que, en el Boletín de la Real Academia de la Historia, publicando en octubre de 1894, da cuenta del hallazgo de una lápida ibérica en el Mas de las Madalenes, cerca a la aledaña Cretas. En ella, según el erudito historiador, el nombre de Calusceldr bien podría corresponder al Calcet o Calacent de los primeros papiros, ya que son muchos los nombres iberos de localidades que empiezan con el prefijo cal. Si a esto añadimos que la lápida fue hallada en las proximidades de la línea divisoria del término municipal, puede parecer natural suponer que se tratara de un mojón indicativo de límite de jurisdicción

SU HISTORIA

Pero pocos adeptos ha encontrado esta hipótesis. Lo cierto es que Calaceite está vinculado, en sus albores, con la historia de los árabes en España. Con anterioridad a ese importante período de la historia de la patria, bien poco se sabe o se ha descubierto sobre la existencia de nuestro pueblo. Y ello, a pesar de la fíbula visigoda hallada en el poblado ibérico de Calaceite y conservada en el Museo Arqueológico de Barcelona, que bien poco significa de por si sola por eso de que <<una golondrina no hace primavera>>

Si la historia no comienza de forma fidedigna hasta la invasión árabe, la prehistoria de Calaceite es más rica en datos o, cuando menos en importantes hallazgos. Fuente inapreciable para establecer algunos hitos en la prehistoria calaceitana ha sido el poblado ibérico de San Antonio, situado a unos dos kilómetros del pueblo, camino de Cretas y sobre el cerro homónimo que hacia sureste se enfrenta el alcor que da asiento a Calaceite.

Las primeras excavaciones corrieron a cargo del célebre arqueólogo Juan Cabré, en 1902. a él se unieron luego Santiago Vidiella y Julián Ejerique, todos hijos de Calaceite, estos primero contactos con el mundo de los primitivos calaceitanos empujó al <<Institut d´Estudis Catalans>> a moverse, y así en 1915 el muy afanado arqueólogo barcelonés – fallecido el año pasado en México D. F-, don Pedro Bosch Gumpera, encabezó las excavaciones y les dio una estructura mas orgánica.

Según el ilustre arqueólogo los varios poblados ibéricos de la zona bajoaragonesa debieron existir entre los siglos IV y I antes de Cristo, y concretamente el de San Antonio lo fecha entre los siglos IV y III antes de Cristo, imputando su desaparición a un incendio tal como parecen atestiguarlo las huellas visibles en las paredes del recinto. Los trozos de cerámica hallados en el poblado de San Antonio, así como en los de Mazaleón y Cretas, demuestran que los primitivos iberos mantenían contactos comerciales con las colonias griegas de la costa, entre Tortosa y Sagunto. Entre todas las estaciones prehistóricas del término municipal de Calaceite- Tossal Redó Alto y Bajo, Les Ombries, El Villalonc, Les Ferreres-, la de San Antonio es la más importante de todo el Bajo Aragón.

MOMENTO NACIONAL

El poblado actualmente es meta de excursión obligada para el turista que recalca en el pueblo, ya que ha sido declarado Monumento Nacional. En las proximidades, además, está emplazada la ermita dedicada a San Cristóbal, desde donde se disfruta de una panorámica envidiable sobre toda la comarca circundante. Puede que, de no ser por los montes del vecino Parrizal de Beceite- parque natural y reserva ecológica muy importante-, en los días claros se podría ver el azul del Mediterráneo que, en línea recta, no está mas lejos de setenta kilómetros. Alrededor de la ermita tiene muy buenas posibilidades de crecer una urbanización a base de chalets. Por lo menos, alguien ha pensado ya en ello.

A la Edad de Piedra pertenecen las pinturas rupestres del abrigo de Val del Charco del Agua Amarga, cerca de Mazaleón, las del barranco de Cañapatá, en la línea divisoria entre Cretas y Calaceite, y las del Gascón y Vall Robira, dentro del término municipal de Calaceite. También han sido llamadas hachas pulimentadas, puntas de flecha, restos de rudimentarias cerámicas y otros utensilios que denotan una vida sedentaria en esas tierras. Efectivamente, fue precisamente en el Neolítico o Edad de piedra pulimentada, cuando el hombre primitivo aprendió a asentar sus reales, empujado por la necesidad de una vida que giraba ya alrededor de la agricultura. Con este tipo de vida surgen también nuevas exigencias en cuanto a disponer de otros elementos para hacer la vida mas cómoda: cerámica, enseres de uso doméstico.

Con la Edad de los Metales es cuando empieza a sonar el poblado ibérico de Calaceite. Los restos mas importantes hallados en él, como el thymaterion o caballo de bronce- un labrador que encontró la preciada estatuilla la vendió a un chamarilero por noventa insignificantes pesetas, y éste la vendió al Louvre, donde estuvo hasta que en 1941 regresó a España junto a la Dama de Elche, que también había conocido el camino del exilio- y la falcata o espada de Calaceite como también la denominan los entendidos, se fechan en la Edad del Hierro, que llega hasta las mismas puertas de la Historia, o sea, hasta 200 años antes del nacimiento de Cristo.

¿Pero quiénes fueron los primeros habitantes del poblado de San Antonio?, ¿Eran Edetanos o Ilercavones?

Don Santiago Viliella y Jasá en sus <<Recitaciones de la Historia Política y Eclesiástica de Calaceite>> - publicada en Alcañiz el año 1896 – afirma que Calaceite, y por ende el poblado ibérico, estaba situado en el límite más oriental de la Edetania, <<en el recodo que desde Castellote a Escatrón formaban sus fronteras, comprensivo en toda o gran parte de los modernos partidos judiciales de Valderrobres, Alcañiz y Caspe>>, allá donde el río Algás marcó la línea divisoria entre la Ilercavonia y la Edetania. <<Si Alcañiz y Mazaleón- observa agudamente el ilustrado abogado calaceitano – formaban entre las ciudades edetanas y Batea era ilercavónica, hay que buscar la divisoria muy cerca de nuestro pueblo>>.

Y es muy importante esta división territorial, ya que, milla mas o menos, se mantuvieron las fronteras íberas a lo largo de las distintas dominaciones siguientes y aún, cuando pudieron cambiar por exigencias políticas o militares, las razas ya se habían asentado y los núcleos habitados ya estaban formados. Así, el río Algás, desde aquel entonces, siempre ha marcado el límite entre Aragón y Cataluña. Y Tortosa, que detentó una especie de capitalidad sobre la comarca, la sigue manteniendo <<de facto>>.

El paso de griegos, fenicios y cartaginenses por las tierras del Bajo Aragón no encuentra eco en las crónicas pasadas. Fueron pueblos que se asentaron a orillas del mar que, muy de vez en cuando, se metieron tierra adentro y solo por motivos comerciales. Puede que los únicos que llegaron a pasar por San Antonio fueran los cartagineses, que no tuvieron nunca reparos en meterse por terrenos desconocidos y pocos amigos y que anduvieron arriba y abajo por la provincia, acaudillados por el terrible Aníbal, en su intento de aniquilar a la inmortal Sagunto, en el año 219 antes de Cristo.

Los romanos, en esta franja de España, anduvieron muy ocupados tratando de dominar a los rebeldes cartaginenses. De todas formas, nuestro pueblo formó parte de la España Citerior – posteriormente la Tarraconense – y dio, como toda la provincia, valientes caudillos íberos, que dieron mas de una preocupación a cónsules y pretores romanos. Como muestra Edescón, príncipe de los edetanos y contemporáneo de esos terribles Indíbil y Mandonio.

Durante la dominación romana se produce un hecho que ha de revolucionar el mundo. Nace en Belén el hijo de Dios. La religión cristiana, con sus mártires y sus apóstoles, se expande rápidamente por todo el mundo conocido con aquel entonces y conquista adeptos sin cesar. El apóstol Santiago estuvo predicando en Montalbán, a un centenar de kilómetros, y esa proximidad hizo que también llegará a nuestro pueblo la fe en Cristo.

Restos romanos en nuestras tierras bien pocos podemos reseñar, como no sean las murallas o restos de lienzos hallados en Azaila y en Calaceite. Pero indudablemente el mejor legado de Roma fue su dominación cultural, que dejó a la provincia una división administrativa y su derecho.

Volviendo a nuestra fuente, transcribimos lo que don Santiago Vidiella opina sobre la dominación visigoda en Calaceite <<Desde que en el siglo V el septentrión envía al mediodía el nublado de sus temibles hijos encargados de purificar el caduco mundo romano, hasta el siglo VIII en que el mediodía lanza sobre España los fanatizados hijos del desierto para reanimar la decadente civilización hispano- goda presa de imponderables enervamientos, pasa el período gótico completamente estéril para nosotros>>. Y hay más. Don Jaime Caruana de Barreda, cronista de Teruel escribe; <<La historia de la dominación visigoda en la Tierra Baja puede resumirse brevemente: no existe>>.

Es por ello, que al comienzo afirmábamos que la fíbula o imperdible visigodo hallado en Calaceite no podía ser prueba del asentamiento de un pueblo entero en esas tierras.

Pero volvamos a nuestros fundadores, los árabes.

Si en el año 711 lo sarracenos desembarcan en Gibraltar derrotando a Rodrigo, el último rey godo, todo parece indicar que en poco tiempo los musulmanes alcanzarían nuestro pueblo, ya que el Levante y las tierras del bajo Ebro habían alcanzado un nivel agrícola que las hacía particularmente apetecibles, especialmente para esos hombres sedientos de tierras fértiles. En efecto, Tarik desde Gibraltar llega a Zaragoza en el año 712 – un año escaso desde el desembarque-, y siguiendo la orilla del Ebro se encamina hacia la opulenta Tortosa para luego ir a la conquista de Valencia y su feraz huerta.

Si la conquista fue rápida, mucho mas lenta y llena de dificultades fue la reconquista que, además, tuvo que realizarse en tres etapas sucesivas.
Pero, antes de seguir adentrándonos en los meandros de la historia, trataremos de ver donde está y como es nuestro pueblo.

CALACEITE HOY

Situado en el punto kilométrico 420 de la Carretera Nacional núm. 420 de Tarragona a Córdoba, Calaceite es el primer pueblo de la provincia de Teruel que encuentra el viajero procedente de tierras catalanas. Efectivamente, el mojón que indica el cambio de provincia está a unos seis kilómetros de la población que aparece súbitamente tras la última curva de una carretera que sube lentamente desde las orillas del Ebro en Mora.
La vista es agradable. Sobre la ladera de un cerro, casas ocres y pétreas se arraciman bajo los restos del otrora enhiesto castillo. Desde los 511 metros de altura de ese cono trunco, que es la colina donde se asienta el pueblo, se dominan perfectamente los 81,1 kilómetros cuadrados de extensión del término municipal.

Pero si el castillo ya no es mas que un recuerdo en la mente de los calaceitanos orgullosos de su pasado, el pueblo alberga un conjunto arquitectónico muy armonioso. Sobriedad de líneas, amplias fachadas de sillería, viejos blasones, ventanas ajimezadas, arcos góticos y porches, nobles mansiones.

El pueblo vive mas volcado hacia Cataluña. No en balde dista 197 kilómetros de Teruel y un centenar escaso de Tarragona. Efectivamente Al idioma que allí se habla es el catalán y las gentes, si no es por problemas administrativos o burocráticos, se sienten mas inclinados a resolver sus asuntos particulares en Tarragona o Tortosa, que esta a tan solo 65 kilómetros, y es una ciudad en todo el alcance de la palabra. Calaceite cuenta actualmente con 1625 habitantes de derecho y 1621 de hecho, según datos recopilados en el censo de 1970. Esta población en verano aumenta algo por la siempre mayor afluencia de turistas nacionales, que huyen del calor agobiante de las ciudades y buscan refugio entre las gruesas paredes de esas casonas antiguas y sólidas. Puede que cuando la urbanización en el monte de San Antonio, cerca de la ermita de San Cristóbal, sea una realidad, la población flotante en verano llegue a duplicar el actual censo del pueblo.

CLIMA Y PRODUCCIONES

El clima de Calaceite es el clásico de las tierras de secano. Un frío seco en invierno y asuramiento en verano, siempre y cuando prudentemente no se vaya en pos de la sombra abundante de esas callejas estrechas y evocadoras. Con respecto a las vecinas poblaciones de Gandesa, Mora o Alcañiz, tiene Calaceite la ventaja de sus 511 metros de altura que mitigan, en parte, los ardores del verano del interior de la península ibérica. Las noches frescas y perfumadas del verano calaceitano son un verdadero alivio tanto para el cuerpo como para el espíritu.

No hay que olvidar que el pueblo está y forma parte del Bajo Aragón.

Su vida, por lo tanto, es eminentemente agrícola. Los olivos cubren con su verde grisáceo la mayor parte de los campos de la comarca y se van alternando con los bancales de trigo y alfalfa. A lo largo de la carretera algunos avellanos delatan otra faceta de la producción agrícola de la región. Pero indiscutiblemente el dueño y señor de las cosechas, el tema de discusión por antonomasia en la Hermandad de Labradores, es el aceite. Es un líquido bueno y perfumado, puede que, sin tantos refinamientos sinónimos muchas veces de adulteraciones, que los de Calaceite venden a todo el país, junto a sus aceitunas negras, sabrosas y apetitosas.

También el vino no engaña en tierras calaceitanas. Puede que los 100 kilómetros que separan el pueblo de Falset, capital de la zona vinícola del Priorato, influyan en esa técnica tan antigua y delicada.

El río Matarraña y el Algás, con su red de acequias, riegan apenas 65 las 4.924 hectáreas, consideradas como la superficie laborable de secano del término.

A estos alicientes naturales Calaceite une el atractivo de ser un pueblo con empaque. Puede que, por ello, la Mancomunidad turística del Maestrazgo de Castellón- Teruel haya querido incluirlo en esa ruta turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística, como digna y elegante puerta a esa comarca geográfica, turística e histórica que el viajero encuentra viniendo de Cataluña.

El Maestrazgo es una zona geográfica e histórica que comprende pueblos serranos de las provincias de Castellón y Teruel. Pueblos que no ofrecen mas que su propio encanto, su tradicional hospitalidad, sus aires sanos. Pueblos donde lo natural es ley y la espontaneidad una costumbre. Pueblos en los cuales el viajero siempre descubre algo nuevo y nunca se aburre. Pues bien, que puede por reunir todas estas ventajas, Calaceite haya entrado por méritos propios en ese Maestrazgo turístico, algo mas extenso y amplio que el meramente histórico.

PASEO, SIN PAUSA Y SIN PRISA

Al que llega al pueblo por primera vez, los de Calaceite le enseñan con legítimo orgullo la iglesia parroquial. Templo barroco importante cuya primera piedra puso don Severo Tomás Auther, obispo de Tortosa, el 2 de octubre de 1695, y cuya solemne inauguración tuvo lugar el 3 de agosto de 1710. Tiene ciertas características de catedral y sus tres grandes puertas sobre la fachada principal, están claveteadas con sorprendentes clavos afiligranados. La puerta principal, además, está flanqueada por imponentes columnas salomónicas que apoyan sobre zócalos que llevan grabado el escudo concejil; un perro rampante.

La historia del escudo también tiene, como toda historia o tradición en los pueblos algo de pintoresco. Hay quien fecha su origen allá por los Siglos XII y XIII, cuando los símbolos heráldicos estaban muy de moda. El perro en su primera acepción no significaba otra cosa que la expresión de fidelidad de los vasallos a sus señores. Luego, hacia el siglo XV y como reverente tributo a la unción entre la villa y el obispado de Tortosa, el perrito se representaba en actitud de sumisión a la Virgen. Pero poco le duró la devoción mariana al animalito, que las disensiones entre el cabildo y los munícipes hicieron que el perro anduviera otra vez solo por escudos y blasones.

Desde el templo la calle de la iglesia desciende hacia la plaza Mayor. Es la plaza que ha conocido mas nombres, puede que por ser la mas transitada del pueblo. Primero se llamó del Sitjá, luego de la Constitución y, por último, de España. Pero los del pueblo la conocen simple y llanamente como la plaza <<de baix>>,para diferenciarla de la opuesta<<del dal>> aunque mucho mas pequeña y sin el empaque que caracteriza a la Mayor.

Allí se alza la Casa Consistorial sobre los hermosos porches de la Lonja. Noble edificio cuya construcción fue proyectada allá por el año 1606 y que culminó en 1613. por aquellas fechas, Calaceite contaba con unos 300 vecinos y las funciones del Ayuntamiento ya empezaban a ser necesarias. En el patio de la Casa de la villa se conserva una bonita clave gótica, correspondiente a uno de los arcos de la primitiva parroquia de Nuestra Señora de la Virgen del Pla, cuya construcción parece remontase a la mitad del siglo XIII y de la cual no restan mas que algunas piedras utilizadas en la construcción de la actual iglesia. De la misma manera que del castillo quedan únicamente algunos sillares que soportan el peso de la mole parroquial. La clave gótica, posiblemente del siglo XV, representa la imagen de la Virgen sentada con el niño en su brazo izquierdo mientras que al otro lado de la figura aparece el perro, símbolo de Calaceite, en postura reverente. Ello demuestra que la clave debió ser construida en la época en que la villa dependía en todo del obispado de Tortosa.

El Ayuntamiento en su salón de actos luce un hermoso oratorio en el que destaca una talla del siglo XVII, que representa al Crucificado. Cuando Calaceite fue saqueada, como mas adelante veremos, los miqueletes quisieron arrancar la imagen, que se resistió de forma sobrenatural a la profanación. La tradición, benévola con las santas imágenes, atribuye a esa ocasión la pérdida de un dedo, mientras que la falta de los brazos fue el resultado del afán sacrílego de la pasada contienda civil.

Otra curiosidad, aunque del género profano, merece ser destacada en la casa consistorial. Se trata de la antigua cárcel del pueblo que, hoy, los ediles han preferido adecentar para convertirla en una bodega original donde, propios y extraños celebran, con buen vino y mejor jamón, las fiestas populares del mes de agosto.

Reliquia muy querida y venerada en Calaceite, ahora que hablamos de objetos que merecen la devoción popular, es la Santa Espina. Siempre ateniéndonos a la tradición, esta refiere que un misterioso peregrino, en época muy poco anterior a la conquista definitiva de la plaza por las tropas cristianas, entró en la iglesia de San Pablo y depositó sobre el altar, mientras estaban oficiando, una de las espinas de la corona de Cristo. Los calaceianos la tuvieron siempre en gran estimación, y a ella recurrían para conjurar el peligro del pedrisco, de las heladas o de las largas sequías. En este caso la leyenda se divide. Mientras unos creen que la Santa Espina llegó al pueblo de la mano del misterioso caballero, otros opinan que los bueno monjes de Calatrava, dueños y señores del pueblo durante muchos años, fueron los que donaron la santa reliquia a sus súbditos. Lo cierto es que a punto estuvieron los calaceitanos de perder tan preciado tahalí, cuando la invasión de las tropas franco- catalanas en 1643. La patriótica y piadosa intervención del ecónomo de la parroquia, Miguel Amiguet, que escondió el relicario en la grieta de un ribazo, conocido por Camparrás, evitó una pérdida que hubiese afectado mucho a todos los hijos del pueblo. Cuando tras las lógicas dificultades para volver a hallar la reliquia, el buen sacerdote pudo hacerse con la santa prenda, los calaceitanos decidieron dedicar a la Santa Espina el segundo día de Pentecostés, como día grande de fiesta en su honor.

La plaza mayor, que duda cabe, es el ágora donde acuden todos los del pueblo, al menos una vez al día. En invierno y cuando el sol todavía calienta en su zénit, los ancianos se sientan en los bancos de piedra adosados a las casas de la plaza, cuchicheando o simplemente observando como su viejo pueblo amanece cada día con espíritu renovador.

Incrustada en uno de los pilares que soportan esbeltos arcos góticos, puede verse todavía la vara que servía de modelo oficial a todas las varas de medir para que fuesen legales. También está l´argolla, especie de corbatín de hierro en el que en otros tiempos se sujetaba a los ladrones expuestos a la vergüenza pública junto a lo que habían robado.
Siempre en los pilares de los porches, se advierten los abundantes huecos que hasta hace pocos años sirvieron para colocar las vigas con que armar en el encierro de los toros. Las capeas tuvieron aquí una gran tradición, y las vaquillas siguen alentando en los días de fiesta mayor los ánimos de los mozos.

La vieja cruz gótica, actualmente desterrada en la plaza Nueva, ya en las afueras del pueblo, se alzó en otros tiempos en el centro de esta plaza tan perfecta, tan dimensional pero la cruz estorbaba al jolgorio de los toros y hace poco mas de un siglo se trasladó a su nuevo emplazamiento, la plaza de Santa María antes, de Dal luego y Nueva ahora.

La leyenda de la Cruz de término no debe ser, por tanto, muy antigua. Cuando se cale la noche, la vieja cruz se duele a solaz de su destierro. Hay quien la ha oído y la oye gemir todavía. Algunos llegan incluso a asegurar que quiso vengarse de los calaceitanos provocando una prolongada sequía...

La sequía, efectivamente, es uno de los peores enemigos con los que tienen que enfrentarse los campesinos de por aquí. Calaceite. Antes de contar con agua corriente, disponía de la Bassa. Un enorme embalse que aseguraba el agua a todo el pueblo y hoy sirve como campo de fútbol. El calaceitano que había tenido ocasión de contemplar el mar, se resistía a admitir que su Bassa fuese mas pequeña. <<Lo qu´es com ample si que hu es més – reconocía-, pero de fondo no hu sé>>

La importancia que llegó a tener la Bassa y por ende el agua, en estos pueblos de secano, queda de manifiesto en los artículos 349 y 352 del Fuero de Teruel concedido por Alfonso II en octubre de 1176, que castigan por las rupturas de acequias o presas, o los 359 y 360 que penan el hurto del agua.

Por la calle de la iglesia volvemos a lo mas típico y señorial del pueblo. La calle de la iglesia tuvo antes un curioso nombre. Era conocida por el Carré dels Hostals, ya que hostals eran los edificios nobles e importantes de la villa, y la urbanización del pueblo se complació en agrupar alrededor del sagrado recinto a las mejores y mas solemnes construcciones de Calaceite. Efectivamente, asombran las magníficas fachadas en piedra de sillería y los majestuosos balcones de piedra labrada a lo largo de casi toda la calle, amén de las puertas doveladas, hasta acabar con la – a nuestro juicio – mejor casa de Calaceite, que se levanta justo enfrente de la iglesia y sobre unos arcos góticos que nada tienen que envidiar a los de la plaza Mayor. allí también hemos visto renacer, con enorme alegría, unos Porches del siglo XIII, que han vivido tapiados durante muchos años y que ahora vuelven a resplandecer con toda su fuerza y belleza arquitectónica, gracias a la perspicaz acción restauradora de los maestros albañiles de Calaceite que, poco a poco, van adquiriendo fama de óptimos y prudentes restauradores.

A la izquierda de la iglesia, una calle tan típica y tan pródiga en bellas fachadas nos lleva a la capilla de Nuestra Señora del Pilar.

Apoya la capilla sobre monumentales arcos románicos, para formar lo que llegó a ser uno de los rasgos esenciales de la arquitectura turolense: y torre- puerta. Su doble finalidad religiosa y militar – campanario y defensa – las ha hecho proliferar tanto en la capital como en muchos pueblos de la provincia. Parece ser que su origen hay que buscarlo en el precedente del campanile del sur de Italia, sobre todo por su similitud en los arcos entrecruzados propios del arte sículo- normando. Y no es de extrañar esta conclusión a la que llega el profesor Gonzalo Borrás, ya que Italia tuvo mucha relación con la Corona de Aragón a lo largo de los siglos, tanto cultural como comercialmente.

Otra torre puerta es la de San Antonio. Está ubicada al otro lado del pueblo, a espaldas de la iglesia, casi enfrente de la plaza Mayor. es tanto o mas bonita que la primera y su fachada posterior campea el escudo heráldico del pueblo, esculpido en la piedra de las recias columnas que soportan el peso de los imponentes arcos románicos.

Cuatro puertas tuvo el pueblo. Hoy tan solo se conservan dos. En la plaza Nueva donde gime la vieja cruz gótica, había el Portal de la Font y la Taula de la Carrasca que era la mas importante. Estaba allí la <<Mesa del Genaral>> o Aduanas que el reino de Aragón acostumbraba situar en los pueblos de frontera como Calaceite que lindaba y linda con Cataluña.
La mesa esta echa de madera de encina o carrasca y de ahí el nombre que se conocía tal servicio de aduana.

Callejas en sombra, edificios remozados, piedra de sillería que vuelve a ver el sol tras el largo cautiverio bajo la blanca capa de cal, puertas de recia y noble madrea, plazas recónditas y calles con historia, esto es Calaceite.

OTRA VEZ LA HISTORIA: LA RECONQUISTA

El primer conquistador de Calaceite fue Alfonso I el Batallador. Era el año 1119. a fuer de sincero los historiadores mencionan, entre las conquistas de ese segundo César- como se le quiso llamar por sus victorias -, únicamente Alcañiz, Castelserás, Calanda, Castellote, Alcorisa, Caspe y Maella, e incluso Mequinenza y Nonaspe. Pero todo hace suponer que el monarca aragonés ocuparía también el castillo de nuestro pueblo, ya que se encontraba precisamente en el centro de sus recién conquistados territorios.

Confió el monarca la custodia del pueblo a don Pedro Sancho Vidal de Abarca, que se convertía así en el primer señor de Calaceite. Pero poco duró la dicha de los calaceitanos. Alfonso I no supo valorar a sus enemigos o confió demasiado en la fama de invencible que había adquirido su ejército. Lo cierto es que el valiente caudillo árabe Yahya Abengania, en julio de 1133, derrotó al ejército cristiano justo bajo los muros de Fraga. El Rey Batallador murió mientras se retiraba hacia Zaragoza. Calaceite lógicamente no tardó en volver a sufrir el peso de la cimitarra musulmana.

La muerte del rey cristiano sin descendientes creó un grave problema dinástico. Hubo quien propuso entregar las posesiones del monarca a las órdenes militares nacidas en función de la cruzada da los Santos Lugares, pero los aragoneses preferían un monarca y un buen monarca.

Fue que por eso eligieran al hermano del fallecido rey, a Ramiro, el abad del monasterio de San Ponce de Tomieras. El buen monje tuvo que cambiar la mitra por la diadema real, y el cayado pastoral por la tizona debeladora de sarracenos. Y no solo eso, sino que tuvo que contraer nupcias para resolver el siempre mayor problema dinástico. De ese matrimonio nació Petronila que aún joven fue entregada en matrimonio al conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Fue así como Aragón y Cataluña se vieron unidos por primera vez. puede que es aquí donde habría que empezar a hurgar para hallar una explicación a ese idioma catalán que hablan los de Calaceite.

En 1151 los caballeros de Cambrils, fuertes y atrevidos guerreros y validos del conde barcelonés, conquistaron tres torres a los moros en estos términos. En pago de ello el soberano les concedió el señorío hereditario sobre Calaceite, Arens y Lledó, ya que las tres torres pertenecían a los castillos de sendas poblaciones. Según un documento hallado por el padre Moix- carmelita descalzo que en el año 1774 reunió en un tomo las <<Noticias de Calaceite>>- las tres torres son la del propio castillo de Calaceite, el << Puch >> que se elevaba sobre el actual poblado ibérico de San Antonio, y la tercera, que se levantaba en el Castellar, donde está el barranco de Calapatá, en la línea divisoria entre Calaceite y Cretas.

Pero los moros que seguían ocupando los montes de Beceite no dormían, y tan pronto como pudieron, en 1153, recobraron lo que los guerreros de Cambrils les habían quitado dos años antes, y que, debido a la vastedad de sus conquistas, no pudieron defender, como era menester, con guarniciones apropiadas a la fiereza de tamaño enemigo.

Hay que esperar hasta Alfonso II y al año 1167 o 1168 para que Cataluña vuelva otra vez la fe cristiana. El rey Casto, que sucedió al conde catalán y príncipe aragonés en el trono de Aragón de 1163, había confirmado un año antes la carta- puebla de Alcañiz. Luego prudentemente, y para evitar el peligroso poder que iban adquiriendo los Templarios en todo el reino, cedió Alcañiz y sus tierras y poblaciones colindantes a la castellana orden de Calatrava que, instalándose en el castillo sobre el Puy Pinós que domina la ciudad, llegó verdaderamente a señorear en esas tierras. Era el año 1179. maestre de la Orden de Calatrava era Martín Martínez cuando el 1º de agosto de 1205 subinfeudó Calaceite a los caballeros Rotlando de Cambrils y Dalmacio de Canelles. Vuelven los Cambrils a ser señores de Calaceite, aunque por poco tiempo ya que ese caballero fallece sin herederos, y su feudo, por línea colateral femenina, va a parar a manos de Sancho de Sariñena y Rodrigo de Bolea. Dalmacio de Canelles se quedó con las villas de Arens y Lledó.

Los dos nuevos señores del pueblo fueron los que 1207 otorgaron a Calaceite la primera carta- puebla.

Tras este paréntesis de señorío casi independiente, en 1237 Oliva de Sariñena vende su parte el señorío a la orden de Calatrava; mientras que alguno años mas tarde doña Onceda hija de Rodrigo de Bolea y doña Arsén, hacia piadosa donación a la mentada Orden de la otra mitad del feudo de Calaceite. Vuelven pues los buenos monjes de Calatrava a ser dueños y señores de Calaceite, como la prueba de un documento fechado en 1271 y como siempre, los de Calatrava no hicieron pasar su autoridad; viceversa intentaron favorecer, en la medida de sus posibilidades, a sus antiguos súbditos así <<Un sábado, a cinco días del mes de junio de 1277- según nos relata el meticuloso y exacto don Santiago Vidiella-, otorgaba en Calatrava el maestre don Juan Gonzálvez un poder para el comentador Pérez Ponce: por aquellas sus letras autorizaba y confirmaba de antemano cuántas posturas y convenios firmaría el comendador alcañizano con el consejo de Calaceit sobre la forma y pormenores del dominio>>

<<No se hizo esperar la que podríamos llamar carta magna de la libertad calaceitana>>, y sigue Vidiella y Jasá en sus Recitaciones: <<dictó en el siguiente año 1278 el monumento mas precioso, la verdadera constitución escrita de Calaceite>>.

Desde entonces y hasta el 23 de septiembre de 1428, Calaceite fue una encomienda de la Orden de Calatrava, y larga es la lista de sus comendadores para trascribirla en este estudio que poco tiene de erudito, ya que sus pretensiones son meramente informativas.

EL CABILDO DE TORTOSA

Antes de la fecha arriba mencionada hay que reseñar otra que, aún no afectando de lleno a nuestro pueblo, es de gran resonancia en toda la provincia y en el país entero. Nos referimos al <<Compromiso de Caspe>> que el 24 de abril de 1412 hizo la corona de Aragón se depositara sobre la cabeza del príncipe don Fernando de Antequera. El hecho fue vivido intensamente en Calaceite, ya que fue en Alcañiz donde se fraguó el célebre compromiso y donde se decidieron los nueve compromisarios de entre los cuales había de salir elegido el rey que dirimiese la cuestión sucesoria planteada a la muerte de Martín el Humano.

A partir del 23 de septiembre de 1428 la Orden de Calatrava permuta la villa de Calaceite por la de Colmenar al rey don Juan de Navarra, que lo era también de Aragón. Al año siguiente, el 3 de marzo de 1429 y en Tudela, el rey otorgó la escritura de propiedad del señorío de Calaceite a la casa de Ariño, que también poseía las Villas de Maella y Fabara, a cambio del Marquesat en la provincia de Lérida y la diócesis de Urgel.
Los Ariño mantienen el nuevo señorío hasta el 4 de diciembre de 1452, fecha en que por 11.500 libras jaquesas lo venden al Cabildo de Tortosa. La compra, en honor a la verdad, fue promovida por los mismo calaceitanos, quienes se comprometieron a reintegrar a la comunidad de canónigos la cifra pagada en cómodos plazos, ya que estaban convencidos que bajo la dominación clemente del cabildo tortosino, habían de conservar sus derechos y ver aumentadas sus libertades y beneficios.

En el año 1462 y a causa de la premeditada muerte que el rey don Juan II infligió a su desgraciado hijo, el príncipe de Viana, la sierra del Maestrazgo se levantó en contra de su rey. Para reprimir esa especie de guerra civil el rey ordenó al comendador de La Fresneda el volver a poner paz en las tierras sublevadas. El comendador calatravo se apoderó fácilmente de Calaceite, tanto es así que el Cabildo tortosino supuso que lo calaceitanos veían de buen ojo la vuelta al dominio de los calatravos. El rescate que puso el de Calatrava para devolver Calaceite que ya veían avecinarse un nuevo señor con mas prebendas y otros vasallajes. Recurrieron entonces al Justicia de Aragón- no en balde llamado el juez de los oprimidos-, y éste sentenció a favor de los calaceitanos en el año 1514.

Otra fecha importante en la historia de la villa es la del 21 de julio de 1571 cuando el Justicia de Aragón, en nombre del rey Felipe II, confirmaba a Calaceite todos y cada uno de los privilegios que otros reyes aragoneses le habían otorgado en distintas épocas pasadas.

Entre los años 1640 y 1651 Calaceite asiste y sufre a la rebelión de Cataluña contra el rey Felipe IV, o mas bien contra su valido el conde- duque de Olivares, quien no cesaba de instigar al monarca en contra del principado catalán, llegando incluso a hacer decretar la abolición de los fueros.

La situación de Calaceite, por ser un pueblo de frontera, fue de lo más comprometida, ya que tenía muchos vínculos- comerciales y familiares- con los rebeldes catalanes, que se habían aliado con los franceses para combatir las tropas reales. Hacía los primeros meses de 1643 el ejército del francés La Motte infligió una dura derrota a las tropas reales. La situación de Calaceite se hizo harto peligrosa, sobre todo a la vista de los saqueos y desmanes que los miquelets realizaban por donde pasaban.

Apenas tuvieron tiempo los calaceitanos de abandonar la villa, y el 25 de mayo de aquel aciago año de 1643 entraron las hordas vencedoras en Calaceite, destruyendo, quemando y profanando todo lo que encontraban y llevándose lo que consideraban de algún valor. Mal recuerdo guarda el pueblo de esa Pascua, cuando fue quemado el mejor molido de aceite del reino y desaparecieron de la iglesia sus siete campanas, el órgano y el reloj de la torre, amén de los cuadros, ornamentos y reliquias, como la Santa Espina de la cual ya hemos hablado. Las preocupaciones finalizaron con la capitulación de Barcelona, el 13 de octubre de 1651.

Así y siguiendo bajo el domino del Cabildo de Tortosa, a pesar de las muchas y frecuentes desavenencias entre calaceitanos y clérigos, a veces por nimiedades, se llega a la Guerra de Sucesión que domina el panorama del siglo XVII. Calaceite fue carlista, ya que con Alcañiz, Calanda y otras poblaciones se alineó de la parte archiduque Carlos cuando éste desembarcó en Barcelona para hacerse con la ambicionada corona de España que Carlos II dejó sin heredero. Calaceite y parte de Aragón pagaron cara su fidelidad a la causa carlista. Felipe V, el primer Borbón de la dinastía española, tan pronto ciñe la corona de España promulga un decreto por el cual quedan derogados todos los Fueros de Aragón. Era el 29 de junio de 1707.

Un siglo mas tarde, y tras la Guerra de Independencia se libera del yugo feudal. El Cabildo de Tortosa pierde toda prerrogativa sobre el pueblo.

No se puede decir que nuestro pueblo tomó parte activa en la feroz y patriótica contienda de los españoles contra el invasor francés. Pero si se puede afirmar que no dejó de prestar ayuda, tanto en hombres como en alimentos, cuando así se lo solicitaron. No hay que olvidar que la amenaza extranjera llegó hasta la mismísima Alcañiz, ocupada por los franceses. Como tampoco hay que silenciar que el Ayuntamiento calaceitano, muy a pesar suyo, tuvo que ir a la vecina Alcañiz a rendir acto de pleitesía al general extranjero.

El día 20 de agosto de 1812 el pueblo entero, primero en la plaza Mayor- que luego se llamaría la Constitución-, y luego en la iglesia, juró respeto y acatamiento a la constitución promulgada por las Cortes celebradas en Cádiz en un acto multitudinario lleno de emoción. Fue éste otro gran día para Calaceite.

LOS NUEVOS CALACEITANOS

El individuo quiere y debe vivir en sociedad, pero necesita de la Naturaleza. Por eso, huye del asfalto y recorre caminos desconocidos persiguiendo una íntima confesión capaz de devolverle la paz a su yo inquieto a intrigarte.

Por suerte, España es pródiga en esos pueblecitos de pocas almas y gran corazón. Aldeas de montaña, pueblos perdidos en la infinidad de la meseta, villas con mucha historia en sus piedras centenarias y burgos arropados por un castillo señero.

Calaceite es uno de ellos, Ilustre villa, según decreto de 30 de septiembre de 1915, firmado por el rey don Alfonso XIII. Es un pueblo tranquilo que vive al pairo de los montes de Falset, como para eludir el ruido de la civilización que llega desde las grandes capitales. Un pueblo donde falta muy poco o casi nada para vivir bien. Piscina, pista polideportiva, promoción profesional obrera, quipo de fútbol de 3.ª regional, fiestas mayores de altos vuelos, televisión en color en el bar de la carretera, donde se juega al guiñote y al tute y se discute sobre la cosecha de la aceituna y del trigo. Médico, maestro, farmacéutico, párroco y guardia civil aseguran la vida civil del pueblo. La caza menor abunda y cada vez mas, gracias al acierto de establecer un coto municipal. Las excursiones están aseguradas por la proximidad del Parrizal de Beceite, por la Semana Santa del Tambor en Alcañiz, Calanda e Hijar, por las pinturas rupestres de las próximas estaciones arqueológicas, por la belleza intrínseca de los pueblos vecinos como Cretas, Lledó, Arens de Lledó, Horta de San Juan, Mazaleón, Valdeltorno, Torre del Compte, para citar tan solo a los que están a una veintena de kilómetros en los alrededores.

Calaceite tiene fe en el campo y es consiente de la importancia que tiene en la infraestructura de la España moderna. Una España que, si bien mira hacia el Mercado Común y corre hacia una industrialización siempre mas pujante, no por ello ha olvidado ni debe olvidar el primer eslabón de su renacer: la agricultura, de la cual Calaceite es la más pura expresión.

Calaceite, decíamos, por estar a caballo entre Aragón y Cataluña, reúne las virtudes y las peculiaridades de las dos regiones. Es el crisol de las virtudes de los hombres de España. Tiene la valentía del aragonés recto, la austeridad del hombre de los anchos páramos castellanos, la nobleza del catalán universal. En esos hombres se hallan reunidas las cuatro virtudes cardinales: la prudencia de los hombres del campo que saben esperar; la justicia de los hombres sinceros y nobles; la fortaleza de la gente sabia y prudente, y la templanza de un pueblo sobrio y continente.

Bien se merece, pues, este pueblo que el director general de Bellas Artes, el 25 de marzo de 1973, le otorga el título de Conjunto Histórico y Artístico. Porque su historia, desde los primitivos íberos que poblaron las vetustas e importantes ruinas de San Antonio, hasta nuestros días es un conjunto desfilar de acontecimientos maravillosos y de hombre preclaros que honran a la historia de la Patria.

La tierra que pisan, los olivos que cultivan, la uva que vendimian, las almendras que recogen, les han enseñado a ser así, sin ambages ni sofismas, hombres recios, calaceitanos valientes, acostumbrados a caminar siempre adelante por muy tórrido que sea el sol o por muy fuerte que arrecie la lluvia: orgullosos de su trabajo, por mas insignificantes que este pueda ser.

El campesino o el alcalde, el sacerdote o el pregonero, el ama de casa o el guardia civil, todos son responsables de su puesto en esta pequeña Comunidad. Todos, sin distinción de clases o de oficios, saben que con su esfuerzo cotidiano contribuyen a hacer siempre mas grande el pueblo que los ha visto nacer.

Les hemos visto trabajar y sudar de sol a sol, les hemos visto en los nevados días de invierno con las manos crispadas por el frío, siempre con igual entusiasmo, satisfechos de poderle arrancar a la tierra el fruto de una buena cosecha. Les hemos visto sufrir frente a una nevada imprevista, ante una helada fuera de temporada, por una sequía demasiado larga. Pero también les hemos visto disfrutar en los días de asueto, con la escopeta al hombro o con las cartas en la mano, frente a la pequeña pantalla o en el campo de fútbol de la Bassa. La hemos visto entusiasmarse con los proyectos de embellecimiento del pueblo programados por su Ayuntamiento. Siete millones para pavimentación y accesos al pueblo, cinco mas para la zona del poblado ibérico. Ampliación de la zona deportiva, jardines, alumbrado, losetas de cerámica para rotular las calles. Cualquier innovación, cualquier elemento que embellezca su pueblo es bien acogido. No importa si hay que sacrificarse. Lo importante es merecer el aplauso de los visitantes.

En este pueblo envidiable han adquirido carta de naturaleza nuevos vecinos. Hombres de la ciudad que han preferido esa tranquilidad al bullicio de las playas de los lugares de moda.

Un ilustre escritor chileno deja oír el tecleo de su máquina de escribir en las frescas y abiertas noches de verano. Un editor catalán encuentra alivio al ajetreo de la vida mercantil ciudadana entre frescas paredes, con mas de dos siglos de vida. Un pintor ha instalado su caballete en la luminosa solana de una antigua mansión. Un decorador, un poeta belga, un médico, un industrial extranjero, un periodista. Gente normal, ciudadanos cansados, que en ese pueblo han encontrado la hospitalidad del aragonés sincero y noble.

También Buñuel, hijo universal de la vecina Calanda, ha enfocado su objetivo sobre Calaceite. Desde luego, los ojos brillantes y profundos de ese aragonés universal habrán podido ver mucho en un pueblo de tanto empaque y sabor.

Calaceite respeta sus antiguas calles con bellos edificios de piedra de sillería. Y no solo respeta, sino que sabe conservar y remozar. De ahí le viene el premio de la Diputación a la labor de embellecimiento y, por ese afán, cuenta con dos brigadas de albañiles que, a la hora de enfrentarse con la piedra, son verdaderos artistas, mas escultores que simples albañiles. El pueblo sabe que allí, en esas piedras finamente labradas, está uno de los atractivos para el turista. El valor y el empujo de unos cuantos concejales jóvenes, secundados por un secretario municipal prudente y con agallas, han evitado la especulación y muchas otras tonterías, muy propias de la actual fiebre del turismo. Solo así ha sido posible también otro proyecto que, a buen seguro, hallará la favorable acogida entre los viajeros que allí recalan. El adecentar y acomodar antiguas casas de campo o de labranza, para que los sufridos habitantes de la ciudad vayan a disfrutar unas cuantas semanas en las vacaciones veraniegas, puede abrir las puertas a un nuevo tipo de turismo. Que duda cabe, que a los que vivimos inmersos en la polución durante once meses al año, no puede sentar muy bien un mes de desintoxicación al contacto con la Naturaleza, probando sus ventajas y, también, sus incomodidades.

Otro atractivo para el turista es el taller de cerámica de Teresa Jassá la artista aragonesa vive y trabaja en Calaceite, a pesar de haber conseguido varios premios en exposiciones en Huesca, Zaragoza, Barcelona y Madrid. De su horno calaceitano salen jarros, cuencos, figuras caprichosas, losetas con interpretaciones originales y personalísimas de cuadros famosos o pinturas rupestres. Sus esmaltes están hechos a base de óxidos y sales vitrificables a 980º. Las cerámicas con tierras refractarias, como lo hicieran cientos de años los iberos de San Antonio. Todo este material se coloca en la mufla, el horno que funciona con leña de olivo y cuyo fuego es capaz de conferir unas cualidades estupendas a los colores, logrando sorprendentes efectos de oxidación y reducción sobre los esmaltes. En su taller siempre hay una pequeña exposición de sus obras. Parte está a la venta y parte está a punto de partir para llevar el mensaje de Calaceite a toda España. En su taller aprenden el difícil arte, jovencitas del pueblo y de fuera. Su puerta no está cerrada para nadie.

Pero puede que uno de los mayores incentivos, especialmente para ese viajero que pasa y no se detiene en el pueblo, lo constituya la cocina del matrimonio Alcalá. Su fonda siempre llena. Se ha hecho famosa y la gente se sienta frente a sus manteles para probar las delicias de una perdiz en escabeche, de un arroz con tordos, de un estofado guisado con sabiduría o de la butifarra con judías: unas judías blancas y tiernas, apenas refritas con la grasa de una longaniza suprema. Resulta imposible comprender tanta calidad de ingredientes tan simples. Y el vino, por supuesto de la tierra. Todo sencillo y fácil. Quedan muy lejos los abigarrados artificios gastronómicos de los encopetados cocineros. Pocas veces, sin embargo, hemos podido penetrar tan profundamente en el supremo misterio de las exactas proporciones culinarias.

A MODO DE EPILOGO

Calaceite es un pueblo antiguo que respeta su pasado y mira hacia futuro con ojos nuevos. Solo así se puede comprender a las viejas enlutadas y a las mozas con minifalda. Por eso, los turistas que allí se han establecido, han instalado detrás los viejos y espesos muros de piedra de sillería el agua corriente y la luz eléctrica. Y mientras en el rescoldo de la chimenea va tostándose la rebanada de pan que el aceite ennoblecerá- como siempre, como antaño- con su sabor gerundio, el equipo de alta fidelidad lanza al aire las notas de la sonata a Rodolfo Kreutzer de Beethoven, mientras la tenue luz de un quinqué lanza sombras chinescas sobre el atrevido dibujo- todo colorido y atrevimiento- del pintor catalán afincado en Calaceite.

Pero vivo en España desde hace mas de un cuarto de siglo. Por ello, ciertas alabanzas a Calaceite me son permitidas. No soy parte interesada, pero conozco a fondo ese pueblo en el cual he pasado días inolvidables. Por eso, no me ruborizo al confesar que amo a Calaceite como se quiere a una cosa propia. Con sus virtudes y sus defectos, con sus piedras centenarias y sus calles estrechas, con sus atardeceres pintorescos y sus frías mañanas de invierno. Lo admiro a través de las cerámicas de Teresa Jassá y de los manteles de la fonda Alcalá. Lo quiero también por sus aceites puros, por sus vinos auténticos, por sus sabrosos polvorones. Porque no hay nada mas importante en la vida que las cosas sencillas y verdaderas.

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Huesca
LA CIUDAD ALTO- ARAGONESA

Ciudad y capital de la provincia aragonesa de su nombre (limitada por las de Navarra, Zaragoza y Lérida. Además de la parte fronteriza con Francia) con la residencia de los centros provinciales administrativos (Gobierno civil, Comandancia militar, Audiencia provincial, Diputación, Delegación de Hacienda, Instituto nacional de 2ª Enseñanza, Escuela normal, Jefatura de obras públicas, Sección Forestal y Agronómica, etc.), tiene de guarnición el regimiento de infantería, de Valladolid, número 20, caja de reclutamiento y los servicios auxiliares correspondientes. Es ciudad de 16.500 habitantes asentada en la comarca natural llamada la <<hoya de Huesca>> en una altitud de 477 metros sobre el nivel del Mediterráneo y son coordenadas 42º 8` 25`` de latitud N. y 3º 16`44`` de longitud E (meridiano de Madrid) Viaje a Huesca.

Huesca ha quedado ferroviariamente semi apartada de líneas de alguna importancia. La vía del <<Norte>>, de Zaragoza a Barcelona (por Lérida) la dejó aislada, pasando por Tardienta (a 30 kilómetros al S. de la ciudad) y la línea a Canfranc (y Francia) desde Zaragoza que cruzaba junto a la capital altoaragonesa, quedó también asfixiada al realizarse modernamente el trozo directo entre Zuera y Turuñana. Hoy, pues, se encuentra en el centro de la modestísima vía de Ayerbe a Tardienta y a ello ha venido a unirse la ausencia total de celo e interés que la compañía ferroviaria ha puesto en servir a la ciudad de Huesca. La mayoría de los viajeros procedentes de Zaragoza (y de Madrid y de Barcelona) tienen que buscar alternativa al tren ir a Huesca, ya que solo uno o dos trenes, llevan servicio directo a Zaragoza y viceversa.

Es mas cómodo y barato el viaje por carretera desde Zaragoza, con magníficos y rápidos autobuses de línea, que hacen en una hora los 80 kilómetros que separan ambas capitales, y que como mínimo, la empresa <<La Oscense>>, explota tres servicios diarios de ida y vuelta, pudiéndose hacer el viaje de día desde Zaragoza por la mañana y tras la visita detenida de la ciudad, volver en la caída de la tarde, como en Madrid ocurre con las ciudades de turismo que la circundan (Ávila, Toledo, Escorial, Alcalá, etc.)

Huesca y su tierra ( estudio geográfico)

La depresión del Ebro o valle Ibérico está compuesto principalmente de suelos de naturaleza arcillosa, que se extienden por la provincia de Zaragoza y terminan en su parte N, en las faldas de la sierra de Guara. Al pie de ella (entre el pico de Guara y Gratal) se encuentra la llamada Hoya de Huesca, regadas por dos ríos pequeños que marchan de Norte a Sur, el Isuela y el Flumen, a buscar por el Alcanadre y el Cinca al Ebro. Esta comarca, como casi todas las de la parte N del valle Ibérico, se compone de suelos de margas terrosas, con alternancias de materiales de esta clase y areniscas de cimiento calizo, desde las últimas estribaciones subpirenáicas hasta la sierra de Alcubierre en el país de los Monegros miocénico continental, si bien la tierra de Monegros, como la de Barbastro y Monzón, forman dos manchones de terrenos yesíferos, de edad miocénica.
Estas llanuras altas de Huesca, dan lugar a páramos en donde la irrigación artificial no llega, presentando n aspecto característico, por algunos mantos de aluviones gruesos, que en el país toman el nombre de <<sasos>> y que considéranse como plataformas aluviales de época pliocénica. Tales como se pueden contemplar al S. de Huesca en las carreteras de Grañén y la de Sariñena, y las mimas características presentan, las terrazas, verdaderos bordes altos de la Hoya, cuales son las llamadas <<canteras de Almudévar>> (llegando a Huesca por la carretera de Zaragoza) y el <<estrecho de Quinto>> en la de Barbastro, en las que se levanta las ruinas del castillo de Monte Aragón, como antiguo vigía, de las vegas del flumen. Dominando su parte N. se alza la larga silueta de la sierra de Guara ( pico de Guara 2.070 metros.- Gratal 1.578 m) que como todas las montañas subpirenáicas presenta la característica de dar hacia el S. un relieve con cortaduras escarpadas, correspondiente a frentes de facturas, generalmente en falla, cuyos labios hundidos en la depresión , se hallan cubiertos por los sedimentos neógenos, en general toda esta sierra, desde el Cinca hasta más allá del Gállego, es una de las fallas más formidables y extensas de la Península, dentro de la cual es corriente grandes conglomerados paleógenos, con los que termina la sierra en su borde meridional, tales como el << Salto Roldán>> el <<Huevo de San Cosme>> y los << Mallos>> de Riglos y gargantas de Alquézar y Loarre, etcétera, en donde los ríos entran, en las llanuras del Alto Aragón que presagian las estepas cercanas al Ebro.

La llanura del Ebro va lentamente alzándose en dirección N de manera insensible, pero a pesar de ello, Huesca solo se encuentran a 477 metros sobre el nivel de las aguas del Mediterráneo. Las características de su clima, lo impone mas que nada, la sequedad de todo el valle ibérico, aislado por las tres grandes cordilleras (ibéricas, catalanas y pirenaicas) que le circundan de las influencias húmedas del mar. Debido a ellos las temperaturas son relativamente extremadas (temperatura media anual de Huesca 13,3 ºC; temperatura media máxima, 37,3ºC; temperatura media mínima, 6,7ºC). En general puede decirse que Huesca goza de otoños agradables y templados, inviernos con retraso (comienzan los fríos en Diciembre) pero largos, soleados, y con absoluta carencia de nieves, debido al resguardo de la sierra cercana (la norma general de Huesca, al contrario de lo que el forastero cree, es la falta de nevadas) los veranos son secos y calurosos (pero muy corta la duración de calor durante el día). Tampoco las nieblas se pegan a Huesca como en las ciudades de las riberas del Ebro, y a pesar de que todo Aragón en país de grandes ventoleras y Huesca las tiene principalmente en Noviembre y Abril, no alcanzan las violencias de las partes bajas del valle ibérico.

La pluviosidad es mayor que en Zaragoza (media anual en Huesca, 493,1 milímetros; Zaragoza 237,0) lo que no evita que el carácter de la vegetación, en las comarcas oscenses, sea esteparia con pequeñas matas leñosas y terragales al descubierto.

Pero la proximidad de la sierra y su orientación hace aumentar su vegetación arbórea (encinares) y permite incluso en las tierras soleadas del Somontano y de la Hoya oscense el culto de la viña (muy disminuido desde la filoxera) y de los olivares. Algunos de sus puntos principalmente en la sierra están en vías de repoblación forestal (Arguis, Rodellar, Vadiello). El cultivo principal es el cerealista en los secanos, sujetos a las condiciones del azar por las sequías de primavera y las heladas tardías de Mayo. Pero allí donde el regadío llega como en la fértil Hoya de Huesca por las aguas del flumen y del Isuela (este último regulado por el pantano de Arguis) se convierte en cultivos intensivos y remuneradores de trigo, maíz, plantas forrajeras, remolacha y frutales. El gran porvenir que el tiempo reserva a Huesca será la ejecución magna de la sobras de <<Riegos del Alto Aragón>> (pantanos de Belsué. Acequia de la Violada) que harán de la ciudad, el centro de una de las comarcas mas ricas de España.

Historia de la ciudad de Huesca.

EL POBLADO PRIMITIVO.- A pesar de sus asiento privilegiado, sobre un cerro dominando la fértil vega del Isuela, no tenemos sin embargo noticias concretas en las épocas prehistóricas sobre la ciudad primitiva. Pero suposiciones con visos de veracidad nos hace pensar en un primitivo poblado prehistórico, dadas las condiciones geográficas y conocedores como somos de que las gentes de las culturas neolíticas y de las distintas edades del Hierro y del Bronce, tuvieron su asiento en estas llanuras altoaragonesas extendidas al pie de la sierra de Guara (hallazgos de hachas y otros instrumentos en Albero, Sena, etc., poblados de Ontiñena y Sena, sepulcros de Sariñena), allá por los remotos tiempos de los siglos X, IX y VIII antes de J.C.

Apenas los escritores clásicos griegos y romanos nos hablan de los pobladores de la península, ya comienza a sonar Huesca entre sus poblados importantes. Los iberos son los primeros pueblos históricos de España que procedentes del continente africano la poblarían por los años del siglo VI antes de J.C. y sabemos positivamente que se extendieron hasta los límites pirenaicos. De sus distintos grupos tenemos ya noticias incluso escritas: tales los jacetanos (de la región de Jaca), los ilérgetes (de las comarcas de Lérida) y posiblemente los dos, en Huesca, con Mezclas y luchas de grupos de vascones, como parece demostrar la toponimia vasca de algunos lugares de las comarcas pirenaicas aragonesas. La Huesca ibérica, sin restos arqueológicos que nos lo demuestre, participaría posiblemente de los caracteres de los tres grupos. Esto explica el que Plinio la suponga vascona, y Ptolomeo, ilérgeta; suposiciones que si bien parecen contradictorias, no es de extrañar dado la vaguedad de las noticias y la distancia desde donde escribían los geógrafos clásicos e incluso la posible amalgama de sus pobladores, hasta el punto que el moderno arqueólogo Sr. Bosch Gimpera se inclina, dado el tiempo de moneda y el nombre, por una ascendencia de tipo vascón. Pero lo indudable es que la Osca ibérica (bien ilérgeta, vascona o jacetana) formaba ya un poblado de las tribus mas cultas de la iberia hacia el 250 antes de Cr. Las noticias que de ella nos llega son sin duda atrasadas, como procedentes del elemento civilizador romano, pero el hecho de que Huesca acuñase mas tarde moneda del tipo << ibero-romano >> parece demostrarnos aunque tardía, la importancia de la ciudad primitiva.

LA OSCA ROMANA.- (siglo II antes de Cristo al V despues de Cr.). La conquista romana se inició al finalizar el Siglo III antes de C. La lucha contra su rival Cartago y la sed imperialista de expansión que fue el lema de Roma, trajeron sus legiones que pisan la península en el año 218 antes de C. Comienza la dominación por la costa catalana (Ampurias, Rosas, Tarraco que es su sede principal), después emprenden la conquista del valle del Ebro aguas arriba y los traspasan por la costa hasta la ciudad de Sagunto y por el interior llegan hasta mas allá de Osca (río Gállego) que fue dominada, sin que sepamos las condiciones en que se sometió la ciudad ibérica. No debió ser muy cimentada la nueva dominación, cuanto pocos años después encontramos los tribus ibéricas o vasconas de la región, levantadas contra el poder romano, ya que los desastres de Cneo Scipion principalmente en Cástulo (214) en la que encontró la muerte en una retirada desastrosa, hizo perder a Roma los avances que había conseguido en los seis años de luchas constantes contra los iberos y el poderío cartaginés que constituían su enemigo mortal en la dominación de Iberia. La contraofensiva romana, maravillosamente llevada por Publio Cornelio Escipión (que mas adelante, destruyendo Cartago, conseguiría el glorioso sobrenombre de <<Africano>>) fue completada sobre todo a partir de sus victorias en Bécula (Bailén) y en llipa (Alcalá del Río) pudiendo decirse que desde entonces la cuenca del Ebro hasta el río Gállego (y en ella Osca como Ciudad preponderante) y la del Guadalquivir (Hispania Citerior y Ulterior) unidas por la franja costera mediterránea permanecieran perfectamente dominadas por el esfuerzo y espíritu superior de las legiones romanas.

Desde la sublevación de los ilérgetes y jacetanos dominada fulminantemente po Escipión en el año 206 a de Cr, los territorios comprendidos entre el Ebro y los Pirineos, no vuelven a sonar en las largas luchas que a Roma costó la sumisión de las otras extensas regiones de España.

De esta manera, hasta la destrucción de Numancia (verdadero baluarte de la independencia Ibérica) año 133 antes de C., la península no comenzó a gozar de un verdadero período de paz que luego se prolongará hasta el año 80 antes de C. y es indudable que en el, la ciudad del Isuela, debió de romanizarse rápidamente, dado el papel que mas tarde jugó en las luchas civiles de Roma, que tuvieron gran parte de su escenario en la península ibérica.

Comenzaron por la rivalidad entre Sila (partido aristocrático) y Mario (partido popular) terminando con la dictadura del primero, que rápidamente quiso vengarse de sus enemigos, con sus famosos edictos de proscripción, obligando a muchos de los partidarios de Mario, a huir de Roma, como Sertorio.
Quinto Sertorio busco su refugio en España, donde había ejercido antes el cargo de tribuno militar y donde contaba con gran número de partidarios, viniendo a ella con el propósito de hacer un centro de resistencia contra el dictador Sila y un fuerte punto de apoyo para rescatar el poder al partido popular.

Efectivamente lo consiguió y Ébora en la Lusitania y OSCA en la Tarraconese fueron los centros de su dominación. Con razón pues, se puede llamar a Huesca <<La ciudad de Sertorio>> y con razón la historia y la gloria de la ciudad va unida a su nombre esclarecido, al que se comienza a hacer justicia, creyéndola de los mas noble y capaz de los conductores de la democracia romana, que con tanta habilidad y condición supo atraerse a su causa a los españoles, aún superficialmente romanizados, con este fin, en Ébora instituyó un Senado a la manera romana y en Huesca fundó la famosa escuela en la que los hijos de las familias mas distinguidas ibéricas, aprendieron las letras griegas y latinas, atrayendo a muchos a su causa: tal fue la famosa <<escuela Sertoriana>> de donde tomo el nombre de la Universidad fundada por Pedro IV y como heredera de ella Plutarco, que nos las describe sucintamente. Por el sabemos, como gracias a estas cualidades de verdadero caudillo, pudo reunir Sertorio el fervor entusiasta de lusitanos, Celtíberos, ilérgetes de los que fue su general y estratega y habilísimo en el arte de la guerra ibérica (guerrillas). Su poder de sugestión, fue también muy hábil (se hacía siempre acompañar de una blanca cervatilla de quien fingía recibir consejos). De esta manera, contando con la adhesión de los iberos, en la que tanto se distinguió Osca, Quinto Sertorio en España (que él llamó su segunda patria), pudo sostenerse 10 años (años 82 a 72 antes de C.) con fortuna contra hábiles y poderosos generales romanos, Metelo y Pompeyo, y únicamente una conjuración tramada por otro proscrito romano, Perpena, consiguió dar fin con el ilustre caudillo, que murió asesinado en un banquete. Muchos de los españoles iberos tan incondicionales fueron de Sertorio (la <<devotio>> ibérica) que prefirieron la muerte para no sobrevivir a su general. Se ha discutido mucho en que lugar pudo cometerse la gran iniquidad y crimen que terminó con aquel hombre que pudo crear una España romanizada, independiente de Roma. Desde luego, dada la adhesión inquebrantable que siempre le demostró Osca, es imposible que los conjurados buscasen la consumación de su crimen en ciudad tan adicta. Pero Osca, centro de aquella provincia de la España Citerior, guardó religiosamente el recuerdo del gran caudillo, bienhechor que tanto la había enaltecido y pronto tuvo ocasión de demostrar su odio contra los asesinos. Pocos años gozó de paz España. Continuaban en Roma las rivalidades entre generales y políticos ambiciosos, que aspiraban al poder en aquellos tiempos de decadencia de la República. Tras los años del primer triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) muerto el último, estalló la rivalidad entre los dos primeros, y Pompeyo (uno de los grandes rivales de Sertorio) vino a España (hacia el año 76 antes de C.) de la que fácilmente se posesionó; pero Osca y otras ciudades fieles a la memoria de Sertorio, no quisieron someterse y ofrecieron durante varios años tenaz resistencia que únicamente pudo ser vencida. Pero mas tarde, cuando estalló a su vez la rivalidad entre Pompeyo y Julio César (que vino en persona a combatir a los pompeyanos que en España tenían su fuerza principal) Osca tuvo ocasión de cumplir su venganza por el asesinato de Sertorio. César llegó a España al frente de sus legiones, dispuesto a exterminar de una vez al partido pompeyano. Sienta sus tropas en las llanuras de llerda (Lérida), entre los ríos Cinca y Segre, y encuéntrase en situación apurada por las crecidas extraordinarias de sus cauces y por los intentos de las fueras pompeyanas mandadas por Petreyo, Afaranio y Varron. Pero estando en esta situación comprometida, delegados de Osca y Calagurris (Loarre) llegaron al campamento ofreciendo incondicionalmente su ayuda a César. El gran dictador romano no olvidó nunca ese rasgo de la ciudad y lo mostró dándola el preciado título, que únicamente Roma ostentaba, de ciudad vencedora <<Urbs victrix Osca>>, que ya desde entonces, como el mayor emblema de su historia, Osca conservó siempre el cuño de sus monedas y en las armas de su escudo (año 49 antes de C.). Los triunfos de Lérida y años adelante los de Munda, terminaron para siempre con Pompeyo, sus hijos y partidarios como ellos habían terminado con el genio de Quinto Sertorio el romano que en Osca encontró su ciudad mas fiel.

A partir de estos hechos y en los siglos siguientes hasta las invasiones bárbaras, Osca gozó de la <<Pax Romana>> como una de las mas esclarecidas ciudades de las provincias de Hispania; así la vemos a menudo mencionada en los escritores clásicos, como Lucio Floro, que la alaba por ser una de las últimas que se rindieron a Metelo tras el asesinato de Sertorio, así la mencionan también con palabras de alabanza Estrabón y Patérculo, y Plutarco llega a llamarla << ciudad grande y poderosa>>. Pero de lo que fue esta ciudad en los 600 años de vivir bajo la égida imperial de Roma, muy pocas noticias arqueológicas nos han llegado y desgraciadamente, sus grandes monumentos tampoco ha querido el tiempo legarlos a la posterioridad. Apenas algunas piedras sueltas nos hablan quedamente de la <<Termas>> en el lugar de que ocupa la <<Compañía>>.
Sabemos también que el lugar de la Catedral, fue asiento de algún templo importante, que en la plaza e iglesia de San Pedro, en épocas distintas, se han encontrado cimiento de edificaciones importantes de estilo romano, así como el brazo de alguna estatua gigantesca y los mosaicos medio destruidos de alguna mansión... ¡pero que restos mas pobres para los elogios de los escritores latinos destinados a la ciudad sertoriana!.

Los estudios modernos tampoco han dado gran luz recomponer aunque sea con la imaginación el plano de la <<ciudad vencedora>>. En ella estuvo la ceca monetaria mas importante de España y de sus tipos de monedas imperiales acuñadas en Huesca ha llegado hasta nosotros, pero con caracteres ibéricos, siete tipos distintos en 25 monedas, siendo, según referencia de Tito Livio, muy estimadas y solicitadas en la misma Roma <<argentum oscense>>. Dos de las principales <<vías>> o calzadas romanas pasaban por la ciudad (algunos de cuyos recuerdos y vestigios aun se conservan en el viejo camino de San Jorge); Huesca era la 9ª. Mansión en la vía militar que de los Pirineos marchaban a León. Y a su vez, la 18ª de la gran vía que unía Astorga o Tarraco.

HUESCA, CRISTIANA Y VISIGODA.

Al calor de la sociedad y de la vida cultural y pacífica de la dominación romana la semilla cristiana se propagó rápidamente por toda la región del Ebro y dejando o los tiempos apostólicos (venida de Santiago y sus discípulos) en los que esta mezclada la Historia con la leyenda, es sin embargo indiscutible que ya en el siglo III una gran parte de la provincia tarraconense a la que pertenecía Osca estaba evangelizada y antes la semilla cristiana, había fructificado en varones oscenses que dieron su sangre por la nueva fé (véase iglesia de San Lorenzo y San Vicente (compañía). En los primeros concilios nacionales, tales como el de Elvira (Granada) en (314) a los que les suceden los de Zaragoza (380) y Toledo (400), asiste un obispo <<de Fibularia>> que según el gran historiador moderno de la Iglesia Española (el jesuíta P. Villada) lo cree de una ciudad hoy desaparecida cercana a Huesca, junto a Loarre y que probablemente se extendería en el Término del actual pueblecito de <<Concilio>> junto a Riglos, cuyo nombre parece confirmarlo. El hecho de que la cristianización fuese realizándose siguiendo los comarcas atravesadas por las grandes calzadas romanas demuestra la pronta cristianización de Huesca y su comarca; que ha venido a confirmarlo además los nuevos descubrimientos de algunas primitivas necrópolis de tipo paleocristiano (monte Cillas en Fantova). Las persecuciones en España como en todo el mundo cristiano no fueron mas que la semilla de una captación total de la sociedad, y Huesca pudo siempre ufanarse de haber dado dos de los más gloriosos nombres al Martirologio cristiano: según testimonios contemporáneos, San Lorenzo y San Vicente fueron hijos de Osca, martirizado en la Roma del emperador Valeriano, el uno en el terrible suplicio de la parrilla y el otro en Valencia bajo la persecución de Diocleciano. Osca que les dio la vida, nunca pudo conservar las reliquias sagradas de sus cuerpos, venerados en la ciudad Eterna (Basílica de San Lorenzo), y en la risueña ciudad del Turia..

Cuando en los comienzos del siglo V los guerreros visigodos entran en la península atravesando los Pirineos, comienza para la historia de la ciudad de Huesca un largo período de oscuridad, que apenas deja algo entrever hasta las invasiones árabes tres siglos mas tarde, en 712.

De la ciudad en su pasado visigodo solo algunos destellos se han llegado. En su aspecto espiritual, el gran historiador P. Fita nos ha dado los nombres de algunos de los obispos oscenses, que demuestran primeramente la antigüedad de la sede oscense (tales Elpidio, Pompeyano, Vicente y Gabino) pero nada sabemos de sus hechos ni de la ciudad cuya vida espiritual rigieron. Y si del aspecto personal, pasamos al material, tan solo algún capitel, quizás solo la suposición de algunas basílicas visigodas en lo que mas tarde fue orgullosa mezquita <<La Misleida>> de los musulmanes (catedral) y el hecho de la conservación de la iglesia de San Pedro <<el viejo>> bajo la dominación agarena, que nos hace pensar en su existencia anterior, bajo el poder de los soberanos visigodos de Toledo. Es de suponer, dada la poca influencia del elemento germano en la península, que si exceptuamos la clase noble en donde encarnaba el poder, la población oscense con sus caracteres de hispanidad, romanizada y cristiana, continuó con los mismos aspectos con que había vivido en el bajo imperio romano y en los siglos visigodos.

HUESCA MUSULMANA.

En los comienzos del siglo VIII el poderío de los visigodos se derrumba por dos causas: normalmente deshecho por sus odios y luchas intestinas que habían debilitado extraordinariamente su poder interno y por la fuerza de las armas del nuevo elemento musulmán (mezcla confusa de razas muy distintas: árabes, berberiscos, eslavos, sirios, etc.) La península cayó rápidamente en poder de ellos. No conocemos en que condiciones Huesca se rendiría, la historia no nos da pormenores de ella
Solo nos dicen los historiadores árabes que Muza y Tarik conquistaron toda la región meridional del Pirineo, sin que sepamos la resistencia que en ella se encontraron. Lo indiscutible es que a partir de entonces Huesca es ciudad mencionada dentro del islam, punto muy importante de la llamada <<Frontera Superior>> por los árabes, ya que mas allá de la sierra de Guara no se puede afirmar que hubiese dominación musulmana en estado permanente: los habitantes del Pirineo que no fueron muy sumisos a los visigodos, continuaron con su mismo espíritu indomable frente al islam. Huesca, pues, se encontró en el punto de intercesión donde terminaba el mundo mahometano, frente a regiones de montañeses indómitos (elemento primario de los que luego fue estados cristianos pirenaicos de la reconquista) y al lado de los estados francos que bajo Carlomagno y sus descendientes soñaron siempre en el dominio del Valle del Ebro, poco islamizado y con una población solo en la apariencia sumisa al poder de los emires y de los califas: vería por ello desfilar antes sus muros ya ruinosos de la Osca romana, las huestes aguerridas de los francos, de los emires, y de los hombres del Pirineo.

Lo que si es indiscutible, que dado lo heterogéneo del elemento invasor, Huesca como Zaragoza se vio dominada por elementos árabes puros, libre de las rebeliones, devastaciones y crueldades de los bereberes, como en otras regiones españolas, dando a su población dentro de la sociedad musulmana, dos notas esenciales: un carácter de selección y de aristocracia que siempre distinguió a los musulmanes de la cuenca del Ebro, y la independencia mas o menos encubierta con que vivió toda la región, respecto a los soberanos de Córdoba, en los casi cuatro siglos (720-1096) de vida mahometana.

Dos hechos dolorosos y mencionan a Huesca en el siglo IX, y los dos en relación con la población cristiana-mozárabe que vivía bajo el dominio de los emires: el primero, es en Toledo: los mozárabes toledanos negaban obediencia al emir y este se vengó enviando como gobernador a un oscense cruel <<el renegado Anrús>> que atrajo a su palacio a los principales toledanos, invitándoles a un festín y conforme llegaban eran decapitados en el foso de la fortaleza. Tal fue la matanza conocida en la Historia con el nombre de <<Jornada del Foso en Toledo>>, inspirada por un hombre de Huesca, y que siglos mas tarde, en ambiente cristiano, tendría su repetición dentro de la ciudad, con la sangrienta <<campana de Huesca>> en circunstancias muy parecidas. El segundo hecho es el martirio, por el valí de Huesca Zumahil, de aquellas dos doncellas Nunila y Alodia, que prefirieron el martirio a la abjuración de su fe cristiana, viniendo a aumentar la gran fila gloriosa de mártires mozárabes. Aun hoy el lugar de su martirio se llama en Huesca el << Tozal de las mártires>>.

La historia de la ciudad siguió siempre unida a las vicisitudes de Zaragoza, y así cuando en el derrumbamiento del Califato, créase en toda la región el reino moro de Zaragoza dominado sucesivamente por los Tochibies y los Beni-Hud (con sus famosos reyezuelos-taifas, Culeiman, Moctádir, Mutamin y Mostaín); que desde la muerte de Almanzor (1002) vieron con temor los deseos de los caudillos pirenaicos de apoderarse de la ciudad del Isuela, que si hemos de creer a los cronistas árabes, gozaba de un gran prestigio e importancia. Y sin embargo carecemos de noticias concretas del aspecto de la <<Huesca mora>>. Sabemos que estaba rodeado de ancho foso, que quizás la vieja ciudad romana que se extendía en ambas márgenes del río, se debió ir concretando poco a poco alrededor de la colina de la antigua acrópolis (casco viejo de la ciudad), ante el temor de las <<razzias>> y algaradas constantes de un perenne estado de guerra; el recinto amurallado nos lo describen con amplios fosos, 99 torreones y una impotente alcázar (hoy instituto) y seminario <<Zuda>> residencia del walí o gobernador. Sabemos también (porque hasta hace relativamente pocos años subsistió la mayor parte de su recinto amurallado) que tenían varias puertas la ciudad flanqueados de torreones para su defensa, nombres algunos conservados en el lenguaje popular al lugar que ocupaban: tales la de <<Ramian>> (hoy plaza de Lizana) la de la << Alquibla>> (o mediodía, comienzo de la actual calle de Ramiro el Monje) que tenía dos torres y fue derribada a mediados el siglo pasado, la del <<Alpargán>> (calle de mozárabes), etc. Tenemos también noticias por los cristianos que lograron volverla cristiana, que nos hablan con orgullo (propio de conquistadores) de la famosa <<Misleida>> la mezquita mayor que ocupaba el lugar de la actual catedral y que ellos la creían de los mejores de España. Fueron también muchas otras mezquitas las que se encontraban dentro de la ciudad musulmana, tal la de la Zuda (seminario), la que luego fue iglesia de San Martín (derruida) etc. Es también indudable que como era costumbre en las ciudades musulmanas la mayoría de las gentes de religión distinta ocuparían barrios aparte, así el de San Pedro el viejo dentro del <<mozárabe>> y el hoy llamado <<barrio nuevo>> que fue la antigua <<judería>>.

LA CONQUISTA (1096).

Al finalizar el siglo XI la decadencia militar y guerrera de los reinos de Taifas y el empuje de las armas cristianas, presagiaban el fin de la dominación agarena en el valle del Ebro: Huesca agonizaba en su vida musulmana. El gran Caudillo pirenaico Sancho Ramírez (el segundo soberano del diminuto reino montañoso de Aragón) incansable en su deseo de dominar la tierra llana, llevaba varios años devastando las comarcas y obligando a los <<walís>> de Huesca a pagarle la tributación anual en moneda oro (parias). Pero el sueño del gran rey era el dominio del Somontano, el poder trasladar el centro político de su reino de Jaca, metida entre montañas, a la ciudad de Osca, que presagiaría el próximo dominio de la gran Zaragoza, la suspirada <<ciudad blanca>> de los cronistas árabes. Para ello necesitaba tomar los fuertes castillos de la sierra de Guara, que eran las avanzadas del reino moro y la mejor defensa de la ciudad. Sancho Ramírez, siempre dispuesto a la lucha, fue dominado con sus huestes aguerridas las famosas fortalezas de Loarre, de Alquézar y de Marcuello, y desde ellas concentró los puestos de resistencia necesarios para preparar la rendición de la ciudad. Cuando tuvo castigada la tierra y dominada gran parte de los Somontanos de Huesca y Barbastro puso sitio a la ciudad, no sin levantar antes un gran castillo (1085) sobre los altos que dominan la <<Hoya de Huesca>>, tal fue la famosa fortaleza de Monte Aragón, que una vez cumplida su misión guerrera, fue convertido en abadía, al igual que sus hermanos de Alquezár y Loarre (bonitas excursiones a los alrededores de Huesca). No era empresa fácil el dominio de Huesca, no solamente por el gran poder del taifa o reino moro de Zaragoza (uno de los mas fuertes de la España musulmana), sino también porque Castilla (siguiendo su tradición) soñaba con la unidad peninsular y no había renunciado a ser ella la conquistadora del valle del Ebro: el sitio de Huesca se presentaba difícil, había que luchar contra una ciudad de grandes defensas y bien abastecida y era de esperar que los musulmanes oscenses contrarían con la ayuda de los zaragozanos y de los ejércitos cristianos de Castilla por ser tributaria de este reino. El sitio duró mas de treinta meses, y Sancho Ramírez no pudo ver coronada en vida, su gran empresa a pesar de su arrojo y de su voluntad de no vacilar hasta su conquista. Se ha creído durante mucho tiempo que encontró la muerte, en un reconocimiento de la muralla, de un saetazo disparado desde la barbacana, y aún en Huesca una de las colinas de su lado N. se llama en recuerdo de ello <<el pueyo de D. Sancho>>, porque en el murió dentro del campamento del ejército sitiador (que ocupaba una alquería) el gran rey, verdadero forjador del reino aragonés. Sin embargo, modernas investigaciones han demostrado que no fue de saeta la muerte de D. Sancho, sino de enfermedad natural, lo que no quita que encontrase la muerte en el medio que vivió, rodeado de sus guerreros y en la tienda real de su campamento. Tras su traslado a Monte de Aragón (y mas tarde a San Juan de la Peña) su hijo Pedro se propuso cumplir los deseos de su padre, que según la tradición en su mismo lecho mortuorio le hizo juramento de no levantar el sitio hasta la rendición de la ciudad. Y Pedro I lo cumplió.

ALCORAZ.

El sitio llevaba ya mas de dos años, y a pesar de las privaciones y del terrible cerco, la ciudad no se rendía, confiando en recibir refuerzos de Zaragoza. Al fin estos llegaron. Los cronistas nos cuentan que cuando la vanguardia que iba a socorrer a Huesca llegaba a Zuera, aún la retaguardia no había salido del barrio de Altabás, en Zaragoza, sin duda con exageración. Pero lo que es indiscutible es que era un gran ejército, en el cual Mostaín de Zaragoza no solo enviaba todas sus fuerzas en auxilio de su ciudad querida, sino que con ellas iban muchas huestes castellanas (los condes de Nájera, García Ordóñez y el de Lara y Osma, Gonzalo Núñez) en ayuda de sus tributarios moros de Zaragoza enviados por Alfonso VI de Castilla, que precisamente iban a guerrear contra fuerzas cristianas como ellos, lo que demuestra las circunstancias especiales de la política guerrera de aquellos tiempos en los reinos cristianos. Pedro I, el joven monarca, prepara sus huestes para impedir la entrada del ejército auxiliar en la ciudad sitiada. Le acompañaba y era de los que mas sobresalían por sus dotes guerreras, su hermano Alfonso que habría de ser mas adelante el conquistador de Zaragoza y que por su carácter guerrero llevara el sobrenombre del <<batallador>>. El encuentro tuvo lugar en los llanos de Alcoraz (al sur de la ciudad, junto al llamado ahora cerro de San Jorge) y es una de las batallas mas gloriosas de la historia de Aragón: (martes 18 de noviembre de 1096). El encuentro debió ser terrible, pues testigos presenciales dan a los ejércitos un contingente superior a los 20.000 combatientes cada uno. El conde castellano García Ordóñez conminó al rey aragonés a que dejase libre a Huesca o no saldría con vida del encuentro- pero este había recibido refuerzos inesperados, pues muchos aragoneses de los pirineos se presentaron en el campamento cristiano con importantes contingentes de combatientes dispuestos a luchar; así el famoso Fortuño, vasallo que había sido desterrado años antes, que presentó con mas de 300 peones y diez cargas de mazas de Gascuña que el rey aceptó con el consiguiente perdón. Se distinguieron por su valor Gastón de Biel, Barbatuerta, Féniz de Lizana, Pedro de Bergua, en la vanguardia, junto al Batallador; Ximénez Aznárez de Oteiza y Sancho Vita, en la retaguardia.

Los cristianos atribuyeron la gran victoria a la intervención de un fuerte adalid desconocido de todos que se habían presentado inopinadamente en el campo aragonés y sembró la muerte y el exterminio con los mandobles de su espada. Tal es la leyenda de San Jorge en Alcoraz, en cuyo honor se levanta la ermita cercana a la ciudad y también a su fama debido al cambio de escudo de Aragón, que desde entonces sustituyó a la cruz, las cuatro cabezas moras de Walís moros, que según la tradición, contra su espada terrible. Perdidas las esperanzas, la población de Huesca se rindió con discreción ocho días después al rey Pedro (26 de noviembre de 1096). El cerco había durado dos años, siete meses y 21 días. Para Aragón abandonaba su cuna pirenaica y el dominio de Huesca le anunciaba para muy pronto la conquista de todo el valle, que realizaría Alfonso, uno de los principales héroes del triunfo de Alcoraz.

Tomada la ciudad con la alegría triunfal de los vencedores y de los mozárabes, pronto se convirtió en el centro político y guerrero del reino aragonés. El palacio de la Zuda fue el asiento del Alcázar de los reyes, la capilla de el paso a la jurisdicción de abad de Montearagón, la mezquita mayor fue convertida en catedral (después de las grandes ceremonias de su purificación) donde al fin tuvieron su sede los obispos que durante siglos habían tenido que emigrar constantemente en Sásave, Siresa, Jaca, etc. Las condiciones de los vencidos fueron desde luego duras como duras habían sido las jornadas necesarias para su dominación.

Pero Pedro I, vivió ya pocos años y amargado por las desgracias de sus dos hijos que murieron conjuntamente, el también encontró la muerte prematura, siendo llevados sus restos a San Juan de la Peña, último monarca que allí en la cueva santa encontró su descanso. Su hermano el Batallador, fue el hábil continuador de sus gestas de Alcoraz. Puso todo su empeño en la conquista de Zaragoza, y contra ella también levanto un castellar al modo que Montearagón sobre Huesca, que aun hoy, completamente derruido, da sin embargo denominación a una comarca cercana a Zaragoza. Su obra fue la propia de un cruzado, incansable en la lucha, dominador de toda la tierra llana (Ebro, Jalón y Jiloca) que en verdadero alarde de facultades y valor, llevó sus huestes a la gloriosa mas que efectiva, expedición hasta el mar de Granada por centenares de Kilómetros de tierra musulmana. Su desgraciado matrimonio con Urraca de Castilla, le impidió adelantar la unidad nacional y buscar la cooperación de las armas castellanas. Encontró la muerte en los muros de Fraga en lucha contra los nuevos invasores almorávides, ola africana en socorro de los derrotados musulmanes españoles. Huesca tiene la gloria de poseer su cuerpo, que durante muchos siglos descansó en el vecino monasterio de Montearagón, en donde el había empezado su vida de guerrero glorioso. El tercer hermano, monje en Tomeras, contra su vocación y voluntad, tuvo que renunciar a la cogulla por el cetro, pero cumplido este deber, salvaba al reino de Aragón.

HUESCA Y RAMIRO II.

Huesca alcanzó su máxima popularidad en aquellos años que fue corte y retiro de Ramiro II, que sin duda tuvo por ello afecto entrañable. Sabido es los trastornos y rebeliones que la nobleza feudal ocasionó, aprovechándose de lo que creyó debilidad del <<rey cogulla>> y de su carácter pusilánime.

No tenemos noticias muy concretas de aquellos momentos críticos que siguieron para Aragón cuando el rey Batallador moría de los resultas de sus heridas de Fraga (probablemente en Almuniente), pero la situación no podía ser mas apurada. Los navarros proclamaron soberano, separándose nuevamente. Castilla amenazó las fronteras del Ebro y el reino se debatía en la anarquía de una nobleza que creía llegado el momento oportuno al logro de sus privilegios y poderío. Ramiro, saliendo del claustro, logró conjurar todos los peligros, excepto la separación Navarra, que era muy superior a él. A Castilla pudo contenerla por medios conciliadores y en la nobleza, impuso un castigo ejemplar, que terminó con el estado latente de rebelión. Todas las noticias que tenemos sobre la famosa <<campana de Huesca>> son las cortas líneas de la crónica llamada << los Anales toledanos>>, que escuetamente dice <<que en aquel tiempo, mataron a las potestades de Huesca>>. Pero en que circunstancias, que con motivo, de que manera fue inspirado el castigo, quienes eran esas potestades todo ello ya ha sido el ropaje puramente literario y popular que los siglos posteriores crearon en relación con el hecho. (véase en el instituto de 2ª enseñanza la <<mazmorra de la campana>>).

Ramiro comprendió también que el problema de Aragón, era asegurar la sucesión con un heredero, y para ello no dudó con la licencia pontificada necesaria, el casarse con Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa, con quien estaba relacionado por haber vivido en Tomeras) y de este matrimonio nacía poco después una niña, Dª Petronila, que fue prometida al Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Cumplido todo ello en los tres cortos años de su reinado (1134-1137) entregando el poder a su yerno, volvióse a la vida monacal, aunque no por eso se dejó de titularse rey. Allí en el claustro de San Pedro el viejo, que el transformó dándole el carácter que ahora contemplamos a su claustro y parte de su iglesia, vivió aun cerca de veinte años, en los que pudo gozar en el retiro de su celda al ver el acierto de su labor que unía el Aragón austero y guerrero con el espíritu comercial y expansivo de Cataluña.

HUESCA MEDIEVAL.

A pesar del cambio de dinastía con el advenimiento de la Catalana, Huesca siguió teniendo a lo largo de los siglos medievales, y especialmente en aquel siglo XII, una gran importancia entre las ciudades de la corona de Aragón, y todos su soberanos vivieron en su alcázar muchas temporadas, lo que trajo que no pocos acontecimientos tuviesen su escenario en Huesca. Así, en ella nació el primer soberano de la dinastía catalana, Alfonso II. Precisamente este monarca, casado con la santa reina D.ª Sancha de Castilla, fundaron en 1188 el famoso monasterio de monjas sanjuanistas de Sigena (apuntense a Excursiones) del que fue priora la reina y donde murió en olor de santidad.

También fundaron estos monarcas la iglesia de Nuestra Señora de Salas, en las cercanías de la ciudad, en los primeros años del siglo XIII, que mas tarde cantaría en la sencillez de sus <<Cántigas>> las trovas del rey Sabio, Alfonso de Castilla.

Huesca vio nacer en su reinado unió la empresa guerrera de la reconquista (dominio de la meseta turolense y aprestamiento para defenderse de la nueva invasión almohade) juntamente a la hegemonía de Aragón en los estados feudales del mediodía de Francia, en donde precisamente encontró en la batalla de Muret en defensa de sus vasallos la muerte luchando contra los crueles cruzados de Simón de Monfort. Su cuerpo llevado por sus guerreros, fue traído a Huesca, para sepultarle mas tarde en Sigena.

Los años turbulentos de la menor edad de Jaime, el futuro rey Conquistador, turbaron también la vida de la ciudad: recogido para su educación y custodia en el cercano castillo de los Templarios de Monzón, vio turbada su infancia por la anarquía de los nobles, principalmente del infante D. Fernando, abad de Montearagón, deseoso de la corona. A favor del abad se había puesto las ciudades de Zaragoza, Jaca y Huesca y en ocasión que D. Jaime, aun muchacho, se acercó a la ciudad para venerar a la Virgen de Salas de quien fue muy devoto, los oscenses le rogaron que entrase en la ciudad para prestarle obediencia. A los festejos y aclamaciones de su entrada, sucedió por la noche el motín de los sublevados. A pesar de sus deseos de calmar al populacho y de arengarle pronto comprendió Jaime I que era prisionero de sus vasallos instigados por su tío D. Fernando. Pero en un noche de Marzo, cuando en el alcázar (hoy instituto) se aparentaba preparativos, como para festejos, el joven rey, cubierto de sus armas y acompañado de tres leales bajando por la vecina puerta de San Miguel y amenazando a la guardia del rastrillo, se hizo abrir paso y se alejó al golpe de su caballo. Un año después, en Pertusa, firmaba la concordia con su tío. Y sin embargo Jaime I, el gran conquistador de Baleares y de Valencia, tuvo siempre un gran afecto a Huesca, como lo prueba las diferentes veces que en ella convocó Cortes.

Nada menos que once veces en la Edad Media se reunieron en Huesca las Cortes del reino y siempre en ocasiones que las circunstancias las hacían solemnes. En 1134 para legitimar Ramiro II su coronación, y en 1136 para deponerla en las sienes de su tierna hija. Esta, años mas tarde, Dª. Petronila, ya viuda, las reunió en 1162 a los aragoneses y catalanes para leer y cumplir el testamento de su marido; en 1179 las convocó en Huesca, Alfonso II, para dilucidar cuestiones fronterizas en Castilla, así como en 1188 por asuntos y agravios referentes a Navarra. Tres veces las presidió Jaime I, La primera al principio de su reinado debido a las cuestiones turbulentas de la nobleza y al buen gobierno del reino, pero de mayor importancia fueron aún las generales de 1147, en donde se hizo la famosa complicación de los fueros de reino <<Compilación de Huesca>> en ocho libros y que se debió a la sabida intervención del gran obispo oscense D. Vidal de Canellas, y en las cuales se levantaron las primeras censuras y voces contra los <<juicios de Dios>> y las terribles pruebas del agua y del fuego y de otras supersticiones medioevales. La últimas que se celebraron en 1285 dieron lugar a escenas tumultuosas entre la nobleza, principalmente zaragozana, y Pedro III, y mas tarde las de 1286 que ya fueron el anuncio de la ruptura entre Alfonso II con las exageradas pretensiones de la <<unión>> (aristocracia feudal). Después de estas no volvieron a reunirse en la ciudad de Huesca.

Tenía Huesca en todas las Cortes del reino, un sin número de prerrogativas. En el brazo eclesiástico que se sentaba en los bancos a la derecha del rey, en el centro lo ocupaba el arzobispado de Zaragoza, pero su derecha era el asiento del obispo de Huesca; y así mismo los procuradores del cabildo oscense, solo cedían precedencia al cesaraugustano; en el brazo de los concejos el segundo era Huesca (después de Zaragoza, pero antes de Jaca, Calatayud, Daroca, Teruel, etc.) sentados en frente del monarca.

Durante los disturbios promovidos por <<la unión>> con las exageradas pretensiones de la nobleza que fue verdadera rebelión armada y organizada por los magnates del reino, queriendo aprovecharse de las circunstancias especiales en que se encontraba el monarca, empeñado en la guerra de la conquista de Sicilia, en la excomunión pontificada y en la invasión francesa, se vio precisado a concederles el privilegio de la Unión, que fue germen de su sin número de abusos y de un estado latente de anarquía. En estas circunstancias, el Alto Aragón que tenía un carácter eminentemente aristocrático, estuvo en frente de la corona mientras las tierras turolenses asientos de las mas famosas comunidades de concejos (Calatayud, Daroca, Teruel), se mantuvieron al lado del soberano. Huesca sin embargo hizo honor a su nombre y a pasar de los deseos de los señores feudales y de sus halagos, demostró una entereza y una rectitud, ayudando al monarca, digno de todo elogio. Estando por ello en Alcañiz el rey Pedro IV, en 1354, amante de Huesca y hondamente agradecido a la ayuda prestada contra los unionistas, fundó en la ciudad (y para ello dio gran parte de su alcázar) el famoso estudio General o Universidad que llevo el nombre de <<Sertoriana>>, en recuerdo de la que aquí había fundado el gran patricio romano. Fue la segunda, después de la Lérida en los estados de la Corona de Aragón, y a ella se la dieron un gran número de privilegios, creándola por el mismo consejo de la ciudad.

Después de la muerte del rey D. Martín (de quien fue siempre leal consejero y hasta su embajador en Aviñón el obispo de Huesca Juan de Tauste), vino el famoso interregno que terminó en el llamado compromiso de <<Caspe>>. Se promovieron grandes disturbios entre los pretendientes de la corona, pero Huesca supo conservarse neutral a pesar de las devastaciones de su comarca por los huestes de D. Antonio de Luna, que tenía sus centros en Montearagón y en Loarre. Al fin se buscó la solución encargándose a tres parlamentarios de Aragón, de Cataluña y de Valencia. De los tres aragoneses, uno precisamente fue el obispo oscense D. Domingo Ram, que con San Vicente Ferrer, fueron los defensores del infante castellano D. Fernando de Antequera, cuya candidatura al fin, prevaleció por seis votos, dos en contra una abstención. Huesca fue de las primeras ciudades que levantaron su pendón gozosamente.

Su historia, a partir del siglo XV, ya es mucho mas conocida, por los que haremos una somera relación.

La expulsión de los judíos la perjudicó grandemente como a todas las viejas ciudades de España. Pero los Reyes Católicos y en especial Fernando, sintió gran veneración por la ciudad patria de San Lorenzo, a quien regaló un magnífico retablo para su basílica, obra de su gran pintor de cámara Pedro de Aponte.

HUESCA Y SU APOGEO CULTURAL.

Sostuvo siempre Huesca hondas rivalidades con Zaragoza, principalmente por el deseo de esta de instaurar una Universidad, que vulnerase los privilegios que gozaba la <<Universidad sertoriana>> que era el mayor orgullo de la ciudad, ya que tenía la exclusividad en los derechos para enseñar Artes y Filosofía conjuntamente con otras materias como Teología y Medicina. Precisamente por entonces aumenta su fama con la fundación del Colegio Mayor de Santiago, que alcanzó de Carlos V el título de imperial y que luego (aunque menores, lo que fue causa de grandes rivalidades) se fundaron otros como San Vicente, San Bernardo, etc; así mismo se fundó siguiendo las instrucciones del concilio de Trento (y algunos aseguraron que fue el primero de España) el seminario, para el cual se dio los locales de la vieja Zuda. En este siglo (1580) escribió en la ciudad una de las obras mas sublimes de la mística española, <<libro de la conversión de la Magdalena>>, Fr. Pedro Malón de Chaide, siendo prior del convento de agustinos de Huesca; y otra priora, también poetisa, Ana Francisca Abarca de Bolea (de la familia de los condes de Aranda), concurría a los certámenes literarios de Huesca y Zaragoza y a todos maravillaba por su sabiduría y por la delicadeza de su estilo literario. Pero nunca fue superada la fama literaria y artística de Huesca sino en tiempos de Lastanosa (siglo XVII), gran mecenas de las artes y las letras, y en cuyo palacio del Coso, verdadero museo, celebrado y conocido en toda Europa, se hospedó Felipe II y su Corte.

Felipe II que levantó el monumento simbólico del espíritu imperial de la Hispanidad dedicado a San Lorenzo en el Escorial, no pudo olvidar la patria del gran mártir y mucho contribuyó a su renovación basilical y al levantamiento del santuario de Loreto en las cercanías de Huesca, obra que encargó los planos a su gran arquitecto escurialense Herrera.

La expulsión de los moriscos en los comienzos del siglo XVII debió dejarse de sentirse en la población oscense, ya que el mismo obispo de aquel tiempo, Monreal, concedía indulgencia para que el pueblo dejase de mencionar a la <<morería>> y lo denominarse <<barrio de San Martín>>, como igualmente ocurrió con otras denominaciones arabizadas o judaizantes.

Los grandes acontecimientos nacionales llevaron siempre su repercusión a la ciudad: así recibida la noticia en 1592 de la entrada de los franceses por los Pirineos, Huesca se armó rápidamente con clérigos y frailes y marchando al frente el mismo obispo de la ciudad, se dispusieron a la defensa.

HUESCA EN LOS TIEMPOS MODERNOS.

Durante la guerrera de sucesión española, Huesca, como casi todo Aragón, bajo la influencia histórica de Cataluña se pusieron en principio al lado del bando del Archiduque en 1706. Pero bien pagaron sus vacilaciones con la perdida absoluta de sus libertades, después de haber estado fluctuado en el bando borbónico y en el austriaco, tras la victoria definitiva de Felipe V en Almenar.

Durante la guerra de la independencia el fervor patriótico del pueblo le llevó a cometer excesos sangrientos: tal fue el linchamiento del gobernador don Antonio Clavería por suponérsele afrancesado. El mariscal francés Suchet tomo entonces a Huesca y devastó todas las comarcas altoaragonesas, no sin tener que luchar con gran número de guerrillas levantadas por toda la región, principalmente la del guerrillero Felipe Perena, hijo de Huesca quien al frente de un tercio de la ciudad acudió a cubrirse de gloria en los sitios heroicos de Zaragoza, quedó completamente abatido Aragón, pero D. Felipe Perena siguió hostilizando incansable a los ejércitos imperiales, hasta el punto que solo para destruirle el mariscal Lannes envió una columna al mando del general Mortier, y el guerrillero oscense los hizo retroceder y encerrarlos en Huesca después de su triunfo en Santa Eulalia la Mayor.

En las guerras carlistas fue Huesca centro de distintos acontecimientos: por Agosto de 1835 pasó por Huesca la columna carlista de Gorgue, pero el triunfo alcanzando en Angües por las tropas liberales mandadas por el brigadier Conrad, libró a Huesca de caer en poder del pretendiente. En 1836 se proclamó con gran entusiasmo la constitución de 1812, cuando de nuevo se vio amenazada por los cuerpos carlistas de Torres y Montbiola, Huesca, levantada militarmente en un entusiasmo liberal, colaboró a la derrota de los carlistas en Casbas, que libertó nuevamente a la ciudad; mas adelante, el ejército del pretendiente, mandado por el infante D. Sebastián, se apoderó de la ciudad en la primavera de 1837. pero Irribarrem, al frente de las tropas isabelinas, le salió al encuentro, siendo derrotado y muerto en esta acción, llamada <<la batalla de Huesca>> que fue muy sangrienta: D. Carlos, el pretendiente, que había ocupado al fin de la ciudad el 24 de Mayo de 1837, forzó a los generales Irribarren, Diego de León y Navarrete aceptar el encuentro en malas condiciones y con número inferior de tropas, pero los dos encontraron la muerte, el uno en el mismo campo de batalla, y el otro, de las heridas, días después, en Almudévar, mas de mil muertos costó a la acción entre los dos ejércitos, pero los carlistas tuvieron que evacuar la ciudad, no sin dejar en ella mas de 150 heridos, que fueron muy humanamente tratados por la población y los isabelinos. Al año siguiente volvió a alarmar a Huesca la entrada de la columna Carlista de Tarragual, pero no llegó a ocupar la capital, pasando de largo, tras abastecerse.

A su vez las convulsiones y pronunciamientos políticos tuvieron tristes repercusiones en la ciudad. El pronunciamiento de 17 de Septiembre de 1843, en Zaragoza, llegó hasta Huesca, pero el partido progresista fue batido muy duramente. En el movimiento liberal de 1848 entró por Francia el general Ruiz y en Huesca D. Manuel Abad, que se tituló <<capitán general de los ejércitos del Alto Aragón>> y había organizado una facción republicana, pero perseguido por una división del ejército de la reina, fue fusilado con algunos compañeros en Huesca. En 1856, con la caída de Espartero, hubo sublevación en Zaragoza y otras capitales, entre ellas Hueca, que fue rápidamente dominada por el general Dulce. Ya a partir de entonces, Huesca ha gozado de una vida tranquila y laboriosa, en la que con gran perseverancia ha procurado levantarse de su postración y decadencia, época de tranquilidad, sin dejar por ello de acusar las vicisitudes de la vida nacional. Únicamente perturbó su calma en Diciembre de 1930 la cercanía de la columna rebelde de Galán y García Hernández, que fue dispersada en el conato de encuentro de Cillas, a dos kilómetros de la ciudad. Los capitanes fusilados descansan en el cementerio de Huesca, como también el general Las Heras, que encontró la muerte haciendo frente a los rebeldes como gobernador militar de la plaza.

LOS RECUERDOS.

De la Huesca que hemos visto rápidamente desfilar en el bosquejo histórico, de muchas de sus grandezas históricas y artísticas, han desaparecido, debido mas a la desidia y abandono de los hombres que a la obra inexorable del tiempo. Aún en el siglo pasado, los escritores que de ella hablaron, nos recuerdan con cierto orgullo su recinto amurallado, sus 99 torres inhiestas, las puertas de la ciudad vieja. La sed demoledora de un modernismo mal entendido, consumieron, nos habla con nostalgia, de la que fue ciudad poderosamente defendida.

Las leyes desamortizadoras de Mendizábal (1835) acabaron de arruinar muchos de sus monumentos y de los 16 conventos de religiosos, los 10 de monjas y las diversas parroquias, la mayoría vendidos sus bienes, desaparecieron pronto, para no quedar mas que los vestigios y quizás solo el nombre como recuerdo. Así el convento del Carmen (fundado en 1187) destruido por los franceses en la guerra de la Independencia y luego vendido por el Estado; el de la Merced (fundado por Jaime I en 1218) luego colegio Incorporado a la Universidad; el de San Francisco (cuyos restos aún se distinguen en el hoy palacio de la Diputación provincial), el de Santo Domingo, hoy parroquia su iglesia, los Agustinos de la Misericordia; los de Loreto; los Mercedarios, etc. Algunas de las obras de arte que encerraban, fueron a parar al Museo de Bellas Artes.

Pero lo que jamás debió consentirse fue el derribo (¡y menos para levantar una plaza de toros!) de la que fue iglesia de San Juan de Jerusalén, de los Caballeros Hospitalarios, que aun hay oscenses que la recuerdan. Ejemplar interesante del arte románico, digno compañero de San Pedro el Viejo, donde según la tradición, descansaban los restos infantiles del hijo de Ramón Berenguer y Dª Petronila y los cadáveres de los nobles, tan cruelmente castigados en su rebeldía en la famosa campana del rey-monje.

De esta manera, siguiendo la estela de los recuerdos, habría de protestarse en estos últimos años del abandono de dejar arruinarse la iglesia de la Magdalena, ante la indiferencia de todos y hasta con la misteriosa desaparición de su preciosos retablo de Juan de la Abadía (siglo XV), entre el silencio, especialmente de los que estaban mas obligados a su defensa, perdida sensible de Huesca, sin duda para ir a adornar las salas de algún museo extranjero o de algún anticuario sin escrúpulo. Y lo mismo pudiera decirse de las tablas de Aponte de la basílica de San Lorenzo y de tantos objetos impregnados de valor artístico e histórico que Huesca no ha sabido conservar.


Tal día como hoy 25 de octubre



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