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Zaragozando por Zaragoza un veraniego 28 de Julio de 2007. 73. Aragón

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Zaragozando por Zaragoza un veraniego 28 de Julio de 2007. 73.
La Zaragozando un veraniego 28 de Julio de 2007 por Zaragoza.


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Huesca
LA CIUDAD ALTO- ARAGONESA

Ciudad y capital de la provincia aragonesa de su nombre (limitada por las de Navarra, Zaragoza y Lérida. Además de la parte fronteriza con Francia) con la residencia de los centros provinciales administrativos (Gobierno civil, Comandancia militar, Audiencia provincial, Diputación, Delegación de Hacienda, Instituto nacional de 2ª Enseñanza, Escuela normal, Jefatura de obras públicas, Sección Forestal y Agronómica, etc.), tiene de guarnición el regimiento de infantería, de Valladolid, número 20, caja de reclutamiento y los servicios auxiliares correspondientes. Es ciudad de 16.500 habitantes asentada en la comarca natural llamada la <<hoya de Huesca>> en una altitud de 477 metros sobre el nivel del Mediterráneo y son coordenadas 42º 8` 25`` de latitud N. y 3º 16`44`` de longitud E (meridiano de Madrid) Viaje a Huesca.

Huesca ha quedado ferroviariamente semi apartada de líneas de alguna importancia. La vía del <<Norte>>, de Zaragoza a Barcelona (por Lérida) la dejó aislada, pasando por Tardienta (a 30 kilómetros al S. de la ciudad) y la línea a Canfranc (y Francia) desde Zaragoza que cruzaba junto a la capital altoaragonesa, quedó también asfixiada al realizarse modernamente el trozo directo entre Zuera y Turuñana. Hoy, pues, se encuentra en el centro de la modestísima vía de Ayerbe a Tardienta y a ello ha venido a unirse la ausencia total de celo e interés que la compañía ferroviaria ha puesto en servir a la ciudad de Huesca. La mayoría de los viajeros procedentes de Zaragoza (y de Madrid y de Barcelona) tienen que buscar alternativa al tren ir a Huesca, ya que solo uno o dos trenes, llevan servicio directo a Zaragoza y viceversa.

Es mas cómodo y barato el viaje por carretera desde Zaragoza, con magníficos y rápidos autobuses de línea, que hacen en una hora los 80 kilómetros que separan ambas capitales, y que como mínimo, la empresa <<La Oscense>>, explota tres servicios diarios de ida y vuelta, pudiéndose hacer el viaje de día desde Zaragoza por la mañana y tras la visita detenida de la ciudad, volver en la caída de la tarde, como en Madrid ocurre con las ciudades de turismo que la circundan (Ávila, Toledo, Escorial, Alcalá, etc.)

Huesca y su tierra ( estudio geográfico)

La depresión del Ebro o valle Ibérico está compuesto principalmente de suelos de naturaleza arcillosa, que se extienden por la provincia de Zaragoza y terminan en su parte N, en las faldas de la sierra de Guara. Al pie de ella (entre el pico de Guara y Gratal) se encuentra la llamada Hoya de Huesca, regadas por dos ríos pequeños que marchan de Norte a Sur, el Isuela y el Flumen, a buscar por el Alcanadre y el Cinca al Ebro. Esta comarca, como casi todas las de la parte N del valle Ibérico, se compone de suelos de margas terrosas, con alternancias de materiales de esta clase y areniscas de cimiento calizo, desde las últimas estribaciones subpirenáicas hasta la sierra de Alcubierre en el país de los Monegros miocénico continental, si bien la tierra de Monegros, como la de Barbastro y Monzón, forman dos manchones de terrenos yesíferos, de edad miocénica.
Estas llanuras altas de Huesca, dan lugar a páramos en donde la irrigación artificial no llega, presentando n aspecto característico, por algunos mantos de aluviones gruesos, que en el país toman el nombre de <<sasos>> y que considéranse como plataformas aluviales de época pliocénica. Tales como se pueden contemplar al S. de Huesca en las carreteras de Grañén y la de Sariñena, y las mimas características presentan, las terrazas, verdaderos bordes altos de la Hoya, cuales son las llamadas <<canteras de Almudévar>> (llegando a Huesca por la carretera de Zaragoza) y el <<estrecho de Quinto>> en la de Barbastro, en las que se levanta las ruinas del castillo de Monte Aragón, como antiguo vigía, de las vegas del flumen. Dominando su parte N. se alza la larga silueta de la sierra de Guara ( pico de Guara 2.070 metros.- Gratal 1.578 m) que como todas las montañas subpirenáicas presenta la característica de dar hacia el S. un relieve con cortaduras escarpadas, correspondiente a frentes de facturas, generalmente en falla, cuyos labios hundidos en la depresión , se hallan cubiertos por los sedimentos neógenos, en general toda esta sierra, desde el Cinca hasta más allá del Gállego, es una de las fallas más formidables y extensas de la Península, dentro de la cual es corriente grandes conglomerados paleógenos, con los que termina la sierra en su borde meridional, tales como el << Salto Roldán>> el <<Huevo de San Cosme>> y los << Mallos>> de Riglos y gargantas de Alquézar y Loarre, etcétera, en donde los ríos entran, en las llanuras del Alto Aragón que presagian las estepas cercanas al Ebro.

La llanura del Ebro va lentamente alzándose en dirección N de manera insensible, pero a pesar de ello, Huesca solo se encuentran a 477 metros sobre el nivel de las aguas del Mediterráneo. Las características de su clima, lo impone mas que nada, la sequedad de todo el valle ibérico, aislado por las tres grandes cordilleras (ibéricas, catalanas y pirenaicas) que le circundan de las influencias húmedas del mar. Debido a ellos las temperaturas son relativamente extremadas (temperatura media anual de Huesca 13,3 ºC; temperatura media máxima, 37,3ºC; temperatura media mínima, 6,7ºC). En general puede decirse que Huesca goza de otoños agradables y templados, inviernos con retraso (comienzan los fríos en Diciembre) pero largos, soleados, y con absoluta carencia de nieves, debido al resguardo de la sierra cercana (la norma general de Huesca, al contrario de lo que el forastero cree, es la falta de nevadas) los veranos son secos y calurosos (pero muy corta la duración de calor durante el día). Tampoco las nieblas se pegan a Huesca como en las ciudades de las riberas del Ebro, y a pesar de que todo Aragón en país de grandes ventoleras y Huesca las tiene principalmente en Noviembre y Abril, no alcanzan las violencias de las partes bajas del valle ibérico.

La pluviosidad es mayor que en Zaragoza (media anual en Huesca, 493,1 milímetros; Zaragoza 237,0) lo que no evita que el carácter de la vegetación, en las comarcas oscenses, sea esteparia con pequeñas matas leñosas y terragales al descubierto.

Pero la proximidad de la sierra y su orientación hace aumentar su vegetación arbórea (encinares) y permite incluso en las tierras soleadas del Somontano y de la Hoya oscense el culto de la viña (muy disminuido desde la filoxera) y de los olivares. Algunos de sus puntos principalmente en la sierra están en vías de repoblación forestal (Arguis, Rodellar, Vadiello). El cultivo principal es el cerealista en los secanos, sujetos a las condiciones del azar por las sequías de primavera y las heladas tardías de Mayo. Pero allí donde el regadío llega como en la fértil Hoya de Huesca por las aguas del flumen y del Isuela (este último regulado por el pantano de Arguis) se convierte en cultivos intensivos y remuneradores de trigo, maíz, plantas forrajeras, remolacha y frutales. El gran porvenir que el tiempo reserva a Huesca será la ejecución magna de la sobras de <<Riegos del Alto Aragón>> (pantanos de Belsué. Acequia de la Violada) que harán de la ciudad, el centro de una de las comarcas mas ricas de España.

Historia de la ciudad de Huesca.

EL POBLADO PRIMITIVO.- A pesar de sus asiento privilegiado, sobre un cerro dominando la fértil vega del Isuela, no tenemos sin embargo noticias concretas en las épocas prehistóricas sobre la ciudad primitiva. Pero suposiciones con visos de veracidad nos hace pensar en un primitivo poblado prehistórico, dadas las condiciones geográficas y conocedores como somos de que las gentes de las culturas neolíticas y de las distintas edades del Hierro y del Bronce, tuvieron su asiento en estas llanuras altoaragonesas extendidas al pie de la sierra de Guara (hallazgos de hachas y otros instrumentos en Albero, Sena, etc., poblados de Ontiñena y Sena, sepulcros de Sariñena), allá por los remotos tiempos de los siglos X, IX y VIII antes de J.C.

Apenas los escritores clásicos griegos y romanos nos hablan de los pobladores de la península, ya comienza a sonar Huesca entre sus poblados importantes. Los iberos son los primeros pueblos históricos de España que procedentes del continente africano la poblarían por los años del siglo VI antes de J.C. y sabemos positivamente que se extendieron hasta los límites pirenaicos. De sus distintos grupos tenemos ya noticias incluso escritas: tales los jacetanos (de la región de Jaca), los ilérgetes (de las comarcas de Lérida) y posiblemente los dos, en Huesca, con Mezclas y luchas de grupos de vascones, como parece demostrar la toponimia vasca de algunos lugares de las comarcas pirenaicas aragonesas. La Huesca ibérica, sin restos arqueológicos que nos lo demuestre, participaría posiblemente de los caracteres de los tres grupos. Esto explica el que Plinio la suponga vascona, y Ptolomeo, ilérgeta; suposiciones que si bien parecen contradictorias, no es de extrañar dado la vaguedad de las noticias y la distancia desde donde escribían los geógrafos clásicos e incluso la posible amalgama de sus pobladores, hasta el punto que el moderno arqueólogo Sr. Bosch Gimpera se inclina, dado el tiempo de moneda y el nombre, por una ascendencia de tipo vascón. Pero lo indudable es que la Osca ibérica (bien ilérgeta, vascona o jacetana) formaba ya un poblado de las tribus mas cultas de la iberia hacia el 250 antes de Cr. Las noticias que de ella nos llega son sin duda atrasadas, como procedentes del elemento civilizador romano, pero el hecho de que Huesca acuñase mas tarde moneda del tipo << ibero-romano >> parece demostrarnos aunque tardía, la importancia de la ciudad primitiva.

LA OSCA ROMANA.- (siglo II antes de Cristo al V despues de Cr.). La conquista romana se inició al finalizar el Siglo III antes de C. La lucha contra su rival Cartago y la sed imperialista de expansión que fue el lema de Roma, trajeron sus legiones que pisan la península en el año 218 antes de C. Comienza la dominación por la costa catalana (Ampurias, Rosas, Tarraco que es su sede principal), después emprenden la conquista del valle del Ebro aguas arriba y los traspasan por la costa hasta la ciudad de Sagunto y por el interior llegan hasta mas allá de Osca (río Gállego) que fue dominada, sin que sepamos las condiciones en que se sometió la ciudad ibérica. No debió ser muy cimentada la nueva dominación, cuanto pocos años después encontramos los tribus ibéricas o vasconas de la región, levantadas contra el poder romano, ya que los desastres de Cneo Scipion principalmente en Cástulo (214) en la que encontró la muerte en una retirada desastrosa, hizo perder a Roma los avances que había conseguido en los seis años de luchas constantes contra los iberos y el poderío cartaginés que constituían su enemigo mortal en la dominación de Iberia. La contraofensiva romana, maravillosamente llevada por Publio Cornelio Escipión (que mas adelante, destruyendo Cartago, conseguiría el glorioso sobrenombre de <<Africano>>) fue completada sobre todo a partir de sus victorias en Bécula (Bailén) y en llipa (Alcalá del Río) pudiendo decirse que desde entonces la cuenca del Ebro hasta el río Gállego (y en ella Osca como Ciudad preponderante) y la del Guadalquivir (Hispania Citerior y Ulterior) unidas por la franja costera mediterránea permanecieran perfectamente dominadas por el esfuerzo y espíritu superior de las legiones romanas.

Desde la sublevación de los ilérgetes y jacetanos dominada fulminantemente po Escipión en el año 206 a de Cr, los territorios comprendidos entre el Ebro y los Pirineos, no vuelven a sonar en las largas luchas que a Roma costó la sumisión de las otras extensas regiones de España.

De esta manera, hasta la destrucción de Numancia (verdadero baluarte de la independencia Ibérica) año 133 antes de C., la península no comenzó a gozar de un verdadero período de paz que luego se prolongará hasta el año 80 antes de C. y es indudable que en el, la ciudad del Isuela, debió de romanizarse rápidamente, dado el papel que mas tarde jugó en las luchas civiles de Roma, que tuvieron gran parte de su escenario en la península ibérica.

Comenzaron por la rivalidad entre Sila (partido aristocrático) y Mario (partido popular) terminando con la dictadura del primero, que rápidamente quiso vengarse de sus enemigos, con sus famosos edictos de proscripción, obligando a muchos de los partidarios de Mario, a huir de Roma, como Sertorio.
Quinto Sertorio busco su refugio en España, donde había ejercido antes el cargo de tribuno militar y donde contaba con gran número de partidarios, viniendo a ella con el propósito de hacer un centro de resistencia contra el dictador Sila y un fuerte punto de apoyo para rescatar el poder al partido popular.

Efectivamente lo consiguió y Ébora en la Lusitania y OSCA en la Tarraconese fueron los centros de su dominación. Con razón pues, se puede llamar a Huesca <<La ciudad de Sertorio>> y con razón la historia y la gloria de la ciudad va unida a su nombre esclarecido, al que se comienza a hacer justicia, creyéndola de los mas noble y capaz de los conductores de la democracia romana, que con tanta habilidad y condición supo atraerse a su causa a los españoles, aún superficialmente romanizados, con este fin, en Ébora instituyó un Senado a la manera romana y en Huesca fundó la famosa escuela en la que los hijos de las familias mas distinguidas ibéricas, aprendieron las letras griegas y latinas, atrayendo a muchos a su causa: tal fue la famosa <<escuela Sertoriana>> de donde tomo el nombre de la Universidad fundada por Pedro IV y como heredera de ella Plutarco, que nos las describe sucintamente. Por el sabemos, como gracias a estas cualidades de verdadero caudillo, pudo reunir Sertorio el fervor entusiasta de lusitanos, Celtíberos, ilérgetes de los que fue su general y estratega y habilísimo en el arte de la guerra ibérica (guerrillas). Su poder de sugestión, fue también muy hábil (se hacía siempre acompañar de una blanca cervatilla de quien fingía recibir consejos). De esta manera, contando con la adhesión de los iberos, en la que tanto se distinguió Osca, Quinto Sertorio en España (que él llamó su segunda patria), pudo sostenerse 10 años (años 82 a 72 antes de C.) con fortuna contra hábiles y poderosos generales romanos, Metelo y Pompeyo, y únicamente una conjuración tramada por otro proscrito romano, Perpena, consiguió dar fin con el ilustre caudillo, que murió asesinado en un banquete. Muchos de los españoles iberos tan incondicionales fueron de Sertorio (la <<devotio>> ibérica) que prefirieron la muerte para no sobrevivir a su general. Se ha discutido mucho en que lugar pudo cometerse la gran iniquidad y crimen que terminó con aquel hombre que pudo crear una España romanizada, independiente de Roma. Desde luego, dada la adhesión inquebrantable que siempre le demostró Osca, es imposible que los conjurados buscasen la consumación de su crimen en ciudad tan adicta. Pero Osca, centro de aquella provincia de la España Citerior, guardó religiosamente el recuerdo del gran caudillo, bienhechor que tanto la había enaltecido y pronto tuvo ocasión de demostrar su odio contra los asesinos. Pocos años gozó de paz España. Continuaban en Roma las rivalidades entre generales y políticos ambiciosos, que aspiraban al poder en aquellos tiempos de decadencia de la República. Tras los años del primer triunvirato (Julio César, Pompeyo y Craso) muerto el último, estalló la rivalidad entre los dos primeros, y Pompeyo (uno de los grandes rivales de Sertorio) vino a España (hacia el año 76 antes de C.) de la que fácilmente se posesionó; pero Osca y otras ciudades fieles a la memoria de Sertorio, no quisieron someterse y ofrecieron durante varios años tenaz resistencia que únicamente pudo ser vencida. Pero mas tarde, cuando estalló a su vez la rivalidad entre Pompeyo y Julio César (que vino en persona a combatir a los pompeyanos que en España tenían su fuerza principal) Osca tuvo ocasión de cumplir su venganza por el asesinato de Sertorio. César llegó a España al frente de sus legiones, dispuesto a exterminar de una vez al partido pompeyano. Sienta sus tropas en las llanuras de llerda (Lérida), entre los ríos Cinca y Segre, y encuéntrase en situación apurada por las crecidas extraordinarias de sus cauces y por los intentos de las fueras pompeyanas mandadas por Petreyo, Afaranio y Varron. Pero estando en esta situación comprometida, delegados de Osca y Calagurris (Loarre) llegaron al campamento ofreciendo incondicionalmente su ayuda a César. El gran dictador romano no olvidó nunca ese rasgo de la ciudad y lo mostró dándola el preciado título, que únicamente Roma ostentaba, de ciudad vencedora <<Urbs victrix Osca>>, que ya desde entonces, como el mayor emblema de su historia, Osca conservó siempre el cuño de sus monedas y en las armas de su escudo (año 49 antes de C.). Los triunfos de Lérida y años adelante los de Munda, terminaron para siempre con Pompeyo, sus hijos y partidarios como ellos habían terminado con el genio de Quinto Sertorio el romano que en Osca encontró su ciudad mas fiel.

A partir de estos hechos y en los siglos siguientes hasta las invasiones bárbaras, Osca gozó de la <<Pax Romana>> como una de las mas esclarecidas ciudades de las provincias de Hispania; así la vemos a menudo mencionada en los escritores clásicos, como Lucio Floro, que la alaba por ser una de las últimas que se rindieron a Metelo tras el asesinato de Sertorio, así la mencionan también con palabras de alabanza Estrabón y Patérculo, y Plutarco llega a llamarla << ciudad grande y poderosa>>. Pero de lo que fue esta ciudad en los 600 años de vivir bajo la égida imperial de Roma, muy pocas noticias arqueológicas nos han llegado y desgraciadamente, sus grandes monumentos tampoco ha querido el tiempo legarlos a la posterioridad. Apenas algunas piedras sueltas nos hablan quedamente de la <<Termas>> en el lugar de que ocupa la <<Compañía>>.
Sabemos también que el lugar de la Catedral, fue asiento de algún templo importante, que en la plaza e iglesia de San Pedro, en épocas distintas, se han encontrado cimiento de edificaciones importantes de estilo romano, así como el brazo de alguna estatua gigantesca y los mosaicos medio destruidos de alguna mansión... ¡pero que restos mas pobres para los elogios de los escritores latinos destinados a la ciudad sertoriana!.

Los estudios modernos tampoco han dado gran luz recomponer aunque sea con la imaginación el plano de la <<ciudad vencedora>>. En ella estuvo la ceca monetaria mas importante de España y de sus tipos de monedas imperiales acuñadas en Huesca ha llegado hasta nosotros, pero con caracteres ibéricos, siete tipos distintos en 25 monedas, siendo, según referencia de Tito Livio, muy estimadas y solicitadas en la misma Roma <<argentum oscense>>. Dos de las principales <<vías>> o calzadas romanas pasaban por la ciudad (algunos de cuyos recuerdos y vestigios aun se conservan en el viejo camino de San Jorge); Huesca era la 9ª. Mansión en la vía militar que de los Pirineos marchaban a León. Y a su vez, la 18ª de la gran vía que unía Astorga o Tarraco.

HUESCA, CRISTIANA Y VISIGODA.

Al calor de la sociedad y de la vida cultural y pacífica de la dominación romana la semilla cristiana se propagó rápidamente por toda la región del Ebro y dejando o los tiempos apostólicos (venida de Santiago y sus discípulos) en los que esta mezclada la Historia con la leyenda, es sin embargo indiscutible que ya en el siglo III una gran parte de la provincia tarraconense a la que pertenecía Osca estaba evangelizada y antes la semilla cristiana, había fructificado en varones oscenses que dieron su sangre por la nueva fé (véase iglesia de San Lorenzo y San Vicente (compañía). En los primeros concilios nacionales, tales como el de Elvira (Granada) en (314) a los que les suceden los de Zaragoza (380) y Toledo (400), asiste un obispo <<de Fibularia>> que según el gran historiador moderno de la Iglesia Española (el jesuíta P. Villada) lo cree de una ciudad hoy desaparecida cercana a Huesca, junto a Loarre y que probablemente se extendería en el Término del actual pueblecito de <<Concilio>> junto a Riglos, cuyo nombre parece confirmarlo. El hecho de que la cristianización fuese realizándose siguiendo los comarcas atravesadas por las grandes calzadas romanas demuestra la pronta cristianización de Huesca y su comarca; que ha venido a confirmarlo además los nuevos descubrimientos de algunas primitivas necrópolis de tipo paleocristiano (monte Cillas en Fantova). Las persecuciones en España como en todo el mundo cristiano no fueron mas que la semilla de una captación total de la sociedad, y Huesca pudo siempre ufanarse de haber dado dos de los más gloriosos nombres al Martirologio cristiano: según testimonios contemporáneos, San Lorenzo y San Vicente fueron hijos de Osca, martirizado en la Roma del emperador Valeriano, el uno en el terrible suplicio de la parrilla y el otro en Valencia bajo la persecución de Diocleciano. Osca que les dio la vida, nunca pudo conservar las reliquias sagradas de sus cuerpos, venerados en la ciudad Eterna (Basílica de San Lorenzo), y en la risueña ciudad del Turia..

Cuando en los comienzos del siglo V los guerreros visigodos entran en la península atravesando los Pirineos, comienza para la historia de la ciudad de Huesca un largo período de oscuridad, que apenas deja algo entrever hasta las invasiones árabes tres siglos mas tarde, en 712.

De la ciudad en su pasado visigodo solo algunos destellos se han llegado. En su aspecto espiritual, el gran historiador P. Fita nos ha dado los nombres de algunos de los obispos oscenses, que demuestran primeramente la antigüedad de la sede oscense (tales Elpidio, Pompeyano, Vicente y Gabino) pero nada sabemos de sus hechos ni de la ciudad cuya vida espiritual rigieron. Y si del aspecto personal, pasamos al material, tan solo algún capitel, quizás solo la suposición de algunas basílicas visigodas en lo que mas tarde fue orgullosa mezquita <<La Misleida>> de los musulmanes (catedral) y el hecho de la conservación de la iglesia de San Pedro <<el viejo>> bajo la dominación agarena, que nos hace pensar en su existencia anterior, bajo el poder de los soberanos visigodos de Toledo. Es de suponer, dada la poca influencia del elemento germano en la península, que si exceptuamos la clase noble en donde encarnaba el poder, la población oscense con sus caracteres de hispanidad, romanizada y cristiana, continuó con los mismos aspectos con que había vivido en el bajo imperio romano y en los siglos visigodos.

HUESCA MUSULMANA.

En los comienzos del siglo VIII el poderío de los visigodos se derrumba por dos causas: normalmente deshecho por sus odios y luchas intestinas que habían debilitado extraordinariamente su poder interno y por la fuerza de las armas del nuevo elemento musulmán (mezcla confusa de razas muy distintas: árabes, berberiscos, eslavos, sirios, etc.) La península cayó rápidamente en poder de ellos. No conocemos en que condiciones Huesca se rendiría, la historia no nos da pormenores de ella
Solo nos dicen los historiadores árabes que Muza y Tarik conquistaron toda la región meridional del Pirineo, sin que sepamos la resistencia que en ella se encontraron. Lo indiscutible es que a partir de entonces Huesca es ciudad mencionada dentro del islam, punto muy importante de la llamada <<Frontera Superior>> por los árabes, ya que mas allá de la sierra de Guara no se puede afirmar que hubiese dominación musulmana en estado permanente: los habitantes del Pirineo que no fueron muy sumisos a los visigodos, continuaron con su mismo espíritu indomable frente al islam. Huesca, pues, se encontró en el punto de intercesión donde terminaba el mundo mahometano, frente a regiones de montañeses indómitos (elemento primario de los que luego fue estados cristianos pirenaicos de la reconquista) y al lado de los estados francos que bajo Carlomagno y sus descendientes soñaron siempre en el dominio del Valle del Ebro, poco islamizado y con una población solo en la apariencia sumisa al poder de los emires y de los califas: vería por ello desfilar antes sus muros ya ruinosos de la Osca romana, las huestes aguerridas de los francos, de los emires, y de los hombres del Pirineo.

Lo que si es indiscutible, que dado lo heterogéneo del elemento invasor, Huesca como Zaragoza se vio dominada por elementos árabes puros, libre de las rebeliones, devastaciones y crueldades de los bereberes, como en otras regiones españolas, dando a su población dentro de la sociedad musulmana, dos notas esenciales: un carácter de selección y de aristocracia que siempre distinguió a los musulmanes de la cuenca del Ebro, y la independencia mas o menos encubierta con que vivió toda la región, respecto a los soberanos de Córdoba, en los casi cuatro siglos (720-1096) de vida mahometana.

Dos hechos dolorosos y mencionan a Huesca en el siglo IX, y los dos en relación con la población cristiana-mozárabe que vivía bajo el dominio de los emires: el primero, es en Toledo: los mozárabes toledanos negaban obediencia al emir y este se vengó enviando como gobernador a un oscense cruel <<el renegado Anrús>> que atrajo a su palacio a los principales toledanos, invitándoles a un festín y conforme llegaban eran decapitados en el foso de la fortaleza. Tal fue la matanza conocida en la Historia con el nombre de <<Jornada del Foso en Toledo>>, inspirada por un hombre de Huesca, y que siglos mas tarde, en ambiente cristiano, tendría su repetición dentro de la ciudad, con la sangrienta <<campana de Huesca>> en circunstancias muy parecidas. El segundo hecho es el martirio, por el valí de Huesca Zumahil, de aquellas dos doncellas Nunila y Alodia, que prefirieron el martirio a la abjuración de su fe cristiana, viniendo a aumentar la gran fila gloriosa de mártires mozárabes. Aun hoy el lugar de su martirio se llama en Huesca el << Tozal de las mártires>>.

La historia de la ciudad siguió siempre unida a las vicisitudes de Zaragoza, y así cuando en el derrumbamiento del Califato, créase en toda la región el reino moro de Zaragoza dominado sucesivamente por los Tochibies y los Beni-Hud (con sus famosos reyezuelos-taifas, Culeiman, Moctádir, Mutamin y Mostaín); que desde la muerte de Almanzor (1002) vieron con temor los deseos de los caudillos pirenaicos de apoderarse de la ciudad del Isuela, que si hemos de creer a los cronistas árabes, gozaba de un gran prestigio e importancia. Y sin embargo carecemos de noticias concretas del aspecto de la <<Huesca mora>>. Sabemos que estaba rodeado de ancho foso, que quizás la vieja ciudad romana que se extendía en ambas márgenes del río, se debió ir concretando poco a poco alrededor de la colina de la antigua acrópolis (casco viejo de la ciudad), ante el temor de las <<razzias>> y algaradas constantes de un perenne estado de guerra; el recinto amurallado nos lo describen con amplios fosos, 99 torreones y una impotente alcázar (hoy instituto) y seminario <<Zuda>> residencia del walí o gobernador. Sabemos también (porque hasta hace relativamente pocos años subsistió la mayor parte de su recinto amurallado) que tenían varias puertas la ciudad flanqueados de torreones para su defensa, nombres algunos conservados en el lenguaje popular al lugar que ocupaban: tales la de <<Ramian>> (hoy plaza de Lizana) la de la << Alquibla>> (o mediodía, comienzo de la actual calle de Ramiro el Monje) que tenía dos torres y fue derribada a mediados el siglo pasado, la del <<Alpargán>> (calle de mozárabes), etc. Tenemos también noticias por los cristianos que lograron volverla cristiana, que nos hablan con orgullo (propio de conquistadores) de la famosa <<Misleida>> la mezquita mayor que ocupaba el lugar de la actual catedral y que ellos la creían de los mejores de España. Fueron también muchas otras mezquitas las que se encontraban dentro de la ciudad musulmana, tal la de la Zuda (seminario), la que luego fue iglesia de San Martín (derruida) etc. Es también indudable que como era costumbre en las ciudades musulmanas la mayoría de las gentes de religión distinta ocuparían barrios aparte, así el de San Pedro el viejo dentro del <<mozárabe>> y el hoy llamado <<barrio nuevo>> que fue la antigua <<judería>>.

LA CONQUISTA (1096).

Al finalizar el siglo XI la decadencia militar y guerrera de los reinos de Taifas y el empuje de las armas cristianas, presagiaban el fin de la dominación agarena en el valle del Ebro: Huesca agonizaba en su vida musulmana. El gran Caudillo pirenaico Sancho Ramírez (el segundo soberano del diminuto reino montañoso de Aragón) incansable en su deseo de dominar la tierra llana, llevaba varios años devastando las comarcas y obligando a los <<walís>> de Huesca a pagarle la tributación anual en moneda oro (parias). Pero el sueño del gran rey era el dominio del Somontano, el poder trasladar el centro político de su reino de Jaca, metida entre montañas, a la ciudad de Osca, que presagiaría el próximo dominio de la gran Zaragoza, la suspirada <<ciudad blanca>> de los cronistas árabes. Para ello necesitaba tomar los fuertes castillos de la sierra de Guara, que eran las avanzadas del reino moro y la mejor defensa de la ciudad. Sancho Ramírez, siempre dispuesto a la lucha, fue dominado con sus huestes aguerridas las famosas fortalezas de Loarre, de Alquézar y de Marcuello, y desde ellas concentró los puestos de resistencia necesarios para preparar la rendición de la ciudad. Cuando tuvo castigada la tierra y dominada gran parte de los Somontanos de Huesca y Barbastro puso sitio a la ciudad, no sin levantar antes un gran castillo (1085) sobre los altos que dominan la <<Hoya de Huesca>>, tal fue la famosa fortaleza de Monte Aragón, que una vez cumplida su misión guerrera, fue convertido en abadía, al igual que sus hermanos de Alquezár y Loarre (bonitas excursiones a los alrededores de Huesca). No era empresa fácil el dominio de Huesca, no solamente por el gran poder del taifa o reino moro de Zaragoza (uno de los mas fuertes de la España musulmana), sino también porque Castilla (siguiendo su tradición) soñaba con la unidad peninsular y no había renunciado a ser ella la conquistadora del valle del Ebro: el sitio de Huesca se presentaba difícil, había que luchar contra una ciudad de grandes defensas y bien abastecida y era de esperar que los musulmanes oscenses contrarían con la ayuda de los zaragozanos y de los ejércitos cristianos de Castilla por ser tributaria de este reino. El sitio duró mas de treinta meses, y Sancho Ramírez no pudo ver coronada en vida, su gran empresa a pesar de su arrojo y de su voluntad de no vacilar hasta su conquista. Se ha creído durante mucho tiempo que encontró la muerte, en un reconocimiento de la muralla, de un saetazo disparado desde la barbacana, y aún en Huesca una de las colinas de su lado N. se llama en recuerdo de ello <<el pueyo de D. Sancho>>, porque en el murió dentro del campamento del ejército sitiador (que ocupaba una alquería) el gran rey, verdadero forjador del reino aragonés. Sin embargo, modernas investigaciones han demostrado que no fue de saeta la muerte de D. Sancho, sino de enfermedad natural, lo que no quita que encontrase la muerte en el medio que vivió, rodeado de sus guerreros y en la tienda real de su campamento. Tras su traslado a Monte de Aragón (y mas tarde a San Juan de la Peña) su hijo Pedro se propuso cumplir los deseos de su padre, que según la tradición en su mismo lecho mortuorio le hizo juramento de no levantar el sitio hasta la rendición de la ciudad. Y Pedro I lo cumplió.

ALCORAZ.

El sitio llevaba ya mas de dos años, y a pesar de las privaciones y del terrible cerco, la ciudad no se rendía, confiando en recibir refuerzos de Zaragoza. Al fin estos llegaron. Los cronistas nos cuentan que cuando la vanguardia que iba a socorrer a Huesca llegaba a Zuera, aún la retaguardia no había salido del barrio de Altabás, en Zaragoza, sin duda con exageración. Pero lo que es indiscutible es que era un gran ejército, en el cual Mostaín de Zaragoza no solo enviaba todas sus fuerzas en auxilio de su ciudad querida, sino que con ellas iban muchas huestes castellanas (los condes de Nájera, García Ordóñez y el de Lara y Osma, Gonzalo Núñez) en ayuda de sus tributarios moros de Zaragoza enviados por Alfonso VI de Castilla, que precisamente iban a guerrear contra fuerzas cristianas como ellos, lo que demuestra las circunstancias especiales de la política guerrera de aquellos tiempos en los reinos cristianos. Pedro I, el joven monarca, prepara sus huestes para impedir la entrada del ejército auxiliar en la ciudad sitiada. Le acompañaba y era de los que mas sobresalían por sus dotes guerreras, su hermano Alfonso que habría de ser mas adelante el conquistador de Zaragoza y que por su carácter guerrero llevara el sobrenombre del <<batallador>>. El encuentro tuvo lugar en los llanos de Alcoraz (al sur de la ciudad, junto al llamado ahora cerro de San Jorge) y es una de las batallas mas gloriosas de la historia de Aragón: (martes 18 de noviembre de 1096). El encuentro debió ser terrible, pues testigos presenciales dan a los ejércitos un contingente superior a los 20.000 combatientes cada uno. El conde castellano García Ordóñez conminó al rey aragonés a que dejase libre a Huesca o no saldría con vida del encuentro- pero este había recibido refuerzos inesperados, pues muchos aragoneses de los pirineos se presentaron en el campamento cristiano con importantes contingentes de combatientes dispuestos a luchar; así el famoso Fortuño, vasallo que había sido desterrado años antes, que presentó con mas de 300 peones y diez cargas de mazas de Gascuña que el rey aceptó con el consiguiente perdón. Se distinguieron por su valor Gastón de Biel, Barbatuerta, Féniz de Lizana, Pedro de Bergua, en la vanguardia, junto al Batallador; Ximénez Aznárez de Oteiza y Sancho Vita, en la retaguardia.

Los cristianos atribuyeron la gran victoria a la intervención de un fuerte adalid desconocido de todos que se habían presentado inopinadamente en el campo aragonés y sembró la muerte y el exterminio con los mandobles de su espada. Tal es la leyenda de San Jorge en Alcoraz, en cuyo honor se levanta la ermita cercana a la ciudad y también a su fama debido al cambio de escudo de Aragón, que desde entonces sustituyó a la cruz, las cuatro cabezas moras de Walís moros, que según la tradición, contra su espada terrible. Perdidas las esperanzas, la población de Huesca se rindió con discreción ocho días después al rey Pedro (26 de noviembre de 1096). El cerco había durado dos años, siete meses y 21 días. Para Aragón abandonaba su cuna pirenaica y el dominio de Huesca le anunciaba para muy pronto la conquista de todo el valle, que realizaría Alfonso, uno de los principales héroes del triunfo de Alcoraz.

Tomada la ciudad con la alegría triunfal de los vencedores y de los mozárabes, pronto se convirtió en el centro político y guerrero del reino aragonés. El palacio de la Zuda fue el asiento del Alcázar de los reyes, la capilla de el paso a la jurisdicción de abad de Montearagón, la mezquita mayor fue convertida en catedral (después de las grandes ceremonias de su purificación) donde al fin tuvieron su sede los obispos que durante siglos habían tenido que emigrar constantemente en Sásave, Siresa, Jaca, etc. Las condiciones de los vencidos fueron desde luego duras como duras habían sido las jornadas necesarias para su dominación.

Pero Pedro I, vivió ya pocos años y amargado por las desgracias de sus dos hijos que murieron conjuntamente, el también encontró la muerte prematura, siendo llevados sus restos a San Juan de la Peña, último monarca que allí en la cueva santa encontró su descanso. Su hermano el Batallador, fue el hábil continuador de sus gestas de Alcoraz. Puso todo su empeño en la conquista de Zaragoza, y contra ella también levanto un castellar al modo que Montearagón sobre Huesca, que aun hoy, completamente derruido, da sin embargo denominación a una comarca cercana a Zaragoza. Su obra fue la propia de un cruzado, incansable en la lucha, dominador de toda la tierra llana (Ebro, Jalón y Jiloca) que en verdadero alarde de facultades y valor, llevó sus huestes a la gloriosa mas que efectiva, expedición hasta el mar de Granada por centenares de Kilómetros de tierra musulmana. Su desgraciado matrimonio con Urraca de Castilla, le impidió adelantar la unidad nacional y buscar la cooperación de las armas castellanas. Encontró la muerte en los muros de Fraga en lucha contra los nuevos invasores almorávides, ola africana en socorro de los derrotados musulmanes españoles. Huesca tiene la gloria de poseer su cuerpo, que durante muchos siglos descansó en el vecino monasterio de Montearagón, en donde el había empezado su vida de guerrero glorioso. El tercer hermano, monje en Tomeras, contra su vocación y voluntad, tuvo que renunciar a la cogulla por el cetro, pero cumplido este deber, salvaba al reino de Aragón.

HUESCA Y RAMIRO II.

Huesca alcanzó su máxima popularidad en aquellos años que fue corte y retiro de Ramiro II, que sin duda tuvo por ello afecto entrañable. Sabido es los trastornos y rebeliones que la nobleza feudal ocasionó, aprovechándose de lo que creyó debilidad del <<rey cogulla>> y de su carácter pusilánime.

No tenemos noticias muy concretas de aquellos momentos críticos que siguieron para Aragón cuando el rey Batallador moría de los resultas de sus heridas de Fraga (probablemente en Almuniente), pero la situación no podía ser mas apurada. Los navarros proclamaron soberano, separándose nuevamente. Castilla amenazó las fronteras del Ebro y el reino se debatía en la anarquía de una nobleza que creía llegado el momento oportuno al logro de sus privilegios y poderío. Ramiro, saliendo del claustro, logró conjurar todos los peligros, excepto la separación Navarra, que era muy superior a él. A Castilla pudo contenerla por medios conciliadores y en la nobleza, impuso un castigo ejemplar, que terminó con el estado latente de rebelión. Todas las noticias que tenemos sobre la famosa <<campana de Huesca>> son las cortas líneas de la crónica llamada << los Anales toledanos>>, que escuetamente dice <<que en aquel tiempo, mataron a las potestades de Huesca>>. Pero en que circunstancias, que con motivo, de que manera fue inspirado el castigo, quienes eran esas potestades todo ello ya ha sido el ropaje puramente literario y popular que los siglos posteriores crearon en relación con el hecho. (véase en el instituto de 2ª enseñanza la <<mazmorra de la campana>>).

Ramiro comprendió también que el problema de Aragón, era asegurar la sucesión con un heredero, y para ello no dudó con la licencia pontificada necesaria, el casarse con Inés de Poitiers (sobrina del conde de Tolosa, con quien estaba relacionado por haber vivido en Tomeras) y de este matrimonio nacía poco después una niña, Dª Petronila, que fue prometida al Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Cumplido todo ello en los tres cortos años de su reinado (1134-1137) entregando el poder a su yerno, volvióse a la vida monacal, aunque no por eso se dejó de titularse rey. Allí en el claustro de San Pedro el viejo, que el transformó dándole el carácter que ahora contemplamos a su claustro y parte de su iglesia, vivió aun cerca de veinte años, en los que pudo gozar en el retiro de su celda al ver el acierto de su labor que unía el Aragón austero y guerrero con el espíritu comercial y expansivo de Cataluña.

HUESCA MEDIEVAL.

A pesar del cambio de dinastía con el advenimiento de la Catalana, Huesca siguió teniendo a lo largo de los siglos medievales, y especialmente en aquel siglo XII, una gran importancia entre las ciudades de la corona de Aragón, y todos su soberanos vivieron en su alcázar muchas temporadas, lo que trajo que no pocos acontecimientos tuviesen su escenario en Huesca. Así, en ella nació el primer soberano de la dinastía catalana, Alfonso II. Precisamente este monarca, casado con la santa reina D.ª Sancha de Castilla, fundaron en 1188 el famoso monasterio de monjas sanjuanistas de Sigena (apuntense a Excursiones) del que fue priora la reina y donde murió en olor de santidad.

También fundaron estos monarcas la iglesia de Nuestra Señora de Salas, en las cercanías de la ciudad, en los primeros años del siglo XIII, que mas tarde cantaría en la sencillez de sus <<Cántigas>> las trovas del rey Sabio, Alfonso de Castilla.

Huesca vio nacer en su reinado unió la empresa guerrera de la reconquista (dominio de la meseta turolense y aprestamiento para defenderse de la nueva invasión almohade) juntamente a la hegemonía de Aragón en los estados feudales del mediodía de Francia, en donde precisamente encontró en la batalla de Muret en defensa de sus vasallos la muerte luchando contra los crueles cruzados de Simón de Monfort. Su cuerpo llevado por sus guerreros, fue traído a Huesca, para sepultarle mas tarde en Sigena.

Los años turbulentos de la menor edad de Jaime, el futuro rey Conquistador, turbaron también la vida de la ciudad: recogido para su educación y custodia en el cercano castillo de los Templarios de Monzón, vio turbada su infancia por la anarquía de los nobles, principalmente del infante D. Fernando, abad de Montearagón, deseoso de la corona. A favor del abad se había puesto las ciudades de Zaragoza, Jaca y Huesca y en ocasión que D. Jaime, aun muchacho, se acercó a la ciudad para venerar a la Virgen de Salas de quien fue muy devoto, los oscenses le rogaron que entrase en la ciudad para prestarle obediencia. A los festejos y aclamaciones de su entrada, sucedió por la noche el motín de los sublevados. A pesar de sus deseos de calmar al populacho y de arengarle pronto comprendió Jaime I que era prisionero de sus vasallos instigados por su tío D. Fernando. Pero en un noche de Marzo, cuando en el alcázar (hoy instituto) se aparentaba preparativos, como para festejos, el joven rey, cubierto de sus armas y acompañado de tres leales bajando por la vecina puerta de San Miguel y amenazando a la guardia del rastrillo, se hizo abrir paso y se alejó al golpe de su caballo. Un año después, en Pertusa, firmaba la concordia con su tío. Y sin embargo Jaime I, el gran conquistador de Baleares y de Valencia, tuvo siempre un gran afecto a Huesca, como lo prueba las diferentes veces que en ella convocó Cortes.

Nada menos que once veces en la Edad Media se reunieron en Huesca las Cortes del reino y siempre en ocasiones que las circunstancias las hacían solemnes. En 1134 para legitimar Ramiro II su coronación, y en 1136 para deponerla en las sienes de su tierna hija. Esta, años mas tarde, Dª. Petronila, ya viuda, las reunió en 1162 a los aragoneses y catalanes para leer y cumplir el testamento de su marido; en 1179 las convocó en Huesca, Alfonso II, para dilucidar cuestiones fronterizas en Castilla, así como en 1188 por asuntos y agravios referentes a Navarra. Tres veces las presidió Jaime I, La primera al principio de su reinado debido a las cuestiones turbulentas de la nobleza y al buen gobierno del reino, pero de mayor importancia fueron aún las generales de 1147, en donde se hizo la famosa complicación de los fueros de reino <<Compilación de Huesca>> en ocho libros y que se debió a la sabida intervención del gran obispo oscense D. Vidal de Canellas, y en las cuales se levantaron las primeras censuras y voces contra los <<juicios de Dios>> y las terribles pruebas del agua y del fuego y de otras supersticiones medioevales. La últimas que se celebraron en 1285 dieron lugar a escenas tumultuosas entre la nobleza, principalmente zaragozana, y Pedro III, y mas tarde las de 1286 que ya fueron el anuncio de la ruptura entre Alfonso II con las exageradas pretensiones de la <<unión>> (aristocracia feudal). Después de estas no volvieron a reunirse en la ciudad de Huesca.

Tenía Huesca en todas las Cortes del reino, un sin número de prerrogativas. En el brazo eclesiástico que se sentaba en los bancos a la derecha del rey, en el centro lo ocupaba el arzobispado de Zaragoza, pero su derecha era el asiento del obispo de Huesca; y así mismo los procuradores del cabildo oscense, solo cedían precedencia al cesaraugustano; en el brazo de los concejos el segundo era Huesca (después de Zaragoza, pero antes de Jaca, Calatayud, Daroca, Teruel, etc.) sentados en frente del monarca.

Durante los disturbios promovidos por <<la unión>> con las exageradas pretensiones de la nobleza que fue verdadera rebelión armada y organizada por los magnates del reino, queriendo aprovecharse de las circunstancias especiales en que se encontraba el monarca, empeñado en la guerra de la conquista de Sicilia, en la excomunión pontificada y en la invasión francesa, se vio precisado a concederles el privilegio de la Unión, que fue germen de su sin número de abusos y de un estado latente de anarquía. En estas circunstancias, el Alto Aragón que tenía un carácter eminentemente aristocrático, estuvo en frente de la corona mientras las tierras turolenses asientos de las mas famosas comunidades de concejos (Calatayud, Daroca, Teruel), se mantuvieron al lado del soberano. Huesca sin embargo hizo honor a su nombre y a pasar de los deseos de los señores feudales y de sus halagos, demostró una entereza y una rectitud, ayudando al monarca, digno de todo elogio. Estando por ello en Alcañiz el rey Pedro IV, en 1354, amante de Huesca y hondamente agradecido a la ayuda prestada contra los unionistas, fundó en la ciudad (y para ello dio gran parte de su alcázar) el famoso estudio General o Universidad que llevo el nombre de <<Sertoriana>>, en recuerdo de la que aquí había fundado el gran patricio romano. Fue la segunda, después de la Lérida en los estados de la Corona de Aragón, y a ella se la dieron un gran número de privilegios, creándola por el mismo consejo de la ciudad.

Después de la muerte del rey D. Martín (de quien fue siempre leal consejero y hasta su embajador en Aviñón el obispo de Huesca Juan de Tauste), vino el famoso interregno que terminó en el llamado compromiso de <<Caspe>>. Se promovieron grandes disturbios entre los pretendientes de la corona, pero Huesca supo conservarse neutral a pesar de las devastaciones de su comarca por los huestes de D. Antonio de Luna, que tenía sus centros en Montearagón y en Loarre. Al fin se buscó la solución encargándose a tres parlamentarios de Aragón, de Cataluña y de Valencia. De los tres aragoneses, uno precisamente fue el obispo oscense D. Domingo Ram, que con San Vicente Ferrer, fueron los defensores del infante castellano D. Fernando de Antequera, cuya candidatura al fin, prevaleció por seis votos, dos en contra una abstención. Huesca fue de las primeras ciudades que levantaron su pendón gozosamente.

Su historia, a partir del siglo XV, ya es mucho mas conocida, por los que haremos una somera relación.

La expulsión de los judíos la perjudicó grandemente como a todas las viejas ciudades de España. Pero los Reyes Católicos y en especial Fernando, sintió gran veneración por la ciudad patria de San Lorenzo, a quien regaló un magnífico retablo para su basílica, obra de su gran pintor de cámara Pedro de Aponte.

HUESCA Y SU APOGEO CULTURAL.

Sostuvo siempre Huesca hondas rivalidades con Zaragoza, principalmente por el deseo de esta de instaurar una Universidad, que vulnerase los privilegios que gozaba la <<Universidad sertoriana>> que era el mayor orgullo de la ciudad, ya que tenía la exclusividad en los derechos para enseñar Artes y Filosofía conjuntamente con otras materias como Teología y Medicina. Precisamente por entonces aumenta su fama con la fundación del Colegio Mayor de Santiago, que alcanzó de Carlos V el título de imperial y que luego (aunque menores, lo que fue causa de grandes rivalidades) se fundaron otros como San Vicente, San Bernardo, etc; así mismo se fundó siguiendo las instrucciones del concilio de Trento (y algunos aseguraron que fue el primero de España) el seminario, para el cual se dio los locales de la vieja Zuda. En este siglo (1580) escribió en la ciudad una de las obras mas sublimes de la mística española, <<libro de la conversión de la Magdalena>>, Fr. Pedro Malón de Chaide, siendo prior del convento de agustinos de Huesca; y otra priora, también poetisa, Ana Francisca Abarca de Bolea (de la familia de los condes de Aranda), concurría a los certámenes literarios de Huesca y Zaragoza y a todos maravillaba por su sabiduría y por la delicadeza de su estilo literario. Pero nunca fue superada la fama literaria y artística de Huesca sino en tiempos de Lastanosa (siglo XVII), gran mecenas de las artes y las letras, y en cuyo palacio del Coso, verdadero museo, celebrado y conocido en toda Europa, se hospedó Felipe II y su Corte.

Felipe II que levantó el monumento simbólico del espíritu imperial de la Hispanidad dedicado a San Lorenzo en el Escorial, no pudo olvidar la patria del gran mártir y mucho contribuyó a su renovación basilical y al levantamiento del santuario de Loreto en las cercanías de Huesca, obra que encargó los planos a su gran arquitecto escurialense Herrera.

La expulsión de los moriscos en los comienzos del siglo XVII debió dejarse de sentirse en la población oscense, ya que el mismo obispo de aquel tiempo, Monreal, concedía indulgencia para que el pueblo dejase de mencionar a la <<morería>> y lo denominarse <<barrio de San Martín>>, como igualmente ocurrió con otras denominaciones arabizadas o judaizantes.

Los grandes acontecimientos nacionales llevaron siempre su repercusión a la ciudad: así recibida la noticia en 1592 de la entrada de los franceses por los Pirineos, Huesca se armó rápidamente con clérigos y frailes y marchando al frente el mismo obispo de la ciudad, se dispusieron a la defensa.

HUESCA EN LOS TIEMPOS MODERNOS.

Durante la guerrera de sucesión española, Huesca, como casi todo Aragón, bajo la influencia histórica de Cataluña se pusieron en principio al lado del bando del Archiduque en 1706. Pero bien pagaron sus vacilaciones con la perdida absoluta de sus libertades, después de haber estado fluctuado en el bando borbónico y en el austriaco, tras la victoria definitiva de Felipe V en Almenar.

Durante la guerra de la independencia el fervor patriótico del pueblo le llevó a cometer excesos sangrientos: tal fue el linchamiento del gobernador don Antonio Clavería por suponérsele afrancesado. El mariscal francés Suchet tomo entonces a Huesca y devastó todas las comarcas altoaragonesas, no sin tener que luchar con gran número de guerrillas levantadas por toda la región, principalmente la del guerrillero Felipe Perena, hijo de Huesca quien al frente de un tercio de la ciudad acudió a cubrirse de gloria en los sitios heroicos de Zaragoza, quedó completamente abatido Aragón, pero D. Felipe Perena siguió hostilizando incansable a los ejércitos imperiales, hasta el punto que solo para destruirle el mariscal Lannes envió una columna al mando del general Mortier, y el guerrillero oscense los hizo retroceder y encerrarlos en Huesca después de su triunfo en Santa Eulalia la Mayor.

En las guerras carlistas fue Huesca centro de distintos acontecimientos: por Agosto de 1835 pasó por Huesca la columna carlista de Gorgue, pero el triunfo alcanzando en Angües por las tropas liberales mandadas por el brigadier Conrad, libró a Huesca de caer en poder del pretendiente. En 1836 se proclamó con gran entusiasmo la constitución de 1812, cuando de nuevo se vio amenazada por los cuerpos carlistas de Torres y Montbiola, Huesca, levantada militarmente en un entusiasmo liberal, colaboró a la derrota de los carlistas en Casbas, que libertó nuevamente a la ciudad; mas adelante, el ejército del pretendiente, mandado por el infante D. Sebastián, se apoderó de la ciudad en la primavera de 1837. pero Irribarrem, al frente de las tropas isabelinas, le salió al encuentro, siendo derrotado y muerto en esta acción, llamada <<la batalla de Huesca>> que fue muy sangrienta: D. Carlos, el pretendiente, que había ocupado al fin de la ciudad el 24 de Mayo de 1837, forzó a los generales Irribarren, Diego de León y Navarrete aceptar el encuentro en malas condiciones y con número inferior de tropas, pero los dos encontraron la muerte, el uno en el mismo campo de batalla, y el otro, de las heridas, días después, en Almudévar, mas de mil muertos costó a la acción entre los dos ejércitos, pero los carlistas tuvieron que evacuar la ciudad, no sin dejar en ella mas de 150 heridos, que fueron muy humanamente tratados por la población y los isabelinos. Al año siguiente volvió a alarmar a Huesca la entrada de la columna Carlista de Tarragual, pero no llegó a ocupar la capital, pasando de largo, tras abastecerse.

A su vez las convulsiones y pronunciamientos políticos tuvieron tristes repercusiones en la ciudad. El pronunciamiento de 17 de Septiembre de 1843, en Zaragoza, llegó hasta Huesca, pero el partido progresista fue batido muy duramente. En el movimiento liberal de 1848 entró por Francia el general Ruiz y en Huesca D. Manuel Abad, que se tituló <<capitán general de los ejércitos del Alto Aragón>> y había organizado una facción republicana, pero perseguido por una división del ejército de la reina, fue fusilado con algunos compañeros en Huesca. En 1856, con la caída de Espartero, hubo sublevación en Zaragoza y otras capitales, entre ellas Hueca, que fue rápidamente dominada por el general Dulce. Ya a partir de entonces, Huesca ha gozado de una vida tranquila y laboriosa, en la que con gran perseverancia ha procurado levantarse de su postración y decadencia, época de tranquilidad, sin dejar por ello de acusar las vicisitudes de la vida nacional. Únicamente perturbó su calma en Diciembre de 1930 la cercanía de la columna rebelde de Galán y García Hernández, que fue dispersada en el conato de encuentro de Cillas, a dos kilómetros de la ciudad. Los capitanes fusilados descansan en el cementerio de Huesca, como también el general Las Heras, que encontró la muerte haciendo frente a los rebeldes como gobernador militar de la plaza.

LOS RECUERDOS.

De la Huesca que hemos visto rápidamente desfilar en el bosquejo histórico, de muchas de sus grandezas históricas y artísticas, han desaparecido, debido mas a la desidia y abandono de los hombres que a la obra inexorable del tiempo. Aún en el siglo pasado, los escritores que de ella hablaron, nos recuerdan con cierto orgullo su recinto amurallado, sus 99 torres inhiestas, las puertas de la ciudad vieja. La sed demoledora de un modernismo mal entendido, consumieron, nos habla con nostalgia, de la que fue ciudad poderosamente defendida.

Las leyes desamortizadoras de Mendizábal (1835) acabaron de arruinar muchos de sus monumentos y de los 16 conventos de religiosos, los 10 de monjas y las diversas parroquias, la mayoría vendidos sus bienes, desaparecieron pronto, para no quedar mas que los vestigios y quizás solo el nombre como recuerdo. Así el convento del Carmen (fundado en 1187) destruido por los franceses en la guerra de la Independencia y luego vendido por el Estado; el de la Merced (fundado por Jaime I en 1218) luego colegio Incorporado a la Universidad; el de San Francisco (cuyos restos aún se distinguen en el hoy palacio de la Diputación provincial), el de Santo Domingo, hoy parroquia su iglesia, los Agustinos de la Misericordia; los de Loreto; los Mercedarios, etc. Algunas de las obras de arte que encerraban, fueron a parar al Museo de Bellas Artes.

Pero lo que jamás debió consentirse fue el derribo (¡y menos para levantar una plaza de toros!) de la que fue iglesia de San Juan de Jerusalén, de los Caballeros Hospitalarios, que aun hay oscenses que la recuerdan. Ejemplar interesante del arte románico, digno compañero de San Pedro el Viejo, donde según la tradición, descansaban los restos infantiles del hijo de Ramón Berenguer y Dª Petronila y los cadáveres de los nobles, tan cruelmente castigados en su rebeldía en la famosa campana del rey-monje.

De esta manera, siguiendo la estela de los recuerdos, habría de protestarse en estos últimos años del abandono de dejar arruinarse la iglesia de la Magdalena, ante la indiferencia de todos y hasta con la misteriosa desaparición de su preciosos retablo de Juan de la Abadía (siglo XV), entre el silencio, especialmente de los que estaban mas obligados a su defensa, perdida sensible de Huesca, sin duda para ir a adornar las salas de algún museo extranjero o de algún anticuario sin escrúpulo. Y lo mismo pudiera decirse de las tablas de Aponte de la basílica de San Lorenzo y de tantos objetos impregnados de valor artístico e histórico que Huesca no ha sabido conservar.

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Hoy toca Teruel y sus maravillas

UN ARTE MILENARIO

La pintura rupestre se encuentra extendida por toda la provincia. En los abrigos de las imponentes montañas de la sierra de Albarracín, hay notables pinturas de la época epipaleolítica que el doctor Martín Almagro atribuye a pueblos de origen africano, llegados a España después del Paleolítico Superior. Son interesantes estas muestras por haber resuelto el discutido problema entre las escuelas franco- cantábrica y levantina; se puede presumir que los abrigos de levante son posteriores a las cuevas hispano-francesas. Las superposiciones de las Olivanas y del abrigo de Doña Clotilde, acusan la larga duración del rupestre en esta zona. En estos impenetrables lugares debieron de subsistir las tribus de cazadores, cuando el neolítico se desarrollaba en otras partes; por este aislamiento, observamos una continuación de ideas técnicas, artísticas y espirituales, semejantes a las de los hombres paleolíticos, hasta épocas muy avanzadas. Las pinturas se hallan en rocas de arena triásica, de nominada “Rodeno”, de color rojo, entre el exuberante pinar, que anima la belleza de estos parajes, los ingredientes cromáticos debieron de ser grasa de animales con polvo finísimo de roca blanquecina, que resalta sobre el fondo rojo.

De los conjuntos albarracinenses, destaca una escena de Las Olivanas por su realismo, con la figura de un gamo muerto y de un cazador que se acerca a tomarlo. La etapa culminante del arte pictórico de Levante se halla en el abrigo de Doña Clotilde, que muestra figuras muy esquematizadas; en este arte paleolítico, ya en decadencia, el paisaje, en su primaria significación, hace presencia con una lora concebida infantilmente.

De las pinturas rupestres de la Tierra Baja, lo más interesante se halla en la cueva de Val del Charco del Agua Amarga; destaca la figura de un cazador portando flechas; pero la escena cumbre por su realismo y movimiento, es la del jabalí perseguido por un cazador, que nos evoca otras pinturas levantinas. Esta cuerva es documento estimable para el estudio de la escuela levantina, por sus diversos estilos, tan peculiarmente superpuestos. Algunas figuras están trazadas torpemente, pero otras nos asoman por su palpitante realismo.

Un ejemplo: El arquero de Las Olivanas, cerca de Tormón, o la aparición del paisaje en el Covacha de los Trepadores, cerca de Alacón.

EL MITO DEL TORO EN LA COREOGRAFÍA TUROLENSE.

El toro es el signo mas antiguo del Zodiaco, por lo que entra dentro del mito universal de la luz y de las tinieblas; fue símbolo de la procreación y de Dionisos; el cristianismo le puso al lado de San Lucas, en el tetramorfos. Los toros turolenses pertenecen al ciclo mediterráneo, del buey Apis y del minotauro de Creta. El toro fue animal sagrado en España, según nos cuenta Diodoro de Sicilia.

Quizás por su carácter divino, fue representado repetidas veces en los lienzos rocosos de la abrupta geografía turolense ya en 1911, el abate Breuil, y Cabré Aguiló, estudiaron algunos de los existentes en la Sierra de Albarracín, en el barranco de Las Olivanas, hacia Tormón; ellos vieron las semejanza de estos toros; con los de Minateda y Cogul, a juzgar por los cuernos en forma de lira, mientras que el convencionalismo de tres o cuatro patas delanteras para indicar el movimiento, quiere recordar al paleolítico hispano- francés. Los sabios citados encontraron hasta nueve series en este conjunto de toros, équidos, cervidos y figuras humanas. Posteriores exploraciones aumentaron el repertorio pictórico de toros rupestres, destacando los de la Cocinilla del Obispo, por sus figuras rojizas, llenas de vitalidad. En los roquedales del Prado del Navazo, también en los Montes Universales, vemos a dos cazadores disparando sus flechas contra un toro. Las investigaciones del eminente prehistoriador turolense, don Martín Almargo, han dado a conocer las diferentes yuxtaposiciones pictóricas que realizaron los artistas del Paleolítico en esta zona.

La mas bella estampa de toro de todo el rupestre levantino, se encuentra en el pueblo turolense de Ladruñán, en la cueva del Pudiol. Aparece en movimiento, representado con minuciosidad anatómica verdaderamente sorprendente, dentro de los convencionalismos propios de este arte.

Este animal mítico, fue decisivo en la fundación de la ciudad de Teruel; así nos lo refiere el Libro Verde: <<Es los Adalides es los mas servidores de tal fecho, subieron a la muela et allí do es ahora la Plaza, de mañana en el alba trobaron su bel toro, et andaba una bella estrella sobre él; et luego que los vido el toro comenz a bramar, et dijeron los adalides que aquí había buenas señales por fer Población i allí tomaron señal>>.

HUELLAS DE LA ANTIGÜEDAD.

La importancia de las tierras turolenses en tiempos pretéricos, se explica por los restos que de día a día aparecen. Apenas hemos dicho algo del legado pictórico que dejo el hombre prehistórico. Los poblados ibéricos son incontables y solo unos pocos han sido excavados; pero ninguno supera en interés a las ruinas del Cabezo de Alcalá, en Azaila, que merecieron las calificaciones de Monumento Nacional. En ellas se reconoce un primer asentamiento céltico, al que sucedido la ciudad de fines del siglo III; a principios del siglo I antes de Cristo, fue construida sobre las ruinas incendiadas de la pierna, pero ésta fue a su vez incendiada y sustituida por la nueva ciudad ibérica, ya romanizada, que sería destruida en las guerras sertorianas. Las excavaciones han puesto de relieve la red de calzadas, sistema de pavimentación y desagüe, así como los principales edificios. Además de esculturas, el gran legado de Azaila ha sido la cerámica, ya que sus alfares fueron de los mas importantes, desde el Nordeste de España, hasta el Ródano. No deja de acusar cierta relación con la del Sur de Italia, cosa explicable por los numerosos militares que se establecieron con España durante el siglo I antes de Cristo.

En esa zona de la provincia, se encuentra otro yacimiento, las Ruinas de San Antonio, en Calaceite. Su cerámica aparece relacionada con la de Azaila, Valencia y Cataluña. Curiosas son las estelas con representaciones ecuestres y la serie de lanzas que recuerdan la costumbre ibérica de colocar en la tumba del guerrero muerto; tantas lanzas como enemigos hubiese vencido.

Las huellas de Roma surgen acá y allá, por toda el área de la provincia. Algunos de los restos hallados pasaron al Museo Arqueológico de Teruel, y otros hace tiempo que fueron emporrados en iglesias, como en la catedral de Albarracín y en la parroquial de Calomarde. En el valle del Jiloca hay todavía dos puentes, en Calamocha y Luco, ubicados ambos en la calzada romana que iba de Zaragoza a Córdoba. El de Luco ha perdido mucho de su elegancia primitiva al desaparecer el pretil y cubrir el río los pilares con sus continuados arrastres.

Monumento funerario y calle de una ciudad ibérica, fundada a fines del siglo III a. C. cerca de Azaila.

PUENTES Y ACUEDUCTOS.

Dada la ubicación medieval de Teruel, en una colina que la defendía con sus terraplenes naturales, se ubicaron los edificios, para construir luego una serie de obras que facilitaran el acceso a la ciudad.

El mas bello de todos es el Acueducto, vulgarmente conocida por los Arcos, obra de grandiosidad romana que levantó a mediados del siglo XVI el arquitecto Quinto Pierres Permitió el desarrollo moderno de la ciudad con una urbanización en abanico, partiendo del mismo puente. Aún hay otros puentes: el de la Reina, el de San Francisco, etc., pero no olvidaremos el mas insignificante, el de Doña Elvira, de tablas, pero aureolado por la leyenda de aquella dolorida mujer, cuyo marido murió alevosamente en el Puente de San Francisco, y que ordenó construir este para no hollar el otro, de tan triste recuerdo.

La obra singular de Los Arcos merece una descripción, aunque breve. No solo es el mayor acueducto renacentista, sino el mas bellos de los pocos que nos ha llegado de la España del siglo XVI. Su mayor originalidad reside en su doble función: puente y acueducto, ello debió de ser una exigencia del régimen foral turolense, entonces vigente, pues en el Forum Turolii se estipula: “Y cualquiera que hiciera un acueducto debe asimismo hacer en él un puente…”. La obra resultó tan bella que en todo momento ha levantado unánimes aplausos. Ya en el siglo XVI. El libro Verde de la ciudad la calificó como ¨obra de las mas admirables de España¨. Un siglo después, el portugués Juan Francisco Labaña escribió en su Itinerario de Aragón que Los Arcos están ¨muy bem feytos, e altos, que be obra asimilada¨. Pero nadie como el infatigable Ponz supo captar el espíritu de la obra: ¨El acueducto – escribió -, presenta cierta idea magnífica, que recuerda los suntuosos edificios que los romanos hacían de esta clase¨. Así quedaba bien expresado el carácter de la mejor interpretación del Renacimiento que hizo Vedel.

LA MURALLA DE CUARENTA TORRES.

Un manuscrito de 1695 sobre la Real Militar Compañía de Caballeros de San Jorge en la ciudad de Teruel, nos refiere: “Los muros de la ciudad están adornados con cuarenta torres las mas de ellas, de hermosa arquitectura”. Los hombres y el tiempo han destruido estas sólidas construcciones, y de ellas no quedan mas que unos muros desdentados y unas referencias literarias.

Subsiste todavía la torre Bombardera, con sus ángulos achaflanados, propios para la defensa, con cañoneras que favorecen el tiro rasante. En su coronación debió de tener almenas y matacanes volados; las cañoneras nos ayudan a fijarla cronológicamente, dentro del siglo XV.

Mejor conservado se encuentra el torreón de Ambeles, que recuerda la ubicación del antiguo Alcázar; por haber pasado a principios del siglo XVIII a la familia Ambel, se le conoce con el nombre de Castillo de Ambeles. El la mas interesante de las construcciones militares de Teruel, por la originalidad de su planta con ángulos de resalte mayores y menores en alternancia; a dos tercios de su altura presenta una cornisa que da movimiento a la inusitada composición.

Se puede hacer el periplo del casco urbano medieval, en un paso extramuros, poco mayor de un kilómetro. En el extremo Nordeste, al fin de la calle del Tozal, estuvo la Puerta de Zaragoza, reconstruida en 1379, en forma similar a la de Cuarte de Valencia. Tras el Mesón de la Comunidad, estuvo el Portal de las Carnicerías Altas. En el punto de unión de Los Arcos con la muralla, se encuentra el Portal de la Traición, que nos recuerda la entrada de las fuerzas castellanas en 1363 por ¨Tracto malo e falso¨, según las crónicas.

El costado septentrional es el mas pintoresco de la ciudad; serpenteante camino, asciende hasta el Portal de Daroca, conocido ya en 1566 por la Andaquilla; su arco evoca a los turolenses el regreso angustioso del infortunado amante, Juan Diego Martínez y Garcés de Marcilla, el mismo día de la boda de su enamorada (según la leyenda). Ningún vestigio queda de la Puerta de Guadalquivir, del Postigo y del Portal de Valencia, situados en las partes meridional y oriental del circuito murado de la ciudad.

La Bombardera, es una de las cuarenta torres que tuvo la ciudad de Teruel (s. XV).

PLAZAS Y CALLES.

El centro vital de Teruel es la Plaza de Carlos Castel, o del Torico, llamada así porque un minúsculo toro se levanta sobre un alto pedestal columnario, presidiendo con hieratismo totémico el murmullo de la ciudad que le está dedicada. Cortés y López, un etimologista turolense, tuvo la obsesión de ver raíces hebreas en la toponimia española; según él, el primitivo nombre de Teruel fue Turba, que derivó de las voces hebreas tbou y bat e interpretó como domus tauri, por tanto, Teruel venía a ser como casa o templo del toro. El actual monumento data de 1858 y vino a sustituir a otro, mas bello, realizado en el siglo XVI.

Por la plaza del Torico, pasa la única arteria axial que divide en dos partes el antiguo casco urbano. La topografía del lado oriental conserva mejor sus rasgos medievales; aquí se cobijó la judería turolense, a espaldas de los castillos de Ambeles y de San Esteban, formando parte de ella las calles que, mas o menos radialmente, inciden en la actual Plaza de la Judería; en la calle adjunta de la Comadre, estuvo la sinagoga. No todos los judíos vivieron en este recinto, pues los mas ricos habitaron en la antigua Albardería (hoy Salvador), en Ricoshombres, calle que parecía confinada a la aristocracia, y en la Alcaicería (San Juan), a cuya entrada los Nairíes tuvieron su casa de cambio.

No pocos hechos históricos nos evocan las tortuosas callejuelas de este sector, el mas vetusto del urbanismo turolense. El camino de ronda lo señalan las calles de San Esteban y la Plaza de Bolamar (recuerdo del capitán bul Amar, jefe de una compañía de moriscos que defendió la ciudad contra los ataques de las aldeas). A espaldas del torreón de Ambeles estuvo la llamada Casa del Judío, famosa por su rico artesonado mudéjar del siglo XV.

El Arrabal, no ha perdido su carácter arábigo, con los característicos callejones sin salida. Aquí vivieron apartados los moriscos hasta su expulsión, aquí habitaron aquellos alarifes que doraron a la ciudad de las soberbias torres. Todavía en este barrio subsisten las ollerías, en las que se elabora una interesante cerámica.

En la plaza del Torico, se encuentra el monumento al animal que propició la fundación de la ciudad.

TERUEL: IGNORADA MARAVILLA.

Nuestra ciudad ha permanecido casi olvidada hasta tiempos recientes: ni el P. Flórez, ni Villanueva, ni los autores del Teatro histórico de las Iglesias de Aragón, dicen nada de ella, solamente en obras de carácter general, como las de Zurita, Ponz, Madoz, etc, se encuentran referencias. Traggia y algunos eruditos locales, exploraron sus archivos. Hasta mediado el siglo XIX, Teruel continuó desconocido, y solamente Cuadrado le dedicó unas breves páginas de su obra, pero ni Roscoe, ni Borrow, ni Quinet, ni Teófilo Gautier, ni otros viajeros de la pasada centuria, han dejado referencia de su paso. Pero lo cierto es que ya desde el Paleolítico el río Turia atrajo a los cazadores prehistóricos, que acechaban a los animales de los bosques próximos, dejándonos como testimonio, en el paisaje terciario miocénico que rodea a la ciudad, sus raederas, hachas y cuchillos.

Este silencio que han guardado viajeros e historiadores, podría hacer pensar que la tierra turolense es espiritualmente árida, mas no es así; sus monumentos y hombres demuestran lo contrario. Díganlo los brillantes volúmenes de sus torres, realizadas en ladrillo, que son el documento artístico mas valioso que Teruel exhibe de su vinculación al genio artístico nacional. Desgraciadamente la mentalidad barroca no comprendió la belleza de éstos volúmenes, tan gallardos y limpiamente aristados, y hasta permitió la destrucción de la torre de San Juan, conocida por la “fermosa”. Actualmente la mas admirada es la de San Martín, que se ofrece ante propios y extraños con una belleza renovada cada día, en el escenario de una histórica plaza. Asimismo, es un timbre de gloria histórica y artística el artesonado catedralicio, en el que se presenta la ¨comedia humana¨ de la sociedad medieval de Teruel en el momento mas glorioso de su historia.

En cuanto a sus personajes, don sintieron el amor como únicamente la imaginación de los poetas lo ha recreado. El morir de pena y amor es una realidad que solo ha sido concedida a dos enamorados turolenses, pero ¿es posible morir de amor? Todo es posible a los humanos capaces de tener grandes pasiones, que mueren para vivir una vida mejor en la región de la Eterna Belleza.

El cuerpo de la Catedral ofrece un aspecto pintoresco.

TERUEL: CIUDAD DEL AMOR

No se puede escribir de Teruel sin hacer referencia a sus mas ilustres personajes: Isabel de Segura y Diego Garcés de Marcilla, cuya vida nos ha llegado envuelta entre las brumas de la leyenda y las sombras de una época histórica llena de silencio. La hermosa leyenda de amor debió de ocurrir el año de 1217, siendo juez de Teruel, Domingo Celada.

¿Existieron los Amantes de Teruel? Ningún turolense duda de ello, pero los historiadores y comentaristas literarios no están acordes. El infatigable cronista de la ciudad, don Jaime Caruana, ha conseguido unas apoyaturas documentales para la judicatura del citado Domingo Celada, que corroboran la fecha de la anónima tradición, pero queda todavía una noche oscura de mas de tres siglos, desde el supuesto hecho hasta el año 1555, sin una sola referencia histórica.

Y, ¿qué nos queda del Teruel de los Amantes? Casi nada. Las famosas torres mudéjares, las iglesias y la Andaquilla, según hoy se encuentran, son posteriores al suceso. Embrolla mas el asunto la semejanza de la leyenda con el cuento de Boccaccio Girolamo y Salvestra, escrito a mediados del siglo XIV en Florencia. Sería razonable pensar en la existencia de una fuente literaria de la Antigüedad clásica, que está por identificar de la cual deriven tanto la versión turolense del siglo XIII como la italiana del XIV. La leyenda turolense ha motivado varias obras de nuestra literatura, siendo las más feliz y famosa el drama romántico de Hartzenbusch.

En las artes plásticas, inspiró al pintor Muñoz Degrain y al escultor Aniceto Marinas. El moderno sarcófago ha sido realizado por Juan de Ávalos; su feliz composición nos presenta a la enamorada, bella de cuerpo y de alma, y al bizarro doncel, unidos por sus manos en lazo eterno de amor. Cada uno de los cuerpos descansa sobre el carnero correspondiente, abierto lateralmente por unas celosías de tradición mudéjar, para que el visitante curioso pueda contemplar las momias si lo desea. El lugar adecuado de su presentación, será el claustro gótico de la iglesia de San Pedro, previamente restaurado.

UNA DETERMINANTE TUROLENSE: EL MUDEJARISMO.

Mudayyan o mudéjares, tributos o sometidos, debió de haber muchos en el Teruel preforal, formando barriada en los extramuros. El fuero de Teruel (1176) consideró libres a estos moros de paz, pudiendo convivir con los cristianos en paridad de derechos sociales. No sucedía lo mismo con los moros esclavos, cuya valoración social no fue superior a la de las bestias. La clase mudéjar fue muy dinámica, absorbiendo gran parte de la vida económica de la ciudad; además de labradores, debieron ser herreros, zapateros, peleteros, tejedores, tintoreros y alfareros de tejas, ladrillos, cántaros y ollas. Las disposiciones del Forum Turolii, el gran monumento literario sobre la vida del Medievo turolense, nos ayuda a evocar las animadas escenas de las angostas calles de la ciudad.

A los mudéjares debe Teruel su época áurea. La ciudad destaca en el ámbito peninsular por dos especialidades mudéjares: las torres y la cerámica, por ello, no sin razón, Teruel ha sido bautizada como la ciudad de mudéjar por antonomasia, así que gran parte de los edificios turolenses, están tocados de este estilo. De la catedral dijo Lampérez que, si se conservase completa y sin alteraciones, sería caso único, sin duda, de un templo episcopal de estilo mudéjar.

Teruel continúa siendo mudéjar por herencia y apego natural al estilo, llegando a ser hoy determinante estético de su paisaje. Ya el fuero reglamentó la industria alfarera lo mismo que los precios de “ollas, cántaros y además vasos”. La ciudad fue durante los siglos XIII y XIV, un centro especializado en la elaboración de azulejos, placas columnitas y escudillas, destinadas a la decoración de las torres. El material empleado es una pasta ferruginosa, muy rojiza, barnizada de blanco, sobre la que destacan los morados puros y los verdes brillantes, aún mas que en Paterna. Con evidente acierto, se ha destacado la prioridad cronológica de la cerámica turolense sobre la valenciana. Maríneo Sículo, en su obra Opus de rebus Hispaniae memorabilius, celebra así la importancia de la cerámica turolense: “Turolii fiunt praecipus sunt et caeteris pulchriora”.

TORRES MUDÉJARES.

Amador de los Ríos llamó mudéjares a las manifestaciones artísticas de los musulmanes que vivieron bajo los cristianos vencedores; de nuevo se repitió el Graecia capta de Horacio, y los vencedores fueron vencidos culturalmente. Lo mudéjar, en su fuente original, es oriental, islámico. Sus volúmenes, tan regularmente aristados, no pesan, es decir, no son masa. Sus decoraciones carecen de relieve y dan la impresión de ser brillantes y fastuosos tapices. España ha sido campo de interacción de Oriente y Occidente, que ora aparecieron en lucha, ora en ambiente de fecunda paz. La convivencia de moros y cristianos, motivó el ensamble de sus formas artísticas y culturales. Recientemente, algunos ensayistas han extendido el concepto mudéjar a toda obra artística, literaria, jurídica, económica, filosófica, etc., en la que se combinen armónicamente lo cristiano con lo musulmán; no solo la literatura aljamiada, si no buen parte de la obra del Rey Sabio, el Libro del Buen Amor, los romances, e incluso El Quijote, han sido calificados como mudéjares.

Examinando lo mudéjar en su esencia, vemos que se trata de un estilo autóctono, muy original, que responde a las exigencias de la tierra y del pueblo; exhibición de volúmenes rotundos y de decoloraciones planistas, dispuestas bajo rígida disciplina geométrica. La más feliz intuición de Menéndez Pelayo en el terreno artístico, fue considerar lo mudéjar como o el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos. Se ha considerado el arte hispano-morisco, como el arte nacional de la España medieval. Y solamente entendido así, se comprende su proyección histórica; tan hondas raíces echó en nuestro suelo, que rara será la forma artística que no surja tocada de mudejarismo.

Este estilo arraigó profundamente en Teruel, donde dejó los mas vellos ejemplares de torres: San Martín (1315) y El Salvador, de composición similar, que rivalizan en belleza y en las que debieron intervenir los mismos artistas, a los que la musa popular ha presentado en una leyenda trágica rivalidad. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el mudéjar se expandió por los valles de la provincia, donde el ladrillo abundaba, dejando una serie de campanarios que atestiguan la facilidad con que este estilo se amalgamaba con otros, como el Renacimiento y el Barroco.

Y además se deben de citar la Torre de San Pedro (s. XIII), y la Torre de la Merced, la última de las torres turolenses (siglos XVI- XVII).

UNA EXHIBICIÓN DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL.

Una opus magnum de la catedral de Teruel es el artesonado. Este lote de pintura gótico- lineal decora una armadura de par y nudillo, que es la primera de España por el desarrollo de los temas decorativos y subhistóricos. Un vivo documental de la Edad Media palpita en esta atmósfera mágica, que el visitante puede gozar gracias a unos balconcillos corridos situados a gran altura.

En torno a esta obra cardinal del tesorero artístico turolense, no se conoce documentación; por ello, su cronología ha sido muy discutida. Dada la carencia de pruebas documentales, el problema queda en mano de las sugerencias estilísticas. En otra ocasión he puesto de relieve la presencia de cuatro pintores de Teruel durante el primer cuarto del siglo XIV, Bernabé Alluvena, Fortún Ximénez, Pedro Guarín y Juan El Pintor; asombra que el gremio fuese tan numeroso en este lapso de tiempo, pues nunca en la historia turolense se conocieron tantos pintores juntos. Posiblemente se trata del equipo que realizó la enorme obra del artesonado. Los arcaísmos de la obra son explicables, por tratarse de pintores artesanos que vivían con cierto retraso las modas estilísticas, y ser Teruel un medio sin tradición pictórica considerable.

El punto mas controvertido es el referente a la interpretación del contenido del artesonado. Es preciso ser muy liberal para alcanzar una interpretación del material temático en orden a una concepción sistemática, que no parece que estuviera en las mentes de los que hicieron el artesonado. Indudablemente hay vagas referencias a la historia turolense, pero no un paralelismo tan sistemático como se pretende. Además, no hay que olvidar que los artesones pintados fueron trastocados y no nos han llegado en el orden primitivo.

Lo mas interesante de esta obra, es que en ella desfila la sociedad medieval española en un momento determinado: el primer cuarto del siglo XIV. Tiene mas interés la indumentaria femenina que la masculina, y hay una clara persistencia de las formas del siglo XIII en ciertas prendas femeninas, aunque otras denuncian ya los gustos del siglo XIV.

EL MUSEO EPISCOPAL DE TERUEL

El Palacio Episcopal, aunque muy restaurado, conserva su traza antigua. Su construcción fue lenta, desde fines del siglo XVI hasta el término de la centuria siguiente. Tiene patio arquitrabado con columnas jónicas, y galería de arcadas en el piso superior, el aragonesismo de la construcción lo patentiza la arquería bajo el alero.

El incipiente Museo Diocesano se expone en la galería superior del patio, mientras se prepara el edificio adecuado, feliz acontecimiento que no sabemos cuando ocurrirá.

Las obras expuestas son de un valor desigual. Dignas de recuerdo son las tablas de Santa Catalina y de San Miguel, que se creen obra de Lorenzo de Zaragoza. Quizá sean resto de un retablo que en 1366 la reina doña Leonor, ordenó le fuera pagado y que había hecho para el convento de Las Claras de Teruel. Recientemente, Gudiol ha visto bajo los repintes, la personalidad del autor del retablo de Jérica, enriquecida con nuevas originalidades y ostentando la típica grandiosidad, que constituye la gran revelación de Lorenzo de Zaragoza.

Pieza altamente interesante es el cuadro del Patrocinio de la Virgen, que Gudiol ha atribuido a un anónimo Maestro de Teruel. A juzgar por la fecha en que debió ser realizado, segundo cuarto del siglo XV, Juan de Boniella pudiera ser un probable pretendiente. En esta obra, se llega a la apoteosis de los imaginativo; hay en ella ua mezcla de fantasía y lirismo, que no es sino una resonancia inequívoca del influjo germánico de tipo valenciano que parte de Marçal de Sac. Esta obra de primer orden destaca además por su curiosa iconografía, ya que presenta los pecados capitales en los nichos de la cátedra de la Virgen; las víctimas de cada pecado indican con una flecha aquella parte del cuerpo con la que se cometió el pecado correspondiente. Esta valiosa tabla debe ser clasificada en la última fase del gótico internacional, poco antes de la invasión flamenca.

LO MEJOR DEL IMAGINERO FRANCES YOLI.

La actividad escultórica en Teruel, puede considerarse casi como inexistente hasta la venida del Renacimiento. En Teruel, el estilo renacentista adquirió esplendor gracias al concurso de los artistas galos, el escultor Gabriel Yoli y el arquitecto Quinto Pierres Vedel, ambos activos en tierras aragonesas, pero que dejaron, precisamente en Teruel, sus obras mas significativas.

La presencia de Yoli en Teruel data de 1532, cuando hizo el contrato del retablo mayor de la catedral, cuyo, coste, sin dorar ni policromar, alcanzó la cifra de 20.000 sueldos. Fue una fortuna que el retablo nos haya llegado sin dorar, así podemos admirar el toque directo de la gubia y los trazos vivos y nerviosos del escultor sobre la madera. Las figuras se caracterizan por las proporciones esbeltas, tendencia que inició el escultor en el retablo de Aniñón. La interpretación de las cabezas está muy influida por el arte de Miguel Ángel; no está lejano el expresionismo de los maestros castellanos, Berruguete y coetáneos, como se advierte en algunas escenas y en las magníficas figuras del Apostolado. Es elevado el interés de esta obra porque nos muestra el fin de la tarea del gran imaginero francés, ya españolizado, con esas formas que tratan de definir a sus atormentados personajes.

El escultor francés, al que Aragón debe la mejor talla del Renacimiento, murió terminando esta obra en 1538; su cuerpo mereció el honor de ser enterrado en medio de la nave mayor; se cubre el sepulcro con lauda, que muestra en bajorrelieve al artista envuelto en capa, espada al cinto en señal de nobleza, y cabeza sobre almohadones e inscripción en torno.

El más hermoso retablo turolense del Renacimiento, el de San Cosme y San Damián, en la iglesia de San Pedro de Teruel, tiene el sello inconfundible del maestro francés, lo que corrobora un documento de 1537. La composición es similar a otra anterior de Yoli, el retablo de Bolea. Los titulares aparecen en tamaño natural y elegantes posiciones, con atuendo que nos evoca a dos sabios renacentistas. Según Weise, las escenas laterales del banco, acusan otra mano.

RESURGIMIENTO DE TERUEL.

La época dorada del arte y de la vida turolense fue el Medievo, iniciándose ya en el siglo XVI la decadencia, que reflejan fielmente los monumentos. Las invasiones Seudo- renacentista y barroquizante inundaron todo, hasta el remate de algunas torres medievales. De este incluso barroquismo se libraba la iglesia de la Compañía, construcción feliz del siglo XVIII, obra del arquitecto turolense, José Martín de la Aldehuela, pero desapareció en los azares bélicos de la Cruzada. Algún viejo templo como el de San Pedro, tras de sufrir los estucos barrocos, a fines del siglo XIX, fue decorado a lo Viollet-le-Duc, sustituyendo la severidad del gótico-mudéjar por una policromía chillona; estos deseos restauradores hubieran sido felices si en lugar de buscar el pastiche galo, se hubieran tomado como modelos las iglesias del arcedianato de Calatayud.

El siglo XX, pese a las dolorosas amputaciones, ha dado a Teruel una nueva cara, tanto en las nuevas edificaciones como en las restauraciones. Está todavía por estudiar la significación del modernismo en Teruel, que aparece vinculado por medio del arquitecto Monguió, a la escuela barcelonesa; los dos edificios mas significativos, son los almacenes comerciales de Ferrán y del Torico, ambos en el centro de la villa turolense.

Poco después se realizaron el Viaducto y la Escalinata, que tanto embellecieron los accesos a la ciudad. El Viaducto fue proyectado por el ingeniero Fernando Hué, contándose entre las obras mas atrevidas de aquel momento. A uno de sus extremos se colocó un monumento escultórico de Victorio Macho. La monumental Escalinata, que salva el desnivel existente entre la ciudad y la Estación de la Renfe, fue realizada en 1321 por el meritísimo turolense, José Torán de la Rad, quien la decoró con guarniciones neo-mudéjares. Esta bella escalera, a mitad de s altura, se bifurca en dos tramos curvados para abrazar la composición del retablo de los Amantes, altorrelieve del escultor Aniceto Marinas.

ALBARRACÍN: CIUDAD ÚNICA.

En la época visigoda parece ser que esta ciudad se llamó Santa María de Oriente, pues así lo recogen las crónicas árabes. Los dominadores musulmanes de esta zona fueron berberiscos, pero la ciudad reunió una población heterogénea, lo que evidencia una lápida árabe, perteneciente sin duda a un mozárabe. Bajo la dominación islámica, hubo un obispo cristiano, según la Crónica General, el cual recibió al Cid en 1089. Hasta los judíos tuvieron aquí cobijo, ante la actual iglesia de Santa María, lugar conocido tradicionalmente como Campo del Judío.

En cuanto a los restos de construcciones, es difícil pensar si estás corresponden a Santa María, como ciudad árabe antes del siglo XI, o si solo hubo hasta la venida de Hudail (1013-1014), un pequeño castillo que dominaba las ruinas de las primitivas construcciones romanas o hispanogodas. De la época de Hudail, son el llamado “alcázar” y la torre del Andador, que juntamente con la desaparecida “torre del agua” formaban un triángulo estratégico. Al parecer, Albarracín fue ciudad abierta, de modo que la población en un momento de peligro podía cobijarse en las fortalezas. Durante la época cristiana, su importancia aumentó según el interés que pusieron Jaime II y Pedro IV, en la conservación y restauración del sistema ofensivo. La ciudad, probablemente, se cerró a fines del siglo XIV levantando la muralla conocida por el “Muro”. Este es de mampostería concertada, en muros de metro y medio de anchura y doce metros de altura; los torreones cuadrados tienen una altura de 16 metros, su número es de 9, mas la torre del Andador. Ninguno tan evocador como éste, ante el que acampó en 1220 Jaime I para poner sitio a la ciudad, no logrando reducirla.

Hay en Albarracín algo que está sobre los monumentos y que nos hechiza: sus callejuelas de abolengo moruno, serpenteando por el reducido casco urbano; sus pintorescas casucas, llenas de inagotables puntos de vista; sus viejos portales y sus murallas desdentadas. Por todo esto, es una lección permanente de Historia. Aislada la ciudad por su difícil emplazamiento, ha resistido el avance de los tiempos, que todo lo uniforman, lo que, unido a su natural tipismo, ha hecho de la villa un solo y auténtico monumento.

LA HISTORIA DE GEDEON.

La Sala Capitular de la Catedral de Albarracín, atesora un interesante conjunto de tapices flamencos, que representan la historia de Gedeón, al que eligió el Señor para que libertara al pueblo hebreo del yugo madianita. Se encuentran allí por donación del Obispo don Vicente Roca de la Serna (1606-1608), de quien dice el episcologio: ¨dejó a su iglesia una preciosa colección de tapicería, un terno muy costoso y un exquisito portapaz con embutidos de esmeraldas y otras piedras finas, que había sido alhaja de un Pontífice Romano¨.

Los tapices tienen la signa de un escudo entre dos B, lo cual nos declara que fueron hechos por tapiceros de Bruselas- Brabante, pues desde 1528 usaron este definitivo; otra marca que llevan se ha querido identificar como la firma de Francisco Geubels, que tuvo fábrica en Bruselas desde 1534 a 1571.

De los ochos que formaron la donación se conservan siete y un fragmento del octavo. La altura de tres metros y setenta cms, es uniforme, aunque varía la anchura. La historia de Gedeón se ha tomado del Libro de los Jueces (caps. VI, VII y VIII). De las materias empleadas en su confección, se aprecian claramente lana, algodón, estambre y seda; esta última es abundante y está bien conservada. El tinte de las lanas parece ser aceptable, destacando los colores verde y azul, y algo menos el carmín, rosa, sepia y medias tintas.

Dentro de la historia del tapiz flamenco, los de Albarracín, representan la decadencia de éste en Bruselas. Las composiciones son cuidadas, lo que resulta difícil por las numerosas figuras. Quizá sea una obra de mediados del siglo XVI, y si su autor fue Geubels, éste se caracteriza por la tosquedad y pesantez de las figuras, pese al dominio del movimiento y aún de las formas anatómicas, muy de acuerdo con el manierismo de pintores flamencos coetáneos como un Heemskerck o un Frans Floris. Mas interesantes que las grandotas y teatrales figuras, son los bordes de cada composición que, aparentemente iguales, varían en detalles. Hay una mezcla de elementos animados con otros vegetales y geométricos, éstos quizá derivados de Vredeman de Vries.

EXTRAÑA INTERPRETACIÓN DEL ÁRBOL DE LA VIDA.

El objeto mas extraordinario de todo el tesoro artístico de Albarracín, es un Cristo de marfil, que se guarda en el convento de las Madres Dominicas. Pese al interés de esta pieza excepcional, casi nada se sabe acerca de su origen; acabado el convento en 1621, con posterioridad parece ser que llegó la pieza por donación.

Gracias a la investigación Margarita Estella, sabemos de su carácter estilístico y de su notabilísimo valor iconógráfico. El Cristo responde al tipo denominado de los ¨expirantes¨ y es de origen filipino. La composición de la escena es de aire renacentista, pero los detalles decorativos – indumentaria y muebles- así como la organización en diagonal de los bajorrelieves de los medallones, pertenecen al siglo XVII. Los artesanos de las Islas Filipinas que lo realizaron, han debido de tener presentes grabados se inspirarían a su vez en otros del siglo XVI, con lo cual quedaría aclarado cierto sentido arcaizante, ya que la obra puede fecharse a mediados del siglo XVII.

En líneas generales, la composición de la pieza responde a la idea del Árbol de la Vida; caído Adán, es redimido en el Árbol de la Cruz; en diversas escenas de los relieves se subraya la Redención, ya que ellos representan los misterios del Santo Rosario. No se conoce una representación plástica que se pueda considerar como fuente directa de la rara pieza. Se trata quizás de una adaptación especial del tema del árbol DE Jessé, ya que numerosos grabados fueron imitados en marfil en Goa; ellos presentan gran similitud con la escultura hispano-filipina de la época colonial, que, naturalmente, manejó con frecuencia estas recreaciones orientales. Durante los siglos XVI y XVII fue muy frecuente la representación de series bíblicas con fines didácticos y apostólicos.

LA CRÓNICA ILUSTRADA DE LOS CALATRAVOS.

El más noble de los monumentos de Alcañiz es el Castillo, con aportes estilísticos que van del románico al barroco. Lo que mas interesa son las pinturas murales de la Torre del Homenaje, que guardan una disposición semejante a la de la sala capitular del monasterio de Sigena. De las diversas hipótesis lanzadas, parece lo mas probable que esta crónica pictórica se refiera a la vida de los Calatravos alcañizanos en sus empresas levantinas, pinturas por su linealismo y nueva estética de los repertorios caballerescos, historiados y trovadorescos, entran de lleno dentro del arte gótico lineal de inspiración francesa.

La serie caballeresca es muy extensa. Hay que considerar la representación de dos castillos, bañados por el mar, cuyas ondas están claramente figuradas; uno de ellos ostenta los blasones de Castilla y de León. Confusamente se aprecia un campamento y un ejército, cuyos soldados muestran a la cruz de Calatrava. En el muro lateral izquierdo se ve a tres damas despidiendo a un jinete que parte veloz; en una enjuta está en el ejército catalana- aragonés con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, mientras en la otra enjura, aparece un ejército musulmán. Y mas escenas militares: un ejército desembarcado que marcha hacia un castillo, guiado por un peón abanderado, y un monumental castillo, en cuyas torres se enarbolan los blasones de los Alagón, Cornell, Luna y Aragón. El paisaje de palmeras nos lleva a relacionar estas escenas caballerescas con la vertiente levantina de la Reconquista.

Merecen recordarse otros temas de estas pinturas alcañizanas. Hay una rueda con un personaje regio en tres posiciones, que aclaran las inscripciones latinas: REGNABO, REGNO, REGNA- VIT. No es propiamente una Rueda de la Fortuna, y existe una escena análoga en el libro Hortus Deliciarum, que mandó componer en el siglo XII la abadesa Herrad de Lamberg. Otras escenas parecen insinuar cierta influencia provenzal. Una serie de figuras de gremios, vienen a recordarnos similares personajes del artesonado de la catedral de Teruel.

LOS ESPACIOS DEL GÓTICO.

Los monumentos importantes del gótico en tierras turolenses, son derivación de la escuela catalana y pertenecen, en su mayor parte, al lapso temporal del siglo XIV. El gótico procede del Sur de Francia; pero tienen tan marcada personalidad, que supera en originalidad a las otras escuelas del gótico peninsular; ninguna escuela como la catalana, puso tanto interés en el desarrollo de lo espacial, tendiendo a hacer templos de nave única que permitían gran anchura y altura. Dentro de la evolución espacial del gótico, estos templos son la transición entre el gótico clásico y el gótico tardío. Como los templos góticos catalanes, los aragoneses presentan capillas entre los contrafuertes, pero se distinguen por hallarse éstos últimos, en general, mudejarizados.

Quizá el mas antiguo sea San Pedro de Teruel, del que tenemos referencias de que se construía hacia 1319. A raíz del incendio de 1873, muros y bóvedas fueron restaurados, sustituyendo la noble severidad de la cantería gótica por unos diseños a lo Viollet-le-Duc y unos colorines que desfiguran su interior. De ábside mudéjar, como San Pedro, es la parroquial de Montalbán, cuya nave tiene una anchura de 21 metros; su relación con los modelos catalanes, en este caso está acentuada por el campanario octogonal, aunque terminado en forma piramidal, como el de Aljafarín y el zaragozano de San Gil.

El campanario octogonal aparece también en otra iglesia similar, Santa María la Mayor, de Valderrobles. Destaca este templo por una enorme portada, profundamente abocinada, coronada en la parte superior con el más bello rosetón del gótico turolense. En la ciudad de Teruel, en los últimos años del siglo XIV, se construyó el templo de San Francisco, que se caracteriza por la falta de mudejarismos tan corrientes en los templos de esta ciudad. La familia de los Heredia, mecenas del templo citado de San Francisco, aún construyeron otro mayor en Mora de Rubielos, pero a mediados del siglo XV. Tormo lanzó la hipótesis de que pudiera ser obra de Guillén Sagrera, el genial arquitecto que trabajó en Palma de Mallorca y en Nápoles.

Este tipo de templo, aunque con crucería estrellada, vendría a ser el modelo preferido del Renacimiento en la provincia de Teruel.

LOS CASTILLOS EN LA GEOGRAFÍA TUROLENSE.

Los mejores testigos del pasado esplendor político, son los conjuntos ofensivos, que se alzan todavía orgullosos dominando a los caseríos cobijados en torno. La acción de los hombres mas que el “tempus, edazrerum”, ha sido el peor ariete que ha maltratado a estas piedras indefensas. Solo tardíamente, la Torre del Andador, el Alcázar y la muralla de Albarracín, el Castillo de Calatravo de Alcañiz, el de Mora de Rubielos y el de Valderrobles, alcanzaron la calificación de Monumento nacional y con ello una protección oficial, que solo en algunos casos ha tenido vigencia. Ninguno supera en interés al de Alcañiz, cuya torre del homenaje está decorada con un interesante repertorio de pintura gótico-lineal, que ya hemos comentado anteriormente. De todos los castillos turolenses, el de Valderrobles es el que mas nos impresiona por sus ademanes gesticulantes, que cargan el paisaje de dramatismo espiritual; el pueblo se extiende en las faldas de una colina, en cuya cima se levanta la mole inmersa del castillo, con sus parámetros abiertos por ventanas o series de vanos, y rematado por torres angulares y el perfil desdentado de sus almenas.

Entre los castillos menores se cuentan el de Albalate del Arzobispo, con una torrecilla octogonal que todavía se yergue altanera, desafiando el paso del tiempo, y el de Peracense, que por su estratégica posición mas parece un nido de águilas, confundido entre las crestas de la Sierra Menera; dada la escabrosidad del terreno, el acceso es muy difícil, siendo la entrada mas adecuada por un camino que parte desde el vecino pueblo de Rodenas. Tanto este castillo de Peracense como el de Alba, y los restos de que hubo en Blancas, son los hitos mas importantes de una serie de fortaleza que contuvieron los continuados ataques de los castellanos durante el siglo XIV.

Todavía está por hacer el inventario de torreones y castillos turolenses, cuyas piedras doradas por los siglos y por la Historia, son uno de los atractivos turísticos que mas impresionan al viajero que se adentra por las rutas turolenses.

ÁBSIDES Y CIMBORRIOS.

La arquitectura aragonesa tiene un acentuado carácter popular y tradicional, lo que se explicaría porque sus ejecutores fueron los moriscos o mudéjares, cuya grey resultó tan numerosa en Aragón. Esta clase social vino a ser fundamental para la economía aragonesa, de aquí el dicho: “Quien tiene moro, tiene oro”. En el reino aragonés permanecieron los moriscos mas tiempo ejerciendo su oficio de tal manera se encariñó el pueblo con su arte de construir, que todavía dentro del siglo XVIII, perviven las técnicas mudéjares, cuando los moriscos hacia largo tiempo que habían sido expulsados. Los maestros aragoneses no aportaron ninguna solución técnica, destacando por su carácter los cimborrios. Tan fuerte era la vigencia del mudéjar en Aragón, que hasta un arquitecto francés del Renacimiento lo asimiló rápidamente, utilizándolo no solo en su primera obra conocida, la parroquial de Fuentes de Ebro, sino hasta en la última, la iglesia de Santa María de Albarracín.

De los ábsides turolenses netamente mudéjares, vale recordar el catedralicio y el de San Pedro, en Teruel, y el de la parroquial de Montalbán, los tres del siglo XIV. La intervención morisca está perfectamente documentada en el caso de la catedral turolense, pues en 1335 vinieron de Zaragoza el maestro moro Juzaff y su equipo, formando por hombres de la misma sangre: Zalema, Aly, Abraim, Mahomat y numerosos oficiales. Ellos transformaron la cabecera románica en este bello ejemplar gótico-mudéjar, con ciertos rasgos que lo relacionan con iglesias gótico- mudéjares de Calatayud, en opinión de Torres Balbás. Exteriormente, como en otras iglesias de Aragón, el ábside fue lugar privilegiado para el artista volcara su fantasía decorativa, tal sucede en San Pedro de Teruel, y en menor grado en la parroquial de Montalbán.

En la serie aragonesa de cimborrios mudéjares, hay que incluir el de la catedral turolense realizado por Martín de Montalbán en 1538; su antecedente inmediato es el de La Seo de Zaragoza, pero el más antiguo se encuentra en la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de al-Hakam II. Al exterior, tiene el modelo turolense mas gracia que el ejemplar isabelino de Zaragoza, pues los contrafuertes se adornan con pináculos decorados con diseños mudéjares de rombos y esquinillas.

LOS GRANDES PINTORES ANÓNIMOS DEL SIGLO XV.

Los azares históricos y el vandalismo de la última contienda civil, han sido funestos para el patrimonio pictórico turolense. Singularmente rica era la fase gótica internacional, bajo la influencia de la escuela valenciana. De Pedro Nicolau desaparecieron los retablos que hizo para la parroquia de Sarrión y para la iglesia turolense de San Juan, y también fue destruido el de la iglesia de Albentosa, que Tormo le atribuyó.

Dentro del círculo de Marzal de Sax y Nicolau, hay que citar a un maestro anónimo que llevó la influencia valenciana a un lugar tan apartado como Rodenas, en las estribaciones de la Sierra de Albarracín. Post lo dató hacia 1425 por la modernidad de los tipos y la seguridad del dibujo. El tema de este retablo es la vida de San Juan Bautista con las escenas de la predicación, bautismo de Cristo, festín de Herodes y la degollación. Las delicadezas líricas del paisaje y el linealismo, como que estiliza los bucles, nos hacen pensar en el fervor de este pintor por Simeone Martini, de la escuela sienesa. La combinación de Marzal- Nicolau se aprecia en otro retablo, el de la parroquial de Rubielos de Mora, indudablemente vinculado a la escuela valenciana.

De la fase hispano-flamenca de la pintura gótica, solo ha quedad in situ el retablo de la coronación, que los Pérez Arnal ordenaron hacer en el tercer cuarto del siglo VX, en la catedral de Teruel. Post lo atribuyó a un anónimo al que bautizó Maestro de la Florida. Parece ser un pintor eléctrico que aglutina influencias de los valencianos Rexach y Jacomart. Este retablo es la pieza mas flamenca en Aragón, dentro de la producción pictórica que deriva del estilo personal de Bermejo. El carácter local aragonés queda subrayado por la pesadez decorativa y la opulencia de los dorados que tienen algunas figuras. Quizá pudiera identificarse al Maestro de la Florida con Juan de Boniella, que residió en Teruel a mediados del siglo XV, y que en 1474 aparece junto a Bermejo, en Daroca.

ESPLENDOR DE LA VIDA COMUNAL.

Debido el florecimiento que tuvo en Aragón la vida civil, merced a unas instituciones sólidas y poderosas, los edificios públicos adquirieron verdadera magnificencia y monumentalidad. La estampa mas hermosa de este conjunto la representa la Plaza de España, en Alcañiz, con la Lonja y el Ayuntamiento, formando escuadra, que dan aire de Quattrocento italiano a este espacio alcañizano.

La fachada de la Lonja tiene dos cuerpos; el inferior, con tres grandes arcadas apuntadas, decoradas en su intradós con un festón de arquillos tribulados, que delatan al siglo XV, cuando debió de ser construida. Sobre las arcadas está la típica galería corrida aragonesa, en juego con la del Ayuntamiento, aunque es posterior y menos bella. La Casa Consistorial presenta fachada de tres cuerpos, con el blasón municipal en el piso noble. Se remata con un alero muy saliente, a estilo de la tierra, con doble fila de canecillos de madera tallada.

El Consistorio de Valderrobles es, sin duda, el de más sabor de toda la serie renacentista de Aragón, por su ritmo y horizontal. Como pieza selecta fue reproducido en la Exposición internacional de Barcelona de 1929. Se levantas sobre recios soportales con arcos de medio punto; el piso noble se resalta con balconaje corrido, de hierro, exornado de jabalcones. La sensación de horizontalidad la reitera la cornisa superior, con la arquería corrida, tan rica en contrastes y movimientos. Como el Ayuntamiento de Alcañiz, pudiera fecharse en el tercer cuarto del siglo XVI.

El mesón de la Comunidad de Teruel, está directamente emparentado con el grupo de construcciones civiles bajoaragonesas, participando de una tendencia fuertemente clásica que se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XVI. Esta serie de edificios constituyen el capítulo mas brillante del Renacimiento en tierras turolenses. El palacio turolense debió de ser construido a fines del siglo XVI, poco antes de que Felipe II derogara los privilegios de la vetusta institución.

HOMBRES Y OBRAS DEL SIGLO XVIII.

El siglo XVIII es una época de esplendor para las tierras turolenses, tanto en recursos humanos como en medios económicos. Los hechos artísticos no se producen aislados, sino que van ligados a circunstancias de orden económico, religioso, etc., así como el mecenazgo de algún personaje influyente. Entre los arquitectos nacidos en tierras turolenses, hay que destaca a Melchor Luzán, Martín de Aldehuela, Marcos Ibáñez y Miguel Aguas. Ninguno tan importante como Martín de Aldehuela, que contó con el mecenazgo del obispo Pérez Prado, en Teruel, y el de su paisano, el obispo Molina Lario, en Málaga. Algunos de estos arquitectos destacaron fuera de España, como Marcos Ibáñez, el reconstructor de la ciudad de Guatemala, al mismo tiempo que otro turolense, José Estachería, era presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

En tierras turolenses se levantaron fábricas tan colosales como la colegiata de Alcañiz o la iglesia arciprestal de Cantavieja, ambas con énfasis catedralicio. Puede afirmarse que casi el ochenta por ciento de las construcciones eclesiásticas de la provincia, fueron construidas o renovadas en esta centuria. Hoy nos asombran fábricas tan impresionantes en lugarejos despoblados; solo una fe grande, una saneada economía y una población mas numerosa, pueden explicar estos contrastes.

En 1937 se destruyó la obra mas interesante de Aldehuela, la iglesia del Seminario, con su retablo mayor diseñado según los modelos del P. Pozzo. En recientes investigaciones, he podido documentar como suya la mejor iglesia de la sierra de Albarracín, la parroquial de Orihuela del Tremedal.

La Colegiata de Alcañiz, mas que obra del siglo XVIII, parece de le Edad Media, dado el ímpetu religioso con que se realizó. La colosal fachada está de acuerdo con las dimensiones del templo; este tipo se extendió por toda la Península; de las fachadas barrocas españolas de este tipo, es la composición con ritmo lineal mas acentuado, siendo superada únicamente por la catedral de Murcia. Acerca de la iglesia arciprestal del Cantavieja dijo el arquitecto Garza en un informe: “De su traza no he visto ninguna, ni aún en Roma”.

LOS PUEBLOS DORMIDOS.

La diversidad geográfica de las tierras turolenses, representan para el viajero una notable variedad de paisajes, de tipos, de costumbres y de productos naturales. Uno de los determinados geográficos del paisaje turolense, son las series de sierras que cruzan su superficie en todas las direcciones, dejando poco espacio para el desarrollo de amplios valles o de inmensas llanuras. A lo largo de la Historia, los pueblos turolenses fueron surgiendo en lugares insospechados, en posiciones estratégicas para la defensa de una región natural con hondas raíces históricas: así, hoy, es preciso buscar estas agrupaciones rurales por carreteras serpenteantes, a través de barrancos y de encrespadas montañas.

Si bien estos pueblos tuvieron una explicación en tiempos pretéritos, su exigencia se torna cada día mas problemática por la creciente emigración a tierras de un nivel de vida mas acorde con las necesidades actuales. Muchos de estos pueblos se encuentran ubicados a mas de mil metros de altura, en zonas donde la agricultura es muy difícil por la dureza del clima.

El viajero que busca lo arcaico, encontrará en las rutas turolenses pueblos muy tristes, casi desiertos, con castillos en ruinas, casonas abandonadas, iglesias y conventos que declaran el auge de tiempos pasado. Pueblos del Maestrazgo y de la Sierra de Albarracín, con sus callejuelas de abolengo moruno, con sus pintorescas casucas y los viejos portales blasonados. En las casas señoriales destaca una escalera monumental, cuyo cuerpo sobresale en su perfil exterior. Pasadizos, aleros, ventanas y otros curiosos detalles, muestran raigambre de la casa hispanomusulmana, que vino a ser la solución ideal por muchas generaciones en estos parajes.

En estos pueblos tranquilos se encuentra ese silencio tan extraño a los habitantes de las urbes modernas. Una tenue melancolía invade al viajero, que guardará una impresión imborrable de estos pueblos al ver como sus habitantes han resistido, para defender su personalidad, ante el avance de los tiempos modernos, que todo lo uniforman.

EL JILOCA Y EL TURIA.

La zona situada a lo largo de la Autovia de Zaragoza- Teruel, comprende una faja agrícola, mas o menos ancha según la amplitud del valle. Las partes altas que limitan a esta franja – Campo de Romanos, Campo de Bello, Campo de Visiedo, etc.-, son grandes productoras de cereales. Los regadíos tienen dos focos importantes: la fuente de Cella, considerada como el mayor pozo artesiano de Europa y que es el origen del río Jiloca; el otro foco es de tipo artificial, el reciente alumbramiento de aguas subterráneas descubierto de Singra, con un volumen casi igual a la famosa fuente cellense. La principal producción, a parte de los cereales, es la remolacha con fines industriales.

Si bien la vida moderna ha ido uniformando el variado folklore antiguo de la zona, todavía se conservan manifestaciones de carácter religioso dignas de acordarse, como la procesión de San Roque, en Calamocha, con motivo de sus fiestas mayores. Danzantes ataviados con traje blanco y faja roja, bailan ante la imagen del Santo Patrón una danza antigua, que refleja el temperamento rudo de los turolenses. En Monreal del Campo pervive una vieja muestra de teatro religioso popular, el “Abajamiento”, que se celebra cada cinco años. La escenificación del Descendimiento de Nuestro Señor, tiene lugar ante la puerta de la iglesia, en el lenguaje arcaico, que conmueve al moderno espectador lo mismo que el continuado de los fuertes trabucazos.

Lo más característico del folklore de la ciudad de Teruel, radica en la Vaquilla del Ángel, que consiste en correr por la Plaza del Torico y por las calles, toros ensogados. La céntrica plaza se convierte en un verdadero escenario goyesco, en torno al minúsculo “Torico”, que sobre su pedestal columnario parece presidir esta fiesta popular con un ritual totémico.

La artesanía de la ciudad DE Teruel, se ha prestigiado en nuestros días recuperando las técnicas y el espíritu que motivaron la creación de su cerámica en los siglos XII y XIV. Esta empresa de reivindicación de un valor tan netamente turolense, se debe en buena parte al inquieto profesor Angel Novella, por medio de su labor en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

LAS MONTAÑAS DEL MAESTRAZGO.

La abrupta sierra del Maestrazgo separa y une a las provincias de Teruel y Castellón; un viaje por esta ruta nos proporciona lo mas imponentes paisajes de montaña. Esta geografía encrespada fue el escenario adecuado para las hazañas románticas del general Cabrera, que estableció su cuartel general en un pueblo medieval, Cantavieja, que aún conserva buen parte de su recinto defensivo.

Las principales riquezas de esta sierra y sus aledaños, son la madera y la ganadería. De la antigua artesanía textil, solo queda en Rubielos una fábrica de alfombras y todavía se elaboran en Iglesuela del Cid, finas medias de señora.

Lo que mas cuenta de esta ruta para el viajero actual es su cocina, teniendo bien ganado renombre la de Mosqueruela y Cantavieja. Aquí se elabora la nutritiva cecina, preparada con carne de vaca o toro, que luego de tratarla con ajos, sal, vinagre y pimienta, queda expuesta al frío para que la “cure”. De forma similar se consigue con carde de oveja el ¨somarro¨. Famoso es el queso de Tronchón, que tiene el honor de haber sido citado varias veces por Cervantes en El Quijote; su misterio radica en viejas fórmulas caseras y en la fina calidad de los pastos de la Sierra Palomita, que sustentan a los rebaños de ovejas.

El folklore taurino tiene en Mora y otros pueblos, una variante interesante, el toro embolado de fuego, que parece recordar costumbre de guerra de raigambre ibérica. Sobre la testuz del toro se coloca un aparato de hierro con bolas de estopa, resina y pez, que arden con facilidad. El espectáculo del toro suelto corriendo por las calles del pueblo, se realiza por la noche, sin alumbrado público, así que su efecto es de gran valor plástico.

De la antigua artesanía resta la forja de hierro de Rubielos de Mora, donde todavía se hacen esmerados trabajos con antiguas técnicas. Esta industria en tiempos pasados fue singular, tanto en la zona como en la Sierra de Albarracín, llegando a crear conjuntos monumentales en las rejas que tanta prestancia dan a las fachadas de las casas solariegas.

PAISAJES CON OLIVOS.

Frente a las tierras ásperas, montañosas y pobres de la mayor parte de la provincia de Teruel, destacan las de la Tierra Baja, por su feracidad, con grandes olivares que producen el mejor aceite del mundo. Alcañiz, centro de esta comarca natural, cada día adquiere un mayor relieve, tanto por sus posibilidades industriales como por las turísticas; precisamente estas últimas han cristalizado con la restauración del llamado Palacio del Príncipe Felipe, obra del siglo XVIII, enclavado dentro del famoso Castillo Calatravo; allí está a punto de inaugurarse un hermoso parador de turismo.

La Tierra Baja destaca por la calidad de sus productos naturales. Las ricas vegas del Guadalope crían frutas excelentes, pero solo en Calanda alcanzan los melocotones un sabor especial, que les ha dado prestigioso renombre en el mercado internacional. De los viñedos próximos de Valderrobles y Cretas, se consiguen los vinos mejores de la provincia, similares a los del Priorato.

La personalidad de la comarca tierrabajina, frente al resto de la provincia, se manifiesta en un rico folklore, bien expresado en el habla, el traje regional y en las costumbres religiosas. Especial relieve tienen las procesiones de Semana Santa en Alcañiz, Hijar y Calanda; niños y ancianos, acompañan con un tambor colgado a la cintura, sacando con sus palillos redobles muy peculiares. Impresionante es, tanto en Híjar como en Alcañiz, la noche del Viernes Santo, cuando a las doce, la corneta del Ayuntamiento, da la orden de iniciar los redobles. Cientos de tambores resuenan en la Plaza Mayor, distribuyéndose en grupos por las calles; en Híjar cada cuadrilla lleva además un bombo.

La Tierra Baja, mas que por su cocina, destaca por la repostería, con unas magdalenas y tortas finas deliciosas, además de rica variedad de pastas preparadas con almendra, nuez o coco.

MONTAÑAS Y PINARES.

Quizá ninguna comarca turolense se presta para el turismo natural como la Sierra de Albarracín; prueba de ello es que hace tiempo nacieron las colonias veraniegas de Orihuela y Bronchales. Un turismo interior, que no necesitaba de los reclamos modernos, hace tiempo que descubrió estos parajes tanto por el tipismo de los pueblos como por la bondad del clima en verano. Ya hemos destacado algunos de los valores históricos y estéticos de Albarracín, la ciudad turística por excelencia de toda la provincia, hace tiempo declarada monumento Nacional. Con certero gusto “La casa de la Brigadiera”, fue acondicionada interiormente para instalar el confortable Hotel Azagra.

Los pueblos vecinos de Bronchales y de Orihuela del Tremendal, absorben buena parte de la población veraniega, que en este último cuenta con una hermosa residencia de Educación y descanso, situada a mas de 1.600 metros de altura, entre frondosos pinares. La belleza forestal de estas montañas de ve matizada por la presencia de ciervos en la fase de aclimatación.

La industria maderera y la ganadería, son las principales riquezas de la zona tanto el ganado ovino como el vacuno de carne y de lidia, han de abandonar en invierno estos lugares, siguiendo las viejas costumbres de la trashumancia.

Las condiciones climáticas de esta comarca, dan una cocina regional en la que predominan las carnes y las grasas. Los fríos y los hielos del duro invierno “curan” los jamones de modo natural, dándoles un gusto especial, que les ha dado justa fama. Con la carne de cordero, de excelente calidad, se preparan platos deliciosos como el cordero “a la cazoleta” o a “la pastora”¨ entre estos platos típicos hay que incluir el “gazpacho” que no es originario de aquí, sino una vieja adaptación de la cocina manchega, realizada por los pastores que iban allá en trashumancia. Plato de sabor especial son las sopas de ajo, que, según los ancianos, tienen determinadas virtudes, así se explica que una leyenda las haya relacionado con Don Jaime el Conquistador, a quien curaron de una extraña dolencia cuando cabalgaba por tierras turolenses.

EL ALMA TUROLENSE.

Inquieto y curioso lector; tuve el honor de presentarte la tierra turolense por medio de unos breves textos, y de unas bellas fotografías, mas expresivas éstas que aquellos. No fue mi único propósito dar una serie de datos y de juicios sobre los aspectos mas interesantes del arte y de la vida, sino también fue mi deseo darte a conocer el alma turolense. Para superar esta difícil empresa, acudí al arte, pues – como ha dicho René Huyghe-, el arte y el hombre son indisociables, ya que no hay arte sin nombre, y a la inversa; por medio del arte el hombre se expresa y se conoce mejor.

Si importante es el lenguaje de las formas artísticas con que se ha ido expresando el alma turolense a lo largo de los siglos, ello no basta; el viajero interesado en conocer a fondo el alma de mi tierra, ha de recorrer sus caminos llegando hasta los pueblecitos mas apartados, los que, gracias a su aislamiento, conservan mas puros los rasgos del espíritu turolense. El profundo mudejarismo, que reflejan los monumentos cardinales de la capital, se ve expandido por toda la provincia, no solo en las airosas torres de ladrillo que saludan al viajero desde los breves valles, sino en mil detalles de la arquitectura doméstica y del urbanismo, característicos de los pueblos serranos. En el mensaje humano que comportan estos monumentos, el viajero podrá apreciar de manera clara y distinta, el alma histórica y colectiva de los hombres que vivieron y viven en esta tierra.

Pese al silencio que han guardado escritores y viajeros sobre el alma turolense, ésta no es tierra árida para el espíritu. Solamente en Teruel, la realidad se antepuso a la fantasía literaria, y dos enamorados murieron de pena y amor, haciendo figurar a esta ciudad en la “Geografía Poética del Universo”.

Viajero que has venido atraído por el misterio de esta tierra incógnita, no bastan las impresiones de una primera visita, pues el alma turolense es difícil de aprender. Si quieres captarla, habrás de estudiar su historia, sus creaciones folklóricas, literarias y artísticas, pero no te ofusques en consideraciones circunstanciales, procura llegar hasta la “intrahistoria”, allí encontrarás la médula del alma turolense.


Tal día como hoy 25 de octubre



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