Zaragozando por Zaragoza un veraniego 28 de Julio de 2007. 100.. Documentos.. 
Pasapues > Documentos. > Fotografías. > zaragozando un 28 de julio de 2007.

Zaragozando por Zaragoza un veraniego 28 de Julio de 2007. 100. Aragón

Documentos. Fotografías. zaragozando un 28 de julio de 2007.



¿Confinado? Date un homenaje, convierte en el protagonista


Zaragozando por Zaragoza un veraniego 28 de Julio de 2007. 100.
La Zaragozando un veraniego 28 de Julio de 2007 por Zaragoza.
Almozara Blues por las paredes del C.D. .

Falta un año para la Expo 2008 y todo son obras.
Hay que preparar las orillas,
hay que construir los edificios,
y las paredes lucen las pinturas de cada barrio, de cada imagen, de cada vivencia,
cada calle con su ritmo,
es el calido verano zaragozano



Índice alfabético sobre Aragón desarrollado en Pasapues ademas de

Una colección de imágenes que atesoran años que documentan los pueblos de Aragón; con muestras de fotografías antiguas de pueblos de la provincia de Huesca.
Puedes documentarte con algunas publicaciones sobre Aragón.
puedes participar compartiendo información sobre Aragón.

Como un Nilo que cruza el desierto, el Ebro aragonés atraviesa la estepa.

Ansar es la asociación en defensa y estudio de la naturaleza aragonesa.

Mira los dibujos a pluma de Miguel Brunet.



Aragón en datos | Aragoneria | Mapas | Documentos | Naturaleza

9


Huesca
Otro recorrido -2-.

La entrada general de la ciudad suele ser por la carretera de Zaragoza: cruzando el paso a nivel (F.CA. Canfranc) toma el nombre de la calle del Alcoraz. Entre las edificaciones, huertas (torres) y empresas que la bordean se encuentra el campo de futbol (tambien llamado Alcoraz por su situación) para venir a desembocar en la plaza de Navarra donde va acusándose la centralización de la vida de la capital, en su continuo desplazamiento hacía el llano del mediodía.

SANTA TERESA (CONVENTO DE CARMELITAS DESCALZAS).- Fundación del señorío de Argavieso con religiosas procedentes de Tamarite en Julio de 1674.
Convento de austeridad y pobreza según la regla de la sublime Doctora de Ávila. Todo en el conforme al tipo teresiano. Presenta un patio de compás a la iglesia.- Típico carmelitano.- con fachada de ladrillo prototeresiano y hornacina con imagen de la titular, gracioso de conjunto.

Iglesia- De nave y crucero, aquella con lunetos; cúpula ciega y sin tambor y decoración lujosa (probablemente de J. Urliens) en relieves de escultura con santos carmelitanos en las pechinas, en pie no grandes. Los tres retablos (el mayor y los dos de los rincones del crucero) son de fines del s. XVII en los que el barroco triunfa con gran teatralidad.

En el mayor, sobre relieve de ángeles Santa Teresa, de graciosa e inspirada talla. En el tramo superior el Niño y otras imágenes mas toscas completan el aparatoso conjunto. Los dos retablos laterales presentan la particularidad, de no ser simétricos en cada conjunto propio, sino en el doble conjunto y con idea iconográficamente razonada (altos: san miguel y el Ángeles de Tobías; bajos: Virgen Carmen (mod) y san José, aunque de tallas deficientes. Existe también pequeño retablo moderno (san juan de la Cruz y Sta. Teresita, ambos carmelitas) y en las paredes del presbiterio y de la nave grandes cuadros amanerados del XVIII (la buena y la mala muerte en el presbiterio; las glorias de la Orden carmelitana y la Huida a Egipto en la nave.

La plaza de Navarra es la mas importante de la ciudad: forma su fondo al N la gran fachada moderna de la Delegación de Hacienda (arq. E. Vincenti) de inspirado y típico gusto barroco aragonés. El lado de Poniente, el Círculo oscense (muy decaído en su vida social) pero con grades salones y servicios (salón de baile con decoraciones pictóricas de tipo regional del artista local Lafuente por 1912). Finalmente el centro de la plaza lo cubre delicado jardín con fuente escultórica. A esta plaza viene también a desembocar la Avenida de la Estación y adosada a ella en su ángulo SE. La plaza de San Victorián donde se encuentra (en trámite de derribo) la cárcel provincial, en parte, viejo edificio conventual del Carmen Calzado (1).


(1) Huesca, como todas las viejas ciudades de España en la época de su apogeo religioso (sigs. XVI y XVII) tuvo conventos de casi todas las órdenes religiosas de ambos sexos, no faltando los de las cuatro órdenes que era típico en toda ciudad situarlos en sus cuatro puntos cardinales. Así: Dominicos al E (Véase parroquia de santo domingo); franciscanos al S (hoy Diputación); carmelitas descalzos al O. (hoy patios de juego de las Escuelas Salesianas); capuchinos al N. (Hoy torre de capuchinos>> en la carretera de Arguis); a los que se unían los Agustinos Calzados (véase misericordia); jesuitas (véase san Vicente, compañía); mercedarios (hoy cuartel de la merced en la calle Padre Huesca); carmelitas calzados (hoy cárcel), y el Colegio de San Bernardo (hoy escuelas) para novicios cistercienses. Para completar el cuadro religioso de la Huesca del setecientos había que añadir los Colegios con sus capillas de Santiago y San Vicente; los cercanos santuarios de Montearagón (canónigos regulares de San Agustín); de Loreto (Orden agustina recoleta) y las parroquias actuales (catedral, san Pedro y san Lorenzo), con las derribadas de la Magdalena, san Juan y san Martín.


Ninguno de los viejos conventos subsiste hoy con Comunidad de varones: tan solo los jesuitas (tras tantas vicisitudes al compás de las luchas políticas y ausencias) ocupan por excepción su antiguo lugar, y solo, modernamente, los Hermanos de San Viator (escuelas) y los Padres Salesianos, han venido a llenar los vacíos del exagerado número de conventos que la ciudad tenía.

Por contraste los siete conventos de mujeres subsisten con Comunidades, todos en sus viejos caserones: santa clara (franciscanas), asunción (carmelitas calzadas), santa teresa (carmelitas descalzas), san miguel (carmelitas calzadas) capuchinas, santa rosa (dominicas), Siervas a los que han venido a unirse las Hijas de Santa Ana en tres dependencias (colegio de Santa Ana, asilo de San José y hospital provincial), y las Hermanitas de los pobres (asilo) de la plaza de Navarra al cruce del coso, se encuentran los porches de Vega Armijo, lugar del obligado paseo provinciano y mentidero de la ciudad, con sus grandes y típicos arcos y los principales cafés y terrazas. En el centro del pórtico a la izquierda la Diputación Provincial (en los bajos las oficinas del <<turismo del alto Aragón>>, La Diputación Provincial ocupa el lugar del antiguo y famoso convento de San francisco, cuyos restos y muros aun se distinguen, y que fue uno de los mas antiguos de la Orden, fundado ya en el s. XIII. En su iglesia se celebraron diversos capítulos. Con la desamortización y por el estado ruinoso que se encontraba, paso al Estado y mas tarde a la provincia sufriendo continuas restauraciones modificativas. En sus dependencias se encuentran varias obras pictóricas de artista local modernos y el saltón de fiestas con su gran galería exterior, fue decorado con mal gusto, pero lujoso en 1874, restaurado en 1940.

Los porches terminan en el cruce de los Cosos <<alto>> el de la derecha <<bajo<< el de la izquierda) y la calle de Villahermosa (arranque del itinerario número 1) en frente.

Los cosos forman la arteria principal de la ciudad, en semicírculo meridional, antigua periferia de la ciudad, que por el N lo tomaba el río y constituía la vía antigua entre los dos recintos de murallas la de piedra con sus barbacanas y torreones (restos de cuyos cimientos se asoman en algunos edificios) y la de tierra: La muralla con sus 99 torres fue derribándose principalmente a principios del s. XIX y de las puertas de la ciudad tan solo han quedado los nombres (árabes) en el hablar popular (<<Alquiblia>>, <<Ramián>>, <<Alpargán>> o <<Mozárabes>>, etc).

Siguiendo el coso altos en la curva, fue lugar del palacio famosos de los Lastanosa, verdaderos mecenas de las artes y de las letras y que tanto contribuyeron al nombre de Huesca (<<quien va a Huesca y no ve nada de Lastanosa, no ha visto cosa>>: refrán popular) los literatos y los amantes del arte del siglo XVII pudieron contemplar la magnificencia de su Museo, armería y biblioteca, el maravilloso jardín de flores exóticas, con estatuas y surtidores a la manera italiana, con cenadores que no añoraban los de Roma. Todo desapareció, destruidos sus restos hace muchos años y ni el recuerdo queda, una calleja lleva el nombre de Lastanosa) de aquel palacio que visitara Felipe IV y su corte (en la cual y como aposentador y pintor de la cámara iba Velázquez) y el duque de Orleáns y donde lucieron su ingenio en fiestas y certámenes, Baltasar Gracián y otros literatos.

Es digno de notarse en el número 21 la típica fachada aragonesa de la casa de Claver con escudo.

A la derecha (pasados los nuevos edificios de Comunicaciones y del Banco de España) se llega a La iglesia de San Vicente Bajo, vulgarmente conocida con el nombre de "La compañía". Dedicada a San Vicente Mártir créese tradicionalmente ser el lugar de su nacimiento en la Osca romana. La fachada es pobre, de ladrillo con hornacina del Santo. Sobre la inmediata colleja, típico arco de paso (cegado hoy) con imagen.

San Vicente, uno de los mas venerados santos de la Antigüedad, fue martirizado -con rueda de molino- en Valencia. Cantado en maravillosos versos latinos por Prudencio (s. IV) juntamente con otros mártires españoles entre los que sobresale San Lorenzo, Huesca se enorgullece sin pruebas irrebatibles para ello, de ser cuna de estas dos grandes figuras del Martirologio Cristiano y en verdad tiene mas probabilidades que ninguna otra ciudad que se le patrono>> de Huesca que celebra su <<Fiesta menor>>, el 22 de Enero. La tradición de que el templo ocupa el lugar de su casa natal arranca de la exaltación religiosa del S. XVII.

HISTORIA.- El lugar que ocupa la iglesia se ha creído que en la Huesca romana fue ocupado por unos termas, ya que en el solar apareció una cabeza de fuente romana hoy en el Museo. El ob. Bardají entregó el lugar a la Compañía de Jesús, tan de lleno consagrada a la enseñanza de las artes menores (lo que hoy llamaríamos segunda enseñanza) para que levantase iglesia casa y colegio, adecuadamente, en ciudad de carácter tan universitario. La primera piedra se puso el 31 de Agosto de 1635. pero el edificio no se levanto hasta 1750-61, obra del arquitecto oscense José Sofí que tantos monumentos dejo en la ciudad. Durante la primera expulsión de los jesuitas y el edificio siguió la accidentada vida de la compañía en España al vaivén de las vicisitudes políticas, habiendo servido también de cuartel la residencia, hoy demolida (lugar del actual Banco de España), así como el <<estudio>> o colegio.

Iglesia.- La de mas culto y frecuentada de la ciudad: templo de estilo y tipo jesuítico con decoración y retablos del barroco amanerado- pero ostentoso- de mediado el s. XVIII. De una amplia nave, crucero, tambor y cúpula y presbiterio con lunetos, decorados los techos con discretas pinturas modernas de santos jesuitas y escenas religiosas de las devociones tan propagadas por la Compañía es en general moderna, sin embargo el retablo mayor y algunos laterales forman curioso conjunto arquitectónico para el amante del arte decadente barroco tan popular en las iglesias de España. Capillas laterales, lado Evangelio: San Antonio (imaginería moderna); San Ignacio de Loyola (id); calvario (moderno en todo su conjunto); crucero: gran retablo de la Inmaculada con titular moderna de talla fina. Retablo mayor: conjunto barroco de imágenes adosadas a relieves, tipicidad decadente dieciochesca, de San Vicente y en alto San Miguel y toscas imágenes de santos oscenses. Crucero, lado Epístola: corazón de Jesús, gran retablo con imagen gigantesca; San José (moderno); San Francisco Javier (Conjunto de principios XIX) San Rafael (íd).

Siguiendo el Coso Alto, se llega a la plaza de Camo, (político oscense) y haciendo esquina en ella, frente al moderno Teatro Olimpia (arquitecto Loscertales) se encuentra el Gobierno Civil (hoy dependencias) -Casa de aspecto severo pero de rancio gusto aragonés, llamada <<de los Oñas>>: de vastas proporciones, larga fila de balconajes y típica galería. El interior, aunque desprovista de decoración, presenta amplio zaguán, patio, jardín y escalera con antepecho de fina arcatura. En tiempos de Fr. Vicente Oña, sanjuanista, su rica colección de lienzos competía con los de Lastanosa.

Mas adelante, mas bella en su exterior, la <<Casa de Climent>> (colegio de Niñas de Santa Ana) de gusto plateresco del Renacimiento (s. XVI) tres balcones (uno cegado), escudo de la familia y medallones con bustos, corriendo en los alto una galería con rafe; en su interior la escalera es bellísima con cúpula y teniendo como elementos decorativos los escudos de familias emparentadas con la titular (Lastanosa, Climent, Cortés, Abarca, Araus, Ahones, Galván, Aguirre, Argilés, todas de rancio abolengo oscense), además de otras figuras y labores renacentistas. Es el mejor ejemplo de casa señorial de la ciudad de Huesca.

La calle transversal que sigue, de San Jorge, lleva a la barriada llamada <<Barrio Nuevo>>, antigua judería hasta fines del s. XI. En el lado opuesto, la plaza de Lizana con el fondo y en alto la mole catedralicia. No lejos, en el Coso, el convento de Capuchinas. Fue fundación en 1647 por Ana María de Latras, condesa de Plasencia, hija de los condes de Atarés, en edificio de su propiedad. La iglesia se terminó en 1671, siendo la fundadora enterrada en el presbiterio. La vida de la comunidad fue continua, excepto en la guerra e la independencia que huyeron en 1809 al acercarse las tropas de Mortier, volviendo al año siguiente.

Interior: austero, de una nave y crucero; Retablo Mayor monumental y aparatoso del tipo de <<naturaleza>> (racimos, hojas, frutos) sin dorado alguno. Dos cuerpos con lienzos escuela decadente aragonesa de fines s. XVII) con la aparición de la Virgen del Pilar y Santiago y en alto Calvario. Los dos retablos laterales son compañeros del Mayor con lienzos (San Francisco y santa religiosa); los dos de los brazos del crucero de confuso barroquismo, con lienzos e imágenes, calvario y dolorosa el de la izquierda santa y San José y San Antonio, el de la derecha.

Siguiendo el Coso, se deja a la izquierda la carretera de Francia (Avenida de Monreal) en recuerdo del oscense que dejo su fortuna con 600 alumnos de escuelas gratuitas, su iglesia gótica recientemente terminada, dedicada a María Auxiliadora, arquitecto B. Farinas.

La calle de Joaquín Costa (1), sigue bordeando El antiguo perímetro amurallado (más visibles su vestigios) y circundando a la ciudad y dejando los restos del que fue convento del Carmen Calzado, (hoy patios de los salesianos) se llega en ameno paseo al convento de Carmelitas Calzadas de San Miguel.


(1) Hacia el interior, paralela a la calle de Costa en la de Pedro IV, medio desmoronada y abandonada, pueden verse las ruinas de la antigua iglesia de la Magdalena, que fue Colegiata y que consta existía ya poco después de la conquista de la Ciudad (1105). Con otras parroquias también desaparecidas (Santa Cruz de la Zuda, San Ciprián y San Miguel), fueron refundidas en la del Salvador de la Catedral. Las ruinas nos muestran hoy un estilo gótico del S. XIV, con techumbre que descansaban sobre arcos de medio punto. Del bien conjunto de obras de arte que encerraba en los últimos años, han desaparecido de modo lamentable: tal el retablo mayor buen conjunto del pintor Esteban Solorzano (s. XVI) y el excelente retablo primitivo de Santa Catalina con once tablas, documentado como obra de Juan de la Abadía en 1491. una talla de Virgen sedante de Montserrat del S. XIII, pasó a la parroquia de la Catedral.


Historia del convento San Miguel (Las Miguelas).-
Fue antiquísima dedicada a San Miguel, fundada por Alfonso I el Batallador, después de catorce años después de la conquista de Huesca en 1110, y consta documentalmente que en persona demarcó con sus pasos el lugar, delante de toda su corte guerrera; se levantó este templo entre el recinto amurallado de sillería con torreones y el muro exterior que era de tierra comprimida, junto a la puerta llamada <<Disircata>> (derribada en 1790 que daba al Alcázar real), y el antiguo dosal o cementerio de los cristianos bajo la dominación musulmana (mozárabes). Pero sin duda el edificio fue provisional ya que la actual fábrica (iglesia y torre) es del s. XIII (principios). La comunidad de carmelitas calzadas se hizo cargo de la antigua parroquia en junio de 1622, iniciándose las obras del convento en 1625. siempre se han frustrado los intentos de unir las dos Comunidades de Calzadas que hay en la actualidad (Asunción y San Miguel).
Allí en el patio de entrada celebraban consejo los jurados de la ciudad.

Iglesia.- Es del tipo de transición entre el románico florido y el gótico, aunque debió engrandecer se al finalizar el s. XIII como parece demostrar su arquitectura: presenta líneas esbeltas y los arcos apuntados se mezclan con los de medio punto. La recia Torre, de planta cuadrada- la mas bella torre de la ciudad- presenta en sus lados ventanas ajimezadas románicas. En el interior presenta tres retablos del gusto amanerado del barroco del s. XVII. El coro es de talla sencilla.

Rodea la iglesia por su parte N el cauce del río Isuela con pinaradas y árboles de follaje, un grato rincón. El puente moderno ha venido a sustituir el antiguo romano cuyos arranques de arco aun se distinguen. Dejando la salida de la ciudad por el puente hacia Arguis, se sigue por la llamada ronda de Montearagón entre la vieja muralla y las huertas que bordean el río. Se deja a la derecha el Asilo de San José y la Casa Amparo (el primero fundación del obispo Alda en 1891, para niños pobres).

La ronda de Montearagón es lugar ameno de paseo junto a los vestigios murales mas viejos de la ciudad entre campos amenos y las duras perspectivas de la sierra del paisaje altoaragonés, bordeando la muralla en este lado conservada. Pronto un torreón el único solitario, nos muestra lo que la ciudad sería con sus 99 torres defensivas, como nos la describen los cronistas: es torre clásica defensiva al estilo medioeval: planta cuadrada, macizo, poco gastado por la erosión, con un <<óculo>> en cada lado, sin troneras ni aspilleras; solitario, en la barriada mas abandonada de la ciudad; en la parte alta sin almenas, presenta una cornisa de mensulas y en su lado N a un altura incomprensible, una estrecha puerta románica al aire.

La ronda continua bordeando la muralla que sigue a su derecha presentando cimentación de canto rodado muralla primitiva y mas alto, grandes sillares de piedra arenisca (muralla del s. XII, tras la conquista) que la erosión de los siglos ha dado formas caprichosas. Los caseríos y huertas de la ciudad en alto y en declive se han servido de ella, como muro de contención. La ronda termina en la tranquila y provinciana Plaza de San Vicente, donde se encuentra.

San Vicente.- (Hoy escuelas; antiguo Colegio Universitario).

HISTORIA.- Fue famoso Colegio Universitario formando pareja y rival del imperial Santiago. Fundado en 1587 por don Jaime Callén, natural de Berbegal, municipio que nombró patrono de su fundación juntamente con el obispo De Huesca y el prior y los jurados de la ciudad. Se requería para el ingreso con la obligada justificación de limpieza de sangre el ser bachiller en facultad menor. El hábito era como el de los santiaguistas, pero con beca azul tan larga como el manto. Felipe II en 1597 le dio el título de real y el uso de sus armas y Felipe IV lo igualó en todo al de Santiago. Ilustres estudiantes salieron de sus estudios (arzobispos, obispos, oidores, fiscales, de las cámaras de Castilla y de Indias) entre ellos el Justicia de Aragón que tomó la jura a Felipe IV, el historiador aragonés Laripa, Lopez de Porras, ilustres jurisconsulto, etc.
El edificio, construido junto a la muralla derruida, es obra del arquitecto José Sofí, conservando una bella portada barroca labrada en piedra, de conjunto noble y algunas dependencias espaciosas como la anchurosa escalera. Actualmente, en trámite de restauración, después de haber servido en frecuentes ocasiones de cuartel y cárcel, construye un grupo escolar.

De la plaza de San Vicente se desciende hacia el Río, a la gran mole de Hospicio con patios, huertas y pabellones, conocido generalmente con el nombre de
LA MISERICORDIA Propiamente se trata de dos edificios de muy distinta contextura y estilo: el gran caserón de la Beneficiaria Provincia, obra moderna del siglo pasado y junto a el y unido por recientes reformas en su lado oriental, la iglesia románica de Santa María de Foris, de muy vivo interés artístico e histórico.

HISTORIA.- Fue la iglesia de <<Santa María de Foris>> (por estar fuera de los muros de la ciudad) junto a la llamada huerta de Montearagón, obra y fundación del s. XII como aún lo demuestran la torre y ábside, aunque muy trasformada por sucesivas reconstruciones. Iglesia parroquial hasta 1422, fue luego convento de monjas bernardas, procedentes del monasterio de Iguácel (en Acín, Jaca, de un extraordinario interés en el estudio del románico). Pasadas las monjas al Cambrón (Sábada) la propiedad se transmitió a la mitra que entregó el templo y el convento a los Agustinos calzados en 1510 permaneciendo hasta 1788, en que pasaron al Colegio e Iglesia de la Compañía (Coso) en ocasión de la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús. El convento, abandonado, fue cuartel en ocasión de la guerra contra la revolución Francesa (1793) y luego Hospital Militar, finalmente el edificio destinóse a Beneficiencia, haciendo de nuevo el edificio de grandes proporciones aunque aprovechando los materiales de la antigua edificación y conservando la iglesia y la torre en su conjunto. En este lugar escribió por 1580 el P. Malón de Chaide el <<libro de la conversión de la Magdalena>> el mas brillante y compuesto de nuestra literatura devota>> según M. Menéndez Pelayo y uno de los mas sublimes de la copiosa literatura mística española.

EXTERIOR DEL TEMPLO.- Es interesante la arquitectura gótica (XV- XVI) sobre un conjunto románico de final del S. XII. Digno de notarse principalmente en el ábside románico con el ajedrezado típico, mensuales geométricas y pudiendo distinguirse los arranques de otra nave o capilla (quizás del viejo convento desaparecido); la torre achatada, baja, es de un románico de transición con grandes arcos ya apuntados que proclamaban la venida del gótico.

INTERIOR.- Templo de estilo gótico decadente de una sola nave con cinco arcos fajones sin crucero y ábside con bóveda de arista: armonioso conjunto.
Retablo mayor: obra apreciable del S. XVII, bellamente armonizada la armazón arquitectónica con la parte decorativa y los lienzos. En el ático, con escudo pequeño, lienzo de Cristo en la Cruz y dos esculturas pequeñas de San Pedro y San Pablo. El centro del retablo lo constituye un buen lienzo de escuela aragonesa de <<apoteosis de San Agustín>>. El santo titular en hornacina y sentado en trono, presenta el libro de su <<Regla>> mientras en lo alto un ángel sostiene la mitra y otro el báculo, símbolos de su obispado de Hiponia. A los lados, grupos de Clérigos, regulares y caballeros simbolizan las distintas ordenes religiosas de seculares, regulares y militares que se han regido por la Regla Agustiana. La composición, el estudio de cabeza y el colorido son dignos de apreciarse en este lienzo de autor desconocido, pero que puede inclinarse al famoso pintor Bartolomé Vicente. Los laterales, San Vicente y San Lorenzo los famosos oscenses, son de la misma mano con menos empeño. La predela con escenas de las vidas de santos agustinos, es curiosa como conjunto.
Los retablos laterales del templo carecen de importancia: uno de recargado churriguerismo sin gusto y otro de Calvario, amanerado.

Existen la iglesia de tres lienzos notables: <<Fundación de la Compañía de Jesús>>, <<Muerte de San Ignacio de Loyola y <<San Francisco Javier>>; <<Curiosos, de regular factura, aunque deterioradas, pintura del siglo XVII.

Cabe preguntarse la procedencia de estos lienzos de tema jesuita en iglesia que nunca tuvo relación con la Compañía. Sin duda proceden del templo de la compañía (en el coso) en tiempos de la expulsión por Carlos III. Aquella iglesia paso con los años a los agustinos (sus <<rivales>>) con alegría de ellos y grandes festejos al finalizar el s. XVIII y sin duda apartaron de los retablos estos lienzos (acabada de ser disuelta la compañía por el Papa Clemente XIV bajo la presión de las cortes borbónicas) y los llevarían a la vieja iglesia de <<Foris>> para colocar sin duda titulares de la Orden agustina en San Vicente. Desde luego el traslado se hizo con gran regocijo de los agustinos que al fin abandonaban el apartado convento y ocupaban el mas céntrico y el de mayor culto de los templos de la ciudad. Las leyes desamortizadoras y las revoluciones liberales terminaron con los conventos oscenses y los nuevos ocupantes (el Estado y la Diputación) han encontrado un trasiego de obras pictóricas nacidas del rodar continuo de la Historia.

La Misericordia está rodeada de patios y huertos de la institución benéfica junto al río (pasarela en aquel lugar, <<puente del diablo>> en el habla popular) frente al cerro de las Mártires. Siguiendo la ronda de Montearagón y la Beneficencia sigue acusándose los restos de torreones y muralla en el sencillo caserío, se rodea la plaza de toros y su avenida (de la Unidad Nacional) para enlazar con el coso bajo en la llamada plaza de Santo Domingo, que ocupa el lugar del viejo y gran convento de la Orden de Predicadores, del que tan solo resta como parroquia la iglesia con el título de

SANTO DOMINGO Y SAN MARTÍN

HISTORIA.- Fue el convento de la españolísima Orden de Predicadores (Dominicos) fundación en el s. XIII del gran santo español Santo Domingo de Guzmán. La casa conventual de Huesca lo fue del primogénito del Rey Conquistador Jaime I, el infante don Alfonso, en febrero de 1254 a los pocos años de crearse la Orden. Poco después cuando pensaba marchar a la guerra con Francia que entonces mantenía Aragón, dejó establecido que en caso de muerte fuese enterrado en este lugar, queriendo de este modo mostrar su devoción a la ciudad. Sin embargo, no se cumplió su deseo y el cuerpo del prematuramente malogrado infante reposó en el monasterio cisterciense de Veruela, bajo las cimas del Moncayo, para pasar luego a Valencia. Su regio padre y los sucesivos monarcas de Aragón concedieron un gran número de privilegios a la casa, rivalizando con la devoción de los obispos oscenses. Pedro IV el Ceremonioso atemorizado por la invasión del rey castellano Pedro el Cruel y dada la proximidad del convento a la muralla de la ciudad lo mandó a derruir y la Orden trasladóse a la iglesia del Sancti Spiritus (desaparecida) hasta que pasado el peligro se volviera a reconstruir en el mismo lugar en 1382. pero este a su vez destruido en 1687 en que se levantó la actual iglesia, desapareciendo las obras artísticas del crucero encargo de Vic. Jn. Lastanosa. Así subsistió la Orden de Predicadores en Huesca manteniendo una de las principales casas del reino junto a la Famosa Universidad: 15 capítulos provinciales de Aragón se celebraron en esta casa. Con las revoluciones políticas del XIX, vino la exclaustración, derribándose en 1840, el edificio, excepto la iglesia, donde se asegura que hubo una escalera monumental y artística de las de mayor grandeza en España; modernamente quedó en Parroquia a la que vino a unirse la derribada de San Martín.

FACHADA.- Fachada exterior barroca, de ladrillo de escaso gusto y ornamentación, tipo general de las iglesias oscenses. El templo de amplia nave sin crucero, es obra del arquitecto valenciano Antonio Falcón, por 1687-1695.
INTERIOR.- De una sola nave sígase de izquierda a derecha su descripción, empezando a los pies de la iglesia:
Lado del Evangelio. Retablos laterales 1º, 2º y 3º (sin importancia) 4º también del churriguerismo amanerado y decadente, pero con imagen de santa teresa policromada de talla graciosa. 5º del sagrado corazón (pintura moderna). El retablo de principios del siglo XVIII con gran lienzo de Cristo muerto, virgen, evangelista y José de Arimatea, con ángeles en lo alto, 5º (Crucero) de san Martín (procedente del altar mayor de la parroquia desaparecida): gran lienzo del santo a caballo y escenas (santo Domingo, san José, Anunciación, Visitación, santo dominico y Santa Teresa); el lienzo está firmado por Basilio Cagier. 6º (rincón del crucero). Gran retablo con imagen de Santo Domingo, dominado con su ciencia al demonio. Obra de concepción basta y aparatosa del lego del convento Pedro Nolivos. 7º retablo mayor.- D e lo mejor de la iglesia es el retablo mayor (churrigeresco con gran lujo de ornamentación de bustos y de imágenes de santos dominicos) obra de Pedro Nolivos, hermano lego de la casa y al parecer buen artista de talla, y autor de los dos retablo cercanos en los ángulos del crucero, de fecha 1760 y dorados en 1780, sin duda costeados por el ob. De Albarracín D. Lorenzo Ley y Anzano, ya que llevan su nombre y escudos y fue hijo ilustre de Huesca, dominico de este convento, catedrático de la Universidad Sertoriana y que murió obispo de Segobre. El lienzo del altar mayor, es obra importante del arte aragonés, del gran artista Vicente Berdusán. Es un hermoso conjunto de suaves tonalidades de la Asunción de María: Jesús en lo alto abre los brazos para recibir a su Madre que sube entre ángeles; abajo los apóstoles la contemplan levantando los manos admirados. Se encuentra algo deteriorado. Es obra anterior a la actual iglesia y acoplada al retablo, realizado un siglo después de la obra pictórica.

Son dignas de notarse las pinturas de la cúpula y de las paredes del presbiterio con grupos de ángeles y santos de la orden dominica (representados de izquierda a derecha: San Luis Beltrán, San Vicente Ferrer, Santo Tomás de Aquino, santo estigmatizado, San Pedro de Verona y Santo Domingo de Guzmán, otro y Santa Catalina de Sena. El autor desconocido es de fuerte mano artística, pareciendo coetáneo del retablo mayor y presentando un problema de difícil solución (escuela de Berdusán trasladado al actual templo). Lso escudos son de castillos y leones y al centro, indescifrables.

En la sacristía, son interesantes unas grandes libros de coro miniados, procedentes de la derruida iglesia de san Martín.

Lado de la Epístola.- 9º Retablo de Santo Tomás. Obra en conjunto de Pedro Nolivos y compañero del de enfrente e interesante en su conjunto.

10. Pentecostés (procedente de la derruida iglesia de Sanctis Spiritus); barroco con algunos lienzos de escaso color y composición forzada de figuras,
11. Santos dominicos (sin interés)
Adosado a la pared gran crucifijo de talla, obra inesperada e incomprensible del lego Pedro Nolivos que aquí se nos muestra digno de los mejores artistas de la imaginería española. Es talla acertadísima de expresión y de belleza y ella tan solo coloca al desconocido lego del convento oscense en la ilustre galería de los grandes escultores imagineros de España.
12. (sin interés)
13. Gran capilla del Rosario y de la Comunión.
Conjunto acabado, arquitectónicamente adosada al templo, con cúpula y lujo de ornamentación en relieves de santos dominicos y escenas decorativas, Cúpula decorada y azulejería muy vistosa del XVIII. A la entrada, las grandes figuras de San Jorge, Santiago, San Lorenzo y San Vicente; en las pechinas de la bóveda, medallones y relieves con escenas del Abrazo en la Puerta Dorada, Resurrección, Asunción y Pentecostés. Toda obra, de 1744 al estilo de Urlines, tan generalizado su arte de la ciudad.

Los últimos retablos 14 y 15 (bautismal) carecen de interés. A los pies de la iglesia a ambos lados de la puerta, dos lienzos interesantes de escuela aragonesa: <<Santo Domingo>>, con capa, báculo y ángeles y San Bernardo escribiendo libro condenando a Mahoma y recibiendo un ángel que le lleva corona.

En local exterior, adosado a la iglesia a todo lo largo de su longitud, se pueden admirar los célebres pasos de Semana Santa, obras en su mayoría del buen ingeniero contemporáneo Felipe Cascolla, de Graus, acertados de composición y de talla, algunos de ellos sufrieron deterioro en reciente incendio intencionado (1935): Verónica, Prendimiento (muy vistoso), Crucifixión, Desprendimiento. Curioso el paso de la Muerte en el que aparece un ángel con esqueleto, cristo a la Columna, es obra al parecer, de Pedro Nolivos.

Saliendo de la iglesia se sigue el coso bajo, centro, en aquella parte, del artesanado de la ciudad, y que separa el barrio de San Pedro el Viejo ( el antiguo <<mozarabe>>), a la derecha, y el barrio de San Martín y Santo Domingo ( el antiguo <<morisco>>), a la izquierda. Su trazado sigue el viejo perímetro de la muralla, aquí completamente desaparecido, y se llega a la Plaza de San Lorenzo (a la izquierda), donde se levanta la gran mole de ladrillo de la

REAL Y PONTIFICIA BASÍLICA DE SAN LORENZO.

EL SAN PATRONO DE LA CIUDAD.- Huesca mantiene gallardamente y con las mayores probabilidades, el ser la patria del gran Santo, mártir Lorenzo, rivalizando incluso (modernamente) con la misma Roma, lugar de su martirio.

San Lorenzo, natural y Patrono de Huesca, la más legitima y mayor de sus glorias y el mas ilustre de sus hijos.

Vida y exégesis del santo.- mártir de la roma imperial del S. III; según tradición secular antiquísima , reconocida por S. Agustín (s. IV) y S. Pedro Crisólogo en Rávenna (s. V), era natural de España. Como en tantos casos de personajes célebres (emperadores, Papas, Santos) la tradición, y tradición romana guardó su <<natio>>- español- sin aclarar el lugar que vio la luz primera. Su determinación entro en el terreno de las clásicas polémicas hispanas, disputándoselo Huesca que lleva la ventaja) con Valencia, Tarragona y Zaragoza. Una tradición mas arraigada y su carácter intrepidez y tenacidad de un tipismo auténticamente aragonés, permite proclamar hoy, incluso frente a modernos historiadores de Roma, que el famoso diácono tuvo su cuna natal en la Osca romana.

Pocas de su vida, muchas de su martirio son las noticias llegadas hasta nosotros, contadas principalmente por Tertuliano y por Prudencio. Bajo el pontificado de Sixto II, un edicto imperial de Valeriano en el año 257 prescribía el destierro a los jefes de las iglesias cristianas. Al ser preso Sixto II por los pretorianos apareció a su lado el <<principal>> diácono (<<principal>> lo llama S. Agustín y por tanto presunto sucesor.) como tal llevaba la contabilidad de los bienes comunes de la cristiandad romana, tesoros ardientemente codiciados por el prefecto Cornelio Secularis.

<<El dinero que a vosotros os divide, dice Lorenzo- para los cristianos es lazo de unión>>. El prefecto le concedió tres días para que entregase en los pórticos del Foro los tesoros de la iglesia, vasos, talentos y joyas. La persecución, políticamente muy hábil, contra las cabezas directoras y los recursos de los cristianos, tesoros exclusivamente dedicados a los pobres, es decir a la inmensa multitud hambrienta de la Ciudad de los Césares.

Lorenzo dispuso hábil contra lo hábil- un escándalo burlesco, que pregonase en Roma el espíritu, la intrepidez y la tenacidad cristiana. En el día y en el lugar señalado, presentó en vez de los tesoros la multitud harapienta y miserable de los pobres socorridos por la caridad de Cristo.

A la burla sangrienta y al bochornoso engaño del Perfecto Imperial, vino toda la furia desatada del magistrado imperial. El suplicio de Lorenzo tuvo toda la saña y refinada crueldad bárbara: muerte a fuego lento de parrilla. Pero Lorenzo triunfaba con su martirio y muerte por la resonancia en toda la urbe de la entereza varonil y de la fina arrogancia de que dio muestras en el tormento. Con ello conseguía de la paganía la admiración a un hereo a lo pagano, pero a la vez mártir de Cristo. En su arrogancia llego a solicitar en medio del suplicio que le cambiasen de postura por estar quemado uno de sus costados, proclamando con ello su auténtica sangre ibera. Toda Roma se postergó ante el cuerpo achicharrado del mártir. Su sangre, la atroz agonía de su martirio fue riego fecundísimo para la semilla cristiana, fue, y ahí su novedad, un ejemplo de soberbia santificada, de una entereza indomita lleno de un claro y preconcebido sentido prosélito.. ¡cuanta admiración causaría en la afeminada sociedad romana del s. III tanta entereza y tan indomable espíritu! Así explica su historia la popularidad que en el culto de todos los tiempos el famosos santo oscense: hasta 27 iglesias dedicadas a San Lorenzo hubo en Roma. Hoy mismo la Ciudad eterna conserva 8 templos al famoso mártir, cuando San Pedro solo cuanta 3 al igual que San Pablo, también martirizados en Roma y cabezas apostólicas y San Andrés 5. tan solo los templos marianos le sobrepasan. La grandiosa basílica de <<San Lorenzo fueri le muri>> en Roma es el lugar del tremendo martirio, donde ya bajo Constantino se levantó edificio basilical al glorioso hijo de Huesca.

HISTORIA DEL TEMPLO.- Es el más popular y venerado de los templo oscenses. Levantado donde según tradición tardía, estaba la casa de ls padres de San Lorenzo como patricios de la Osca romana, aunque generalmente viviesen en la quinta cercana a la ciudad. Alrededores: santuario de Loreto.
Parece, sin embargo, de una continuidad tradicional el culto en este lugar, desde los tiempos primitivos cristianos a la conquista de Huesca en el s. XI. Se restauró la iglesia románica de la que no resta nada y siempre objeto de veneración de reyes y del Pueblo. La Cofradía del Santo, fue fundada por el obispo Jaime Carroz en 1283, en la que ingresó el gran rey aragonés Jaime II (que había nacido el día del Santo); se hizo el templo gótico en 1339. en el siglo XV. Fernando el Católico dio en testimonio de devoción, un gran retablo para su altar mayor, obra de su pintor de cámara Pedro de Aponte (hoy día parte de sus tablas en la Col. Iturbe de Madrid). Conocido es el entusiasmo de Felipe II por San Lorenzo, en cuyo día obtuvo su ejército, mandado por Filiberto de Saboya y el aragonés Martín de Gurrea, Conde de la Ribagorza, la resonante victoria de San Quintín contra los franceses. Parece además, por haberse destruido una pequeña iglesia dedicada al santo durante la batalla, que Felipe II pensó en un principio levantar uno grandioso en la tierra aragonesa, quizás en la falda de Guara y hasta ofreció su Baronía de Grañén: el carácter excéntrico dado la magnitud de su proyecto y la carencia de buenas canteras le hicieron prontamente variar de opinión y buscar el lugar en las faldas del Guadarrama (a simple vista desde su <<torre dorada>> del viejo Alcázar madrileño), naciendo el Monasterio del Escorial, la <<octava maravilla del Mundo>> y dedicado al famoso santo oscense. Pero no por ello él y sus sucesores dejaron de ayudar, con gran libertad, el levantamiento de la nueva Basílica oscense que reemplazó al templo gótico. Púsose la primera piedra en Marzo de 1608 encontró el apoyo del Virrey de Aragón (Duque de Alburquerque) y de todo el pueblo, sobresaliendo la familia Cortés, Condes de Torresecas.

Fachada. Es gran edificación- inmensa mole de ladrillo. Desgastada y pobre, tipo general en las fachadas de las iglesias oscenses; la gran torre (desmochada) se levanta sobre la portada de gusto barroco, donde en hornacinas del mismo estilo, se encuentran las imágenes en piedra arenisca del titular y sus padres Orencio y Paciencia. El atrio como único resto del templo gótico del s. XV- tiene cúpula con arcadas apuntadas y una serie de ménsulas con figuras de piedra representativas del zodiaco que servían de pedestal a imágenes desaparecidas.

Interior.- De tres amplias naves y crucero con cúpula, hermosas y elevadas, separadas por recias pilastras, excesivo el retoque decorativo reciente (1930): pero es discreto el conjunto de los ocho grandes frescos en lo alto de las naves laterales, obra del decorador zaragozano Echevarría. Son escenas de la vida del santo, desde su niñez en Loreto, hasta su martirio en Roma.

Capillas laterales.- (De izquierda a derecha) 1ª Bautismal. Gran reja barroca. Retablo de columnas salomónicas e imagen del Resucitado de talla fría y algunos relieves de la Pasión. 2ª de Santa Teresa. Bello retablo con dos lienzos de escuela aragonesa del s. XVI. 3ª del Sagrado Corazón (hoy capilla de la Comunión) con imágenes modernas. El retablo es de buen gusto con dos lienzos al parecer de la Escuela de Berdusán (Santiago y venida de la virgen del Pilar), que las imágenes modernas no permiten contemplar. Completan el conjunto dos relieves de San Andrés y San Vicente, 4ª Cristo en la Cruz, con bello conjunto barroco, lienzos y escudos, 5ª (crucero) de la Virgen del Carmen con ángeles con lienzo recortado sobre hornacina. El conjunto es armónico con pinturas (anunciación, sagrada familia, visitación) de la escuela o taller de J. Martínez (s. XVII) que se completan con la buena azulejería.

Se pasa la Oratoria (especial) de San Lorenzo: capilla muy barroca (fines del XVII) con elementos decorativos en las pechinas, medallones, gárgolas, ángeles y pinturas murales en la cúpula y linterna al estilo de M de Urliens. En el altar, el santo, imagen revestida, Patrono de la Ciudad y objeto de gran veneración. En los muros laterales dos curiosos cuadritos apaisados de paisajes y escenas de caballeros y labradores, que pueden pasar como típicos de épocas, s. XVII. Llevan fecha 1661 y las iniciales D. L. A.

Lado Epistola.- 6ª altar de San Blas y en alto la Crucifixión: 7ª altar de la Purísima cuya imagen moderna cubre el lienzo de San Martín (s. XVII) del altar barroco. 9ª altar del Pilar: muy bello de conjunto y color. En alto la coronación, a los lados la Anunciación y la Visitación y en la parte baja escenas de San Martín- Adoración- San Pedro- (indescifrable)- Epifanía; es obra muy acabada y hermoso conjunto, de V. Berdusán. 10ª En talla, de San Francisco, muy barroca. 11ª, Santo mártir de mal gusto y arte. A los pies de la iglesia y en alto se ha levantado recientemente una capilla a la Virgen de Lourdes de modo deplorable, por romper el conjunto <<Sietecentista>> del templo basilical.

RETABLO MAYOR.- Forma un grandioso conjunto monumental, aunque de talla, en sus elementos decorativas naturalistas excesivos, obra del buen escultor Sebastián de Ruesta, de Barbastro, por 1689: de imponentes columnas salomónicas y perfecta soltura en su realización; las imágenes representan a los santos padres de San Lorenzo (Orencio y Paciencia) y Santos Orencio (obispo) y Vicente, las pequeñas que rematan la obra. Los dos grandes lienzos son obra del excelente pincel Bartolomé Vicente por 1678 que gozó de gran fama en todo Aragón en su siglo; fueron costeadas las obras por el señor de Ponzano, D. Artal de Azlor: representa el lienzo grande <<el martirio de San Lorenzo a la parrilla>>, apoyando el brazo y los pies en el terrible suplicio, mientras su rostro sonríe con la serenidad de los bienaventurados, viendo llegar en torrente de luz los ángeles con las coronas simbólicas del martirio. Conjunto en general muy acabado y de excelente dibujo, sorprendente sobre todo la parte alta que demuestra un pincel suelto a pesar de lo opaco del color. Aún se supera en el lienzo superior de dimensiones mas pequeñas: <<la virgen en su ascensión>> a los cielos, en actitud humilde rodeada de ángeles: aquí la gama de colores es mas viva, pero con tonalidades suaves y forman los dos un buen muestrario de uno de los mas interesantes artistas pictóricos de Aragón.

En el presbiterio de coro de gusto barroco.

Por el lado derecho del presbiterio se penetra en la antisacristía donde se encuentran los retratos de D. Faustino Cortés, primer vizconde de Torrescas y de su tío el obispo de Jaca y Teruel, D. Tomás Cortés, obras de Jusepe Martínez (por 1650). Fueron grandes devotos y entusiastas de esta Basílica de San Lorenzo, y ellos costearon, entre otras, las obras de la sacristía.

Sacristía.- Acabado conjunto que forma una excelente salita de Museo, debida a la devoción de los Torresecas: con 14 lienzos magníficos de Jusepe Martínez que entonan con una arquitectura adecuada y con la decoración propia sin que nada desentone el conjunto, resultando esta sacristía de San Lorenzo, uno de los mas gratos e interesantes rincones artísticos de Aragón y de los menos apreciados. Solo es de lamentar la escasa luz para el debido goce de las pinturas. Jusepe Martínez es el gran artista aragonés protegido de Lastanosa y la figura mas interesante de la pintura aragonesa en el s. XVII, como lo proclamó Velázquez a su paso por Zaragoza acompañado a la corte de Felipe IV. Esta serie pictórica representa escenas de la vida de San Lorenzo, con mezcla de asuntos paganos y retratos de la familia de los fundadores, y motivos sacados de la leyenda dorada del glorioso mártir. Entrando, a la izquierda: 1.º Escena de personajes ante unos huesos humanos. 2.º El Papa Sixto, camino del martirio. 3.º San Lorenzo expone ante el tirano los tesoros de los cristianos. 4.º El Papa Sixto, consagra como diácono a San Lorenzo. 5º Lorenzo, bautiza a San Hipólito- (frente al muro de entrada): 1.º San Lorenzo lava los pies a los pobres. 2º (sobre la puerta), conversión de San Román, 3.º Vocación de San Lorenzo.- Muro de la derecha: San Orencio, padre del Santo. Puertas del Calvario con Dolorosa y Evangelista. Santa Paciencia, madre del santo.- (sobre el muro de entrada: 1.º Curación del ciego; y 2.º (sobre la entrada), martirio de S. Lorenzo a la parrilla.

En las dependencias de la Basílica, conservanse algunas tablas del gran retablo primitivo, donación de Fernando el Católico, obra del pintor Pedro de Aponte, artista de tan honda fibra pictórica en los comienzos del s. XV y tan poco estudiado (véase retablo de Bolea del soberano y sus hijos) se encuentra en la Col. Iturbe, de Madrid. Lo que en la iglesia de San Lorenzo queda por desidia y abandono, es muy escaso, se reduce a dos trozos de una tabla en que San Lorenzo da limosna a los pobres y otros dos trozos de una escena de Papa, cardenal y obispo ante el cadáver abrasado; finalmente una tabla de San Lorenzo encadenado y otra en que lava las manos a su padre. Magníficas todas ellas y que pueden completar el estudio del gran artista Pedro Aponte.

En la sacristía pueden también admirarse los bustos espléndidos de San Lorenzo y San Orencio, este último con cinco pequeños relieves de plata en el friso, obra de un cincel fino, representando escenas del santo. Es digno de mención el pie del gran ostensorio de un Fontana (s. XVIII), copones del XVI, cruz con macolla del s. XVI, cálices por 1600; cruz de altar y sacras, obras de V. Portella (1667-1670). Finalmente, una custodia de plata, de delicada traza florentina, del s. XVII, enviada de Nápoles (en 1733) por el racionero vidania. El cuadro de San Orencio, en los alto, es obra de Pedro Núñez (1632). El famosos terno procedente de Montearagón, ha sido vendido en los últimos años.

Volviendo al Coso en esta parte, la mas frecuentemente de la ciudad y la de sus mejores comercios, se lega de nuevo a los Porches de Vega Armijo.

Fin del Itinerario núm. 2.

12


Hoy toca Teruel y sus maravillas

UN ARTE MILENARIO

La pintura rupestre se encuentra extendida por toda la provincia. En los abrigos de las imponentes montañas de la sierra de Albarracín, hay notables pinturas de la época epipaleolítica que el doctor Martín Almagro atribuye a pueblos de origen africano, llegados a España después del Paleolítico Superior. Son interesantes estas muestras por haber resuelto el discutido problema entre las escuelas franco- cantábrica y levantina; se puede presumir que los abrigos de levante son posteriores a las cuevas hispano-francesas. Las superposiciones de las Olivanas y del abrigo de Doña Clotilde, acusan la larga duración del rupestre en esta zona. En estos impenetrables lugares debieron de subsistir las tribus de cazadores, cuando el neolítico se desarrollaba en otras partes; por este aislamiento, observamos una continuación de ideas técnicas, artísticas y espirituales, semejantes a las de los hombres paleolíticos, hasta épocas muy avanzadas. Las pinturas se hallan en rocas de arena triásica, de nominada “Rodeno”, de color rojo, entre el exuberante pinar, que anima la belleza de estos parajes, los ingredientes cromáticos debieron de ser grasa de animales con polvo finísimo de roca blanquecina, que resalta sobre el fondo rojo.

De los conjuntos albarracinenses, destaca una escena de Las Olivanas por su realismo, con la figura de un gamo muerto y de un cazador que se acerca a tomarlo. La etapa culminante del arte pictórico de Levante se halla en el abrigo de Doña Clotilde, que muestra figuras muy esquematizadas; en este arte paleolítico, ya en decadencia, el paisaje, en su primaria significación, hace presencia con una lora concebida infantilmente.

De las pinturas rupestres de la Tierra Baja, lo más interesante se halla en la cueva de Val del Charco del Agua Amarga; destaca la figura de un cazador portando flechas; pero la escena cumbre por su realismo y movimiento, es la del jabalí perseguido por un cazador, que nos evoca otras pinturas levantinas. Esta cuerva es documento estimable para el estudio de la escuela levantina, por sus diversos estilos, tan peculiarmente superpuestos. Algunas figuras están trazadas torpemente, pero otras nos asoman por su palpitante realismo.

Un ejemplo: El arquero de Las Olivanas, cerca de Tormón, o la aparición del paisaje en el Covacha de los Trepadores, cerca de Alacón.

EL MITO DEL TORO EN LA COREOGRAFÍA TUROLENSE.

El toro es el signo mas antiguo del Zodiaco, por lo que entra dentro del mito universal de la luz y de las tinieblas; fue símbolo de la procreación y de Dionisos; el cristianismo le puso al lado de San Lucas, en el tetramorfos. Los toros turolenses pertenecen al ciclo mediterráneo, del buey Apis y del minotauro de Creta. El toro fue animal sagrado en España, según nos cuenta Diodoro de Sicilia.

Quizás por su carácter divino, fue representado repetidas veces en los lienzos rocosos de la abrupta geografía turolense ya en 1911, el abate Breuil, y Cabré Aguiló, estudiaron algunos de los existentes en la Sierra de Albarracín, en el barranco de Las Olivanas, hacia Tormón; ellos vieron las semejanza de estos toros; con los de Minateda y Cogul, a juzgar por los cuernos en forma de lira, mientras que el convencionalismo de tres o cuatro patas delanteras para indicar el movimiento, quiere recordar al paleolítico hispano- francés. Los sabios citados encontraron hasta nueve series en este conjunto de toros, équidos, cervidos y figuras humanas. Posteriores exploraciones aumentaron el repertorio pictórico de toros rupestres, destacando los de la Cocinilla del Obispo, por sus figuras rojizas, llenas de vitalidad. En los roquedales del Prado del Navazo, también en los Montes Universales, vemos a dos cazadores disparando sus flechas contra un toro. Las investigaciones del eminente prehistoriador turolense, don Martín Almargo, han dado a conocer las diferentes yuxtaposiciones pictóricas que realizaron los artistas del Paleolítico en esta zona.

La mas bella estampa de toro de todo el rupestre levantino, se encuentra en el pueblo turolense de Ladruñán, en la cueva del Pudiol. Aparece en movimiento, representado con minuciosidad anatómica verdaderamente sorprendente, dentro de los convencionalismos propios de este arte.

Este animal mítico, fue decisivo en la fundación de la ciudad de Teruel; así nos lo refiere el Libro Verde: <<Es los Adalides es los mas servidores de tal fecho, subieron a la muela et allí do es ahora la Plaza, de mañana en el alba trobaron su bel toro, et andaba una bella estrella sobre él; et luego que los vido el toro comenz a bramar, et dijeron los adalides que aquí había buenas señales por fer Población i allí tomaron señal>>.

HUELLAS DE LA ANTIGÜEDAD.

La importancia de las tierras turolenses en tiempos pretéricos, se explica por los restos que de día a día aparecen. Apenas hemos dicho algo del legado pictórico que dejo el hombre prehistórico. Los poblados ibéricos son incontables y solo unos pocos han sido excavados; pero ninguno supera en interés a las ruinas del Cabezo de Alcalá, en Azaila, que merecieron las calificaciones de Monumento Nacional. En ellas se reconoce un primer asentamiento céltico, al que sucedido la ciudad de fines del siglo III; a principios del siglo I antes de Cristo, fue construida sobre las ruinas incendiadas de la pierna, pero ésta fue a su vez incendiada y sustituida por la nueva ciudad ibérica, ya romanizada, que sería destruida en las guerras sertorianas. Las excavaciones han puesto de relieve la red de calzadas, sistema de pavimentación y desagüe, así como los principales edificios. Además de esculturas, el gran legado de Azaila ha sido la cerámica, ya que sus alfares fueron de los mas importantes, desde el Nordeste de España, hasta el Ródano. No deja de acusar cierta relación con la del Sur de Italia, cosa explicable por los numerosos militares que se establecieron con España durante el siglo I antes de Cristo.

En esa zona de la provincia, se encuentra otro yacimiento, las Ruinas de San Antonio, en Calaceite. Su cerámica aparece relacionada con la de Azaila, Valencia y Cataluña. Curiosas son las estelas con representaciones ecuestres y la serie de lanzas que recuerdan la costumbre ibérica de colocar en la tumba del guerrero muerto; tantas lanzas como enemigos hubiese vencido.

Las huellas de Roma surgen acá y allá, por toda el área de la provincia. Algunos de los restos hallados pasaron al Museo Arqueológico de Teruel, y otros hace tiempo que fueron emporrados en iglesias, como en la catedral de Albarracín y en la parroquial de Calomarde. En el valle del Jiloca hay todavía dos puentes, en Calamocha y Luco, ubicados ambos en la calzada romana que iba de Zaragoza a Córdoba. El de Luco ha perdido mucho de su elegancia primitiva al desaparecer el pretil y cubrir el río los pilares con sus continuados arrastres.

Monumento funerario y calle de una ciudad ibérica, fundada a fines del siglo III a. C. cerca de Azaila.

PUENTES Y ACUEDUCTOS.

Dada la ubicación medieval de Teruel, en una colina que la defendía con sus terraplenes naturales, se ubicaron los edificios, para construir luego una serie de obras que facilitaran el acceso a la ciudad.

El mas bello de todos es el Acueducto, vulgarmente conocida por los Arcos, obra de grandiosidad romana que levantó a mediados del siglo XVI el arquitecto Quinto Pierres Permitió el desarrollo moderno de la ciudad con una urbanización en abanico, partiendo del mismo puente. Aún hay otros puentes: el de la Reina, el de San Francisco, etc., pero no olvidaremos el mas insignificante, el de Doña Elvira, de tablas, pero aureolado por la leyenda de aquella dolorida mujer, cuyo marido murió alevosamente en el Puente de San Francisco, y que ordenó construir este para no hollar el otro, de tan triste recuerdo.

La obra singular de Los Arcos merece una descripción, aunque breve. No solo es el mayor acueducto renacentista, sino el mas bellos de los pocos que nos ha llegado de la España del siglo XVI. Su mayor originalidad reside en su doble función: puente y acueducto, ello debió de ser una exigencia del régimen foral turolense, entonces vigente, pues en el Forum Turolii se estipula: “Y cualquiera que hiciera un acueducto debe asimismo hacer en él un puente…”. La obra resultó tan bella que en todo momento ha levantado unánimes aplausos. Ya en el siglo XVI. El libro Verde de la ciudad la calificó como ¨obra de las mas admirables de España¨. Un siglo después, el portugués Juan Francisco Labaña escribió en su Itinerario de Aragón que Los Arcos están ¨muy bem feytos, e altos, que be obra asimilada¨. Pero nadie como el infatigable Ponz supo captar el espíritu de la obra: ¨El acueducto – escribió -, presenta cierta idea magnífica, que recuerda los suntuosos edificios que los romanos hacían de esta clase¨. Así quedaba bien expresado el carácter de la mejor interpretación del Renacimiento que hizo Vedel.

LA MURALLA DE CUARENTA TORRES.

Un manuscrito de 1695 sobre la Real Militar Compañía de Caballeros de San Jorge en la ciudad de Teruel, nos refiere: “Los muros de la ciudad están adornados con cuarenta torres las mas de ellas, de hermosa arquitectura”. Los hombres y el tiempo han destruido estas sólidas construcciones, y de ellas no quedan mas que unos muros desdentados y unas referencias literarias.

Subsiste todavía la torre Bombardera, con sus ángulos achaflanados, propios para la defensa, con cañoneras que favorecen el tiro rasante. En su coronación debió de tener almenas y matacanes volados; las cañoneras nos ayudan a fijarla cronológicamente, dentro del siglo XV.

Mejor conservado se encuentra el torreón de Ambeles, que recuerda la ubicación del antiguo Alcázar; por haber pasado a principios del siglo XVIII a la familia Ambel, se le conoce con el nombre de Castillo de Ambeles. El la mas interesante de las construcciones militares de Teruel, por la originalidad de su planta con ángulos de resalte mayores y menores en alternancia; a dos tercios de su altura presenta una cornisa que da movimiento a la inusitada composición.

Se puede hacer el periplo del casco urbano medieval, en un paso extramuros, poco mayor de un kilómetro. En el extremo Nordeste, al fin de la calle del Tozal, estuvo la Puerta de Zaragoza, reconstruida en 1379, en forma similar a la de Cuarte de Valencia. Tras el Mesón de la Comunidad, estuvo el Portal de las Carnicerías Altas. En el punto de unión de Los Arcos con la muralla, se encuentra el Portal de la Traición, que nos recuerda la entrada de las fuerzas castellanas en 1363 por ¨Tracto malo e falso¨, según las crónicas.

El costado septentrional es el mas pintoresco de la ciudad; serpenteante camino, asciende hasta el Portal de Daroca, conocido ya en 1566 por la Andaquilla; su arco evoca a los turolenses el regreso angustioso del infortunado amante, Juan Diego Martínez y Garcés de Marcilla, el mismo día de la boda de su enamorada (según la leyenda). Ningún vestigio queda de la Puerta de Guadalquivir, del Postigo y del Portal de Valencia, situados en las partes meridional y oriental del circuito murado de la ciudad.

La Bombardera, es una de las cuarenta torres que tuvo la ciudad de Teruel (s. XV).

PLAZAS Y CALLES.

El centro vital de Teruel es la Plaza de Carlos Castel, o del Torico, llamada así porque un minúsculo toro se levanta sobre un alto pedestal columnario, presidiendo con hieratismo totémico el murmullo de la ciudad que le está dedicada. Cortés y López, un etimologista turolense, tuvo la obsesión de ver raíces hebreas en la toponimia española; según él, el primitivo nombre de Teruel fue Turba, que derivó de las voces hebreas tbou y bat e interpretó como domus tauri, por tanto, Teruel venía a ser como casa o templo del toro. El actual monumento data de 1858 y vino a sustituir a otro, mas bello, realizado en el siglo XVI.

Por la plaza del Torico, pasa la única arteria axial que divide en dos partes el antiguo casco urbano. La topografía del lado oriental conserva mejor sus rasgos medievales; aquí se cobijó la judería turolense, a espaldas de los castillos de Ambeles y de San Esteban, formando parte de ella las calles que, mas o menos radialmente, inciden en la actual Plaza de la Judería; en la calle adjunta de la Comadre, estuvo la sinagoga. No todos los judíos vivieron en este recinto, pues los mas ricos habitaron en la antigua Albardería (hoy Salvador), en Ricoshombres, calle que parecía confinada a la aristocracia, y en la Alcaicería (San Juan), a cuya entrada los Nairíes tuvieron su casa de cambio.

No pocos hechos históricos nos evocan las tortuosas callejuelas de este sector, el mas vetusto del urbanismo turolense. El camino de ronda lo señalan las calles de San Esteban y la Plaza de Bolamar (recuerdo del capitán bul Amar, jefe de una compañía de moriscos que defendió la ciudad contra los ataques de las aldeas). A espaldas del torreón de Ambeles estuvo la llamada Casa del Judío, famosa por su rico artesonado mudéjar del siglo XV.

El Arrabal, no ha perdido su carácter arábigo, con los característicos callejones sin salida. Aquí vivieron apartados los moriscos hasta su expulsión, aquí habitaron aquellos alarifes que doraron a la ciudad de las soberbias torres. Todavía en este barrio subsisten las ollerías, en las que se elabora una interesante cerámica.

En la plaza del Torico, se encuentra el monumento al animal que propició la fundación de la ciudad.

TERUEL: IGNORADA MARAVILLA.

Nuestra ciudad ha permanecido casi olvidada hasta tiempos recientes: ni el P. Flórez, ni Villanueva, ni los autores del Teatro histórico de las Iglesias de Aragón, dicen nada de ella, solamente en obras de carácter general, como las de Zurita, Ponz, Madoz, etc, se encuentran referencias. Traggia y algunos eruditos locales, exploraron sus archivos. Hasta mediado el siglo XIX, Teruel continuó desconocido, y solamente Cuadrado le dedicó unas breves páginas de su obra, pero ni Roscoe, ni Borrow, ni Quinet, ni Teófilo Gautier, ni otros viajeros de la pasada centuria, han dejado referencia de su paso. Pero lo cierto es que ya desde el Paleolítico el río Turia atrajo a los cazadores prehistóricos, que acechaban a los animales de los bosques próximos, dejándonos como testimonio, en el paisaje terciario miocénico que rodea a la ciudad, sus raederas, hachas y cuchillos.

Este silencio que han guardado viajeros e historiadores, podría hacer pensar que la tierra turolense es espiritualmente árida, mas no es así; sus monumentos y hombres demuestran lo contrario. Díganlo los brillantes volúmenes de sus torres, realizadas en ladrillo, que son el documento artístico mas valioso que Teruel exhibe de su vinculación al genio artístico nacional. Desgraciadamente la mentalidad barroca no comprendió la belleza de éstos volúmenes, tan gallardos y limpiamente aristados, y hasta permitió la destrucción de la torre de San Juan, conocida por la “fermosa”. Actualmente la mas admirada es la de San Martín, que se ofrece ante propios y extraños con una belleza renovada cada día, en el escenario de una histórica plaza. Asimismo, es un timbre de gloria histórica y artística el artesonado catedralicio, en el que se presenta la ¨comedia humana¨ de la sociedad medieval de Teruel en el momento mas glorioso de su historia.

En cuanto a sus personajes, don sintieron el amor como únicamente la imaginación de los poetas lo ha recreado. El morir de pena y amor es una realidad que solo ha sido concedida a dos enamorados turolenses, pero ¿es posible morir de amor? Todo es posible a los humanos capaces de tener grandes pasiones, que mueren para vivir una vida mejor en la región de la Eterna Belleza.

El cuerpo de la Catedral ofrece un aspecto pintoresco.

TERUEL: CIUDAD DEL AMOR

No se puede escribir de Teruel sin hacer referencia a sus mas ilustres personajes: Isabel de Segura y Diego Garcés de Marcilla, cuya vida nos ha llegado envuelta entre las brumas de la leyenda y las sombras de una época histórica llena de silencio. La hermosa leyenda de amor debió de ocurrir el año de 1217, siendo juez de Teruel, Domingo Celada.

¿Existieron los Amantes de Teruel? Ningún turolense duda de ello, pero los historiadores y comentaristas literarios no están acordes. El infatigable cronista de la ciudad, don Jaime Caruana, ha conseguido unas apoyaturas documentales para la judicatura del citado Domingo Celada, que corroboran la fecha de la anónima tradición, pero queda todavía una noche oscura de mas de tres siglos, desde el supuesto hecho hasta el año 1555, sin una sola referencia histórica.

Y, ¿qué nos queda del Teruel de los Amantes? Casi nada. Las famosas torres mudéjares, las iglesias y la Andaquilla, según hoy se encuentran, son posteriores al suceso. Embrolla mas el asunto la semejanza de la leyenda con el cuento de Boccaccio Girolamo y Salvestra, escrito a mediados del siglo XIV en Florencia. Sería razonable pensar en la existencia de una fuente literaria de la Antigüedad clásica, que está por identificar de la cual deriven tanto la versión turolense del siglo XIII como la italiana del XIV. La leyenda turolense ha motivado varias obras de nuestra literatura, siendo las más feliz y famosa el drama romántico de Hartzenbusch.

En las artes plásticas, inspiró al pintor Muñoz Degrain y al escultor Aniceto Marinas. El moderno sarcófago ha sido realizado por Juan de Ávalos; su feliz composición nos presenta a la enamorada, bella de cuerpo y de alma, y al bizarro doncel, unidos por sus manos en lazo eterno de amor. Cada uno de los cuerpos descansa sobre el carnero correspondiente, abierto lateralmente por unas celosías de tradición mudéjar, para que el visitante curioso pueda contemplar las momias si lo desea. El lugar adecuado de su presentación, será el claustro gótico de la iglesia de San Pedro, previamente restaurado.

UNA DETERMINANTE TUROLENSE: EL MUDEJARISMO.

Mudayyan o mudéjares, tributos o sometidos, debió de haber muchos en el Teruel preforal, formando barriada en los extramuros. El fuero de Teruel (1176) consideró libres a estos moros de paz, pudiendo convivir con los cristianos en paridad de derechos sociales. No sucedía lo mismo con los moros esclavos, cuya valoración social no fue superior a la de las bestias. La clase mudéjar fue muy dinámica, absorbiendo gran parte de la vida económica de la ciudad; además de labradores, debieron ser herreros, zapateros, peleteros, tejedores, tintoreros y alfareros de tejas, ladrillos, cántaros y ollas. Las disposiciones del Forum Turolii, el gran monumento literario sobre la vida del Medievo turolense, nos ayuda a evocar las animadas escenas de las angostas calles de la ciudad.

A los mudéjares debe Teruel su época áurea. La ciudad destaca en el ámbito peninsular por dos especialidades mudéjares: las torres y la cerámica, por ello, no sin razón, Teruel ha sido bautizada como la ciudad de mudéjar por antonomasia, así que gran parte de los edificios turolenses, están tocados de este estilo. De la catedral dijo Lampérez que, si se conservase completa y sin alteraciones, sería caso único, sin duda, de un templo episcopal de estilo mudéjar.

Teruel continúa siendo mudéjar por herencia y apego natural al estilo, llegando a ser hoy determinante estético de su paisaje. Ya el fuero reglamentó la industria alfarera lo mismo que los precios de “ollas, cántaros y además vasos”. La ciudad fue durante los siglos XIII y XIV, un centro especializado en la elaboración de azulejos, placas columnitas y escudillas, destinadas a la decoración de las torres. El material empleado es una pasta ferruginosa, muy rojiza, barnizada de blanco, sobre la que destacan los morados puros y los verdes brillantes, aún mas que en Paterna. Con evidente acierto, se ha destacado la prioridad cronológica de la cerámica turolense sobre la valenciana. Maríneo Sículo, en su obra Opus de rebus Hispaniae memorabilius, celebra así la importancia de la cerámica turolense: “Turolii fiunt praecipus sunt et caeteris pulchriora”.

TORRES MUDÉJARES.

Amador de los Ríos llamó mudéjares a las manifestaciones artísticas de los musulmanes que vivieron bajo los cristianos vencedores; de nuevo se repitió el Graecia capta de Horacio, y los vencedores fueron vencidos culturalmente. Lo mudéjar, en su fuente original, es oriental, islámico. Sus volúmenes, tan regularmente aristados, no pesan, es decir, no son masa. Sus decoraciones carecen de relieve y dan la impresión de ser brillantes y fastuosos tapices. España ha sido campo de interacción de Oriente y Occidente, que ora aparecieron en lucha, ora en ambiente de fecunda paz. La convivencia de moros y cristianos, motivó el ensamble de sus formas artísticas y culturales. Recientemente, algunos ensayistas han extendido el concepto mudéjar a toda obra artística, literaria, jurídica, económica, filosófica, etc., en la que se combinen armónicamente lo cristiano con lo musulmán; no solo la literatura aljamiada, si no buen parte de la obra del Rey Sabio, el Libro del Buen Amor, los romances, e incluso El Quijote, han sido calificados como mudéjares.

Examinando lo mudéjar en su esencia, vemos que se trata de un estilo autóctono, muy original, que responde a las exigencias de la tierra y del pueblo; exhibición de volúmenes rotundos y de decoloraciones planistas, dispuestas bajo rígida disciplina geométrica. La más feliz intuición de Menéndez Pelayo en el terreno artístico, fue considerar lo mudéjar como o el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos. Se ha considerado el arte hispano-morisco, como el arte nacional de la España medieval. Y solamente entendido así, se comprende su proyección histórica; tan hondas raíces echó en nuestro suelo, que rara será la forma artística que no surja tocada de mudejarismo.

Este estilo arraigó profundamente en Teruel, donde dejó los mas vellos ejemplares de torres: San Martín (1315) y El Salvador, de composición similar, que rivalizan en belleza y en las que debieron intervenir los mismos artistas, a los que la musa popular ha presentado en una leyenda trágica rivalidad. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, el mudéjar se expandió por los valles de la provincia, donde el ladrillo abundaba, dejando una serie de campanarios que atestiguan la facilidad con que este estilo se amalgamaba con otros, como el Renacimiento y el Barroco.

Y además se deben de citar la Torre de San Pedro (s. XIII), y la Torre de la Merced, la última de las torres turolenses (siglos XVI- XVII).

UNA EXHIBICIÓN DE LA SOCIEDAD MEDIEVAL.

Una opus magnum de la catedral de Teruel es el artesonado. Este lote de pintura gótico- lineal decora una armadura de par y nudillo, que es la primera de España por el desarrollo de los temas decorativos y subhistóricos. Un vivo documental de la Edad Media palpita en esta atmósfera mágica, que el visitante puede gozar gracias a unos balconcillos corridos situados a gran altura.

En torno a esta obra cardinal del tesorero artístico turolense, no se conoce documentación; por ello, su cronología ha sido muy discutida. Dada la carencia de pruebas documentales, el problema queda en mano de las sugerencias estilísticas. En otra ocasión he puesto de relieve la presencia de cuatro pintores de Teruel durante el primer cuarto del siglo XIV, Bernabé Alluvena, Fortún Ximénez, Pedro Guarín y Juan El Pintor; asombra que el gremio fuese tan numeroso en este lapso de tiempo, pues nunca en la historia turolense se conocieron tantos pintores juntos. Posiblemente se trata del equipo que realizó la enorme obra del artesonado. Los arcaísmos de la obra son explicables, por tratarse de pintores artesanos que vivían con cierto retraso las modas estilísticas, y ser Teruel un medio sin tradición pictórica considerable.

El punto mas controvertido es el referente a la interpretación del contenido del artesonado. Es preciso ser muy liberal para alcanzar una interpretación del material temático en orden a una concepción sistemática, que no parece que estuviera en las mentes de los que hicieron el artesonado. Indudablemente hay vagas referencias a la historia turolense, pero no un paralelismo tan sistemático como se pretende. Además, no hay que olvidar que los artesones pintados fueron trastocados y no nos han llegado en el orden primitivo.

Lo mas interesante de esta obra, es que en ella desfila la sociedad medieval española en un momento determinado: el primer cuarto del siglo XIV. Tiene mas interés la indumentaria femenina que la masculina, y hay una clara persistencia de las formas del siglo XIII en ciertas prendas femeninas, aunque otras denuncian ya los gustos del siglo XIV.

EL MUSEO EPISCOPAL DE TERUEL

El Palacio Episcopal, aunque muy restaurado, conserva su traza antigua. Su construcción fue lenta, desde fines del siglo XVI hasta el término de la centuria siguiente. Tiene patio arquitrabado con columnas jónicas, y galería de arcadas en el piso superior, el aragonesismo de la construcción lo patentiza la arquería bajo el alero.

El incipiente Museo Diocesano se expone en la galería superior del patio, mientras se prepara el edificio adecuado, feliz acontecimiento que no sabemos cuando ocurrirá.

Las obras expuestas son de un valor desigual. Dignas de recuerdo son las tablas de Santa Catalina y de San Miguel, que se creen obra de Lorenzo de Zaragoza. Quizá sean resto de un retablo que en 1366 la reina doña Leonor, ordenó le fuera pagado y que había hecho para el convento de Las Claras de Teruel. Recientemente, Gudiol ha visto bajo los repintes, la personalidad del autor del retablo de Jérica, enriquecida con nuevas originalidades y ostentando la típica grandiosidad, que constituye la gran revelación de Lorenzo de Zaragoza.

Pieza altamente interesante es el cuadro del Patrocinio de la Virgen, que Gudiol ha atribuido a un anónimo Maestro de Teruel. A juzgar por la fecha en que debió ser realizado, segundo cuarto del siglo XV, Juan de Boniella pudiera ser un probable pretendiente. En esta obra, se llega a la apoteosis de los imaginativo; hay en ella ua mezcla de fantasía y lirismo, que no es sino una resonancia inequívoca del influjo germánico de tipo valenciano que parte de Marçal de Sac. Esta obra de primer orden destaca además por su curiosa iconografía, ya que presenta los pecados capitales en los nichos de la cátedra de la Virgen; las víctimas de cada pecado indican con una flecha aquella parte del cuerpo con la que se cometió el pecado correspondiente. Esta valiosa tabla debe ser clasificada en la última fase del gótico internacional, poco antes de la invasión flamenca.

LO MEJOR DEL IMAGINERO FRANCES YOLI.

La actividad escultórica en Teruel, puede considerarse casi como inexistente hasta la venida del Renacimiento. En Teruel, el estilo renacentista adquirió esplendor gracias al concurso de los artistas galos, el escultor Gabriel Yoli y el arquitecto Quinto Pierres Vedel, ambos activos en tierras aragonesas, pero que dejaron, precisamente en Teruel, sus obras mas significativas.

La presencia de Yoli en Teruel data de 1532, cuando hizo el contrato del retablo mayor de la catedral, cuyo, coste, sin dorar ni policromar, alcanzó la cifra de 20.000 sueldos. Fue una fortuna que el retablo nos haya llegado sin dorar, así podemos admirar el toque directo de la gubia y los trazos vivos y nerviosos del escultor sobre la madera. Las figuras se caracterizan por las proporciones esbeltas, tendencia que inició el escultor en el retablo de Aniñón. La interpretación de las cabezas está muy influida por el arte de Miguel Ángel; no está lejano el expresionismo de los maestros castellanos, Berruguete y coetáneos, como se advierte en algunas escenas y en las magníficas figuras del Apostolado. Es elevado el interés de esta obra porque nos muestra el fin de la tarea del gran imaginero francés, ya españolizado, con esas formas que tratan de definir a sus atormentados personajes.

El escultor francés, al que Aragón debe la mejor talla del Renacimiento, murió terminando esta obra en 1538; su cuerpo mereció el honor de ser enterrado en medio de la nave mayor; se cubre el sepulcro con lauda, que muestra en bajorrelieve al artista envuelto en capa, espada al cinto en señal de nobleza, y cabeza sobre almohadones e inscripción en torno.

El más hermoso retablo turolense del Renacimiento, el de San Cosme y San Damián, en la iglesia de San Pedro de Teruel, tiene el sello inconfundible del maestro francés, lo que corrobora un documento de 1537. La composición es similar a otra anterior de Yoli, el retablo de Bolea. Los titulares aparecen en tamaño natural y elegantes posiciones, con atuendo que nos evoca a dos sabios renacentistas. Según Weise, las escenas laterales del banco, acusan otra mano.

RESURGIMIENTO DE TERUEL.

La época dorada del arte y de la vida turolense fue el Medievo, iniciándose ya en el siglo XVI la decadencia, que reflejan fielmente los monumentos. Las invasiones Seudo- renacentista y barroquizante inundaron todo, hasta el remate de algunas torres medievales. De este incluso barroquismo se libraba la iglesia de la Compañía, construcción feliz del siglo XVIII, obra del arquitecto turolense, José Martín de la Aldehuela, pero desapareció en los azares bélicos de la Cruzada. Algún viejo templo como el de San Pedro, tras de sufrir los estucos barrocos, a fines del siglo XIX, fue decorado a lo Viollet-le-Duc, sustituyendo la severidad del gótico-mudéjar por una policromía chillona; estos deseos restauradores hubieran sido felices si en lugar de buscar el pastiche galo, se hubieran tomado como modelos las iglesias del arcedianato de Calatayud.

El siglo XX, pese a las dolorosas amputaciones, ha dado a Teruel una nueva cara, tanto en las nuevas edificaciones como en las restauraciones. Está todavía por estudiar la significación del modernismo en Teruel, que aparece vinculado por medio del arquitecto Monguió, a la escuela barcelonesa; los dos edificios mas significativos, son los almacenes comerciales de Ferrán y del Torico, ambos en el centro de la villa turolense.

Poco después se realizaron el Viaducto y la Escalinata, que tanto embellecieron los accesos a la ciudad. El Viaducto fue proyectado por el ingeniero Fernando Hué, contándose entre las obras mas atrevidas de aquel momento. A uno de sus extremos se colocó un monumento escultórico de Victorio Macho. La monumental Escalinata, que salva el desnivel existente entre la ciudad y la Estación de la Renfe, fue realizada en 1321 por el meritísimo turolense, José Torán de la Rad, quien la decoró con guarniciones neo-mudéjares. Esta bella escalera, a mitad de s altura, se bifurca en dos tramos curvados para abrazar la composición del retablo de los Amantes, altorrelieve del escultor Aniceto Marinas.

ALBARRACÍN: CIUDAD ÚNICA.

En la época visigoda parece ser que esta ciudad se llamó Santa María de Oriente, pues así lo recogen las crónicas árabes. Los dominadores musulmanes de esta zona fueron berberiscos, pero la ciudad reunió una población heterogénea, lo que evidencia una lápida árabe, perteneciente sin duda a un mozárabe. Bajo la dominación islámica, hubo un obispo cristiano, según la Crónica General, el cual recibió al Cid en 1089. Hasta los judíos tuvieron aquí cobijo, ante la actual iglesia de Santa María, lugar conocido tradicionalmente como Campo del Judío.

En cuanto a los restos de construcciones, es difícil pensar si estás corresponden a Santa María, como ciudad árabe antes del siglo XI, o si solo hubo hasta la venida de Hudail (1013-1014), un pequeño castillo que dominaba las ruinas de las primitivas construcciones romanas o hispanogodas. De la época de Hudail, son el llamado “alcázar” y la torre del Andador, que juntamente con la desaparecida “torre del agua” formaban un triángulo estratégico. Al parecer, Albarracín fue ciudad abierta, de modo que la población en un momento de peligro podía cobijarse en las fortalezas. Durante la época cristiana, su importancia aumentó según el interés que pusieron Jaime II y Pedro IV, en la conservación y restauración del sistema ofensivo. La ciudad, probablemente, se cerró a fines del siglo XIV levantando la muralla conocida por el “Muro”. Este es de mampostería concertada, en muros de metro y medio de anchura y doce metros de altura; los torreones cuadrados tienen una altura de 16 metros, su número es de 9, mas la torre del Andador. Ninguno tan evocador como éste, ante el que acampó en 1220 Jaime I para poner sitio a la ciudad, no logrando reducirla.

Hay en Albarracín algo que está sobre los monumentos y que nos hechiza: sus callejuelas de abolengo moruno, serpenteando por el reducido casco urbano; sus pintorescas casucas, llenas de inagotables puntos de vista; sus viejos portales y sus murallas desdentadas. Por todo esto, es una lección permanente de Historia. Aislada la ciudad por su difícil emplazamiento, ha resistido el avance de los tiempos, que todo lo uniforman, lo que, unido a su natural tipismo, ha hecho de la villa un solo y auténtico monumento.

LA HISTORIA DE GEDEON.

La Sala Capitular de la Catedral de Albarracín, atesora un interesante conjunto de tapices flamencos, que representan la historia de Gedeón, al que eligió el Señor para que libertara al pueblo hebreo del yugo madianita. Se encuentran allí por donación del Obispo don Vicente Roca de la Serna (1606-1608), de quien dice el episcologio: ¨dejó a su iglesia una preciosa colección de tapicería, un terno muy costoso y un exquisito portapaz con embutidos de esmeraldas y otras piedras finas, que había sido alhaja de un Pontífice Romano¨.

Los tapices tienen la signa de un escudo entre dos B, lo cual nos declara que fueron hechos por tapiceros de Bruselas- Brabante, pues desde 1528 usaron este definitivo; otra marca que llevan se ha querido identificar como la firma de Francisco Geubels, que tuvo fábrica en Bruselas desde 1534 a 1571.

De los ochos que formaron la donación se conservan siete y un fragmento del octavo. La altura de tres metros y setenta cms, es uniforme, aunque varía la anchura. La historia de Gedeón se ha tomado del Libro de los Jueces (caps. VI, VII y VIII). De las materias empleadas en su confección, se aprecian claramente lana, algodón, estambre y seda; esta última es abundante y está bien conservada. El tinte de las lanas parece ser aceptable, destacando los colores verde y azul, y algo menos el carmín, rosa, sepia y medias tintas.

Dentro de la historia del tapiz flamenco, los de Albarracín, representan la decadencia de éste en Bruselas. Las composiciones son cuidadas, lo que resulta difícil por las numerosas figuras. Quizá sea una obra de mediados del siglo XVI, y si su autor fue Geubels, éste se caracteriza por la tosquedad y pesantez de las figuras, pese al dominio del movimiento y aún de las formas anatómicas, muy de acuerdo con el manierismo de pintores flamencos coetáneos como un Heemskerck o un Frans Floris. Mas interesantes que las grandotas y teatrales figuras, son los bordes de cada composición que, aparentemente iguales, varían en detalles. Hay una mezcla de elementos animados con otros vegetales y geométricos, éstos quizá derivados de Vredeman de Vries.

EXTRAÑA INTERPRETACIÓN DEL ÁRBOL DE LA VIDA.

El objeto mas extraordinario de todo el tesoro artístico de Albarracín, es un Cristo de marfil, que se guarda en el convento de las Madres Dominicas. Pese al interés de esta pieza excepcional, casi nada se sabe acerca de su origen; acabado el convento en 1621, con posterioridad parece ser que llegó la pieza por donación.

Gracias a la investigación Margarita Estella, sabemos de su carácter estilístico y de su notabilísimo valor iconógráfico. El Cristo responde al tipo denominado de los ¨expirantes¨ y es de origen filipino. La composición de la escena es de aire renacentista, pero los detalles decorativos – indumentaria y muebles- así como la organización en diagonal de los bajorrelieves de los medallones, pertenecen al siglo XVII. Los artesanos de las Islas Filipinas que lo realizaron, han debido de tener presentes grabados se inspirarían a su vez en otros del siglo XVI, con lo cual quedaría aclarado cierto sentido arcaizante, ya que la obra puede fecharse a mediados del siglo XVII.

En líneas generales, la composición de la pieza responde a la idea del Árbol de la Vida; caído Adán, es redimido en el Árbol de la Cruz; en diversas escenas de los relieves se subraya la Redención, ya que ellos representan los misterios del Santo Rosario. No se conoce una representación plástica que se pueda considerar como fuente directa de la rara pieza. Se trata quizás de una adaptación especial del tema del árbol DE Jessé, ya que numerosos grabados fueron imitados en marfil en Goa; ellos presentan gran similitud con la escultura hispano-filipina de la época colonial, que, naturalmente, manejó con frecuencia estas recreaciones orientales. Durante los siglos XVI y XVII fue muy frecuente la representación de series bíblicas con fines didácticos y apostólicos.

LA CRÓNICA ILUSTRADA DE LOS CALATRAVOS.

El más noble de los monumentos de Alcañiz es el Castillo, con aportes estilísticos que van del románico al barroco. Lo que mas interesa son las pinturas murales de la Torre del Homenaje, que guardan una disposición semejante a la de la sala capitular del monasterio de Sigena. De las diversas hipótesis lanzadas, parece lo mas probable que esta crónica pictórica se refiera a la vida de los Calatravos alcañizanos en sus empresas levantinas, pinturas por su linealismo y nueva estética de los repertorios caballerescos, historiados y trovadorescos, entran de lleno dentro del arte gótico lineal de inspiración francesa.

La serie caballeresca es muy extensa. Hay que considerar la representación de dos castillos, bañados por el mar, cuyas ondas están claramente figuradas; uno de ellos ostenta los blasones de Castilla y de León. Confusamente se aprecia un campamento y un ejército, cuyos soldados muestran a la cruz de Calatrava. En el muro lateral izquierdo se ve a tres damas despidiendo a un jinete que parte veloz; en una enjuta está en el ejército catalana- aragonés con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, mientras en la otra enjura, aparece un ejército musulmán. Y mas escenas militares: un ejército desembarcado que marcha hacia un castillo, guiado por un peón abanderado, y un monumental castillo, en cuyas torres se enarbolan los blasones de los Alagón, Cornell, Luna y Aragón. El paisaje de palmeras nos lleva a relacionar estas escenas caballerescas con la vertiente levantina de la Reconquista.

Merecen recordarse otros temas de estas pinturas alcañizanas. Hay una rueda con un personaje regio en tres posiciones, que aclaran las inscripciones latinas: REGNABO, REGNO, REGNA- VIT. No es propiamente una Rueda de la Fortuna, y existe una escena análoga en el libro Hortus Deliciarum, que mandó componer en el siglo XII la abadesa Herrad de Lamberg. Otras escenas parecen insinuar cierta influencia provenzal. Una serie de figuras de gremios, vienen a recordarnos similares personajes del artesonado de la catedral de Teruel.

LOS ESPACIOS DEL GÓTICO.

Los monumentos importantes del gótico en tierras turolenses, son derivación de la escuela catalana y pertenecen, en su mayor parte, al lapso temporal del siglo XIV. El gótico procede del Sur de Francia; pero tienen tan marcada personalidad, que supera en originalidad a las otras escuelas del gótico peninsular; ninguna escuela como la catalana, puso tanto interés en el desarrollo de lo espacial, tendiendo a hacer templos de nave única que permitían gran anchura y altura. Dentro de la evolución espacial del gótico, estos templos son la transición entre el gótico clásico y el gótico tardío. Como los templos góticos catalanes, los aragoneses presentan capillas entre los contrafuertes, pero se distinguen por hallarse éstos últimos, en general, mudejarizados.

Quizá el mas antiguo sea San Pedro de Teruel, del que tenemos referencias de que se construía hacia 1319. A raíz del incendio de 1873, muros y bóvedas fueron restaurados, sustituyendo la noble severidad de la cantería gótica por unos diseños a lo Viollet-le-Duc y unos colorines que desfiguran su interior. De ábside mudéjar, como San Pedro, es la parroquial de Montalbán, cuya nave tiene una anchura de 21 metros; su relación con los modelos catalanes, en este caso está acentuada por el campanario octogonal, aunque terminado en forma piramidal, como el de Aljafarín y el zaragozano de San Gil.

El campanario octogonal aparece también en otra iglesia similar, Santa María la Mayor, de Valderrobles. Destaca este templo por una enorme portada, profundamente abocinada, coronada en la parte superior con el más bello rosetón del gótico turolense. En la ciudad de Teruel, en los últimos años del siglo XIV, se construyó el templo de San Francisco, que se caracteriza por la falta de mudejarismos tan corrientes en los templos de esta ciudad. La familia de los Heredia, mecenas del templo citado de San Francisco, aún construyeron otro mayor en Mora de Rubielos, pero a mediados del siglo XV. Tormo lanzó la hipótesis de que pudiera ser obra de Guillén Sagrera, el genial arquitecto que trabajó en Palma de Mallorca y en Nápoles.

Este tipo de templo, aunque con crucería estrellada, vendría a ser el modelo preferido del Renacimiento en la provincia de Teruel.

LOS CASTILLOS EN LA GEOGRAFÍA TUROLENSE.

Los mejores testigos del pasado esplendor político, son los conjuntos ofensivos, que se alzan todavía orgullosos dominando a los caseríos cobijados en torno. La acción de los hombres mas que el “tempus, edazrerum”, ha sido el peor ariete que ha maltratado a estas piedras indefensas. Solo tardíamente, la Torre del Andador, el Alcázar y la muralla de Albarracín, el Castillo de Calatravo de Alcañiz, el de Mora de Rubielos y el de Valderrobles, alcanzaron la calificación de Monumento nacional y con ello una protección oficial, que solo en algunos casos ha tenido vigencia. Ninguno supera en interés al de Alcañiz, cuya torre del homenaje está decorada con un interesante repertorio de pintura gótico-lineal, que ya hemos comentado anteriormente. De todos los castillos turolenses, el de Valderrobles es el que mas nos impresiona por sus ademanes gesticulantes, que cargan el paisaje de dramatismo espiritual; el pueblo se extiende en las faldas de una colina, en cuya cima se levanta la mole inmersa del castillo, con sus parámetros abiertos por ventanas o series de vanos, y rematado por torres angulares y el perfil desdentado de sus almenas.

Entre los castillos menores se cuentan el de Albalate del Arzobispo, con una torrecilla octogonal que todavía se yergue altanera, desafiando el paso del tiempo, y el de Peracense, que por su estratégica posición mas parece un nido de águilas, confundido entre las crestas de la Sierra Menera; dada la escabrosidad del terreno, el acceso es muy difícil, siendo la entrada mas adecuada por un camino que parte desde el vecino pueblo de Rodenas. Tanto este castillo de Peracense como el de Alba, y los restos de que hubo en Blancas, son los hitos mas importantes de una serie de fortaleza que contuvieron los continuados ataques de los castellanos durante el siglo XIV.

Todavía está por hacer el inventario de torreones y castillos turolenses, cuyas piedras doradas por los siglos y por la Historia, son uno de los atractivos turísticos que mas impresionan al viajero que se adentra por las rutas turolenses.

ÁBSIDES Y CIMBORRIOS.

La arquitectura aragonesa tiene un acentuado carácter popular y tradicional, lo que se explicaría porque sus ejecutores fueron los moriscos o mudéjares, cuya grey resultó tan numerosa en Aragón. Esta clase social vino a ser fundamental para la economía aragonesa, de aquí el dicho: “Quien tiene moro, tiene oro”. En el reino aragonés permanecieron los moriscos mas tiempo ejerciendo su oficio de tal manera se encariñó el pueblo con su arte de construir, que todavía dentro del siglo XVIII, perviven las técnicas mudéjares, cuando los moriscos hacia largo tiempo que habían sido expulsados. Los maestros aragoneses no aportaron ninguna solución técnica, destacando por su carácter los cimborrios. Tan fuerte era la vigencia del mudéjar en Aragón, que hasta un arquitecto francés del Renacimiento lo asimiló rápidamente, utilizándolo no solo en su primera obra conocida, la parroquial de Fuentes de Ebro, sino hasta en la última, la iglesia de Santa María de Albarracín.

De los ábsides turolenses netamente mudéjares, vale recordar el catedralicio y el de San Pedro, en Teruel, y el de la parroquial de Montalbán, los tres del siglo XIV. La intervención morisca está perfectamente documentada en el caso de la catedral turolense, pues en 1335 vinieron de Zaragoza el maestro moro Juzaff y su equipo, formando por hombres de la misma sangre: Zalema, Aly, Abraim, Mahomat y numerosos oficiales. Ellos transformaron la cabecera románica en este bello ejemplar gótico-mudéjar, con ciertos rasgos que lo relacionan con iglesias gótico- mudéjares de Calatayud, en opinión de Torres Balbás. Exteriormente, como en otras iglesias de Aragón, el ábside fue lugar privilegiado para el artista volcara su fantasía decorativa, tal sucede en San Pedro de Teruel, y en menor grado en la parroquial de Montalbán.

En la serie aragonesa de cimborrios mudéjares, hay que incluir el de la catedral turolense realizado por Martín de Montalbán en 1538; su antecedente inmediato es el de La Seo de Zaragoza, pero el más antiguo se encuentra en la Mezquita de Córdoba, en la ampliación de al-Hakam II. Al exterior, tiene el modelo turolense mas gracia que el ejemplar isabelino de Zaragoza, pues los contrafuertes se adornan con pináculos decorados con diseños mudéjares de rombos y esquinillas.

LOS GRANDES PINTORES ANÓNIMOS DEL SIGLO XV.

Los azares históricos y el vandalismo de la última contienda civil, han sido funestos para el patrimonio pictórico turolense. Singularmente rica era la fase gótica internacional, bajo la influencia de la escuela valenciana. De Pedro Nicolau desaparecieron los retablos que hizo para la parroquia de Sarrión y para la iglesia turolense de San Juan, y también fue destruido el de la iglesia de Albentosa, que Tormo le atribuyó.

Dentro del círculo de Marzal de Sax y Nicolau, hay que citar a un maestro anónimo que llevó la influencia valenciana a un lugar tan apartado como Rodenas, en las estribaciones de la Sierra de Albarracín. Post lo dató hacia 1425 por la modernidad de los tipos y la seguridad del dibujo. El tema de este retablo es la vida de San Juan Bautista con las escenas de la predicación, bautismo de Cristo, festín de Herodes y la degollación. Las delicadezas líricas del paisaje y el linealismo, como que estiliza los bucles, nos hacen pensar en el fervor de este pintor por Simeone Martini, de la escuela sienesa. La combinación de Marzal- Nicolau se aprecia en otro retablo, el de la parroquial de Rubielos de Mora, indudablemente vinculado a la escuela valenciana.

De la fase hispano-flamenca de la pintura gótica, solo ha quedad in situ el retablo de la coronación, que los Pérez Arnal ordenaron hacer en el tercer cuarto del siglo VX, en la catedral de Teruel. Post lo atribuyó a un anónimo al que bautizó Maestro de la Florida. Parece ser un pintor eléctrico que aglutina influencias de los valencianos Rexach y Jacomart. Este retablo es la pieza mas flamenca en Aragón, dentro de la producción pictórica que deriva del estilo personal de Bermejo. El carácter local aragonés queda subrayado por la pesadez decorativa y la opulencia de los dorados que tienen algunas figuras. Quizá pudiera identificarse al Maestro de la Florida con Juan de Boniella, que residió en Teruel a mediados del siglo XV, y que en 1474 aparece junto a Bermejo, en Daroca.

ESPLENDOR DE LA VIDA COMUNAL.

Debido el florecimiento que tuvo en Aragón la vida civil, merced a unas instituciones sólidas y poderosas, los edificios públicos adquirieron verdadera magnificencia y monumentalidad. La estampa mas hermosa de este conjunto la representa la Plaza de España, en Alcañiz, con la Lonja y el Ayuntamiento, formando escuadra, que dan aire de Quattrocento italiano a este espacio alcañizano.

La fachada de la Lonja tiene dos cuerpos; el inferior, con tres grandes arcadas apuntadas, decoradas en su intradós con un festón de arquillos tribulados, que delatan al siglo XV, cuando debió de ser construida. Sobre las arcadas está la típica galería corrida aragonesa, en juego con la del Ayuntamiento, aunque es posterior y menos bella. La Casa Consistorial presenta fachada de tres cuerpos, con el blasón municipal en el piso noble. Se remata con un alero muy saliente, a estilo de la tierra, con doble fila de canecillos de madera tallada.

El Consistorio de Valderrobles es, sin duda, el de más sabor de toda la serie renacentista de Aragón, por su ritmo y horizontal. Como pieza selecta fue reproducido en la Exposición internacional de Barcelona de 1929. Se levantas sobre recios soportales con arcos de medio punto; el piso noble se resalta con balconaje corrido, de hierro, exornado de jabalcones. La sensación de horizontalidad la reitera la cornisa superior, con la arquería corrida, tan rica en contrastes y movimientos. Como el Ayuntamiento de Alcañiz, pudiera fecharse en el tercer cuarto del siglo XVI.

El mesón de la Comunidad de Teruel, está directamente emparentado con el grupo de construcciones civiles bajoaragonesas, participando de una tendencia fuertemente clásica que se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XVI. Esta serie de edificios constituyen el capítulo mas brillante del Renacimiento en tierras turolenses. El palacio turolense debió de ser construido a fines del siglo XVI, poco antes de que Felipe II derogara los privilegios de la vetusta institución.

HOMBRES Y OBRAS DEL SIGLO XVIII.

El siglo XVIII es una época de esplendor para las tierras turolenses, tanto en recursos humanos como en medios económicos. Los hechos artísticos no se producen aislados, sino que van ligados a circunstancias de orden económico, religioso, etc., así como el mecenazgo de algún personaje influyente. Entre los arquitectos nacidos en tierras turolenses, hay que destaca a Melchor Luzán, Martín de Aldehuela, Marcos Ibáñez y Miguel Aguas. Ninguno tan importante como Martín de Aldehuela, que contó con el mecenazgo del obispo Pérez Prado, en Teruel, y el de su paisano, el obispo Molina Lario, en Málaga. Algunos de estos arquitectos destacaron fuera de España, como Marcos Ibáñez, el reconstructor de la ciudad de Guatemala, al mismo tiempo que otro turolense, José Estachería, era presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

En tierras turolenses se levantaron fábricas tan colosales como la colegiata de Alcañiz o la iglesia arciprestal de Cantavieja, ambas con énfasis catedralicio. Puede afirmarse que casi el ochenta por ciento de las construcciones eclesiásticas de la provincia, fueron construidas o renovadas en esta centuria. Hoy nos asombran fábricas tan impresionantes en lugarejos despoblados; solo una fe grande, una saneada economía y una población mas numerosa, pueden explicar estos contrastes.

En 1937 se destruyó la obra mas interesante de Aldehuela, la iglesia del Seminario, con su retablo mayor diseñado según los modelos del P. Pozzo. En recientes investigaciones, he podido documentar como suya la mejor iglesia de la sierra de Albarracín, la parroquial de Orihuela del Tremedal.

La Colegiata de Alcañiz, mas que obra del siglo XVIII, parece de le Edad Media, dado el ímpetu religioso con que se realizó. La colosal fachada está de acuerdo con las dimensiones del templo; este tipo se extendió por toda la Península; de las fachadas barrocas españolas de este tipo, es la composición con ritmo lineal mas acentuado, siendo superada únicamente por la catedral de Murcia. Acerca de la iglesia arciprestal del Cantavieja dijo el arquitecto Garza en un informe: “De su traza no he visto ninguna, ni aún en Roma”.

LOS PUEBLOS DORMIDOS.

La diversidad geográfica de las tierras turolenses, representan para el viajero una notable variedad de paisajes, de tipos, de costumbres y de productos naturales. Uno de los determinados geográficos del paisaje turolense, son las series de sierras que cruzan su superficie en todas las direcciones, dejando poco espacio para el desarrollo de amplios valles o de inmensas llanuras. A lo largo de la Historia, los pueblos turolenses fueron surgiendo en lugares insospechados, en posiciones estratégicas para la defensa de una región natural con hondas raíces históricas: así, hoy, es preciso buscar estas agrupaciones rurales por carreteras serpenteantes, a través de barrancos y de encrespadas montañas.

Si bien estos pueblos tuvieron una explicación en tiempos pretéritos, su exigencia se torna cada día mas problemática por la creciente emigración a tierras de un nivel de vida mas acorde con las necesidades actuales. Muchos de estos pueblos se encuentran ubicados a mas de mil metros de altura, en zonas donde la agricultura es muy difícil por la dureza del clima.

El viajero que busca lo arcaico, encontrará en las rutas turolenses pueblos muy tristes, casi desiertos, con castillos en ruinas, casonas abandonadas, iglesias y conventos que declaran el auge de tiempos pasado. Pueblos del Maestrazgo y de la Sierra de Albarracín, con sus callejuelas de abolengo moruno, con sus pintorescas casucas y los viejos portales blasonados. En las casas señoriales destaca una escalera monumental, cuyo cuerpo sobresale en su perfil exterior. Pasadizos, aleros, ventanas y otros curiosos detalles, muestran raigambre de la casa hispanomusulmana, que vino a ser la solución ideal por muchas generaciones en estos parajes.

En estos pueblos tranquilos se encuentra ese silencio tan extraño a los habitantes de las urbes modernas. Una tenue melancolía invade al viajero, que guardará una impresión imborrable de estos pueblos al ver como sus habitantes han resistido, para defender su personalidad, ante el avance de los tiempos modernos, que todo lo uniforman.

EL JILOCA Y EL TURIA.

La zona situada a lo largo de la Autovia de Zaragoza- Teruel, comprende una faja agrícola, mas o menos ancha según la amplitud del valle. Las partes altas que limitan a esta franja – Campo de Romanos, Campo de Bello, Campo de Visiedo, etc.-, son grandes productoras de cereales. Los regadíos tienen dos focos importantes: la fuente de Cella, considerada como el mayor pozo artesiano de Europa y que es el origen del río Jiloca; el otro foco es de tipo artificial, el reciente alumbramiento de aguas subterráneas descubierto de Singra, con un volumen casi igual a la famosa fuente cellense. La principal producción, a parte de los cereales, es la remolacha con fines industriales.

Si bien la vida moderna ha ido uniformando el variado folklore antiguo de la zona, todavía se conservan manifestaciones de carácter religioso dignas de acordarse, como la procesión de San Roque, en Calamocha, con motivo de sus fiestas mayores. Danzantes ataviados con traje blanco y faja roja, bailan ante la imagen del Santo Patrón una danza antigua, que refleja el temperamento rudo de los turolenses. En Monreal del Campo pervive una vieja muestra de teatro religioso popular, el “Abajamiento”, que se celebra cada cinco años. La escenificación del Descendimiento de Nuestro Señor, tiene lugar ante la puerta de la iglesia, en el lenguaje arcaico, que conmueve al moderno espectador lo mismo que el continuado de los fuertes trabucazos.

Lo más característico del folklore de la ciudad de Teruel, radica en la Vaquilla del Ángel, que consiste en correr por la Plaza del Torico y por las calles, toros ensogados. La céntrica plaza se convierte en un verdadero escenario goyesco, en torno al minúsculo “Torico”, que sobre su pedestal columnario parece presidir esta fiesta popular con un ritual totémico.

La artesanía de la ciudad DE Teruel, se ha prestigiado en nuestros días recuperando las técnicas y el espíritu que motivaron la creación de su cerámica en los siglos XII y XIV. Esta empresa de reivindicación de un valor tan netamente turolense, se debe en buena parte al inquieto profesor Angel Novella, por medio de su labor en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos.

LAS MONTAÑAS DEL MAESTRAZGO.

La abrupta sierra del Maestrazgo separa y une a las provincias de Teruel y Castellón; un viaje por esta ruta nos proporciona lo mas imponentes paisajes de montaña. Esta geografía encrespada fue el escenario adecuado para las hazañas románticas del general Cabrera, que estableció su cuartel general en un pueblo medieval, Cantavieja, que aún conserva buen parte de su recinto defensivo.

Las principales riquezas de esta sierra y sus aledaños, son la madera y la ganadería. De la antigua artesanía textil, solo queda en Rubielos una fábrica de alfombras y todavía se elaboran en Iglesuela del Cid, finas medias de señora.

Lo que mas cuenta de esta ruta para el viajero actual es su cocina, teniendo bien ganado renombre la de Mosqueruela y Cantavieja. Aquí se elabora la nutritiva cecina, preparada con carne de vaca o toro, que luego de tratarla con ajos, sal, vinagre y pimienta, queda expuesta al frío para que la “cure”. De forma similar se consigue con carde de oveja el ¨somarro¨. Famoso es el queso de Tronchón, que tiene el honor de haber sido citado varias veces por Cervantes en El Quijote; su misterio radica en viejas fórmulas caseras y en la fina calidad de los pastos de la Sierra Palomita, que sustentan a los rebaños de ovejas.

El folklore taurino tiene en Mora y otros pueblos, una variante interesante, el toro embolado de fuego, que parece recordar costumbre de guerra de raigambre ibérica. Sobre la testuz del toro se coloca un aparato de hierro con bolas de estopa, resina y pez, que arden con facilidad. El espectáculo del toro suelto corriendo por las calles del pueblo, se realiza por la noche, sin alumbrado público, así que su efecto es de gran valor plástico.

De la antigua artesanía resta la forja de hierro de Rubielos de Mora, donde todavía se hacen esmerados trabajos con antiguas técnicas. Esta industria en tiempos pasados fue singular, tanto en la zona como en la Sierra de Albarracín, llegando a crear conjuntos monumentales en las rejas que tanta prestancia dan a las fachadas de las casas solariegas.

PAISAJES CON OLIVOS.

Frente a las tierras ásperas, montañosas y pobres de la mayor parte de la provincia de Teruel, destacan las de la Tierra Baja, por su feracidad, con grandes olivares que producen el mejor aceite del mundo. Alcañiz, centro de esta comarca natural, cada día adquiere un mayor relieve, tanto por sus posibilidades industriales como por las turísticas; precisamente estas últimas han cristalizado con la restauración del llamado Palacio del Príncipe Felipe, obra del siglo XVIII, enclavado dentro del famoso Castillo Calatravo; allí está a punto de inaugurarse un hermoso parador de turismo.

La Tierra Baja destaca por la calidad de sus productos naturales. Las ricas vegas del Guadalope crían frutas excelentes, pero solo en Calanda alcanzan los melocotones un sabor especial, que les ha dado prestigioso renombre en el mercado internacional. De los viñedos próximos de Valderrobles y Cretas, se consiguen los vinos mejores de la provincia, similares a los del Priorato.

La personalidad de la comarca tierrabajina, frente al resto de la provincia, se manifiesta en un rico folklore, bien expresado en el habla, el traje regional y en las costumbres religiosas. Especial relieve tienen las procesiones de Semana Santa en Alcañiz, Hijar y Calanda; niños y ancianos, acompañan con un tambor colgado a la cintura, sacando con sus palillos redobles muy peculiares. Impresionante es, tanto en Híjar como en Alcañiz, la noche del Viernes Santo, cuando a las doce, la corneta del Ayuntamiento, da la orden de iniciar los redobles. Cientos de tambores resuenan en la Plaza Mayor, distribuyéndose en grupos por las calles; en Híjar cada cuadrilla lleva además un bombo.

La Tierra Baja, mas que por su cocina, destaca por la repostería, con unas magdalenas y tortas finas deliciosas, además de rica variedad de pastas preparadas con almendra, nuez o coco.

MONTAÑAS Y PINARES.

Quizá ninguna comarca turolense se presta para el turismo natural como la Sierra de Albarracín; prueba de ello es que hace tiempo nacieron las colonias veraniegas de Orihuela y Bronchales. Un turismo interior, que no necesitaba de los reclamos modernos, hace tiempo que descubrió estos parajes tanto por el tipismo de los pueblos como por la bondad del clima en verano. Ya hemos destacado algunos de los valores históricos y estéticos de Albarracín, la ciudad turística por excelencia de toda la provincia, hace tiempo declarada monumento Nacional. Con certero gusto “La casa de la Brigadiera”, fue acondicionada interiormente para instalar el confortable Hotel Azagra.

Los pueblos vecinos de Bronchales y de Orihuela del Tremendal, absorben buena parte de la población veraniega, que en este último cuenta con una hermosa residencia de Educación y descanso, situada a mas de 1.600 metros de altura, entre frondosos pinares. La belleza forestal de estas montañas de ve matizada por la presencia de ciervos en la fase de aclimatación.

La industria maderera y la ganadería, son las principales riquezas de la zona tanto el ganado ovino como el vacuno de carne y de lidia, han de abandonar en invierno estos lugares, siguiendo las viejas costumbres de la trashumancia.

Las condiciones climáticas de esta comarca, dan una cocina regional en la que predominan las carnes y las grasas. Los fríos y los hielos del duro invierno “curan” los jamones de modo natural, dándoles un gusto especial, que les ha dado justa fama. Con la carne de cordero, de excelente calidad, se preparan platos deliciosos como el cordero “a la cazoleta” o a “la pastora”¨ entre estos platos típicos hay que incluir el “gazpacho” que no es originario de aquí, sino una vieja adaptación de la cocina manchega, realizada por los pastores que iban allá en trashumancia. Plato de sabor especial son las sopas de ajo, que, según los ancianos, tienen determinadas virtudes, así se explica que una leyenda las haya relacionado con Don Jaime el Conquistador, a quien curaron de una extraña dolencia cuando cabalgaba por tierras turolenses.

EL ALMA TUROLENSE.

Inquieto y curioso lector; tuve el honor de presentarte la tierra turolense por medio de unos breves textos, y de unas bellas fotografías, mas expresivas éstas que aquellos. No fue mi único propósito dar una serie de datos y de juicios sobre los aspectos mas interesantes del arte y de la vida, sino también fue mi deseo darte a conocer el alma turolense. Para superar esta difícil empresa, acudí al arte, pues – como ha dicho René Huyghe-, el arte y el hombre son indisociables, ya que no hay arte sin nombre, y a la inversa; por medio del arte el hombre se expresa y se conoce mejor.

Si importante es el lenguaje de las formas artísticas con que se ha ido expresando el alma turolense a lo largo de los siglos, ello no basta; el viajero interesado en conocer a fondo el alma de mi tierra, ha de recorrer sus caminos llegando hasta los pueblecitos mas apartados, los que, gracias a su aislamiento, conservan mas puros los rasgos del espíritu turolense. El profundo mudejarismo, que reflejan los monumentos cardinales de la capital, se ve expandido por toda la provincia, no solo en las airosas torres de ladrillo que saludan al viajero desde los breves valles, sino en mil detalles de la arquitectura doméstica y del urbanismo, característicos de los pueblos serranos. En el mensaje humano que comportan estos monumentos, el viajero podrá apreciar de manera clara y distinta, el alma histórica y colectiva de los hombres que vivieron y viven en esta tierra.

Pese al silencio que han guardado escritores y viajeros sobre el alma turolense, ésta no es tierra árida para el espíritu. Solamente en Teruel, la realidad se antepuso a la fantasía literaria, y dos enamorados murieron de pena y amor, haciendo figurar a esta ciudad en la “Geografía Poética del Universo”.

Viajero que has venido atraído por el misterio de esta tierra incógnita, no bastan las impresiones de una primera visita, pues el alma turolense es difícil de aprender. Si quieres captarla, habrás de estudiar su historia, sus creaciones folklóricas, literarias y artísticas, pero no te ofusques en consideraciones circunstanciales, procura llegar hasta la “intrahistoria”, allí encontrarás la médula del alma turolense.


Tal día como hoy 21 de octubre



El proyecto pasapues es una ampliacion del proyecto Aragón es así y trata de recopilar y relacionar todo tipo posible de información documental sobre Aragón: textos, libros, artículos, mapas, ilustraciones, fotografías, narraciones, etc., y proceder a su publicación y difusión.

Aragón es así Aragón. Fotografías, Mapas, Documentos, Historia, Paisajes, Cultura, Mudéjar, Románico, Gótico, Goya, Ebro, Pirineos, Huesca, Teruel Zaragoza. Naturaleza mapas España.

Copyright 1996-2020 © All Rights Reserved Francisco Javier Mendívil Navarro, Aragón (España)

Para consultar, aclaraciones o corregir errores por favor escríbenos

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia

Esta web no usa directamente cookies para seguimiento de usuarios,
pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas aceptas el uso de cookies en esta web.