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Zoología. Aves. Página 522 Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



mó paraje, supuesto que se le escapan muchas veces á su pesar por do quiera que se encuentre, y como el macho participa según parece en esta especie, ó por lo menos en algunas razas delamisma, del cuidado de criar á los polluelos, habrá podido creerse tal vez que cuidaba también de la incubación y que empollaba aparte todos los huevos que no se hallaban debajo de la hembra.

Añade Aristóteles, en tercer, lugar que los machos se gallean unos á otros, y aun también que gallean i sus polluelos así que se hallan en estado de andar; cuyo aserto se ha tenido por un absurdo, no obstante haber podido citar mas de un ejemplo verídico de este eiceso de la naturaleza, en fuerza del cual un macho se sirve de otro macho y aun de cualquiera otra cosa de la misma suert> quede un» hembra. Este desorden debe 'ener lugar , con mayor razón, entre unas aves tan lascivas como las Perdices, cuyos machos ruando están muy ardientes, no pueden oir el grito de sus hembras sin derramarse, y se cnagenan y embriagan de tal modo en la estación del amor , que á pesar de su esquivez natural llegan algunas veces á pararse basta sobro el pajarero. ¿ Y cuanto mas vivo no debe ser su ardor en un clima tan cálido como el de Gricia, cuando se hallan privados por largo tiempo de las hembras como sucede en el tiempo de la incubación ?

Dice Aristóteles, en cuarto lugar, que las Perdices hembras conciben y producen huevos cuando se hallan bajo el aire de sus machos ó cuando estos las pasan por encima al vuelo y basta cuando oyen su voz; lo que ha dado lugar á que se ridiculizasen las palabras del filósofo griego, como si se entendiese por ellas que una corriente de aire impregnado por los corpúsculos fecundantes del macho, puestos tan solo en vibración por el sonido de su voz, bastase para fecundar realmente á una hembra. La verdadera significación de aquellas palabras, es : que teniéndolas Perdices hembras un temperamento bastante cálido para producir huevos sin cópula con el macho, seguir lo he notado mas arriba , tono cuanto puede excitar su temperamento debe aumentar mas y mas en ellas aquel poder; sin que pueda alegarse que lo que les anuncia la presencia del macho íio pueda y no deba tener este efecto, el cual por olra parte es quizas producido por un Simple medio mecánico que Arislóleles no enseña, ó por la sola frotación que ellas experimen tan revolcándose en el polvo.

Por estos hechos fácilmente se concibe que por mas pasión que tenga la Perdiz por empollar, la supera algunas veces la de gozar, y que en ciertos casos preferiría el placer de juntarse con su macho al deber de dar vida á sus polluelos : también puede suceder que deje la pollada por amor á la mi-ma : lo que pudiera tener lugar cuando, viendo al macho muy atento á la voz de otra perdiz que lo llama, y jronto á ir á su encuentro, va á ofrecerse á sus deseos,á lin de prevenir una inconstancia que podría ser nociva á la familia, sin que en ello tenga mas objeto que asegurar su lidc-ldad.

Eliano ha dicho también que cuando se queria hacer combatir á los machos con mas ardor, se hacia en presencia de sus hembras; por cuanto un macho, añade, en presencia de su hembra, no puede presentarse delante de ella después de vencido. Aquí nos hallamos también en el caso de separar el hecho de la intención : ni hay duda que la presencia de la hembra provoca á los machos al combate, no porque inspire en ellos cierto pundonor, pero si porque les exalta los celos, que en los animales están e-así siempre en proporción con la necesidad de gozar, la cual hemos visto cuan poderosa es en las Perdices.

Distinguiendo pues lo físico de lo moral, y los hechos reales de las suposiciones, la verdad se encuentra muchas veces desfigurada en la historia de los ani-

carnadas, se han contentado con copiar lo que Aristóteles halda dicho de las encarnadas; y si bien es verdad que este último reconoce una diferencia en la especie, pues la diversidad del canto depende niurbas veces de la de la edad y del sexo (fuera de que acaece alalinas en el mismo individuo, y puede ser muy bien efecto de alguna causa particular), asi como de la influencia del clima, según los mismos antiguos, supuesto que Ateneo pretende que las Perdices que pasaban del Ática á la Beocia, se reconocían por la diversidad del grito. Teolrasto que nota también algunas variedades en la voz de las Perdices según los paises en donde habitan, asegura que no todas ellas son de diferentes especies, supuesto que habla de sus diversas voces en el libro De varia voee avium ejus-dem qeneris.

Examinando lo que los antiguos han dicho ó repetido de esla ave, he hallado muchísimos hechos verdaderos y observaciones exactas mezclados con exageraciones y fábulas, de las cuales se han burlado algunos modernos, y cuyo fundamento me propongo buscar en los hábitos é índole de la Perdiz.

Después de haber asegurado Aristóteles que es ave escarbador,! ó pulveralriz , que tiene un buche, una molleja y los ciegos muy pequeños, que vive mas de quince años, y á imitación de las demás aves que tienen el vuelo pesado, no construye nido, sino que pone sus huevos en tierra llana , sobre un |ioco de yerba ó de hojas arregladas sin cuidado, aunque en lugar bien dispuesto y defendido contra las aves de Rapiña; que en esta especie . muy lasciva, los machos riñen entre sí con encarnizamiento durante la estación del amor, y tienen entonces los testículos muy aparentes, mientras que apenas son visibles en invierno; que las hembras ponen huevos sin haber tenido cópula con el macho; que el macho y la hembra se juntan abriendo el pico y sacando la lengua; que su puesta ordinaria es de doce á quince huecos, y los ponen á veces con tanta priesa, que los colocan en cualquier lugar donde se encuentren. Aristóteles mismo, como digo, después de haber referido estas co^as, á la verdad incontestables y confirmadas por el testimonio de nuestros observadores, añade otras varias circunstanciasen que lo cieno parece estar mezclado con lo falso ; pero basta analizarlo todo para deducir lo que realmente haya de cierto.

Asegura en primer lugar que las perdices hembras deponen la mayor parte de sus huevos en lugar escondido, para resguardarlos de la inclinación que tiene el macho á destruirlos, porque los considera como un obstáculo á sus placeres. Willughby ha considerado todo esto como una fábula, aunque á mi entender con harta severidad , supuesto que distinguiendo lo físico de lo moial y separando el hecho observado de la intención supuesta, lo que Aristt teles ha dicho es cierto, y se reduce á que la Perdiz tiene , romo todas las demás aves hembras, el instinto de esconder su nido; y que los machos, señaladamente los supernumerarios , procurando juntarse en el tiempo de la incubación , han causado mas de una vez notables perjuicios á la cria sin mas intención que la de gozar de la clueca : este es el motivo porque en todos los tiempos se ha recomendado la destrucción de estos machos supernumerarios como uno de los medios mas eficaces para favorecerla multiplicación déla especie, no solo de Perdices, sino también de otros varios animales silvestres.

Dice también Aristóteles en segundo lugar, que la perdiz hembra divide los huevos de una sola puesta en dos crias , encargándose ella de la una y el macho de la olra , hasta el lin de entrambas, lo que está en contradicción con el instinto que él supone en el macho, de procurar romper los huevos; pero concillando el mismo Aristóteles con la verdad, puede decirse que, como la Perdiz hundirá no pone sus huevos en el mis-

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