Zoología. Aves. Página 371. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.. Museo pintoresco de Historia Natural.
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Zoología. Aves. Página 371. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.



manecen , pues, muy largo tiempo en medio de su inmundicia; de suerte, que no pueden tocarse sin emporcarse los dedos. De esto vino sin duda el proverbio: «sucio como una Abubilla.» Pero induciría-nos á error este proverbio si de él concluyésemos que la Abubilla es propensa ó tiene hábito de suciedad. En tanto que solo procura lo necesario para sus polluelos, no percibe el mal olor: pero en cualquier otra circunstancia desmiente muy bien el refrán. La Abubilla de que hablé poco ha, no solo no se ensució nunca sobre su ama, ni sobre los muebles, ni en medio de la sala, sino que se retiraba siempre sobre el cielo de la cama donde se refugiaba cuando la espantaban : y no puede menos 4e confesarse la buena elección del sitio lejano á la vez. oculto y el menos accesible.

Ponen las hembras desde dos á siete huevos, mas comunmente cuatro ó cinco, casi del tamaño de los de perdiz; su color es parduzco, y no salen todos á un mismo tiempo. Trajéronmc una cria, donde habia tres pequeñas Abubillas de tamaño muy desigual, en la mayor las plumas largas de la cola tenian fuera del cañón veinte y una líneas; y en la mas pequeña ocho solamente. Se ha visto muchas veces á la madre llevar de comer á sus hijos, pero jamás oí decir que hiciese el padre otro tanto. Como no se les vé en bandadas , es natural creer que se dispersa la familia desde que los hijuelos se ven en estado de volar; y esto es mas probable si es verdadero lo que dicen los autores de la Ornitología italiana, de que hagan tres crias al año. Los de la primera pueden ya volar á últimos de junio. A estos pocos hechos se reduce lo que he podido indagar sobre sus crias y la educación de sus polluelos.

El grito del macho es bu , bu , bu, que se oye especialmente en la primavera y de muy lejos. Los que le han escuchado con atención pretenden haber observado diferentes inflexiones, diferentes acentos apropiados á diversas circunstancias: ya un gemido sordo que anuncia cercana lluvia, ya un grito mas agudo que advierte la aparición de una zorra, etc. Esta observación presenta cierta analogía con las dos voces déla Abubilla domesticada deque hablé. Gustaba esta del sonido de los instrumentos: siempre que su ama tocaba el clave ó el bandolín, colocábase sobre ellos ó lo mas cerca posible; y manteníase allí en tanto que su ama no dejaba de tocar.

Preténdese que nunca va á beber á las fuentes, y que por esto muy rara vez se coge en los lazos ni menos en los bebederos. Es cierto que la que mataron en Inglaterra en el bosque de Epping habia huido de lazos que la tenían preparados antes de dispararla ara cogerla viva; pero tampoco lo es menos que la omesticada que cité habia sido cogida muchas veces en la red, y que bebía de cuando en cuando, metiendo con violencia su pico en el agua sin sacarle al instante como otras muchas aves. Probablemente tiene la facultad de hacer subir la bebida por una especie de succión. Por fin, conserva ese movimiento atropellado del pico aun cuando no coma ni beba, y viénele sin duda este hábito del que tiene en su estado salvaje para coger los Insectos, picar los vastagos, y meter su pico en el lodo y los hormigueros en busca de los gusanos, huevos de Hormigas, y tal vez solo la humedad de la tierra. Cuanto mas difícil es que las Abubillas caigan en los lazos, tanto mas fácil es tirarlas, porque dejan que se les acerquen bastante, y su vuelo aunque sinuoso y saltado es poco rápido y presenta á los cazadores, ó si se quiere á los meros aficionados, muy poca dificultad. Cuando echan á volar baten las alas como los Frailecillos, y andan por el suelo con movimiento uniforme como las Gallinas.

Abandonan nuestros paises septentrionales á fines del verano ó principios del otoño, y jamás aguardan

los frios rigorosos; pero aunque en general sean aves de Paso en Europa, puede haber sucedido que en ciertas circunstancias se hayan domiciliado algunas en el punto donde se encontraban, como por ejemplo, las que al tiempo de la emigración estuviesen heridas, enfermas, harto jóvenes aun, ó en una palabra, demasiado débiles para emprender tan largo viaje; ó las que se hallasen detenidas por algún otro obstáculo, en cuyo caso debieron abrigarse en los mismos agujeros que las sirvieron de nido, pasando el invierno aterecidas y medio muertas, y pudiendo apenas recobrar las plumas que perdieron de resultas de la muda: en tal estado las encontrarían algunos cazadores , tomando de aquí ocasión para decir que pasaban el invierno en los árboles huecos, aletargadas y sin plumas, como se ha dicho de los Cuclillos con no mayor fundamento.

Según algunos, era la Abubilla entre los egipcios el emblema de la piedad filial; decíase que los hijos cuidaban á sus padres cuando viejos; calentábanlos bajo sus alas; ayudábanlos á quitarles las plumas en una muda trabajosa; soplábanles los ojos cuando malos, y les aplicaban yerbas saludables; en una palabra, volvíanles todos los cuidados que recibieron en su edad tierna. Casi otro tanto se ha dicho de la Cigüeña : ¡ojalá pudiese decirse lo mismo de toda suerte de animales!

La Abubilla, según Olina , no vive mas que tres años , debiéndose esto aplicar á la domesticada, cuya vida acortamos por no poderla dar los alimentos que la convienen , y cuyos dias podemos contar fácilmente por no perderla nunca de vista, no seria fácil calcular los de la silvestre, mucho menos siendo ave pasajera.

Como tiene muchas plumas, parece mas abultada de lo que es en efecto; acércase al Tordo por su tamaño ; su peso es de dos onzas y media hasta tres ó cuatro, según su gordura.

Su moño es longitudinal y se compone de dos líneas de plumas iguales y paralelas entre sí; las medias de cada hilera son las mas largas, y elevándose todas, forman un semicírculo de unas tres pulgadas de alto. Todas las plumas son pajizas con el extremo negro; y las del medio, así como las inmediatas, están pintadas de blanco entre dichos colores. Mas atrás tienen aun seis ú ocho plumas pertenecientes también al moño, y estas son enteramente pajizas y las mas cortas.

Lo restante de la cabeza y la parte anterior del ave es de un gris que unas veces tira á color vinoso y otras á pajizo; su dorso, gris en la parte anterior, está listado transversalmente en la posterior con un blanco sucio en campo oscuro. Tiene una placa blanca sobre la rabadilla. Las coberteras superiores de la cola son negruzcas; el vientre y lo restante de la parte inferior del cuerpo, de un blanco rubio; las alas y la cola negras listadas de blanco, y el campo de las plumas apizarrado.

De tan diversos colores, así esparcidos por todo su plumaje, resulta una especie de diseño regular que produce muy buen efecto cuando el ave enhiesta su moño, extiende sus alas y levanta y despliega su cola , como lo hace con frecuencia: entonces la parte de las alas mas cercana al dorso presenta por ambos lados unas listas transversales negras y blancas, perpendiculares con corta diferencia al eje del cuerpo; la mas alta de estas rayitas tiene un tinte rojo y se une á una herradura del mismo color que está diseñada en el dorso, cuya curvatura esta tocando con la placa blanca de la rabadilla; la iras baja, que orla el ala en la mitad de su circunferencia, se une con otra faja blanca mas ancha , que atraviesa esta misma ala á dos dedos de su remate con dirección paralela al eje del cuerpo. Esta última rayita blanca se une también á una media luna del mismo color, que atraviesa

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