Zoología. Aves. Página 320. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.. Museo pintoresco de Historia Natural.
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Zoología. Aves. Página 320. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.


europeos del nombre de India tan vago y tan mal definido.

Hé aqui lo que acerca del particular dice este autor antiguo : «La mas digna de atención entre todas las aves es el Fénix siempre único en su especie, porque no tiene padre ni madre. Despues de haber vivido sin interrupción quinientos años, construye un nido de diferentes especies de yerbas aromáticas, sobre las cuales se desvanece y consume. Encontrando entonces en su propia descomposición el germen de una vida nueva, concibe y renace sin ageno auxilio. Después que ha tomado cierto incremento envuelve con mirra sus antiguos despojos, los lleva á una ciudad de Egipto llamada Heliópolis, los deposita en el santuario del templo del Sol, sobre una pira de madera odorífera y se hace á sí mismo de este modo los honores fúnebres.»

Pero esta semejanza que existe entre la exposición de Plinio y la de Pomponio Mela, basta para probar que estos dos autores no han hecho sino referir una de las creencias vulgares, tan comunes en su tiempo. El Fénix de Plinio, es, pues, evidentemente el Faisán dorado, tal como los navegantes egipcios lo habían recibido de la India, pero entremezclando con su historia las fábulas mas absurdas. Por otra parle, los animales útiles ó dañosos, raros y bellos, forman parte de su adoración religiosa, de lo que resulta, que los postas los encarecieron con sus narraciones exageradas, acerca de sus cualidades, y en cuanto á los portentos y maravillas de su fantástica existencia. Así es, que en Egipto se citan cuatro apariciones del Fénix : la primera en tiempo de Sesoslris; la segunda en el de Amasis; la tercera en tiempo del tercer Ptolomeo, y la cuarta en el año 3(1 de nuestra era, como se lee en los Anales de Tácito (Lib. VI, Cap. XXIII).

El Fénix no vino á ser para los poetas, lo mismo que para los historiadores, sino la expresión de creencia resurrecciorial; asi es que San Ambrosio dice (Hexaemer, Lib. V, Cap. XIII): Phcenix avis in Ara-vice loéis perhibelur doceotiqitur nos ha> avis exemplo .nii insurnctionrm credere. Belon del Mans, que escribía en 1554, y el verdadero padre de la ornitología francesa, hombre dotado de una rara sagacidad, consagró con el nombre de Félix, ya fabuloso, el Ave del Paraíso esmeralda. Escuchemos su sencillo lenguaje; (Nal. de las aves, Lib. VI). «Si fuese posible que todos pudiesen ver por sí mismos, el plumaje de una hermosa ave extranjera, bastante común en los gabinetes de los grandes señores, tanto de Francia como de Turquía, y que creemos ser el Fénix, nada tendriamos que añadir á lo que escribieron Herodoto, Plinio y otros autores. Este plumaje de que hablamos, únicamente consta de delicadas plumas adheridas á, una piel dura como cuero, pero el cuerpo en su interior está sin carne ni hueso, etc.»

Pero el mismo Belon refiere que su Fénix habia sido disecado por Portel, hombre muy instruido en la lengua babráica, dándole el nombre dé Ápodo, á consecuencia de la opinión popular, cuyo error consistía en creer que esta ave se alimentaba de aire, sin encaramarse jamás sobre las ramas ni posarse en tierra. Pero Cárdano antes de Portel había hecho mención de esta misma ave con el nombre de Manucodiata ó ave de Dios, y á este autor es preciso acudir para encontrar la huella de una indicación inteligible referente al Paradíseo esmeralda.

Lo que refiere Belon de su Fénix ó Paradíseo esmeralda, es la expresión de las tradiciones, recogidas en Oriente por los mercaderes venecianos. Estas narraciones sencillas y triviales, han sido después tergiversadas de mil maneras; pero el texto de Belon dice terminantemente : «este cuerpo de plumas de que ya hemos hablado, carece de pies; pero queriendo la naturaleza cubrir esta falta les otorgó, hacia uno y otro lado de la cola dos plumas sin barbas, cuya longitud es de doce pulgadas, y al efecto, además de ser muy

Las arracadas de madera de los papúes, sus ídolos, sus brazaletes, en todo semejantes a las aimillas de los egipcios y de los galos, y las diferentes prácticas y costumbres tradicionales, no permiten dudar que los romanos y griegos hayan confundido con el nombre de Arabia las tierras oceánicas é indianas que constituyen los archipiélagos de Oriente.

Por otra parte, Ptolomeo fue de opinión que las extremidades del Asia se reunían á una tierra desconocida que unia el Asia con el Occidente (Chateaubriand, viaje á los Estados Unidos ). Por cierto lo que los antiguos han dicho del Ave Fénix, después de Herodoto, el padre de la geografía histórica, ha debido referirse primeramente el Ave del Paraiso, y las narraciones fabulosas que se encuentran en todos los libros de Historia Natural del renacimiento de las letras no hacen otra cosa que amplificar esta frase de Herodoto. «Se encuentra entre los persas (que las recibieron por el comercio de los navegantes malayos y otros), una avecilla que se conoce con el nombre de rhyntaces; cuyo interior no tiene escrementos, pues tan solo está lleno de grasa. Hay quien dice que se alimenta exclusivamente del aire y del roció.» ¿No es una ave de este género la que menciona Aristóteles, dándole el epíteto de cynanomo ó cynomulgo, de la cual dice que fabricaba su nido en los árboles mas elevados, con ramitas de canela, y que los naturales la mataban para apoderarse de aquella canela por ser mas lina que la de las otras ramas 1,

Al recordar Plinio en su vasta enciclopedia las tradiciones egipcias, refiere lo que con relación al Fénix aquellos habian trasmitido: resume después los misticos desvaríos de una tal Manislio, y lejos de refutar sus errores, encomia la sagacidad de este escritor. Así, pues, dice Plinio (líb. X, cap. 2.): «Las aves de Etiopia y de la India son notables por la brillantez y variedad de sus colores; pero el Fénix de Arabia es él mas admirable de todos ellos: tiene la talla de una águila , el cuello de color de oro, el plumaje purpúreo , 1¿i cola azulada, con algo de color de rosa, ostentando un apéndice debajo del buche y un moño en la cabeza.» ¿Quién no ve, pues, en esta descripción, tan exacta como podía hacerse cuando no existia en historia natural el estilo descriptivo, que se trata en ella del Faisán dorado, muy raro todavía; pero trasportado desde las regiones montuosas del Cáucaso y de la Indo-China, y cuyo brillante plumaje, seduciendo las miradas, consagró la tradición de una ave hermosa entre las mas hermosas, llamada el Fénix? El primero que fue enseñado al público, se presentó en tiempo del emperador Claudio, año 800 de la fundación de Roma.

Añade Mansilio que nadie habia visto al Fénix tomar alimento, pero que habia permanecido en Arabia hasta 670 años, porque estaba consagrado al sol, y que al sentirse envejecer fabricaba su nido con ramitas de casia odorífera (canela) é incienso, y que de este modo espiraba en medio de los delicados aromas que exhalaba, después nacia de su cadáver un gusano destinado á engendrar el polluelo que debía crecer y formar un nuevo Fénix sobre la tierra.

Los romanos hicieron de este Fénix un emblema místico de la gran revolución de los astros, tal como la establecen las Tablas alfonsinas , ó del período de 25,000 años de los modernos; ó según la opinión adoptada por Plinio, el tipo de la revolución heleno-solar de E32 años era eI annus vertens de Platón.

Describiendo Pomponio Mela (lib. III, cap. 8.°) el país de los Pingüinos, llamados oliáfagos, situado mas allá del golfo arábigo, parece que habla de Borneo y de Sumatra, porque describe los Orangs con el nombre de Pigmeos, los Lagartos volantes del género Orneo y después el Fénix. Los anliguos se servian frecuentemente de la palabra Arabia para designar diferentes comarcas del Oriente, así como hoy hacemos uso los

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