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Zoología. Aves. Página 316. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



Las pueriles patrañas que se forjaron acerca de las Aves del Paraiso, han tenido su fundamento en el ex-tado habitual de mutilación que experimentan estos seres por parte de las tribus salvajes que hacen de ellos el objeto de sus activas cacerías, y los venden á los navegantes malayos y chinos que frecuentan las costas de Papuasia. En efecto, el medio que emplean para conservar estas aves y venderlas, es el desollarlas groseramente, quitándoles las piernas y los huesos del cráneo, y reemplazando las partes carnosas del cuerno con un trozo de madera redondeado que hacen salir por el pico y disecándolas por último al calor del fuego.

Nosotros nunca hemos visto aplicar el procedimiento que describe Othon Elvigius (Col. acad. t. III, página 443, parte extranjera) y consiste en arrancarlos las entrañas y atravesar su cuerpo con un hierro encendido para operar una especie de cochura.

Es también completamente un error de Levaillant el atribuir el aspecto natural aterciopelado ó la erección de la pluma de la cabeza y del cuello á la contracción de la piel producida por los toscos procedimientos que emplean aquellos indígenas para disecar las aves que nos ocupan. Muy cierto es que los papúes les extraen los huesos del cráneo y hacen secar las píeles, acabadas de desollar, colocándolas sobre cañas, aunque dudamos que esto se practique por medio del azufre como lo afirma Levaillant, y que resulte una disminución considerable en la cabeza y cuello; pero actualmente no puede haber equivocación , pollo que respecta al volumen real de estos órganos puesto que en nuestros viajes hemos matado un crecido número de aves de esta familia , cuyos despojos preparados según los procedimientos de la taxidermia europea, se bailan en muchos de los museos de París. Volveremos á tratar de esta materia, al describir el Paradíseo esmeralda.

Unas aves que se suponían procedentes del cielo ó moradores del paraiso terrenal solo debieran alimentarse de rocío y de esencia, siendo de creer que su único sustento se lo suminístrase el agua condensada sobre las hojas ó los leves vapores que los rayos del sol disipan. Estas eran , al menos, las antiguas creencias populares. Bonlius, sin embargo, aunque menos crédulo, incurre en exageración llamándoles carniceras hasta el punto de decir que atacan y devoran á ciertas aves: así es que Sonnerat representa al Paradíseo llamado el Soberbio, sujetando con sus uñas una débil avecilla que intenta destrozar. Pero Htlvigio, viajero de la'compañía de las Indias holandesas fue el que, por primera vez se aproximó á la verdad diciendo que se alimentan de diversas frutas, particularmente de bayas de Waringa ó ficus benjaminas (Rump. lám. LV), y Linneo añade que buscan los Insectos, y sobre todo las grandes mariposas , aunque su pasto favorito consiste en especias, hasta tal punto, que al tiempo de la maduración de la nuez moscada, según se dice, los Paradíseos esmeraldas vuelan en bandadas numerosas como en Europa los Tordos, en la época de la vendimia. Por otra parte la amplitud de la comisura anuncia evidentemente que todas las Aves del Paraiso son glotonas, voraces y por consecuencia omnívoras.

Dejando á un lado todo lo maravilloso con que se ha querido embellecer el género de las Aves del Paraiso, cuanto sabemos acercado las costumbres de los Esmeraldas y Manucodiatas nos acredita, que su organización lleva consigo apetitos análogos, y que perteneciendo estas especias á una raza obesa é inmediata á la de los Cuervos, deben como ellos, ser omnívoras y participar tanto de sus gustos como de sus costumbres. Y en efecto es loque se observa: las Aves del Paraiso tanto apetecen las frutas como los Insectos, y con no menor ansiedad buscan las larvas y gusanos como las i yemas ó brotes de los árboles.

donde las mandíbulas están mas ó menos esrotadas. Las narices son básales, laterales y están mas aproximadas al borde que á la bóveda del medio pico superior. Las fosas nasales son anchas, ovaladas ó elípticas, y están cerradas por una membrana abierta de pluma» muy cortas y espesas que se incorporan á las de la frente. La abertura de las narices, que es muy estrecha , se ve practicada á la inmediación de las plumas aterciopeladas. La lengua es aguda, un poco recortada en sus bordes, y en su punta principalmente. Las alas largas, amplias y robustas, aunque obtusas sus remeras, y aunque poco, superan algún tanto á la rabadilla. Su cola es recta y mediana y la constituyen doce timoneras ligeramente redondeadas en su extremidad, excepto dos de ellas que, en algunos casos, se prolongan considerablemente en hebras membranosas, arqueadas y duras.

Sus piernas aparecen cubiertas de plumas hasta los tarsos que son grandes y robustos; el acrotarso está guarnecido de escamas largas y bastante anchas que se extienden sobre los dedos. El pulgar es vigoroso, un poco mayor que el dedo medio, y este último excede un poco en longitud , tanto al interno como al externo; todos están provistos de uñas comprimidas, muy robustas, ganchosas y excavadas por debajo. Por lo regular la longitud del tarso es un poco mayor que la del dedo medio, comprendida la uña ; y todas las plumas constan de barbas guarnecidas en sus bordes de bcrbillas extremadamente sutiles.

La librea de todas las aves de esta familia varia según los sexos y edades. Los machos en su traje nupcial son los que únicamente poseen los preciosos atavíos y ricas galas que, desde mucho tiempo atrás hicieron que fuesen justamente celebrados: no sucede otro tanto con las hembras que, desprovistas de tan brillantes atractivos, tienen un plumaje mate y nada luciente; además de esto, noostentan como los machos ni las delicadas hebras de la cola, ni las galanas plumas de los costados, ni la amplitud de su rico manto. Lo mismo sucede á los machos jóvenes que, en los tres primeros años de su vida se parecen á las hembras basta el punto de confundirse con ellas algunas veces, y no principian á ostentar las hebras de la cola, sino un año antes de cubrirse con la brillante vestidura otorgada á su sexo en la edad adulta.

Por demás enojoso seria el enunciar todas las opiniones emitidas acerca de las aves, cuya descripción nos ocupa. Sin embargo, cúmplenos decir que el charlatanismo y el deseo de aumentar la reputación de ellas, ya por sí mismas bastante lindas, han mantenido por mucho tiempo la idea errónea de que las Aves del Paraíso carecen de piernas; creencia vulgar que ha sancionado Linneo dando á la esmeralda el tribial nombre de Ápodo.

No obstante, ya en el año de 1521 dijo terminantemente Pigafetta (diario del primer viaje alrededor del mundo, traducción francesa, pág. 197) «nos regalaron , para el rey de España , dos hermosísimas aves muertas, del tamaño de un tordo, con la cabeza pequeña , el pico largo y las piernas del grueso de una pluma de escribir. Esta ave solo vuela cuando hace viento; se dice que viene del paraíso terrenal y se llama Volondinala , es decir, ave de Dios.»

Por último, el Museum Wornianum (edición en folio menor. Lion, lám. MDCXXXV, pág. 294) publicó mucho tiempo ha, una figura exacta grabada en madera, de un paradíseo esmeralda dibujado con sus pies.

Debe, asimismo notarse que el nombre de Manu-codiata, fue aplicado á esta especie, mientras que mas tarde se reservó de una manera exclusiva al pequeño Paradíseo llamado Rey de las aves del paraiso. Él Camaleón délos aires, Chamaleom oereum, es además el Paradíseo Esmeralda que Albande, Seba, Valentín , Forest, Sonnerat y Forster describen con numerusos detalles.

 

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