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Zoología. Aves. Página 315. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.



tres ó Plereoranfa, entro los Maineles y los Gálgulos, no lejos de los Cuervos y de las Picazas, Illiger, en su Prodromus admite el género Paradíseo en su décima cuarta familia, ó la de los Coráceos entre las Coracias y las Graculas. Mr. Cuvier eleva este género al rango de familia, después de los Gálgulos, en sus Passeres Conírostres.

Mr. Vieillot (1816) propuso introducir en el orden de los Silvanos, pertenecientes á la tribu de los Antrodáctilos, una décima cuarta familia ó parte de la de la Manicediata, entre los Canunculados, los Glacicopes y los Coráceos ó Cuervos. Mr. Temmick se contentó con fijar el sitio de esta familia, haciéndola figurar en el número de las aves omnívoras, entre ios Martines y los Esturnos. Mr. Latreill, en 1823 modificó ligeramente las ideas de Cuvier, y se limitó á clasificar las aves que nos ocupan en la familia de les Passeres Conirostris, después de los Mainates y antes de los Esturnos.

Podríamos hacer aun mas prolija la relación que acabamos de indicar, por lo que respeta á las diferentes alteraciones que el género Paradíseo ha experimentado en los métodos y sistemas de los ornitologistas ó polígrafos; pero seria infructuoso y de ningún resultado para el conocimiento íntimo de las aves que forman este grupo.

Efectivamente, desde Linneo las especies del género Paradíseo, por escaso que sea su número, han variado en las diversas obras según las ideas dominantes de los metodistas, y hasta el mismo Linneo habia introducido en el género ya mencionado volátiles que pertenecen á otras tribus, mientras que los autores modernos diseminaron en familias diferentes muchas aves que son verdaderos Paradíseos.

De tan estériles discusiones quedó un sensible vacío, surgió la incertidumbre y la arbitrariedad en la clasificacion, que hacen el estudio de esta rica y suntuosa familia tan difícil como incierto, y tan superficial como lleno de pormenores contradictorios.

Para aducir algunos ejemplos de las controversias que el género Paradisea ha originado, basta que indiquemos la sinonimia de ciertas especies: así, pues, el Paradíseo tristis ó el Martin de la isla de Francia, es según algunos una ave del Paraíso; para Lathain un Grácula; un Pastor para Temmick, y un tendoteres para Vieillot. Es, en efecto un Pastor y no un Paradíseo. El Calybeo ó Paradisea viridis de Gmelin es para Latinen el Paradíseo calibeo; Paradisea chalybea; y los autores modernos nacen de él un Casican Varita ó Cracticus, aunque debe ser distinguido de los verdaderos Casicanes, y pertenece á nuestro género Fonigamo, el mismo á que, después de nosotros, Mr. Cuvier díó el nomine de Calyheo.

Las aves que Latham llama Paradisea negra y Cucoptera parecen ser de individuos de la Picaza del Paraíso, del que ha hecho un Mirlo Mr. Cuvier, y describen algunos autores con los Esturnos, bajo el nombre de Lamprotornis guiaris, aunque esta Picaza del Paraíso no tenga ningún carácter peculiar á los Esturnos. Mr. Vieillot ha constituido de ellos, con sobrado fundamento, el género Astrapia, considerado por algunos como si debiese formar parte integrante del género Corvus, y separado por los autores á cierta distancia de los Paradíseos, lo que es un error, á nuestro modo de ver. El Paradisea áurea de Latham, es para Linneo y Gmelin, la Oropéndola dorada, Ortolus áurea, y esta opinión es la de Mr. Temmick.

Sin embargo, cuando se examinan todos los caracteres de esta ave, se echa de ver una perfecta identidad con la Oropéndola príncipe-regente de Quoy, tipo del genero Sericular, sericulos, de Mr. Swainsson; porque la forma del pico, la longitud de los tarsos, las proporciones de las alas y de la cola, la naturaleza aterciopelada del plumaje y la membrana velluda de las narices, solo pueden autorizar á los observadores superficiales para reunir estas dos aves con las Oropéndolas, de que toda su economía los aparta. Por ultimo, el Paridiseo alba de Gmelin y de Latham de que Vieillot y Shaw han hecho su Paradíseo nigricans y Levaillant diseñó con el nombre de JVeftulon, mirado por muchos autores como una ave ficticia, no puede sin embargo, clasificarse en la familia de los Paradíseos porque pertenece al género Falcinela de Vieillot, en la de los Epimacos. El MuUtfil es en efecto una ave tipo que juntamente con los Pliloris, establece una conexión íntima entre la familia de las aves del Paraíso y la de los Epimacos: sirvió para diseñar teniéndola á la vista el Nebulo ya citado.

El nombre de Paradíseo, propuesto por Mr. Dumeríll en su Zoología analítica, como traducción literal de la voz paradisaa, adoptada por Linneo y sus continuadores, debió ser preferido al de paraíso que Mr. de Lacepede fue el primero en intentar que prevaleciera, en vez de Ave del Paraíso, denominación introducida en el lenguaje vulgar.

Guiado Mr. Vieillot por la analogía de formas exteriores, desmembró en el nuevo diccionario de Historia natural el antiguo género (Paradiscea), y propuso nuevas divisiones con los nomhres de Samaba, (Parodista) Manucodiata sicinnorus, LofnrinofLo/i/ion'na) y Silileto (Disifileto.) Pero estas distinciones, como esperamos probarlo, ni son suficientes, ni bastante características.

Resulta de todo esto tal divergencia en opiniones de los ornitologistas, que seria muy prolijo el inquirir de ello las causas. Debe suponerse que, estudiadas casi siempre estas aves con presencia de sus despojos alterados y mutilados, no han podido recibir diagnosis completamente exactas y por consecuencia sus erróneas descripciones, se han prestado á todas las ideas de clasificación que han querido proponer diversos autores.

Aunque la incertidumbre, que data desde el tiempo de Linneo, subsiste aun, por lo que respecta á ciertas especies, bien se deja ver que los detalles recogidos en punto á las costumbres y la organización de la mayor parte de ellas, deben permitir el determinar sus caracteres zoológicos distinguiéndolos con precisión de los que pertenecen á las demás aves.

Cuando las Aves del Paraíso ó los Paradíseos se consideran de una manera general, presentan las particularidades siguientes: su talla varia desde la de un grajo, hasta las proporciones de una alondra: su plumaje es notable, no solo por la brillantez de los vivos colores que ostenta, sino también por la elegancia sin igual de su combinación y formas. En general, las plumas de la frente y garganta y las que cubren la membrana de las narices, son mas ó menos cortas, apretadas y de una naturaleza vellosa, imitando por su flexibilidad y suavidad á un tejido de terciopelo. Las plumas de los costados se prolongan en penachos delicados y frágiles, ó se redondean para constituir á modo de preciosas gemmas que fulguran en su extremidad; á veces el mantó es extenso, y otras la garganta, bajo la incidencia de los rayos lumínicos, recrea la vista con suaves cambiantes al modo de una esmeralda, ó se cubre de láminas de oro; al paso que varias hebras diversiformes nacen en la cola; y por último, hay veces en que este plumaje es sencillo y uniformemente aterciopelado y no obstante siempre se le distingue por cierta flexibilidad en las plumas que se nota, por regla general, en todas las aves de esta familia.

La cabeza es de mediana magnitud, carece de moño y alrededor de los ojos ninguna parte tiene desnuda; el pico sólido y aproximadamente de la longitud de la cabeza, ó algo menos. Por lo regular este órgano está comprimido en los costados presentándose su arista ligeramente corva y menos ancho que alto. Sus bordes son rectos y enteros, excepto la punta

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