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Zoología. Aves. Página 298. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.


ninguna otra ave, Indispensablemente debe ser muy sensible, si puede darse crédito á lo que dice Plutarco, que se han visto algunos cuervos caerse atolondrados por los gritos de una multitud numerosa y agitada por algún grande movimiento.

El esófago se dilata por la parte en que está unido con el ventrículo, y forma con su dilatación una especie de buche, que no dejó de observar Aristóteles. La cara interior del ventrículo está surcada de rugosidades; la vegiguilla de la orina es muy grande y está adherida á los intestinos. Redi halló gusanos en la cavidad de su abdomen. La longitud del tubo intestinal es con poca diferencia doble que la del ave, tomada desde la punta del pico hasta la extremidad de las uñas es decir, que es media entre la de los intestinos de los Carnívoros y de los Granívoros, como corresponde á una ave que come carne y frutos (1].

El apetito del Cuervo, que se extiende á toda clase de alimentos, redunda muchas veces en perjuicio suyo por la facilidad con que los pajareros encuentran cebo á propósito para cogerlos. El polvo de la nuez vómica, que es un veneno para gran número de aves y de cuadrúpedos, lo es también para el Cuervo, pues le emborracha y hace caer desde luego en el suelo; y debe aprovecharse el momento favorable, porque aquella embriaguez es á veces de corta duración, y vuelve á adquirir bastante fuerza para ir á acabar su vida sobre una roca. Se les coge también con muchas clases de redes y de lazos y aun con reclamos, como á los pajarillos; porque, como estos, tiene grande antipatía al Buho, y no ve nunca á esta ave ó al Mochuelo sin que dé un fuerte grito. Se dice que está también en guerra con el Milano, con el Buitre y con la Garza de mar; pero esto no es mas que el efecto de la antipatía necesaria que existe entre los animales Carniceros, enemigos natos de los débiles que pueden llegar á ser presa suya, y de los fuertes que pueden disputársela.

Los Cuervos andan y no saltan nunca. Tienen, como todas las aves de Rapiña, las alas largas y fuertes (de cerca de cuatro pies de punta á punta), compuestas de veinte plumas, de las cuales las dos ó tres primeras son mas cortas que la cuarta que es la mas larga, y las medianas presentan la particularidad de que su costilla se prolonga mas allá de las barbas y termina en punta. La cola tiene doce plumas de cerca de diez pulgadas, aunque algo desiguales, pues las dos del medio son las mas largas, siguiendo luego las dos mas inmediatas, de modo que el remate, de la cola parece un poco redondeado sobre su plano horizontal, á lo que llamaré en adelante cola cuneiforme.

De la longitud de las alas puede deducirse casi siempre la elevación del vuelo; de modo que los Cuervos lo tienen, según hemos dicho, muy elevado, y no es raro que en tiempo de nubarrones y tempestades se les haya visto atravesar los aires con el pico ardiendo en vivo fuego. Este fuego no es otra cosa sin duda que el de los relámpagos, es decir, un penacho luminoso formado en la punta de su pico por la materia eléctrica, que como nadie ignora, en tiempo borrascoso, llena la región superior de la atmósfera. Ocúrrenos en este momento que quizás una observación de esta especie ha hecho dar al Águila el título Acconáuctra de los rayos, pues ciertamente son pocas las fábulas que no estén fundadas en la verdad.

De la elevación del vuelo de los Cuervos, y de la facilidad con que se alimentan en cualquier parte, se

«Los cuervecillos nacen muy pronto, y en el mes de mayo salen ya del nido. En unas rocas que hay delante de mi ventana, nacia todos los años una familia: los pequeñuelos, en número de cuatro ó cinco, se colocaban en gruesos pedruscos á regular altura, en donde era fácil verlos, y por otra parte se les podia oir por su piar continuo. Cuando el padre ó la madre les traia que comer, que era muchas veces al dia, los llamaba con el grilo de crau, crau, muy distinto de su pió. Algunas veces no habia mas que uno que se echase á volar, y después de una ligera prueba de sus fuerzas, volvía á posarse sobre la roca, donde quedaba siempre alguno; y si estaba solo, piaba sin cesar. Cuando tenian las alas bastante fuertes para volar, que era á los quince dias de su salida del nido, el padre y la madre los llevaban consigo todas las mañanas, y los volvían á las cinco ó las seis de la larde, pasando el resto de ella en intolerable algazara. Este sistema duraba todo el verano, lo que da á entender que los Cuervos no hacen mas que una puesta cada año.»

Gessner ha mantenido cuervos jóvenes con carnes cocidas, pececillos y pan mojado en agua. Gustan muchísimo de las guindas, y las comen con avidez con rabo y hueso; pero no digieren mas que la pulpa, y dos horas después vomitan los rabos y los huesos. También se dice que arrojan los huesos de los animales que han comido junto con la carne, del mismo modo que el Cernícalo, las aves de Rapiña nocturnas y las aves Pescadoras vomitan las partes duras e indigestas de los animales y peces que han devorado. Plinio dice que los Cuervos están sujetos á padecer todos los veranos una enfermedad periódica de sesenta dias, cuyo principal síntoma, según él, es la sed; pero yo supongo que esta enfermedad no es otra cosa que la muda, la cual es mas lenta en los Cuervos que en muchas otras aves de Rapiña.

Ningún observador, al menos que yo sepa, ha determinado la edad en que los cuervos jóvenes, que recibieron ya la mayor parte de su incremento, pueden considerase como adultos y en estado de reproducirse: y si en las aves estuviese proporcionado cada período de la vida á su duración total, como sucede en los Cuadrúpedos, podria sospecharse que los Cuervos no son adultos hasta que tienen ya bastantes años; pues aunque hay mucho que decir acerca de la larga vida que les señala Hesiodo, sin embargo, parece cosa averiguada que esta ave vive un siglo, y aun mas. En muchas partes de Francia se han visto algunos de esta edad, y en todos los paises y tiempos ha pasado por ave muy vividora; pero la edad adulta en esta especie está muy distante de retardarse proporcionalmente á la duración de la vida; porque al fin de la primera edad, cuando toda la familia vuela junta, es ya difícil distinguir par su talla á los viejos de los jóvenes, los cuales probablemente pueden ya reproducirse al segundo año.

Dijimos que los Cuervos no nacen negros, y ahora añadimos que tampoco tienen este color cuando mueren, esto es, cuando mueren de puro viejos; pues en este caso su pluma se va volviendo amarilla por falta de nutrimento. A pesar de lo dicho, no debe creerse que esta ave sea jamás enteramente negra sin mezcla alguna de otra tinta pues la naturaleza no presenta jamás semejante uniformidad absoluta. El color negro que domina en esta ave parece mezclado con violeta en la parte superior del cuerpo, con ceniciento en la garganta, y con verde en la parte inferior del cuerpo, sobre, las rectrices, y sobre las mayores remeras. Solo los piés, las uñas y el pico son absolutamente negros; y el negro del pico parece penetrar hasta la lengua, como el de las plumas hasta la carne, que presenta una tinta bastante fuerte. La lengua es cilindrica en su nacimiento, aplanada y ahorquillada en su extremidad y erizada de pequeñas puntas en los bordes. El órgano del oido le tiene quizá mas complicado que

(1) Un observador fidedigno me ha asegurado haber visto la operación de un cuervo que se elevó mas de veinte veces á la altura de unos noventa pies, para dejar caer desde allí una nuez, que cada una de estas veces habia recogido con el pico; pero no pudo romperla, porque siempre la dejaba caer sobre tierra cultivada.

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