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Zoología. Aves. Página 296. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



la manía de prever los sucesos futuros, aun los mas tristes, es antigua enfermedad del género humano. Por esto se dedicaban á estudiar todas sus acciones, todas las circunstancias de su vuelo, las diferencias de su voz, de la cual sin hablar de otras mas linas, habían llegado á contar sesenta y cuatro indexiones distintas, que cada una tenia su significado propio, según el parecer de los charlatanes que daban su inteligencia, y de las gentes sencillas que los creveron. El mismo Plinio, que no era charlatán ni supersticioso, pero que trabajó muchas veces fiándose en memorias de poco mérito, tuvo particular cuidado en indicar cual es entre todas las voces del Cuervo la de mas fatal agüero, y algunos han llevado su locura hasta el extremo de comer el corazón y las entrañas de esta ave, con la esperanza de adquirir por este medio su don de profecía.

No solamente tiene el Cuervo un gran número de inflexiones de voz que corresponden á otras tantas afecciones internas , sino que posee el arte de imitar el grito de otros animales, y aun la palabra del hombre ; de modo que se ha tratado de cortarle el frenillo para perfeccionar esta disposición natural. Colas es la voz que pronuncia con mas facilidad; y Escaligero oyó á uno que cuando tenia hambre llamaba claramente al cocinero de la casa cuyo nombre era Conrado. Estas voces tienen realmente alguna analogía con el grito del Cuervo, el cual no solo aprende á repetir las palabras del hombre, sino que se pone muy manso, y aun parece susceptible de cobrar afición duradera á alguna persona de la casa (f). Todas estas cualidades le hicieron muy apreciable en la antigua Roma, uno de cuyos filósofos no se ha desdeñado de contarnos con bastante minuciosidad toda la historia de un cuervo.

Por esta misma flexibilidad de su índole aprende el Cuervo, no solo á abstenerse de su voracidad , sino á arreglarla, empleándola en servicios del hombre. Plinio habla de cierto cratero de Asia que cobró gran fama por su habilidad en adiestarlos para la caza, y que sabia hacerse seguir hasta de los cuervos silvestres. Escaligero dice que el rey Luis (que probablemente seria Luis XII) tenia uno enseñado de este modo, del cual se servia en la caza de Perdices. Alberto habia visto en Ñapóles otro que cogia Perdices y Faisanes, y aun otros Cuervos; pero para cazar aves de su misma especie, era preciso que se viese hostigado y aun forzado por la presencia del halconero. Finalmente , parece que se ha llegado á enseñar al Cuervo el arte de defender á su amo, y de ayudarle contra sus enemigos con cierto conocimiento y por medio de actos combinados, al menos si es justo creer lo que nos relie-re Aulo Gelio del cuervo de Valerio.

Añadamos á cuanto llevamos dicho que el Cuervo, parece tener un olfato muy fino para descubrir desde lejos los cadáveres. Tucídidesles atribuye un instinto bastante seguro para abstenerse de comer los cadáveres de los animales que han muerto de peste; pero es preciso convenir en que este supuesto discernimiento queda algunas veces desmentido, puesto que come cosas que le son perjudiciales, según veremos mas adelante. También se atribuye á una de estas aves la singular industria de atraer hasta su alcance el agua que habia visto en el fondo de un vaso muy estrecho, dejando caer dentro de él y de una en una , algunas piedrecillas que, amontonándose en su fondo, hicieren subir insensiblemente el agua , y la pusieron en estado de que él pudiera bebería. Esta sed, si el hecho

(1) Es una prueba de esto el cuervo domesticado de que habla Schwenekfeld. el cual, habiéndose extraviado siguiendo á algunos cuervos silvestres, y no acertando después con el lugar de su morada, reconoció con el tiempo en una carretera al hombre que solia darle la comida, se cernió algún rato sobre él, graznando como para acariciarle, bajó a ponerse sobre su mano, y ya nunca mas le dejó.

diferente de dichas aves por su tamaño, costumbres y hábitos, para aplicarle una denominación distintiva, y sobre todo para conservarle su antiguo nombre.

Sin embargo de que el Cuervo ha sido famoso en todos tiempos, su reputación es mas mala, que general el ave, quizás porque ha sido confundida con otras, y se la ha echado todo lo malo que se nota en muchas especies, considerándolo como el último entre las aves de Rapiña, y como uno de los animales mas cobardes y asquerosos. Los muladares infectos y las carroñas corrompidas, son la base de su alimento; y si se sacia con la carne que aun tiene vida, es con la de los animales débiles como la de los corderos, los lebratillos, etc. Se dice que algunas veces ataca á los animales grandes, y supliendo la fuerza que le falta con la agilidad y el ardid, se agarra tenazmente sobre la espalda de los Búfalos y los va royendo poco á poco después de haberles vaciado los ojos. Lo que haría mas odiosa esta fiereza es que en el Cuervo no seria efecto de la necesidad, sino de un apetito por la carne y la sangre, tanto mas, cuanto que puede sustentarse con toda clase de frutas, de granos, de insectos y aun de peces muertos, y que ningún otro animal merece mejor que él la denominación de Omnívoro.

Semejantes violencias, y la universalidad de su apetito ó mas bien de voracidad, ha sido causa de que unas veces se le proscribiera como animal destructor y dañino, y de que otras le protegieran las leyes como útil y bienhechor. En efecto, un huésped que consume tanto, no puede servir mas que de carga á un pueblo pobre ó poco numeroso; en vez de que debe ser apreciable en un país muy rico y bien poblado, porque consume las inmundicias de toda especie en que suele rebosar un país de estas circunstancias. No pudieron ser otras las razones, porque, según Belon, estuvo prohibido en Inglaterra el hacerles el menor daño, y por qué en la isla de Feroé y en la de Malta se puso á precio su cabeza.

Si á las cualidades con que acabamos de representar al Cuervo, se añade el plumaje lúgubre y el grito mas lúgubre todavía, aunque débil con relación á su volumen, su continente vil, su mirar feroz y todo su cuerpo exhalando infecciones, no extrañaremos sin duda que casi en todos tiempos haya sido mirado como un objeto de horror y de disgusto. Los judíos no podían comer su carne; los salvajes tampoco la aprecian, y entre nosotros la gente mas miserable no hace uso de ella sino con repugnancia y después de haberle quitado la piel, que es muy correosa. En todas partes se les tiene por aves de mal agüero, que solo anuncian el porvenir cuando ha de ser desgraciado. Autores muy graves han llegado ha publicar la relación de batallas acaecidas entre ejércitos de Cuervos, y á señalar estos combates como augurio de guerras crueles, que se han encendido poco después entre las naciones. ¡Cuántas personas tiemblan y se inquietan, aun en el dia, al solo rumor de sus graznidos! ¡ Sin embargo, toda la ciencia de estas aves con respecto al porvenir se reduce, como la de los demás moradores del aire, á conocer mejor que nosotros el elemento en que habitan, á ser mas sensibles á cualquiera de sus mas leves impresiones, á presentir sus mas pequeños cambios y á anunciarlos con ciertos gritos y acciones, que son ellas los efectos naturales de estas mudanzas. En las provincias meridionales de Suecia, dice Linneo, cuando el cielo está sereno vuelan los Cuervos muy alto, prorumpiendo en cierto grito que se oye desde muy lejos. Los autores de la Zoología británica añaden que en tales circunstancias vuelan generalmente por parejas. Otros menos ilustrados han hecho observaciones mas ó menos mezcladas con fábulas y supersticiones.

En el tiempo en que los arúspices tenían gran parte en la religión, los Cuervos, aunque malos profetas, no podían dejar de scr aves muy interesantes, porque.

 

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