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los hijos, y el calor lo acelera : también sucede muchas veces que la primera incubación que se acierta en el mes de abril, dura en vez de trece dias trece y medio ó catorce, si el aire es entonces mas frió que templado; y al contrario, en la tercera que suele ser en los calores de julio ó agosto, sucede algunas veces que los polluelos salen del huevo á los doce dias y medio y aun á los doce. Es muy útil separar los huevos malos de los buenos; pero para reconocerlos con seguridad es preciso esperar que hayan sido empollados ocho ó nueve dias : entonces se cogen por las dos puntas con el preciso cuidado para no quebrarlos; se les mira á través de la luz del sol ó de una vela, y se arrojan los que están hueros, que no harían mas que fatigar inútilmente á la hembra. Escogiendo de esta manera los huevos hueros, muchas veces tres nidadas se pueden reducir á dos, dejando libre á la tercera hembra, que pronto trabajará para otra cria. Recomiendan mucho a los pajareros que se quiten los huevos á la hembra a medida que los va poniendo, sustituyéndole otros de marfil con el objeto de que todos nazcan á la vez, esperando el último huevo para volverle á la hembra los suyos y quitarle los de marfil. Por lo común el momento de la puesta es á las seis ó á las siete de la mañana, y se supone que cuando se retarda una sola hora es porque la hembra está mala. La puesta se hace sucesivamente de esta manera. Es provechoso, pues, sacar los huevos á medida que son producidos. Sin embargo, esta práctica, mas bien relativa á la comodidad del hombre que á la del pájaro, es contraria al proceder de la naturaleza, hace sufrir á la madre mayor pérdida de calor, y la sobrecarga de repente, con cinco ó seis hijos, que naciendo todos á la vez la inquietan mas que no la complacen, mientras que viéndolos salir sucesivamente uno tras otro, sus placeres se multiplican y sostienen sus fuerzas y su valor: así es que algunos pajareros muy inteligentes me han asegurado que no quitando los huevos a la hembra, y dejándolos nacer progresivamente, habian obtenido mejores resultados que con la sustitución de los huevos de marfil.

Ademas, nosotros debemos decir que las prácticas muy exquisitas y los escrupulosos cuidados que nuestros escritores aconsejan en la educación de estos pájaros son mas dañosos que útiles; y concluimos con que conviene, en cuanto es posible, acercarse á la naturaleza. En su país natal los Canarios permanecen en las orillas de los riachuelos y de las torrenteras húmedas: es pues indispensable que no les falte agua para beber y para bañarse. Como son originarios de un clima muy suave, es preciso ponerlos al abrigo del rigor del invierno : parece que estando ya aclimatados desde muy antiguo en Francia se han acostumbrado al frío de nuestro país, puesto que se les puede conservar en un cuarto sin lumbre y sin necesidad de que baya vidrieras en la ventana, en la cual bastará un enrejado para impedir que se escapen : conozco muchos pajareros que me han asegurado que acostumbrándoles así se pierden mucho menos, que cuando se les tiene en cuartos calentados artificialmente.

Lo mismo sucede con el alimento, que quizás podría hacerse mucho mas sencillo sin que perdiesen en ello. El cuidado que parece mas indispensable que otro cualquiera, es no apresurar nunca el tiempo de la primera cria. Generalmente se permite á estos pájaros que se unan hacia el veinte ó veinte y cinco de marzo, y seria mejor esperar al doce ó quince de abril: porque entonces se les pone juntos en un tiempo todavía frió, y muchas veces se disgustan mutuamente: y si por casualidad las hembras hacen huevos, los abandonan, á menos que la estación se haga mas calurosa, con lo cual se pierde una cria entera por el ansia de tenerla antes.

Los canarios jóvenes son diferentes de los viejos, tanto por los colores del plumaje como por algunos otros caracteres. «Un canario joven observado en 13 de setiembre de 1772, tenia la cabeza, el cuello, el dorso y las pennas de las alas negruzcas; exceptuando las cuatro primeras del ala izquierda, y las seis primeras de la derecha que eran blanquecinas; el obispillo, las coberteras de las alas, la colaque aun no estaba enteramente formada, y la parte inferior del cuerpo era también de color blanquecino; y en el vienlre aun no habia plumas desde el esternón hasta el ano. Este pájaro joven tenia la mandíbula inferior entrante en la superior, que era bastante gruesa y algo corva.» A medida que el pájaro aumenta de edad, distingüese á los viejos de los jóvenes por la fuerza, color y canto : aquellos tienen constantemente los colores mas subidos y mas Vivos que estos; sus patas son mas toscas, y tiran á negro si son de la raza gris: tienen también las uñas mas rectas y largas. La hembra muchas veces se parece tanto al macho, que á la primera ojeada es difícil distinguirlos: sin embargo, el macho tiene siempre los colores mas fuertes que ella: la cabeza, algo mas gruesa y larga; las sienes de un amarillo mas anaranjado ; y debajo del pico una especie de llama amarilla que baja mas que en el pico de la hembra: tiene también las piernas mas largas, y empieza á gorgearcasi luego que se toma la comida. Es cierto que hay hembras que en la primera edad gorgean tan fuerte como los machos; pero reuniendo esos diferentes indicios se podrán distinguir, aun antes de la primera muda, los Canarios machos y los hembras.

Después de este tiempo desaparecen las incerti-dumbres; porque con el canto empiezan los machos á declarar su sexo.

Toda la expresión súbita de la voz es en los animales un indicio vivo de pasión, y como el amor es entre todas las emociones internas la que les conmueve con mas frecuencia y mas poderosamente les enajena, no dejan de manifestar su ardor. Las Aves con su canto, al Toro con el mugido, el Caballo con el relincho, el Oso con su estrepitoso murmullo, anuncian todos un mismo y solo deseo. El ardor de este no es ni con mucho tan grande ni tan vivo en la hembra como en el macho : así rara vez lo expresa con la voz, y la de la canaria á lo mas no'es otra cosa que un tonecillo de cierta satisfacción, una señal de consentimiento que no se le escapa hasta después de haber escuchado mucho tiempo y después de haberse dejado seducir por el ardiente ruego del macho, que se esfuerza en excitar en ella ardientes deseos trasmitiéndole los suyos. Sin embargo, esta hembra tiene como todas las otras grande necesidad de usar del amor desde el momento en que ha sido estimulada; pues enferma y muere cuando por la separación no puede satislacer sus deseos el que supo excitarlos.

Es raro que los canarios criados en aposento enfermen anles de la puesta : solamente hay algunos machos que se exceden, y mueren de extenuación. Si la hembra enferma durante la incubación, es preciso quitarle los huevos y dárselos a otra; porque aunque se restableciese prontamente, ya no querría cuidarlos. El primer síntoma de la enfermedad, sobre todo en el macho, es la tristeza : desde el momento en que se echa de menos su ordinaria alegría, es menester ponerlo solo en una jaula y colocarlo al sol en el aposento en que está su hembra. Si se pone abotargado, se mirará si tiene un grano debajo de la cola; cuando este grano está maduro y blanco, el mismo pájaro muchas veces lo taladra con el pico; pero si la supuración tarda mucho, se le podra abrir con una aguja gruesa , y en seguida lavarle la herida con saliva, sin mezclar sal, que la haria demasiado picante, y la llaga seria doloroso. Al siguiente se soltará el pájaro enfermo, y por su continente y conducta con la hembra

 

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