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Zoología. Aves. Página 269. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.



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los hijos, y el calor lo acelera : tambin sucede muchas veces que la primera incubacin que se acierta en el mes de abril, dura en vez de trece dias trece y medio catorce, si el aire es entonces mas fri que templado; y al contrario, en la tercera que suele ser en los calores de julio agosto, sucede algunas veces que los polluelos salen del huevo los doce dias y medio y aun los doce. Es muy til separar los huevos malos de los buenos; pero para reconocerlos con seguridad es preciso esperar que hayan sido empollados ocho nueve dias : entonces se cogen por las dos puntas con el preciso cuidado para no quebrarlos; se les mira travs de la luz del sol de una vela, y se arrojan los que estn hueros, que no haran mas que fatigar intilmente la hembra. Escogiendo de esta manera los huevos hueros, muchas veces tres nidadas se pueden reducir dos, dejando libre la tercera hembra, que pronto trabajar para otra cria. Recomiendan mucho a los pajareros que se quiten los huevos la hembra a medida que los va poniendo, sustituyndole otros de marfil con el objeto de que todos nazcan la vez, esperando el ltimo huevo para volverle la hembra los suyos y quitarle los de marfil. Por lo comn el momento de la puesta es las seis las siete de la maana, y se supone que cuando se retarda una sola hora es porque la hembra est mala. La puesta se hace sucesivamente de esta manera. Es provechoso, pues, sacar los huevos medida que son producidos. Sin embargo, esta prctica, mas bien relativa la comodidad del hombre que la del pjaro, es contraria al proceder de la naturaleza, hace sufrir la madre mayor prdida de calor, y la sobrecarga de repente, con cinco seis hijos, que naciendo todos la vez la inquietan mas que no la complacen, mientras que vindolos salir sucesivamente uno tras otro, sus placeres se multiplican y sostienen sus fuerzas y su valor: as es que algunos pajareros muy inteligentes me han asegurado que no quitando los huevos a la hembra, y dejndolos nacer progresivamente, habian obtenido mejores resultados que con la sustitucin de los huevos de marfil.

Ademas, nosotros debemos decir que las prcticas muy exquisitas y los escrupulosos cuidados que nuestros escritores aconsejan en la educacin de estos pjaros son mas daosos que tiles; y concluimos con que conviene, en cuanto es posible, acercarse la naturaleza. En su pas natal los Canarios permanecen en las orillas de los riachuelos y de las torrenteras hmedas: es pues indispensable que no les falte agua para beber y para baarse. Como son originarios de un clima muy suave, es preciso ponerlos al abrigo del rigor del invierno : parece que estando ya aclimatados desde muy antiguo en Francia se han acostumbrado al fro de nuestro pas, puesto que se les puede conservar en un cuarto sin lumbre y sin necesidad de que baya vidrieras en la ventana, en la cual bastar un enrejado para impedir que se escapen : conozco muchos pajareros que me han asegurado que acostumbrndoles as se pierden mucho menos, que cuando se les tiene en cuartos calentados artificialmente.

Lo mismo sucede con el alimento, que quizs podra hacerse mucho mas sencillo sin que perdiesen en ello. El cuidado que parece mas indispensable que otro cualquiera, es no apresurar nunca el tiempo de la primera cria. Generalmente se permite estos pjaros que se unan hacia el veinte veinte y cinco de marzo, y seria mejor esperar al doce quince de abril: porque entonces se les pone juntos en un tiempo todava fri, y muchas veces se disgustan mutuamente: y si por casualidad las hembras hacen huevos, los abandonan, menos que la estacin se haga mas calurosa, con lo cual se pierde una cria entera por el ansia de tenerla antes.

Los canarios jvenes son diferentes de los viejos, tanto por los colores del plumaje como por algunos otros caracteres. Un canario joven observado en 13 de setiembre de 1772, tenia la cabeza, el cuello, el dorso y las pennas de las alas negruzcas; exceptuando las cuatro primeras del ala izquierda, y las seis primeras de la derecha que eran blanquecinas; el obispillo, las coberteras de las alas, la colaque aun no estaba enteramente formada, y la parte inferior del cuerpo era tambin de color blanquecino; y en el vienlre aun no habia plumas desde el esternn hasta el ano. Este pjaro joven tenia la mandbula inferior entrante en la superior, que era bastante gruesa y algo corva. A medida que el pjaro aumenta de edad, distingese los viejos de los jvenes por la fuerza, color y canto : aquellos tienen constantemente los colores mas subidos y mas Vivos que estos; sus patas son mas toscas, y tiran negro si son de la raza gris: tienen tambin las uas mas rectas y largas. La hembra muchas veces se parece tanto al macho, que la primera ojeada es difcil distinguirlos: sin embargo, el macho tiene siempre los colores mas fuertes que ella: la cabeza, algo mas gruesa y larga; las sienes de un amarillo mas anaranjado ; y debajo del pico una especie de llama amarilla que baja mas que en el pico de la hembra: tiene tambin las piernas mas largas, y empieza gorgearcasi luego que se toma la comida. Es cierto que hay hembras que en la primera edad gorgean tan fuerte como los machos; pero reuniendo esos diferentes indicios se podrn distinguir, aun antes de la primera muda, los Canarios machos y los hembras.

Despus de este tiempo desaparecen las incerti-dumbres; porque con el canto empiezan los machos declarar su sexo.

Toda la expresin sbita de la voz es en los animales un indicio vivo de pasin, y como el amor es entre todas las emociones internas la que les conmueve con mas frecuencia y mas poderosamente les enajena, no dejan de manifestar su ardor. Las Aves con su canto, al Toro con el mugido, el Caballo con el relincho, el Oso con su estrepitoso murmullo, anuncian todos un mismo y solo deseo. El ardor de este no es ni con mucho tan grande ni tan vivo en la hembra como en el macho : as rara vez lo expresa con la voz, y la de la canaria lo mas no'es otra cosa que un tonecillo de cierta satisfaccin, una seal de consentimiento que no se le escapa hasta despus de haber escuchado mucho tiempo y despus de haberse dejado seducir por el ardiente ruego del macho, que se esfuerza en excitar en ella ardientes deseos trasmitindole los suyos. Sin embargo, esta hembra tiene como todas las otras grande necesidad de usar del amor desde el momento en que ha sido estimulada; pues enferma y muere cuando por la separacin no puede satislacer sus deseos el que supo excitarlos.

Es raro que los canarios criados en aposento enfermen anles de la puesta : solamente hay algunos machos que se exceden, y mueren de extenuacin. Si la hembra enferma durante la incubacin, es preciso quitarle los huevos y drselos a otra; porque aunque se restableciese prontamente, ya no querra cuidarlos. El primer sntoma de la enfermedad, sobre todo en el macho, es la tristeza : desde el momento en que se echa de menos su ordinaria alegra, es menester ponerlo solo en una jaula y colocarlo al sol en el aposento en que est su hembra. Si se pone abotargado, se mirar si tiene un grano debajo de la cola; cuando este grano est maduro y blanco, el mismo pjaro muchas veces lo taladra con el pico; pero si la supuracin tarda mucho, se le podra abrir con una aguja gruesa , y en seguida lavarle la herida con saliva, sin mezclar sal, que la haria demasiado picante, y la llaga seria doloroso. Al siguiente se soltar el pjaro enfermo, y por su continente y conducta con la hembra

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