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Zoología. Aves. Página 203. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



ciones modernas parecían también confirmarla; y si la cosa hubiese quedado en tal punto, bastaría limitarla |iara lia'--ila vorósixiil : pero un obispo de Lp-al llamado Olao-Magno, y un jesuíta llamado Kircner, encareciendo lo que Aristoteles habia ya harto generalmente producido, pretendieron que en los paises septentrionales los pescadores cogían muchas veces en sus redes, junto con el Pez, grupos de Golondrinas amontonadas, que estaban asidas unas de otras pico con pico, pié con pié, y alas con alas, que puestas en estufas se reanimaban pronto, pero para morir poco después; y que solo conservaban la vida después de su largo sueño las que, sintiendo á su liempo la influencia de la primavera, animábanse insensiblemente, subían poco á poco desde el fondo del lago á la superficie del agua, volviéndolas por fin gradualmente la naturaleza misma á su verdadero elemento. Este hecho, ó mas bien tal aserción, ha sido repetida, hermoseada, cargada de circunstancias mas ó menos extraordinarias, y aun, cual si faltase allí lo maravilloso, base añadido que á principio del otoño corrían ellas en bandadas á tirarse á los pozos y cisternas. No negaré que un sin número de escritores y otros sugetos recomendables por su, carácter ó estado han creído esle fenómeno: el mismo Linrféb juzgó deber darle una especie de sanción , apoyándole con toda la autoridad de su voto, aunque solo lo liuiilú á las Golondrinas de ventana y chimenea , en lugar de referirlo únicamente á las de ribera, como parecía mas natural. Es por otra parte igualmente considerable el número de los naturalistas que no lo creen; de suerte que si se tratase solo de contar las opiniones, ya equilibrarían fácilmente el número dé los que lo afirman, aunque sus pruebas son mas convincentes que las de los últimos. No ignoro ser algunas veces indiscreto querer juzgar un hecho particular por lo que llamamos leyes generales de la naturaleza, que no siendo mas que un resultado de los hechos, no merecen su nombre sino en cuanto se conforman con todos ellos; pero estoy muy lejos de mirar como un hecho la mansión de las Golondrinas bajo las aguas, fundándome en estas razones.

El mayor número de los que atestiguan el hecho, principalmente Hevelío y Schajffcr, encargados de su examen por la Sociedad Real de Londres , no hablan mas que de oídas y de una tradición sospechosa á la que pudo dar margen el dicho de Olao, ó que ya empezó á correr en su tiempo, y fue el principal fundamento de su opinión. Los mismos que se llaman testigos de vista, como Ettmuler, Walerio y algunos otros, no hacen mas que repetir las palabras de Olao, sin hacer propia la observación por ninguno de los detalles que merecen la confianza y hacen probable el hecho.

Si fuese cierto que todas las Golondrinas de un país habitado se hundiesen en el agua ó en el lodo cada año en el mes de octubre y saliesen en el mes de abril, frecuentemente hubiera podido observárseles, ya en el momento de su inmersión, ya en el roas interesante, aun de su emersión, ya mientras su largo entorpecimiento bajo las aguas. Estos serian otros tantos hechos notorios, vistos y revistos por innumerables personas de toda edad, cazadores y pescadores, labradores y viajeros , pastores y marineros , etc. y de que ya no podria dudarse. En ninguna manera se duda que la Marmota, el Lirón y los Erizos duerman durante el invierno entorpecidos en sus agujeros; no se duda que los Murciélagos pasan esta estación rigurosa en la misma torpeza, pegados al techo de las grutas subterráneas, cubiertos con sus alas como con una capa; pero si se duda que vivan las Golondrinas seis meses sin respirar, ó que respiren todo ese tiempo bajo las aguas, dúdase no solo por dar el hecho en maravilloso, sino también por no saberse una sola observación, verdadera ó falsa, sobre la emersión de las Golon-

rencias entre las Golondrinas y Vencejos, cuando tratemos de la historia particular de cada uno de ellos.

Las Golondrinas son mas sociales que los Papavientos; reúnense muchas veces en numerosas bandadas, y aun en algunas circunstancias parecen cumplir los deberes sociales, prestándose mutuo socorro ruando tratan, por ejemplo, de construir el nido.

La mayor parte lo construyen con gran cuidado; y si algunas especies ponen en los agujeros de las paredes ó en los que saben ellas hacer en el suelo, escogen sin embargo huecos bastante hondos para que se vean seguros sus polluelos al nacer, y traerles lo necesario á lin de mantenerlos á la vez calientes y con toda comodidad en blanda cama.

En dos puntos principales difiere su vuelo del Papavientos. No va acompañado de aquel zumbido sordo de que hablé en la historia de este, por no volar sin duda con el pico abierto. En segundo lugar, no obstante que no vemos en la Golondrina alas mucho mas largas ni fuertes , ni por consiguiente más hábiles para el movimiento , tiene con tbdo mas valiente vuelo, mas ligero y sostenido , por ser mucho mejor su vista, y darle esto suma ventaja para emplear tenia la fuerza de sus alas. Por esto es el vuelo su estatlo natural, y casi diré necesario: come, bebe y báñase volando, y aun alguna vez da de comer á sus hijuelos mientras vuela. Puede que sea su vuelo menos rápido que el del Halcón, pero es mas fácil y libre; precipítase aquel con violencia, y deslizase esta ligeramente por los aires. Siente esta que es el aire su dominio, y le recorre en toda su dimensión y direcciones, como para gozarle en todas sus partes, y expresa el placer que en ello encuentra por sus pequeños gritos de alegría. Ya da la caza á los Insectos revoloteantes siguiendo con agilidad flexible su oblicuo y tortuoso rastro, dejando el uno para correr al otro, y engullendo al paso un tercero ; ya roza livianamente la superficie de la tierra ó de las aguas para coger los que reunió la lluvia ó el fresco; ya también huye ella misma por lo flexible y ligero de sus movimientos de la impetuosidad de las aves de Rapiña. Dueña siempre de si en lo mas raudo de su vuelo, muda de dirección en cualquier momento, y parece estar describiendo en el aire un móvil y fugitivo laberinto, cuyas sendas se cruzan, entrelazan,huyen y acercan, chocan, ruedan, suben y bajan, se pierden y aparecen otra vez para cruzarse y confundirse de mil maneras, y cuyo plan, harto complicado para presentarse á los ojos por el arte del diseño, puede apenas indicarse á la imaginación por el pincel de la palabra. .

Las Golondrinas no parecen pertenecer mas á un continente que á otro , viéndose esparcidas casi en igual número sus especies por el antiguo que por el nuevo. Las nuestras se encuentran en Noruega y en el Japón , en las costas de Egipto y Guinea, y en el cabo de Bueña-Esperanza. ¿Qué pais será inaccesible á unas aves de tan feliz vuelo, y que viajan con tanta facilidad? Pero es raro verlas "todo el año bajo el mismo clima. ,Las nuestras nos visitan en la estación de las flores; empiezan á aparecer á eso del equinoccio de la primavera, y desaparecen poco después del otoño. Aristóteles que escribía en la Grecia, y Plinio que le copiaba en Italia , dicen que las Golondrinas van á pasar el invierno en climas mas dulces cuando estos no están muy lejos; pero si se encuentran á gran distancia de las regiones templadas, quédanse en el país nativo con sola la precaución de ocultarse en la garganta de alguna montaña que mire al Mediodía. El primero añade haberse encontrado muchas que no estahan ocultas, y á las cuales no había quedado una sola pluma en el cuerpo. Tal opinión, acreditada por grandes nombres y fundada en hechos, se habia popularizado tanto, que' ya tomaron de ello los poetas objetos de comparación : algunas observa-

 

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