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Zoología. Aves. Página 201. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



ningún designio por sola li necesidad de ejercitar el vuelo; y vuelven á entrar por la mañana cuando pica el soi, y por la tarde media hora después que se pone. Casi siempre van en bandadas mas ó menos numerosas , ya describiendo infinidad de círculos sobre otros mil, ya siguiendo á línea cerrada la dirección de un camino, ya revoloteando en derredor de algún grande edificio, gritando todos á la vez y con todas sus fuerzas, eiérnense á veces , y de golpe agitan sus alas con frecuente y precipitado movimiento.

A principios de julio percíbese entre ellos un movimiento que anuncia su partida ; auméntase su número, y desde el 10 al 20 en noches calorosas es cuando reúnen sus grandes asambleas : en Dijon sucede constantemente esto todos los años alrededor de los mismos campanarios. Son muy numerosas estas asambleas, pero á pesar de ello no disminuye el número de los que vemos ordinariamente en derredor de nuestros edificios: serán, pues, extranjeros, que vendrán probablemente de los paises meridionales, y que no se ven mas que de paso. Después de puesto el sol déjanse ver en pequeños pelotones, encúmbranse á lo mas elevado de los aires dando grande gritos, y rompen en un vuelo distinto de su vuelo de pasatiempo. Óyeseles aun largo tiempo después que se perdieron de vista, dirigiéndose al parecer hacia la campiña. Van sin duda á pasar la noche en los bosques, porque se sabe que anidan en ellos, y destierran de los mismos los Insectos; como también que los que durante el dia moran en la llanura y aun alguna vez los que habitan en las ciudades, se acercan á los árboles al caer de la tarde y permanecen en ellos hasta entrada la noche. Los que habitan en las ciudades se reúnen también muy pronto, y se ponen todos en camino para pasará climas menos cálidos. Hebert no vio ni uno después del 27 de julio, y cree que viajan de noche, que no van muy lejos, y que no atraviesan los mares; harto temen en efecto el calor para irse al Senegal. Según muchos naturalistas , se entorpecen en sus agujeros durante el invierno; pero no tendría esto lugar en nuestros climas, porque salen de ellos antes de esa estación, y aun antes de los últimos calores del verano. Puedo por otra parte asegurar que ni uno solo encontré en los nidos que viá me-diadosde abril, doce ó quince dias antes de su primera aparición.

Fuera de las periódicas y regulares emigraciones de estas aves, vénse alguna vez en otoño numerosas bandadas que por algún acaso se desviaron sin duda de su camino: tal fue la que Hebert vio á principios de noviembre aparecerse repentinamente en Bria. Fue un chopo el centro de sus movimientos, revolotearon en derredor de él largo tiempo, esparciéronse después, encumbraron su vuele, y desaparecieron con el dia para no volver mas. Otra vio también á fines de setiembre Hebert en los contornos de Mantua, donde no se les ve ordinariamente. Observó en estas dos extraviadas bandadas que el grito de muchas aves que las componían era muy diverso de los que conocemos del Vencejo, sea que tengan otro durante el invierno ó ya fuese de los jóvenes ó de alguna otra raza de esta misma familia de que trataré dentro de poco.

En general no tiene gorgeo el Vencejo; su voz es un grito , ó mejor un agudísimo chillido de poco variadas inflexiones, que solo despide cuando vuela. En su agujero, es decir, cuando reposa, si exceptuamos el tiempo del amor , está del todo silencioso. Temería descubrirse sin duda elevando su grito. Su nido es, pues, muy diferente de esos nidos parleros de que habla el Poeta.

si fuese cierto lo primero, no podría ello ignorarse en las ciudades donde están domiciliados; á mas de que después de exactísimas informaciones solo encontré una persona fidedigna que creyese haber visto los Vencejos ocupados en esta cosecha, según sus propias palabras : de lo que deduzco no tener cabida esta cosecha. Mas verosímil encuentro lo que hombres sencillos, testigos de vista, me dijeron , de haber visto muchas veces los Vencejos salir de los nidos de las Golondrinas y Gorriones llevando materiales en sus pequeñas garras. Lo que hace mas probable la observación es: primero, que los nidos de los Vencejos se componen de los mismos materiales que los de los Gorriones; segundo, que es por otra parte sabido que los Vencejos entran alguna vez en los nidos de las avecillas para comerse sus huevos , de lo que puede deducirse que no dejarán de pillar el nido cuando necesiten materiales. Por lo que respecta al musgo, que emplean en gran cantidad, puede que lo cojan con sus pequeñas pero fuertísimas garras sobre los troneos de los árboles de que saben asirse , tanto mas, anidando ellos como es sabido en los árboles huecos.

Poco tiempo después que los Vencejos se posesionaron de un nido, duracte muchos dias, aun á veces de noche, salen de él dolientes gritos. Parece alguna vez que se distinguen dos voces : ¿sera ello una expresión de placer común á macho y hembra, ó mejor un canto de amor con que llama la hembra al macho para llenar los deberes de la naturaleza? Parece tanto mas fundada esta última conjetura, cuanto que el grito amoroso del macho al seguir su hembra por el aire es mucho mas tardo y dulce. Se ignora si la hembra se aparea con solo un macho, ó si recibe muchos; lo cierto es que en esta circunstancia se ven tres 6 cuatro Vencejos revolotear alrededor del nido, y aun extender sus garras como para asirse de la pared : podrían ser muy bien los pollos del año precedente que reconociesen ahora el lugar de su nacimiento. Estos pequeños problemas son tanto mas difíciles de resolver, cuanto tienen las hembras casi igual plumaje que los machos, y cuanto rarísima vez se tuvo ocasión de seguirles y observarlos de cerca.

Durante su corta mansión en nuestro país no tienen mas tiempo que para hacer una sola cria, la cual se compone comunmente de cinco huevos blancos y de prolongadísima forma. Vi unos el 25 de mayo en que no había nacido aun el pollo. Cuando rompen el cascaron, á diferencia de los de las demás Golondrinas, son casi mudos y nada piden , pero por fortuna oyen sus padres el grito de la naturaleza, y les dan todo lo que necesitan. No les traen de comer mas que dos ó tres veces al día, pero en estas vuelven al nido con suficientes provisiones, llevando su ancho gaznate lleno de Moscas, Mariposas y Escarabajos, que se ven piesas como en una masa "móvil que las engulle. Aliméntanse también de arañas, que encuentran en sus agujeros y alrededor de los mismos : tiene tan poca consistencia su pico, que no pueden servirse de él para destrozar tan débil rapiña, ni tampoco para sujetarla.

A mediados de junio empiezan á volar los pollos y presto dejan el nido; y entonces es cuando al parecer los padres no cuidan mas de ellos. Tienen bastantes piojos y chinches, que parecen no les incomodan mucho.

Cuando gordos son buenos de comer, como los demás de la misma familia ; los pollos sobre todo, cogidos en el nido, son reputados en Saboya v el Píamente por manjar esquisito.

Temen el calor, y por esto se quedan por el me- ¡ dio dia en su nido, en las grietas de las paredes ó de I las rocas, y entre el cornisamento y las ultimas hile- | ras de tejas de los edificios elevados. Por la mañana y tarde salen para hacer su provisión ó pararevolotear sin I

 

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