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Zoología. Aves. Página 99. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



que circuyen el Queur-Boom, y en las selvas de Anteniquoi.»

Sin embargo, Levaillant no ha conocido la edad adulta de esta ave de rapiña, pues el retrato que da, muy probablemente es el de una hembra en su segunda muda. Mr. Temminck ha representado el macho, cuyo plumaje es moreno, por encima con algunas plumas grisientas en el occipucio : el vientre gris rayado de moreno y un trozo negro sobre la garganta. Cuando joven, el color de la hembra es bermejo modulado de morenuzco; por lo demás, nada añade á lo que refiere Levaillant de sus costumbres, y los individuos que ha estudiado eran procedentes de Cafrería.

BUSO BACHA.

Habita en el África y en Dukhun (India continental ) y ha sido descrito por Levaillant en los siguientes términos : « El ave de rapiña que recibe el nombre de Bacha, solo frecuenta las montañas estériles y abrasadas del país de los grandes namaquenses, y desde allí se extiende hacia el trópico de Capricornio, única parte del África meridional, donde le he encontrado, y donde por otra parte, es bastante común. Esta ave que, en cierto modo, es muy parecida á los Busos, se pone con frecuencia sobre la cima de alguna roca escarpada desde donde pueden acechar y descubrir mas fácilmente un pequeño cuadrúpedo, muy abundante en todas las montañas de este país árido, á saber : el Clipdas de los colonos del Cabo, y aunque algunas otras aves de Rapiña dan caza á estos mismos animales, es lo cierto que la rapaz que nos ocupa le hace una guerra mas encarnizada, porque es su presa habitual, el alimento que mejor prefiere. Es indudable que los Damaues que son muy astutos y siempre se mantienen en guardia con un enemigo tan cruel, muy pocas veces se alejan del antro profundo que les sirve de guarida y en ella se entran apresuradamente cuando descubren á sus enemigos : al ver burlada su esperanza, el ave cazadora se contenta con individuos de menor alzada, y hasta se cree feliz si consigue apresar algunos lagartos y hasta insectos que constituyen su delicia en los momentos en que se ve acosado por el hambre.

«Para sorprender á un Daman, dice Levaillant, he visto al Bacha pasar tres horas enteras sobre la punta de una roca, con la cabeza hundida entre sus espaldas, y permanecer allí con tal inmovilidad, que fácilmente se hubiera confundido con la misma roca sobre la cual se habia posado. Desde esta emboscada y aprovechando una ocasión favorable, el ave cazadora con la velocidad del rayo se precipita sobre el animal que ve asomar á la boca de su guarida en la base de la susodicha roca. Cuando ha errado el golpe, se le ve volver tristemente al mismo lugar donde se habia puesto en acecho, y allí, como si estuviese pesaroso y avergonzado de su torpeza, exhala muchos gritos lamentables que pueden escribirse así: hi-hui-ht-hui-hi huí fu hi. Estos tristes acentos parecen ser la expresión de su disgusto y su cólera; pero un instante después, abandonando esta primera emboscada va á establecerse lejos de este puesto, se fija en otro con la misma paciencia y la misma inmovilidad, hasta el momento en que mas dichoso ó menos torpe consigue hacer presa en uno de dichos anímales que lanza á su vez gritos horrorosos, y de tal modo cunde el espanto entre todos los Damanes de las inmediaciones, que por do quiera se les ve precipitar en sus vastos subterráneos para no salir en todo el dia.

«Hallándonos algunas veces á caza del Daman, en estos cantones estériles, donde á falta de víveres me veia en la precisión de matarlos para nuestro alimento , si por acaso un Bacha se habia apoderado de un Daman en aquellas inmediaciones, inútil era esperar,

los siguientes términos : o En la espesura de las magestuosas selvas que hay en la parte mas remota de país de Anteniquoi, es donde, por primera vez, encontré el ave de rapiña á que he dado el nombre de Taquiro. En el silencio de los bosques, á la sombra de aquellos arboles antiguos, verdaderos colosos de vejetacion, que han visto desaparecer de la tierra muchas generaciones de hombres, y á los cuales un ser sensible, nunca se acerca sin experimentar ese sentimiento sublime que produce la admiración.....allí es

donde por primera vez, repito, entre los cantos armoniosos y apacibles de una multitud de diferentes aves, hirieron mi oido los gritos rallantes, agrios, chillones é ingratos del Taquiro. Esta ave carnicera declara indistintamente la guerra á todas ellas, pues parece como que se complace en la matanza y en el sufrimiento de sus víctimas.

«Su talla no llega á la de nuestro Azor, y sin duda se le hubiese colocado entre los Gavilanes á no tener el tarso mas corto, mas largas las alas y diferentemente cortadas: cuando están en reposo se extienden algo mas lejos de la mitad de la cola, la cual, por su parte, casi es tan larga como el cuerpo. La cabeza, del mismo modo que el cuello, tiene una alternativa de blanco y bermejo con manchas de un moreno negro.

«La garganta es blanca, mezclada de bermejo, y el manto de un moreno sombrío, del mismo modo que las coberteras de las alas, y cada una de estas tiene un borde de una tinta mas clara; todas las pennas del ala terminan en blanco.

«La parte interior de la cola es blanca y está barreada con anchas fajas de un negro lavado; por encima es morena y las lajas son mas oscuras; toda la región inferior del cuerpo tiene, sobre un fondo blanco mezclado de bermejo , manchas morenas mas ó menos intensas; dichas manchas son redondas ó semicirculares, y sobre las piernas tienen precisamente la forma de un corazón. El pico es azulado, el iris de color de topacio, las uñas negras y los pies amarillos. La hembra de esta especie es asimismo mas voluminosa que el macho; su plumaje esta generalmente mas mezclado de una tinta bermejiza; el blanco es mas sucio y las manchas son menos perceptibles.

«Estas aves hacen su nido entre las ramas de los árboles mas grandes, y le construyen exteriormente con frágiles ramitas, ó bien con musgo, y pone dentro una gran cantidad de plumas. Solo encontré uno de estos nidos en el cual habia tres pequeñuelos cubiertos totalmente de vello bermejo; quise hacerles educar por sus padres, con el fin de apoderarme de ellos cuando ya estuviesen mas medrados. Cada tres o cuatro días iba a visitar mi nidada, á la cual solia llevar algunas aves, cuyos despojos conservé ; introducíalas en el nido , y al hacer mi siguiente visita ya estaban devoradas, pero me doy á entender que los viejos se las comian porque he visto sobre las ramas una prodigiosa cantidad de alas de mantas y de langostas, insectos que, según imagino constituían el principal alimento de lus hijuelos. Durante el dia lanzaban los padres unos gritos muy penetrantes cri-cri-cri-cri-cn-cri; al acercarse a los jóvenes, llegaban uno y otro hasta el árbol donde yo estaba, y de tal modo se aproximaban para defenderlos, que fácilmente les hubiese podido matar á bastonazos.

«Habiendo tardado, excesivamente en apoderarme de la pollada, al hacerlos una de mis visitas, solo encontré el nido ; tanto los viejos como los jóvenes desaparecieron ya y me sirvió de disgusto el que me se hubiesen anticipado. A juzgar por algunos vestigios del cascaron de los huevos que todavía quedaban en el nido, estos eran blancos con algunas manchas bermejas.

«Nunca he descubierto el Taquiro en las llanuras, ni jamás le he visto sino es en los poblados bosques

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