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Zoología. Aves. Página 67. Tomo 3. Los Tres Reinos de la Naturaleza.



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HALCÓN COMÚN.

Halcón peregrino (Brisson); Halcón de paso.

Hé aquí lo que de él dice Buffon: «Si se recorren las listas de nuestros nomencladores de historia natural, podria muy bien suponerse pertenecer á la especie de los Halcones otras tantas variedades como existen en la del Palomo, Gallina y demás aves domésticas: sin embargo, está muy lejos de suceder así, por cuanto no le fue dado al Hombre modificar la naturaleza de estos animales, y por mas útiles que hayan sido á sus placeres, por mas que hayan agradablemente lisonjeado el lujoso fausto de los príncipes cazadores, jamás han podido multiplicar su especie.

Es cierto que se logró domar el natural feroz de estas aves, á fuerza de artes y de privaciones (1), obligándolas á trabajar para su manutención con los ejercicios que se les enseñan, y con tal rigor, que el alimento mas leve que se les dispensa, supone ya en ellas un servicio anticipado; se las ata, se las sujeta, se las emboza, y hasta se priva de la luz y de toda manutención, con el fin de ablandarlas y de hacerlas mas dependientes, añadiendo á su vivacidad nativa el impetuoso estímulo de la necesidad (2): sin embargo, solo este motivo, reunido á la costumbre, las obliga á servir, pero sin la menor afección á su dueño; en una palabra, se mantienen cautivas, sin que lleguen jamás á domesticarse, y porque se consiga esclavizar á un individuo, se mantiene libre la especie, y lejana siempre del imperio del Hombre, que solo á costa de infinitos ardides consigue apoderarse de algunas de ellas, haciéndose por lo mismo sumamente difícil el estudio de sus hábitos en el estado de la naturaleza.

(1) Para enseñar al Halcón se comienza poniéndole trabas llamadas punidas, en la punta de las cuales se coloca un anillo, en el que se escribe el nombre y apellido del dueño; se fe ponen allí también campanillas,que sirven para indicar el sitio donde se hallan estas aves cuando se lanzan á la caza; y se les obliga á volar, si el Halcón es tan malo que procura defenderse, se le sumerge la cabeza en el agua, y tambien se le castiga por medio del hambre. Este ejercicio dura tres dias y tres noches consecutivas, y es muy raro que al cabo de este tiempo, atormentada con estas privaciones, no pierda toda esperanza de libertad. Se presume que ha desaparecido su fiereza natural cuando se deja cubrir la cabeza, y cuando coge el alimento que se le da en ciertos momentos, volviéndole á descubrir la cabeza, y la repetición de estos actos asegura poco á poco el éxito; pero nunca deben dejarse satisfechas sus necesidades, hasta tanto que no manifieste su reconocimiento á aquel mismo que le atormenta. (Enciclopedia de Le-Rov, en el articulo de la Cetrería.)

(2) Cuando las primeras lecciones han tenido buen éxito, y el ave manifiesta su docilidad, se la coloca sobre un césped de un jardin; allí se la descubre, y con la ayuda del alirpento, se la obliga á saltar de una parte á otra; y cuando uno está seguro de este ejercicio, se presume que ya es tiempo de hacerla conocer el armadijo, que lo constituye la representación de la presa, semejando pies y alas, de cuyos objetos se sirven los halconeros para reclamar á las aves y allí se pone el alimento. Es importante que estén, no solo acostumbrados, sino golosinados con el armadijo. Desde que el ave se ha puesto encima, y ha tomado un poco de aquel manjar, cualquier halconero está en el caso de retirar el armadijo; pero observando este método, se corre el riesgo de espantar al ave: es mas seguro cuando ha practicado cuanto se la exige, alimentarla como en recompensa de su docilidad. El armadijo es el cebo que la hará venir cuando se haya remontado en el aire; mas esto no será suficiente si la voz del halconero no la advierte la parte á que tiene que dirigirse, cuyas acciones deben repetirse con frecuencia. Es preciso procurar conocer el carácter del Halcón, hablar muchas veces al que parezca menos atento á la voz, dejar permanecer al que vuela con menos avidez al armadijo, hacer que vuele mas tiempo el que no se haya domesticado lo bastante, y luego que se esté seguro de su docilidad, se le lleva al campo, siempre sujeto al fiador, que consiste en una cuerda larga: se le pone á algunos pasos de distancia, se le enseña el armadijo, y cuando se pone encima de él y se le presenta el alimento ó se deja que le tome; al dia siguiente se le presenta mas lejos, y últimamente se consigue por este medio lo que se desea, que es dejarla sin fiador hacer su oficio. (Enciclopedia de Le-Rov, articulo de la Cetrería).


Como habitan en las escarpadas rocas de las mas altas montañas, acercándose raras veces á las llanuras y volando á extraordinaria elevación y con una rapidez inconcebible, pocos datos se han podido adquirir basta ahora acerca de sus costumbres naturales; habiéndose notado únicamente que escogen siempre las peñas expuestas hacia el Mediodía para criar á sus polluelos, colocándose en los agujeros y fragosidades mas inaccesibles; que de ordinario ponen cuatro huevos, en los meses últimos del invierno, cuya incubación debe durar muy poco tiempo, supuesto que los polluelos son ya adultos á mediados de mayo, época desde la cual principia á cambiar su color, según el sexo, la edad y la muda; y finalmente, que las hembras son de mayor corpulencia que los machos, como en las demás aves de Rapiña. Ambos lanzan gritos penetrantes, desagradables y casi continuos en la época en que despiden á sus crias, con el fin de extrañarlas del nido, lo cual se verifica, también en las Águilas, á causa de la dura necesidad que rompe los vínculos con que están unidas las familias, y aun toda sociedad, tan luego como escasean los medios de subsistencia, ó existe una imposibilidad absoluta de procurarse los suficientes para vivir juntos en el mismo país.

El Halcón se halla tal vez dotado de mayor valentía que ninguna otra ave de iguales fuerzas; se arroja á plomo y sin detenerse sobre su presa, mientras que el Azor y la mayor parte de las demás, la embisten por el costado; y de ahí es que este último cae con facilidad en los lazos que le tienden, al paso que el primero se exime siempre de este peligro dejándose caer á plomo sobre el ave que para atraerle colocan los cazadores en medio de los lazos, á la cual mata y devora en el sitio, ó se la lleva si no es demasiado pesada, volviéndose luego á levantar perpendicularmente. Vésele arrojarse de improviso sobre una manada de Faisanes, como si cayese de las nubes; pues llega de tan alto y en tan poco tiempo, que su aparición es casi siempre imprevista. Ataca con frecuencia al Milano, ya sea para ejercitar su valor, ya para robarle su presa: con todo, parece que sus ataques se reducen mas bien á burlarse de esta ave, á la cual trata como cobarde; la hace retroceder, hiriéndola con desden; y no la mata, á pesar de su torpeza en defenderse, porque se presume que su carne le es todavía mas repugnante que desagradable su cobardía. En Persia la enseñan también á cazar las Gacelas haciendo presa en la nariz como se ve en la viñeta inmediata.

Desde Ginebra se remitieron á la halconería del rey algunos halcones nuevos, cogidos en las montañas vecinas por el mes de abril, los cuales según parecía, habían adquirido ya todas sus dimensiones y fuerzas antes del mes de junio. Cuando nuevos, se les llama halcones soros, porque son entonces mas pardos que en los años siguientes; mientras que cuando viejos llevan el nombre de halcones zahareños, y son mas blancos que los nuevos.

Sabido es que la mayor parte de las islas deben su formación á grupos de montañas, cuyos picachos despuntan por lo regular en ellas bajo todas direcciones; y como estas aves buscan siempre las rocas y peñascos mas elevados, de ahí que se encuentran muchísimas en Rodas, Chipre, Malta y demás islas del Mediterráneo, lo propio que en las Oreadas y en Islandia: pero también es muy probable que deban sufrir diferentes variedades, según los climas distintos en que se hallan, por cuyo motivo vamos á hacer alguna mención de ellas.

El Halcón indígena de Francia es del mismo tamaño

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