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AVES DE RAPlNA. 61

sube y desciende con la mayor rapidez; repentinamente se baja hasta rozar con el suelo, cuando un momento antes, meciéndose entre las nubes, parecía un punto imperceptible en la inmensidad del espacio.

Pero cuando desde lo alto de las regiones etéreas su vista penetrante llega á columbrar una victima, igual en rapidez á la (lecha que sale del arco impulsado por una mano vigorosa, se precipita sobre aquella, 6 mas bien se deja caer en dirección vertical, con una circunstancia que indican cuidadosamente todos los autores antiguos. «Cuando desciende, dice Garcilaso de la Vega, hace un ruido tan grande que causa admiración. Cuando bajan cayendo de alto hacen tan gran sombrido que asombran» circunstancias de las mas verdaderas en efecto. Porque mas de una vez hemos experimentado esa admiración de que habla Garcilaso de la Vega; pero en cuya circunstancia, no obstante, sin temor de ser desmentido por los viajeros, no se puede fundar como lo hacen muchos escritores, uno de los caracteres generales del vuelo del Condor. En cualquiera otro caso el ruido que este produce al descender es poco estrepitoso.

El Condor recorre sucesivamente las costas á fin de buscar en ellas los animales diversos que el mar arroja á la playa, ó bien examina las inmediaciones de los lugares habitados y las sinuosidades de los caminos á fin de recoger algunos residuos de animales desechados por el hombre; y cuando nada consiguió hallar, se posa sobre la punta de un peñasco poco distante de los rebaños, y desde allí espera á que una oveja ó una llama se separen de las demás para parir sus hijuelos. Entonces si el pastor no se halla en disposición de defender la pieza descarriada , el Condor alza su vuelo y se cierne á una grande altura encima de aquel pobre animal, y en cuanto nota que ha parido se deja caer sobre su presa, no para atacarla directamente , sino para cebarse sobre su placenta y matar en seguida al recien nacido desollándolo por el cordon umbilical, y si el pastor no acude con prontitud para hacerle soltar su presa, aquella ave ansiosa de matanza á pesar de los esfuerzos ds la pobre madre, devora en un instante las entrañas de su hijuelo.

Ya hemos referido que cuando un animal se halla atacado por un Condor en un paraje donde no se descubría ninguno mas, inmediatamente se presentan otros muchos sin que se pueda saber de donde vienen. Hemos presenciado una de estas escenas sangrientas en un viaje que hicimos desde Arica á Tacna sobre la costa del Perú. Es un tránsito de once leguas, sin agua en medio de un desierto de arena encandecida que el agua no refresca jamás, y cuyo polvillo salado todavía hace sentir con mas vehemencia, el rigor de aquella sequedad extremada. Varios rebaños de muías y de asnos, cuya carga es mas pesada de lo que debiera, recorrenincensantemente el país, y los asnos que en él mas que en cualquiera otra paite son el alivio de aquellos moradores, atraviesan la ruta tanto á la ida como á la vuelta sin que absolutamente nada se les cuide y casi siempre sin que se les dé de comer durante la travesía : asi es que mueren muchos, cuyos cadáveres yacen sobre el camino y se encuentran en todas direcciones. Cuando en una de estas caravanas llega un asno á fatigarse, se le abandona, aunque algunas veces sino perece de sed, recobra su antiguo domicilio para recibir nuevamente la cotidiana carga.

Uno de estospobres animales así abandonado, cuando ya sus fuerzas (laquean y no podía sostenerse en pié, se tendió sobre el terreno, próximo ya á exhalar el último suspiro. Algunos Urubús se acercaron en seguida y le repartieron algunos picotazos que poco daño originaron al moribundo : pero en breve un Condor que volando entre las nubes era testigo de esta lucha , se dejó caer sobre aquella presa que al instante abandonaron los Urubús y se situaron á una respetuosa distancia para esperar sin duda con impaciencia que saciase su apetito el Cóndor, al cual no osaban acercarse. Este primer cóndor no tardó en verse rodeado de otros dos, y bien pronto llegó un nuevo refuerzo de aves de esta especie que á porfía se lanzaron sobre su víctima arrancándole con su temible pico la una los ojos, la otra las partes genitales; asi es que antes de mucho, y después de hacer sufrir^al mísero asno los mas agudos dolores, murió este en medio de las mas terribles agonías.

Nos acercamos al cadáver y entonces los Condores se separaron á una corta distancia sobre las colinas pequeñas que hay en aquellas inmediaciones cerniéndose á cierta altura; y cuando observaron que abandonábamos el terreno volvieron á la carga.

Cuando los Condores están muy repletos con mucha dificultad cruzan los aires y solo pueden emprender su vuelo después de haber corrido por algunos instan tes agitando sus alas: y cuando se les persigue procuran hacerse mas ligeros vomitando una parte de lo que han comido : por último, cuando ya recobran una parte de su agilidad remontan el vuelo y van á posarse entre las grietas de alguna roca donde, como ya hemos dicho, hacen tranquilamente la digestión con la cabeza oculta entre las espaldas.

Cuando un Cóndor no halla presa, caza basta que se hace de noche, y solo cuando comienza el crepúsculo se vuelve á su guarida. Resiste el hambre con la mayor paciencia por espacio de muchos días, pero se desquita ampliamente de sus privaciones cuando halla una presa fácil.

Ya Garcilaso de la Vega que escribía á principios del siglo xvn dejó asentado que «el Cóndor no tiene garras como las del Águila y sus pies son muy parecidos á los de una Gallina.» Este testimonio tan positivo y tanto mas digno de fe cuanto que emana de un autor peruviano, generalmente bien informado, no ha sido suficiente para impedir que muchos autores modernos atribuyesen al ave costumbres que no pertenecen á los Falcónidos. Mr. de Humboldt, cuya reputación está perfectamente cimentada, habla muchas veces de la fuerza que tiene en sus garras el Cóndor, y hasta dice que «dos Condores acometen, no tan solo al Ciervo de los Andes, al pequeño León puma, ó á la Vicuña y al Guanaco, sino también á una ternera. Por tanto tiempo la persiguen hiriéndola con sus garras y á picotazos, que la ternera sofocada y muerta de fatiga tiéndela lengua mugiendo.» Verdad es que el Cóndor tiene uñas, pero solo se sirve de ellas para descanso de su cuerpo, pues generalmente las tiene embotadas, porque solo se posa sobre las rocas, y como observa Mr. Temminck , no pueden servirle para arrebatar ninguna presa por pequeña que sea. Nosotros añadiremos que ni aun pueden servirle para destrozarla , pues en realidad solo hace uso de su terrible pico, con el cual la desuella y despedaza tirando fuertemente por la porción que con mas facilidad puede asir.

Tampoco creemus que el Cóndor pueda atacar las Ovejas, los Ciervos, los Llamas y todavía menos las terneras. Siempre amigos de lo maravilloso y partidarios de todo cuanto concierne á su país, los habitantes de las regiones americanas propenden á exagerar las cosas. Podemos asegurar que el Cóndor nunca acomete á un animal adulto, por mas que la talla de este no exceda de la de un carnero, ámenos que el animal esté espirando pero atraído por el cebo del cor-don umbilical ataca siempre á los animales que nacen en los campos. También podemos afirmar que no se dedica á la caza de otras aves, y hasta pudiéramos decir, sin temor de ser desmentidos, que pocas veces, nunca quizás, embiste á los mas pequeños mamíferos, exceptuando cuando estos acaban de nacer.

También nos parece útil refutar las exageraciones que se hallan en Acosta y hasta en Garcilaso, generalmente tan exacto, relativamente á la fuerza del pico

 

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