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Este de estas montañas, el Cóndor solo sigue á lo largo del ramal oriental de la cordillera también oriental, hasta Cochabamba, y algunas veces hasta el punto en que comienzan las llanuras de Santa Cruz de la Sierra; pero como desde allí ninguna cadena de montañas reúne á los Andes con los primeros ramales de la provincia de Chiquitos, no pasa de este límite, y por tanto no es posible que se halle en las montañas del Brasil.

Creeremos que otros motivos mas influyentes que la latitud y la altura deben ocasionar la preferencia que da el Cóndor á ciertos lugares. Su género de vida les obliga á escoger para asilo, terrenos sembrados de escombros ó precipicios, porque nunca se posa sobre los árboles, y porque no solamente necesita puntos culminantes, desde donde pueda descubrir el terreno que se extiende alrededor de él, sino también anfractuosidades que le sirvan de perchero y le preserven de la lluvia. Asi es que no desciende ni á las Pampas de Buenos Aires (y eso que habita las montañas que le sirven de límite por la parte occidental) ni se introduce en las selvas, ni penetra en el interior de las montañas que abundan en arbolado, cuyas ramas pudieran embarazar su vuelo. Por lo mismo el Cóndor habita mas especialmente, ya en las montañas áridas, ó al menos poco pobladas, ya en las costas marítimas, donde los precipicios mas ó menos escarpados sustituyen á las montanas.

No debemos creer, sin embargo, que habita en todas las montañas ó todos los lugares elevados que están desprovistos de verdor. Necesita ser atraído por pacíficos rebaños de la pertenencia del Hombre, bien sean Llamas, Ovejas, o Alpacas, ó por muchos animales montaraces cuando pacen juntos. De aquí el gran número de Condores que siguen las costas donde se reúnen muchos Lobos marinos, como las del Perú y la Patagonia, siempre cubiertas de Otarios y Focas.

Donde no hay Lobos marinos, tampoco existen Condores, ó bien se les ve como en el Perú; bien sea cerniéndose sobre la cima de los Andes, sea atravesándolos con vuelo rápido, á fin de encontrar en ellos los pequeños rebaños aislados, únicos vestigios que nos quedan de la destrucción de las Vicuñas y los Guanacos, cuya desaparición gradual acarrea la de los Condores, que por esta causa se mantienen preferentemente á la inmediación de los lugares habitados, y de los caminos.

A diferencia de los Catartos, que siempre se ven reunidos á centenares, el Cóndor caza solo, y nunca se junta á otras aves sino para arrebatar una parte de su presa ó devorarla con ellas en buena armonía. Alguna vez, sin embargo, hemos visto que dos Condores se posaban sobre una misma roca.

Esta ave es bastante indolente. Después de haber pasado la noche en el hueco de una roca ó de un precipicio escarpado con la cabeza escondida entre las espaldas, lo que le da cierto aire socarrón, despierta al rayar el dia, sacude dos ó tres veces la cabeza, y casi siempre antes de abandonar su guarida, espera á que el sol comience á elevarse sobre el horizonte, especialmente si el hambre no le mortifica; inclínase á orillas de! peñasco agitando sus vastas alas como si se dispusiese á partir, hasta que por último las despliega y se lanza en el espacio. Solo con mucha dificultad emprende su vuelo, y este no es horizontal como el de otras muchas aves. Creeriasele desde luego poco seguro en su escursion aérea, porque comienza á describir un arco de círculo cediendo á su propio peso; pero recobrando muy en breve su magestuoso arranque, con las alas redondeadas, las remeras separadas entre sí, se mece en los aires con facilidad, sin que al parecer experimente el menor cansancio.

Por movimientos oscilatorios poco sensibles, comunica á su vuelo todas las direcciones imaginarias; sigue todas las sinuosidades del terreno que recorre;

han hablado de esta ave tan célebre, se ocupó de esta particularidad, que hemos creído conveniente citar, porque no todas las especies exbalan en el mismo grado este olor nauseabundo.

Mr. de Humboldt que solo había visto el Cóndor sobre las montañas dice: «El Cóndor, lo mismo que los Llamas, la Vicuña, el Alpaca y muchas plantas alpinas, es peculiar de la gran cadena de los Andes, la región del globo que parece preferir á cualquiera otra es la que se eleva de tres mil y cien á cuatro mil novecientos metros de altura. Siempre que para hacer nuestras herborizaciones tuvimos precisión de acercarnos á las nieves perpetuas, hemos sido rodeados de Cóndores.»

Por grande que sea el respeto que generalmente profesemos á las aserciones de aquel grande observador, por esta vez no es posible que las adoptemos sin examen. Bien sabido es que los Condores recorren las alturas de los Andes donde pacen los Llamas y los Vicuñas, pero no creemos que esta zona especial sea su morada exclusiva: tampoco creemos que solo la cadena de los Andes les servia de mansión, porque hemos encontrado un gran número de ellos sobre toda la costa del océano Pacífico y sobre la del océano Atlántico, y á las márgenes del mar, en la costa de Patagonia, donde las montañas mas inmediatas distan, por lo menos cien leguas, y donde es muy seguro que viven, anidan y permanecen habitualmente.

Verdad es que puede suponerse con alguna verosimilitud, que las familias que descubrimos al pié de los derrumbaderos de la costa han podido extender paulatinamente sus emigraciones desde el Sur hacia el Norte, desde las montañas del estrecho de Magallanes hasta la embocadura de Rio Negro en Patagonia. Por la misma razón, no creemos que los Condores prefieran una zona elevada á otra que se halla al nivel del mar, porque los de Patagonia son tan voluminosos y no menos rollizos que los que ignoran en los Andes; y además, los hemos visto con tanta frecuencia sobre toda la costa del Perú, especialmente en la de Arica, cernerse todo el dia procurando descubrir algunos animales muertos y arrojados por las olas sobre aquella playa; con tanta frecuencia los hemos visto dormir sobre las rocas empinadas de la colina conocida con el nombre de Morro de Arica, que los creemos susceptibles de habitar indistintamente las zonas mas frias y las comarcas heridas directamente por los rayos de un sol abrasador como el que baña las costas del Perú.

Es muy probable que las alturas que Mr. de Humboldt frecuentó, se hallaban á lá inmediación de algunos caseríos ó rebaños, porque nunca hemos encontrado Condores sobre la cima de los Andes, á no concurrir alguna de estas dos circunstancias.

Creemos, por tanto, deber nuestro, asignar á los Condores mayor extensión de límites, tanto en latitud como en altura señalándoles en primer concepto desde el cabo de Hornos (56 º de latitud Sur) basta los 8 º de latitud Norte, en las partes elevadas de los Andes, sobre su vertiente occidental, sobre todo el territorio del Perú, la Bolivia, Chile, y desde el nivel del mar donde anidan y se detienen, hasta las regiones heladas de los Andes; porque frecuentemente los hemos visto desaparecer en la inmensidad de la atmósfera cuando nosotros nos hallábamos á la altura de cuatro mil setecientos y mas metros sobre el nivel de! mar.

Entre todas las Aves, el Cóndor es la mas privilegiada por lo que respecta á la facultad que tiene de cruzar los aires con rapidez, elevándose á una altura de la mayor consideración. Lo hemos visto ascender hasta el nivel de la cumbre del Ilimani, cuya elevación es la de cinco mil setecientas cincuenta y tres toesas, mientras que á la de diez y ocho mil pies solo puede resistir el Hombre á la rarefacción del aire cuando ha nacido sobre las elevadas plataformas de los Andes. Al

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