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Zoología. Aves. Página 25. Tomo 3. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



Para depositar sus huevos tienen que construir un nido, que la hembra empieza por necesidad, y en el que el macho trabaja por complacencia, ocupándose juntos en esta tarea, se toman cariño, y las reiteradas atenciones, los socorros mutuos, las inquietudes comunes fortalecen este sentimiento, que se aumenta y llega á ser mas duradero con la necesidad de no dejar enfriar los huevos ni perder el fruto de sus amores, en que han empeñado ya tanto cuidado; y no pudiendo la hembra abandonar aquellos, el macho busca y trae la subsistencia. Ocupa su lugar algunas veces, otras se pone á su lado para aumentar el calor del nido y disminuir el fastidio de su situación. El cariño que sucede al amor, subsiste en toda su fuerza durante el tiempo de la incubación, y se aumenta y se maniliesta mucho mas cuando nacen los hijuelos. Es un nuevo gozo y unos nuevos lazos también; la cria de aquellos es una nueva obra en la que los padres deben trabajar de acuerdo. Las aves, pues, nos presentan cuanto pasa en un buen matrimonio: esto es, el amor seguido de un cariño sin igual, que solo se extiende en lo sucesivo á los hijos. Todo esto depende de la necesidad de ocuparse juntos de los cuidados indispensables y faenas comunes. ¿No se advierte que estando esa necesidad reservada entre nosotros á las clases bajas, estando libres de ella los hombres de una clase elevada, la indiferencia y la infidelidad no han podido menos de alcanzar á las personas de alta categoría?

En los animales cuadrúpedos solo hay amor físico y ningún cariño; es decir, ningún sentimiento duradero entre el macho y la hembra, porque su unión no supone ningún convenio anterior, y no exige faenas comunes ni cuidados consiguientes; por lo cual no hay casamiento. El macho se separa de la hembra inmediatamente después del coito, ya para unirse á otras, ya para reponerse: ni es marido, ni padre de familia, pues desconoce á su mujer y á sus hijos; y habiéndose entregado á varios , la hembia no espera auxilio de ninguno, quedando solo cargada con el peso de su prole y de los trabajos de la cria. Solo tienen cariño á sus hijuelos, y este sentimiento es á veces mas duradero que en el ave; y por lo mismo que parece que depende de la necesidad que los hijuelos tienen de su madre, esta los alimenta con su propia sustancia; y por lo mismo que estos auxilios son mucho mas necesarios en la mayor parte de los cuadrúpedos que crecen con mas lentitud que las aves, el cariño es también mas duradero; habiendo muchas especies de cuadrúpedos en los que este sentimiento no se destruye con nuevos amores, y en las que se ve á la madre conducir y cuidar del mismo modo á los hijuelos de dos ó tres crias. También hay algunas especies de cuadrúpedos en las que la sociedad del macho y la hembra dura todo el tiempo de la cria de los hijuelos. Así sucede en los Lobos, las Zorras, etc. El Corzo particularmente puede ser tenido por un modelo de fidelidad conyugal; y viceversa hay algunas especies de aves cuyo celo no dura mas tiempo que el de las necesidades del amor (1); pero estas excepciones no destruyen la regla de que la naturaleza ha dado á las aves mas constancia en el amor que los cuadrúpedos.

Lo que prueba mas claramente que este casamiento y esta moral de amor en las aves no es mas que el resultado de la necesidad de un trabajo común, es que las que no construyen nido no se casan, y se mezclan indistintamente; lo cual está demostrado con el ejemplo familiar de nuestras aves domésticas: solo que el macho parece tener con sus hembras mas atenciones que los cuadrúpedos, porque en estas la temporada de los amores no es limitada, y puede hacer uso de la misma hembra mas tiempo, por ser la época de la postura es mas larga y mas frecuente, y finalmente, porque como se le quitan los huevos en las épocas de incubación, son menos perentorias y las hembras no empollan hasta que su facultad generativa se amortigua y apura. Agregúese á estas causas la ninguna necesidad que tienen las aves domésticas de construir nido para ponerse en seguridad y ocultarse; la abundancia en que viven, la facilidad con que reciben su alimento ó con que se hallan siempre en el mismo sitio con todas las demás comodidades que el Hombre les proporciona, dispensándolas de las faenas é inquietudes que las demás experimentan y dividen en común; y se verá en ellas los primeros efectos del lujo y los males de la opulencia, que suelen ser el libertinaje y la pereza.

Además, así en estas aves, cuyas costumbres hemos echado á perder favoreciéndolas, como en aquellas que las han conservado puras por la necesidad de trabajar juntas y de servirse mutuamente, el fondo de amor físico, es decir la sustancia que produce esta sensación y realiza sus efectos, es mucho mas grande que en los animales cuadrúpedos. Un Gallo basta para doce ó quince gallinas, y fecundiza con un solo acto todos los huevos que estas pueden poner en veinte dias; podria, pues, cada dia, absolutamente hablando, ser padre de trescientos hijos. Una buena gallina puede poner cien huevos en una sola temporada, desde la primavera al otoño. ¡ Qué diferencia tan inmensa de esta gran multiplicación al pequeño producto de nuestros mas fecundos cuadrúpedos! Parece que todo el alimento que se suministra con abundancia á estas aves, convirtiéndose en licor seminal, solo sirve para sus placeres, y redunda por entero en provecho de la propagación. Son una especie de máquinas que armamos y arreglamos para la multiplicación; y aumentamos considerablemente su número juntándolas, atendiendo con abundancia á su subsistencia y eximiéndolas de los cuidados del trabajo y de las inquietudes de las necesidades de la vida; pues el Gallo y la gallina silvestre, en el estado natural, no producen lo mismo que nuestras Perdices y Codornices ; y aunque las Gallináceas son las aves mas fecundas, su producto, cuando están en el estado natural, se reduce á diez y ocho ó veinte huevos, y sus amores á una sola temperatura. Verdad es que no podria haber dos temporadas y dos crias en climas mas benignos, como se ve en el nuestro que varias especies de aves ponen dos, y hasta tres veces en un verano; pero el número de huevos es también mas reducido en dichas especies, y el tiempo de la incubación mucho mas corto en algunas. Así, aunque las aves sean en potencia mucho mas prolifícas que los cuadrúpedos no lo son tanto por los efectos; las Palomas, las Tórtolas, etc. no ponen mas que dos huevos; las grandes aves de Rapiña ponen tres ó cuatro; casi todas las demás aves cinco o seis: las Gallinas y demás Gallináces como el Pavo, el Faisán, la Perdiz y la Codorniz, son las únicas que ponen muchos.

El hambre, los cuidados, las inquietudes y el trabajo forzoso disminuyen en todos los seres las facultades y los efectos de la generación. Ya lo hemos visto en los cuadrúpedos, y se ve mas claramente en las aves, que producen tanto mas cuanto mejor alimentados y cuidados están ; y si nos concretamos á aquellas que están abandonadas á sí mismas y expuestas á todos los inconvenientes anejos á una absoluta independencia, hallaremos que, acosadas de continuo por la necesidad, la inquietud y el temor no solamente no hacen uso de todas sus facultades para la generacion, sino que al parecer economizan sus efectos en proporción á las circunstancias de su posición.

Un ave después de haber construido su nido y hecho su postura, que supongo de cinco huevos, deja de poner y cuida de conservarlos: el resto de la tem-

(1) Tan luego como la Perdiz roja empolla, el macho al abandona, dejándola encargada de la cria de los hijuelos: los machos que han servido á las hembras, se reúnen en bandas y ningún cuidado tienen ya de su prole.

 

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