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Zoología. Aves. Página 19. Tomo 3. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



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sensaciones dominantes del Perro y demás animales carnívoros, de los que este solo se diferencia por su mayor sensibilidad: una naturaleza menos fuerte, menos altiva, menos feroz que la del Tigre, del Leopardo ó del León; un natural mas flexible, aunque con apetitos tan vehementes, se ha modificado, sin embargo, se ba amansado con las expresiones pacíficas del comercio de los Hombres, cuya influencia no es tan grande sobre los demás animales, y porque unos tienen una naturaleza áspera, que no admite afecciones tiernas, otros son duros, insensibles, desconfiados ó tímidos en demasía; y finalmente, porque todos celosos de su libertad, huyen del Hombre, y solo ven en él su tirano ó su destructor.

El Hombre no tiene tanta influencia sobre las aves como sobre los cuadrúpedos, ya porque la naturaleza de aquellos dista mas de la suya, ya porque son menos suceptibles de los sentimientos de cariño y obediencia. Las aves que llamamos domésticas solo son prisioneras: de nada nos sirven mientras viven; la única utilidad que de ellas sacamos es por medio dé la propagación, es decir, por su muerte. Son víctimas que multiplicamos sin trabajo, y que sacrificamos sin pesar por utilidad. Como su instinto difiere del de los cuadrúpedos y en nada se asemeja al nuestro únicamente podemos influir sobre su máquina, y ellas tampoco pueden devolvernos sino maquinalmente lo que han recibido de nosotros. Un ave cuyo oido es bastante delicado y dispuesto para aprender y retener una serie de sonidos y aun de palabras, y cuya voz es bastante audible para repetirlas con claridad, recíbe las palabras, sin comprenderlas y las devuelve del mismo modo que las ha recibido; y aunque pronuncia vocablos, no habla, porque la pronunciación no procede del principio dé la palabra, ni es mas que una imitación del mismo, que ni expresa lo que pasa en lo interior del animal, ni representa ninguna de sus afecciones.

De nuevo el Hombre ha influido en las aves

algunas potencias físicas y cualidades exteriores, como el oido y la voz; pero ha influido menos en las cualidades interiores. Se enseña á cazar á algunas, y hasta á traer lo que cazan, se domestica á algunas hasta el extremo de familiarizarlas: la fuerza de la costumbre les hace tornar á su prisión, y conocer la persona que las cuida. Pero estos sentimientos son muy leves, muy poco profundos en comparación de los que trasmitimos á los animales cuadrúpedos, siempre con mas éxito, en menos tiempo y en mayor cantidad. ¿Hay alguna comparación entre el cariño del Perro y la familiaridad del Canario? ¿entre la inteligencia del Elefante y la del Avestruz, que, sin embargo, parece la mas grave y sesuda de las aves, ya porque es en efecto el Elefante de las aves por su tamaño, y porque el privilegio de la apariencia de sensatez está en los animales afecto á la corpulencia; ó ya porque, siendo menos ave que las demás, y no pudiendo separarse de la tierra participa en efecto dé la naturaleza de los cuadrúpedos?

Vamos ahora á considerar la voz de las aves prescindiendo de la influencia del Hombre: separemos en el Papagayo, en el Canario y en el Mirlo los sonidos que han adquirido de los que les son naturales; observamos las aves libres y solitarias, y reconoceremos que no solo se modifica su voz según sus afecciones, sino que se alimenta, fortifica, altera, muda, es lingue ó renueva según las circunstancias y el tiempo. Como entre todas sus facultades la voz es una de las mas felices, y cuyo ejercicio les cuesta menos, la ejercitan hasta el extremo de pacecer que abusan de ella, y no son las hembras, las que, como pudiera creerse, abusan mas de este órgano, pues que entre las aves son mucho mas calladas que los machos. Lanzan como estos chillidos de dolor ó de miedo, manifiestan su inquietud ó cuidado, particularmente por sus hijuelos; pero parece que á la mayor parte les está prohibido cantar, mientras que en el macho el canto es una de las cualidades que nos causa mayor sensación. El canto es el producto natural de una dulce emoción; es la expresión agradable de un deseo tierno medio satisfecho: el Canario en su pajarera, el Verderón en la vega, la Oropéndola en el monte, cantan igualmente sus amores con voz vibrante, á la que la hembra responde únicamente con algunos cortos sonidos de mero consentimiento. En algunas especies la hembra aplaude el canto del macho con un canto igual, pero siempre menos fuerte y menos lleno. El Ruiseñor, al llegar los primeros dias de la primavera, no canta todavía; calla hasta que está apareado : su canto es al principio bastante corto, inseguro, poco frecuente, como si aun no estuviera seguro de su conquista, y su voz no llega á ser extensa, brillante y sostenida dia y noche hasta que no ve á su hembra cargada con el fruto de sus amores; ocupada en los cuidados de madre, se apresura á tomar parte en ellos, la ayuda á construir el nido, nunca canta con mas fuerza y con mas constancia que cuando la ve atormentada por los dolores de la postura, ó aburrirse en una larga y continua incubación: no solo atiende á su subsistencia durante todo este tiempo, sino que procura abreviarlo multiplicando sus caricias y renovando sus cánticos amorosos; lo que prueba que el canto depende efectivamente de los amores, pues termina con ellos. En cuanto la hembra empolla calla, y hacia fines de junio el macho deja de cantar, ó solo hace oir algunos sonidos roncos semejantes al canto de las ranas, y tan diferentes de los anteriores que se duda que tales sonidos procedan del Ruiseñor ni aun de ninguna ave.

Este canto que cesa y se renueva todos los años, y que solo dura dos ó tres meses; esa voz, cuyos hermosos sonidos no se oyen sino en la temporada de amor, que después se altera y extingue como la llama de este fuego satisfecho, indica una relación física entre los órganos dé la generación y los de la voz, relación que manifiesta tener una correspondencia mas estrecha y efectos todavía mas extensos en el Ave. Ya se sabe que en el Hombre la voz no adquiere toda su extensión sino después de la puberdad, y que en los cuadrúpedos se aumenta y hace terrible en la temporada del celo: la plenilud de los vasos espermáticos y la superabundancia del alimento orgánico excitan una grande irritación; y la garganta y la voz se resienten al parecer, mas ó menos de este calor irritante: el crecimiento de la barba, la fuerza de la voz, la extensión de la parte genital en el varón; la amplitud de los pechos, el desarrollo de los cuerpos glandulosos en la hembra, son indicios seguros dé las relaciones de las partes de la generación con las de la garganta y la voz. En las Aves estas mudanzas son de mas consideración: las mismas partes, además de irritarse, alterarse ó mudarse por iguales causas, se destruyen al parecer enteramente para renovarse: los testículos, que en el Hombre y en la mayor parte de los cuadrúpedos, se conservan casi siempre en el mismo estado, se marchitan en el Ave, y se hallan, por decirlo así, reducidos á la nada después de la temporada del celo; á cuya vuelta renacen, adquieren una vida vejetativa y engruesan mas de lo que parece permitir la proporción del cuerpo: el canto, que cesa y renace en las mismas épocas, indica alteraciones relativas en la garganta del Ave, y bueno fuera observar si se presenta entonces en los órganos de la voz alguna nueva producción,algunaextension considerable que únicamente dura lo que la hinchazón de las partes de la generación.

Además, parece que el Hombre ha influido sobra este sentimiento de amor, el mas profundo de la naturaleza; parece al menos que ha aumentado su duración y multiplicado sus efectos en los animales cuadrúpedos, y en las aves que alimenta; las aves de corral y los cuadrúpedos domésticos no están limitados, como

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