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Zoología. Aves. Página 15. Tomo 3. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



longado suspiro, tan triste como el invierno que nos traen, ó como el soplo del cierzo en un bosque deshojado. Es observación muy curiosa ver a las Grullas venir con maravillosa exactitud en unos mismos dias de octubre. ¿Cuál será, pues, el calendario que las instruya á pesar de la irregularidad de las estaciones en cada año?

El triángulo isósceles que forman estas bandadas de viajeros es la figura mas favorable para hender los aires: el ave que marcha á la cabeza es la que se fatiga mas; y por eso cada una ocupa aquel lugar á su vez. Las emigraciones de los Pescados se ejecutan en el mismo orden: el mas robusto ocupa la cabeza, todos los machos les siguen, después las hembras, y los jóvenes á retaguardia.

Cuando el viento desordena la banda de Cigüeñas, se reúnen en circulo; evolución que también ejecutan cuando un águila las ataca.

Mas bien la falta de alimentos, que el frió, es la que obliga á las aves á emprender sus viajes: no encontrando ya á la aproximación del invierno nuestras razas insectívoras y muchas granívoras mas que un surco despojado de producciones, privado de verdura, verdadera imagen de la desolación y la muerte, se ven precisadas á huir buscando un cielo mas benigno. En el invierno, estación de sufrimientos y privaciones, solamente se ven campiñas aisladas, huyen los cuadrúpedos á encerrarse en sus cuevas, quedan los Reptiles aletargados en sus madrigueras, y los Pescados presos bajo espesas capas de hielo; los Testáceos se esconden entre el limo, los Insectos y Gusanos se ocultan, se aletargan ó mueren; marchitase la yerba; la naturaleza entera se contrista con los hielos. Entonces se prepara el ave para sus viajes. En el equinoccio de otoño la Golondrina desde el culminante edificio llama, reúne sobre los tejados á sus hijos, á su familia; señala el dia, la hora, nada la detiene; parte con su tropa al punto designado; aprovechándose del rumbo del viento que la es conveniente y atravesando los mares descansa en las islas.

En prudente consejo se dispone el dia de la marcha; apenas luce, parten: tal vez una avecilla tierna pregunta al alejarse dé la dulce floresta paternal: ¿cuándo la vida volverá al prado, tan marchito y lúgubre, la alegre primavera, y á sus nidos á los que de ellos desterrados huyen?

(Racine.)

¡Infelices las imprudentes que por negligencia quedan, ó por achaques de la edad no pueden dejar el país natal! ¡Ellas arrastran una vida desgraciada, sufriendo todos los horrores de la indigencia entre las nieves y los hielos! Así nuestros pequenitos Reyezuelos se aproximan á la granja del labrador durante las mas crudas heladas; y parece que reclaman de él hospitalidad, y que desean pagársela de antemano entonándole tiernas canciones, cual jóvenes trabajadores en las puertas del castillo de un antiguo señor.

Pero con los meses floridos, á la aproximación de los bellos dias volverán nuestros encantadores viajeros, á la vez que retornan á sus frías y tristes moradas las aves del agua y de los pantanos. Otra vez se poblarán los matorrales, los sotos y las florestas, y resonando con nuevos acentos, la naciente verdura cubrirá nuevos nidos. De este modo se pasa la venturosa vida de estos pueblos del aire. ¿Y qué poseemos nosotros mas que ellos con nuestra civilización y nuestras artes en el ocaso de la vida? ¡Cuánto mas afortunada es la existencia en el seno de la naturaleza, en la deliciosa morada de la inocencia y la paz, cuando por el verano se renuevan las frescas sombras de los bosques!»

A estas nociones generales tan poéticamente presentadas por la elegante pluma de Virey, añadiremos ahora, para dar mayor solidez á las ideas, el estudio sintéti-

estación que le será favorable ; por esa ciencia de los meteoros que aprendió con perfección viviendo de continuo en el aire, prevé muy de antemano la venida de las escarchas ó la proximidad de la primavera. Antiguo aeronauta de la naturaleza, dirige su rumbo sin brújula, se sumerge en las mas densas nubes, elévase sobre la región de las tempestades; y viendo al Hombre y los animales arrastrarse en esta cenagosa tierra, se lanza hasta el astro de la luz y respira el éter de los cielos. Al fin desciende con el céfiro á una tierra hospitalaria, y la saluda con sus cánticos: allí encuentra alimentos preparados por la manó de la Providencia, asilo seguro, frescos sotos, montes y bosques, donde ocupa la misma habitación de los años anteriores y reconoce allí el nido de sus amores, la cuna de su infancia. La Cigüeña halla la antigua torre, la Golondrina su ventana, él Ruiseñor su bosquecillo solitario, el Pitirojo la vieja encina cubierta de musgo, el pequeñuelo Collalba su matorral.

También las aves acuáticas pueden avanzarse hasta las mas ardientes regiones, volando ó nadando alternativamente: sin embargo ave ninguna, y sobre todo ningún cuadrúpedo de la zona tórrida es común á los dos hemisferios; de modo que el Nuevo-Mundo debió estar separado ya del antiguo, cuando estos animales fueron criados. Así cada ave adopta una patria, un lugar conveniente á su naturaleza; y cuando el cambio de estaciones la obliga á buscar otro clima análogo al que deja, no es sino temporalmente, y vuelve llena de alegría al antiguo reino de sus padres, patria de su dicha y sus placeres.

Estos grandes viajes de las aves se ejecutan por lo regular en la época de los equinoccios: esta es la estación de los vientos impetuosos, como si la naturaleza los suscitase entonces para transportar á esos veloces hijos del aire. Arrojando el frió á las aves de las regiones polares hacia climas mas templados, obliga igualmente á las de estos á pasar á otros paises mas cálidos; pero, al aproximarse el verano, las regiones ardientes devuelven sus habitantes á los paises templados, como estos hacen huir á paises mas fríos sus tristes pueblos. Se opera pues en el invierno una afluencia general de aves hacia la zona tórrida, y en sentido contrario hacia los polos en el verano. Sin embargo no todas las aves que desaparecen durante el frió de una región, cambian por eso de morada: algunas se retiran a una abrigada vivienda, á algún sitio desierto, ó al amparo de ásperas rocas. Al fin del invierno la Oropéndola, el Malvis, la Chova, el Cuclillo, la Corneja y otros volátiles salen de estas grutas ignoradas y se dispersan por nuestros bosques. Otras familias, en vez de emigrar, se contentan con irse retirando de comarca en comarca á medida que las persigue el frió, hasta un sitio mas meridional: estas especies llamadas erráticas son los Pinzones de Ardenas, Alondras, Hortelanos, Tordos, Zorzales y otras razas baccívoras, principalmente los Papagayos, que van en grandes bandadas á imponer, digámoslo así, contribuciones á los frutos de la tierra, ó que imitan á esos pueblos que emigran todos los años por el invierno para recoger con afanes lo supérfluo de los paises ricos: buscan, pues, estas especies los terrenos cultivados y los parajes próximos á la habitación del Hombre. Pero, si estos huéspedes del verano abandonan nuestros bosques por el otoño, llegan entonces los pueblos del invierno: arrojados los Palmípedos de la atmósfera nublada y oscura y de los hielos del Septentrión, van presentándose sucesivamente en nuestro país destacamentos de Chorchas, hileras de Aves-frías, de Pardales, atravesando las nieblas, y seguidos de bandas triangulares de Cigüeñas y Grullas, de Cercetas y Patos silvestres. Ellas se paran en las praderas inundadas y en los juncales de los pantanos, ó bien en los valles húmedos y despejados de los bosques; óyense por intervalos clamores melancólicos, pues la voz de estas aves imita un pro-

 

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