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Zoología. Aves. Página 10. Tomo 3. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



uno pedir el alimento que le es propio. Es pues, indudablemente la naturaleza quien determina los animales, y no ellos los que la crean: si con asiduos afanes logramos modificarla levemente, muy presto recobra su instinto con energa, revindica sus derechos en lo ntimo del corazn; el grito de la conciencia resuena fuerte, no solamente en el Hombre, sino en el animal quien se contraria y oprime, y cuyas costumbres direccin nativa se fuerzan tuercen violentamente.

Hemos dicho que la grande respiracin de las aves era el principal acto de su economa viviente, y que l era quien comunicaba todos los dems su impulso y actividad ; que el calor vital, el ardor amoroso y la rapidez de sus movimientos dependan de la energa de aquella funcin; y aun notaremos otras disposiciones innatas y particulares en estos animales, que tambin resultan de ella. Considrese cuanta aptitud, cuanta facilidad les da esta grande respiracin para el canto, acrecentando la extensin de su voz, principalmente en la estacin del amor. Todo el mundo sabe que la voz humana adquiere timbre y fuerza en la pubertad, y que se hace cascada cuando por el transcurso de la edad se pierde la potencia generativa. Tambin los cuadrpedos en la estacin de sus ardores, adquieren un luiiu , viiz simiirii, aun veces espantoso. El canto en las aves no es mas que la espresion del amor, porque pasada la poca de l, ya no resuena su voz en los bosques; el Ruiseor, que desplegaba todo el encanto de su melodiosa voz, no deja oir despus de extinguidos sus amores, sino un grito desagradable, semejante al silbido de un reptil. Los pujaros enjaulados nunca cantan mejor que cuando estn privados de sus deleites; y se han visto algunos tan arrebatados al aspecto de una hembra, a la que no podian acercarse, que cantaban con una especie de furor, hasta caer en la epilepsia: tambin los alimentos estimulantes son muy propsito para escitar el canto de estos animales. Al contrario, los capones y otras especies mutiladas no cantan jams, porque ya un tienen amor, ni por consiguiente alegra: las hembras poseen una voz mucho mas dbil mas delicada que los machos, porque su laringe no adquiere tanto desarrollo; y aun el mayor nmero de ellas son casi mudas, no cantan mas que en aquellos acentos primitivos, especie de lenguaje natural, muy diferente del amoroso canto de los machos.

De esta multiplicidad de voces y sonidos resulta que las aves forman entre si mas lazos sociales que los dems animales; que se establecen mas relaciones entre los sexos; y que las madres hablan con sus hijos y ellos entienden las diversas modificaciones de su canto, ya para acogerse al abrigo de sus alas, ya para acudir al cebo, para ocultarse la vista del Gabilan. Los diferentes acentos de alegra dolor, de sorpresa, espanto etc., son inteligibles entre todas las especies de animales,que, teniendopulmones, pueden por medio de ellos exhalar esta especie de dialecto, y comunicarse mutuamente sus afectos, con auxilio tambin de otros gestos y signos corporales.

Adems d este lenguaje primitivo hay otro adquirido por resultado de las relaciones sociales, y principalmente de las que forman los dos sexos entre s, pues el amores el principio de toda reunin natural. Un ser que pudiese satisfacer sus necesidades por s solo no usara mas que algunos acentos signos: por eso las aves solitarias, las de rapia, por ejemplo, no gozan la facultad del canto, y se espresan solo por algunos gritos salvajes: el Perro as que pierde la domesticidad, pierde tambin el ladrido. El Hombre enriquece y perfecciona su habla tanto mas, cuanto mas intima y estrecha sus relaciones con el otro sexo. Los pueblos mas propensos al amor y entre los que mas reina la galantera, son tambin los mas habladores y los mas cibilizados de la tierra : as eran

cuan parlera, curiosa y volubre la Urraca: el Abestruz y la Chocha-perdiz son mas necios aun que el Per-ioctero ; el Pinzn es alegre; petulante y lbrico, el Gorrin; alocado, el Estornino; y precipitado, el Pardillo: el Ganso, como tan receloso, vigila de noche; el Palomo es dulce y amoroso; triste y melanclica, la Garza real; el Gaviln rapaz; insaciables y chillonas las Paviotas etc. Entre los Papagayos, Mirlos, Grajos y Cuervos que se educan y reciben alguna instruccin, se nota variedad de matices en la ndole de cada especie segn la enseanza que se les da.

En nuestros das un naturalista clebre, atendiendo estas diferencias, ha creido poder esplicar la diversa conformacin de estos animales, determinndola como un efecto de sus hbitos. Afirma l, por ejemplo, que en el origen de todas las cosas, obligadas las aves, que se hallaron junto las aguas buscar su alimento en ellas, se atrevieron nadar; y por los esfuerzos que hicieron para esto con sus pies, se les configuraron como remos, as como estirando su cuello para buscar las yerbecillas dentro del agua, se les alarg; y, en fin, para mejor hozar en el cieno y chapuzarse fue preciso tambin que el ave aplastase su pico; esplicndose as la formacin del Cisne, del Pato etc. Sentado tal principio, este sabio naturalista ha debido ya establecer que la voluntad de cualquier animal, determinada por las circunstanciasen que se halle, basta para dar en el espacio de algunos siglos una otra configuracin cada uno de estos seres animados.

Discutamos brevemente ese ingenioso sistema, que han admitido algunos naturalistas, contrayndonos las aves. Cul circunstancia probable puede obligar necesariamente un animal que vuele por los aires? Yo la ignoro; pero convengamos en que exista. Veamos, pues, un ser esforzndose para lanzar al aire sus brazos patas delanteras; para dilatarlas como alas y sostenerse: l habr de ensanchar su pecho, por medio de grandes respiraciones, para hacerse mas leve; y habiendo conocido cuan pesada debe serle la carga de los hijos durante la preez, imagin prudentemente que es mejor poner nuevos. Y todava no es lo absolutamente necesario el querer volar, y ensayarse para ello con perseverancia de padres hijos por muchos siglos: es adems preciso acomodar toda la construccin de los rganos para tal efecto; es indispensable inventar plumas y vestirse de ellas; es preciso que todo se modifique, lo mismo exterior que interiormente; y que la voluntad la inteligencia de un Gorrin forme sus msculos, sus huesos, sus nervios de cierto modo para Gorrin; decir porqu le agrad mas bien ese gnero de vida que el de Golondrina. As en el principio de las cosas, tal animal habr preferido el ser Pescado; el otro, Insecto; aquel, Buey; este, Lagarto; el otro, Hombre, segn las circunstancias en que se haya encontrado y el tiempo que su raza baya empleado para organizarse su voluntad ; y en seguida la naturaleza se habr acomodado ello. Cuntas improbabilidades encierra tal sistema!

Veamos cuanto mas natural es,por el contrario, buscar el origen de los hbitos de cada animal en la conformacin primitiva ordenada por una suprema inteligencia. Tmense cien huevos de aves diferentes, y empllense sin el concurso de sus madres en unos de esos hornos por medio de los cuales los egipcios criaban pollos millares, hornos que Reaumur nos ha enseado imitar: tan luego como nazcan, cada una de estas aves buscar el alimento que le es propio, y seguir sus innatas inclinaciones adaptadas su gnero de vida. El pequeo nade ir sumergirse en las aguas mas prximas; el polluelo escarbar la tierra para desenterrar granos; el aguilucho manifestar desde luego su feroz y cruel instinto; el joven buho huir ocultarse de la luz; y el pequeo papagayo se esforzar trepar, ayudndose con su corbo pico: cada

 

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