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Zoología. Aves. Página 8. Tomo 3. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon. Los Tres Reinos de la Naturaleza, Tomo 3.



nes, en el Pjaro-fragata, Paviotas, etc.; mientras que el Avestruz con sus grandes y fuertes patas tiene solamente alones, que levanta para correr rpidamente, pero sin poder volar. Las Gallinceas y Zancudas, que tambin corren sobre sus largas patas como zancos, tienen el vuelo muy torpe. Los Pajaro-bobos y otros que nadan con suma perfeccin tienen solamente unos aloncillos, que no pueden sostenerles en el aire: pudiera decirse que los unos tienen pies espensas de las alas, y que los otros vuelan tanto mejor cuanto mas imperfectamente andan. No puede, pues, el Hombre dominar sino las razas imperfectamente organizadas para el vuelo, las mas terrestres y pesadas: abusa de una industria bastante cruel aprisionando desde la infancia esos amables msicos de los bosques, que no viven unidos l por los lazos de la vida domstica, sino esclavizados por la violencia, siendo sus siervos mas bien que sus amigos; y si cantan en su cautiverio no es por agradar su tirano, sino para distraer el tedio, para comunicar sus hembras los amores los pesares que les aflijn.

Si nosotros experimentamos placer en nuestros viajes con la diversidad de objetos, cunto mayor debe gozarlo el ave por la asombrosa velocidad con que recorre los pases mas distantes entre s? Un Cuervo, un Reno andan apenas cuarenta leguas en el da: el Caballo, que en su mas impetuoso curso corre una legua en seis siete minutos, no podra continuarlo por mucho tiempo causa de la fatiga: la Gacela se eleva muchas toesas sobre las rocas; pero no por eso son apropsito para andar largas distancias. Por el contrario, el mas pequeo pajarillo- puede andar muchas leguas en una hora: por ejemplo, un Milano corre una legua cada minuto, y anda sin fatigarse 200 300 en un dia. Un Halcn de Enrique II de Francia, habindose escapado de Fontainebleau, fue cogido en Malta, y reconocido por el anillo que llevaba en las palas la misma maana del dia que se fug: otro enviado desde las islas Canarias un ministro de Espaa residente en Andaluca, volvi Tenerife en diez y seis horas, no obstante haber doscientas cincuenta leguas desde un punto otro. En fin, se han visto las Gabiotas en alta mar mas de doscientas y treinta leguas volver todas las tardes la ribera, y los Pjaro-fragatas quinientas leguas de la tierra. Nuestras Golondrinas llegan hasta el Senegal ocho nueve dias despus de su partida de Europa, y las Palomas mensajeros de Oriente llevan una carta casi con tanta rapidez como nuestros telgrafos ejecutan seales.

Pero este gran desarrollo de la facultad de volar, de esa rapidez de movimientos, seria intil y muy nocivo al ave, si la vez no poseyese una vista penetrante y perspicaz para abarcar inmensas distancias, para descubrir desde las mayores alturas de la atmsfera la presa que persigue en la tierra en el agua; porque una accin tan impetuosa la expondra chocar al paso contra todos los cuerpos. Por eso los animales de vista corta imperfecta se mueven con lentitud, tientas por decirlo as como los ciegos. Al contrario, el ave, principalmente la de alto vuelo, est dotada de vista espaciosa y viva: tal es el guila, que desde las alturas de los cielos apercibe la mas pequea Liebre oculta en un surco, y se precipita sobre ella tan rpida como el rayo. En general las aves tienen la vista prs-vte, es decir, ven mejor de lejos que de cerca como los ancianos: sus ojos son demasiado grandes en proporcin de su cabeza; un tercer prpado muy fino y casi trasparente los preserva de la accin demasiado viva y resplandeciente del sol; su cristalino es aplanado; su humor acuoso es muy abundante para refractar mejor la luz en el aire enrarecido de las alturas; una especie de msculo romboidal trasparente comunica de la retina al cristalino para reiterar este mas menos, alargando acortando la vista por tal procedimiento, como se gradan los anteojos para diferen-

(tiene hasta 35 , y nosotros solamente de 30 32); parece hallarse con fiebre perpetua; casi no pueden contarse las rpidas pulsaciones de su pulmn y corazn; apenas queda un momento en reposo, se halla como devorada por el fuego de la vida; ni el rigor de nuestros inviernos puede aletargarla, ni los grandes fros de las altas regiones atmosfricas, paralizan sus actos. Tendremos ocasion de observar que, si muchas aves emigran pases clidos, no es por causa del fri de nuestros inviernos, sino por falta de insectos y otras produciones con que alimentarse entonces.

Y para ejecutar esos movimientos violentos que sostienen al ave en el aire, qu asombroso vigor de msculos no era necesario? Cuan rpidos aletazos tendr que dar, repitindolos sin cesar con tan suma presteza? Quin pudiera subvenir tanto gast de tuerzas sino fuese el fuego de la respiracin? Por la misma causa es por la que los otros animales jadean respiran con frecuencia cuando corren velozmente. Adems el aire, calentndose, en el cuerpo del ave, contribuye tambin disminuir su peso; y de aqu podemos deducir que todas las tentativas de los Hombres para imitar el vuelo no pueden tener resultados por carecer de ese gran sistema de respiracin, pues por lo menos necesitaramos tener, como los Murcilagos, un pecho dilatado, anchos pulmones, poderosos msculos pectorales para agitar, como ellos, fuertes alas. Sin estas circunstancias, esos imprudentes Icaros no logran mas que estropearse y llenar los peridicos con la relacin de sus locas empresas.

Por otra parte, el ave tiene formado su cuerpo apropsito para hender el aire mejor que todos los dems animales que vuelan, sin esceptuar ni aun los pescados de grandes nadaderas pectorales, y una infinidad de insectos alados. Para apoyar el omplato con mas firmeza, el ave tiene la espina dorsal inflexible y un esternn que, prolongndose, forma una especie de coraza sobre el pecho con una punta espina en medio, donde se ligan los grandes msculos pectorales, que facilitan el juego de las alas: por ltimo, un hueso ahorquillado en forma deY para articular las espaldas y separar las dos clavculas, afirmando los huesos de sus brazos, que rematan en ala.

Ntese tambin con qu soltura el ave se arroja por los aires, y elevndose, descendiendo, partiendo en lnea recta caracoleando; ya describiendo una lnea rasante sobre la tierra las aguas, desapareciendo en la inmensa altura de las nubes! Ella juguetea en la vasta planicie de la atmsfera, sirvindose de su cola como de timn; ora la vemos recogiendo la semilla de las plantas, ora respirando un aire puro y sereno en la azulada bveda de los cielos, mientras que descargan las tempestades sus rayos y granizos sobre los animales terrestres. El ave de alto vuelo, vestida de clida y blanda pluma, no teme el penetrante fri de las regiones elevadas: ciudadano orgulloso del aire, se sustrae la tirana del Hombre. La Golondrina, el Ave del Paraso, viven independientes en esos dilatados desiertos de los cielos, donde no pueden alcanzarles las cadenas de la esclavitud, ni las viles obligaciones de la domesticidad. Las especies provistas de alas potentes con vuelo sostenido, como el guila, desprecian las de vuelo pesado; las cuales por su gran volumen viven en la tierra, sometidas al dominio del Hombre: tales son las Gallinceas, familia glotona, los Anades y Patos, especies voraces y vocingleras, que prefieren a la austeridad y pobreza de la libertad, los tristes y mezquinos servicios con que pagamos su servidumbre. Cuanto mas perfectamente organizada est un ave para volar, con mas ardor ama su independencia, mas fuertemente repugna la domesticidad: as la Golondrina y el Avin perecen muy pronto enjaulados. Tambin cuanto mas puede un ave elevar el vuelo, mallo mas estenso lo posee, mas cortos tienen los pes, y menos tiles le son: asi se nota en los mismos Avio-

 

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