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Zoología. Mamiferos. Anatomía y Fisiología. Página 239. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



mentos óseos están mas extendidos, y situados asimismo á una distancia mas considerable los unos de los otros. Así que, por no esponer mas que un ejemplo, la hoja ósea que Cuvier designa en los Peces, con el nombre de cuerpo anterior del esfenóides, y á la que Mr. Agassiz llama etmóides cranial, nos parece que representa la lámina crivosa del etmóides, puesto que está situada por debajo del nervio olfativo y perforada por agujeros que sirven para darle libre paso. De esta porción craniana del etmóides, se extiende una lámina media que forma tabique á las órbitas, y cuyo largo continua la marcha de los nervios olfativos, y que se termina en la porción facial del etmóides.

En los Mamíferos todas estas partes están aproximadas y de algún modo condensadas; estas particularidades derivan, sin duda alguna, de la diferencia primordial que presenta el encéfalo, que está encorvado sobre sí mismo en los Mamíferos, en tanto que se extiende sobre un mismo plano en los Peces. He aquí una de las razones por las cuales hemos asegurado la importancia de este carácter primitivo del encéfalo, en los grandes grupos vertebrales.

Sobre la base del cráneo, constituida del modo que acabamos de indicar, está sostenida la cápsula cerebral de la cual vienen á desarrollarse las placas óseas destinadas á completar la caja craniana.

En la porción basilar del occipital se inserta la porción escamosa, que forma por delante la cavidad del cráneo, y completa, como una especie de desarrollo apofisiarío, la vértebra constituida por el occipital. En las escavaciones de la cara interna de este hueso, es donde se alojan los lóbulos del cerebelo y la porción posterior de los lóbulos cerebrales. Hacia el medio de la lámina escamosa del occipital, en la región llamada protuberancia externa, se manifiestan, por lo general, dos puntos de osificación, que se confunden luego, y por encima dé los que aparecen otros dos mas. Se ven también con frecuencia dos en la coronilla y dos á los lados, que se sueldan pronto con los otros. Sucede con mucha frecuencia, que un número mas ó menos considerable de estas piezas óseas queda aislado, constituyendo entonces los huesos trormianos, situados entre la sutura angular del occipital con la del parietal, la sutura lamboidea. Se encuentra generalmente un punto de osificación en la parte basilar del occipital y uno en cada apólisis articular. La porción escamosa es la primera á osificarse; la basilar se osifica después. En su origen el occipital presenta, generalmente, cuatro piezas que no llegan á soltarse hasta después de su completo crecimiento; la una compone la parte posterior y superior del occipucio; la otra forma el cuerpo occipital; las dos últimas laterales, cubren los lados del agujero occipital, y comprenden los cóndilos. El occipital superior se une desde luego con las piezas laterales, de suerte que la parte basilar es la que queda por mas tiempo separada.

En el momento del nacimiento y aun muchos años después, el esfenóides está dividido en tres piezas, las dos grandes alas y el cuerpo, al cual están unidas las pequeñas alas. Empero en el feto es el esfenóides el hueso que presenta mayor número de núcleos aislados; siete son los que generalmente se cuentan, que no coexisten, sin embago, en un mismo tiempo; las soldaduras parciales tienen efecto antes que nuevas piezas aparezcan.

Con la grande ala del esfenóides se articula por cada lado un temporal, en el cual pueden considerarse tres partes: la porción escamosa, el cuadro del tímpano, y la parte petrosa ó peñasco con la apófisis mastóidea. Generalmente se admite que la apófisis mastóidea forma primitivamente una pieza distinta de la porción petrosa con la cual se confunde después. La porción escamosa tiene origen por un punto óseo situado en su extremidad inferior, de donde se irradia la osificación. En cuanto al peñasco y ni marco del tímpano,

hemos hablado del primero al hacer la historia del desarrollo del órgano auditivo; hablaremos del segundo cuando estudiemos los arcos branquiales. De la cara externa de la porción escamosa del temporal, toma origen una apófisis que debe encontrarse con otra del hueso pómulo, y formar con ella la arcada zigomática que se encorva mas ó menos formando asas y es mas ó menos aplanada. El temporal de los Mamíferos se distingue sobre todo del de las tres últimas clases de Vertebrados, por la larga superficie de su porción escamosa, y del de las cuatro ultimas por la falta del hueso cuadrado ó timpánico en el que se articula la mandíbula inferior.

Por encima del temporal se elevan los parietales, bajo la forma de láminas que constituyen la bóveda del cráneo. Su osificación procede de un punto único, situado hacia su medio, desde el cual se extiende en forma de radios. Después de este trabajo de osificación, los bordes de los parietales son las últimas partes que se convierten en huesos: así es que quedan por mucho tiempo entre estos huesos y los inmediatos, intervalos vacios, llamados pontanelas. Los dos parietales se unen por la sutura sagital, antes de hacerlo con el occipital por la lamboidea; con el frontal, por la sutura coronal; con el temporal, por la escamosa. Esta última sutura indica cierta tendencia de los temporales á deslizarse sobre los parietales y á apartarse del cráneo cuando este se encoge; en los Rumiantes el temporal también se une por fuera ó sobreponiéndose al parietal.

La osificación del etmóides se efectúa desde luego en las partes laterales: en los cornetes de la nariz, empieza por la media y concluye por la superior; invade en seguida las células etmoidales, y por último la lámina papirácea. En su origen estas láminas laterales son distintas de la lámina perpendicular, que con la apófisis cresta de gallo, no se desarrolla en parte ni se osifica hasta el primer año. La lámina crivosa parece ser la última que adquiere la naturaleza ósea, y no termina su entera osificación hasta cerca del quinto año en el Hombre.

En los Bimanos y en los Monos, el etmóides aparece formando la órbita, en tanto que en casi todos los demás Mamíferos tan solo se la observa formada por el esfenóides y por el frontal. En la fosa la lámina perpendicular se manifiesta en la extremidad del hocico.

El tabique de las fosas nasales se completa sobre la línea media por el vómer, que se articula por arriba con la lámina perpendicular del etmóides. Presenta desde luego, dos láminas delgadas unidas por su borde inferior y posterior, y que no se confunden en el Hombre completamente hasta después de los doce años. El vómer no parece tener muchos puntos de osificación.

La pared superior y anterior de la jaula ósea de la nariz está formada por los dos huesos propios de la nariz que nace cada uno de un solo punto de osificación, y que varian en los Mamíferos por la prontitud, con la cual se reúnen en un solo hueso.

La parte anterior del cráneo está ocupada por el frontal, cuya osificación empieza por dos núcleos, que corresponden á los puntos donde mas tarde se manifiestan las eminencias designadas bajo el nombre de abolladuras frontales. La osificación se propaga irradiándose, y de aquí resultan dos huesos que llegan á soldarse íntimamente sobre la línea media por la sutura frontal, durante los primeros años de la vida, los cuales alguna vez aparecen distintos.

De la pared frontal del cráneo descienden la pro-longacion nasal, cuya sustancia da origen á los ínter-maxilares. Muy pequeños y muy unidos en el Hombre, estos huesos se desarrollan mas en los otros Mamíferos, sin adquirir, sin embargo, la importancia que tienen en los últimos Vertebrados, en los cuales constituyen solo casi toda la cara. El origen de loa intermaxilares



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