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Zoología. Mamiferos. Anatomía y Fisiología. Página 238. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



del cráneo.

De todas las partes del esqueleto, la caja craneal es después de la cara, la mas complexa por el número y por la colocación de sus piezas; siendo también aquella cuya composición ha dado lugar á las teorías mas numerosas y diversas. Lo mismo que se ha visto ser el encéfalo, una continuación de la médula espinal un poco mas desarrollada, se ve también en el cráneo una prolongación de la columna raquidiana cuyos elementos vertebrales, mas ó menos modificados y diversamente agrupados, se encuentran en los huesos del cráneo. La denominación de vértebras cranianas fue pues empleada para designar el conjunto de cinturones óseos que encierran el encéfalo, como los nombres de vértebras cervicales, dorsales y otras han servido para designar las regiones correspondientes del raquis que cubre á la médula espinal. Empero, las modificaciones considerables que presentan los huesos del cráneo, cuando se les compara con las otras vértebras, dificultan la aproximación de partes análogas, y la significación de las piezas óseas fue desde luego diversamente interpretada por los partidarios de esta doctrina. Tan pronto, no han visto en el cráneo mas que una sola vértebra; tan pronto han encontrado, tres, cuatro, seis, siete y aun mas. Algunos anatómicos creen asimismo que las vértebras del cráneo están todas tan completas como las demás del cuerpo; que el número de los elementos vertebrales está normalmente fijo, y se encuentra de un modo invariable sobre todas las cabezas de los animales vertebrables, en una época mas ó menos apartada de su desarrollo; que la vértebra es la forma primitiva y típica de toda formación ósea. Esta divergencia de opiniones entre escritores que sin embargo se proponen un mismo fin, prueba que la constitución del cráneo no ofrece con toda la simplicidad con que la anuncia la doctrina la prometida semejanza; prueba sobre todo la ausencia de un principio común que pueda guiar en la determinación de la naturaleza vertebral de las piezas cranianas. Este principio, nos parece que debemos buscarlo en el estudio mismo de las vértebras, en el examen de las condiciones necesarias para su formación y desarrollo, como M. Agussiz lo hizo para con el cráneo de los Peces. Empero, este estudio nos ha hecho ver que la condición fundamental de la formación de las vértebras es la existencia de una cuerda dorsal, alredor de la que se forman los anillos del cuerpo dé las vértebras, y del que nacen los arcos que deben abrazar la médula espinal. Lo espuesto siguiendo el desarrollo de los huesos cranianos nos mostrará si estos huesos llenan las condiciones de la formación vertebral, nos permitirá comprender la composición del cráneo, sin teoría anticipada, y en su límite riguroso los hechos recogidos por la observación.

Hemos visto que las láminas dorsales forman primitivamente en su parte anterior tres dilataciones que se cierran seguidamente alrededor de las tres células encefálicas, y que la cuerda dorsal se prolonga por debajo de esta cápsula cerebral, sin llegar hasta su extremidad anterior y sí tan solo hasta el nivel de las vesículas auditivas, entre las cuales se termina en punta. Esta porción encefálica de la cuerda dorsal presenta los mismos fenómenos que su porción raquidiana; se reviste también de una vaina y presenta igualmente sobre cada lado un cúmulo mas ó menos considerable de blastema. La masa blastemática que envuelve la cuerda se cartilaginiza en seguida y ofrece el cuerpo ó apófisis vacilar del hueso occipital, encerrando la extremidad anterior de la cuerda dorsal. Por su origen, por su modo de desarrollarse, por sus relaciones con la cuerda dorsal, el cuerpo del occipital es, pues, en realidad, un cuerpo de vértebra. Lateralmente envia este dos prolongaciones arqueadas

que se reservan sobre la médula espinal, y limitan el agujero occipital por el que la médula penetra en la cavidad encefálica. Las apófisis articulares se desarrollan también en cada lado de aquel agujero, y sirven para la articulación del cráneo con el atlas: tales son los cóndilos occipitales. Todo, pues, en la formación basilar del occipital nos recuerda evidentemente las condiciones y las diversas fases de la formación de una vértebra.

Por delante de la extremidad cortante de la cuerda dorsal, la masa blastemática está un poco prolongada en su ancho, después se divide en dos prolongaciones ó asas laterales, a las cuales llamó Rhathke potras del cráneo. Estas asas laterales se apartan, circunscribiendo un espacio que va siempre estrecbándose, y en el cual viene luego á situarse la glándula pituitaria; se aproximan en una pequeña placa hacia la extremidad anterior de la cápsula cerebral. Una pieza ósea, el cuerpo posterior del esfenóides, nace de la pequeña masa tubular situada por delante de la cuerda dorsal, distante al principio del cuerpo del occipital: se suelda después con él de una manera tan íntima, que muchos anatómicos designan con Faemmerring, á la unión de estas dos piezas con el nombre de hueso basilar. Las dos potras del cráneo, van siempre aproximándose, se sueldan luego, y dan origen á la silla turca, en la que se aloja la glándula pituitaria y á las grandes y pequeñas alas del esfenóides. Entre las dos pequeñas alas ó alas anteriores, una masa blastemática especial produce el cuerpo anterior del esfenóides, que se encuentra en todos los Mamíferos. Una pequeña prolongación impar se manifiesta también entre las dos potras, sin apartarse lejos de ellas, sin metamorfosearse en hueso alguno permanente. La historia del desarrollo del esfenóides, no presenta así pues, fenómeno alguno que se parezca á la formación del occipital, y por consecuencia á la de las vértebras: jamás rodea la cuerda dorsal, no presenta un cuerpo vertebral propiamente dicho, no se encorva alredor da la médula; y habrá que negar las leyes del desarrollo de las vértebras ó contentarse con una simple aproximación de palabras para considerar á las asas laterales como análogas á los arcos de las vértebras.

De la parte anterior de las potras craniales reunidas en una pequeña hoja, nacen los diferentes elementos del etmóides, que no se parece mas, en ninguna ocasión, á la formación vertebral. La parte media se desarrolla en una lámina perpendicular, que forma en su osificación el tabique de las fosas nasales. Sobre el borde posterior de esta lámina descansa una pequeña hoja poco después horizontal, que se cartilaginiza, y constituye en su porción media una tableta ósea, que se encuentra también situada de canto sobre la lámina perpendicular y que se le conoce con el nombre de lámina crivosa. Situada por delante del nervio olfativo, la lámina crivosa presenta varios agujeros que la perforan para darle paso fuera del cráneo. Esta se extiende, por su parte anterior, por una prolongación del tabique perpendicular que se eleva en el interior del cráneo y constituye la apófisis cresta de gallo. Por un borde externo, la hoja horizontal delgada, que se convierte en lámina olfativa, y proyecta en la cavidad nasal, las elevaciones lancinosas que forman los cornetes de la nariz. Otra porción produce el hueso liso y pulido que se designa bajo el nombre de hueso plano ó lámina papirácea y las láminas transversales, irreglares, mas á menos numerosas, forman las células etmoidales.

No debiendo esponer aquí mas que la organización de los Mamíferos, no nos es permitido entrar en los detalles de anatomía comparada, y buscar la correspondencia de los diversos huesos del cráneo en todas las clases de Vertebrados. Haremos tan solo notar que las diferencias que presenta la base del cráneo de los Analantóideos consisten principalmente en que, los ele-



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Zoología, hombres, animales, mamíferos, Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Mamíferos. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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