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Zoología. Mamiferos. Anatomía y Fisiología. Página 232. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.



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lante, y se ahuecan de delante atrás formando un surco profundo que se eleva en espiral; los bordes de este surco se aproximan poco á poco, y cuando están unidos, representan un eje alredor del cual parecen estar enrolladas las circunvoluciones de un tubo en espiral. Un pliegue que no tarda en llegar á ser un tabique completo, se forma en toda la extensión del tubo asi constituido. Una lámina formada por la cápsula ósea que envuelve el laberinto membranoso se -interna en este pliegue y la cavidad del caracol se encuentra dividida en dos tramos, de los cuales el uno viene á abrirse en el vestíbulo, y comunica, por consiguiente , con la caja por medio de la ventana oval; en tanto que la otra se abre directamente en la caja por la ventana redonda, por debajo de una elevación de la misma caja llamada promontorio: la ventana oval está situada por encima. Esta constitución del caracol es propia de los Mamíferos; la parte del laberinto que lleva este nombre en las Aves y en los Reptiles propiamente dichos apenas es mas que un cornete partido en dos casillas por un tabique en el cual no se encuentra alguna analogía con los periodos conocidos del desarrollo del caracol de los Mamíferos.

La osificación comienza por el contorno de la ventana oval; se continúa en seguida por los canales semicirculares. Un punto óseo aparece desde luego en el canal vertical superior, de donde la osificación marcha hacia atrás y por debajo para formar la lámina del laberinto; otro punto se manifiesta en el canal vertí cal inferior, y la osificación se extiende sobre la cara interna del peñasco, produciendo la lámina del caracol. El canal horizontal seosiliea enseguida, por invadirle la osificación emanada del primer y segundo punto óseo.

Esta osificación del peñasco adquiere su máximum de dureza en los Cetáceos, en les cuales no se articula con los huesos del cráneo pero queda inserto por ligamentos á una bóveda formada debajo del occipital En los Topos y en los Murciélagos, al contrario, diversas partes del laberinto se manifiestan libres y visibles en el interior del cráneo sin estar envueltas por el peñasco. En el resto de los Mamíferos, el laberinto comunica con el cráneo por dos canales, llamados acueductos, que tienen su orificio, el uno en el vestí bulo, el otro en el caracol; son muy largos especialmente en los Delfines.

En el mayor número de Mamíferos, el caracol for ma dos vueltas y media, como en el Hombre; forma tres y media en los Murciélagos y algunos Roedores tales como el Cabiel, el Conejo de Indias, el Puerco-espin. En los Cetáceos adquiere las mas grandes pro porciones y esta circunstancia unida á la de que se enrolla en un mismo plano y á la constitución particular del peñasco distingue el laberinto de estos animales del de los demás Mamíferos de modo que su oido medio toma caracteres particulares. Por otro la do, si se tiene en cuenta, esta independencia en el modo de formarse el peñasco, podrá deducirse la con secuencia de que, estos huesos deben considerarse como una pieza ósea especial, que no forma esencialmente parte del cráneo, pero pertenece al órgano au ditivo y establece solamente conexiones con la caj craniana de una manera variable.

El pedículo primitivo, que une al encéfalo la vesí cula auditiva, cuyas transformaciones acabamos de seguir, se convierte entretanto en nervios auditivos que toman sus conexiones definitivas. Este nervio pa rece nacer, en el espesor de la sustancia gris, que reviste la cara posterior del bulbo raquidiano, por dos raices; la una prolongada en forma de cinta y grisácea, la otra redondeada y mas densa. Estas dos raices abrazan el cuerpo restiforme y se unen en un tronco que se hueca formando un cañal para recibir el nervio facial. Las fibras blancas, variables en número y que se ven sobre la lambía del cuarto ventrículo, tie-

nen relaciones con el origen del nervio auditivo. Llegando al conducto auditivo interno, este nervio se divide en dos ramas; la una cocleana ó anterior, se distribuye en el caracol y se divide en filetes tenues que se esparcen sobre la lámina espiral de este órgano; la otra, vestibular, se divide en tres grandes brazos que se subdividen á su vez y están destinados á las diversas partes del vestíbulo y del canal semi-circular. En los Cetáceos el nervio auditivo adquiere un ob-men mayor, proporcional al tamaño considerable de las partes'que forman el oido interno.

Del olfato.—Un poco mas tarde que las dos vesículas de donde nace el ojo y el laberinto, aparece , siguiendo la misma marcha que las precedentes, dos pequeñas vesículas destinadas á formar el nervio olfativo. Estas son producidas por un rebebe del cerebro anterior y se aplican contra la pared de la cabeza: á su encuentro se adelanta desde luego, hacia dentro, una depresión de esta pared en donde se formarán las fosas nasales. Se observa que las vesículas olfativas presentan originariamente la forma que afectan las vesículas oculares y auditivas.

Las pequeñas fosetas que representan primitivamente las fosas nasales, constituyen solas la nariz, en una época en que los huesos no están desarrollados todavía, y se presentan como dos pequeñas aberturas separadas por un tabique engrosado. En todos los Mamíferos, antes de la formación de los hueso6, las narices presentan casi esta disposición; mas en el Hombre y en algunos Monos se abren hacia debajo. Se abren también sobre la cumbre de la cabeza de los Cetáceos. Las narices se completan por la aparición de diferentes partes que describiremos cuando nos ocupemos del desarrollo del cráneo y de la cara, y se revisten interiormente de la membrana pituitaria, asiento de la sensación de los olores. En los Cetáceos ordinarios, la membrana pituitaria es delgada, seca, sin órganos glandulares, sin elevación, y esta estructura particular, bien poco favorable para la percepción de los olores, coincide con la falta total de la existencia de los rudimentos del nervio olfativo. El órgano de la olfacion está completo en las Sirenas.

La disposición primitiva del nervio olfativo, forma una especie de tubérculo hueco en continuidad con el ventrículo lateral, se observa en el Topo donde se ve como dos lóbulos por delante de los hemisferios, En los otros Mamíferos, escepto en el Hombre, los Monos y las Focas, este nervio presenta una eminencia cenicienta, ó carúncula mamilar apoyada sobre la lámina crivosa del ethmoides, y ahuecada asimismo por una cavidad que comunica con el ventrículo cerebral. En el Hombre, los Monos y las Focas, la eminencia mamilar es mas reducida, sin cavidad, y se enlaza con el cerebro por un pedúnculo desprendido de su base y alojado en un surco. Este pedúnculo ó tronco olfativo, resulta de la union de tres raices, una gris que nace de la extremidad posterior del surco, donde el tronco olfativo es recibido; los otros dos blancos, de los cuales, uno externo que sale del fondo de la cisura de Silvio, y en los Carniceros á lo menos, del cuerno de Ammion y de la comisura cerebral anterior; otro interno, nace de la extremidad posterior del lóbulo anterior, por delante de la sustancia perforada. Llegando sobre la lámina crivosa, el ganglio mamilar, se divide en un gran número de filetes que se distribuyen en la membrana pituitaria.

Un órgano propio de los Mamíferos y unido á la membrana pituitaria, es el órgano de Facobson, especie de saco largo y estrecho, mas ó menos glan-duloso, revestido de un estuche cartilaginoso y echado en cada lado sobre la lámina de la nariz. Este órgano, cuyos usos ignoramos, recibe nervios de las carúnculas mamilares, así como del ganglio naso-palatino. Falta en el Hombre, es poco aparente en los Cuadrumano!-,

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