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182 LOS TRES REINOS DE LA NATURALEZA. ZOOLOGÍA.

era preciso que una parte considerable, se transportase en otros buques.

Cuando después se hicieron las Ballenas francas tan ospantadizasen las inmediaciones doSmecrembourg y otros sitios frecuentados por los pescadores, que no se podia ya aproximarse á ellas ni menos sorprenderlas, ni engañarlas y retenerlas con algún cebo, se redoblaron los esfuerzos y la constancia. No se dejó de seguirlas basta los parajes en que sucesivamente se refugiaron y fue tanto mas fácil no perder su huella cuanto que, aquellos animales abandonaban al parecer con sentimiento las playas en que por tanto tiempo habían vivido libres, y los bancos de arena que las habian proporcionado "el alimento que prefieren. Su emigración fue lenta y sucesiva: al principio no se alejaron sino á cortas distancias, y cuando queriendo, por decirlo así, la tranquilidad sobre todo, huyeron de su patria tan frecuentemente turbada, abandonaron para no volver, las costas, las bahías, los bancos en cuyas inmediaciones habian nacido y fueron á acogerse á las playas heladas : vieron llegar á sus enemigos, tanto mas encarnizados contra ellas cuanto que para alcanzarlas se habían visto precisados á luchar contraías tempestades y la muerte.

En vano una niebla densa, una tempestad ó un viento impetuoso, impedian frecuentemente perseguir á las que el harpon habia herido; en vano aquellos Cetáceos atravesados huian algunas veces á tan grandes distancias, que la tripulación de la canoa pescadora se veia abligada á cortar la cuerda atada al harpon, que arrastrándola con velocidad, la habria alejado prontamente de los buques en términos de perderse en la superficie de los mares; en vano las Ballenas heridas por la lanza advertian con su precipitada fuga ó las que aun no habian descubierto la aproximación del enemigo ; el valor, ó mas bien la audacia de los pescadores, vencía todos los obstáculos. Subían á la punta de los mástiles para descubrir desde lejos á los Cetáceos que buscaban; despreciaban los hielos flotantes, y queriendo encontrar su salvación en el peligro mismo, amarraban sus buques á la extremidadd el los témpanos movibles.

Cansandas por último las Ballenas de una guerra tan larga y porfiada desaparecieron debajo de los hielos fijos, y" escogieron particularmente su asilo debajo de aquella corteza inmensa y congelada que los báta-vos habian llamado ostys (cHuelo del Oeste). También los pescadores hasta aquellos hielos inmóviles, al través de los témpanos y montañas flotantes, y por consiguiente de todos los peligros, las cercaron y aproximándose en sus lanchónos á aquellas orillas glaciales acecharon con una admirable constancia los momentos en que las Ballenas se veian obligadas á salir de debajo de su bóveda helada y protectora, para respirar el airo atmosférico.

Inmediatamente antes de la guerra de 1744, se entregaban los rusos todavía á estas nobles y peligrosas empresas de que antes que otro alguno dieron un glorioso ejemplo.

Poco tiempo después dieron los ingleses nuevo impulso á la pesca de la Ballena, con la formación de una sociedad respetable, con la seguridad de un interés ventajoso con grandes recompensas quedistribuian á los que habian logrado una pesca mas abundante, con indemnizaciones iguales á las pérdidas que habian sufrido en sus primeras tentativas, con una exención de derechos sobre los efectos de acopio : con la mas ilimitada libertad para formar tripulaciones á las que en circunstancia alguna de leva forzada de marinería se podía inquietar.

Antes de la revolución que ha creado los Estados-Unidos, habian conseguido los habitantes del continente de la América Septentrional en la pesca de la Ballena unas ventajas que anunciaban lasqne después obtuvieron. Desde el año de 176o, Anticost, Rhode-

Island y otras ciudades americanas habian armado un gran número de buques. Dos años después enviaron los bátavos ciento treinta y dos barcos pescadores á las costas ¡le Groenlandia y treinta y dos al estrecho de Davis. En 1768, Federico el Grande, cuyas miras políticas eran tan dignas de admiración, como sus talentos nublares, ordenó que la ciudad de Embden equipase muchos buques para la pesca de las Ballenas francas. En 1774, se estableció en Gushemburgo una compañía sueca muy protegida, para enviar á pescar al estrecho de Davis" y cerca de las costas de Groenlandia. En 1775 , el rey de Dinamarca, concedió algunos buques de guerra á una compañia establecida en Berg-hem para el mismo fin. El parlamento de Inglaterra aumentó en 1779 las ventajas de que gozaban los que se dedicaban á la pesca de la Ballena. En 1784, mandó el gobierno francés que se armasen á su costa seis buques para la misma pesca, y empeñó á muchas familias de la isia de Nantuckett, muy hábiles y ejercitadas en este arle para que se estableciesen en Dunkerque. Los hamburgueses enviaron en 1789 treinta y dos buques á la Groenlandia y al estrecho de Davis. Y efectivamente, una nación navegante é ilustrada, no podia menos de empezar, conservar ó perfeccionar tal empresa que proporcionaba una cantidad tan grande de objetos de comercio necesarios ó preciosos; emplea tantos constructores; proporciona un lucro de consideración á los contratistas de aparejos, máquinas y víveres y ocupación á tantos brazos lormando los marineros mas sobrios mas robustos y masesperimentados ú intrépidos.

Al reflexionar sobre tan grande número de resultados importantes no debe sorprendernos la atención, los cuidados y multiplicadas precauciones con que se procura asegurar ó aumentar el resultado de la pesca de la Ballena.

Los buques que se dedican comunmente ó este género de pesca tienen de ordinario de treinta y cinco á cuarenta metros de largo. Se forran con gruesos tablones de encina, para que resistan al choque de los hielos. A cada uno se le dan desde seis á ocho ó nueve lanchas de algí i mas de ocho metros de largo, de unos dos metros de ancho y uno de profundidad desde el borde hasta la quilla. A cada lancha de estas se destinan uno ó dos harponeros, que se eligen por su destreza en herirá la Ballena aun desde lejos, en el sitio que mas conviene y de bastante destreza para dirigir la lancha siguiendo el camino de la Ballena franca, aun cuando nada entre dos aguas; y con bastantes conocimientos para calcular al paraje en que el Cetáceo levantará la parte superior de la cabeza por encima de la superficiedelmar al ir á.respirar al aire atmosférico.

El harpon que arrojan es un dardo bastante pesado y triangular , cuyo hierro, de cerca de un metro de largo, debe ser muy suave, liso y afilado por la punta, cortante por ambos filos y con lengüetas en las orillas. Este hierro ó saeta propiamente dicha, termina en una espiga de cerca de un metro de largo, en la que entra un mango muy grueso de dos ó tres metros. Se ata al dardo mismo ó á su espiga, la cuerda, que debe ser del mejor cáñamo, sin alquitranarla, para que conserve su flexibilidad, á pesar del frió escesivo que siempre hace en los parajes en que se pesca la Ballena. La lanza que se emplea para esta pesca, se diferencia del harpon en que el hierro no tiene alas ó lengüetas, que dificultan sacarla del cuerpo de. la Ballena, y que se repitan los golpes con fuerza y velocidad. Tiene ordinariamente cinco metros de largo, y el hierro es poco mas ó menos el tercio del largo total del instrumento.

La primavera es la estación mas favorable para la pesca de las Ballenas, francas en los puntos inmediatos al polo. El estio lo es. mucho menos. En efecto el calor del sol después del solsticio, licuando el hielo en diferentes sitios, produce aberturas muy anchas en las porciones de playas congeladas, en que la corteza era menos gruesa. Entonces abandonan las Ballenas



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