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Zoología. Cetaceos. Página 181. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.


nado de Isabel, los ingleses, que hasta aquella época se habian visto obligados á servirse de los vascos para la pesca de la Ballena, la extracción del aceite, y hasta, según Pennant y Hackluits, para el arreglo dé los toneles, enviaron á la Groenlandia buques destinados á esta misma pesca. Desde el año de 1608 avanzaron hasta los 80 º de latitud septentrional, y se posesionaron de la isla de J. Mayen y del Spitzberg, que habian descubierto los holandeses en 1596.

En 1612 se vio que aquellos mismos holandeses, con el auxilio de los vascos, que componían una parte de sus tripulaciones, y dirigieron sus tentativas, llegaron á las costas de Spitzberg, en las de Groenlandia, en el estrecho de Davis, resistieron con constancia los esfuerzos que los ingleses no cesaron de renovar á fin de hacerse dueños de los parajes que frecuentaban las Ballenas francas, y construyeron cuidadosamente en su patria los almacenes, los talleres y hornos necesarios para sacar el partido mas ventajoso de los productos de la pesca de aquellos Cetáceos.

Alentados otros pueblos por el buen éxito de los ingleses y de los holandeses, los bremeses, los hamburgueses, los dinamarqueses, llegaron á los mares del Norte. Todo concurrió entonces á la destrucción de la Ballena; su rivalidad se apaciguó, partieron las costas mas favorables á su empresa, construyeron tranquilamente sus hornillos en las costas y en el fondo de las bahías que habian escogido ó que les habian cedido. Los holandeses particularmente ordenados en compañías, formaron grandes establecimientos en las costas de Spitzberg, de la isla de J. Mayen, de la Islanda, de la Groenlanda, y del estrécho de Davis en cuyos golfos y abras estaban esparcidas aun gran número de Cetáceos.

En la isla de Amsterdan fundaron la población de Smeerembourg (burgo de la fundición); construyeron panaderías almacenes de depósito, tiendas de varios artículos, tabernas, figones; en pos de sus flotas pescadoras, enviaron buques cargados de vinos, aguardientes, tabaco y diferentes comestibles. En aquellos establecimientos así como en los hornillos de otras naciones, se derritió casi toda la grasa de las Ballenas que se habían cogido; allí se preparó el aceite que producían aquellas licuaciones; un número igual de buques pudo transportar el producto de un número mayor de aquellos animales.

Las Ballenas francas no tenian aun desconfianza: la cruel esperiencia no les habia enseñado á conocer las asechanzas del Hombre y á temer la llegada de sus flotas; lejos de huir de ellos, nadaban sin recelo á lo largo de las costas y bahías mas inmediatas; se dejaban ver con tranquilidad en la superficie del mar, andaban en tropel al rededor de los buques divirtiéndose, y se entregaban por decirlo así, á la codicia de los pescadores, y las mas numerosas flotas no podian llevarse mas que el producto de una pequeña parte de las que se presentaban por sí mismas al harpon.

En 1672 fomentó el gobierno inglés con una prima la pesca de la Ballena. En 1695, la compañía inglesa que se formó para esta pesca estaba sostenida por suscriciones cuyo valor ascendía á 82,000 libras esterlinas.

El capitán holandés Zorgdrager, que mandaba el buque llamado Cuatro hermanas, refiere que en 1697 se halló en una bahía de Groenlandia, con quince buques bremeses que habian cogido ciento y noventa ballenas; cincuenta de Hamburgo, que habian harponado quinientas y quince, y ciento veinte y un buques holandeses que habían pescado mil doscientas cincuenta y dos. Por mas de un siglo, no fue necesario, para hallar grandes manadas de aquellos Cetáceos, el tocar á las playas de hielo: bastaba hacerse á la vela hacia el Spitzberg y las otras islas del Norte; y se derretía en los hornos de aquellas regiones boreales una cantidad tan grande de aceite de Ballena que los varcos pescadores no eran suficientes para cargarlo, y

los efectos nocivos del frió por la densa capa de gas que la cubre.

Si abandona ciertos parajes, es principalmente, ó para proporcionar alimento mas abundante, ó por huir de la persecución de los Hombres.

En los siglos xv, xvi y xiv, abundaban tanto las Ballenas francas cerca de las costas de nuestros mares, que su pesca era muy lucrativa; pero perseguidas encarnizadamente, se retiraron á otras latitudes mas septentrionales.

El historiador de las pescas de los holandeses en los mares del Norte dice, que hallando las Ballenas francas un alimento abundante y una tranquilidad muy poco alterada cerca de las costas de la Groenlandia, de la isla de J. Mayen y del Spitzberg, se habian multiplicado con esceso; pero que los pescadores de las diversas naciones, al llegar á aquellos parajes, se las repartían como patrimonio propio, y como no cesaron de atacar á aquellos grandes Cetáceos, se hicieron ariscos, abandonaron unos mares en que se sucedían los combates, se refugiaron hacía los hielos del polo, y continuaron en este asilo hasta la época en que perseguidas en medio de aquellos hielos, los mas septentrionales, vuelven hacia las costas del Spitzberg y las bahías de la llegada Groenlandia que habitaban tranquilamente antes de la de los primeros navegantes. Esta es la razón, porque cuanto mas nos aproximamos al polo, tantos mas bancos de hielo se encuentran, y tanto mas grandes son las Ballenas, cuanto mas abundantes son en grasa aceitosa, mas familiares, por decirlo así, y fáciles de pescar.

Y he aquí también porqué las grandes Ballenas francas que están mas acá de los sesenta grados de latitud, hacia el Labrador, por ejemplo, y hacia el Canadá, perecen casi todas heridas con harpones arrojados en los mares mas próximos al polo.

Asegúrase, sin embargo, que durante el invierno desaparecen las Ballenas de las costas invadidas por el hielo, abandonan las inmediaciones del polo y se introducen en la zona templada, hasta que vuelve la primavera. Pero, en esta emigración periódica, no deben huir de un frió que pueden soportar, no evitan los efectos directos de rigurosa temperatura, no se apartan mas que de aquellas capas de hielo, ó de aquellas masas conjeladas, duras é inmóviles y profundas, que no les permitirán ni buscar su alimento en los bancos, ni salir á la superficie del Océano para respirar el aire atmosférico, sin el cual no pueden vivir.

Cuando se reflexiona acerca de las numerosas tropas de Ballenas francas que en tiempos muy remotos habitaban en todos los mares; en el colosal tamaño y naturaleza de sus huesos; en la facilidad con que aquellas porciones compactas y oleosas pueden resistir á los efectos de la humedad, desaparece la sorpresa de haber hallado fragmentos de esqueletos de Ballena en muchas comarcas del globo, debajo de capas mas ó menos gruesas: todos estos fragmentos son nuevos indicios de la existencia del Océano sobre todas las porciones de la tierra que están en la actualidad mas elevadas que el nivel de los mares.

Y sin embargo, de tantas persecuciones ¿cómo no se habrá disminuido considerablemente el número de estos Cetáceos?

Hace mas de dos ó tres siglos que los vascos, marinos intrépidos, los primeros que se han atrevido á desafiar los peligros del océano Glacial y bogar hacia el polo Ártico, animados por el éxito con que habian pescaado la Ballena franca en el golfo de Gascuña, se lanzaron á la alta mar; llegaron después de diferentes tentativas, hasta las costas de Islandia y á las de la Groenlandia, desplegaron todos los recursos de un pueblo emprendedor y laborioso, equiparon flotas de cincuenta ó sesenta buques, y ayudados por los islandeses, hallaron en una pesca abundante la recompensa de sus trabajos y el fruto de sus afanosas tai cas. Desde fines del siglo xvi hasta 1598, bajo el rei-



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