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MAMIFEROS. CETÁCEOS. 175

bien las atenúa por su grueso, y las disminuye por su | densidad; las deja llegar hasta las extremidades de los nervios esparcidos en casi todos los puntos de la su- ¡ perficie del animal. Pero, ¡ qué cantidad de grasa se encuentra debajo de esta piel! Nadie ignora que los animales, cuya piel encubre gran cantidad de grasa, tienen proporcionalmente mucha menos sensibilidad en esta misma piel.

El volumen, la flexibilidad y la movilidad de la lengua hacen creer que el sentido del gusto es bastante fino en la Ballena franca; de modo que podemos considerarla mas favorecida por la naturaleza que los Peces en el gusto y el tacto; aunque inferior en estos dos conceptos á la mayor parte de los Mamíferos. Pero ¿qué grado de percepción tiene en este extraordinario animal, el sentido del olfato, tan portentoso en muchos cuadrúpedos , tan enérgico en casi todos los Peces? Está dotado este Cetáceo del olfato esquisito que parece le asegura por una parte su cualidad de Mamífero , y por otra la de ser habitante de las aguas.

Al primer golpe de vista no solo se consideraría el olfato de la Ballena como muy débil, sino que con razón podría creerse que está enteramente privada de olfato , y en tal caso la analogía seria engañosa con relación á este Cetáceo.

En efecto, la Ballena franca carece del par de nervios que pertenecen á los Cuadrúpedos, á las Aves á los Cuadrúpedos ovíparos, á las Serpientes y á los Peces que se llama el primer pan á causa de la porción del cerebro de que procede , y de su dirección hacia la mas saliente del hocico que también ha sido denominado bajo el nombre de par de nervios olfatorios, llamados así porque comunican al cerebro las impresiones de las sustancias olorosas.

Además, los largos conductos que se llaman tubos, y que también se han llamado narices, no presentan folículos mucosos, ni láminas salientes; no cdhiuni-can con ningún seno, ni muestra ningún aparato propio para producir ó fortificar las sensaciones del olfato, y solo están revestidos en lo interior de una piel seca, poco sensibble y capaz de resistir sin ser ofendida, á las corrientes tantas veces renovadas de una agua salobre lanzada con violencia.

Pero sabemos por las sabias investigaciones de Cu-vier, que la Ballena franca debe tener, como los demás Cetáceos, un órgano particular, que es en estos animales el del olfato, y que él ha visto en el Dellin común y en la Marsopa.

Efectivamente el conducto á que se da el nombre de trompa de Eustaquio, y que hace comunicar lo interior de la caja del tímpano con la boca, asciende hacia lo alto del espiráculo en cuya cavidad termina. La parte de este conducto próximo aloido presenta en su cara interna un agujero bastante ancho que comunica con un espacio vacio. Este hueco es grande, se llalla situado profundamente entre el ojo, la oreja y el cráneo y rodeado de una sustancia celulosa muy sólida que sostiene las paredes. Este hueco se prolonga por diferentes senos, terminados en membranas adheridas á los huesos; y tanto dichos senos como la cavidad mencionada están tapizados de una membrana negruzca, mucosa y blanda; su comunicación con los senos frontales es mediante un conducto que asciende y pasa por delante de la órbita.

Vemos pues, que las emanaciones olorosas conducidas por el agua del mar ó por el aire atmosférico, penetran fácilmente hasta la cavidad y los senos de que hemos hablado por medio del orificio del tubo ó la abertura de la boca, por el tubo y por la trompa de Eustaquio, y por consecuencia en este lugar debe suponerse el olfato.

Solo se hallan en verdad en estos senos y en esta cavidad ramificaciones del quinto par de nervios, y este es el primero que en casi todos los animales recibe y trasmite las impresiones de los cuerpos olorosos.

Pero siempre debemos tener en cuenta por una importante y trascendental verdad: los nervios que se distribuyen en los diversos órganos de los sentidos son todos de la misma naturaleza; no se difiere entre sí sino por sus divisiones mas ó menos numerosas producirán las mismas sensaciones si estuvieren igualmente separados, y de tal m.odo colocados que pudiesen ser del mismo modo impresionados por la presencia de los cuerpos externos. Vemos por el ojo y oimos por el oido, en vez de ver por el oido y de oir por el ojo, solo porque, el nervio óptico está colocado en el fondo de una especie de anteojo, que aparta los rayos inútiles, concentra los que forman la imagen del objeto, proporciona la viveza de la luz á la delicadeza de los ramos nerviosos, y porque el nervio acústico se desarrolla en un aparato que da á las vibraciones sonoras el grado de limpieza y de fuerza mas análogo á lo tenue de las espan-sione6 de este mismo nervio. Se ha visto en muchas ocasiones producir la sensación del sonido ó la de la luz por golpes violentos ú otras impresiones que solo se experimentaban por un verdadero tacto, ya interior ya exteriormente.

Sin embargo, cualquiera que sea el órgano en qu« reside el olfato en la Ballena, prueban las observaciones, aun independientemente de toda analogía, qu» olfatea los corpúsculos olorosos, y que distingue á larga distancia los grados ó cualidades diversas de los olores.

En prueba de ello, he aquí lo que dice Mr. Pleville le Peley, hablando de la pesca del Bacalao:

((Hallándome en una ocasión entre mis pescaelores, algunas Ballenas aparecieron sobre el horizonte, ya me disponía á cederles el lugar, pero la gran cantidad de Bacalao que había en el barco había desprendido mucha agua y esta se habia corrompido; con el fin, pues , de dar la vela necesaria, mandé arrojar al mar aquella agua fétida; poco después vi á las Ballenas retirarse v mis barcos continuaron pescando.

«Reflexionando después sobre lo que acababa de sucederme supuse la posibilidad de que aquella agua infecta habia sido la causa de la fuga de las Ballenas. A los dias después ordené a todos niis barcos que conservasen la misma agua y que la arrojasen al mar todos á un tiempo en caso de acercarse las Ballenas, sin perjuicio de cortar los cables y de huir si aquellos menstruos proseguían en aproximarse. Este segundo ensayo salió muy bien, fue repetido dos ó tres veces y siempre con buen éxito; después me he llegado á persuadir intimamente de que el mal olor del agua corrompida es percibido por la Ballena desde lejos y le causa repugnancia. Este descubrimiento es muy útil para todas las pescas hechas por los barcos, etc. »

Las Ballenas francas advierten, pues, desde lejos la presencia de cuerpos odoríferos y oyen también á grandes distancias sonidos y aun rumores bastante débiles.

Desde luego para percibir las vibraciones del fluido atmosférico, han recibido un conducto diferente muy ancho, y su trompa redonda ele Eustaquio tiene gran diámetro. Pero además como al mismo tiempo quena-dan en la superficie del Océano, su oido casi siempre se halla sumergido dos ó tres metros debajo del nivel del mar, las vibraciones sonoras deben llegar á su órgano acústico por medio del agua y todos saben que no hay mejor conductor que el agua de tales vibraciones ; y que los mas débiles sonidos siguen las corrientes ó masas de agua hasta distancias muy superiores al espacio que les hace recorrer el fluido atmosférico.

He aquí por otra parte una razón poderosa para conceder en el oido de la Ballena franca un grado bastante considerable de sensibilidad. Los aficionados á la acústica han podido observar, que las personas en quienes el órgano del oido es mas sensible, y que reconocen en un sonido las mas débiles graduaciones de I elevación, de intensidad, ó cualquiera otra modifica-



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