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Zoología. Cetaceos. Página 125. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2. Aragón

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



LOS TRES REINOS DE LA NATURALEZA.—ZOOLOGÍA. S»4

.jugar y retozar cuando el hambre no les aqueja, entregarse á mil juegos que consuelan al viajero el fastidio consiguiente alas navegaciones largas. Los navegantes tienen diariamente á la vista numerosas cuadrillas de Cetáceos, cuyas rápidos giros no permiten que se contemplen bien sus formas, y solo de un modo rápido se puede formar una idea de ellos. Con todo, seria muy interesante el estudiar este género, porque daría un gran número de individuos que describir, si obstáculos casi insuperables no se opusiesen á ello, pues durante mucho tiempo aun tendremos que limitarnos á cálculos. Escribiendo para los, que nos seguirán un dia en estos espacios inmensos de mar, en que las tribus numerosas de los Delfines andan errantes bajo las latitudes que les convienen , ci taremos algunas observaciones que hemos hecho en esos dias tan largos en que el viajero, flotando entre el cielo y el agua, no tiene mas para recrearse, que un horizonte sin limites, donde algunas veces la vista de algunos seres viene á animar sus cansados momentos en estas vastas soledades.

Hemos dicho que los Delfines no arrojan nunca el agua por sus espiráoulos á cierta altura y que el líquido tragado corria solamente por los bordes de aquellos conductos. Esto depende del espesor que tienen los planos musculares superiores del conducto huesoso ; porque hemos examinado horas enteras especies de Delfines jugando al rededor de nuestros barcos, sin que jamás hayamos visto salir la menor columna de vapor ú de agua de la abertura superior de la nariz. Sobre este punto citaremos el pasaje siguiente de los señores Quoy y Gaimard: «Todos los Cetáceos no echan habitualmenté el agua por sus narices. Muy rara vez se advierte que los Delfines produzcan este efecto; Íbamos á decir que jamás, porque no lo hemos observado en los millares de ellos que se han presentado á nuestra vista, pero Spallanzani la ha observado muy de cerca, yendo de Lípari á Strómboli y cuando un observador como el ilustre profesor de Pavía asegura un hecho, no es permitida la incredulidad. Estos animales nos suministrarán la objeccion mas convincente é irrefragable que oponer á la opinión de Mr. Scoresby, porque sin duda alguna, si el caño visible estuviese compuesto simplemente de aire y de moco condeusado, los Marsuinos que en nues'tros mares salen con frecuencia á respirar á la superficie del mar, arrojarían este vapor bajo la forma análoga v proporcionada á su tamaño; pero nada de esto sucede": las personas que habitan las orillas del mar ó las embocaduras de los grandes rios, y que ven diariamente tropas de aquellos animales, pueden oir muy bien cuando están cerca, el ruido que hacen al respirar (roncar como un Marsuino ha pasado á proverbio en tre los marinos); pero jamás han observado que saliese vapor de su nariz; aun mas, en invierno, tiempo en que esta emisión debe ser naturalmente sensible á la vista, no hemos podido distinguir cosa alguna que se le asemeje.

¿Y porqué, si fuera solo á la respiración á la que este efecto debiera atribuirse, no lo habríamos observado en los Delfines en los mismos parajes en que le veíamos en los Cetáceos grandes? No se nos podría objetar la distancia á que estos Delfines estaban de nosotros , porque era en la proa misma en donde los estábamos contemplando. El ruido que hacen cuando salen á respirar á la superficie del agua, tiene cierta semejanza con el de un cohete que se arroja, y jamás en estas circunstancias hemos visto el menor vestigio de vapor por encima de sus cabezas, ni el chorro de agua observado una vez por Spallanzani en el Mediterráneo, y por Mr. ile Humboldt, con respecto á los Marsuinos, en las aguas dulces del Orinoco , á mas de 300 leguas de su embocadura.

Es preciso convenir en que estos ágiles animales no están organizados para arrojar el agua por las vias de

la respiración con tanta frecuencia como los demás Cetáceos. Estos chorros están por otra parte muy distantes de la idea que dan ciertos grabados; son únicamente unas pequeñas nubes de agua que caen en forma de lluvia fina, absolutamente como cuando se ha llenado uno á medias la boca con algún Lquido, y envuelto en aire, se arroja con violencia.

Generalmente los Delfines, cualquiera que sea su especie, parece que se complacen en rivalizar en ligereza, con cuantos buques encuentran, cuando un viento favorable los impele blandamente sobre la superficie del mar, y cuando la proa rompe las olas que se levantan espumosas y á veces centellantes, por efecto de la fosforencia; sus veloces movimientos, sus saltos fuera de la mar, su modo de nadar hendiendo las aguas con la rapidez de una flecha, contribuye á formar de su existencia un cuadro á que no se ha mostrado indiferente aun el mas tosco marinero; después de haber seguido al buque, y de haber hecho mil evoluciones al rededor de él, es raro que no desaparezcan todos los Delfines á un mismo tiempo tomando diferente dirección. Creen los marinos que son precursores del mal tiempo, y que tienen la costumbre de dirigirse al lado hacia el viento sopla.

Agregaremos á estos detalles sobre los Delfines, las observaciones que los señores Quoy v Gaimard han publicado en la parte zoológica del viaje al rededor del mundo de la corbeta Urania; la amistad que nos une con estos dos viajeros, nos impone la obligación de conservar sus propias expresiones. Todo el mundo conoce la marcha de estos animales, cuando cazan en la embocadura de nuestros rios: van en compañía nadando muchos de frente ó por pares, los unos inmediatamente detrás de los otros. Pero lo mas digno de notarse, son las largas ondulaciones que describen, semejantes á las del mar que cesa de estar agitada, de manera, que cuando la parte superior de su cuerpo aparece en la superficie, como no se descubre masque una porción de la curva que describe, parece verdaderamente que el animal, al sumergirse en el agua, gira sobre sí mismo como una rueda. Otra cosa sucede cuando, jugando al rededor de un buque que corre á toda vela, quieren adelantarse á el; entonces caminan en línea recta, y aun algunas veces dan saltos en el aire. En estas diferentes evoluciones ha observado Mr. Gaudichaud, que dos Delfines, volviéndose de lado se pegaban por el vientre y nadaban asi un corto rato. ¿Se unirían, ó lo que es mas probable, eran simples preludios de la unión? esto es lo que no se puede determinar. Como en estos ejercicios se ven obligados á emplear muchas fuerzas y su sangre circula con mas celeridad, salen con frecuencia á respirar á la superficie de las aguas.

Cuando los Delfines descubren un buque navegando por el Océano, casi se puede tener por cierto que acudirán á nadar un rato en torno de él, y que en seguida continuarán su viaje ó desaparecerán muy pron to si uno de sus compañeros herido tiñe el mar con su sangre; pero no es cierto, como se ha asegurado, que busquen la sombra de los buques para sustraerse de la acción de los rayos del sol, y que con esta mira acompañen las escuadras que producen entonces para ellos el efecto de un buque: verdaderos cuentos que en la actualidad no pueden ser admitidos por las severas observaciones que se han hecho; ocho veces á lo menos sobre diez, cuando se encuentran estos animales, el viento es fuerte, el cielo está cubierto de nubes, y casi siempre es por la mañana y por la tarde, y aun frecuentemente por la noche, cuando juguetean al rededor de los buques.

Ora se haya reconocido que en realidad gustan de. la música, ó sea que las ficciones de la Grecia ejercen sobre la imaginación de los navegantes la misma influencia en el Océano que en otro tiempo en el Mediterráneo, es lo cierto que cuando los marineros



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Los Tres Reinos de la Naturaleza.
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su forma, instinto, costumbres, virtudes ó aplicaciones á la agricultura, la medicina y las artes en general, comprendiendo mayor número de géneros que en todas las obras publicadas hasta el día.

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Zoología, hombres, animales, mamíferos, Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Mamíferos. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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