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LOS TRES REINOS DE LA NATURALEZA.ZOOLOGA. S4

.jugar y retozar cuando el hambre no les aqueja, entregarse mil juegos que consuelan al viajero el fastidio consiguiente alas navegaciones largas. Los navegantes tienen diariamente la vista numerosas cuadrillas de Cetceos, cuyas rpidos giros no permiten que se contemplen bien sus formas, y solo de un modo rpido se puede formar una idea de ellos. Con todo, seria muy interesante el estudiar este gnero, porque dara un gran nmero de individuos que describir, si obstculos casi insuperables no se opusiesen ello, pues durante mucho tiempo aun tendremos que limitarnos clculos. Escribiendo para los, que nos seguirn un dia en estos espacios inmensos de mar, en que las tribus numerosas de los Delfines andan errantes bajo las latitudes que les convienen , ci taremos algunas observaciones que hemos hecho en esos dias tan largos en que el viajero, flotando entre el cielo y el agua, no tiene mas para recrearse, que un horizonte sin limites, donde algunas veces la vista de algunos seres viene animar sus cansados momentos en estas vastas soledades.

Hemos dicho que los Delfines no arrojan nunca el agua por sus espiroulos cierta altura y que el lquido tragado corria solamente por los bordes de aquellos conductos. Esto depende del espesor que tienen los planos musculares superiores del conducto huesoso ; porque hemos examinado horas enteras especies de Delfines jugando al rededor de nuestros barcos, sin que jams hayamos visto salir la menor columna de vapor de agua de la abertura superior de la nariz. Sobre este punto citaremos el pasaje siguiente de los seores Quoy y Gaimard: Todos los Cetceos no echan habitualment el agua por sus narices. Muy rara vez se advierte que los Delfines produzcan este efecto; bamos decir que jams, porque no lo hemos observado en los millares de ellos que se han presentado nuestra vista, pero Spallanzani la ha observado muy de cerca, yendo de Lpari Strmboli y cuando un observador como el ilustre profesor de Pava asegura un hecho, no es permitida la incredulidad. Estos animales nos suministrarn la objeccion mas convincente irrefragable que oponer la opinin de Mr. Scoresby, porque sin duda alguna, si el cao visible estuviese compuesto simplemente de aire y de moco condeusado, los Marsuinos que en nues'tros mares salen con frecuencia respirar la superficie del mar, arrojaran este vapor bajo la forma anloga v proporcionada su tamao; pero nada de esto sucede": las personas que habitan las orillas del mar las embocaduras de los grandes rios, y que ven diariamente tropas de aquellos animales, pueden oir muy bien cuando estn cerca, el ruido que hacen al respirar (roncar como un Marsuino ha pasado proverbio en tre los marinos); pero jams han observado que saliese vapor de su nariz; aun mas, en invierno, tiempo en que esta emisin debe ser naturalmente sensible la vista, no hemos podido distinguir cosa alguna que se le asemeje.

Y porqu, si fuera solo la respiracin la que este efecto debiera atribuirse, no lo habramos observado en los Delfines en los mismos parajes en que le veamos en los Cetceos grandes? No se nos podra objetar la distancia que estos Delfines estaban de nosotros , porque era en la proa misma en donde los estbamos contemplando. El ruido que hacen cuando salen respirar la superficie del agua, tiene cierta semejanza con el de un cohete que se arroja, y jams en estas circunstancias hemos visto el menor vestigio de vapor por encima de sus cabezas, ni el chorro de agua observado una vez por Spallanzani en el Mediterrneo, y por Mr. ile Humboldt, con respecto los Marsuinos, en las aguas dulces del Orinoco , mas de 300 leguas de su embocadura.

Es preciso convenir en que estos giles animales no estn organizados para arrojar el agua por las vias de

la respiracin con tanta frecuencia como los dems Cetceos. Estos chorros estn por otra parte muy distantes de la idea que dan ciertos grabados; son nicamente unas pequeas nubes de agua que caen en forma de lluvia fina, absolutamente como cuando se ha llenado uno medias la boca con algn Lquido, y envuelto en aire, se arroja con violencia.

Generalmente los Delfines, cualquiera que sea su especie, parece que se complacen en rivalizar en ligereza, con cuantos buques encuentran, cuando un viento favorable los impele blandamente sobre la superficie del mar, y cuando la proa rompe las olas que se levantan espumosas y veces centellantes, por efecto de la fosforencia; sus veloces movimientos, sus saltos fuera de la mar, su modo de nadar hendiendo las aguas con la rapidez de una flecha, contribuye formar de su existencia un cuadro que no se ha mostrado indiferente aun el mas tosco marinero; despus de haber seguido al buque, y de haber hecho mil evoluciones al rededor de l, es raro que no desaparezcan todos los Delfines un mismo tiempo tomando diferente direccin. Creen los marinos que son precursores del mal tiempo, y que tienen la costumbre de dirigirse al lado hacia el viento sopla.

Agregaremos estos detalles sobre los Delfines, las observaciones que los seores Quoy v Gaimard han publicado en la parte zoolgica del viaje al rededor del mundo de la corbeta Urania; la amistad que nos une con estos dos viajeros, nos impone la obligacin de conservar sus propias expresiones. Todo el mundo conoce la marcha de estos animales, cuando cazan en la embocadura de nuestros rios: van en compaa nadando muchos de frente por pares, los unos inmediatamente detrs de los otros. Pero lo mas digno de notarse, son las largas ondulaciones que describen, semejantes las del mar que cesa de estar agitada, de manera, que cuando la parte superior de su cuerpo aparece en la superficie, como no se descubre masque una porcin de la curva que describe, parece verdaderamente que el animal, al sumergirse en el agua, gira sobre s mismo como una rueda. Otra cosa sucede cuando, jugando al rededor de un buque que corre toda vela, quieren adelantarse el; entonces caminan en lnea recta, y aun algunas veces dan saltos en el aire. En estas diferentes evoluciones ha observado Mr. Gaudichaud, que dos Delfines, volvindose de lado se pegaban por el vientre y nadaban asi un corto rato. Se uniran, lo que es mas probable, eran simples preludios de la unin? esto es lo que no se puede determinar. Como en estos ejercicios se ven obligados emplear muchas fuerzas y su sangre circula con mas celeridad, salen con frecuencia respirar la superficie de las aguas.

Cuando los Delfines descubren un buque navegando por el Ocano, casi se puede tener por cierto que acudirn nadar un rato en torno de l, y que en seguida continuarn su viaje desaparecern muy pron to si uno de sus compaeros herido tie el mar con su sangre; pero no es cierto, como se ha asegurado, que busquen la sombra de los buques para sustraerse de la accin de los rayos del sol, y que con esta mira acompaen las escuadras que producen entonces para ellos el efecto de un buque: verdaderos cuentos que en la actualidad no pueden ser admitidos por las severas observaciones que se han hecho; ocho veces lo menos sobre diez, cuando se encuentran estos animales, el viento es fuerte, el cielo est cubierto de nubes, y casi siempre es por la maana y por la tarde, y aun frecuentemente por la noche, cuando juguetean al rededor de los buques.

Ora se haya reconocido que en realidad gustan de. la msica, sea que las ficciones de la Grecia ejercen sobre la imaginacin de los navegantes la misma influencia en el Ocano que en otro tiempo en el Mediterrneo, es lo cierto que cuando los marineros



 

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