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Zoología. Cetaceos. Página 123. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



la Mr. de Blainrilli- se opone además á la esplicacion de que cuando los Cetáceos se apoderan de su presa arrojan por sus tubos el agua que tragan.

Con este motivo dice: « La opinión recibida hasta el dia, es que al deglutir los alimentos sólidos, el agua se introduce en la cavidad bucal, y que para que el estómago no se llene de ella, sube sucesivamente por lo largo del conducto aéreo, acumulándose en las bolsas de la abertura de las ventanas de la nariz, y es arrojada al fin con mas ó menos fuerza por la acción de las libras musculares que rodean aquellas bolsas y que obran sobre ellas. Pero todo esto parece bastante inadmisible: primero porque sabemos que la pirámide de la laringe está fuertemente apretada por la especie de esfínter que forman alrededor de ella los músculos del velo palatino, y que por consíguente es difícil, por no decir imposible, que el agua salga por allí; segundo porque en la deglución del agua, el animal no puede arrojar mas que la pequeña cantidad de fluido de que llena su boca en el lugar que no ocupa el bolo alimenticio, y en efecto, se ve que la Foca traga su presa en el agua sin tener necesidad de arrojar aquel fluido; tercero, porque la membrana que tapiza las bolsas nasales no indica de modo alguno una disposición ni una estructura propia del uso que se le quiere suponer y en fin, porque la observación ha demostrado que en la aspiración es cuando se verifica esta espulsion del agua, y que el aire que sale con ella está extraordinariamente descompuesto, lo cual denota que se ha conservado mucho tiempo en el órgano pulmonal »

A Mr. Cuvier debemos un estudio profundo sobre el esqueleto de los Delfines. Extractaremos testualmenle los pasajes de este naturalista que tienen relación directa con nuestro asunto. En los Delfines el cráneo está muy levantado, es muy corto y combado hacia atrás; la cresta occipital circuye lo alto de la cabeza y baja por ambos lados sobre el medio de las crestas pectorales, que se dirigen mucho mas hacia atrás que ella. Esta cara occipital, tan grande y tan convexa, está formada por los huesos del mismo nombre, por el inter-maxilar y por los parietales, que se unen todos muy pronto en una sola pieza. Los parietales bajan por cada lado de las sienes entre el temporal y el frontal, á unirse con el esfenoides posterior. Por delante y por encima se terminan estos parietales detrás de la cresta occipital y las quijadas, acercándose mucho ( por su lado, lo que hace que el frontal no represente al exterior mas que una faja muy estrecha que atraviesa la cabeza de derecha á izquierda, y parece se dilata en cada extremidad para formar la bóveda orbitaria; pero cuando se quita el maxilar que viste por encima esta bóveda y casi toda la cara anterior del cráneo, se ve que el coronal es mas ancho de lo que parece exteriormente.

Constituyen los dos huesos de la nariz dos tubérculos redondos encajados en dos fosas en medio del frontal, y por delante de los cuales se introducen verticalmente las aberturas anteriores. La cara posterior y vertical está formada por la hoja cribosa del etmóides que tiene pocos agujeros, tres ó cuatro y alguna; veces menos. El resto del contorno interior de las fosas nasales pertenece á los maxilares; su tabique es el vómer, que se articula con el etmóides como sucede ordinariamente. En efecto, los maxilares, después de haber formado el hocico prolongado, se ensanchan cuando llegan á la órbita, cubren con una lámina ancha la bóveda que deI frontal da á estas cavidades, y toda la cara de este hueso, escepto la pequeña faja que deja ver lu largo de la cresta occipital y vienen á articularse con los huesos de la nariz. Los dos intermaxilares forman el borde externo y anterior de la abertura nasal, y bajan por encima y entre los dos maxilares hasta la punta del hocico, donde se ven aun por debajo. Con todo, no es el frontal el que forma enteramente la cara inferior del techo de ía órbita; la parte anterior está constituida por un hue-

so plano é irregular, cubierto por encima como el frontal, por el maxilar, que recibe el nombre de yugal, y de cuyo ángulo anterior sale una apófisis delgada y larga que se, dirige hacia atrás, y va á articularse con la cigomática del temporal; este hilo delgado es el único limite óseo de la órbita por la parte inferior. La apófisis cigomática del temporal se une á la pos-orbitaria del frontal para limitar la órbita por detrás , de donde resulta que todo el arco cigomático propiamente dicho, pertenece al temporal. Este último hueso está poco extendido en la sien, y se termina en la cresta temporal, de modo que no aparece en el occipucio; por debajo, el occipital lateral y el basilar producen unas láminas salientes, que uniéndose á la continuación del ala terigoidea y á una lámina del temporal, componen una especie de bóveda, debajo de la cual están suspendidas, por medio de ligamentos, la porción petrosa y la caja que se suelda prontamente en una sola pieza: el parietal, después de haber pasado por detrás del temporal, llega á formar parte de aquella bóveda. El temporal casi no entra en la composición del cráneo, no sirviendo mas que para tapar algunos agújeros que el parietal ha dejado. Este, es el principio de la separación que esperimenta en las clases inferiores. La parte de estas crestas que rodea por cada lado la región basilar hace que se parezca á un ancho canal. En el fondo de la órbita se ven los dos esfenoides colocados como siempre: el posterior tocando al temporal, al parietal y al frontal; el anterior, al posterior, al frontal y á la apófisis terigóides interna; pero lo mas particular es la forma y composición de Ios bordes de las ventanas de la nariz. De todo el contorno posterior de la cara inferior ó palatina de los maxilares parte una especie de pirámide cuadrangular, cuya base está atravesada verticalmente por las ventanas de la nariz, y lo restante está hueco ó contenido entre dos láminas abiertas hacia atrás: son una especie de paredes dobles que revisten la abertura posterior de las ventanas de la nariz. Se componen de las apólisis terigóides internas y de las palatinas, que se repliegan para formal la base de esta doble pared , y la bóveda queda completa por el maxilar con el cual se articulan.

La apófisis terigoidea interna se encorva formando una S. Una de estas curvaturas se articula exteriormente con la bóveda palatina para prolongar la pared inferior y externa; la otra se une al otro arco del paladar, y se continúa en seguida con el esfenoides anterior, para articularse con el vómer y completar de esta manera la pared interna de la parte posterior de las ventanas de la nariz; de lo que resulla que el borde todo entero de la fosa nasal, salvo el vómer, pertenece, como en los Hormigueros, al hueso que siempre hemos llamado apófisis teregóidea interna. Lo que el Delfín tiene de particular, es un gran seno comprendido entre las dos paredes de este borde. El esfenoides posterior se suelda al basilar mucho mas pronto que el anterior y aun le he encontrado soldado en ciertos fetos antes que todos los demás huesos. Este desarreglo casi absoluto de todos los huesos cambia mucho la dirección de los agujeros. En lugar del incisivo, hay un largo conducto que corre entre las dos quijadas y los intermaxilares, desde la punta del hocico hasta las ventanas de la nariz, cerca de las cuales se bifurca. Es menester buscar el agujero suburbitario en la bóveda de la órbita, donde representa una cavidad abierta, por debajo de la cual salen en diferentes direcciones unos conductos que van á abrirse á la cara superior de los maxilares y de los intermaxilares, no por debajo sino por encima y enfrente de la órbita. Yo no he encontrado ni hueso ni agujero lacrimal. En un hueco, por delante de la órbita entre el maxilar, el vómer y una punta del palatino, hay un agujero pequeño que sube á las ventanas de la nariz, que recibe el nombre de esfeno-palatino. Para corresponder al terigo-pula-



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