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Zoología. Rumiantes. Página 72. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2. Aragón

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



gunos ardides, ya pasando y volviendo á pasar por el mismo camino dos ó tres veces, ó ya desviándose a un lado, para ocultarse. Cuando los Perros han perdido el rastro del Ciervo, es preciso mucho trabajo y cuidado para volverle á encontrar; pero una vez conseguido se le puede dar caza con mas ventaja pues á medida que su ardor se debilita, aumenta el de los Perros, la sensación de estos es tanto mas distinta y mas viva cuanto aquel está mas acelerado, y por lo mismo aumentan su velocidad y ladrido. El Ciervo se vale entonces de mas astucias que nunca, pero como no puede ya correr con tanta velocidad, ni por consiguiente alejarse mucho de los Perros, sus ardides y sus vueltas y revueltas le son inútiles, y no le queda mas recurso que el de huir de la tierra que le es traidora, y arrojarse al agua para que los Perros pierdan viento. Los de á caballo atraviesan el agua, y vuelven á poner los Perros en el rastro del Ciervo, el cual no puede alejarse mucho porque sus fuerzas se van aniquilando y no le queda mas medio que rendirse. En este caso aun procura defender su vida, hiriendo á los Perros y aun á los Caballos de los cazadores, uno de los cuales le remata metiéndole el cuchillo de monte por la cruz. Inmediatamente se celebra la muerte del Ciervo con instrumentos de caza y grandes regocijos; los Perros gozan plenamente de su victoria, dejándoles comer la entrañas de la victima que han rendido.

No todas las estaciones son buenas para cazar los Ciervos con Podencos: en la primavera, cuando la tierra se cubre de nueva yerba y se esmalta de llores, su perfume hace menos seguro el viento de los Perros, los cuales como el Ciervo se halla entonces en su mayor vigor, por poco que se les adelante tienen mucho trabajo en alcanzarle. Por lo mismo los cazadores están persuadidos de que la estación en que las ciervas están próximas á parir, es la mas desventajosa, porque en aquel tiempo los Perros suelen dejar un Ciervo ya fatigado por correr tras una cierva que encuentran por acaso. Del mismo modo, á principios del otoño, cuando el Cierro está en la brama, los ventores le siguen sin ardor, ya sea porque el olor fuerte que exhala entonces hace su rastro mas indiferente para los Perros, ó ya quizá porque todos los Ciervos tienen entonces casi el mismo olor. En el invierno, durante las nieves, no se pueden cazar Ciervos, porque los ventores no tienen vientos, y parece que siguen el rastro mas bien por la vista que por el olfato. En esta estación, careciendo los Ciervos de pasto en lo espeso del bosque, salen de él, van y vienen á parajes mas descubiertos, á los bos-quecillos nuevos y aun á las tierras sembradas : desde el mes de diciembre andan en manadas, y en lo mas rígido de los fríos procuran buscar el temple de las costas ó mantenerse en parajes abrigados, apretándose unos contra otros, y calentándose mutuamente con su aliento. A fines del invierno salen á las orillas de las selvas, y van á los sembrados. En la primavera sueltan los cuernos, que se desprenden ó por sí mismos , ó mediante un ligero esfuerzo que hace el animal enganchándolos en alguna rama.

Los Ciervos viejos pierden sus cuernos á principios de marzo; los de diez candiles á mediados ó a fines del mismo: los enodios y los estaqueros á últimos de mayo. Estas épocas son muy variables y están sometidas á la templanza ó rigor del invierno, que las adelanta ú atrasa.

Luego que los Ciervos han perdido los cuernos, se separan unos de otros, y no quedan juntos sino los jóvenes: se mantienen en los bosques, buscando los mejores sitios, los matorrales, los sotos nuevos y claros, donde permanecen todo el verano para recobrar sus cuernos; en este tiempo caminan con la cabeza baja por no tropezar en las ramas con los cuernos nuevos, que son delicados, hasta que han tomado su incremento; pero una vez adquirido y suficientemente endurecidos, los frotan contra ios árboles para despojárles de la piel de

¥ como en las sociedades cultas todo se engrandece y perfecciona para hacer mas viva y agradable la diversión de la caza y ennoblecer todavía este ejercicio, el mas noble de todos, se ha hecho de él un arte. La caza del Ciervo exige conocimientos que no pueden adquirirse sino con la esperiencia : supone un aparato real: Hombres, Caballos y Perros, todos ejercitados y adiestrados, que por sus movimientos, investigaciones é inteligencia deben concurrir también al mismo objeto. El montero debe juzgar de la edad y sexo : debe saber distingir y conocer exactamente si el Ciervo á quien ha echado cerco (1) con su ventor (2), es estaquero (3), enodio ó nuevo (4), de diez candiles nuevos (5), de diez candiles (6), ó Ciervo viejo (7), y los principales indicios por donde esto se puede conocer son la huella (8) y el estiércol. El pié del Ciervo es mas bien hecho que el de la cierva : su pierna (9) es mas gruesa y está mas cercana del talón : sus pasos son mas arreglados , y la distancia entre ellos mayor; pone el pié en el sitio en que habia puesto la mano, en vez de que la cierva tiene el pié peor formado, la distancia que alcanza con cada paso es mas corta, y no pone regularmente el pié en la huella que señaló con la mano. Cuando el Ciervo ha entrado en los cuatro años se deja conocer lo bastante para evitar toda equivocación; pero es preciso mucha práctica para distinguir la huella del enodio de la que deja la cierva; y para asegurarse es necesario examinarla una y muchas veces.

Cuando el montero, en la estación seca del verano, se halla imposibilitado de formar juicio por la huella, debe seguirla al revés para encontrar el escremento del animal, y conocerle por este indicio, que exige tanta ó acaso mayor práctica, pues sin esto le seria imposible dar noticias puntuales á los cazadores. Cuando en virtud de su informe se hayan llevado los Perros al paraje en que está el Ciervo y en que se han roto algunas ramas para señal, debe también saber animar su ventor, y obligarle á que tome bien el rastro, hasta haber hecho partir el Ciervo, en cuyo instante toca la corneta para que suelten los demás Perros, alentándolos con la voz y la bocina : debe también observar bien el pié del Ciervo á que da caza, á fin de conocer cuando este busca otro y le deja en su lugar, ó si está acompañado. En este caso acaece frecuentemente que los Perros se separan y forman dos cacerías; y los Hombres que van ácaballo, deben separarse también y llamar a los Perros que se han estraviado á dar caza al Ciervo sustituido ó á quien no se perseguía, para volver á ponerlos en el rastro principal. El Hombre á caballo debe acompañar á sus perros, corriendo á su lado, para animarlos siempre sin instarles demasiado , y ayudarles en un camino (10), cuando el Ciervo retrocede por el mismo camino que ha llevado; para no equivocarse debe procurar dar vista al Ciervo , siempre que le sea posible, pues este animal nunca deja de practicar al-

(1) Echar cerco, es dar vueltas alrededor del paraje en que ha entrado el ciervo, y asegurarse de que no ha salido de allí.

(2) Ventor. Perro que se escoge entre los podencos, y se le adiestra para echar cerco al ciervo, al corzo, al jabalí etc. Este se suelta para que avise donde está la caza

(3) Eslaquero. Ciervo que tiene un año cumplido, y le empiezan á salir los cuernos.

(4) Enodio ó nuevo. Ciervo que ha entrado en el tercero, cuarto ó quinto año.

(5) Ciervo de 10 candiles nuevo, el que ha entrado en él sesto año.

(6) Ciervo de 10 candiles, el que está en el sétimo año.

(7) Ciervo viejo, el de 8, 9,10 años etc.

(8) Huella. La señal del pié que imprime el ciervo en la tierra.

(9) Pierna. Se llaman así los dos huesos que hay en la parte posterior de esta, y que imprimen huella juntamente con el pié.

(10) Cambio: es cuando el ciervo busca otro ú otros con quienes se entretengan los perros para poder él huir.



 

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