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Zoologa. Rumiantes. Pgina 63. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2. Buffon.. Los Tres Reinos de la Naturaleza., Tomo 2..



G-MEBO CAMELLO.

Camehis (Lin.)

Son unos animales muy grandes que primera vista se conocen por una dos lupias, gibas enormes que presentan en la espalda. Tienen treinta y cuatro dientes, saber; dos incisivos superiores y seis inferiores; dos caninos en cada mandbula; doce, muelas en la superior, y diez en la inferior. Los dos dedos estn reunidos interiormente por una especie de suela comn, que se cstiende hasta su punta.

CAMELLO

Camelas baclrianus (Liiv; Caaielus Baclrio, (Plino.)

Regularmente tiene siete pies, desde el suelo hasta la cruz. Parece originario de Arabia, pues no solamente es este el pas en donde se le halla en mayor nmero, sino tambin donde el mismo animal es mas necesario v til. No hay en el mundo pas mas rido que la Ara-Lia , ni mas escaso de agua : el Camello es el mas s-

bro de todos los animales, y puede pasar muchos dias sin beber; el terreno es casi por todas partes seco y arenisco y sus pies son propsito para caminar por arenales, al paso que por el contrario no pueden sostenerle en terrenos hmedos y resbaladizos. Faltando la yerba y los pastos en aquel'terreno, tambin faltan los Bueyes, y sirven los Camellos en lugar de aquellos animales. Casi no puede equivocarse el pas nativo de los animales, si se les estudia atendiendo estas relaciones de conformidad conveniencia. Su verdadera patria es el terreno cuyas dimensiones estn en armona con las de su naturaleza sobre todo cuando la del animal no se modilica en otros parajes, ni se acomoda la influencia de otros climas. En vano se ha procurado multiplicar los Camellos en Espaa , y en vano tambin han sido trasportados Amrica , pues no han producido en uno, ni en otro clima; y aun en el Indostan, apenas se encuentran mas all de Surate y de Orms, pero esto no basta para asegurar que no pueden absolutamente subsistir y reproducirse en la India, en Espaa, en Amrica y aun en climas frios, como los de Francia, Alemania etc.; pues tenindolos durante el invierno en establos calientes, dndoles alimento correspondiente, tratndolos con cuidado, y no hacindoles trabajar, ni permitiendo que salgan pasearse mas que los dias templados, se les puede conservar y esperar que se reproduzcan; pero sus crias sern mezquinas y raras, y ellos mismos se mantienen dbiles y estenuados; pierden todo su vigor en estos climas, y en vez de ser tiles, son gravosos los que los mantienen, al paso que en su pas nativo constituven por s solos en cierto modo, toda la riqueza de sus dueos. Los rabes miran el Camello como un presente del cielo, y como un animal sagrado, sin cuyo auxilio no podran viajar, comerciar, ni subsistir. La leche de las camellas es su alimento ordinario; comen tambin su carne, especialmente la de los jvenes, la cual es muy grata para su paladar : el pelo de estos animales, que es fino y suave, y que todos los aos se renueva enteramente, les sirve'para fabricar las telas de que se visten, y parte de sus muebles; con sus Camellos, no solo no carecen de cosa alguna, sino que tampoco temen nada, pues en un solo dia puede de jar 50 leguas de desierto entre ellos y sus enemigos: linalmente todos los ejrcitos del mundo pereceran si se empeasen en perseguir una tropa de rabes; y de aqu nace que la sumisin depende de su arbitrio.' Figurmonos un pas sin agua y sin verdor con un sol ardiente : llanuras arenosas, montes aun mas ridos, por los cuales se estiende la vista y se pierde sin poder lijarse en ningn ser viviente: una tierra muerta, y descortezada por los vientos, la cual solo presenta huesos, guijarros y peascos: un desierto enteramente desnudo, en que nunca el viajero ha logrado respirar la sombra: donde nada le hace compaa, y nada le recuerda la naturaleza viviente: soledad absoluta, mil veces mas temerosa que la de los bosques, en la cual la luz del dia, mas melanclica para l que las sombras de la noche, no renace sino para presentarle mas las claras su desnudez y su impotencia, y para hacerle ver el horror de su situacin, retirando de su vista los lmites del vacio, y dilatando en su contorno el abismo de la inmensidad que le separa de la tierra habitada : inmensidad que, en vano intentara recorrer, pues el hambre, la sed y el calor ardiente agravan los instantes que le restan entre la desesperacin y la muerte.

Sin embargo, el rabe, con el auxilio del Camello, ha sabido franquear y apropiarse estos espacios varios de la naturaleza : ellos le sirven de asilo, aseguran su tranquilidad, y le conservan su independencia. Pero qu cosa hay deque no abusen los Hombres? Este mismo arbe, libre, independiente, tranquilo, y aun rico, en vez de respetar sus desiertos como antemurales de sulibertad, los profana con delitos: los atraviesa para ir

laas del Cuzco, Potos y Tucuman, en peascos escarpados y parajes escabrosos, de donde bajan comer los valles. Cuando se va a caza de estos animales, se buscan sus huellas, sus escrementos, que indican los parajes en que se les puede encontrar, pues tienen la propiedad y el instinto de depositar su estircol en un mismo montn. Se empieza tendiendo cuerdas en los sitios por donde podran huir, atando ellas de trecho en trecho pedazos de tela de diversos colores, y este animal es tan tmido que no se atreve salvar una barrera tan dbil. Los cazadores hacen mucho ruido, y procuran llevar las Vicuas haca algunos peascos por donde no puedan subir : el miedo no las deja volver la cabeza los que le persiguen; y en este estado se dejan coger por las extremidades posteriores con la seguridad de que ninguna se escape ; pero hay la crueldad de matar toda la manada en el mismo sitio en que se ha hecho la caceria , pesar de las ordenanzas que lo prohiben, cuando seria muy fcil esquilar estos animales luego que se cogen, y proporcionarse de este modo nueva lana para el ao siguiente. Estas caceras producen por lo comn de quinientas mil pieles de Vicuas. Cuando por desgracia, en la batida que hacen los cazadores, se encuentra mezclada con ellas alguna Alpaca , la cacera es perdida, pues este ltimo animal, mas osado salva las cuerdas, sin espantarse ni hacer caso de los trapos que mueve el aire, y liberta indefectiblemente las Vicuas, que siguen su ejemplo. En la actualidad en Chile y el Per, aun matan cada ao hasta ochenta mil Vicuas, y pesar de esto la especie no presenta diminucin sensible.

Si se quisiesen tener Vicuas vivas de la costa del Sin- del Per, seria preciso hacerlas bajar de las provincias del Cuzco de Potos al puerto de Arica, donde se las podra embarcar para Europa; pero la navegacin, desde el mar del Sur por el cabo de Hornos, es tan dilatada y espuesta tantos accidentes, que tal vez seria muy difcil conservarlas durante el viaje. El mejor medio y el mas seguro seria enviar expresamente una embarcacin ai rio de la Plata y las Vicuas que se hubiesen cogido en buen estado, en la provincia de Tucuman, podran fcilmente bajo- Buenos-Aires para embarcarlas, pero seria difcil encontrar embarcacin de retorno, preparada y dispuesta para el trasporte de tres cuatro docenas de Vicuas; y adems, costara tanto el flete de un navio hallado por casualidad en Buenos-Aires, como el armamento de otro que se enviase espresamente desde Europa con este destino.



 

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