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Zoología. Paquidermos. Página 48. Los tres Reinos de la Naturaleza. Tomo 2.

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



Los Caballos do Nordlandia tienen, cuando mas, cinco pies y dos pulgadas de alzada, y cuanto mas septentrional es la parte de aquel país, se encuentran los Caballos mas pequeños y débiles. La figura de los de la Nordlandia occidental es bastante singular, pues tienen la cabeza gruesa, ojos grandes, velas pequeñas, el cuello muy corto, el pecho ancho, el corvejón estrecho, el cuerpo un poco largo, pero grueso, los lomos cortos entre cola y vientre, la parte superior de la pierna larga y la interior corta, (esta última sin pelo) los cascos pequeños y duros, la cola gruesa, la crin abultada, y los pies pequeños, seguros, y sin llevar nunca herraduras. Estos Caballos son buenos, pocas veces tercos ni caprichosos, y trepan por todas las montañas.

Los pastos de Nordlandia son tan buenos que, cuando se llevan Caballos de aquel país á Stockolmo, apenas pasan allí un año cuando mueren, ó por lo menos se enflaquecen y pierden su vigor, y por el contrario; los Caballos que se llevan á Nordlandia de los paises mas septentrionales, por débiles ó enfermos que estén el primer año, recobran allí sus fuerzas.

El esceso, ya sea de calor ó de frió, parece es igualmente contrario para la corpulencia de estos animales. En el Japón, los Caballos son pequeños, por lo general, aunque también hay algunos de buena marca, los cuales son probablemente los que se llevan de paises montuosos: y lo mismo, con corta diferencia, se observa en los de la China. Sin embargo, aseguran que los de Tonquin son de bastante corpulencia , bellos y nerviosos, dóciles á la mano de la brida, y de tan buena Índole, que se les puede enseñar fácilmente y adiestrarles en toda especie de marchas.

Lo cierto es, que los Caballos originarios de paises secos y calientes degeneran; y también que no pueden vivir en los climas y terrenos muy húmedos, por calientes que sean; en vez de que son muy buenos en todos los ¡mises montuosos, desde el clima de Arabia basta Dinamarca y Tartaria, en nuestro continente, y desde Nueva España hasta las tierras magallá-nicas en América: de lo que se deduce no ser el frió ni el calor lo que les daña y ofende, sino solamente la humedad.

Bien notorioes, según viene dicho,quelaespeciedel Caballo no existía en el Nuevo Continente al tiempo de su descubrimiento ; y puede con razón admirarse su pronta y prodigiosa multiplicación , pues, en menos de doscientos años el corto número de Caballos que se llevaron de Europa, se hamultiplicado tanto, particularmente en Chile, que se venden allí á precio muy bajo. Frezier dice, que esta propagación extraordinaria es tanto mas de admirar, cuanto los indios comen muchos Caballos, y los hacen trabajar tanto, que muere gran número de ellos por esceso de fatiga. Los Caballos que los europeos trasportaron á las partes mas orientales de nuestro continente, como también á las islas Filipinas, se han multiplicado considerablemente.

En Ukrania, y entre los cosacos del Don, los Caballos viven errantes por los campos. En el vasto territorio, comprendido entre el Don y el Dniéper, el cual está muy poco poblado , los Caballos andan en piaras de 300, 400 ó 300, y siempre á la inclemencia; aun en el tiempo en que la tierra está cubierta de nieve, en cuya estación separan la nievo con las manos para buscar y comer la yerba que hay debajo: dos ó tres hombres á Caballo tienen el cuidado de conducir las manadas de estos animales, ó por mejor decir, de guardarlos, pues los dejan añilar errantes por los campos, y solamente en los inviernos mas rígidos se procura tenerlos á cubierto por algunos dias en las aldeas, que en aquel país están muy distantes unas de otras. Con motivo de estas manadas de Caballos abandonados, por decirlo así, á sí mismos, se han hecho algunas observaciones, con las cuales pa- |

rece se pudiera probar no ser solos los hombres los que viven en sociedad, y se sujetan de común acuerdo al mando de alguno de, ellos. Cada una de estas manadas de Caballos tiene por caudillo un Caballo que la manda, la guia, y la ordena cuando es necesario caminar ó hacer alto. Este gefe dispone también el orden y los movimientos necesarios, cuando la piara es acometida de ladrones ó de Lobos, y es muy vigilante, estando siempre muy atento. Además, da vuelta con frecuencia a su manada, y si alguno de sus Caballos sale de su puesto, ó se queda atrás, corre á él; le da un fuerte golpe y le hace volver á su lugar. Estos animales sin ser montados ni conducidos pur hombres, camin .... inlenados, casi del unido que nuestra caballería, y sin embargo de estar en plena libertad, paren en filas y por brigadas, y forman diferentes compañías, sin separarse de ellas ni mezclarse con otras. El Caballo gefe ocupa este puesto, mas penoso que importante, cuatro ó cinco años; y cuando empieza á faltarle vigor ó actividad, otro Caballo ambicioso de mando, y que se siente con fuerzas para él, sale de la piara y acomete al gefe antiguo , el cual conserva el mando si no es vencido, ó se retira avergonzado, incorporándose con los demás de la manada si ha cedido el campo, en cuyo caso el Caballo victorioso se pone al frente de los demás, y hace que le obedezcan.

En Finlandia, cuando se han derretido las nieves, lo cual suele acaecer por el mes de mayo, los Caballos salen de casa de sus amos, y se van á ciertos parajes de los bosques, como si se hubiesen dado cita par ello; y allí forman tropas diferentes, que nunca se mezclan ni separan. Cada manada toma para su pasto un cantón diverso de la selva, y se ciñe á un territorio, sin introducirse en el de otra; y cuando les faltan pastos salen de allí y se establecen con el mismo orden en otros parajes en que los hay. La policía de su sociedad es tan arreglada, y sus marchas tan uniformes que los dueños saben siempre donde los han de encontrar cuando los necesitan; y estos animales cuando acaban de servir, se vuelven por sí mismos á los bosques, al paraje en que están sus compañeros. En el mes de setiembre, cuando la estación empieza á ser rigurosa, abandonan las selvas y regresan en tropas cada uno á la casa de su dueño.

Estos Caballos son pequeños, pero buenos y de brio, sin ser viciosos. Por lo general son bastante dóciles , aunque hay algunos que se defienden cuando los cogen, ó los quieren poner en coches ú otros carruajes: cuando vuelven del bosque esán lozanos y gordos; pero el ejercicio casi continuo á que los obligan en el invierno, y el poco alimento que les dan les hacen perder en breve aquella lozanía: revuélcan-se en la nieve como los demás Caballos sobre la yerba, y es indiferente para ellos pasar las noches al descubierto ó en la caballeriza , aun en tiempo de grandes heladas.

Estos Caballos qué viven en piaras, y frecuentemente distantes del imperio del Hombre, componen la graduación entre los Caballos domésticos v los silvestres. En la isla de Santa Helena hay Caballos de esta última especie, los cuales después de haber sido trasportados á dicha isla, se han hecho tan montaraces , que se despeñarían al mar desde la altura de los peñascos antes que dejarse coger.

«Yo he recorrido, dice Mr. Forster, esta isla de un cabo á otro sin haber encontrado Caballos silvestres, y también me han asegurado que nunca han oido hablar de ellos. En cuanto á los Caballos domésticos, nacidos en la isla, supe que solo se criaba un corto número para servicio de las personas distingiüdas: y que en vez de propagar la cria de Caballos en la misma isla, hacían llevar la mayor parte de los que necesitaban, de las tierras del cabo de Buena Esperanza, donde hay gran número, y se compran á precios mo-



 

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