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Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



las casas de monta, siempre hay alguna mayor ó menor superioridad del Caballo padre respecto de la yegua puede muy bien discurrirse que consiste en esto el que sean verdaderas y constantes: aunque también pudiera ser igualmente cierto que unas buenas yeguas, de paises calientes, á las cuales se diesen Caballos comunes, influirían quizá mucho mas que ellos en su progenitura, y que en general, así en la raza dé los Caballos, como en la especie humana, fuese igual la influencia del macho y de la hembra en su descendencia; lo cual parece muy natural, y tanto mas probable, cuanto que aun en las mismas casas de monta se ha observado que nacia casi igual número de potros que de potrancas, infiriéndose de esto, que á lo menos en cuanto al sexo, la hembra inlluye tanto como el macho.

Pero dejemos á un lado estas consideraciones, y no nos alejemos de nuestro asunto. Luego que se ha elegido el Caballo padre, y se han juntado las yeguas que se le quieren dar, es necesario tener otro Caballo entero, que solo servirá para dar á conocer las yeguas que han entrado en calor, y también con sus ataques contribuirá á hacerlas entrar en él. Todas las yeguas se hacen pasar sucesivamente por delante de este Caballo entero el cual debe ser ardiente, y relinchar con frecuencia. Este quiere atacar á todas; pero las que no están en sazón se defienden, y solo las que han entrado en calor permiten que se las acerque, y entonces , en vez de dejar que el Caballo entero que está á la vista, se acerque á estas enteramente se las substituye el Caballo padre destinado. Este, esperimento es útil para reconocer el verdadero tiempo del calor de las yeguas, y sobre todo de las que no han engendrado aun, pues las que han parido entran ordinariamente en calor á los nueve días después del parto, y se las puede echar el padre, y dejar que las cubra desde el mismo dia. Nueve dias después se examinará , con el esperimento mencionado, si las dura todavía el calor, en cuyo caso se las hará cubrir segunda vez ; y lo mismo se practicará cada nueve dias, hasta que las yeguas estén preñadas, que entonces el calor se disminuye, y pocos dias después cesa enteramente.

Pero para que todo esto se pueda practicar fácil y cómodamente, con buen éxito, y con fruto, se necesitan mucho cuidado, gastos y precauciones. Es preciso , construir ó establecer la casa de monta en un buen terreno, y en paraje proporcionado á la cantidad de yeguas y Caballos padres que se quiere emplear; se ha de repartir el terreno en varias porciones, ó cuarteles, cerrados con estacas ó fosos, con buenas bardas: poner las yeguas preñadas y las que están criando en la parte en que el pasto es mas jugoso: separar las que todavía no han concebido, ó no han sido cubiertas, y colocarlas con las potrancas en otra división en que el pasto no sea de tanta sustancia, para que no engorden demasiado, lo cual impedida la generación; y finalmente, tener los potros enteros ó castrados en la parte mas seca y fragosa del terreno , para que con el ejercicio de subir y bajar por las colinas, adquieran libertad en brazos y espaldas. Esta última división, en que se deben colocar los potros, debe cuidarse que esté separada todo lo posible de las otras en que están las yeguas, por temor de que los potros salven las bardas, y se enerven con las yeguas. Si el terreno fuere de tal extensión, que cada una de las divisiones mencionadas se pueda repartir en dos, para poner alternativamente en ellas al año siguiente Caballos y Bueyes, el fondo del pasto durará mucho mas tiempo que si continuamente le comiesen Caballos, pues el Buey repara el pasto, y el Caballo le destruye. También es necesario que en dichos cuarteles haya charcos, por ser mejores para los Caballos las aguas detenidas que las corrientes, las cuales suelen causarles torozones; y si en el terreno hubiere árboles, no se deberán destruir pues los

sean bien hechas y ile buena raza, pues si han sido engendradas por un mal Caballo, serán malos, por lo común, los potros que produzcan. En esta especie ile animales, como en la especie humana, la progenitura sale ordinariamente parecida á los ascendientes paternos ó maternos, con solo la diferencia de que, en los Caballos, la hembra parece no contribuye tanto á la generación como en la especie humana, en la cual el hijo suele salir mas parecido á la madre que el potro á la suya , y cuando este se semeja á la madre que lo ha producido, es ordinariamente en las partes anteriores del cuerpo, en la cabeza y en el cuello.

Pero, para formar juicio acertado de la semejanza de los hijos con sus padres, no se les debe comparar en los primeros años; sino esperar á la edad en que, estando todo desarrollado, la comparación es mas segura y visible, pues, además del desarrollo en el incremento, el cual altera ú mejora las formas, las proporciones y el color del pelo, se hace en el tiempo de la pubertad un desarrollo pronto y repentino, que muda ordinariamente las facciones, el talle, la postura de las piernas, etc.: el rostro se alarga, la nariz crece y se engruesa: la mandíbula se adelanta ó se carga, el talle se eleva ó se encorva, las piernas se alargan, y muchas veces se ponen estevadas ó muy afinadas; de suerte que la fisonomía y el aire del cuerpo suelen mudarse tanto, que seria muy posible desconocer después de la pubertad, á lo menos á primera vista, á una persona á quien se hubiese tratado mucho, antes de aquel tiempo, sin haberla visto después. Por lo mismo , solo pasada aquella edad se debe comparar al hijo con sus padres, si se quiere formar juicio exacto de su semejanza; y entonces se halla que el hijo, en la especie humana, se parece frecuentemente al padre, y la hija á la madre: que mas comunmente se parecen á uno y otro á un mismo tiempo, teniendo alguna cosa de ambos: que no es raro el parecerse á los abuelos ó abuelas: que algunas veces se parecen á los tios ó tias: que casi siempre los hijos de unos mismos padres tienen mas semejanza entre sí que con sus descendientes; y que todos ellos tienen alguna cosa en que son parecidos, lo cual ordinariamente esplicamos diciendo que tienen un aire de familia. Como en los Caballos el macho contribuye mucho mas para la generación que la hembra, las yeguas producen potros que , por lo regular, se parecen enteramente al padre ó que por lo menos, se semejan mas que á la madre. También estas producen lujos parecidos á los abuelos; y cuando la yegua madre ha sido engendrada por un mal Caballo, sucede con frecuencia que , aunque se le haya dado un buen Caballo padre, y ella misma sea hermosa, produce potros bellos y bien formados, al parecer, cuando pequeños, pero que van declinando según crecen en edad: al contrario de lo que sucede con las yeguas de buena raza, las cuales suelen dar hijos de mala presencia, á los principios, pero que con la edad se proporcionan y quedan hermosos.

Finalmente, estas observaciones, hechas sobre el producto de las yeguas, y que parece concurren todas á probar que en los Caballos el macho influye mucho mas que la hembra en la descendencia, no parecen todavía suficientes para establecer este hecho de un modo seguro é irrevocable; pues no es imposible que dichas observaciones fuesen ciertas, y que no obstante, las yeguas, contribuyesen por lo general, tanto como los Caballos al producto di- la generación. Es natural que unos Caballos padres escogidos siempre entre gran número de Caballos, traídos por lo común de paises calientes, alimentados con abundancia , y cuidados con grande esmero, tengan en la generación mas influencia que las yeguas ordinarias, nacidas en un clima frió , y muchas veces reducidas á trabajar: y como en las" observaciones hechas en



 

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