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Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2



que las malas digestiones de la yerba demasiadamente cruda pueden haber producido. Mr. Garsaul, que recomienda esta práctica, se fundaría sin duda en la esperiencia; sin embargo, se verá que en todas edades y en todos tiempos el estómago de los Caballos está lleno de tan gran cantidad de Lombrices, que parece componen parte de su constitución: se han hallado en los Caballos sanos, igualmente que en los enfermos; en los que pacen yerba, como en los que no comen mas que heno y avena; y los Jumentos, que entre todos los animales son los que mas se acercan á la naturaleza del Caballo, tienen también igual cantidad de Lombrices en el estómago, sin que esto parezca incomodarlos. Así, pues, no deben considerarse las Lombrices, á lo menos aquellas de que hablamos, como enfermedad accidental causada por las malas digestiones de la yerba cruda, sino antes bien como efecto dependiente del alimento y de la digestión ordinaria de estos animales.

Es preciso, cuando se desteta á los potros, tener cuidado de ponerlos en una Caballeriza limpia, y que no sea muy abrigada, por temor de que se hagan demasiadamente delicados y sensibles á las impresiones del aire; de renovarlos con frecuencia las camas; y de mantenerlos limpios pasándoles de tiempo en tiempo el esparto; pero no convendrá atarlos, ni almohazarlos hasta la edad de dos y medio ó tres años, pues esta fricción, demasiado áspera, les causaría dolor por estar todavía su piel muy delicada para sufrirla, y les haria mucho daño en vez de aprovecharles. También es preciso cuidar de que la escalera y el pesebre no estén demasiadamente altos, pues la necesidad de levantar mucho la cabeza para tomar el sustento pudiera acostumbrarlos á levantarla de este modo, lo cual les echaría á perder el cuello. Cuando tengan un año ó diez y ocho meses, se les despuntarán las cerdas dé la cola, quede este modo brotarán y saldrán mas fuertes, y la cola estará mas poblada. Desde la edad de dos años convendrá separar los potros, poniendo estos con los Caballos, y las potrancas con las yeguas, porque de lo contrario, los potros se fatigarían con las potrancas, y se enervarían sin ningún fruto.

A los tres años ó tres años y medio se debe empezar á domar los potros, y enseñarlos. Al principio se les pondrá una silla ligera y suave, y se les dejará con ella dos ó tres horas cada dia: luego se les acostumbrará á que se dejen poner un freno ligero y levantar los pies, en los cuales se darán algunos golpes como para herrarlos; y si son potros que se destinan para coche ó para tiro, se les pondrán un freno ligero y unas guarniciones. A los principios no es necesario rendaje para unos ni otros, y sin él se les hará trotar á la cuerda con un cabezón y en terreno llano, sin montarlos, y solamente con la silla ó arnés puesto; y cuando el Caballo de silla haga ya los tornos con facilidad, y venga sin repugnancia junto al que tiene la cuerda, el ginete le montará y se apeará en el mismo puesto y sin hacerle caminar, hasta que tenga cuatro años, porque antes de esta edad aun no está bastante robusto para que el peso del caballero deje de agobiarle un poco al tiempo de andar; pero á los cuatro años se le montará para hacerle caminar al paso ó al trote, y siempre alternando á menudo el trabajo y el descanso. Cuando el Caballo de coche esté acostumbrado al arnés, se le enganchará con otro Caballo hecho, poniéndole una brida, por la cual se pasará á una cuerda para conducirle hasta que empiece á hacerse al tiro, á cuyo tiempo procurará el cochero hacerle cejar con el auxilio de un hombre que se ponga delante del potro, que con blandura le haga caminar hacia atrás, y aun le dé algunos golpéenlos para obligarle á retroceder: todo lo cual se debe ejecutar antes que los potros hayan mudado de alimento, pues una vez que están engranados, esto es, cuando va comen cebada y paja, están mas vigorosos, y se ha

autor, los amansan fácilmente, y luego los hacen trabajar, y los cazadores se sirven de ellos para transportar los cueros. Para cogerlos usan de lazos de cuerda, poniéndolos en los parajes que frecuentan los Caballos, los cuales caen fácilmente en ellos, y se ahorcan si se prenden por el cuello, á menos de llegar con prontitud á socorrerlos. Líganlos por el cuerpo y las piernas, y los atan á los árboles, dejándolos allí, por espacio de dos días , sin comer ni beber , cuya mortificación es suficiente para empezar á hacerlos dóciles, y con el tiempo lo son tanto como si nunca hubiesen sido bravos, de tal suerte, que si, por casualidad, vuelven á verse libres, no se hacen segunda vez silvestres , sino que reconocen á sus amos, y se dejan acercar y atar fácilmente.

Lo dicho prueba que estosanimales son naturalmente de índole suave, y propensos á familiarizarse con el Hombre; y así no sucede nunca que los Caballos abandonen nuestras casas para retirarse á los desiertos ni á los bosques, y por el contrario, manifiestan ansia por volver á la caballeriza, siendo así que en ella no hallan sino un alimento grosero, siempre idéntico, y ordinariamente mas proporcionado a la economía que á su apetito; pero la mansedumbre y el hábito les indemnizan ile lo que pierden por otra parte, pues llegando agoviados de fatiga, el lugar del reposo es para ellos un lugar de delicias, le huelen de lejos, saben reconocerle en medio de las ciudades mas populosos, y parece prefieren en todo la esclavitud á la libertad, y que se forman una segunda naturaleza de los hábitos á que se les ha sometido, habiéndose visto Caballos que, abandonados en los bosques, relinchaban continuamente para que les oyesen, acudían á la voz de los hombres, y al mismo tiempo se enflaquecían y extenuaban, no obstante tener allí abundante variedad de alimentos con que satisfacer su apetito.

Infiérese de lo dicho que los hábitos dé los Caballos proceden casi enteramente de su educación, la cual supone cuidados y afanes que el Hombre no toma por ningún otro animal, pero de que se halla recompensado por los servicios continuos que este le hace. Desde la mas temprana edad se cuida de separar los potros de sus madres: se les deja mamar cinco, seis, ó cuando mas, siete meses, por haber manifestado la esperiencia que los que maman diez ú once no son tan buenos como los que se destetan antes, sin embargo de que ordinariamente toman mas carnes y son mas corpulentos: á los seis ó siete meses de haber nacido, se les desteta para hacerles tomar alimento mas sólido que la leche, y dos veces al dia se les da salvado con un poco da heno, cuya cantidad se les aumenta según van creciendo en edad; y se les tiene en las caballerizas mientras dan muestras de inquietud por volver á sus madres; pero pasada esta inquietud, se les deja salir en el buen tiempo, y se les conduce á las dehesas, cuidando solamente de no llevarlos á pacer en ayunas (pues se les debe dar salvado y hacerles beber una hora antes de sacarlos á que coman yerba y de no esponerlos nunca á un frió riguroso, ni á la lluvia. De este modo pasan los potros el primer invierno: al mayo siguiente, no solo se les dejará pacer todos los dias, sino también dormir á descubierto en las dehesas durante todo el verano y hasta fin de octubre, con solo la precaución de no dejarles comer los retoños, pues sí se acostumbrasen á esta yerba, demasiadamente fina, tomarian tedio al heno que, sin embargo, debe ser su principal sustento durante el segundo invierno, mezclado con harina de cebada ó avena. De este modo se les conduce, dejándolos pacer todo el dia durante el invierno y la noche en el verano hasta la edad de cuatro años, que se les retira de los prados para mantenerlos con yerba seca. Esta mudanza de alimento exige algunas precauciones, como son la de no darles en los primeros ocho ibas mas que paja, y la de hacerles tomar algunas bebidas contra las Lombrices,



 

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