Paquidermos. Zoología. Tomo 2. Página 9. Los tres Reinos de la Naturaleza. Buffon.
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Paquidermos. Zoología. Tomo 2. Página 9. Los tres Reinos de la Naturaleza Aragón

Buffon Los tres Reinos de la Naturaleza Tomo 2


lugar á otro en la India, son acarreados por los Elefantes: que pueden llevar cargas sobre su cuerpo, cuello y colmillos, y aun en la boca, presentándoles el cabo de una cuerda, que ellos asen con los dientes: que juntando la inteligencia con la fuerza, no rompen ni maltratan nada de lo que se les confia; que hacen pasar estos paquetes desde la playa hasta la embarcación, sin dejarlos mojar, colocándolos sosegadamente en el lugar que se quiere; que cuando los han puesto en el paraje que se les ha señalado, prueban con sus trompas á ver si están bien asentados; y que cuando es un tonel que se rueda, van de suyo á buscar piedras para asegurarle y fijarle sólidamente.

Cuando el Elefante está bien cuidado vive largo tiempo, aunque en cautiverio, y se debe presumir que en el estado de libertad su vida es aun mas larga. Algunos autores han escrito que vive 400 ó 500 años, otros 200 ó 300, y otros en fin 120, 130 ó 150 años. Es creíble que el término medio es el verdadero, y que si es cierto que los Elefantes cautivos viven 120 ó 130 años, los que están libres y gozan de todas las comodidades de la vida, y de todos los derechos de la naturaleza, deben vivir por lo menos 300 años: asimismo, si la duración del preñado es de dos años, y necesitan treinta para adquirir todo su incremento, se puede asegurar; que su vida se extiende, por lo menos, al término que acabamos de indicar. Por lo demás, el cautiverio no abrevia tanto su vida, como la desconveniencia del clima; y así se vé que por mas cuidado que se ponga, el Elefante vive poco en los países templados, y mucho menos en los climas frios. El que el rey de Portugal envió á Luis XIV, en 1668 y que no tenia entonces mas de cuatro años, murió de 17 años por el mes de enero de 1681, y no subsistió mas que 13 años en la casa de las fieras de Versalles, sin embargo de que se le cuidaba con el mayor esmero, y se le alimentaba muy abundantemente, pues le daban cada dia ochenta libras de pan, doce azumbres de vino, y dos calderos de sopas donde entraban también cuatro ó cinco libras de pan, y cada tercer dia, en lugar de sopas, se le daban dos calderos de arroz cocido en agua, sin contar lo que le daban los que iban á verle. Además tenia diariamente un haz de trigo para entretenerse, porque después de haberse comido el granó de las espigas, hacia manojos de la paja, y se servia de ellos para espantarse las moscas, divirtiéndose también en hacerla pedacitos, lo cual ejecutaba muy diestramente con su trompa, y como le llevaban á pasear casi todos los dias, arrancaba yerba y la comia. El Elefante que había últimamente en Napóles, sin embargo de ser allí el calor mayor que en París, vivió pocos años: los que han llevado vivos hasta Petersburgo han perecido sucesivamente, á pesar del abrigo, coberturas y pieles; de suerte, que se puede asegurar que este animal no puede subsistir de suyo en ninguna parte de Europa, y mucho menos multiplicarse. Pero es estraño que los portugueses que han sido los primeros, por decirlo así, que han conocido el valor y utilidad de estos animales en las Indias Orientales, no los hayan transportado á los climas calientes del Brasil, donde quizá, dejándolos libres, hubieran procreado. El color ordinario de los Elefantes es un pardo ceniciento ó negruzco; los blancos, como hemos dicho, son en extremo raros, y se citan los que se han visto en diferentes tiempos en algunos parajes de la India, donde también se encuentran algunos rojos, y estos Elefantes rojos y blancos son muy estimados; por lo demás estas variedades son tan raras, que no se deben considerar como subsistentes en razas distintas de la especie, sino como cualidades accidentales y puramente individuales, porque si así no fuera, se conocería el país de los Elefantes blancos, el de los rojos, y el de los negros, como se conocen los climas de los hombres blancos, rojos y negros. «Se hallan en la India tres suertes de Elefantes (dice el padre

Vicente María): los blancos, que son los mayores, los mas mansos y pacíficos, son estimados y adorados por varias naciones, como dioses; los rojos, como los de Ceylan, aunque son los mas pequeños de cuerpo, son los mas valerosos, mas fuertes y nerviosos, y los mejores para la guerra; á los primeros, sea por inclinación natural, sea porque reconocen en ellos algo de mas escelente, les tienen gran respeto; la tercera especie es la de los negros, que son los mas comunes y los menos estimados.» Este autor es el único que parece indicar que el clima particular de los Elefantes rojos es Ceylan: los demás viajeros no hacen ninguna mención de esto. Asegura que los Elefantes de Ceylan son mas pequeños que los otros. Thevenot dice lo mismo en la relación de su viaje; pero otros dicen, ó indican lo contrario. En fin el padre Vicente María es el único que ha escrito que los Elefantes blancos son los mas grandes: el padre Tachard asegura por el contrario, que el Elefante blanco del rey de Siam, era bastante pequeño, aunque muy viejo. Después de haber comparado los testimonios de los viajeros con respecto á la magnitud de los Elefantes en los diferentes paises, y de haber reducido las diferentes medidas de que se han servido, parece gue los Elefantes mas pequeños son los del África occidental y septentrional, y que los antiguos, que no conocían mas que esta parte septentrional del África, tuvieron razón para decir que, en general, los Elefantes de la India eran mucho mayores que los de África. Pero en las tierras orientales de esta parte del mundo, que eran desconocidas de los antiguos, se hallan Elefantes tan grandes y quizá mayores que en la India, y en esta última región, parece qué los de Siam, de Pegú, etc., esceden en corpulencia á los de Ceylan, los cuales sin embargo, por confesión de todos los viajeros ; son los mas esforzados é inteligentes.

Después de haber indicado los principales hechos dé la especie, examinemos por menor las facultades del individuo, sus sentidos, sus movimientos, su magnitud, su fuerza, su destreza, su inteligencia, etc. El Elefante tiene los ojos muy pequeños relativamente al volumen de su cuerpo, pero muy brillantes y vivos; y lo que le distingue de todos los demás animales, es la espresion patética de los afectos, que se refleja en todos sus movimientos: él los vuelve lentamente, y con dulzura hacia su amo; le mira con aire de amistad; da muestras de atención, cuando le habla; su mirar da indicios de inteligencia, cuando le ha escuchado, y de penetración, cuando quiere anticiparse á servirle: parece que reflexiona, delibera y piensa, y que no se determina hasta que ha examinado y considerado despacio, sin precipitación y sin pasión, las señales á que debe obedecer. Los perros, cuyos ojos tienen bastante espresion, son animales demasiado vivos para que se pueda distinguir fácilmente las mudanzas sucesivas de sus sensaciones; pero como el Elefante es naturalmente grave y moderado, se lee, para decirlo así, en sus ojos, cuyos movimientos se suceden lentamente, todo el orden, y la serie de sus afecciones internas.

Tiene muy buen oido, y este órgano, en lo exterior, como también el del olfato, está mas marcado en el Elefante que en ningún otro animal; sus orejas son muy grandes, mucho mas largas, aun proporcionalmente á su cuerpo, que las del asno, y están aplastadas contra la cabeza como las del hombre: ordinariamente las tiene caidas; pero las levanta y mueve con gran facilidad; le sirven para limpiarse los ojos y para presérvalos de la incomodidad del polvo y de las moscas: se deleita con el sonido de los instrumentos, y parece gusta de la música; aprende fácilmente á llevar el compás, á moverse en cadencia y á juntar oportunamente algunos acentos al ruido de los tambores y al sonido de las trompetas: su olfato es esquisito: gusta de perfumes de toda especie, y so-



 

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Zoología, hombres, animales, mamíferos, Publicado a mitad del siglo XIX. Zoología o Reino Animal. Mamíferos. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

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