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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoologa o Reino Animal. Antropologa. Carcteres del hombre. 27

do hecho busca el Hombre un origen, porque para l no puede haber efecto sin causa, todo atributo le designa un principio, una sustancia. Las nociones de lo bello, de lo justo, de lo bueno, no las facilita la inteligencia propiamente dicha; mustrase en esto el alma humana de una manera particular que participa de la concepcin racional y del sentimiento; simple como este, luminoso como aquella. A esto podrasele llamar percepcin moral; en virtud de ella estamos en posesin de un mundo desconocido al animal.
Estas nociones superiores que dan la razn humana algo de absoluto como cuanto viene de lo alto, no permiten las afecciones ser otra cosa mas que arranques de la simpata repulsiones de la antipata. El amor y el odio conocido del animal, se elevan en el corazn del Hombre una dignidad enteramente nueva, cuando, asociados las nociones de justicia, de verdad y de utilidad, se apoyan en las cualidades morales contrarias en nuestros semejantes. La admiracin, la indignacin, por acciones opuestas nuestros intereses, la conciencia del deber, los remordimientos , la. calma y hasta el contento de la adversidad y el sentimiento religioso, en fin, ponen entre nosotros y el animal una distancia inmensurable , imprimiendo tambin un carcter nuevo las afecciones interesadas que semejanza de ellos nos ostigan.
Ilustrado por principios superiores las simples nociones de la inteligencia, mudo para sentimientos que escitan y arrastran la obediencia del animal, se decide el Hombre la accin, convencido no solo de su espontaneidad, sno de su voluntad libre. Obedece se niega su deber sin coaccin estraa aceptando la responsabilidad de su conducta.
Por conclusin, pueden algunos animales comunicarse por medio de sonidos mas menos inteligibles, por sentimientos de afecto, de bienestar, de espanto. Llmense, reconcense y cambian seales; pero qu diferencia entre estos sonidos, estos gritos y estas voces hasta si se quiere moduladas, la palabra humana, la palabra articulada, al sublime don del lenguaje! Lenguaje que no debemos la naturaleza, porque vara de un pueblo otro, de una generacin las que siguen. Frases de una construccin, sino arbitraria , muy variada lo menos segn el genio de las naciones, nos permiten cambiar; de hombre hombre , hasta nuestros pensamientos y percepciones los mas ntimos y diversos. Para el Hombre, todo objeto, todo ser tiene una palabra que lo designa, y no hay atributo, ni acto, ni manera de existir activa pasiva , ni idea general, que no tenga su nombre. Desde luego, y con el auxilio de signos grficos que traducen. el idioma hablado, el Hombre ensea al hombre; una generacin lega su pensamiento y las ideas adquiridas la que le sigue. El tesoro intelectual de la humanidad se aumenta de siglo en siglo, y la especie puede correr toda la vasta senda de la perfeccin, siendo cada vez mas visible el contraste con la condicin esencialmente estacionaria de las dems especies animales.
Al trazar asi los rasgos caractersticos del Hombre comparndolos con el mas bello desarrollo de la vida animal, podemos sinceramente no ver en la humanidad mas que un progreso de la animalidad? Cul es la transicin gradual que nos conduce de la asociacin de las ideas contingentes la intuicin racional de las verdades absolutas, de la pasin simple al sentimiento moral, de la espontaneidad irreflexiva al libre alvedrio? de una vida que se limita al presente y la esfera, de los hechos sensibles, otra que busca siempre el porvenir y que no reconoce vallas? Nosotros vemos hasta en la irritabilidad del Plypo los primeros elementos de las percepciones de la inteligencia animal. Pero qu es lo que nos indica en el animal superior los elementos de la razn, de la moralidad y de la libertad? Evidentemente el Hombre no es el animal llegado al ltimo escaln de la perfectibilidad : la humanidad es un reino, el reino definitivo de la creacin bajo formas y condiciones fisiolgicas tomadas del reino que le precede; del primero de los tipos de este reino, y de la primera de las clases de este tipo.
Por sus caracteres de animalidad, como por sus caracteres propios, el reino humano se presenta nuestra vista encerrado en los lmites de una diversidad incomparablemente menor que la diversidad de los reinos inferiores.
Para terminar este captulo, trasladaremos una memoria notable por mas de un concepto, que el seor Fabra present la Academia de ciencias naturales de Madrid, en la cual resultan bien claramente las diferencias y superioridad del Hombre sobre los dems seres de la creacin. Aunque no estemos conformes en un todo con sus doctrinas, no por eso dejamos de tenerlas en mucho, y creemos desde luego que nuestros lectores vern con gusto el trabajo de este clebre mdico que con tanto provecho y honra de su patria ha cultivado el estudio de las ciencias antropolgicas. No ser esta la ltima ocasin en que citaremos algunos de los escritos de este autor.
El estudio de la naturaleza, dice, es demasiado vasto para el Hombre. Para poder comprender y coordinar tantos seres como ofrece, se ha visto precisado formar grupos distintos separndolos en el punto, que parece indicado por la naturaleza misma, disminuyendo el nmero y la importancia de las relaciones que le unen.
Los antiguos dividieron en tres reinos los seres que corresponden la historia natural saber : el mineral , el vejetal y el animal. Esta divisin es tan sencilla y parece establecida con tanta solidez, que ha sido generalmente establecida, de suerte que por espacio de muchos siglos los filsofos y los hombres ilustrados de todos los paises no conocieron ni admitieron otras distinciones principales entre los seres.
La imaginacin recibir con asiduidad y con placer estas tres divisiones, que se le presentan naturalmente y sin violencia; pero cuando se examinan con la atencin propia de un buen observador, y se separan un lado las preocupaciones que nacen de las primeras impresiones, se ve su insuficiencia y la necesidad de una clasificacin mas exacta. Tales son, como dice sabiamente Mirbel, los trabajos de los antiguos en las ciencias : menos adelantados que los modernos en el conocimiento de los hechos, pero mas sensibles que estos las bellezas de la naturaleza, profundizaron poco y no se fijaron mas que en la apariencia de las cosas: no obstante debemos convenir que en el arte de pintar descubrir los objetos con exactitud esceden algunas veces los modernos.
Las ciencias siguen haciendo progresos, y los sabios que la cultivan con esmero se aprovechan de las faltas cometidas por los que les han precedido para llevarlas la perfeccin. En nuestros tiempos ya no se permito dejar predominar la imaginacin, cuando se trata de las ciencias de observacin y de hechos, y mucho menos de repetir servilmente los desvarios del talento siguiendo el ejemplo de los autores de la edad media : as ha sido necesario trazar un nuevo camino , que ni es el mas hermoso ni el mas fcil, pero s el mas seguro, porque conduce la verdad, cuyo resplandor suave, lejos de deslumhrar, agrada y satisface al talento y proporciona descanso la imaginacin. Esta nueva marcha es muy diferente de la de los antiguos : ellos lo generalizaban todo , y nosotros procuramos profundizar hasta los menores hechos: ellos abrazaban el conjunto , nosotros penetramos en los detalles'; su alma conmovida la vista de las obras de la naturaleza, se apasionaba de sus sublimes bellezas y apenas se ilustraba mas que con las sensa

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
Cuanto mayor es la prosperidad, tanto menos se debe confiar en ella. Séneca



 

Felix Azara | Francisco Loscos | Ignacio Jordan de Asso | Odón de Buen



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