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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoologa o Reino Animal. Antropologa. Carcteres del hombre. 26

monos se observa una disposicin anloga. Las arterias cartidas del Hombre no forman esa red maravillosa que se encuentra en un gran nmero de cuadrpedos , aunque no en todos. En aquel hay cuatro arterias tiroideas, dos en cada lado, en los dems mamferos solo dos.
9. En los rganos de los sentidos se han hallado tambin diferencias que vamos indicar:
En el sentido de la vista, la mayor aproximacin de los ojos, la falta estado rudimentario de la membrana incitante, la del msculo suspensor del ojo, que falta tambin en los monos. En el sentido del odo, la presencia del lbulo de la oreja y la inmovilidad de su pabelln, que puede muy bien depender de la falta de ejercicio puesto que este carcter no se encuentra mas que en los pueblos civilizados. En el sentido del tacto se ha indicado tambin la lisura y unin de la piel del Hombre, la cual est menos provista de pelos que la de los dems mamferos.
10 En el sistema muscular, el estado rudimentario de los msculos cutneos y el mayor desarrollo de los glteos y de los de la parte posterior de la pierna son caracteres que se consideran como distintivos de la especie humana.
11 En el aparato digestivo, el apndice del ciego es tambin esclusivo de la conformacin del Hombre.
12 El aparato de la generacin ofrece tambin algunas particularidades dignas de notarse. Despus que el testculo ha pasado al escroto, el saco peritoneal deja de comunicarse en el Hombre con la cavidad del vientre, observndose en los dems mamferos una disposicin enteramente contraria. El tero de los cuadrumanos es bicrneo y dividido en dos cavidades; el de la mujer es unilocular.
Si bien los caracteres anatmicos que hemos indicado bastan para diferenciar al Hombre de los dems animales, hay otro que debe decidir el lugar que le corresponde entre los seres creados, y en el cual encontraremos su superioridad : hablamos de la actividad, de lo que tiene mas elevado, mas definido, mas caracterstico. Pero como nicamente tratamos de clasificar al Hombre en presencia del animal, indicaremos por depronto el lmite superior de la actividad animal.
Bajo este concepto, ni Descartes, ni Buffon nos atenemos; lo mismo nos guardamos de querer elevar las facultades del Hombre negando la inteligencia los animales, como de rehusarle elevadas dotes que con trabajo otros le han concedido. Mejor posicin hemos tomado : los progresos de la ciencia nos han librado la vez del dualismo cartesiano, de la anttesis del cuerpo y del alma, asi como de las insostenibles hiptesis que tal doctrina necesitaba para esplicar la actividad de los animales, desde sus mas triviales manifestaciones hasta su espresion mas alta. Los trabajos de G. Leroy, los de Fr. Cuvier tan perfectamente animalizados por M. Flourens y otros, nos han demostrado hasta la evidencia, que las palabras sensacin, instinto, movimiento, estn muy lejos de reasumir cuanto hay de notable en la vida del animal superior.
El animal se eleva de la sensacin la espontaneidad instintiva, y de esta la accin inteligente, aplicada la diferencia de lugares y circunstancias. Por medio de la mas simple sensacin, el ser animado se aleja se aproxima al objeto que le produce una impresin mas menos agradable : el instinto hace construir al pjaro su nido, al Castor su morada, al Conejo su madriguera, y siempre y por todas partes de una manera uniforme. La inteligencia permite al Perro, al Zorro, al Mono combinar su caza el merodeo con tal estrategia que sean masas probabilidades favorables, y menos los obstculos peligros que la esperiencia les ha hecho conocer. En otra direccin pasa el animal de la sensacin y del deseo al sentimiento : llega amar, aborrecer, alimentar una simpata de gratitud, una rencorosa y vengativa antipata. Colocado en presencia de dos partdos, cuando le es preciso tomar uno, titubea, y se determina por ltimo con plena espontaneidad. Inteligencia llevada hasta la invencin , sentimientos de afecto, determinacin con eleccin, he aqu lo que no puede negarse al animal. Mas cules son los lmites y por consiguiente los verdaderos caracteres de esta inteligencia, de estos sentimientos, de esta facultad de elegir ? helos aqu nuestro modo de ver.
En cuanto la inteligencia, nada nos autoriza para creer que el animal se eleve nunca mas all de la esfera del hecho sensible y del hecho actual. Esta inteligencia no obra mas que sobre percepciones, sobre reminiscencias sobre ideas en el primer grado de generalizacin, y siempre de un inters inmediato y fisiolgico; los cuidados del porvenir quedan relegados los instintos. En resumen, el animal se encierra en el crculo de lo accidental, de lo contingente y de lo tangible, por decirlo as. En l, apenas se encuentran destellos de la facultad de generalizar, y por medida de sus acciones, no se advierte mas que un inters del momento.
Los sentimientos de odio y amor no se revisten del carcter mas elevado y desinteresado que les presta una inteligencia superior; no pasan de simpatas antipatas, dictadas por aquella exigidad de miras. Por ltimo, cuando vacila antes de obrar, cuando elige, cuando se decide qu hace el animal ? qu es lo que inclina la balanza? qu causa obedece? Est suspenso entre dos apetitos, dos afecciones; es arrastrado por el mas poderoso de estos mviles, y su espontaneidad es decidida por el deseo mas enrgico.
Nosotros encontramos desde luego en el Hombre cuanto la psycologia del animal acaba de presentar nuestra vista, con la notable diferencia que en l las sensaciones son menos imperiosas y mas variadas; que los instintos no ejercen mas que un poder momentneo ; que la inteligencia obra en una esfera mucho mas vasta y con una fuerza mucho mayor; que se revisten las afecciones de un carcter mucho mas noble, y que las resoluciones son mas libres.
Despus de haber atendido sus primeras necesidades y su seguridad con una industria bien superior por cierto la del animal mas inteligente, lanzado por una curiosidad que l mismo no comprende, se entrega el Hombre la observacin y al estudio de los seres y fenmenos que abarca su mirada. Recoge y coordina en su memoria multitud de hechos , fuente inagotable de ideas nuevas, con las cuales ejercita su juicio y alimenta su imaginacin. Este ejercicio desinteresado de su facultad de discernimiento, basta ya para colocarle mucha distancia de todos los dems animales. Pero no le satisface esta esperiencia ni este estudio inmediato. La inteligencia del animal, fuera del mundo exterior y cesando de ser escitada por la sensacin, reposa : en este momento es cuando la del Hombre desplega sus alas y se remonta la mas elevada y noble actividad. Posese el Hombre lo bastante para atraer las imgenes como y cuando quiere. Replegndose despus sobre s mismo, huye del mundo que le rodea para trasladarse otro fuera de l. Una vez all, reflexiona, piensa, elabora las ideas adquiridas, compara, analiza, abstrae, deja la regin de los hechos particulares para elevarse rpidamente la de las aplicaciones generales; remntase del fenmeno su ley, de la pura diversidad la unidad, y cuando deja de percibir, concibe. Asi es como el entendimiento humano se separa de la inteligencia animal de las ideas universales, primordiales principios que la esperiencia nos suministra; verdades de la razn que vienen de lo alto ensearnos lo que multiplicadas sensaciones nos presentan desde abajo. A to

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Marzo varía siete veces en el día.
Tiempo presente, al mentarlo ya es ausente.
No fuera malo dar un beso, si quedara en eso.
El más lento en prometer es siempre el más fiel en cumplir. Rousseau



 

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