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La Edad Media en la Corona de Aragn. Parte Segunda: Las instituciones Historia de Aragón.

La vida material

Divisin del territorio

La concepcin medieval del Estado, consecuencia del modo de comprender la propiedad y la autoridad, no consenta ms divisiones del territorio que aquellas unidas por una propiedad comn y, por consiguiente, una autoridad comn; los municipios y las baronas eran entidades independientes en lo prctico, en lo econmico y en lo social; no conoci la Edad Media ni provincias ni distritos, ni circunscripciones; la organizacin aquella rechazaba todas las divisiones y todas las magistraturas cuyo fin sea unificar el mando, por no existir una autoridad nica en que ste residiera.

A su vez, y por lo comn, un trmino municipal o una barona era un territorio con lmites fijados por la Naturaleza, generalmente vertientes, y con gran frecuencia lmites tradicionales. Es interesantsimo comparar la geografa primitiva, la de los tiempos ibricos, con la pura medieval. Zaragoza era centro de un territorio llamado como ahora el llano de Zaragoza, y corresponde a una primitiva Edetania; otra Edetania era el territorio de Valencia, y la voz fu traducida por los medievales en la plana o llanura de Valencia. Jaca y Lrida son centros de los territorios de los jacetanos e ilergetes; Barcelona lo es de los laietanos; hay una correspondencia sobresaliente entre ambas geografas y no es menos admirable la correspondencia entre cada una de estas unidades polticas y las comarcas naturales.

Las cuestiones por trminos eran muy frecuentes entre municipios antiguos y tan importantes para los hombres de la Edad Media, que su resolucin tombala casi siempre el mismo rey trasladndose al trmino en litigio para dirimir el conflicto y ordenar por si mismo la fijacin de los mojones; por lmite natural entendiase la divisoria.

Juntas y vegueras

Un intento de divisin territorial para el mando fueron en Aragn las Juntas, especie de hermandades creadas en 1260 por los Jurados de Zaragoza y los procuradores de Barbastro, Huesca, Jaca, Tarazona, Calatayud, Daroca y Teruel, para perseguir malhechores; dividase el territorio en cinco Juntas: Zaragoza-Tarazona-Huesca, Ejea-Jaca y Sobrarbe-Ribagorza. El territorio de las comunidades qued excluido por encargarse ellas mismas de su defensa. Al frente de cada Junta deba haber un sobrejuntero o jefe.

Para el gobierno de los aljamas de judios y moros dividiase el territorio de Aragn en cinco merindades; Zaragoza, Tarazona, Jaca, Barbastro o Ejea y Huesca; los de las comunidades dependan del Baile general de Aragn; los judios catalanes estaban bajo la autoridad de bailes locales.

En Catalua, a principios del siglo XIV, eran las vegueras: Barcelona, Gerona, Vich-Ausona y Bag, Cervera y Trrega, Lrida, Tortosa, Tarragona, Montblanch y Villafranca. Un siglo despus eran: Barcelona, Gerona, Vich, Urgel, Lrida, Tarragona, Cervera, Balaguer, Tortosa, Berga, Agramunt, Panads Maresa y Montblanch.

El veguer era magistrado de ms importancia que el sobrejuntero; juzgaba civil y criminalmente, mandaba tropas, deba procurar la observancia de la paz y tregua y perseguir a los malhechores.

Defensa del territorio

Los territorios de todas las naciones y nacionalidades de la Edad Media eran un inmenso campo fortificado por la costumbre de levantar castillos en cada localidad y de rodearse de murallas toda ciudad o villa de importancia.

Mas estas fortificaciones fortificaciones no procuraban, como las actuales en las fronteras, la defensa contra un invasor sino seguridad contra un vecino; los castillos en frontera contra Francia, Navarra, Castilla o los moros, no eran ms fuertes ni estaban mejor aprovisionados que los situados en el interior; la mayyor o menor fortaleza, as como el mejor avituallamiento dependa de la mayor o menor riqueza del municipio y del mayor o menor riesgo que corra.

La defensa de las ciudades, villas y aldeas era de cargo de los habitantes, los cuales si llegaba el caso de una guerra reconstruan a toda prisa lo derrudo y se distribuan en decenas o centenas para guardar los muros.

En las comunidades cada una de las aldeas tena el deber de mantener en buen estado de conservacin un trozo de muralla y de defenderlo en tiempo de guerra; en las ciudades (Zaragoza) cada parroquia tena tambin asignada una parte del muro, tanto para su mantenimiento como para su guarda. Esto confirma que el origen del municipio es un lugar fortificado, de munire, y que communis significa lugar fortificado propio de varios, aplicado luego a todo el territorio habitado por los que tenan como refugio la misma fortaleza; significacin que luego se extendi a cuanto fue propio de varios o era muy abundante.

La fortaleza de los castillos estribaba en la inaccesibilidad de su asiento ante todo; la robustez de sus muros y la extensin y disposicin de sus edificios, responde a la potencialidad de las armas ofensivas. Consrvanse algunos desde el punto de vista arqueolgico-artstico de muy escaso mrito, pero desde el histrico-militar, muy notables. Como tales pueden indicarse el de Rueda de Jaln y el de Mara, a orillas del ro Huerva, cerca de Zaragoza, en el que se ve un abrigo primitivo convertido en habitacin por ahondamiento en la roca y luego en castillo por perforacin del techo para subir a la meseta que corona la roca, imposible de alcanzar escalando sus paredes.

Castillos seoriales se conservan muy pocos y stos abandonados y medio derruidos; las casas nobles que los poseyeron huyeron de la tierra en tiempo de los Austrias, y el poco apego a la tradicin les hizo olvidar su abolengo.

En tierras interiores es raro encontrar casas fortificadas; en cambio, es frecuente hallarlas en la costa; es notable en este aspecto el pueblo de Castelldefels de casas aisladas, guarnecidas casi todas de una torre con comunicaxcin interior, donde se refugian los habitantes; a lo largo de todo el Mediterrneo cataln y valenciano se dan tipos de casas fortificadas contra los corsarios.

Los domicilios

La Edad Media sigui viviendo como la Edad Antigua en pequeos ncleos y en lugares cuya caracterstica era la defensa, fundada principalmente en la aspereza del sitio. Ni en Catalua ni en Aragn la repoblacin del territorio despus de la Reconquista di nacimiento a nuevas poblaciones; es muy posible que algunas de las antiguas quedara desierta y en ruinas y que sus nuevos pobladores la reedificaran en otro lugar, pero prximo al primitivo y muy probablemente con su mismo nombre, dejando al emplazamiento antiguo un nombre despectivo: villicula, velilla, villarium, villar, etc., mas en general debe admitirse que ni la invasin de los brbaros ni la de los musulmanes desolaron el pas; los poblados existentes continuaron, aunque sus habitantes sufrieran las calamidades de la guerra.

Los lugares reconquistados a los moros muchos de ellos quedaron desiertos; como la lucha era de conquista, saban los vencidos que la derrota les privaba de sus bienes y les haca entrar en servidumbre adems; por esto abandonaban sus casas y sus pueblos que los vencedores encontraban vacos y haban de llenarlos; la sustitucin de unos pobladores por otros no involucraba el cambio de nombre ni siquiera su traduccin a la lengua de los nuevos habitantes, suponiendo que conocieran su significado, como conocan el de los vocablos rabes que son traducciones de vocablos iberos. La nomenclatura geogrfica medieval es en su mayor parte ibrica; sigue en importancia la de las lenguas vulgares de entonces y es muy pobre la procedente de la lengua de Mahoma, y lo poco que hay no es seguro represente una nueva colonizacin.

Los estragos causados en el interior de los domicilios a fin de adaptarlos a las nuevas necesidades no consienten hoy describirlos como eran ni sirven para dar idea de la vida domstica medieval. Algunos castillos seoriales mejor conservados que los palacios de las ciudades, permiten hacer algunas afirmaciones.

En casi todos ellos falta la cocina y en todos el retrete; hay algunos en donde existe un local para fuego cuya chimenea tiene la forma de alcoba o alcobilla (castillo de Mesones, catedral de Pamplona), es decir, en forma de bveda con las trompas abiertas para despedir el humo.

No hay en ninguno dormitorios, esto es, habitaciones adecuadas por su capacidad y abrigo para el descanso del cuerpo, sino salas anchurosas y destartaladas, de paredes de piedra, lbregas por sus escasas aberturas, que adems por la necesidad de la defensa estaban en alto y eran pequeas.

De aqu que las camas tuviesen palos o columnas en los ngulos, las cuales sostenan un pao o guadamacil horizontal y cortinas laterales semejando una caja cuadrilonga para guarecerse del fro.

Los vestidos eran lujosos pero incmodos y sobre todo carsimos; su alto precio influy en la moda sobre todo femenina; se aprovechaban las mangas de los vestidos cuyos cuerpos se haban deteriorado y utilizadas con otro, aunque de distinto color, pareca un vestido nuevo.

La gente pobre viva, como es natural, mucho peor; casas pequeas distribudas muy arbitrariamente, la mayor parte de los departamentos lbregos y sin ventilacin, sin retretes, con cocinas de quita y pon o para lea, las gentes vivan hacinadas, contribuyendo no poco esta disposicin de los domicilios a la inmoralidad y mucho a las epidemias.

Las comidas eran sobre la base del pan; de ste hacan un gran consumo, as como de aceite y vino, frutas secas, uvas, nueces, higos y en general lo que daba el pas; carne muy poca.

El alumbrado de los palacios era, en las grandes solemnidades, de cera; ordinariamente aceite, pero ste, por constituir un lujo, sustituase por velas de sebo de oveja o caballo.

Explotacin del territorio

Ningn pueblo tiene ms riqueza que la que le da su suelo; las condiciones de ste determinan la produccin y sta las costumbres, de donde pueblos que habitan territorios de anlogas condiciones de clima, relieve y constitucin geolgica, sean anlogos por sus vidas.

La Corona de Aragn estaba constituida por regiones muy disimilares: una hoya tectnica, cuenca del Ebro medio; un bloque montaoso inclinado hacia el Mediterrneo y cuyo reborde occidental forma la serie de alturas que limitan la orilla izquierda del Segre, y otra regin costera llana separada de la cuenca del Ebro por un espinazo que separa las aguas que vienen a este ro de las que van directamente al Mediterrneo. De las tres regiones la ms aislada es la ltima, rodeada de montes que caen casi verticales sobre la tierra martima y casi sin comunicaciones terrestres por esta causa.

El clima de las tres es tambin diferente: el de las regin interior, continental, pero infludo por el Mediterrneo que le enva sus nubes; el de las dos martimas es absoluto mediterrneo.

A estas condiciones de sus respectiva regin se acomod la vida de cada uno de esos pueblos; siendo la primera necesidad de los hombres la de comer, a la tierra pidieron alimentos, y siendo el agua el elemento mnimo de la produccin, utilizaron los ros para llevarla donde la tierra la necesitaba.

ganadera y agricultura fueron las ocupaciones favoritas de los aragoneses medievales por necesidad y no por gusto; las inmensas extensiones de terreno inculto e incapaz de cultivo por escasez de agua fueron dedicadas a pastos; las tierras bajas surcadas por ros, a la agricultura.

Es de rechazar la opinin que atribuye a los rabes, aunque por stos se entienda los moros bereberes, la invencin de los riegos artificiales; stos son anteriores a ellos en el Mediterrneo; es de rechazar igualmente que fueran los constructores de obras de riego en Espaa; el Fuero Juzgo nombra canales de irrigacin derivados de ros. Los riegos artificiales son antiqumos y la Edad Media los ampli y perfeccion lo mismo en Aragn que en Valencia. En la Catalua geogrfica de la Sierra de Cad al mar, no fueron necesarios.

Comunicaciones

La Edad Media no construy caminos y se sirvi de los romanos; afortunadamente stos se dieron cuenta del valor de esta tierra como nexo entre el Continente y las partes central y extremos de la Pennsula, y trazaron sobre ella una red de comunicaciones tan adaptada al suelo, que las bien trazadas modernas siguen las construidas por aqullos.

Como gua de todas esas comunicaciones estuvo el Ebro que atraviesa el istmo en toda su longitud y al cual vienen por ambas orillas otras corrientes secundarias que por sus cabeceras se enlazan con nuevos ros que asu vez conducen al mar o al interior de la pennsula.

Por ley de geografa poltica la vida se concentr sobre esa ancha va, y zaragoza, la mejor situada sobre ella, asumi la mayor importancia poltica de la Corona, dejando la mayor riqueza mercantil a las ciudades martimas de Barcelona y Valencia. A Zaragoza concurran las comunicaciones pirenaicas ms importantes: la de Cerdaa que segua el Segre; la de Somport que no abandonaba el Gllego, y la de Roncesvalles, que no perdiendo de vista el arga llegaba al Aragn y al ebro. De Zaragoza salan caminos hacia el interior de la pennsula; uno que iba a encontrar el Duero por Tarazona y Soria; otro que se diriga al tajo remontando el jaln y encontrando el Henares; desde Calatayud parta una va a Sagunto siguiendo el Jiloca y saltando la divisoria entre ste y el Guadalaviar.

La comunicacin desde Zaragoza al mar siguiendo el Ebro estaba interrumpida por ese gran desierto que el ro cruza en largo zigzag hasta llegar al Delta, y esta obstruccin inclino el comercio hacia Barcelona, aprovechando el fcil paso desde el Cinca al segre, de ste al Noya u al Llobregat. Por este camino construido por los romanos se hizo todo el trfico entre Zaragoza y Barcelona durante la Edad Media, camino el ms fcil y el ms corto que los tiempos modernos tienen desaprovechado.

Si la Edad Media no construy caminos, reedific puentes; en todos los lugares de importancia mercantil los construyeron los romanos y de ellos se sirvi la Antiguedad y las pocas visigodas y musulmana; los cristianos los hallaron o arruinados del todo o inservibles, y la necesidad les oblig a su reconstruccin no obstante el esfuerzo que representaba una semejante empresa en aquellos tiempos. El esfuerzo ms colosal lo hizo Zaragoza con su empeo de reconstruir el puente de piedra sobre el Ebro, al que deba la ciudad su origen, pues Cesaraugusta fu un campamento de piedra levantado para defensa de este paso sobre el Ebro.

Industria y Comercio

La vida industrial se redujo en todas partes a la fabricacin de aquello que necesitaba la vida regional; las industrias textiles de lana casi llegaron en algunas comarcas a la exportacin.

El comercio, reducido a primeras materias, se ejerci por mar y por tierra con bastante actividad.

Todos los puertos del Pirineo fueron muy transitados por comerciantes que venan con objetos manufacturados a llevarse de aqu miel, cera, lana, azafrn, lino, camo o manufactureras de estas materas textiles.

Especialmente hay que mencionar la seda, de la cual haba una fuerte produccin en las cuencas de Ebro y del Jaln y en toda la regin valenciana.

Por mar el comercio lo monopolizaba Barcelona hasta la segunda mitad del siglo XV en que se le alz Valencia como rival.

Los sbditos del rey de Aragn tenan <<alhndigas>> (alfndigas, fondacos) en todos los puertos mercantiles de Berbera y Egipto, casas a la vez almacenes y posadas, con extraterritorialidad en cuanto a los residentes y zonas francas en cuanto a las mercancias.

Sobre las alhndigas ondeaba el pabelln de Aragn y dentro de ellas haba taberna, horno, carnicera e iglesia. La autoridad resida en un cnsul de nombramiento real, el cual en un principio sala con la escuadra mercantil y volva con ella; despus se estabiliz en cada una de las alhndigas, hacindose permanente en el puerto, as como los comerciantes.

Las costumbres y las prcticas de la navegacin y del comercio martimo se compilaron en un libro llamado << Libro del Consulado del mar>>, probablemente cataln en su primera redaccin.

La vida del comercio era sumamente azarosa en aquellos tiempos.

Los corsarios infestaban el mar y toda nave deba de serlo a la vez de comercio y de guerra; de aqu el nombre de armadores que se perpetuado, de cuantos equipaban barcos con fines mercantiles; A la vez eran todos comerciantes y piratas. Si naufragaban y tenan la suerte de salvarse arribando a una playa, si sta era de pas mahometano o extrao eran declarados cautivos, y si la nave daba en tierra se declaraba bien mostrenco y era de los primeros ocupantes. En los puertos tratbaseles con desconfianza extremada; rega en todos los puertos el sistema de zona franca, es decir, que slo pagaban impuestos los gneros que se vendan; mas como se tema el fraude, si no haba fondaco donde desembarcar las mercancias, se quitaban de las naves timones, velas y remos para evitar una fuga; si lo haba se les obligaba a desembarcarlas, a un escrupuloso inventario y a no vender sino con intervencin del trujamn o intrprete.

Estas gabelas no eran an todas; el derecho de represalias pona los comerciantes en condiciones de ser robados en todo momento; como todo navegante era simultneamente mercader, marino de guerra y pirata, si en el camino se le ofreca una buena presa no vacilaba en tomarla si poda; y si el saqueado conoca la nacin del pirata reclamaba a su rey o repblica del robo, y a falta de medios internacionales de indemnizacin y castigar al ladrn, se le autorizaba para secuestrar y hacer suya otra nave u otras de la nacin del pirata que arribasen a puerto nacional, y era caso frecuente salir una nave de Barcelona o valencia con rumbo a Gnova o Bugia o Tunez y al fondear presentarse un genovs o un moro haciendo suya la nave en represalias de la que perdi.

Este derecho aplicbase tambin al dominio terrestre y llambase de marca.

Las naves eran de poco calado y de escaso tonelaje: eran unas de vela, otras de remo y otras mixtas de vela y remo; estas ltimas llamadas galeras eran las preferidas por el comercio y la guerra; las primeras, que denominaban leos, por la piratera, a causa de su mayor ligereza y de poder marchar contra el viento sin largas maniobras. A mediados del siglo XV se inventaron los bergantines, barco de dos palos con mstiles en el trinquete y vela de goleta (galeota) en el mayor; con ellos se estableci un servicio rpido de correos entre Valencia y Npoles; cada mes se reciba correspondencia y tvose por un adelanto extraordinario. El progreso en la arquitectura naval lo trajo la navegacin atlntica.

Un puerto en la Edad Media era muy distinto de los puertos modernos; una playa de fcil acceso, es decir, no acantilada y de suave declive era un puerto inmejorable, porque las naves se sacaban del agua y se varaban en tierra para su carga y descarga.

La ruina del comercio en el Mediterraneo no vino del descubrimiento de Amrica ni de la conquista de Constantinopla por los turcos, sino del recrudecimiento del corso que con motivo de la guerra permanente entre cristianos y musulmanes, tuvo el turco afianzado en Tnez y Argl contra la cuenca occidental del Mediterrneo, y en las islas del Egeo contral el oriental. Las ciudades martimas todas del Norte de ese mar quedaron bloqueadas y privadas de su medio de vida; no les fu posible ni seguir las rutas tradicionales ni salir al Atlntico en busca de una nueva. Esta fu la causa de la decadencia de Venecia, Gnova, Npoles, Barcelona y Valencia; la poltica de Fernando el Catlico tendi a dominar el paso entre Sicilia y Tnez y a quitar los puertos a los piratas berberiscos para dejar libre esa parte del Mediterrneo comprendidad entre aquel paso y el Estrecho. Su nieto Carlos V hizo la expedicin a Tnez y su biznieto cooper a la victoria de Lepanto; pero Madrid ya no sinti el mar a partir de aquel combate (el nico fructfero del reinado del segundo de los Felipes), y menos el Mediterrneo.

Las monedas

Aragn, Catalua y Vlencia tenan cada una su moneda su propia moneda y cada una sistema monetario distinto.

La ms antigua era la de Aragn, llamada jaquesa, por acuarse en Jaca; su antiguedad es igual a la del Reino y tal vez fuese acuada ya en la poca de los condes. La unidad monetaria era la libra, moneda imaginaria de cuento, que constaba de doce sueldos, stos se subdividan en doce dineros y el dinero en doce miajas u bolos.

El rea de difusin de esta moneda era muy grande; comprenda en el reinado de don Jaime el Conquistador todo el territorio de Aragn, ms Navarra, toda la regin del Segre y Tortosa.

Era de plata con dos tercios de metal fino, uno de aleacin.

Los aragoneses la mantuvieron con tan extraordinaria energa que resisti toda la Edad Media y lleg a la contempornea; en los ltimos aos del siglo XVIII an se contaba en Aragn por libras y sueldos jaqueses.

La costumbre de los reyes de alterar el valor de la moneda disminuyendo el metal fino quiso introducirla en Aragn Pedro II, pero ante la oposicin de sus vasallos hubo de desistir, transigiendo stos con darle cada siete aos un maraved por familia, creando as un impuesto que se llam de maraved o monedaje.

En Catalua corrieron monedas carlovingias, condales y seoriales; con el modelo de la libra carlovingia se cre un sistema monetario de nomenclatura parecida a la de Aragn, pero con distintos pesos y aleaciones; la libra tena diez y seis sueldos y el sueldo diez y seis dineros.

La moneda valenciana se fundaba en sistemas anlogos.

Hasta el siglo XIV no se acu moneda de oro; como caso raro debe citarse una emisin de morabatines de dicho metal acuada por Ramn Berenguer IV a semejanza de otros musulmanes. Todas las monedas de oro tenan curso.

Pedro IV es el primero que acu florines, moneda que lleg a ser el tipo monetario espaol al cual se refera el valor de todas las espaolas en tiempo de los Reyes Catlicos.

El verdadero problema histrico con relacin a las monedas, es el de determinar su valor adquisitivo, es decir, su comparacin con las de hoy en cuanto signo de cambio: las cosas iban ms baratas o ms caras en la Edad Media? Es creencia general que mucho ms baratas, por compararse el nmero de piezas que costaba una unidad de mercancia, un carnero, una vaca, un caballo, un cahz de trigo y lo que cuesta hoy; pero no se tiene en cuenta la dificultad de hallar la cantidad de moneda necesaria para la compra de tal unidad. Valan las cosas mucho menos porque la moneda vala mucho ms; era ms difcil ganar entonces un florn que hoy mil pesetas; poseer entonces una renta de mil pesetas anuales equivala a poseer hoy una de quinientas mil; de entonces a hoy el precio de las cosas no ha variado, ha variado el valor adquisitivo de la moneda.

Al encarecimiento de la vida contribuy la introduccin de la moneda de oro; el cambio lo fijaron los cambiadores, banqueros, al tipo ms alto, deprecindose la moneda de plata o de velln y hacindose en sta las transacciones; como los precios efectivos se fijaban en oro, fu necesario dar ms monedas por cada unidad de mercanca. La equivalencia del florn en el siglo XIV era de siete sueldos, sueldos jaqueses; a fines del siglo XV de diez y seis; los precios de las cosas subieron en igual proporcin.

Esto explica la ruina econmica de todos los seores, de cuantos cobraban derechos dominicales fijados en pocas anteriores; de hecho, sus rentas disminiyuron tanto como haba subido la relacin del oro con la plata, ms de la mitad, y explica tambin la creacin del propietario de tierras que no cultiva y exige renta. El seor til de una gran extensin de terreno, que lo tena a censo fijo y pagaba una cantidad irrisoria, lo cedi a otros cultivadores a plazo corto y por una renta superior en mucho a la que l pagaba: de este modo fueron explotados por el poseedor de numerario los de arriba y los de abajo, los seores y los vasallos.

Extraido de: La Edad Media en la Corona de Aragn de Andrs Gimnez Soler. Editorial Labor, S.A., Madrid. 1930

Indice

El pas La poblacin

PARTE PRIMERA

Lmites de la Edad Media.
Antecedentes de la invasin musulmana.
Ruina de la monarquia goda. Batalla del Guadalete.

Las causas de la ruina del Reino godo. Las costumbres.
El estado social.
El ejrcito.
La decadencia de las ciudades.

La conquista musulmana y su carcter
Las expediciones musulmanas a la Galia gtica
Las tierras de la Corona de Aragn bajo el poder musulmn
La pretendida influencia musulmana
La Reconquista

Sus origenes

Constitucin de los ncleos cristianos del Pirineo. Su historia hasta su independencia.
Condado de Aragn
Ribagorza
Urgel, Cerdaa, Marca hispnica

Proceso de la Reconquista
Navarra y Sobrarbe

Alfonso I el Batallador
Casamiento de Alfonso el Batallador con doa Urraca de Castilla
Los condes de Barcelona anteriores a Ramn Berenguer IV
Las conquistas de Alfonso el Batallador
La Campana de Huesca

Ramn Berenguer IV y sus dos inmediatos sucesores
Reinado de don Jaime I el Conquistador
El hombre
Los primeros aos del reinado
Adquisiciones territoriales a expensas de los moros
El Tratado de Almizra
La cruzada a Tierra Santa
El tratado de Corbeil
La poltica peninsular e interior
La expansin martima aragonesa

El siglo XIV
Reinado de Jaime II
El hombre
Espaa segn Jaime II
La Reconquista, idea nacional de Jaime II
La empresa de Tarifa
Ruptura entre Jaime II y Sancho IV de Castilla
La cuestin de Murcia
Relaciones con Marruecos
Nuevamente la Reconquista. Negociaciones que precedieron al sitio de Almera.
El sitio de Almeria.
Poltica peninsular de Jaime II.
Incorporacin de Crcega y Cerdea a la Corona de Aragn.
Extincin de la Orden del Temple.
Expedicin de los almogvares a Oriente.

Los cuatro reyes sucesores de Jaime II en el siglo XIV.
La Reconquista.
Reintegracin de las Baleares a la Corona de Aragn.
El problema de Cerdea.

La poltica peninsular de Aragn en los cuatro reinados del siglo XIV.
Causas de la guerra entre Aragn y Castilla.
Guerra entre Castilla y Aragn.

El siglo XV.
Compromiso de Caspe.
Poltica peninsular de Aragn.
Cuestiones interiores de Aragn, Catalua y el principe de Viana.
Expansin aragonesa por el Mediterraneo.

Relaciones de Aragn con Francia en el siglo XV.
El cisma de Occidente.
Retrato de Benedicto XIII.
El problema de la frontera catalana.

Reinado de Fernando el Catlico. Fin de la Edad Media.
El hombre.
La unidad nacional. Los pretendientes de Isabel la Catlica.
Cmo fu la unin de los reinos.
El fin de la Reconquista. Conquista de Granada.

Descubrimiento de Amrica.
Poltica mediterrnea de Fernando el Catlico.
Conquista de Npoles.
Conquita de Berbera.

Poltica internacional de Fernando el Catlico.
Poltica de unidad Peninsular.

PARTE SEGUNDA

Las Instituciones
El Estado medieval.
Carcter social de la Edad Media.
Orgenes de la Edad Media.
El Rey y la realeza en Aragn durante la Edad Media.
Lugarteniente y gobernador.
Los nobles.
Origen y evolucin de los seorios.
Municipios.
Evolucin de los municipios.
El capitalismo, causa de la decadencia municipal
Organizacin interna de los municipios
Judos y moros
Los vasallos y hombres de condicin.
La servidumbre de la gleba : remensas.
Administracin de justicia.
La curia real y el Justicia de Aragn.
Jurisdicin de judos y moros.
Estado de la Administracin de justicia y responsabilidad judicial.
Las Cortes.
Las Diputaciones.
La concepcin medieval del Estado.
La Legislacin.

La vida material.
Divisin del territorio.
Juntas y vegueras.
Defensa del territorio.
Los domicilios.
Explotacin del territorio.
Comunicaciones.
Industria y comercio.
Las monedas.

La vida espiritual
La Religin
Organizacin eclesistica
Monasterios y rdenes religiosas
La Beneficiencia
La vida intelectual
Las Lenguas habladas en la Corona de Aragn
La enseanza
La Vida Artstica
Arquitectura religiosa
La pintura, la escultura y el azulejo

Conclusin
Bibliografa
Indice alfabtico

Ilustraciones


Mapa I: Mapa fsico de la regin bero-mediterranea (101 Kb)
Mapa II: Conquistas de la Corona de Aragn (447 Kb)
Mapa III: El mediodia de Francia en tiempos de Pedro II (119 Kb)
Mapa IV: Expansin catalano-aragonesa por el Mediterraneo (107 Kb)

Moneda de Juan (Ioanes) II

 

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