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La Edad Media en la Corona de Aragn. Parte Segunda: Las instituciones Historia de Aragón.

Municipios

Son los que caracterizaron la Edad y lo nico de aquella Edad resucitable en la nuestra.

El municipio medieval es un territorio homogneo y continuo, con lmites naturales, cuya homogeneidad impone una produccin, por tanto a los habitantes unas mismas costumbres, y cuya continuidad hace concurrir todos los caminos a un mismo punto, la ciudad o villa que por lo comn le da nombre.

Un municipio es un territorio, trozo de un valle, limitado por las crestas que envan sus aguas al mismo; es una unidad geogrfica, y por serlo es una unidad poltica.

El municipio no es asociacin de hombres que viven sobre un territorio como los animales y las plantas: es el territorio mismo; sobre ste recae la independencia, en l radican las libertades, y los hombres las reciben de l; no se es libre por ser ciudadano, sino por ser ciudadano de tal municipio, y la condicin de tal le sigue a todas partes y le caracteriza en todo momento y en todo lugar. as como ahora la condicin de nacional acompaa en todo el mbito de la nacin y fuera de ella, entonces la condicin de ciudadano de tal o cual ciudad acompaaba en todas partes al que era de ella.

Un municipio era un Estado autnomo y libre dentro del Estado grande; en su gobierno slo intervenan los ciudadanos; dueo absoluto de su territorio, gozaba de la facultad de imponer tributos de administrar justicia, de perseguir a los delincuentes y castigarles, de velar por la cultura y la moralidad pblica; los dems poderes se limitaban a vigilar que ningn municipio abandonara estos deberes. La nica facultad soberana de que no gozaba era la de acuar moneda; por tradicin prerromana, romana y tal vez goda, algunas ciudades conservaban sus cecas, en las cuales se fabricaba el numerario por cuenta del rey, pero poniendo la inicial de la ciudad donde se haca la acuacin, probablemente como garantia de la misma. Ningn ciudadano gozaba de preminencias polticas; a cada uno le daba prestigio su propio valer; no exista capitalidad de la monarqua ni de cada Estado; los reyes y su lugarteniente, as como el gobernador, no tenan domicilio fijo y eran, en cierto modo, trashumantes; a donde los negocios reclamaban su presencia, all iban.

El rgimen municipal desciende directamente del rgimen de ciudad propio de los tiemos anterromanos. Todos los grandes municipios medievales son ciudades que en la Edad ibrica labraron moneda. Por esto, aunque el rgimen es de municipios, y por stos entindese hoy un ncleo social y poltico, propiamente era rgimen de ciudad comunidad, esto es, un territorio poblado de aldeas sometidas a la ciudad cabeza

De este rgimen salieron todas las instituciones: realeza, aristocracia, magistrados municipales, todas.

Las comunidades de Daroca, Calatayud, Teruel y Albarracn se ofrecen al historiador como una supervivencia de una ciudad ibrica: constituan aldeas agrupadas a lo largo de los ros afluyentes del Jiloca, Jaln y Guadalaviar sometidas a la ciudad respectiva; en las tres primeras las aldeas haban logrado en el siglo XII separarse de la capital y constitur por si solas un municipio, comunidad de las aldeas de Calatayud, Daroca y Teruel; en la de Albarracn se conserv el regimen ibrico durante toda la Edad Media. El trmino era de la ciudad, sin que las aldeas lo tuvieran propio; a lo sumo n concedaseles una porcin en uso para pastos y una parte en los ingresos por el aprovechamiento de los bosques; cada distrito de las comunidades estaba gobernado por dos sesmeros, y a los distritos los llamaban con nombre primitivo sesmas y con nombre traducido, ros.

Todos los aos se reunan las sesmas en aldea distinta de aquella donde se efectu la reunin el ao anterior, bajo la presidencia del baile general de Aragn, en representacin del rey, y en la reunin, con plena libertad echaban derramas, nombraban los magistrados comunes, Juez y Justicia y fiscalizaban la gestin de los salientes.

En donde la comunidad no era tan amplia como en estas comarcas, las aldeas gozaban de autonoma para lo propio de ellas.

En realidad, un municipio no se distingua de un seoro sino en residir el gobierno de los primeros en un cuerpo social, y en stos en un seor; pero idnticos derechos sobre los vasallos, incluso los ciudadanos; los de las aldeas prestaban homenaje a un magistrado municipal, la ciudad les concedia fuero, a la ciudad pagaban los tributos, con las milicias ciudadanas iban a la guerra; la ciudad era su seora como el seor lo era de los pueblos de la barona.

He aqu por qu los municipios aragoneses hacen alianzas con los nobles contra el rey por cuestiones polticas.

Los municipios, como los seores, compraban pueblos y se titulaban seores de ellos y en sus casa, los del seoro labraban su escudo en seal de dominio.

Evolucin de los municipios

No gozaron siempre de las mismas libertades. Hasta el siglo XIV no alcanzaron su total desarrollo, y antes de este siglo eran unos seoros en los cuales el seor tena limitadas sus funciones y mermados sus derechos por los privilegios de los ciudadanos.

Durante todo el siglo XI en todos hay un seor, que es el presidente del concejo y del captulo municipal o cuerpo gobernante del ncleo social que forma el municipio. Persiste durante el XII ese seor, y al principiar el XIII desaparece, quedando los municipios acfalos, es decir, sin un jefe representante del rey, y muchos hasta sin jefe popular.

Todas las atribuciones de que gozaban los seores pasaron ahora a los gobernantes municipales, y dueos de su territorio, ste cada vez ms rico y poblado, con facultad de imponer y de levantar emprstitos, convirtironse los municipios en algo ms que en miembros polticos de un Estado, fueron los impulsores de la cultura, y de la riqueza, y del comercio, y bajo su influencia y su brillo se oscureci un tanto la nobleza.

El prestigio de las grandes ciudades fu una de las causas ms fuertes de la decadencia nobiliaria; no influy en empequeecer sta, pero la empequeeci de hecho, porque permanecio la nobleza en su ser, la ciudad se elev y el resultado fu el mismo que si la nobleza se hubiera empequeecido y la ciudad hubirase mantenido como antes. El siglo XIV es el de apogeo y esplendor, pero en el XV comienza su decadencia, la cual se manifiesta en las discordias ciudadanas, en la imposibilidad de entenderse los hombres de la ciudad; ellos mismos abdicaron de su libertad considerandola nociva, y se pusieron bajo el poder real para que ste los gobernara o les diese leyes con que gobernarse.

El remedio no estaba, sin embargo, en la ley; antes cada ley u ordenanza municipal agravaba el mal que resida en las entraas de aquella sociedad, y era el capitalismo que se haba infiltrado en ella y la corroa.

El capitalismo, causa de la decadencia municipal

Las ciudades eran los emporios del comercio; las villas y aldeas dedicadas a la simple produccin eran tributarias mercantilmente de las ciudades, y lo mismo los lugares de seorio, todos de escasa importancia econmica.

En las ciudades se concentr la riqueza en numerario, y con esto naci una clase de ciudadanos ricos, pero con una riqueza mvil, universal, no adherida al suelo, independiente de la tierra, por tanto ingravable con impuestos en una poca en la que la tierra era considerada la riqueza nica.

Segn fu creciendo el comercio y aumentando el nemerario, fu disminuyendo el valor de la moneda, que se tradujo en un encarecimiento de las cosas. En las ciudades domin el patrn oro, en los campos y en los salarios el patrn plata, ya depreciada, y sobrevino el empobrecimiento de las clases pobres y aun de la clase media. Consecuencia de este hecho vino otro en relacin con la propiedad.

El rgimen de sta haba sido el de cesin de los inmuebles a perpetuidad mediante un censo inalterable, que aunque se fij muy alto en el momento de su establecimiento, cuando la moneda decay se hizo irrisorio. Vino la ruina de los seores dominicales de los perceptores de los censos, vino la ruina de los humildes que cobraban segn los salarios tradicionales y pagaban segn los precios modernos. La relacin de la plata y el oro, que a principios del siglo XIV era de 1 : 7, lleg a ser un siglo despus de 1 : 15, y esta enorme diferencia recay ms que en las cosas en la tierra; sta subi considerablemente de valor, y con ella sus productos; pero en las ciudades los menestrales y artesanos y los capitalistas a la antigua, los perceptores de censos fijos, sufrieron las consecuencias del desnivel de los dos metales amonedados. Cuantos posean un censo antiguo trasmisible con la propiedad vendieron sus fincas a un precio mucho mayor que el representado por el censo o las arrendaron a plazo corto por una renta mucho mayor que la por ellos pagada.

Este desquiciamiento social que levant unas capas sociales y baj otras, que arruin y enriqueci simultaneamente, fu la causa del desorden municipal y de la decadencia del municipio. A una nueva forma de la propiedad corresponda una nueva organizacin social y una nueva organizacin poltica.

Organizacin interna de los municipios

La autonoma municipal en punto a organizarse era completa: necesitaban los municipios que el rey aprobase las modificaciones que se introdujran, pero esto no era bice a que segn las circunstancias y conforme a las necesidades de los tiempos fueren variando su rgimen interno.

Esta autonoma implicaba una variedad en los gobiernos municipales incomprensible para los hombres modernos acostumbrados a una uniformidad mecnica.

En cada pueblo, villa o ciudad calebraban las elecciones en diferente da, por procedimiento distinto y para elegir distintos magistrados y en nmero distinto tambin; en cada uno de esos ncleos era diferente la unidad poltica; en los pequeos, todo el vecindario era el elector; en los mayores, o la parroquia o la clase social: rarsima vez el gremio, aunque por la costumbre de habitar en un mismo barrio, los de un oficio u oficios semejantes, gremio y barrio, se confundan.

El nmero de magistrados era mucho menor que en los ayuntamientos actuales; en los grandes, en unos como Barcelona, era de cinco; en Zaragoza fueron doce hasta 1415 en que se redujeron al nmero de Barcelona; en los municipios rurales solan ser solamente dos, que ms que concejales eran asesores y lugartenientes de otro superior llamado Justicia.

Ni aun en el nombre haba uniformidad: en unas partes se les llamaba consellers (Barcelona), prohoms (Lerida), jurados (Zaragoza y Valencia). En cuanto a las facultades, fueron siempre muy grandes; al principio omnmodas, luego se les restringi adscribindoles un cuerpo consultivo.

Forma tpica del concejo medieval es el concejo abierto, asamblea general de vecinos convocada a son de pregn o campana repicada para resolver en los grandes asuntos comunales. Hasta la segunda mitad del siglo XV funcion este concejo sin que nadie viese peligro en l; en este tiempo creyse peligroso, y poco a poco fu desapareciendo.

En Barcelona, ese concejo abierto fu sustituido por el llamado Consell de Cent jurats como asesores: tan malo era juntar cien como el pueblo entero.

Eran los jurados gobernantes del municipio, sus administradores y sus jueces; sus acuerdos eran ejecutivos inmediatamente de promulgados: administraban los fondos municipales sin cortapisa, y como estos procedan de repartos, ellos los hacan sobre las unidades polticas que constituan el municipio.

Tambin en este punto de las haciendas locales hay diferencias inverosmiles para los hombres de hoy entre los municipios actuales y los medievales.

Es de advertir que la clasificacin de stos en ciudades, villas y aldeas no tena entonces ms trascendencia que la de mero ttulo honorfico y que de l no se derivaban consecuencias ni polticas ni econmicas.

Es de notar tambin para comprender el rgimen econmico municipal, que en los municipios vivan los que en sus relaciones con la propiedad tenan el mnimo derecho de autoridad y el mximo de uso; la mnima expresin de dominio y la mxima de utilidad; para reyes y seores sus reinos y baronas eran latifundios para el consumo, no para la produccin, mientras para los habitantes de las ciudades, villas y aldeas su trmino municipal era un latifundio para la produccin, a cuyo cultivo tenan slo derecho, no a declararlo propio; de aqu la prescripcin de ao y da en las propiedades rurales.

El rey y el seor eran los dueos eminentes del suelo sobre el cual se haban reservado rentas y prestaciones, sobre el suelo, no sobre los hombres, y sobre un suelo indiviso como la sociedad que lo habitaba. Estas rentas y prestaciones deba pagarlas el suelo y la colectividad; el modo de acumularlas sta, rales indiferente al rey y al seor que eran dueos de la ciudad, villa o aldea y no de los hombres.

De aqu que el nico ncleo autnomo, verdaderamente autnomo con facultad de imponer fuese el municipio, porque debajo de l estaban los ciudadanos terratenientes, los que aprovechaban la tierra, patrimonio social y humano.

El municipio en este trance servase del reparto vecinal; mas tampoco imponiendo directamente al individuo, sino a la unidad poltica dentro del municipio, es decir, la parroquia, el barrio, la clase, rarsima vez el gremio o la cofrada, si bien por la costumbre de ocupar una familia una casa y sucederse en ellos padres e hijos y vivir en un mismo barrio los de un oficio, parroquia, barrio, gremio o cofrada y hasta clase social son y representan partes materiales de la ciudad.

Estas circunstancias facilitaban el reparto y lo hacan equitativo; la residencia tradicional en un distrito, en una calle, en una casa, impeda ocultaciones de riqueza, y como cada una de esas unidades era tan autnoma para echar el reparto entre sus miembros como el municipio para echar la cantidad total del impuesto sobre las unidades, no cabiendo ni reclamaciones ni protestas, haba que pagarlo. El municipio estaba por encima de los individuos y sobre sus cuestiones; tal parroquia distribua la cantidad por calles, la calle la distribuia por casas; el dinero lo llevaban o a la casa de la parroquia o directamente al depositario de la ciudad.

El impuesto ms sano y saneado, el ms justo si se considera ser la tierra patrimonio de la humanidad y del cual deben salir, por tanto, los recursos que la conservacin de la sociedad origina, estaban en manos y poder de los municipios.

Como administradores de justicia tenan tambin facultades omnmodas por no haber cdigos que fijaran mecnicamente las resoluciones, ni en lo criminal ni en lo civil; el buen sentido era su norma, porque en oposicin al sistema centralizador que supone a todo ciudadano predisposicin a mal obrar y slo cree morales e inteligentes a los investidos de autoridad por el poder central, la Edad Media crea que todo ciudadano cumple, naturalmente, su deber, y que con el cargo se recibe la aptitud necesaria para ejercerlo.

Para la correccin de las costumbres y castigo de crmenes haba magistrados especiales que en Aragn se llamaban zalmedinas y justicias, y en Catalua y Valencia vegueres (vicarios), nombrados los primeros directamente por el rey primero, luego por eleccin popular; ms tarde por el rey entre tres propuestos por el pueblo, finalmente por el rey; los vegueres fueron siempre de nombramiento real, porque las justicias eran facultades reservadas a los seores y de las que rarsima vez se desprendan.

Muestra increble casi para los hombres de hoy, acostumbrados al desprestigio de los concejos, es la existencia de Tablas de comunes depsitos o cambios en los municipios, convirtiendo stos en lo que son hoy las Cajas de ahorros y los Bancos de depsito y custodia. En el siglo XIV funcionaba ya esta Tabla en Zaragoza, demostrndose as el gran concepto que a los ciudadanos mereca el municipio y el espritu social de aquella sociedad.

Naturalmente que esa institucin no estudiada bien aun en sus orgenes y funcionamiento, pero conocida en sus rasgos generales y funcionamiento no estaba a merced de los jurados o prohombres o consellers como los fondos propiamente municipales, pero dependa de la autoridad municipal y estaba bajo su custodia y era responsable de su inversin; esto mismo dignific el cargo de Jurado por la mayor confianza que representaba el serlo, disponiendo del caudal social adems de los escasos fondos municipales. Si es verdad que todos los monumentos espaoles que existen en las ciudades espaolas son medievales; a la Tabla de comunes depsitos se debe; la ciudad dispona sin inters de sumas cuantiossimas, equivalentes a las que hay hoy en depsito o cuenta corriente en los Bancos locales, ya los que all tenan su dinero no les importaba que la ciudad los emplease en mejoras, porque cuanto ms la ciudad prosperara, ms solvente, y era esto posible por la facultad de imponer que disfrutaba el municipio; en un desfalco, un robo, una inversin desmedida de caudales, un reparto entre los vecinos indemnizaba a los imponentes. No se di un solo caso de quiebra o fraude ni aun en los desdichados tiempos de Felipe II. En cambio sirci esa institucin para mejoras locales de embellecimiento y enriquecimiento de que todava nos servimos. Cmo hubiera podido Zaragoza construir su puente de piedra, sus obras de riego (menos el Canal Imperial), su Lonja, sin esa Tabla que pona a su disposicin el ahorro ciudadano?

El capitalismo que aqu en Aragn era ya patente por consecuencia del activo comercio exterior que mantena, fu la ruina de la democracia medieval; fall la base sobre que aquella sociedad se fundaba, la posesin de la tierra; cedida al usuario a perpetuidad y a censo fijo fu ahora posesin a precario y a renta movible, a voluntad del dueo. Naci adems una clase social nueva formaba de ricos con riqueza mvil y no adherida al suelo, independiente del suelo, y por su universalidad cosmopolita, y esta clase social domin a las otras, incluso a los reyes.

Los municipios antiguos se transformaron bajo la accin de este fermento sin que los hombres aquellos advirtieran la causa por ms que notaran sus efectos. Zaragoza fu la primera ciudad sometida por la ley a un rgimen distinto del tradicional; Zaragoza - que vena rigindose por un sistema territorial que ms que una ciudad la consideraba un agregado de quince aldeas, tantas como parroquias, autnomas para lo propio, aliadas para lo comn - vi abolido este sistema en 1414 y sustituido por otro en el que la parroquia desapareci, en el cual la vida social no se tuvo en cuenta y los hombres no se agruparon por sus domicilios, sino por sus rentas. Toda la poblacin zaragozana fu agrupada en cinco manos, clases o categoras, con arreglo a cinco tipos diversos de riqueza o renta, cualquiera que fuese su domicilio, su ocupacin o su abolengo; los jurados fueron reducidos de doce a cinco, el zalmedina o juez pas a ser de nombramiento real y para borrar ms la tradicin, se trasladaron las elecciones del da de la Asuncin, 15 de agosto, al de la Purisima 8 de diciembre.

He aqu la Edad Moderna: un hombre, un ciudadano; ya no es el miembro de una colectividad, es el individuo de una clase; ya no es vecino de una calle ni tiene intereses comunes con los demas de esa calle; ya no les une a stos un vnculo de patria, es un hombre con tal capital; los del mismo son sus verdaderos conciudadanos; el inters de la patria ha quedado pospuesto al inters del dinero; un fin noble ha sido sustitudo por este fin egosta.

El principio aplicado a Zaragoza se fu aplicando a todo el Reino, y consecuencia de l fu sustituir el rgimen electoral anterior por el de insaculacin: divididos los ciudadanos en ricos, menos ricos y pobres, era natural convertirlos en de primera clase, segunda y ltima, y natural reservar los primeros puestos a la clase ms elevada; el sisterma democrtico de la parroquia no era posible aplicarlo ahora, por no ser la ciudadana consecuencia del domicilio, sino de la riqueza. No se quiso tampoco recurrir a un sufragio por clases y dando por supuesto que todos los de una clase eran igualmente aptos para los cargos y que cada clase deba tener como propios los correspondientes a su clase, dejse a la suerte la designacin de quines deban desempearlos, incluyendo sus nombres en bolsas o sacos.

El espritu social de la Edad Media cedi su puesto al individualismo de la Moderna, y la espiritualidad que le caracterizaba fu absorvida por el materialismo; las asociaciones de hombres de un mismo oficio llamadas hasta entonces cofradas y fundadas para fines espirituales, se llamaron gremios y tendieron a otros materiales de ganancia. De igual modo todos se inclinaron al aislamiento para seguridad de su inters; los gremios se convirtieron en corporaciones cerradas, las calses se aislaron, los reinos pusieron a su alrededor fronteras infranqueables. El individualismo no fue solo de los hombres.

Extraido de: La Edad Media en la Corona de Aragn de Andrs Gimnez Soler. Editorial Labor, S.A., Madrid. 1930



Indice

El país La población

PARTE PRIMERA

Límites de la Edad Media.
Antecedentes de la invasión musulmana.
Ruina de la monarquia goda. Batalla del Guadalete.

Las causas de la ruina del Reino godo. Las costumbres.
El estado social.
El ejército.
La decadencia de las ciudades.

La conquista musulmana y su carácter
Las expediciones musulmanas a la Galia gótica
Las tierras de la Corona de Aragón bajo el poder musulmán
La pretendida influencia musulmana
La Reconquista

Sus origenes

Constitución de los núcleos cristianos del Pirineo. Su historia hasta su independencia.
Condado de Aragón
Ribagorza
Urgel, Cerdaña, Marca hispánica

Proceso de la Reconquista
Navarra y Sobrarbe

Alfonso I el Batallador
Casamiento de Alfonso el Batallador con doña Urraca de Castilla
Los condes de Barcelona anteriores a Ramón Berenguer IV
Las conquistas de Alfonso el Batallador
La Campana de Huesca

Ramón Berenguer IV y sus dos inmediatos sucesores
Reinado de don Jaime I el Conquistador
El hombre
Los primeros años del reinado
Adquisiciones territoriales a expensas de los moros
El Tratado de Almizra
La cruzada a Tierra Santa
El tratado de Corbeil
La política peninsular e interior
La expansión marítima aragonesa

El siglo XIV
Reinado de Jaime II
El hombre
España según Jaime II
La Reconquista, idea nacional de Jaime II
La empresa de Tarifa
Ruptura entre Jaime II y Sancho IV de Castilla
La cuestión de Murcia
Relaciones con Marruecos
Nuevamente la Reconquista. Negociaciones que precedieron al sitio de Almería.
El sitio de Almeria.
Política peninsular de Jaime II.
Incorporación de Córcega y Cerdeña a la Corona de Aragón.
Extinción de la Orden del Temple.
Expedición de los almogávares a Oriente.

Los cuatro reyes sucesores de Jaime II en el siglo XIV.
La Reconquista.
Reintegración de las Baleares a la Corona de Aragón.
El problema de Cerdeña.

La política peninsular de Aragón en los cuatro reinados del siglo XIV.
Causas de la guerra entre Aragón y Castilla.
Guerra entre Castilla y Aragón.

El siglo XV.
Compromiso de Caspe.
Política peninsular de Aragón.
Cuestiones interiores de Aragón, Cataluña y el principe de Viana.
Expansión aragonesa por el Mediterraneo.

Relaciones de Aragón con Francia en el siglo XV.
El cisma de Occidente.
Retrato de Benedicto XIII.
El problema de la frontera catalana.

Reinado de Fernando el Católico. Fin de la Edad Media.
El hombre.
La unidad nacional. Los pretendientes de Isabel la Católica.
Cómo fué la unión de los reinos.
El fin de la Reconquista. Conquista de Granada.

Descubrimiento de América.
Política mediterránea de Fernando el Católico.
Conquista de Nápoles.
Conquita de Berbería.

Política internacional de Fernando el Católico.
Política de unidad Peninsular.

PARTE SEGUNDA

Las Instituciones
El Estado medieval.
Carácter social de la Edad Media.
Orígenes de la Edad Media.
El Rey y la realeza en Aragón durante la Edad Media.
Lugarteniente y gobernador.
Los nobles.
Origen y evolución de los señorios.
Municipios.
Evolución de los municipios.
El capitalismo, causa de la decadencia municipal
Organización interna de los municipios
Judíos y moros
Los vasallos y hombres de condición.
La servidumbre de la gleba : remensas.
Administración de justicia.
La curia real y el Justicia de Aragón.
Jurisdición de judíos y moros.
Estado de la Administración de justicia y responsabilidad judicial.
Las Cortes.
Las Diputaciones.
La concepción medieval del Estado.
La Legislación.

La vida material.
División del territorio.
Juntas y veguerías.
Defensa del territorio.
Los domicilios.
Explotación del territorio.
Comunicaciones.
Industria y comercio.
Las monedas.

La vida espiritual
La Religión
Organización eclesiástica
Monasterios y órdenes religiosas
La Beneficiencia
La vida intelectual
Las Lenguas habladas en la Corona de Aragón
La enseñanza
La Vida Artística
Arquitectura religiosa
La pintura, la escultura y el azulejo

Conclusión
Bibliografía
Indice alfabético

Ilustraciones


Mapa I: Mapa físico de la región íbero-mediterranea (101 Kb)
Mapa II: Conquistas de la Corona de Aragón (447 Kb)
Mapa III: El mediodia de Francia en tiempos de Pedro II (119 Kb)
Mapa IV: Expansión catalano-aragonesa por el Mediterraneo (107 Kb)

Moneda de Juan (Ioanes) II

 

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