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La Edad Media en la Corona de Aragon Historia de Aragón.

Las causas de la ruina del Reino godo.

Las costumbres

Sin la traicin de los hijos de Witiza hubiera sido derrotado el ejrcito godo y destruido el Reino? El historiador no puede responder a esta pregunta, pero puede decir que el reino aquel estaba condenado a desaparecer y a disolverse. Su debilidad era extraordinaria y su potencia militar casi nula. El ejrcito de don Rodrigo iba derrotado cuando marchaba hacia Tarik; la superioridad numrica tal vez le hubiera hecho triunfar, pero si nuevas invasiones lo ponan a prueba, en una de ellas se hubiera ahogado; el reino careca de alma: era un cuerpo muerto espiritualmente, que se mova por los resortes del miedo y la rutina, que iba adonde le llevaban los encargados de darle cuerda, pero que si caa no podia levantarse, y si sus amos lo abandonaban quedaba inerte.

Aquel reino no fu creacin espontnea del pueblo espaol, sino de un extranjero que vivi mucho tiempo separado de la poblacin hispana, de su propia voluntad, para lo cual dict leyes que prohiban los matrimonios entre conquistadores y conquistados, que si bien fueron abolidas lo fueron cuando la decadencia se haba iniciado. Este hecho mantuvo a la poblacin indgena, la ms culta y numerosa, indiferente a la poltica y alejada de la monarqua; los concilios representan el deseo de traer a la gobernacin, por lo menos como asesores, la parte ms sana y culta del pueblo vencido, el clero; pero las intromisiones del poder civil en los asuntos ms que eclesisticos religiosos, pues afectaban al dogma, y la impotencia de los clrigos para contener las demasas y crmenes del poder quitaron eficacia a tales asambleas. Cada vez que un rey era depuesto, el concilio inmediato lanzaba terribles censuras contra los que de all en adelante hicieran otro tanto; pero el as defendido era depuesto y el concilio perdonaba al infractor y promulgaba nuevas sentencias contra los futuros asaltantes del trono; pero qu podan hacer obispos inermes y sin poder material los ms, miembros de la oligarqua dominante algunos, ante un partido que no haba temido las censuras anteriores, cuya religiosidad tal vez era muy dudosa y que dispona de la fuerza?

La Iglesia espaola tuvo durante la dominacin goda varones eminentsimos en ciencia y en virtud; pero no se ha de medir por la intensidad con que estos varones poseyeron el saber, la extensin con que el clero entero lo posea, ni por su virtud la de todos los clrigos; en el pueblo subsistan superticiones, tal vez idoltricas; una ley del Fuero Juzgo del tiempo de Chindasvinto condena a los que por encantos hacen caer granizo sobre vias y mieses y los que hacen enloquecer a los hombres por mediacin del demonio, los que ofrecen a ste sacrificios nocturnos y los invocan.

Las costumbres eran dursimas: las leyes de aquel cdigo hablan de incendios en ciudades y de incendios y devastaciones en los campos; de violadores de sepulturas; la pena de azotes era comn y corriente, y el azotar castigo usadsimo por maestros, patronos y dueos de siervos; el derecho positivo no castiga a los azotadores que lo hicieran con disciplina competente s el azotado mora, porque no fu su voluntad matar.

Todo el ttulo 3 del libro VI trata de abortos e infanticidios: el matar los nios recin nacidos era muy frecuente y delito muy extendido. Una ley de Chindasvinto lo declara, y atribuye crimen tan horrible no a mujeres que con ello quisieran encubrir su deshonra, sino a hombres y matrimonios legales; los abortos provocados era todava ms frecuentes; tan frecuente como esto era vender, donar y abandonar los hijos propios y robar los ajenos para venderlos como siervos.

La familia era una institucin en ruinas por la condicin de la mujer, que viva sometida a una patria potestad dursima.

No estaba en su mano aceptar marido, sino tomar el que le diesen; la dote que las leyes llaman precio lo recibia el padre o los hermanos; si casaba contra la voluntad de stos perda la herencia paterna, y como no tena la administracin de lo suyo, sus hermanos le denegaban con frecuencia el permiso de contraer matrimonio a fin de quedarse con lo de ella o forzarla a huir para que lo perdiera definitivamente.

Los delitos contra la honestidad deban ser muy frecuentes; las leyes del Fuero Juzgo hablan de raptos, violaciones, incestos, uniones sacrlegas, adulterios, sodomas; su frecuencia la revela la severidad de las penas impuestas a tales crmenes.

El Estado social

Cuando los godos se establecieron en la pennsula dcese que se repartieron las tierras, adjudicando dos terceras partes a los invasores y dejando una tercera a los naturales. Pero ni del tiempo en que se hizo la particin ni del modo de hacerla se conservan noticias; porque Valia fu el primero que vino aqu con propsito de quedarse en su reinado se supone el hecho, mas no es seguro.

Debe de tenerse por lo ms probable que metdica y legalmente no se hizo a la vez en toda la Pennsula, en aquellas partes donde dominaban, y que imper la ley del ms fuerte cuantas veces movieron las ambiciones el egosmo de los fuertes. Una ley del tiempo de Recesvinto manda devolver a los romanos las tercias de que haban sido desposedos si el desposeimiento no se remontaba a ms de medio siglo.

De donde se deduce que aunque fuera ordenado que el reparto se hiciera en aquella proporcin, no fu cumplido, y que ni las terceras partes se les reserv a los que dicha ley llama romanos.

La razn alegada por esa ley para la devolucin prueba que las tierras de los godos eran inmunes, es decir, estaban exentas de impuestos y cargas, y que ests y aquells pesaban sobre las de los espaoles, pues advierte que se manda para que el fisco no pierda sus derechos.

La propiedad llevaba inherente en aquellos tiempos la autoridad; el dueo de la tierra lo era del suelo y de cuanto viva en l, hombres, animales y plantas; la relacin en que cada ser se hallaba con el suelo determinaba su condicin social, su estado jurdico.

Dividanse las personas en dos categoras principales: de una parte libres, nobles, ilustres o ingenuos, segn el vocabulario del Fuero Juzgo, y de otra los que no lo eran.

Dentro de cada una de estas categoras no exista igualdad absoluta, y se subdividan en otras clases cuyas diferencias en cuanto a la primera, la de los ingenuos, no se especifican claramente ni parece fueran muy fuertes; los textos hablan de los ms nobles, de los ms ilustres, de personas de lugar mayor, etc.; la riqueza y la consideracin social eran aparentemente las causas de la distincin.

En cuanto a la segunda categora, la de las personas no libres, los textos son ms explcitos.

El ms prximo al libre era el patrocinado; segua el siervo y continuaba bajando al mancipium y el rstico.

El patrocinio era la manera ms suave y se entraba en l o de propia voluntad o por manumisin; el libre podia elegir patrono y salirse de un patrocinio para tomar otro; el signo de admitir esa especie de supremacia era dar y admitir tierra, los deberes del patrocinado se reducan a obedecer al patrono y a dar a ste la mitad de lo que ganase. El patrono tena el deber de defender al patrocinado y sus hijos, y si ste mora dejando una hija, el de protegerla y darle un marido de su categoria. Una ley del tiempo de Recaredo identifica al patrocinado con el buccellario.

Otra manera de entrar en patrocinio era la manumisin, la obtencin de la libertad; los libertos, al dejar de ser siervos, convertanse en patrocinados; esta manera era ms dura que la otra: el liberto no era libre de elegir patrono, y l y su descendencia estaban condenados a reconocer como patrono al que le di la libertad y a sus descendientes. Como de clase inferior por el estigma de la servidumbre que la manumisin no quitaba, el liberto no podia ser testigo contra un ingenuo, juzgando la ley indigno que un libre padeciese por el testimonio de un liberto.

Este rigor de clases se desat contra estos patrocinados libertos con la furia con que respecto a los siervos: una ley de Recesvinto, Fuero Juzgo 7, V, 7, 17, comienza hablando de siervos, aunque se refiere a libertos, y sus frases son un fiel retrato de la poca en este punto de la separacin rigurosa de las clases sociales; el rey se lamenta de la ignominia que algunos manumitidos echan sobre sus primitivos dueos, pretendiendo unirse a sus descendientes en matrimonio, declarndose por tanto iguales a ellos; todo el texto de la ley es de profundo desprecio hacia los libertos; igual rigor manifiestan otras leyes del reinado de Egica.

La desobediencia al patrono era causa de vuelta a la servidumbre. La condicin del siervo era en extremo infeliz. El siervo lo era de nacimiento, rara vez por castigo; sin embargo, ciertos delitos se castigaban entregando el criminal al damnificado o a un pobre para que su vida transcurriera ms penosa; tal era el caso de las meretrices, tal era tambin el del libre que para estafar se dejaba vender como siervo y luego reivindicaba su libertad. No es digno de ser libre el que se somete a servidumbre, dice la ley.

El siervo deba obedecer a su amo hasta en el crimen; si lo cometa en virtud de esa obediencia, la ley lo declaraba irresponsable; no poda poseer ms que cosas muebles y stas por gracia del amo, pues todo lo de aqul era de ste, de modo que si un siervo lograba formar un peculio y con l se haca comprar de quien lo haba de manumitir, si el dueo se enteraba haca el precio suyo y el siervo permaneca en servidumbre, porque el dinero dado no era de quien lo di, sino del amo.

El burlarse un siervo de un noble se castigaba con azotes; todos los delitos tenan doble pena si su autor era un siervo; no podan ser testigos entre libres; se les poda dar tormento en vez de sus amos; si a su amo o a un compaero de servidumbre robaban alguna cosa, quedaba a merced del dueo; en los casos en que las leyes pudieran favorecer a un siervo interpretbanse del modo que menos le favorecieran; por ejemplo, si solo hombres de esta condicin haban sido testigos de un hecho y para evitar su testimonio se les manumita, la manumisin no era vlida; si un fugitivo, mientras se hizo pasar por libre ganaba algo, este algo era para el seor, si lo recobraba.

Este criterio se aplicaba a los hijos; si uno de sus progenitores era de condicin servil, los hijos seguan la clase inferior; y si el cnyuge libre, advertido, no quera separarse del otro, entraba l en servidumbre.

El hacer que los siervos procreasen era una ganancia para los amos, y a este fin recurran a extremos malvados; seores haba que autorizaban a un siervo a fingirse libre para casar con una mujer ingenua, y consumado el matrimonio reclamaban su siervo; si se probaba que hubo malicia, el dueo era declarado infame y el siervo libre; mas si no se probaba, la mujer y los hijos eran ganados por el dueo; y no era fcil de probar, por cuanto el siervo no poda deponer contra el ingenuo.

Las clases directoras vean con tal horror la mezcla de sangre libre con servil, que si una mujer se entregaba a un siervo suyo o se casaba con l, despus de azotados los dos en pblico eran quemados vivos, y si la mujer se acoga a sagrado, condenada a servidumbre perpetua. Los hijos nacidos de este connubio no podan heredar a su madre.

La costumbre haba hecho que los hijos de una sierva fuesen del siervo de sta, aunque su padre fuese siervo de otro dueo, la ley consider esto inmoral; una ley de Chindasvinto pregunta en el proemio si es justo que contribuyendo a la generacin los dos sexos slo el dueo de la madre participe de la ganancia, y dispone que el primer hijo viva con la madre hasta los doce aos y que al cumplirlos sea entregado al dueo del padre, abonando al de la madre la mitad del precio en que a juicio de hombres buenos podra ser vendido el nio. As todos los hijos de nmero impar; los pares, por entero, para el dueo de la madre.

Los siervos considerados como animales de trabajo y reproduccin no se casaban; la misma ley de que antes se ha hecho mencin habla de la facultad de los seores de deshacer el contubernio en que vivieran los siervos, y separarlos; la ley no teme usar frases en las que los siervos son equiparados a las cosas y a los animales; la 7 del titulo 4 del libro V del Fuero Juzgo consigna la observancia aragonesa de que res tantum valet quantum vendi potest, y cita cosas vendibles en este orden : res aliquas, vel terras seu mancipia vel quodlibet animalium genus.

La ley procur alguna vez dulcificar esta situacin; una disposicin del Fuero Juzgo prohibe a los dueos mutilarlos, cortarles la mano, la nariz, el labio, la lengua, las orejas, los pies, cualquier otro miembro o vaciarles un ojo, imponiendo al que tal hiciese la leve pena de tres aos de destierro.

En otra se ordena que si cometen un crimen no los juzgue el seor, sino el conde de la ciudad o el duque; si alguien acusaba a un siervo ajeno y era sometido a tormento y en ste mora el infeliz, el acusador caa en patrocinio y haba de dar al amo dos siervos iguales. Con esto la ley quiso extirpar la costumbre de juzgar los mismos amos y quitar la opinin de que en sus juicios se mostraban muy crueles.

Las fugas de esta pobre gente eran frecuentisimas; una disposicin del cdigo visigodo dice que no hay lugar donde no vivan escondidos siervos escapados a la tirana de sus amos; otra declara que muchos hombres y mujeres se refugiaban en sagado y all se quejaban del injusto imperio de sus amos para que los clrigos, intercediendo por ellos, convencieran al dueo de la necesidad de venderlos; pero la ley sali en defensa de la clase superior y, alegando ftiles pretextos, prohibi las ventas contra la voluntad de los amos.

Dada esta condicin, comprndese que los padres mataran a los hijos, que no los dejaran nacer o los abandonaran confiando ms en la caridad de quien los recogiera que en la humanidad del seor; se comprende que los donara, los vendiera o pignoraran.

San Isidoro, hablando de las penas, dice que la servidumbre es el ltimo de los males, el ms grave de todos los suplicios para el hombre libre, porque al faltarle la libertad le falta todo.

Salase de la condicin servil por manumisin, que se haca in facie ecclesiae ante dos clrigos y dos o tres testigos, pero la ley dificultaba mucho las manumisiones. Los siervos fugitivos, si demostraban no haber estado recuperados durante cincuenta aos, adquirian el estado de libres. Los del fisco, al cabo de treinta aos de servidumbre efectiva, lo ganaban por prescripcin.

Si tal era la condicin de los siervos ciudadanos, cul sera la de los rsticos, macipia, que podan tener por amo un siervo del fisco, y a los cuales una ley llama villissimus servus?

El ejrcito

El ejrcito se nutria de siervos, de estos seres despreciados a los cuales no se les reconocia la cualidad de hombres.

En el reinado de Wamba, las clases directoras, si no aborrecan la guerra, menos an la amaban. El ttulo 2 del libro IX del Fuero Juzgo est dedicado a castigar a aquellos que no van a ala guerra o huyen de la guerra; Wamba di una especie de ley de reclutamiento en la que ordena que al ser llamados por el rey o al tener noticia de una revuelta o invasin acudan todos los libres y nobles a ponerse bajo las rdenes del duque o conde; pero esa ley descubre la causa principal e inmediata de la derrota del Guadalete; as como la condicin de la mayor parte de los espaoles del campo, la de la marcha triunfal de los invasores por toda la pennsula; en ella se dice que al ocurrir un suceso de los que exigen el empleo de las armas, los que deban tomarlas se dividan en tres clases; unos que se ausentaban como diciendo que con ellos no iba nada; otros que alegando imposibilidad permanecan quietos y no acudan al llamamiento, y los terceros, que llevados del odio, es decir, simpatizando con el enemigo, tampoco se aprestaban a la defensa de la patria y del Estado; el egosmo y el odio, dice dicha ley, niegan al ejrcito sus elementos, y la ley habla de obispos y clrigos, de nobles y no nobles, es decir, de todas las clases y categoras sociales.

Otra ley de Ervigio renov el espritu de la anterior descubriengo una nueva llaga: los poderosos, los dueos de territorios y de siervos presentbanse con fuerzas escasas, alegando que necesitaban sus hombres para el laboreo de sus campos; la ley ordena que cada uno lleve la dcima parte de sus vasallos, si es que se puede usar esta voz con relacin a unos hombres que ahora no se llamaban as, pero que andando el tiempo se llamaron.

En el Guadalete se encontraron dos ejrcitos, uno corto, pero acostumbrado a vencer y leno de confianza en s mismo; otro mucho ms numeroso, pero formado por tropas a las que nada importaba triunfar o ser derrotadas, y cuyo mando tenan traidores o egoistas.

La decadencia de las ciudades

Es el municipio el elemento fundamental de las nacionalidades, el permanente, el que resiste las invasiones, las conquistas, los cambios de cultura. Es el municipio una sociedad poltica que cumple todos los fines de la vida social y el ms prximo al hombre; como los Estados son conglomerados y no son organismos, es decir, la vida de sus componentes no depende de la del todo, sino que cada uno de por s tiene vida propia y puede vivir separado, un Estado es una asociacin de municipios solidarios en un fin comn, pero cada uno con vida interior propia e independiente. En los organismos, el estado de salud proviene de la armona de funciones de los sistemas que los componen; en los conglomerados, de la salud y prosperidad de los elementos reunidos en un todo. La de los municipios es la determinante de la de los Estados.

Roma encontr a Espaa organizada bajo el rgimen de ciudad, es decir, de un municipio dueo de un territorio, poblado de aldeas sometidas, habitadas por siervos; la labor poltica de la Repblica y del Imperio se dirigi a privar a dichos municipios de sus libertades, porque cesarismo y libertad municipal son extremos de dos sistemas polticos opuestos y contradictorios.

Al ingresar los brbaros en la vida poltica universal hallaron las ciudades exhautas de hombres y riquezas sin espritu ciudadano, en constante bloqueo por las turbas de siervos sublevados que dominaban en el campo, desacreditadsimos sus habitantes, que ms formaban rebao que cuerpo social. El centralismo imperialista las arruin primero y para que no resucitaran les atribuy ser ellas mismas las causantes de su ruina. Quit a los ciudadanos la libertad, les marc por medio de leyes el camino que deban llevar, y luego les acus de haber ido por mal camino.

Careciendo los brbaros, en general, y los godos de Espaa no eran excepcin, de tradiciones municipales o ciudadanas, al acomodarse en el territorio respetaron la organizacin preexistente.

El Fuero Juzgo no consigna ni una vez la voz municipium ni da a la de concilium la acepcin de concejo: trae, sin embargo, en dos o tres pasajes la voz convento refirindose a reuniones o asambleas de vecinos y cita como magistrados de eleccin popular o episcopal el defensor y el numerario, cuyas funciones fueron al parecer judiciales.

El gobierno de las ciudades estaba en manos de los condes, autoridades supremas en lo civil, militar y juridicial, a quien sustituan en las villas los vicarios y villicos; el conde es llamado alguna vez dominus; el Biclarense llama a un tal Aspidio seor del lugar de los montes Aregenses, donde Leovigildo haba entrado: condes, vicarios y villicos tenan facultad de imponer, puesto que una ley del Fuero Juzgo les prohibe gravar los pueblos con exacciones y obligaciones que redunden en su provecho.

Una indicacin vaga, pero interesantsima respecto a clases sociales contiene el canon III de un concilio celebrado en el reinado de Ervigio, por el cual se perdonan a la plebe los impuestos atrasados; en ese canon se habla de pueblos fiscales y pueblos privados, y si la frase con que Ervigio se glora de este beneficio se interpreta literalmente, resulta que en los pueblos privados no tenan autoridad el rey ni el concilio: <<Perdnanse los tributos donde por nuestra autoridad y por nuestra exhortacin se ha sancionado esto>>. Este texto demuestra que haba ya pueblos de realengo y pueblos de seoros absoluto.

Extraido de: La Edad Media en la Corona de Aragn de Andrs Gimnez Soler. Editorial Labor, S.A., Madrid. 1930



Indice

El país La población

PARTE PRIMERA

Límites de la Edad Media.
Antecedentes de la invasión musulmana.
Ruina de la monarquia goda. Batalla del Guadalete.

Las causas de la ruina del Reino godo. Las costumbres.
El estado social.
El ejército.
La decadencia de las ciudades.

La conquista musulmana y su carácter
Las expediciones musulmanas a la Galia gótica
Las tierras de la Corona de Aragón bajo el poder musulmán
La pretendida influencia musulmana
La Reconquista

Sus origenes

Constitución de los núcleos cristianos del Pirineo. Su historia hasta su independencia.
Condado de Aragón
Ribagorza
Urgel, Cerdaña, Marca hispánica

Proceso de la Reconquista
Navarra y Sobrarbe

Alfonso I el Batallador
Casamiento de Alfonso el Batallador con doña Urraca de Castilla
Los condes de Barcelona anteriores a Ramón Berenguer IV
Las conquistas de Alfonso el Batallador
La Campana de Huesca

Ramón Berenguer IV y sus dos inmediatos sucesores
Reinado de don Jaime I el Conquistador
El hombre
Los primeros años del reinado
Adquisiciones territoriales a expensas de los moros
El Tratado de Almizra
La cruzada a Tierra Santa
El tratado de Corbeil
La política peninsular e interior
La expansión marítima aragonesa

El siglo XIV
Reinado de Jaime II
El hombre
España según Jaime II
La Reconquista, idea nacional de Jaime II
La empresa de Tarifa
Ruptura entre Jaime II y Sancho IV de Castilla
La cuestión de Murcia
Relaciones con Marruecos
Nuevamente la Reconquista. Negociaciones que precedieron al sitio de Almería.
El sitio de Almeria.
Política peninsular de Jaime II.
Incorporación de Córcega y Cerdeña a la Corona de Aragón.
Extinción de la Orden del Temple.
Expedición de los almogávares a Oriente.

Los cuatro reyes sucesores de Jaime II en el siglo XIV.
La Reconquista.
Reintegración de las Baleares a la Corona de Aragón.
El problema de Cerdeña.

La política peninsular de Aragón en los cuatro reinados del siglo XIV.
Causas de la guerra entre Aragón y Castilla.
Guerra entre Castilla y Aragón.

El siglo XV.
Compromiso de Caspe.
Política peninsular de Aragón.
Cuestiones interiores de Aragón, Cataluña y el principe de Viana.
Expansión aragonesa por el Mediterraneo.

Relaciones de Aragón con Francia en el siglo XV.
El cisma de Occidente.
Retrato de Benedicto XIII.
El problema de la frontera catalana.

Reinado de Fernando el Católico. Fin de la Edad Media.
El hombre.
La unidad nacional. Los pretendientes de Isabel la Católica.
Cómo fué la unión de los reinos.
El fin de la Reconquista. Conquista de Granada.

Descubrimiento de América.
Política mediterránea de Fernando el Católico.
Conquista de Nápoles.
Conquita de Berbería.

Política internacional de Fernando el Católico.
Política de unidad Peninsular.

PARTE SEGUNDA

Las Instituciones
El Estado medieval.
Carácter social de la Edad Media.
Orígenes de la Edad Media.
El Rey y la realeza en Aragón durante la Edad Media.
Lugarteniente y gobernador.
Los nobles.
Origen y evolución de los señorios.
Municipios.
Evolución de los municipios.
El capitalismo, causa de la decadencia municipal
Organización interna de los municipios
Judíos y moros
Los vasallos y hombres de condición.
La servidumbre de la gleba : remensas.
Administración de justicia.
La curia real y el Justicia de Aragón.
Jurisdición de judíos y moros.
Estado de la Administración de justicia y responsabilidad judicial.
Las Cortes.
Las Diputaciones.
La concepción medieval del Estado.
La Legislación.

La vida material.
División del territorio.
Juntas y veguerías.
Defensa del territorio.
Los domicilios.
Explotación del territorio.
Comunicaciones.
Industria y comercio.
Las monedas.

La vida espiritual
La Religión
Organización eclesiástica
Monasterios y órdenes religiosas
La Beneficiencia
La vida intelectual
Las Lenguas habladas en la Corona de Aragón
La enseñanza
La Vida Artística
Arquitectura religiosa
La pintura, la escultura y el azulejo

Conclusión
Bibliografía
Indice alfabético

Ilustraciones


Mapa I: Mapa físico de la región íbero-mediterranea (101 Kb)
Mapa II: Conquistas de la Corona de Aragón (447 Kb)
Mapa III: El mediodia de Francia en tiempos de Pedro II (119 Kb)
Mapa IV: Expansión catalano-aragonesa por el Mediterraneo (107 Kb)

Moneda de Juan (Ioanes) II

 

Conceptos en orden alfabético sobre Aragón

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