Declaración de 19 monumentos Mudejares como Bienes de Interes Cultural de Aragón. Aragon  
Aragón es así

Declaración de 19 monumentos Mudejares como Bienes de Interes Cultural de Aragón. Aragón.



Hoy me he levantado con ganas de ser una Cabecita Loca

Fecha de Publicacion: 28/02/2001

RESOLUCION de 21 de febrero de 2001, de la Dirección General de Patrimonio Cultural, por la que se continúa el procedimiento iniciado a 19 monumentos mudéjares para proceder a su declaración como Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Cultural Aragonés.

  El arte mudéjar es un estilo que España ha aportado al patrimonio artístico universal y que es el crisol de tres culturas: la cristiana, la musulmana y la judía.

El arte mudéjar aragonés es, entre todos los focos mudéjares hispánicos, el de más poderosa singularidad y personalidad artística debido básicamente a dos causas:
1.--Al uso exhaustivo del ladrillo en sus monumentos, no sólo como material constructivo sino ornamental.
2.--Al uso profuso de la cerámica vidriada aplicada a la arquitectura en los exteriores.

Ya el 28 de noviembre de 1986 se inscribió en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como Bien Cultural la arquitectura mudéjar de la ciudad de Teruel, esto es, la torre, el cimborrio y la techumbre de la catedral de Santa María de Mediavilla y las torres de las Iglesias de San Martín, San Pedro y San Salvador así como el ábside de la Iglesia de San Pedro.

Recientemente, se ha realizado una propuesta de ampliación de la inscripción del arte mudéjar aragonés en el Patrimonio Mundial y por ello, como primera medida de protección, el Departamento de Cultura y Turismo, a través del Director General de Patrimonio Cultural, el 27 de junio de 2000, inició el procedimiento para la inclusión de 91 bienes del arte mudéjar aragonés en el Catálogo del Patrimonio Cultural Aragonés.

La ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, establece en su artículo 11, la clasificación de los bienes que integran este patrimonio como Bienes de Interés Cultural, Bienes Catalogados y Bienes Inventariados. Los bienes más relevantes, materiales o inmateriales, de este Patrimonio se declararán Bienes de Interés Cultural.

Por ello, dada la entidad y relevancia de los bienes relacionados en el apartado primero, su significación dentro del arte mudéjar y las recomendaciones de la UNESCO, se hace más conveniente reforzar el procedimiento iniciado para su catalogación, continuándolo con un procedimiento para la declaración de Bienes de Interés Cultural con el fin de otorgarles la máxima protección de nuestro ordenamiento.

Lógicamente, la declaración requiere la previa tramitación del expediente administrativo que ahora se inicia y que se ha de resolver en un plazo máximo de 18 meses a partir de la publicación de esta incoación. Su caducidad puede ser solicitada por cualquier interesado una vez transcurrido dicho plazo y se producirá si dentro de los tres meses siguientes a esa petición la Administración no dicta resolución (artículo 20 de la ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés). Por todo ello, el Director General de Patrimonio Cultural, a propuesta del Jefe de Servicio de Patrimonio Histórico Artístico,
ACUERDA:

Primero, Iniciar expedientes para la declaración como Bienes de Interés Cultural de los contemplados en la ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, en la categoría de Monumentos, de los bienes que a continuación se relacionan, de acuerdo con las descripciones, delimitaciones y planos provisionales que se publican como anexos uno y dos a la presente Resolución.

Expediente Localidad Denominación principal
MU-001/2001 Alagón Torre e Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

MU-002/2001 Alfajarín Torre e Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel.

MU-003/2001 La Almunia de Doña Godina Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-004/2001 Azuara Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

MU-005/2001 Báguena Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-006/2001 Belchite Viejo (Belchite) Torre del Reloj.

MU-007/2001 Belchite Viejo (Belchite) Torre e Iglesia parroquial de San Martín.

MU-008/2001 Belmonte de Gracián Abside y torre de la Iglesia parroquial de San Miguel.

MU-009/2001 Borja Casa de la Estanca.

MU-010/2001 Daroca Abside de la Iglesia de San Juan de la Cuesta.

MU-011/2001 Híjar Iglesia de Santa María la Mayor.

MU-012/2001 Maluenda Techumbre, torre y torre antigua de la Iglesia parroquial de la Asunción.

MU-013/2001 Moyuela Torre de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

MU-014/2001 Paniza Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

MU-015/2001 Peñaflor (Zaragoza) Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

MU-016/2001 La Puebla de Alfindén Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

MU-017/2001 Romanos Torre de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

MU-018/2001 Tarazona Torre y techumbre de la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.

MU-019/2001 Villamayor (Zaragoza) Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

La iniciación de este expediente conlleva la aplicación inmediata y provisional del régimen de protección establecido legalmente para los Bienes de Interés Cultural así como la suspensión de las licencias municipales relativas a todo tipo de obras o actividades en la zona afectada. El Director General de Patrimonio Cultural, previo informe de la Comisión Provincial de Patrimonio que corresponda, puede levantar esta suspensión total o parcialmente cuando sea manifiesto que estas obras o actividades no perjudican a los valores culturales del bien o de su entorno.

Para la emisión de dicho Informe será competente la Comisión Provincial de Patrimonio de Zaragoza, respecto de los bienes situados en la Provincia de Zaragoza, y la Comisión Provincial de Patrimonio de Teruel, para los de la Provincia de Teruel.

Segundo: Publicar en el "Boletín Oficial de Aragón" la incoación de los expedientes y notificarlo a los interesados y a los Ayuntamientos correspondientes.

Tercero: Abrir un período de información pública durante un mes, a contar desde el día siguiente al de la publicación de esta Resolución en el "Boletín Oficial de Aragón", para que cualquier persona física o jurídica pueda examinar dichos procedimientos en las oficinas de la Dirección General de Patrimonio Cultural (Edificio Pignatelli, paseo María Agustín, 36, de Zaragoza), de lunes a viernes, de 10 a 14 horas. Igualmente dentro de dicho plazo, pueden formularse las alegaciones que se estimen oportunas.

Zaragoza, 21 de febrero de 2001.

El Director General de Patrimonio Cultural, ANTONIO MOSTALAC CARRILLO
ANEXO UNO DESCRIPCION DE LOS BIENES

MU-001/2001. Alagón. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

La fábrica mudéjar de la Iglesia presenta un ábside, semicircular al interior, aunque poligonal de cinco lados al exterior, una nave de dos tramos y una torre octogonal a los pies del templo.

El muro del ábside al exterior se distribuye en pequeñas bandas decorativas superpuestas; en las que se suceden fajas de esquinillas, series de zig-zag y bandas de cruces en hueco.

La torre campanario presenta planta octogonal y estructura interna de alminar almohade. Al exterior, la torre presenta una división en tres cuerpos, separados entre sí por una imposta de ladrillo en saledizo. El primer cuerpo funciona como un sólido basamento, con los muros de su mitad inferior en talud, para una mejor estabilidad. Todos las caras del segundo cuerpo reciben el mismo tratamiento ornamental, como si de un tapiz decorativo se tratara, distribuyéndose en tres zonas, separadas por frisos de esquinillas, en las que se suceden paños decorativos de arcos mixtilíneos entrecruzados, rombos y medios rombos configurando almenas escalonadas. El tercer cuerpo es el que más reformas ha sufrido por su condición de piso de campanas.

MU-002/2001. Alfajarín. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Miguel Arcángel.

De la profunda reforma barroca, solamente se salvó de la fábrica mudéjar el hastial occidental -- oculto en buena parte por el atrio dieciochesco--, algo de la tribuna y la espléndida torre campanario.

La Iglesia, construida con ladrillo y yeso, contaría con una nave única con capillas entre los contrafuertes y una tribuna sobre éstas. Lo más notable lo encontramos en su hastial occidental, parcialmente oculto por el pórtico, decorado con paños de sebka de rombos mixtilíneos.

La torre campanario de esta parroquial inaugura el modelo de torres mixtas: campanarios formados por un cuerpo bajo de planta cuadrada al que se superpone un cuerpo octogonal, resolviéndose el paso entre los cuerpos mediante torreoncillos de ángulo. Al interior presenta estructura de alminar hispanomusulmán, mientras al exterior, se observa una decoración basada en grandes paños de sebka, separados por frisos de esquinillas, simples y a tresbolillo.

MU-003/2001. La Almunia de Doña Godina. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Torre campanario levantada a mediados del siglo XIV; es de planta cuadrada y al interior presenta estructura de alminar hispanomusulmán, machón central macizo, en origen hueco, de planta cuadrada en torno al cual ascienden las escaleras cubiertas por bóveda de ladrillo por aproximación de hiladas. Al exterior los paramentos se articularon mediante la disposición de un copiosa decoración a base de esquinillas, zig-zags y cruces de múltiples brazos formando rombos siguiendo la tradición ornamental imperante en ese periodo. En la parte alta de la torre se dispuso el cuerpo de campanas que abría al exterior mediante dos arcos apuntados por cada lado, resultado del entrecruzamiento de dos arcos de medio punto flanqueados por decoración de ladrillo en forma de rombos. La profunda transformación de la torre durante la segunda mitad del siglo XVI no supuso tan solo un recrecimiento en altura sino que se produjeron una serie de cambios importantes en cuanto a su estructura y decoración en general. Hacia 1575 se dispone un cuerpo octogonal cuya parte inferior presenta estructura de alminar y las dos superiores, que contienen las campanas, estructura hueca. Se cegaron los huecos del antiguo cuerpo de campanas y se decoró con cerámica.

MU-004/2001. Azuara. Zaragoza.

Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

Iglesia de una nave de dos tramos, con ábside recto; los tramos se cubren con crucería sencilla, quedando separados por estrechas bóvedas de cañón apuntado que apean en tres torres-contrafuerte a cada lado de la nave. Una tribuna abierta al exterior mediante series de cuatro arcos apuntados por cada tramo recorre perimetralmente la Iglesia por encima de las capillas laterales y el muro del ábside. La decoración de los muros es austera, a base de fajas de esquinillas y de zig-zag, e impostas de ménsulas de ladrillo en voladizo; destaca sobre la tribuna el motivo de cruz flordelisada recruzada.

MU-005/2001. Báguena. Teruel.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

La torre está adosada a los pies del templo parroquial, en el lado de la Epístola. Su cuerpo superior (de estilo mudéjar) es de planta ochavada e interior hueco --siguiendo la estructura de las torres tardías. Al exterior presenta dos pisos y remate de poca altura. Se articula mediante pilastras en los ángulos y entablamentos que separan los pisos. En los dos pisos se abren vanos de medio punto y óculos.

Lo más interesante de esta torre es su sistema decorativo en el que se conjugan los elementos mudéjares tradicionales, como esquinillas, cruces de múltiples brazos formando rombos que albergan cruces internas, lacerías o arquillos, con otros que responden a una tímida renovación del vocabulario decorativo mudéjar con motivos como líneas verticales en ladrillo resaltado con los extremos matados, medallones o la inclusión de símbolos cristianos.

MU-006/2001. Belchite Viejo (Belchite). Zaragoza.

Torre del Reloj.

No obstante la mutilación del cuerpo superior de campanas y del remate en chapitel piramidal, se aprecia aún una construcción en ladrillo y estilo mudéjar, que presenta una planta cuadrada y estructura de alminar hispanomusulmán con la torre envolviendo el machón central, cuadrado y hueco, y alojando, entre ambos, las escaleras cubiertas por bovedillas en arco rampante.

La zona inferior carece de decoración, concentrándose esta en su parte superior en la que aparecen dos series de cruces de múltiples brazos formando rombos- de las que la más baja presenta el ladrillo en resalte- enmarcadas por tres fajas de esquinillas a tresbolillo. Sobre el segundo friso de rombos se dispone una faja de dientes de sierra, sobre el que se colocaría el cuerpo de campanas y el remate piramidal, desaparecidos en la actualidad.

MU-007/2001. Belchite Viejo (Belchite). Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de San Martín.

Aún se mantienen en pie los muros de la Iglesia y su magnífica torre. La Iglesia es de nave única, cuatro tramos y ábside poligonal; una galería superior de arcos de medio punto doblados recorría todo el perímetro de la Iglesia. La decoración exterior de la Iglesia presenta una banda de rombos en doble plano, enmarcada por series de esquinillas a tresbolillo. La torre, a los pies, es de tipo alminar, con escalera interna cubierta por aproximación de hiladas; tiene planta cuadrada, tres cuerpos y chapitel piramidal de planta octogonal.

La torre separa sus tres cuerpos por medio de impostas de ménsulas en saledizo; el segundo cuerpo hay decoración de zig-zag enmarcada por esquinillas, paños de rombos y una doble cinta anudada en círculos; el tercer cuerpo tiene arcos apuntados ciegos, cobijados por arco de medio punto enmarcado y rodeado por decoración de rombos.

MU-008/2001. Belmonte de Gracián. Zaragoza.

Abside y torre de la Iglesia parroquial de San Miguel.

Abside poligonal, realizado en ladrillo (lo que contrasta con el resto de la fábrica de la Iglesia, construida en piedra sillar y mampostería), de cinco lados, que exteriormente carece de contrafuertes, y presenta, en sus dos tercios superiores, una decoración a base de paños de ladrillo resaltado que configuran una retícula de rombos y cruces, separados por frisos de esquinillas.

La torre, exenta, se halla situada en el costado sur de la Iglesia, presenta estructura de alminar hispanomusulmán y decoración de platos y fustes cerámicos de color melado, frisos de esquinillas y espigas, así como dos paños de arcos apuntados entrecruzados.

MU-009/2001. Borja. Zaragoza.

Casa de la Estanca.

Edificio de planta casi cuadrada, de tres pisos, cuyas fachadas presentan tratamiento de tradición mudéjar, a base de tres paños: el inferior en sillar, el central a base de un paño de cruces de múltiples brazos en ladrillo a cara vista, enmarcado por sendos frisos de esquinillas, y el superior con galería de arquillos de medio punto doblados, también en ladrillo, la mayoría cegados.

MU-010/2001. Daroca. Zaragoza.

Abside de la Iglesia de San Juan de la Cuesta.

El ábside presenta seis medias columnas adosadas a la mitad inferior del muro, en piedra, que se transforman en pilastras cuando se pasa de la fábrica de piedra a ladrillo. Tiene dos vanos aspillerados, doblados por un arco lobulado de siete lóbulos, uno en la parte central del ábside y otro en el tramo recto del presbiterio en el lado de la epístola.

MU-011/2001. Híjar. Teruel.

Iglesia de Santa María la Mayor.

La etapa mudéjar corresponde a la cabecera heptagonal, con contrafuertes en las aristas, y primer tramo de la nave, cuya superficie exterior presenta friso corrido por encima de los contrafuertes donde se concentra la decoración mudéjar con dos frisos de ladrillo en esquinillas que cobijan una gran franja de rombos en ladrillo resaltado. Sobre ella se dispone una cornisa de falsos modillones. El tramo añadido en el siglo XVI presenta la misma decoración exterior de friso de rombos entre bandas de esquinillas.

MU-012/2001. Maluenda. Zaragoza.

Techumbre, torre y torre antigua de la Iglesia parroquial de la Asunción Iglesia de nave única y ábside heptagonal. Lo más interesante se encuentra al exterior en las torres y la fachada protegida por el gran rafe de madera, y al interior en el magnífico alfarje que sostiene el coro y en la techumbre del antiguo pórtico lateral derecho. Adosada al lado sur, restos de la original torre cuadrada con restos de decoración en espiga. La torre actual se incorporó a la fachada configurando un curioso conjunto de torre-fachada cuyos lienzos fueron adosados. Al interior sus dos primeros cuerpos se corresponden con el espacio del coro y el sotocoro, los dos cuerpos siguientes son de planta cuadrada, alojando el cuerpo de campanas en el cuerpo superior. Al exterior presenta decoración de ladrillo resaltado siguiendo el modelo establecido durante la segunda mitad del siglo XVI. En el interior alfarje sobre el que se encuentra el coro, formado por cuatro jácenas y jaldetas formando cinco secciones, cada una con apeos de voladizo con canecillos aquillados. Desde el punto de vista decorativo presenta motivos de carácter vegetal y heráldico en rojo, verde y dorado.

MU-013/2001. Moyuela. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Piedad.

Unico resto de la fábrica mudéjar, junto al hastial de la fachada, la torre se conserva en su lugar original adosada al lado derecho de la nave central. Presenta planta cuadrada y estructura cristiana, a base de estancias superpuestas, en origen de piso de madera y comunicadas por medio de escalera de mano. Al exterior presenta un primer cuerpo ciego, a modo de zócalo, de piedra sillar sobre el que se levanta un primer cuerpo de ladrillo cuyos paramentos se articularon a base de una profusa decoración de cruces de múltiples brazos formando rombos y esquinillas sobre los que se abren dos vanos de medio punto en tres de sus caras. Mediante una cornisa, dispuesta sobre ménsulas de ladrillo en voladizo, se pasa al cuerpo superior que sigue la misma decoración destacando la introducción de aplantillados a tresbolillo propios de las torres tardías.

MU-014/2001. Paniza. Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

La fábrica mudéjar del templo presentaba un ábside recto al interior, aunque poligonal al exterior, (que actualmente queda a los pies del templo, ya que con la reforma barroca de 1685, la Iglesia sufre un cambio en su orientación). Contaba, además, con una nave única de cuatro tramos y capillas laterales entre los contrafuertes. Todo cubierto por bóvedas de crucería estrellada.

Al exterior, llaman la atención las dos galerías superiores, que le otorgan un marcado carácter civil. Presenta decorado su muro meridional a base de paños de rombos, de lazos y de cruces de múltiples brazos, además de las típicas bandas de esquinillas.

Adosada a la derecha del ábside poligonal original, en el ángulo noroeste de la cabecera, encontramos la torre campanario que cuenta con estructura cristiana y división exterior en tres cuerpos de planta cuadrada. El cuerpo inferior mudéjar presenta planta cuadrada y decoración de paños recuadrados con motivos de aspas y de pequeños polígonos ensartados por bandas verticales y fajas de esquinillas. El paso de este cuerpo al superior, octogonal, se realiza a través de torreoncillos de ángulo. Este segundo cuerpo se articula mediante pilastras adosadas a las aristas del octógono y muestra una decoración de paños de aspas y fajas de esquinillas.

MU-015/2001. Peñaflor (Zaragoza). Zaragoza.

Torre e Iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles.

La Iglesia consta de un ábside poligonal de cinco lados y una nave de cuatro tramos, todo cubierto por bóvedas de crucería sencilla. Su exterior carece del sabor original mudéjar al sufrir una reforma neomudéjar a principios del siglo XX, que la dota de contrafuertes y de una nueva fachada, a los pies del templo.

La torre, adosada a los pies del templo, en su muro sur, presenta planta cuadrada y estructura interior de campanario cristiano; la planta inferior de la torre alberga una capilla cubierta por aproximación de hiladas desde el que se accede a la torre. Por el exterior la torre presenta división en cuatro cuerpos de planta cuadrada. Cada cuerpo posee una anchura algo menor que el inmediato inferior, resolviéndose el paso entre los cuerpos mediante una imposta volada y coronada con almenas escalonadas.

Posee gran riqueza decorativa, cuyos motivos principales son los paños de rombos formados por cruces de múltiples brazos, las bandas de esquinillas, simples y a tresbolillo, y almenas.

MU-016/2001. La Puebla de Alfindén. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Torre campanario situada a los pies de la Iglesia, transformada durante el barroco. De la primitiva fábrica mudéjar se conservó esencialmente la torre; construida enteramente de ladrillo, es de planta cuadrada y de estructura de alminar hispanomusulmán, a base de un machón central de planta cuadrada en torno al cual asciende una escalera cubierta por bóvedas de ladrillo por aproximación de hiladas. Al exterior consta de tres cuerpos separados por cornisas sobre ménsulas de ladrillo en voladizo. El cuerpo inferior presenta paramentos lisos levemente articulados mediante la disposición de varias saeteras; el segundo cuerpo presenta en sus cuatro lados paños de arquillos cuyas ramas forman una retícula romboidal, sobre el paño cada lado remata con una fila de esquinillas; el tercer cuerpo se divide en dos zonas: la inferior abre en cada lado mediante arcos tumidos geminado cobijados por un arco apuntado, flanqueados por franjas verticales con decoración de ladrillo en resalte formando rombos y hexágonos; la zona superior abre mediante arcos de medio punto.

Presenta remate almenado resultado de las restauraciones llevadas a cabo.

MU-017/2001. Romanos. Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol.

Unico vestigio de la fábrica mudéjar levantada a los pies de la edificación actual. La parroquial, de comienzos del siglo XVI y adscrita al modelo gótico renacentista, se encuentra rodeada por una cerca defensiva que formaría parte del conjunto denominado por Guitart como "Iglesia-castillo", datada en el siglo XIV. La torre ha sido considerada por Gonzalo Borrás como "el arquetipo más puro y destacado" de torre de estructura cristiana cuyo referente más directo lo encontramos en las torres defensivas y señoriales del territorio aragonés. De planta cuadrada, al interior se dispone según la superposición de seis estancias comunicadas entre sí, todas ellas se cubrieron con bóveda de cañón apuntado. El acceso en alto, practicado en el muro oriental de la torre, accede a la segunda estancia desde la cual se accede a la inferior y a las superiores. Al exterior, la articulación de huecos de los paramentos se relacionan claramente con la arquitectura defensiva, apenas un vano con matacán en la tercera estancia; el cuerpo de campanas, el único con función y carácter religioso, abre en tres de sus lados mediante vanos gemelos apuntados protegidos por uno anudado en la clave y recuadrado en alfíz; la otra cara restante abre mediante un arco de medio punto con nudo en la clave y recuadrado en alfíz. El tratamiento decorativo de la torre es muy acusado; consta de tres cuerpos separados por impostas sencillas.

El cuerpo inferior se decora con filas de esquinillas simples y a tresbolillo que flanquean una faja de zig-zags, remata con una serie de ménsulas escalonadas de ladrillo en voladizo que da paso al segundo cuerpo. Este presenta grandes paños de sebka sobre los que se dispuso una fila de esquinillas en cada lado; el cuerpo superior es el que presenta una mayor aglomeración ornamental, combinando esquinillas, paños de lazos de ocho y retículas romboidales con cruces interiores incluso. La torre culmina con un remate octogonal.

MU-018/2001. Tarazona. Zaragoza.

Torre y techumbre de la Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.

Primitiva catedral de Tarazona, el edificio románico-gótico consta de tres naves, de longitudes desiguales, con cabecera de triple ábside, siendo el central de mayores dimensiones. La torre mudéjar levantada a los pies es de tres cuerpos de ladrillo elevados sobre un zócalo de piedra sillar, de planta cuadrada y estructura de alminar con machón central de planta cuadrada en torno al cual asciende la escalera cerrada con falsas bovedillas de hiladas de ladrillo. Al exterior el primer cuerpo, de gran elevación concentra la decoración en la parte superior con frisos de esquinillas, zig-zags y cruces de múltiples brazos formando rombos; el segundo cuerpo se articula a través de la combinación de vanos de arco apuntado y frisos decorativos; el tercer cuerpo presenta grandes arcos de medio punto doblados y elementos ornamentales como arcos de medio punto ciegos y frisos de recuadros. Al interior de la Iglesia se conserva la techumbre de madera de las dos naves laterales estando visible la de la nave lateral izquierda mientras la otra se encuentra oculta, enmascarada por la bóveda barroca. Se trata de uno de los ejemplos más significativos de Aragón de armadura de parhilera, junto a la armadura de Peñarroya de Tastavins. La estructura es la más sencilla de las techumbres a dos aguas, soportada por arcos diafragma apuntados. La nave de la izquierda conserva cinco tramos mientras la de la derecha solo tres. Desde el punto de vista ornamental es muy sencilla, presenta agramilados en el papo de los canes y policromías en rojos y verdes.

MU-019/2001. Villamayor (Zaragoza). Zaragoza.

Torre de la Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.

Unico vestigio de la Iglesia de tradición mudéjar, edificada a partir de 1425 sobre los cimientos de la antigua Iglesia parroquial. Esta Iglesia constaba de una sola nave, de tres tramos de planta cuadrada, cubiertos con bóvedas de crucería sencilla, con capillas laterales, modelo de Iglesia mudéjar generalizado. La torre, construida en la segunda mitad del siglo XVI, se adosó a la cabecera, siguiendo una disposición atípica.

En 1973, la Iglesia sufrió una importante reforma, se amplió a tres naves y cambió su orientación, de manera que la torre mudéjar se situaría a partir de ese momento a los pies de la construcción. La torre es de estructura cristiana, a base de estancias superpuestas comunicadas entre si. Al exterior consta de dos cuerpos, el primero de planta cuadrada y el segundo de planta octogonal; la transición de un cuerpo a otro se soluciona al exterior mediante la disposición de torreoncillos de esquina.

La decoración en el cuerpo inferior se divide en tres zonas: la primera lisa; la segunda con labor de rombos y un friso corrido de azulejería, enmarcado por cornisas; la tercera con hexágonos alargados en vertical, con cruces de tres brazos en su interior.

El cuerpo se dividió en tres partes separadas por cornisas molduradas, la inferior se articula mediante paños de rombos; los dos superiores contienen las campanas y se abrieron mediante arcos de medio punto doblados. Todo el cuerpo superior se decoró con frisos de azulejos.

ANEXO DOS : DELIMITACION Y PLANOS



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Hoy toca Teruel

TERUEL Y SU PROVINCIA

En este articulo, el dedicado a la capital de Teruel, indica << Ignorada maravilla>>. La frase podría ampliarse al resto de la provincia, porque acaso sea de las menos conocidas, y por ello menos admiradas, dentro de la geografía hispana. No solo por los españoles de las restantes regiones, aún diríamos por los mismos turolenses, entre los que no serán mucho los que puedan dar noticia amplia y detallada de cuanto su tierra natal ofrece. Y, sin embargo, pocas otras provincias españolas podrán mostrar tanta variedad de motivos, tal diferencia extrema en su geografía, tantos valores en arqueología, en arte rupestre, en restos de civilizaciones mudéjares o romanas; en el interés diverso de sus encontrados cultivos, sus variadas costumbres locales, que van desde las severas religiosas de un Calanda, Hijar o La Puebla, a las alegremente festivas del dance de un Castellote.
Todo esto, y mucho mas, se brinda al historiador, al estudioso, al viajero que lo es por sencilla curiosidad.
Desde la cima de los Montes Universales, con Orihuela del Tremedal como avanzada y la impar Albarracín cercana, hasta las sierras del Maestrazgo, de un abolengo ilustre que se retrata en Mora de Rubielos; o desde la oriental Calamocha hasta Valderrobres y Calaceite, fronteras ya con tierras catalanas y aguas del Mediterráneo por Tarragona, la provincia de Teruel sorprende a cada paso con la multiplicidad de recuerdos que nos traen ecos vivos del pasado, tan lejano como interesante, y que brindan hoy, como siempre, la fisionomía de paisajes que van desde lo abrupto de riscos con nieves permanentes y frondosos bosques, como en la zona de Bronchales, a los suaves donde el olivar se cultiva, para que en todas y cada una de las zonas sea abundante la presencia de monumentos que pregonan siglos de arte y de gloriosa historia.
Dividir la provincia turolense en rutas viajeras es ofrecer al que las vive constante sorpresas gratas, cuando sigue la del Maestrazgo, la de la Sierra de Albarracín, la de la tierra baja o la del río Jiloca.
Los folletos editados por esta Caja de Ahorros recogen hasta ahora los aspectos más brillantes de cuanto en esas rutas se encuentra, y así, junto al dedicado a Teruel capital, donde destaca la historia, la fisonomía urbana actual sigue con la extraordinaria presencia de sus famosas torres mudéjares y el inmarcesible recuerdo de Isabel y Diego, los amantes que dan en cierto modo título a la ciudad y cuyas momias protege el rico mausoleo que Juan de Avalos trabajó. Luego, conjugando así los histórico con lo monumental, la geográfico con lo económico o lo folklórico con cuanto en todos los aspectos puede atraer a las gentes para que Teruel no siga siendo <<ignorada maravilla>>, prestigiosas firmas enamoradas de todo aquello han ido trazando con amor estos folletos que nos hablan de cada una de esas zonas aludidas y que han de completarse, con otros trabajos similares ya en prensa, como es propósito de esta Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja.

TERUEL IGNORADA MARAVILLA

Teruel es una ciudad maravillosa, ignorada aún de la mayor parte de los españoles para los que su nombre solo evoca unos terribles partes de guerra de nuestra Cruzada y una remota ciudad yerta de frío, la más pequeña de las capitales de provincia.
Un escritor la llamó << la Verona española>> por ser una cuna de la mas bella historia de amor: la de los Amantes de Teruel, precursora de la de Romeo y Julieta.
Todo en Teruel es leyenda, mito, poesía, como su cielo siempre claro, sus calles, sus rincones y sus monumentos se hubieran confabulado para crearlos.
El misterio que rodea su remoto e incierto origen creó un bello poema mítico con el mas recio y noble de los símbolos como protagonistas: el toro, al lado del mas espiritual y poético por excelencia: la estrella.
Rechazada la leyenda por la lógica de la Historia, quedará sin embargo perennemente escrita en su escudo y seremos muchos los que, desoyendo la lógica, preferimos soñar en la visión mitológica del toro con la brillante estrella entre estas sus astas, señalando a unos soldados perdidos y errantes en la serranía, el lugar donde los dioses querían que la ciudad fuera emplazada.
Los datos mas seguros nos dicen que fueron los caballeros de Alfonso II quienes la fundaron en 1171 sobre el emplazamiento de una medina árabe que quien sabe si antes fue griega y romana, pero a aquel rey debe Teruel su espaldarazo cívico al concederle, cinco años mas tarde de su famoso Fuero.
Por su situación estratégica, atalaya del Reino de Valencia y paso obligado desde el Mediterráneo a las importantes ciudades del interior, Zaragoza y Guadalajara, Teruel fue entonces nudo comercial irremplazable; el gran Zoco Grande al que convergían cristianos y musulmanes con sus mercancías de la tierra y el mar.
Porque en Teruel, durante varías centurias moros y cristianos convivieron pacíficamente después de la conquista de Valencia y de aquella convivencia y colaboración surgieron los magníficos monumentos que han llegado a nosotros, aunque otros tantos se hayan perdido, como la Torre de San Juan, que recibiera el nombre de <<la fermosa>> por serlo tanto entre sus hermanas que hoy nos parecen insuperables.
Así Teruel ofrece al visitante la estampa única en Europa y en el mundo, de sus torres mudéjares, expresión la más completa de un estilo que, al decir de Menéndez Pelayo <<es el único estilo peculiarmente español de que podemos envanecernos>>.
Es cierto que, en varias ciudades aragonesas, y con gran esplendor en Daroca, hallamos las características torres, y en Zaragoza misma, la fachada de la Seo correspondiente al Arco del Deán es un hermoso exponente de la cerámica incrustada como motivo de decoración del escueto y pobre ladrillo.
Sin embargo, un conjunto monumental como el que nos ocupa, que reúne cuatro torres de paralela importancia en el marco medieval de sus estrechas y empinadas callejuelas bajo un cielo de extraordinaria nitidez y azul intenso- no hay que olvidar que la ciudad se halla casi a 1.000 metros de altitud-, no encuentra parangón en ningún otro lugar del mundo.
En estas torres esbeltísimas las cerámicas es su más bello ornato y si constituye una visión fantástica la de la ciudad bajo el sol poniente que arranca destellos multicolores a los azulejos, la visión se convierte en un sueño de las Mil y Una Noches bajo la iluminación nocturna de los reflectores que valorizan la filigrana del ladrillo y la cerámica.
Un paseo al atardecer, repetido en la noche, bajo las estrellas que allí parece como que están más cerca de nosotros, mas asequibles, o bajo la luna que envuelve las torres con su velo plateado, es una experiencia inolvidable que difícilmente nos será dado encontrar fuera de allí, si bien, en otro aspecto, en un momento determinado y en la triangular y característica plaza porticada que centra el pequeño monumento al <<torico>> símbolo de la ciudad, podemos creernos trasportados a Berna, la medieval y caballeresca de los soportales y las fuentes monumentales.
La más antigua de las iglesias supervivientes de Teruel es la Catedral, antaño parroquia de Santa María de Mediavilla, cuyo nombre nos dice que se encontraba en el corazón de la villa. En ella domina el románico de mediado el siglo XIII permitiendo apenas al mudéjar que apunte en la decoración de cerámica de su torre. Pero si su fábrica es parca en este estilo, su artesonado gótico mudéjar lo compensa.
Fabulosa obra del siglo XIII de marcada inspiración oriental, entre lacerías, losanges, estrellas y arcos mixtilíneos se despliega, en pinturas sobre tabla y en torno al Pantocrátor románico, la historia de su vida turolense de la época en que fuera construido, como una Crónica pictórica de Jorge Manrique o unas <<Novas>> trovadorescas de Ramón Vidal de Besalú llevadas a la madera y a los pinceles.
El acueducto <<Los Arcos>> desde <<El portal de la Traición>>.
Allí están los gremios, las artesanías y los oficios, desde el mas noble al mas desprestigiado; gentes que poblaron Teruel en el siglo XIII al XIV y lo llenaron con su acontecer diario.
Y aunque nos cueste arrancarnos al atractivo de este artesonado, pieza única conocida en el mundo y que si quisiéramos estudiar o siquiera admirar con detalle nos llevaría muchas horas de muchos días, otras bellezas nos esperan en esta misma Catedral que posee un notable retablo mayor en madera sin policromar, prolija en esculturas, obras del francés Gabriel Joly que en el siglo XVI llegó a Teruel huyendo de la justicia y que, según tradición, aquí dedicó su vida al arte religioso buscando así expirar un pasado de crímenes.
En una de las capillas laterales, se guarda un precioso retablo gótico del siglo XV conocido por el Retablo de la Coronación, de autor anónimo y una de las joyas mas valiosas del templo catedralicio.
Muy bella es también la reja monumental que cierra el coro y cuyos cardos y alcachofas característicos del gótico flamígero parecen obligarnos a alzar los ojos hacia las alturas donde se comprendía la mas espléndida joya de esta Catedral turolense.
En lo que fuera importante barrio de la Judería, el mas alto de la ciudad y del que nos ocuparemos como merece, San Pedro alza su torre románica, la mas austera de las torres de Teruel, con sus carretes de cerámica verde y negra, escoltada por siete minaretes que rematan el ábside poligonal del templo gótico mudéjar.
En una de sus capillas fueron descubiertas en 1616 las momias que la poética tradición atribuye a Diego Marcilla e Isabel de Segura y que hoy se hallan en una capilla aneja, bajo los bellísimos y emotivos mausoleos que en alabastro labraba el escultor Juan de Avalos.
Las figuras yacentes de ambos amantes, sencilla y serenamente realizadas, reposan en mausoleos separados pero sus rostros dormidos parecen mirarse en la Eternidad ty sus manos enlazadas los unen en insoluble y espiritual lazo.
Se ha discutido si Boccacio se inspiró en esta historia para uno de sus cuentos de trama semejante pero mucho mas inverosímil como corresponde al gusto italiano de la época. Ello no resulta extraño si tenemos en cuenta el fluyente contacto que en aquellos siglos existió entre los pueblos de la Corona de Aragón y los de la otra ribera mediterránea, contacto del que también en otros órdenes ha quedado constancia. Uno, muy curioso, por cierto, es el típico y exquisito << regañao>>, hermano mellizo de la sabrosa <<pizza>>.
Lo cierto es que la historia de los Amantes de Teruel ha inspirado muchas obras en literatura, la música, el teatro y la pintura.
Con el ánimo entristecido y admirado ante un amor que hoy se hace difícil de comprender, continuemos la visita a Teruel que nos guarda aún las mas insospechadas emociones y las más espléndidas de sus torres.
Son estas las mellizas del Salvador y de San Martín, cuya erección va unida a una leyenda de amor y rivalidad entre dos arquitectos enamorados ambos de una hermosa y noble dama morisca. Que no parece, sino que el amor es el signo de esta poética y bellísima ciudad.
Las dos torres son muy semejantes y en ellas el mudéjar, en su momento cumbre alcanza las notas más altas, como altas son sus proporciones monumentales y la perfección de su decorado de cerámica verde y blanca sobre el rojo ladrillo.
Construidas ambas en el siglo XIII, la de San Martín se halla mejor emplazada, exenta en una plaza que se abre en lo alto de la ciudad recortándose sobre las serranías lejanas y dominando la carretera que se extiende abajo. En esta plaza está la moderna Biblioteca Municipal y Casa de la Cultura con el Museo de la Ciudad que posee, entre otros notables tesoros, una espléndida colección de cerámica en la que se puede estudiar la evolución sin solución de esta excepcional artesanía.
En la iglesia de San Martín celebró Alfonso V las Cortes del Reino de triste memoria para la historia de Teruel pues en ellas, este rey que para otros fue Magnánimo, inició la extinción de los Fueros y privilegios que su homónimo el II Alfonso les otorga, y Jaime el Conquistador confirmará y ampliará.
Triste signo el de esta torre de San Martín que, según la leyenda nació bajo el trágico signo de la muerte; muerte de amor o por amor como en Teruel no podría ser menos.
En el siglo XVI tuvo que se apuntalada y reforzados sus cimientos y hoy su obra cobija el monumento a los Caídos, bella cruz de forja a la que dan guardia esbeltos farolones, bajo las cuatro torres turolenses, que con la Merced, también mudéjar y extramuros son cinco, se abre amplio arco por el que discurre la calle, contribuyendo así al ambiente misterioso y oriental que es la característica de la ciudad.
Bajo ésta de San Martín sube la célebre Andaquilla, puerta de la muralla y camino que enlaza uno de los dos únicos accesos de Teruel que es casi un reducto inaccesible. También por este lado, uniendo la ciudad con el Arrabal exterior se tiende el atrevido y elegante Acueducto, llamado comúnmente Los Arcos, de doble arquería y portentosa altura magnífica obra del Renacimiento, única en su género en España, y cuyo autor fue, en 1537 el ingeniero francés Pierre Vedel.
Por la Andaquilla es fama que llegó a la ciudad el desdichado Diego Marcilla. De ahí recibió el nombre esta puerta de muralla, corrupción del grito con que el enamorado espoleaba a su cubalgadura: <<¡Anda jaquilla!>> tratando de llegar a tiempo de evitar la boda de Isabel de Segura con el poderoso señor de Azagra, que anunciaban a los cuatro vientos las campanas de las torres de la ciudad y que se estaba celebrando en Santa María de Mediavilla, hoy Catedral.
Bajo la torre del Salvador, ante la que tenemos que lamentar que las casas circundantes la aprisionen hasta restarle perspectivas en su cuerpo medio inferior, corre la calle principal de la ciudad vieja con sus casas de miradores y sus comercios pequeñitos, antiguos gremios y artesanías, calle sombría y medieval que la noche revaloriza a la luz y sombra de los bien entonados y forjados faroles y que comienza en la plaza del Torico y termina donde la ciudad termina asomada al río Turia al que se desciende por la famosa escalinata, de estilo mudéjar moderno a través del cuidado parque y el gran rellano de la cual está el relieve alusivo a la Historia de los Amantes, obra novecentista del escultor Aniceto Marinas.
Otro templo muy interesante es el del convento de San Francisco, de un gótico purísimo, ejemplar en su estilo en la ciudad típicamente mudéjar.
Nació este convento en torno al sepulcro de dos humildes frailes mínimos: Juan de Perugia y Pedreo de Sassoferrato, discípulos del Poverello de Asís, que llegaron a Teruel a predicar su encendida palabra en una modesta ermita dedicada a San Bartolomé que se alzaba en el lugar donde hoy admiramos la soberbia fábrica de este convento. Mártires en Valencia por la crueldad del Emir Abuizeit, Jaime I trajo luego sus cuerpos a Teruel donde a través de lo siglos se les rinde veneración. La Merced es una deliciosa y plástica estampa situada a extramuros que sirve para demostrarnos que aún en el siglo XVI, el de la construcción de unu torre pequeñita, hermana menor de las soberbias torres que acabamos de admirar, los artífices de la ciudad seguían fieles a su escuela característica. O tal vez la razón haya que buscarla en la supervivencia de moriscos y sefardíes aún después de su expulsión decretada por los Reyes Católicos. Porque los cierto es que en Teruel, como lo fuera en Tudela, la convivencia de cristianos y moriscos fue una suerte de avanzada de ecumenismo conciliar, de rara excepción en la época.
De la arquitectura civil quedan muestras en la Casa de la Comunidad, típica de construcción Aragonesa del Renacimiento, con galería alta sostenida por elegantes columnas, la fachada austeramente blasonada y una noble escalera claustral sorbidamente decorada.
Justo a la Catedral y su torre, la Casa del Deán contribuye al carácter de la sugerente plazuela y constituye un magnífico y recio ejemplo de como en el siglo XVI, emigrados ya los alarifes moriscos, se aúnan los elementos mudéjares con las líneas tradicionales de la arquitectura aragonesa.
La calle que discurre bajo el arco de la torre catedralicia nos lleva a otra plazuela de gran sabor arcaico y al Palacio Episcopal y su incipiente Museo Diocesano. Tiene elegante patio con columnas jónicas que sostienen la galería alta arcada bajo el alero saledizo.
De la antigua muralla quedan pocas torres de las cuarenta que según cronistas de la época poseía; solo la torre Lombardera y el torreón de Ambeles nos recuerdan su pasado esplendor y poderío. Y de sus siete puertas solo dan fe la citada Andaquilla y el portal de la Traición, con su correspondiente leyenda que en este caso es historia, de la traición de un juez que entregó la ciudad a los castellanos; que cada esquina y cada piedra de Teruel es un hito de leyenda.
Y a este efecto bien podemos recordar el puente de tablas conocido por el puente de Doña Elvira que esta dama mandó levantar para no pasar nunca por el puente de San Francisco, donde su marido recibiera alevosa muerte; amor, siempre amor trabado a la historia de la ciudad de los Amantes.

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Encantados por la ciudad antigua no podemos ignorar la ciudad moderna, centrada por una hermosa plaza de soportales y severos edificios de piedra que preside el Gobierno Civil y donde se encuentran ubicados la casi totalidad de los edificios oficiales, amén del Casino, noble construcción moderna dentro del estilo clásico aragonés.
Ni podemos ignorar el atrevido alarde del Viaducto que une el centro urbano el bien trazado ensanche cada día mas extenso.
Si en nuestra detenida visita a Teruel nos sorprende la noche no desperdiciemos el momento propicio para saturarnos del encanto misterioso de la Judería y sus callejas dormidas en el silencio solitario de sus encrucijadas donde el juego de las sombras y la luna nos finge figuras huidizas, recatadas en blancos alquiceles que han vuelto por unos instantes al conjuro de nuestra evocación, y desaparecen en los recovecos y las esquinas de la calle de la Comadre o de la de Bolamar, que antes sería de Abdul Amar, el caudillo de un partida de moriscos que defendió la ciudad en las luchas de banderías.
El Arrabal, en torno a la Merced, nos sugerirá, en cambio, el recuerdo de los alarifes y artesanos musulmanes que hicieron posible la belleza de la cerámica. Aún podemos visitar algunas ollerías y aún podemos hallar un horno antiguo que quien sabe si conoció la cocción de los cuencos brillantes que ornan las torres como esmeraldas y ópalos engastados.
Es con una suerte de deslumbramiento que descubrimos en Teruel a unos artesanos románticos e insobornables, apegados a las primitivas formas de una tradición que, nacida ene el siglo XII, mantiene los mismos procedimientos, las mismas mezclas, los mismos dibujos y el mismo colorido que tuviera en su nacimiento.
Las piezas que guarda el Museo de la ciudad y las que se alinean en los anaqueles de las alfarerías, no ofrecen apenas mas diferencia que la que da la pátina de los siglos.
La cerámica de Teruel, como todo Teruel, es casi desconocida en el resto de España. Las dificultades de exportación a otras provincias y la natural limitación obligada por el reducidísimo número de los alfares ceramistas, son los motivos de este desconocimiento de la mas pura y mas bella cerámica de España.
En estos talleres alfareros de Teruel nos sentimos retrocedidos en siete siglos cuando los alfares mudéjares movían el torno a pie y molían el barro con una noria impulsada por un borriquillo.
Los hornos de ladrillo son alimentados con leña y allí no existen moldes ni diseños. Aquellos son manos del alfar y la cañita; éstos. La herencia que a través de siete siglos ha ido trasmitiéndose de padres a hijos de vez en cuando, en las ricas canteras que son las excavaciones de la provincia, aparecen objetos de uso desconocido o apenas deducible que van a engrosar el acervo de los modelos de los alfareros y que luego tendrán aplicación muy distinta de aquellas para las que fueron concedidas demostrando que no es preciso apartarse de la tradición para adaptarlos a las necesidades modernas.
Los tonos de la cerámica turolense son exclusivamente el morado y el verde sobre fondo blanco. Y sus dibujos, los típicos de la heráldica: hidras y dragones, guerreros a caballo, los gules de la Corona de Aragón, figuras del artesonado de la Catedral y animales como el conejo, el pez, el perro, el búho y sobre todo el toro: <<el torico>> mirando la estrella, símbolo de la ciudad y lema de su escudo, precursor del torito de la canción, que se enamoró de la luna.
Estos temas van siempre encerrados entre las lacerías, arcos, estrellas islámicas y arabescos del alicatado mudéjar que cubren casi por entero la pieza como pequeñas réplicas de las fabulosas torres brillantes de cerámicas embutidas, como bellísimas joyas para regalo de una sultana.
Ánforas de raras formas con largo típico como un extraño animal, candiles, benditeras, botes de farmacia, platos y cuencos, almireces y vasijas para el vino; una teoría de objetos que nos descubren el secreto de las llares y alacenas de las gentes que en los siglos XII, XIII y XIV las crearon para su uso.
En los siglos siguientes aparece una nueva modalidad de cerámica con decoración en azules, tal vez influida por su vecina Manieses. Cerámica tosca con rudimentarios dibujos en los que el recuerdo mudéjar ha sido deserrado y que ha perdido toda su finura y elegancia y la personalidad que caracteriza la anterior, que de nuevo, en los siglos posteriores vuelve a imponerse aunque en el XIX y en los principios del XX se sostiene apenas lo suficiente para no desaparecer y florecer de nuevo en estos años de reivindicación de la Artesanía en la que esta impone su pura y no mixtificada tradición.
Junto a los catavinos, jarras, vasijas, etc., encontramos los pucheretes para las sopas de ajo, deliciosos aquellos y éstas, que son una de las especialidades gastronómicas de Teruel y esporádicamente hallamos una manifestación del barro vidriado muy curiosa e interesante pues se trata del Toro ibérico que se ha hecho famoso en Cuenca y que aquí presenta la característica de representarse sentado. Su forma mas tosca, mas primitiva que en el de Cuenca y su boca tan diminuta, situada entre las erectas y grandes astas, que es difícil suponer para que uso estarían destinados, pero que no deja apenas dudas de que fueron inspirados por las pinturas rupestres de las cuevas de la Sierra de Albarracín (Cocinilla del Obispo), lo que explica su rudeza.
Hemos terminado la visita a la ciudad y nos despedimos de ella dispuestos a volver siempre. Cuando nos alejamos, Teruel, ceñida por el Turia, sestea complacida en su belleza y en su aislamiento que, si la guarda ignorada por muchos, también la defiende de invasoras estridencias que serían como un grito sacrílego rasgando su serena e inmutable placidez; como un redoble de batería de jazz en la armonía de un zéjel.

ALCAÑIZ CENTRO DEL BAJO ARAGÓN

Alcañiz en la Geografía
Una de las comarcas mejor definidas de nuestras tierras es la del Bajo Aragón; Alcañiz es su capital. Enseñorea una hoya bordeada por altozanos y colinas de color ocre terroso, partidas por bancos areniscos amarillentos Y perfilada por machas de verde matizadas por los olivos verdiplata y por los cultivos del oasis creado por las aguas del Guadalope que se despereza en curso sinuoso, ciñendo a la ciudad y a su castillo que se yerguen en lo alto de un empinado cerro, Alcañiz es irremediable consecuencia de los designios de la geopolítica. Desde el espinazo montañoso que cierra los caminos del mar, con las cumbres de los puertos de Beceite, tres ríos, en todos los tiempos, han mantenido la vigencia del andar de los hombres entre el Ebro y las tierras levantinas: el Matarraña, el Guadalope y el Martín. Por esta razón Alcañiz es centro irrenunciable de una extensa zona geográfica y de una dilatada parte de nuestra Historia.
En el paisaje alcañizano no puede olvidarse la Estanca, cuya lámina de agua, tendida a los pies de las moles del Castillo y de la Colegiata, a cuya sombra se apiñan las casas de la ciudad, apretadas en calles de pendiente trazado, sirve de primer término cromático a una de las más típicas vistas de Alcañiz. Y justo es decir que la situación del caserío, en el centro de una hoya le proporciona tantos puntos de vista diferentes y bellísimos, cuantos son los caminos que lo cruzan, lo mismo si se llega desde Zaragoza, como desde Teruel y Calanda, o desde Caspe o, finalmente, desde Tortosa o de Morella.
En los urbano, Alcañiz es un cerro, montado sobre una colina: arriba del todo Pui-Pinós con el castillo calatravo; en la meseta inferior, la Colegiata dominando el Ayuntamiento y la Lonja; desde aquí calles que descienden como por la superficie de un tronco de cono hasta el cinturón del Guadalope y otras que forman anillos paralelos al río.

Leyenda e Historia

Un cronista de Alcañiz, de principios del siglo XVIII, quiso situar en su emplazamiento la ciudad de Ercavica; otro la Anitogis citada por Livio; y alguno a Oscicerda en Valdevallerías. Dejando aparte estos extravíos de Juan Zapater y de Sancho y los de quienes hacían el Bajo Aragón escenario de las correrías del casi legendario moro español Omar ben Hafsun, por convertir Barbastro en Bobastro, lo cierto es que la historia de Alcañiz comienza muy pronto, aunque se nos haya negado el nombre que ostentaron las ciudades que se erigieron en su término. Su carácter de encrucijada de los senderos de la Historia explica la asombrosa densidad de yacimientos arqueológicos: desde las estaciones- talleres de silex investigadas por el benemérito mosén Bardaviu en la masada de Ram, a las pinturas rupestres de Val del Charco del Agua Amarga que nos presentan el mas animado cuadro de la vida de los cazadores mesolíticos del Bajo Aragón con cacerías, carreras y una mujer de gran tamaño dominando el friso; desde el cabezo del Cascarujo y del Cuervo que ya conocieron la metalurgia del bronce a los establecimientos de las gentes indoeuropeas en Siriguarach o Pui Moreno y a la presencia de los iberos levantinos, conocedores del torno de alfarero, del molino giratorio y de la metalurgia del hierro en el Palao Val de Vallerías, el Tarratrato, Tiro de Cañón y otros poblados que se agrupan muy próximos entre sí, hasta las trazas romanas de Alcañiz el Viejo y las noticias de hallazgos que pueden corresponder a otras ciudades o bien a establecimientos rústicos tan numerosos que podrían postular para Alcañiz la capital de Aragón prehistórico. Podemos dar por instalado el museíto que en el castillo albergará los ejemplares mas importantes de las colecciones recogidas por los PP. Escolapios en una larga y paciente rebusca.
La historia escrita comienza con los árabes. El nombre de Alcañiz, lo es, y puede interpretarse << las iglesias>>, lo cual podría aludir a la presencia de comunidades mozárabes. En el siglo XII entró en el dispositivo militar de Alfonso I, quien si bien rebasó esta zona del Guadalope y fundó un castillo en Pui- Pinós en 1117, lo dominó efímeramente, pues la rota de Fraga puso castillo y ciudad en manos de sus anteriores señores, quienes lo perdieron, definitivamente, en 1157 por obra de las campañas de Ramón Berenguer IV. Es interesante anotar que el rey se reservó el castillo y dio el poblado y el término a sus moradores mediante, una carta puebla que sería el origen del antagonismo largamente mantenido a que luego aludiremos. Quede dicho no obstante, que quien quiera encontrarlo en piedra basta con que oponga el empaque severo de la casa consistorial a la fortaleza que domina a Alcañiz desde lo alto. Tras la reconquista quedó la población dividida en cuatro parroquias: Santa María estuvo primero en el castillo y luego en la parte baja, donde hoy la colegiata, y consta que en ella dio gracias Jaime I por la conquista de Ibiza y que Benedicto XIII le concedió el honor que hoy tiene a petición de San Vicente Ferrer.
Pero sigamos con la historia. El castillo pasó en 1179 en la Orden de Calatrava por merced de Alfonso II, convirtiéndose en sede y casa principal de la encomienda aragonesa de la Orden, residencia de los maestres y por ende teatro de importantes acontecimientos relacionados con el cisma, con fundaciones y conquistas, amén de ser la cabeza de una intensa vida monástico-guerrera. Jaime I hizo de Alcañiz lugar predilecto de residencia, preparando en su castillo los planes de la conquista de Valencia, celebrando en 1250 cortes generales y sometiendo a árbitros sus disensiones con su hijo primogénito, Don Alfonso; tan importantes reuniones se repitieron en 1371, en 1436 (en cuyas cortes los aragoneses otorgaron a Alfonso V la ayuda excepcional de 220.00 florines de oro) y las de 1441, terminadas en Zaragoza.
En Alcañiz se reunió en 1411 el <<parlamento>> que preparó las vistas y discusiones de Caspe para resolver el pleito de la sucesión al trono de Martín el Humano, por lo que mereció el título de << ciudad de la Concordia>>; y luego mas tarde participaría en los principales acontecimientos de la historia aragonesa; en 1347 apoyó a los nobles de la Unión contra Pedro IV; en 1462 sufrió las acometidas de los castellanos y catalanes sublevados contra Juan II; participó activamente en el sometimiento de la secesión catalana de 1640, por lo que Felipe IV le concedió el título de Ciudad en 1652; tampoco le ahorraron destrucciones y motivos para mostrar su temple las guerras de Sucesión, de la Independencia y las carlistas, en las que mantuvo casi siempre la causa liberal.
Es interesante subrayar la lucha permanente entre la villa y el castillo; los ciudadanos buscaban apoyo en el rey contra los señores, hasta el punto de que sus diputados se sentaban en cortes en los bancos de las universidades. Constantemente se emiten por los reyes sentencias para limitar o fijar los tributos que los alcañizanos habían de pagar a los señores del castillo. Su población en el siglo XVI era de 1.136 fuegos, incluyendo a los moros y judíos, lo que no es mucho; los judíos fueron bien considerados, aunque se los excluía del recinto murado y tenían la sinagoga donde hoy está la ermita de la Anunciación; San Vicente Ferrer consiguió la conversión del famoso Astrtuch Leví y con ella la de los principales miembros de la aljama de Alcañiz, que cerró sus puertas de real orden en 1415.
En la pugna de la villa con el castillo, Alfonso III terció autorizado a los ciudadanos a rechazar por la fuerza a los enemigos que la Orden intentase introducir en la fortaleza y con frecuencia pagaron a los señores la cólera de los alcañizanos, bien en si mismo- Don Martín de Molina, comendador de Burriana, muerto en 1525 a son de campana tañida-, en sus familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de familiares- los del comendador mayor don Fernando de Aragón- o de sus servidores- dos porteros reales en 1328-; los citados a juicio son los jurados, que tomaban el papel de cabecillas en estas luchas.
El municipio, fuerte y bien organizado, era regido por cuatro jurados y había una justicia para dirimir las cuestiones entre la villa y la orden, con apelación al maestre y al rey. Finalmente, Alfonso V, en 1438, incorporó perpetuamente la villa a la corona otorgándole derecho a resistir <<hasta la Muerte>> contra cualquiera que quisiera su señorío, aunque lo hiciese con poderes reales.
Arte y monumentos
Tantos acontecimientos históricos y el vigor de sus instituciones políticas y económicas habían de dejar en Alcañiz la huella en piedra que significan los monumentos. Por desgracia muchos sucumbieron en el continuo tejer y destejer de los humanos sobre sus propias ciudades. Aún pueden hallarse rincones que guardan todo el perfume de la historia y casas aisladas de época gótica con sus sillares patinados en oro por el beso multisecular del sol.
La visita debe comenzar por el Castillo, donde el Ministerio de Información y Turismo acaba de instalar una hostería, al tiempo que el de Educación restauraba los restos de la antigua fortificación gótica. Se llega hasta la cumbre del cerro por un antiguo camino de ronda que va perfilando los muros y defensas; se entra en el recinto por un portalón flanqueado por matacanes. La fachada principal es lo más moderno del castillo, obra dieciochesca del infante Don Felipe, concebida al modo de un palacio aragonés De ladrillo, con lienzo central de tres cuerpos (puerta, balconada y teoría de arquillos de medio punto) y dos torreones de ángulo con la misma decoración superior; en la fachada una borrosa inscripción conmemora la obra de 1728. en esta zona se han acomodado los servicios hoteleros y desde el frente se goza de un bellísimo panorama sobre el valle del Guadalope, las crestas de Beceite y a los pies el << arrabal>> de Alcañiz y en segundo término los montes del secano, recortándose la silueta aguda del cabezo del Cuervo, testigo de tres milenarios de la historia de la Ciudad.
Tras la puerta de Zaguán, un patio lleva al conjunto del siglo XIII, en el que sobresalen el claustro, gótico, pero con puertas de acceso románicas, con galerías formadas por arcos apuntados que arrancan desde el suelo. Hay en él algunos enterramientos, como el de don Juan García López, muerto en 1306, según reza una inscripción, y otra sin fecha que nos habla del constructor, Johannes lapicida, hoc claustrum fecit. Avemaría, gratia plena, dominus tecum>>. Con atisbar algunos restos de pintura mural de la época del claustro se puede pasar a la torre del homenaje, en cuya escalera hallaremos una ventana con las cruces de Calatrava como adornos; luego el primer piso, con techo plano sostenido por arcos apuntados muy abiertos y sobre las paredes un excepcional conjunto de pinturas que son de lo poco que conservamos en lo civil y con escenas en tanto confusas pero que aluden al rey, a los nobles, a ejércitos y empresas guerreras, con castillos y ciudades, algunas depositadas hoy en el Ayuntamiento.
Deben señalarse un porcentaje real inserto en una rueda en la que se lee <<regnabo, regno, regnavi>>, es decir, el futuro, presente y pasado, con figuras simbólicas del día y de la noche; un trovador, lucha un zorro con un gallo, artesanos en el trabajo de las alusiones a gremios y una serie caballerescas con jinetes e infantes con la cruz de Calatrava, con los blasones de los Luna, Aragón y Barcelona, etc. Estas pinturas, necesitadas de un estudio completo y a fondo, han sido fechadas en el siglo XIV y supuestas de influencia francesa dentro de un gótico final. El piso superior comunica con este mediante una escalera de caracol y tiene un gran arco apuntado como elemento sustentante y un ventanal ajimezado.
La capilla es una importante muestra de la arquitectura del siglo XII, con trio sencillo y puerta de medio punto con tres gruesos baquetones concéntricos rematada por tres ventanitas decorativas, Románica, la nave única se cubre con bóveda de cañón reforzado por arcos fajones. En la Cabecera, y al lado del Evangelio, se halla el mutilado sepulcro de Don Juan de Lanuza, virrey de Aragón y comendador mayor de Alcañiz, muerto en 1533; aunque esta obra de alabastro y muy fina se ha atribuido alguna vez a Gabriel Joli, se conoce el contrato con Damián Forment, quien se muestra aquí con la mayor limpieza renacentista. Una parte de las esculturas se guarda en el Ayuntamiento y lo que queda en la iglesia esta brutalmente destrozado por muchos años de incuria y descuido.
Aún se conservan en la parte antigua del castillo la sacristía, la torre de Lanuza con su escudo, puesto al reconstruirla; la torre de Juan Fernández de Heredia, con sus armas y otros elementos de menos interés. El conjunto del castillo es monumento nacional (núm. 1.060).
Descendiendo del castillo, el curioso debe detenerse en la plaza de España, bellísima por sus monumentos y desniveles, a pesar de que una buena parte de sus edificios han sido bastardeados a lo moderno, habiendo de adjudicar mucho de la pérdida a la explosión de un almacén de pólvora en 1840, incendiada por una centella. En la conocida lámina de Parcerisa el conjunto del Ayuntamiento y la Lonja se ven desde un arco apuntado de traza casi tan alta como los de enfrente que hoy se conservan; la galería De arquillos que corre sobre las ojivas de la Lonja no tiene antepechos y están abiertas las dos puertas del pórtico en tanto que no existen las otras aberturas modernas.
Lo dos edificios, aun siendo muy diferentes, casan y se complementan a la maravilla no estorbando a la severidad de la casa consistorial, que muestra la potencia de la vida municipal de Alcañiz, la gracia de la Lonja que podría adornar como logia una plaza del quattrocento italiano. La parte primitiva se compone de tres agudos arcos muy ordenados y un remate de fecha muy posterior en forma de galería de arquillos de medio punto y remate de lunetos, sin duda imitación del contiguo del Ayuntamiento. La parte de la esquina no se terminó, pero en la parte alta se puso en el siglo XVIII, con un reloj de sol, un relieve de la Santísima Trinidad. Quadrado piensa que la Lonja fue <<corte>> para administración de justicia, y otros que es la parte delantera de una casa hundida en una explosión, donde se había reunido los parlamentarios de Caspe para llegar a la Concordia. Realmente estamos en presencia de un pórtico o logia destinado a la vida pública intensa del municipio de Alcañiz. Su construcción es de fines del siglo XV.
El ayuntamiento, del siglo XVI, es uno de los edificios mas bellos de la arquitectura civil aragonesa; de traza severa y armónica, es muy distinto en la fachada de la plaza, que cierra en ángulo recto con la Lonja, y en la de la calle contigua. La primera es de un renacimiento severo y ostentoso.
De piedra y de color oscuro, de tres cuerpos muy armónicamente dispuestos, con el escudo de la ciudad en el centro y remate superior con un soberbio alero con artesonado, cubriendo una galería de arquillos. La fachada lateral, del mismo tiempo, es rigurosamente mudéjar, como un símbolo de los dos elementos, erudito y popular, que intervinieron en su construcción.
Tanto el Ayuntamiento como la Lonja son monumentos nacionales (números 1.061 y 1.062)
La Colegiata ocupa el lugar donde se alzó la antigua parroquia de Santa María, de cuyas galas y bellezas se hizo lenguas Zapater y de la que hoy quedan muy pocos restos, fuera de la torre antigua. En la actualidad es un monumento impresionante, de dimensiones gigantescas, propias de una catedral, con perfil muy característico que domina todas las perspectivas de Alcañiz. La Iglesia vieja, tuvo tres naves y girola y tres puertas, una románica, otra gótica y la última mudéjar.
La actual, obra del arquitecto zaragozano Domingo de Yarza, se inició en 1736, con una gran torre central sobre el cimborrio, cuatro en los ángulos de la planta rectangular y dos de ladrillo a los lados del imafronte de grandes proporciones, con decoración barroca de estatuas y relieves, San Pedro Y San Pablo y la Virgen con el Niño; en el centro un recargado grupo con Santa María la Mayor, rodeada de Santiago, San Francisco, San Miguel y San Gabriel; en el último cuerpo San Ramón Nonnato y San Pedro Mártir. En el interior, en curso de restauración, de gusto neoclásico, destaca el gran cimborrio y se conservan algunas muestras de excelentes retablos que Carlos Cid atribuye al que llama << Maestro de Alcañiz>>, como San Jerónimo, San Pablo, Santos Cosme y Damián y otras tablas.
El resto de los edificios de Alcañiz, con aire monumental, es menos importante, pero muchos tienen empaque y carácter, que alcanza a las graciosas hornacinas con santos en diversas calles. Pueden citarse el convento de los Dominicos, fundación de Juan de Aragón, hijo de Pedro IV en 1382, de fines del XIV, reformado en los siglos posteriores y pasando a usos civiles tras la exclaustración; poco que anotar tiene el convento de las Dominicas, del XVII, muy graciosa torre mudéjar del XVIII guarda la iglesia de los Escolapios; y poco que añadir los conventos de Carmelitas calzados y Franciscanos.
El conjunto monumental, pues, que en Alcañiz puede admirarse merecería por sí solo una visita a esta ciudad que ha ido asentando sobre su solar muchos acontecimientos históricos y una vigencia extendida a una amplia comarca. Su escudo es un castillo sobre campo de plata flanqueado por dos Cañas de sinople (alusión demasiado fácil al nombre) y en el jefe las barras de gules en campo de oro, de Aragón.
Costumbres y tradiciones
Se han perdido en los últimos años la mayor parte de los usos de la población de agricultores y comerciantes que formaban el núcleo de Alcañiz y de su comarca. Quedan algunas peculiaridades como la frente de los 72 caños, mucos de ellos con su nombre y su leyenda, el de los viudos, el de los novios, aquel en que cualquiera que beba se verá obligado a volver a Alcañiz. El traje se conservó hasta hace poco; era el mismo aragonés con algunas variantes, como la blusa en vez de la chaqueta y el pañuelo de pico erguido en los hombres y la falda corta y airosa de las mujeres. Algo queda en la cocina tradicional; las << tortas de alma >> con relleno, el cordero a la pastora, las << parretas >> en aceite y el mondongo, el pastel de Pascua de Resurrección a la <<rosqueta>> del jueves lardero.
Respecto de la música popular, aparte del << bolero de El Tieso >> y la << danza >> Alcañiz posee una joda de personalidad muy definida, lenta con braceo Acompasado y ligeras variantes respecto a los estilos hermanos de Albalate, Calanda y Andorra.
Como siempre sucede, son las costumbres religiosas las que se han guardado con mayor fidelidad. En primer lugar, la fiesta mayor dedicada los días 8 a 13 de septiembre a la Virgen de los Pueyos y al Santo Ángel Custodio, con capilla en la colegiata y ermita en los alrededores. Cuenta la tradición que la Virgen se mostró al pastor Lucio, allá por el siglo XII, en un lugar a un par de kilómetros de Alcañiz, pidiéndole que se erigiese una ermita junto al río y que se le rindiese culto << mientras lleva el Guadalope y la campiña sostenga frutos ZZ, llevada a Alcañiz, desapareció por la noche volvió al lugar donde se había aparecido al pastor; allí se elevó una ermita y se le rinde culto y una animada romería el día 9 de septiembre, además de la procesión del Voto, en el tercer domingo de Pascua, en recuerdo de la feliz solución del pleito que Alcañiz mantuvo con el cabildo de La Seo de Zaragoza, resuelto favorablemente por Benedicto XIII. Otras fiestas se dedican a San Roque, San Antón y Santa Agueda, con hogueras, gozos y alabanzas.
Sin duda es la Semana Santa la más importante celebración religioso- popular que Alcañiz conserva. Su peculiaridad es común a otros pueblos comarcanos, como Hijar y Calanda, y se cifra en los interminables y diestros redobles de tambor que acompañan a parte de los cortejos procesionales; algo se ha perdido y bastante ha cambiado en estas costumbres, pero otras tradiciones se afirman y aumentan, y así, junto a la estanca, un bello emplazamiento, se ha erigido sobre un basamento formado por un inmenso tambor, un monumento en hierro forjado al tamborero de Alcañiz, formando un conjunto de gran belleza que traduce el entusiasmo de los alcañizanos por sus tambores de Semana Santa. Llevan los penitentes túnica azul celeste y caperuza rizada. Parece que el origen de estas celebraciones se remonta a 1687, fecha en que Fray Mateo Pestel, cuaresmero de la colegial, organizó por primera vez la procesión del Santo Entierro.
A principios del XVIII se introdujo la novedad de ir seis nazarenos con <<dobleras>>, es decir, con tablas elípticas con anillas que golpeaban sobre clavos remachados al agitarlas con violencia, detrás de sacerdotes y mayordomos, estos ruidos representaban los trastornos de la naturaleza por la muerte del Señor y pronto pasaron a ser reproducidos por tambores de parche destemplado que, desde 1730, inaugurarían la costumbre del redoble de tambores. En el pregón se invitaba a todos los vecinos a concurrir al Santo Entierro y es lástima que ya no se pronuncie, porque su gracia, ingenuidad, y respeto, merecerían que se conservase. Decía así: <<Hermanos fieles y devotos cristianos: sabed como los pérfidos judíos, habiendo puesto pendiente de una cruz al hijo de María Santísima esta desconsolada, esperando os apiadéis de su soledad y pobreza y la asistáis en el descendimiento que será entre tres y cuatro horas de esta tarde y al entierro de su Hijo Nuestro Señor murió por redimirnos y salvarnos, obligación es de todos los cristianos asistir devotos y compasivos acompañando en el llanto a María Santísima Madre de Jesús y Señora nuestra; y por lo tanto en nombre de la Iglesia Santa os amonesto para que concurráis a tan sagrado, piadoso y tierno funeral>>. Convocado así el pueblo al entierro de Cristo, resonaban y siguen redoblando los tambores de Alcañiz.
La llamada procesión del <<bis- bis>> el lunes, cuyo nombre debe derivarse del bisbiseo de la oración; la del Pregón, el martes; la de Jesús Nazareno el miércoles; la del Silencio, el jueves; el viernes la del Encuentro, el Santo Entierro y la Soledad después, cerrándose con la procesión de << las Palometas >> el domingo de Pascua. Todos los días y las noches, los tambores, manejados con rara habilidad resuenan con escasos descansos. Cada grupo tiene su toque y los hay numerosos y diferentes; el mérito está en arrastrar a quienes están cerca para que dejen su toque y sigan al ajeno; los dedos llegan a sangrar del esfuerzo tenaz y repetido. En la Semana Santa de Alcañiz se guardan tradiciones de cerca de tres siglos y se están creando otras para el futuro, de extraordinario atractivo.

Alcañiz hoy

Mas de diez ml alcañizanos están empeñados en la lucha por el presente y por el futuro, que intenta ganar un activo turismo alrededor de su Historia y de sus monumentos, de los establecimientos deportivos automovilistas del <<Circuito del Guadalope>> y náuticas y pesqueras de la estanca, de las posibilidades de caza de sus montes, de los establecimientos industriales y de la racional explotación de la agricultura en la que las aceitunas y el aceite de olivos de troncos retorcidos y añosos son un símbolo. Su esfuerzo tendrá éxito, porque lo alcanzan siempre la tenacidad y el paciente brío. Y Alcañiz conjugará al pasado y el presente para ganar un porvenir que ha estado elaborando desde los principios de su historia.


Tal día como hoy 17 de enero

1305 Fallece Roger de Lauria, almirante de la flota aragonesa en el maditerraneo.
1389 Se crea la Capellania de San Valero.
1995 José Marco, del PSOE, dimite como presidente del Gobierno de Aragón.



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