Dance de Bulbuente en un encuentro de danzantes en Novillas. 15.. Aragon. 
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Dance de Bulbuente en un encuentro de danzantes en Novillas. 15. Aragón

Aragon Dance Dance de Bulbuente.



Hoy me he levantado con ganas de ser una Cabecita Loca


Dance de Bulbuente en el encuentro de danzantes en Novillas. 15

El Dance de Bulbuente se caracteriza por la conservación de los vestidos tradicionales, el blanco unido a la religiosidad y a la celebración, tal vez proceda de un homenaje al dios celta LUG, con abundante toponimia en estas comarcas, y su unión a las antiguas rutas del desplazamiento del ganado como era la del Huecha, donde la representación pastoril entre personajes que simulan un enfrentamiento es frecuente en muchos dances. Su critianización ha dado como resultado su representación en fiestas y actos religiosos unidos al santo patrono de cada localidad.
Los bailes mas típicos se hacen entrechocando los palos lo cual requiere maestria y habilidad para "no recibir".
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Dance, baile, representación teatral religiosa, trajes y atuendos, dichos, música, Rio Huecha, Campo de Borja, cintas, cascabeles, faldetas Bulbuente.



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Aguero

En la provincia de Huesca, cercana a las Cinco Villas y a cuarenta y tres kilómetros de la capital altoaragonesa, se encuentra el viajero con la villa de Agüero. Para llegar a ella tenemos que recorrer una corta y asfaltada carretera que nos ha desviado, antes de llegar al pantano de la Peña, de la general que sube hasta la ciudad pirenaica de jaca o nos lleva a las tierras de Pamplona.

Al acercarnos, mientras atravesamos estas tierras de la Galliguera, nos rodea un seco paisaje con vegetación mediterránea. Madroñales, algún pino carrasco, romero, tomillo y espliego, son el testimonio y recuerdo de un pasado en el que la arboricultura fue la ocupación predominante de estas tierras. Ese recuerdo triste de los viñedos -tan abundantes en la Edad Media- que diezmó la filoxera, o del olivar, que fue talado para sacar tierras al trigo.

No es difícil hacer imagen, la tradición ganadera de esta tierra, sobre todo cuando uno se imagina al rebaño sorteando montículos de rocalla entre las aliagas y espliegos. Por eso podríamos decir que estamos en tierras de un pueblo de militares, campesinos y pastores. Un pueblo que pervive sencillo, cordial y hospitalario, pero sobre todo añorante siempre de no se sabe qué; un pueblo que conserva Viva la memoria de los sueños antiguos, de las tradiciones y los ritos.

Estamos en lo que los geógrafos han llamado <<Subcomarca de Ayerbe>> y que el pueblo ha entendido siempre como <<Tierra de los Mallos>>. Una tierra de transición entre la montaña pirenaica y la tierra llana, una zona límite con la tierra alta se personaliza en los famosos Mallos, que constituyen un llamativo fenómeno geógrafo y que son unos relieves uniformes originados por los conglomerados marginales.

Frente a estos picos terciarios se abren los Somontanos, <<las tierras bajo los montes,>>, y apoyado en una de sus laderas se encuentra en el lugar de Agüero. El blanco caserío, apiñado en torno al perfil devoto de su torre parroquial, casi es una entrañable postal. El viajero se lo encuentra de pronto, como si quisiera entrarnos de mano de la sorpresa, teniendo a pleno sol y protegido de los vientos fríos del norte.

Al ir acortando distancias, nuestra mirada va ascendiendo- poco a poco- hasta la línea que corona los Mallos para intuir lo que hay detrás de ellos. y al deslizarse nuestra curiosidad empezamos a entender la condición fronteriza de este lugar. Una fundación altomedieval que nos aparece, en los documentos del siglo X, con su nombre que recuerda la idea de una tierra seca. Un topónimo que estaría relacionado con la voz aragonesa de agüerro, <<otoño>> y que derivaría del término agor, que significa <<seco>>.

Seco es ciertamente el entorno de esta villa y los riegos se instituyen en su gran problema, aunque esto va a subsanarse en parte con la puesta en funcionamiento de un pantano, ya autorizado y pendiente de la decisión del pueblo, cuyas aguas pondrán en regadío varios cientos de hectáreas. Pero si es seco su entorno geográfico no lo es su vitalidad lingüística, porque- según los estudiosos del idioma- el habla de Agüero es la que mas vitalidad tiene de las de las comarcas cercanas. Aún es posible poder escuchar algo de esta vieja reliquia dialectal que se va perdiendo día a día. Movimientos de emigración y el curioso comportamiento de la población aragonesa ante la natalidad y la mortalidad, van acabando con estas viejas herencias medievales. Y la población va disminuyendo, envejeciendo y agostándose, desde principios de siglo. De los cuatrocientos ochenta vecinos de 1805 se pasó a cerca de mil almas en 1900, para terminar en un censo de doscientos habitantes en 1975.

El futuro del lugar pasa por la necesaria reactivación de sus escasos recursos. Agrícolamente el pantano solucionará un viejo problema de siglos y logrará fijar la población humana. Quizás sea necesario reciclar sus recursos turísticos y exportar imagen para el viajero. Los Mallos encierran vías para la escalada, como la de la peña Sola, además de una riqueza cinegética de caza mayor. Hay ciervos que se introdujeron hace algunos años y existen buitres cuya caza, afortunadamente, está prohibida, al igual que la del resto de las rapaces. Por último, sus templos son de gran interés artístico, uno de ellos incluso está titulado como Monumento Nacional, y danzas típicas no dejan de verse en sus fiestas de San Roque que, a mediados de agosto, llenan de vida a un pueblo noble que guarda ya las cosechas en los graneros.

TIERRAS DE FRONTERA.

En el siglo X ocupan el espacio altoaragonés diferentes poderes en continua pugna y estrechamente vinculados por lazos matrimoniales. El condado aragonés esta regentado por una familia, la de los Aznar, de origen carolingio. En Pamplona se disputan el trono dos familias - la Iñiga y la Jimena- que van a ver unificados sus territorios y su poder. El mundo musulmán, centrado en la Marca Superior de al- Andalus- Zaragoza- se halla azotado por el virus vitalicio de su rebelión a los Omeyas cordobeses. Al oriente del Gallego se extendían las tierras mozárabes de Serrablo y las entidades políticas de Sobrarbe y Ribagorza.

El año 921, el rey Sancho Garcés I de Pamplona inicia una victoriosa campaña de ocupación de la zona comprendida en la Val de Onsella y de las comarcas de los ríos Arba de Biel y Luesia. Esta operación militar concluirá con la conquista- según dice la Crónica de San Juan de la Peña- de << todas las montañas de Aragón y Sobrarbe>>. Como vemos, en los últimos meses del año 921, el rey pamplonés ha ocupado las tierras de la Val de Onsella, hasta Agüero y sus Mallos, para utilizarlas de base en la conquista del condado aragonés.

Para legalizar esta anexión por la fuerza de las armas, el rey Sancho Garcés I casará a su hijo con la heredera del condado aragonés, con la famosa doña Endregoto de Aragón. Y sería García Sánchez I, el esposo de ésta, quien firme un documento por el que el obispo Galindo Confirma la donación hecha, al monasterio de Leire, de las décimas de todos los frutos que se recogían en Sos, Uncastillo, Luesia, Biel, Lucientes, Castelmanco, Murillo y Agüero, entre otros lugares.

Sancho Garcés II, rey de Pamplona y conde de Aragón, también dictó ordenes alusivas a este lugar. Lo sabemos por un documento, que pensamos debió ser redactado mucho después y en consecuencia falso, que quiere que el lugar de Agüero- entre otros- fuera donado al monasterio de Santa Cruz de la Serós. Lo que si es verdad es que estas tierras agüeranas, situadas en las fronteras cristianas, forman parte del territorio navarroaragonés en el siglo X.

Sobre estas tierras, asomadas a las de los musulmanes de Huesca, se iniciará toda la acción reconquistadora del poderosos rey Sancho Garcés III, apodado << el Mayor>> y considerado por las crónicas como <<Rey de toda España>>. Sancho el Mayor pondrá en acción a todo el ejército navarro-aragonés y emprenderá la conquista de toda la comarca de Agüero-Murillo y la zona comprendida entre la sierra de San Juan de la Peña y la sierra Caballera. El dominio será consolidado en torno al año 1018, aunque sucesos posteriores nos llevan a pensar en un cambio de dominadores continuado, suceso nada raro si tenemos en cuenta que se trata de una zona fronteriza.

Años después, el 1 de marzo de 1033, se documenta el definitivo ataque cristiano al castillo de Agüero. En esa ocasión Sancho el Mayor dará a Gallo Peñero un privilegio de ingenuidad en recompensa de <<la conquista del castillo de Agüero>>. Y dice el documento que el pago es <<porque tú te pusiste en muerte, a causa de mi servicio, y con tan argucias (aparatos) y tus ingenios, y por tu buen esfuerzo prendiste el castillo de Agüero y me lo diste>>.

Agüero, en este momento, ya es un emplazamiento natural de defensa militar a pie de la sierra de Santo Domingo. Y por su importancia el monarca va a disponer una serie de medidas tendentes a perpetuar el dominio. Habrá otros premios en el suceso: a Sancho Jiménez se le va a regalar una heredad que fue del obispo Blasco, un obispo pamplonés de fines del siglo X afincado en Agüero. Además se iniciará una política de repoblación de la zona, política que ocasionará la fundación del monasterio de Santa Eulalia de Péquera y que dará nuevos pobladores al lugar de Agüero.

En esta villa ya sabemos que tenían posesiones, en 1027, una serie de gentes aragonesas que iban desde el molinero Iglesia de Santiago. Abajo uno de sus capiteles- lucha de moros y cristianos- contrasta con la representación episcopal en el capitel de la iglesia parroquial.

Galindo al calvario real Banzo. Al poco de la reconquista de 1033 se escribirá un memorial que nos habla de que aquí, murió el señor Lope Alvarez, quien <<dispuso en bien de su alma delante de los varones de Murillo y Agüero y de su maestro (¿confesor?) don Banzo de Agüero>>. Son gentes de la frontera navarro-aragonesa, hombres y mujeres venidas de tierras de Ruesta que se van a proyectar sobre la ribera occidental del Gállego.

EL REINO DE LOS MALLOS

La historia de esta tierra aún vería momentos difíciles con ocasión de la guerra entre el rey pamplonés y Ramiro I de Aragón, ambos hermanos sucesores de Sancho el Mayor, quien por su testamento había separado el territorio aragonés del de Navarra convirtiéndolo en reino. En esa campaña esta villa verá pasar el ejército aragonés, en 1043, camino de Biel y Tafalla, poniendo fin a una posible dominación Navarra sobre la zona del Oeste del Gállego.

Desde 1033, por designios de Sancho el Mayor, Agüero será una de las tendencias aragonesas que defiendan el reino pirenaico en la zona del Gállego. Una tenencia que – adaptada a los accidentes naturales del país- respondía a un conjunto de castillos en las sierras Guillén, Carbonera y Valdelosica, es decir, a Uncastillo, Luesia, Biel y Murillo. Esta tenencia de frontera estará centrada en el castillo agüerano, que será la base de la comitiva militar del tenente o senior y tendrá un pequeño territorio alrededor, del que el Señor sacará tributos para sostener la plaza.

El primer tenente sería Jimeno Iñíguez, a quien sucedería su hijo Fortún antes de 1036. en el año 1068 estará Fortún Iñigones como <<alférez, en Agüero y en Riglos>>. El 4 de septiembre de 1092 ya ocupará la tenencia Fortún López, <<alférez, en Agüero y en Riglos>>. Estos datos nos hacen detectar la coincidencia de que, en el siglo XI, dos tenentes de Agüero forman parte de la corte real aragonesa en cuanto que ocupan el cargo de alférez. Este cargo tenía que ser ocupado por personas de buen linaje, ya que le correspondía al alférez guiar el ejército real cuando el monarca no iba a la guerra. Este dato, en extremo curioso, nos lleva a pensar en una familia de tenentes de Agüero que ocupan el cargo de alférez real, es decir, en la vinculación al cargo de unas tenencias fronterizas de importancia.

A la vista de dos documentos de la época se ve que la zona de Agüero y sus Mallos es entendída como una zona definida geográficamente y con personalidad propia; una comarca fronteriza en la que tienen propiedades ilustres personajes aragoneses del momento. Curioso es a este respecto el testamento que hacen Oriol Iñíguez y su esposa, antes de iniciar peregrinación en 1057, por el que sabemos tenían dos casas: una en Abós y otra en Agüero, con once camas, una cama con pabellón, veintidós colchones, un cobertor de seda, una manta, dos pares de sábanas rayadas, seis vasos de plata, pieles, espadas, espuelas, cinturón y montura de plata, casco de hierro y capa de seda ubaidí para cerrar el atuendo militar. Todo esto acabará siendo propiedad de San Juan de la Peña, por donación de un hijo de éstos llamado Fortuño Oriol.

Sobre esta definida entidad geográfica nacerá y vivirá el curioso reino de los Mallos, un minúsculo estado que tendrá su institucionalización por obra de Pedro I de Aragón y la tolerancia de su hermano Alfonso I el Batallador. Su monarca será una mujer: la reina doña Berta, una italiana que contrajo matrimonio con el rey Pedro I, en la catedral de Huesca, el domingo 16 de agosto de 1097.

Con ocasión de la boda regia, don Pedro dotó a su esposa con un pequeño territorio y con algunos bienes sitos en Huesca, Sangarrén y una almunia emplazada entre Berbegal y Monterroyo. Con estos territorios se formaría un minúsculo estado en los límites de la montaña aragonesa. Formarán parte de él los lugares de Agüero, Murillo, Riglos, Marcuello y Ayerbe, completándolos los territorios de Sangarrén y Callén, unidad separada y enclavada en la Hoya oscense y a orillas del río Flumen.

Tras emitir varios documentos, hechos por el escriba de la reina – el capellán Juan-, podemos saber que la reina doña Berta gobernó << bajo la gracia de mi señor el rey don Pedro, que está muerto, y con el amor del dicho cuñado mio >>. Alfonso. Uno de estos documentos, de 1105, nos habla que doña Berta concedió al obispo Esteban la novena que acostumbraban dar los pobladores de San Félix: que pastan las bestias en los montes de Agüero y que, aquellos, corten leña, madera, bellotas y además de otras casas, hierba. El reino de los Mallos, centrado en el territorio de Agüero, desaparecerá en tono al año 1110. una vida efímera para el dominio de una mujer que ejerció de reina- caso único. Dentro de las tierra del Reino de Aragón y existiendo un monarca titular del trono de los Ramírez. Avatares del destino, el reino fue mermándose en su exiguos territorios hasta pasar totalmente a la corona del Batallador quien, después de terminar con esta anomalía política, entrego el distrito militar a Castañ, un personaje franco amigo de infancia del rey aragonés, quien aún gobernará la plaza en 1137 tras morir su protector. Castañ. Conocido también como Castán de Biel, gobierna Agüero, Biel, Aniés, Chalamera, Murillo de Gállego y Riglos desde 1110. En 1134 aún posee la tenencia de Murillo y en 1137 tiene las de Riglos y Agüero. A este le sucederá Lorferrench, quien sería tenente y señor de Agüero entre abril de 1155 y octubre de 1162. después ocuparía también el señorío de Luna, concretamente entre 1162 y 1172.

LA IGLESIA DE SANTIAGO

A unos quinientos metros al este del casco urbano de Agüero se levanta un espléndido edificio de estilo románico que siempre ha sido tenido como ermita del lugar, aunque su magnificencia denota que su condición de ermita es solo una impresión puramente topográfica. Notas documentales sobre este templo no hay, excepción hecha de dos referencias pertenecientes a unas vistas episcopales.
Por la primera sabemos que, en esta ermita, existe en 1786 una Cofradía de Hidalgos de Santiago de Agüero; por la segunda conocemos cómo, en 1805, se ordena que sea una de las pocas ermitas que quede con culto.
El edificio es del siglo XII; fue descubierto y publicado por Ricardo del Arco en 1919 y ha sido estudiado por Sanvicente (1970). Consta de un conjunto de tres ábsides que se abren a otros tantos espacios que constituyen el primer tramo de las tres naves del templo. Cerrado precipitadamente con un muro que cubre los tres arcos de comunicación de este primer tramo con el que se le seguiría, fue cubierto con tres bóvedas de cañón apuntado y perpendicular al ábside que le corresponde. En el lado sur de este primer tramo se abrió la puerta de ingreso al templo, recientemente restaurado por Bellas Artes con gran acierto.
El primer problema con que nos encontramos es el de la paternidad de la iglesia. Intentar saber cual fue el motivo de esta edificación y quien ordenó su obra, es una incógnita muy difícil de despejar. No parece fuera fundación real, ni siquiera obra de patronazgo de alguna familia noble de la zona. Solo nos queda pensar que fuera un edificio construido por alguna Orden Militar o por algún poderosos monasterio. En estas dos opciones descartamos la primera ya que no encontramos ninguna relación entre esta villa y las Ordenes conocidas. Y respecto a la segunda, como mera hipótesis, vamos a intentar demostrar las vinculaciones existentes entre San Juan de la Peña y esta zona de Agüero.
La real Casa y Panteón de San Juan había recibido, a fines del siglo IX, un amplio conjunto de tierras y propiedades en la zona de Agüero. Propiedades que habían sido donadas por sus dueños a los diferentes cenobios que, mas tarde, pasaron a depender del monasterio pinatense. Bienes territoriales que dejarán de mencionarse tras los graves sucesos que pusieron fin al abaciazgo de Juan. Este monje gobernó el monasterio hasta el año 1170, fecha en la que fue destituido del cargo y expulsado del reino aragonés. El motivo de todo este suceso, en el que van a tener que intervenir el Papa Adriano IV y el príncipe Ramón Berenguer IV de Aragón, se saque que es la mala administración y los excesivos gastos ocasionados del mandato del abad Juan. El caso es que, por estos años, se deja sin terminar el bello claustro románico del monasterio pinatense y, para salvar al cenobio de la ruina, Ramón Berenguer IV ofrece una serie de donaciones.

La iglesia de Santiago de Agüero bien pudiera ser obra de este abad, obra en consecuencia inacabada como podemos ver al contemplarla, el motivo de su construcción habría sido el de lograr un mayor acercamiento de los centros de decisión política. El monasterio de San Juan de la Peña se ha quedado fuera de la órbita de influencia, la capital ya está en Zaragoza aunque Huesca, por su situación en los caminos de la Corona aragonesa, sigue siendo punto importante de decisión. Allí, en la ciudad, el cenobio pinatense solo posee una iglesia y lo mas cercano que domina esta en Agüero. Esta iglesia podría haber sido el primer jalón para el traslado del monasterio a un sitio mas cercano a la monarquía, a unos reyes que no suben con la frecuencia que antaño.

Además, esta iglesia de Santiago la encontramos totalmente relacionada con una serie de edificios en las Cinco Villas, algunos dominios de San Juan de la Peña, que se terminan y consagran entre 1170 y 1191. Las columnas contrafuerte, tan típicas de este templo agüerano, las encontramos en la iglesia de Puilampa y en la de San Miguel de Daroca. Las bóvedas de cañón apuntado están en varias obras de las Cinco Villas y el mismo tipo de cubierta absidial- bóveda sobre nervios- tiene Santa María de Ejea.

También habrá conexiones entre estas zonas en la escultura de Santiago de Agüero, obra de gran importancia y próxima a la transición al gótico. El tímpano de la portada sur, única realizada, presenta una bella Epifanía. Apoyada sobre dos modillones esculpidos en froma de animal andrófago- del que salen un hombre (lado derecho) y una mujer-, la escena de la Adoración de los Magos de Agüero ofrece un precioso precedente para las Epifanías del Cuatroccento italiano. El mismo tímpano, con el mismo tema, tenemos en la iglesia de San Miguel de Biota y en la de San Nicolás de El Frago, ambas en la comarca de las Cinco Villas.

En esta portada hay una preciosa colección de nueve capiteles, que se colocaron en dos fases, en los que podemos ver escenas de centauros, fieras decorando a su presa, luchas de caballeros y el famosísimo tema de la bailarina. En la parte interior de la portada también podemos ver unas escenas de luchas entre guerreros- luchas en las que al musulmán se le representa con escudo redondo y al cristiano con uno apuntado- a caballo. La célebre bailarina, obra que puede servir como firma del que denominamos Maestro de Agüero y que pensamos nada tiene que ver con el conocido Maestro de San Juan de la Peña es un tema frecuente en las cinco Villas- Biota, el Frago, Ejea-, en un capitel de San Pedro el Viejo de Huesca y en una escena del ábside románico de la Seo de Zaragoza. Representa a Salomé y se nos presenta en dos tipos: uno iniciando la danza con un arpista y el otro en una actitud increíblemente distorsionada, sueltos los cabellos y acompañada por un pequeño solista de gorro puntiagudo.

En el interior del templo, en el ábside central hay una arquería de arcos ciegos que intenta suprimir la antiesteticidad del muro. Allí hay decoraciones preferentemente de gustos geométricos en las que se introducen elementos de tipo figurativo: monstruos sujetando vides, cabezas, una curiosa cara en el segundo capitel de la derecha y abundantes muestras geométricas de círculos anudados, abiertos o con nudo cerrado, entrelazados .., que nos parecen similares y de la misma mano que los detalles idénticos de la portada de la iglesia cincovillera de Puilampa, obra en la que trabajó el maestro Bernardo y se terminó antes de 1191.

En el exterior de este ábside central hay una imposta esculturada que es de la misma autoría que otra, interior, situada en el ábside de la Epístola. Este friso interior, de apenas catorce centímetros de altura, narra una serie de escenas de la vida de cristo: Concretamente de la infancia y Nacimiento. Todas las escenas están enmarcadas entre hojas y frutos, cuyas curvas crean un cierto ritmo que genera sensación de movimiento. Las escenas representadas son: la Anunciación, la Visitación, El Nacimiento, la Cabalgata de los Magos hacia Belén, la Adoración del Niño por los Magos, la dormición de éstos y el aviso del ángel, la representación en el templo. Sigue una pieza completa dedicada a los Santos Inocentes con Herodes ordenando a los soldados la matanza y con el auxilio de unos sabios que estructuran el nacimiento del Mesías en los libros antiguos. Vemos a continuación el aviso del ángel a san José y la marcha de la Sagrada Familia, creemos nosotros, de regreso a Israel, con lo que se cerraría de ciclo de la Infancia de Jesús.

Completan el conjunto escultórico del templo de los canetes y los capiteles del interior, a los que se les ha visto relación los de Santo Domingo de la Calzada.

EL SEÑORÍO DE LOS GURREA.

Hemos visto, en estos finales del siglo XII, como la tenencia de Agüero llega a manos de Loferrench, en el año 1155. y con él entra la villa en el intrincado nacimiento de la gran casa aragonesa de los Luna. La historia nos documenta a Lope iñigones, ilustre personaje que tiene dos hijos: Pedro López de Luna y Loferrench. Pedro López de Luna será el primer maestre de la Orden del Hospital con jurisdicción sobre Aragón y Cataluña. Loferrench o Lope Ferrench, sería el tenente de Agüero. Tenente que tendría que sustituir a su hermano como señor y tenente de Luna en 1162 y a raíz de un supuesto apoyo de este Pedro López a un curioso personaje que se hacía pasar por Alfonso el Batallador, el rey muerto en 1134 tras la batalla de Fraga.

Orígenes de la poderosa Casa de los Luna, inscritos en la tenencia de Agüero, que serian un hito en los sucesivos dominios señoriales del lugar. Jaime I, que había visitado la villa en enero de 1259, dispuso del castillo de Agüero en favor de su mujer Teresa Gil de Vidaure y de su hijo don Jaime. Poco después, en 1287, se data la existencia del maestro de Agüero que ha trabajado en San Pedro el viejo de Huesca.

En 1302, Pedro Boyl, el tesorero del rey Jaime II, anota las deudas del monarca en tierras de Agüero; una deuda contraída <<por la injuria que el señor rey don Jaime, de buena memoria, había hecho con Artal de Agüero>>, padre del prestigioso Martín Ruíz de Foces. Años después, en 1357, el rey Pedro IV da esta villa a Alvaro García de Albornoz y algunos señalan que posteriormente se la dio a los Pomar, que eran una prestigiosa familia jacetana.

En abril de 1372 el mismo rey incorporó a la Corona el castillo y lugar de Agüero con la condición de que en ningún tiempo pudiera ser enajenado. Pero dos años después- el 18 de abril de 1374- el infante don Juan concedió a Lope de Guerrea- camarero y consejero del rey la alcadía y el gobierno de Agüero en atención a sus méritos y virtudes. Jerónimo Zurita añade que Miguel de Gurrea, hijo segundo de Lope de Gurrea, tuvo en herencia el lugar y castillo de Agüero. Castillo que no heredó su hija Aldonza en torno al año 1400, la misma Aldonza que contrajo matrimonio con Martín de Lacarra, hijo del mariscal de Navarra y de Inés de Moncayo, que era hermana del señor de Maleján. Sucederá Lope de Gurrea, su tío, que ya es señor de Agüero en 1446.

No es necesario extendernos en las genealogías de la ilustre casa de los Gurrea, estudiadas por Castillo Genzor, señores de la baronía de este nombre de Agüero, baste con anotar que este linaje dio ilustres cortesanos, abades a Montearagón, virreyes de Mallorca y Cataluña, embajadores o bayles. A lo largo de los siglos emparentaron con los linajes mas preclaros de Aragón, entraron en matrimonio con los títulos nobiliarios de los marqueses de Navarréns, condes del Villar, duques de Gandía, vizcondes de Ebol, señores de Quinto, Laurés, Antillón, Sigüés o del Castellar.

E incluso emparentaron con los vecinos señores de Ayerbe, los Urriés, aunque son mas famosas las luchas entre ambos linajes. En 1402, sirva de ejemplo, fue quemada la cosecha de cereales de Alcalá de Gurrea y los Agudos << en la guerra que allí era entre don Antón de Luna y don Lope de Gurrea>>. Años después, en octubre de 1516, será el propio emperador Carlos V quien ordenará que terminen las luchas entre Urriés y Gurreas << que tenían perturbado el reino >>

CRÓNICA ECLESIÁSTICA

Agüero es una población que inicia su historia eclesiástica dentro del área geográfica de la diócesis de Pamplona. Aquí tenía, a fines del siglo X, el obispo Blasco- que creemos puede ser el de Pamplona, aunque en esa época existe otro del mismo nombre en Aragón- una serie de tierras que conforman su patrimonio y bienes. Desde tierras navarras partiría una larga marcha de influencias y gentes a esta tierra, traídas al largo pleito de límites como prueba de la navarrería episcopal de la Val de Onsella.

En el siglo XI, el obispo García de Aragón reivindicó estas zonas por hacer pertenecido antaño al obispado de Huesca. La larga lucha de límites entre los obispados Jaca- Huesca y Pamplona, sobre las tierras de los Mallos, provocó la actuación de varios Papas. Gregorio VII las incluyó en la diócesis jacetana en 1084. Alejandro III, en 1072, ya había intervenido en el problema. Urbano II, en 1089, volverá a actuar como lo harán Celextino III en 1155, o Pascual VI. En 1094 los dos obispos implicados llegaban a un acuerdo de no alterar el estado de la cuestión. En 1101, los obispos Pedro de Pamplona y Esteban de Huesca- Jaca, deciden que Agüero y Murillo queden para Pamplona, al par que el obispo oscense entrega a los canónigos de Huesca el monasterio de San Delices. Villa de San Felices, que recuerda el culto a san Félix extendido en el siglo XI y que era dominio de la familia de Jimeno de Cornelio en 1201.

La villa de Agüero avanza por la historia bajomedieval con noticias anecdóticas. En 1264 se ve involucrada en los problemas de la excomunión provocada por el rector García Pérez de Zuazu, quien se negó a pagar las rentas debidas al obispo pamplonés. En 1275 sabemos que pagar las rentas debidas al obispo pamplonés. En 1275 sabemos que pagaba veinte sueldos por concepto de la décima que se debe al obispo, décima que se paga en moneda jaquesa y no como es frecuente, en la navarra o <<sanchet>>. El 11 de abril de 1499 representa a la parroquial de Agüero en el sínodo de la diócesis de Pamplona el vicario de San salvador de Murillo: Pedro Matorral.

La parroquial de esta villa, sobre la que ejerce su dominio espiritual el obispo pamplonés, es un interesante edificio iniciado en pleno siglo XI. Dedicada a san Salvador, fue iniciada en planta con una sola nave y ábside, pero fue terminada en estilo gótico con las naves laterales y una puerta ojival cubierta, en la actualidad, con un curiosos atrio del que se ve la entrada a la cripta del siglo XVII, cripta convertida en Museo parroquial. En el interior, junto a retablos barrocos, hay un retablo mayor de talla- probablemente del siglo XVII, restaurado por Luis Galindo, que es párroco del lugar.

En la edad moderna, a lo largo de los siglo XVI y XVII, el lugar va incrementar su tesoro parroquial. Del siglo XV era ya una custodia relicario, pieza de especial interés, que se remata en Crucifijo y tiene viril desmontable. En el siglo XVI llega a Agüero un precioso juego completo de frontal, casulla, dalmáticas, capa pluvial, gremial y paño para facistol, en terciopelo carmesí basado en sedas con una gran finura. Todas estas piezas ostentan el escudo de armas del donante: Francisco Aznárez, un hombre que fue rector de la parroquial de Agüero entre 1527 y 1560, para ser luego canónigo de Jaca, ciudad en la que falleció en 1562. del siglo XVII quedan dos cosas: una cruz parroquial de plata sobredorada, en cuya base tiene una basílica de planta circular y un depósito para óleos en forma de candelabro. Completan el tesoro parroquial varios cantorales y una virgen románica, posiblemente del siglo XIII.

Es pieza datable a fines del XI, y en consecuencia, de gran valor, el tímpano de la parroquial del lugar, un tímpano románico presidido por las Maiestas Domini- Cristo en Majestad- escoltada por los símbolos de los cuatro evangelistas o Tetramorfos. Tímpano que contemplarían los grandes clérigos que nacieron aquí: Fray Angel Palacio y el doctor Pantaleón Palacio- y Villacampa. El primero – Angel Palacio- Fue carmelita descalzo y catedrálico de Artes de la Universidad de Huesca, luego de la de Roma y, por último, provincial de los Carmelitas en Aragón desde 1617. el otro Pantaleón Palacio, fue canónigo de Huesca en 1642, catedrático de Prima de la Facultad de Cánones de Huesca, canónigo del Pilar de Zaragoza en 1646 y juez de competencias del reino de Aragón. A propuesta de Felipe IV fue nombrado abad de Montearagón por el Papa Alejandro VII y consagrado como tal, el 29 de octubre de 1662, en la catedral de Jaca. Cuando muera, en 1665, será sepultado en el Panteón abacial de la Real Casa de Montearagón.

RECTORES PARA UNA PARROQUIAL

El año 1785, junto a otros pueblos, una Bula papal concedió el lugar de Agüero a la diócesis de Jaca. Terminaba así una larga historia de luchas diocesanas de límites. Y comenzaba el dominio jacetano que pronto iba a redactar un curioso estado de la cuestión eclesiástica en esta zona. El año 1786, el 23 de mayo, llegan al lugar de Agüero los visitadores que actúan en nombre del obispo de Jaca. En su relación se anota la existencia de 120 vecinos, una sola iglesia dedicada al Salvador y la vida de seis cofradías: la de San Miguel, del Rosario, la de San Pedro- abolida en 1804- la de San Roque, la de santa Quiteria y la de Hidalgos de Santiago.

En esa ocasión se anotaba que las cuentas de la primicia estaban muy confusas, cosa que ya no ocurre en la segunda visita conocida a este lugar. Por este inédito documento sabemos que, el 4 de octubre de 1805, la población es de cuatrocientas ochenta almas que se reparten en ciento treinta casas. Los patronos del pueblo son san Roque y santa Orosia, como lo habían sido el siglo pasado, por lo menos, si nos fijamos en un curioso relicario de plata, fechado en el año 1763, de Santa Orosia. Al frente de la vida espiritual del lugar hay un rector- José Morana, nacido en Alagón hacía 47 años- al que ayudan cuatro coadjutores y un beneficiado de sacristía.

La villa, a principios del siglo XIX, tiene dos lugares anexos: Lacasta y La Carbonera. Lacasta tiene siete casas, una iglesia dedicada a san Nicolás de Bari y esta a cuatro horas de <<muy mal camino>>. La Carbonera, por el contrario, es una sola casa de campo que sirve de habitación a los guardas de montes del señor de estos lugares. En lo que respecta al estado decimal, es decir, a los pagos que recoge la iglesia de Agüero, sabemos que se cultivaban una serie de productos como trigo, mixturas, ordio, cebada, centeno, lino y cáñamo. También había una fuerte ganadería- con corderos, cabritos y sus derivados, como la lana-, vino, aceite y, solo en los lugares anexos, quesos.

De todo esto va al obispo la cuarta parte de los frutos decimales recolectados, igual cantidad va para los clérigos del lugar, mientras al rector o párroco le corresponden las dos partes restantes. Colaboran en la recolecta de tributos todos los vecinos del lugar, cada uno de los cuales cobra un sueldo por cada cahíz de trigo porteado y ocho dineros por cargada de uvas traída al hórreo común. Además es costumbre darles pan y vino por cantidad no superior a cinco libras.

La iglesia parroquial, receptora en su mayor parte de estos frutos, esta regentada por un rector que es designado por el señor del lugar y aceptado por el obispo jaqués. Desde 1734, en el archivo diocesano de Jaca, se encuentran los expedientes de presentación de clérigos, todos ellos expedidos por la Casa y Honor de Gurrea. El primer testimonio conservado nos habla de que Maria Francisca Abarca, viuda de José Pedro Alcántara Funes de Villalpando y Gurrea, como condesa viuda de Atarés y del Villar y señora de la casa de Gurrea, presenta al obispo de Jaca su candidato a la rectoría agüerana: José Olivito. Sucedía este a Miguel Jimeno, que también recibió el favor de la Casa de los Gurrea el mes de abril de 1705.

En 1790 ejercerá este derecho Cristóbal Pío Funes de Villalpando Abarca de Bolea, siendo en 1820 el conde de Parcent y Contamina quien provea la provisión de la rectoría al morir José Morana. La entrada en el ejercicio del derecho de proveer la rectoría de Agüero de la casa de Parcent, nos la aclara la documentación que se presentó al nombrar rector a Pedro López de Betés. Dice el texto, de 1848, que << por cuanto como Barón de Gurrea, pertenece al referido excelentísimo señor conde de Parcent el Patronato de la iglesia de lugar de Agüero, en la provincia de Huesca y obispado de Jaca, y el nombramiento de Rector Párroco de la misma, de que se halla en quieta y pacífica posesión..>>

Este dominio de la Casa de los Barones de Gurrea, iniciado en la baja Edad Media, se conservará hasta fines de siglo. En 1887 y en el castillo de la Mezquita, Francisco de la Cerda y Carvajal otorga el título de rector a Manuel Gimenéz, un cura venido de Javierrelatre que no será ni bien recibido ni considerado decente por los agüeranos que, incluso, llegan a protestar oficialmente al obispo de Jaca. La carta es del 15 de agosto de 1887 y es remitida por el Ayuntamiento Constitucional de Agüero, corporación que no logró imponer su veto.

Firmaba el nombramiento del cura protestado, el poderoso conde de Parcent y Contamina, señor de Villatoro, señor de la Baronía de Gurrea de Gállego de las de Rasal, Sigüés, Agón y Apiés, señor de los castillos de mezquita, tormos, Artesona; titular de los lugares de santa Engracia, Santa Olaria de la Peña, San Esteban del Cascao, Gurrea, Agüero, etc. Además era Grande de España de primera clase, gentilhombre de Cámara de su Majestad, caballero de la Orden Militar de Maestrantes de Zaragoza y licenciado en Filosofía y Letras.

La villa real de Agüero seguía fiel a su vinculación con la Casa de los Barones de Gurrea. Se iba acercando el siglo XX y sus casas se hallabam pletóricas de hombres y mujeres, los gestores de un constante trabajo agrícola-ganadero que hacia del lugar tierra acomodada. Atrás, como siempre y por siempre, los Mallos de Agüero ponían una barrera infranqueable con el pasado de estas tierras. Una barrera, orlada por la sierra de Santo Domingo, que fue tierra de monasterios, que hacía mirar siempre al frente, a las tierras llanas del Somontano. Y como el Gállego, que discurre lentamente como si le pesara la rica historia que han visto sus orillas, era una llamada a recorrer los caminos que fueron abiertos por la reconquista. Una nueva sangría poblacional, nueve siglos después, que se hizo emigración.

Y quien quiera luchar contra este duro tener que irse de los paisajes natales, aunque solo sea en un itinerario emocionado, que salga a andar los caminos que nos acercan al viejo reino de los Mallos. Metan en la bolsa los trabajos de Ricardo del Arco, el hombre que publicó por primera vez la iglesia de Santiago en 1919; o de Ángel Sanvicente que ha escrito esas bellas notas sobre esta iglesia << nada tan próximo a un documento solemne del siglo XII>>. No olvidarse los trabajos de Durán, Ubieto, las generalogías de García Ciprés sobe los Gurrea, el trabajo de Conte sobre los hijos ilustres oscenses, las páginas de arte que hablan de cinco Villas y que son obra de Abbad, las exactas anotaciones de Federico Torralba sobre el arte aragonés, o las viejas apreciaciones de Porter.

Pero si se ha dejado todo ese bagaje en su punto de partida, ponga atención en lo que ve. Observe esos <<preciosos signos de cantería que son un testimonio del cumplimiento de un gran voto que debía durar perpetuamente>>. Repase la vieja inscripción, en la columna del muro de cierre, que nos da el nombre de uno de los maestros de Santiago de Agüero: ese Deia de Aresa que, según el texto, la hizo. Salga al exterior, repasando la portada para encontrar otro testimonio de deseo de eternidad: el del cantero Imholl, que no resistió la tentación de firmar en el ábside... Mire el paisaje que le rodea, intuya el pueblo de Agüero al pie de sus mallos, escuche ese lenguaje pecualiar de la llanura que le sea agradable ese regresar a los primeros tiempos de nuestra historia.

La tierra exhibe sus tonos rojizos recortándose sobre un cielo de color azul. Las blancas casas de esta villa real se apiñan al sol, los olivos se retuercen en lontananza y el campo tiene olor a romero y espliego. Estamos en tierras de Agüero.

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VALDERROBRES Y EL MATARRAÑA

SITUACIÓN DE VALDERROBRES

Hallase situada esta villa a 213 kilómetros de Teruel, capital de su provincia, a 130 de Zaragoza y 165 de Huesca, distando 45 kilómetros en línea recta de San Carlos de la Rápita, ya en el Mediterráneo.
El remotísimo origen de Valderrobres aparece ya registrado en tiempo de los arévacos, a orillas de un río de caudal perenne; el Matarraña, que, después de nacer en los Puertos de Beceite, va a morir al Ebro en las cercanías de Fayón.
Situada nuestra villa sobre una colina, el Matarraña pasa lamiendo sus plantas bajo el puente de Piedra, hermosa obra gótica de tres arcos, cuyas limpias aguas cortadas por esquinados tajamares dejan la villa a su derecha, asentada sobre la colina que, de carácter al poblado, <<formando sus calles muchos graderíos, excepto la Mayor, que es llana, y viene a ser como la base del anfiteatro que forman los edificios, extendiéndose aquella de uno a otro extremo de la villa>> (1).

Calle es esa, quizá, la única nivelada de Valderrobres que, corriendo paralela al río, toma el nombre de Llana, en la cual aparecen las mas rancias viviendas de la población civil.

Otro puente mas moderno que el precitado de San Roque es el llamado de Hierro, que comunica la población con los arrabales de la misma.

Oteando desde los altos de Valderrobres por el Ebro hacia el Mediterráneo, entre Alfara y Más de Barberans aparecen terrenos poblados de almendros, y después, hasta cerrar la visual, no se ven sino bosques de pinos rodeando la espectacular y accidentada comarca. <<En el desigual aunque no montuoso terreno que al este de Alcañiz se extiende entre el Guadalope y la frontera catalana, a la sombra de espesos olivares y en medio de feraces huertas, viven crecidas poblaciones, gratas y risueñas al viajero, indiferente al artista; Monroy, cuyo castillo albergó prisionero en 1452 al Príncipe de Viana; Valderrobres, honrada en 1429 con la celebración de Cortes y con la permanencia de Alfonso V; Fresneda, Valjunquera y Valdealgorfa, decoradas con suntuosas parroquias de tres naves.>> Esta era la opinión que sobre la comarca tenía el curioso viajero y arqueólogo, señor Quadrado, a mediados del siglo XVIII (2)

No tengo duda de que el célebre arqueólogo e historiador paso de largo por la comarca, quedando sin contemplar nuestro singular castillo señorial del arzobispado, las atrevidas naves de nuestra arciprestal iglesia, del mas puro estilo gótico, y muchas cosas mas que, quizá por la pasión y el menguado gusto de algún ligero informador, hizo desistir al sabio menorquín de su visita a Valderrobres, en aquellos días de pésimas comunicaciones; pero el investigador y la historia lo perdieron.

Un curioso viajero y recopilador, contemporáneo de Quadrado, nos dice de Valderrobres que <<en la plaza se hallan las Casas Consistoriales con la cárcel del partido y sala de Audiencia del Juzgado>>. Y que sus principales riquezas económicas eran el aceite, vino y cereales; ganando lanar, conejos y perdices. Tenía 569 vecinos y 2.276 almas, siendo su presupuesto municipal de 30.000 reales (3)

CONQUISTA DE VALDERROBRES POR ALFONSO II

En la comarca de la <<Caja>> mandaron los visigodos y musulmanes, pero los afanes de reconquista en los cristianos no estaban dormidos. Muerto el << Batallador >>, tras el breve reinado de su hermano Ramiro II el << Monje>> sucedió a este Ramón Berenguer III, conde catalán, casado << nuptiarum futurarum >> con la hija de Ramiro el << Monje >>, Petronila de Aragón, de cuyo matrimonio nació Alfonso II el << Casto >>, que siguió la lucha contra los Musulmanes a partir de la marca del Ebro donde la había dejado el bravo << el Batallador >>. Muerto Ramón Berenguer III, príncipe de Aragón y conde de Barcelona, fue llevado a enterrar al monasterio de Ripoll. Entonces, doña Petronila reunió Cortes en la ciudad de Huesca, en las que, al ser reconocido de sus derechos su hijo Ramón, le hizo mudar su nombre de rey por el de Alfonso.

Después, Alfonso II reunió Cortes en Zaragoza, donde él y los ricos hombres juraron los fueron que convenían al buen gobierno de los estados de Aragón. Confirmó después don Alfonso todos los privilegios que anteriormente gozaban la iglesia y aquellos ricos hombres, dándose entonces por entero a la reconquista.

Era por el año 1170, cuando las fuerzas cristianas entraban por las tierras de los ríos Martín, Guadalope, Matarraña y Algás, viendo el rey grandes posibilidades en el avance. <<Por este tiempo se hazía muy gran guerra a los Moros que estauan en la región de los Edetanos, en los castillos y fuerzas que tenían en las riberas del río de Algás, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, La Frexneda, Valderorraña...>> (4), después de haber ganado las tierras de los confines de los edetanos e ilergaones, con la eficaz ayuda de los caballeros Hospitalarios y Calatravos, a los que se dio <<buena parte de lo que conquistaron>>, cosa muy corriente en las acciones de la reconquista. Valioso testimonio, este que nos da el maestro de los historiadores españoles. Segura refrendación de que en 1170 Valderrobres cayó en las manos cristianas de Alfonso II, cerrado así este periodo de contiendas, abierto en tierras del Islam.

Por <<Peña de Aznar la Gaña>> se conocían Valderrobres y tierras que la circundaban. Con ese nombre aparece citada en muchos documentos del nombre del rey. Se hallaba el del obispo de Zaragoza, don Pedro de Tarroja, a tiempo que el hermano de éste, don Guillén, era nombrado obispo de Barcelona, en la silla que había ocupado don Hugo de Cervellón.

Adelante siguió la reconquista y, después de haber ganado las orillas del Guadalope, se estableció frontera de Alcañiz a occidente, ganando después; Calanda, Aguaviva, Castellote y Las Cuevas, guardando seguros empresas el rey fue ayudado también por los Hospitalarios y Calatravos, a los que después se unieron los caballeros de Santiago, sobre todo en la conquista de la plaza de Montalbán.

EL CASTILLO- PALACIO DE VALDERROBRES, RECONSTRUIDO POR LOS ARZOBISPOS FERNANDEZ DE HEREDIA Y DON DALMAU DE MUR

En lo más alto de la colina sobre que se asienta la villa de Valderrobres, pegado a la iglesia de Santa María la Mayor, con la que comunica por estrecho pasadizo, aún se yergue orgulloso el castillo feudal y señorial de los prelados de Zaragoza, mansión de éstos durante su permanencia por estas tierras, el cual, al evolucionar de modo de vivir de la alta clerecía, fue perdiendo su oficio y misión para que fue levantado por sus poseedores habiendo caído por ello gran parte de si ornamentación primitiva, pero aun conserva partes muy interesantes. En 1989 decía de él un culto sacerdote: <<Es un edificio colosal, todo de piedra de sillería, del que aún se conservan los inmensos paredones, arcos ojivales, etc., dominado la población>>.

Se ve muy repetido un escudo de piedra con siete castillos, coronado por una cruz parecida a la de la Orden de Calatrava. En el curioso manuscrito, hecho por más curioso hombre, se lee después: <<Las armas son del arzobispo don García Fernández de Heredia, asesinado cerca de La Almunia>> (5); y estaba en lo cierto el curioso Mover.

Puestos a estudiar este castillo, que mas parece palacio por el carácter de las zonas reconstruidas en él, al objeto de servir a los fines de los prelados, afecta una irregular forma rectangular, con un exterior gran plaza de armas protegidas por gruesa muralla de vara y media de espesor, que aún conserva sus torreones, desde donde se domina todo el recinto que albergaba la población. Hermosa y amplia panorámica la que desde esta plaza puede gozarse; desde allí, la lejana <<Caixa>> y sus alrededores, la <<Picotsa>> y hasta los puertos de Beceite.

Yacente, a los pies de la iglesia, se abría la entrada a la plaza de armas del castillo, viéndose otro acceso, girando 180 grados hasta llegar al ábside de la misma iglesia, cerca ya del viejo camposanto, abriendo el paso, hermosa pero sencilla puerta apuntada, de piedra. Los dos accesos conducían a la plaza de armas que, por su parte posterior, cerraba la fachada principal del castillo, donde a su derecha se abre otra puerta gótica, ligeramente

*(5) MOVER, GREGORIO: Libro de Visita pastoral, hecho por D ........... durante el arzobispo de D. Vicente Alda. Fº 15. Arch, del Palacio Arzobispal de Zaragoza.


Apuntada, sobre la que aparecen las armas del arzobispo Heredia: siete castillos de plata en campo de gules, cuyo escudo veremos profusamente repetido por toda la planta baja de la fortaleza, dándonos a entender la hidalguía e importancia de aquel arzobispo, aragonés de Munébrega, hijo de un gran maestre de la Orden de Malta.

Probablemente esta fortaleza fue erguida por los árabes, antes de verse amenazados por el avance de los cristianos, ya peligroso en tiempo de Alfonso I el <<Batallados>>. Mas, después de estudiada la parte mas antigua del baluarte, poco o nada hemos hallado pertenecientes a los agarenos; sí de época inmediata a su marcha.

De la conquista de la comarca por el rey <<Casto>>, solo breve nota nos da nuestro gran cronista: <<Por este tiempo, MCLVII, se azía gran guerra a los moros que estauan en la región de los edetanos, en los Castillos y fuerças que tenían en las riberas del río de Algas, y se ganaron los lugares de Fauara, Maella, Maçaleón, Valdetormo, la Frexneda, Valderobres, Bezeit. Rafals, Monroy y Peñarroja, que están en las riberas de Matarraña>> (6) Luego por lo leído en nuestro grave historiador, aquellas plazas del Algás y Matarraña estaban defendidas por fortalezas levantadas por musulmanes.

Sin embargo, aquella de Valderrobres que perdieron los agarenos, debió mandarla reconstruir su conquistador Alfonso II, que, por ser sitio aquel fácilmente defendible, lo acomodaron para residencia real, y con este carácter llegó a ser posesión de los obispos; mas tarde, del arzobispo Fernández de Heredia, que, comenzada su prelacía en 1383, mandó trazar los planos del nuevo castillo para, sobre el mismo solar donde antes se levantará el regio alcanzar del rey de Aragón, en el que tantos acontecimientos históricos tuvieran lugar, ahora se levantara en la feudal mansión de los señores de aquellas tierras, mandando don García edificar los subterráneos y la primera planta para que, mas tarde, su sucesor, don Dalmau de Mur y Cervellón, catalán, de Cervera, hiciese construir la parte superior, terminada en un gran corredor en el que se abrían redondos óculos desde donde atisbarían los vigías la geografía de los alrededores.

En esos muros exteriores se levantaban tres torres: una al centro y dos en las cantoneras, las cuales terminaban en pequeñas terrazas almenadas desde las que los andadores ejercían su función.

La impotente <<Torre Maestra>> o del homenaje, como señora de la fortaleza, se levantaba en el interior, sobresaliendo entre todas. Hoy, perdidos algunos de los cuerpos superiores, rendida se siente por el tiempo.

DEPENDENCIAS DEL ANTIGUO CASTILLO- PALACIO

Por suerte, entre los documentos del Archivo histórico de Zaragoza, hallamos un relato de la visita que, en tiempo del arzobispo don Fadrique de Portugal y por su encargo, hicieron los arquitectos zaragozanos, Juan de la Mica y Juan de Galí, a distintas propiedades del arzobispado; una de ellas a Valderrobres (7).

Al castillo se entraba por las dos puertas laterales, abiertas, en la conjunción del castillo con la iglesia, las cuales conducían a la amplia plaza de armas. Allí se abría una puerta gótica de largas dovelas. Traspasada a mano izquierda se entraba en la << establía >> o caballerizas. Más adentro aún había otra gran estancia. En el mismo paso, también a la izquierda, se abría el alojamiento para los mozos de caballos. Al frente del corredor se llegaba a un gran recinto cuadrangular, de características semejantes a una sala capitular, ya que en ella aún se conserva el poyal donde se sentaban los concurrentes, el cual recorre todo el recinto a excepción de los vanos. Iluminaba la estancia la luz solar que entraba por dos ventanas, << con dos rexas de ferro>>


(6) ZURITA: Anales de Aragón. Lib. II, fº 75
(7) protocolo del notario Salvador de Avizanda. 1532. Arch. Histórico de Zaragoza.


Esta, que debió ser cómoda estancia, se cubrió con bóveda plana sostenida por arcos rebajados. Al fondo e izquierda se abría otra puerta, en cuya clave figuraban las armas de Fernández de Heredia, que daba paso a la bodega vinaria, << en la qual hay tres cubicas y no se siruen dellas; la una es de cabida de dotzne nietros, poco mas o menos, la otra es cabida de ocho nietros.., y otra es de cabida de deys nietros de vino >> (8)

LA CÁRCEL DE LA CLERECÍA Y EL GRAN SALÓN DE LAS <<CHIMENEAS>> DONDE SE CELEBRARON LAS CORTES DE VALDERROBRES.

En nuestra exploración por las dependencias del castillo hallamos una, llamada cárcel clerigal, en la que, bajo la solera del dicho calabozo observamos Sala de Deliberaciones, a la entrada del castillo de Valderrobres, en la clave de cuya puerta aparecen las armas del desgraciado arzobispo D. García Fernández de Heredia


(8) Visita hecha a las propiedades del arzobispado de Zaragoza. Prot de Salvador de Avizanda. Año 1532


Una brecha por donde se podía bajar al llamado <<Pozo de la mano peluda>>, ante el cual los padres solían amedrentar a sus hijos cuando, buscando el peligro, fueran por los recovecos del histórico castillo. Mas aquello no era, ni mas ni menos, que la bajada a un pasadizo de liberación que, a través de él, se llegaba hasta la orilla opuesta del Matarraña, cuando el fuerte estuviera sitiado por fuerzas del exterior. Esta, y no otra razon permitio a Zaragoza, que castigado allí estaba, cuando de la prisión huyó.

Puerta contigua y en ángulo con la que da entrada al descrito calabozo era el paso que utilizaban los prelados y señores, cuando iban desde sus habitaciones de palacio hasta su capilla de la iglesia de Santa María la Mayor.

Desde este punto, subiendo por una escalera, se llegaba al amplio recibidor, donde por dos puertas de medio punto, rematadas por el escudo de las armas de los Heredia, se entraba al gran salón de las Chimeneas, de gran extensión y altura, cubierto por bóveda apuntada, cuyos arcos sustentadores de la cubierta aparecen hoy desnudos, simulando las costillas de un gran esqueleto. En el testero se abren dos ventanales ajimezados, de los que han caído sus finas columnas o ajimeces. Entre ellos, a lo alto, aparecían de nuevo las armas heráldicas del arzobispo Fernández de Heredia, y, a la altura de la superficie de la solera, se abría una gran chimenea cuyo fuego daba calor a la presidencia.

En los paramentos de la derecha había otros tres grandes ventanales góticos rematados por finca crestería calada, que sostenían delgadas columnas cilíndricas a manera de ajimez. En el centro de este amplio paramento se abre otra chimenea, y una tercera en los pies del salón. Esta, mas grande que las demás. Encendidas todas ellas, constituían la calefacción de este vasto recinto, donde en el invierno de 1429 se reunieron las cortes convocadas por el rey Alfonso V de Aragón.

En este mismo recinto se celebraban los grandes agasajos culinarios. Por adaptación, a los pies de la estancia se abría estrecha puerta, por donde pasaban las viandas al gran salón donde se hallaban los comensales.

LA GRAN COCINA DEL CASTILLO- PALACIO

En aquel amplio recinto, ya descrito, se celebraban los dichos festejos culinarios de que los prelados eran anfitriones; por eso, la dependencia en que ahora estamos era vecina a la del arte cisoria, cosa que nos aclara el documento de 1532, cuando leemos: <<Item, entrando por la derecha sala, a mano derecha esta la cozina con un fornico para cocer pan o pasteles. Esta la chamynera algo dirruyda>> (9). Era ésta una cuadrangular y ancha estancia, hoy llena de escombro, bajo el cual yace el fogón.

En la parte baja, a un lado, se abría horadada la pared, formando una credencia o foramen a manera de torno, par el servicio que a estos se da en los conventos, comunicando la cocina con el comedor, para por dicha abertura pasar los alimentos.

Cocina era de gran altura. De la solución cuadrada se pasaba a la octogonal por cuatro trompas persas abiertas en los vértices, sobre las que aparece montada la solución ochavada, elevándose a la altura de los ocho paramentos para reunirse en un óculo central, desaparecido hoy, al caer el suelo la cubierta de la dependencia. Por dicho óculo salían los humos. Estupenda dependencia digna de estudio, aunque una muy semejante a ésta, hemos visto en el recinto, hoy destinado a museo, de la catedral de Pamplona.

Un poco mas adentro estaban la recocina y despensa, como expresa el citado protocolo de Zaragoza: << Item, entrando por la dicha sala, a mano izquierda, hay una cambra con su chaminera. Esta buena. Item, mas adentro de una cámara entablada y dentro de aquella hay setze jarras de tierra, y las tres dellas son quebradas. Item, mas adentro hay otra estancia y, dentro de aquella, otra. Están buenas >> (10)


(10) Ibidem.


Sin duda, en las dichas estancias guardaban los aprovisionamientos de cocina, salazones, conservas y los consiguientes adminículos.

LA <<SALA DE LOS LEONES>>

Aún quedaban en el palacio algunas estancias de primer orden, hoy desaparecidos. Observamos esto al leer en el protocolo: <<Mas adentro hay Otra estancia que se dice de los Leones>>. Sin duda era una sala, llamada, así, por esta delicada al rey de la selva, de cuya imagen aún queda representación. Recuerdo que una de las noches en que residía en Valderrobres, paseando iba después de cenar, bajo la fina lluvia, cuando al pasar el portal de San Roque advertí dos altos pedestales que en su cima mantenían un león cada uno, tallado en piedra, pareciéndome obra de mucha antigüedad. Estos eran los << leones >> que daban nombre a una de las salas principales de la mansión arzobispal. Decimos esto porque, en tiempo en que se escribió el protocolo notarial, este le daba su importancia.

LA <<CÁMARA DORADA>> Y LA <<NECESARIA>> DEL PRELADO

Bien conservada estaba aún la llamada Cámara Dorada, que se hallaba un poco mas allá de la sala de los leones y, a juzgar por lo que dice nuestro documento, estaba en buen estado cuando los arquitectos del arzobispo la visitaron, en el primer tercio del siglo XVI. El testimonio notarial, tantas veces nombrado, dice que, después de la de los Leones, hay << otra estancia mas adentro, que se dize la CAMBRA DORADA >>. Una vez hecha la inspección, sanciona diciendo: << está buena >>

Debió ser esta una de las mas ricas dependencias del castillo- palacio, hasta inclinarnos a creer que debió estar cubierta por un artesonado hecho por el gremio de los fusteros, que en aquellos tiempos tan queridos eran para ornamentar esta clase de construcciones. Por eso, con este nombre se conoció la sala, donde luciría el oro del arzobispo y hasta quizá sus armas heráldicas, mas en la actualidad nada queda ya de ello.

Marchando íbamos entre las ruinas de la arquiepiscopal mansión con nuestra descripción en las manos, siguiendo la ruta de los <<obreros de villa>>, leyendo a continuación: <<antes dentrar en una scalera que baxa a la capilla del arçpbispo hay una necesaria, y, baxando una scalera y enfrente de aquella, hay una capilla que se dize del arçobispo>>.

Aquella que lo arquitectos Mica y Galí llaman <<necesaria>> era una piedra horadada con dos orificios redondos, en uno de los cuales se sentaba a haces sus necesidades el prelado. No importa que fuera bipersonal. El retrete, con su piedra, era un saliente al abismo por el que caía despojado el <<detritus>>, consumiéndose en la base exterior de castillo.

El orificio del lado izquierdo del lado izquierdo aparece hoy descantillado, inclinándome a creer que no fue esto por el uso, sino por el abuso de los <<honderos>> errantes del castillo señorial, que quizá en ellos tomaron venganza del histórico señor personal.

De esta capilla de los señores arzobispos pasamos de largo por describirla al hacerlo de la iglesia arciprestal.

HABITACIONES ALTAS PARA LOS SERVIDORES DEL PRELADO

Ascendiendo por la escalera se llegaba a un << patín >>, por el que se entraba a una << olivera >>, donde, para el consumo de la casa, acostumbraban guardar la aceituna de la cosecha, y no era solo este lugar donde guardaban tan rico fruto: llenaban, también de él, otras dependencias.

Alrededor de aquel <<patín>>, que era un gran patio, se abrían otros dos, con sus arcos de cubrición, descubiertos, cuyos lugares habían sido en otro tiempo sendos alojamientos. En una de las pequeñas estancias se veía otra << necesariamente >> o servicio higiénico, que debió ser destinado a la servidumbre o al cortejo prelacial.

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARÍA LA MAYOR

Casi a la altura máxima que domina la villa, donde se alzan los muros del castillo, pegada a este y con él comunicada, se levanta la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, cuyo nombre, mas tarde del Pilar.

Fue la iglesia de Valderrobres construida en tiempo del rey Jaime II de Aragón, comenzando las obras a fines del siglo XIII.

Toda la iglesia está construida de piedra, en purísimo estilo gótico de la época, apreciándose esta particularidad en todo el conjunto.

Es de planta de una sola nave, ancha y de espléndida proporción, como para albergar un crecido número de feligreses en los oficios.

Sin crucero, con cabecera de línea heptagonal. La nave se alarga si correr de tres tramos; el último, a los pies, quedó derruido en 1865, porque <<se deslomó parte de la Iglesia, por detrás del Coro actual, y aún no se ha levantado lo caído. Sucedió hace unos 23 años>> (11)


(11) Libro de Visita Pastoral, hecho por don Gregorio Mover en 1898, najo en el arzobispado de don Vicente Alda. Manuscrito de la Secret, del Palacio de Zaragoza.


Muy curioso es el ábside del que, entre sus contrafuertes, salen proyectadas hacia el exterior tres capillas pentagonales de reducidas dimensiones. De la clave del interior de dicho ábside bajan ocho nervios hasta derramar en la solera, entre los que se abren siete esbeltos ventanales góticos; tres prácticos y cuatro ciegos o simulados con leve baquetonado.

CAPILLA-TRIBUNA DE LOS PRELADOS DE ZARAGOZA

A ambos lados del primer tramo se abren gemelas capillas laterales de igual altura, cuyas cubiertas son sostenidas por haces de cinco nervios radiales. En este tramo, a la izquierda, se aloja antigua y sumaria pila bautismal. Sobre la bóveda se abre ideal y discreta y discreta tribuna, desde la que los prelados de Zaragoza asistían a los oficios religiosos, cuando aquellos ejercían su dominicatura sobre las tierras de la comarca.

En la tribuna, cerrada a la nave por bella celosía de arcos ojivales, entrecruzados, de piedra finamente labrada, los prelados tenían en ella su Capilla particular para celebrar en privado. A ella se accedía, bien por escalera de caracol, desde la iglesia, bien por estrecho pasadizo desde una de las salas del castillo, en el que aparecen labradas en piedra las armas de los arzobispos López de Luna y Mur y Cervellón.

En el suelo de esta tribuna se hallaba entablado, así como las paredes de la misma, hasta la altura de dos varas, para combatir el duro clima de esta tierra.

En el tramo central de la iglesia se abre a derecha la puerta principal, sobre la que aparece enorme y bello rosetón, uno de los mas espléndidos de su estilo y tiempo. Frente a lo descrito, junto a pequeño recinto que fue Baptisterio, modesta puerta cierra el paso a la escalera espiral de piedra, donde entra luz natural por delicado ventanal trilobulado. Esta es la escalera de caracol ya nombrada que conduce a aquella hermosa capilla privada de los prelados.

UNA ANTIGUA CAPILLA EN EL TIEMPO, CUBRICIÓN DE ESTE.

En el testero del último tramo, hoy en reconstrucción, se alzaba el coro y, sobre éste, el órgano.

En el lado de la Epístola se abría el altar de Santiago y, en el Evangelio, una de las capillas mas antiguas del templo, a juzgar por la historia esculpida en la clave de la techumbre, donde se veía la imagen de un rey, quizá Jaime II, mostrando un pergamino en sus manos, que era la escritura de fundación del templo y el dinero para costear la obra.

Bajo el coro se abría una puerta rematada por pomposo gablete gótico al exterior, comunicando la iglesia con la calle, junto a los muros del castillo y una de las dos puertas que lo franqueaban.

En general, es muy simple la cubrición de la amplia nave de esta iglesia, cuyos tramos son sustentados por cuatro nervios mixtilíneos del incipiente estilo gótico, de piedra, los cuales e unen oblicuamente en la clave después de recorrer la cubierta, para en su bajada descansar junto a los paramentos, sobre cinco baquetones en minoración, que adelgazan a medida que se aproximan a la pared.

Muy curiosas e historiadas son las claves que encierran las cubiertas. La de la cabecera tiene esculpida la figura de la Virgen con un ángel a cada lado; el Niño sobre el brazo izquierdo, y en su mano derecha porta un roble, símbolo heráldico de la histórica villa. La clave del segundo tramo muestra en relieve la figura del Cordero, emblema de la Iglesia Metropolitana de Zaragoza. En la tercera clave aparece el obispo de Zaragoza, revestido de capa mitra y báculo, bendiciendo el templo de Valderrobres, con un diácono a cada lado.

EL ALTAR MAYOR, DE JERÓNIMO VALLEJO, <<COSIDA>>

Fue deseo de don Hernando de Aragón, nieto de Fernando el Católico, construir en Santa María la Mayor un altar, digno de esta predilecta villa de su archidiócesis, había llegado don Hernando a Valderrobres, en marzo de 1545, habiendo entrado en las tierras de su dominicatura, <<porque había mucha necesidad de su presencia en aquel lugar y su tenencia >> (12).

Era sábado, víspera de Pascua de Resurrección, cuando el prelado se decidió a realizar algunos proyectos que, en favor de Valderrobres tenía. Uno de esos días administró la Confirmación a todos los críos de la villa y alrededores. A continuación, bendijo dos campanas, quizá para la torre de la iglesia.


(12) ESPÉS, DIEGO DE: Historia eclesiástica. Ms, de la Seo de Zaragoza. Fº 806, vº


Otro día llamó a Jerónimo Vallejo, << Cosida >>,su consejero artístico,<< el mejor de cuantos pinto res ha habido en Aragón en aquellos siglos >> (13) , para comunicarle su deseo de construir un altar mayor para la iglesia parroquial, quedando concertada la confección de dicho retablo , en esta misma villa, el día 6 de mayo, ante el << notario Hierónimo Paier, y Jerónimo Balexo, pintor, que era de los mas hábiles y aventajados del reino, en tiempo de tres años... por precio de la primicia que el pueblo tine por once años, que valdrá dos mil quinientos sueldos y. el arzobispo se obligó a dar luego para que el pintor empezase la obra, trescientos ducados, que de esto les quizo ayudar y hacer merced >> (14). También se ajusto que la obra << había de ser muy buena pieza, así el retablo como las puertas muy bien pintadas>> Finalmente, a 27 de agosto de aquel año, se ultimó el compromiso de Zaragoza, ante el notario Juan de Alfaxarín; mas, nada importante recoge este protocolo, por hacerse escriturado antes las características de la obra, en el precitado documento de mayo, en Valderrobres (15)

Se sabe que, en el tiempo convenido, << Cosida>> dejó terminado el retablo, tanto la labor de pintura como la de fustería, quedando dividido en cinco calles, con un bello basamento de mas bellas perspectivas que franqueaban dos puertas para dar paso al trasaltar, en las que pintó las imágenes de San Pedro y San Pablo, terminando este colosal retablo en un ático, donde aparecía el Calvario.

A la altura del segundo cuerpo, dentro de una hornacina, fue colocada la imagen de Santa María la Mayor, bella escultura tallada en madera por el cincel de Bernardo Pérez, célebre imaginero que había trabajado en el sepulcro del abad, Lupo Marco, que aún puede verse en la iglesia del Monasterio de Veruela y también, en el enterramiento del arzobispo don Hernando de Aragón, contratado con el prelado en 1550, y montado en la catedral de la Seo de Zaragoza.

Sobre la hornacina de la Virgen, en un vano aparecía un círculo sostenido por dos ángeles, dentro del que se albergaba la custodia con el santísimo, como era costumbre manifestar en los templos aragoneses.

El gran retablo de Valderrobres iba encerrado en anchas pulseras, apareciendo en ellas, a la altura del tercer cuerpo, en ambos lados, las armas parlantes de Valderrobres a gran tamaño y, también, duplicadas en lo alto de las pulseras, las armas genealógicas de la casa real de Aragón, a la que pertenecía el arzobispo don Hernando.

Durante nuestra guerra civil, parte del retablo fue destruido, salvándose importantes fragmentos de él, entre los que se cuentan; la predela, una de las puertas y gran parte de la fustumbre, lo que, con ayuda de algunos testimonios gráficos, se pudo después restaurar y completar, por los hermanos Albareda. Hoy, tan bello y monumental retablo se halla almacenado en uno de los desvanes del viejo Hospital de la Caridad, en la misma villa.


(13) ABIZANDA Y BROTO, M,: Historia y literaria de Aragón, tº II, pág. 48
(14) ESPÉS, DIEGO DE: Op. Cit.
(15) Archivo Histórico de Protocolos. Zaragoza. Escribanía de Juan de Alfaxarín 1945, fº 450


LA MONUMENTAL CRUZ PROCESIONAL VALDERROBRES

A todos interesa conocer el valor de esta poco conocida joya de nuestra villa turolense.

Tan hermosa pieza fue extraviada en los días de nuestra guerra civil. Durante la contienda, alguien la retiró conociendo su valor, además de otras joyas, guardándolas en lugar seguro. Al terminar la guerra fue traída a Zaragoza por la junta de Recuperación, depositándola en el Museo Provincial. Allí, dentro de una gran vitrina, se expusieron buen número de cruces profesionales, procedentes de otros tantos lugares. Serían de ocho a diez las que esperaban que alguien las reconociera y reclamará.

Poco a poco se fueron devolviendo a su lugar de origen, éstas y otros objetos litúrgicos, quedando al fin en dicho Museo solamente una de gran tamaño. Las restantes, si no se devolvieron a su procedencia, se entregaron en el Palacio Arzobispal de Zaragoza.

Allí durmió varios años la cruz de Valderrobres, como también había dormido en nuestra ciudad, cuando fue exhibida en la Exposición Hispano-Francesa de 1908-1909, entre las joyas mas selectas de conocidas en España.

Esta alhaja es de grandes proporciones, una de las mayores en su género; 1,30 de altura por 0,60 de extremo a extremo de los brazos. Toda ella es de plata contrastada, aunque alguna de las partes, fundidas (las figuras); otras, de gruesa chapa repujada, yendo toda clase de piezas cinceladas o repasadas a buril. Una vez estudiada, hemos comprobado ser obra del siglo XVI.

La cruz tiene dos caras, cuyas faces presiden las figuras de Jesús crucificado y la Virgen con el Niño. En la primera, el centro del travesaño. Aparecen los medallones cuadrifolios con los símbolos de los evangelistas; a izquierda, el león de San Marcos; a derecha, el toro de San Lucas.

La figura de Cristo centra la luz, apareciendo con las características goticistas que requiere el conjunto de la obra. Los terminales del brazo rematan en hermosas macollas repujadas, yendo todo aquel, rodeado de delicada crestería. En el brazo vertical de la joya se completan los símbolos de los evangelistas, viéndose arriba el águila de San Juan y, abajo, el ángel de San Mateo. Sobre y bajo ellos, se repiten las macollas terminales del brazo.

La base de la cruz está formada por un gran nudo en forma de templete, de traza gótica, el cual coronan ocho Apóstoles con sus correspondientes atributos, cerrando el remate en línea poligonal. En la parte baja y mas gruesa del nudo, aparece un momento del Tránsito de la Virgen, acostada en su lecho, rodeada de los Apóstoles. En el fondo, aparece el alma de la Madre de Dios subiendo al cielo, amparada por dos ángeles. Sobre el grupo, la figura del Padre Eterno con el Espíritu Sano en forma de paloma. Bellísimo grupo donde el artista ha agrupado figuras y símbolos, en el menor espacio.

En las hornacinas laterales del hexágono que forma el templete se albergan dos Apóstoles, los cuales, hasta el número de doce, aparecerán en la cara opuesta.

Toda esta complicada imaginería aparece alojada bajo doselete gótico, viéndose las escenas separadas por decorativos angulares, colocados a manera de los arbotantes de nuestras góticas catedrales, que dan cierta delicadeza al conjunto.

En el envés de la cruz aparece la imagen de la Virgen, centrando aquella.

En los laterales del travesaño, a la altura de Nuestra Señora, aparecen las imágenes de San Juan y María Magdalena, en bulto redondo, sobre cuadrifolios.

En lo alto del vertical de la cruz, sobre otra plancha cuadrifoliada, aparece un hermoso pelícano con sus tres crías, encima de un nido caprichosamente tejido con filamento de plata. Simbólico tema, que acrecienta nuestra admiración por la contagiosa simpatía que despierta esta graciosa figura.

Bajo la imagen de María, sobre otra plancha similar a las anteriores aparecen la figura del arcángel San Miguel como jefe de la milicia celestial, cuyo motivo, al igual que los oreos tres citados, remata en una gran macolla.

Igual que en la cara anterior, en el basamento vuelven a aparecer los apóstoles alojados en sus capillitas, coronado esta parte de la rica obra. Mas abajo. Cobijado en caprichoso dosel, centra el templete el grupo del Descendimiento de la Cruz, en el que Jesús aparece sostenido en pie por la Virgen y San Juan, viéndose en el fondo la cruz de su martirio.

El gran artista, creador de esta magnífica joya, nos ha recordado en la agrupación de sus masas aquellos grupos de imaginería tallados por los Morlanes, Joly, Forment y Pedro Moreto, alojados en los altares de los templos catedralicios de las tres provincias aragonesas, los cuales eran concebidos al mismo tiempo en que Orona construía la singular cruz procesional de Valderrobres.

EL PUNZÓN DE ZARAGOZA, CON EL LEÓN.
Y LA FIRMA DEL ORIFICE QUE CONSTRUYÓ LA JOCALIA.

Difícil es hallar en joyas de esta especie la filiación de ellas y nombre de su artífice, porque hasta finales del siglo XV rara vez firmaban su obra los plateros. Pero ya entonces se notaba la necesidad de una garantía o fidelidad, exigidas en el servicio público, lo que, atendido por los Reyes Católicos, fue cuando dieron órdenes para que en las ordenanzas de los gremios se incluyera una por la que se decretaba que cada platero tuviera su punzón propio, con el que marcaría las piezas procedentes de su taller.

ORONA

Nada que pudiera identificar la joya aparecía en la cruz de Valderrobres; sin embargo, desmontada, de cinco a seis veces apareció el punzón de Zaragoza que, con una sola vez, hubiera quedado cumplida la ordinación real.

También en nuestro reino los plateros de Teruel, bien marcaban las tres primeras letras, bien las seis del nombre completo; TER o TERUEL y, debajo, su inconfundible torico, con el truco pendiente de su cuello.

Los de Huesca firmaban OSCA, con la imagen del guerrero victorioso sobre su caballo. Los de Zaragoza insculpían; CES, del latino Cesaraugusta, y a continuación del anagrama iba el león de Zaragoza acompañado al CES, solo una vez aparece el nombre del orfebre en nuestra cruz. Para verlo hizo falta desmontar la joya, y en ella apareció trazada con recato la firma y, cubriéndola, aparecía la imagen de San Miguel, de tal manera que, sin desmontar la pieza para hacer su restauración, no hubiéramos podido observarla. Allí, con toda la claridad, aparece el apellido ORONA; solamente las cinco letras, y no más.

Pero ¿Quién era Orona? Puestos a averiguarlo, poca cosa se halla sobre este artista que, avecindado en Zaragoza, trabajaba en el siglo XVI. Su nombre era Juan.

La primera noticia sobre el apellido la hallamos sobre un platero de Barcelona, llamado Marcos, que en junio de 1560 el orífice de la cruz de Valderrobres es un Juan de Orona, del que nos da noticia el conde de la Vizaña, nuestro paisano, en sus << Adiciones al Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes >>, de Ceán Bermúdez. El dice que fue el platero Juan de Orona, y no el pintor Jerónimo Cosida, quien dio los dibujos para hacer la cabeza del busto de San Hermenegildo, mandado hacer por el arzobispo don Hernando para la catedral de la Seo, que el mismo Orona repujó y talló en plata, el año 1562.

Parecidas cosas sobre el San Hermenegildo vienen a decir los hermanos Anselmo y Pedro Gascón de Gotor, pero dando como proyectista de la obra a Cosida y la realización de la obra de Orona: << Jerónimo Cosida, el mismo quizá que dio el apunte para el busto de San Hermenegildo, que también se conserva en este templo, obra ejecutada en 1562 por Juan de Orona, a expensas del magnánimo arzobispo don Fernando de Aragón >> (16)

El mismo conde de la Viñaza nos habla de Juan de Orona, platero de Zaragoza que en 1578 recompuso y perfeccionó la cruz procesional gótica de la parroquia de Santa Magdalena de Zaragoza, lo cual, en 1480, había compuesto platero Pedro Durans, pero que a fines del mismo siglo XV había quedado deshecha esta preciosa obra.

De nuevo hallamos el nombre del <<platero Juan de Orona, avecindado en Zaragoza>> en un contrato profesional, por el que se obligaba a confeccionar una custodia de plata para la iglesia parroquial de Cenarbe, villa de las montañas de Jaca, en el Reino de Aragón.

En el protocolo se acordaba que Juan de Orona <<ha de hacer una custodia de plata para la iglesia de San Pedro de Cenarbe, hecha y acabada y Puesta en perfictión, de peso de cuarenta y cinco escudos de oro, poco mas o menos>>, firmándose el acuerdo en 29 de diciembre de 1583, en Zaragoza.


(16) Zaragoza Monumental, Artística e Histórica, Zaragoza, 1890, t. II. Pág 212
(17). Es éste el último documento que sobre Juan de Orona hemos encontrado.


DESPUÉS DE LA GUERRA, APARECE LA CRUZ EN ZARAGOZA.
RESTAURACIÓN Y TRASLADO DE LA JOYA A VALDERROBRES

Nadie supo como había desaparecido nuestra cruz de Valderrobres, pero después de terminada la guerra, un día apareció en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza, acompañada de buen número de joyas litúrgicas procedentes de muy distintos pueblos de la región aragonesa.

Un día, no recuerdo que orador -pudo ser don José Galiay-, nos habló de aquel tesoro allí depositado por los señores de la Junta de Recuperación, cuyas piezas aparecían depositadas y expuestas al público en grandes vitrinas de cristal, para que todo el mundo pudiera contemplarlas y denunciar su origen; después devolverlas a su procedencia. Así se hizo con algunas de aquellas joyas, enviándose las restantes al palacio arzobispal, quedando en el Museo solamente una cruz de plata de gran tamaño, la cual, dentro de un arca de madera aún permanece, esperando que alguien (será ya raro) la reconozca.

La cruz de Valderrobres en el palacio de la plaza de la Seo se guardaba, hasta que un día el canónigo señor Gil Ulecia la identificó, valiéndose de una fototipia de Hauser y Menet, del libro << Exposición retrospectiva de Arte >>, de la Exposición Hispano-Francesa de Zaragoza de 1908, escrito por el malogrado profesor francés Emile Bertaux. Compradas fototipia y joya, identificada quedó ésta.

Un día fuimos a Valderrobres entrevistándonos con el párroco don Leandro Lop, quien nos encomendó hacer algunas gestiones en Zaragoza, que cumplidas quedaron. Después, personado dicho señor en nuestra ciudad, en compañía del alcalde de aquella villa, don Enrique Micolau, los tres nos dirigimos a palacio, donde después de firmar una época por la comisión, el señor del Valle nos hizo entrega de la cruz, en nombre del señor Arzobispo.

A continuación, fue llevada dicha pieza al taller del restaurador joyero Waldesco Balaguer, artista de tradición aragonesa, quien ante la pieza hizo las advertencias necesarias sobre su posible restauración y modo de completar sus pérdidas que no eran pocas.

La cruz fue desmontada y, visto el número de defectos que habían aparecido, el orífice se dedicó a fundir y repujar toda pieza necesaria, para ensartarla como se debía en el conjunto.

Fue entonces cuando, aprovechando que el despiece estaba sin ensamblar nos valimos para estudiar la cruz en su detalle.

Completada y repasada toda la obra, el artífice se dedicó a montar el conjunto de la rica presea, tal como hoy puede apreciarse, llegando de nuevo a tener un peso neto de plata trabajada igual a 7.850 kilogramos.

Como debió tener cuando salió de las manos del platero Juan de Orona, en el siglo XVI.

Preparada la obra, día grande ha sido para Valderrobres el de la Asunción de la Virgen, 15 de agosto, en que ha vuelto a su tradicional alojamiento de la Iglesia de Santa María la Mayor.

ARQUITECTURA CIVIL DE VALDERROBRES:
LA PLAZA MAYOR Y LA CASA DE LA VILLA.

Muchos de los grandes casones levantados en este pueblo han desaparecido. Sin movernos de su Plaza Mayor, apreciamos la transformación que ha sufrido una gran casa que antes se abría frente a la salida de la puerta de San Roque y de la fonda donde me hospedo. En la pared de dicho casón ha quedado prendido un pequeño escudo francés, de piedra, en cuyo campo aparecen dos osos en actitud de luchar uno contra otro, yendo el escudo surmontado por yelmo y lambrequines. ¿Son armas de los Bielsa?

Otra casa noble de esta plaza es la que aún llaman de los Pereret, cuyos amplios balcones son sostenidos por salientes zapatas de piedra, de línea escalonada. En este clásico edificio aparecen ocultas dos de dichas zapatas, de donde salen hacia el exterior dos miradores de cristales que descomponen la armonía de la fachada. En un sobrebalcón de la planta noble aparece un escudo de armas, flanqueando por dos lobos tenantes, cuyo acentuado sexuado pronto distingue el macho de la hembra. En el campo del escudo aparece una mano extendida, que puede ser armas de los Guilleuma o Manero.

Otra magnífica casa señorial parece frontera a la del Consejo, separada de esta por estrecha calle que viene del puente de San Roque, casa donde he recibido posada, las veces que en Valderrobres moré. Ella tuvo quizá su piedra armera, hoy desaparecida, si no es que se encuentra tras el rótulo de la industria que en ella se alberga. Esta casa ha sido muy desvirtuada por los hombres y el tiempo. Tenía tres plantas, terminando en amplia terraza. Cerrada por un poyal de góticos remates. En el cantón aún se yergue cuadrilátero torreón que acaba en cuatro remates angulares.

En esta plaza Mayor se levanta la casa del Concejo de la Villa, comenzada a construir en el último cuarto del siglo XVI, y terminada en 1599, fecha que aparece en los dos escudos heráldicos: sobre la puerta de entrada, bajo los porches, y en el que aparece tallado sobre la piedra angular, a la altura de la primera planta, donde se ven dos míticos grifos tenantes, macho y hembra, de perfil, sosteniendo el escudo de la villa: un corpulento roble.

Todo el edificio es de piedra de sillería, constando de tres plantas: la primera destinada a calabozos y viviendas de alguaciles; la segunda a oficinas municipales, y la tercera a solanar, en el que termina la construcción, amparada por magnífico alero de manera tallada.

Los balcones de la planta principal aparecen enmarcado r por sencillas pilastras que sostienen frontones triangulares; hermosos salientes de hierro forjado, protegidos por repisas, en voluta del mismo metal, tan características de los talleres de forja aragonesa.

El cuerpo mas alto del edificio forma una << loggia >> o solanar, que protege el atrevido alero. Magnífico conjunto arquitectónico del renacimiento aragonés, que en 1929 mereció ser reproducido en el Pueblo Español de la Exposición Internacional de Barcelona.

CASA SOLARIEGA DE LOS MOLES

Familia de reconocida limpieza de sangre, desde antiguo, y de raigambre en Aragón, como ya dijimos. Por eso, alguna vez se oyó decir: << Si no fueran los Moleses, no habría aragoneses >>, de cuya estirpe hablamos, al hacerlo de la cruz de Valderrobres.

La casa solariega de aquellos aún se mantiene en pie, situada en la antigua << carré Pla >> o calle Llana, que hoy se conoce por Mayor, llevando el número 5, en la misma acera y muy próxima a la Casa Consistorial.

Tiene ancha fachada, con dos puertas de medio puntos; una de ellas, principal, aunque en la casa se hicieron importantes reformas, de su primitiva distribución quedan muchos restos, que denuncian una construcción de finales del estilo gótico. Sus ventanas son rectangulares.
Tiene planta subterránea comunicada con el río Matarraña; planta entresuelo para caballerizas, cocheras y almacenes; planta noble con atrevidos balcones y ventanas y, por último, el ático a manera de solanar aragonés, todo el recorrido por arquería de medio punto, protegida por saliente alero de maderamen.

Sobre la puerta principal, aún campea el escudo heráldico de los Moles, ya de época de Felipe III; escudo partido. En el campo superior, tres muelas rematadas por cruces latinas; en el inferior, cinco rombos, yendo sobre el escudo un yelmo alado, apareciendo todo rodeado por los lambrequines. En el pie aparecen las letras MO-LES, quedando el apellido por mitad, a izquierda y derecha del escudo.

Aquella debió ser una espléndida mansión que, amueblada, como sus moradores requerían, debió ser la envidia de la comarca.

LA MEDIEVAL PUERTA DE SAN ROQUE

Cruzando el hermoso puente de piedra, cuyo tajamar cae a nuestra derecha, se llega frente a la Puerta de San Roque, también llamada de los Leones, por la que se entra a la villa.

La puerta, toda ella construida con sillarejo de piedra tallada, está flanqueada por la casa del Consistorio, y al otro lado por una antigua casa medieval con ínfulas de recinto fortificado, que en la parte del río ha perdido casi todo su carácter, aunque su fachada que da a la plaza Mayor conservé muco de su primitivo carácter, sobre todo en su cuerpo terminal.

La Puerta de San Roque, en sí, presenta la forma de una torre del homenaje con sus defensas, terminando en una terraza almenada, de la que en su parte anterior falta una torrecilla. En lo alto aparece una barbacana, sosteniendo su antepecho tres sólidos modillones.

El arco de entrada lo componen una serie de albanegas en despiezo radial, descansando en los almohadones que forman el pie. Sobre la clave del arco se abrió en otro tiempo una hornacina, que cobija la imagen de piedra del santo titular.

Sobre pétreos pedestales de 1.70 metros de altura, pegados a las jambas de la puerta, parecen dos hermosos leones coronados mostrando las armas de Valderrobres encerradas en un escudo. Son estos, los leones que bajaron hace muchos años de una de las salas del castillo, a la que daban nombre, como ya se ha dicho.

Las dos figuras del rey de la selva debieron ser hermosas esculturas, pero hoy se ven maltratadas por el tiempo y los elementos, viéndose una de ellas decapitada, y su hermana con alguna mutilación, pero, a juzgar por los restos de su talla, hermosos debieron ser estos hermanos leones.

EL <<PARRIZAL>> DE BECEITE Y LA <<CAPRA HISPANICA>>
DE LOS <<PUERTOS>> Y EL MATARRAÑA.

El llamado <<Parrizal>> es una región natural, abierta en ambas orillas del Matarraña, que debe su nombre a que antiguamente se criaban en ella buen número de <<parrizas>> o parras silvestres, que en latín llamaban <<labruscas>>, las cuales han desaparecido, ocupando aquellas zonas de vegetación los macizos de boj, encinas y acebos, pino silvestre, carrasco y laricio, apareciendo la solera cubierta de gayuba y plantas rastreras, con abundancia de hiedras y gramíneas.

Zona muy accidentada del río Matarraña, viene desde la parte alta de la cuenca, ornada de riscos y grandes peñascos que otrora se vieron envueltos en el paso de las aguas, cuando el río era mas caudaloso. Después de pasar aquella región de la cuenca, se llega a una parte del cauce que recibe el nombre de << Las Gumias>> por los accidentes que en ella parecen afectando formas de pilas, seguramente mas afiladas en épocas anteriores a la nuestra. Las cuales el tiempo y los fenómenos atmosféricos han logrado redondear y matar sus artistas, como puede verse en el paraje de la <<badina Negra>> del Parrizal, en su parte alta.

El cauce del río llega a ser estrecho; otras veces, mas ancho, se abre en amplitud desmesurada, para cerrarse a continuación en encañonamientos que estrechan gruesos murallones naturales, como en el famoso <<Estrecho del Parrizal>> hasta pasar por el <<Mas de Lluvia>>, siguiendo el cauce su destino hasta cerca de la villa de Beceite y, en su salida, rodear el pueblo lamiendo en la llanura sus pies, paseándose a continuación hasta más alta de Valderrobres al recibir el Tastavins.

Entre aquella accidentación temibles son las tormentas que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen que se desarrollan, las que, siendo muy abundantes, producen continuo deslave de tierras, a lo que ayuda también el fuerte viento <<mestral>>, corrupción del francés <<mistral>>, tan parecidos al <<cierzo aragonés>>.

De la antiquísima presencia de la <<capra pirenaica hispana>> entre algunos cérvidos de esta región, aún se hallan huellas vivas con la presencia de alguno de aquellos animales, sobre todo la cabra salvaje, aunque los ciervos desaparecieron de estas tierras no hace muchos años.

En cuanto a las huellas antiguas, se hallan algunas prehistóricas en las que se pueden contemplar curiosas composiciones de carácter rupestre, que pueden admirarse en las estaciones paleolíticas que aparecen cerca de Cretas, en la provincia de Teruel, a diez kilómetros de Valderrobres, como es en la <<Roca dels Moros>>, del barranco de Calapta, y en el barranco de <<Els Gascons>>, también cerca de Cretas.

Desde el Matarraña al este, prolongándose hasta bien entrada la provincia de Tarragona, se extienden los puertos de Beceite, en los que a menudo sopla el <<mestral>>, fresco y seco, extendiéndose las accidentadas tierras de norte a sur, desde Lledó y Arens de Lledó hasta el puerto de Benifazá, a través de los ríos de Algás y Matarraña, pero a derecha de éstos.

No es mucha la proliferación de la <<capra hispánica>> en los puertos de Beceite, máxima atendiendo a los fenómenos patológicos que sobre aquellos se ceban, siendo otro de ellos la aparición del águila cabritera o blanca, cuya envergadura pasa de los 2.50 metros, con un peso considerable que aumenta la potencia de este robador de cabritos, tanto de los domésticos como de los monteses, robos para los que siempre expectantes están, pero que a veces impiden las bravas cabras madres.

MAS ENEMIGOS DE LA <<CAPRA HISPANICA>>
SU CRIA Y REPRODUCCIÓN

Entre los predatores de cabritos salvajes hemos de citar también el búho <<Gran Duque>>, el cual conoce muy bien estas tierras que continuamente reconoce para sus rapacidades. Otro enemigo de las crías es el gato montés, Que quizá no sea tan perjudicial por hacer vida nocturna, pues cuando el merodea por el campo las crías están en el reposo. Gran enemigo de los cabritos es el zorro, que espera al acecho durante la ausencia o lejanía de la madre, la que, de percibirse, ataca con denuedo al ladrón, hasta hacerle soltar su presa, alguna vez. Mas, pese a todo esto, el peor enemigo de la cabra salvaje de los puertos de Beceite es el hombre, bajo la circunstancia, en ocasiones permanente, de bandolero cazador furtivo. Este es quien persigue igual a machos que a hembras, sin respetar su edad. Ocasión hubo de estar el cazador furtivo esperando el parto de la madre, pero el proyecto de captura en eso se quedó, al frustrarse por la veloz ligereza de la cría recién parida, que no dio resquicio a respirar a su posible predator. Por el contrario, conocí a una guarda que, en los alrededores del pantano de Pena, tuvo que lanzar proyectiles de tierra aglomerada contra el ganado salvaje, para espantarle; tan cerca de él habían llegado los cabritos, quizá confiados de que hace mucho tiempo (salvo algunos casos) que sobre ellos no se hacía fuego.

A pesar de todo, cada vez son mas solicitados los taxidermistas para hacer disecaciones de trofeos, siempre de tan decorativa cornamenta, que los ufanos corsarios suelen colocar en las habitaciones mas concurridas de su casa, como hemos podido ver en algunas de esta cinegética comarca.

De las observaciones de guardas y pacíficos masoveros un escritor dijo que: <<Las horas mejores para la observación son las del amanecer y las del anochecer>> (18), añadiendo que la época mejor es la del cebo, cuando se hallan agrupados en grandes rebaños que a veces rebasan la docena de cabezas. Entonces, al separarse después del cruce, son fáciles de conocer por los guardas, hasta en sexo y número.

En el <<Parrizal de Beceite>> se han visto grupos hasta de mas de veinte ejemplares, que bajaban hasta el poblado en busca de alimentos por los viñedos, llegando a veces hasta mezclarse con cabras domésticas y cruzarse con ellas, naciendo después crías de acentuado carácter montés, sobre todo entre los ganados que no encierran en apriscaderos.

EL PANTANO DE PENA Y LA FAUNA QUE LO PUEBLA.

Saliendo de Valderrobres camino del embalse, apenas queda atrás la villa, es necesario tomar un desvío que, a seis kilómetros, nos dejará frente al pantano. Es éste muy hermoso y regular en su contorno, capaz de almacenar cerca de veinte millones de metros cúbicos que le aportan los riachuelos: Pena, Formenta y Manzanera, además de otras aportaciones que le tributan algunos barrancos. Con sus aguas se riegan tierras hasta llegar a las inmediaciones de Fayón.

Día de lluvia fue el que elegimos para visitar el embalse. Llegados a casa del guarda Ramón, para disfrutar de hermosa vista nos situamos frente a la umbría de Mas de Ferrás. Era el mes de marzo y aún las alturas de la <<Picotsa>>, atrevida colina que cierra por una parte el pantano, aparecían Nevadas. Eso que habíamos ya entrado en la primavera; pero ya en Valderrobres, la noche anterior, nos había dejado blancos. Sin embargo, a Pena nos dirigimos.


(18) GALINDO CABEZO, F,: Reve. << Teruel>>, nº 33 Año 1965


En las aguas del hermoso y tranquilo pantano campaban el barbo, madrilla, tenca, carpa, etc., animales que van desapareciendo de nuestras aguas dulces, consumidos por las especies americanas de perca y lucio, como está ocurriendo en la famosa <<Estanca>> de Alcañiz, donde es ya imposible ver su sabrosa anguila, tan cantada en los viejos tratados de pesca, por aquello y por haber quedado cortado el zafariche por donde las anguilas entraban a la <<Estanca>>.

A la tarde, después de cesar la lluvia, bajo las alturas de la <<Picotsa>> apareció la <<boira>>

Atraídos por el agua limpia y clara del pantano, además de la extensa capa de vegetación de los alrededores del embalse, viven la marta, de piel tan delicada y valiosa; el gato montés, la agilísima gineta, el tejón, la libre, conejo y perdiz.

Por la << Mola de la Tosca>> se vienen a refugiar los jabalíes; Ramón lo save y los ve, así como por todos aquellos parajes ve caminar saltando y juntarse las cabras salvajes, en alegres ayuntamientos de sus días de celo. Ramón, el guarda, conoce las partidas y el número de cabezas en cada una de ellas.

Muy variadas aves suelen verse volando sobre y alrededor de las aguas del embalse; entre ellas la garza marina, que aquí llaman <<garrapescaire>> una esbelta zancuda. También se ven patos de los llamados <<cuello verde>>, así como gaviotas y otras aves acuáticas del orden de las zancudas y aves e ribera.

Magnífico porvenir espera a este bello lugar. El año pasado quedó aprobado por la Dirección General de Obras públicas el proyecto de aprovechamiento de las aguas de la cabecera del río Matarraña y del Pena. Las obras correrán a cargo del Estado. En ellas se construirá un azud, que derivará las aguas del Matarraña hasta el embalse de Pena, a través de un canal en gorma de túnel todo él, de cinco kilómetros y medio de longitud.

Su finalidad es mejorar el riego de 1.700 hectáreas de tierra de labor, distribuida entre Valderrobres, La Fresneda, Torre del Compte, Valdetormo, Calaceite y Mazaleón, en la provincia del Teruel, Maella, Fabra, Nonaspe y Fayón, en la de Zaragoza. Aquel día será éste uno de los mas bellos lugares de turismo y distracción de la tierra bajo- aragonesa.

EL CANTO REGIONAL EN LA COMARCA:
EL BOLERO DE VALDERROBRES.

Noche fría de marzo era, después de haber caído intensa nevada sobre la villa. Por la calle Llana iba después de cenar cuando oí sonar de <<pulgaretas>>. Donde creí oír el ruido subí escaleras arriba, entrando en una gran sala cuadrilátera donde se hallaban algunos jóvenes, chicos y chicas, tañendo las castañuelas o palillos. Sus movimientos eran muy lentos, pues estaban ensayando unos aires de jota que me cautivaban.

Hablé con ellos, y ante mi requerimiento comenzaron a moverse en busca de los intérpretes que allí faltaban. Gran contrariedad fue no poder dar con el cantador Rafael Millán, de fina voz de tenor, pero al poco rato acudieron guitarristas y bandurristas con parejas de jóvenes intérpretes, que pronto comenzaron a moverse al sonar de las <<Pulgaretas>> acompañando los compases del bolero de Valderrobres que, en otro tiempo, en esta tierra era costumbre bailar.

Las parejas comenzaron la danza con un suave punteado, cambiando su posición de línea recta para pasar al tresbolillo, saliendo formando líneas paralelas. Con las manos atrás hacían un vistoso trenzado de pies, volviendo a separarse de nuevo a juntarse con la mano derecha unida en lo alto, para terminar la hermosa danza, juntos, en un final de jota bailada al estilo del Bajo Aragón, en que dando cuartos de vuelta se cogen las manos, y juntan y separan.

Durante la interpretación del bolero el contador iba marcando el ritmo, desgranando estrofas con aire de una jota recortada, a manera de la <<zaragozana>>

Seis veros de arte menor el bolero, para seguir con cuatro pentasílabos a manera de seguidilla, mas cuatro veros de pie quebrado, para terminar en un aire de jota cantado en octosílabos.

La letra y la coreografía del bolero de Valderrobres se perdieron al abandonar la costumbre de interpretarlo, pero hace muchos años, cuando aún vivía la <<tía Cotorra>>, con su aportación aún llegó a reverdecer aquel conjunto de danzas y tonadas, enseñando a trenzarlo a los jóvenes de su época y, siendo ya vieja, no puedo recordar con perfección la letra de la composición. Esta me fue dada, pero hallando algún defecto arreglé dos o tres palabras disonantes, que aquí doy tal como ha quedado el grupo de tres estrofas:

Si bailas el bolero,
Ve con cuidado,
Que al dar la vuelta
Puedes caer
Y oírse el ruido
Desde Teruel
¡viva la jota!
¡viva Aragón!
¡viva mi pueblo
¡Que es lo mejor!
Mañica es bajoaragonés
Tierra de amantes dignos de Teruel.
Que viva siempre
Mi gran bolero bajoaragonés.
Bolero de Valderrobres
Honras Aragón y España
Con tu aire tierrabajino
Y garbo del Matarraña-

Este final se canta a manera de estribillo.

Después cantaron y bailaron la jota de Teruel, lanzando al aire hermosas tonadas. Jota trenzada de punteras y tacones, para después cantar una bella copla que los naturales suelen interpretar en agosto, cuando están en las faenas de trilla:

Las barandillas del puente
Se menean cuando paso.
A ti solica te quiero:
De las demás no hago caso.

Recua canta en que se afirma la fidelidad el amor campesino, que mereció ser recogida por nuestro músico don Miguel Arnaudas, en su <<Cancionero de la provincia de Teruel>>

Después de lo expresado, poco o nada me queda ya que decir, si no es un deseo de cantar los ricos vinos de la comarca, que en nuestros días, por fortuna, ya se envasan con pulcritud y hasta elegancia, sirviéndose en las mesas de nuestros hoteles y paradores de Turismo, como he podido prácticamente observar y consumir que <<donde haya vino de Valderrobres...>> y Dios me perdoné por lo devoto que de aquel caldo soy.

Casi otro tanto podría decir de sus aceitunas negras, tan ricas, que son el complemento de una mediana comida y el suplemento de un buen yantar.
No tienen rival las de esta tierra.
Muy ricas son también las golosinas que con distintos nombres conocen por esta tierra, en las que, a veces, al componer, usan las sabrosas almendras que aquí producen, resultando de aquellas mezclas los <<almendrados>>, <<casquetas>> y <<mostachones>>, tan gratos de digerir, sobre todo al postre de las comidas, cuando se consumen con aquel vino de la tierra que, siendo viejo, comienza a ser famoso.

Recuerdos, quedan muchos en la mente de este humilde cronista, que tan felices días pasó entre las sencillas y nobles gentes de esta tierra; días que siempre con gusto recordará.

DE ZARAGOZA A PLAYAS DEL MEDITERRANEO, POR VALDERROBRES ZARAGOZA

RUTA

De Zaragoza a las playas de Vinaroz, Benicarló, Peñiscola, etc., se vienen realizando por dos rutas distintas. Pasados 14 kms de Alcañiz, o por Gandesa o por Morella. Pues bien, la que hemos señalizado en este mapa es por VALDERROBRES.

De Zaragoza a Valderrobres (por Alcañiz) ... ... ... 137 kms

De Valderrobres a Peñiscola (por Tortosa) ... ... ... 105 kms

Totalizan 242 kms.


Tal día como hoy 29 de octubre



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