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Geología fisiológica. Historia Natural.


TERCERA PARTE
Geología fisiológica.

Constitución general del globo. La tierra se halla constituida fundamentalmente por las siguientes capas concéntricas (fig. 761):
1. º Atmósfera, de naturaleza gaseosa y espesor probable de 1.000 kilómetros;
2. º Hidrosfera, de naturaleza líquida (océanos y mares) y que, distribuída homogéneamente, sería de 2 kilómetros de espesor;
3. º Litosfera, o corteza terrestre, gruesa de unos 120 kilómetros y;
4. º Endosfera, o núcleo central, de más de 6.200 kilómetros de radio. La hidrosfera no es continua por emerger sobre su superficie las partes culminantes de la litosfera, formando las llamadas tierras firmes, esto es, los continentes y las islas.

El espesor de la litosfera y, por tanto, el radio de la endosfera, fué, hasta hace poco. Absolutamente desconocido. Recientemente, los estudios sobre la propagación de las ondas sísmicas (terremotos) han revelado que la corteza terrestre tiene un espesor aproximado de 120 kilómetros. La endosfera forma, por tanto, la casi totalidad de la masa de nuestro planeta.

1. La atmósfera.

1. Composición y zonas que comprende. El espesor total de la envuelta gaseosa de nuestro Globo debe de ser por lo menos de 1.000 Km. ya que a semejante altura se producen algunas auroras boreales (La aurora boreal o luz polar consiste, al parecer, en un fenómeno luminoso producido por los electrones emitidos por el Sol sobre la materia integrante de la alta atmósfera.). El límite absoluto no puede, sin embargo, precisarse con seguridad.

Se podría imaginar que la atmosfera ilimitada prácticamente, decreciendo su densidad hasta la rarefacción del vacío interplanetario. Pero la rotación terrestre impone un límite: la atmósfera no puede extenderse más que hasta la altura en que la fuerza gravitatoria, es decir, hasta unos seis radios terrestres; aproximadamente 40.000 Km.

El espeso atmosférico de gases solo no es conocido prácticamente hasta una altura de 30 Km, gracias al empleo de globos sondas, pertrechados de aparatos adecuados y a algunas ascensiones especiales recientes, como las del Prof. Piccard, las primeras de todas, que llegó a los 16.000 m.

Estas investigaciones han revelado en la atmosfera dos regiones diferentes: la inferior, llamada troposfera, cuyo limite medio está a 11 Km. (9 Km. en los polos, 17 en el ecuador), y la superior o estratosfera, que se extiende desde dicha altitud para arriba.

En la troposfera la densidad y la temperatura disminuyen progresivamente con la altitud en forma tal, que a los 11 Km. La presión barométrica es de 175 mm. De mercurio y la temperatura de 56º bajo cero. Gracias a la continua agitación a que está sometida la atmósfera en toda esa región, en aire tiene en la troposfera la misma composición química, a saber: 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno, 1% de argo y 0,03% de anhídrido carbónico. Se encuentran también despreciables cantidades de helio y de hidrógeno, así como una cantidad, muy variable en lugar y tiempo,de vapor de agua, el cual condensándose, origina las nubes y demás meteoros acuosos.

En la estratosfera se admite que reina un perfecto equilibrio isotérmico a causa de que esta parte de la atmósfera será substraída a las perturbaciones de temperatura provocadas, en las zonas bajas, por el caldeo desigual de la superficie terrestre. La temperatura de -56º alcanzada por el aire en el límite de la troposfera, se mantendría constante al menos hasta los 90 Km. de latitud. A partir de esa altura, se admite que la temperatura experimenta un progresivo aumento por absorción de ciertas radiaciones solares de onda muy corta (ultravioletas), de tal modo, que a los 40km de altitud la temperatura sería de 80º sobre cero.

El equilibrio térmico de la estratosfera excluye la existencia de corrientes verticales, lo que debe determinar que los gases se dispongan en esa región de la atmosfera por orden de densidades, es decir, en capas o estratos superpuestos. A esta particularidad alude precisamente el nombre de estratosfera. La generalidad de los geofísicos supone, en efecto, que la composición del aire experimenta en la estratosfera notables variaciones. Según los cálculos de Hann y de Jeans, de los 10 a los 160 Km. disminuiría, hasta anularse, el tanto por ciento de oxígeno y de nitrógeno, los cuales serían sustituidos progresivamente por el helio y sobre todo por el hidrógeno, el cual formaría por sí sólo la atmósfera a partir de los 160 Km. de altitud (*)

(*) Composición de la estratosfera según Hann y Jeans:

Altitud                % de N                   % de O             % de H                % de He
 10 Km.                     78                   21                   -                      -
 20 Km.                    84                    15                   -                      -
 50 Km.                    79                     7                13.6                    0.1
 90 Km.                    49                   2.4                  41                      7
160 Km.                     -                     -                  93                      7
Por encima                  -                     -                 100                      -     

Pero estos cálculos teóricos están en pugna con un importante dato de observación; a saber: que en el espectro de las auroras boreales faltan las rayas del hidrógeno, mientras existen las del nitrógeno y una curiosa raya verde que fue un enigma hasta que recientemente I. S. Bowen la reprodujo experimentalmente demostrando que se debe al oxígeno rarificado, en un estado particular.

Otros muchos hechos, interesantes desde diversos puntos de vista, han atraído en estos últimos años la atención de los hombres de ciencia. Su exposición, sin embargo se sale por completo de los límites de este libro.

2. El clima. Se conoce con el nombre de clima el estado medio de la atmósfera en un lugar de la superficie terrestre. El clima de un país depende, por tanto, de la intensidad de los fenómenos meteorológicos que en él ocurren y de su repartición durante el año. Según esto, los factores inmediatos del clima serán: la temperatura del aire, la presión atmosférica, el régimen de los vientos, la humedad y la pluviosidad. En la apreciación de estos fenómenos habrá que tener en cuenta no solo el valor medio, sino también los valores extremos, es decir, las oscilaciones anuales y diurnas de cada meteoro.

3. Clasificación de los climas. Los climas pueden clasificarse atendiendo a diversos principios. Para el geólogo, la clasificación más útil es la de A. Penck, que reduce los climas a los tres tipos climáticos siguientes:

1. º CLIMA HúMERO O LLUVIOSO. Se caracteriza por que las precipitaciones son superiores a la evaporación, y por lo tanto originan ríos que llevan el agua sobrante al mar. La acción disolvente y mecánica del agua corriente descompone y desmenuza las rocas, pero los fragmentos resultantes de esos procesos son llevados poco a poco, por los ríos, al mar. El relieve, por lo tanto, se acentúa cada vez más. La vegetación es siempre en ese clima exuberante en mayor o menor grado, según la temperatura.

2. º CLIMA áRIDO O SECO. La evaporación es superior a las precipitaciones, con lo cuál los ríos se secan antes de llegar al mar o vierten sus aguas en lagos desprovistos de emisarios. Las rocas son desmenuzadas por los cambios bruscos de temperatura, pero sus fragmentos permanecen sobre el país, cubriéndolo de un manto de cantos o arenas. Estas últimas, arrastradas por el viento o por las aguas, se van acumulando en las depresiones en forma de sedimentos. El relieve, por tanto, se hace progresivamente más suave. La vegetación de los países áridos es raquítica y más o menos disjunta.

3. º CLIMA NIVAL. Se caracteriza por que la nieve cubre el terreno durante todo el año a causa de que la radiación solar es incapaz de fundir del todo el manto de nieve depositado cada invierno.

2. La hidrosfera

La capa líquida de nuestro planeta está integrada exclusivamente por las aguas marinas. Las llamadas aguas continentales (ríos y lagos) son simples dependencias de la tierra firme.

1. Océanos y mares. El conjunto de las aguas marinas forma, en realidad, un único mar universal; pero la presencia de las tierras emergidas lo divide en porciones diversas. Se distinguen dos categorías de masas marinas, a saber: los océanos y los mares. Los primeros tienen gran extensión y están comprendidos entre las alejadas costas de los distintos continentes. Los segundos son de pequeña extensión y representan simplemente, o porciones oceánicas inmiscuidas en el interior de las masas continentales a través de un estrecho (mares mediterráneos) o partes separadas del océano por barreras de islas (mares litorales).

2. Composición química y temperatura de los océanos. Las aguas marinas son siempre saladas, debido a llevar en disolución diversas sales, principalmente sal común.

En cien partes del residuo de la desecación del agua marina se encuentra:

Cloruro sódico (sal común) ..... (ClNa) ............................  78,32
Cloruro potásico ...............  (ClK) ...........................    1,69
Cloruro magnésico ...........   (Cl2Mg) ...........................    9,44
Sulfato magnesio ............   (SO4Mg) ...........................    6,40
Sulfato cálcico .............   (SO4Ca) ...........................    3,94
Sustancias diversas ...............................................    0,21
                                                                      _____
                                                                     100,00

Como se ve, el cloruro sódico constituye más de las tres cuartas partes de la totalidad de los cuerpos disueltos.

Además de las sales, llevan las aguas marinas en disolución los elementos del aire en las proporciones correspondientes a su solubilidad relativa: 65 de nitrógeno y 35 de oxígeno.

La salinidad, o cantidad de sales disueltas en unidad de volumen, varía en los océanos dentro de estrechos límites. El valor medio es de 3,5%.

La temperatura superficial de las aguas oceánicas refleja, aunque amortiguadas, las variaciones térmicas de la atmósfera. Oscila entre +32º en las regiones cálidas y -3º en las polares. Con la profundidad, la temperatura decrece, en los mares tropicales y templados, con bastante rapidez, siendo ya de 4º a 750 o 1,000 metros. En los grandes fondos la temperatura de los océanos es casi la misma en todas las latitudes: oscila entre +2º y -2º. Esta uniformidad de la temperatura oceánica en la profundidad se explica satisfactoriamente por la existencia de una corriente fría de fondo procedente del Océano Glacial Antártico.

3. La oceanografía. El estudio físico y biológico del mar es el objeto de la oceanografía, ciencia muy reciente, que se ha desarrollado rápida y vigorosamente, gracias a la protección que ha merecido de parte de los gobiernos de los países cultos, y, sobre todo, del ilustre Príncipe de Mónaco. Las investigaciones oceanográficas exigen, como es lógico, verdaderos laboratorios flotantes, es decir, navíos especiales pertrechados de aparatos adecuados.

La profundidad del mar se mide mediante la sonda, hilo de acero de 0,6 a 0,9 milímetros de grosor, tarado con un peso y arrollado a un torno especial. Desde hace poco se emplea el sondeo por el eco, fundado en medir el tiempo que tarda un estampido, producido en el casco del barco, en volverse a oír después de reflejado en el fondo del mar. Este procedimiento es más exacto que el de la sonda e infinitamente más rápido.

La investigación de la naturaleza del fondo del mar se hace con sondas especiales, dotadas en su extremo de una grada que extrae del fondo una cierta cantidad de materiales.

Para el estudio de las corrientes marinas se siguen procedimientos varios. Para las corrientes de superficie se utilizan botellas de vidrio grueso, perfectamente cerradas, que contienen en el interior un documento con la fecha y lugar del lanzamiento e instrucciones destinadas a la persona que la recoja. El flotador del Príncipe de Mónaco (fig. 762) es una botella perfeccionada.

La apreciación de la temperatura de las capas profundas se hace con termómetros especiales situados en el extremo de la sonda. Los termómetros más usados son los reversibles (fig. 763). Estos termómetros ofrecen un estrangulamiento a nivel del depósito, destinado a romper la columna de mercurio en el momento oportuno; van revestidos de una funda de madera y montados convenientemente en una armadura metálica. Cuando el termómetro ha llegado a la profundidad deseada, se logra su inversión brusca por procedimientos variables con los distintos modelos (fig. 763).

Para determinar la composición química de las aguas del mar a distintas profundidades se utilizan botellas especiales más o menos complicadas (fig. 764). Una de las principales cualidades que estos aparatos han de tener es la resistencia a la presión, pues a grandes profundidades la presión de las aguas es gigantesca. Son muy usadas las botellas de Meyer y de Richard. En general, la toma de agua se realiza a la vez que la de la temperatura a cuyo efecto la botella adosada a un costado un termómetro de inversión.

3. La litosfera

1. Constitución de la litosfera

Se sabe de una manera positiva que toda la litosfera está formada fundamentalmente por rocas eruptivas, es decir, por silicatos, y que las masas continentales son de naturaleza más ligera que el fondo de los océanos. Esta circunstancia ha llevado a E. Suess a suponer que la litosfera se compone de dos porciones distintas, a las que ha denominado sima y sial (fig. 765), aludiendo a la composición química.

El sima, llamado así porque en su composición predominan los densos silicatos ferromagnesianos (Silicio, Magnesio), forma un manto continuo alrededor de la endosfera. El sial, denominado de ese modo por componerse fundamentalmente de silicatos alumínicos (Silicio, Aluminio), se halla constituyendo los bloques continentales, cuyo espesor es de 50 a 60 kilómetros. Por su menor densidad, los bloques siálicos flotan en el seno del sima como los icebergs flotan en el seno del mar. La mayor parte de su masa está hundida en la materia pastosa de la capa subyacente, pero la porción superior (unos 5Kms.) hace saliente y emerge incluso por encima del nivel de los océanos (fig. 765).

La particularidad más notable de la litosfera es el estar constituida por un conjunto de bloques lapídeos heterogéneos reunidos en mosaico.

Entre las rocas cristalinas que integran esos bloques se albergan bolsadas de magna fluido. Con la profundidad disminuyeron las heterogeneidades hasta anularse a los 12º kilómetros en una especie hidrostática llamada superficie isostática de igualación, que constituye el límite de la litosfera.

2. Distribución de tierras y mares

Según Krümmel, de los 510 millones de km.2 que mide la superficie de nuestro Globo, sólo 149 corresponden a la tierra firme: los 361 restantes están ocupados por el mar. Tierras y mares están, pues, en la relación de 1: 2,6. La repartición de estos dos elementos en la superficie terráquea es sumamente desigual. Mientras las tierras se acumulan de preferencia en derredor del polo boreal y se van estrechando hacia el sur, sin llegar a sobrepasar las latitudes medias del hemisferio meridional, los océanos se acumulan alrededor del continente Antártico y se van estrechando hacia el norte, donde se reúnen de nuevo de nuevo para formar el Océano Glacial ártico. De aquí resulta que el hemisferio norte es predominante continental (40 % de tierras), mientras el sur es predominantemente marítimo (81% de mares). Mayor contraste se obtiene dividiendo a la Tierra por un círculo máximo, cuyo polo esté en Francia.

Entonces (fig. 766) se aprecia en nuestro Globo un hemisferio continental, con cerca del 50% de su superficie ocupado por tierras, y un hemisferio marítimo, con un 90% de superficie marítima.

Los anteriores cálculos se alteran, aunque ligeramente, cuando se considera la distribución de los continentes y océanos desde el punto de vista geológico. Las observaciones de los oceanógrafos, han demostrado que los continentes no terminan, realmente, en la línea de la costa, sino que los bloques continentales se extienden bajo el mar, formando una plataforma continental que les bordea en una extensión más o menos grande (fig. 767).

Esta zona pericontinental es una orla de bajos fondos (por término medio unos 200 metros), en cuto borde empieza el verdadero dominio del océano. Según Krümmel, la extensión total de esa plataforma es de 30 millones de km.2.

Si el nivel del mar descendiera 200 metros, casi todos los mares litorales y mediterráneos (mares continentales) desaparecían, la gran mayoría de las islas se uniría al continente vecino y todos los continentes (a excepción del Antártico) formarían una masa única.

3. El relieve terrestre

1. Relieve continental. Los accidentes característicos del relieve continental se clasifican, atendiendo a su configuración topográfica, en llanuras, mesetas, depresiones, montes y valles.

Desde el punto de vista geológico las formas del relieve continental se reducen a los siguientes tipos:

1. º CORDILLERAS DE PLEGAMIENTO. Su origen se debe a los empujes orogénicos de los que oportunamente hablaremos. Están formadas por estratos plegados caprichosamente que encierran un núcleo cristalino puesto al descubierto por la erosión en la región de la cresta. Las cordilleras de plegamiento más elevadas –sobre 2,000 metros de latitud- se han formado, en virtud de los llamados plegamientos alpinos, durante la Era terciaria, es decir en época reciente.

Estás distribuidas en dos zonas: 1ª, zona circumpacífica, constituida por los Andes sur y norteamericanos, y las guirnaldas de islas que bordean la costa oriental asiática desde las islas Aleutianas hasta el archipiélago malayo; 2ª, zona mediterránea, integrada por el Atlas, la Penibética, los Pirineos, los Alpes, los Apeninos, los Cárpatos, los Alpes dináricos, los Balcanes, el Cáucaso, las cordillera de Asia Menor, el Himalaya, las islas de la Sonda, Nueva Guinea y Nueva Zelanda.

Las cordilleras de plegamiento bajas (menos de 2,000 metros de altitud) son en general cordilleras antiguas rebajadas por la erosión, como las Urales.

La posición de las cordilleras de plegamiento es muy particular. Contra lo que antes se suponía, las grandes cordilleras no se hallan en el interior de los continentes, sino en las proximidades de las costas, o cuanto menos al pie de llanuras o depresiones costeras. Ejemplos bien demostrativos son los Andes, el Himalaya, la Penibética, etc. También es sumamente interesante el hecho de que las cordilleras no sean simétricas con relación a su plano mediano, sino que sus dos vertientes sean de desigual inclinación. En la mayoría de ellas, además, la vertiente abrupta conduce al mar vecino, mientras la suave aboca a mesetas o llanuras del interior de los continentes. Los perfiles este-oeste de Sudamérica (fig. 768) y el de nuestra Península hacen ver claramente todas las curiosas leyes de la distribución del relieve continental.

2. º CORDILLERAS EN BLOQUE. Su formación de debe a una fragmentación de la corteza terrestre seguida de movimientos de elevación y hundimiento. A este tipo pertenecen la Selva Negra y los Vosgos.

3. º MACIZOS. Son restos de cordilleras de plegamiento antiquísimas destruidas por la erosión. Se componen de rocas cristalinas o sedimentos muy plegados y consistentes. Su superficie suele ser de pobre relieve y en muchos casos de enorme extensión. Constituyen desde remotas épocas núcleos de tierra firme que han resistido todos los empujes orogénicos posteriores. Los más importantes son: el macizo báltico, el siberiano oriental, el canadiense y el sudamericano. A la misma categoría pertenece la Meseta ibérica, el Plateau central francés, etc.

4. º TáBULAS. Suelen ser porciones de antiguos macizos que han estado hundidos bajo el mar durante un largo período y han sido cubiertos por capas sedimentarias horizontales. Ejemplo, Rusia. Algunas están formadas por un manto de lava, como el Decán, que está cubierto por una capa de basalto de 400,000 Km.2 de extensión y 1 Km. de potencia.

5. º ACUMULARIOS O PAíSES DE ACARREO. Son depresiones llanas y onduladas, rellenas, a veces hasta gran profundidad, con los detritus acumulados por los río (cuenca del Congo, depresión del Ganges), por los glaciares (meseta bávara) o por las erupciones volcánicas (meseta mejicana).

2. Relieve submarino. El aspecto del relieve submarino es sumamente monótono comparado con el de la tierra firme (fig. 769). La mayor parte del fondo del mar es una extensa superficie plana o ligeramente ondulada y profunda de 2,000 a 5,000 metros, en la cual los cambios de nivel se verifican con extremada suavidad. En general, los declives rara vez sobrepasan ¼ de grado. Los relieves bruscos están muy localizados. Los más importantes son las fosas y las plataformas.

El nombre de fosas se da, de acuerdo a Supan, a depresiones estrechas y alargadas en las cuales la sonda alcanza profundidades superiores a 6,000 metros. Contra lo que se podía imaginar, esos grandes fondos no se encuentran en el centro de los océanos, sino que, al igual que ocurre en los continentes con grandes alturas, se localizan en las cercanías de las costas y precisamente al pie de zonas montañosas coronadas de volcanes (fig. 769). Se supone que tales depresiones se han formado en fechas geológicamente reciente, como consecuencia de fracturas del margen del océano. La mayoría de las fosas se encuentra en el Océano Pacífico, principalmente bordeando las guirnaldas de islas que le circundan por occidente (fig. 769). En la fosa de Filipinas se han señalado las mayores profundidades conocidas, la del <>, en 1912, con 9,788 metros, y la del <<Emden>>, en 1926, con 10,430. Esta última ha sido determinada mediante el sondeo por el eco.

En el Atlántico y en el índico, las fosas escasean. En el primero está la fosa de Puerto Rico, de 8,341 metros, y en el segundo la de la Sonda, al sur de Sumatra, con fondos de 6 a 7 mil metros.

La posición marginal de los grandes fondos y la profundidad relativamente débil (2 a 5 mil metros) de las zonas centrales de las cuencas oceánicas, hace que el fondo del mar sea, contra toda apariencia, profundamente convexo, aun sin tener en cuenta la curvatura de la Tierra (fig. 769).

Las plataformas son regiones llanas situadas a poca profundidad. Este tipo de accidentes submarinos se halla bordeando los continentes, formando aquella orla de bajos fondos llamada plataforma continental. Su profundidad media es de 200 metros y su extensión está relacionada con la altitud del relieve continental vecino. En las costas bordeadas de una cordillera, la plataforma continental es muy limitada; en las costas llanas, la plataforma continental se interna en el mar considerablemente. En el continente sudamericano (fig. 769) se aprecia claramente esa ley.

Como ya sabemos, la plataforma continental es parte integrante de los continentes y en sus bordes se inicia, mediante un talud abrupto (talud continental), que conduce rápidamente a fondos de 1,000 y 2,000 metros, el dominio propio de las cuencas oceánicas (figs. 768, 769 y 771).

Por su diferente profundidad se distinguen en el mar las siguientes regiones (fig. 770): plataforma continental, talud continental, región batial (fondos de 3 a 5 mil metros) y región abisal (superior a 6,000). Por su distancia a la costa se consideran dos zonas: la litoral o nerítica, sobre la plataforma continental, y la pelágica o de alta mar.

3. Consideraciones sobre el relieve de la litosfera. De lo que llevamos dicho referente al relieve terrestre y submarino se deduce que los rasgos más salientes de su distribución son: la posición costera y vecina de las grandes alturas y las grandes profundidades, y la naturaleza disimétrica de ambas clases de accidentes. Este hecho nos permite representar, con Lapparent, el relieve de la litosfera mediante el gráfico de la figura 771.

A la simple apreciación, la superficie de la litosfera se nos presenta extraordinariamente arrugada, pero si comparamos el valor de su relieve con las dimensiones de nuestro Globo, tenemos que convenir en que la corteza terrestre es más lisa que la de una naranja. En efecto, junto a los 12,734 kilómetros de diámetro terrestre, resulta despreciable (670 veces menor) incluso el desnivel de más de 19 kilómetros que medía entre la cima del Everest (punto culminante del Globo: 8,840 m.) y la profundidad del Emden. Como, además, las grandes cordilleras y las profundas fosas son sumamente escasas, el valor real del relieve terrestre es considerablemente menor de lo que podría imaginar. Según cálculos de diferentes investigadores, la profundidad media del mar es de 3,700 metros, y la altura media de la tierra firme, de 825 (*)

(*) La altitud media de los diferentes continentes es la siguiente:

Europa ..............................  375 m                      Australia .............................  470 m
Asia ................................  920 >>                     Norteamérica ........................... 830 >>
áfrica ........................... 620-670 >>                     Sudamérica ............................. 760 >>
Antártica .......................... 2,000 >>

Si prescindimos de este último continente, cuya elevada altitud media es realmente excepcional, la elevación de las tierras conocidas es de 700 metros.

De aquí resulta que la profundidad media de los mares es cuatro veces y media mayor que la altitud media de los continentes, y que el volumen de las tierras emergidas es trece veces menor que el de las cuencas oceánicas (fig. 772).

Estas consideraciones sobre el relieve terrestre nos permiten imaginar cómo es, en realidad la superficie de la litosfera (fig. 772). A un espectador situado en el fondo del mar, los continentes le parecían gigantescos bloques de 4,500 metros de altura. Esta elevación suma de una profundidad media de los mares (3,700 metros) y de la altitud media de los continentes (825) representa la altura de los bloques siálicos emergidos sobre la sima (fig. 765).

El gigantesco volumen real de las masas continentales nos indica, bien a las claras, cuán insignificante es la importancia de las cordilleras que las surcan. Ya Humboldt calculó que la masa de los Alpes, distribuidas homogéneamente sobre Europa, elevaría sólo seis metros el nivel de nuestro continente.

4. La endosfera

La constitución del núcleo terrestre será conocida cuando se averigüe con exactitud la distribución de la densidad y de la temperatura en el interior del Globo y se descubra el estado físico y la composición química de los materiales integrantes. Ninguna de estas cuatro cuestiones se conoce con seguridad, pero los estudios coordenados de astrónomos, geofísicos, geólogos y químicos han logrado reunir una gran copia de datos sobre los cuales se han podido edificar en estos últimos años interesantes teorías sobre la constitución del esferoide terrestre.

1. Constitución general del interior del globo. Las observaciones de los sismólogos han demostrado que la materia se halla distribuida en el interior de la Tierra en capas concéntricas de densidad creciente hacia el centro. Wiechert, Suess y Sieberg distinguen las siguientes tres grandes zonas (fig. 773): 1ª, el manto, de 1,200 Km. de espesor y densidad creciente de 2,7 a 5 (el sima de Suess); 2ª, capa intermedia, de 1,700 Km. de grosor y densidad de 5 a 9; 3ª, núcleo, de 3,470 Km. de radio y densidad creciente de 9 a 11. Esta última región sería metálica y estaría constituida por una mezcla d e hierro y níquel (ferroníquel); el manto es lapídeo (de silicatos); en la zona intermedia se verifica el tránsito del manto al núcleo por pérdida progresiva de sílice, alúmina y álcalis, y enriquecimiento en magnesio y hierro.

2. Temperatura interior del globo: geotermia. La débil conductibilidad calorífera de las rocas determina que las variaciones climáticas de la temperatura dejan de apreciarse a una profundidad de 20 a 25 metros por término medio. La temperatura de esa zona de estabilidad térmica varía con los países, habiéndose observado que es algo superior a la temperatura media anual de la superficie. A partir de la zona termométricamente estable, la temperatura aumenta progresivamente con la profundidad (fig 774). La ley de este aumento ha podido establecerse gracias a profundas perforaciones de carácter científico realizadas con fines mineros.

Las más profundas ejecutadas hasta la fecha son las de Paruschowitz y Czuchow, en Silesia, y la de Fairmont, en Virginia. La primera pasa de 2,000 metros y arroja una temperatura de 69º, la segunda alcanza 2,240 metros, con temperatura de 83º, la tercera llega a 2,310 y el termómetro señala 60º.

Los cálculos realizados sobre estos y otros datos permiten afirmar que por cada 33 metros que se profundice en la corteza terrestre la temperatura aumenta un grado. A esta relación es a lo que se llama grado geotérmico. La geotermia es la parte de la geofísica que trata de estudiar el calor terrestre.

Si el grado geotérmico conservara su valor hasta el centro del núcleo, fácil sería calcular la temperatura interna del Globo. A 33 kms., la temperatura sería de 1,000º, a 3,300 Kms., de 100,000º y a 6,600 kms., es decir, en el centro del planeta, de 200,000º.

Que por debajo de los 2,000 metros investigados geotérmicamente se encuentran zonas a temperaturas muy elevadas, nos lo demuestran, por una parte, las aguas termales, y por otra, los volcanes. La temperatura de las lavas es en muchas ocasiones de 1,400º. Ahora bien: ¿del incremento que toma la temperatura en los dos kilómetros investigados por el hombre se puede deducir, lícitamente, el que tomará en los seis mil y pico que faltan para llegar al centro de la Tierra? Evidentemente no, y muchos reparos se oponen a la admisión de las temperaturas de muchos miles de grados en el interior de nuestro Globo. En general, se admite que la temperatura interior de la Tierra es de 1,600º o de 3,000º.

3. Estado físico de la endosfera. Apoyándose en la hipótesis de Laplace sobre el origen de los planetas y en las enseñanzas de los volcanes, ideó Humboldt, hace más de cien años, la teoría del <<fuego central >> para explicar la constitución de nuestro Globo. Según Humboldt, la Tierra estaría formada por un núcleo de rocas fundidas procedente de la nebulosa primitiva, y de una <<corteza terrestre >> delgada de 40 a 50 kilómetros. Contra esta teoría del estado líquido –fundido- del núcleo terrestre, se han acumulado desde hace tiempo tantas objeciones que en la actualidad no cuenta con un solo partidario. Por diversos conductos han llegado los geofísicos a la conclusión de que núcleo central del Globo es totalmente sólido y está dotado de una rigidez mayor aún que la del acero. Se admite, no obstante, que en una cierta profundidad, las rocas se hallan en un estado de plasticidad sui géneris, a causa de la alta temperatura, que tiende a fundirlas, y de la gran presión que tiende a solidificarlas. Cuando la presión disminuye localmente, al formarse grietas en la litosfera, las rocas tomarían el estado líquido y podrían salir al exterior, por los volcanes, en forma de magnas eruptivos. Se suele denominar pirosfera a esa zona externa de la endosfera susceptible de entrar en fusión.

El estado especial de plasticidad que atribuye a la capa más superficial del mando terrestre se llama de séculofluidez, en atención a que, si bien se trata de una materia muy rígida, resulta viscosa, ante esfuerzos de duración secular, como son los que ejercen sobre ella los bloques continentales.

4. Origen del calor interno. Mientras dominó en Geología la teoría del <<fuego central>>, se suponía que el calor del interior de nuestro planeta era un resto del calor primitivo de la nebulosa terrestre. En la actualidad se inclinan los geofísicos a admitir que el calor interno del Globo procede de las sustancias radioactivas. Al parecer, la acción de estas sustancias está limitada a la zona periférica del planeta, probablemente de los 20 a los 300 kilómetros de profundidad. Por esta razón se supone que, una vez alcanzada a cierta profundidad la temperatura máxima de 1,500º o 3,00º, el calor se mantiene constante hasta el centro, si es que no disminuye.

Esta teoría sobre el origen y asiento del foco del calor interno de nuestro planeta parece confirmada. En efecto, se ha observado que en las rocas eruptivas la cantidad de radio aumenta con la cantidad de sílice. Por tanto, las sustancias las sustancias radioactivas disminuyen de hecho con la profundidad y deberán faltar en el núcleo. Esta suposición recibe sólido apoyo con observaciones realizadas en los meteoritos. Como sabemos, los lititos, de origen cortical, tienen radio, mientras los sideritos, de procedencia nuclear, carecen de él.


índice

Introducción.
Historia Natural. Seres naturales. División de la Historia Natural.
Notas diferenciales entre los seres inórganicos y los dotados de organización.

BIOLOGIA

PRELIMINARES.
Ciencias biológicas.
Los fenómenos vitales. Funciones elementales de la vida.
La clasificación de los seres vivos. Grupos taxonómicos.
La especie.
La nomenclatura de los seres vivientes.
Subdivisiones de la especie.
Los Reinos biológicos.

1ª Parte: BIOLOGIA GENERAL.
Capitulo I. LA MATERIA VIVIENTE.

Capitulo II. EL ORGANISMO ELEMENTAL. 

Capitulo III. LOS SERES PLURICELULARES.

Capitulo IV. LA REPRODUCCION.

Capitulo V. LA HERENCIA.

Capitulo VI. TEORIA DE LA DESCENDENCIA.

ZOOLOGIA

I. ORGANOGRAFíA ANIMAL.

II. EMBRIOLOGíA ANIMAL.
III. LOS GRUPOS TAXONóMICOS ANIMALES.

IV. ECOLOGÍA ANIMAL.
V. ZOOGEOGRAFÍA.

BOTÁNICA

I. La célula y los tejidos vegetales.
II. Organización de los vegetales.
III. Fisiología vegetal.
IV. Ecología Vegetal.
V. Grupos Taxonómicos.
       Arrizofitas.
       Rizofitas.
          Pteridofitas.
          Fanerogamas.
            Gimnospermas.
            Angiospermas.
VI. FITOGEOGRAFÍA.

HONGOS

GEOLOGÍA

Mineralogía - Cristalografía
Mineralogía especial
Petrología especial
Geología Fisiológica
Geodinámica
Geología histórica
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Aragón posee unos paisajes únicos y variados con destacados contraste entre si, desde un río como el Ebro en el fondo de un valle recoge las aguas que vienen por la izquierda desde los Pirineos, donde el Valle de Ordesa aun guarda y proteje espacios primigenios, y desde el Moncayo, el monte canoso o nevado, a su margen derecha, donde atravesando frondosos bosques también van a descender al valle, donde las lluvias son escasas y el paisaje es de estepas y desiertos como los Monegros.

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