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Monegros: regadíos o estepa

J.A. Domínguez

1- Descripción y origen del conflicto

La comarca de Los Monegros es una amplia comarca natural del Valle del Ebro que se extiende por las provincias de Zaragoza y Huesca. Los límites claros pueden ser el río Gállego al oeste, el Ebro al sur y el Cinca al este, mientras que al norte la frontera no está tan definida aunque bien podría venir marcada por el río Guatizalema. Los Monegros están atravesados de este a oeste por la Sierra de Alcubierre, que los divide en dos subcomarcas diferenciadas. 

La principal característica de esta comarca es la aridez, marcada por las escasa precipitaciones (300 mm anuales en las zonas más críticas) y una fuerte evapotranspiración originada por la intensa insolación y los vientos desecantes, generalmente el cierzo (NO) y el bochorno (SE). 

Mientras la zona norte fue transformada en regadío en las décadas de los 60 y 70, como consecuencia del desarrollo de la Ley de Riegos del Alto Aragón de 1915, la zona al sur de la sierra ha conservado en buena parte su fisonomía y valores naturales debido al mantenimiento de prácticas agropecuarias extensivas. No obstante, en los años 80 los planes de regadío llegaron a la zona sur tras publicarse el Real Decreto 371/1985 que declaraba de interés nacional zona regable Monegros II en una superficie de 230.00 ha, de las que 65.000 ha se estimaban aptas para riego.

Conforme las obras de infraestructura y la reordenación del suelo avanzaron hacia el sur, surgió y fue agravándose el conflicto entre conservación y regadíos. El primer aviso de alerta se produjo en la primavera de 1989, cuando vio luz el estudio Evaluación preliminar del impacto ambiental de los regadíos en el polígono Monegros II realizado por el CSIC y el MOPU en el que se destacaban los extraordinarios valores ambientales existentes y el peligro que corrían de desaparecer. Incluso se proponían zonas y se daban plazos para abordar la protección.

Pero a pesar de esta alerta científica y las primeras denuncias ecologistas, las obras de infraestructura hidráulica y de reordenación de los usos del suelo continuaron a buen ritmo provocado pérdidas y daños irreversibles. Así ha sucedido con la laguna de El Saladar y la de El Salobral; con el Barranco de Valcuerna, en parte encauzado, o con la Val del Forcallo, totalmente encauzado.

2- Un valioso patrimonio natural

Desde el informe del CSIC, los estudios científicos posteriores no han hecho sino corroborar sucesivamente la excepcionalidad de Los Monegros, poniendo de relieve la complejidad y diversidad de este ecosistema. 

Un aspecto que siempre se destaca es su excepcionalidad y que su equilibrio y estabilidad se vincula a la actividad agropecuaria extensiva. Esta ha permitido la conservación de notables poblaciones de aves esteparias como gangas y ortegas o la pervivencia de otras en peligro de extinción como la avutarda, el sisón y el cernícalo primilla. Esta riqueza de aves llevó a la Sociedad Española de Ornitología a catalogar Monegros como una zona IBA (Important Bird Area), según los criterios de la comunidad europea. 

Recientemente, más de 500 científicos han firmado un manifiesto, a iniciativa de la Sociedad Entomológica Aragonesa, pidiendo la protección de Los Monegros. Hay que recordar que la biocenosis documentada de esta comarca supera las 5.400 -cinco mil cuatrocientas- especies, la mayoría invertebrados y, en muchos casos, taxones con alto grado de endemismo, citas únicas para el mundo. 

Esto la convierte, hoy por hoy, en la región de mayor diversidad y riqueza de Europa. En este aspecto hay que destacar la enorme tarea investigadora y divulgadora de Javier Blasco. Los estudios sobre la fauna y la flora han puesto de manifiesto que Los Monegros son una región que conserva rasgos de las estepas áridas de la era Terciaria, con especies cuyas poblaciones homólogas sólo se encuentran en las estepas norteafricanas y centroasiáticas. 

Para los científicos, la importancia de Los Monegros radica en que constituyen un retazo del Terciario en pleno Cuaternario, suponen un foco de primer orden de endemismos de origen terciario y albergan especies de alto valor biogeográfico por sus vínculos con la fauna y flora magrebíes y caucásicas. 

El movimiento ecologista aragonés tiene en la conservación de Monegros uno de sus más antiguos frentes de lucha, con permanentes acciones reivindicativas. Entre éstas hay que citar las Jornadas sobre el futuro de las Saladas que se celebraron en Alcañiz y Caspe a finales de 1991 y contaron con la presencia del profesor González Bernáldez. 

Hay que citar también los sucesivos informes socioeconómicos demostrando la inviabilidad económica de los regadíos, así como las constantes denuncias ante los medios de comunicación y ante la administración por el incumplimiento de la legislación española sobre impacto ambiental. Pero fueron las denuncias realizadas en 1995 ante la Comisión Europea las que han llevado a la paralización de los fondos comunitarios para los regadíos en Monegros y la exigencia a España de la aplicación urgente de las directivas europeas sobre conservación de fauna en esa comarca.  

Hay que lamentar la falta de capacidad de nuestros políticos, durante más de una década, en abordar el conflicto y llegar a una solución satisfactoria para todas las partes que permitiera desbloquear la situación. Lamentar, también la falta de imaginación en proponer modelos de desarrollo alternativos y respetuosos frente al cada día más obsoleto modelo agrícola basado en la agricultura intensiva, agresiva y contaminante, insostenible por su creciente dependencia de recursos externos (agua, agroquímicos, tecnología) algunos de los cuales, como el agua, ocasionan en sus obras de regulación en la montaña (embalses) unos enormes e inaceptables desequilibrios territoriales, así como graves impactos ambientales. 

Sólo ahora, cuando la Comisión Europea amenaza con abrir expediente a España por la queja del año 95, el Gobierno de Aragón ha enviado (diciembre de 1999) a Bruselas una propuesta de crear cuatro zonas ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) que suponen más de 100.000 hectáreas. Pero esta protección de Monegros por los valores ornitológicos parece insuficiente dado el variado patrimonio natural que esta comarca alberga.

 Hay que recordar que Los Monegros albergan excelentes representaciones de hábitats recogidos en la Directiva 92/43 CEE o Directiva Hábitats y que el Gobierno de Aragón está obligado a proponer -cosa que no ha hecho hasta ahora- como Lugares de Importancia Comunitaria (LIC) una superficie representativa de algunos de estos hábitats para ser incluidos en la Red Natura 2000. En concreto se pueden citar las comunidades vegetales de yesos (Gypsphiletalia) o de saladares (Limonietalia), ambas catalogadas como prioritarias en el contexto europeo, así como comunidades de vegetación anual de lugares salinos con Salicornia o de matorrales esteparios de gramíneas (Thero-Brachypodietea), ésta última también prioritaria. 

De igual forma, Los Monegros albergan importantes masas forestales de sabina albar (Juniperus thurifera) que son representativas de las comunidades de bosques endémicos de Juniperus spp. que recoge la Directiva Hábitats como de interés prioritario. Incluso, en el plano taxonómico de especies, plantas tan singulares como la crucífera Boleum asperum, presente en varias zonas de Monegros, o acuáticas como Marsilea strigosa y Riella helicophylla ya que todas ellas vienen expresamente recogidas en el anexo II de dicha directiva. A todo ello se suma la riqueza biológica de invertebrados acuáticos y terrestres de Los Monegros, diversidad que está siendo todavía ampliada con nuevas investigaciones. Muchas de las especies son endémicas de Aragón o de la Península Ibérica o bien poseen un alto interés biogeográfico. 

3- Los paisajes

Monegros-sur constituye una de las regiones más singulares y excepcionales de Europa, siendo una de las comarcas de mayor personalidad de Aragón. Frente a la idea de un medio monótono y hostil, surge la realidad de una comarca variopinta y compleja, rica en paisajes, horizontes diáfanos y un patrimonio natural y cultural valioso. 

Entre los biotopos más genuinos de Monegros, si duda hay que resaltar la estepa cerealista y el complejo lagunar de Bujaraloz-Sástago, pero también se deben citar el sabinar instalado en las zonas bajas y los pinares termófilos de las cotas altas, así como cantiles y barrancos, creadores de microclimas locales.

La estepa cerealista

Sin duda la imagen más generalizada de Los Monegros es el paisaje de llanura. Es la llanura situada entre los 300 y 400 metros de altitud, suavemente ondulada, de horizontes abiertos dominado por los extensos campos de cereal, alternando con eriales y matorrales. Es el paisaje producto de la actividad agrícola y ganadera sobre la estepa instalada en los suelos de yesos. 

Destaca la ausencia de árboles y, en las laderas y sasos donde el arado no ha llegado, se conserva la vegetación arbustiva de matorral gipsícola de jarillas y romero, o bien los pastizales de gramíneas con albardín. La estepa cerealista es el hábitat de especies tan singulares como la avutarda y el sisón o la ganga y la ortega. Las construcciones agrícolas tradicionales, los mases, por otra parte, son los puntos de nidificación del cernícalo primilla, especie que posee en Monegros uno de sus más importantes núcleos poblacionales del valle del Ebro.

Las lagunas saladas

Las lagunas saladas se asientan sobre una plataforma estructural entre los 300 y 360 metros de altitud. Esta plataforma está compuesta por delgados estratos calizos alternando con yesos y margas, en una extensión de unos 250 kilómetros cuadrados. 

Las escasas lluvias se concentran en un centenar de hoyas donde también afloran las aguas subterráneas, conformando lagunas salinas que sólo pierden agua por evaporación. La fuerte insolación y el viento desecante hacen que las lagunas sólo presenten cierto nivel de agua durante unas pocas semanas al año. El resto del tiempo su lecho se recubre de sales cristalizadas. No obstante, en los limos del fondo se llegan a producir complejos procesos biológicos relacionados con la actividad de algas y bacterias muy primitivas. Las saladas albergan plantas e invertebrados acuáticos adaptados a los elevados niveles de sales y a la periódica desecación de las lagunas. 

Para los científicos las saladas son un paisaje fósil ya que reproducen los ambientes europeos del Mediterráneo en la Era Terciaria, hace 30 millones de años, en un crítico periodo de sequía que denominan la crisis de salinidad del Mioceno, momento en el que el mar alcanzó unos niveles extremadamente bajos.

El sabinar

En las cuencas y vales dominadas por la inversión térmica invernal, con nieblas y bajas temperaturas persistentes durante el invierno, se asienta el sabinar de sabina albar. Esta sabina es una conífera de hoja perenne, resistente a las bajas temperaturas y al cierzo y llega a formar bosques abiertos, como en la Retuerta de Pina o en Monegrillo. El sabinar ha sido explotado tradicionalmente para la obtención de madera, leña y ramón para el ganado, pero también ha sido talado en amplias superficies para instalar cultivos.

El sabinar crea en su interior un microclima más benigno que la soleada y azotada estepa, por lo que origina condiciones favorables para la fauna. Así, en invierno cobija nutridos bandos de zorzales y, en verano, de tórtolas. Los trabajos de investigación de Javier Blasco han permitido descubrir también la riqueza entomológica que alberga el sabinar.

Los pinares

El pinar de pino carrasco con sotobosque de coscoja y espino negro se instala en las zonas elevadas cálidas y soleadas, por encima de los 300-350 metros de altitud, límite de inversión térmica invernal. Es el bosque típico de la Sierra de Alcubierre o de la Serreta Negra. 

El pinar carrasco no es un bosque denso pero sí posee un importante sotobosque de especies esclerófilas como la coscoja o sarda, el espino negro, la sabina negral, el enebro y el lentisco, además de otros arbustos espinosos como la aliaga, o aromáticos, como la salvia y el romero. Por instalarse en laderas y suelos pobres, este pinar posee un enorme valor como preservador del suelo. Es el hábitat de rapaces como el águila culebrera y el águila calzada.

4- Propuestas de futuro

Hasta ahora, las autoridades se han mostrado incapaces de comprender la envergadura del patrimonio que albergan Los Monegros, incapaces de encauzar el tema de la conservación y de gestionar un patrimonio cuyo valor y trascendencia superan nuestras fronteras. A pesar de barajarse en reiteradas ocasiones la propuesta de un Parque Nacional para esta comarca, las airadas reacciones de sus habitantes exigiendo la extensión de los regadíos ha paralizado las iniciativas de conservación

Desde los grupos ecologistas demandamos una figura de protección de Los Monegros integrada en la futura Red Natura 2000 que evite la pérdida o degradación del patrimonio natural ya que la propuesta barajada por DGA de declarar varias Zonas de Especial Protección de las Aves (ZEPA), con ser una medida necesaria, es insuficiente ya que los valores naturales de Monegros van mucho más allá de las aves y abarcan otros grupos taxonómicos como son los vegetales y, especialmente, la fauna invertebrada que necesitan específicas medidas de gestión; o bien abarcan otros aspectos no bióticos como los valores paisajísticos y escénicos. Por otra parte la conservación de la fauna y flora está ligada a determinados usos agrícolas y ganaderos de tipo extensivo que no deben perderse.

5- Bibliografía

MELIC A. & BLASCO-ZUMETA J. (eds) (1999) Manifiesto Científico por Los Monegros. Boletín de la Sociedad Entomológica Aragonesa, 24. Número monográfico.

SAINZ OLLERO, H., FRANCO MUGICA, F. y ARIAS TORCAL, J. (1996) Estrategias para la conservación de la flora amenazada de Aragón. Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón.

SUAREZ CARDONA, F. (1992) Las estepas ibéricas. MOPU.

VIADA, C. (editora) (1999) Areas importantes para las aves en España. SEO/BirdLife.

Enlaces de interés:
Web de los Monegros

© 1999 Fundación Boreas