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Mamiferos. Orden Quinto: Roedores. Roedores Omnívoros o claviculados. Familia de Ratas nadadoras. Género Castor. 417

cuello y ancas. Conformé se van alejando del Norte los Castores, se va aclarando el color de su piel: en la parte septentrional de Canadá son de color castaño oscuro, en la meridional castaño claro, y entre los Illineses, amarillentos ó pajizos. En América se encuentran Castores desde los treinta hasta mas de los sesenta grados de latitud austral: son muy comunes hacia el Norte, y siempre en menor número según se vá caminando al Mediodía. Lo mismo se verifica en el antiguo continente, donde solo son comunes en las regiones mas septentrionales, y muy raros en Francia, España, Italia, Grecia, y Egipto. Los antiguos los conocían, y en la secta de los magos se prohibía matarlos: eran comunes en las riberas del Ponto Euxino, y aun llamaron al Castor canis ponticus; pero probablemente estos animales no estaban bastante tranquilos en las costas de aquel mar, que fueron muy frecuentadas por los hombres desde tiempo inmemorial, supuesto que ninguno de los antiguos habla de su sociedad, ni de sus trabajos. Principalmente Eliano, que muestra tan gran propensión á lo maravilloso, y que creo es el primero que escribió que el Castor se corta los testículos para que los coja el cazador, no se hubiera descuidado de hablar de las maravillas de su república, exagerando su talento para la arquitectura. El mismo Plinio, aquel Plinio, cuyo genio fiero, triste y sublime siempre degrada al Hombre para exaltar la naturaleza, ¿se hubiera abstenido de comparar los trabajos de Rómulo con los de nuestros Castores? Parece, pues, cierto que ninguno de los antiguos conoció la industria de estos animales para fabricar, y aunque en estos últimos siglos se han hallado Castores establecidos en cabañas, en la Noruega y en las otras provincias mas septentrionales de Europa, y hay apariencias de que los Castores antiguos fabricaban también como los Castores modernos, con todo, como los romanos no habian penetrado hasta aquellas regiones, no es de estrañar que sus escritores no hiciesen ninguna mención de ellos.

Los Castores habitan con frecuencia en las márgenes de los lagos, de los rios y de aguas dulces, aunque también se hallan á la orilla del mar; pero esto es principalmente en los mares Septentrionales, y sobre todo en los golfos Mediterráneos en que entran rios caudalosos, y cuyas aguas son poco saladas. Son enemigos de la Nutria, y la persiguen sin dejarla vivir en las aguas que ellos frecuentan. La piel del Castor es aun mas bella y felpuda que la de la Nutria, y consta de dos especies de pelo, el uno mas corto, pero muy espeso, fino como el vello, impenetrable al agua, y que cubre inmediatamente la piel: el otro mas largo, mas fuerte y lustroso, pero mucho menos espeso, cubre el primer vestido, le sirve por decirlo así, de sobretodo, y le defiende de inmundicia, de polvo y de lodo. Éste segundo pelo tiene muy poco valor: el primero es el que únicamente se emplea en nuestras manufacturas. Las pieles mas negras son ordinariamente las mas pobladas, y por consiguiente las mas estimadas: las de los Castores terrestres son muy inferiores á las de los que viven en cabañas. Los Castores están sujetos á la muda durante el verano, como todos los demás cuadrúpedos; por lo cual las pieles de los que se cogen en esta estación tienen muy poco valor. La piel de los Castores blancos es estimada á causa de su rareza, y las perfectamente negras son casi tan escasas como las blancas.

Los salvajes sacan, según dicen, cierto aceite de la cola del Castor, del cual se sirven como de tópico para varias enfermedades. La carne del Castor, aunque mantecosa y delicada, tiene siempre un sabor amargo bastante desagradable y aseguran que sus huesos son escesivamente duros: sus dientes son muy duros, y tan afilados que sirven de cuchillo á los salvajes para cortar, ahuecar y pulir la madera: también se visten de pieles de Castor, llevando el pelo hacia la carne durante el invierno; y estas pieles penetradas del sudor de los salvajes, son las que llaman Castores grasientos, de los cuales no se usa sino para obras muy toscas.

El Castor por la disposición de sus extremidades nada mucho mejor que corre, y como sus extremidades anteriores son mucho mas cortas que las posteriores, camino siempre con la cabeza baja y la espalda encorvada. Tiene los sentidos muy finos particularmente el olfato, capaz de discernir los olores, y parece que no puede tolerar inmundicias ni hedor: cuando se le tiene por mucho tiempo en prisión, y se vé precisado á desahogarse en ella, depone el estiércol junto á la puerta, y cuando está abierta le arroja fuera. Esta costumbre de limpieza le es natural. El ano y el orificio de los órganos genito-urinarios del Castor se abren en una cavidad común, llamada cloaca. En cada lado de esta abertura hay dos pares de bolsas glanclulosas, y la superior contiene una sustancia llamada castóreo de que nos vamos á ocupar por sus aplicaciones á la medicina. Las glándulas colocadas fuera de estas bolsas derraman en ellas el humor que segregan, y se acumula de modo que las llena casi enteramente. En su cara interna las bolsas gladulosas están llenas de pliegues ó válvulas salientes, que terminan en el prepucio por un conducto mas ó menos prolongado.

Estos bolsos separadas del animal y llenas del humor que contienen, se encuentran en las droguerías con el nombre de castóreo. Por mucho tiempo se creyó que esta materia eran los dos testículos del Castor, que el animal se arrancaba á sí mismo cuando le perseguía el cazador, y que á precio de esta mutilación se le perdonaba la vida. No necesitamos rechazar esta fábula, cuyo desatino se echó de ver hace ya mucho tiempo.

El castóreo del comercio tiene la forma de dos masas periformes prolongadas, un poco comprimidas lateralmente, que se unen entre sí por un cécalo que les da alguna semejanza con una alforja: su color exteriormente es pardo sucio, y si se corta al través uno de ellas, se ve una masa compacta y como marmórea. Los pliegues ó válvulas de la cara interna de las bolsas, que están entre el humor desecado y amarillento, dan esta apariencia marmórea. El humor desecado es á veces del todo sólido y como resinoso: otras está aun blando y se asemeja á la cera virgen. Su color es amarillo ó parduzco, y su olor fuerte participa a la vez del olor del macho cabrío y del almizcle: su sabor es acre y amargo.

El castóreo ha sido analizado por Ronillon-La-grange y Lauger, y han encontrado en él un aceite volátil, ácido benzoico, resina, una materia adipo-serosa, sin principio colorante rojizo, mucus, algunas sales y hierro. Brandes ha analizado también esta sustancia, y ha indicado que contiene un principio particular que llama castorina. Es diafana, cristalizada en prismas lineares y en forma de hacecillos insoluble en el agua y en el alcohol frió, soluble en cien partes de alcohol hirviendo y en los aceites volátiles. Tiene el olor propio del castóreo, y parece una especie de resina. Con bastante frecuencia está adulterado el castóreo. Para adulterarlo se abren las bolsas, se extrae el verdadero castóreo y se le reemplaza con otras sustancias resinosas como la goma amoniaco, el galbano, etc. Se reconoce fácilmente este fraude examinando el corte de las bolsas y si está sofisticado faltan las válvulas que hay en su cara interna. Este medicamento corre en el comercio como procedente de las regiones septentrionales de América ó de la Siberia.

 

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