Pasapues > Buffon > Los tres Reinos de la Naturaleza > Tomo

Mamiferos. Orden Quinto: Roedores. Roedores Omnívoros o claviculados. Familia de Ratas nadadoras. Género Castor. 415


jar como los arroyos y rios, forman una empalizada, y con ella hacen una especie de estanque ó depósito de agua, que se mantiene siempre á igual altura: la empalizada atraviesa el rio de una parte á otra como una presa; y tiene regularmente de largo de noventa á ciento veinte pies, y de once á catorce de grueso en su base. Esta fábrica parece excesiva para unos animales de tan poco cuerpo, y en efecto supone un trabajo inmenso; pero la solidez de la construcción causa aun mas admiración que su tamaño. El paraje del rio en que forman este dique, tiene regularmente poca profundidad; si hay á la orilla un árbol grueso que pueda caer en el agua, empiezan por derribarle para hacer de él la principal pieza de su fábrica: le sierran royéndole por el pié, y sin mas instrumento que sus cuatro dientes incisivos le cortan en poco tiempo, y le hacen caer del lado que quieren, esto es, al través del rio; después cortan las ramas de la copa para ponerle al nivel y dejarle igual por todas partes. Estas operaciones se hacen en común: varios Castores roen á un tiempo el árbol para derribarle: otros van también juntos acortar las ramas, cuando está caido: otros recorren al mismo tiempo las riberas del rio, y cortan otros árboles menores, unos del grueso de una pierna, otros del de un muslo: los hacen pedazos, y los cortan á cierta altura para hacer de ellos estacas. Otros conducen las mismas estacas, primero por tierra hasta la orilla del agua, y después por agua hasta el lugar de su fábrica, para hacer una especie de empalizada muy espesa. Esta operación supone ciertas dificultades vencidas, porque para enderezar dichas estacas y ponerlas en una situación casi perpendicular, es preciso que con los dientes levanten el extremo grueso contra la orilla del rio, ó el árbol que le atraviesa: que otros al mismo tiempo bajen hasta el fondo del agua y abran un hoyo, en el cual introduzcan la punta de la estaca para que se mantenga derecha. Conforme los unos van fijando de este modo las estacas, van otros á buscar tierra, la cual amasan con los pies y con la cola; la llevan en la boca y manos transportando tan gran cantidad que con ella tapan todos los intervalos de su empalizada, la cual se compone de varias filas de estacas, todas de igual altura y fijas unas á otras, se extiende de una á otra orilla del rio: las estacas quedan plantadas verticalmente del lado de la caida del agua, y toda la obra en declive por el lado opuesto, de suerte que el terraplén que tiene de once á catorce pies de ancho en su base, se reduce á dos ó tres y medio en la parte superior; y de este modo no solo tiene toda la extensión y solidez necesarias, sino también la forma mas conveniente para detener el arma, para impedirla el paso, para sostener su peso, y para romper su impulso. En lo alto de la empalizada, esto es, en la parte que tiene menos grueso, dejan dos ó tres aberturas en declive, que son otros tantos desagües que ellos ensanchan ó estrechan, según el rio crece ó mengua; y cuando las inundaciones demasiado grandes ó repentinas hacen algunas brechas á su dique, saben repararlas trabajando de nuevo cuando han bajado las aguas.

Sus habitaciones son unas cabañas ó mas bien una especie de casillas fabricadas en el agua sobre una empalizada maciza, inmediata al borde de su estanque, con dos aberturas , la una para salir á tierra, y la otra para echarse al agua. La forma de este edificio es casi siempre oval ó redonda, y las hay desde seis hasta once pies de diámetro. También se hallan algunas de dos ó tres pisos, cuyas paredes tienen mas de dos pies de grueso. Estas casillas están construidas con solidez, son impenetrables á la lluvia, y resisten á los vientos mas impetuosos: las paredes están revestidas de una especie de estuco también batido, y aplicado con tanto esmero que parece le han trabajado manos de Hombres, siendo la cola la que le sirve de llana para aplicar esta argamasa, que ellos amasan con sus pies. Emplean varias especies de materiales, de maderas, de piedras, de tierras arenosas que no están expuestas á desleírse con el agua: casi todas las maderas de que se sirven son ligeras y tiernas como alisos, álamos blancos y sauces, que naturalmente se crían á la orilla del agua, y que son mas fáciles de descortezar, de cortar y de transportar que otros árboles, cuya madera fuese mas pesada y dura. Cuando se apoderan de un árbol no le dejan hasta haberle derribado, despedazado y transportado: le cortan siempre á un pié ó pié y medio de la tierra: ! trabajan sentados, y además de la ventaja de esta postura cómoda logran la de estar royendo continuamente la corteza y la madera, cuyo gusto les es muy agradable, porque prefieren la corteza fresca y la madera tierna á la mayor parte, de los alimentos ordinarios: hacen gran provisión de ella para alimentarse por el invierno, y no gustan de la madera seca. Establecen su almacén en el agua cerca de sus habitaciones: cada cabaña tiene el suyo proporcionado al número de sus habitantes, al cual todos tienen derecho, y nunca van á robar a sus vecinos. Se han visto algunas de estas poblaciones compuestas de veinte ó veinte y cinco cabañas; pero estos grandes establecimientos son raros, y ordinariamente esta especie de república es menos numerosa, pues por lo común, no se compone sino de diez ó doce tribus, de las cuales cada una tiene su cuartel, su almacén y su habitación separada, y no permiten que los extraños vengan á establecerse en su recinto. Las cabañas mas pequeñas contienen dos, cuatro ó seis Castores, y las mayores diez y ocho y veinte, y aun dicen que hasta treinta; casi siempre paren tantos machos como hembras; de suerte que, haciendo un cómputo muy mediano, se puede decir que en sociedad se compone regularmente de 150 ó 200 obreros asociados, todos los cuales han trabajado desde luego en común para levantar la grande obra pública, y después por cuadrillas para edificar las habitaciones particulares. Por muy numerosa que sea esta sociedad , siempre se mantiene en ella la paz sin alteración: el trabajo común estrecha su unión y las comodidades que se han procurado , y la abundancia de víveres que recogen, y consumen de común acuerdo, contribuyen á mantenerla: sus apetitos moderados, sus gustos sencillos, y su aversión á la carne y sangre, les quitan hasta la idea del hurto y de la guerra: gozan de los bienes que el Hombre no sabe sino desear: viviendo amigablemente consiguen evitar los enemigos que pueden tener; se avisan unos á otros dando con la cola sobre el agua un golpe que resuena á lo lejos en todas las bóvedas de las habitaciones; cada uno entonces toma su partido, ó de arrojarse al agua, ó de esconderse dentro de sus muros, los cuales no deben temer sino el fuego del cielo, ó el hierro del Hombre, sin que animal alguno se atreva á emprender abrirlos ó derribarlos. Estos asilos no solo son muy seguros, sino también muy limpios y cómodos; el suelo está cubierto de verdura: las ramas de boj y de pino les sirven de alfombra, sobre la cual no deponen, ni sufren nunca ninguna inmundicia: la ventana que mira al agua les sirve de balcón para tomar el fresco, y estarse bañando la mayor parte del dia.

Esta ventana está hecha con precaución, y su abertura es bastante elevada para que nunca puedan cerrarla los hielos, que en el clima de nuestros Castores tienen á veces tres pies y medio de grueso: entonces bajan la tablilla los Castores, cortan en declive las estacas en que estaba apoyada, y se proporcionan una salida hasta el agua por debajo del hielo. Este elemento les es tan necesario, ó por mejor decir, les causa tanto placer que parece no pueden pasar sin él: á veces van muy lejos por de-

 

Página siguiente

 

Índice de páginas de Mamiferos.

 

Cuando el sol mucho calienta, barrunta tormenta.
El buen vino no merece probarlo quien no sabe paladearlo.
Hasta el mosquito tiene su corazoncito.
En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Mahatma Gandhi

 

Felix Azara | Francisco Loscos | Ignacio Jordan de Asso | Odón de Buen

Copyright 1996-2017 © All Rights Reserved Javier Mendívil Navarro, Aragón (España)

Actualiza la información que consideres obsoleta cuentanoslo

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia

Esta web no usa directamente cookis para seguimiento de usuarios, pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas aceptas el uso de cookis en esta web.